-La historia es de mi completa autoria más esta ligeramente basada en la segunda temporada de la serie "Kósem La Sultana" producida por Timur Savci y ahora protagonizada por Nurgül Yeşilçay (Sultana Sakura) y Metin Akdülger (Sultan Murad IV). Los personajes son propiedad de Masashi Kishimoto, más su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta para la dramatización de la historia


Capítulo 6

La Sultan Izumi se había retirado de la velada momentáneamente luego de que una de sus doncellas hubiera aparecido para, mediante un discreto susurro, darle a conocer una información que aparentemente ella había estado esperando. Sintiendo la mirada de la Sultana Midoriko sobre su persona, Koyuki levantaba la mirada encontrando que esta la evadía, mostrando una aparente superioridad que ya estaba incomodando en demasía a Koyuki.

Sentía que la estaba observando como si fuera poco menos que una basura y ella, siendo Princesa de sangre real, no podía permitir ser ninguneada por una mujer que había ascendido al poder no siendo sino una esclava cualquiera. Incluso la Sultana Sakura era inferior si se cuestionaba tal cosa. Midoriko debía admitir que ya no se sentía intimidada, la Princesa Koyuki era bonita, desde luego, pero no eran tan hermosa como había supuesto, sinceramente no podía entender que había visto Daisuke en ella. Solo le bastaba marcar las diferencias que existían entre ambas y entre sus sociedades.

-¿Te gusta el palacio, princesa?—indago Midoriko, hablándole por primera vez y siendo observada por la Sultana Mikoto que asintió, de acuerdo con su plan.

La húngara asintió, sonriente, ya más tranquila de que la mujer enfrente suyo iniciara una conversación. Más algo le decía que no se confiara en lo absoluto, algo le picaba los nervios y le impedía sentir confianza como hubiera deseado hacer.

-Una vez que te hechiza es difícil marcharse—garantizo Midoriko co una reluciente sonrisa que, en otras circunstancias hubiera parecido inocente, pero esta vez no lo era. –Así que es mejor que no te acostumbres—recomendó la pelimorada, tomando su copa de la esa entre ambas, bebiendo co tranquilidad.

Una sonrisa ladina apareció ene rostro de Mikoto, percibiendo la incomodidad de la Princesa Koyuki tras haber escuchado a la Sultana Midoriko. Lo mejor era incomodar a la Princesa y hacerla partir lo más pronto posible. Ni ella ni su madre ni nadie salvo su hermano Daisuke la querían en el Palacio, era mejor que la húngara se marchara y pronto. No tenía nada que hacer ahí.

-No entiendo—respondió Koyuki, siendo observada por Yugito desde la distancia, quien estaba preocupada.

Midoriko sonrió falsamente, inclinando su rostro. Cualquiera que no la conociera y hubiera visto podría haberla comparado con una cobra venenosa que contemplaba a un ratón tembloroso que planeaba devorar.

-Claro que entendiste—respondió Midoriko por ella, -no te hagas sueñitos con su majestad—advirtió la pelimorada con un tono de voz ya más ligeramente agresivo que hizo fruncir el ceño a Koyuki. –Porque después te entristecerás—pronuncio tanto para si como para la Princesa, -después de todo volverás a tu país muy pronto.

Koyuki frunció el ceño ante aquellas palabras, teniendo muy en claro la imagen de estupidez que parecían tener de ella. Pero Koyuki estaba determinada a no darle el gusto a nadie. Su mayor labor era sobrevivir, nada más, y si para hacerlo debía ser la amante del Príncipe Daisuke, pues lo haría sin dudarlo.

-Yo no vine aquí como esclava, Sultana—le recordó Koyuki a Midoriko sin ver el ceño fruncido de la Sultana Mikoto que estaba sentada a su lado y que no veía con buenos ojos la arrogancia de parte de la húngara. –Sería mejor decirle esas palabras al Príncipe Daisuke, es él quien no se aleja de mí.

-¿Piensas que él puede protegerte?—cuestiono Mikoto ahora luego de ver lo fácil que resultaba para Koyuki ningunear a Midoriko, -tal vez ella sea una esclava pero yo soy una Sultana de sangre real y no te permito hablar de esa manera—sentencio Mikoto con voz clara que fue percibida por algunas de las concubinas y por la doncella de Koyuki, Yugito, -no eres más que una extranjera sin poder, prepárate para irte porque no eres bien recibida aquí.

Sin más que hablar, Mikoto se sujetó la falda y levanto ante la sonriente mirada de Midoriko que ahora sintió poder respirar más tranquila, retirándose con la frente en alto y siendo reverenciada a su paso. Koyuki se mantuvo con la mirada baja, sin saber que decir. Todo el buen recibiendo no era sino una farsa para ocultar cuanto deseaban expulsarla de sus dominios.

La detestaban.


Sakura, sentada sobre la cama, acaricio cuidadosamente la espalda de su hija que, tras haber llorado todo cuanto necesitaba, se encontraba profundamente dormida gracias a sus mimos y atenciones maternales. Ver a su hija sufrir de esa manera la martirizaba más de lo que alguien pudiera imagina y ambas habían llorado en brazos de la otra, Sakura por empatía al dolor de su hija y Sarada que era incapaz de superar lo que ahora sabia. Las puertas se abrieron con un leve chirrido, haciendo que Sakura girara su rostro, desganada, hacia la puerta.

Sasuke entro encontrándose co el triste cuadro de su hija profundamente dormida, con las mejillas marcadas a causa de las lágrimas con Sakura consumida por la tristeza, girándose a verlo de todas formas. Las palabras de Boruto habían sido totalmente ciertas, ahora Sarada sabia la verdad…más eso no garantizaba en lo absoluto que ella siguiera odiándolo o no. Eso solo se sabría si la propia Sarada lo decía.

-Me dijeron que estarías aquí—respondió Sasuke, viéndola asentir.

La pelirosa regreso su mirada hacia su hija, acariciándole suavemente el cabello y escuchando los pasos de Sasuke acercarse hacia ella, sabiendo que su mirada se centraba tanto en ella como en Sarada. Le hubiera gustado entender todo antes, saber lo que estaba pasando, entonces quizá hubiera podido evitarle un sufrimiento tan prolongado a su hija, un sufrimiento que Sarada no merecía y que no tenía justificación. ¿Por qué no podían alcanzar la paz en sus vidas? Siempre había algo que enfrentar, nunca se podía estar tranquilo.

-¿Cómo pudo pasar esto Sasuke?, ¿Cómo es que no pudimos saberlo antes?—cuestiono Sakura con la voz ligeramente quebrada.

Inojin, en el pasado, había pasado por el pretendiente ideal pero penas se había casado con Sarada había dado a relucir una personalidad arrogante que ellos jamás le habían visto, desatando su desconfianza. Les hubiera encantado saber todo antes para evitar a Sarada un engaño de tantos años, pero eso no había sido posible hasta que pro inquietud Sasuke le hubiera pedido a Boruto investigar al Yamanaka, descubriendo su traición.

-No lo sé—respondió Sasuke para su propio pesar, -pero eso ya no importa mucho ahora—intento serenarse el Uchiha, viéndola asentir a modo de repuesta. -Inojin ya está muerto y su traición fue pagada—apelo a convencerse a sí mismo de ello, pero la ira latente contra aquel traidor seguía ahí.

Por más que también lo creyera, Sakura no se sentía tranquila en lo absoluto, aun con la mirada triste y dolida por tan solo intentar entender el sufrimiento que Sarada había sentido. Si para ella imaginar a Sasuke pensando en otra mujer era doloroso, ¿Cómo sería saber se engañada? No lo soportaría, de eso estaba segura cuando menos.

-Quisiera poder vivir tranquila con eso—respondió Sakura, inclinándose para depositar un delicado beso en la frente de su hija que, momentáneamente, pareció relajarse. -¿Por qué no podemos vivir tranquilos?—cuestiono en voz alta, acariciando el rostro de su hija luego de separarse. -O son las revueltas o lo que sufren nuestros hijos—pronuncio con la voz quebrada a causa de las lágrimas. Tanto que ambos habían perdido; sus padres, sus hermanos, aquellos que significaban tanto…¿Tanta perdida merecía la pena?, ¿Por qué sucedían esas pérdidas?. -A veces creo que hemos errado demasiado.

-No lo hemos hecho—aseguro Sasuke, deteniéndose tras ella, colocando sus mansos sobre los hombros de Sakura que agradeció su presencia y tacto. -Tuve por padre a un hombre que asesinó a todos sus hermanos y a un abuelo que orquesto masacres incontables—le recordó sin poder comprender por su cuenta como las generaciones pasadas, contando a Mei y a su hermana Rin, así como a Obito, hubieran sido capaces de algo tan repugnante y atroz como lo era el asesinato en masa y el fratricidio. -Lo que nosotros hemos tenido que destruir para mantener la paz no es nada—se convenció a si mismo siendo que él no había asesinado ni a Yosuke ni a Neji sino que los mantenía prisioneros de sus propias culpas. -Terminará en algún momento, Sakura, solo nos resta esperar.

A modo de respuesta, Sakura sostuvo su mano y la beso devotamente, sintiéndolo limpiar con sus dedos las lágrimas que descendían por sus mejillas en un intento por calmarla. El dolor vivido por la pérdida de quienes amaban aún estaba ahí y nunca desaparecería, pero la idea de paz era tan dulce que parecía llegar a convencerlos de que en algún punto ya no sería necesario pelear tanto por alcanzar algo que aún seguía pareciendo imposible.

Algún día ya no tendrían que pelear.


-¿Lo notaste, Yugito?—pregunto Koyuki a su amiga que preparaba y abría la cama para ella, -la Sultana Midoriko es una mujer malvada.

-No me gusto como la miraba—comento Yugito, viendo asentir a su Princesa, -es obvio que usted no le agrada.

A celebración había terminado ya, dejándole un mal sabor de boca a Koyuki que ahora en sus aposentos terminaba de colocarse el camisón con ayuda de su amiga Yugito que no parecía molesta por el recibimiento y o discusión de su Princesa con las Sultanas Mikoto y Midoriko. Koyuki se encontró así misma sentada frente al elegante tocador, observándose en el espejo mientras peinaba su largo cabello. No tenía sueño, quería ver al Príncipe Daisuke y no solo por gusto sino también para saber de una buena vez que quería de ella, si quería que fuera su concubina o solo la consideraba una amiga, porque Koyuki podía asegurar que existía algo entre ambos, algo que aún no tenía un nombre especifico.

-Ella y la Sultana Mikoto insistieron en que me aleje del Príncipe Daisuke—respondió Koyuki, notificándole a su amiga todo lo que le habían dicho durante la festividad y que ella no había conseguido escuchar.

Su corazón latía apresurado cada vez que pensaba en él, como jamás había sucedido a la hora de pensar en algún hombre que hubiera aparecido en su vida, estaba enamorada de él y lo sabía pero no se sentía capaz de admitirlo porque no traería beneficio alguno para su persona, solo la haría parecer más débil y mundana.

-Perdóneme, Princesa, pero estoy de acuerdo con ellas—admitió Yugito, viendo a su Princesa arquear una ceja con confusión. -–Está al borde de un precipicio, es demasiado peligroso jugar con la pasiones de un hombre en este momento—le recordó la rubia sin notar que Koyuki entornaba los ojos ante sus palabras.

Koyuki ya no respondió nada más, peinando su cabello distraídamente sin saber que concluir. Claro que no quería alejarse de Daisuke…pero su opinión no era importante ene se momento, necesitaba saber que sentía o quería Daisuke de ella, tena que saberlo o no estaría tranquila.


Quitándose la bata de seda que estaba sobre su camisón de seda rosa y encaje violeta, Midoriko termino de peinar su largo cabello mientras sus doncellas guardaban su vestido y joyas mientras otra preparaba su cama. No había sido una velada tan aburrida como había creído, la Sultana Sakura y la Sultana Mikoto estaban de su lado de cierta manera y con ello podía estar tranquila. Su neutralidad y aparente equidad evitaban que tuviera enemigos potenciales, no era una amenaza para nadie y por ello nadie nunca intentaba dañarla o destruirla, era una buena táctica el parecer tonta y sumisa ante otros cuando en realidad solo valorizaba por su cuenta aquello que consideraba importante.

Era por su propio bien y el de sus hijos, así como el de Daisuke.

Las puertas se abrieron de manera repentina con un suave chirrido haciendo que las doncellas de la Sultana reverenciaran al Príncipe Daisuke que hubo ingresado para ver a Midoriko quien lo reverencio en el acto. No lo había visto durante todo el día y extrañaba en demasía su presencia, él que era su todo en el Palacio, en el Imperio y en el mundo, su protección, su amor y su amparo absoluto.

-¿Cómo estas, Midoriko?—pidió saber Daisuke, acariciándole los hombros.

La Sultana respondió ante su inquietud con una hermosa sonrisa, sintiendo sus fuerzas y animo regresar con solo tenerlo en frente.

-Infinitamente feliz, por supuesto—garantizo Midoriko, -con solo tenerte aquí las fuerzas vuelven a mi ser—sostuvo una de las manos de él entre las suyas, sintiendo su calor, necesitando de su presencia.

Daisuke asintió, con una ligera sonrisa ladina.

-¿Cómo están Sasuke y Mikoto?—pregunto por sus hijos que, esperaba, estuviera profundamente dormidos para aquella hora, en sus propios aposentos claro ya que no estaban ahí con Midoriko. -¿Están durmiendo?

Asintiendo, vehemente con aquella sonrisa en su roro, Midoriko no deseo que él se marchara en ningún momento tras no haberlo visto durante todo el día por causa de los asuntos de estado en que debía estar presente por ser el mayor de los Príncipes a optar por el trono. Sus hijos necesitaban de él y ella más que nada lo necesitaba con desesperación.

-Sasuke no ha querido dormir—confeso Midoriko, recordando cuan terco podía ser su hijo, como todo buen Uchiha, -insiste en verte, quiere tener a su padre a su lado para jugar con él, como Mikoto—garantizo la pelimorada antes de apretar ligeramente la mano de Daisuke entre las suyas, -y yo también te extraño.

Daisuke rompió ligeramente el contacto de ella sobre u mano, levantando esta para acariciar cuidadosamente el rostro de Midoriko que, inocente y devota era la mujer más perfecta que hubiera podido encontrar en su vida, por ello la valoraba tanto más se sentía casi lejano de ella. Debía visitar a alguien antes o sentía que no podría dormir tranquilo.

-Descansa—pidió Daisuke, viéndola fruncir el ceño, confundida, - volveré más tarde, no me esperes despierta.

Besándole la frente a modo de despedida, Daisuke se retiró si voltear a ver la triste expresión en el rostro de ella quien parecía decepcionada. Sabía muy bien a quien pretendía ir a ver a esa hora de la noche: a la Princesa Koyuki


Koyuki termino de peinar su cabello, atándolo en una trenza que colgaba sobre su hombro izquierdo antes de levantar su vista hacia las puertas de sus aposentos que se abrieron de forma repentina, viendo entrar a Daisuke. Sintiéndose expuesta ante lo delicado de u camisón, Koyuki, cerro el cinturón de su bata para cubrirse ligeramente más. Daisuke sonrió ligeramente divertido ante esto, no estaba viéndola con esa clase de intenciones si era lo que ella pensaba.

-No esperaba que viniera, alteza—hablo Koyuki viendo que le no tenía intención alguna de romper el silencio, -pero quería que supiera que me marchare apenas pueda, no tengo nada más que hacer aquí—sentencio con voz clara, -ya estoy a salvo.

-¿Acaso no dijiste que la iglesia Católica está contra ti?—cuestiono Daisuke de manera inmediata luego de haberla escuchado, -ahora estas en este palacio por tu propia protección—contesto viendo que ella deseaba protestar. –Te quedaras aquí—sentencio.

Observándolo con falsa sorpresa, Koyuki cruzo sus manos tras su espalda con un gesto falsamente inocente que Daisuke no fue capaz de notar. Su oportunidad con el Príncipe estaba servida en bandeja de plata, solo tenía que tomarla y ya, claro, debía marcharse pero no había tanta premura como ella se empeñaba en fingir, primero debía ganar una posición segura para sí misma.

-¿Y qué pasara a hora?—pregunto Koyuki sosteniendo osadamente su mirada con la de él, sin temer hablarle con sinceridad, -¿me desea lo suficiente para hacerme parte de su Harem?—cuestiono abiertamente, percibiendo la sorpresa en los ojos del Uchiha que parecía saberse descubierto. -¿Seré su concubina?

Aparentemente aquellas si eran sus verdaderas intenciones.


Un nuevo día se alzaba glorioso en el palacio, el cielo iluminado por el astro solar, despejado e toda nube que obstaculizara su esplendor que hacia relucir al palacio como si fuera de oro sólido. La paz y la plenitud reinaban en cada rincón del palacio mientras el Sultan terminaba de vestirse, siendo plenamente informado de todo cuanto hiciera falta por Shikamaru. Se suponía que la Princesa habría de marcharse ese día, ya no tenían porque seguir protegiéndola, no tenía sentido incongruencia alguna. Ella no pertenecía a ese mundo ni era bienvenida, mientras más pronto desapareciera de sus vidas Sasuke se sentiría más tranquilo.

Sasuke, girándose hacia Shikamaru, tomo la taza sobre su escritorio, servida con el escaso desayuno que se permitía consumir para empezar su día; café.

-Obviamente esa princesa ha encantado a Daisuke—comento Sasuke al Nara que ya le había traído los edictos de carácter menor, firmados por su esposa, -cada hora que pasa se escuchan cosas nuevas, y se quedó con ella anoche—menciono con disgusto esto último.

-Ella tiene algo, su majestad—se atrevió a especular Shikamaru ante las palabras del Sultan, -es como si ella…

Toaron a la puerta de manera repentina, irrumpiendo en la conversación.

-Adelante—índico Sasuke.

Las puertas abrieron con un ligero chirrido permitiéndole a Daisuke ingresar que reverencio debidamente a su padre. Shikamaru mantuvo la cabeza baja sabiendo que su charla con el Sultan estaba pospuesta temporalmente a causa de la llegada del Príncipe Daisuke.

-Padre—saludo el Príncipe a su progenitor que le indico proceder a lo que fuer que tuviera que hacer para pedir su presencia. -Vine a hablar de la Princesa Koyuki—inicio Daisuke siendo que padre ya podía hablar especulado tal cosa porque era el único tema a tratar por él, recientemente.—Ella no se ira hoy, se quedara hasta que se estime conveniente.

Sasuke frunció el ceño ante esto, e tono autoritario de su hijo, casi a la par con el propio, no hacía sino decirle que era una decisión ya tomada pero a lo que Sasuke no había dado su consentimiento en lo absoluto. Creía saber por dónde iban las cosas pero de todas formas quería ignorar tal diatriba, quería creer que Daisuke no sería lo bastante estúpido como para creer tener el poder e tomar una decisión así, ni siquiera él podía, la dirección del Harem y las dependencias fuera de su aposentos le correspondía a Sakura, y su deber era la política.

-Eso no es apropiado—respondió Sasuke orando infinitamente por paciencia para hacerle entender a su hijo la situación que se pretendía plasmar, -las reglas del Palacio no lo permiten. No es aceptable.

Esas líneas no debían cruzarse y un asunto político no debía intercalarse con un asunto romántico o platónico por nada del mundo. La estupidez de Daisuke estaba llegando demasiado lejos.

-Es aceptable si yo lo quiero, padre—respondió Daisuke con altivez sin reparar en la expresión de sorpresa de Shikamaru. Nadie podía hablarle de esa forma al Sultan, -las leyes dicen que un Príncipe del Imperio puede contraer matrimonio por política con una Princesa extranjera—le recordó Daisuke a su padre, citando el protocolo, -y yo quiero que eso suceda.

Sin esperar que su padre lo contradijera, Daisuke reverencio a su progenitor y se retiró sin darle la espalda. Con la ira aflorando en su ser y sin importarle nada más, Sasuke soltó su taza que se hizo añicos en cuanto toco el suelo, rompiéndose estruendosamente y sobresaltando a Shikamaru que apenas y pudo mantener la compostura.

-Trae a esa maldita mujer, inmediatamente—ordeno Sasuke a punto de perder la paciencia.

Reverenciando al Sultan a toda prisa, el Nara se retiró para cumplir con su orden. Sasuke se masajeo las sienes de manera inmediata, podía solo tener cuarenta años pero se sentí mucho mayor a causa de todos los problemas con los que tenía que lidiar. Solo Sakura y él tenían tal carga sobre sus hombros y no sabía si debía agradecer tal cosa o exigir una respuesta de porque precisamente él tenía que llevar esa carga.

Daisuke estaba colmando su paciencia.


Boruto contemplo sorprendido la partida del Principe Daisuke que se condujo a si mimso como si fuera un Sultan, destilando una arrogancia que lo hizo sentir incomodo antes de ver como las puertas volvían a abrirse y Shikamaru Nara salía a toda prisa, haciéndolo arquear una ceja. ¿No era un poco temprano como para iniciar el día con pie de guerra? A su entender si, pero esa era la rutina del Palacio.

Boruto se mantuvo de pie en medio del bien llamada ala de recepción, un pasillo ligeramente más grande, de forma cuadrara que había de albergar a quien deseara hablar con el Sultan. Para su sorpresa, la Sultana Sarada aprecio vistiendo unas modestas galas azul zafiro con reflejos más claro, escote bajo en forma de corazón con dos botones de diamante, mangas holgadas desde los hombros y abierta en el frente a la altura del codo, por sobre el vestido una chaqueta de igual color corta en el frente y que se encontraba cerrada bajo el busto hasta el vientre, sin mangas. Sobre su largo cabello azabache plagado de rizos se encontraba una portentosa corona de plata y zafiros en forma de flor que sostenía un velo azul que, arremolinado sobre sus hombros, cubría su escote, a juego con un par de pendientes de cuna de palta con un zafiro en el centro y alrededores su cuello se encontraba una guirnalda de plata de la que colgaban zafiros y diamantes en forma de lagrima.

-Boruto—lo saludo la Uchiha, deteniéndose frente a él e inclinando la cabeza en un saludo respetuoso.

Abrumado por la aparición de aquella insólitamente hermosa mujer que parecía recuperada de lo descubierto el día de ayer, Boruto la reverencio debidamente sin apartar sus ojos de ella, no sabiendo del todo como debía hablarle, tampoco sabía si seguía odiándolo o no, eso era lo que le causaba mayor incertidumbre.

-Sultana—reverencio el Uzumaki, observando a la Uchiha, -¿Quiere que anuncie su llegada al Sultan?—pregunto, creyendo que esa era la arzón de la presencia de la Sultana a las puertas de los aposentos del Sultan.

Pero para su sorpresa, ella negó suavemente.

-No, vine a verte a ti—corrigió Sarada, notando la sorpresa en el rostro de él. Un suspiro suave abandono sus labios, pensando exactamente en como disculparse con él luego de haber sido tan dura e intransigente, obtusa y terca, pero ahora que reconocía su error era momento de pedir disculpas y dejar todo atrás. -Fui muy dura contigo antes, ahora lo sé—menciono esto último para si misma, pero siendo completamente sincera, -lamento no haberme adelantado a la veracidad de los hechos—confeso clavando su mirada ónix en los zafiros de él, antes de bajar ligeramente la mirada, apenada consigo misma. -Espero…que puedas perdonarme.

Boruto apenas y podía creer aquellas palabras, ella…no lo odiaba, le estaba pidiendo perdón. Una sonrisa ligera e inequívoca, mucho más pequeña de lo que realmente quería expresar apareció en su rostro producto de la felicidad y calma que as palabras de ella habían despertado en él, quitándole aquel infernal peso de los hombros, sabiéndose neutral por ella, sabiendo que ya no era un peligro a ojos de ella.

-Sultana, ¿Cómo podría ofenderme?—cuestiono Boruto, encogiéndose de hombros y viéndola más tranquila con esa respuesta. -Es cierto que intente apelar al prestigio del Imperio…pero también lo hice por usted—confeso para sorpresa de Sarada que no hubiera esperado que alguien hubiera hecho eso por ella, por sacarla de ese engaño. -No se merecía vivir en semejante mentira—comento leyendo prácticamente los pensamientos de ella. -Usted puede contar con mi apoyo y respaldo siempre que lo necesite.

Sarada lo observo abrumada ante aquellas palabras, aflorando una sinceridad e interés emocional porque ella que Sarada jamás había recibido de parte de nadie, salvo su familia, y que de manera extraña acelero los latidos de su propio corazón. Escuchándolo, Sarada sintió unas irrefrenables ganas de sonreír, que no contuvo en lo absoluto. Ya era hora de acallar el pasado y tomar un nuevo rumbo en su vida como Sultana, empezando de la nada misma para garantizar su seguridad y la de su hijo Izuna. Era el inicio de un nuevo comienzo, eso significaba la sonrisa que apareció en su rostro y que fue correspondida por Boruto que sonrió de igual modo.

Ambos deseaban ese nuevo comienzo.

-Gracias—admitió Sarada, sonriéndole por primera vez.

Ya no había enemistad alguna entre ambos, podían empezar desde cero y decir que al menos tenían un trato amistoso entre si


Sasuke, sentado frente a su escritorio, observo las puertas abrirse bajo sus órdenes impartidas a Shikamaru en espera de la llegada de la "Princesa Koyuki" que habría de verle la cara por primera vez y a quien deseaba expulsar de su Imperio con cada fibra de su ser, todo se estaba complicando por causa de ella y entre más pronto desapareciera, mejor.

Frente en alto y actuar aparentemente digno, la Princesa Koyuki reverencio debidamente al Sultan frente cuyo escritorio se detuvo, con una sonrisa ligera y cortes en su rostro. Sin corona alguna que adornara su cabello, la Princesa lucia unas femeninas galas aguamarina de escote discreto y caída en V, mangas ajustadas hasta los codos, holgadas y abiertas como lienzos en el frente, que tenía sobre si una chaqueta del mismo color bordada en diamantes. Alrededor de su cuello se encontraba una larga cadena de oro que sostenía un medallón que casi caía a la altura del vientre.

EL Uchiha la contemplo sin interés, no dejándose convencer por esa sonrisa de aparente inocencia y comportamiento respetuoso, ella era todo menos digna y correcta. Era una instigadora, una mujer malvada e intrigante.

-Mi hijo vino anteriormente—inicio Sasuke, de brazos cruzados y viendo que ella no parecía extrañada por sus palabras en lo absoluto, -parece que has conseguido lo que te proponías—la tuteo el Uchiha sin importarle nada. –Pero no te quedaras y no dejare que te acerques en al Harem ni a mi familia—sentencio sin importarle nada.

Koyuki observo confundida al Sultan y lo que acababa de decir. El Príncipe Daisuke se había quedado en sus aposentos anoche, claro, pero solo habían hablado hasta casi entrada la madrugada, nada más. Le había prometido que se quedaría ene l palacio pero ella creía que el Sultan lo había permitido, ¿Por qué le decía eso en ese momento? No tenía sentido.

-Majestad, yo…- intento aclarar Koyuki.

Pero su intento de explicación fue detenida por el Sultan que alzo la palma de su mano, ordenándole que guardara silencio hasta que el dijera lo contrario. Koyuki hubo de admitir que era un hombre más intimidante de lo que hubiera imaginado a base de los rumores, no cruel, sino intimidante.

-Recoge tus cosas y sal de mi palacio antes de que termine el día—sentencio Sasuke sin importarle la opinión de ella, ni sus justificaciones, ni las palabras anteriormente dichas por Daisuke. –Ya nos causaste suficientes problemas.

Koyuki lo observo sorprendida, sin saber que decir y sabiendo que ya no contaba con ninguna clase de apoyo, ni militar ni personal. Daisuke había garantizado algo que jamás había sido seguro. Había impuesto algo para lo que no tenía facultad y i bien la intención era infinitamente agradecida de su parte, Koyuki ahora entendía que había sido un completo error haber pisado ese Imperio y sus territorios para empezar.

-Sal de mi vista—ordeno Sasuke.

Resignada, Koyuki reverencio debidamente al Sultan y se retiró sin darle la espalda como se suponía que debía hacer. Tenía que quedarse de alguna forma, como fuera, pero debía hacerlo, de lo contrario nunca tendría el poder ni la influencia para hacer nada de lo que pretendía.

Debía quedarse.


Se decía que quien no participaba en la política Imperial era ignorante y de hecho era un dicho más que adecuado porque quien no tenía poder no era nada, se trataba de un equilibro sutil; ya se fuera fuerte o débil, siempre se estaba cerca de a muerte si no se tenían los contactos y/o aliado adecuados para sobrevivir y Midoriko era más consciente de ello desde hace años, ahora más que nunca ya que la Princesa Koyuki resultaba una amenaza contra su persona y sus hijos.

Tenía que deshacerse de ella.

-Sultana Midoriko— la saludo el Pasha, respetuosamente, -¿quería verme?

Quizá a ojos de todo no fuera más que una mujer tonta y apolítica pero lo cierto era que…tenía su respaldo en política, se trataba de Kisame Hoshigaki Pasha quien desde hacía ya meses se había integrado al Consejo Real, tomando partido en las decisiones y edictos del Sultan, ganando influencia y siendo alguien, aparentemente, discreto. Él había orquestado y realizado el atentado a la nave de la Princesa Koyuki más sin que ella hubiera podido saber que el Príncipe Yosuke se encontraba adentro, pero ahora que sabía que el Sultan había ordenado la partida de la Princesa, era el momento idóneo para deshacerse de ella de una vez y para siempre.

Nadie iba a extrañarla, no era más que una extranjera que jamás había sido bienvenida.

-La Princesa Koyuki ha sido expulsada del Palacio por orden de su majestad—informo Koyuki viendo sorprendido al Pasha que aparentemente no había tenido en mente que aquello sucediera, o al menos o tan pronto ya que el Príncipe Daisuke estaba intercediendo mucho por la Princesa. –Debemos deshacernos de ella a toda costa.

Ataviada en una capa de seda y encaje color crema estampada con el emblema de lo Uchiha bordado en plata, con una elegante corona de oro y amatistas sobre su largo cabello, a juego con un par de pendientes, Midoriko asintió ante la pregunta de su fiel Pasha y emisario en momentos de necesidad, como en ese.

Kisame trago saliva ligeramente sorprendido por la táctica que la Sultana tenía en mente, era una buena oportunidad para atacar, claro, pero demasiado arriesgada a su propio parecer. La Princesa contaba con el apoyo del Príncipe Daisuke, y si se añadía, con la Sultana Izumi, atentar contra alguien que recibiera el respaldo Imperial era muy penado por la ley.

-Sultana, es muy riesgoso—se atrevió a cuestionar Kisame, viéndola asentir a modo de respuesta, como si nada, -si alguien se entera de esto estaremos en problemas. ¿La Sultana Sakura sabe de esto?

Midoriko pareció ofender ante esto último.

-Claro que lo sabe, ella y su majestad están al tanto de todo—mintiendo siendo que apena y sabían del plan que ahora tenía entre manos, -procede como yo te he dicho—sentencio antes de retirarse.

Se cumplirían sus órdenes.


Usando ahora un vestido gris de mangas holgadas desde los codos bajo una chaqueta de cuero cerrada en el frente de cuello alto, -sin mangas, cerrada en torno al cuello por un botón de diamante, decorada en el frente por cordones en forma de corsé, su largo cabello suelto sobre sus hombros—Koyuki termino de pararse para su forzosa partida con ayuda de Yugito que hubo cerrado un arcón donde se encontraban todas sus pertenencias de mayor valor y parte de los nuevos vestidos dados en el Palacio.

Las puertas de sus aposentos se abrieron con un leve chirrido permitiendo el ingreso de Lady Ino, la encargada Principal del Harem y que era la mano derecha de la Sultana Sakura en cuanto a dirigencia y orden se refiriera, y a quien la Sultana Sakura había designado para "despachar" a la Princesa Koyuki del Palacio.

-Princesa Koyuki—reverencio la rubia a la Princesa húngara a quien tenía la labor de escoltar a la Princesa hasta la salida del Palacio, -su carruaje está listo—anuncio, correcta y respetuosa.

Levantándose del borde de su cama, donde hasta entonces se había encontrado sentada, Koyuki se propuso a debatir, no quería marcharse, quería quedarse allí y tomar las riendas del poder como la mujer del heredero i fuera necesario, pero no quería abandonar aquel lugar sin poder alguno hasta que todo estuviera completamente perdido. Tenía que pelear si ansiaba conseguir aquello de todo corazón, si eso ya estaba en su cabeza no podría sacar esa idea de su mente hasta que se hiciera realidad.

-Quiero ver al Príncipe Daisuke—espeto Koyuki viendo que tal vez era su única salida para quedarse.

Ino parpadeo ligeramente confundida, claro, no había esperado sumisión absoluta de parte de la Princesa a la hora de partir, pero tampoco una demanda semejante porque simplemente no tenía derecho, no tenía poder alguno que le permitiera permanecer allí bajo ninguna circunstancia. Nadie confiaba en ella e Ino no pretendía romper con la confianza que el Sultan Sasuke y la Sultana Sakura habían depositado en ella.

-Lo lamento, Princesa— Ino bajo la mirada, recordando las órdenes dadas por el Sultan Sasuke y por la Sultana Sakura, -pero su Majestad ha prohibido que hable con los Príncipes o Sultanas—justifico Ino.

La encargada del Harem, sin más, se retiró dejando a la Princesa Koyuki sola con sus pensamientos, creyendo por completo que todo se había acabado. No podría quedarse en el Palacio.


Sakura se encontraba sentada en la terraza de su aposentos, permitiendo que el aire le diera fuerza a su ser. Almorzando tranquilamente en compañía de su hija Mikoto que ya podía darse por enterada de todo lo que había sucedido hasta esa hora de la mañana.

Vestía unas simples galas azules de escote corazón, sin mangas bajo una chaqueta ligeramente transparente de seda celeste bordada en plata, mangas ajustadas, cerrada en torno al cuello por un botón de diamante y formando un escote redondo que enseñaba el vestido inferior, cerrado bajo el busto hasta la altura del vientre para exponer la falda. Su largo cabello se encontraba recogido de lado, cayendo sobre su hombro izquierdo y adorado por pequeños diamantes y cristales en forma de lagrima a juego con una magnifica corona de plata, diamantes, topacios y zafiros sobre su cabello a juego con un par de pendientes de cuna de plata con un zafiro en el centro del que colgaba un topacio en forma de lagrima.

Sentada en el diván de junto se encontraba Mikoto, vestida en unas dignas y elegantes galas turquesa de cuello alto y mangas ajustadas hechas de encaje bordado en diamantes, las hombreras y el corpiño eran de seda un tanto más oscura pero igualmente brillante formando un escote en forma de corazón, falda lisa y de doble capa que emulaba en su interior el emblema de los Uchiha. Su largo cabello rosado caía en una perfecta cascada de rizos tras su espalda adornado por una corona de plata y topacios de la que colgaba un lienzo que ataba parte de su cabello en una ligera coleta, a juego con un par de pendientes de cristal en forma de lágrima.

-¿No crees que esto dará lugar a desavenencias, madre?—inquirió Mikoto ya sabiendo que la Princesa Koyuki habría de marcharse de manera inminente. –Daisuke se molestara mucho si lo descubre.

No le interesaba que esa insufrible extranjera se quedara en el palacio, por su puesto, pero temía que Daisuke descargara su ira contra su madre al no ver realizado su capricho de tener a la Princesa para sí mismo. Su padre no podía ser debatido, era Sultan, pero esa autoridad no conseguía alcanzar a su madre como para evitarle el disgusto de una discusión. Mikoto hubo de suponer que su madre lo sabía puesto que parecía darle lo mismo tal circunstancia, ya fuera a tener lugar o no.

-Mi responsabilidad es dirigir el Harem y el orden del Palacio—recordó Sakura a su hija, bebiendo distraídamente de su copa, -y eso hago- justifico la pelirosa con una sonrisa triunfal ante la que correspondió su hija.

Ellos nunca perdían las batallas que debían librar por una simple razón: cumplían las normas al pie de la letra.


PD: capitulo dedicado (como siempre) a DULCECITO311 (cuyos comentarios adoro sinceramente) y a Adrit126 (pidiéndole paciencia con lo del triangulo NaruSakuSasu ya que he de desarrollarlo debidamente) agradeciendoles como siempre el tener la atención de leer y comentar la historia. Había prometido actualizar o este fin de semana o durante la semana (a partir del lunes) y como he de estudiar mañana decidid hacerlo hoy:3 paciencia conmigo pliss, comenten por favor toda duda que tengan y quizá la aclare en el próximo capitulo :3 gracias y hasta la próxima.