¡Hola a todos! ¿Qué tal estáis? Yo bien. ¡Por fin acabé el capítulo! Ha habido partes que me han costado, con las ganas que tenía de quidditch! Jejeje pero hay cosas que no son quidditch, y a veces lo romántico me raya... irónico!nunca me canso de leerlo pero lo que es escribirlo... buff!!jejeje de todas formas creo que ha quedado bastante decente!sé que he tardado más de lo usual, pero tampoco he tenido tantos reviews como de costumbre. De hecho, no he llegado aún a los cien... Me he quedado en un número muy feo xD espero que es este capítulo supere la cifra porque solo necesito dos reviews!:P
En fin, como los que habéis dejado review, no tenéis la culpa de la vagueza de los demás (sisi, vagueza!que me sé vuestras excusas jajajaja) espero que me perdonéis!a partir de ahora ya empezará la parte "oscura" del fic, que es la que más ilusión me hace!hoy tendremos el primer pequeño disgusto, pero el de hoy es suave para que empezar poco a poco. Aviso, por si acaso no lo he dicho antes, que será un fic con varias muertes, pues están en medio de una guerra!ya sabéis, el que avisa no es traidor ;)
Contesto reviews:
Lili: Hola wapísima! Gracias por dejarme el review, como siempre! me alegro que te de pena por Jane, porque a alguien se la tiene que dar!jajaja no es mala, solo egoísta y loca. Lo sé, mala combinación jajaja. La frase de Remus y Sirius es el pensamiento que yo habría tenido en ese momento xD. Me alegro que te gustara la historia de Rachel, quería hacerla creíble, y a la vez algo diferente, ya sabes xD bueno, espero q tb te guste este capítulo ;)
Andy: pringaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!si te dio tiempo a dejarme un review antes de que publicara!!jajajaja cacho crack :P no me extraña que te costara xD intento hacer los capítulos más pequeños, pero si le pongo de 18 páginas no da tiempo a contar nada y es aburrido (para mi!xD). Me alegro que gustara la historia de Rachel!se ve que la muchacha ha caido bien :P Lily ya se aclara ya... más bien, ya, sí!jajajaja No te gustaban Jeff y Nicole??:O sacrilegio!jajaja a mi me encantan porque son dos imperfectos que se complementan!ays :P juas juas juas!veo que ha ganado Grace xD tengo preparadas muuuuuuchas cosas!!esto recién empieza muajajajaja (risa maligna, ya sabes xD) hasta mañana loki ;)
Bueno, ya está. Lo único que me resta decir, es que he puesto algunos nombres que a algunos quizá no os suenen, pues los saqué de los libros "Animales Fantásticos&Dónde encontrarlos" y "Quidditch a través de los tiempos". Les he puesto unas marcas, y los significados irán al final del capítulo! Solo por si os interesa ;)
Os dejo con el fic ;) Ya sabéis que nada de esto es mío, sino de una rubia inglesa con mucha pasta!
"JURO SOLEMNEMENTE QUE MIS INTENCIONES NO SON BUENAS"
O-oOOo-O
Capítulo 18: Gryffindor vs. Ravenclaw
En el norte de Inglaterra apenas estaba amaneciendo, y los amplios ventanales de la mansión Malfoy daban la bienvenida a un nuevo día. Lucius Malfoy se encontraba desayunando en el extremo de una larga mesa, bebiendo el té con total tranquilidad, mientras observaba cómo el débil sol de la mañana bañaba sus terrenos.
Tal y como solía ocurrir en aquella época, desde el interior de la casa se vislumbraba brillar el sol, y apenas una suave brisa movía las ramas de los árboles en los jardines. Sin embargo, eso solo era una ilusión, un engaño que tapaba el frío invernal que se estaba extendiendo por todo el país. La calma aparente en el gran salón también era un engaño. Mientras Lucius pasaba con total parsimonia las páginas de El Profeta matutino, sin siquiera leer las noticias, pensaba con preocupación en su esposa.
Hacía unos meses que se había casado con Narcisa, y pese a que habían intentado insistentemente tener un heredero, aún no ocurría nada. El día anterior habían acudido a San Mungo a hacer las pruebas pertinentes para saber si ocurría algún problema con ellos, y Lucius no dejaba de pensar en los resultados que deberían llegar ese mismo día.
Mucho se sabía de este hombre. Que siempre fue un fiel partidario de la magia oscura, que su familia era una de las más ancestrales del mundo mágico, que era un hombre frío e implacable. Muy pocos sabían, y algunos más lo suponían, que formaba parte de las filas más cercanas al Lord Oscuro. Lo que nadie podía imaginar, y menos viendo su distante actitud con todo el mundo, incluyendo a su esposa, era que la mayor ansia de Lucius era ser padre. No era un hombre especialmente cariñoso, pero ansiaba enormemente el tener a un pequeño Malfoy al que inculcar las nobles tradiciones de la magia, tal como su padre había hecho con él.
Y ahí estaba la única mujer que podía hacer realidad ese oculto sueño. En ese momento entró en la estancia una joven mujer, de entallada figura y rostro atractivo. El largo cabello de color rubio platino la enmarcaba el rostro y la llegaba hasta la cintura. Narcisa Malfoy lucía una costosa túnica de color oscuro, que hacía resaltar sus ojos de un azul clarísimo. Ambos se saludaron con frialdad, dejando la calidez para dentro del dormitorio, e inmediatamente, unos de los elfos domésticos se apresuró a servir a su ama.
Narcisa tomaba elegantemente su desayuno mientras miraba nerviosamente por la ventana, en busca de alguna lechuza con correo. Una mirada a su derecha la indicó que su marido también observaba la ventana con avidez. Se aclaró la garganta y siguió desayunando, con un temblor en las manos que hizo tintinear los cubiertos contra el plato. Una mano cogió la suya, y ella levantó la mirada para encontrarse con la mirada de su esposo que, pese a todo, la observaba con preocupación.
- Tranquila, querida –la dijo en un susurro-. Estoy seguro que todo estará bien. A fin de cuentas, ambos somos jóvenes, sanos y mezclamos juntos la sangre más pura de todo el mundo mágico. ¿Qué puede haber de malo?
Antes de que le pudiera contestar, una lechuza entró por uno de los ventanales abiertos y se posó justo delante de Lucius. Ambos se quedaron en silencio mirando el ave, y después compartieron una mirada nerviosa. Después, él tomó la carta de la pata del ave, que salió volando de nuevo. Aguantó la respiración mientras leía el correo, y Narcisa le miró intentando controlar su temor.
- ¿Qué dice? –le preguntó tras unos la miró por encima de la carta-
- No era de San Mungo –la contestó-. Es correo privado. El Lord requiere mi presencia esta mañana en su guarida.
- ¿Ocurre algo malo? –preguntó Narcisa extrañada de que el Gran Mortífago no hubiera utilizado la técnica habitual para comunicarse-.
- No lo pone. De todas formas, será mejor que me prepare. Bien sabes que no le gusta esperar.
Se levantó y caminó apresurado hacia la salida. Cuando estaba hacia la mitad del salón, se dio la vuelta y se dirigió de nuevo a su esposa. La cogió la mano y se la llevó a los labios, - mientras ella le miraba con la barbilla alzada y los ojos inexpresivos.
- Infórmame en cuanto lleguen noticias. Y conserva la calma, querida. No es de gente respetable perder los nervios.
Tras un seco asentimiento de esta, se dio la vuelta y se dispuso a prepararse para acudir al encuentro de su Señor. ¿Qué ocurriría para que se exigiera su presencia de un modo tan inusual?
OO—OO
- ¡Arriba chicas! ¡Hoy hay quidditch! –exclamó la voz de Grace interrumpiendo el silencio de la habitación, que aún estaba en penumbras-.
La respuesta de sus amigas fue tan entusiasta como una clase con el profesor Binns. Kate puso su cabeza bajo la almohada, Gis se dio la vuelta en la cama para seguir durmiendo y Sadie soltó una especie de gruñido.
- ¡Oh, vamos! ¡Que hay partido! –repitió por si acaso no la habían oído-.
El resultado fue el mismo, y la chica las miró extrañada. Una jugadora del equipo y dos gryffindors de pura cepa, ¿y seguían durmiendo con esa información?
- ¡Levantaos! –gritó poniendo sus manos en la cadera-.
- Joder, ¡que alguien la desconecte! –exclamó Sadie gruñendo más alto-.
- Contaré hasta tres –advirtió la rubia-. Una, dos...
- Vale, ya nos levantamos –interrumpió Gis sentándose en su cama aún con los ojos cerrados-.
- ¿Todos los años tienes que hacer lo mismo? –preguntó Kate tirándola con la almohada. No la dio, pues para empezar seguía con la cabeza apoyada en el colchón, sin mirarla-.
- ¡Voy a ducharme y cuando salga os quiero a todas levantadas!
Entró en el baño con una energía muy distinta a la de los demás días. Gis volvió a desplomarse en el colchón, y Kate se arrastró por el cuarto en busca de su almohada.
- ¿Qué es eso de que hace lo mismo todos los años? –preguntó Sadie sin saber si quería saber la respuesta-.
- Pues que cuando hay partido, se pone tan histérica como Lily cuando hay exámenes –la respondió Kate volviendo a su cama abrazada a la almohada. Se tumbó unos segundos, y después se volvió a levantar-. Venga chicas, si sale y nos ve aún aquí, aún nos acusa de Slytherins...
Gis remoloneó un poco más, pero después se levantó, y comenzó a descorrer las cortinas. Sadie medio abrió los ojos por un momento, al notar la claridad entrar por las ventanas. Los volvió a cerrar molesta por esta, pero no pudo volver a conciliar el sueño debido al ruido que armaban Kate y Gis buscando en sus baúles. Miró la hora, y después dirigió la mirada hacia sus compañeras como si no se creyese lo que veía. ¿Dónde había caído ella? Esas chicas estaban locas...
OO—OO
Aunque suene absurdo, los chicos despertaron (algo más tarde, eso sí) con la voz desafinada de Sirius entonando el "Oh sole mío". La voz salía del baño, y el muchacho no se molestaba en bajar la voz. Jeff se despertó alarmado, pues el sonido realmente era escalofriante. Ya entraba la claridad por las ventanas, y vio a Peter moviéndose en su cama, mientras Remus preparaba cuidadosamente su uniforme.
- Merlín.... ¿por qué a mi? –murmuraba Peter contra su almohada-.
- ¿Qué es eso? –preguntó Jeff sin identificar aún al agresor auditivo-.
- Nada –le dijo Remus con una sonrisa-. Sirius que está calentando la voz. Es el comentarista del partido, ya verás –añadió con una risita divertida-.
- ¿Hace esto siempre? –preguntó Jeff al ver la naturalidad con que lo tomaba Remus-.
Este rió ante la expresión de incredulidad del chico.
- Al menos este año no está Prongs aquí para hacerle los coros –le dijo riéndose aún más-.
Jeff estuvo un momento más en su mundo, mirando el cuarto sin prestar atención a nada. Aún luchaba por salir del mundo de los sueños, del que Remus le sacó de golpe.
- Será mejor que te des prisa –le dijo-. Eres el siguiente en la ducha, y por experiencia, te aconsejo que bajes pronto porque tu novia estará histérica. Es su primer partido.
Jeff dio un respingo, recordando lo nerviosa que estaba Nicole la noche anterior. En ese momento estaría desquiciada. Cogió rápidamente su ropa y en cuanto Sirius dejó el sitio libre, se apresuró a darse prisa en la ducha. Conociendo el carácter de Nicole, seguramente sus amigas no podrían con ella.
OO—OO
Los ruidos que subían desde la Sala Común la habían despertado hacía ya unos minutos. Lily era usualmente una chica madrugadora, pero algo la decía que aquello era demasiado pronto, incluso para ella. Además, si mal no recordaba, era sábado. Eso la hizo abrir los ojos de golpe. No era un sábado normal, ¡era sábado de quidditch! Tantos años siendo la mejor amiga de Grace, la habían hecho disfrutar a tope los partidos. ¡Oh, Grace! Seguramente estaría volviendo locas a las chicas ahora que ella no estaba allí para contenerla.
Casi tuvo la tentación de vestirse e ir en ayuda de sus amigas. Casi. Luego volvió a oír ruidos en la Sala Común, signo inequívoco de que James estaba despierto y seguramente haciendo ejercicios de precalentamiento. Desde ese momento, la intención que podría haber tenido, voló lejos de su cabeza. Se centró en sus deseos, y estos la impulsaban a bajar las escaleras y comprobar si James llevaba esa camiseta blanca sin tirantes que, hacía dos días, había descubierto que la encantaba.
Casi la pareció oír la voz de Grace recriminándola porque pensara bajar con esas greñas. Aún con la mano en el picaporte de la puerta, se inclinó hacia atrás para mirar su imagen en el espejo. Llevaba un pantalón de pijama de franela azul oscuro, haciendo conjunto con la parte de arriba, que era de la misma tela y el mismo color, solo que dejaba entrever por debajo de esta, una fina camiseta de licra de un azul más claro. Se lo había enviado su madre como regalo de Halloween, ya que por mucho que Lily se había esforzado en explicárselo, su madre no parecía entender que por mucho que fuera la noche de brujas, ellos seguían considerando que Navidad era en diciembre. Luego se pasó una mano distraída por su cabello, si es que se podía llamar así. Dudaba mucho que esa maraña de nudos pudiera volver a considerarse cabello en algún momento.
Apartó la mano del picaporte para dirigirse a su armario a buscar algo adecuado para la ocasión, es decir, la falda más corta que encontrara. Llevaba toda la semana vistiéndose como siempre había criticado, aunque solo lo hacía dentro de la Torre de Premios Anuales. Era uno de los muchos consejos que Grace la había dado, aunque el primero era aclarar lo que sentía tanto por James como por Mark.
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1 de noviembre de 1977
Estaba en su Sala Común leyendo un libro, mientras estaba relajadamente tumbada en un sillón. Estaba completamente inmersa en la historia, una novela muggle de Jane Austen, mientras intentaba por todos los medios no pensar el por qué Remus y Rachel les invitaron a Gis, Kate, Peter y ella a marcharse aún cundo no tenían ni entrenamiento ni castigo.
Miró por la ventana por encima del sofá, y vio que ya había anochecido, por lo que el entrenamiento estaría al finalizar. Estaba esperando ver llegar a James para ir a buscar a Grace cuando ella llegara a la Torre Gryffindor, pero se sorprendió cuando el retrato se abrió y dio paso a los dos jóvenes, que conversaban y reían completamente llenos de barro.
- ¡Hola Lily! –la saludó su amiga risueña-.
Al mirarla, James dejó de reír, pero la saludó con una pequeña sonrisa en los brazos. Aún no la había perdonado lo ocurrido esa mañana, era evidente.
- Yo voy a ducharme chicas –dijo quitándose de en medio y dirigiéndose a su cuarto-.
- ¡Cuidado no se te cuele un Dugbog(1)! –gritó Grace para hacerse oír por James, quien ya estaba entrando en su cuarto-.
Lily alcanzó a oír una gran risotada de James, coreada por otra de Grace. No entendía nada, aunque probablemente se debería a una broma privada de ellos dos. Carraspeó y Grace la miró de vuelta.
- Perdona Lils. ¿De qué querías hablar?
Lily miró de reojo hacia la habitación de James, no muy convencida de que él no pudiera oírlas. Sin previo aviso, se levantó y tiró de su amiga hasta que ambas estuvieron encerradas en su habitación. Por si acaso, lanzó un hechizo para que no pudieran escuchar su conversación desde fuera. Cuando volvió a mirar a Grace, esta la observaba con los brazos en jarra y una divertida sonrisa en los labios.
- ¿Y bien? ¿Dónde has escondido el cadáver?
- ¿Qué? –preguntó Lily sin poder evitar reírse-.
- Con tanto secretismo solo puede ser que estés ocultando un asesinato. Desembucha, ¿qué has hecho?
- Oye, ¡en serio! –protestó Lily riéndose. Se la habían pasado los nervios-. Lo que te voy a contar, no puede salir de aquí-. Grace asintió con la cabeza, esperando que su amiga hablara-. Anoche me besé con James.
Grace se quedó unos segundos sin saber qué responder, hasta que cayó en algo.
- ¿En el baile? –la preguntó. Lily asintió-. ¿En la pista? –volvió a preguntar. Lily asintió de nuevo-. ¿Y tuvo Peeves algo que ver? –al nuevo asentimiento de su amiga, Grace resopló-. ¡Pensé que sería algo jugoso! ¡Anoche todos nos besamos con todos por culpa de ese maldito poltergeist!
- ¿Todos "nos" besamos?-preguntó Lily con voz pícara, haciendo hincapié en el pronombre-. ¿Hay algo que quieras contarme?
Grace volvió a resoplar mientras rodaba los ojos.
- No me hagas revivirlo anda...
Lily arqueó una ceja divertida, y ante eso, Grace contestó solamente:
- Sirius...
Suficiente. Lily sabía que era tema vetado. Al menos por el momento, claro. Rápidamente volvió al tema principal.
- El caso no es por qué nos besamos, sino que... me gustó mucho –añadió sonrojándose-.
Grace sonrió pícaramente mientras decía "Vaya, vaya...". Caminó hacia atrás, hasta que sus piernas dieron con la cama de Lily y fue a tumbarse en ella.
- ¡NO! –gritó su amiga como si estuviera a punto de cometer un crimen-. ¡Grace estás llena de barro, mi colcha!
- Lils, dijiste que era urgente y he venido nada más ha terminado el entrenamiento, sucia y con los pies entumecidos. –la dijo apuntándola con el dedo índice. Después añadió con falsa voz resignada-. Si crees que tu colcha es más importante que lo que quieres hablar, entonces mañana hablamos...
Apenas había dado un par de pasos hacia la puerta cuando su amiga la interrumpió.
- Está bien. Puedes usar mi ducha... Eso era lo que querías, ¿no?
- ¡Estoy deseando probar ese hidromasaje del que tanto hablas! -exclamó Grace como un niño con zapatos nuevos-.
- Vale, pero escúchame. –insistió Lily-.
- Eso. Cuéntame qué tuvo de especial. ¿Fue un beso con lengua? –preguntó para hacer sonrojar a su amiga, mientras se metía en la ducha-.
- ¡No dejes la túnica tirada en el suelo!
- Sí mami... –se burló Grace-.
- En realidad, cómo fuera el beso no es lo importante...
- Ósea que sí que fue con lengua. Me lo figuraba. –murmuró Grace mirando los botes de champús que tenía su amiga-. Te cojo el de fresas, ¿vale?
Lily movió las manos en el aire para captar la atención de su amiga.
- ¿Qué hago? –la preguntó al final al ver a Grace a lo suyo-.
- ¿Con qué?
- ¡El beso, Grace! –exclamó nerviosa-.
Grace la miró notablemente divertida, y después volvió la vista al bote de champú como si fuese lo más interesante del mundo. Cuando vio a Lily fruncir el ceño, volvió a poner su atención en ella. ¡Era tan divertido picarla!
- ¿Te escapaste de un culebrón? –la preguntó con una carcajada-. Haber, no es tan grave. Te besaste con un chico que no es tu novio y te gustó. Bueno, no porque te eches novio significa que pierdas los sentidos. Si un tío besa bien, lo hará igual con las solteras que con las comprometidas. Has descubierto que James besa de fábula, y que además tiene un buen culo.
Lily bufó y Grace se rió mientras la contestaba:
- No creas que no te he visto mirarle cuando se iba. Le has pegado una buena repasada a la zona sur de su espalda. No te avergüences, todas lo hacemos –añadió sin pizca de vergüenza-.
Lily se calló unos segundos, pensando en cómo decir lo que la atormentaba sin que su amiga la tachara de histérica.
- Después de eso... intenté acostarme con Mark, diciéndome a mí misma que ese beso no me había afectado. Pero no pude. –añadió al ver la cara de sorpresa de Grace-. Me puse a pensar en James, y no pude. ¿Crees que algo va mal?
- No tiene por qué –la respondió su amiga tras una pausa-. Quizás simplemente no estabas preparada y tu subconsciente puso la imagen de James como excusa.
Lily consideró aquello durante un par de segundos, pero inmediatamente negó con la cabeza.
- Es que en ese momento pensé que me apetecía más estar con James haciendo las rondas, que viviendo un momento tan íntimo con mi... novio –dijo esta última palabra como si la tuviera atragantada. La parecía injusto que aún pudiera llamarle así cuando estaba dudando tanto-.
- ¿Me estás diciendo que te has colado por James? –preguntó Grace, ahora prestando atención de verdad-.
- Eso es lo que no sé. Podrías ayudarme a saber qué me pasa. ¡Tú eres la experta! –la dijo como si eso la hiciera medio responsable del lío mental que tenía-.
- Haber, con calma. –dijo Grace volviendo a su tarea de enjabonarse el pelo-. Quizás sea una falsa alarma. A ti te gusta Mark, ¿no?
- Eso creo...
- Pues es algo que tienes que tener fijo Lily. No puedes estar jugando con el pobre chico. Si ya no le quieres, déjalo con él y aclara lo que sientes por James.
- Es que es más complicado –dijo Lily sentándose en el retrete suspirando-. Yo sé que a Mark le quiero. Muchísimo. Es un chico maravilloso.
- Se puede querer a mucha gente. Pero, ¿estás enamorada de él?
- Antes creía que sí. Pero si lo estuviera, no debería sentir nada por James, ¿no?
- Bueno –repuso Grace encogiéndose de hombros-. Yo he tenido novios y siempre le he jurado mi amor eterno a Davie Walker. Pero solo es atracción. Quizá eso te pasa con James...
Lily no dijo nada, pero dudaba mucho que a ella la pasara lo mismo que a Grace con su ídolo musical. Se quedó un rato en silencio, oyendo cómo el agua caía por la ducha, y esperando que su amiga se cansara del hidromasaje. Pasados diez minutos supo que eso no iba a ocurrir en un futuro inmediato.
- Entonces, ¿qué? ¿me gustan dos chicos a la vez? ¿es posible?
- Bueno, yo creo que es posible que te atraigan dos chicos a la vez. Pero tanto como que te gusten... Uno te tiene que gustar más que el otro...
- Pues ya no sé quién me gusta más... Si llego a saber que por un beso me iba a liar tanto...
- Bueno, tómate un tiempo para decidirte. Pero eso sí, si te das cuenta de que Mark no te gusta lo suficiente, sé sincera con él. Debe ser el único tío decente que queda en Hogwarts...
- Lo sé... Es un encanto... ¿y si me gusta James? –preguntó casi con miedo-.
Grace sonrió antes de decirla:
- Pues intenta averiguar si tú le gustas.
- ¿Cómo? –quiso saber su amiga-.
- Tendrás que seguir mi consejo, pequeña e inocente Lily –dijo Grace con voz solemne. Ambas estallaron en carcajadas, y aún con una sonrisa divertida en el rostro, Grace añadió-. Algunos trucos no te gustarán, pero hazme caso y lo comprobarás de primera mano.
- Te escucho.
- Te tengo que dejar un par de prendas de ropa provocativas. ¡Nada de lencería! –añadió al ver la cara de su amiga-. Pero sí algo un poco llamativo. Póntelo cuando sepas que él te va a ver, y si resbalas por el suelo a causa de la baba que va perdiendo, es que le gustas, o mínimamente le atraes. Lo que para un hombre viene a ser parecido...
Lily se lo pensó un momento. Aquello podría ser otro disparate de Grace, o incluso salir bien. Sonrió al tomar una decisión por la segunda opción.
- De acuerdo. Instrúyeme, profesora.
Pero Grace estaba a lo suyo, aún con el hidromasaje. "¡Que suerte tienen algunas!" pensaba mientras sentía el chorro por el hombro adolorido en el entrenamiento.
- ¡Grace! ¡Sal de ahí! –exclamó Lily abriendo la mampara y tirando del brazo de su amiga-.
- ¡Noooo! –como protección esta se agarró con fuerza al mango de la ducha-.
Ahí comenzó una guerra entre ellas, como si hubieran vuelto a los once años...
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Una semana después, y no tan segura de que aquello saliera bien, se vistió con la ropa que la había prestado su amiga. Tampoco era tan llamativa, un jersey estrecho y una minifalda bastante más corta de la que solía llevar. Se miró otra vez al espejo, cuando ya se había arreglado el pelo. Definitivamente esa ropa la quedaría muchísimo mejor a Grace, y no a ella con esas piernas tan flacuchas.
Armándose de valor e intentando no mirar de nuevo al espejo, salió de la habitación hacia la sala común. Como suponía, James estaba precalentando para el partido, aunque para su disgusto, no llevaba su adorada camiseta, sino un jersey ancho, parte del uniforme de quidditch.
- Buenos días, James –le saludó poniéndose delante de él-.
- Hola Lily –la devolvió él el saludo sin siquiera mirarla-.
Sin saber qué más decir, prosiguió con lo único que se la ocurría.
- ¿Nervioso por el partido?
- No mucho –la confesó-. Es evidente que vamos a ganar, así que...
Lily se contuvo de chasquear la lengua. James y su arrogancia, siempre dando todo por hecho. Y encima tampoco había levantado la mirada otra vez. Último intento.
- ¿Qué te parece mi ropa nueva?
Se puso a hacer modelitos, como una completa idiota, estaba segura. Esta vez James sí levantó la vista. La miró con ojos un poco más abiertos de lo normal, y le oyó tragar fuerte. ¿Eso qué quería decir? Podría haber abierto la boca y mirarla de arriba abajo con deseo, pero algo más sutil no sabía descifrarlo. En solo unos segundos, James apartó la mirada y volvió a hacer ejercicios tranquilamente.
- ¿Eso no es de Grace? –la preguntó de forma desinteresada-.
Lily sí que abrió la boca hasta el suelo. ¿No se dignaba a mirarla bien, y sin embargo, había mirado lo suficiente a Grace como para saber que esa ropa era de ella?
- Mucho te has fijado en la ropa de Grace... –dijo con voz envenenada-.
- Algo tan corto solo puede ser de Grace. No es tu estilo –respondió él encogiéndose de hombros-.
- Bueno, al menos no es que se hubiera fijado mucho. Volvió a sonreír de nuevo mientras le decía:
- No me has dicho qué te parece...
James volvió a mirarla, parecía que aburrido. Esta vez sí la miró de arriba abajo, pero no de la forma que ella esperaba. Era como si estuviera comprobando el ritmo de una poción.
- Estás muy guapa –la dijo secamente-. A Bennet le encantará.
Esta vez lo dijo con total normalidad, no con el resentimiento que había tenido toda la semana. Por fin había entendido que la noche del baile, Mark y ella no habían hecho nada en la Torre. Jamás Lily habría imaginado que James se tomaría tan en serio las normas. Sin embargo, pese a que ya no la discutía, seguía mirándola con una mezcla de decepción e incredulidad. Y eso dolía. Bastante confuso era no estar segura de los sentimientos que la hacía sentir su mejor amigo, como para que encima este estuviera decepcionado de ella.
- ¿No bajas a desayunar? –le preguntó-.
- Enseguida... –dijo James medio distraído-.
Viendo que ya no sacaría muchas palabras de él, Lily se cerró la túnica para que no se la viera el conjuntito, y salió del retrato.
OO—OO
Era la hora del desayuno y la tensión se hacía palpable, sobretodo entre las dos casas que ese día se enfrentarían. Aparte de eso, el ambiente era festivo, pues por fin comenzaba la adorada liga de quidditch. Había más ruido y risas de las acostumbradas un sábado por la mañana, y todos comían con más ganas que si tras el desayuno les esperara una clase con McGonagall.
No habían dado las nueve de la mañana, y más de la mitad del colegio se encontraba en el Gran Comedor. En la mesa de Ravenclaw, el equipo estaba unido y hablaban con las cabezas juntas. James les miraba desconfiado, deseando saber qué estrategia estaban pensando, porque desde luego viniendo de ravenclaws, el juego se basaría en la estrategia.
- ¡Prongs! ¡Menuda cara de sobado tienes! –le dijo Sirius golpeándole en el hombre amistosamente-.
- No se lo cuentes a nadie, pero llevo toda la maldita noche con pesadillas... –le confesó su amigo en voz baja-.
- No puedo creer que estés preocupado. Esos empollones no tienen nada que hacer. –contestó Sirius muy seguro-.
- Yo también pensaba eso. Pero ya no las tengo todas conmigo. Ese capullo de Rumsfelt sabe lo que se hace...
- Pero mírale –le interrumpió su amigo pasando un brazo por su hombro y señalándole con la barbilla a la mesa de los águilas-. Está acojonado. Suda como un pollo y no para de mirar aquí.
- Nosotros también estamos mirando –dijo Remus sentándose al otro lado de James-.
- Ya, pero él está acojonado –insistió Sirius-. Se ha pasado toda la semana castigado conmigo y no ha tenido tiempo suficiente para entrenar. ¡Les tenéis que hacer papilla!
- ¡Esa es la idea! –exclamó Grace llegando junto a sus tres compañeras-. No te preocupes, James. Estamos preparados.
- Si ya sé que tengo al mejor equipo –dijo este sonriendo y mirando a sus dos compañeras de equipo. Una estaba aún más emocionada que él, y la otra era completamente indiferente a lo que la rodeaba-.
Grace se sentó junto a su mejor amiga, que leía El Profeta ajena a la conversación. Delante de ella, Jeff intentaba calmar los nervios de Nicole, e intentaba convencerla para que desayunara un poco. Por su parte, Sirius centró su atención en Kate, quien le sonreía sentada delante de él.
- ¿Cómo amaneció la belleza del lugar? –la preguntó de forma seductora-.
- Uy, de maravilla Sirius –le contestó Gis poniendo unas salchichas en su plato-. He dormido bastante bien, aunque Grace nos ha despertado temprano. Gracias por interesarte por mi.
James, Kate y Remus se echaron a reír, y Gis le sacó la lengua a Sirius. Después de eso, los dos soltaron unas carcajadas, que secundaron el resto de sus amigos, menos Lily.
- ¿Qué te pasa? –la preguntó Grace al verla tan seria y concentrada en el periódico-.
- Han encontrado a un auror muerto... –contestó Lily vagamente-.
- ¡¿Qué?! –dijeron a coro los demás-.
Lily levantó la vista y les miró, viendo que todos la miraban a ella. Se aclaró la garganta y volvió a leer el artículo, esta vez en voz alta.
HALLADO MUERTO EL JOVEN AUROR DESAPARECIDO HACE DOS MESES
El joven auror del ministerio, Mattew Meadows, hijo del renombrado medimago Charles Meadows, fue encontrado ayer muerto cerca de Fowey. El auror, cuya desaparición denunció su familia hace más de dos meses, presentaba signos de violencia, y en primera instancia, se cree que la causa del fallecimiento haya sido la maldición "Avada Kedrava".
Aún no se han realizado las pruebas póstumas, pero los medimagos que examinaron el cadáver, han asegurado a "El Profeta" que el joven presentaba signos de haber participado en un duelo. Si es así, el caso deberá ser llevado al Wizengamot, pues el auror no tenía permiso del Ministerio de Magia para estar en ese lugar ni en esas condiciones.
El escándalo envuelve a la familia Meadows, que en estos momentos llora la muerte de su miembro más joven. Ayer, Charles Meadows a la salida de San Mungo, no quiso hacer ninguna declaración y se mostró esquivo con los periodistas. ¿Acaso tiene esta familia algún secreto que guardar? ¿Puede tratarse de un nuevo asesinato de "Quienes-ustedes-saben? ¿O quizá algo más oscuro que incluya a toda la familia Meadows? Tendrá que pasar un tiempo hasta que sepamos toda la verdad...
- ¿No estarán insinuando lo que creo que están insinuando? –exclamó Gis levantándose de la rabia-.
- Calma Gis, no grites –la dijo Remus cogiéndola del brazo y haciendo que volviera a sentarse-.
Así lo hizo, y cuando estuvo sentada de nuevo, comenzó a sollozar, enterrando la cabeza entre las manos. Kate la abrazó, y esta apoyó la cabeza en el pecho de su amiga.
- Pobre Matt... –susurró la chica-.
- Son unos desgraciados... –dijo James entre dientes-.
- Insinúan cosas muy fuertes en ese artículo –dijo Peter extrañado-.
- Directamente están dando a entender que pueden estar metidos en el lado oscuro –respondió Remus-.
- Es que si no estaba allí por orden del Ministerio... –dijo Sirius mirando a su amigo, quien se encogió de hombros-.
- Estaría por algo de la Orden... –susurró James-.
Sirius, Remus y Peter le miraron con comprensión. Hasta ese momento no habían considerado la posibilidad de que el fallecido fuera miembro de la Orden del Fénix, pero eso tenía mucho sentido.
- El director le pidió vigilar a Malfoy, y desapareció... –contestó Gis mirando a James-.
- ¿Le conocíais? –preguntó Peter-
- Solo de oídas –contestó James-.
- Yo un poco. Conozco más a su hermana Dorcas. De antes trabajaba para el Departamento de Misterios, pero hace dos años se quedó viuda, y desde entonces trabaja solo para la Orden...
Los demás les miraban extrañados, pues solo habían entendido palabras sueltas de la conversación, y algunas no las entendían bien. Sin embargo, fue Sirius, como siempre, quien decidió alegrar el ambiente.
- Haber Prongs, tengo castigo con el capitán de pacotilla antes del partido. ¿Dónde quieres que le lesione?
- Con que le dejes el brazo derecho inmovilizado para que no pueda batear... –respondió James riéndose-.
- ¡Uh! ¿Me puedo pedir una patada en vuestra zona favorita? –exclamó Grace poniendo cara de psicópata-.
- ¡La rubia pide una patada en la zona sensible! –anunció Sirius como un presentador de subastas-. ¿Quién pide más? ¿La preciosidad del fondo no quiere nada? –añadió mirando a Kate quien se tenía que tapar la boca para no reír a carcajadas-.
- Espero que lo digas en broma –dijo Lily hinchando pecho para que se la viera la placa de Premio Anual-. Porque solo faltaba que nos restasen puntos...
- Mientras no nos los quiten por acabar a leches con los Slytherins por lo del trabajo... –contestó Kate-.
- No me lo recuerdes anda... –murmuró Peter encogiéndose en su asiento-.
James y Remus intercambiaron una mirada comprensiva, y el último le pasó al pequeño del grupo un brazo por el hombro para consolarlo. Después de la noticia que el profesor de pociones les había dado esa semana, unos estarían más descontentos que otros...
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5 de noviembre de 1977
El profesor Slughorn entró en la clase con una sonrisa radiante, que no le acompañaron sus alumnos. Sabían qué iba a ocurrir ese día, y no lo pensaban celebrar como una fiesta. Ni a los Gryffindors ni a los Slytherins les hacía la más mínima gracia la posibilidad de tener que trabajar juntos, por muy productivo que resultara, tal y como dijo el profesor.
- Bueno clase, como ya dije la semana pasada, hoy formaremos los grupos para hacer ese trabajo anual del que les hablé. Al final creo que me he portado bastante bien, y por la paz en Hogwarts, apenas he hecho intercambios entre las dos casas –hubo un suspiro de alivio general al oír eso, pero solo duró unos segundos. Después se envararon ante la nueva información que les transmitió el profesor-. Pero como comprenderéis, hay veces en que he precisado mezclaros.
Todos comenzaron a mirarse entre sí, preguntándose quién habría tenido la mala suerte de tener que compartir trabajo con lo odiosos de la casa rival.
- Muy bien. Diré su nombre y el número de grupo que son. A partir de ahora se deberán sentar con sus compañeros de grupo. Y Potter y Black, no hagan un drama –añadió al ver a James y Sirius abrazarse con fingida tristeza de despedida-. Muy bien. El grupo 1, lo formarán Alecto Carrow, Albert Avery y Amanda Tyler. Sentaos aquí –dijo señalando un lugar en primera fila a su izquierda-.
Los tres Slytherins se miraron en parte aliviados. Amanda Tyler aún así gruñó por la mala suerte de que no la había tocado con sus mejores amigas, pero compartir trabajo con la sádica Alecto era mejor que estar cerca de algún Gryffindor.
- El grupo 2 lo formarán Remus Lupin, Lily Evans y James Potter. –dijo Slughorn-.
Lily le hubiera besado en ese momento. Con una sonrisa se acercó a sus dos amigos y juntos se fueron a sentar en el centro de la primera fila, tal como el profesor se lo había ordenado. Seguramente no podía haber tenido mayor suerte, pensó la pelirroja. Su temor de compartir trabajo con los Slytherins, era mayor sólo por el hecho de que hubiera la posibilidad de que el profesor la juntara con su antiguo amigo Severus. El temor era justificado, pues Slughorn les había visto trabajar juntos antes, y entonces lo hacían con alegría y compañerismo. Gracias a Merlín, en ese momento no consideró necesario juntarlos. ¡Qué incómodo habría sido!
- El grupo 3 –continuó el profesor-. Lo formarán Samantha Hinkes, Kate Hagman y Dulcy Yexter.
La pobre Kate tuvo la tentación de golpearse contra la mesa por su mala suerte. ¡Dos Slytherins para ella sola! Miró a Gis y Grace, y más lejos de ellas a Lily, casi con súplica. Al no poder hacer nada más, Gis la dio un amistoso golpe en el hombro de apoyo, y Grace la susurró un consejo para mantenerlas a raya. Después, cuando Kate se dirigía hacia la derecha de Slughorn, donde ya la esperaban las otras dos chicas, Grace las saludó con un gesto con su dedo corazón que escandalizó a Lily.
Ajeno a esta pequeña guerrilla, el profesor Slughorn continuó dando los nombres.
- El grupo número 4, lo formarán cuatro alumnos, pues la ser pares no será posible hacer tríos con todos. Estos alumnos son: Jeffrey Williams, Walden Macnair, Gisele Mendes y Amycus Carrow.
- ¡Mierda! –se escuchó a Gis, quien no pudo contenerse. ¡Dos de los Slytherins más asquerosos y sádicos! Al menos ella tenía a Jeff como apoyo moral, aunque el chico se había asustado un poco al ver la reacción de ella-. Menos mal que te tengo a ti, Jeff –le dijo en voz alta lo que había pensado-.
- No será para tanto –dijo él intentando animar a Gis y a sí mismo-.
Se encaminaron a la segunda fila de la parte izquierda bajo orden del profesor.
- El grupo 5 lo formarán Grace Sandler, Sirius Black y Sadie Williams.
Pese a que los otros dos consideraron que eso era buena suerte, Sadie tuvo que reprimir un quejido del estilo de Gis. ¿Con esos dos? ¡Casi prefería que la juntaran con el borde de Snape antes que con esos dos juntos! Seguramente debería hacer del arbitro en un millón de discusiones. No necesitaba a Jeff para adivinar eso...
Cuando se hubieron sentado en el centro de la segunda fila, Peter aún seguía rezando a todos los dioses que conocía, aunque ya sabía el resultado. Cuando lo dijeran en voz alta, sería algo oficial y comenzaría su pesadilla en Hogwarts.
- El último grupo, el 6, lo formarán Severus Snape, Marilyng Gibbon, Peter Pettigrew y Marcus Mulciber.
Y ahí estaba. Ni siquiera el que Mary estuviera en el grupo ayudaba, pues ella seguía siendo una Slytherin. Cuando llegó a su asiento asignado, la chica le sonrió intentando infundirle ánimos, pero la mirada fría de Snape, y aún peor, la locura que se veía en los ojos de Mulciber, no lo tranquilizaban en absoluto.
Cuando acabó la clase, que fue la más silenciosa e incómoda en los siete años en Hogwarts, Peter saltó de su asiento deseoso de reunirse con sus amigos.
- Será un año muy divertido, Pettigrew –dijo Mulciber mirándole como un conejillo de indias-.
Esa amenaza, junto a una divertida sonrisa de Snape, le asustó más aún. Miró a Mary pidiendo ayuda, y esta rodó los ojos riendo.
- No les hagas caso, Peter. Vamos a trabajar muy tranquilamente.
- Claro, probaremos todo tipo de hechizos... –continuó Mulciber como amenaza-.
En ese momento llegaron James, Sirius y Remus.
- ¿Algún problema, Wormtail? –preguntó Sirius-.
Peter no dijo nada, pero les miró implorante, como siempre. Los tres, incluido Remus, se envararon.
- Mira Quejicus, si me entero que le hacéis algo a Peter, vas a pasar el resto de tu vida arrepentido –le dijo James mirando exclusivamente a Snape, quien le respondía con una mirada de profundo odio-.
- Más os vale que haya paz –dijo Remus mirando a Mulciber, pues sabía que él era el mayor problema-.
- Porque os acordáis de quienes son los Merodeadores. –finalizó Sirius mirando a todos con altivez, incluida a Mary quien no sabía dónde meterse-.
- Me gustaría ver qué hacéis... –amenazó Mulciber enfrentándose a Remus, y avanzando un par de pasos para encararse, cosa que el licántropo contestó. Remus era el merodeador tranquilo excepto cuando le amenazaban directamente-.
- ¿Pasa algo aquí? –preguntó Slughorn llegando hasta ellos-.
El grupo intercambiaban miradas de puro odio, y tras ellos, el resto de la clase les miraban curiosos. Fue Snape el primero en apartar la mirada de James y posarla en el profesor, componiendo su habitual actitud de alumno obediente. Slughorn se acercó a él y le pasó un brazo por los hombros amistosamente.
- Severus, hijo. Tal vez no estés de acuerdo con el grupo que te ha tocado, pero con tu habilidad con las pociones he considerado que podrías ayudar mucho a los dos alumnos más retrasados de la clase –dijo mirando a Peter y Mulciber respectivamente. El primero seguía encogido entre James y Sirius y el segundo seguía mirando con odio a Remus-. Además tendrás ayuda de Mary que ha mejorado muchísimo este año –añadió sonriendo a la chica, que de la tensión solo pudo esbozar una pequeña sonrisa-.
Con una última palmada a su alumno, se marchó de la clase, dejando tras él un cuadro de auténtica tensión.
- Vámonos –le dijo Snape a Mulciber para que este dejara en paz a Lupin-.
Sin embargo, James avanzó y le encaró, mirándole con odio. Instintivamente, Severus se llevó la mano al bolsillo donde estaba la varita. No se le escapó el hecho de que Potter sujetaba la suya con fuerza en el bolsillo de la túnica. Toda la clase les miraba a ellos dos con expectación. Sin embargo, Lily decidió intervenir. Cogió del brazo a James y tiró suavemente de él.
- Chicos, tenemos clase –dijo dirigiéndose a todos los Gryffindors, y muy especialmente a James-.
Aunque los demás optaron por hacer caso a la pelirroja, James no se movió del lugar, al igual que Snape. Por segunda vez, Lily tiró de su brazo, acercándose un poco más y evitando mirar a Snape.
- James, vámonos... –insistió al oído de su amigo-.
Este por fin reaccionó y la miró a los ojos, que le imploraban un poco de paz. Rendido sacó la mano de su bolsillo y asintió con la cabeza. Después pasó un brazo por el hombro de Lily para salir juntos de la clase, y en la puerta se volvió para sonreír burlonamente a Snape, que ante esa imagen se había quedado estático. Seguramente no habría algo que doliera más a Snape que el ver que James y Lily tenían una relación parecida a la que él tuvo con la pelirroja años atrás, y eso James no lo iba a desperdiciar. Sadie, al darse cuenta de la mala leche con que lo había hecho su amigo, no pudo más que reír. A ella la encantaba ese tipo de humor, y esa ambigüedad que despedía el Slytherin no la convencía de más que de que lo merecía.
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- Va a ser un año muy largo... –murmuró Peter al recordarlo-.
- Tranquilo, Wormtail –le tranquilizó Remus-. Ya te hemos dicho que nos aseguraremos de que te dejen en paz.
Sirius, quien se había levantado y se había sentado junto a Kate la susurró en broma:
- ¿Y tú no necesitas que te consuele por tu mala suerte?
- No, gracias –le respondió ella riendo-. Entre Gis y Grace me han instruido bien sobre cómo mantenerlas a raya. Incluso Sadie ha colaborado. Además, por muy serpientes que sean, son chicas, y entre nosotras sabemos cómo tener una fría cordialidad por el bien de las notas.
- Vaya... –murmuró Sirius fingiendo tristeza-. Veo que mis consuelos no hacen falta. –sonrió con arrogancia acercándose cada vez más a ella-. Me acabo de acordar que casi no te he visto esta semana con tanto castigo, y tú y yo tenemos una conversación pendiente...
- ¡Señor Black! ¡Llega tarde al castigo! –exclamó la profesora McGonagall deteniéndose delante de él y mirándole severamente. Detrás de ella estaba Derek Rumsfelt, quien miraba la escena con una mezcla de tristeza y crispación-.
- Veo que no hay forma de que terminemos esta conversación... –la susurró al oído. Después se incorporo y siguió a su profesora con su mejor cara de niño bueno-.
Cuando pasó a su lado, Kate evitó la mirada de Derek. Estaba molesta con él por todo lo acaecido en el baile, y más cosas que la había contado finalmente Grace, no habían ayudado en absoluto. Sin embargo, no dejaba de apenarla la triste mirada de el chico.
- Te vemos luego perdedor –le dijo James a Derek. Grace se rió más alto de lo normal, para que la burla llegara a oídos de su ex-.
Al estar cerca de la profesora, este solo pudo dirigirlos una mirada envenenada.
- ¿Llegarán a tiempo para el partido? –preguntó Lily-.
- Desgraciadamente sí... McGonagall no tiene tan mala leche como para dejarles a ambos fuera, e hizo un trato con ellos. –la contestó James terminando su desayuno-.
- Aún queda hasta el partido, así que aprovecharé a ir a la Biblioteca a terminar los deberes –anunció Remus-.
- Voy contigo –se apuntó Lily-.
Los demás también se marcharon del Gran Comedor. Los tres miembros del equipo buscando un poco de relajación antes del gran momento, y Gis y Kate a visitar a Rachel, aprovechando que Remus, por primera vez, no la había acaparado.
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Casi habían terminado con el castigo ese día, y por ser el último, con todo el encierro en general. El partido comenzaría en apenas veinte minutos, y ambos debían darse prisa en llegar a sus puestos. Sin embargo, la profesora McGonagall había sido muy clara en decirles que debían limpiar el baño del segundo piso hasta que ella les avisara, donde Mirtle les miraba absolutamente encantada. En su papel de espía habitual, la chica había visto a los dos apuestos muchachos limpiar castigados, y no podía estar más contenta por esa reclusión.
- Así que... ¿has vuelto con Kate? –preguntó Derek enjabonando un retrete en un extremo del baño. Fingía desinterés, y apenas le echó una mirada por encima del hombro a su interlocutor-.
- ¿Y a ti qué te importa, Rumsfelt? –exclamó Sirius de mala gana-.
Derek se encogió de hombros y rió con un toque de compasión.
- Pobre Kate... –dijo-. Cuando te canses volverás a dejarla para irte con otras, tal como has hecho hasta ahora. Veo que hasta que no la hagas daño no pararás. Eres así de egoísta, Black...
Sirius soltó la esponja con furia y se levantó dirigiéndose hacia Derek.
- Yo que tú no lo haría –dijo Derek con tranquilidad-. Si no quieres ganarte otra semana de castigos, vamos...
- No te metas donde no te importa –gruñó el chico alejándose de nuevo-.
- Kate me importa –contestó Derek por toda respuesta-.
- ¡Pues ya es hora de que deje de importarte porque es mi chica! –exclamó Sirius molesto-.
- ¡Señor Black! ¿Qué son esos gritos? –preguntó la profesora McGonagall entrando en el baño-.
Se puso en medio de la sala, justo a medio camino de los chicos y le dirigió al Ravenclaw una breve mirada.
- Señor Rumsfelt, ya puede irse –le dijo. Al ver que Sirius también se levantaba cuando el primero cruzó la puerta corriendo, añadió-. Señor Black, a usted no le he dicho nada. Tendrá que aprender que en esta escuela hay decoro y buenos modales. Termine con su trabajo y acabe también el del señor Rumsfelt, y podrá ir al campo.
- ¡Pero profesora! ¡Soy el comentarista! –exclamó Sirius-.
- Afortunadamente es un papel sustituible. Si se da prisa, quizá llegue. Vamos –añadió con una pequeña sonrisa-. Yo me quedaré a esperarle.
De mala gana, Sirius continuó frotando de tal modo que si el retrete hubiera sido humano, habría aullado de dolor.
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Poco antes, en los vestuarios de Gryffindor, James, Grace y Sadie habían llegado los primeros para cambiarse. El primero ya llevaba puesta la túnica de quidditch con su insignia de capitán, y las otras dos aún estaban sin vestir. Sadie estaba recostada con calma en un banco, observando con parsimonia su bate de quidditch, mientras Grace daba vueltas al vestuario y murmuraba para sí las jugadas.
- No te olvides Grace –dijo James interrumpiéndola en su paseo-. Cuando te haga la señal, bajas unos siete metros e interrumpes llevándote la quaffle. Seguro que intentarán marcar más a Josh por ser el cazador más novel, y tenemos que pillarlos desprevenidos...
- Sé cómo hacerlo –insistió la chica con un gruñido-. Y tú atento al Reverse Pass. Con lo que ha costado que salga...
- ¿Queréis parar? –interrumpió Sadie sin apartar la vista del bate-. ¡Parecéis cotorras! Solo es jugar y ya está... ¡Que complicaciones le ponen! –añadió en voz baja-.
Los chicos le ignoraron y continuaron dándose instrucciones. En ese momento, la puerta se abrió con un golpe y una risa muy fuerte entró en los vestuarios. Allan entraba con la escoba sujeta al hombro y carcajeándose ruidosamente. Tras él, mucho más serios, entraron Nicole y Jeff, quien seguía susurrándola palabras de relajación a su novia, que por ese entonces estaba de color amarillo.
- Te buscan, capitán –anunció Allan señalando a su espalda y volviendo a reírse-.
Pensando que quizás eran Padfoot, Moony o Wormtail, James salió de allí pensando en cantarles las cuarenta en un momento que ellos sabían que era de abstracción. Sin embargo, la persona que estaba esperándole en el pasillo era quien menos lo esperaba. Sin duda no pudo disfrazar su sorpresa, pues la boca se le abrió de lleno.
- Hola –le saludó Jane con total alegría-.
James no la contestó. Aún no se creía que esa chica tuviera las agallas de presentarse allí cuando él ya le había demostrado que no la quería ver ni en pintura.
- ¿Sigues enfadado conmigo, no? –preguntó la chica poniendo una cara coqueta-. Pensé que en toda esta semana se te habría pasado.
- Hay cosas que no es olvidan tan rápido –la contestó fríamente cuando pudo hablar-. Jane, creí que te lo había dejado claro. No quiero saber de ti...
- ¡Pero no puedes ser tan rencoroso! ¡Solo fue una chiquillada!
James apretó con fuerza los puños a ambos lados de su cuerpo. El James de quince años ya la habría hechizado por pesada, pero él debía tener paciencia. Tenía 17 años, era premio anual y supuestamente un chico maduro y responsable. En realidad eso no le importaba en absoluto, pero McGonagall ya le había amenazado con quitarle la insignia de capitán sino se comportaba con acuerdo a su edad. Eso, y solo eso era lo que le estaba deteniendo para no convertirla en una calabaza gigante.
De un momento a otro, la chica se le acercó y le agarró con suavidad de la pechera de la túnica. Aún luchando para no agarrar su varita, James se soltó y la preguntó fríamente qué hacía allí.
- Solo quería darte un beso de buena suerte. Dudo que Evans te lo quiera dar... –añadió con una risita pícara que no hizo más que aumentar sus ganas de maldecirla-.
Cuando ya estaba dejándose llevar por los impulsos, y su mano se dirigía lentamente hacia el bolsillo de la túnica, oyó unas voces que avanzaban hacia allí desde el terreno. Las distinguió como las de Sarah y Josh, los únicos componentes del equipo que faltaban en el vestuario.
Una sonrisa traviesa se extendió en su rostro cuando un plan iluminó su mente como una bombilla. Mataría dos pájaros de un tiro: se libraría de la acosadora de Jane y le daría a Josh una alegría para el cuerpo.
Jane debió malinterpretar su sonrisa, pues acentuó la suya y se inclinó sobre él. James le detuvo, sosteniéndola por los hombros, y se inclinó para susurrarla al oído, lo más sensualmente que pudo.
- Estoy de acuerdo con lo del beso. Pero para hacerlo más apasionante, cierra los ojos y espera callada, te besaré cuando menos lo esperas.
La chica le miró desconfiada. Desde luego pensaba que él aprovecharía para huir. La guiñó un ojo, y Jane, tras suspirar le hizo caso. Tuvo ganas de reír por lo fácil que habría resultado, pero al parecer cuando te gusta alguien tiendes a confiar ciegamente en esa persona.
Se acercó rápidamente hacia donde oía las voces de Josh y Sarah, y se encontró con ellos unos metros más lejos. Pasó un brazo por el hombro de su compañero, y la sonrió con picardía.
- Colega, te he traído un regalo para que me hagas un gran partido –le anunció solemnemente-.
Tanto el chico como su amiga le miraron con precaución. James se rió y apretó un poco más el hombro del chico.
- Si me lo vas a agradecer...
Tras esto le empujó hacia delante, y cuando el chico vio a Jane, se paró en seco y sus ojos se agrandaron de la sorpresa. Sarah tenía una protesta a punto de salir de su boca, pero James la tapó la boca y se la llevó de allí, guiñándole un ojo a Josh.
Cuando estuvieron dentro del vestuario, la soltó y recibió un golpe en el estómago.
- ¿Y a ti qué mosca te ha picado? –la preguntó frotándose la zona adolorida-.
- ¡Hay que ser egoísta! –le increpó ella en un susurro para que no se oyera en el pasillo-. ¡Utilizas a Josh para quitarte a esa idiota de encima! ¿No te has parado a pensar en que cuando le vea le dirá un montón de cosas que le dejarán echo polvo?
James se limitó a encogerse de hombros.
- Entonces tendremos que sacarle de allí antes de que ella hable. Aunque dudo que lo haga ahora que tiene la boca tan ocupada –añadió riéndose-.
Detrás de él, Allan también contemplaba la escena carcajeándose. Desde luego, Josh no había perdido el tiempo.
Jane le respondía con entusiasmo, pues no había abierto los ojos para comprobar que no era James. Desde luego, algo raro pasaba con el chico, pues ella notaba que su beso era muy distinto a otros que le había dado. En vez de loco y apasionado, era dulce y tímido. ¿James Potter tímido? ¡Cómo podían engañar los besos!
Sin embargo, ella respondió con ganas, pues la daba la sensación de que jamás la habían sabido tan bien los labios de James. Cuando notó que él se iba alejando suavemente, fue abriendo los ojos poco a poco.
Estaban aún demasiado cerca como para rozar sus narices, pero los ojos que tenía ante ella, aunque castaños, desde luego no se parecían en nada a los de James, sino que eran más rasgados y con las pestañas más cortas. Alejándose un poco, aún en conmoción, vio una nariz pequeña, unos labios finos y un pelo castaño oscuro que el chico llevaba de punta.
En un primer momento no le reconoció, y después dio un respingo al ver que ante ella estaba el pringado de Gryffindor con el que compartía algunas clases, y que babeaba siempre que ella estaba cerca. Abrió la boca para gritarle un par de barbaridades, pero al instante, otra chica de su curso que también estaba en el equipo, llegó hasta ellos y jaló al chico hacia dentro del vestuario. No la habían dado tiempo a decir nada, pero si se creían que la cosa se quedaría así, estaban muy equivocados.
Dentro del vestuario, Josh se soltó del agarre de Sarah con brusquedad.
- ¿Por qué me has apartado? –la encaró furioso-. ¡Estaba a punto de hablarme!
- ¡Estaba a punto de arrancarte la cabeza! –le contestó ella molesta por su reacción tan violenta-.
- ¿Y tú qué sabes?
- ¿No sabes leer las expresiones faciales? –le increpó sarcásticamente-.
- ¿Tú qué sabrás de expresiones? –volvió a exclamar Josh enfadado-. Tenías que estropearme este momento, ¿verdad?
- Encima que te saco de ahí antes de que se te comieran los lobos... ¡La próxima vez te las apañas solo!
- ¡No necesito tu ayuda para nada! ¡Que tú seas tan borde como para gruñir a todo el que te saluda, no significa que las demás sean así!
- ¡No me llames borde, imbécil! –exclamó Sarah empujándole-.
- ¡Tú lo que tienes es envidia! –se defendió Josh aguantándose el impulso de empujarla, pues con lo pequeña que era, la habría enviado hasta el otro lado del vestuario. A cambio, solo le quedaban las palabras hirientes-. ¡No soportas que una tía tenga éxito y tiene que joder siempre a los demás!
- ¿Envidia? ¿De quién? ¿De barbie malibú? ¡Tengo más personalidad, gracias! ¿Os qué crees que tengo envidia de que ella tenga detrás a descerebrados que pierden la facultad del habla cada vez que aparece?
- ¡Pues sí, probablemente! ¡Al fin y al cabo tú solo le interesas a Johny porque le haces caso! ¡Sino ni se habría fijado en ti! –la contestó refiriéndose al novio de la chica que era amigo de él-.
Sarah se quedó un segundo plantada en el lugar, pero al instante sacó su varita del bolsillo y le apuntó, mirándole con odio.
- ¡Ey, ey! ¿Qué pasa aquí? –preguntó James apareciendo de pronto y viendo como su guardiana tenía instintos asesinos hacia uno de sus cazadores-.
Sarah se guardó la varita, y le dedicó a James una mirada de profunda antipatía. El chico buscó explicación en Josh, quien se golpeó la cabeza con un puño. Encogiéndose de hombros, James volvió al interior del vestuario.
- Chicas, por favor, vestios. El partido empezará en unos minutos. Jeff, tienes que irte ya –exclamó en voz alta para hacerse oír-.
Jeff le dio un pequeño beso a Nicole, y un golpe un poco mayor a su hermana, quien se estaba riendo de él. Después salió del vestuario encaminándose a las gradas en busca de Remus y Peter. De camino, se encontró con la chica rubia que iba tras James, y que parecía enfadada por algo.
Cuando llegó a la grada de los leones, buscó entre la marea de bufandas rojas y doradas, y encontró a los chicos gracias a la risa divertida de Gisele.
- ¡Hola Jeff! –le saludó Peter entusiasmado-. ¡Ya se acerca la hora!
- Tranquilízate Wormtail –le dijo Remus-.
- ¿No deberíamos acercarnos al palco del comentarista? –preguntó Kate a sabiendas que era una tradición que Sirius hablara mientras ellos se sentaban cerca de él-.
- Vamos ya que nos quitan el sitio –secundó Lily tirando de Gis y ella-.
Cuando llegaron, se sentaron en sus lugares de siempre, y Kate sonrió recordando que en ese lugar estaba sentada el día que Sirius la pidió salir tras la derrota con el Slytherin, aún con el micrófono en mano. Sin embargo, ahí faltaba precisamente el comentarista.
- ¿Dónde está Sirius? –preguntó Remus mirando a todas partes-.
- Tampoco está la profesora McGonagall –dijo Gis viendo el lugar vacío junto al comentarista-.
- ¡Profesor Flickwick! –exclamó Lily llamando al pequeño hombre que acomodaba varios libros sobre su asiento, entre los profesores-. ¿Dónde está el comentarista?
- ¿No lo saben ustedes? –preguntó el hombro extrañado-. Vaya, pensé que estaría con sus amigos...
- Se les ha debido hacer tarde en el castigo –intervino el profesor Slughorn-. Minerva tampoco ha llegado, Filius.
- Entonces habrá que encontrar a otra persona que comente el partido. No podemos retrasarlo cuando ambos equipos están listos... –después de recibir un asentimiento de su colega, el profesor de Encantamientos se dirigió hacia el grupo de alumnos, y su mirada vagó entre ellos. De inmediato se centró en Gisele-. Señorita Mendes, ¿le importaría a usted comentar el partido mientras llega su compañero?
- ¡¿Yo?! –preguntó Gis alarmada. Miró a sus amigos, por si había oído mal, pero todos la miraban sorprendidos. Concretamente, Remus miró a su profesor como si este se hubiera vuelto loco-.
- Si, usted. Es una chica divertida, de palabra fácil, y cae bien a la gente. ¡Inténtelo vamos!
La chica dudó un segundo más, pero un empujo de Peter la hizo andar hacia delante. Tomó el micrófono con manos temblorosas mientras tragaba saliva. ¿Y ahora qué hacía?
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De mientras, en el vestuario de Gryffindor, todos llevaban puestos sus túnicas del equipo y tenían sus escobas en la mano.
- Bueno chicos, llegó el gran día –anunció James resueltamente-. Ahora relajaos y jugad tal y como hemos practicado. Somos buenos y estamos sobradamente preparados. Además, no podemos permitir que esos niñatos de Ravenclaw nos quiten la copa que ya lleva nuestro nombre, ¿no?
Más animados, los chicos asintieron con orgullo. Se reunieron en coro y colocaron los brazos unidos en el centro.
- ¡GRYFFINDOR! –exclamaron impulsándose y descargando algo de tensión-.
- Vamos afuera. Nuestro público nos espera –les dijo James con una sonrisa-.
Cuando ya se estaban montando en las escobas, Josh intentó coger del brazo a su amiga para disculparse, pero esta lo apartó furiosa. De una patada, la chica se elevó en el aire y salió del vestuario detrás de James.
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Afuera el ambiente estaba completamente caldeado. Prácticamente la totalidad del colegio se había reunido allí, y los Gryffindors y los Ravenclaws intercambiaban insultos a modo de cánticos. Los Slytherins apoyaban completamente a los águilas, siempre en contra de los leones, y los Hufflepuffs, aunque no se inclinaban definitivamente a favor de ninguna casa, aplaudían más los cánticos de los Gryffindors.
Mark estaba entre sus amigos y compañeros de casa. Extrañamente, no había quedado con Lily para ver el partido juntos, aunque era algo que tampoco consideraba necesario. La vislumbró al lado de la grada de los profesores, agitando con fuerza su bufanda color roja y dorada. Intentó llamar su atención para saludarla, pero su novia estaba muy preocupada cantando un himno de ensalzamiento a Gryffindor para prestar atención a nada más.
En la grada del comentarista, Gis miraba con miedo a sus amigos. Kate la sonrió con tranquilidad y la hizo el signo de la victoria con ambas manos para animarla, Lily estaba desatada cantando, a la cual Peter la hacía coro. Jeff miraba nervioso hacia abajo, seguramente buscando a Nicole con la mirada, y Remus la intentó tranquilizar con una sonrisa forzada, que no hizo más que asegurarla que la iba a liar.
El profesor Flickwick la dio un pequeño golpe, instándola a comenzar. Gis tragó saliva por última vez, y activo el micrófono mágico.
- Buenos días. Soy Gisele Mendes... eh, bueno... como mi compañero Sirius aún no ha llegado, el profesor Flickwick me ha pedido que le sustituya mientras aparece... Merlín nos coja confesados... –murmura para sí, pero al tener el megáfono junto a los labios, todo el mundo la oyó-.
En ese momento, el equipo de Gryffindor salió al terreno. Siete escobas volaban alrededor del campo haciendo piruetas y provocando ovaciones. Como el equipo de Ravenclaw aún no había salido, podían lucirse con tranquilidad. La mitad del público comenzó a gritar emocionada, reanimando de nuevo los cánticos a favor de los leones.
- ¡Y ahí salen los Gryffindors! –exclamó Gis contenta de no equivocarse en ese tema-. El más chulito de todos, por supuesto, es James Potter, el capitán del equipo. ¡Vamos James, no te pongas así que sabes que es verdad! –añadió cuando el chico la increpó con gestos. Sin embargo, este dejó de prestarla atención para saludar al público que aclamaba su nombre-. Y ahí están el resto del equipo. Sarah Anderson, que es la guardiana. Josh Cambell y Grace Sandler, que son los cazadores junto a James. También están los golpeadores, que son Sadie Williams y este chico de la cabeza tan grande ... ¿cómo se llamaba? –se giró hacia Kate y Lily-. ¡Ah sí, Allan Martín! Vale, y ¿queda alguien? ¡Ah sí, la novia de Jeff! –este se tapó la cara con las manos cuando todo el mundo de su alrededor le miró-. Esa me la sé, es Nicole Affred o Afllim...
- ¡Ashford! –exclamó Lily por detrás de ella-.
- Pues lo que yo he dicho –contestó Gis con alegría fingida. "¡Por favor que venga ya Sirius!" pensaba para sí-. Y sí bueno, ¡ahí llegan los Ravenclaws!
Tuvo que callarse, pues la mitad del público comenzó a ovacionar al equipo de los águilas.
- Vale, esto será un problema... -murmuró al ver a siete motitas vestidas de azul que no distinguía en absoluto. Decidió comenzar con el único que se sabía-. Eh, bueno... Los Ravenclaws están capitaneados por Derek Rumsfelt –volvió a ser interrumpida por una nueva ovación al decir el nombre del susodicho. Era innegable que el muchacho era popular-. Y... bueno... ¿Alguien me ayuda?
El profesor Flickwick estaba muy nervioso, y maldecía el momento en que le había pedido a la chica que ocupara el puesto de Black. Hablando del chico, apareció corriendo seguido de la profesora McGonagall. Los compañeros que estaban alrededor le saludaron con más alegría de la normal, dada la actuación de Gis. La chica en cuestión tuvo la tentación de darle un beso en la boca por la interrupción.
- Toma –le dijo pasándole el micrófono mágico-. Jamás creí que sería tan difícil...
Sirius la guiñó un ojo y cogió con confianza el megáfono para llevárselo a la boca, y comenzar a narrar el partido con total naturalidad.
- ¡Buenas público! ¡Sé que me habéis echado de menos! Soy yo, Sirius Black. Perdonad por el retraso y, por favor, dedicadle un fuerte aplauso a mi amiga Gis que, aunque no entienda una mierda de quidditch, sigue siendo una chica fantástica.
- ¡Black no digas palabrotas! –exclamó la profesora McGonagall que ya se había acomodado detrás de él-.
- Disculpe profesora. Solo intentaba utilizar la jerga popular –se excusó el chico con la misma sonrisa de siempre-.
Por su parte, la profesora decidió ponerse cómoda. Sería un partido largo, y seguramente no sería la última vez que tendría que llamarle la atención.
- Muy bien, como bien iba diciendo mi compañera, ¡los Ravenclaws han salido al campo! Ahí está Rumsfelt dirigiéndolos y dando nuevas instrucciones. Me parece que a última hora no consigues nada, chaval...
- Sirius...
- Y el resto del equipo: ¡Aarón Tyler, Bryan Ford y Darren Wilson son los cazadores! Los llaman la barrera inquebrantable... ¡Ja! ¡Ya lo veremos! Sísí profesora... El guardián es Dave Hurley. Este es buen chaval, pero como todos los tontos, anda con malas compañía...
- ¿No ha hecho más que empezar el partido y ya tengo que quitarte el micrófono? –exclamó la profesora McGonagall furiosa-.
- No, no profesora, tranquilícese. Si son bromas entre amigos. ¡Bien! ¡Jack Hamilton es el otro golpeador de Ravenclaw! Idiota... –murmuró disimulando una tos. Las gradas no paraban de reírse-. Y el buscador de este año es nuevo, ¡Mike Jones! ¡Haber qué tal se le da! ¡Pero os aviso que nosotros también tenemos nueva buscadora! Y aquí mi amigo Jeff puede asegurar que la chica es muy buena, al menos en otro tipo de juegos...
Tuvo que agacharse para que no le diera lo que fuera que Jeff le había tirado, pero su risa se oyó por todo el estadio, contagiando a los demás y haciendo que el pobre chico se ruborizara por segunda vez en pocos minutos.
- La señora Hooch sale al campo, y todos los jugadores bajan al suelo a su alrededor. Es el momento de que los capitanes se den la mano. ¡Asegúrate de romperle un par de dedos, Prongs!
Efectivamente, la señora Hooch ya les había pedido que se dieran la mano. Derek y James se miraron muy seriamente y ambos apretaron más de lo normal cuando tuvieron que estrechársela. Por un momento, Derek desvió la mirada hacia Grace. La chica le devolvió una mirada cargada de antipatía y alzó la barbilla orgullosa.
- Suerte chicos –murmuró James, cuando por última vez tuvo la oportunidad de hablar a solas con el equipo-.
- Ey, Sarah... –dijo Josh llamando a su amiga. Esta le ignoró y se puso delante de él, junto a Grace, esperando la orden de la profesora-.
Montad en vuestras escobas, por favor –dijo por fin-.
James montó en su Nimbus 1700, último modelo en el mercado. Grace también tenía esa escoba, mientras que Sarah conducía una estrella fugaz, Josh una flecha plateada y Allan una Barredora. A Nicole sus padres la habían enviado unos días atrás una Nimbus 1000 que, aunque no era tan buena como el modelo 1700, a James le dieron ganas de ir a dar un abrazo a los señores Ashford. Sadie, por el contrario, llevaba una escoba del colegio, y no había admitido réplicas al respecto.
Cuando la señora Hooch dio un potente pitido con su silbato de plata, quince escobas se elevaron por los aires. La profesora lanzó la quaffle y...
- ¡COMIENZA EL PARTIDO! –anunció Sirius con emoción-. Ravenclaw en posesión de la quaffle, Wilson vuela había los postes de Gryffindor, la pasa a Tyler, este la vuelve a pasar a Wilson....¡Paradón de Anderson! Esta chica es fantástica, ¡que gran descubrimiento hiciste Prongs! Gryffindor con la quaffle, Cambell llega a medio campo, se la pasa a Sandler, esta hace un Reverse Pass(2) y se la pasa a Potter (¡Qué sincronización!) y Potter avanza con la quaffle, esquiva a una bludger lanzada por Hamilton... ¡GOL DE GRYFFINDOR! ¡James Potter estrena marcador para los leones!
Las gradas de Gryffindor comenzaron a gritar con fuerza, mientras James las sobrevolaba dando puñetazos en el aire. Remus tuvo que sujetar a Peter quien, de la emoción se había subido a la barandilla y casi cae al vacío. Lily y Kate se abrazaron eufóricas y Gis casi ahoga a Jeff cogiéndolo por el cuello.
- Gryffindor tiene la quaffle, Grace Sandler avanza como un rayo y... ¡Auch! ¡Eso ha tenido que doler! Una bludger de Rumsfelt la ha golpeado en la espalda, ¿Williams, cómo es que no la viste?
Eso mismo estaba increpándola James a gritos. La chica se encogió de hombros y decidió no contestar, pues en el fondo sabía que había sido un error de concentración suyo.
- Ahora Ravenclaw con la quaffle, Ford avanza hacia los postes. Le sigue Tyler muy de cerca, esquivan una bludger lanzada por Martín. Ford se la pasa a Tyler y Tyler se la pasa a Wilson, este tira... ¡Venga Anderson!
Pero Ravenclaw ya había marcado. La grada de Ravenclaw y la de Slytherin aplaudió a rabiar, mientras que los Gryffindors abucheaban.
- Empate 10 a 10. Y Ravenclaw tiene el quaffle, Bryan Ford avanza a los postes de Gryffindor. No, una gran jugada de Sadie Williams le hace perder la quaffle. James Potter la atrapa. Se la pasa a Cambell y este se la devuelve a Potter. Hamilton le da con una bludger... ¡Pero no perdemos el quaffle! ¡Grace Sandler la atrapa y se enfrenta sola a Dave Hurley! Este comienza a moverse rápido... ¡Pero no lo suficiente! ¡La cazadora de Gryffindor marca! ¡20 a 10 a favor de los leones!
Tras hacer una voltereta en el aire como celebración, Grace se colocó por debajo de James. Este le hizo una señal en el momento adecuado, y cuando Josh estuvo a punto de atrapar la quaffle, Grace la cogió y voló con rapidez hacia los postes de Ravenclaw, aprovechando la distracción. Marcó otro gol antes de que Dave pudiera hacer nada.
- ¡Gryffindor en cabeza! ¡Rumsfelt! ¿Cómo sienta que tu ex-novia te joda los planes así? –rió Sirius al que le hicieron coro el resto de los Gryffindors. Como respuesta, el golpeador lanzó una bludger a la susodicha, quien la esquivó a tiempo para que le diera a Darren Wilson-. Aarón Tyler se queda solo ante la guardiana de Gryffindor, lanza la quaffle y... ¡PARADÓN! ¡Esta chica está hoy que se sale! ¡Un momento! ¿No es la snitch?
Efectivamente, la snitch había aparecido por debajo de los postes de Ravenclaw, y Nicole y Jones se lanzaron hacia ella casi al mismo tiempo. Aprovechando la distracción, Allan y Sadie estuvieron a punto de derribar a Tyler y Wilson. La bludger destinada a este último la utilizó Derek para intentar derribar a Nicole. La chica tuvo que hacer un viraje para esquivar la bludger, y al enderezarse golpeó al buscador de los águilas haciéndole perder el rumbo.
Cuando ambos volvieron a mirar, la snitch había desaparecido. Lo único bueno, es que James y Josh habían aprovechado para golear una vez cada uno.
- ¡50 a 10 a favor de Gryffindor! ¡Que grandes son los leones! ¡Chúpate esa, Ravenclaw!
- ¡Black!
- Lo siento profesora...
OO—OO
Lejos de Escocia, concretamente en un lugar inhóspito en el centro de Inglaterra, Lucius Malfoy apareció de la nada. Miró a su alrededor, un frondoso bosque, lleno de maleza y oscuridad. Cualquier parecido con los bosques encantados de los que se hablaba en los cuentos, era pura casualidad. El lugar era increíblemente frío, mucho más que la zona en la que se encontraba la mansión Malfoy.
Árboles caídos, pequeños y escasos rayos de sol y el único sonido del serpentear de las culebras, era lo único que rodeaba al hombre. Aún en ese lugar, Lucius conservaba ese aire de elegancia y frialdad que le caracterizaba.
Avanzó varios metros, apartó con la varita un gran tronco de árbol, y continuó caminando hasta que llegó a una bifurcación. Los dos sentidos del camino eran idénticos, por lo que no daban señales de nada especial a cualquier viandante. Lucius, sin embargo, giró con seguridad hacia la derecha. Después de andar cerca de seis o siete minutos, llegó a la falda de una gran montaña. Esta solo se podía rodear adentrándose en el bosque y apartándose del camino, pero el hombre continuó andando hacia la montaña. Cuando estuvo mucho más cerca, vislumbró la pequeña entrada a una cueva, que estaba invisible a no ser que uno se acercara mucho.
Levantó la manga izquierda de su túnica, y posó su antebrazo sobre una roca puntiaguda. Esta emitió un sonido parecido a una vieja llave chirriando, y la entrada se agrandó hasta que un ser humano de alta estatura cabía por ella. Sin vacilar, Malfoy se adentró en la oscura cueva.
Atravesó unos pasillos de la cueva, escuchando el gotear de alguna pequeña laguna y observando las estalagmitas y las estalactitas que iban aumentado cuanto más se adentraba en la oscuridad. Llegó al otro extremo de la gran cámara subterránea, y golpeó una puerta que había colocado mediante magia. Al instante, unos rayos dorados salieron de debajo del quicio de la puerta y le envolvieron. Lucius se quedó quieto, acostumbrado al sistema de seguridad, y dejó que la magia lo reconociera. Cuando los rayos alcanzaron su antebrazo izquierdo, la marca tenebrosa brilló de un rojo furia por unos segundos, hasta que absorbió los rayos y la puerta se abrió.
Tras ella, un mortífago aún con la máscara puesta, le seguía apuntando con la varita. Lucius levantó de nuevo el brazo, y el hombre hizo lo mismo. De inmediato, este se quitó la máscara dejando al descubierto un rostro desagradable, lleno de cicatrices y una expresión sombría en sus ojos negros. El hombre, mucho mayor que Lucius, ya habría pasado los cuarenta años. Lucius le reconoció como Evan Rosier, un mortífago de los tiempos en que estos eran llamados "Caballeros de Walpurgis".
- Malfoy –le saludó con un corto asentimiento de cabeza-.
- Rosier –contestó este con el mismo gesto-.
- El Lord espera tu llegada. Acompáñame.
Por un breve instante, Lucius se preguntó qué era tan importante para que el Señor de las Tinieblas estuviera tan impaciente, pero no mostró sus pensamientos en voz alta. Se limitó a seguir al hombre por varias cámaras, en un juego de laberintos que solo conocían algunos, y por un tiempo específico. Este no había sido el camino que había utilizado la última vez que se requirió su presencia, pero consideró muy inteligente que su Señor fuera cambiando la estructura de su guarida, a fin de confundir a posibles traidores.
Cuando llegaron al destino, diez minutos después, Rosier le ofreció el paso a la última habitación, y cerró la puerta tras de sí, inclinándose. También Lucius hizo una reverencia cuando tuvo delante a Lord Voldemort en persona. Este estaba sentado en una especie de trono colocado en el centro de la sala que estaba en la parte superior de unas escaleras. Frente a él estaban arrodillados Bellatrix, la hermana de su esposa, y el marido y el cuñado de esta.
Voldemort hizo un gesto con la cabeza a Lucius, quien se acercó un poco más, y posteriormente, con otro gesto de cabeza, invitó a los otros tres a levantarse. Cuando los cuatros se pusieron en fila frente a él, unos escalones más abajo, les miró alternativamente, hasta posicionar de nuevo su mirada en Lucius.
- Lucius, amigo mío, he considerado oportuna tu presencia aquí, pues hay algo que debo revelarte. Necesito tus servicios.
- Mi fidelidad ya está con usted, señor. Decidme qué queréis que haga, y no perderé un segundo –contestó Lucius sin vacilación-.
- Me alegra oírlo, Lucius. Ahora acompañadme los cuatro –añadió levantándose del trono y comenzando a caminar hacia la puerta opuesta por la que Lucius había entrado-.
Atravesaron la siguiente cámara, vacía y amplia como las demás, y siguieron avanzando detrás del Lord Oscuro. Bellatrix se acercó sutilmente a Lucius mientras caminaban y le habló en voz baja, para que nadie más se percatara de su conversación.
- ¿Qué tal está Cissy? –le preguntó quedamente-.
Lucius la miró enarcando una ceja. Estaba sorprendido de que esa mujer se interesara verdaderamente por alguien que no fuera ella y el hombre que les guiaba. Más bien le extrañaba. Fingiendo indiferencia contestó:
- Con buena salud y feliz por ser la señora Malfoy.
Se guardó para sí el problema de su paternidad, pues no creyó que Narcisa hubiera confesado nada a su hermana. Él tampoco lo consideró oportuno. Ambos eran suficientemente orgullosos como para no admitir que algo no podría ir bien en ellos. Y menos a alguien como Bellatrix Lestrange, por muy emparentados que estuviesen.
Cuando recorrieron la segunda cámara, el Lord se detuvo frente a dos grandes puertas, que daban acceso a una segunda recámara, más pequeña y que seguía formando parte de la habitación. Las abrió con un ruido ensordecedor que sonó más debido al silencio del lugar. Lucius arrugó la nariz molesto por el hedor que desprendía esa pequeña habitación. Con la varita, Voldemort prendió la luz en el lugar, y el hombre se estremeció ante la horripilante imagen que había frente a él.
Decenas de animales muertos, apilados en pequeños montículos, llenaban toda la habitación. Había toda clase de criaturas, desde los más típicos, hasta los animales más extravagantes del mundo mágico. Ciervos, zorros, lobos, ardillas, unicornios, escarbatos, un clabbert(3), kneazles(4), mooncalfs(5) y, para su sorpresa y temor, una acromántula.
No se atrevió a cuestionar al Lord, sino que aguantó la mirada hacia ese lugar de muerte. Todo estuvo en silencio durante unos segundos, hasta que Voldemort lo rompió con un voz de serpiente.
- Esta obra de arte –dijo mirando la habitación como si fuera el cuadro más hermoso del universo-, es obra de mi querido amigo Rabastan. –palmeó levemente el hombro del hombre, quien se irguió orgulloso. Voldemort apartó su mano al instante y la pasó por su túnica como si se hubiese ensuciado-. Hace más o menos un mes, se adentró en el Bosque Prohibido de Hogwarts.
Lucius no pudo evitar abrir los ojos de la sorpresa. ¿Un mortífago en Hogwarts justo delante de las narices de Albus Dumbledore, y pasando desapercibido? Desde luego era algo fascinante.
- Como puedes ver, sacó de ese lugar todo tipo de criaturas que habitan en dicho bosque. Y aquí viene el secreto, Lucius. –Voldemort dio la espalda a los cadáveres y fijo sus ojos rojos en él-. Esto, es parte de un plan en el que llevo semanas pensando. Hay algo que quiero localizar. Algo, que si no me equivoco, está en manos de Dumbledore actualmente, y su escurridiza Orden del Fénix. El pasado verano, escuché hablar de una poción muy especial. "La Poción Rastreadora", ¿has oído hablar de ella?
Lucius negó con la cabeza, sin conseguir ver el destino de la conversación.
- Es una poción que te permite rastrear aquello que desees con una precisión única. Con ella en mi poder, podré localizar sin riesgo a equivocarme, aquello que anhelo. Hasta ayer, solo sabía que un ingrediente de dicha poción necesitaba sangre de animales mágicos, por lo que le pedí a Rabastan que me trajera todos los ejemplares posibles, y, a poder ser, del lugar más mágico que se conoce en todo el país. Hogwarts.
- Perdón por la indiscreción, mi Señor. Pero me preguntaba en qué podría yo ayudarle.
Una risa fría y despectiva salió de la garganta del Lord, mientras compartía una mirada con el matrimonio Lestrange y estos le secundaban.
- En realidad, hasta hace un rato pensé que no me serías de ningún tipo de ayuda. Pero ayer por la noche, y tras muchas investigaciones, Bella y Rodolphus por fin dieron con todos los ingredientes y la receta completa de "La Poción Rastreadora". Es una poción especialmente difícil, y necesito a un gran elaborador de pociones. Bella aseguró que tú tienes muy buenos contactos, Lucius. Y pensamos que quizás conocerías a la persona adecuada...
Lucius apartó la mirada pensativamente. Por supuesto conocía a muchos cargos importantes, y su familia estaba muy bien considerada en el mundo mágico. El hecho de que solo unos pocos sospecharan de su condición de mortífago, le hacía en ese sentido mucho más útil que Bellatrix o Rodolphus, pues ella estaban marginados al haber asumido públicamente su fidelidad al Señor Oscuro y su causa.
Buscó en su mente a cualquier conocido que tuviera fama de gran elaborador de pociones. Por supuesto, el primero que le vino a la mente fue Horace Slughorn, el profesor de pociones en Hogwarts. Era un excelente elaborador de pociones, y su fama se extendían a nivel internacional. Sin embargo, estaba convencido que jamás haría nada a favor de la causa de Lord Voldemort. Evidentemente, siempre se le podía secuestrar y obligar a preparar la poción, pero si Voldemort no había tomado esa medida de inmediato, era porque quería discreción absoluta. Y la desaparición de un profesor de Hogwarts, no era algo muy discreto.
Al instante le vino a la mente otro gran elaborador de pociones. No tenía la experiencia ni la fama de Slughorn, pero sin duda tenía un talento natural para las pociones, ya desde su primer año. Y ahora estaba a punto de terminar la escuela.
- Se me ocurre alguien, Señor. Alguien que ya tiene la marca tenebrosa y os ha jurado lealtad.
Los ojos de Voldemort despedían curiosidad e impaciencia.
- ¿Quién? –preguntó-.
- Severus Snape. Es un muchacho que se inició como mortífago el mes pasado, en vuestra visita a Hogsmeade.
De inmediato supo que aquello no había sido una buena idea. La mirada del Lord se volvió más roja que de costumbre, y un silbido propio de las serpientes escapó de sus labios, antes de que le hablara con una frialdad más gélida de la usual.
- ¿Un alumno? ¿Todo lo que tu pequeña mente llega a pensar es en un insignificante alumno que aún no ha terminado la escuela?
- ¡Pero es el mejor, mi Señor! –exclamó Lucius alarmado, al ver el brazo de Voldemort moverse hacia su varita-. ¡Yo diría que actualmente iguala al profesor Slughorn, y puede que lo supere en poco tiempo! ¡Todo el mundo alaba su talento, señor! ¡Es realmente un genio!
Voldemort se detuvo, y miró hacia los otros tres mortífagos, que observaban la escena con avidez.
- ¿Habéis oído hablar de ese crío? –preguntó-.
Rodolphus y Rabastan negaron con la cabeza, pero Bellatrix irguió más su barbilla, aún algo atemorizada.
- Me parece haber escuchado su nombre en boca de mi primo, señor. Al parecer, él también cree que Snape es un gran mago, en Hogwarts debe tener bastante fama...
Voldemort miró de nuevo a Lucius, quien le miraba con terror en los ojos, y su mirada de vez en cuando se desviaba hacia la temida varita del Lord Oscuro. Fijó su mirada en los ojos del rubio, y se adentró en sus memorias para saber algo más del tal Snape.
Los pensamientos de Lucius vagaban hacia ese hombre, por lo que no fue difícil captarlos. En ellos vio a un pequeño niño de pelo grasiento, rostro cetrino y mirada fría preparar pociones y estudiar libros en distintas ocasiones. Vio cómo ese niño iba creciendo, y cómo su habilidad aumentaba con los años. Por último, llegó a ver el rostro que actualmente tenía Severus Snape, y le reconoció entre el grupo al que había iniciado en el bosque de Hogsmeade.
Le recordaba perfectamente. Ese chico le había llamado la atención especialmente. Primero le sorprendió no poder entrar en su mente, como si tuviera una barrera natural contra la Legeremancia. Luego vio una avidez especial en cómo miraba la Marca Tenebrosa impresa en su brazo. En los rostros de los demás veía temor, admiración, deseo de gloria... Ese chico lo único que desprendía era odio y resentimiento hacia todo el mundo. De inmediato se había sentido identificado con ese odio, e inconscientemente había acabado posicionándose a favor del muchacho.
Sí. Le había agradado el chico ese día, y si lo que se decía era cierto, era el candidato perfecto para realizar tan increíble proeza. Eso le facilitaba las cosas, pues el muchacho era de los suyos, y no precisaba armar un escándalo para conseguir al elaborador. Podría preparar esa poción en perfecta discreción, sin que la Orden del Fénix supiera nada. Y cuando estuviera lista...
- De acuerdo, Lucius. Me has sido de gran ayuda. Estoy de acuerdo con utilizar al chico, aunque para evitar indiscreciones, esperaremos un mes más, hasta que los alumnos de Hogwarts tengan vacaciones de Navidad. Escríbele, e infórmale que entonces deberá reunirse conmigo.
OO—OO
Llevaban casi dos horas de juego y la snitch no había vuelto a aparecer. Gryffindor iba en cabeza. Los leones llevaban 190 puntos frente a los 30 de los águilas. Los cazadores de Gryffindor estaban haciendo un gran partido, pero el verdadero mérito era de Sarah, quien se había tomado muy en serio en demostrar que ella también podía ser popular a su manera. Las palabras de su amigo, la habían herido también en su orgullo. Estaba demostrando a todo el mundo que, aunque era prácticamente nueva en el equipo y no era en absoluto popular, podía ser la gran heroína del día.
Cuando paró un gol casi cantado de Wilson, esquivando a la vez las dos bludgers, el público comenzó a ovacionar su nombre, haciéndola sonreír. El que no estaba en absoluto contento era Derek, quien había decidido hacerla la única víctima de sus bludgers. La marcaba constantemente, y cuantos más golpes esquivaba la guardiana, más se enfadaba el chico.
A la quinta bludger que evitó, Derek golpeó el aire con su bate, jurando entre dientes.
- ¡Hija de...!
- ¡Ey! No es necesario ser tan mal hablado –le espetó Sadie que volaba cerca de él y le lanzaba un certero golpe a Ford, haciendo que este perdiera la quaffle a favor de Josh-.
- ¿Y a ti qué te importa lo que yo diga? –exclamó Derek furioso lanzando una bludger hacia Grace, quien en esos momento tenía el balón-.
- Es que tengo los oídos muy sensibles –contestó Sadie como si nada mientras remataba dicha bludger y la lanzaba hacia Dave Hurley. Este la esquivo, pero la maniobra le valió el que James volviera a marcar-.
Ante esto, Derek miró con odio a la golpeadora rival y la dedicó una calificación tan fea que no es digna de ser escrita. Esta en un principio parecía capaz de hacerle tragar el bate, pero de repente se le quedó mirando a los ojos muy concentrada. Segundos después, sonrió con burla.
- Quemado porque tu chica ya no te hace caso ¿no? –le dijo justo antes de descender con la escoba en busca de una bludger que la había tomado con James-.
El partido continuó durante media hora más, y ni el público ni los jugadores parecían cansarse, aunque la hora de comer se acercaba. El marcador en esos momentos estaba 210 a 50 a favor de Gryffindor, y subiendo.
Cuando James vio la oportunidad, llamó a sus compañeros a realizar lo ensayado. De ese modo, él, Grace y Josh se colocaron imitando la punta de una flecha y volaron en esta posición hacia los postes contrarios. Era una técnica que James había visto en los últimos Mundiales de Quidditch, al que había ido con su padre, su abuelo y su tío, y a la que llamaban "Formación de ataque cabeza de halcón(6)". La técnica funcionó y James marcó consiguiendo llegar a los 220 puntos y haciendo que la grada de Gryffindor se quedara ronca de tanto gritar.
- ¡Fantástica jugada! –gritaba Sirius pese a llevar el megáfono. De la emoción se había subido al asiento y comentaba el partido desde allí-. ¡Ravenclaws ya podéis ir marcando porque si seguís así, ni atrapando la snitch! ¡Si es que un Gryffindor es indestructible!
- Black, por favor, sigue comentando el partido... –pidió la profesora McGonagall cogiéndose el puente de la nariz entre los dedos pulgar e índice, y rogando paciencia-.
- Bien, bien. Ravenclaw con la quaffle. Wilson se la pasa a Tyler, este avanza hacia los postes de Gryffindor. ¡Una bludger de Martín le da en toda la nuca, espero que haya dolido!
- ¡¡Black!!
- Y Gryffindor tiene la quaffle –prosiguió Sirius sin escuchar a la profesora-. Grace Sandler se dirige a la meta. No, Ford se la ha quitado, de un modo, a mi parecer, muy poco caballeroso... Pero se ve que Hooch no lo ve... Ford avanza hacia la meta, ¡No! ¡Potter le quita la quaffle! ¡Ese es mi Prongs! ¡ESO HA SIDO FALTA! –exclamó-.
Darren Wilson, quien intentaba marcar a James y no parecía igualar su velocidad, le había agarrado de una pierna y había tirado de ella hasta que el chico casi cayó de su escoba.
- ¡Será desgraciado! –gritó Lily deseando matar a Wilson mientras James se sujetaba con una mano a su escoba-. ¡Pero que alguien le ayude!
- Cálmate Lily, si ya van. Que histérica te pones... –dijo Kate mirándola sorprendida-.
- Deberían echar a ese tramposo... –murmuró Lily rabiosa-.
- En el quidditch no se expulsa a nadie –explicó Remus mirando cómo James volvía a subir a su escoba con la ayuda de Josh-.
- Desgraciado... –siguió rumiando Lily, aunque ya se había apartado la mano del pecho al ver que James estaba perfectamente-.
La señora Hooch había pitado falta, y Grace se dispuso a tirar el penalti. Dave Hurley comenzó a hacer un Double Eight Loop(7) a toda velocidad, y la chica falló el tiro.
- Bryan Ford avanza a toda velocidad con el quaffle. Cambel le marca pero Rumsfelt lo quita de en medio con una bludger. La pasa a Wilson, este regatea a Sandler y se la vuelve a pasar a Ford. Potter se la intenta quitar pero Tyler aparece por detrás y lanza la quaffle, ¡¡Sarah Anderson vuelve a parar!! ¡Adoro a esta chica!
De repente todo el mundo ahogó un grito, y algunos alzaron los manos al cielo al ver a los dos buscadores descender a una velocidad vertiginosa. Nicole y Mike Jones iban muy igualados, ambos con la vista fija en la pequeña pelota dorada que volaba por debajo del medio campo. Nicole apretó un poco más los talones, intentando darle impulso a su escoba. La estaba resultando especialmente difícil quitarse de encima al Ravenclaw, a quien tenía hombro a hombro. Bajaban en picado, y ninguno parecía dispuesto a dejarle el camino libre al otro. Ambos estiraron la mano al mismo tiempo y....
- ¡Ravenclaw consigue la snitch, Mike Jones se eleva por los aire con ella! ¡Pero sino me equivoco, GRYFFINDOR GANA EL PARTIDO! Sí, ahí está, 220 a 200 a favor de Gryffindor! ¡LA VICTORIA ES PARA LOS LEONES! –bramaba Sirius mientras las gradas de Gryffindor se venían abajo, especialmente tras el susto de ver al jugador de Ravenclaw atrapando la pelota-.
El equipo de Gryffindor comenzó a abrazarse, aunque Nicole se mantenía apartada. La chica descendió al suelo con la cabeza gacha. Su equipo había ganado el partido, pero ella había estado a punto de echarlo a perder, y ahora la diferencia era casi inexistente en el campeonato. Y ella que creía que con lo que la había enseñado su tía sería suficiente... Deberían echarla...
Un brazo la jaló hacia atrás, y cuando se dio la vuelta, se encontró con Sadie, la hermana de Jeff. Esta la dedicó una sonrisa muy pequeña, pero sincera.
- Todo el mundo tiene un mal día –la dijo encogiéndose de hombros-. No te flageles. Lo has hecho bien. Sigue celebrando con los demás –la animó con una palmada en el hombro-.
Sin embargo, Nicole no la hizo caso. Esquivó a la multitud que invadía el campo, y procuró evitar a Jeff, quien la buscaba con la mirada, al lado de sus compañeros de curso. Cuando las paredes de los vestuarios la resguardaron, la chica se giró para ver la celebración de sus compañeros de equipo.
Al que más aclamaban era al capitán, como siempre. James hacía multitud de piruetas para lucirse, y la verdad es que manejaba la escoba con maestría. Si había algo que Nicole admiraba de James, era su habilidad para volar. Parecía que estaba en su elemento. La segunda más aclamada era la verdadera salvadora del partido, Sarah. Esta volaba más abajo, unos tres o cuatro metros por encima de la multitud, entrelazándose con Grace en una extraña danza. De repente, Nicole ahogó un grito al ver una bludger dirigirse con fuerza hacia la guardiana.
En efecto, mientras Sarah y Grace volaban juntas, gritando y saludando a sus compañeros que las jaleaban, Derek, quien no era capaz de superar su competitividad, hizo lo único que pudo en ese momento de impotencia. Le lanzó con fuerza la única bludger que la señora Hooch no había guardado, a la mayor culpable de su derrota. Esa pequeña y molesta guardiana.
Sin embargo, quiso el destino que en uno de esos bailes, la pelota le diera de lleno a la otra jugadora que volaba cerca de Sarah. Grace recibió el golpe en la parte lateral de la cabeza, y bajó los gritos de sus amigas, cayó de la escoba con rapidez. Muchos se movieron para intentar atraparla antes de que se estrellara contra el suelo inconsciente, pero el más rápido fue también quien más cerca estaba. Peter intentó alzar las manos para cogerla al vuelo, pero el peso de la chica le hizo caer, y la lesión que se hubo hecho un mes atrás en el cuello durante la luna llena, se reavivó. Con un gemido, perdió la conciencia y la chica cayó sobre él. Sirius consiguió coger a Grace por debajo de los brazos para evitar que aplastara a su amigo, mientras Remus arrastró a Peter de debajo de las piernas de Grace.
Los Gryffindors no se quedaron a escuchar los gritos que varios profesores le dedicaron a Derek, sino que llevaron con rapidez a los chicos a la enfermería. Lily movió la varita, y Grace se sostuvo en el aire por arte de magia, mientras Sirius la sujetaba la cabeza bajo orden de la pelirroja. Remus hizo lo mismo con Peter, y antes de que los demás pudieran seguirlos, ya estaban en las puertas del castillo.
- ¡Señora Pomfrey! –gritó Lily haciendo saltar a Sirius y Remus-.
Al instante, la mujer asomó la cabeza, y enfocó una mirada de disgusto en Grace.
- Quidditch... Si es que no hago más que decir... –pero se calló al ver también a Peter-. ¿Qué ha ocurrido?
Una cosa era que en cada partido apareciera un jugador inconsciente, y otra muy distinta, era que lo hiciera un mero espectador. Fue Sirius quien la contestó encogiéndose de hombros.
- Hay quien no saber perder, Poppy...
- ¿Y usted, señor Black, seguro que no ha tenido nada que ver? –le preguntó entornando los ojos-.
- Yo solo soy un inocente niño que celebraba con sus amigos hasta que un loco asesino nos quiso matar con una bludger...
- Padfoot, deja las historias para no dormir para luego. ¿Dónde le pongo, señora Pomfrey? –preguntó Remus señalando a Peter con la cabeza-.
- Ponedlos a los dos en estas camillas. ¿Decís que ha sido una bludger? Sí, ya veo que la señorita Sandler tiene una herida muy fea en la cabeza... ¿Qué le ha ocurrido al señor Pettigrew?
- Que algunas pesan mucho... –contestó Sirius afablemente, mientras Lily le daba un codazo en el estómago-.
- Ha intentado cogerla mientras caía, y creo que se ha hecho daño.
- Parece el cuello, porque tiene esta zona roja –añadió Remus mirando a su amigo-.
- ¡Es verdad! –exclamó Sirius recordando la lesión de Peter-. Hace unos días tuvo una lesión en el cuello, y puede que se le haya reavivado.
Mientras la enfermera comenzó a trabajar con los heridos, Remus se volvió hacia Sirius extrañado.
- ¿Cuándo se hizo esa lesión? Yo no me acuerdo.
Sirius abrió la boca para contestar, pero Lily, temerosa de que no recordara que Remus no sabía nada de lo que les había ocurrido a James y Peter en la luna llena, le interrumpió.
- No estabas. Es cuando tenías, ya sabes, esos días complicados...
- ¿Y por qué no me lo dijisteis? –preguntó Remus extrañado-.
- Bueno, le dolió un día, y después Lily le dio una poción de las suyas para el dolor –contestó Sirius encogiéndose de hombros-. No era nada anecdótico.
Remus les miró extrañado un segundo más, y después su expresión cambió.
- Yo voy a ver a... –bajó la voz hasta que esta no fue más que un susurro-. Rachel. La prometí que iría nada más terminar el partido, y este se ha alargado mucho... Si hay algo nuevo me contáis.
Y salió de la enfermería, cruzándose con el equipo de quidditch de pleno, que entraban apresuradamente.
- ¿Qué tal está Grace? –preguntó Sarah-.
- ¿Y Gus? –preguntó James mirando a Peter inconsciente-.
- No nos habéis dado tiempo a hacer un diagnóstico, chicos. –respondió Sirius con una pizca de humor-.
- No creo que sea gran cosa –explicó Lily-. Más de lo mismo, pero con los hechizos y las pociones adecuadas, como mucho para mañana estarán perfectamente.
- ¡Hay que cargarse a ese capullo! –exclamó Allan dando con un puño en la palma de su mano-.
- Desde luego hay que enseñarle a saber perder –afirmó Josh-.
- Dejádmele a mi, que ya veréis... –interrumpió Sarah con ojos centelleantes. Al fin y al cabo, su victima potencial había sido ella-.
James pasó un brazo por el hombro de su mejor amigo, y se inclinó hacia él para susurrarle:
- Esto desde luego requiere una broma merodeadora...
- Además tenemos derecho por el código de honor –afirmó Sirius con una sonrisa traviesa-. Ha atacado indirectamente a un merodeador.
- Eso implica entonces...
- ¡Oh callaros de una vez! –exclamó Lily mirándoles con las manos en las caderas-. Mi mejor amiga inconsciente y vosotros con vuestras estupideces... ¡Creí que habías crecido!
- Pero Lily...
- ¡Ni peros ni nada, James! ¡A Rumsfelt ya le darán su castigo merecido, y tú debes hacer honor a tu puesto! –le dijo golpeando su pecho con un dedo, justo en el lugar donde estaba su insignia de capitán, y donde normalmente llevaba su insignia de premio anual-.
James bajó la cabeza y solo llegó a murmurar un: "De acuerdo, Lily", que hizo que Sirius se desternillara de risa.
- ¡Solo seis personas por vez! –exclamó la enfermera la ver a todo el equipo de quidditch más a Sirius y Lily-.
- Pero profesora, cada uno tendrá seis visitas ¿no? –preguntó Sirius. La enfermera asintió, preguntándose qué planearía ahora el muchacho-. ¡Entonces no hay problema! Aquí hay dos enfermos y Evans y yo venimos a ver a Wormtail, ¿verdad Lily?
Esta asintió enérgicamente. Cualquier cosa que le ayudara a quedarse con su amiga. La enfermera parecía contrariada, y tras fruncir el ceño, chasqueó la lengua molesta.
- ¡Pues ya no entra nadie más! –exclamó-.
OO—OO
Fuera de la enfermería, Kate, Gis y Jeff intentaron entrar junto con más personas a averiguar qué tal estaban sus amigos. Sin embargo, la enfermera Pomfrey ya había cerrado las puertas advirtiendo que nadie más pisaría la enfermería.
- No puedo creer que Derek tenga tan mal perder... –murmuró Kate recargándose contra la pared-.
- Siempre me pareció un gilipollas. Ya te lo advertí cuando te empezaste a llevar bien con él –la dijo Gisele-.
Kate negó con la cabeza, mirando al suelo y perdida en sus pensamientos.
- A veces era tan encantador... Lástima que Grace haya tenido razón con él. La verdad que un poco gilipollas sí que es...
- ¿Estáis seguras de que Nicole entró con el resto del equipo? –las preguntó Jeff mirando la puerta cerrada de la enfermería-. Me parece que se había alejado de ellos...
- Sí, pero yo la unirse a ellos cuando vinieron para acá, Jeff –le dijo Gis-. Espero que no tarden en salir, y nos dejen entrar a nosotros... Pobre Peter, siempre tiene que tener algún accidente...
En ese momento, la puerta se abrió brevemente para dar paso a Sadie, quien cerró la puerta tras ella. Los tres chicos se la acercaron corriendo, al igual que un grupo de curiosos, pero ella solo miró a sus amigas y su hermano.
- Mejor no entréis ahora. Esa mujer está de mala leche.
- ¿Está Nicole ahí? –preguntó Jeff-.
- Sí, está dentro. Dijo que salía enseguida... –contestó Sadie-.
Curiosamente, ese día se la habían ido las ganas de vacilar a su hermano. Quizá por algo inusual llamado preocupación, o por algo más preocupante que es la alegría de ganar a algo tan absurdo como el quidditch.
Con una palmada en los brazos de las chicas, anunció que iría a la habitación a quitarse la túnica de quidditch. Sin embargo, cuando dio la vuelta a la esquina se sorprendió de encontrar con el mismísimo Regulus Black. Este la miró con ojos preocupados.
- ¿Qué tal está? –la preguntó-.
Sadie se extrañó en un primer momento, hasta que cayó en la cuenta de que el chico debía estar preocupado por Grace. Molesta, sin saber por qué, le contestó vagamente.
- Bien. Solo ha sido un golpe. En una horas, o como mucho para mañana, estará bien...
Regulus soltó el aire que tenía aguantado, y sonrió levemente.
- Estaba preocupado. –admitió-. Cuando la vi caer al suelo... Pero no he podido ir. El vestíbulo está plagado de Gryffindors y...
Dejó la frase sin acabar, pero Sadie asintió entendiéndolo. Le miró de arriba abajo, con una pequeña sonrisa saliendo de su boca.
- Creo que esa faceta tuya no la conocía, Black.
- ¿Cuál? –preguntó él confuso-.
- La de enamorado preocupado.
Regulus chasqueó la lengua, molesto por la definición "enamorado", aunque quizá fuese la que más se aproximase a describirle. La devolvió la sonrisa divertida al tiempo que contestaba:
- Reconoce que hasta tú te preocupaste.
- Solo ligeramente –reconoció la chica encogiéndose de hombros-. Quizá puedas entrar más tarde a verla, cuando se hayan ido todos.
Regulus negó con la cabeza, mientras se metía las manos en los bolsillos.
- Solo quería saber cómo estaba.
Se quedaron unos minutos en silencio. El chico estaba realmente incómodo ante la perspectiva de volver a la Sala Común, donde últimamente siempre tenía un grupo que le seguía a todas partes. El que adoraba la atención popular era Sirius, no él. Resoplando miró a la chica que seguía frente a él, muy pendiente del tapiz que estaba colgado en la pared.
- ¿Te apetece dar una vuelta? –la propuso con indiferencia. Lógicamente, la chica le miró como si se hubiera tirado de la Torre de Astronomía. Él se encogió de hombros y dijo por toda explicación-. Me aburro.
Sadie le miró enarcando las cejas. La verdad es que la otra opción era volver a la sala común de Gryffindor a que la acosaran a preguntas sobre el estado de los heridos, y la verdad es que no le apetecía en absoluto. Le miró, evaluándole, y después se encogió de hombros.
- ¿Por qué no? Puede que hasta sea interesante... –admitió-.
OO—OO
Cuando el equipo de quidditch salió de la enfermería, la señora Pomfrey no pudo negarse a que Kate y Gis entraran en su lugar. Dentro solo se habían quedado James, Lily y Sirius. Jeff, por su parte, prefirió quedarse fuera, junto a Nicole que seguía con aire alicaído. Se acercó a ella y la pasó un brazo por el hombro de manera cariñosa.
- No te encontré después del partido –la dijo-.
Nicole no levantó la mirada cuando le respondió.
- No atrapé la snitch...
- Bueno –respondió Jeff apretando su hombro-. No vas a cogerla siempre. Nicky, a veces se pierde... ¡Y no te quejes que no habéis perdido ni con esas!
Nicole le miró extrañada, y sorprendió a Jeff desviando el tema.
- ¿Nicky? –preguntó con una risita-.
- Ah... –Jeff se sonrojó-. Me pareció que quedaba bien. A veces Sirius tiene buenas ideas...
- A veces... –contestó Nicole poniéndose de puntillas para darle un beso en los labios-.
Dentro de la enfermería, los chicos habían reunido cinco sillas que colocaron entre las camas de Grace y Peter. La primera llevaba puesto un grueso turbante de vendas en la cabeza, y al segundo le habían inmovilizado el cuello para que no se hiciera daño mientras dormía. Por lo demás, estaban muy bien.
- No hay partido en que no deis el cante –le acusó Gis a James con una medio sonrisa divertida-.
- Hoy el cante le empezaste tú, Gis –la respondió James, antes de ponerse a imitarla-. "Este... sí, ahora van a soltar una pelotita... ¿Cómo se llamaba?"
Gis le tiró con un cojín, y James se levantó de la silla para esquivarlo. Mientras los demás reían, este aprovechó para sentarse sobre la cama de Peter con total confianza.
- No es tan fácil como parece –se defendió Gis con orgullo-.
- Solo el crack sabe hacerlo –añadió Sirius dándose importancia-. Ya sabéis: el As, el jefe, el que manda, el mejor...
- El egocéntrico... –añadió Lily haciendo que Kate se riera-.
- Vamos Pad, solo hay que entender un poco de quidditch y ser rápido con la lengua –le dijo James para picarle-. Yo lo haría mucho mejor que tú.
- ¿Tú qué vas a hacerlo mejor que yo? ¡Si hasta te quitan la quaffle de las manos, Prongs! ¡Que vergüenza tan horrible he sentido! –exclamó tapándose las manos con un falso rubor-.
- ¡Ja! Ya me gustaría verte a ti intentándolo.
- ¿Quieres que intercambiemos los papeles en el próximo partido? –propuso Sirius con una sonrisa divertida-.
- ¿Y arriesgarme a perder la Copa? –preguntó James sarcásticamente, antes de carcajearse-. ¡Valoro demasiado esa gloria, Padfoot!
- Pues ya puedes ponerte las pilas porque solo les habéis sacado 20 puntos. Yo que tú cambiaría la buscadora...
- Era su primer partido, no la juzguéis tan rápido –intervino Lily, que no era la mayor experta en quidditch pero sí en compasión popular-.
- Tendré que trabajar seriamente con ella –aceptó James asintiendo pensativamente-.
Los demás intercambiaron una mirada aburrida, al ver al capitán abstraerse en sus pensamientos, o planes de futuros entrenamientos.
- Si yo hubiera sido el capitán, ya habríamos ganado la copa en el primer partido –anunció Sirius muy seguro-.
- ¡Fantasma! –exclamaron las tres chicas riéndose, mientras James le tiraba una patada desde la cama-.
- Mira que te gusta darte importancia –le dijo Kate con una sonrisa-. Si volar no es lo tuyo –se rió cuando Sirius adquirió su expresión de profundo dolor-. Tú eres más de motos, Sirius.
- ¡Porque solo se puede sentir seguro en tierra! –le picó James, provocando que su mejor amigo saltara sobre él, sin importar que el pobre Peter seguía inconsciente a menos de medio metro-.
- ¡Algún día me compraré una moto voladora! –exclamó Sirius muy convencido mientras seguía intentando darle una colleja a James, que solo acertaba a apartarse mientras se sujetaba las gafas-.
- No existen las motos voladoras –le explicó Lily-.
- ¡Pues me lo inventaré! ¡Haré volar una moto!
- Como no le hagas el "Wingardium leviosa" que es lo único que está a tu nivel...
Al instante, Sirius volvió a saltar sobre James para hacerle pagar ese comentario. Este acabó completamente tumbado en la cama de Peter, más despeinado que de costumbre y sin poder respirar de la risa.
- ¡¿Qué es todo este escándalo?! –exclamó la señora Pomfrey saliendo de su despacho-.
Sirius se apartó a tiempo, pero James no pudo levantarse con suficiente rapidez, por lo que la enfermera le vio cómodamente acostado en la cama de un inconsciente Peter que estaba completamente retorcido.
- ¡¡¡Señor Potter!!! ¡¿Cree que esa es forma de tratar a un enfermo?! –le espetó andando hacia él furiosa. James se levantó e intentó proteger su vida colocándose tras Gisele y Lily, que también miraban temerosas a la mujer-. ¡Y encima me está ensuciando la enfermería! –añadió como si eso fuera mayor pecado que maltratar enfermos-.
Los chicos miraron al suelo, y vieron que, efectivamente, los zapatos y el bajo de la túnica de James estaban completamente ensuciados de barro. James tragó fuerte, esperando un asesinato lento y doloroso, de esos que Filch ansiaba tanto poder cometer con aquellos que ensuciaban el vestíbulo. Nadie supo de dónde sacó Lily el valor para intervenir.
- ¡No nos habíamos dado cuenta ninguno, señora Pomfrey!
- ¡¡Largo!! –exclamó la enfermera mirando solo a James y señalando la puerta-.
El chico no dudó un segundo en hacerle caso, y tras una última mirada a sus amigos, y contemplar la sonrisa de suficiencia escondida de Sirius, salió de la enfermería. Por compañerismo, Lily decidió irse con él, y ambos marcharon rumbo a su torre para que James pudiera cambiarse.
Cuando ya se habían alejado un par de pasillos, Lily soltó el aire contenido y emitió una pequeña risita.
- ¿Crees que te dejará volver? –le preguntó aún con la sonrisa impresa en su rostro-.
James hizo el gesto con la mano como si apartara una mosca.
- La próxima vez que me fracture un brazo me aceptará sin problemas –la respondió con una sonrisa-.
- ¡Bah! Eso no tiene valor. Pueden pasar meses hasta te rompas algo. ¡El valor sería volver ahora!
James pareció pensarlo por unos segundos, hasta que la dedicó una amplia sonrisa que casi la hace doblar las rodillas.
- Bien. Si tanta prisa tienes... rómpeme tú el brazo.
Lily se carcajeó mientras negaba con la cabeza. Se secó las lágrimas que se la habían escapado mientras le hablaba.
- Sabes que no puedo. No sería propio de una prefecta y premio anual.
- Vaya... Yo que pensé que era por el profundo cariño que me tienes –respondió James fingiendo desilusión-.
- Hombre, algo de cariño hay. No te quiero muerto en combate, solo algo magullado –la risa de James cada vez la parecía más encantadora y contagiosa, y la verdad es que estaba disfrutando muchísimo de una conversación tan simple-. Aunque no creas –añadió poniéndose algo más seria-. Me asusté de verdad cuando casi te tiran de la escoba. Estabais a mucha altura.
- ¡Merlín, Lily! ¡He tenido mucho miedo, casi me caigo, ha sido horrible! –exclamó James fingiendo que lloraba desconsoladamente en el hombro de la chica-.
Lily se carcajeó en voz muy alta, mientras le golpeaba el hombro derecho con su mano derecha.
- ¡No seas payaso, anda! –le recriminó con una divertida sonrisa-.
De repente, James se paró de golpe, y su rostro se ensombreció ligeramente, aunque no del todo. Lily se preguntó qué habría visto, y se dio media vuelta para observar ella. La expresión se le congeló cuando se encontró con el mismísimo Mark esperándola en la puerta de su torre. El chico les miraba algo serio, y su mirada se posó en algún lugar entremedias de ellos.
Lily siguió la dirección de su mirada, y su rostro enrojeció cuando se dio cuenta que habían estado todo el camino tomados de la mano. Se apartó con brusquedad, como si la mano de James ardiera. Solo por un segundo, no supo qué decir. La verdad es que no había pensado en Mark en todo el día. Ni siquiera se había acordado de él.
"Perfecto Lily, ya ni recuerdas que tienes novio" se mofó su propia conciencia. Se acercó más al chico que seguía observándoles, e intentó esbozar su mejor sonrisa.
- Mark...
- Hola Lily –la saludó él con una tierna sonrisa. Después se volvió hacia James sin variar la expresión, y sonrió también al chico-. ¡Gran partido Potter! Lástima que el resultado haya estado más reñido, pero habéis jugado genial.
Gracias Bennet. –contestó James con una sonrisa parecida y ciertamente más tranquilo-.
- ¿Llevas aquí mucho rato? –preguntó Lily-.
- Solo unos minutos. Iba a ir a la enfermería, pero ya vi que no dejaban pasar a nadie. ¿Qué tal está Grace?
- Bien. Solo fue un golpe, gracias a Merlín.
- Me alegro –contestó el chico sinceramente-.
Hubo un pequeño silencio, tras el cual James camino resueltamente hacia el retrato.
- No sé vosotros, pero yo no pienso quedarme en la puerta –les dijo. Se volvió hacia los jugadores de pocker y exclamó-. ¡Gryffindor campeón! –era la nueva contraseña. El retrato se apartó, y antes de entrar adentro se volvió hacia Lily para guiñarla un ojo y susurrarla-. Nunca he dicho mayor verdad...
Lily soltó una pequeña risita, y algo en su estómago se vació cuando el retrato se cerró tras James. Un pequeño carraspeo por parte de Mark, la avisó que se había quedado mirando el retrato. Se volvió hacia él con expresión vacilante, aunque el rubio seguía teniendo el mismo rostro amable de siempre.
La dolía pensarlo, pero cuanto más tiempo pasaba con James, más segura estaba de sus sentimientos por él, y por ende, de los sentimientos que iba perdiendo Mark a favor de su "mejor amigo". La dolía, sí. Mark era un chico estupendo, de los que apenas quedaban, y hacerle daño no entraba en sus planes. Sin embargo, sentía que había llegado el momento de encarar la verdad.
Mark debió notar que la costaba comenzar a hablar, porque fue el quien propuso:
- ¿Vamos a dar un paseo?
Lily asintió, y ambos caminaron por el corredor hacia la salida del castillo. Mark no intentó cogerla la mano ni realizar un contacto físico, lo que la hizo pensar que quizás ya se olía algo de lo que quería decirle.
OO—OO
Remus entró en la habitación donde se escondía su novia, con total naturalidad. Rachel estaba recostada en un sofá, leyendo un libro de animales fantásticos, por encima del cual le miró.
Le sonrió cálidamente, y puso una marca en el libro antes de cerrar el libro y extender un brazo hacia él. Remus la dio la mano, y la hizo moverse para tumbarse a su lado.
- Me he aburrido mucho –confesó Rachel mirando el techo, que desprendía extraños brillos plateados-. El partido ha durado más de la cuenta.
- Ya... –iba a contarla todo lo ocurrido, cuando se fijó en los brillos-. ¿Le has hecho algo al techo?
Rachel se encogió de hombros sin darle mayor importancia.
- Como me aburría intenté probar el hechizo del Gran Comedor, pero solo me ha salido esto. No creo que sea una representación del cielo de afuera.
- No del todo –respondió Remus sonriendo-. Si quieres ver el cielo, puedo pedirla a Lily que intente ella hacer el hechizo. Seguro que a ella la sale.
- Da igual –respondió Rachel intentando fingir que estaba bien y que no se acabaría volviendo loca con tanto estar encerrada-. ¿Qué tal el partido?
- Ganamos.
- Ya me lo esperaba tras tanto entrenamiento. He visto a Grace y James más en fotos que en persona en toda la semana. ¿Todo ha ido bien? ¿Por cuánto ganamos?
- Por veinte puntos...
Rachel puso una expresión de incredulidad. Remus soltó una pequeña risita y miró a los brillos del techo.
- Nos atraparon la snitch. –respondió vagamente-. Menos mal que llevábamos mucha ventaja de goles. Casi no nos pudieron marcar. La guardiana estaba inspirada.
Rachel se rió celebrando el triunfo. Remus sonrió levemente, pero no llegó a reírse. Suspiró y dijo:
- Peter y Grace están en la enfermería.
Tal como imaginó, Rachel saltó como un muelle ante eso. Cuando quiso darse cuenta, la chica estaba encima de él preguntándole si era algo grave. Aunque le costaba concentrarse en esa posición, la miró a sus castaños ojos y la respondió:
- No creo que haya sido nada grave. Rumsfelt no supo perder y le lanzó una bludger a la guardiana, aunque le dio a Grace. Luego Peter intentó cogerla al vuelo cuando cayó, pero al parecer se hizo daño en una antigua lesión y se desmayó también.
Rachel suspiró de alivio y volvió a colocarse en la misma posición original.
- Al parecer Wormtail se hizo esa lesión cuando era luna llena, y por eso yo no me enteré –continuó Remus. Rachel hizo un ruido con la boca, asegurándole que le había escuchado-. No sé por qué no me lo dijeron...
- ¡Habló el que no ha guardado nunca secretos! –exclamó Rachel divertida-. No te lo van a contar todo, y si fue una lesión sin importancia, seguramente ni se acordarían para cuando volviste. Ya conoces a los chicos, son unos cabras locas...
Remus asintió en silencio, mirando el techo como ella. Estaban muy relajados, mirando a la nada tomados de la mano. Era un momento de profunda paz, y eso se agradecía. Remus tuvo la tentación de comentarla la noticia que les había leído Lily esa mañana, y preguntarla si conocía al tal Matthew Meadows, pero prefirió no romper ese momento. En cambio, la susurró al oído:
- Perdona por no venir esta mañana. Tengo que estudiar, ya sabes.
Rachel le sonrió, acariciándole levemente la mejilla, y dirigiendo su vista al montón de libros que tenía acumulado.
- La próxima vez ven a estudiar aquí. Ya ves que me aburro mucho.
- Mucho tienes que aburrirte para querer estudiar –la dijo Remus fingiendo asombro-.
- ¡La vaga es Gis, no yo! –le contestó ella defendiéndose-.
- Pero siempre te pegaba la costumbre –la respondió ganándose unas cosquillas en el estómago que le hicieron revolcarse en el sofá-.
De tanto revolcarse, acabó en el suelo, mirando hacia el techo. Rachel asomó la cabeza por el sofá, mirándole hacia abajo y sonrió con malicia. Se sopló los dedos como si estos fueran un arma homicida, y enarcó las cejas divertida. Remus soltó una carcajada. Era estupendo volver a tenerla cerca.
OO—OO
En la enfermería, de milagro la enfermera había dejado quedarse a Sirius, quien alegó que si Peter despertaba y no veía una cara conocida, tendría un ataque de histeria de aupa. Al parecer la señora Pomfrey consideró eso posible, después de que en quinto año Peter acabara gritando como un bebe que se sentía solo y desamparado. Claro que la bendita mujer no sabía que eso solo fue un plan de distracción, para que James y Sirius pudieran coger unos frascos de pastillas que ayudaban a evacuar, para metérselo a Snape en la cena...
Sin embargo, no tuvo inconveniente en que Gis y Kate se quedaran, pues las consideraba chicas encantadoras y educadas que habían tenido la mala suerte de coincidir en clase con esos bestias.
Ahí estaban los tres, intentando no armar mucho jaleo, pues la enfermera aún seguía rumiando. Gis solo acertó a pensar que James intentara cuidarse en unos días, pues si iba no las tenía todas consigo en que la enfermera no le pondría peor.
Era raro ver a Sirius Black tranquilo, pero era cierto. El chico estaba sentado en su silla, apoyando los brazos en la cama de Grace mientras su mirada se perdía por la ventana que estaba tras esta. Kate, a su vez, estaba mirándole completamente embelesada. Y Gis les miraba rodando los ojos por la pura tontería.
Tan relajados estaban, que los tres se sobresaltaron cuando escucharon a Peter roncar. Al parecer el muchacho había pasado directamente de la inconsciencia al sueño profundo. Se rieron un momento en voz baja, y después volvieron a sus originales posiciones. Algo absurdas, en opinión de Gisele.
Suspiró en voz alta, pero evidentemente sus amigos tenían la cabeza en otra parte y no la oyeron. Le dio a Kate un codazo en el costado que casi la tira de la silla, y la señaló a Sirius con la cabeza. Esta la miró sin comprender de qué hablaba, pero al mirar de nuevo al chico, una sonrisa se extendió por su cara.
Gis decidió ponerse al otro lado de la cama de Peter, más que nada para darles un poco de intimidad y ver, si con suerte, pillaban la indirecta de una maldita vez.
OO—OO
Jeff y Nicole estaban tumbados con tranquilidad a la orilla del lago. La chica había recuperado su buen humor de siempre, y se divertían hablando de cualquier tema. En realidad, era Nicole la que hablaba y Jeff el que escuchaba, como siempre. Pero es que eso era la rutina de la pareja, y así era como ambos se sentían cómodos.
De pronto, Jeff apartó la vista de su novia y la fijó en el aire. Negó con la cabeza confuso. Le había parecido ver... pero no. Sin embargo, un poco más cerca, no le pareció imposible. Ahí estaba su lechuza. Se puso de pie de inmediato. Llevaba casi un mes sin tener noticias de casa.
Nicole le miró extrañada, y desvió la mirada hacia la dirección que él marcaba. La lechuza, como siempre, no parecía saber encontrarle a él o a Sadie. Pensando por décima vez en ese curso, que esa ave ya estaba demasiado vieja para semejante viaje, echó a correr intentando llamar su atención.
- ¿Pero qué haces?-le preguntó Nicole extrañada, mientras le seguía-.
- Es mi lechuza –la explicó brevemente mientras seguía agitando los brazos-.
La lechuza le divisó, pero se detuvo en un roca cinco metros delante de él. A veces daba que pensar si lo hacía por vieja o por orgullosa. Alargó la pata cuando tuvo a Jeff delante de ella. Este cogió el pergamino exaltado, y, bajó la curiosa mirada de Nicole, se apresuró a leer su contenido.
La chica evitó la tentación de leer por encima de su hombro, pero en el último momento no la pareció adecuado. Sin embargo, su curiosidad iba aumentando al mismo ritmo que la sonrisa de Jeff.
Él estaba emocionado. La carta era de su madre, como siempre. Pero esta vez... le hizo sonreír lo cerca que estaba de acabar todo. Las noticias de su madre daban mucha esperanza, y en ese momento no podía ser más feliz.
Tenía que contárselo a Sadie. Con este último pensamiento, echó a correr en busca de su hermana.
- ¡Jeff! –oyó que gritaba su novia-. ¿Dónde vas?
- ¡Tengo que hablar con Sadie, dala de comer, por favor! –la pidió antes de adentrarse en los soportales del castillo-.
OO—OO
Kate se levantó de la silla, y se acercó a Sirius en silencio. Este seguía mirando la ventana con la misma expresión ausente. Era inusual verle así, pero no era la primera vez que ella lo presenciaba. Simplemente había que conocer muy bien a Sirius para captar esos momentos en que no era solo el payaso del colegio.
Le puso una mano en el hombro, y él se sobresaltó. Sin duda, estaba muy abstraído. El movimiento hizo bailar la cama de Grace, y ambos se volvieron para asegurarse de que la chica estaba bien. Cuando lo comprobaron, Sirius le devolvió la mirada a Kate, y una pequeña sonrisa asomó a su rostro. Ella le correspondió, completamente encandilada. Se acercó un poco más a él, y se inclinó para susurrarle:
- ¿Ha sido un día completito, eh?
- Y tanto –aprobó Sirius con una pequeña risita-.
- ¿Sabes en qué estaba pensando? –le preguntó-.
- La verdad es que no –la respondió con una sonrisa-. Culpable.
- En parte, sí –aceptó Kate con una sonrisa. Él la miró con las cejas enarcadas, y ella le respondió a la pregunta no hecha-. La verdad es tú eres el culpable de los pensamientos. Me estaba dando cuenta de que la profesora McGonagall no está aquí.
Sirius la miró confuso, sin saber a lo que se refería. Una sonrisa coqueta le dio una pista. Él esbozó una traviesa sonrisa.
- Y no nos interrumpe nadie.
- Nadie en absoluto –aclaró ella-.
- Entonces tenemos mucho de que hablar. Kate yo...
Pero los labios de ella le silenciaron. Se dejaron llevar en una danza del besos que les robó el aliento a los dos. Fue algo suave, sin mucha pasión pero con gran ternura. Cuando se separaron, él la miró extrañado, y ella le sonrió cálidamente.
- Hagamos un trato –dijo Kate tras unos segundos-. Ahorrémonos una larga y aburrida conversación. Yo te perdono todo y, sobretodo, tú me perdonas todo. Y empezamos de cero. ¿Qué me dices?
La respuesta de él fue clara y rápida. Capturó de nuevo los labios de, nuevamente, su novia, y atrapó su delgada cintura para no dejarla escapar. No estaba en los planes de Kate, pues dirigió sus manos hacia el cuello del chico, acariciando dulcemente los cabellos rebeldes de su nuca.
Ajenos de todo, continuaron besándose con todo el cariño y la ternura del mundo. No vieron cómo Gisele soltaba una ligera risa, ni como cerraba la cortina de la cama de Peter, dispuesta darles intimidad. Tampoco oyeron la exclamación algo furiosa, y después resignada de la enfermera Pomfrey. Ni vieron tampoco que al lado de ellos, una rubia mareada se despertaba.
Grace parpadeó varias veces, mareada, confusa y sin una buena visibilidad. Notaba un dolor intenso en la cabeza, e intentó llevarse la mano hacia ella, pero esta la pesaba enormemente. Miró a su alrededor, y se vio a sí misma con el uniforme de quidditch puesto, y tapada con una sábana blanca impoluta, al igual que el resto de los tejidos de la cama. Era la enfermería, no había dudas, y aquello que la hacía pesar todo el cuerpo, seguramente sería una poción calmante de la señora Pomfrey. Sin embargo, el dolor en la cabeza la hacía ver que ese calmante ya se iba pasando.
Intentó hablar, pero sentía la boca pastosa. Cada vez que su vista se iba aclarando, pudo ver más de lo que la rodeaba. En la mesilla a su izquierda estaba su pulsera (aquella que la habían regalado sus padres en su mayoría de edad). Seguramente se la habría caído y alguien la había cogido. También había tres frascos de pócimas que, temía, debía beber más adelante. Giró la cabeza, haciendo un gesto de dolor, y esperando encontrar a Lily o alguno de sus amigos.
Allí estaban dos de los chicos, desde luego. Pero la situación en que ambos se encontraban, dudaba que se encontraran muy preocupados por ella. Cuando enfocó la vista, reconoció, aunque ya lo había supuesto, a Kate y Sirius. Al parecer ya habían conseguido arreglarse... Bien por Kate. Llevaba tiempo queriéndolo. De verdad que se alegraba por ellos. ¿Entonces por qué sentía esa presión en el pecho, y que los ojos la escocían? ¿Por qué quería apartar la vista de ellos y, a la vez, no podía dejar de mirarlos? ¿Por qué la daba la sensación de que algo se rompía dentro de ella? Recordó las palabras de Lily, la mañana después del baile...
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1 de noviembre de 1977
- Ponte esto, y esto. ¡Uy, esto te quedará divino! –iba diciendo Grace mientras la pasaba toda la ropa que la había llevado a su amiga al cuarto. Después se quedó mirando una blusa, una de sus favoritas debía añadir, pero una amiga es una amiga-. Esta habrá que estrecharla, pero te quedará bien.
- Grace, esto me quedará fatal –protestó Lily con una miniminimini falda en las manos-. Es que esta falda es de... –intentó conseguir una palabra que no hiriera a su amiga, pero al no encontrarla la miró significativamente-.
- ¡Eso solo si la llevas sin estilo, mujer! Por ejemplo, como lo hacen las Slytherins. Nadie elegante se la podría con esta camiseta –la dijo señalando una camiseta del montón-. Pero recuerda que siempre llevarás la túnica por encima. Te la abrochas justo por encima de la rodilla y quedas divina.
- Me vuelves loca –confesó Lily con una risa. Grace se rió, presumiendo de su capacidad, y siguió mirando prendas-. Grace...
- ¿Qué? ¿No te gusta el rojo? –la preguntó confusa-.
- ¿De verdad no quieres hablar de lo de ayer? –la preguntó. Grace la miró sin saber de qué hablaba, y Lily corrigió-. Lo de tu beso...
- ¡Bah! ¡Fue algo sin importancia! –dijo Grace rechazando la idea con una mano-.
- ¿Me estás diciendo que no te afectó nada?
- No. Es un beso Lily, y no soy tan puritana como tú, como para darle tanta importancia.
- Ya, pero después de lo que pasó entre vosotros. Y no digamos lo que hicisteis hace unos días...
- Lo de hace unos días fue por pura diversión, sin sentimientos. Y lo que pasó entre nosotros, fue hace mucho tiempo. Lo tengo completamente olvidado. –dijo Grace muy segura de sí misma-.
- El primer amor nunca se olvida... –recitó Lily-.
- Y el primer desengaño tampoco –añadió Grace-. En serio Lily, a mi no me afectó. Estuvo bien, porque le reconozco que besa bien, igual que él tendrá que reconocer que soy la reina de los besos, pero sin más.
- Espero que digas la verdad, Grace. Porque él quiere a Kate, y no quiero verte sufrir.
- No voy a sufrir por ese tío –discutió Grace con una carcajada-.
- No lo sé. Me pareció que desde que os lleváis mejor, le miras diferente. Quizás el haberte acercado mucho haya revuelto tus sentimientos de nuevo. –comenzó a decir Lily evaluándola. Después esbozó una tímida sonrisa-. O quizás son cosas mías.
- Déjate de tonterías y dime qué túnica prefieres –repuso Grace mostrándola dos modelitos-.
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No, no podía ser lo que había temido Lily. Es verdad que ahora se llevaba mejor con él, en el sentido de que no quería arrancarle la cabeza. Pero eso no significaba que se hubieran vuelto amigos. Y mucho menos que ella olvidara esa imagen que vio esa tarde de quinto curso.
Esa imagen había conseguido que se desenamorara de él, y también había evitado que volviera a enamorarse de él de nuevo. Estaba convencida de que eran paranoias de Lily, y ahora la afectaban porque se había dado un golpe en la cabeza, vete tú a saber con qué. Ella esa noche había estado muy segura de lo que le había respondido a Lily. Era sencillamente imposible que ella volviera a tener ningún sentimiento amoroso hacia Sirius Black. ¿O.... no?
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Definiciones:
Dugbog: Es una criatura que vive en pantanos de Europa y todo el continente americano. Se parece a un leño mientras está inmóvil, pero si se examina más de cerca, se apreciarán unas patas delgadas y unos dientes muy afilados.
Reverse Pass: Un cazador arroja la quaffle por encima del hombro a un miembro de su equipo. La dificultad está en la exactitud
Clabbert: Es una criatura que vive en los árboles. Por su aspecto, parece un cruce entre un mono y una rana. Originario de Sudamérica, se ha exportado al mundo entero. La piel, suave y desprovista de pelo, es verde jaspeada, y tiene membranas entre los dedos de manos y pies; los brazos y las piernas son largos y flexibles, lo que permite al clabbert balancearse entre las ramas con la agilidad de un orangután. Tiene unos cuernos cortos en la cabeza, y una boca ancha que parece sonreír todo el rato y está llena de dientes afilados. El clabbert se alimenta principalmente de lagartos y pájaros pequeños. La característica mas distintiva de esta criatura es una gran pústula en medio de la frente que se vuelve roja y luminosa cuando advierte algún peligro.
Kneazle: Es originario del Reino unido, aunque ahora se exporta al mundo entero. Es una criatura pequeña parecida al gato, tiene un pelaje moteado (jaspeado o a lunares), y sus orejas y cola son como las del león.
Mooncalf: Es una criatura extremadamente tímida que emerge de su madriguera sólo cuando hay luna llena. Su cuerpo es suave y de color gris pálido, tiene ojos redondos y saltones en la punta de la cabeza y cuatro patas largas y delgadas que acaban en unos enormes pies planos. Alzados sobre sus patas traseras, realizan complicadas danzas a la luz de la luna en zonas aisladas. Se cree que se trata de un preludio al apareamiento.
Formación de ataque "Cabeza de Halcón": Los cazadores se colocan imitando una punta de flecha y vuelan juntos en dirección a los postes. Sirve para intimidar al equipo adversario y apartar a los otros jugadores.
Double Eight Loop: Una táctica defensiva del guardián, que suele recurrir a ella cuando le tiran un penalti. Consiste en hacer molinetes alrededor de los aros a gran velocidad para bloquear la quaffle.
¿Qué os ha parecido? Recapitulando: Lily no se nos aclara del todo con respecto a James, pero está bastante segura con respecto a Mark. En el próximo capítulo, vendrá algo que lleváis tiempo esperando xD y no queda casi nada para unir a esos dos cabezotas :P
Los animales que Voldemort tenía en esa cámara, eran los mismos que se llevó el mortífago en el capítulo de "Luna rota". Ya sabéis que el mortífago en cuestión era Rabastan Lestrange. ¿Para qué querrá hacer Voldemort la poción? Pues vais a tener que seguir leyendo jejeje
¿Qué os ha parecido el partido? Era una de las cosas que más respeto me daban, el narrarlo!espero no haber fallado! He puesto la liga interesante :p Gryffindor ganó pero por 20 puntos solamente!para que luego me hablen del Madrid y del Barça! Jajaja
Luego, ese mensaje que le llegó a Jeff y le hizo tan feliz??muajajaja (risa maligna!). Eso será importante, y dará qué hablar :P
Vale... soy consciente de que me querréis matar por algo... Sé que ha ganado Grace por mayoría! (justweasley, gracias por tu apoyo a Kate, parecía que la pobre estaba sola jajaja). Pero el fic está pensado así, y aviso a unas partes y otras, que este a trío le queda mucho!Grace acaba de descubrir que quizás no tiene a Sirius tan olvidado como creía... No sabemos si eso afectará o no, pero a esos tres les queda mucho!jejeje
Bueno, espero que en el siguiente capítulo pueda recuperar los reviews perdidos en este!puedo achacarlo a que fanfiction se rompiera justo después de que yo publicara, pero si en el siguiente capítulo sigue pasando, me lo tomaré como una crítica constructiva a mi forma de escribir, y me plantearé muchas cosas ;)
Un besazo a todos y gracias por vuestro tiempo!
"TRAVESURA REALIZADA"
Eva.
