-La historia es de mi completa autoria más esta ligeramente inspirada en la segunda temporada de la serie "Kósem La Sultana" producida por Timur Savci y protagonizada por Nurgül Yeşilçay (Sultana Kösem) y Metin Akdülger (Sultan Murad IV). Los personajes son propiedad de Masashi Kishimoto, más su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta para la dramatización de la historia.


Capítulo 4

La ira era un sentimiento que indudablemente todo el mundo tenía que sentir y en ese momento Sakura no sabía si podría aguantarlo por más tiempo, era la octava vez del año que llamaba a la partera a su presencia para corroborar su condición, más desgraciadamente seguía sin poder volver a embarazarse. No podía entender el porqué, su periodos seguían siendo normales y habituales, madre de nueve hijos y amante incuestionable, ¿Por qué le estaba pasando eso? Una mujer que no pudiera engendrar herederos no servía en el palacio y su posición dependía de que pudiera producir un heredero nuevo para el Imperio.

Enfurecida consigo misma y con sus problemas se tironeo ligeramente el escote del vestido, sintiendo como su respiración se volvía más pesada a partir del tiempo que pasaba con esos pensamientos en su mente. Se encontraba ataviada en un exquisito vestido de seda jade claro, escote cuadrado, cuello alto y amplio, hombreras pequeñas, mangas largas y ajustadas al brazo. La mayor parte del vestido es liso y sin adorno, excepto por las hombreras y el centro del corpiño y la falda que están bordados en oro emulando diamantes y hojas, los bordes del cuello y el centro de la falda y corpiño son creados mediante una gruesa línea de hilo de oro. Abrochado en la espalda por cinco botones de oro que inician bajo el cuello. Alrededor de su cuello se encontraba una cadena de oro de la que colgaban cinco dijes de cuna de diamante con una esmeralda en el centro y entre cada dije un diminuto adorno con el emblema de los Uchiha, a juego con un par de pendientes de cristal y diamantes en forma de lagrima. Su cabello caía sobre su hombro derecho gracias a un recogido ladino, adornado por una soberbia corona de oro que emulaba plumas de pavo real, decorada con esmeraldas en forma de lágrima.

Las puertas se abrieron con un ligero chirrido que ella apenas y fue capaz de percibir a causa de su carácter iracundo. Tenten ingreso, reverenciando debidamente a la Sultana y contemplando la espalda de esta que temblaba ligeramente, la pelicastaña no recordaba haberla visto furiosa en años.

-Sultana…- pronuncio Tenten en un intento por serle de ayuda.

-¡Déjame sola Tenten!—rugió Sakura.

Trastocada por el tono de voz de la Sultana, Tenten asintió y sin más abrió las puertas y marcho, sumisa.

Tenía que descargar su ira, lo sentía, Sakura sentía que ya no podía aguantar más aquella presión emocional o de lo contrario acabaría volviéndose loca. La reacción violenta de su carácter la llevo frente al imponente espejo veneciano de marco de oro empotrado junto a la pared que empujo fuertemente y envío al suelo, haciendo añicos el cristal. Nuevamente aquella insólita y extraña punzada en su pecho la hizo estremecer y quitar el aliento, percibió como las cosas a su alrededor se difuminaban antes de caer de rodillas.

La pelirosa, apoyando las manos en la alfombra, evito estrellarse del todo contra el suelo, respirando agitada. Se llevó una de las manos al pecho, sintiendo disminuir aquel dolor pero haciéndola sentir más débil de lo que pudiera recordar. Gateando hacia la cama en una imagen que a ella le pareció denigrante, Sakura as aferro a uno de los muelles de esta para levantarse y avanzar lentamente hacia la puerta que daba con la terraza, dando tumbos, aun mareada.

Abrió las puertas apenas un poco, apoyándose en estas para salir, sintiendo el aire del exterior revitalizarla, permitiéndole llegar al borde del balcón, donde coloco sus manos, buscando fuerza y aliento para enfrentar y superar lo que fuera que le estaba pasando y que desconocía por completo

¿Qué me está pasando?


Ino degusto apasionadamente el trozo de pastel que Karui le había ofrecido tan noblemente, adornando aquel sabor dulce a fresas y cremas entre sus labios, con el ceño ligeramente fruncido a causa de las nueva informaciones que se comentan en el palacio, sobre todo en el Harem.

-Por Kami, ¿Quién iba a pensarlo?—inquirió Ino, sentada frente a la mesa, contemplado a Karui que cocinaba afanosamente y que sin embargo disfrutaba de la información que ella tenía oportunidad de brindarle. –El Sultan renegó a una Princesa.

Ya era sabido por muchos que el Sultan Sasuke no permitiría que la Princesa recibiera un debido hospedaje real por considerarla un peligro, pero no podía expulsarla puesto que la ley imperial dictaminaba brindar apoyo a quien lo buscara en la figura imperial, pero no era ajeno para nadie que ni el Sultan ni su esposa eran muy…simpatizantes con esta joven princesa húngara.

-Esperemos que el príncipe Daisuke no haga algo contra la Sultana—murmuro Karui.

El Príncipe estaba a cargo de la seguridad de la Princesa y de su continua protección y era natural que a causa de ello los rumores comenzaran a circular, asociándolo románticamente con la Princesa húngara, rumor que el Príncipe no se atrevía a desmentir para asombro de muchos. Se temía que, viendo la oposición de su madre a la hora de vigilar y proteger a la Princesa Húngara, el Príncipe Daisuke acabara por enemistarse contra su propia madre por razones injustificadas e innecesarias.

-Deberían concentrarse en cosas más importantes.

Ino se giró hacia la puerta, encontrando a Temari de pie en el umbral, de brazos cruzados, observando con ligera diversión la anterior conversación entre ambas féminas. La rubia avanzo despreocupada antes de observar reprobatoriamente a Ino, apoyando sus manos en la mesa. La Yamanaka arqueo una caja antes su mirada, volteando a ver a Karui que sencillamente se encogió de hombros al no saber que pasaba.

-La Sultana está furiosa—comento Temari al ver el desconcierto en los ojos de Ino que palideció de solo escucharla, -rompió algunas cosas en sus aposento y le grito a Tenten—la Yamanaka parpadeo confundida, incrédula de esto último, -se lo que piensas, pero lo hizo—corroboro Temari.

Tambaleante y con el pánico marcando sus facciones, Ino se puso de pie ante la divertida mirada de Temari que si bien sabía todo lo ocurrido no hacía nada por intentar cambiar nada.

-Die que no rompió el espejo—pidió no con voz escasa. Temari asintió, evadiendo su mirada ante aquella pregunta, declarando afirmativa la teoría de la Yamanaka quien se tocó la frente de manera nerviosa, sujetándose la falda antes de marcharse a toda prisa hacia el Harem. –Ya van 20 espejos en un solo año—menciono la Yamanaka.

La Sultana era muy conocida por perder la paciencia de manera explosiva y con justa razón ya que sus hijos le daban montones y montones de dolores de cabeza.


Ino llego al Harem presurosamente, esperando poder encontrar sin demasiado esfuerzo a alguien que la ayudara a limpiar el desastre que debía haber en los aposentos de la Sultana Sakura. La intriga y los rumores reinaban en el Harem donde las jóvenes se reunían a leer o cotillear sin impedimento alguno, vistiendo sedas de todos los colores había y por haber, poseyendo una belleza encantadora al estar en el apogeo de su juventud y siendo más que hábiles.

-Lady Ino…

La voz de Koharu a su espalda la crispo los nervios, volteando a verla furiosa y con el alma en vilo. Esa niña se tomaba demasiada confianza y libertades con ella al punto de hacerla su mentora y cómplice en lo que fuera que planeara e Ino debía admitir que ya estaba harta de eso. Ella le servía a la Sultana Sakura y ya con eso tenía carga suficiente que ella siendo su amiga y aliada en momentos de necesidad. No necesitaba lidiar con el peso de nadie más sobre sus hombros.

-¡¿Qué?!—grito Ino ya harta de tantos problemas.

La pelicastaña se sujetó nerviosamente el brazo y bajo la mirada con nerviosismo y temor ante el exabrupto de lady Ino que pocas veces daba a relucir su carácter, llegando a ser tan intimidante como la Sultana Sakura si se lo proponía, claro. Pero necesitaba armarse de valor si quería llegar lejos y ser la madre de un Príncipe o Sultana.

-¿Podré ir a la cama del Príncipe Daisuke esta noche?—pidió saber Koharu. Vio a lady Ino bufar, tocándose la frente, pidiendo paciencia mentalmente al altísimo. –Me prometió que tendría una noche con él.

Extrañamente la furia desapareció a la par que una sonrisa se plasmó en el rostro de lady Ino que parecía una niña completamente inocente en vez de una mujer dictatorial y autoritaria que mantenía al Harem controlado con mano de hierro.

-Paciencia, Koharu, paciencia—acoto la Yamanaka viendo asentir escasamente la pelicastaña que no entendía que esas palabras no iban dirigidas a ella, -¡Dame paciencia!—grito Ino antes de darle la espalda y retirarse.

Niñas latosas, pensó Ino.


Portando una capa de seda y armiño rosa suave bordada en encaje cobrizo, con una corona de tipo torre, emblemática de los Uchiha, sobre su cabeza, teniendo su largo cabello suelto y cubierto por un velo, Midoriko contemplo desde la distancia a la Princesa Koyuki que, junto a su doncella Yugito, recorría las calles para conocer parte del Imperio, portando una capa que cubría su vestido de origen extranjero.

-Así que ella es la princesa—comento Midoriko a su doncella y leal amiga Narin.

Los celos carcomían a Midoriko que debía admitir la indudable belleza de la princesa húngara a quien despreciaba por su sola existencia. No permitiría que nadie la quitara su lugar que había logrado con esfuerzo, haciendo todo lo posible para embarazarse lo antes posible desde la primera vez que se había encontrado en la cama del Príncipe. Tal vez fuera tonta a ojos de la Sultana Sakura, pero no lo era tanto, planeaba ocultarle noticias importantes con respecto a su Príncipe y a si ganar una influencia que pretendía destruir sobre la vida del hombre al que amaba. Si el Sultan Sasuke moría y la Sultana Sakura se volvía Madre Sultana, ella sería la Haseki Principal y teniendo el apoyo deseado podría enviarla al viejo Palacio. Todo era cuestión de estrategia.

Sin más que ver o decir, Midoriko se sujetó la falda del vestido y giro para retirarse hacia su carruaje cuyas puertas le fueron abiertas por la escolta jenízara que la acompañaba. Ya había realizado la debida caridad a la gente, la caridad que la Sultana Sakura exigía realizaran todos los nobles para sustentar al pueblo, insistiendo en que alguien debía amar a la gente y no temer demostrarlo.

Pero a ella simplemente le daba igual.


Las horas habían pasado y el cielo se había vuelto un hermoso matiz e colores mientras atardecía y el sol empezaba a perderse en el horizonte.

Koyuki observo el atardecer desde su camarote mientras Yugito le cerraba el vestido, ajustando el corsé al calce de su cuerpo. Se trataba de un traje de fiel estilo húngaro, compuesto por una blusa de seda blanca, escote ancho y manga abullonadas hasta el codo desde donde se volvían lisas y plenamente ajustadas con encaje a la altura de las muñecas. Por sobre la blusa un corsé de cuero verde oscuro brillante, fijo a sus hombros y cuerpo mediante dos tirantes ajustados a sus hombros, asido a su cuerpo mediante cordones dorados en el frente que apegaban el corsé a su cuerpo. Para finalizar el conjunto se hallaba una larga falda granate estampada con hojas de oro bordadas en hilo cobrizo. Su largo cabello se encontraba suelto sobre sus hombros y espalda con una cadena de oro alrededor de su cuello que caía a la altura de su vientre y que se componía de un dije de considerable tamaño que albergaba en su interior una fotografía de sus padres.

En el exterior, Daisuke bajo de su caballo y, siendo reverenciado por la escolta jenízara que debía vigilar en todo momento a la Princesa, subió a la nave sin reparar en nada salvo en hablar con su invitada. Las puertas del camarote de Koyuki se abrieron de manera repentina haciéndola reverenciar al Príncipe que entro confiadamente, bajando la cabeza ante ella con igual grado de respeto. Eran iguales en cuanto a rango noble si de eso se trataba. Yugito, sintiendo que sobraba en la escena, se retiró respetuosamente sin darle la espalda ni al Príncipe ni a la Princesa.

Caballerosamente y, tal y como había pasado anteriormente, Daisuke le sostuvo la mano cuyo dorso beso, sacándole una sonrisa a la Princesa que audazmente dijo sus ojos en los de él. Daisuke no quería admitirlo pero estaba empezando a sentir cosas por esa mujer que jamás le había provocado ninguna otra y sentía que tales pensamientos y sentimientos eran plenamente correspondidos ya que ella no reparaba en disimular nada. Sonrojándose ligeramente ante aquel gesto de parte del Príncipe, Koyuki le indico que tomara asiento antes de sentarse a su lado de igual modo, entregándole una copa de vino mientras no dejaban de observarse.

-Oficialmente…- inicio Daisuke al ver que ella no tenía intención de hablar, -el Imperio no puede intervenir, pero tenemos informantes y delegados que pueden hacerlo—justificó haciéndola sonreír a ella que asintió agradecida. –Mi padre no desea involucrarse, pero yo la ayudare.

Koyuki sonrió, bajando la mirada con ligera vergüenza al recibir más ayuda de la deseada, ella no esperaba que alguien la ayudara desinteresadamente, desafiando a una autoridad tan grande como era el Sultan del Imperio, pero Koyuki no iba negar que este hombre y Príncipe era un reto que la tentaba más a cada paso y que despertaba emociones jamás sentidas en su cuerpo y en su corazón.

-Solo necesito que me ayude con un ejército—justifico Koyuki las palabras del Príncipe que le había ofrecido más de lo que ella hubiera imaginado.

-¿Un ejército?—cuestiono Daisuke.

Ciertamente la milicia y el ejército eran lo más necesario a la hora de recuperar el poder, pero Daisuke no veía esa naturalidad en la voz y en los gestos de Koyuki, parecía más bien…como si ella quisiera hacerse cargo de todo, algo absolutamente insólito y que él jamás había visto en una mujer.

-Un ejército poderoso que yo he de liderar y que derroque a los católicos que usurparon el trono de mi madre—justifico Koyuki con voz seria, más propia de un hombre que de una mujer.

El rostro de Daisuke se vio embargado por la sorpresa ante de que se formara una sonrisa en sus labios, desencadenando su risa ante lo que escuchaba. Sin duda ella era la mujer más extraña que hubiera conocido, una mujer que no sentía asco de la sangre ni temor por las batallas, una mujer insólitamente masculina y capaz, con una entereza indudable. Koyuki, ligeramente ofendida, no se dejó sorprender al verlo reír, no era el primer ni el último hombre que cuestionaba su entereza y determinación al ser solo una mujer. Más no le interesaba tal diatriba en lo absoluto.

-¿Por qué no me toma en serio?—cuestiono Koyuki, llamando su atención más viendo que él igualmente seguía divertido por sus palabras, -¿Acaso se ríe porque soy una mujer?—Daisuke dejo de reír y la observo culpablemente si es que la había ofendido, -no soy una princesita delicada, se defenderme y usted ya lo vio.

El Uchiha asintió, entreabriendo los labios para contestar, pero un repentino olor quemado fue percibido por su olfato, haciéndolo apartar su mirada de la Princesa para darle la espalda y dirigirse a toda velocidad a las puertas, Koyuki lo imito, jadeando de asombro en cuanto las puertas fueron abiertas y ambos se encontraron con que la nave estaba prendiendo en llamas. Daisuke noto la presencia del fuego mediante flecas clavadas en los laterales del barco, era una trampa, pero…¿De quién?, ¿Quién podría intentar matar a Koyuki mientras él estuviera ahí?

El fuego se estaba propagando y rápido, bloqueando su paso hacia el puerto. Yugito llego rápidamente junto a Koyuki quien asintió a verla preocupada. La húngara levanto su mirada hacia Daisuke que, volteando a verla, señalo la barandilla que daba contra la sección del barco que atracaba contra el mar. O saltaban o morirían por asfixia producto del humo que empezaba a reinarlo todo o por culpa del fuego que no tardaría en alcanzarlos. Sin titubeo alguno y sujetando a ambas mujeres de la cintura, Daisuke salto sin más.

Tenían que sobrevivir.


Izumi se paseó ansiosa y nerviosa en el jardín real, esperando a su enamorado platónico, era el hombre más guapo que hubiera visto en el palacio y por años se había encontrado enamorada de él, era respetuoso y correcto, discreto y con autoridad. No sabía si era correspondida pero deseaba serlo, él era mayor que ella pero Izumi esperaba poder confesársele y encontrar la respuesta esperada de su parte.

Cumpliría catorce en unos meses, oficialmente tendría la edad indicada para casarse y ser cortejad por algún Pasha, pero el Hasoda Basi de su padre, Boruto, era quien tenía cautivado su corazón por completo, conseguía leer sus pensamientos y saber que sentía incluso antes de que ella se detuviera a pensarlo, más que un amigo era el dueño de su corazón y quería que él lo supiera, ya no quería más secretos. Se había arreglado tanto como le era posible, usando un vestido aguamarina bordado en oro, de escote en V que formaba unas marcadas hombreras y mangas ajustadas, una capa de armiño y seda cubría el vestido y una diadema que emulaba mariposas y flores de cerezo hechas de oro y engazadas con diamantes sostenía un largo velo turquesa que cubría su largo cabello sujeto en un moño tras su nuca.

La Uchiha levanto su ansiosa mirada hacia la entrada del jardín donde el Uzumaki apareció sencillamente ataviado con unas galas azul bordadas en negro, igual de guapo que como lucia con los usares jenízaros a sus ojos. Él se detuvo en frente suyo y la reverencio debidamente, haciéndola sonreír.

-Sultana—saludo el Uzumaki viéndola sonreír, lejos de la reacción que él hubiera esperado. En la nota recibida por obra de una de sus doncellas decía desear hablar de algo sumamente urgente, pero no parecía preocupada ni ansiosa por decir algo, sino más bien centrada en su persona. –Dijo que era urgente, ¿Qué sucede?

Izumi suspiro escasamente, estando más que determinada a no salir de allí ni dejarlo marchar hasta que supiera lo que ella tenía que decir, hasta que supiera que su corazón latía desbocadamente por él y por su presencia, por amarlo y por saberlo tan cerca y tan lejos de ella al mismo tiempo.

-No estoy bien, Boruto—inicio Izumi con toda la calma del mundo, cosa que extraño a Boruto, -mis días ya no son días y mis noches ya no son noches. No puedo dormir ni comer en paz—pronuncio ella, aun incapaz de entender del todo el cómo y el cuándo se había enamorado tan perdidamente de él. –No paro de cuestionarme, ¿Qué son estos sentimientos?—sin más dilación, Izumi sujeto la mano de Boruto entre las suyas, colocándola sobre su pecho para sorpresa del Uzumaki que se giró para corroborar que no había nadie cerca como para acusarlo de algo. –Este corazón late desbocado cada vez que esta ante, late sin control porque siente que alguien que necesita se encuentra cerca—musito, soltando la mano de él.

Boruto no supe que responder, claro, estaba más que alagado al despertar atracción en una Sultana, más no sabía cómo responderle a una adolescente de trece años, doce años menor que él y por quien no sentía nada, románticamente hablando, solo la consideraba una amiga y alguien por quien sentir respeto, nada más. ¿En qué me metí?, se cuestionó Boruto a sí mismo, atrapado en una encrucijada absolutamente incomodo como jamás recordaba haber vivido. Si el Sultan llegaba a saber de algo así, pediría su cabeza en bandeja de plata.

Tenía que librarse de aquella situación inmediatamente.

-Sultana—inicio Boruto siendo lo más discreto y correcto que le era posible, no olvidando que no estaba solamente ante una adolescente de trece años, sino también ante una Sultana, la hija menor del Sultan Sasuke y la Sultana Sakura, -estos sentimiento son peligrosos—advirtió sin responder aun nada que pudiera comprometerlo en lo absoluto. –Pueden llevar a un abismo.

Claro que entendía los sentimientos de la Sultana Izumi porque él los sentía, pero no con respecto a ella sino por la Sultana Sarada cuyo rostro y voz no podía borrar de su mente y a quien había visto durante el día, hermosa como solo ella podía serlo, ataviada en unas modestas galas negras bordadas en plata reluciente ajustadas al cuerpo de interna falda oscura así como de bajo escote en V que formaba un cuello y hombreras de seda y encaje negro para marcar su luto, mangas abullonadas desde los hombros hasta los codos desde donde eran ajustadas finalizando en ligeras muñequeras de encaje, su larga melena de rizos azabaches cayendo libremente tras su espalda, únicamente adornada por una sencilla diadema de oro que emulaba rosas y capullos de flores de manera ascendente, así como un par de diminutos pendiente de ónix en forma de lagrima.

Ella, en su perfecta y absoluta belleza había conseguido cautivar su corazón y ya no podía negarlo, no cuando rememoraba su primer momento juntos una y otra vez, odiándose a si mismo por haberle provocado algún dolor por más nimio que fuera. No podía corresponderle a la Sultana Izumi porque su corazón ya tenía dueña y ella era la Sultana Sarada.

-Lo sé—respondió Izumi, trayéndolo nuevamente a la realidad, -pero no temo caer en el, Boruto—garantizo la Sultana con auténtico valor y sin ser capaz de ocultar sus verdaderos sentimientos. -¿Y tú?

Boruto deseo que esa pregunta nunca hubiera llegado…


Sasuke abrazo a Sakura contra su pecho, contemplando devotamente su rostro y sus ojos, esos ojos esmeralda que lo cautivaban por completo y que podían dejarlo sin habla con un solo gesto.

Ella era, incuestionablemente, la mujer más hermosa sobre la tierra y nadie podía alcanzar su belleza ni la perfección de su actuar y su figura, salvo Sarada quien era la más similar a ella pero igualmente diferente a su vez. Ella, en sus brazos, se encontraba ataviada en un espectacular vestido de satín morado, divido en dos capas. La capa inferior de escote levemente redondeado y mangas ajustadas, el centro del corpiño y el frente de la falda al igual que las mangas estaban bordadas en diamantes que formaban pétalos y centros de flores, así como estrellas. La capa superior, totalmente lisa, era enmarcada por un par de hombreras que finalizan en mangas abiertas y elegantes holanes tras la espalda. Su larga melena de rizos rosados caía libremente tras su espalda y sobre esta una modesta corona de oro imitando lirios hechos mediante amatistas y cristales morados. Alrededor de su cuello se encontraba el tradicional emblema de lo Uchiha que ella lucia tanto como le era posible.

La tarde era fresca y relajante, razón incuestionable por la que Sakura y él habían decidido cenar en la terraza con la magnífica puesta de sol como testigo de uno de sus muchos momentos juntos, tan perfecto o más que cualquiera de los que habían compartido en el pasado porque estar junto a ella siempre era igual que aquel primer encuentro hacia tantos años. Estaba un tanto preocupado ya que se encontraba ligeramente pálida pero ella insistía en que se trataba de una molestia común de las mujeres, razón por la que él había dejado de preguntar, más no de preocuparse, ella era lo más valioso en su vida.

-Alguien me dijo que habías hecho un desastre en tus aposentos—comento Sasuke sintiéndola tensarse entre sus brazos.

Sakura levanto su mirada hacia él sin dejarse sorprender por su pregunta.

-Un momento de ira—se justificó ella, encogiéndose de hombros y haciéndolo sonreír ladinamente a modo de respuesta.

Ella era una mujer insólita, hermosa y perfecta a su propio modo pero que tenía un carácter digno de temer, claro, él agradecía no ser víctima de ninguno de sus arranques conflictivos pero sabía que ella era igual de irascible que él cuando se lo proponía. Le había mordido la mano la primera vez que había estado en sus aposentos, como olvidarlo, además Kurenai la había apodado "salvaje", ella era una mujer particularmente valiente y digna que podía llegar a pelear con una espada y liderar una campaña militar si se lo proponía, no por nada había diseñado mucha de sus estrategias de ataque en las campañas militares que él había efectuado, ella era más que una cara bonita, era una mujer realmente fuerte, perseverante e inteligente.

-Majestades.

Tanto Sakura como él levantaron la mirada en cuanto Tenten hubo aparecido ante ellos, claramente con una noticia que comunicar, Sasuke le indico que hablara, fuera lo que fuera debía ser importante.

-Intentaron asesinar al Príncipe Daisuke—pronuncio Tenten. Sakura se quedó sin aliento de solo escucharla, Sasuke oculto su preocupación, remplazando tal actuar por impaciencia, indicándole a Tenten que prosiguiera, -afortunadamente llego con bien al palacio…junto con la Princesa Koyuki.

La impaciencia en el rostro del Sultan paso a ser ira absoluta, le había ordenado sin discusión alguna a Daisuke que nunca trajera a la Princesa al Palacio, bajo ninguna circunstancia o eso daría a entender que estaba involucrándose en materia extrajera. Sakura, igual que él, olvido todo temor anterior, dejándose controlar por la ira y apretando los puños al ver que su hijo desobedecía lo ordenado por ambos.

Daisuke los había decepcionado.


Acompañados por Midoriko que irrefrenablemente había metido su nariz donde no llamaban, Sasuke y Sakura entraron en los, ahora, aposentos de la Princesa Koyuki que yacía profundamente dormida sobre la cama mientras Daisuke velaba su sueño.

La mirada de Sasuke se entrecerró sobre su hijo reconociendo la forma en que miraba a la Princesa húngara, era una escasa comparación con la forma en que él veía a Sakura. Tenía que ponerle un alto a eso o de lo contrario su Imperio y la paz que tanto trabajo y esfuerzo les había costado obtener se vería amenazada y obstruida para siempre. No necesitaban más problemas ahora que la rebelión hubo sido dispersada por completo, él jamás hubiera actuado de esa manera en el pasado y no permitiría que su hijo lo hiciera.

-Estábamos preocupados, hijo—comento Sakura, aminorando su propio disgusto por ver a esa mujer en el Palacio.

Daisuke negó ante sus palabras, acercando a su madre que, con sus ojos, lo examino minuciosamente de arriba abajo, preocupada como siempre. Se sentía incómodo teniendo la mirada iracunda de su padre sobre su persona, él era la única persona en el mundo ante quien podía volver a sentirse como un niño, su padre era el único ser viviente que le evocaba temor absoluto. Midoriko guardo silencio pero interiormente se sentí decepcionada de él, lo sentía en su mirada.

-Yo estoy bien—garantizo Daisuke y viendo como su madre podía suspirar tranquila al no ver ninguna herida o rasguño en él, -y la Princesa Koyuki también.

Midoriko apretó los labios ante esto, sintiendo de manera repentina la mano de la Sultana Sakura, tocándole el hombro a modo de apoyo. Ella jamás había tenido que sentir eso, Sasuke jamás había puesto sus ojos sobre ninguna otra mujer que no fuese ella y por ende no iba a permitir que nadie, mucho menos una Princesa extranjera y poco fiable, trastocar el ritmo que sus vidas habían tomado hasta ese momento. Sintiendo su ira aumentar l escuchar a Daisuke mencionar a aquella Princesa húngara, Sasuke giro su rostro hacia Sakura que espero lo que él dictaminar correcto.

-Midoriko, ve con Sasuke y Mikoto—indico Sasuke viendo asentir a la pelimorada, -han de estar preocupados por su padre- aludió antes de observar a su esposa que espera atenta sus palabras –Sakura, regresa a tus aposentos, iré a verte más tarde—añadió antes de que su esposa y Midoriko lo reverenciaran y se retiraran sin decir nada más. Daisuke bajo la cabeza al sentir a su padre avanzar dos pasos hacia él, recalcando los centímetros de altura que los diferenciaban y que hicieron sentir a Daisuke como una hormiga ante un león, -sígueme—ordeno Sasuke.

Dándole la espalda a su hijo, Sasuke avanzo hacia las puertas que abrió por su cuenta escuchando lo pasos de su hijo tras suyo.


-Habíamos hablado de esto, Daisuke—recordó Sasuke, sacando a relucir su ira con su hijo quien no se atrevía a debatirle absolutamente nada, -acordamos que no la traerías aquí.

Esa Princesa no le inspiraba confianza alguna, extranjera y de una familia turbulenta, inmiscuid en asesinatos y con un grado de habilidad militar incierta, resultaba más una amenaza que una aliada en cuestión. Su hijo le daba muchos dolores de cabeza, demasiado terco cuando se lo proponía, llegando a pasar por encima de su autoridad si así estimaba conveniente y eso era algo que Sasuke no iba a permitir esta vez.

-Creí que era lo correcto—respondió Daisuke, levantando la mirada hacia su padre para no dejarse amedrentar.

EL Uchiha arqueo una ceja, extrañado e incrédulo con respecto a lo que su hijo estaba diciendo. Había crecido en el palacio y había aprendido de la imagen que tenían los Príncipes y Sultanes ante el mundo, su insólita fidelidad hacia su esposa y única Sultana sorprendía a muchos puesto que ningún hombre había hecho eso en la historia el Imperio, pero Sasuke había creído poder criar bajo aquella lealtad a sus hijos, pero a cada día que pasaba se daba cuenta que Daisuke no cumplía con sus expectativas, sino que Kagami lo estaba asombrando sin haber yacido con una mujer a sus dieciséis años. Kagami le daba fuertes razones para nombrar heredero absoluto algún día.

-¿Lo correcto para quién?—cuestiono Sasuke, viendo titubear a su hijos, -¿Para ti?

Daisuke se sintió ofendido ante esto, claro, la Princesa era hermosa y le resultaba atractiva en todos los sentidos posibles, pero no creía que eso lo hiciera llegar a un punto de verla como a una mujer a la que desear, verla como a una mujer que era lo que Midoriko no era. No creía llegar tan lejos con su interés con ella.

-Padre, yo…- intento contradecir Daisuke.

-No intentes pasarme por tonto—lo corto Sasuke, alzando la palma de su mano para indicarle que guardara silencio, -vi como la mirabas—justifico aludiendo al instante en que él, Sakura y Midoriko habían entrado en la habitación. No era capaz de expresar con palabras cuan dolido estaba con su hijo al ver que le había fallado, siendo que había depositado su entera confianza en él. -Soy hombre Daisuke—le recordó Sasuke notando que su hijo quería justificarse para negar lo que él creía, -no me pidas que no te entienda pero jamás pensé que fueras de esa clase de hombre—admitió decepcionado. Tenía un nieto y una nieta gracias a él, su nieto llevaba su nombre encima de todo. Solo había esperado que Daisuke fuera leal y responsable, nada más y sin embargo le estaba fallando. -Midoriko es la madre de tus hijos, tu único deber debería ser aprender a gobernar, no tomar por amante a una Princesa—acusó, apartando su mirada de su hijo.

Bajo otras circunstancias Daisuke hubiera permanecido callado porque no le interesaban las mentiras o acusaciones falsas…más debía admitir que las palabras de su padre eran más que acertadas, sentía algo por Koyuki, algo que jamás había sentido en su vida, ni siquiera por Midoriko, ella era importante él, desde luego, le había dado a su Príncipe y su Sultana, Sasuke y Mikoto, pero Daisuke sabía que le faltaba algo a su vida marital y Koyuki parecía despertar aquello en él que Midoriko no podía, solamente hablando apenas.

-Yo no…- intento protestar Daisuke, no le gustaba admitir que fallaba, no delante de su padre o su madre.

-Guarda silencio y contesta cuando yo te lo indique—sentencio Sasuke únicamente, viendo a Daisuke bajar la cabeza, derrotado. -Antes que ser tu padre soy el Sultan y deberías recordarlo, si no me respetas como tu padre al menos cumple lo que te ordeno—recordó tanto para su hijo como para sí mismo, rememorando su propio pasado y como había visto a su padre, el Sultan Izuna, como una figura prácticamente inexistente. -Deposito mi confianza en ti y me estas decepcionando—menciono más para sí que para su hijo que reconocía su error pese a sentirse humillado. -A veces creo que Kagami sería más apto para sucederme.

El Príncipe levanto la mirada hacia su padre, asustado ante aquellas palabras, Kagami era muy querido por muchos, lo llamaban el Príncipe de Corazones inclusive, su madre lo adulaba infinitamente el último tiempo. Él, a sus dieciséis años, era una figura inocente y virginal que trataba a todos y todas de manera correcta, querido por todos en el palacio y preocupado de la seguridad de quienes vivían en el palacio, ya fueran sirvientes, concubinas o jenízaros. Daisuke comenzaba a sentir que su hermano lo estaba desplazando y eso resultaba lo más degradante y humillante que hubiera podido imaginar.

-Majestad, nunca ha sido mi intención fallarle como hijo—se apresuró a responder Daisuke, sin importar que su padre fuera a silenciarlo.

Pero para su sorpresa, su padre no lo insto a guardar silencio sino que lo escucho sin cambiar su expresión ni comportamiento en lo absoluto. La misma decepción y frialdad seguía plasmada en sus ojos y en sus facciones.

-Pero lo estás haciendo—determino Sasuke con palpable decepción que se trasformó en ira con increíble rapidez, recordándole a Daisuke el porqué de la conversación que estaban teniendo. -¿Acaso alguien nos ofrece ayuda desinteresadamente cuando la pedimos?—pregunto sin necesitar una respuesta, pero viendo a su hijo mantener la mirada baja y guardar silencio. -Agradece que las habilidades diplomáticas de tu madre nos han salvado el pellejo o de lo contrario solo Kami sabe en qué infierno bélico nos encontraríamos—menciono agradeciendo todo lo que Sakura había hecho para mantener la paz tanto durante su reinado como durante su ausencia, algo que jamás sería capaz de olvidar. Sasuke se tocó ligeramente las cienes, buscando paciencia de donde le fuera posible. Tenía que llegar a una conclusión y era mejor que por ahora fueran cordiales, al menos por un tiempo. -La Princesa se recuperara de lo ocurrido y recibirá algo de nuestra hospitalidad pero luego se ira—dictamino resumidamente Sasuke, no viendo protesta en su hijo, Sasuke avanzo dos pasos hacia su hijo, tomándolo del mentón bruscamente y haciéndolo levantar la mirada. -¿Algo no te quedo claro, Daisuke?

El Príncipe trago saliva de la forma más inaudible que le fue posible, sabiendo que nada podía hacer para cambiar la decisión de su padre, al menos por ahora. Lo ocurrido era muy reciente y quizás con el tiempo pudiera dialogar con él, pero el momento no era ese, tendría que esperar.

-No, majestad—murmuro Daisuke.

Soltando el mentón de su hijo, Sasuke le indico la puerta con su mirada. Necesitaba tranquilizarse o ni él mismo sabía que podía suceder.

-Ahora sal de mi vista—demando Sasuke.

Girándose para darle la espalda a su hijo, que se retiró con la mirada baja y sin darle la espalda por respeto, Sasuke apoyo sus manos en el borde del balcón, preguntándose como había errado siendo padre y porque Daisuke no conseguía entender lo difícil que había sido pasar de un Imperio decadente a una nación soberbia y gloriosa. Había sacrificado su propia felicidad, apenas alcanzable y solo gracias a Sakura, nunca había pedido ser Sultan pero había deseado sobrevivir. Había perdido a su hermano Itachi, a su madre, a Fugaku Pasha y había enjuicia y encerrado a Daisuke que era un delirante inocente. Solo Sakura era su motivo para ser feliz, nada más.

Daisuke no era capaz de ver su sacrificio a la par de lo que él algún día debería de hacer si se volvía Sultan


PD: me he empleado a fondo para hacer la continuación lo más pronto posible ya que adoro los comentarios de DULCECITO311 y Adrit126 a quienes agradezco sus palabras, Adrit126 (no se cuando pero haré el triangulo amoroso entre Sasuke, Sakura y Naruto, pero también el de Sarada, Boruto e Izumi) :3 comenten que les parece el capitulo o las dudas que tengan, en el próximo capitulo Sarada se enterara de la traición de Inojin :3 gracias y hasta la próxima:

Temas que caracterizan a los personajes en mi opinión:

-Dangerous Woman: Ariana Grande (Sultana Sakura)

-Diary of Jane: Breaking Benjamin (Sultan Sasuke)

-Time of Dying: Three Days Grace (Principe Daisuke)

-Black Sea: Natasha Blume (Sultana Sarada)

-Dead In The Water: Ellie Goulding (Princesa Koyuki)

-Fight Song: Rachel Platten (Sultana Izumi)

-FFH: Undone (Boruto Uzumaki)

-Beating Heart: Ellie Goulding (Sultana Midoriko)

-Aslan ve Kuzu: Muhteşem Yüzyıl Kösem (Sasuke & Sakura)

-Kösem'in Aşkı: Muhteşem Yüzyıl Kösem (Boruto & Sarada)

-Bitmeyen Kış: Muhteşem Yüzyıl Kösem (Daisuke & Koyuki)