-La historia es de mi completa autoria más esta ligeramente basada en la segunda temporada de la serie "Kósem La Sultana" producida por Timur Savci y ahora protagonizada por Nurgül Yeşilçay (Sultana Sakura) y Metin Akdülger (Sultan Murad IV). Los personajes son propiedad de Masashi Kishimoto, más su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta para la dramatización de la historia.
Capítulo 7
Cruzando de mala gana los pasillos del Palacio Imperial, que se veía forzada a abandonar por órdenes del Sultan Sasuke, Koyuki era escoltada por un hombre llamado Kisame Hoshigaki Pasha que, como miembro del Consejo Real, decía tener el sagrado deber de despedir a una invitada de su alcurnia. El Pasha iba parejamente a su lado mientras que Lady Ino y Yugito iban cuatro pasos tras ella, cargando las pertenencias de la Princesa en compañía de dos fornidos soldados jenízaros.
Kisame contemplo de sola sayo a la Princesa húngara mientras, de manera tremendamente imperceptible, extraía una daga de entre los pliegues de su túnica, la hoja se encontraba impregnada con veneno y habría de ser una muerte rápida…nadie iba a lamentarlo, la Princesa no tenía gran apoyo en sus propios dominios siquiera. Los católicos incluso lo agradecerían…no había nada que lamentar o eso se repetía Kisame mientras se preparaba para clavar la hoja de la daga en el pecho de la Princesa que, distraídamente, caminaba sin reparar en absolutamente nada, justo como su sequito.
-¡Koyuki!
El repentino resonar de una voz hizo detener no solo a Princesa que se petrifico y alegro de manera inmediata al escuchar aquella voz, sino también a su sequito y a Kisame que regreso la daga a su anterior lugar con increíble presteza. El Príncipe Daisuke, tan rápido como le fue posible, avanzo hacia Koyuki que, sujetándose la falda para no tropea, corrió hacia él, abrazándolo fuertemente. Sintiéndose plenamente segura en sus brazos, aferrándose firmemente a los hombros y espalda del Uchiha. Yugito observo sonriente la escena mientras que Lady Ino sencillamente no supo que hacer, en tal situación no tenía jurisdicción mediante la cual imponerse. Solo el Sultan Sasuke y la Sultana Sakura podían inferir en el actuar del Príncipe Daisuke.
Sin rendirle explicaciones a nadie, y por ende no necesitando de dispensa o autorización alguna, como Príncipe, Daisuke la cargo audazmente en sus brazos, sintiéndola a ferrar sus brazos alrededor de su cuello y contemplarse en el uno al otro, siendo seguidos por Yugito y el sequito de la Princesa que habían de regresar sus pertenencias a sus aposentos. Daisuke, en su indudable ego y orgullo, creía ya tener más que asegurado en puesto como siguiente Sultan del Imperio a la muerte de su padre, pero había un problema…
Kagami era el favorito de todos.
En el jardín privado del Palacio se escuchaba una ensordecedora colisión de espadas que se encontraban entre sí como serpientes, provocando un silbido contra el aire que ensordecería a cualquier persona, menos a quienes se enfrascaban en semejante lucha táctica que no tenía nada que ver con una rivalidad, sino con un sencillo entrenamiento. Sentado sobre un diván y observando absolutamente maravillado el combate entre su padre y su hermano, Shisui de trece años se preguntó si, en algún momento y con el permiso de su madre, aprendería a usar una espada de esa forma para acompañar a su padre en las campañas.
Era muy joven aun como para participar en toda actividad de carácter militar y sus forma de pensar era más bien pacifista, por lo cual, seguramente no habría de encontrarse en un frente de batalla en el futuro. Pero la sola idea de ser tan capaz como su padre y su hermano era tan halagadora que Shisui no pudo evitar ambicionar poseer ese valor tan alabado por todos.
De un solo movimiento y sin hacer caer al otro, moviendo las hojas de acero en la trayectoria de quien tenían en frente, Sasuke y Kagami acabaron apuntándose entre si el filo de sus espadas, amenazando peligrosamente la yugular del otro. Una sonrisa humilde y avergonzada se plasmó en el rostro de Kagami al ver a su padre, sutilmente, apartarse el filo de la espada del cuello.
-Progresas muy bien—garantizo Sasuke, dejando caer su espalda e indicándole a una de las concubinas presentes que se acercara, trayendo una jarra con agua. –Sigue así y podrás vencerme.
El Príncipe se encogió de hombros sin saber que decir, recibiendo agradecidamente la copa de agua de parte de la joven concubina de cabellos dorados que no pudo evitar sonrojarse apenas su mano se encontró con la del Príncipe. Sasuke observo en silencio el intercambio, sin emitir palabra alguna. Tratándose de Daisuke, tal intercambio seria criticado duramente con una reprimenda severa, recordándole la forma en que debía comportarse un Príncipe perteneciente al Imperio Uchiha, pero…Kagami era diferente, en el mejor de los sentidos sin duda.
-Solo intento ser un buen hijo y Príncipe—respondió Kagami, cumpliendo de sobremanera las expectativas de su padre, -espero poder ser como tu algún día, padre.
Rodeándole el hombro con su brazo, Sasuke le revolvió ligeramente el cabello a su hijo que rio, divertido.
-Serás mejor que yo—admitió Sasuke.
Kagami estaba más que capacitado para ser un Sultan, conocía las leyes al pie de la letra y las repasaba para no faltar el protocolo con nadie, los jenízaros lo idolatraban, las mujeres del palacio se peleaban por verlo, —no porque fuera atractivo, sino porque era cortes con todo el mundo—no tenía una sola macula sobre su nombre y solo se dedicaba a complacer a todos cuantos tuvieran expectativas sobre su persona. Era humilde, respetuoso y correcto, discreto y valiente al mismo tiempo, inteligente y capaz. Alguien con visión.
Sasuke ya empezar a tener claro quién sería su sucesor.
Sakura, sentada sobre el diván de sus aposentos, en espera de cualquier visitante que requiriera ser recibió por ella, se encontraba revisando analíticamente los últimos informes del Harem, tomando nota mental de todo aquello cuanto hacía falta cambiar o mejorar y adelantándose a todo suceso que fuera a tener lugar, siendo consiente de una cosa: Kagami
Su hijo ya tenía dieciséis años, la edad correcta para tener su propio Harem, más no tenía prisa por intimar con una mujer. Indudablemente la hacía recordar a Sasuke en el pasado, ella había sido su primera mujer después de todo. Quizá era el momento de que Kagami tuviera a una mujer digna a su lado, una mujer que fuera inocente pero fuerte al mismo tiempo, y tenía a alguien en mente. Levantando la vista hacia las puertas de sus aposentos, Sakura se encontró con las dos jóvenes que resguardaban las puertas, ambas doncellas de su entera confianza, concubinas de dieciséis años, bellas y puras.
La Sultana se fijó en Eri, una espléndida belleza de orbes jade, piel blanca y largos cabellos almendra oscuro cual cascada de sedosos rizos hasta la altura de las caderas, vestía unas sencilla galas rosa suave de escote alto y cuadrado que no daba idea a pensamientos de doble filo, inocente y tremendamente leal a su persona, siempre sonriente y con una mente aguda. Por sobre el vestido una chaqueta de encaje a juego, sin mangas y cerrada a la altura del vientre, bordada en diamantes, finalmente, un broche de oro y cristales rosas se encontraba adornar ando su cabello. Ella era perfecta para Kagami.
Sakura entreabrió los labios para hablarle a la joven, más el repentino chirrido de las puertas abriéndose lo evito.
Daisuke entro en los aposentos de su madre luego de haber dejado a Koyuki en sus aposentos, advirtiéndole al personal que nada se hiciera sin sus órdenes y que todo cuanto hiciera falta para hacer a la Princesa feliz le fuera informado. Ahora su deber era velar por Koyuki. Sakura se levantó de su diván con una ligera y encantadora sonrisa en su rostro que hizo titubear a Daisuke en si debía discutir con ella o no. Desde siempre, su madre había velado por su seguridad y paz, así como la del resto de sus hermanos, enemistarse con ella era lo más doloroso que podía concebir en su mente.
-Le dije a mi padre que la Princesa se quedaría en el Palacio—inicio Daisuke con voz demandante viendo a su madre apartar la mirada de él, -pero no espere que te pusieras en mi contra de esta forma, madre—confeso, sinceramente decepcionado de la decisión que su madre había tomado sin consultarle nada.
Sintiendo algo parecido a un mareo, Sakura negó ligeramente antes de volver a centrar su atención en su hijo. Luego de haber dejado en el pasado a Mito, Mei y Rin, se había determinado a ser una Sultana diferente a todas sus predecesoras, tal y como actuaba Sasuke como Sultan, siendo ecuánime, justa y tradicional al mismo tiempo y por ende debía obedecer la normas que impedían albergar a una Princesa en el Palacio si el Sultan gobernante no lo permitía y la voluntad de Sasuke estaba primero para ella que cualquier otra cosa, incluso su vida.
-Yo solo cumplí las reglas—respondió Sakura, tocándose ligeramente la frente para aminorar el malestar que no remitía.
Daisuke negó ante su excusa, teniendo una sonrisa sínica en el rostro. Si se centraba en ello, su madre siempre hacia lo correcto, siempre hacia lo que su padre dictaba y no discutía en lo absoluto. Su madre siempre parecía ser correcta y perfecta, pero tenía su lado oscuro por más que se empeñara en ocultarlo, podía ser una mujer sumamente malvada y cruel si lo deseaba.
-No la quieres aquí, sería mejor para ti que la asesinaran—hablo Daisuke siendo más que conocedor de tal pensamiento de parte de su madre y su padre, el motivo por el cual habían intentado echar a Koyuki del Palacio, -creí que eras diferente madre, pero no eres capaz de apoyarme cuando te necesito de mi lado—acuso, profundamente dolido con su madre.
Las puertas se abrieron con un leve chirrido, irrumpiendo justo en el instante en que Sakura pretendía contestar. Sasuke entro en los aposentos de su esposa encontrando a Daisuke a quien pretendía exigirle una explicación del porqué de la permanencia de la Princesa en el Palacio, más la repentina palidez en el semblante de su esposa lo hicieron avanzar presuroso hacia ella justo antes de que se desmayara.
-Sakura—llamo el Uchiha, zarandeando ligeramente los hombros de la pelirosa. –¡Tenten!—llamo con voz fuerte a la pelicastaña que entro de manera inmediata, reverenciando al Sultan pese a la sorpresa y preocupación que sintió al ver a su Sultana inconsciente,-trae al doctor C, ahora—ordeno Sasuke.
Reverenciando al Sultan debidamente, Tenten abandono los aposentos a toda prisa para cumplir las órdenes del Sultan. Avergonzado y culpable al mismo tiempo, Daisuke mantuvo la mirada baja pese a sentir la mirada su padre sobre su persona, observando con sincera preocupación a su madre que permanecía desmayada en brazos de su padre. Sinceramente esperaba que el desmayo no tuviera nada que ver con la discusión que estaban teniendo hasta ese momento.
No se perdonaría lastimar a su madre.
Midoriko se desplazó dignamente por los pasillos siendo seguida por dos de sus doncellas y su fiel doncella principal, Narin, quien acababa de informarle que Kisame Hoshigaki Pasha no había conseguido asesinar a la Princesa producto de la intervención del Príncipe Daisuke. La paciencia de Midoriko para con la situación y la traición de parte de Daisuke empezaba a acabarse y no sabía cuánto más podría aguantar. Necesitaba contar con la protección y apoyo total del Sultan o la Sultana o no podría efectuar nada.
La Sultana usaba un elegante vestido de seda rosa, completamente liso en el frente del corpiño y en la falta interior, los costados del corpiño y la falda superior así como las mangas estaban bordados en hilo cobrizo ligeramente claro, estampando sobre la tela el emblema de los Uchiha. Las mangas eran ajustadas hasta los codos donde, en el frente, se abrían y exponían mediante lienzos rosados hechos de gasa así como el cuello en V del escote cuadrado del vestido. Alrededor de su cuello se encontraba una cadena de perlas que filtraba en un dije de oro con el emblema de los Uchiha a juego con par de pendientes de oro de los que colgaban tres diminutas perlas en forma de lagrima. Sobre su largo cabello morado, que caía como una cascada tras su espalda, se encontraba una corona de cristales rosa, diamantes y perlas.
-¿Cómo pudo pasar esto, Narin?—cuestiono Midoriko, más molesta de cuanto pudiera recordar, -¿Cómo es que esa Princesa regreso?
La pelirroja únicamente pudo encogerse de hombros. Ella solo había escuchado lo dicho por Kisame Hoshigaki Pasha sin pedir mayor explicación, su deber no era otro que servir de informante y leal súbdita de la Sultana que la había hecho ascender en la jerarquía del Palacio y a quien debía su lealtad, a la Sultana Midoriko.
-Creo que deberíamos agradecerlo—comento Narin ante las palabras de su Sultana que la observo de sola sayo, -si hubiéramos tenido éxito, quizá su imagen se vería manchada—advirtió, preocupada por la Sultana Midoriko.
Era un auténtico fiasco escuchar aquellas palabras, pero un fiasco muy necesario ya que debía cambiar de estrategia en ese momento. No le servía de mucho exigir un porqué de la permanencia de la Princesa, ahora lo importante era conseguir apoyo para sacarla del Palacio para siempre. Contaba con la Sultana Mikoto, la Sultana Sarada haría cuanto decidiera su madre y el Sultan, tenía que convencerlos a ellos para mantener su estatus y poder. Tenía que evitar que esa mujer se quedara en el Palacio.
-Tal vez—respondió Midoriko, deteniéndose y asintiendo ante aquellas palabras como verdad, por más que no le gustara admitirlo, -pero no me detendré hasta que esa mujer desaparezca—añadió la pelimorada, agradeciendo que no hubiera nadie en los pasillos.
Tenía que conseguir el apoyo del Sultan Sasuke y la Sultana Sakura a como diera lugar.
Sakura se removió contra las almohadas de su cama, ahora vistiendo un camisón de seda borgoña bordado en encaje negro, de escote corazón, mangas holgadas y abiertas desde los hombros. Su largo cabello caía libremente tras su espalda. El doctor, entre todas las esencias aromáticas de su botiquín había conseguido despertarla con un ligero aroma a perfume de rosas, luego de haber terminado de examinarla.
No se había sentido particularmente mal durante el día y tampoco había sentido esa molestia recientemente latente a la hora de desmayarse. No tenía ni la más remota idea de que podía haber provocado el desmayo. Las puertas de su habitación se abrieron inmediatamente permitiéndole a Sasuke entrar, claramente preocupado por su salud tras haber despachado a Daisuke sin haber sido capaz de ordenarle nada, preocupado por la condición de su esposa más que por el tema de la "Princesa Koyuki". El doctor reverencio al Sultan que intercalaba su mirada entre su esposa y el médico.
-¿Qué tiene?—preguntó Sasuke de manera inmediata.
Una ligera sonrisa se plasmó en el rostro del doctor C que, tras haber tratado al Sultan por la viruela hacia años, se había convertido en el medico más famoso del Imperio y la mano derecha de todos en el palacio a la hora de asuntos médicos. Muchos eran pacientes pero cuando se trataba de la Sultana Sakura, el Sultan podía perder la paciencia inmediatamente si no se le decía que dolencia o problema aquejaba a su esposa. Pero lo que le sucedía a la Sultana Sakura no era algo malo sino todo lo contrario.
-No es nada, su Majestad—garantizo el doctor C luego de haber examinado exhaustivamente a la Sultana quien parecía igual de inquieta por su diagnóstico. Sakura observo confundida al doctor, aun sin saber la razón de su desmayo, justo como Sasuke que arqueo una ceja ante aquellas palabras, confundido. –La Sultana solo está embarazada.
Un silencio inmediato asolo la situación que apenas y resulto creíble tanto para Sasuke como para Sakura que se observaron inquisitivamente el uno al otro. Aquello verdaderamente parecía una broma, una broma maravillosamente sincera y ansiada por años. Rodeando al doctor, Sasuke to asiento sobre la cama, frente a Sakura que sonrió inmensamente feliz no antes de levantar su mirada hacia el doctor. Reprendiéndose a sí mismo, Sasuke se giró hacia el medico que no sabía que decir ante la escena.
-Gracias—respondió Sasuke sin reparar en el doctor que sonrió a la pareja Imperial antes de retirarse, cerrando las puertas tras de sí.
Una sonrisa radiante se plasmó en el rostro de Sakura que abrazo efusivamente al Uchiha, pegando su frente a la de él con lágrimas en los ojos. Toda rabieta pasado, toda ira que hubiera sentido en los días pasados era cosa del pasado porque sus oraciones habían sido escuchadas. Puede que sus hijos menores tuvieran trece años pero aún era capaz de engendrar otro heredero para el Imperio y ahora lo creía de todo corazón.
Iban a tener otro hijo después de años de espera.
El sol cruzaba el cielo y se acercaba el atardecer inminente mientras padre e hijo practicaban arquería en el patio del palacio, observando quien podía superar al otro, tremendamente parejos entre sí. Boruto acabo por desistir, sentándose descuidadamente sobre el suelo de mármol, observando ligeramente divertido a su padre que se preparó para lanzar otra flecha.
La presencia o permanencia de la Princesa Koyuki en el Palacio simplemente le era indiferente a ambos, no confiaban en ella y no creían poder hacerlo sin importar cuanto tiempo transcurriera.
-¿Cómo va todo con la Sultana Sakura?—indago Boruto con sincero interés, viendo la flecha salir dispara del arco e impactar en el centro de la diana, como siempre.
Su humor estaba por los aires, sereno a causa del perdón otorgado por la Sultana Sarada que le había quitado un peso inconmensurable de los hombros por obra de su voz y su inigualable belleza, atrapado en una situación incómoda por la Sultana Izumi que decía amarlo, pero él no la amaba. Su padre, sin embargo, no estaba en una situación diferente, enamorado por completo de una mujer que no podía amarlo ni corresponderle bajo ninguna circunstancia y que además detestaba su presencia. Ambos estaban hasta el cuello con problemas emocionales a causa de las Sultanas del Palacio.
-No está feliz con mi presencia—respondió Naruto sin pensarlo demasiado, preparándose para lanzar otra flecha, -pero puedo lidiar con ello—admitió para su propio pesar.
El trato entre la Sultana Sakura y él siempre había sido cordial porque la Sultan simplemente era una anfitriona maravillosa, cordial, noble y digna de un actuar irreprochable, sin macula alguna sobre su prestigiosa reputación. Pero esa cordialidad, en privado y lejos de todos se transformaba en una relación sumamente tensa en que la Sultana apenas y podía aguantar encontrarse unos minutos en su compañía. Sabía que, de no habérsele confesado hacia años, nada habría de ser así en la actualidad, pero ese pasado ya no podía cambiarse.
Estaban bajo el yugo platónico de las Sultanas.
Las horas del día habían pasado a toda velocidad tras tantos acontecimientos, el cielo azul se transformaba en tintes y matices oscuros que iban del naranja y dorado al púrpura y negro profundo que solo era iluminado por las estrellas y la luna menguante que se encontraba adornando el hermoso paisaje nocturno, digno de ser retratado por los mejores artistas había y por haber. Midoriko se encontraba arropando a sus dos pequeños hijos Sasuke y Mikoto siendo el primero que se negaba a dormir, demasiado despierto aun como para ver desaparecer sus horas de juego.
-Mamá, no tengo sueño—protesto el pequeño Príncipe por séptima vez.
A su lado y ya con el rostro enterrado en la almohada, profundamente dormida, se encontraba su hermana Mikoto cuyos cabellos rosados, ligeramente violáceos, eran apenas vistos pero como se enterraba bajo las sabanas, para no ser molestada. Apretando los labios y haciendo que su hijo se recostara de todas formas contra las almohadas, Midoriko cubrió a su hijo hasta el cuello pese a su ceño fruncido.
-Lo siento, Sasuke, pero ya es tarde—dio por zanjado la pelimorada, ya viendo a su hijos menos contraproducente ante sus órdenes. -¿Cómo asistirás a clases mañana si no duermes?—pregunto, besándole la frente a su hijo que asintió de mala gana, cerrando los ojos y girándose para abrazar a su hermanita. Midoriko se levantó cuidadosamente de la cama para no despertara a sus hijos, que empezaban a entrar en un profundo sueño, más el repentino sonido de golpes repiqueteados contra la puerta rompió con el silencio establecido hasta ese momento. –Adelante—índico Midoriko.
Las puertas se abrieron con un ligero chirrido permitiendo el ingreso de Shikamaru que no pudo evitar sonreír ante el tierno cuarto que conformaban los dos infantes profundamente dormidos, reverenciando a la Sultana Midoriko que no supo comprender la repentina aparición del Nara.
-Sultana—saludo el Nara, -el Sultan Sasuke y la Sultana Sakura requieren su presencia—susurro para no despertar a los pequeños.
Midoriko asintió, antes de seguirlo. Quizá esta fuera su oportunidad para conseguir el apoyo deseado.
Sarada ceno silenciosamente en compañía de su hermana Izumi que, estúpidamente, acababa de condenarse así mima al confesar que no había sido otra sino ella quien había informado a Daisuke de la inminente partida de la Princesa. A Sarada le importaba un bledo esta "Princesa Koyuki", no le interesaba en lo más mínimo, pero sus padres la consideraban una amenaza para el Imperio y la vida de ellos, entonces Sarada también lo creía. Ya había errado anteriormente y ahora tenía muy en claro qué camino seguir.
-Me sorprende tu traición, Izumi—admitió la pelinegra, sin levantar su mirada hacia Izumi que la observo confundida. -No creí que advirtieras a Daisuke de lo que pasaba.
Ciertamente todo hubiera sido mucho más fácil si la Princesa ya hubiera dejado el Palacio pero, a causa de Izumi, todo haba dado un vuelco negativo para sus intereses, los del Imperio y más que nada de sus padres que sacrificaban su ser diariamente para poder hacer felices al pueblo. En aquellas circunstancias lo que menos se necesitaba para hacer decaer a la sociedad Imperial era una extranjera terca y entrometida que no tenía por qué estar ahí.
-¿Por qué no lo haría?—cuestiono Izumi en voz alta, no entendiendo el punto de Sarada para pensar así. -La Princesa es inocente y merece quedarse—justifico, dándole un bocado a su cena. Una repentina sonrisa burlona apareció en el rostro de Sarada, confundiendo a Izumi que no supo si sentirse ofendida o alagada por ello. -¿Que resulta gracioso?
Sarada termino de comer y tomo la copa de jugo que se encontraba sobre la mesa, girándose a observar a Izumi que seguía siendo ignorante en el mundo de la política y las tretas. Se sobrevivía si se sabía ser más cauto e inteligente que quien te atacara, eso era algo que Sarada había aprendido por obra de Mei y Rin quienes habían orquestado las muertes de sus hermanos Baru e Itachi a quienes aun extrañaba de todo corazón y a quienes jamás olvidaría. No permitiría que nadie volviera a amenazar a su familia de esa forma. Esta vez no era la misma adolescente de trece años que no había podido hacer nada, ahora era una verdadera Sultana que podía pelear y usar a quienes tenía a su alrededor mediante su poder y sus influencias.
-Tu estupidez—respondió Sarada sin más, evitando reír ante la expresión ofendida de Izumi que no la entendía. -Esa mujer es una amenaza, es una asesina en potencia—recordó siendo que la Princesa no tenía fama de otra cosa y por ende era un peligro, para todos en el Palacio y para el imperio de manera generalizada. -Si fuera nuestro padre, la sacaría a patadas de aquí.
Su padre había intentado expulsarla pero algo, -que aún era ajeno a su entender—había sucedido, impidiendo que eso sucediera. Sarada ya tenía muy en claro que lugar quería ocupar en el Imperio: el de regente si su madre no podía ejercer como tal, tenía la total confianza de su padre y su beneplácito, no era ajena a las intrigas y la política. Estaba capacitada para gobernar con coraje y fuerza, justo como su madre había hecho a lo largo de los años.
-Sarada, no la conoces…- intento hacerla desistir de tal pensamiento, Izumi.
-Ni quiero conocerla—sentencio la Uchiha de manera inmediata, con un tono de voz duro y carente de emociones, cosa que amedrento a Izumi que pareció ver a su madre reflejada en los ojos de Sarada. El parecido era realmente sorprendente e incuestionable. -La lealtad al Imperio es lo primero, Izumi—recordó Sarada, sosteniendo su copa y bebiendo amenamente, -es momento que lo recuerdes.
Ella había sucumbido al engaño en el pasado por culpa del traidor de Inojin, pero Boruto le había abierto los ojos y había velado por ella, era el momento de volver a ser la Sultana que había sido en su día. Ahora su lealtad y su ser, su existencia era por el imperio y para el bienestar de la paz y del legado de los Uchiha. Algún día el mundo miraría hacia el pasado y vería el legado que los Sultanes y las mujeres e hijas de estos habían dejado para la posteridad.
Esa era la labor del Imperio Uchiha.
Las puertas de los aposentos de la Sultana Sakura le fueron abiertas ante la voz amena de la Sultan desde el interior.
La Sultana Sakura, sentada sobre su diván, se encontraba ataviada en un exquisito vestido de seda y satín Viridián ajustado a su figura, dividido en dos capas, una inferior de escote recto y cuadrado, concentrado en el frente del corpiño y la falda, con cinco botones de oro como decoración en el escote. La capa superior o predominante esta ribeteada con encaje cobrizo emulando hojas de otoño y bordada con hilo de oro y mangas ajustadas al brazo hasta las muñecas. Alrededor de su cuello se encontraba aquella cadena de plata y diamante engarzado con cristales que emulaba el emblema de los Uchiha a juego con un par de pendientes de cristal en forma de lágrima. Su largo cabello se encontraba cayendo libremente por sobre sus hombros, con una corona de oro adornándolo, emulando flores de sakura con diamantes y cristales dorados como decoración.
Sentado junto a ella se encontraba el Sultan Sasuke vistiendo unas modestas túnicas de color negro, mangas ajustadas y cuello alto y cerrado bajo una chaqueta de tafetán esmeralda oscuro de apariencia metálica con el estampado del emblema Uchiha a lo largo de la tela, mangas cortas en el frente, largas en los laterales, cuello en V, alto tras la nuca, cola larga y decorados de oro en el frente como cinturón.
-Majestades—reverencio debidamente Midoriko al Sultan y su esposa, sonriendo al verlos juntos, actuando tan inocentemente como le era posible. -¿Querían verme?, ¿Ocurre algo malo?—indago sin poder evitar preocuparse.
No le extrañaría que la Princesa Koyuki levantara calumnias sobre su persona, haciéndolas llegar a oídos de Daisuke que ya parecía no sentir nada por ella. Pero contaba con el cariño de la Sultana Sakura como madre de un Príncipe y una Sultana, sabía que no tenía por qué temer nada. Su posición y estrato social estaba asegurado producto de las vidas de sus hijos Sasuke y Mikoto
-En lo absoluto—negó Sasuke, tranquilizando los miedos de la pelimorada que asintió, agradecida, -acércate—indico el Uchiha.
Dubitativa y confusa con el porque de su presencia ante el Sultan y la Sultana, Midoriko no se negó sino que avanzo hasta situarse frente a la pareja Imperial que se observó momentáneamente entre sí. De pie junto al diván, Tenten, -además de las dos jóvenes doncellas que se encontraba junto a las puertas—era la única presencia ajena al Imperio en ese momento.
-Son tiempos peligrosos—inicio Sakura con voz serena y un brillo de alegría en sus ojos que sabía ocultar muy bien pese a la noticia que rondaba su mente y que le impedía tener pensamientos negativos en ese momento, -Daisuke está tomando decisiones que no le corresponden, pasando por alto nuestra autoridad—sentencio lo ya obvio para Midoriko.
La discusión de aquel día no hacía sino ratificar lo que ya era obvio para ambos, Daisuke estaba actuando en pro de sus propios intereses y de lo que le resultaba conveniente por culpa de las intrigas de parte de la Princesa Koyuki. Sabían que si esa mujer no estuviera presente y no tuviera influencia alguna que ofrecer, Daisuke no actuaria así. Pero ya tenían un plan en mente, un plan compuesto por dos pasos principales pese a sus divagaciones debidamente adyacentes.
-Lo sé, majestades y créanme que lo siento—admitió Midoriko, siendo plenamente sincera en sus declaraciones, puesto que lamentaba los errores que Daisuke estaba cometiendo, -si pudiera hacer algo para evitar estos desastres lo haría.
Una sonrisa ladina apareció en el rostro del Sultan que se giró a observar a su esposa, que asintió totalmente de acuerdo. Midoriko no supo cómo interpretar correctamente semejante intercambio de miradas. El Sultan y su esposa tenían un plan, eso estaba claro, pero el plan en sí era algo completamente desconocido para Midoriko que rogaba no tener que desaparecer para que las cosas se llevaran a cabo.
-De hecho, hay algo que puedes hacer—admitió Sakura, levantando su vista hacia Tenten, de pie a su lado.
Asintiendo en consecuencia y iendo plenamente conocedora del plan ideado por el Sultan Sasuke y la Sultana Sakura, Tenten avanzo hacia la Sultana Midoriko, entreangole un diminuto frasco que contenia un liquido verde claro que la hizo estremecer. Era un institno de reflejo que le indicaba que se alejara de aquello, más no lo hizo. Los orbes turquza d ela pelimorada se centraron en el diminuto fasoc en sus manos antes de levantar la vista hacia el Sultan y la Sultana.
-Extracto de Casia—respondió Sasuke señalando aquel diminuto frasco con sus ojos. -Encárgate de que lo mezclen con la comida de la Princesa—ordeno, sin esperar excepción alguna.
-Tal vez no podamos sacarla del Palacio como desearíamos…- admitió Sakura viendo no comprender a Midoriko que era lo que contenía ese frasco exactamente, -pero así no podrá engendrar ni un solo hijo de Daisuke…ni de nadie.
Entendiendo perfectamente el plan, una sonrisa ladina apareció en el rostro de Midoriko que por fin vio realizaba la esperanza que había estado esperando, secar el vientre de esa mujer era infinitamente mejor que sacarla del Palacio. Le haría la vida imposible y se deleitaría por ello. Ella misma seria la condena de Koyuki que no había reparado en los peligros al momento de pisar los territorios del Imperio. Ciertamente, los Uchiha podían ser muy cordiales con sus visitantes, pero nadie los quería de enemigos por una sencilla razón: sus ataques y métodos de venganza eran simplemente implacables.
-Lo haré con gusto, majestades—admitió sinceramente, Midoriko, reverenciando al Sultan Sasuke y la Sultana Sakura.
Era mucho más de lo que hubiera imaginado, un apoyo y/o respaldo todavía más grande de aquello que hubiera considerado posible. ¿De qué atractivo o significancia seria Koyuki para Daisuke si no podía tener hijos? Una mujer así, sin poder ni modo de escalar en la sociedad únicamente desaparecía con el tiempo y eso habría de suceder con Koyuki, su triunfo no sería sino una silenciosa y estrepitosa caída directo hacia la derrota más absoluta que se pudiera haber imaginado.
La amenaza que significaba Koyuki Kasahana seria erradicada. Su vientre no produciría nada que amenazara al Imperio, jamás.
PD: capitulo dedicado (como siempre) a melilove, (a quien lamento decir que esta vez no podre atender las suplicas de nadie porque la historia habrá de seguir un curso ya establecido) Miara Makisan, DULCECITO311(a quien agradezco su atención de leer la historia y comentarla :3)Adrit126 y a Yopi. Perdón si tarde en actualizar :3 pero tuve exámenes y de hecho el martes que quizá me ausente un pokis :3 ruego su paciencia. Plis, comenten y denme su opinión como tanto los amo :3 gracias, abrazos y besos, hasta la próxima.
