Hola a todos! Qué tal? Lo primero, perdón por el retraso!pero como ya sabéis estaba de exámenes, y después tenía que encontrar la inspiración xD como compensación, os traigo el capítulo más largo que he escrito (con diferencia!) y que escribiré, porque es una pasada jajaja lo he puesto así de largo para explicar muchas cosas y porque tras un mes de espera, creo que no merecéis menos!Voy a contestar a los reviews anónimos:

Andy: Hola pringadilla :p me alegro que las escenas de Sadie y Regulus, gustaran!al final se quedaron tal cual xD y ya se sabe lo de Grace y Sirius, a mi también me dio penuca jajaja a Mark le queda menos tiempo que un caramelo a la puerta del colegio xD y sí, Jane es una psicópata xD pero en parte me gusta esa locura suya xD ahora leo de q toca estudiar y no veas q alivio ver q ya terminó xD unas cosas mejor, otras peor, pero conforme pese a todo xD un besazo loca!:P

Aaaaaaaa: Hola xD me he estado riendo un rato pensando en tu nick xD si vuelves a dejarme review (porfi!:P) podrias poner otro nombre para localizarte??jejejeje te agradezco muchísimo la felicitación!me alegra haberte enganchado de tal manera, eso significa q algo he hecho bien :D El resultado del encuentro entre James y jane lo encontrarás en la primera escena, así que ya me dirás :P gracias por todo y espero tu review!un besazo ;)

Chloe: Holaaa!!otra nueva :D muchísimas gracias por el review!me alegro que te guste la historia :P el trio Grace&Sirius&Kate es una de las cosas que más me gusten del fic :D aunque no puedo dar pistas porque quiero que sea una sorpresa xD lo de James y Lily ya no queda tanto jejeje yo tb lo estoy deseando :p espero tu review en este capítulo!un besazo enorme!;)

Lili: Hola mi niña!!gracias por el review, como siempre!:D solo faltaba que tú te disculparas!gracias por no faltar nunca!me alegro que te guste Rachel, yo también la adoro :p son tal para cuál, y creo que dará mucho juego tenerles juntitos en Hogwarts :D sí bueno, no toda su familia está muerta, aunque hoy sabrás todo de ella. Ya verás cómo pide explicaciones a Gis jajajaja Poco a poco iré poniendo más de esa misión, que es fundamental para la historia, y un poquito de la Orden claro :D adoro a Gis xD esos comentarios solo pueden ser de ella xD Jajajaja si todas fuerais Lily ya se lo que habríais hecho!ahora está en qué hará ella, no?:P y yo no podría permitir que cometiera tal error!si no llega a parar ella, la habria parado yo a gritos!q para eso soy la narradora jajaja y el trio... ays!esos me encantan xD te veo dudosa :P Regulus fue malo, pero se portó asi porq él cree que Sirius cometió un gran error y no quería q arrastrara a Grace a eso... me encanta q veas mi punto de vista xD ambas pueden ser perfectas para él por distintas cosas :P me alegra que te gustara la pelea!fue uno de los momentos álgidos :p por supuesto, Kate ya no confiará tanto en Derek, y más cuando se entere de más cosas... el cómo se toma el chico eso ya es otra cosa... Cuando mencionas lo de Jane, me dio cuenta que no he aclarado algo de ella y lo voy a decir ahora, porque sino no comprendéis a Jane (y con razón por cierto xD) Regulus y Sadie...ay q dos!esos merecen algo aparte jajaja a mi me encantan pero ¿juntos? Buf!no sé xD sisi, Mary parece buena, y desde luego no es la típica Slytherin... pero eso no significa que no sea mala xD si te parece que escribí mucho en ese capitulo, verás en este xD jajaja y gracias por el megareview :P un besazo wapisima!Tqm!

Bueno, solo quiero aclarar algo antes de empezar. Es sobre Jane, y es que me he dado cuenta que no he dicho algo de ella y de su múltiple personalidad xD veréis... este el único personaje que está basado en una persona real, lógicamente más exagerado porque espero que nadie esté tan loco xD pero sí en general, su historia y todo le pasó a alguien que conocí, y q de hecho no me quedó claro si la aprecié o la odié jajaja en fin, cuando la historia de Jane acabe lo entenderéis ;)

Os dejo con la historia!!un aviso más, y es que he subido el ratting en este capitulo porque contiene LEMMON... Es algo que me apetecía hacer hace tiempo, pues me da muchísima vergüenza escribirlo, y creo que si consigo hacer uno bien, ya puedo escribir casi de todo xD

Ya sabéis, esto pertenece a otra rubia que habrá estado en Londres mucho antes que yo, y que habla inglés indefinidamente mejor que yo xD

"JURO SOLEMNEMENTE QUE MIS INTENCIONES NO SON BUENAS"

O-oOOo-O

Capítulo 17: El secreto de Rachel Perkins

El día despertó en silencio. Apenas estaba amaneciendo, cuando los primeros rayos de sol entraron en la lechucería. James apartó la cara, huyendo de la luz que le cegaba, pero ya estaba completamente despierto. Solo necesitó un segundo para darse cuenta que no estaba en su cama. Ni siquiera estaba tumbado, sino medio recostado, con las piernas extendidas en el duro suelo y su cabeza apoyado en algo de distinto tacto que su colchón. Tenía la sensación de que era el cuerpo de alguien, pero no le encontró sentido a eso.

Abrió los ojos lentamente, para volver a cerrarlos molesto con la luz. Hicieron falta cuatro intentonas más para conseguir enfocar la vista. No llevaba la gafas puestas, por lo que seguía viendo borroso, pero distinguió ante él una lechuza gris que le miraba a unos palmos de distancia.

- ¿Nela? –preguntó confuso de ver su lechuza en aquel momento. Su voz le salió ronca y muy grave. Sentía cómo algo se atascaba en su garganta, y se movió un poco siendo consciente del dolor que le vino a la espalda y el cuello, seguramente magullados por la incómoda posición-.

- ¿James? ¿Despertaste? –le preguntó una voz femenina-.

Eso le despertó como no lo había hecho nada. Desde luego si había una voz que esperaba al despertar, no era esa en absoluto. Se sentó y apartó en un instante, mirando a Jane sorprendido y, por qué negarlo, algo asustado.

- ¿Qué...? ¿Cómo...? –intentó hablar, pero la confusión, unida al dolor de cabeza que se le había sumado, no le dejaba enlazar las ideas-.

- Bueno, antes de que te enfades conmigo, quizá tengo que explicarte qué hacemos en la lechucería –comenzó la rubia mirándole sonrojada-.

James miró a su alrededor, y por fin entendió qué hacía Nela allí. Después miró a la chica que se pasaba una mano por el cabello nerviosa. Tenía una pinta horrible, como nunca la había visto. Su vestido rojo que la noche anterior había sido tan admirado por chicos y chicas por igual, ahora estaba arrogado y manchado de excrementos de pájaro. Tenía el pelo completamente desordenado, casi tanto que podía hacer competencia con el suyo. Tuvo el impulso de decir lo desarreglada que estaba, pero comprendió que él no debía estar mejor. Eso le llevó a procesar lo que ella le había dicho. Era cierto. ¿Qué narices hacía él allí? No recordaba haber llegado. De hecho, lo último que recordaba era estar hablando con esa misma chica en un balcón, y que ella le había dado su vaso...

- ¿Qué cojones me has hecho? –exclamó furioso. Quizá había tardado en reaccionar, pero ahora lo veía todo claro-.

- James, escucha...

- ¡Y una mierda lo de "James, escucha"! –exclamó él furioso sin dejarla hablar. Intentó levantarse, pero sus piernas se enredaron en su túnica de gala, y se sentía demasiado mareado. Intentó mantener toda la compostura posible mientras la miraba con odio, ahí sentado-. ¿Se puede saber qué me has hecho? ¿Me has drogado?

- ¡No! –exclamó la chica ofendida. Luego se sonrojó más y agachó la mirada-. Bueno...

- ¡Lo sabía! –exclamó él señalándola con un dedo-. ¡Me has hecho tomar algo! ¿Cómo te has atrevido?

- ¡Bueno, vale! –exclamó ella sin mirarle-. Te eché amortentia en la cerveza... –confesó-.

James bajó el dedo y se le abrió la boca de la sorpresa. Se había imaginado que le habría dado algo para la euforia o algo así. Pero, ¿Amortentia? ¡Esa tía era una psicópata!

- Está claro que era una mala idea... –dijo Jane en voz baja, más para sí misma que para él-.

- ¡Evidentemente que era una mala idea! ¡Estás loca! –la acusó. Esta vez sí pudo levantarse, y aunque se tambaleó consiguió agarrarse a una columna-. ¿Y hemos...?

- No –confesó la chica con una risa irónica cuyo significado James no entendió-. ¡No tienes que ser tan evidente! –le espetó al verle suspirar de alivio. Eso era un insulto contra ella. Una cosa es que no quisiera salir con ella, y otra que pareciera que tener una aventura con ella era algo horroroso-. ¡Bien poco te quejabas el año pasado!

- Eso es distinto –contestó James desviando el tema-.

- ¡Pues en realidad no! ¡El año pasado no tenías ningún problema de que pasara eso entre nosotros! Es más, ¿Cuántas veces me buscaste tú a mi? –no necesitó respuesta, ambos sabían que habían sido muchas-. Oh, pero claro. ¡Cuando "ella" decidió dejar de tirarte las mesas a la cabeza, enseguida me echaste a un lado!

- ¿Y qué tiene que ver eso con que me hayas echado amortentia para obligarme a venir aquí?

- ¡Pues mucho! Porque así sabes lo que se siente cuando te usan y después te tiran como un pañuelo sucio... –respondió bajando la voz a medida que decía la frase-.

James no pudo reclamar en ese momento. Había dado justo en el clavo y lo sabía. Cuando había comenzado a ser amigo de Lily, había echado a Jane a un lado, sin importarle lo que ella sintiera por él o si estaba dolida. Hasta ahora no había pensado de esa forma, pero era cierto que él tampoco se había portado de una manera ejemplar.

- Podrías habérmelo echado en cara en vez de hacerme esto –la dijo en tono mucho más tranquilo que antes-.

- Bueno, si te soy sincera, no lo hecho como venganza –le dijo ella, mirando cómo Nela intentaba atraer la atención de James-. Soy más tonta que todo eso. Solo quería oírte decirme cosas bonitas, y solo lo podía conseguir de esa manera... Solo de esta forma me dijiste todo lo que yo siempre quise. Y si no ha pasado nada anoche, tampoco es porque yo no quisiera –le reconoció mirándole con una sonrisa pícara-. La verdad es que no calculé que debiste beberte media provisión de cerveza de mantequilla tú solito, y te quedaste dormido justo después de llegar.

- Vaya... –dijo James sin saber qué más decir. Era bastante incómodo oír de nuevo la declaración de ella, y seguía sintiéndose aliviado de que no hubiera pasado nada-. Gracias por no haberte aprovechado de mi estando inconsciente...

Jane rió con un poco de amargura al oírle decir eso.

- La verdad es que me lo planteé –le dijo con un gesto cómico-. Pero tú mismo me quitaste las ganas. –él la miró confuso y ella volvió a apartar la mirada-. Nunca lo he comprobado antes, así que no sé si es que el sueño elimina los efectos de la poción, o tú caso es especial... Pero cuando llevabas unos minutos dormido, comenzaste a murmurar... su nombre.

James no pudo evitar una pequeña sonrisa al comprender el nombre de quién habría pronunciado, y eso le llevó a recordar su beso con Lily la noche anterior, lo que hizo aumentar su sonrisa soñadora.

- ¡No entiendo qué te pasa con ella! –exclamó Jane levantándose y yendo hacia él-. ¡Tú no la importas nada y aún así besas el suelo que ella pisa!

Le zarandeó de la túnica hasta que James salió de su ensoñación.

- ¿Qué? –preguntó perdido, pues no había oído su ataque de histeria-.

- ¡Que tú no eres mejor que yo! ¡Sabes que jamás tendrás nada con ella, que ella está enamorada de otro, y aún así te quedas esperándola, haber si un día se despierta y se te declara! ¡Yo estoy aquí! ¡Siempre lo he estado, y ella jamás sentirá por ti lo que siento yo! –estaba intentando contener las lágrimas pero la rabia la estaba ganando terreno. Le agarró fuerte de la túnica, arrugando toda la pechera, y lo atrajo hacia ella hasta que solo estuvieron a unos centímetros-. ¿Por qué no puedes intentar algo conmigo?

James la miró seriamente, bastante dolido porque le hubiese gritado la verdad a la cara. Cogió sus manos y soltó el amarre que ella tenía con su túnica. Se alejó unos pasos, para tener una distancia prudencial entre ambos.

- Tú lo has dicho Jane –la dijo fríamente. Seguramente era el tono más frío que había usado con ella-. Si estoy contigo, solo será para usarte, y es precisamente lo que me estás reprochando.

- Pero... –protestó ella-.

- Te dejé claro al final del curso pasado que yo no sentía lo mismo por ti. Siento que lo hayas pasado mal y haber sido tan insensible, pero no puedes decir que no fui sincero contigo. Siempre supiste que no quería nada serio contigo.

- ¡Y también me besaste a principios de curso en la Biblioteca! ¿Qué me dices de eso?

James se encogió de hombros.

- La carne es débil –contestó sin más-.

- Que morro tienes... –lo acusó con la voz rota-.

- Siento mucho si te he dado falsas esperanzas. Creí que podríamos haber sido amigos, pero dado que tú sientes lo que sientes, lo veo difícil.

- ¡Puedes meterte tu amistad por donde más gusto te de! –exclamó Jane completamente sonrojada y dejando salir por fin las lágrimas de rabia-.

- Dije que podríamos haberlo sido. Después de lo que me has hecho esta noche, ni mi amistad te ofrezco.

Cogió del suelo sus gafas y salió de allí. Jane golpeó una pared para descargar su rabia, pero solo consiguió hacerse daño en la mano. Siguió derramando lágrimas de rabia y vergüenza, hasta que sintió un gran dolor en el dedo índice. Al levantar la vista, vio que esa lechuza gris que había estado siguiéndolos durante la discusión, estaba mordiéndola con todas sus fuerzas.

- ¡Suelta bicho! –exclamó agitando la mano para quitársela de encima-.

La lechuza, orgullosa, se soltó, la miró altivamente y salió volando por la ventana en busca de su dueño.

OO—OO

Lily se movió perezosamente en la cama. La noche anterior había olvidado cerrar las cortinas y ahora el sol la había despertado. Y cuando ella despertaba, volver a concebir el sueño era algo imposible.

Se estiró más y su mano izquierda chocó contra algo que no solía estar ahí. Se giró asustada y vio a Mark dormido plácidamente sobre su almohada. El chico se había dormido en la misma postura en la que había estado hablando con ella hasta tarde, con la ropa bien puesta y alisada, y sus rubios cabellos cayendo por su cara. Le daba un aspecto de angelito, y Lily se preguntó si alguna vez luciría desarreglado.

- Mark –le llamó suavemente moviéndole con una mano en el hombro-.

Él movió su cara molesto, pero se acomodó mejor y resopló para seguir durmiendo.

Lily no pudo evitar reírse ante ese gesto de vagancia tan impropio del chico de Hufflepuff. Le volvió a tocar el hombro, insistiendo.

- Mark. Que te has quedado dormido...

Él pareció reaccionar mejor al oír esa frase, pero muy lentamente. Abrió los ojos un momento, la enfocó a ella y después los cerró con fuerza.

- Perfecto tío, esto ya te supera... –murmuró para sí-.

- ¿Qué dices? –preguntó Lily sin entenderle-.

- ¡Lily! –exclamó el chico despertando del todo y sentándose-. Perdóname, creí que estaba soñando.

Lily aún se sentía demasiado incómoda con lo ocurrido la noche anterior para bromear con respecto a los sueños de su aún novio, por lo que miró hacia la ventana fingiendo comprobar que tal día hacía.

- Lo siento. Se ve que me quedé dormido. –dijo Mark masajeándose el cuello nervioso mientras miraba toda la habitación-.

Con la emoción de la noche anterior no se había fijado en la habitación de su chica. Era muy parecida a cualquiera de las habitaciones del castillo, solo que más pequeña para ser individual. Tenía los decorados de Gryffindor por todas partes, un escritorio grande y muy bien ordenado, al lado del cual había un montón grande de libros. El armario estaba al otro lado, y eso sí que era una novedad. En el resto de las habitaciones debían conformarse cada uno con su baúl, pero por supuesto los premios anuales gozaban de ciertos privilegios.

- No te preocupes. No he visto ninguna regla que impida a nadie quedarse aquí –dijo Lily caminando hacia el armario y cogiendo la túnica del colegio para ponérsela después de ducharse-.

- Es lo que tiene que la torre sea nueva. Hay vacíos legales –bromeó el chico que solo consiguió ganarse una tímida sonrisa de su novia-. Oye Lily, si estás así por lo de anoche...

- Siento haberme portado como un cría –le interrumpió ella sonrojándose-. No es propio de mi comprometerme a algo y luego echarme atrás.

- Lily, es que de verdad no pasa nada –la tranquilizó caminando hacia ella y cogiéndola de las manos-. No tienes que sentirte incómoda. Es algo muy típico.

Lily le sonrió más ampliamente. Se sentía avergonzada y culpable por todo lo que ocurría dentro de ella, y el que él se portara tan bien no ayudaba nada. Mark era un novio perfecto y ella se había despertando pensando en el beso de otro. Apartó la vista de los ojos azules del chico, cada vez más culpable por no ser sincera con él.

- No deberías portarte tan bien conmigo, Mark. No me lo merezco –le dijo-.

- Eso ya lo decido yo –contradijo él con una risa. Lily dudó mucho que siguiera pensando lo mismo cuando supiera lo que en verdad la pasaba-. Será mejor que me vaya Lily. Ya he estado aquí más de lo que debía.

La dio un pequeño beso en los labios que Lily no supo contestar, pero él no pareció percatarse de ello. Más bien estaba pensando en las bromas que tendría que soportar de Roger por llegar a esas horas de la mañana, y en la mala cara que pondría Sam al saber dónde había pasado la noche.

- Luego nos vemos –le dijo Lily cuando cruzaba la puerta-.

Se metió al baño, dispuesta a darse una buena ducha y a vestirse. Necesitaba hablar con Grace urgentemente.

OO—OO

- ¡Arriba todo el mundo! -exclamó Remus enérgicamente, moviendo la varita y levantando las mantas de las camas de Peter, Sirius y Jeff-.

No era al que más le costaba levantarse, pero rara vez estaba tan despierto a esas horas como en ese momento. Peter no pareció notar la pérdida de sus mantas, sino que se dio la vuelta y continuó roncando. Jeff abrió los ojos lo justo para mirar con odio a Remus, y después dejó caer la cabeza contra la almohada. Estaba agotado después de pasarse media noche buscando a James sin resultado. Sirius no tuvo tanta opción, pues Remus estaba tirando de su brazo para que se levantara.

- Has llegado emocionado ¿eh Moony? –le dijo con la voz ronca por el sueño-.

- ¿Has llegado ahora? –preguntó Jeff extrañado-.

- ¿No jodas que has triunfado con tu cita? –preguntó Sirius entre enfadado y algo asustado, teniendo en cuenta quién era la cita-.

- ¡No te pases! –exclamó Jeff que, aunque no se llevaba muy bien con su hermana, no podía dejar pasar una insinuación como esa-.

Remus estaba de demasiado buen humor para molestarse por las tonterías de Sirius. Solo le preguntó:

- ¿Cómo sabes que he llegado ahora?

- Porque anoche volví como a las cuatro de la mañana del despacho de McGonagall y estaban estos dos roncando y tú no dabas señales de haber aparecido.

- Pues nosotros creímos que estabas con Kate –dijo Jeff apoyándose en un poste de su cama para evitar derrumbarse de nuevo sobre la almohada-.

- ¿Tú no habías ido con Green? –preguntó Remus perdido de ver todo lo que había pasado-. ¿Al final te arreglaste con Kate?

- Primero, fui con Green pero me abandonó para acosar a Prongs. Segundo, no he conseguido arreglarme con Kate. No del todo, al menos. –añadió con una sonrisa de suficiencia, recordando el beso que se había dando antes de que Rumsfelt fuera a importunar-. Pero luego tuve una pelea que Rumsfelt y McGonagall nos castigó a los dos.

- Vaya noche más movidita –exclamó Remus riendo-.

Sirius le miró extrañado de que no le echara la bronca. Remus estaba esa mañana de un excelente humor.

- Pues nuestra noche no fue más tranquila –señaló Jeff apuntando a Peter y luego a sí mismo con el dedo-.

- Eso significa que ha triunfado con Ashford –le explicó Sirius a Remus-. Aunque no sé que pinta Wormtail en todo eso...

- ¡Deja de decir tonterías! –exclamó Jeff sonrojándose-. Yo con Nicole no tengo nada. Hemos estado toda la noche buscando a James.

- ¿Por qué? –preguntaron Sirius y Remus a la vez-.

- Esa chica demostró ser más peligrosa de lo que creíamos... –murmuró Jeff mirando hacia otro lado, intentando retrasar el momento. Quizá sería mejor esperar a que Peter despertara...-.

- ¿Ha pasado algo? –preguntó Remus algo confuso-.

Jeff ya se había levantado, había cogido un pequeño neceser de su baúl y pasó por su lado mientras la contestaba.

- Mejor le preguntáis a Peter cuando despierte. Yo no conozco los antecedentes...

Cerró la puerta del baño justo a tiempo de darle a Sirius con ella en la cara. El chico había captado su intención de huir, pero no pudo evitar que se escabullese. Por plan B, Sirius se tiró en la cama de Peter en plancha.

- ¡¿Qué pasa?! –exclamó Peter despertando de repente por el golpe-.

- Wormtail amigo, ¿Hay algo que tienes que contarnos? –preguntó Sirius con voz melosa-.

Peter tragó saliva. Cuando Sirius ponía esa voz, una de dos, o acababa de ligar o planeaba algo. Y dado que su expresión no era la de auténtica felicidad, su instinto se inclinó por lo segundo.

- Pad, déjale espacio –intervino Remus cuando Peter comenzó a balbucear. Cuando su amigo le hizo caso a regañadientes, se volvió hacia su pequeño amigo-. ¿Qué ha pasado con Green y Prongs?

- ¡Le hemos buscado por todas partes en serio! ¡Pero no está! ¡Por ningún lado! ¡Es como si se le hubiera tragado la tierra! ¿Y quién lo hubiera pensado? ¡Es que apareció y desapareció tan rápido que no me dio tiempo a reaccionar! ¡Siempre supe que esa rubia estaba loca! –comenzó a excusarse Peter rápidamente-.

- ¿Has entendido algo? –le preguntó Remus a Sirius-.

Este negó con la cabeza y ambos se encogieron de hombros.

- Mejor se lo preguntamos a Prongs directamente –propuso Sirius-.

- ¡Ya os he dicho que no está! –protestó Peter-.

- ¿Y dónde está? –preguntó Remus-.

- ¡Pues con Green! ¡Si ya lo he dicho!

Sirius miró la hora y se rió.

- Hombre, sea lo que sea lo que estuvieran haciendo anoche, digo yo que ya habrán terminado.

Remus se rió de acuerdo con su amigo y Peter les miró con la boca abierta. Se había imaginado un asesinato a sangre fría de su persona, por haber permitido a James hacer esa gilipollez en tal estado de inconsciencia. Sin embargo, tanto Sirius como Remus parecían encontrar muy gracioso todo eso.

- Entonces, ¿no me vais a decir nada por no haberle retenido? –preguntó algo confuso pero profundamente aliviado-.

- No veo nada malo en que eche una canita al aire –repuso Sirius encogiéndose de hombros-. El tema de la pelirroja lo tenía bastante quemado, y me parece genial que me haya echo caso.

Peter se levantó y cogió su neceser a la espera de que Jeff saliera del baño, ahora que no había peligro de derramamiento de sangre.

- Vaya –dijo en voz baja-. Espero que Prongs se lo tome igual de bien cuando se le pase el efecto de la amortentia...

- ¡¿QUÉ?!

El pobre Peter, cuando quiso darse cuenta, tenía a sus dos amigos encima de él, uno interrogándole y otro intentando sacarle la confesión a golpes. El interior de su neceser ahora estaba esparcido por la cama.

- ¿Qué coño estás contando? –exclamó Sirius ahora sí que furioso-. ¿Tú sabías que le había dado eso y le has dejado ir con ella?

Peter oyó la puerta del baño cerrarse, y comprendió que Jeff había considerado que aún no era momento de salir. Su mirada pasó de Sirius a Remus y le suplicó a este con la mirada.

- Sirius déjale –ordenó Remus con voz autoritaria-.

Sirius soltó a Peter bufando, realmente molesto porque Remus no le permitiera sacar información con su técnica favorita.

- Vuelve a contarnos todo, y esta vez no escondas ningún detalle –pidió Remus mirando de reojo a Sirius y aguantándose la risa-.

Peter les contó todo lo ocurrido desde que se había encontrado a James, que este estaba raro y había salido corriendo antes de que él pudiera decirle nada, que Mary llegó a la conclusión de la amortentia y cómo todos se pusieron a buscarle hasta que si dieron por vencidos, y cada uno se fue a la cama.

Al acabar, Sirius tenía en entrecejo fruncido pero ya no parecía tener intenciones de machacarle, y Remus simplemente parecía muy divertido. Peter miró con desconfianza a este último. De muy buen humor tenía que estar como para divertirle que alguien rompa las reglas en perjuicio de uno de sus amigos.

- Espero que le haya cundido –dijo Remus por toda respuesta después de soltar una risa y encogerse de hombros-.

- Moony, creo que no llegas a entender lo grave que puede llegar a ser esto –dijo Sirius mirando mal a su amigo-. Esa tía está loca y bajo el efecto de esa poción, James no es capaz de razonar.

Peter estaba flipando. ¿Esos dos se habían intercambiado la personalidad al levantarse? Le daba la sensación de que en cualquier momento Sirius se pondría la placa de prefecto y les echaría la bronca por tener el cuarto tan desordenado, y que Remus se cruzaría de brazos aludiendo que alguien tan perfecto como él no tenía por qué perder el tiempo limpiando.

- No te sulfures, Pad. Estará loca pero no es tonta. Sabe que bastantes normas ha quebrantado dándole esa poción, así que no se arriesgaría a que la expulsaran empeorándolo más. Seguramente tenía la noche cariñosa y como James anda babeando tras Lily, pensó que la única forma de conseguirlo era dándole la amortentia.

- ¿Qué te asegura que no ha hecho nada malo? –preguntó Sirius aún receloso-.

- El sentido común. No os preocupéis, seguro que ahora nos encontramos con James en el desayuno y está mucho más relajado después de...

- ¡El siguiente en el baño! –exclamó Jeff saliendo del aseo contento de haberse perdido lo peor de la discusión-.

Peter no lo dudó, y entró atropelladamente. Al fin y al cabo, las necesidades de la mañana eran necesidades. Remus se acercó a la ventana, y observó como del cielo grisáceo comenzaban a caer finas gotas de agua.

- Un gran día –dijo inspirando el aire de la mañana-.

- ¿Se puede saber qué te tiene de tan buen humor hoy? –preguntó Sirius que había aparecido junto a él pasándole un brazo por el hombro-.

Remus le sonrió ampliamente y le dio una palmada amistosa en el pecho.

- Luego lo sabréis –le contestó en voz baja, procurando que Jeff no le oyera-.

OO—OO

Un gritó se oyó de lejos en el cuarto de las chicas. Grace bufó y se tapó la cabeza con la almohada molesta, mientras que Sadie maldecía por lo bajo.

- Esos parecían Sirius y Remus... –dijo Gis con voz pastelosa-.

- Los muy capullos seguro que han preparado algo para despertarnos. Recordadme que les mate cuando pueda abrir los ojos –pareció decir Grace bajo la almohada-.

Se oyeron más gritos, y en esa ocasión no tuvieron duda de que era Sirius. Sadie tanteó a oscuras su mesita, sin siquiera levantar la cabeza de la almohada, y encontró su varita. Con un movimiento vago señaló la puerta y murmuró:

- Silencio.

La habitación quedó insonorizada de los ruidos del resto del castillo, de tal forma que este podría derrumbarse y ellas continuarían durmiendo como si nada.

- Me han despejado –refunfuñó Gis molesta. Aún tenía sueño, pues se había despedido de Anthony muy tarde, pero ahora no podía cerrar los ojos-. ¿Qué hora es?

Grace hizo unos ruidos ininteligibles antes de posicionarse boca arriba. Se apartó el pelo de la cara resoplando y cogió su varita.

- Tempus –murmuró. Unas finas hebras salieron de su varita, y formaron diferentes números dándola la hora exacta-. ¡Es aún pronto! –lloriqueó volviendo a hundirse en su cama-.

- ¿Dónde está Kate? –preguntó Gis de repente-.

Grace se sentó de golpe en la cama y, como su amiga, miró hacia la cama vacía de Kate. La única que no se inmutó fue Sadie que dio media vuelta y murmuró:

- Esté donde esté, seguro que la están dejando dormir...

Grace y Gis ignoraron el comentario de la morena y se miraron preocupadas. Al instante siguiente, Grace saltó de la cama y se dirigió a la puerta furiosa.

- ¡Me voy a cargar a ese capullo! –exclamó furiosa-.

Lo primero que se la había venido a la cabeza fue a Kate, el idiota de su ex novio que la había acompañado al baile, y alguna situación desagradable en la que el Ravenclaw la habría comprometido.

- Grace, cálmate y espera antes de hacer nada –la aconsejó Gis. Grace la miró extrañada de verla tan calmada, normalmente las cerebrales eran Kate y Lily y Gis y ella la más pasionales-. Mejor vamos las dos juntas, que así le matamos más fácilmente –añadió Gis cogiendo una bata y su varita, siguiéndola. Grace casi dejó escapar una risa, pues eso sí que era más propio de Gis-.

Salieron corriendo de la habitación, sin ningún plan, aunque en la mente de Grace ya se veía frente a la sala común de Ravenclaw gritándole improperios al maldito pomo para que las dejaran pasar, y así atacar a Derek desprevenido, o en su defecto, secuestrar a un amigo suyo y pedir a Kate de vuelta. Y es a que a exagerada, poca gente la ganaba.

- ¿Dónde vais? –preguntó Remus cuando salieron a las escaleras dispuestas a salir de la torre-.

Estaban tan concentradas en la venganza, que las dos se sobresaltaron al oir al chico detrás de ellas, unos escalones por encima. Una risa se oyó tras él, y Sirius, que solo vestía los calzoncillos con los que había dormido, apareció a su lado.

- Bonito pijama Grace –dijo riendo y pronunciando el nombre de la chica con rintintín-. Gis, al menos tú has tenido la decencia de cubrirte un poco. De lo contrario, tú sí que nos habrías vuelto locos –le dijo a la latina guiñándola un ojo y provocándola la risa-.

- Tú pijama también está bien, Sirius –respondió Grace dándole el mismo toque al nombre del chico-. Solo que la camisa está algo arrugada. ¡Ay no! ¡Que es tu brazo! Deberías hacer más ejercicio... –le dijo poniendo su mejor sonrisa de niña buena-.

- Vale, haya paz –intervino Remus, que se veía la tormenta si alguien se metía con el físico de Sirius-. ¿A dónde vais así vestidas?

- A buscar a Kate –le respondió Gis dejando a Grace y Sirius matándose con la mirada-. No ha aparecido en toda la noche, y pensamos que...

- Está en la enfermería –aclaró Sirius quitando la vista de Grace y fijándola en Gis-.

- ¿Y tú sabes eso por qué...?

- Bueno –repuso Sirius llevándose una mano al cuello algo incómodo-. Surgió una especie de accidente y lo de ella fue un daño colateral...

- ¿Tiene que ver con tu pelea con Rumsfelt? –preguntó Remus-.

Sirius asintió y Remus bajó las escaleras apresurado, algo más serio de lo que lo había estado en lo que llevaban de mañana.

- Voy a ver qué tal está. Vosotras –dijo señalando a Gis y Grace-. Vestios antes de bajar.

Gis se metió corriendo en la habitación, dispuesta a vestirse e ir a ver qué le había pasado a su amiga. Sin embargo, Grace se quedó mirando a Sirius algo ceñuda.

- ¿Por qué os habéis peleado? –le preguntó-.

- Ya sabes –contestó él con una amplia sonrisa-. Las típicas discusiones entre machos alfa.

Hinchó pecho y Grace bufó para después reirse. Cuando le volvió a mirar, vio que él había descendido un par de escalones y la miraba de arriba abajo. Instintivamente, intentó taparse el cuerpo con los brazos, pese a que el pijama no era muy impúdico. Era el típico conjunto de verano con la camiseta de tirantes y los pantalones cortos por medio muslo, pero miradas como esa la hacían parecer a cualquiera que está desnuda.

Sirius se carcajeó de su actitud, y se inclinó para susurrarla al oído:

- No sé de qué te avergüenzas. He visto mucho más de ti de lo que enseña ese pijama. Aunque supongo que lo que le hace tan sexy, son las ganas que deja de ver más...

La dio una palmada en el trasero y se marchó de nuevo a su habitación, satisfecho por haberla dejado sonrojada y sin habla en mitad de las escaleras.

OO—OO

James entró en la Torre de los Premios Anuales sin prestar mucha atención a lo que ocurría a su alrededor. De hecho, ni siquiera recordaba haberles dicho la contraseña a los jugadores de pocker, pues su mente seguía rondando todo lo que Jane le había gritado. Estaba ofuscado y hablaba en voz baja consigo mismo, intentando borrar todo lo que la chica había dicho sobre su relación con Lily.

De pronto se paró en seco al ver a Mark Bennet bajando por las escaleras que daban al dormitorio de Lily. El chico parecía algo acalorado, y también se detuvo cuando le vio a él.

Ambos chicos se quedaron mirándose en un incómodo silencio. James le miraba con seriedad y Mark parecía dispuesto a evitar su mirada.

- Muy pronto para visitas, ¿no Bennet? –le dijo con mucha ironía-.

- La verdad es que ya me iba. –contestó Mark colocándose inconscientemente el cuello de la túnica-. Yo me he... me he quedado dormido.

- Ya veo... –contestó James secamente-.

Las ganas de aplastar la cara del rubio contra la pared iban aumentando en su interior, pero se contuvo apretando los puños con fuerza.

- ¡Mark! –le llamó Lily desde el dormitorio. La chica bajó hacia la Sala Común sin percatarse que James estaba allí también. Solo llevaba puesto un albornoz de baño, y al ver al moreno se apresuró a cerrarse las solapas del pecho avergonzada-. Esto... te dejaste el reloj en el baño... –le dijo a su novio tendiéndole un reloj de pulsera. Se concentró en mirar un punto en concreto de los jardines a través de la ventana, mientras sus mejillas le ardían furiosamente-.

Al notar la tensión del ambiente, Mark pensó que quizá algo se aliviaría si él se iba, por lo que se despidió atropelladamente y salió de la Sala Común dejando a la pareja sola. Lily seguía mirando los jardines como si fuera lo más interesante que hubiera en todo el castillo, y James seguía apretando los puños mientras sus ojos vagaban de Lily al lugar donde había estado Mark.

- Anoche me acompañó y nos quedamos dormidos –dijo Lily en voz baja. Después de todo el lío de sentimientos que tenía, lo único que la faltaba es que James malinterpretara las cosas-.

- Sí, claro. Supongo que estaríais muy cansados –ironizó James fulminándola con la mirada-.

- No es lo que...

- Creo que voy a darme una ducha antes de bajar a desayunar –la cortó él dirigiéndose a su cuarto-.

Lily le miró un instante extrañada, hasta que se fijó en algo más que llamó su atención.

- ¿Llevas la ropa de anoche? –le preguntó. Él se volteó a mirarla a ella, y después se miró a sí mismo encogiéndose de hombros por toda respuesta-. Entonces, ¿llegas ahora?

James estuvo a punto de no responderla, pero se detuvo antes de llegar a las escaleras de su cuarto y se giró a mirarla con una sonrisa que no acompañaba a su mirada.

- He pasado la noche con Jane. Yo también estoy muy cansado.

Algo se removió en el estómago de Lily ante tal información. Era como si algo la estuviera arañando por dentro. Sintió el picor en los ojos típico de quien tiene ganas de llorar, pero inspiró hondo, y se marchó a terminar de ducharse sin derramar una sola lágrima.

OO—OO

- Tock, tock. ¿Se puede? –preguntó Remus asomando la cabeza por la puerta-.

Tras obtener el permiso se adentró en la sala y la chica le recibió con un profundo beso en la boca. Si bien su primera intención había sido ir a la enfermería, luego supuso que si Kate estuviera mal, Sirius no se lo habría tomado tan a la ligera. Además, Gis ya estaría al bajar, por lo que su presencia no se hacía necesaria. Sin embargo, saber que Rachel estaba en algún lugar del castillo y no estar con ella era algo que sí le parecía muy grave.

Apenas hacia una hora que se habían despedido. Lo justo para que él fuera a su habitación a ducharse, ponerse la túnica del colegio y despertar a los dormilones de sus amigos. En realidad, los había despertado antes de la hora, pero si esperaba a cumplir el horario de siempre, no llegaría a tiempo de visitar a Rachel antes de las clases. Así tenían tiempo de sobra.

- ¿Has dormido algo? –la preguntó fijándose en las ojeras que adornaban la cara de la chica-.

Rachel negó con la cabeza riéndose.

- Tampoco hace tanto que te has ido –le dijo-. Ya tendré tiempo de dormir mientras estés en clases.

Al final habían estado esperando hasta la madrugada a que Dumbledore encontrara un lugar en el que nadie pudiera entrar por accidente y lo hubiera acomodado para ella.

- ¿Cuándo podré verlos? –preguntó Rachel pensando en sus amigos-.

Remus sonrió.

- Después de comer les traeré, y me encargaré de que estén aquí hasta que te hartes. Hoy no sirven de excusa ni entrenamientos de quidditch, ni club, ni nada.

- Hasta tengo envidia de que podáis ir a clase –le confesó Rachel riéndose-. No se valoran lo suficiente hasta que tienes que vivir de otra manera. Os he echado terriblemente de menos...

- Lo importante es que estás aquí, Rach –suspiró Remus rodeándola con un brazo y acercándola a su pecho-. Este castillo pierde la mitad de su magia si tú no estás en él...

Como compensación a una frase tan romántica, Rachel le dedicó a su novio un beso de lo más fogoso. Cuando se separaron, Remus tenía la mirada algo desenfocada, y, aunque sonrojada, Rachel sonrió satisfecha de haberle puesto tan nervioso. Al fin y al cabo, le había echado de menos en todos los sentidos, también físicamente...

- Creo que lo mejor será que baje a la enfermería si queremos que tu presencia aquí sea una sorpresa –la dijo guiñándola un ojo en plan confidente-.

- ¿A la enfermería? ¿Estás bien? –preguntó la chica escudriñándole con la mirada-.

- Yo sí, pero al parecer Kate acabó allí anoche. Tal y como lo ha dicho Sirius, parece que no es cosa de mucho. Pero yo dije que me dirigía allí cuando he venido.

- ¿Cómo ha acabado en la enfermería? –le volvió a preguntar preocupada por su amiga-.

Remus agitó sus manos para quitarle importancia al asunto.

- Al parecer ha sufrido el daño colateral en una pelea entre Sirius y Rumsfelt.... Luego me enteraré de los detalles.

- ¿Rumsfelt? –preguntó Rachel buscando ese nombre en su memoria-. ¿No es ese de Ravenclaw? ¿El que salía con Grace?

Remus se echó a reír, dejando a su novia bastante confundida.

- Me parece que no eres la única que debe contar cosas. En estos meses te has perdido mucho.

- Tengo toda la mañana para preparar el interrogatorio –amenazó Rachel con mirada calculadora, para después estallar en carcajadas-.

OO—OO

Ya era la hora habitual del desayuno en Hogwarts y, aunque los chicos se habían despertado con tiempo de sobra, había sucedido lo típico que confirma el dicho. Por muy pronto que te levantes, siempre te las arreglas para ir corriendo a todas partes.

Gis llegó acompañando a Kate, quien al fin y al cabo tenía un motivo para estar retrasada. La chica estaba perfectamente, pues solo había pasado la noche en la enfermería para la tranquilidad de Madame Pomfrey, quien parecía temer que a mitad de la noche la salieran cuernos. Kate tomó los cuidados de la enfermera con su paciencia habitual, y dio gracias a Merlín por el rescate de Gis.

Cuando llegaron al lugar donde habitualmente desayunaban con sus amigos, se encontraron a James, Lily (quienes, a pesar de sentarse uno frente a otro, se esquivaban la mirada), Jeff, Sadie y Peter. Sadie la preguntó a Kate qué tal estaba, y eso atrajo la atención de los demás, a quienes tuvo que contar todo lo ocurrido la noche anterior.

En ese momento apareció Sirius quien venía refunfuñando y con peor humor del que había salido de la habitación.

- ¿Qué te pasa, Pad? –preguntó Peter-.

- ¡McGonagall está loca! ¡Acaba de decirme que ya han decidido que el castigo será de todas las tardes limpiando todos los baños! ¡Esta vez se ha pasado!

- Pues me alegro –dijo Grace que llegaba justo detrás de él, y se sentaba al lado de Kate-. ¿Qué tal estás?

- Perfectamente –la contestó Kate con una sonrisa-.

- ¡Qué graciosa eres! –refunfuñó Sirius mientras se sentaba al lado de James y miraba molesto a Grace por su comentario-.

La chica rodó los ojos y miró a James con una sonrisa maliciosa para informarle:

- Eso significa que cierto capitán de cierto equipo no tendrá mucho tiempo para entrenamientos para cierto partido de la semana que viene...

James levantó su vista de las tostadas y miró a Grace contagiándose de su sonrisa. Eso le quitó de la mente su enfado con Lily.

- ¡No lo había pensado! –admitió. Después se volvió hacia su mejor amigo y le dio un sonoro beso en la mejilla-. ¡Gracias por sacrificarte por tu casa Padfoot! Cuando ganemos la copa te nombraré en el discurso.

Los chicos rieron por la ocurrencia de James, incluido Sirius que le dio unas palmadas en la espalda alegando que estaba a la disposición del equipo. Iba a dirigirse a Kate para disculparse, cuando Remus le cortó apareciendo corriendo.

- ¡Kate! ¿Qué tal estás? He ido a la enfermería pero me dijeron que ya habías salido.

- Gracias por preocuparte Remus, pero estoy perfectamente. La señora Pomfrey no quería que me mareara, solo eso –le contestó Kate con una sonrisa-.

- ¿Dónde te has metido? –preguntó Gis cuando Remus se sentó a su lado-. Has salido mucho antes que yo.

- ¡Oh! En ningún sitio. Me he despistado, solo eso –contestó Remus con una gran sonrisa-.

En ese momento James dio un sonoro bostezo y se llevó la mano al cuello algo adolorido.

- ¡Atiza! ¡Me había olvidado de ti! –exclamó Sirius cayendo en el detalle-. ¿Qué tal la noche? Veo que saliste entero –repuso bromeando-.

James le fulminó con la mirada. Jeff y Peter ya le habían contado todo lo ocurrido, y aunque no se lo tomó a la tremenda, seguía sin verle la gracia al asunto.

- Sentimos mucho no haber llegado, James –dijo Grace-.

- Te estuvimos buscando, en serio –añadió Gis-.

- No os preocupéis. Tampoco ha sido tan grave –las dijo James con una sonrisa, para después fulminar a sus amigos con la mirada, pues habían estallado en carcajadas-.

Lily miraba a unos y otros extrañada. No sabía de qué iba el tema, y cuando cruzó una mirada con Kate esta pareció igual de confusa.

- Os dije que no iba a haber problema en que se fuera con ella –dijo Remus riendo-.

En ese momento, Lily sacó su propia conclusión y se sintió bastante molesta.

- En realidad el problema es faltar a las reglas de Premio Anual –dijo con voz envenenada haciendo callar a los demás-.

- Bueno, otras también modifican las reglas a su antojo –la contestó James dirigiéndola una mirada dura-.

Los demás se quedaron algo impresionados por esa discusión que parecía venir de atrás. Hubo un silencio de unos segundos hasta que Sirius lo cortó.

- Chicos, McGonagall viene hacia aquí. Y antes de que llegue mejor os aclaro que anda algo molesta con vosotros dos.

Eso hizo que James y Lily desfruncieran el ceño y miraran hacia la mesa de los profesores, de donde, efectivamente, se había levantado la jefa de su casa y caminaba resueltamente hacia ellos. Nadie se atrevió a decir nada hasta que la mujer llegó.

- Señor Potter y señorita Evans, quisiera hablar con ustedes unos instantes.

Sin darles tiempo a réplica, comenzó a caminar hacia la salida del Gran Comedor. Lily y James se dirigieron una mirada interrogativa y otra a sus amigos, pero solo Sirius parecía comprender el motivo de todo, y no había tiempo para explicaciones.

Se levantaron y se apresuraron a salir del comedor. La profesora les esperaba cerca de la puerta y se cruzó de brazos bastante enojada.

- Es mi deber llamarles la atención sobre su conducta como Premios Anuales. Ese puesto significa dar ejemplo a los demás compañeros, y anoche ustedes me fallaron.

Los chicos compartieron una mirada alarmada. James temió que le hubiera pillado en su noche en la lechucería, lo que seguramente estaría prohibido en el reglamento. Probablemente sí. Por su parte, Lily no estaba segura de si el hecho de que Mark se hubiera quedado a dormir con ella estaba prohibido, pero conociendo a la profesora seguramente lo consideraría muy poco ético. Solo esperaba no crearle problemas también a Mark.

- Cómo ya habrán supuesto, me refiero al hecho de que prometieron asegurarse que no habría problema alguno en el baile, y no lo cumplieron. –si la profesora se hubiera fijado, habría detectado dos suspiros de alivio simultáneos-. Teniendo a uno de sus amigos implicado, me figuro que ya sabrán los pormenores del enfrentamiento entre el señor Black y el señor Rusmfelt. Al no estar ustedes implicados, no puedo castigarles ni sancionarles. Sin embargo, quería dejarles claro mi decepción.

- Lo sentimos profesora –dijeron los dos a coro. James llevaba años disculpándose por travesuras que luego repetía, y Lily ya tenía la táctica cogida de haberla visto utilizarla tantas veces a los merodeadores-.

- Espero que no vuelvan a decepcionarme de esta manera. Y, como ya sabrán, este ha sido el último baile en Hogwarts. Antes de que digan nada –levantó una mano cuando vio que Lily iba a protestar-, recuerden que fueron ustedes quienes negociaron esas condiciones con el director.

Ambos asintieron con la cabeza, viendo la batalla perdida, y la profesora los mandó a clase junto al resto de los alumnos que ya salían del comedor.

OO—OO

- Pero, ¿a qué hora tienes el castigo, Pad? –preguntó Remus. Quería que estuvieran todos cuando les diera la sorpresa-.

- A las seis en el despacho de McGonagall –resopló Sirius pateando el suelo-.

- Bueno, antes hay tiempo –se dijo Remus a sí mismo-.

- ¿Qué dices, Moony? –preguntó Peter-.

- Nada, nada. Luego os cuento –añadió al ver cerca de ellos a Jeff y Sadie-.

Peter miró a Sirius que se encogió de hombros. Remus estaba raro, y de momento no quería contar el motivo. Si algo sabía el guapo merodeador, es que su amigo solo hablaba de algo cuando quería hacerlo. Miró hacia atrás, donde Gis, Grace y Kate salían del comedor hablando entre ellas. Se acercó al grupo y les pasó un brazo por el hombro a Gis y Kate.

- Las bellas Gryffindor abandonan la sala –bromeó guiñándolas un ojo-. ¿Qué puedo hacer por vosotras?

- ¿Desaparecer? –ironizó Grace-.

- ¿Vosotros no os llevabais bien ya? –preguntó Kate quien parecía estar a punto de sacar su vena de madre-.

- ¿Y quién ha dicho que nos llevemos mal? –preguntó Grace a lo que Sirius la dio la razón-.

Kate contuvo una carcajada, mientras Gis rodaba los ojos.

- ¡Déjales! –la dijo la latina-. Esta es su única manera de entenderse.

La cogió del brazo para ir juntas de clase, pero Sirius se volvió a poner entre ellas y se inclinó para susurrarla a Gis al oído:

- ¿Me dejas un par de minutos?

Aquella petición unida a la cara de corderito degollado hizo que Gis se riera y le diera por imposible. Cogió a Grace del brazo y la jaló hacia delante, dándoles cierta intimidad.

- Ayer dejamos un tema pendiente –dijo Sirius poniendo su mejor sonrisa sexy-.

Kate le sonrió de vuelta, intentando disimular la flojera de piernas que esa sonrisa la provocaba.

- Pues no me acuerdo –dijo para picarle-. Aunque con el hechizo que recibí, bueno, se me van las cosas...

Sirius no se esperaba esa respuesta, y se le vio en la cara, lo que provocó la risa de Kate. La chica aprovechó para salir corriendo hacia la clase de Encantamientos. Al fin y al cabo, después de lo ocurrido la noche anterior, bien podía sufrir un poco.

Sirius la alcanzó en el pasillo del aula, la cogió del brazo y la colocó entre él y la pared, acercándose peligrosamente para ponerla nerviosa. Él también sabía jugar.

- Quizá tenga que refrescarte la memoria –la dijo acercándose cada vez más-.

Kate cerró los ojos, levantó el mentón y abrió los labios dispuesta a que le recordara todo lo que quisiera.

- ¡Señor Black y señorita Hagman, entren en clase que todo el mundo ya está en sus asientos! –interrumpió la voz del profesor Flitwick-.

Semejante interrupción les quitó a ambos las ganas de recordar en un periquete. Entraron y cada uno tomó asiento en su lugar, Sirius junto a James y Kate junto a Gisele.

- Deberíamos habernos cambiado de sitio hace tiempo –le susurró Grace a Lily mirando de reojo a su ex que estaba sentado tras ellas, y la dedicaba gestos ofensivos-.

- Ignórale. No tiene cerebro para más –murmuró Lily lo suficientemente alto para que el chico la oyera-.

Derek se rió y le tiró a Lily una bola de pergamino. Esta suspiró, adivinando que lo único que el chico pretendía era que alguna de ellas perdiera los nervios y fuera castigada.

- Grace, ¿Qué te parece si luego probamos ese hechizo que provoca impotencia? Creo que tenemos un voluntario.

- ¿Eso es una amenaza? –preguntó el chico inclinándose hacia delante-.

- Derek, déjalas anda... –suspiró Dave poniéndole la mano en el hombro y tirando de él para que se sentara correctamente-.

- ¿Pasa algo aquí? –preguntó el pequeño profesor acercándose. Nadie dijo nada, y este se alejó hasta encaramarse a la pila de libros que le permitían subir a su asiento-. Bien, abran el libro por la página 435. El Juramento Inquebrantable.

La hora de Encantamientos pasó bastante lenta entre teoría y apuntes. Por una vez, Lily no disfrutó de su clase preferida, pues la habría gustado ver de nuevo esa forma tan rara en que se había convertido su patronus, y la clase de Encantamientos era la excusa perfecta. Sin embargo, el profesor Flitwick pareció muy interesado en que supieran cómo era dicho juramento que, sin ánimo de ofender, a Lily la parecía de locos realizar.

OO—OO

James y Sirius pasaron la clase más aburridos que la mayoría, pues ya se sabían de memoria cómo funcionaba el Juramento Inquebrantable. Cuando estaban en cuarto año, leyeron algo de él en un libro y les pareció divertido hacer jurar a Snape que se lavaría el pelo dos veces al día el resto de su vida, solo por comprobar qué ocurría si el susodicho desobedecía. Sin embargo, el profesor Slughorn les atrapó cuando ya tenían a su amiguito doblegado y el castigo... bueno, mejor no recordarlo.

El caso es que ambos se aburrieron muchísimo, si además incluías el hecho de que cada vez que se mandaban notas, las aburridas Ranvenclaw que tenían delante se daban la vuelta para quemarlas. Unas aguafiestas, vamos.

Por eso celebraron el final de la clase, y la sorpresa fue cuando Remus se unió a la celebración. Cuando le preguntaron el motivo, solo respondió:

- ¿Es que no puedo querer que se acaben las clases pronto?

Cada vez estaban más mosqueados por la actitud de Remus, aunque lo que les molestaba era no poder saber el motivo. Remus, quien precisamente era el que reprimía todas las emociones. Este solo les sonreía misteriosamente y cambiaba de tema.

- ¡James! –le llamó Gis cuando se dirigían al aula de pociones-. ¿Puedo hablar contigo un momento?

Mientras los demás les adelantaban, James se acomodó la mochila sobre el hombro derecho y la instó a hablar con la mirada.

- Quería preguntarte algo que no sé si sabrás –explicó la chica algo incómoda-. Es un tema de la Orden.

James se envaró cuando escuchó lo último, pero se mordió la lengua para que ella continuara hablando.

- Verás: ayer Tony me contó... –se detuvo para mirar en derredor y se acercó más a James para hablar en voz baja-. Me contó que creía que mi padre estaba metido en alguna misión que es secreta para el resto de la Orden. Y que creía que en esa misión también estaba tu tío. Por eso he pensado que quizás tú sabías algo...

La mente de James trabajaba a toda velocidad. "Alguna misión secreta para el resto de la orden... creía que en esa misión también estaba tu tío...". ¿Podría ser lo que él creía? Su tío no le había dicho casi nada del tema de la famosa caja. Solo sabía que era algo de mantener en absoluto secreto, pues la mayoría de la Orden del Fénix no tenía conocimiento de aquello, y así debía seguir siendo. Sin embargo, al no hablarle de nadie más, supuso que era una misión individual. Pero si esto resultaba ser lo mismo... ¿Había más personas involucradas en la misión? ¿O había también más cajas además de esa tan misteriosa que descansaba en la pared de su habitación?

Se había perdido en sus pensamientos, y descubrió a Gis mirándole impaciente. Se mordió el labio, pensando, pero al final decidió dejarlo todo tal como estaba.

- Que yo sepa, no Gis. Si han hecho algo que mi tío no me haya contado...

Se encogió de hombros dando el tema por zanjado, pero la sostuvo la mirada el tiempo que ella quiso. Segundos después, Gis pareció conforme y sonrió.

- Era solo por si acaso –le dijo a modo de disculpa-.

- Cuando salgamos de aquí nos enteraremos de primera mano –aseguró James pasándola una mano por el hombro y entrando ambos en la clase de pociones-.

Se sentó en la mesa de la primera fila que compartía con Sirius. Después de tantos años, el profesor Slughorn les consideraba unos chicos con unas mentes brillantes para los estudios... y los problemas. Por eso alegaba, en doble sentido, que prefería verlos trabajar de cerca.

- He oído la conversación –le confesó su amigo en voz baja mientras le tiraba una bola de pergamino a Snape y le daba en la cabeza. Era solo por pura costumbre-.

James sonrió divertido.

- Me extrañaba que no estuvieras cotilleando.

- ¿Crees que lo que dijo Gis de esa misión puede tener relación con la caja? –le preguntó Sirius. Tan directo como siempre-.

- No lo sé. Pero también he pensado en esa posibilidad...

- ¿Y por qué no se lo has contado a Gis? Adam te dijo que era algo peligroso, y si su padre está metido, creo que tiene derecho a saberlo.

James negó con la cabeza, resoplando. Eso ya se lo había explicado a los chicos, y Sirius seguía siendo el único que no lo quería entender ni bien ni mal.

- Pad, sus padres no quieren que esté involucrada en todo eso. Yo no voy a contarla algo que no me corresponde.

- Si ocurre algo, cualquier cosa, y Gis descubre que tú sabías algo que no la contaste se enfadará mucho, y con razón –avisó Sirius-.

En ese momento el profesor de pociones dio por empezada la clase, y los dos chicos tuvieron que dejar su conversación. Ese día el profesor no estaba muy hablador, y les mandó preparar esencia de díctamo en parejas, tras explicarles escuetamente el proceso.

- Lily –murmuró Grace sin levantar la vista de la mesa donde estaba troceando sus raíces-.

- ¿Qué? –contestó su amiga que, a su vez, estaba pesando el díctamo-.

- ¿Qué ha pasado antes con James?

Lily tardó unos segundos en contestar, pero inspiró hondo y se hizo la sueca.

- ¿Qué te hace pensar que ha pasado algo?

- Pues que os estabais matando con la mirada y mandándoos indirectas que solo vosotros entendéis. Además de que te conozco como si te hubiera parido.

Lily suspiró. A Grace no podía mentirla. El profesor Slughorn pasó por su lado y la sonrió afablemente, cosa que confirmó a Lily que estaría observando toda la hora cómo preparaba la poción.

- Es largo. Te lo cuento a la tarde, ¿vale?

- Te tomo la palabra –aceptó Grace sonriendo-.

Un poco más atrás, Gis no daba abasto.

- ¡Remus! –regañó a su compañero de asiento, que ya casi había estropeado la poción tres veces-. No es que normalmente seas un experto elaborador de pociones, pero ¿se puede saber dónde tienes la cabeza hoy?

- Perdona Gis –dijo Remus con una sonrisa-. Es verdad que hoy tengo la cabeza en otra parte.

- Pues, ¿te importa traerla aquí, por favor? –pidió la chica sonriéndole de vuelta-.

Remus asintió ampliando la sonrisa. Si Gis supiera lo que le tenía tan despistado, ella misma tendría la cabeza en otra parte.

Ochenta minutos después, el profesor dio por terminado el tiempo límite para entregar las pociones y les mandó sentarse de nuevo en los asientos, anunciando emocionado que tenía algo que comunicar.

- Dado que este año os examináis de EXTASIS, he considero beneficiosa una idea que he tenido. Creo que todos estaréis mucho mejor preparados para estos exámenes, si realizáis un trabajo de campo que abarque un amplio tema. Por eso se me ha ocurrido formar grupos, y que cada grupo tenga que entregarme a final de curso un trabajo de investigación sobre la poción que yo les mande. ¿Qué les parece?

Por supuesto, él sentía mucha más emoción al respecto que sus alumnos, pero a lo largo de siete años los chicos habían aprendido a resignarse y asentir con la cabeza a todo lo que les dijeran.

- En los próximos días les iré informando más, y podrán empezar el trabajo cuanto antes. Y no, señores –añadió al ver a Sirius y James mirarse con complicidad-. Los grupos los elegiré yo. ¡Ya es hora de que los Slytherin y los Gryffindor se relacionen entre sí!

No se sabe si fue por la cara de asco que pusieron todos los presentes, o por las miradas homicidas que volaban por el aula, pero el profesor Slughorn decidió acabar la clase cinco minutos antes de lo previsto.

OO—OO

- Merodeadores –dijo Remus en voz alta para llamar la atención de sus tres amigos que enfilaban el pasillo camino al Gran Comedor-.

Los tres restantes se sonrieron, sabedores de que esa palabra solo salía de boca de Remus cuando se implicaba completamente en algo, y esperaban que fuese una broma muy buena. Llevaban bastante tiempo inactivos...

- Ese tono suena peligroso, Moony –dijo Sirius sonriendo ampliamente cuando los cuatro habían formado un pequeño corro-.

- ¿A quién vamos a jugársela? –preguntó Peter impaciente-.

Remus soltó una carcajada por la mal interpretación de su llamada, aunque entendió perfectamente que no era la primera vez que una situación así se daba.

- No, no. Es que quería pediros algo –dijo sonriendo ampliamente-.

- ¿No querrás entrar otra vez en el despacho de Dumbledore, no? –preguntó James mirándole con suspicacia-.

- ¡Que va! Esto es más sencillo. Quiero que vengáis todos conmigo después de comer. Incluidas las chicas.

- ¿Y para eso tanto secretismo? –preguntó Sirius desilusionado-.

- Bueno, habrá que hacer algo para que Jeff y Sadie no se den cuenta ni nos sigan...

Los cuatro se quedaron un segundo callados. Sirius miró por encima del hombro de James y sonrió ampliamente.

- Eso dejádmelo a mi –les dijo solamente-. Prongs, ¿te importa comentarle a tu golpeadora las nuevas jugadas que has pensado?

- ¿Has pensado en algo nuevo para el partido? –preguntó Peter emocionado-.

James le miró, rodó los ojos y después se rió dándole una palmada en el hombro. Le hizo una seña a los otros dos y se adelantó para hablar con Sadie.

- Contigo quería hablar yo –la dijo cuando estuvo a la altura de la chica. Procuró no mirarla directamente a los ojos, pues aunque ella había prometido no volver a usar la legeremancia, no iba a correr el riesgo-.

- Tú dirás –dijo Sadie sin dejar de mirar al frente-.

- Es que he pensado en un par de jugadas nuevas para el partido...

Sadie se giró violentamente. Tanto que James pensó que se había quebrado el cuello, y le fulminó con la mirada.

- ¡Y una porra! ¡Ya acepté entrar al equipo como para que ahora me jodas con nuevas jugadas justo a una semana del dichoso partido! –exclamó Sadie apuntándole con el dedo-.

James miró a Sirius que estaba detrás de la chica apuntando su mochila con la varita y murmurando en voz baja.

- ¡Pero mujer! Si son un par de jugadas. Verás, ¿Sabes lo que es el bludger backbeat? –la preguntó para ganar tiempo. Detrás de Sadie, Sirius le hizo una señal afirmativa y se marchó a sentarse a la mesa junto a Remus y Peter-. Bueno, ¿Sabes qué? Tienes razón. Mejor lo dejamos para el siguiente partido.

La agarró del brazo conduciéndola hacia la mesa donde estaban los demás. Buscó con la mirada a Sirius, intentado averiguar qué habría pensado su amigo hacer con Jeff.

Sin embargo, la comida pasó tranquilamente sin que ningún tema de esos saliera a relucir. Todo iba con normalidad, como todos los días. Sirius contaba chistes y anécdotas graciosas, pero en vez de secundarlas James, lo hacía Remus. James miró a su amigo sonriente. Era agradable verle tan animado, como hacía meses que no lo estaba. Él, por su parte, había tenido la mala suerte de sentarse justo enfrente de Lily. Eso, junto a los momentos de tensión vividos con ella ese día, le tenían desconcentrado. No podía apartar la mirada de ella, pese a que Lily apenas levantaba su vista del plato.

Un millón de sentimientos se arremolinaban en su interior en ese momento. Por supuesto, había furia y decepción. El ver a Mark saliendo de la habitación de la chica esa mañana, con la misma ropa de la noche anterior, le había dejado estático. Ya se podía hacer una idea de lo que había ocurrido, pero el verla aparecer a ella, cubierta únicamente con un finísimo albornoz y acercándose al chico con tal confianza, le habían confirmado todo. Desde luego habían pasado la noche juntos, y no precisamente jugando al snap explosivo... ¿Quién sabe? Quizá hasta se habrían duchado juntos... Esa imagen le provocó una arcada, y se negó a pensar más en ella.

Volvió a mirar a Lily, que parecía, como él, ausente a la conversación de los chicos. Creía que ahora que ella había elegido definitivamente a otro, le provocaría una especie de repulsión. Ahora era la chica de Mark Bennet en todos los sentidos, y eso le daban ganas de gruñir en voz alta. Sin embargo, no le daba repulsión en absoluto. Seguramente nunca se lo daría. Ese pelo tan llamativo, cayendo suavemente por sus hombros, no le provocaba asco, sino ganas de alargar la mano y echárselo a la espalda. Miró sus ojos cuando ella levantó la vista para hablar con Grace. Jamás podría huir de esos profundos ojos hechiceros de un color verde que nada tenían que ver con el aborrecible verde Slytherin. Su forma, sus largas pestañas cubriéndolos, la manera en que los movía... Todo en esos ojos era perfecto. James se encontró pensando en cómo sería que esos ojos le miraran solo a él, en cómo sería restregar su nariz con la pequeña y puntiguada nariz de ella, en una dulce caricia, cómo sería besar esos labios tan llenos, y bajar por su cuello, hasta perderse por la cremosa piel llena de pecas que la camisa del colegio dejaba entrever...

Agitó la cabeza librándose de ese pensamiento, desde luego nada adecuado para pensarlo en medio del Gran Comedor. La realidad le cayó de golpe, pues comprendió que todos sus anhelos, ya los había hecho realidad otro. Ya habían conseguido centrar su mirada, seguramente ya habrían rozado su nariz en una tierna caricia, y ya habían besado sus labios para continuar por el camino con el que él había soñado. Le provocaba rabia, y desde luego dolor. Pero también se sentía tranquilo al haber comprobado de que la chica de su vida se había enamorado de alguien, que seguramente la merecía más que él mismo. Suspiró derrotado, y prometiéndose a sí mismo que Lily Evans pasaría a la historia para él a partir de ese mismo día.

No se había dado cuenta de que observaba a Lily con total descaro, hasta que descubrió a Grace mirándole con suspicacia. Desvió la mirada y se unió a las bromas de sus amigos, pues solo le faltaba que la mejor amiga de Lily descubriera su juego justo cuando se había resignado a perderlo.

Se rió con ganas cuando Kate le metió a Sirius un trozo enorme de tarta de melaza en la boca. Al parecer, su amigo había pasado la comida poniéndose bastante pesado con la chica, pero él se había perdido el espectáculo por estar metido en su mundo. Cuando Sirius consiguió tragar todo el trozo sin ahogarse, cosa que Remus aplaudió teatralmente, le hizo un guiño y habló en voz alta para todos.

- ¿Alguien tiene aquí el libro de Transformaciones? Me gustaría comprobar una duda...

La mayoría le miraron extrañados de que Sirius pidiera un libro por propia voluntad, pero enseguida le comunicaron que ninguno tenía allí el libro, pues ese día no tenían clase con McGonagall. Sadie se inclinó sobre su mochila, al parecer ella sí tenía el libro. Estuvo removiendo hasta chasquear la lengua en voz alta, claramente molesta.

- ¡Estaba aquí! –exclamó. Después suspiró y la respondió a Kate, quien la había interrogado con la mirada-. Habría jurado que esta mañana lo había metido en la mochila, porque quiero ir a la biblioteca a acabar la redacción. ¡Vaya mierda, ahora tengo que volver a subir!

Y sin acabar su postre se levantó, se colgó la mochila al hombro y se marchó corriendo del Gran Comedor. James hizo un pequeño gesto felicitando a Sirius, y luego señaló a Jeff con la barbilla preguntando qué había de él. Sirius alzó las cejas, le sonrió arrogantemente y le hizo el gesto que James hubo traducido como "Espera y verás".

A los pocos minutos, Nicole apareció allí, y tras saludar a James y Grace, se sentó en el lugar de Sadie a hablar con Jeff. Sirius sonrió ampliamente y James casi pudo oír a su amigo felicitándose interiormente. Se levantó e hizo separarse a Jeff y Nicole para sentarse entre ambos. Pasó un brazo por los hombros de la chica, claramente colocándose en pose de ligue, que tan bien conocía James. Casi sorprendía ver a Sirius así, pues hacía más de un año que no la utilizaba, justo desde que había comenzado a salir con Kate.

- ¿Qué tal todo Ashford? –preguntó con voz sensual-.

James cogió la servilleta y se la puso en la cara para que los demás no le vieran reirse. Remus, por su parte, comprendió la intención de Sirius y tuvo que aguantar a Kate con un brazo para que no fuera hacia él y le propinara una buena colleja.

La imagen era digna de observarse. La cara de Jeff no tenía precio. Por primera vez, su cara que siempre reflejaba bondad y tranquilidad, estaba bañada de crispación y algo parecido al enfado. Pero lo que hacía reír a James era la cara de Nicole. La chica miraba a Sirius con una ceja levantada y la boca entreabierta. Seguramente estaba pensando que el chico se había bebido algo, y muy fuerte para tener esa actitud con ella.

- Sirius, estamos hablando –dijo Jeff mirándole con una clara invitación a irse, y luego miraba a Nicole para asegurarse de que la chica no estaba babeando-.

- Ay, pero yo quiero saber un poco más de nuestra querida Nicole. –protestó Sirius acercándose más a la chica. Después se volvió hacia la chica con una sonrisa profident y la volvió a hablar con el tono más sexy que tenía-. Dime Nicky, ¿Te puedo llamar Nicky? –la chica pareció asentir, aunque James no estaba seguro de que fuera consciente de lo que la decía en medio de su asombro-. ¿Estás nerviosa por el partido? ¿Quieres que te de un masaje para tranquilizarte?

- ¡Sirius! –exclamó Jeff que se había puesto completamente colorado. Su voz era dura, y al darse cuenta intentó suavizarla de nuevo-. Por favor. Nicole me estaba contando algo importante.

- Pero eso puede esperar ¿no? Es que cuando esta mañana has dicho que no tenías nada con ella me ha parecido genial...

Nicole cambió su cara de esceptismo y miró a Jeff con un poco de desilusión. Se sonrojó y miró al suelo deseando que este la tragara y la apartara de una situación tan bochornosa. Jeff se quedó inmóvil como una estatua y comenzó a balbucear, sobretodo nervioso por cambiar de tema y que Nicole dejara de verse tan incómoda.

- ¿O es que hay algo que no nos has contado? –preguntó Sirius divertido con la situación-. Quizá es que la chica te gusta y no has tenido huevos de decírselo... –dijo como pensando en voz alta. Nicole levantó la cabeza, aún más sonrojada, y miró a Jeff durante un momento, antes de volver a bajar la cabeza-. Chicos, creo que lo mejor será que dejemos hablar a la parejita. Hay que aclarar esta situación ya.

James seguía mordiéndose la lengua aguantándose la risa, y se levantó como Sirius para dar fuerza al plan. Remus y Peter también se levantaron, e instaron a las cuatro chicas a abandonar la mesa. Ellas estaban más reticentes, y mezclaban miradas de enojo a Sirius con miradas de pena a Jeff y de comprensión a Nicole.

Cuando consiguieron sacarles del Gran Comedor, Sirius y James no pudieron aguantar más y se deshicieron en carcajadas. Las chicas les volvieron a envenenar con la mirada, y Lily, que era la que más cerca estaba de Sirius, le dio un golpe en la cabeza poniendo sus manos en las caderas.

- ¿Es que no pensáis crecer? –les riñó a los dos-. ¿No comprendéis el mal rato que han debido pasar? ¡No todo el mundo es tan desvergonzada como vosotros!

- ¡Ey tranquila pelirroja! –exclamó Sirius frotándose la cabeza con la mano-. Si me lo acabarán agradeciendo... Ya verás que cuando les volvamos a ver serán toda una parejita feliz.

- Y además es por una buena causa –intervino James. Lily le regañó con la mirada y él se apresuró a añadir-. Al menos eso dice Moony que fue idea suya.

- No es verdad –repuso Remus que total tranquilidad-. Dije que quitarais de en medio a Jeff y Sadie para irnos los ocho a un sitio. No precise la manera de hacerlo, y en ningún momento me llegué a imaginar eso. Cada día me sorprendes más Padfoot.

Había un toque de humor en su tono, pero no se atrevía a sonreír al ver a las chicas tan serias.

- Esquirol –le susurraron los chicos al pasar por su lado-.

- ¿Y a dónde tenemos que ir? –preguntó Grace-.

Remus los miró a todos sonriente. Casi se le hacía imposible aguantar el misterio, pero si Rachel quería una sorpresa en toda regla, la tendría.

- Es una sorpresa –les dijo para después comenzar a guiarlos al lugar donde su chica, seguramente, estaría esperando nerviosa-.

OO—OO

Después de recoger su libro de Transformaciones, que estaba sobre la mesa de Gis, donde no recordaba ni por asomo haberlo puesto, Sadie salió de la Torre Gryffindor consciente de que se había perdido la comida.

Al dar la vuelta a la esquina para dirigirse a la Biblioteca, chocó contra algo, o más bien contra alguien. Ambos cayeron al suelo con un "ay", del que Sadie escuchó una voz familiar. Y sin duda lo era. Al levantar la vista, Regulus Black estaba sentado justo delante de ella.

- ¿Qué haces aquí? –le preguntó mientras él se levantaba-.

Regulus se encogió de hombros, y la tendió la mano para ayudarla a levantarse.

- Te he seguido –ella le dedicó una mirada escéptica y Regulus sonrió un poco-. Quería hablar contigo.

- ¿De qué? –preguntó Sadie a la defensiva-.

- De lo de anoche. Bueno, reconozco que me mostré débil –dijo arrastrando las palabras. Era evidente que le costaba reconocer precisamente eso-. Te conté algo que nadie más sabe. Algo que no le he contado a nadie más, y que me gustaría que se quedara entre tú y yo...

Sadie sonrió ante el tono del chico. Ni cuando medio suplicaba perdía la compostura y el orgullo, y eso era algo que admiraba, aunque no lo reconocería en voz alta.

- ¿Y vienes a ofrecerme algo a cambio? –le preguntó un poco divertida-.

Él la miró mal, justo lo que ella esperaba.

- ¿No te lo puedo pedir como un favor? –preguntó él-.

- No acostumbro a hacer favores si no saco beneficio de ello. –le respondió Sadie encogiéndose de hombros-.

Regulus bufó, la lanzó una mirada envenenada, y se dio la vuelta, dispuesto a irse.

- Pensé que después del momento de confesiones de anoche, podríamos hacer una tregua. Pero ya veo que contigo es imposible llevarse bien...

Siguió andando unos metros más mientras Sadie se envaraba. Nunca la había molestado que la tacharan de anti-social. Es más, presumía de ello. Pero esa vez fue diferente. No la gustó para nada que ese chico no la creyera digna de confianza.

- ¡Espera! –le dijo aún sin haber tomado una decisión-.

Regulus se detuvo y se dio la media vuelta. Le miró directamente a los ojos, y vio algo que no había percibido hasta entonces, algo nuevo en su expresión. Vulnerabilidad. No era fingida. De verdad el chico se sentía en sus manos, y se arrepentía de estarlo. Y a ella no la gustó ese sentimiento de comprensión que se instaló en su estómago.

Regulus por su parte, también vio algo diferente en Sadie. No le miraba con altivez, ni tras la máscara de frío orgullo. Por un momento creyó ver lástima, y eso le enfadó. Pero solo duró un segundo. De pronto comprendió que eso era distinto. Más bien era... entendimiento. Un estremecimiento le traspasó el cuerpo al pensar que quizás ellos dos no eran tan diferentes.

- No tengo motivos para contar nada –dijo Sadie mirándole directamente a los ojos, y olvidándose, por primera vez en mucho tiempo, de intentar utilizar la legeremancia-. Puedes confiar en mi.

Y Regulus la creyó. Por alguna extraña razón, estaba seguro de que esa afirmación era cierta. La sonrió, por primera vez con sinceridad, y con un gesto se despidió de ella.

OO—OO

Llegaron al tercer piso, y Remus giró hacia una parte que estaba prohibida para los alumnos, haciendo que sus amigos sonrieran y las chicas se pararan en seco precedidas por Lily.

- ¿Qué es esto? –preguntó la premio anual-. ¿No estaréis preparando alguna travesura, no?

Miró acusadoramente a James y Sirius, quienes se encogieron de hombros y pusieron cara de buenos.

- Sabemos tanto como vosotras –aseguró Sirius-.

Grace arqueó una ceja escéptica y Remus soltó una carcajada.

- Chicas es verdad. Ellos no saben nada, es cosa mía.

- Ah, vale.

Y como si eso lo cambiara todo, ellas mismas se adelantaron a los chicos y se adentraron en la parte prohibida.

- Es decir, que si la idea es nuestra, lo tomáis como un posible atentando contra vuestro amado castillo, y si la idea es de Moony, todo está bien, ¿no? –preguntó James fingiendo estar dolido, a la vez que Sirius y Peter le acompañaban con gestos de pena-.

- Exacto –les contestó Kate riéndose-.

Siguieron avanzando un par de minutos más, hasta que Remus se paró a la entrada de un estrecho pasillo en una de las bifurcaciones.

- Aquí es –dijo acentuando aún más su sonrisa-.

Los demás miraron al oscuro pasillo, esperando que en cualquier momento aparecieran algún Slytherin atado a una columna, o vete tú a saber qué. Pero Remus se volvió hacia ellos, y tomó a Gis de un brazo para adelantarla a los demás.

- Gis, esto tú tienes que verlo primero.

- ¿Yo? –preguntó algo confundida mirando a sus amigos que caminaban tras ellos, al mismo tiempo que Remus la empujaba adelante por el pasillo-.

Se detuvieron frente a una puerta normal y corriente, que no llamaba la atención en absoluto, más que porque parecía que iba a caerse. Los chicos comenzaron a considerar la posibilidad de que Remus se estuviera riendo de ellos, pues ahí dentro no podía haber más que los trastos de limpieza de Filch.

El licántropo levantó la mano y golpeó la puerta como si fuera una especie de código, alternando golpes cortos y secos con golpes más lentos y largos. Por debajo de la puerta vieron una rayo de luz iluminar la habitación que había tras ella, y la puerta emitió un "crack".

Remus les miró una vez más sonriendo y giró el pomo de la puerta, poniendo a Gis delante de él. Cuando la puerta se abrió, al principio la latina no distinguió nada por la cantidad de luz que de repente salió de la habitación, pero cuando enfocó la vista en la figura que había dentro de la habitación, profirió un gran grito y echó a correr hacia su mejor amiga.

Cuando se movieron, los demás pudieron ver qué había causado tanto alboroto, y los gritos se multiplicaron.

- ¡Rachel, Rachel! –gritaron Kate y Lily intentando abrazar la parte de la chica que Gis había dejado libre-.

- ¡No puede ser, no puede ser! –decía Grace agarrándose el pelo mientras miraba a su amiga, intentando asegurarse que de verdad era ella-.

- ¡Pero si es la enana! –exclamó Sirius envolviendo en el abrazo a la cuatro chicas, a la vista que las demás no pensaban soltarla-.

Rachel sonreía como hacía meses que no lo hacía, sintiendo todo el cariño de sus amigos en cada músculo que la apretaban. Sentía que en cualquier momento los nervios la traicionarían, y las lágrimas escaparían por sus ojos. Sin embargo, encontró fuerzas para apartarse de los chicos y ponerse delante de Gis con las manos en la cadera y la expresión más enfadada que podía poner en esos momentos.

- No creas que no estoy enfadada contigo. –la dijo intentando contener una sonrisa-.

- ¿Conmigo? –preguntó Gis atónita-. ¿Por qué?

- ¿Se puede saber por qué le preparas a mi novio una cita con otra chica cuando yo no estoy?

Remus se echó a reír, contagiando a los demás, incluida a su chica que volvió a abrazarse del cuello de su mejor amiga. Fue abrazando uno a uno a todos, tomándose su tiempo en retener cada esencia de ellos. Gis tenía una sonrisa de felicidad que bien podría competir con la de Remus, Kate no pudo evitar llorar al poder abrazarla, Lily la estrechó fuerte en sus brazos completamente emocionada y Grace la acarició el pelo suavemente mientras repetía: "Entonces es verdad...".

Cuando le llegó el turno a los chicos, Sirius se pidió el primer puesto dándola un enorme abrazo de oso, y susurrándola cosas que siempre la decía que hacerla sonrojar, pero que ya no surtían tanto efecto como antes. Tras él, Peter la abrazó tímidamente, como temiendo que se fuera a romper en cualquier momento, y James la levantó en el aire y la hizo girar como un molinete.

Cuando acabaron los saludos, Remus no pudo evitar pasar un brazo por su cintura y darla un pequeño pico, pese a que la había visto hacía apenas unas horas.

- Pero, ¿qué haces aquí? –preguntó Grace que aún no había salido de su asombro-.

- ¿No puedo venir a hacer una visita? –preguntó Rachel riendo-. No, en serio. Acabé algo que tenía que hacer, y Dumbledore me concedió esto como premio.

- Dirás más bien que se lo exigiste... –intervino Remus sonriendo-.

- El fin justifica los medios –recitó Rachel muy orgullosa para volver a reírse. Ese día nada podía quitarla la sonrisa de la cara-. Pero aquí estoy. Y aquí me quedaré una temporada.

Esa declaración llevó de nuevo a un abrazo de grupo.

- ¿Vuelves a clases? –preguntó Gis emocionada-.

- Eh... no. –contestó Rachel. Corrección, sí había algo que la podía quitar la sonrisa, aunque solo por unos segundos-.

- No entiendo... cómo... –empezó Kate sin sabe qué decir-.

- ¿Por qué no nos sentamos? Creo que hay mucho que contar –propuso Remus-.

Se dirigieron hacia una esquina, donde Rachel ya había preparado un montón de cojines, para que pudiera sentarse en círculo. Ella fue la primera en sentarse, con Remus a su derecha y Gis a su izquierda. Al lado de esta, se sentó Kate, junto a Lily y Grace. Junto a esta Peter, Sirius y James que se sentó al otro lado de Remus dándole una palmada en la espalda, por fin entendiendo qué era lo que le tenía tan feliz.

- ¿Yo me he perdido algo por aquí? –quiso preguntar Rachel antes, pues su relato duraría más tiempo-.

Los demás rodaron los ojos intentando recordar todo lo ocurrido desde que ella se despidió en junio.

- Bueno, este año hay dos chicos nuevos ocupando tu plaza y la de...

James no pudo decir el nombre de Richard, pero Rachel asintió con la cabeza para dar a entender que comprendía, e instándole a que prosiguiera.

- Pues eso –continuó James aclarándose la garganta-. Son dos alumnos que vienen de intercambio de Alemania, Sadie y Jeff.

- ¿Qué tal son? –preguntó Rachel curiosa-.

- Jeff es buen chico aunque muy tímido –aclaró Sirius-. Le hemos dejado ligando en el comedor –añadió riéndose-.

- Y Sadie es algo rara, aunque ya la vamos pillando el tranquillo –dijo Gis-. Eso sí, tú eres mejor compañía.

Rachel saltó al cuello de su amiga, y la dio un sonoro beso en la mejilla por decir aquello.

- Me han dicho que te has andado peleando por ahí, y por tu culpa Kate ha acabado en la enfermería –le dijo Rachel a Sirius intentando parecer severa-.

- Es cierto –afirmó Kate poniendo cara de pena-. Me atacó por la espalda...

- ¡Ey, que es mentira! –intervino Sirius, haciendo que Kate le sacara la lengua-. No le hagas caso, enana. Fue una cuestión de honor.

- Dejaron el campo de batalla ensangrentado –añadió James con voz solemne-.

Todos se echaron a reír, y Rachel les miraba maravillada, pues hasta entonces no se había dado cuenta de lo mucho que extrañaba sus payasadas.

- Sí, reíros. Que nosotros nos la hemos cargado –dijo Lily señalando a James y a sí misma-.

Rachel la miró interrogante, pero fue Remus quien la respondió apretándola algo más contra él.

- Ya te dije que les hicieron premios anuales, ¿recuerdas?

- ¡Cierto! –exclamó ella acordándose. Después miró a Lily-. ¿Os han castigado?

- Es a MI a quien han castigado –intervino Sirius cual mártir-. Bueno, y al otro idiota.

- Grace, ¿el otro no era tu novio? –preguntó Rachel aún riéndose-.

- ¡Y una mierda! –exclamó Grace que la pregunta la pilló por sorpresa. Después se disculpó con la mirada con Remus, quien ya iba a regañarla por subirle la voz a Rachel-. Es que ya no, cielo. Vamos, ¡que le peten! –añadió como resumen-.

Rachel se encogió de hombros y decidió cambiar de tema, a modo de mejorar el ambiente. Se fijó en Kate y en Sirius y sonrió.

- ¿Vosotros no estáis muy separados? –preguntó alzandolas cejas insinuante-. ¿O es que también lo habéis dejado? –bromeó carcajeándose-.

Sin embargo, ese tema no parecía el más cómodo, pues todos soltaron risitas nerviosas y Kate y Sirius compartían miradas incómodas. Rachel tuvo ganas de golpearse a sí misma.

- ¿Todo ha cambiado aquí, o qué? –le preguntó a Remus en voz baja-. ¡Como me digas que James y Lily están saliendo, ya sí que empiezo a pensar que he venido a un Hogwarts paralelo!

Remus sonrió un poco, y le susurró al oído:

- No sé si eso lo verán tus ojos.

Ambos se encogieron de hombros ante una mirada a los susodichos, que desde luego no parecían conscientes de la presencia del otro en la misma habitación.

- Bien enana, ya basta de preliminares, ya tendréis de eso a solas –dijo Sirius con una sonrisa que indicaba segundas intenciones, y que se amplió al conseguir hacer sonrojar a Rachel-. Ahora cuéntanos qué has estado haciendo para Dumbledore.

Los demás dejaron de cuchichear y la prestaron toda la atención. Al notar el silencio patente, Rachel se aclaró la garganta y miró a Remus algo insegura. Él la apretó aún más fuerte el abrazo, dándola fuerzas y ella se puso cómoda para contarlo todo.

- Esto va para largo chicos, que cada uno se acomode –bromeó James tumbándose y echando sus brazos tras la nuca, mirando a la pareja divertido-.

Los demás rieron, pero consideraron oportuno hacer lo mismo que él, y cada uno se puso lo más cómodo que pudo. Rachel se aclaró la garganta algo incómoda. Odiaba ser el centro de atención.

- Bien. Haber, ¿por dónde empiezo? –le dijo a Remus-.

- ¿Por el principio? –preguntó Peter provocando más risas-.

Rachel le sonrió, y se limitó a contarlo tal cual la venía a la memoria.

- Veréis. Este verano, cuando estaba en casa tras la muerte Richard, Annie y mis tíos, llegaron unos hombres del Ministerio. Dijeron que habían detenido a algunos mortífagos, que portaban con ellos diferentes documentos confidenciales. En uno de ellos, estaban escritas las órdenes de acabar con toda la familia Johnson. Como ya sabéis, aunque mi madre se casara con mi padre y adquiriera este apellido muggle, sigue siendo una Johnson más, y yo con ella. Debido a eso, los aurores consideraron oportuno escondernos a todos, y, por supuesto, que yo no volviera a Hogwarts.

Los demás asintieron, satisfechos de poder saber por fin el motivo por el que Rachel no había vuelto ese septiembre.

- Esto solo pude decírselo a Remus, porque justo apareció en casa el día que nos trasladaban –continuó ella. Se giró hacia su amiga cogiéndola la mano y mirándola con disculpa-. Gis, perdóname que no te contara casi nada. Pero es que por carta no puedo dar prácticamente detalles de nada...

- Pero, ¿Remus por qué no nos dijo nada? –preguntó esta disculpando a su amiga y mirando al licántropo directamente-.

Remus se encogió de hombros.

- Saber el motivo solo habría provocado que os preocupaseis más, pero no la habría traído de vuelta.

- Siempre ocultando información... –murmuró Gis de forma inaudible-.

- ¡Bueno, sigue! –exclamó Sirius que estaba tumbado boca abajo y balanceaba sus piernas cruzadas por encima de su espalda-.

- Vale, sigo. –repuso Rachel riéndose-. Veréis. Nos encontraron una casa, y siempre había algún miembro de la Orden del Fénix haciendo guardia.

- ¿La Orden del Fénix? –preguntaron Lily y Grace a la vez-.

- ¡Ya os lo explicaremos! –exclamó James haciendo ademanes con la mano, deseando escuchar el resto. Ahora que Rachel había nombrado a la Orden, todo estaba muchísimo más interesante-.

- Bueno, pues eso –continuó Rachel intentando recuperar el hilo-. Un día, el pasado septiembre, Dumbledore vino a hablar con mi madre, y la dijo que creía que había identificado a los otros dos mortífagos que habían matado a mis tíos...

- ¿Estás diciendo que hubo más implicado aparte de Bernard Duncker? –preguntó Kate con los ojos abiertos como platos-.

James dio un respingo, pero se contuvo de gritar. ¡Claro! ¡De ahí le sonaba ese nombre! ¡Bernard Duncker era el único detenido por la muerte de Richard y su familia! Había olvidado por completo el nombre de ese mal nacido, pues solo se había centrado en el término "mortífago".

- Sí –confirmó Rachel-. Al parecer lo hicieron entre ellos tres. Uno de ellos, Adrian Wilkes, ya estaba siendo seguido por los aurores, intentando detenerle. El otro era más difícil, pues no sabían donde estaba su guarida. El caso es que... bueno. No es un mago normal del todo.

- Es un psicópata –murmuró Remus contra el cuello de su novia-.

Rachel le miró con dulzura y le hizo una caricia en la nariz, antes de continuar.

- El otro es Fenric Greyback. –dijo provocando, como ya esperaba, un escalofrío entre sus amigos-.

Los chicos miraron a Remus, quien asintió con una triste sonrisa en el rostro.

- Sí, el famoso Greyback –añadió él con voz dura-.

El ambiente se tensó unos segundos, todos pendientes de la reacción de Remus. Sin embargo, él sólo abrazó a su novia más fuerte y la sonrió para darla a entender que estaba bien.

- Total, que no conseguían averiguar dónde estaba su guarida, pues solo se rodea de sus semejantes. Y claro, no podían meter de incógnito a un auror por lo evidente... Y yo como soy muy metomentodo –dijo poniendo una sonrisa orgullosa made in Sirius-, escuché la conversación e intervine, presentándome voluntaria.

- ¿Voluntaria? –preguntó Lily escandalizada-. Pero, ¿estás loca? ¿Te has introducido entre ellos? No te ofendas Remus –dijo dirigiéndose a su amigo un segundo-. Pero es que la mayoría son unos incivilizados, y si te descubren...

- Ya, ya Lily –la interrumpió Rachel alzando una mano-. Todo eso ya me lo dijo Dumbledore cuando me propuse. Pero todas sus teorías comenzaron a flaquear cuando le descubrí mi "habilidad especial" –dijo con una sonrisa misteriosa-.

- Que es... –preguntó James moviendo las manos para que continuara-.

Rachel cogió aire, pero antes de decirles en qué consistía dicha habilidad, Remus la silenció.

- ¿No crees que será mejor que conozcan toda la historia? Así lo entenderán mejor.

- Tienes razón –coincidió ella-.

- ¿Esto es un juego para dejarnos siempre con la duda? –preguntó Sirius haciendo pucheros-.

- ¡No! –exclamó Rachel riéndose-. Pero Remus tiene razón. Mejor que lo sepáis todo desde el principio. Hay muchas cosas que no sabéis. Ni siquiera tú, Gise. –la dijo a su mejor amiga-.

- Y ya me explicarás por qué tanto secretismo conmigo... –repuso la chica cruzándose de brazos-.

Rachel ignoró ese gesto, y giró de nuevo el cuello para mirar a Remus.

- Pero, ¿cuál dirías tú que fue el principio? –le preguntó-.

- Yo creo que cuando empezó lo nuestro –respondió él cada vez más cerca-.

- ¡Oye si os vais a poner empalagosos nosotros nos abrimos! –exclamó Sirius rompiendo el ambiente romántico-.

Rachel se echó a reír, aunque Remus aún le envió a su amigo una mala mirada que él respondió con una sonrisa de oreja a oreja.

- Alguien tiene que proteger el honor de la enana –dijo para defenderse-.

- Bueno, bueno –dijo Rachel moviendo los brazos reclamando atención-. Haber, en realidad todo empezó poco antes de que Remus y yo empezáramos a salir...

- Y, por lo tanto, antes de que Richard quisiera matar a nuestro Moony –añadió James provocando la risa de todos que recordaron el momento en que el primo de la chica se enteró de dicha relación, y cuya reacción hizo mucha gracia a todos excepto a los pareja-.

- Sí, antes de eso también. Veréis...

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10 de octubre de 1975

Rachel estaba encantada. Se habían pasado toda la tarde en la Biblioteca, pero por fin había conseguido entender y realizar las contra maldiciones. Y todo se lo debía a su profesor particular.

- Gracias por todo Remus –le dijo sonriéndole mientras él cerraba el libro, dando por concluida la sesión de estudio-. La verdad es que se te da genial esta asignatura.

Remus se encogió de hombros, quitándole importancia.

- Tengo facilidad –la explicó con humildad-.

- Deberías ser profesor –dijo ella con absoluto convencimiento-.

- No creo que pudiera... –respondió él con cierta tristeza. En su interior se preguntó con ironía qué colegio sería capaz de emplear a alguien como él-.

- Pues con un profesor así yo no me perdería ninguna clase –confesó Rachel. Un segundo después, se sonrojó violentamente al darse cuenta del doble sentido de lo que había dicho y añadió tartamudeando-. Quiero decir que... que explicas muy bien, y tienes mu-mucha paciencia. Por eso iría a clase...

Cerró la boca rápidamente al notar que él percibía el temblor de su voz y bajó la cabeza aún más sonrojada. Remus sonrió viendo el rumor tiñendo sus mejillas, lo que la hacía sencillamente encantadora. Se levantó de la mesa, dispuesto a recoger todos los libros que habían utilizado y colocarlos de nuevo en las estanterías. Rachel hizo lo mismo, y hubo un momento en que ambos cogieron el mismo libro, provocando que sus manos se rozaran. Al instante sintieron como una descarga eléctrica, que les hizo apartar la mano con dentera. Se miraron a la vez y se sonrieron divertidos.

- Cuanta electricidad hay aquí... –dijo Rachel-.

- O será que nosotros estamos conectados –respondió Remus bromeando, riendo algo nervioso por la reacción de ella, que se sonrojó más y volvió a prestar su atención al libro sin hablarle-.

Cuando hubieron acabado de colocar todos en las estanterías indicadas, Rachel se colgó la mochila al hombro y salió de la Biblioteca, despidiéndose de su amigo con un gesto de la mano. Caminó con parsimonia hacia su Sala Común, donde había quedado con Gis.

Justo cuando daba la vuelta a la esquina oyó a Remus llamándola. Se giró y le vio doblar la esquina corriendo.

- Ya me he olvidado algo. –intentó adivinar Rachel-.

- No, no –la respondió Remus sonriéndola y negando con la cabeza-. En realidad te venía a preguntar si quieres seguir practicando mañana.

- ¡Sí! –exclamó Rachel con mucha emoción, quizá demasiada, pensó después-. Es que seguro que mañana avanzamos con el tema y me vuelvo a perder.

Remus la sonrió para quitarle importancia.

- Pues mañana a la misma hora –respondió él-.

- Hizo un gesto con intención de alargar la mano, pero se echó atrás. Rachel le sonrió y, él, casi sin darse cuenta, la cogió la mano para darla un suave apretón. Cada día él utilizaba alguna excusa para tocarla, desde aquel día en la clase de pociones, hacía ya dos años.

Ella le devolvió el apretón por instinto, pues si lo hubiera premeditado se hubiera sonrojado violentamente. Al ver que la conversación estaba terminada, se dio la vuelta de nuevo para marcharse.

- ¡Vale, lo admito! –exclamó Remus de repente-.

Al darse la vuelta, Rachel se le encontró en la misma posición que antes, aunque con los puños fuertemente cerrados y mirando al suelo, con expresión cabreada, mordiéndose el labio inferior.

- ¿Qué? –preguntó creyendo haber oído mal-.

- Que lo admito... –repitió Remus en voz baja y, para sorpresa de Rachel, sonrojándose levemente-.

- ¿Qué es lo que admites, Remus?

Él se tomó su tiempo antes de contestar, como si estuviera tomando una decisión trascendente en su vida, y tras inspirar fuerte, habló.

- Me gustas...

Rachel se quedó como si la hubieran petrificado. No pudo siquiera mover los labios para balbucear, tal era su sorpresa. No podía hablar de lo que ella creía que estaba hablando... Sin poderlo evitar, sus recuerdos vagaron por todos los momentos vividos con el chico durante esos cinco años, llegando hasta el día que le conoció, en su primer viaje en el Expreso de Hogwarts, de donde bajó ya prendada de él. ¿Cuántas veces había tenido fantasías infantiles en las que él le decía precisamente eso? Siempre lo creyó imposible. Decididamente, Remus Lupin jamás se fijaría en alguien tan corriente como ella.

Pero, sin embargo, él la había dicho que le gustaba. Se lo había oído, e inconscientemente, también recordó cuántas veces había discutido con Gis sobre el tema, pues su amiga intentaba hacerla comprender que Remus podría enamorarse de ella tanto como de cualquier otra.

Remus debió interpretar su silencio como un rechazo elegante, porque empezó a andar marcha atrás, intentando disculparse de forma atropelladamente. No podía irse, no aún que ella no había hablado. Rachel acortó los pasos que Remus había dado, y él se calló al instante.

- Y tú a mi también –le dijo intentando vencer su vergüenza-.

Él la miró confundido, pasando su mirada por todo su rostro, su expresión, hasta llegar a los ojos, analizándola intensamente. Rachel aprovechó para alargar su mano y volver a estrechar la de él, pero Remus se soltó con más rudeza de lo que pretendía.

- Pero... pero... No, lo siento... No podemos...

Ahora la miraba con terror en los ojos, y esa mirada hizo que Rachel retrocediera un paso. Antes de que nada más se pudiera decir, Remus echó a correr por el pasillo, alejándose de ella que aún le observaba con la mano extendida, acariciando el aire.

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- Para meterte de hostias... –dijo Sirius mirando a Remus con fingida decepción-. Porque sé que esto acaba bien, que sino te llevas una paliza al estilo merodeador que lo flipas, chaval...

- Eso en mi pueblo se llama cobardía –dijo Gis mirándole mal-. Aunque bueno, esa parte ya me la sabía –añadió dándose importancia-.

Rachel no podía evitar reírse, mientras Remus reía también bastante nervioso, al recordar las tonterías que llegó a hacer esos días.

- Bueno, ¿Qué pasó después? –preguntó Lily que se agarraba a Grace de la mano ante la tensión de la historia-.

Rachel las sonrió con complicidad, antes de seguir con su relato.

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14 de octubre de 1975

Rachel estaba terriblemente molesta. Hacía cuatro días del suceso de la Biblioteca, y desde entonces si había visto a Remus había sido de casualidad, pues él salía corriendo de los sitios en cuanto ella aparecía. En ese momento, por ejemplo, en cuanto el timbre sonó, ella se levantó y se dirigió hacia el grupo de amigos, y él cogió a Sirius del brazo y le arrastró a la salida, ante la atónita mirada de James, Peter y Richard.

Pero esta vez ya no se escapaba. Ella era tímida y tranquila, pero si lo que había pretendido era reírse de ella, se había pasado mil pueblos, y se aseguraría de que lo supiera. Se inventó una tonta excusa con Gis y Kate y salió corriendo del aula. Los chicos al parecer se habían dado prisa, pues en el pasillo no había rastro de ellos. Corrió por dos pasillos más hasta que escuchó la voz de Sirius inquirir:

- ¿Se puede saber qué te pasa estos días? ¡Ayer secuestraste a Wormtail, literalmente! ¡Y el sábado insististe en ir a ver el entrenamiento, para luego esconderte debajo de las gradas!

Entonces les vio. Sirius miraba a su amigo con el ceño fruncido, pero ante todo preocupado, y Remus no parecía saber qué decir, pues no hacía más que buscar en la mochila algo que, Rachel apostaba lo que sea, él sabía que no estaba allí. Tragó saliva y se llenó de valor para andar los pasos que la separaban de los dos chicos.

- Hola –dijo cuando llegó-.

- ¡Hola enana! –exclamó Sirius al verla-. No sé cómo lo haces para estar cada día más guapa –la dijo guiñándola un ojo-.

Rachel no pudo evitar ponerse colorada. Maldita timidez. Odiaba sonrojarse casi sin motivo, y además, Sirius eso lo consideraba muy gracioso, pues se carcajeó cuando volvió a conseguirlo. Rachel se mordió la lengua, evaluando a Remus que miraba a todas partes menos a ella.

- Sirius, ¿puedo hablar con Remus un momento? –le preguntó con mejor cara de buena que encontró-.

El moreno sonrió ampliamente, y miró a su amigo que parecía más incómodo aún que hacía unos minutos.

- ¿No estaréis liados, no? –preguntó bromeando-. ¡Porque Richard te mata, Moony!

Ninguno de los dos se rió con él, sino que Rachel volvió a ponerse colorada y Remus parecía querer que le tragara la tierra.

- Que sosos sois –les recriminó. Pero hizo caso de la petición de Rachel-. Yo me piro a buscar a estos. ¡No hagáis algo que yo no haría!

Cuando este dobló la esquina, Rachel inspiró aire y se encaró con Remus.

- Me has estado evitando –le recriminó-.

- No... –contestó él sin mirarla aún a la cara-. Es que he tenido mucho trabajo.

- Pues en la biblioteca no has estado –le contestó con dureza. Jamás había empleado ese tono con nadie, pero se sentía humillada-.

- Ya... eh...

De pronto, toda la valentía de Rachel se vino abajo, y ella también apartó la vista mirando al suelo. Cuando habló, la voz le temblaba.

- Si el otro día solo dijiste eso para burlarte de mi y hacerme confesar...

- Ya está. Había expuesto en voz alta lo que más se temía en ese momento. El calor de sus mejillas aumentó, al tiempo que notaba un escozor en la garganta.

- ¡No! –exclamó Remus-. Era verdad. Bueno, ES verdad. Pero es que no...

- No tienes que darme explicaciones –le dijo ella interrumpiéndole-. No quieres nada conmigo. Es lógico. Lo raro habría sido lo contrario...

Seguía sintiendo el escozor en la garganta, pero este también se había extendido hasta los ojos, que le picaban terriblemente. No podía llorar delante de él. Solo de imaginarlo se moría de vergüenza, así que echó a correr al notar que la primera lágrima asomaba ya por sus ojos.

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Gis y Kate habían obligado a Rachel a separarse de Remus, y la tenían abrazada intentando consolarla de algo que había pasado hacía dos años y que a la castaña ya la daba igual. Le miraban a él con cara de asesinas.

- Lo mal que lo pasó... –dijo Gis con los ojos entrecerrados-. Debería darte vergüenza...

Remus estuvo a punto de entonar el "mea culpa" para que le devolvieran a su novia que intentaba aguantarse la risa desde el regazo de Kate. Pero James fue más rápido al intervenir.

- Las chicas sois la hostia... Aparte de que os da por llorar por gilipolleces, luego vais a solidarizaros con la causa después de dos años, ¡cuando ya los tenemos al pie de la boda!

- Tampoco te pases –le susurró Remus para que solo él le oyera-.

- Se lo toman como una telenovela auténtica –les explicó Sirius por si no lo habían captado-.

- ¡Simplemente comprendemos los sentimientos! –exclamó Kate defendiendo su punto de vista-.

- ¡Dejad de discutir y haced algo útil como convocar unas chuches, que esto está interesante! –intervino Grace que ahora abrazaba un cojín-.

- Aunque es verdad que Remus fue un poco insensible al no ir tras ella –la respondió Lily que también había cogido un cojín-.

- ¡Ey! De eso tengo explicación –exclamó Remus contento de poder probar su inocencia a esas dos locas que seguían insistiendo en quedarse a Rachel para ellas-.

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14 de octubre de 1975

Remus se había pasado toda la tarde buscando a Rachel, tras la escenita después de clases. Pero ahora ella la que parecía haberse volatilizado. Entró en la Sala Común con James y Sirius cuando la vio. Estaba en una de las mesas, junto a Lily y Grace haciendo los deberes. Parecía que ya le había sustituido como profesor particular, pues la pelirroja estaba explicándola algo con muchos gestos. Ella la miraba con atención, y con absoluta confusión.

Remus no pudo evitar una pequeña carcajada al ver su expresión. Ella separó la vista de Lily y le miró. En cuanto le vio, pareció decirles algo a las chicas que simplemente asintieron con la cabeza, cerró los libros y caminó hacia las escaleras de los dormitorios de las chicas. Se despidió torpemente de los chicos, y caminó a paso rápido para alcanzarla antes de que subiera por la parte que él no podía atravesar. Justo la alcanzó en el rellano de las escaleras, donde nadie podía verlos. La agarró del brazo para hacerla pararse y ella se detuvo, pero no le miró a la cara, tal y como había hecho él esa misma mañana.

- ¿Y ahora quién evita a quién? –la preguntó algo molesto-. Hoy te has pasado el día huyendo de los lugares en los que yo aparecía.

- Oh. Es que he tenido mucho trabajo –respondió ella con sarcasmo-.

Remus chasqueó la lengua. Se estaba empezando a cansar, y el problema es que había sido él quien había iniciado todo. Durante todo el día había tomado una decisión, y la llevaría a cabo aunque eso lo estropease todo.

- Te equivocas con lo que dijiste antes.

¿Por qué ahora que se había decidido, le salía una voz tan estúpida?

- Ya... –contestó Rachel sin mirarle y, según sospechaba Remus, sin escucharle-.

- ¿Quieres saber por qué te digo que no podemos? ¿Quieres saber la verdad? –le preguntó él mirándola directamente a los ojos. Esa sí era su voz-.

Ella le miró a los ojos por primera vez. Parecía confusa, y él no sabía cómo conseguir que le escuchara, así que recurrió a medidas desesperadas. La cogió de la mano, y tiró de ella para hacerla bajar las escaleras.

- ¿Qué...?

- Ven conmigo –la dijo. Cuando llegaron a la Sala Común, la quitó los libros de los brazos y les tiró sin cuidado encima de un sofá-.

Rachel le miró extrañada. ¿Remus Lupin maltratando material escolar? Algo raro pasaba ahí. Cruzaron la Sala Común y salieron por el retrato sin que nadie se percatara, pues todo el mundo estaba pendiente de la nueva pelea entre James y Lily. Por lo poco que Remus pudo oír, James había provocado a Lily, como siempre, y ella le estaba intentando hechizar, a la vez que el chico se escudaba tras un sofá. En la mesa y con total tranquilidad, Sirius y Grace estaban sentados el uno al lado del otro compartiendo miradas de cansancio. Él también se estaba cansando de las constantes peleas de esos dos...

- ¿A dónde vamos? –preguntó Rachel cuando Remus la arrastró escaleras abajo-.

- Ya verás... –dijo él sin voltearse-.

Cuando salieron del castillo, Remus caminó directo al Sauce Boxeador, cosa de la que Rachel se percató y se alarmó.

- ¡¿A dónde vas?! –exclamó al verle que quería acercarse más de lo recomendado-. ¿Estás loco? ¡Este árbol es un peligro! ¿O no te acuerdas de lo que casi le pasa a Davey Gudgeon?

- Este árbol no es lo que tú crees –respondió Remus cogiendo una rama caída-.

Buscó con cuidado el nudo, y al apretarlo, el árbol se quedó completamente rígido, y un pequeño hueco se abrió en su base. Al verlo, Rachel se quedó boquiabierta.

- Entra y te contaré más cosas que no sabes –dijo Remus tendiéndola la mano, la cual la chica aceptó inmediatamente, más por inercia que por voluntad-.

Cruzaron el pasadizo que les llevó a la casa en ruinas, y Rachel miró alrededor confundida. ¿De dónde había salido todo eso? Remus se sentó en una maltrecha cama con total comodidad, como si estuviera en casa.

- ¿Dónde estamos? –le preguntó-.

- Técnicamente, estás dentro de lo que, en Hogsmeade, conocen como La Casa de los Gritos. –anunció Remus intentando darle un toque rimbombante, que sonó más como el aburrimiento que sentía al ver ese lugar-.

Rachel abrió los ojos con sorpresa, y miró de nuevo alrededor, esperando encontrar... ¿qué? No era supersticiosa, pero no la gustaba ese lugar. Mejor estar alejada, solo por si acaso. Las leyendas de los gritos en medio de la noche que salían de esa casa, eran espeluznantes.

- ¿Intentas asustarme y que se me olvide de todo así? –le preguntó mirándole con acusación. Eso sería más típico de Richard que de Remus, pero tras cinco años, se pegaban entre ellos muchas manías-.

- Te he dicho que te contaría la verdad. Y eso incluye este lugar como escenario, pues tiene mucho que ver.

- ¿Qué tiene que ver el que yo no te guste con una casa encantada?

Remus suspiró, cerrando los ojos para relajarse, y volvió a abrirlos, mirándola directamente a los ojos.

- Ya te he dicho que en eso te equivocas. Cuando te dije que me gustabas, hablaba en serio –la dijo notando cómo sus mejillas se teñían de un leve sonrojo-. Pero no puedo pedirte que salgas conmigo, por mucho que lo esté deseando...

- ¿Por qué? –quiso saber Rachel-. Más fácil no puedes tenerlo. Ya sabes que te diré que sí.

- Por eso me cuesta tanto hacerme a la idea de que no puedo... –murmuró en voz tan baja, que Rachel pensó que ni siquiera hablaba con ella-.

- Mira, no te entiendo... –comenzó Rachel, pero Remus alzó una mano haciéndola callar-.

- Te voy a contar un secreto. Mi secreto. Algo que solo saben pocas personas, y que te causará tal terror que no recordarás más tus sentimientos.

Tal como esperaba, Rachel se quedó quieta, sin hablar. Expectante y a la vez algo temerosa por su amenaza implícita. No hizo ademán de acercarse ni de alejarse. Solo se quedó allí, de pie, mirándole y pidiéndole con la mirada que la diera una razón que no fuera que la rechazaba porque la consideraba poco para él. Sonrió con melancolía, pensando en que en unos minutos, perdería el bien concepto que en algún momento tuviera de él.

- Voy a decirlo rápido, así que no me interrumpas –la advirtió. Notó que ella asentía levemente con la cabeza, dándole a ver que su atención estaba fija en él-. Yo no soy alguien normal. Cuando era pequeño, una bestia me atacó, convirtiéndome en algo que no es ni humano ni animal –susurró con amargura-. Siempre creí que el mundo mágico estaba prohibido para mi. Vetado. Al igual que mi sueño de venir a Hogwarts. Pero cuando cumplí once años, el director Dumbledore vino a hablar con mis padres, y les dijo que había encontrado la forma de que yo pudiera venir al colegio y pretender ser un chico normal y corriente. Cogió esta casa que estuvo años abandonada, y la transformó en algo medianamente habitable para que pasara los momentos de mi maldición –prosiguió mirando todo el cuarto-. Construyó el pasadizo, y plantó el sauce boxeador en la entrada. No fue casualidad que plantaran el árbol el mismo año de nuestro ingreso, Rach. Fue por mi. Aquí estoy aislado, y paso en soledad el tiempo que dura todo el proceso, hasta que por fin, vuelvo a ser yo.

Ella le miró sin comprender. ¿A qué se refería? Remus era completamente normal, de eso no tenía dudas. Pero, ¿por qué decía esas cosas? Y, en caso de que fuera verdad, qué tenía todo eso que ver con el tema que discutían? Remus leyó la duda en su mirada, y respiró hondo para soltar el golpe final.

- Por eso no puedo estar contigo. Porque no soy alguien normal, porque soy peligro. –la miró a los ojos, con la mirada cargada de dolor-. Rachel, soy un licántropo.

El silencio que vino después de esa declaración, fue para Remus como si le golpearan el estómago con fuerza. Había esperado gritos, llantos, que corriera... Cualquier cosa, menos que se quedara ahí quieta, con la boca entreabierta, los ojos vidriosos abiertos de par en par y mirándole de un modo que no supo reconocer. Temiendo que se hubiera quedado en shock, Remus se levantó de la cama y se acercó a ella para espabilarla.

Antes de que llegara a ella, Rachel dio un paso atrás y abrió más los ojos, mirándola la boca. No era con deseo o curiosidad, sino con auténtico terror. ¿De verdad creía que él la mordería en ese momento? Sabía que era mejor que creyera eso. Que le tuviera miedo y no volviera a mirarle a la cara, pues así ella estaría bien. Pero algo dentro de él le arañaba solo pensar en no volver a recibir ninguna sonrisa suya.

- Rachel... –intentó hablar con ella otra vez. Inconscientemente alargó la mano para tomar la de la chica, y ella se apartó más bruscamente-.

Se estremeció, y pareció volver de un limbo. Durante un eterno segundo, Remus la miró esperando su reacción, pero lo que vio, superó con creces sus peores pesadillas.

- Eres un monstruo... –dijo ella al fin. No le increpaba nada. Más bien, no parecía hablar con él. Lo decía como si aún fuera imposible de creer-.

Él sabe que no ha querido hacerle daño, pero agradece que ella haya sido sincera, aunque fuera inconscientemente. Ella miró su mano alargada con terror, y salió corriendo, siguiendo sus pasos hasta que llegó a los terrenos de Hogwarts. Remus no hizo el ademán de seguirla. La había alejado. Ella le tenía miedo, y ya no estaría mal pensando que ella era la culpable de la inexistencia de su relación. Era exactamente lo que había buscado. Entonces, ¿por qué se sentía tan vacío?

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- Vale, eso no me lo esperaba –dijo James con la boca abierta. En ese momento, fue el primero en reaccionar tras escuchar la última parte de la historia-.

¿Rachel llamando monstruo a Remus? Les parecía casi imposible. Siempre se habían llevado tan bien, y después habían anunciado tan felices que estaban enamorados... Por ningún lado había muestras de que hubieran vivido un momento así, pero ellos, cogidos de la mano, asentían con la cabeza.

- Rach... Te pasaste –habló Kate aún mirándola extrañada-.

- Bueno, hay que entenderla a ella también, ¿vale? –intervino Gis a favor de su amiga-. Se enteró de sopetón, y uno no sabe cómo encajar esas cosas...

- Nosotras también nos enteramos de sopetón –añadió Lily señalándose a Kate, Grace y a sí misma. De todas formas, miraba a Rachel de forma que la castaña supiera que no la juzgaba-.

- Ya. Pero todas os habéis enterado de mayores. –prosiguió Gis-. Con catorce años, eso se magnifica. Y más cuando nos han educado con cuentos tan inocentes como "La venganza del hombre-lobo" –añadió con ironía-.

- Gis, eso no quita que me porté mal en ese momento.

La latina agitó una mano quitándola importancia. La miró con una sonrisa de complicidad y la dijo:

- ¿No te arrepentiste acaso ese mismo día? ¿O es que tengo que contar yo qué ocurrió a partir de ahí?

Sonrió más ampliamente cuando los demás apartaron la mirada de la pareja para fijarla en ella. Ella también tenía algo que contar sobre aquello...

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14 de octubre de 1975

La noche ya estaba avanzada, y Gis estaba dando vueltas en su cama intentando dormir. Se acababa de desvelar, recordando que no había hecho la redacción para McGonagall que era para él día siguiente, y se debatía entre levantarse y bajar a la Sala Común a hacerla, o levantarse temprano al día siguiente.

Sus pensamientos se interrumpieron cuando notó que algo se movía en su cama. Se giró rápida, temiendo que alguna mascota perdida hubiera ido a parar a su habitación, pero descubrió que era una persona la que se había metido en su cama.

- Gis, ¿estás despierta? –susurró la voz de su mejor amiga-.

Gis suspiró relajándose, aunque miró hacia donde debía estar Rachel algo preocupada. No la podía ver por la oscuridad, pero tenía un tono de voz muy débil, y esa noche la haía visto muy mal. Ni siquiera había bajado a cenar, y Gis se empezaba a preguntar si su amiga estaría enferma.

- Sí, estoy despierta. ¿Te encuentras bien, Rach?

- Sí... –susurró la chica contra su almohada de modo nada convincente-.

- ¿Qué ocurre?

Rachel se tomó su tiempo para responder, parecía estar pensando en algo, y sintió cómo se estremecía a su lado. Gis se estaba empezando a poner nerviosa por el silencio, pero decidió darla a la chica algunos segundos más. Finalmente, Rachel habló, pero para preguntarla algo que la dejó completamente descolocada.

- ¿Crees en los licántropos?

¿Qué si creía...? ¿A qué venía eso? Era como preguntarla si creía en los fantasmas, cuando ellas los veían a diario. Nunca había visto a un licántropo, pero sabían de sobra que existían.

- Rachel, esa pregunta... –se trababa con las palabras por la confusión-. Es cómo preguntarme si creo en los chinos... Evidentemente...

- No me refiero a eso –contestó Rachel con brusquedad. Gis la oyó resoplar molesta, y habló con nerviosismo-. Quiero decir, si crees que pueden ser buenos...

Gis estuvo pensando seriamente en eso. No sabía por qué Rachel se lo preguntaba, pero eso la había pillado por sorpresa. La verdad, nunca se había planteado eso...

- Hombre. Dudo que sean unos santos en el momento en que te quieran comer...

- Ya... pero, ¿y el resto del tiempo? Cuando son humanos... ¿Qué crees...?

Se calló, sin saber cómo expresar sus dudas. Gis la entendió, pero tampoco supo qué contestar. Siempre habían oído que los licántropos eran bestias sedientas de sangre humana, y que eran sumamente peligrosos, pero nunca había pensado qué ocurría cuando eran humanos. La mayoría, al menos de los que tenía constancia, vivían marginados, alejados de los demás magos y transgrediendo las leyes... ¿Los podría haber buenos? Ella no había tenido constancia de ello nunca...

- No lo sé... La mayoría ya sabes cómo se comportan...

- Pero... ¿y si conoces a alguien que lo es, y ese alguien siempre ha parecido muy normal, y mucho más tranquilo que la mayoría de los magos?

Gis estaba tan perdida que no podía hacer asociación, a pesar de que esa descripción encajaba perfectamente con su compañero de curso, aquel que tenía loquita a Rachel y que llevaba días cayéndola peor por lo que la había hecho en la biblioteca a su amiga.

- No lo sé... Puede ser que lo sea entonces, ¿no? ¡Ays Rachel, yo que sé! ¿Por qué me preguntas todo esto?

Rachel estuvo en silencio un par de segundos antes de echarse a llorar. Aún confusa, Gis la abrazó con fuerza y la meció hasta que el llanto de su amiga aminoró un poco.

- Remus es un licántropo –la confesó entones. Gis no pudo evitar tensarse al escuchar aquello. Su boca se secó, y fue incapaz de hablar, aunque Rachel no pretendía que la contestara-. Me lo ha dicho esta tarde. Dice que por eso me rechazó el otro día. Me llevó al Sauce Boxeador e hizo aparecer en él un pasadizo que llevaba hasta la Casa de los Gritos. Dice que el director lo construyó para que él lo usara las noches de luna llena...

Gis tenía los ojos muy abiertos en la oscuridad, mientras miles de imágenes de su compañero pasaban por su mente. De todo lo que había pensado para entender la reacción de Remus con Rachel, eso era lo más alejado con diferencia...

- Gis, dime algo por favor... –la suplicó su amiga-.

- ¿Te hizo daño? –preguntó de repente con voz rasposa-.

- No... Cuando intentó acercarse, le llamé monstruo y salí corriendo...

Gis asintió, con la garganta aún seca. Al menos su amiga estaba bien.

- Me siento fatal... –confesó Rachel-. No sé qué pensar. Todo lo que he escuchado de los licántropos me aconseja estar alejada. Pero no dejo de pensar en que no debería haberle llamado eso. Y él nunca ha entrado en el perfil de un hombre-lobo. Llevo todo el día pensando en eso, y por más que busco, no encuentro ningún recuerdo en que él fuera ni siquiera un poco agresivo...

- No encaja en Remus. En él, menos que en nadie –coincidió Gis-.

- No sé qué hacer...

- Por el momento, no hagas nada. Tendremos que asegurarnos muy bien de qué va todo esto, y cuando tengamos más datos, podrás tomar una decisión. ¿Estás de acuerdo?

Rachel asintió en silencio. Gis casi no pudo dormir el resto de la noche, dándole vueltas a todo eso. La redacción de McGonagall había quedado relegada al olvido, y solo la recordó cuando la profesora se la pidió en clase al día siguiente. El castigo la pareció poco en comparación con el dilema que tenía su amiga en esos momentos...

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- ¿Veis como ya ese mismo día se arrepintió? –dijo Gis orgullosa de poder colaborar-.

Los demás asintieron sonriendo, pero Remus miró a Rachel con falsa acusación.

- Pues anda que no tardaste en dar el siguiente paso –la dijo severamente-.

- Oh, recogí muchos datos –le contestó ella riéndose-.

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19 de octubre de 1975

Habían pasado cinco días desde que Remus le confesara su secreto, y Rachel había procurado por todo lo imposible no tener que estar en una habitación con él más de lo necesario. Pese a que tenía a Gis para cubrirla, las chicas comenzaban a sospechar que algo la pasaba, porque estaba más inquieta que de costumbre. Los chicos la miraban a ella y a Remus alternativamente, intentando averiguar si el hecho de que ambos estuvieran desanimados, sería algo conectado. Su primo había intentado hablar con ella, y Rachel sabía que estaba realmente preocupado, pero también le evitaba a él. De todos era quien más la conocía, y estaba demasiado avergonzada de sus palabras como para reconocérselas a él.

Si la misma noche había tenido dudas y se había sentido mal, los días siguientes fueron mucho peores. Se pasaba el tiempo en la biblioteca junto a Gis, a la que jamás la había visto tanto tiempo allí metida. Lily las preguntaba constantemente si tenían problemas con alguna asignatura y querían su ayuda, pero ellas la rechazaban. No podía involucrar a más personas. A estas alturas, seguro que había pocas personas que hubieran leído tantos de los licántropos como ella. La mayoría de los libros daban la razón a todas las leyendas que había oído, pero pronto comenzó a pensar que aquello era muy inmoral, y solo aumentaba el odio hacia lo desconocido. En otros libros hablaban más profundamente del tema, y en muchos casos incluían entrevistas a hombres-lobo y reportajes de investigación.

Se encontraba completamente confundida con tanta información. Esa misma mañana, Gis había cerrado con fuerza un libro y la había prohibido seguir leyendo.

- Mira, aquí ya tenemos todo lo que podíamos conseguir. Y solo hemos conseguido saber que hay distintas opiniones sobre lo que es un licántropo. Ahora lo que toca, es que tú pienses si te merece la pena acercarte de nuevo a Remus y hacerte tu propia opinión. Si crees que lo que sientes por él puede que esto, no dejes que una noche al mes te frene...

Y llevaba todo el día pensando en ello. ¿Qué podía hacer? Sabía lo que sentía por él, y seguramente aquello lo valía todo, pero ya no estaba solo en ella. Seguramente, él ya no querría volver a verla después de lo que le había dicho, y no podía culparle...

Entró a la sala común, y se la encontró vacía. No era extraño, pues la mayoría seguirían en la cena, y los que hubieran regresado ya se habrían ido a dormir, pues al día siguiente era lunes. Se le revolvió el estómago al recordar qué más sería al día siguiente. También había consultado un calendario lunar, y sabía que la luna llena sería al día siguiente, así que Remus volvería a desaparecer con otra de sus excusas, que ahora ella sabía que eran falsas.

Precisamente, a él se le encontró tumbado en uno de los sofás. Tenía el rostro relajado y los ojos cerrados, por lo que adivinó que estaría durmiendo. Debía estar cansado por todos los cambios que sufriría su cuerpo al día siguiente. Cuando se quiso dar cuenta, estaba a su lado, sentada en el reposabrazos del sofá y acariciándole el cabello. En ese momento, supo lo equivocada que había estado, y lo innecesario que había sido todo eso...

- Lo siento tanto –le dijo con la voz rota-. Sé que no me perdonarás lo que te dije, y tienes toda la razón. Solo quiero que sepas que lamento mucho todo esto. YO soy el monstruo, no tú. No puedo creer que le haya hecho daño a una de las personas que más quiero en este mundo. Con lo bueno que eres, quizá algún día puedas perdonarme...

Apartó por fin la mano de sus cabellos, y se levantó para ir a su habitación. De repente tenía muchas ganas de llorar, y no quería hacerlo allí. No la dio tiempo a alejarse, cuando alguien tiró de su mano hacia abajo. Perdió el equilibrio y cayó en el sofá donde estaba Remus, quien la abrazó muy fuerte de la cintura. Tardó un par de segundos en darse cuenta del motivo del abrazo, y cuando lo comprendió, le devolvió el abrazo con más fuerza que nunca.

- Creí que te había perdido para siempre –dijo Remus contra su cuello-. Lo si...

- ¡No digas que lo sientes! –le regañó Rachel apretando más sus brazos contra su cuello-. Yo sí que lo siento. No debí reaccionar así.

- No, yo lo entiendo. Todo el mundo se asusta de nosotros y con mucha razón. Tenías razón cuando dijiste que soy un monstr...

No pudo acabar la frase, pues Rachel le presionó los labios con los suyos. Era sorprendente. La tímida y dulce Rachel Perkins había tomado el control de la situación y se había lanzado a su cuello, demostrándole con hechos que no le importara lo que él fuera. Gustoso la devolvió el beso con mucho ánimo. Así estuvieron un rato, hasta que apareció Richard y, al verles, intentó matar a Remus con todas las armas que tenía en la habitación.

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- Chicos, que muy bonito y todo eso, pero, no sé el resto, pero yo no le veo que eso tenga nada que ver con lo que te pidió Dumbledore –dijo Peter que no le veía sentido a estar ahí sentado escuchando la historia de cómo sus amigos comenzaron a salir-.

Al ver la cara de las chicas, supo que a ellas sí las interesaba, pero afortunadamente recibió el apoyo de sus dos amigos que tampoco querían seguir escuchando cosas románticas.

- Sí. Tiene que ver aunque no lo creas –dijo Rachel sonriendo-.

- ¡Avanza hasta la parte que yo no sé! –pidió Gis que, aunque lo consideraba precioso, quería saber ya, qué era lo que la había ocultado su amiga-.

- Pues veréis. Remus me lo contó todo. Cómo eran las noches de luna llena, quienes los sabían y el plan de los chicos en convertirse en animagos para acompañarle.

- ¡Moony nos vendiste! –exclamó Sirius con falsa indignación, a la vez que se reía-.

- Y nada. Las cosas siguieron parecidas que hasta dos meses después, me dijo una gran noticia –continuó Rachel sin hacer caso de la intervención de Sirius-.

Remus sonrió a los chicos, y estos cayeron en qué podía haber sido esa gran noticia.

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12 de diciembre de 1975

- ¡Rachel! –exclamó Remus entrando en la biblioteca corriendo en busca de su novia-.

- ¡Señor Lupin! –le regañó la señora Pince-. ¡En la biblioteca no se corre ni se grita!

- Lo siento... –murmuró Remus bajando el tono de voz, y dejando de correr para, simplemente, apresurarse mucho-.

La localizó en una de las mesas centrales, junto a Kate y Lily haciendo un trabajo. Al llegar, saludó con una sonrisa a las otras dos chicas, que le correspondieron, y tiró del brazo de Rachel para hacerla levantarse. La llevó al fondo de la sala, entre las estanterías, sin quitar la sonrisa de su cara y la dio un beso en toda regla, que dejó a la chica sin respiración.

Cuando se separaron, Rachel continuó con los ojos cerrados unos segundos más, y se relamió los labios. Le miró y le sonrió.

- No es que me queje pero, ¿has venido solo para esto? –le preguntó-.

- ¡No! –la contestó Remus sonriendo ampliamente-.

Sin embargo, la sonrió y no dijo más.

- ¿Qué pasa? –preguntó Rachel-. ¡Oh, vamos! ¡No te hagas de rogar!

Remus amplió su sonrisa pero no dijo nada.

- Odio cuando haces esto –murmuró Rachel haciendo un pucherito-.

El chico la abrazó riéndose, y la dio un beso en la frente.

- Lo han conseguido.

- ¿Quiénes?¿Qué han conseguido? –preguntó Rachel-.

Remus alzó las cejas sonriendo más aún, si eso era posible. De repente, ella cayó. Se llevó las manos a la boca para ahogar una exclamación y le abrazó felicitándole.

- ¡Que bien! Cariño, ¡eso es fantástico! ¿Ya lo han hecho? ¿Cómo? ¿Cómo es? ¿Lo has visto?

- Bueno, llegué a la conclusión de que lo habían conseguido, cuando entré en la habitación y un perrazo inmenso me tiró al suelo para lamerme la cara.

- ¿Un perro?

- Sirius –contestó Remus encogiéndose de hombros-. Pero menos mal que le vi a él antes, porque si llego a ver primero a Peter, no habría llegado a la conclusión, y hubiera intentado cargármelo. –añadió riéndose en voz baja-.

- ¿En qué se convierte Peter?

- En una rata.

Rachel hizo un gesto de repulsión y Remus negó con la cabeza riéndose.

- Es un animal muy práctico –la dijo para defender la elección de Peter-.

- ¿Y James en qué se convierte?

- En un ciervo –la contestó. Después se echó a reír, recordando algo-. Padfoot se lo ha pasado bomba con eso. Le ha estado tomando el pelo con que no podría ser otro animal después de los cuernos que le debía estar poniendo Susan.

Rachel se rió por la payasada número 15633952 de Sirius. Después decidió echarlo a suertes, y puso en marcha su plan, justo en ese momento en que Remus estaba tan eufórico y no vería las segundas intenciones.

- Vaya, entonces los apuntes que cogieron debieron ser realmente buenos... –comentó como si nada-.

- Seguro que mejores que los que tienen los profesores –coincidió él orgulloso-. Si es que cuando esos dos se ponen pueden hacer grandes cosas...

- Y... ¿crees que me dejarás darles un vistazo? –él la miró escépticamente, y Rachel volvió a hablar de nuevo-. Ya sabes lo mala que soy en Transformaciones, y con algo así seguro que saco bien los TIMOS... ¿No puedes hacerlo por mi?

Volvió a hacer pucheros. En los dos meses que llevaban saliendo, había comprobado que él no podía resistirse a ellos. Tal como había pensado, Remus chasqueó la lengua rendido.

- De acuerdo, se los cogeré. Pero tienes que devolverlos pronto que solo es para ayudarte con la asignatura.

Rachel asintió con la cabeza como una niña buena y le pasó los brazos por el cuello para volver a abrazarle.

- ¡Me alegro tanto que la semana que viene tengas compañía! Ahora me quedaré más tranquila sabiendo que están pendientes de ti.

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- Sabía que no había perdido esos apuntes –dijo James riéndose-.

- ¿Por qué sospecho que no utilizaste esos apuntes para clase? –dijo Gis mirando a Rachel con los ojos entrecerrados.

- Porque me conoces muy bien –la contestó ella resuelta-. La verdad es que les di mucha mejor utilidad. Y sinceramente chicos, para ser yo tan torpe en Transformaciones y vosotros los supuestos mejores alumnos del colegio, incluso superé vuestra técnica.

- ¿Qué quieres decir? –preguntó Sirius algo picado con el menosprecio-.

- Lo perfeccioné –dijo Rachel con una sonrisa profident-.

- ¿Estás queriendo decir... que eres animaga? –preguntó James con la boca abierta. Ni en sueños se habrían imaginado eso de la pequeña Rachel. Cuando ella asintió, James se volvió hacia Remus dispuesto a pedirle una explicación sobre algo muy concreto-. ¿Por qué no nos lo dijiste?

Remus no se dejó amedrentar, y se estiró para posar la cabeza en el regalo de Rachel.

- Porque si os lo llego a decir, habríais insistido en que fuéramos los cinco juntos. Y yo la quería solo para mi.

- ¿Estabas también en las lunas llenas? –preguntó Peter-. ¿Cuándo? ¿Dónde? Nunca te vimos...

- Cuando desaparecías... –dijo Sirius como recordando algo de repente-.

- Estaba con ella –concluyó Remus-. No veáis la impresión que tuve una noche cuando os despiste y capté un olor de algo diferente, y de pronto me encuentro con una preciosa lobita...

- ¡Eres una loba! –preguntó Gis exaltada. Después levantó sus manos riéndose y añadió-. Me refiero en el sentido animal, claro.

- Vaya tontería... Te convertías en loba, ¿y qué? Te aseguro que Hocicos es más grande... –dijo Sirius cruzándose de brazos como un niño pequeño-.

- ¿Quién es Hocicos?

- Su forma animaga.

- ¿Te pones un nombre a ti mismo porque de vez en cuando te da por convertirte en un bicho con pulgas? –preguntó Grace mirándole con una ceja alzada-.

- ¡Ey, no os metáis con Hocicos! –intervino James-. El perro es la hostia. No sé cuantas veces le he dicho a Sirius que se quede así permanentemente, pero el muy pesado se queja de las pulgas...

- Rach, ¿por qué tengo la sensación de que no te conviertes en una loba cualquiera? –intervino Lily con una sonrisa en la cara-.

Rachel sonrió, volviéndose hacia Lily. Estaba segura de que si la dejaba pensarlo unos minutos, lo sacaría sola. La pelirroja siempre fue la más elocuente de todas ellas.

- Es algo especial –dijo Remus en tono misterioso-.

- ¡Suéltalo! –exclamó Gis tirándole a Rachel de la manga para que la viera hacer pucheros-.

- ¡Eso lo inventé yo! –se quejó la castaña riéndose-. Vale, vale... Aquí viene lo bueno. Resulta que estuve unos meses trabajando con ello, y conseguí perfeccionarlo. Hay muchas diferencias en comparación con los demás animagos.

- ¿Cuáles?

- Veréis. Cuando me transformo, tengo unas características especiales, que no tienen los demás lobos y sí...

- ... los licántropos –terminó Lily con la boca abierta. La miró con ojos emocionados y se puso de pie como si la hubiera tocado la lotería-. ¡¿Me estás diciendo que has conseguido modificar las leyes de la animagía hasta el punto de parecer una mujer-loba cuando te transformas? ¿Con todas las características, como la forma más pronunciada del hocico, con la cola...?

Soltó un grito de emoción al ver a Rachel asintiendo con la cabeza y corrió a abrazarla como si fuera su nueva heroína. La chica no pudo evitar reírse al ver la emoción de la pelirroja. Si alguien valoraría la dificultad de la proeza, esa era Lily. Sin embargo, eso no era todo.

- También hay otra cosa claro –añadió desde los brazos de Lily. Su amiga se separó mirándola impaciente-. Me refiero a la forma en que me transformo. Es algo distinta –dijo pícaramente. Se volvió hacia James, Sirius y Peter y añadió-. ¿Alguno me puede hacer una demostración de vuestra transformación?

Sirius fue el primero en levantarse. Cerró los ojos, se concentró, y al instante le envolvió una luz dorada muy potente. Cuando la luz se apagó, en el lugar de Sirius había un gran perro negro que comenzó a correr alrededor de todos. Se detuvo a tumbarse en el lugar que Lily había abandonado, entre Kate y Grace que no pudieron evitar acariciarle. La primera porque había echado de menos a ese precioso perro, y la segunda porque aunque lo había oído, no se había podido imaginar a Sirius convertido en perro hasta que le tuvo delante.

El guapo merodeador parecía disfrutar de la atención recibida, como siempre. Se tumbó boca arriba incitando a las chicas a que le rascaran la barriga. Estas se rieron llamándole descarado, pero no pudieron resistirse. Sin embargo, los demás miraban a Rachel esperando su demostración. Esta sonrió y al instante se concentró en su transformación.

La suya no fue tan limpia y bonita como la de Sirius, sino que parecía dolorosa. Por supuesto, Rachel no sentía el dolor que sentían los licántropos al transformarse, pero eso no hacía a la imagen más llevadera. Comenzó a temblar violentamente, y su cuerpo comenzó a alargarse por todas partes, los hombros comenzaron a sobresalirse e iba creciendo el pelo por toda su cara, y por los brazos. Las manos se la fueron convirtiendo en garras, al igual que los pies que ya habían destrozado los zapatos. Su túnica se rasgó y acabó en el suelo destrozada.

Cuando todo acabó, tenían ante ellos una loba de pelaje marrón claro, con las pupilas más dilatadas que los lobos normales, con la cola más ancha, en forma de penacho y el hocico mucho más pronunciada. Por lo que habían estudiado y los chicos habían visto en Remus las noches de luna llena, bien podría pasar por una licántropa. Y la transformación era escalofriadamente idéntica. La loba dio una vuelta sobre sí misma, y tan pronto la hubieron visto, comenzó la destransformación, revirtiendo el proceso de la misma forma que había empezado. Remus se colocó delante de ella, ya con la túnica reparada en la mano, y la tapó con ella cuando volvió a ser Rachel de nuevo.

- Sabía que había olvidado algo –dijo la chica sonriendo y señalándose la túnica que la cubría el cuerpo-.

- ¡Frena! –exclamó James tan emocionado como lo había estado Lily hacía unos minutos-. ¿Te introdujiste en una guarida de licántropos como si fueras una de ellos? –Rachel asintió orgullosa y James no cabía en sí de la emoción-. ¡Eres miembro de la Orden!

- No, no. ¡Ja! Como si me hubieran dejado... –murmuró Rachel, que parecía decepcionada porque no la hubieran permitido-. Solo hice este trabajo porque insistí y porque Dumbledore comprobó que no había riesgo para mi. Pero insiste en que aún soy "demasiado joven" –dijo con rintintín-.

James y Gis bufaron dándola la razón. Sirius, quien había vuelto junto a Peter, rodó los ojos también molesto por esa clausura. Peter, sin embargo, había caído en un pequeño detalle.

- Pero si estaban vigilando a tu familia... ¿No te habrían reconocido? Quiero decir, deben tener fotos tuyas y deben saber que no eres licántropa ni nada de eso...

- ¡Es verdad! ¡Se me había olvidado! –exclamó Rachel golpeándose la cabeza-. Hay un pequeñito detalle más. Pero no me puedo apuntar el tanto, porque eso me lo enseñó el director.

Sacó su varita y se puso de pie, apuntándose a sí misma. Miró a Remus con una sonrisa, pues esto tampoco lo había visto él, y dijo:

- Os presento a Jessi McKan...

Y un chorro de luz azul salió de su varita, transformándola al instante en una joven algo mayor que los chicos, bastante más alta de lo que era Rachel originalmente, y con una larga melena negra muy lisa, que contrastaba con sus rizos naturales. Los ojos los tenía de un profundo color verde, más oscuros que los de Lily.

- ¿A que no me habrías reconocido nunca? –dijo con su voz de siempre-.

Los chicos rieron, y negaron con la cabeza.

- Rachel, Jessi, estás impresionante –dijo James guiñándola un ojo y mirando de reojo a Remus esperando su reacción-.

Este alargó la mano para darle una colleja, pero no acertó porque seguía con los ojos puestos en su novia.

- Me gustas más como siempre –la dijo con tranquilidad-.

Rachel volvió a su estado normal para darle un pequeño beso en los labios. De pronto, James se levantó como si le hubieran puesto un muelle y exclamó:

- ¡No es por nada, pero sino nos damos prisa llegamos tarde al entrenamiento!

- ¡Mierda, mi castigo! –dijo de repente Sirius. Miró la hora y se tranquilizó-. Bueno, aún tengo tiempo.

- Entonces supongo que por hoy nos despedimos... –dijo Rachel algo triste. Habían pasado la tarde todos juntos, como hacía meses que no tenían, pero ahora había vuelto a la realidad en que ellos tenían una vida en ese colegio, y ella estaba solo de invitada-.

Gis la volvió a abrazar con muchas ganas.

- Voy a venir a verte todos los días. ¡Te he echado muchísimo de menos! –la dijo sin soltarla-.

Rachel sonrió entre el pelo de su amiga. Ella también la había extrañado.

OO—OO

Mientras tanto, esa tarde también había sido interesante para otros dos. Después de la comida, Jeff invitó a Nicole a pasear por los terrenos, aún abochornado por todo lo ocurrido.

- Perdona por lo de antes –se disculpó tras unos minutos en silencio-. Sirius puede llegar a ser realmente insoportable.

- No te preocupes, no me importó. –dijo Nicole mirando el lago que estaba frente a ellos-.

Tenía una expresión ausente, y casi triste, que contrastaba con su locura habitual. Jeff, tan inseguro como siempre, se tomó su respuesta del peor modo que podía imaginar.

- ¿Por qué no te importó? ¿Acaso... Sirius te gusta? –preguntó casi con miedo-.

Para su sorpresa, Nicole comenzó a reírse con humor. Se dio media vuelta, mirándole por primera vez esa tarde, y aún tenía una sonrisa divertida cuando le habló.

- ¿Black? ¡Bah, que típico! Bueno –añadió pensando un poco-. No voy a negar que el chico es bastante resultón, pero no es para nada mi tipo. Estoy muy loca, pero no soy como mis amigas en ese sentido.

- ¿Cómo son tus amigas? –preguntó Jeff con curiosidad y visiblemente más tranquilo-.

- Pues porque están obsesionadas por un tío bueno, que tiene mucha carisma pero que no conocen de nada. Y llegan a comportarse como estúpidas. ¿Sabes cuando lo dejó con su novia?

Jeff asintió. Imposible olvidar el lío que se montó cuando Sirius y Kate discutieron.

- Pues hubo una fiesta de celebración en mi cuarto –dijo ella rodando los ojos-.

Volvió a reírse, atónita por una pregunta tan absurda, y Jeff asintió con la cabeza. Estuvieron algo más de tiempo en silencio, esta vez mucho más agradable.

- Si ese no es tu tipo... ¿Cuál es? –la preguntó con evidente curiosidad-.

Nicole pareció pensarlo unos segundos, le miró de reojo con una sonrisa y comenzó a enumerar mirando al lago.

- Inteligente, agradable, tranquilo... –no pudo evitar un escalofrío cuando una corriente de aire les atravesó. Jeff inconscientemente, se quitó la túnica y se la echó a los hombros. Ella, un poco sonrojada, le sonrió como agradecimiento, y levantó un poco la túnica para mostrársela y añadir-. Detallista...

- No te pega alguien tranquilo –dijo Jeff sin percatarse del último detalle de la chica-.

- Sí que me pega –aclaró ella muy convencida-. Para loca e inmadura ya estoy yo –él la miró con expresión algo confusa y ella soltó una carcajada-. Que sea una inmadura, no significa que no vea que lo soy –añadió tranquilamente-.

Jeff hizo un sonido extraño con la boca, pero no la contestó, sino que se sentó en el césped, sin importarle que este estuviera húmedo.

- Por eso no podría gustarme Black, al igual que Potter. A este último le admiro porque en el quidditch es un crack como pocos, pero me resultan algo imbéciles... Se creen superiores, y he notado que se ríen de alguien como yo, que no encaja en su mundo perfecto.

- ¿Has conocido a tu tipo? –preguntó Jeff sin importarle la mención a James o Sirius. Sus compañeros bien poco le importaban en ese momento-.

- Creo que conozco a alguien que se parece bastante...Es una persona especial, y me pasa algo raro cuando estoy con él.

- ¿El qué?

- Son dos cosas opuestas. Por un lado, el estómago me comienza a brincar, recordándome que tengo quince años y que soy una hormona andante. Y por otro lado, me llena de... serenidad. Como si la mujer adulta que hay dentro de mi, esperando a salir a flote dentro de veinte o treinta años, me dijera que es él...

- Vaya... –contestó Jeff a falta de una respuesta mejor-.

Otro momento de silencio volvió a cernirse sobre ellos, y esta vez fue Nicole quien lo rompió.

- Y tu tipo de chica... ¿cuál es? –preguntó sonrojándose con cada palabra que decía-.

- Pues... divertida, ocurrente, inteligente, extrovertida. Distinta al resto...

- ¿Y conoces a alguien así? –le preguntó de vuelta lo que él la había cuestionado hacía unos segundos-.

- Hay una con bastantes de esas cualidades...

- Ah...

Jeff sabía que le tocaba hablar, y también sabía lo que querría decir, pero no conseguía pensar en una frase coherente. Solo pensar en exponer en voz alta su pensamiento, le resultaba muy humillantes y se sonrojaba violentamente.

- El caso es que... –Nicole giró la cabeza rápidamente, mirándole muy fijamente-. Es que, nunca antes me he parado a pensar en chicas. Nunca me he preguntado cuál es mi tipo de chica ni nada. Así que supongo, que más que un tipo de chica, es una chica en especial.

No supo de donde sacó la valentía para hablarle, pero esta le invadió completamente, haciendo que fuera acercando su rostro al rostro de ella.

- Muy especial ... Y con unos preciosos ojos marrones...

Ahora lo tenía claro. Sirius o James le habían poseído. Era la única explicación para que él estuviera a escasos cinco centímetros de la boca de Nicole, diciendo esas palabras y, aunque completamente sonrojado, firme en su posición, sin apartarse.

Nicole tragó saliva, y alzó la barbilla para acercarse más a él.

- Jeff... ¿te importa si hago algo poco convencional?

- No me gusta lo convencional –contestó él por toda respuesta mientras no apartaba la vista de sus labios-.

- Es una pregunta. ¿Quieres salir conmigo algún día?

Jeff se quedó unos segundos callado, saboreando el momento que ya pensaba que no se haría realidad, por mucho que sus visiones se lo dijeran. Ella, sin embargo, se estaba poniendo cada vez más nerviosa con ese silencio. Empezó a morderse el labio con nerviosismo, casi haciéndose sangrar. Él levantó su mano y la peinó el flequillo hacia atrás, consiguiendo que la chica se calmara al instante.

- Creí que este momento no iba a llegar nunca... Vamos, que sí. –aclaró por si había dudas-.

Ella esperó unos segundos, pero él no se decidía a acortar la distancia entre ellos. Nicole soltó una pequeña carcajada, que confundió a Jeff.

- Tendré que enseñarte a ser más lanzado –aseguró risueña justo antes de besarle ella a él-.

Se separaron en pocos segundos, y Jeff se remojó los labios al tiempo que seguía sintiendo el sabor de la lengua de Nicole dentro de su boca. La miró acusadoramente divertido.

- Pareces bastante experta en el tema –la dijo-.

Ella negó con la cabeza riéndose.

- Ya te lo he dicho. Soy la loca de clase, y mis amigos están cargados de testosterona. Solo hemos aprendido juntos –añadió con una sonrisita inocente-.

Jeff la pasó las manos por la cintura, acercando a ella todo su cuerpo.

- Pues diles que a partir de ahora tendrán que practicar con otra chica...

- No te preocupes –le dijo Nicole pasando sus brazos por su cuello-. Pienso darte clases a ti en exclusiva. Además, aún tienes mucho que aprender... –susurró antes de volver a besarle-.

OO—OO

Ya todos se estaban despidiendo de Rachel, quien de repente sentía un pequeño vacío al no poder acompañarles a la Torre Gryffindor. Lily agarró a Grace de la túnica y la arrastró algo más lejos del grupo.

- Luego tengo algo que hablar contigo –la dijo en tono confidente-.

- ¿Te pasa algo? –la preguntó su mejor amiga confusa-.

- No... Sí... No, ¡No lo sé! –exclamó en voz baja realmente ofuscada-. Pasó algo ayer que... vaya, estoy echa un lío, y necesito consejo urgente...

Grace iba a pedirla que la contara todo, cuando James hizo aparición junto a las dos chicas. La rubia no dejó de notar que su amiga se puso tensa ante la aparición del muchacho, pero James no lo percibió, pues estaba mirando a Grace.

- Vamos a llegar tarde –la apremió-.

- Sí, un momento –dijo Grace intentando volver a alejarse con Lily-.

- ¡Ya! –exclamó James en tono serio-.

Grace bufó. El capitán había hablado. Cuando se ponía así, era hacerle caso o discutir con él hasta que alguno de los dos acabara en la enfermería. Miró a su mejor amiga y la susurró al oído:

- A la noche tenemos reunión de chicas. Sea lo que sea, quiera detalles –añadió con una sonrisa algo pervertida-.

Se podía imaginar que lo que la tenía que contar su amiga, guardaba relación con cierto Hufflepuff, cierto momento de intimidad, y, seguramente, la Torre de los Premios Anuales. Aunque no sabía a qué venía ponerse nerviosa por la presencia de James, ni la discusión que habían mantenido esa mañana... En fin, esa noche se enteraría. Siguió a James a la salida, pasando junto a Gis y Rachel, a quien la latina no soltaba ni bien ni mal. Peter estaba intentando convencer a la chica que dejara a la recién llegada a solas con Remus, que estaba elegantemente alejado.

Cuando salieron, se encontraron a Sirius y Kate hablando unos pasillos más adelante. Parecían contentos y se sonreían con coquetería, y Grace no pudo evitar quedárseles mirando. James la tomó de la mano para apremiarla a darse prisa, pues aún debían ir a recoger las escobas y la ropa de entrenamiento antes de ir al campo.

Grace apartó la vista orgullosa. Se soltó suavemente de la mano de James, y le adelantó camino a su torre. El sábado siguiente ella tendría un partido, y lo que hicieran esos dos a solas la traía al pario.

OO—OO

Efectivamente, Sirius y Kate habían salido solos de la habitación, y habían caminado en silencio hasta llegar a la parte "legal" del castillo. En ese momento, él la detuvo, cogiéndola suavemente del brazo y haciendo que apoyara la espalda contra la pared.

- ¿No estábamos en algo antes? –la preguntó acercándose de nuevo para besarla, ahora que no había profesores interrumpiendo-.

Ella se rió y le tapó la boca con la mano para apartarle.

- Me gustaría aclarar las cosas antes, muchacho –le dijo con una sonrisa-.

Sirius no pudo evitar reír ante esa denominación.

- ¿Muchacho? –preguntó divertido-.

Ella se encogió de hombros, también divertida. Por el rabillo, pudo ver cómo James y Grace pasaban corriendo cerca de ellos. Después fijó su mirada de nuevo en el chico de ojos grises.

- Eso es lo que eres. Un muchacho.

- En otras ocasiones me llamabas de otra manera... –dijo él con voz seductora. Volvió a acercarse de nuevo-.

Otra vez, Kate se apartó riendo.

- Sirius... –dijo en tono de advertencia-.

- Vaaale... hablemos –concedió él-. Aunque pensé que ayer ya había quedado claro...

Kate se dispuso a decirle que si por lo de "ayer", se refería al beso que se habían dado en el baile, ella estaba más que de acuerdo. Sin embargo, cuando abrió los labios, no fue su voz la que se oyó.

- ¡Black! –era la profesora McGonagall. Sirius abrió la boca completamente-.

- Mierda... –susurró-.

- ¡Black, usted tenía un castigo conmigo! ¿Se cree que se va a librar de algo así? –hablaba la profesora enérgicamente, y desde luego mosqueada-. ¡Voy a tenerle fregando baños hasta que se quede sin nudillos! ¡Quizás entonces aprenda a llegar a la hora!

- Pero profesora... –intentó excusarse Sirius poniendo su cara de "yo no he hecho nada malo. Si soy un angelito...". Pero Minerva McGonagall ya había visto esa expresión muchas veces-.

- Vaya delante de mi, señor Black. El señor Rumsfelt ya está en su castigo, y no crea que le voy a favorecer a usted por pertenecer a mi casa.

Sirius miró a Kate impotente. ¿No iban a dejarle hablar con ella a solas? En algún momento tendrían que solucionarlo... Pero ese no parecía el momento, ya que la profesora la miraba severamente y con las manos en las caderas, signo inequívoco de que se la estaba acabando la paciencia.

Soltó un bufido de frustración y obedeció a la mujer, mirando por última vez a Kate, con una expresión que estaba muy clara. "Ya hablaremos". Ella asintió sin dejar de sonreír, y volvió sobre sus pasos para ayudar a Peter y Lily a despegar a Gis de Rachel.

OO—OO

Cuando entre los tres por fin sacaron a Gis de allí, Remus se acercó a su novia y la dio un pequeño beso.

- Voy a buscar algo de comer, y estaremos un rato hablando a solas mientras cenamos, ¿vale?

Se dio la vuelta y se dispuso a salir en dirección a las cocinas cuando la voz de su chica le detuvo.

- No. No te vayas –susurró Rachel agarrándole de la manga de la túnica. Comer, le resultaba algo completamente secundario en ese momento-. Quédate toda la noche. Seguro que los demás lo entienden, y yo he pasado demasiado tiempo sin ti...

Remus sonrió a su novia, obnubilado por la ternura y la sensualidad que despedían sus palabras. Acortó la distancia entre los dos muy lentamente, para posar un casto beso en los labios de ella. Rachel emitió un gemido de protesta al notar que se alejaba, pero la distancia pronto se vio acortada de nuevo. Esta vez besaba suavemente la piel del cuello de su chica, bajando lentamente hasta la clavícula.

Rachel suspiró fuertemente, extasiada por la experiencia de los sentidos que llevaba meses sin vivir. Sintió la lengua de Remus vagar por su hombro, siempre tan tierno y cuidadoso. Sin embargo, ella necesitaba mucho más esa noche. Era demasiado tiempo el que habían estado separados. Demasiada pasión reprimida. Demasiado deseo acumulado.

Le agarró fuerte del pelo, dispuesta a profundizar el suave beso que él la había dado. Le metió la lengua en la boca haciéndole perder el control, y comenzó a andar marcha atrás hacia la cama. Ambos cayeron cuando tropezaron con ella, él encima y ella debajo. Pero Rachel no quería eso ese día. Con agilidad le dio la vuelta y se sentó a horcajadas sobre él, que la miró con el deseo explotando en sus ojos.

Pronto siguió el mismo camino que había recorrido él en ella. Bajó de sus labios a su mentón, de este al cuello y llegó hasta la clavícula donde le mordió suavemente, ganándose de premio un gemido. Satisfecha, volvió a subir para morderle el lóbulo de la oreja, mientras sus manos seguían el camino ya conocido, desabrochando lentamente la túnica.

No tardó en quitársela, y comenzó a jugar con los botones de su camisa, haciéndole sufrir la espera. Remus intentaba controlar su impaciencia mientras acariciaba las piernas de ella, desde su rodilla hasta sus muslos. La espera era enloquecedora, y Rachel lo sabía, por lo que cada vez iba más lentamente, escuchando satisfecha los gemidos de protesta de su novio.

Cuando hubo quitado todos los botones de la camisa, se separó un poco de él para admirar su pecho descubierto. Recorrió con los dedos las antiguas cicatrices y besó fervientemente las nuevas. Cuando los besos llegaron al final de su estómago, justo debajo del ombligo, volvió a subir con lentitud, dejando lametones a su paso. Volvió a besarle los labios con pasión, revolviéndole el pelo y recorriendo su cara con las manos, como si le quisiera memorizar con el tacto.

Se separó de él, hasta quedar sentada a una buena distancia. Le sonrió con anticipación, y Remus se pasó la lengua por los labios, claramente excitado. Ella dirigió sus propias manos hacia su camisa, y comenzó a desabrochar lentamente sin apartar la mirada de esos ojos dorados que tanto amaba.

A cada centímetro que dejaba a descubierto, Remus la abrasaba con la mirada pensando en las caricias que podría otorgar. No se movió. Sabía que ella quería que solo mirase en ese momento. Lo habían hecho tantas veces, que ya casi podían leerse la mente con una sola mirada, y esa conexión la encontraba fascinante en todos los sentidos, pero sobretodo en situaciones como esa. Cuando acabó de quitarse la camisa, la tiró al suelo, junto a la túnica de él. Echó sus manos a la espalda, dispuesta a desabrocharse el cierre del sujetador, pero Remus no lo permitió. No es que esta vez ella quisiera hacerlo, es que él necesitaba tener eso. La hizo girar sobre sí misma, quedando encima de ella. Rachel no protestó, sino que sonrió ampliamente, dejándose hacer, mientras él se instalaba entre sus piernas. Cuando las hábiles manos de Remus quitaron esa prenda que tanto veneraba y odiaba a partes iguales, lanzó un suspiró y la miró con pasión, deseo, y sobretodo, ternura.

- No sabes cuanto he tenido que luchar para no imaginarte así, porque entonces la separación habría sido aún más insoportable –la susurró justo antes de comenzar a besar sus pechos-.

Rachel suspiró, sintiendo que por fin había vuelto a casa. Pronto los suspiros se convirtieron en gemidos y jadeos, a medida que su novio seguía devorando esa parte de su anatomía. Cuando lanzó un pequeño grito, Remus movió su lengua hacia abajo, saboreando su estómago y el nudo de su ombligo. Ella se arqueó, cada vez más impaciente, y Remus puso sus manos en la apertura de su pantalón. Siguió besando tiernamente su estómago, mientras desabrochaba lentamente el cierre. Poco a poco, fue bajándoselos dejando al descubierto los muslos, las rodillas, los gemelos y los talones, hasta que se desprendió de ellos por completo.

Comenzó a besarla el empeine del pie, y fue subiendo enloquecedoramente lento por la pierna. Rachel sentía que el ardor del estómago crecía más y más, cuanto más se aproximaba él al lugar donde quería tenerle. Cuando los besos ascendieron hasta la cara interior del muslo, se agarró fuerte al colchón, huyendo de la sensación de caída que estaba sintiendo. Perdió un poco la conciencia de sí misma, y podía notar cómo la despojaban de la única prenda que la cubría, y cómo la boca de su novio acaparaba su zona más sensible.

Casi no podía ver, pues el placer la estaba cegando, pero a tientas encontró la cabeza de Remus y le acarició el pelo con más fuerza de la que pretendía. Sin embargo, él no parecía notar nada, pues continuó con su trabajo, imparablemente, hasta que ella explotó por primera vez, quedando extasiada y un poco, solo un poco satisfecha. Subió por su torso, besando cada centímetro de piel que encontraba a su paso, y se entretuvo de nuevo en los pechos de su novia.

Cuando llegó de nuevo a su boca, Rachel ya suplicaba por él. Le acariciaba el pecho, intentando abarcarlo todo con una caricia, hasta que sus manos llegaron hasta el cierre del pantalón. Se lo arrancó con urgencia, la que ambos sentían. Y cuando ambos se encontraron completamente desnudos, dedicaron unos segundos a mirarse de arriba abajo, volviendo a recordar todo lo que habían conocido juntos y que les había sido negado por tantos meses.

Todo ese tiempo de sufrimiento, de pérdida, dolor, miedo y sacrificio, dejó de tener importancia para Rachel cuando por fin le sintió dentro de ella. Remus la besó en los labios, susurrándola una y otra vez que ella era la única a la que él podía querer. Ya nada importaba, si acabaría el día en los brazos de él, sintiéndole en lo más profundo de su ser.

Esa noche, una pareja volvió a ser uno en Hogwarts. Pocas personas sabían que volvían a estar el uno en brazos del otro, y seguramente aún menos imaginaban lo importante que eso era para ellos. Pero esa noche, Remus Lupin y Rachel Perkins volvieron a rehacer una promesa, la que implica el amor más puro y tierno del mundo...

O-oOOo-O

¿Qué os ha parecido? ¿Bien, mal, regular? Por largura no os podréis quejar xD dudo que lo podáis leer de una sentada, y si lo hacéis, mis felicitaciones!jajajaja primero de todo: qué os ha parecido la historia de Rachel?? Y qué tal me salió mi reto personal? Estoy bastante contenta con el lemmon :P ya vais viendo que esto arranca, Jeff y Nicole ya están juntos oficialmente, Remus y Rachel pueden estar juntos, Lily tiene un caca-cao mental del copón, ¿qué pasa con nuestro trío? Aviso que en el siguiente capítulo pasará algo importante pero no definitivo con esos :p y ahora resulta que Regulus y Sadie tienen una especie de tregua xD esos dos tienen más en común de lo que creen jajaja

Ahora os hago una pregunta necesaria... y digo necesaria, porque sino la formulo, Denise me mata xD aquí una lectora me ha pedido que haga una encuesta, y yo también quiero saber el resultado la verdad xD ahí va la pregunta:

"¿A quién prefieres para Sirius, a Grace o a Kate?"

Aviso que la respuesta, aunque se valorará, no variará el rumbo original de la historia, porque yo soy incapaz de imaginármela de otra manera que no sea así jajaja pero contestadme porfi :P

En el próximo capítulo narraremos el partido de quidditch Gryffindor vs Ravenclaw :D

Dejadme reviews porfi!:P aunque sea para amenazarme xD (bueno, tp es necesario llegar a tanto jajaja) un besazo!

"TRAVESURA REALIZADA"

Eva.