Hola a todos!!¿Qué tal estáis? Yo super liada por YA empiezo con exámenes! pero no podía dejaros sin un capítulo mas, ya que a hasta febrero no volveré a actualizar :P quiero agradeceros profundamente los reviews! un capítulo más hemos hecho record :D veo que va apuntándose gente y eso me hace muchísima ilusión :D bienvenidos todos! y a los que aún no os animáis a hablar, os animo ahora! que sé que al menos hay tres personas que me tienen en favoritos y nunca les he visto asomar la patita! me gustaría que me dierais vuestra opinión ;)
Paso a contestar los reviews anónimos:
Linc: Hola! me alegro que te guste! ayss!!el dilema de Sirius, tiene dos chicas fantásticas pero muy distintas! con quien se quedará? Yo no lo sabré hasta que él no me lo diga xD espero que te guste el capitulo! un besazo!;)
Andy: hola pringadilla :p me alegro que te hayan gustado los besos tia!ya sabes que no estaba del todo convencida con ellos xD ayss que pasará?:P pues aquí lo lees, q me dijiste q lo leerías antes de exámenes :P mañana nos vemos ;)
Lili: Hola wapisima!q tal todo?:P me alegro q te gustara, había que darle algo bueno que hacer a Pevees que siempre la lía jejeje el mi pobre James, sufre de todo no crees? Jeje me alegra tenerte confundida con nuestro trío de oro jejeje haber si Sirius se aclara porque yo tb me estoy volviendo loca xD me alegro que te gustara todo, y las dudas... aquí se responden ;) nos leemos después de exámenes wapa!!espero que todo te vaya genial y gracias por todo! se te quiere!;)
Fd-potter: siguiendo la tradición, aquí estoy contestándote por aquí jeje lo 1º: Felicidades por la matricula! tenemos otra universitaria :P veremos si te corrompe esta vida que nos vuelve locos a todos jajajaja y sí, algo de miedo sí me das xD adivinaste bastante, estás loca!jajaja ays! me alegro que te gustara el beso entre James y Lily! Tenía mis dudas pero veo que os gustó :D te imaginas a Kate con un vestido plateado? Jajaja era blanco, blanquísimo :P en realidad, sí, iba wapísima pero es que Kate ya lo es :P vale, Jane es una abusadora y está como una cabra, pero tú no aprovecharías?? Jajajaja Sadie al menos se fue sin pegarle, lo que ya es mucho jeje a mi también me encanta la pareja Jeff y Nicole, porque por un lado no pegan ni con cola y por otro son el complemento perfecto jejeje sisi Anthony llegó porque fue expulsado por pesado jeje lo siento, pero me imagino a Ojoloco mosqueado y me parto :P ya ves las compañías de Peter :p mmmm no respondo que tienes q leer jejeje espero que te gustara Twilight!yo la amé :p un besazo wapisima!;)
Bueno ya está :P este capítulo se lo dedico a Andy para que la ayude con el trauma de los exámenes! inténtemos aprobar!jejeje
Nada de esto es mío ya sabéis... Yo me habría casado con Sirius y le habría dado un primo a Harry y se acabó :P
"JURO SOLEMNEMENTE QUE MIS INTENCIONES NO SON BUENAS"
O-oOOo-O
Capítulo 16: El baile de Halloween, parte II
- No sabría si vendrías –dijo una voz a su izquierda, algo lejos de donde aún continuaba el cervatillo-. Pero puse toda mi energía en llamarte hasta a mi.
Pese a que sabía a quien pertenecía esa voz, sus ojos buscaron impacientes por el lugar. Pero aquello estaba muy oscuro y no conseguía ver nada. Poco a poco, los pequeños movimientos que se podrían confundir con el movimiento de las ramas, dieron paso a las zancadas de una figura que se fue acercando cada vez más a Remus.
- ¿Rach? –preguntó él con la voz temblorosa-.
La divertida risa de su novia le llenó el pecho en un gran júbilo. Sabía que iba a contestarle, la oyó abrir la boca, pero no pudo soportarlo más. Rápidamente acortó la distancia entre los dos y la besó con impaciencia. Notó un suspiro de ella dentro del beso, pero eso solo consiguió que la apretara más contra sí. Un brazo la aprisionaba la cintura mientras que el otro la sujetaba con fuerza la nuca. Ella no tardó más que un segundo en responderle al beso con la misma intensidad que él.
Se separaron solo cuando el aire se les terminó. Apoyaron sus frentes en el otro e intentaron recuperar pronto su respiración. Remus miró a Rachel en la oscuridad, pero no necesitaba más, pues los ojos de la chica brillaban como luceros. Cuando llenó un poco sus pulmones atacó de nuevo, y notó como Rachel reía divertida para después responderle de nuevo.
- Siempre decíamos que teníamos una conexión especial –dijo ella cuando la dejó hablar-. Y ya lo he comprobado. He conseguido que salieras del castillo y vinieras aquí solo con desearlo con todas mis fuerzas.
Pasaron diez minutos en los que Remus continuó besando con pasión a su novia. En los labios, los mejillas, los párpados, la nariz... Todo lo que fuera necesario para cerciorarse de que ella estaba allí, que era de carne y hueso, y que no volvía a soñar despierto.
- ¿No vas a preguntarme por qué estoy aquí? –dijo ella cuando Remus se separó a coger aire-.
Remus negó con la cabeza sonriendo ampliamente.
- No me importa por qué extraño milagro estás aquí. Solo me importa que estás.
Rachel sonrió como respuesta. Solo él conseguía hacer que su interior se agitase de esa forma.
- Pero aún así me arriesgaré a aburrirte contándotelo –le dijo robándole un pequeño pico-.
Remus se sentó en el césped y tiró de la mano de su novia para que acabara recostada en su regazo.
- Así te escucharé más atentamente –la dijo al oído mientras sus labios bajaban por su cuello hasta la clavícula-.
- Ya, pero si sigues así, olvidaré lo que voy a contarte –repuso ella riéndose-.
- Vale. Seré bueno. –dijo él separándose y haciendo un puchero. Después se puso serio-. ¿Ha ocurrido algo?
- No. O eso creo. En realidad, acabé mi parte y en vez de volver a la casa donde mis padres están escondidos, pensé que quizá el director me dejara volver a Hogwarts una temporada, como premio.
- Pero Rach –protestó Remus algo alarmado-. Sabes que no puedes volver a Hogwarts. Desde el momento en que pises el Gran Comedor, lo sabrán afuera. Sabes que aquí dentro hay, por lo menos, hijos de mortífagos y...
- Remus cálmate –le interrumpió poniendo una mano sobre sus labios-. No tengo intención plantarme en el Gran Comedor para cenar. Pero no se, quiero ver a mis amigos y Dumbledore sabe que he trabajado duro. Tiene que haber un método que sirva para estar con vosotros.
- No sé...
- ¿No quieres que me quede una temporada? –preguntó poniendo morritos y pasando sus manos por su cuello-.
- Claro que quiero –respondió completamente encandilado-.
- Pues acompáñame a hablar con el director –le dijo levantándose con una amplia sonrisa-.
Remus hizo una mueca, pues en el momento en que ella se separó de él sintió un gran vacío y bastante frío en las zonas de su cuerpo que habían estado en contacto con ella. Por eso, cuando tomó su mano para ayudarse a ponerse en pie, tiró de ella hasta que quedó instalada bajo su brazo y abrazándolo de la cintura. En momentos como ese, Remus agradecía que Rachel fuera bajita, para así poder abrazarla más fácilmente.
- Vas muy elegante.
- A un baile hay que ir elegante –la respondió sonriendo-.
- Pero... ¿Qué día es hoy? –preguntó perdida-.
Remus soltó una carcajada. Normalmente Rachel no era muy despistada, pero sin duda llevaba días viajando y no sabía que esa noche era Halloween.
- ¿Has venido con alguna chica? –le preguntó frunciendo el ceño-.
- Las explicaciones se las pides a tu mejor amiga, que es la culpable de todo.
Rachel asintió. Ya tendría ella unas cuantas palabras con Gis...
Fueron andando por las sombras hasta el castillo, hablando sobre cuál sería la mejor forma de entrar y llamar la atención del director sin ser vistos. Rachel no podía permitirse que la vieran allí, y Remus ya no veía como opción es dejarla sola, ni siquiera los dos minutos necesarios para hablar con el director.
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- Vaya –dijo Peter algo asombrado tras lo que Gibbon le había contado-. Jamás imaginé que en Slytherin pudiera pasar algo divertido...
- En Gryffindor sois muy dados a los tópicos, Pettigrew –le reprochó Maryling-. Haber si adivino: Creéis que los Ravenclaws se pasan el día estudiando, que los Hufflepuffs van buscando a todas horas a alguien a quien ayudar, y los Slytherins, eh, pues, conspirando para acabar con el mundo. ¿Voy bien?
- No vas desencaminada –aprobó Peter con una risa-. Yo, al menos, siempre me imaginé la sala común de Ravenclaw como un sitio donde nadie levanta la cabeza de un libro, la sala común de Hufflepuff donde van repartiendo flores y predicando la paz y el amor, y la sala común de Slytherin... un cuartel donde planeáis asesinatos de hijos de muggles.
Maryling soltó una carcajada. Peter se alegró de ello, pues lo último lo dijo muy cohibido. No era muy típico encontrar a un Slytherin con sentido del humor.
- Veras Pettigrew...
- Llámame Peter –la interrumpió-.
- Bueno, pues tú llámame Mary. Veras Peter, no puedes creer en los tópicos. No todos los ravenclaw son estudiosos. Muchos son inteligentes y sacan los exámenes casi sin estudiar...
- Como Prongs y Padfoot –recordó Peter para sí mismo-.
- Y no todos los Hufflepuffs son buenos y leales. También los hay mal pensados y metiches...
- Un ejemplo de ellos es Berta Jorkins que se pasaba el día chismoseando de los demás –dijo Peter dándola la razón-.
- Y no todos los slytherins tenemos como máximo objetivo acabar con el mundo y asesinar sang... –se interrumpió a sí misma, sabedora de que si quería seguir manteniendo una conversación cordial con un gryffindor, no podía utilizar una expresión que se la hacía tan usual como cualquier otra-. Hijos de muggles.
- ¿Tú eres un ejemplo de ellos, Mary?
La chica se tomó unos segundos para esa respuesta. Era verdaderamente llamativo lo bocazas y preguntón que podía llegar a ser ese chico... Ahí fuera, en medio de la guerra, no sobreviviría ni un día.
- Yo no soy ejemplo de nada, Peter –dijo al fin-. Todo esto es cuestión de política, y a quien le da mucha importancia y quien le da poca. Personalmente, disfruto siendo neutral, es más saludable.
- Pero yo te he visto hablar con hijos de muggles...
- No me consideres la amante de los hijos de muggles porque no lo soy, Peter. Ya te he dicho que es cosa de política, y esa no es mi guerra.
Peter palideció un poco. En toda la noche, la chica jamás había variado su tono de voz, pero entonces este se había vuelto gélido. Toda la comodidad que sentía se había esfumado junto con la calidez del tono de voz de Mary.
- Me encanta esta canción. –dijo la chica con su tono de siempre-.
Peter comprendió que aquel era un esfuerzo para volver a tener la cordial conversación que llevaban antes. A él también le parecía una buena idea. Sonrió.
- El disco entero es bonito –coincidió-.
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Tenía que salir de allí. No acababa de comprender qué había ocurrido. Una cosa era seguir la broma y darle un pequeño beso, que no implicaba nada. Pero eso no era lo que había ocurrido. Había besado de verdad a su mejor amigo. Y cuando decía "de verdad", se refería a que no había pensado en el muérdago en absoluto, no se había acordado que estaban rodeados de compañeros que pudieran contarlo todo, y de verdad había disfrutado de ese beso. Tanto que en ese momento no era consciente de estar besando a su mejor amigo, sino que pensaba estar besando a la persona adecuada.
"Que absurda eres" se recriminó Lily a sí misma. Absurda, egoísta, caprichosa y... no se atrevía ni siquiera a pensar en esa palabra. ¡Ella tenía novio por Merlín! ¿En qué estaba pensando? Podía hacerle mucho daño a Mark y encima poner en un compromiso al pobre James, que no tenía ninguna culpa. Y no, aunque quisiera echarle la culpa, no podía. Era plenamente consciente de que él había intentado apartarse y era ella la que se le había pegado como una perra en celo. No le extrañaba la confusión que vio en su cara. Apenas hacía un año despotricaba contra él y le echaba la culpa de todos sus males, luego le prohibía bromear sobre unos posibles sentimientos hacia ella y ahora ella quería besarle, y además se había dedicado a sonreírle como una tonta cuando acabaron. Es decir, que se estaba contradiciendo a sí misma.
Y luego Mark... rezaba para que no la hubiera visto, pero no sabía que mirarle a la cara ahora. El hecho en sí, no había sido tan grave por supuesto, pero lo que sintió ella sí lo había sido. ¿Qué le diría? ¿Y si alguien se lo contaba? Al fin y al cabo lo habían hecho en medio de la pista, a vista de todos.
Levantó la cabeza con orgullo. Había metido la pata y tenía que arreglar aquello. Y el miedo no la iba a echar atrás. Ella era una gryffindor. Fue directa, ni lo dudó. En apenas un minuto volvía a estar junto a Mark, que todo ese tiempo había seguido conversando con Sam y Roger. No se la escapó la mirada de la chica, que sin duda la quería transmitir que habían estado muy bien sin ella. Sin embargo, Mark la sonrió con la misma ternura de siempre. Se sintió más culpable, ella no se merecía esa sonrisa.
- ¡Pensé que estarías más tiempo! –exclamó algo sorprendido. Después se acercó a ella para susurrarla al oído-. Así que a Potter le gusta tanto bailar como a mí ¿no?
Lily dejó escapar una risita nerviosa, que Mark lo atribuyó a un pequeño asentimiento. Su novio también debió malinterpretar su incomodidad con aburrimiento, pues se despidió de sus amigos y la llevó a bailar.
- Mark, no es necesario. –le dijo sabiendo el esfuerzo que hacía el chico-.
- No te preocupes Lils –la dijo con una sonrisa-. Hoy estás muy guapa, y he sido muy egoísta queriendo apartarte a un rincón para mantener una conversación aburrida.
- Te portas demasiado bien conmigo –le susurró ella con la cabeza gacha-.
Él sonrió, pero no la contestó sino que se concentró en sus pies. El chico bailaba bastante decentemente, pero era demasiado inseguro como para comportarse de manera fluida, tal como hacían la mayoría.
- ¿Pasaste un buen rato? –la preguntó al cabo de unos minutos-.
- ¿mmm?
- Cuando te has ido. Que si lo has pasado bien.
- Sí... –contestó Lily en voz baja. Al instante recordó el mejor momento que había pasado en todo ese rato y se sonrojó violentamente. ¿Qué la pasaba? ¿Por qué no podía dejar de pensar en ello ni delante de Mark?-.
- ¿Estás bien?
- Sí. –de pronto se la ocurrió una idea. No sabía si funcionaría, pero tenía que intentarlo. Cualquier cosa que la hiciera sentir menos culpable-. Bésame.
No fue una petición, fue una orden. Pero a Mark no le dio tiempo a reaccionar, pues ella se le había lanzado al cuello. Apretó fuerte su nuca para acercarle más y más a ella, moviendo frenéticamente sus labios contra los de él. Sin embargo, ese beso no era como los demás. Por mucha intensidad que le pusiera, no podía encontrar ni un poco de pasión. Ni siquiera el sabor era el mismo... ¿Por qué estaba comparando los dos besos? Era lógico que James besara mejor, también había tenido más práctica. ¿Con cuantas chicas se habría besado? Con muchas más que Mark, desde luego. Aunque este año no le había visto tan atareado, en quinto y en sexto le había visto con distintas chicas que... ¡Pero bueno! ¿Qué la importaba a ella con cuantas chicas se había besado James? Vale, besaba mejor que Mark. ¡Menuda tontería! Ella no era tan superficial como para darle tanta importancia a eso. Lo que había entre Mark y ella era mucho más especial que lo que James tuviera con cualquiera de esas... chicas.
Se separó de él, consciente de que el chico se había quedado un poco estático. Le miró con ojos interrogantes, preocupada de su reacción. Pero Mark la sonrió con tranquilidad.
- Esta vez casi me dejas sin aire –la acusó-. Ha sido fantástico.
Ella se limitó a sonreír, incapaz de responderle lo mismo. Se colgó de su cuello, esta vez para seguir bailando. Apoyó su mejilla en el hombro de su chico, con aire pensativo. Si no le miraba a la cara, no tendría que hablarle. Se mordió el labio mientras consideraba todas las opciones. ¿Por qué ese beso no le había parecido tan maravilloso como los anteriores? Estaba segura de que no tenía nada que ver con James, ni con el beso que había compartido con él. No, no. Eso no era posible, pues eso solo podría significar que sentía algo por James. Tuvo ganas de reír. ¡Absurdo! Siempre se habían llevado como el perro y el gato, y aunque este año eran amigos, eso no significaba que, de repente, James se convirtiera en su tipo. A ella siempre la gustaron los chicos rubios y con una personalidad mucho más tranquila que la de James. De hecho, siempre había defendido ante sus amigas, que el merodeador más guapo era Remus, cosa en la que Rachel había estado completamente de acuerdo. Sin embargo, Grace y Kate siempre mantuvieron que físicamente, ninguno tenía nada que compararse con Sirius. Claro que así habían acabado las dos... Y Gis... bueno, Gis era Gis. Esta vez sí se la escapó una pequeña risa al recordar las palabras de la latina.
"- Chicas, a mi me parece que todos están para mojar pan. Sirius es muy atractivo y el típico chico malo, Remus tiene una mirada tan dulce que dan ganas de comértelo a besos, James es un rebelde, y a mi me encantan los rebeldes, además tiene su morbo con esas gafas, no os creáis... Si hasta Peter tiene su encanto y eso que no es el prototipo de ninguna chica".
Si, Gis era Gis. Estaba muy loca y decía lo primero que se la venía a la cabeza. Sin embargo, pese a esas palabras, ella había sido la única que no se había enamorado de ninguno de ellos. "¡Frena Lily!" se gritó a sí misma, "¡No es la única, porque tú tampoco te has enamorado de ninguno!". Se había olvidado incluirse, solo eso.
Se estaba volviendo loca sin duda. ¿Puede alguien hacerse enloquecer a sí misma? Tanto pensar no debía ser bueno. Y volviendo al tema principal, una idea la invadió la mente. La explicación más lógica por la cual no había disfrutado tanto de ese beso. Quizá su relación con su novio ya estaba lo suficientemente madura como para pasar al siguiente nivel...
- Mark –susurró de pronto, sin pensarlo mucho, por miedo a echarse atrás-. Aquí me aburro.
Él la miró confuso, al parecer sin saber qué hacer para evitar su aburrimiento.
- ¿Quieres irte ya? –preguntó dudoso-.
Ella le negó con la cabeza, sonriéndole coquetamente.
- Es pronto. Pero, ¿Por qué no vamos a otro lado?
- Claro, ¿Dónde quieres ir?
- ¿Qué tal a mi torre? –propuso-.
Él hizo un gesto con la cabeza, aceptando su idea, aunque parecía bastante indiferente sobre el lugar a donde irían. Salieron de la pista de baile de la mano, y ella le apretó fuerte, instándole a seguirla el paso. Esa noche terminaría con todas las tonterías que llevaban días cruzando por su cabeza.
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Otro que también había salido por patas era Sirius. A diferencia de Lily, él no era el histerismo personificado, pero sin duda tenía un buen lío dentro de esa cabecita suya.
¿Que, por qué se había emocionado tanto con un beso? Bueno, él tenía una gran explicación a eso. Él era un hombre, y muy hombre, que conste. Y claro, si una chica guapa, que evidentemente le atraía, se le colgaba del cuello y le acariciaba de esa manera, era lógico que él iba a reaccionar así. ¿Quién se habría echado atrás ante esa invitación? Además, por el momento, él no le debía ninguna explicación a nadie, pues Kate estaba bailando con ese gilipollas de ravenclaw. Y la culpa era de Grace que le había provocado. Entre que él siempre había sido muy fogoso, y que ella siempre había sabido cómo provocarlo, que ocurriera eso era lo más normal del mundo.
Pero vamos, que ahí no había pasado nada. Al día siguiente se comportaría con ella como si tuviera amnesia, y seguro que ella hacía lo mismo. La conocía lo suficiente para saber eso. Lo importante era encontrar a Kate, que parecía haberse evaporado.
La encontró al cabo de unos minutos. Seguía bailando con Rumsfelt. Esa chica sí que tenía paciencia. Estaba seguro que de ser Grace, ya le habría soltado una patada en sus partes nobles. Sonrió de pensarlo. Al fin y al cabo, con él lo había hecho.
El tipo la seguía hablando, intentando por todos los medios llamar su atención. Pero ella solo le asentía con la cabeza de vez en cuando, mientras miraba alrededor. Buscaba algo. ¿Sería a él? Para comprobarlo, se sitúo estratégicamente cerca de ella, en su campo de visión. Cuando le vio, su cara se iluminó con una preciosa sonrisa, y en la de él creció su típica sonrisa torcida.
Solo la dejó unos segundos de ventaja, pero nada más. Rumsfelt ya había disfrutado demasiado de su compañía. Discretamente se acercó a la pareja, pues sabía que si todo el mundo se les quedaba mirando, Kate pasaría un mal rato.
- Buenas noche señorita.
Ella no había apartado la vista de sus ojos ni un momento, y su sonrisa se ensanchó aún más cuando él llegó a su lado. ¿Por qué habría tardado tanto? Notó cómo Derek se volvía algo molesto hacia Sirius, pero no la importó.
- Me prometiste un baile –la recordó-.
- Es verdad. –coincidió Kate-.
- Pero ahora está bailando conmigo –protestó Derek secamente, apretando más la cintura de la chica-.
Sirius alzó las cejas divertido.
- Pero seguro que no te importa, Derek –le dijo ella antes de que Sirius soltara lo que tenía preparado, que sin duda era menos amable-.
Se soltó del amarre del chico y le tendió las manos a Sirius.
- ¡Eh Kate! –protestó Derek-.
Pero ella ya no le escuchaba. Sirius le cogió con suavidad de las manos y la alejó algo más. La apretó contra él, con mucha más suavidad de lo que había hecho el otro chico. Sirius conocía bastante a Kate, como para saber que la chica necesitaba toda la suavidad y la delicadeza del mundo, como una pequeña rosa recién cortada.
Kate se limitó a mirarle a los ojos mientras le pasaba las manos por el cuello, como una suave caricia. Se sentía bien por primera vez en semanas.
- Has dejado tirado al pobre muchacho –dijo Sirius en un falso lamento-.
- Sobrevivirá sin mi –le aseguró ella-.
- ¿Puedo intentar algo?
Cuando ella le afirmó con la cabeza, apretó un poco más su cintura, y se agachó para besarla. Como siempre con Kate, era un beso dulce, lleno de cariño. Se sintió en el cielo, tras un mes sin probar sus labios.
Cuando ella pasó sus manos por su cuello, recordó el otro beso. El de apenas unos minutos atrás. Eran incomparables. Con la rubia siempre había mucha pasión y deseo, y con la morena mucha dulzura y cariño. Si le preguntaran con cuál se quedaría, no podría decirlo, pues ambos eran besos completamente diferentes, dados por personas completamente opuestas.
Sin embargo, tenía claro qué chica prefería. A pesar de lo mal que Kate se lo había hecho pasar, no era ni comparado con el daño que le había hecho Grace. Era capaz de pasar página, y ser su amigo. Pero jamás olvidaría sus palabras...
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23 de Noviembre de 1975
Llevaba rato esperándola. Qué raro que tardara tanto, pues esa misma mañana ya la había avisado que llegara pronto, porque apenas tenían tiempo para estar ellos solos en la habitación. Ya llevaba más de tres cuartos de hora de retraso, y Moony, Wormtail y Richard no tardarían mucho más en aparecer.
De pronto ella entró por el retrato corriendo. Seguramente tendría una buena excusa. La esperó en la parte de arriba de las escaleras, donde nadie podría verles desde la Sala Común. Ella subió, y en vez de ir hacia las habitaciones de los chicos, donde ambos habían quedado, giró hacia su propia habitación. Sirius tuvo tiempo de cogerla del brazo antes de que se perdiera en las escaleras y no pudiera seguirla.
- ¡Grace! ¿No te acuerdas que habíamos quedado? –la dijo en un susurro-.
Ella se quedó de espaldas a él, respirando agitadamente. Le sacudió el brazo para que la soltara, pero no se movió.
- ¿Grace? –insistió él-.
Poco a poco, ella se dio la vuelta, y le miró como nunca antes le había mirado. Con asco, con odio. Se quedó congelado en el sitio, sorprendido por esa reacción. Comprendió que ella había estado llorando. Aún tenía lágrimas en los ojos, la nariz roja e hipaba al hablar, lo cual él había confundido con una respiración agitada por la carrera.
- ¿Todavía tienes la desfachatez de hablarme? –le espetó con una calma inusitada-.
Sirius estaba cada vez más sorprendido, pero sabía que cuando Grace estaba muy tranquila, hablando con esa furia en los ojos, era cuando algo la había dolido especialmente. Intentó acariciarla el brazo, pero ella volvió a apartarse con rabia.
- ¡No me toques!
- ¡¿Se puede saber qué te pasa?! –exclamó él ya harto-.
- ¡Que ya me sé tu juego! –gritó ella-.
Esta vez el grito llegó hasta la Sala Común, donde se produjo un momento de silencio. Sirius aguantó la respiración, atento de si alguno de sus amigos estaba allí, pero afortunadamente ninguno andaba por ahí. Remus, Peter y Richard aún estaban en la Biblioteca haciendo el trabajo de Encantamientos, junto con Rachel, Gis y Kate. Lily tenía una reunión con el club de Encantamientos, y James estaba castigado. Sin embargo, Grace aprovechó su distracción para subir las escaleras corriendo. Él reaccionó algo tarde, y solo consiguió agarrarla de la túnica, pero ella consiguió soltarse, dándole una patada en... un lugar importante. Cayó de rodillas, mientras ella subía a su cuarto.
- ¿Qué significa esto? –la dijo en un susurro algo alto, cuando consiguió recuperar su respiración-. ¿Me estás dejando?
Ella se dio la vuelta desde la puerta de su habitación. Le miró, y luego se rió con ironía.
- ¿Acaso te extraña? –le dijo con voz envenenada-. ¿Pensabas que aguantaría mucho tiempo con alguien como tú? ¿Quién puede tomarte en serio a ti? Solo eres para pasar una temporada. No me importas, me da igual lo que hagas... Nunca pensé en tener nada serio contigo en un futuro. –al verle la cara, con los ojos abiertos de par en par y la boca entreabierta, decidió darle el golpe final-. ¿Con alguien a quien ni su familia quiere? ¡No me hagas reír!
Aún riéndose irónicamente, se dio la vuelta, entró en la habitación y cerró con un portazo. Sirius creyó oír un suspiro, pero ya nada le importaba. Tras oír esas palabras, estaba en shock, y no consiguió moverse de allí, mirando desde las escaleras, la puerta cerrada. Era lo peor que le podía haber dicho, y ella lo sabía. Sabía lo difícil que le resultaba a él su situación familiar, y hasta ese día le había apoyado completamente.
Desde ese día, no intentó siquiera arreglar las cosas. Ya no quería, no con alguien que pensaba así. Estuvieron semanas evitándose el uno al otro, y tras ese tiempo en que hicieron como que el otro no existía, comenzaron a insultarse. Así comenzó una etapa de dos años de rencores y odios. Él comenzó a ir de una chica a otra de nuevo, pues la experiencia le había valido para saber que enamorarse era de tontos. Irónicamente, contra más chicas veía, con más odio le miraba ella. ¡Como si fuera a ser un amargado por su culpa! Se prometió a sí mismo, que jamás dejaría que los sentimientos le pudiesen.
Pero llegó Kate... Kate, en quien nunca se había fijado mucho. Kate, quien siempre sonreía dulcemente a todo. Kate, quien, aunque intentó evitarlo, le dio razones para volverse a enamorar. Pero ni siquiera entonces había conseguido olvidar esas palabras, ni dejar de sentirse afectado por cualquier cosa que le dijera Grace...
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- ¿Sirius?
La voz de Kate le devolvió al presente, donde debía haberse quedado su mente, besándola y no pensando en cosas del pasado.
- Me he distraído –la dijo con una sonrisa-. Perdóname.
- Te decía que...
- ¡Oye Black! –exclamó Derek llegando hasta ellos-. ¿Quién te crees que eres para interrumpir de esa manera?
Los dos se giraron para verle detenerse a dos metros de donde bailaban. El Ravenclaw estaba más furioso que nunca, y llevaba la varita en la mano. Kate se extrañó de verle así, pues nunca le había visto perder los nervios de esa manera. Sirius sin embargo, sí le había visto así una vez: El día que Grace rompió con él.
Apartó a Kate a un lado, y sacó su varita de un bolsillo interior de la túnica.
- Esto va a ser divertido...
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Vale. Algo estaba claro: acababa de vivir la experiencia más extraña y más maravillosa de su vida. Recapitulando, había besado a Lily. No, no, Lily le había besado a él. Porque siendo objetivo, era ella quien le había lamido el labio en una clara provocación. Aunque también era ella la que había salido corriendo. ¡Eso era una mierda! ¿Quién entiende a las chicas?
James estaba junto a la mesa de bebidas, soñando que lo que estaba bebiendo fuera whisky de fuego y no una simple cerveza de mantequilla. ¿Qué mas le daba a él todo eso? Todo le sabía amargo. Pero amargo era el sabor que se te queda, cuando te ponen el mejor dulce del mundo en la boca, y al cabo de un minuto te lo quitan para siempre. Y eso es lo que le había pasado a él.
"¡Eh James! Mira el lado bueno: al menos la has demostrado cómo besa un Potter". Le dijo una vocecilla en la cabeza. Eso era cierto. Recordarlo le hizo sonreír arrogante. Ella habría salido corriendo, pero se había quedado tiempo suficiente para que la demostrara lo que llevaba años perdiéndose. Un objetivo cumplido. Y ese objetivo en particular, le había costado mucho sudor. Aún recordaba la reacción de la pelirroja ante una situación similar, no hacía ni siquiera un año...
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23 de diciembre de 1976
James caminaba con parsimonia por los pasillos, llevando en sus manos el mapa del merodeador, cuando en él vio algo que le interesaba, y mucho. Justo en el piso de abajo, aparecía una etiqueta con el nombre de Lily Evans. Bajó corriendo las escaleras, y cuando llegó al final del pasillo que atravesaba la chica, caminó lentamente, haciéndose el encontradizo.
Fingió mirar hacia otro lado, pero la pelirroja pareció notar su mentira, pues la oyó soltar un bufido.
- ¡Evans, tú aquí! –dijo girando la cabeza y poniendo cara de sorprendido-. ¡Me alegro de verte!
- No puedo decir lo mismo, Potter. Pareces aparecer de la nada hasta en mis pesadillas.
- Al menos sueñas conmigo, lo que ya es algo –la dijo sugerente-.
La chica suspiró en voz alta, haciendo moverse su flequillo, y continuó tirando de su baúl, en el cual James no había reparado, hacia las escaleras.
- ¿Te vas a pasar las Navidades en casa, Evans?
- ¡Vaya, que elocuente Potter! ¿Lo has adivinado tú solito o lo has deliberado con Black? Ahora, dime otra cosa que no sepa, como que eres un egocéntrico y Black un idiota redomado.
- ¡Oye! ¡Yo no soy egocéntrico! Solo me tengo en muy alta estima –ella rodó los ojos ante esa declaración-. Vamos Evans, algo irresistible tendré, cuando tú has admitido que sueñas conmigo.
- Pesadillas Potter, pesadillas. El único sueño en el que tú has salido y yo he disfrutado, es uno en el que te devoraba el calamar gigante.
- Oye pelirroja –tuvo que correr para mantenerla el paso, pues la chica caminaba a grandes zancadas-. Si con eso sales conmigo, me tiro al lago ahora mismo. ¿Qué me dices? ¿Es un trato?
- ¡Déjame en paz Potter! –exclamó Lily furiosa. Aceleró más el paso, acercándose hacia Grace que la esperaba en las escaleras, mirando la escena divertida-.
- No puedo Evans. Ahora mismo tenemos algo pendiente –la dijo adelantándola y cerrándola el paso al apoyarse en la pared justo delante de ella-.
- ¿Qué dices?
Como única respuesta, James esbozó una amplia sonrisa y con el dedo índice señaló el techo, justo encima de ellos. Colgado del pie de una antorcha, había uno de tantos muérdagos repartidos por toda la escuela. Era un muérdago normal y corriente, no uno mágico, por lo que casi nadie les hacía caso. Sin embargo, era una buena excusa para las parejas de recién enamorados. Sin ir más lejos, Sirius y Kate se habían pasado la tarde anterior entera bajo uno de ellos en el tercer piso.
Lily no cambió el gesto, más que para morderse con fuerza el labio inferior, signo inequívoco de que la quedaba poco tiempo para empezar a echar humo por las orejas. Segundos después, relajó el gesto, le miró directamente y sonrió ampliamente. Algo en esa sonrisa le dijo a James que lo mejor sería correr ,y bien lejos, pero no le dio tiempo a reaccionar, pues la chica ya había sacado la varita.
- ¡Oppugno! –exclamó apuntando al muérdago-.
Este cayó de la antorcha, sus hojas se separaron y se incrustaron en la cara y manos de James, que intentaba protegerse los ojos a todo costa.
- ¡Evans eres una amargada! –la gritó con la cara aún tapada mientras la pelirroja llegaba hasta su amiga riendo-.
¡- Que desagradecido Potter, encima que te he hecho un cambio estético que te favorece mucho!
Furioso, dio una patada contra la pared y buscó su varita entre su túnica para conseguir sacarse esas molestas ramas. Antes de que consiguieran encontrarla, sintió cómo estas se apartaban de su rostro y manos y cómo las heridas iban cerrando. Al levantar la vista, se encontró a Grace apuntándolo con su varita y aguantándose la risa.
- Discúlpala –le pidió aún luchando contra sus ganas de reír-. Es que está muy estresada con todo lo del viaje.
James esbozó de nuevo su sonrisa característica.
- Tenía que intentarlo –dijo sin una pizca de vergüenza-.
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- ¡James! –exclamó una voz a su lado-.
Él se giró para ver quien le llamaba, pues se había distraído y ni siquiera sabía si alguien se le había acercado. Pegó un bote hacia atrás al ver el rostro de Jane a escasos centímetros del suyo.
- ¡Ahhhhh!
- No tienes que huir de mi –dijo ella con amargura-.
James estuvo a punto de caer, y acercarse para intentar sacar una sonrisa a la rubia, pero se contuvo. No era la primera vez que Jane se comportaba como el doctor Jekyll y Mr. Hyde, y sinceramente, aún no sabía cuál era la verdadera personalidad de la chica. Tan pronto era una chica adorable, inteligente y divertida a la que podría ver como a una hermana pequeña (con la clara excepción del año anterior, pero es que de verdad la chica estaba muy bien y la carne es débil), como se convertía en una psicópata, acosadora y niña caprichosa que se empeñaba en que él tenía salir con ella sí o sí.
- Jane, antes me has dado motivos de sobre para huir de ti –la dijo con tono acusador-.
- Es verdad. Me he pasado un poco... –admitió ella-.
¿Un poco? James decidió pasar de precisar hasta qué punto se había pasado.
- Te he visto con Evans –dijo la chica mirando hacia todas partes menos a él-.
James la miró los ojos y los vio algo brillantes, como si estuviera aguantándose las ganas de llorar. Se aclaró la garganta incómodo. Precisamente eso había sido lo mejor de la noche para él, pero sabía que a Jane eso le dolía y tampoco le gustaba ver así a la chica. Pese a su clara bipolaridad, él tenía muy claro que era una buena chica y que lo que sentía por él era sincero. No le gustaba verla así.
- Sí. Hoy he tenido una noche intensa de besos. Aunque eso ya lo sabes...
Jane no pudo reprimir una pequeña carcajada, antes de mirarle algo avergonzada.
- Lo siento. No me siento orgullosa de mí misma cuando me pongo de esa forma –admitió-.
- ¿La has visto?
- ¿A quién? –le preguntó confundida por el cambio de conversación-.
- A Lily. ¿Has visto dónde iba?
- Creo... –se interrumpió mordiéndose el labio inferior. Ella la había visto perfectamente, pero no sabía si contárselo a James, pues, a pesar de todo, no quería verle triste-. Creo que se fue con Bennet...
- Ya... –respondió James lacónicamente-. Voy a tomar el aire ¿vale?
Y marchó a paso ligero hacia uno de los tres balcones que había abierto mediante magia. Verdaderamente necesitaba un rato a solas, con su cerveza de mantequilla. ¿Quién entendía a las chicas?
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¡Genial! Ahora que quería un buen pedazo de tarta de chocolate, este decidía no aparecer en el plato. ¿Es posible que se hubiera acabado? ¡¿Es que los elfos domésticos no hacían nada en toda la noche?! En su casa eso no habría pasado, no señor. Su querida Allie la habría traído una tarta entera en menos de un minuto. ¡Pero los elfos de ese colegio no sabían de disciplina!
Grace inspiró y expiró varias veces. Todo le salía mal esa noche. Primero James decide abandonarla por la barbie de ravenclaw y la deja tirada como a un perro. Después tiene que aguantar a unos cuantos pesados, y la única forma que encontró de huir fue correr hacia Sirius. ¿Quién en su sano juicio pensaría en ese tío como una salvación? ¡No había hecho más que aprovecharse de la situación! Sí, porque, como no era bastante lo que había pasado, encima el muy idiota había aprovechado para besarla. Bueno, quizá Peeves también tuviera algo de culpa, pero ese no era el tema. Después de darla un beso, nada casto por cierto, va y sale corriendo a buscar a Kate. ¡No es que la molestara eso, por supuesto! Pero eso solo demostraba una vez más que ese borrego que tenía por ex novio, solo se sentía a gusto si estaba con dos chicas a la vez. ¡Y lo peor de todo, no había tarta de chocolate!
Tenía ganas de ponerse a dar patadas al suelo como una niña pequeña, pero el que los demás se rieran de su comportamiento infantil, no iba a ayudar mucho.
- ¿Grace? ¿Estás bien? –le preguntó un chico que había dejado de bailar con su pareja, y ambos la miraban extrañados-.
Reconoció a Dave, un amigo de Derek y tuvo ganas de escupirle en la cara. Después recordó que había sido el único en defenderla el día que les oyó reírse de ella en los vestuarios.
- Sí Dave, estoy bien. Gracias por preguntar. –le dijo con una pequeña sonrisa-.
- Es que pareces enojada –insistió el chico. La chica que iba con él asintió con la cabeza para darle la razón a su pareja-.
- Me he quedado sin tarta de chocolate, y eso da rabia –dijo simulando una risa-.
Parecía que el chico iba a insistir, pero su compañera le guió de nuevo hacia la pista y sonrió a Grace, que la devolvió la sonrisa agradecida por haberla librado del resto del interrogatorio.
Bastante tenía ella como para que nadie la pusiera a pensar. Aunque fuera con buenas intenciones...
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Llevaba un buen rato buscando a la chica, aunque esta no daba señales por ningún lado. Regulus ya pensaba que se habría ido a la torre Gryffindor.
Hizo una pequeña mueca con la boca, molesto por tener que retrasar la discusión hasta otro día. Preferiría hacerlo todo de una vez, pues así no tendría que volver a verla en una buena temporada. Sin embargo, no podía pasar por alto esa falta de respeto que había tenido contra él en el baile.
Tuvo suerte. Parecía que, después de todo, no se había ido todavía, pero si no corría, no la alcanzaría. Estaba subiendo las escaleras hacia los dormitorios. Caminaba con paso ligero pero con absoluta tranquilidad. Corrió y empezó a subir las escaleras cuando ella dobló a la izquierda. Cuando llegó arriba, la vio al otro lado del pasillo y apretó algo más el paso.
- ¡Williams! –la gritó a pesar de que apenas estaba a cinco metros de él. Ella se dio la vuelta, exaltada por el grito-. ¿Se puede saber por qué has hecho eso?
- ¿Hacer, qué? –preguntó ella perdida-.
- ¡Lo de antes!
- Venga ya, Black –le dijo con el tono que uno emplea con un niño de cuatro años-. Sé que eres de menor inteligencia que yo. Pero, ¿de verdad no supiste interpretar las palabras de Dumbledore? Dijo que hasta que los dos no se besaran, no se podrían separar. Y yo no tenía la más mínima intención de quedarme cerca de ti toda la maldita noche.
- ¡Pues podrías haber preguntado antes! ¡Tenía algo pensado! ¡Hay un hechizo que...
- ¡Merlín esto tiene que ser cosa de familia! –le interrumpió Sadie bufando-.
- ¿Por qué dices eso?
- Pues porque acabo de ver a tu hermano intentando librarse de un beso de esa misma forma –le respondió. Regulus esbozó una sonrisa divertida, y Sadie se propuso borrarla de su rostro-. Pero al final parece que disfrutó ese beso y todo. La otra en el juego era Grace Sandler ¿sabes?
Como suponía, Regulus se puso serio de repente. Lo curioso fue verle bajar la guardia por un momento. Compuso un semblante de inseguridad, e incluso de temor, cuando la preguntó:
- ¿Qué? ¿Han... han vuelto?
- ¿Tú sabías lo de ellos? Pero, por lo que les leí a los dos en su men... –se calló antes de meter la pata. Sin embargo, también ella había bajado la guardia-.
La tarde del entrenamiento de quidditch en que ella y Grace escucharon a Derek decir que la rubia había tenido algo con James, Sadie había visto en los recuerdos de Grace que, en realidad, su ex era Sirius. Que había sido una relación en secreto, de la que ni siquiera sus mejores amigos tenían conocimiento. La chica solo le había hablado a su nuevo novio de eso, en una conversación sobre los exs, pero no había querido decir nombres. Sin embargo, sí parecía que Regulus estaba enterado de aquello.
- Bueno –continuó Regulus después de que ambos se quedaran en silencio pensando-. El caso es que me debes una disculpa.
Había vuelto a poner una pose orgullosa, con la barbilla alta y mirándola retadoramente.
- ¿Y se puede saber por qué?
- Por besarme.
- ¿Cómo? –preguntó ella incrédula. Después sonrió socarronamente y empezó a andar, haciendo a Regulus seguirla para continuar hablando-. Muy bien. Pero tú te disculparás antes.
- ¿Y yo por qué tengo que disculparme?
- Aparte de por ser tan borde siempre, porque con ese beso se me ha revuelto el estómago, y un caballero se disculparía por eso.
- Pero tú me has besado a mí.
- Eso no quita que te huela el aliento.
- ¡No estoy para bromas, Williams!
- Que curioso. Pensé que los payasos adoraban las bromas.
- ¿Qué me estás llamando? –exclamó Regulus cada vez más enfadado-.
- Mira Black, si tú no tienes coeficiente intelectual suficiente para verlo solo, no esperes que me quede a ayudarte. Es tarde, y me voy a dormir.
Le adelantó y él no hizo nada para detenerla. De hecho, se detuvo, se cruzó de brazos y se apoyó contra la pared al lado del tapiz de Barnabás El Chiflado. Soltó una risa socarrona lo bastante alta como para que ella le oyera.
- Debo suponer entonces, que si no te quieres disculpar, es porque la interrupción del poltergeist fue una excusa para besarme –sonrió interiormente. Si tanto empeño tenía en fastidiarle comparándolo con su hermano, la haría ver cómo era la parte mala de Sirius, tan egocéntrico que ni Merlín confiaba tanto en sí mismo-.
Sadie no daba crédito a lo que había oído. Perdió un poco su calma, había que reconocerlo. Pero que se intentara reír de ella de esa manera, era simplemente inadmisible.
- ¿De qué vas? –le espetó furiosa volviéndose contra él y quedando un metro delante suyo, envenenándole con la mirada-. Sí claro, me muero por ti, ¡no te jode! Sé lo que intentas, pero déjame decirte que si tu hermano se comporta así, él, al menos, tiene motivos para ser un egocéntrico, cosa de la que tú careces.
- Ósea que de quien vas detrás es de Sirius. –dijo el chico riéndose. Por fin había conseguido sacar de quicio a esa muchacha, y eso le encantaba. Tarde o temprano, siempre acababa ganando la batalla-.
Sadie le fulminó más aún con la mirada, gruñó un poco y comenzó a hablar consigo misma en voz baja mientras andaba de un lado a otro, aunque Regulus pudo oírla perfectamente.
- ¿No habrá un lugar y un momento donde pueda pegarle una paliza con total tranquilidad? Por favor Merlín, déjame un rato para dejarle la cara como un cromo de ranas de chocolate, dónde no pueda marcharse hasta que yo me cansé de pegarle, dónde no me interrumpa ni el pesado de mi hermano...
Regulus estuvo a punto de echarse a reír por una reacción tan poco común en ella, pero de pronto, algo lo hizo enmudecer. Justo en la pared donde había estado apoyado hasta hacía unos segundos, estaba apareciendo poco a poco una puerta de madera muy brillante. Ambos se quedaron callados, mirando la puerta recién aparecida con recelo.
Se miraron un segundo, como intentando descubrir los pensamientos del otro, pero de lo único que estaban seguros es que ambos estaban completamente desconcertados. Regulus alargó la mano hasta el picaporte de latón. Dudó un segundo, y después la posó en él. Parecía que esperaba que el picaporte quemara, mordiera o algo por el estilo, pero era el pomo normal de una puerta. Lo giró hacia la derecha y la puerta se fue abriendo sola hacia el interior.
Se encontraron con una pequeña sala, más pequeña que una clase, más o menos del tamaño de la lechucería. Tenía las paredes cubiertas de colchonetas blancas, y en una esquina había una pequeña mesa con dos jarras de agua.
Sadie era nueva en Hogwarts, pero Regulus no. Y sin embargo, jamás había visto esa sala en sus seis años de colegio. De hecho, podía asegurar que nunca antes había habido una puerta en ese lugar. La habitación había salido de la nada. Entraron al cuarto guiados por el interés, sin darse cuenta de que caminaban a la vez.
- ¿Qué lugar es este? –preguntó Sadie con un tono tan desconcertado que era evidente que se la había olvidado ser borde-.
- No tengo ni idea –confesó Regulus con el mismo tono-.
Un portazo les sobresaltó, y ambos se dieron la vuelta para comprobar que la puerta se había cerrado tras ellos. Sadie fue a girar el pomo para abrirla de nuevo, pero este desapareció en su mano. De un momento a otro, la puerta se había quedado sin picaporte, y no podía abrirla manualmente.
- Espera –intervino Regulus sacando la varita-. ¡Alohomora!
Pero la puerta no se abría. Lo intentó con otros dos hechizos, pero el resultado fue siempre el mismo.
- No se puede abrir –anunció-.
- ¿Estás de broma? –preguntó Sadie con mal humor-.
¡- Claro! ¿Por qué no te has reído? –exclamó él con sarcasmo-.
Sadie se limitó a chasquear la lengua, mientras se daba la vuelta y buscaba por el lugar algún lugar por donde salir. De mientras, Regulus seguía peleando con la puerta, siempre con las mismas consecuencias.
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- ¿Qué tal van las cosas afuera? –le preguntó Gis a su novio mientras seguían bailando-.
- Todo bien, Gis. Yo sigo en la Academia de Aurores durante el día y haciendo cosas para la Orden. Tu madre sigue con total normalidad en Gringotts, y tu padre volviéndose un poco loco en el Ministerio, igual que el mío. Ya sabes, han estado pasando las mismas cosas que este verano, gente que desaparece, alguno que pillan que jura que está bajo un imperius, cosas así...
- ¿Y algo más?
- Bueno, mi madre se ha comprado un perro. Yo no le tengo mucho aprecio, porque es un pedazo bicho más grande que su caseta, pera ella se pasa el día tras el chucho y...
- ¡Tony! –le riñó ella risueña pellizcándole un brazo-. Sabes sobre qué te estoy preguntando. ¿Ha pasado algo en la Orden? ¿Alguna baja? ¿Alguna misión rara?
- Esto Gis, verás... –dudó Anthony-. Es que... creo que lo mejor será que no...
- ¿No quieres contarme nada? –preguntó la chica deteniéndose y poniendo las manos en sus caderas. Anthony conocía ese tono, que era el mismo que el de su madre, y ambos eran peligrosos-.
- ¡No es eso! –exclamó cogiéndola las manos e intentando ponerlas en sus hombros otra vez-. Gis, tus padres no quieren que estés involucrada con nada de la Orden, y tener mucha información de cómo va, también implica eso. No quiero pensar en qué me hará tu padre si...
- ¿Quién ha dicho que tenga que enterarse? –repuso ella con una sonrisa tentadora-. Hacemos un trato. Tú me lo cuentas todo, y yo me hago la que no sabe. Y cuando llegue el momento de enfadarme por haberme tenido a oscuras, le gritaré solo a mi padre y haré el mejor papel de mi vida.
- Gis...
- ¡No admito un no por respuesta! –zanjó Gisele apretando más su agarre. Le miró con las cejas alzadas-. ¿Y bien?
- De acuerdo. Pues haber... La misión que tenía hoy con Ojoloco, consistía en vigilar a los Carrow. Dumbledore tiene motivos para creer que están buscando la pista de los McKinnons, pero les hemos cambiado el refugio y Marlene se unió a la Orden la semana pasada. Los Prewett y Benji Fenwick tienen la orden de buscar a los Lestrange, pero son imposibles de rastrear. Además, sería toda una suerte encontrarlos, porque ellos van a donde quiera que va Voldemort, y así le tendríamos vigilado. Pero de momento nada. Luego... –en esa parte dudó un poco, pero tras pensarlo unos segundos y recibir una mirada de insistencia de Gis, decidió continuar-. Matt Meadows lleva casi dos meses desaparecido...
- ¿Matt? –exclamó Gis abriendo los ojos con terror-. Pero si es... tú, ¿tú crees que le hayan...? esto... –no se sentía capaz de decir esa palabra, esa posibilidad era horrible-.
Para más terror, Anthony se mordió el labio e hizo un gesto indeciso.
- No lo sabemos, pero ya a estas alturas hay que estar preparados para lo peor. Dumbledore le pidió que vigilara a Malfoy de lejos, y el último mensaje que nos envió, decía que había oído que este se iba a reunir con Dolohov y Gibbon. Después de eso, nada... Los Longbottom le han estado buscando por la zona, pero de momento no han encontrado nada.
- Merlín...
- Pero tú no tienes que pensar en nada de eso, ¿vale? Aquí dentro estás bien, tú no te preocupes.
Pero Gis no pensaba en eso exactamente.
- ¿Y mis padres? ¿Tienen alguna misión?
- Ahora están en periodo de poca actividad, solo para hacer guardias y demás. Aunque...
- ¿Si?
- Bueno, no sé. Mira, cualquier cosa que te diga, no te lo tomes muy en serio porque la verdad es que no estoy enterado. Solo sé una cosa y lo demás son suposiciones.
- ¿Qué sabes? –le preguntó con un tono mucho más sombrío-.
- Verás... hará cosa de un mes, después de una de las reuniones, Dumbledore pidió a tu padre, a Potter y a los hermanos Divon que se quedaran. No sé de qué hablarían, pero desde luego es algo que los demás no debíamos saber. A la mañana siguiente, fui a buscar a tu padre para acompañarle al Ministerio como todos los días, y tu madre me dijo que había salido de madrugada porque tenía que hacer algo para Dumbledore y ya debía estar allí. Durante unos días estuvo más nervioso de lo habitual, y en la siguiente reunión, volvió a pasar lo mismo. Dumbledore esperó a que los demás no pudiéramos oírlos para hablar con ellos. Desde entonces, ha vuelto a ser el de siempre, pero no hay forma que me cuente nada
- Pero entonces, no puede ser misión de la Orden, ¿no? Porque siempre asigna las misiones en las reuniones, frente a todos. Debe ser otra cosa...
- O no. A veces Dumbledore se comporta de forma muy extraña, pero jamás me atrevería a cuestionar sus razones. Siempre acierta.
- Así que mi padre tiene una misión de las super secretas –dijo Gis de repente emocionada-. Y eso también incluye a los Divon y al tío de James. ¡Oye! ¿Tendrá que ver con el ministerio? Los cuatro son trabajadores.
- Ya he pensado en esa posibilidad, pero sigo sin saber nada.
- ¡Ya le preguntaré a James!
- ¡Gis! Si Dumbledore no nos lo ha dicho al resto, será porque no es algo que debamos saber aún.
- Pero si es algo del tío de James, quizá le haya contado algo, y en ese caso yo también tengo derecho a saberlo, porque mi padre también está metido.
- Por favor... dejemos el tema ¿vale? Porque sino sabrán que te he contado cosas... –pidió él-.
Gis le sonrió y asintió con la cabeza. Cambiaron de tema, pero si se creía que se iba a quedar tan tranquila estaba muy equivocado. Ya habría tiempo.
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Jane estaba exultante de alegría. Había encontrado un remedio tanto para ella, como para James. Bueno, el remedio solo duraría una noche, pero ya averiguaría cómo prolongar el efecto.
Sabía que se había ido triste y dolido. Pero ella haría desaparecer a Lily Evans de la mente de James para siempre, de modo que la pelirroja esa no pudiera hacerle más daño con su egoísmo y mal gusto. ¿Quién en su sano juicio podría preferir a un aburrido prefecto de Hufflepuff, por muy mono que fuera, antes que a un rebelde jugador de quidditch de gryffindor? Pero tampoco tenía nada en contra. Si Evans no lo quería, ella se haría cargo.
Era realmente molesta la capacidad que tenía ese chico para desaparecer. No sabía por qué le había dejado irse, con lo mucho que la había costado dar con él. Sin embargo, se había dado perfecta cuenta de que James necesitaba un poco de espacio propio, y eso sí podía dárselo. Al menos durante diez minutos.
Una de sus amigas la hizo un gesto señalándola que James estaba en uno de los balcones. Se puso de puntillas y distinguió su ingobernable pelo entre las cortinas. Sonrió y se dirigió primero hacia la mesa de las bebidas. Cogió un vaso y le llenó de cerveza de mantequilla. Miró hacia ambos lados al realizar el siguiente movimiento, y sacó un pequeño frasco, volcándolo completamente en su vaso. Después se dirigió al balcón.
- James –dijo tímidamente cuando llegó-.
Él se dio la vuelta, y pudo ver el cansancio en su rostro. No la gustaba verle sufrir así. Desde que se había hecho amigo de Evans todo había ido a peor. Desde luego, eso había hecho que se enamorara de ella, pues Jane estaba convencida que anteriormente solo había sentido una intensa obsesión.
Hace un año, jamás se habría visto a James así de derrumbado porque la chica se apartara de él y se marchara con su novio. Habría soltado un par de palabras mal sonantes, y se habría ido con ella o con alguna otra a pasar el rato sin pensar más. Pero no, el de ahora era un hombre más maduro, seguro de sus sentimientos, y por lo tanto con el corazón roto por no verse correspondido, y ser abandonado por otro.
- Hola Jane –dijo él ofreciéndole una pequeña sonrisa-.
- Bien, no estaba enojado con ella. Que se abra el telón...
- Me marcho ya. Se está haciendo tarde y yo acostumbro a dormirme pronto –hizo como que bebía del vaso, pero el líquido en ningún momento tocó sus labios-. Solo quería despedirme.
Lo dijo todo con la voz tan dulce y candorosa, que James sonrió más ampliamente y levantó su mano para coger la de ella. La alzó y él se inclinó para besársela.
- Siento haberte agobiado, James –le dijo ella con sinceridad. No había querido hacerle pasar un mal rato, pero de nuevo se había dejado llevar demasiado-.
- No te preocupes –la dijo él-.
Suspiró y se dio la vuelta para inclinarse de nuevo en el balcón. Jane se acercó hasta él para palmearle el hombro y dejar el vaso sobre la ancha barandilla.
- Que te lo pases bien –le deseó dándose la vuelta y marchándose-.
James ni siquiera se dio la vuelta para despedirla. Seguía mirando el Bosque Prohibido embriagado por la belleza que tenía ese lugar desde el exterior, unido al peligro que suponía adentrarse en él.
Siguió bebiéndose su cerveza de mantequilla con parsimonia. Tenía un millón de cosas en la cabeza: el bosque, las noches merodeadoras por él, Remus convirtiéndose en lobo, Lily, aquellas dolorosas mañanas que pasaban de vez en cuando a la puerta de la enfermería, a la espera de que la enfermera les dijera que todo iba bien un mes más, las miles de castigos que habían cumplido los cuatro juntos con sus correspondientes fechorías, Lily, el baúl de su tío que guardaba en el suelo de su habitación, la guerra que estaba librándose en el exterior de los muros del castillo, Lily, su entrada en la Orden del Fénix, Lily, Lily, Lily... Acabaría internado en San Mungo si seguía así.
Terminó su vaso, y cuando iba a pedir de nuevo otro más, vio el que Jane había abandonado a su lado que estaba medio vacío. Bueno, la chica ya no lo querría para nada. Alargó el brazo, lo tomó y se bebió la mitad del contenido de un trago.
Sintió como si algo se sacudiera en su interior de repente. Algo le desenfocó la vista, y al instante todo se aclaró. Pero ahora solo una cosa ocupaba su mente. Una preciosa rubia de ojos negros. Esos ojos hechiceros, esa sonrisa traviesa, ese pelo cayendo en cascada por su espalda. Tenía que verla, tenía que verla en ese mismo instante. Mirarla a esos profundos ojos y decirla que ella era su mundo. ¿Por qué estaba aún allí? ¿Qué hacía vestido de esa manera? Ella podría estar en cualquier parte. Ese pensamiento le dio pánico y salió corriendo hacia el interior del castillo, a buscar al ser más perfecto que había creado Merlín.
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A cada esquina que pasaban, Remus tomaba todas las precauciones del mundo. Tras él, Rachel reía divertida, pero en voz baja por petición de su novio.
- Remus, aquí no hay nadie. He tenido suerte de llegar el día de un baile. No hay peligro de encontrarse con ningún estudiante.
- No nos fiemos Rach. Al ser noche de fiesta, habrá muchas parejitas que se han escapado para hacer... bueno, cosas que eres demasiado joven para oír de ellas-.
- Curioso –dijo la chica divertida-. Con 17 años soy demasiado joven para oírlo, pero con 15 no te parecí demasiado joven para hacerlo... Entonces no te importó tanto mi edad.
Remus no cayó en el pique, pero esbozó una sonrisa de medio lado, muy orgulloso de recordar esos tiempos en que eran más jóvenes, pero no por eso más inocentes.
- Sigo sin saber cómo vamos a encontrar a Dumbledore –la dijo al cabo de un rato-.
- ¿Para que me quiere, señor Lupin? –dijo el director saliendo de un aula a la izquierda de ellos-. Señorita Perkins, estoy encantado de verla.
Remus esperó a que el corazón le volviera al pecho para fijarse en Rachel, que se había puesto más seria en cuanto apareció el anciano.
- Señor –comenzó ella algo insegura-. Supongo que no esperaría verme aquí.
- No puedo decir que me sorprenda su llegada, pero tampoco me la esperaba del todo. Cuando su compañero me informó de que había acabado su parte y había puesto rumbo al sur, sabía que habría una pequeña probabilidad de que nos visitara.
- Ya... –respondió Rachel sin saber muy bien cómo empezar-. Verá...
- Aquí no, querida. Me temo que ya no me fío ni de mi propio colegio, pero preferiría seguir con esta reunión en mi despacho. Señor Lupin, usted puede acompañarme por supuesto. Aunque dudó que me dejara otra opción –añadió al ver cómo Remus había cogido fuerte el brazo de la chica-. Síganme.
A una velocidad considerable siguieron al anciano profesor hasta llegar a su despacho. Rachel tuvo un escalofrío al recordar la última vez que había estado en ese lugar, la fatal noticia que había recibido.
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13 de marzo de 1977
Apenas había amanecido, y las chicas estaban recién levantadas, aún en pijama. La profesora McGonagall había llegado a su habitación y la había pedido que la acompañara al despacho del director. Las chicas la miraron confusas y ella estaba completamente desconcertada. Sin embargo, le hizo caso a la profesora y se vistió para acompañarla.
Cuando llegaron al despacho, el director estaba sentado frente a su escritorio con un semblante sombrío que le hizo ver a Rachel que algo no iba bien. Iba acompañado de un hombre que vestía completamente de negro y la miraba con algo de lástima.
- Señorita Perkins –la saludó al entrar-. Por favor siéntese.
Rachel se sentó junto a su profesora y miró impaciente al anciano director.
- Me temo que tengo que darla una mala noticia señorita. Y lamento muchísimo ser yo quien se la de, pero considero que debe saberlo antes de ir al comedor y encontrar la noticia en los periódicos. –suspiró, como si las palabras se le quedaran enganchadas en la garganta. La miró directamente a los ojos mientras hablaba-. Es sobre sus tíos y sus primos. Usted sabe que se encontraban en Alemania con motivo de una boda, y el señor Jonson debía volver para presidir una vista hoy en el ministerio –Rachel asintió con la cabeza. ¿Eso tenían que decirla? Ya lo sabía perfectamente. Y aunque no lo habría sabido, lo habría deducido al ver a Richard esa tarde-. Me temo que hubo un ataque en la frontera. Han fallecido los cuatro.
La sensación que tuvo Rachel en ese momento, fue de estar metida dentro de una bañera con hielo. Todo el cuerpo se la heló y la mente salió fuera, se desconectó. Durante horas, no supo qué había ocurrido, hasta que su conciencia volvió y se encontraba llorando en brazos de sus amigas en su habitación de la torre Gryffindor...
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Remus apretó su mano, y eso la hizo reaccionar. Se sentó en la silla que la cedía el profesor y tiró de la mano de su novio para que él se sentara a su lado.
- ¿Estás bien? –la preguntó Remus la oído-.
Asintió con la cabeza, dedicándole una pequeña sonrisa. Borró de su mente ese recuerdo, al igual que los que venían siempre que lo recordaba. Sus juegos con Richard, su tía enseñándola a hacer tartas, su tío, siempre con uniforme y papeles del ministerio, la pequeña Annie dando sus primeros pasos...
Miró al director, e intentó transmitir seguridad, pues necesitaba convencer a ese hombre como fuera.
- ¿Ahora me podría decir que la trae por aquí, señorita Perkins? –preguntó el profesor cordialmente-. No es que no sea bienvenida, pero estaba degustando un delicioso filete de ternera cuando Fawkes me avisó de su llegada.
- Profesor, quiero volver al colegio.
Todo rastro de amabilidad en los ojos de Dumbledore, se borró en ese instante.
- Usted sabe tan bien como yo que eso no es posible. Si este verano decidimos que no podía volver al colegio, fue por su propia seguridad.
- Pero yo no pido volver como alumna. Soy plenamente consciente de que eso ya es imposible para mí. Sin embargo, creo que si usted quisiera, podría haber una posibilidad de quedarme en el castillo una temporada, junto a mis amigos. Estaría tan segura aquí como en la casa protegida donde están mis padres. –al ver que Dumbledore seguía impasible, Rachel comenzó a perder los nervios-. ¡Ha considerado que soy lo suficientemente responsable como para estar metida en una guarida de hombres-lobo yo sola, y se niega a dejarme permanecer un tiempo en un lugar donde usted podría controlarme siempre que quisiera!
Dumbledore levantó la mano para calmarla, y Rachel volvió a enderezarse en la silla.
- También recordará que usted se presentó para la misión, consciente de que tiene un poder casi único para pasar desapercibida –estas últimas palabras las dijo en voz muy lenta y mirando de reojo a Remus-. Y ha hecho un trabajo fascinante. Pero no puedo comprometer su seguridad de esa forma. Si solo fuera el señor Lupin quien estaría enterado, aún podría considerarlo. Pero usted ha hablado de poner en conocimiento de todos sus amigos, su estancia en Hogwarts. A alguno se le podría escapar delante de alguien inapropiado, y no hacen falta más que rumores para que todo empiece de nuevo.
- Señor, yo pongo la mano en el fuego por nuestros amigos. No estamos hablando de contárselo a todo el colegio, hablamos de contárselo a un pequeño grupo que conocemos desde hace seís años y en los que confíamos plenamente.
- Señor Lupin, no sé si es consciente del peligro existente...
- Sí lo soy, profesor. Y jamás accedería a algo que creo que puede poner en peligro a Rachel, por muchas ganas que tenga de tenerla aquí. Pero de verdad creo que no tiene por qué suceder nada con esto. –miró a Rachel que le miraba con una pequeña sonrisa-. Si tan bien ha hecho el trabajo, creo que merece una recompensa...
El director se recostó en su sillón, mirando a la pareja con las manos unidas, deliberando seriamente sobre lo que le habían pedido.
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Llevaban rato encerrados y no eran capaces de abrir la maldita puerta. Regulus se sentía capaz de perder los nervios, de perder su máscara de acero permanente, porque estar veinte minutos encerrado con la chica más insoportable de Hogwarts, no lo soportaría ni el hufflepuff más paciente.
- ¡Esto es culpa tuya! –la espetó tras otra intentona sin éxito-.
- ¿Y por qué es mi culpa? –reclama Sadie tan molesta como él-.
- ¡Porque eres una bruja!
- ¿No jodas? ¡Pues igual que tú y el resto de los habitantes de este castillo!
- Ya, pero yo me refiero al otro concepto. Tú, ¡Tú no eres buena persona!
- ¡Hablo don moralidad! El que va amenazando a la gente por ahí y forma parte del grupo de asesinos más famosos del país... ¡Lo que tengo que oír!
Esa reclamación calló a Regulus por un momento. Quizá había atacado por un bando equivocado, y él no era precisamente el mejor para llamar mala persona a nadie.
- ¡Pues es tu culpa porque eres lo más molesto que existe en el mundo!
- ¿Cuántos años tienes? –preguntó ella sin poder contener una carcajada-. Tienes una rabieta digna de un niño de tres años...
- ¿A ti qué te importa? –exclamó molesto, separándose de la puerta y sentándose en el suelo, lo más lejos posible de ella-.
- Tu coeficiente intelectual acaba de descender hasta los dos años –se burló Sadie-.
- ¡Tengo 16! ¡Y déjame en paz!
Sadie tardó unos segundos más en contestar, y cuando lo hizo, parecía estar conteniéndose la risa.
- Te dejaré en paz porque solo eres un crío, y no quiero que te pongas a llorar...
- ¡Tú no eres mucho mayor que yo, Williams! Y de coeficiente no hablemos... No soy yo el que tiene un carácter contradictorio.
- ¿Contradictorio? –repitió Sadie algo contrariada-. Es la primera vez que me dicen eso... –murmuró el voz baja, aunque Regulus lo oyó-.
- ¡Pues sí! Quieres aparentar ser una tía fría, que pasa de todas las bobadas de las chicas de tu edad y vas de rebelde por todo el colegio, creyéndote superior a los demás. Y sin embargo, a la menor oportunidad de mueres por ponerte un vestido de gala –dijo señalándola-. Y te comportas del mismo modo que las demás, incluso persiguiendo a un tío.
- ¿Pero qué dices? Me he vestido así porque me han obligado, aunque, bueno, yo no tengo que explicarte nada. ¡Y yo no persigo a nadie!
- Te he visto seguir a Potter –dijo riéndose-. No eres tan exagerada como Green pero se nota que te gusta.
- ¡No tienes ni la más mínima idea de ese tema! James es mi amigo pero es lo contrario a lo que a mi me atraería créeme. Tú sí que eres contradictorio. Tienes una personalidad fría, cruel y calculadora. Y sin embargo pierdes la baba por Grace que es lo opuesto a ti.
- Tú no sabes nada de la relación que tenemos Grace y yo –se defendió Regulus en voz baja-.
- La verdad es que sé bastante sobre la relación inexistente entre vosotros. Sé que has pisado el suelo por donde ella pisa desde que sois pequeños. Sé que ella es consciente de lo que tú sientes por ella, pero se hace la desentendida para no tener que pasar por el trago de rechazarte duramente. Sé que por mucho que has hecho, ella sigue sin sentir nada por ti. No lo sentía cuando la regalaste esa rosa de cristal el día de su quince cumpleaños, pues en esos momentos ella solo tenía ojos para Sirius. No lo ha sentido en todo este año porque ella solo se fijaba en Rumsfelt. Y jamás de corresponderá porque no siente nada por ti.
- ¿Cómo sabes lo de la rosa? –la preguntó sorprendido-.
Se había sorprendido tanto de que la chica tuviera esa información, que no había escuchado el resto. Dudaba mucho de que Grace se lo hubiera contado. Ni su mejor amiga tenía conocimiento de ello, estaba seguro, pues de esa forma tendría que explicar de quién era la otra rosa y por qué conservaba un regalo de alguien que la cae realmente mal. Sino se lo había contado a la sangresucia, estaba claro que a Williams muchísimo menos.
- Hubo un día en que ella no pensaba más que en ese día –respondió Sadie encogiéndose de hombros-.
Parecía una apuesta de quién tendría más incógnitas de los dos. Ninguno quería saber más que lo suficiente del otro, o puede que sí, pues la curiosidad siempre pica. Y, por desgracia para ellos, aún se encontraban encerrados y sin probabilidad de salir...
OO—OO
Peter jamás había conocido a alguien que pensara de la forma en que lo hacía Mary. Si no fuera porque aquello contrastaba radicalmente con sus creencias, habría pensando que aquello era muy lógico. Ella no se tomaba esa guerra como la lucha entre el bien y el mal. Para la Slytherin aquello no era más que una lucha por poder, poder que ambos bandos codiciaban, y que solo beneficiaría a unos pocos.
- ¿Estás queriendo decir que Dumbledore y la Ministra utilizan a todos los aurores y la gente dispuesta a luchar, para conseguir beneficios personales? –preguntó consternado-.
- ¿Qué dices? –exclamó la chica alarmada, mirando a todas partes-. Jamás pongas esas palabras en mi boca Peter –le dijo cortante-. Yo te estaba comentando que en las guerras muggles la cosa funciona así. Hay auténticas matanzas de gente inocente para que al final, de los supuestos vencedores, solo cuatro vivan mejor. ¡En ningún momento he comparado eso con el mundo mágico! ¿Crees que valoro tan poco mi vida?
Peter pensó que esa chica era un poco exagerada al creer que su vida peligraba por pensar eso y decirlo en voz alta, pero se guardó la opinión para no molestarla. De repente vio a James salir corriendo hacia la salida, y algo en la expresión de su amigo le hizo correr hacia él.
- ¡James! ¡Eh, James! –le llamó-.
El aludido se volteó al oír su nombre la primera vez, y después de que ubicó a Peter se acercó a él corriendo y le cogió por la pechera de la túnica.
- ¡Peter! ¿Sabes dónde está? ¡Tengo que verla! –exclamó muy ansioso-.
- ¿Evans? –preguntó Peter algo desconcertado. Era la única chica por lo que se imaginaba que James se pondría nervioso, aunque nunca de esa forma-.
- ¿Quién? –preguntó James. Peter realmente se asustó. Si James no reconocía el nombre de Evans, algo iba realmente mal-. ¡No, no! ¡Jane! ¿Sabes Peter? ¡Jane Green! ¡Tienes que saber quien es porque es la chica más guapa, maravillosa, inteligente y perfecta de todo el colegio! Hasta el nombre es bonito ¿verdad? ¡Jane! Además pega con James, ya sabes James&Jane o Jane&James. Sí, mejor poner su nombre delante porque jamás estaría a la altura de ella y...
- Vale, James. Dime ahora de donde has sacado el whisky de fuego. Porque sé que en el menú no estaba incluido.
Peter habló seriamente y con autoridad. Faltaba Sirius para la persuasión, y Remus para imponerse como prefecto, por lo que tenía que ser él quien impusiera disciplina. Cuando a James se le pasara la borrachera, se lo agradecería, porque estaba hablando de temas muy graves.
- ¿Qué whisky de fuego? ¡Déjalo! Me estás haciendo perder tiempo y yo solo quiero encontrar a Jane.
Y se marchó como una exhalación, sin dejar tiempo a Peter de sujetarle ni hacerle una prueba de alcoholemia.
- ¿Pero a este qué le pasa? –preguntó retóricamente, mirando el lugar por el que James se había perdido-.
- No es que me importe –intervino Mary-. Pero tenía toda la pinta de un efecto de la amortentia...
- ¡¿Qué?! –exclamó Peter completamente asustado-.
- O eso, o Potter es más idiota de lo que pensaba –repuso Mary con tranquilidad-. No sería raro que esa chica le haya dado un poco de esa poción, teniendo en cuenta que es boss populi la atracción que ella siente, y sabiendo que es la mejor elaboradora de pociones de este colegio detrás de Snape...
- ¡Mierda! ¡Hay que encontrarle y hacer algo! Mary, si James hace algo de lo que mañana se arrepienta y se entera de que yo lo sabía y no lo evité, me matará. Y lo más acojonante, ¡Sirius le ayudará!
- Pues habrá que empezar a correr...
Dicho y hecho. Nada motivaba más a Peter que saber que su cuello corría peligro. Venció todo el temor que le tenía a la Slytherin, que era mucho menor que el que les tenía a James y Sirius juntos, y la arrastró fuera del Comedor buscando a James.
Tras examinar los dos primeros pisos, llegaron a la conclusión, bastante acertada, de que el chico no andaba por allí.
- Vamos a necesitar a más gente si queremos encontrarle antes de que haga cualquier tontería. –dijo Mary agarrándose un costado por el dolor del flato-.
Una bombillita se encendió en el cerebro de Peter.
- ¡Gissssssssss! –gritó bajando por las escaleras, camino de nuevo del Gran Comedor y sin esperar a Mary, que le siguió pero a su propio paso-.
Llegó en tiempo record, y es que ahora estaba completamente de acuerdo en que el miedo era un gran estimulante. Para su suerte, su salvadora se encontraba cerca de donde la había dejado, y más o menos en la misma posición, es decir, en los brazos de su novio.
- ¡Gis! –dijo agarrándola del brazo y separándola de Anthony con más rudeza de la que pretendía. Se ganó una mirada de aviso por parte del chico, pero ella le miró preocupada por verle tan asustado-. Gis, tienes que ayudarme. ¡James va a hacer algo terrible!
- ¿Una broma? ¿Justo hoy? –exclamó la chica enfadándose un poco-. ¡Lily se lo carga! ¿Se lo has dicho?
- ¡No, no! ¡Escúchame! Él... él va a... ¡Merlín, Gis va a matarme! –exclamó abrazando a la chica que le palmeó la espalda confundida-.
- Si sale de su ataque de pánico, te dirá que creemos que a Potter le han dado una poción de amortentia y se ha ido con la chica en cuestión sin que Peter haya hecho nada para evitarlo. –dijo Mary que acababa de llegar-.
- ¿Amortentia? –preguntó Anthony mirando a la chica-. ¿No está prohibida en Hogwarts?
Mary se encogió de hombros y Gis soltó a Peter para acercarse a ella.
- ¿Quién se la dio? –la preguntó casi temiendo la respuesta-.
- Jane Green.
Gis bufó molesta y Peter se llevó las manos a la cabeza sin saber qué hacer.
- ¿Tan fea es? –le preguntó Anthony a Peter en voz baja-.
- Que va, es una de las chicas más guapas del colegio –contestó él sin cambiar el gesto-.
- ¿Pues dónde está el problema? –preguntó en voz más alta-. ¿Potter sale con alguien?
- No –contestó Gis que buscaba a alguien con la mirada-.
- ¡Pues no veo el problema en serio! Tiene a una de las chicas más guapas más que dispuesta, y no tiene que darle explicaciones a nadie... ¡Una ganga!
- Tony... –le avisó Gis en voz baja-. Tú no conoces a esa chica. Teniendo en cuenta que estando bajo el efecto de esa poción, él jamás la negaría nada, ella es capaz de hasta haber llamado un cura para que los case esta noche y todo...
- ¡Anda ya! –exclamó Anthony riendo. Gis le miró seriamente, dándole a entender que no lo creía tan improbable, y él se calló, algo temeroso porque mujer semejante pudiera existir en el mundo real-.
- Voy a avisar a los demás –dijo Gis marchando hacia otro lado de la pista-.
Llegó hasta donde Jeff y Nicole bailaban y bebían algo y le tocó la espalda al chico para llamar su atención. Él se dio la vuelta, y antes de que pudiera preguntarla, habló ella:
- Jeff, James está en un lío y os necesito a los dos para ayudarnos a encontrarle.
- ¿Pero qué...?
- Te lo explicaré por el camino –le dijo tirando de su mano. Instintivamente, Jeff cogió la mano de Nicole y la arrastró con ellos-. Necesito gente de confianza y cuanta más mejor.
- ¿Qué ocurre? –preguntó Nicole que solo había oído la última frase-.
Gis los iba a llevar donde les esperaban los chicos, pero vio algo que le hizo desviarse, haciendo tropezar a la pareja que casi cae.
- ¡Grace! –exclamó para llamar la atención de la rubia. Se detuvo unos metros mirándola extrañada-. ¿Qué te pasa?
- ¡No hay tarta de chocolate! –exclamó Grace enfurruñada, recostada en la pared y cruzando los brazos-.
Gis decidió obviar la respuesta que bailaba en su boca, que bramaba por la verdadera explicación, pero fue más práctica.
- ¿Has visto a los chicos? –la preguntó refiriéndose a Sirius y Remus-.
- Remus desaparecido, probablemente en su habitación como el chico listo que es. Black, creo que con Kate. Y James me ha dejado tirada al principio del baile y no he vuelto a saber de él.
- El problema ahora es James –la informó-. Creemos que Green le dado amortentia.
- ¡¿Qué?! –exclamaron Grace, Jeff y Nicole a la vez-.
"Al menos he captado la atención de todos" pensó Gis. En pocas palabras le contó lo que suponían y la idea que tenía para dividirse entre ellos. Los tres se mostraron muy dispuestos a colaborar, y ella los llevó junto a los demás. Cuando la comisión de rescate se hubo reunido, Gis le pidió a Anthony que refinara su plan, como el gran estratega que ella sabía que era.
Tras dorarle la píldora un poco más, el chico aceptó y al minuto ya les estaba dando instrucciones a los demás, completamente sonrojado, pero tan firme como el mejor de los líderes. Gis le tenía cogido del brazo, orgullosa de las capacidades que rara vez, el chico se atrevía a demostrar.
- ¿Entonces está claro? –les preguntó cuando les hubo explicado todo-.
Hubo un asentimiento general, y cada uno fue a cubrir su puesto, sintiendo que de verdad esa misión era de alto voltaje. Cualquiera se enfrentaba a esa chica si destruían sus planes...
OO—OO
Lily entró con Mark en la sala de los premios anuales. Esperaba que James tardara en volver, pues sería muy incómodo seguir con lo que tenía planeado si él estaba allí. Sentía el corazón golpearle el pecho a una velocidad alarmante, más que nerviosa por lo que se acontecía.
Mark se apoyó en el respaldo de uno de los sillones, con la comodidad típica de quien visitaba el lugar a diario. Ella, sin embargo, estaba rígida, incapaz de moverse y a la vez segura de que en cualquier momento las piernas le fallarían. Siempre había imaginado ese momento como algo especial. Pero especial no incluí a sentir que el estómago la ardía de los nervios.
- ¿Te encuentras bien? –la susurró Mark apretando una de sus manos-.
Lily sonrió, agradecida de que el chico que la acompañaba era tan dulce y comprensivo.
- ¿Por qué no subimos a mi habitación? –le propuso-.
- ¿Arriba? –preguntó Mark confuso. Jamás había subido al cuarto de Lily-.
- Sí, arriba a la derecha. ¿Qué pasa? ¿No quieres subir? -preguntó al ver la indecisión del chico-.
- ¡Claro!- exclamó el chico cogiéndola de la mano y subiendo incluso por delante de ella-.
Lily no sabía si suspirar de alivio o temblar más de los nervios. Parecía que el chico había captado el mensaje a la primera, y se le veía bastante emocionado.
Entraron al cuarto y ella cerró la puerta con la espalda, estúpidamente poniendo distancia entre ellos. Que en ese momento la entrara el pudor era absurdo, pero algo parecía moverse con furia en su estómago. Estaba segura de que si le prestaba mucha atención a ese algo, acabaría vomitando. Y eso no sería un gran inicio para una noche de amor.
Mark se acercó y le acarició la mandíbula con los dedos, suavemente.
- Lily, ¿Seguro que estás bien? Te estás poniendo verde... –la susurró preocupado, escrutando su rostro con preocupación-.
Ella compuso una sonrisa y asintió con la cabeza. Quizá con más efusividad de la que sentía, pero tenía la sensación de que primero debía convencerse a sí misma, antes que a Mark. Alzó la cabeza, infundiéndose ánimo y se acercó a él con paso seguro. Pasó sus brazos por el cuello de su novio, y lo atrajo a ella para besarle.
Se sentía mejor así. Una vez que había comenzado no parecía tan difícil. Él, como siempre, fue muy dulce con ella. La acarició la espalda con suavidad, mientras sus labios bajaban por la mandíbula de ella, poco a poco, sin hacer ningún movimiento brusco para no asustarla.
Lily le empujó, haciéndole andar marcha atrás, hasta que sus piernas chocaron con su cama. Supo que necesitaba más ayuda para dar el siguiente paso. Suavemente, tiró de su pelo para hacer subir la cabeza, que ya se encontraba hundida en su cuello, y llevó de nuevo sus labios a los de él. Metidos en el apasionado beso, le hizo sentarse lentamente en la cama, mientras que ella se sentaba sobre él, subiendo primero una pierna, y luego la otra.
Oyó a Mark suspirar cuando confirmó sus intenciones, y las manos de él se cerraron en torno a la cara de ella. La acarició las mejillas sin dejar de besarla, y muy lentamente, la hizo darse la vuelta, quedando él encima de ella. Lily tembló de arriba abajo al sentir el peso de su cuerpo, pero no cortó el beso. Cerró con fuerza los ojos y se centró en dejarse llevar.
Mark sintió más tensos sus labios, y se separó de ella.
- ¿Estás segura? –ella le asintió con la cabeza, e intentó volver a besarle, pero él la detuvo-. No tienes buena cara –la dijo-.
- Solo estoy nerviosa –le respondió ella-. No te preocupes. Quiero hacerlo.
Él la miró unos segundos más, y después se inclinó de nuevo para besarla. Primero los labios, luego las mejillas, la mandíbula, el cuello, hasta llegar al pecho, justo en el borde de su vestido palabra de honor. Le vio mirar el vestido como si estorbara, pero ella no estaba preparada para ser la primera en desnudarse.
Le pasó las manos por los hombros, hasta llegar al pecho, donde comenzó a desabrochar la túnica con lentitud. Él la ayudó con impaciencia, y cuando todos los botones estuvieron desabrochados, le pasó la túnica suavemente por los hombros, hasta liberar sus brazos. Solo llevaba una fina camisa y unos pantalones. Tras quitarse la túnica, podría pasar perfectamente por un muggle.
Se volvieron a besar mientras ella le pasaba las manos por el pecho y los hombros, bajando al antebrazo y apretándoselo al notar de nuevo sus labios acercándose a su pecho. El chico estaba ansioso, podía notarlo, pero esta vez decidió comenzar por abajo. Suavemente, levantó la falda de ella, acariciando lentamente cada pedazo de piel que iba quedando al descubierto. Cuando llegó a la altura de los muslos, se detuvo y tiró con cuidado de la pierna hacia el exterior, para abrirla y dejarle sitio entre ellas.
El corazón estaba desbocado, pero algo la decía que no de la manera en que era lógico. Sintió como él se colocaba entre sus piernas, sin dejar de besarla el cuello, y notó que ya estaba más que preparado. Inspiró fuerte para coger aire, pero los pulmones parecían no funcionarla bien. Cada vez podía sentir su mano más arriba, más cerca de la cadera, mientras que la otra mano luchaba para colarse por su espalda en busca del cierre del vestido.
- Te quiero, Lily –la susurró mientras pasaba sus labios por el lóbulo de su oreja-.
Ella no pudo responderle más que un leve gemido, tenía la boca seca.
OO—OO
Llevaban más de una hora ahí encerrados, y ya no tenían fuerza ni para discutir. Estaban cada uno sentido en una esquina, lo más separados que podían, y mirando aburridos la estancia. Regulus no aguantó más el silencio, y tuvo que interrumpirlo.
- Sabes legeremancia –la dijo. No era una pregunta-.
- Tú también –respondió Sadie igual de segura, sin darle más importancia-.
- También sabes oclumancia, porque no puedo leerte.
- Al enseñarte lo primero, suelen advertirte lo segundo –le respondió examinando la pared con más interés del que merecía-. Tú lo sabes porque también la has aprendido.
- ¿Por qué la usas? –la preguntó-.
- ¿Qué te hace pensar que la uso? –le respondió mirándole por primera vez-.
- Lo que dijiste antes de Grace. Es lo único que tiene sentido. Además, ya había notado de antes que sabías oclumancia, así que no era difícil de imaginar...
- ¿Y tú? –preguntó Sadie-.
Por un momento, pensó que él iba a ignorar la pregunta, pero al cabo de unos segundos, Regulus la respondió.
- Porque ando metido en algo, de lo que, sino tengo un mínimo de preparación, no sobreviviré más allá de los veinte.
- A mi me la enseñó mi padre –le confesó ella sin que tuviera que preguntarle-. Lo intentó también con Jeff, pero a él nunca le interesó esa rama de la magia. Por eso yo era su mejor alumna.
- A mi me la enseñó mi prima, aunque dudo que me viera como un alumno. Más bien como al conejito de indias...
Se quedaron un poco más de tiempo en silencio, sin saber cómo llenar ese espacio de incomodidad que iba surgiendo a cada rato que pasaban dentro de esa habitación.
- Quizá antes me pasé un poco con lo de Sandler. –cedió la chica a regañadientes-. No es que no piense justo eso, pero tampoco es de mi incumbencia.
- Yo tampoco debería haberte dicho eso de Potter. Supongo que solo me llamó la atención que fueras tan típica. Aunque, bueno, tampoco es el caso más típico. –añadió pensando que, al que solían escoger las hormonas femeninas, era justo a Sirius-. Pero, para ser original, podrías haberte colgado de Pettigrew.
Sadie no pudo contener la risa ante aquello. Desde luego habría sido una buena forma de marcar la diferencia.
- No me he colgado de nadie –le repitió-.
- No es lo que dicen la mayoría...
Sadie le miró suspicazmente, hasta que una malévola sonrisa se abrió paso en su rostro.
- ¡Me has estado investigando! –le dijo con un toque de humor-.
Regulus se encogió de hombros, sin negar aquello.
- Mantén a tus amigos cerca... –comenzó-.
- ...Y a tus enemigos más cerca aún –acabó Sadie-.
- ¿También he sido objeto de investigación? –la preguntó al ver que ella aprobaba ese dicho-.
- No conseguí muy buenos informadores –le confesó negando con la cabeza-.
- Los que conseguí yo, eran chicas de tu curso que solo hablaban de tonterías –le dijo él-. Y no me atreví a preguntarle a Grace, aunque sabía que compartíais habitación.
- Me habría puesto a parir –le dijo ella, consciente de que aunque su relación había mejorado, no eran precisamente íntimas-.
- No. No habría hablado de ti, sino tenía nada bueno que decir. No la gusta ser cruel con nadie. Si alguien no es de se gusto, simplemente le ignora.
- Tú la conoces mejor –él asintió con la cabeza, pero no dijo nada-. ¿Te contó ella que estaba saliendo con tu hermano?
Regulus pareció pensarse la respuesta. Miró hacia la puerta con resignación y suspiró.
- Lo averigüé solo... No es tan difícil cuando vives con el otro implicado. Ese verano salía demasiado, teniendo en cuenta que casi nunca lo hacía porque tenía prohibido verse con sus amigos. Me llamó la atención y le seguí. Los vi juntos. Al principio pensé que eran amigos, y por supuesto mi madre no se opondría a que hiciera amigos con más pureza. Pero de repente se besaron, y lo entendí todo.
- Ya...
- Nunca les dije a ninguno de ellos que lo sabía, pero aquello solo sirvió para alimentar mi odio contra él. Era mi hermano, pero hacía años que no se comportaba como tal, y aunque mis sentimientos por ella eran muy evidentes, no dudó en rondarla, sabiendo que ella le preferiría a él.
- Quizás no pensó que aquello te pudiera afectar.
Regulus negó con la cabeza.
- Aunque lo pensara le daría igual. Sirius siempre fue muy egoísta. Pero yo también tengo mis trucos...
- Black, quizá me equivoque. Pero me da la sensación de que tuviste que ver con que aquello no llegara a buen puerto.
Regulus sonrió entre la maldad y la nostalgia al recordarlo. Si no iba a salir de allí, tampoco tenía por qué seguir callando eso...
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23 de Noviembre de 1975
No era extraño que Regulus y Grace se encontraran en el campo de quidditch. Muchas veces, cuando el entrenamiento de los gryffindor acababa, comenzaba el de los Slytherin, y viceversa.
Ese día, Regulus bajó al campo media hora antes de que comenzara el entrenamiento, consciente de que su amiga volaba en solitario, practicando varias jugadas por su cuenta. La vio descender de la escoba, pasarse una mano por el pelo y rehacerse la coleta, que se la había despeinado con el viento. Al verla sonreír tan ampliamente, algo parecido al remordimiento se quiso abrir camino en su estómago, pero él lo expulsó. Estaba plenamente convencido de estar haciendo lo correcto. No solo porque su hermano la haría mucho más daño cuando la dijera que solo había sido una más, sino porque si seguía con él, y seguía contaminándose de sus ideas, acabaría igual que Sirius: como la oveja negra. Y si había algo que no se merecía Grace Sandler, era el odio de nadie.
Poco podía saber Regulus en ese momento, que tan solo un par de meses después, los padres de ella serían los que se revelaran contra la magia negra, sorprendiendo a todas sus amistades y ganándose amenazas de muerte por doquier. No. En ese momento, Regulus solo veía que Grace corría el peligro de influenciarse de Sirius y acabar siendo tan marginada como él. Y él no estaba dispuesto a que la chica sufriera todo eso por un simple amor de verano.
Se acercó a ella y saludó con una sonrisa que le fue correspondida.
- ¿Tienes entrenamiento, Regulus? –le preguntó Grace echándose la escoba al hombro-.
- Dentro de un rato, en realidad. Pero quería aprovechar que no llueve y llegar antes –le respondió él-.
- Hoy el viento viene de oeste, así que procura inclinarte un poco a la izquierda para no desestabilizarte –le recomendó-. Te dejo el campo libre.
- No tienes por qué irte porque yo esté.
- Es que he quedado –le dijo sonriendo más ampliamente-. Y no quiero llegar tarde.
- Regulus dudó por un momento cómo conseguir llevar a la chica al lugar que había pactado, pero él siempre tenía recursos de sobra.
- Tengo tiempo de sobra, te acompaño y así veo si Tyler ha salido ya del club de encantamientos. Hinkes se pone como una loca cuando llega tarde y perdemos media entrenamiento viéndolas pelear. Es el problema de tener como capitana a una chica –añadió para picarla-.
- ¡Oye! –protestó Grace-. Las chicas valemos tanto como vosotros para ser capitanas.
- Seguro que tú serías una buena capitana, aunque no envidiaría a tus compañeros –rió Regulus-.
- Pues Jack acaba este año. ¡Así que el año que viene yo podría ser tan buena capitana como cualquier otro! –exclamó orgullosa, aunque riéndose un poco. Después se encogió de hombros y añadió-. Pero me va a dar igual. Estoy segura que le darán el puesto a James...
- No estés tan segura.
- ¿Apostamos? –le dijo con una sonrisa maliciosa-.
- No, no. –dijo Regulus negando con las manos, divertido-. No me atrevo a apostar contra ti.
Grace hizo una mueca que le resultó de lo más encantador, pero él siguió negándose a arriesgar su paga en una apuesta que había posibilidades de perder. Un Slytherin solo juega sobre seguro. Cuando se quiso dar cuenta, estaban ya en la entrada del castillo y estaban a punto de entrar al vestíbulo.
- Por aquí no –la dijo agarrándola del brazo-. Cuando salía, Peeves estaba lanzando globos de pintura a todo lo que se movía. Vamos por los soportales.
Cogieron el camino alternativo y siguieron hablando de cualquier cosa. Grace sonreía alegre, y se miraba el reloj constantemente, comprobando la hora. Regulus sentía que el sudor le empapaba las manos a medida que se acercaban al lugar, pero agradeció saber controlar su expresión en todo momento. Fijándose en su cara, Grace no podría suponer nada de lo que iba a ocurrir en los próximos minutos. La miró de nuevo, pensando en lo mucho que le gustaba verla sonreír, y odiándose a sí mismo por tener que hacer desaparecer esa sonrisa.
Dieron la vuelta a la esquina, y allí, entre los soportales, encontraron la escena que Regulus venía esperando. Grace se detuvo de golpe, y él hizo lo mismo, mirándola solo a ella. No necesitaba mirar hacia delante para saber lo que ocurría, él mismo lo había preparado con cuidado durante dos meses.
A ojos de Grace, Sirius Black se encontraba recostado en una de las columnas de ese pasillo, besándose apasionadamente con una atractiva chica morena. Desde el punto de vista de Regulus, allí estaba su compañero Mulciber, habiéndose tomado la poción multijugos que le llevó más de un mes preparar, y haciendo un gran papel. Le había costado convencer al Slytherin de que se transformara en Sirius por una hora sin que preguntara el motivo. Pero el chico no era tonto y enseguida vio las ventajas: pocas chicas le dirían que no al gran Sirius Black, y la prueba era esa muchacha de larga melena negra.
Sabía que se estaba arrepintiendo cuando vio a Grace intentando contener la expresión de dolor y traición en su rostro, viendo su labio inferior temblar, sus ojos tornarse rojos y luminosos, debido a las lágrimas contenidas. Pero se mantuvo firme, pensando que todo era por el bien de ella.
- Grace, ¿Estás bien? –la preguntó con la mayor inocencia de la que fue capaz-.
Ella negó con la cabeza, pero no estaba seguro de sí había oído su pregunta. Avanzó unos cuantos pasos marcha atrás, antes de darse la vuelta para salir corriendo.-
- ¡Grace! ¡Eh, Grace! –la llamó aun consciente de que ella no le oiría ni a él, ni a nadie en los próximos minutos.
La cosa estaba hecha, y él estaba convencido de que por mucho que Sirius dijese, Grace jamás se quitaría de la cabeza la imagen que tuvo de un Sirius tan igual que el original, que no tendría dudas.
- Lo siento Grace... –murmuró en voz baja, alejándose de su compañero que estaba disfrutando su rato con esa chica-. Es por tu bien. Mi hermano no va acabar bien...
Y tampoco iba desencaminado, no del modo en que él creía, pues apenas un mes después, Sirius Black abandonó Grimmauld Place con la intención de no volver jamás.
O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O
- Guau... –dijo Sadie sin ningún tipo de expresión-.
- ¿No me insultas? –le preguntó Regulus con los ojos entrecerrados-. ¿No soy un monstruo?
Sadie simplemente se encogió de hombros.
- Es una guerra entre hermanos. No me gusta que la gente se meta cuando intento maldecir a Jeff, así que...
- ¿Tú también odias a tu hermano?
- No. Me desespera y no le soporto. Pero tanto como llegar al odio...
Regulus tenía la sensación de que aquello era una indirecta en toda regla, y otra persona más creía en el como el malo, como siempre.
- Quizá solo hayas conocido la parte buena de Sirius, pero te aseguro que eso no lo es todo.
- No te he juzgado, Black.
- Sí lo has hecho. Solo que no lo has demostrado en voz alta. Todo el mundo tiende a pensar que Sirius es un santo porque es extrovertido y se pasa el día haciendo chistes. Pero te aseguro que no es ningún santo. –se le oscureció la mirada al recordar algo en concreto-. Le rompió el corazón a mi madre... –murmuró en voz más baja y con claro resentimiento.
- ¿Tu madre es una mujer morena, de semblante serio y que lleva el pelo recogido en un moño muy tirante? –preguntó Sadie con rostro incrédulo-.
- ¿La conoces?
- Solo de los recuerdos de tu hermano. Por lo que vi, la verdad, me daba la sensación de que no tenía corazón...
- ¡Esa es solo la imagen que Sirius tiene de ella! Mi madre siempre se desvivió por nosotros, y por crear un mundo en el nosotros pudiéramos vivir bien.
Sadie se encogió de hombros, pero no dijo nada. Regulus tampoco habló, y se volvieron a quedar en silencio.
- Supongo que no puedo juzgarte por tener adoración por tu madre –le dijo ella al cabo de diez minutos-. En ese sentido, te entiendo bastante.
- ¿Ah sí? –dijo Regulus por decir algo. Aún los recuerdos le seguían enfadando interiormente-.
- Eso que dijiste antes de James... –pero se quedó callada-.
- ¿Qué? –la preguntó para impulsarla a acabar, ahora sentía curiosidad-.
- No suelo acercarme a la gente tan rápido, con la mayoría he tardado mucho más. Pero a James ya quise conocerlo el primer día. Fue por su mente –le dijo mirándole a los ojos desde el otro lado de la estancia-. Yo sé lo que es tener adoración por alguien, siempre la he tenido por mi padre... Llevo meses sin verle y se hace duro. Tiene una mente muy parecida a la de James. Una forma de pensar muy parecido, una forma de ser bastante similar. A veces hablar con James es como hablar con mi padre. O cuando me habla de... –se contuvo de decir el nombre de Lily-. Bueno, es como oír a mi padre hablar de mi madre.
- Vaya... –dijo Regulus. No sabía qué decir ante eso. Suponía que encajaba más en las rarezas de esa chica, que hable con alguien por ser parecido a su padre que el comportarse como las demás en cosas del amor-.
Sadie, por su parte, se removió inquieta. Se arrepentía de haber dicho eso, pero algo la impulsó a sincerarse. Seguramente fue el hecho de que ese chico la había contado algo que nadie más sabía. Y todo por estar allí, porque cuando pasas tanto tiempo encerrado con una persona, tienes necesidad de llenar los silencios aunque sea hablando con alguien que detestas, y sobre lo que sea, aunque sean secretos. Al fin y al cabo, si no encontraban manera de salir, ¿a quién se lo contarían?
Pero alguna forma tenía que haber. Cuando la hablaron de Hogwarts, en ningún momento nombraron que existiera una habitación capaz de tragarse a las personas.
- Oye Black –le llamó-. Tú conoces mejor este colegio. ¿En algún lugar han mencionado una sala como esta?
Regulus suspiró y miró alrededor, en busca de algo que le recordara a alguno de esos misterios del castillo en los que se habla en el libro "Historia de Hogwarts".
- No lo sé, Williams. Según la leyenda del castillo hay cientos de lugares que los fundadores crearon a escondidas de los demás. Se rumorea que solo está ocupada la mitad de la capacidad. Han recorrido historias sobre toda clase de lugares. El laboratorio secreto de Ravenclaw, en el que dicen que se pueden elaborar pociones imposibles. El salón de duelo de Gryffindor, que según la leyenda, practicar en él te da la inmunidad para ganar en la batalla. El paraíso de Hufflepuff, que cuentan, contiene todos los mayores manjares del universo. La cámara secreta de Slytherin, dónde este escondió un monstruo capaz de asesinar a todos los que no merecen estudiar magia. También hay leyendas sobre la Sala de los Menesteres, que al parecer se puede convertir en cualquier cosa, dependiendo del deseo de quien lo pida o...
- ¡Espera! ¿Y eso último? Ósea, que si yo deseo encontrar un lugar donde zurrarte sin que puedas escapar, ¿aparece una habitación dónde no puedes salir hasta que yo te haya pegado todo lo que quiera?
- Sí claro, y si yo pido una escoba también me la da –dijo Regulus sarcástico-. ¡Williams, que son todo leyendas!
Sin embargo, se quedó mudo al ver aparecer una estrella fugaz de última generación apoyada en la pared del fondo.
- ¿Qué narices...? –dijo Regulus mirando primero a la escoba, y después a Sadie, que se había levantado y estaba frente a él mirándole con una sonrisa sádica-.
Se levantó instintivamente, encarando a la chica, y por primera vez en mucho tiempo, confuso con respecto a sus intenciones. No lo vio venir. Antes de que pudiera reaccionar, la chica se recogió la falda del vestido y le pegó una patada en la pierna que le hizo tambalearse. Sin darle tiempo a más, volvió a golpearle, esta vez en la entrepierna.
Regulus cayó de rodillas, y Sadie se rió y exclamó:
- ¡Ya me he quedado a gusto!
Sorprendiéndolos a ambos, la puerta hizo un clic y se abrió sola, dándoles el camino hacia la libertad. Satisfecha, Sadie corrió hacia allí, y solo se volvió cuando tenía la puerta sujeta y se aseguró que no se cerraba de nuevo. Regulus aún estaba de rodillas, mirando el suelo.
- Ya nos veremos, Black –le dijo para después desaparecer-.
OO—OO
Grace, Jeff y Nicole llegaron a la torre de astronomía, donde la rubia había confiado encontrar a James. Sin embargo, allí no estaban esos dos, sino otra parejita que estaban tan concentrados en sí mismos que no vieron al trío entrar, investigar y luego salir.
Nicole propuso rondar la torre de Ravenclaw por si acaso la chica había decidido actuar en su propio territorio. Mientras se dirigían allí, se encontraron a Gis y Anthony que habían revisado todos los invernaderos sin encontrar ni rastro de su compañero.
Por otra parte, Peter buscaba por las mazmorras acompañado de Mary, quien se sentía mucho más cómoda en ese lugar de lo que se sentía el gryffindor.
- Y luego hablan de la valentía Gryffindor –se burló la chica al ver a Peter temblando y sudando la gota gorda-.
- Veo que no has tenido mucho trato con esa chica –se defendió Peter resentido-. Si la conocieras un poco, sabrías que es capaz de secuestrar a James y cortarle los dedos de los pies para hacer una amortentia permanente o algo así...
Mary no pudo evitar reírse ante tal ocurrencia.
- Sois demasiado exagerados. Solo es una niña inmadura que se cree enamorada y juega a ser más adulta de lo que, en realidad, es. Pero es una Ravenclaw, y por lo tanto, inteligente. Cuando madure tendrá muchísima vergüenza al recordar todas las tonterías que era capaz de hacer con quince años.
- Tiene dieciséis –corrigió Peter como si ese año de diferencia fuera la clave-.
- Como si tiene veinticinco –repuso Mary encogiéndose levemente de hombros-. La madurez no va con la edad, sino con esto –le dijo señalándose la cabeza-.
- Sirius me mata si se entera que le dejé marcharse sin más. Espero que Remus me defienda... –pensó Peter en voz alta-.
- ¿Es que acaso eres amigo de ellos por temor o conveniencia? –preguntó la chica incrédula-.
Peter no contestó, sino que abrió otra puerta para encontrarse otra habitación en penumbras, y por supuesto, vacía.
- Tu amigo no está aquí abajo –concluyó Mary dándose la vuelta para volver a subir al vestíbulo-. Vayamos a ver si los demás han tenido más suerte.
La siguió hasta que subieron, aunque no encontraron a ninguno de los chicos. Supusieron que debían seguir con la búsqueda, y se dirigieron a los jardines, solo por si acaso.
Desde luego, Jane Green había pensado mucho en un lugar, pues encontrarles estaba siendo más difícil de lo que creían.
OO—OO
Sin saber por qué, la mente de Lily fue vagando lejos de ella, mientras que había dejado de participar en esa danza de caricias. Tenía las manos quietas en la espalda de su novio, pero ya no se encontraba en esa habitación. Recordó el día que se enamoró de Mark, en la primera ronda de prefectos que hicieron juntos. Era lo más platónico que había sentido en su vida. Cómo sonreía, la educación con la que hablaba, cómo la abría las puertas para que pasara ella primero... Esa noche soñó en cómo sería besarle. Y sin embargo, ahora que tenía sus labios a su disposición, solo podía pensar en otro beso. El que se había dado con James y la había dejado tan confundida. Inconscientemente, pasó una mano por el pelo de Mark, buscando el tacto que había sentido esa noche cuando despeinó a James, antes del baile.
El tacto no era el mismo, al igual que su abrazo tampoco se parecía a los que la había dado, quien ella llamaba su mejor amigo. Se había creído confundida esa noche, y acababa de averiguar que confundida había estado los demás días. La realidad era que en ese momento, preferiría estar con James, aunque fuera haciendo una aburrida lista de rondas, que estar con su novio en un momento tan íntimo. Lo que jamás habría imaginado, lo que había negado mil veces, había terminado por pasar.
Volvió al presente cuando sintió que el cierre de su vestido caía, dejando su espalda desnuda por donde Mark pasaba sus dedos con delicadeza.
- ¡Para, para! –le dijo realmente incómoda-.
El chico se detuvo al instante, y se separó mirándola con preocupación. Con más brusquedad de la que pretendía, Lily apartó las manos de él de su espalda y de su pierna.
- No puedo –le dijo con la voz temblando a causa de lo nervios-. Lo siento, pero no puedo. Pensé que sí, pero no. Lo siento mucho, Mark.
Se abrazó a él, hundiendo la cabeza en su pecho. Ella se estaba disculpando por todo, por engañarle a él a la vez que se engañaba a sí misma, por haber metido sus sentimientos en medio de algo que ya no podía controlar, por todo. Pero Mark creyó que solo se disculpaba por ese momento en concreto, así que la rodeó los hombros y la abrazó con fuerza, acariciando su pelo con suavidad.
- No te preocupes, Lils. No pasa nada. –la susurró acercando sus labios a su oído-.
La dio un beso en el pelo, y un apretón más fuerte. Después hizo el ademán de separarse de ella, pero Lily le abrazó con más fuerza.
- Ya hablamos mañana. Ahora mejor duérmete –le dijo con dulzura-.
- Quédate por favor –le pidió-. No quiero estar sola. Sé que suena egoísta pero...
- ¡No, no! Si quieres, me quedo hasta que te duermas. –la volviéndola a abrazar-.
Lily sonrió levemente. Se disculpó con él y fue al baño a ponerse la ropa de cama. Salió con el camisón puesto, y vio que Mark ya se había colocado la ropa con pulcritud, como siempre. Estaba sentado tímidamente en la cama de ella, y parecía incómodo.
- Mark, de verdad que lo siento –le dijo sonrojándose hasta las orejas-.
El chico la sonrió, negando que tuviera algún tipo de importancia. Ella se tumbó en la cama, y le invitó a tumbarse junto a ella, solo separados por las mantas que la cubrían y a él no. Le miró con la culpabilidad escrita en la cara mientras Mark se reía.
- Lily, no es bueno forzar las situaciones. Me alegro que hayas parado si no estabas cómoda. Lo último que querría es que te arrepintieras de algo así –la dijo con la sinceridad escrita en los ojos-.
- Eres demasiado bueno, Mark –le dijo Lily medio regañándole y apoyando la cabeza en la almohada-.
El sueño no tardó en vencerlos a los dos, haciendo que el prefecto olvidara dónde se encontraba y de su intención de volver a su habitación. Ahora, ambos estaban en los brazos de Morfeo.
OO—OO
James entró en la lechucería, tras recibir un mensaje que le había alegrado el corazón.
Si me necesitas para algo, estoy esperándote en la lechucería.
Jane
Estaba cerca de la torre de Ravenclaw, donde sabía que estudiaba esa chica que lo tenía loco, cuando una pequeña lechuza marrón le alcanzó ese mensaje. Ni encima de su escoba habría llegado en tan poco tiempo.
Y allí estaba, con su largo cabello rubio sobre un hombro, iluminado por la luz de la luna mientras se apoyaba en la ventana esperándole. ¡Y él la había hecho esperar! Se volvió hacia él cuando le oyó entrar, pero no se acercó. Eso entristeció a James. ¿Cómo podía él ser digno de tanta perfección?
- Jane, estoy enamorado de ti –la dijo totalmente embelesado-.
Ella esbozó una sonrisa triste ¿Por qué estaba triste? Eso también le entristeció a él.
- Es bonito oír eso de tu boca, James –le dijo-.
Él no se pudo controlar y se lanzó hacia ella, hasta que atrapó sus labios. La euforia que sentía en su cuerpo era inexplicable.
OO—OO
- ¡¿Se puede saber qué hacéis?! –gritó Kate intentando ponerse entre Sirius y Derek que se habían puesto uno frente a otro y había desenvainado las varitas-.
- Kate, quédate atrás y procura no ponerte a tiro de este –dijo Sirius en voz baja-.
- Yo a ella jamás la hechizaría, Black –dijo Derek con rabia-. Mi problema es contigo.
- El caso, Rumsfelt, es que últimamente tú tienes problemas siempre con alguien. Y me estoy empezando a cansar de verte revolotear cerca de mi novia.
- Dirás ex novia, Black.
- Si te hace más feliz pensar eso –dijo Sirius con una sonrisa burlona-. Pero de igual modo, quiero que te alejes.
- ¿O qué? –preguntó Derek desafiante-.
- No quieras saberlo...
- ¡Expelliarmus! –exclamó Derek intentando pillarle desprevenido-.
- ¡Protego! ¡ Mimblewimble! –devolvió Sirius-.
Derek desvió el hechizo que dio a un chico de tercero que se tambaleó varias veces, al parecer mareado, hasta caerse. Cada vez había más y más gente observando el duelo entre el Gryffindor y el Ravenclaw.
- ¡Relaskio!
A Sirius le dio en el brazo, y le empujó varios metros en el aire hasta dejarlo caer en el suelo. Furioso, se levantó corriendo y enervó su varita:
- ¡Tarantallegra!
Derek volvió a esquivar el hechizo por solo un segundo.
- ¡Rictusempra! –gritó Sirius de nuevo-.
Esta vez el hechizo sí dio al Ravenclaw que comenzó a hacer diferentes poses al tiempo que no podía reprimir la risa.
- jajaja finite jajaja finite incan... jaja ¡finite incantatem! –exclamó el chico apuntándose a sí mismo y revirtiendo el hechizo-. ¡Flipendo!
El rayo violeta pasó rozando a Sirius, pero este lo esquivó. Le dio en la cabeza a una chica de sexto y esta cayó al suelo inconsciente.
- ¡Desaugeo! –gritó Sirius-.
- ¡Impedimenta! –le desvió, y este rebotó contra una pared-. ¡Desmaius!
Sirius se movió corriendo del lugar, y el hechizo le dio a Kate tirándola al suelo y dejándola inconsciente. Ninguno de los dos se dio cuenta de que la causa del enfrentamiento había sido alcanzada.
- ¡Diffindo! –gritó Derek, y un corte apareció en la mejilla de Sirius-.
- ¡Engorgio! –respondió este secándose la sangre con la manga de la mano que no llevaba la varita-.
Derek tuvo que soltar la varita, pues su mano comenzó a crecer aparatosamente, hasta convertirse en una masa deforme del tamaño de una quaffle. Pero el Ravenclaw no se rindió, y cogió la varita con la mano izquierda.
- ¡Locomotor Mortis! –gritó-.
- ¡Impedimenta! –y el hechizo rebotó y le dio a otro muchacho, cuyas piernas se pegaron, dejándolo en el suelo e imposibilitado para caminar-.
- ¿Te rindes Black? –dijo Derek al ver que Sirius había bajado inconscientemente la varita, mientras intentaba recuperar el aliento-. Menudo Gryffindor más cobarde –se burló-.
- ¡Más quisieras! ¡Fregotego! –y la boca de Derek se llenó de burbujas de jabón, imposibilitándolo para hablar-.
Sirius rió, pues eso casi le hacía vencedor del duelo. Se distrajo buscando a Kate con la mirada, y por eso no vio el rayo amarillo que le dio en la pierna. No había considerado la posibilidad de que Rumsfelt era muy bueno con hechizos no verbales. Cuando quiso preguntarse qué hechizo le había mandado, vio que la parte de debajo de su túnica estaba en llamas.
- ¡Aguamenti! –y el fuego se extinguió, dejando una túnica de gala muy poco favorecida-. ¡Ahora verás!
Levantó su varita, pensando en el hechizo más cruel que conocía.
- ¡Black y Rumsfelt! ¡Paren ahora mismo! –gritó la profesora McGonagall llegando hasta ellos y poniéndose en medio para evitar que continuaran con el duelo-.
Los chicos bajaron las varitas al instante, y solo entonces se dieron cuenta de la que habían armado. La mesa más grande estaba en el suelo, y los cientos de platos que había en ella estaban rotos en miles de pedazos y desperdigados por el suelo, a riesgo de cortar a alguien. Una de las paredes tenía un boquete bastante ancho y las cortinas que estaban detrás de Sirius estaban en llamas. Además, algunos estudiantes estaban en el suelo, siendo atendidos por sus amigos que miraban con reproche a los dos estudiantes.
- ¡Cualquiera diría que esto es un zoo y no una escuela! –gritó la profesora McGonagall enfurecida-. ¡Ustedes dos serán severamente castigados! ¡¿Y dónde están los premios anuales que aseguraron hacerse cargo de que algo así no ocurriera?! –preguntó en voz alta-.
Hubo murmullos y los estudiantes miraron en todas direcciones, buscando a James Potter o a Lily Evans, pero ninguno de los dos parecía encontrarse en el salón.
- Esta ha sido su última oportunidad para comportarse como magos responsables –dijo la profesora-. Consideren este, el último baile de Halloween que se hace en Hogwarts.
Las protestas no se hicieron esperar, y todos intentaron hablar a la vez a la profesora McGonagall, mirando con odio a los dos chicos, que habían pasado de ser dos de los más populares, a ser los dos más odiados esa noche.
- Pero, ¿Dónde está el profesor Dumbledore? –preguntó un Gryffindor de cuarto con la esperanza de que el anciano director no fuera tan duro-.
- El profesor Dumbledore está ocupado con temas más serios, y me ha dejado a mi al mando. Además, su condición para realizar este baile es que no hubiera ningún alboroto, y no se ha cumplido. Ahora, todos a sus respectivas casas. Los heridos que vayan a la enfermería y ustedes dos –dijo dirigiéndose a Sirius que estaba arrodillado junto a Kate, y a Derek que estaba de pie a pocos pasos-. Síganme hasta mi despacho.
Después de que la profesora se hubo marchado con los castigados, los estudiantes fueron retirándose poco a poco y con muchos quejidos. Esa fue la razón por la que a partir de ese año, en Halloween solo hacían un banquete en lugar de un baile.
OO—OO
El profesor Dumbledore se había levantado y les había dado la espalda para deliberar. De eso hacía ya diez minutos, y Rachel miraba nerviosa a Remus. Él la cogía fuerte de la mano, negándose a soltarla ni aunque el mismo director le obligara.
Solo se les oía a ellos tres respirar, y al fénix mover las alas de vez en cuando. El anciano profesor estaba apoyado en un armario, mirando el interior con concentración, y el modo en que se encorvaba, le hacía parecer más viejo que nunca. Sin duda estaba preocupado por el provenir de esa muchacha. Finalmente, dejó caer sus hombros hacia delante y se volvió con el rostro sereno hacia ellos.
Rachel se tensó, y Remus no pudo evitar hacerlo también. Dumbledore les miró, primero a uno, y después a otro durante unos segundos. Después su mirada se posó sobre Remus.
- Señor Lupin, a partir de ahora su principal labor como prefecto será que la señorita Perkins esté a salvo y su paradero siga siendo desconocido para todos, o al menos para la mayoría. –se volvió hacia Rachel quien esbozaba una amplia sonrisa que brillaba en sus ojos-. Rachel querida, no debes bajar la guardia por mucho que sea Hogwarts. Este, para ti, es un lugar tan peligroso como la guarida en la que has pasado el último mes. Te aconsejo que seas muy sabia a la hora de elegir quién debe saber que estás aquí. Asegúrate de que son completamente leales. –camino hacia la puerta, aunque les siguió hablando-. Esperadme aquí. Iré a preparar una habitación para que te instales.
El director abandonó el despacho dejándoles solos. Se levantaron y se abrazaron, contentos ante la perspectiva de volver a estar juntos después de tantos meses.
- ¡Que alegría se llevarán los chicos cuando te vean! –exclamó Remus-.
- ¡Pero no les digas nada! Quiero darles una sorpresa.
- Tendrán muchas cosas que preguntarte –la previno-.
- Pero... No podré contestarles a la mayoría sino...
- Rach, ahora todos saben lo mío. –la dijo Remus acariciando su mejilla-. Así que eres libre de contarles lo tuyo si quieres.
- ¿Cómo saben lo tuyo? –preguntó extrañada y algo temerosa-.
- Nosotros también tenemos mucho que contarte –la dijo con una sonrisa para tranquilizarla-.
Rachel volvió su cara y miró los terrenos por la ventana. Volvía a casa, con sus amigos y su novio, y había mucho que decir...
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¿Me odiáis mucho?:S estoy escondida bajo la mesa jejeje he puesto cosas buenas en serio!!vale, sabíamos que lo de James y Lily no se podía resolver aún... además, alguien creía que Jane había gastado todos los cartuchos?:P y bueno, me espero un crucio de parte de una en concreto sino de más por decir que Regulus tuvo mucha culpa en la ruptura entre Sirius y Grace, pero ¡no es mi culpa lo que ese muchacho haga! Yo solo escribo la historia :p
Dadme vuestra opinión en concreto sobre las escenas de Sadie y Regulus por favor, no he acabado del todo conformes con ellas y si no os gustan, las editaré al volver de exámenes ;)
Nos vemos en febrero!deseadme suerte!;)
"TRAVESURA REALIZADA"
Eva.
