¡Hola todos! ¿Qué tal? Aquí vengo con un nuevo capítulo recién sacado del horno :D esta semana me ha costado un poco escribir porque he estado enferma, pero ya estoy un poquito mejor, y espero que vuestros reviews (a los cuales estoy enganchada xD), me hagan ponerme buena del todo!jejeje ¡espero que os esté yendo todo genial! Yo encantada porque esta semana ya son las vacaciones de semana santa, y encima viene familia de visita jeje Contesto a los anónimos, que esta vez han sido pocos (más bien uno xD):
Andy: ¡Hello loca! Tú no me fallas nunca ¿eh? Jeje gracias :P que bien que te haya gustado lo del partido, porque ya sabes que era algo que me preocupaba hacer mal :D a Lily ya no la queda NADA :D verás este capítulo :D jajaja Me imaginaba que el final no acabaría de gustarte xD pero ya sabes :P Me alegro que el misterio te guste!irá en aumento, creeme!¿Preparada para tu aparición estelar? Jajaja bueno, exagero xD no es aparición estelar pero es la primera aparición en escena :P estate atenta!;)
Bueno, ya está. Solo queda decir que este capítulo se lo dedico a mi prima/hermana Lorena, porque está en estado de esperanza, como se diría, y por ese bebe que será mi sobrino o sobrina, al cual ya adoro :D hoy se lo dedico a los dos ;)
Espero que quede claro: Los personajes, lugares y mundo de Harry Potteren general, y Sirius Black en particular, es propiedad de J.K. Rowling. Mía es la trama y las ideas de olla, además de los personajes OC por supuesto jejejeje
"JURO SOLEMNEMENTE QUE MIS INTENCIONES NO SON BUENAS"
O-oOOo-O
Capítulo 19: Cartas, ¿de quién?
Hay hechos probados: los unicornios son blancos, los hipogrifos vuelan, Dumbledore siempre ha sido igual de viejo y las clases del profesor Binns son para dormir. Las cosas son así, están confirmadas científicamente. James lo sabía, Sirius lo sabía, Peter, más que nadie, lo sabía, y Grace, Kate y Gis también lo sabían. ¡Hasta Sadie y Jeff lo habían aprendido rápidamente! Entonces, ¿por qué a Remus y a Lily no se les metía en la cabeza?
Por suerte, ya era viernes, lo que suponía que la fatigosa semana ya llegaba a su fin. Claro que dos horas de Historia de la Magia para comenzar el día, no animan a cualquiera. Mientras Peter se echaba literalmente la siesta, aunque a esas horas más parecía una prolongación del sueño nocturno, James y Sirius se lanzaba unos aviones hechos con pergamino, mientras movían perezosamente la varita. Al lado de Sirius, Remus parecía capaz de tragarse el pergamino, pero de tanto coger apuntes. Movía la pluma con tal rapidez, que apenas se distinguía lo que escribía. Al otro lado de él, Jeff miraba extrañado el borrón de apuntes, pensando si el licántropo entendería su propia letra.
Una fila más abajo, Gis se aguantaba la cabeza con las manos, aunque en ocasiones el codo se la resbalaba, despertándola de golpe de la ensoñación. A su lado, Sadie pintaba monigotes en el pergamino, dibujando figuras inteligibles. Kate parecía tener la vista clavada en el profesor, pero su mirada estaba mucho más ausente, y su gesto daba a entender que prefería haber seguido en su cama. Al lado de ella, Grace miraba la ventana distraída, recibiendo de vez en cuando, pequeños golpes de parte de Lily instándola a que atendiese. Esta ignoraba a su amiga, y se acomodaba mejor para seguir mirando por la ventana. Lily la miraba enojada, pero no perdía más que un segundo con ella, pues enseguida volvía con sus notas, preocupada de haberse perdido algo.
Cuando la clase terminó, los chicos recogieron despacio, aún sin salir del todo de ese sopor, mientras que Lily corría hacia Remus para que le dejara ojear algo que no había apuntado bien. Detrás suyo, Grace bufó, haciendo que su mejor amiga se diera la vuelta.
- Luego no me pidas los apuntes, Grace –la regañó molesta-.
La chica se encogió de hombros y sonrió cálidamente a Remus.
- Mi chico preferido me los deja, ¿verdad?
Él sonrió levemente, y antes de que se pudiera negar, Grace le abrazaba dándole las gracias, y haciendo que Lily le mirara reprobatoriamente.
- Después me los dejará a mi, ¿eh Moony? –intervino James dándole un pequeño codazo en el estómago-.
- Vale, pues alguno me los presta a mi –añadió Peter frotándose los ojos y bostezando-.
- ¡Sí, a mi héroe se los tienes que dejar, Remus! –exclamó Grace risueña-.
Peter se sonrojó, como todas las veces que la chica había repetido eso a lo largo de la semana. Tras haberla contado por qué Peter estaba también en la enfermería, Grace había insistido en decir que era su héroe, y al ver que el chico se sonrojaba, se divertía mucho diciéndolo a todas horas.
- Wormtail, ¿por qué no me salvas a mi? –preguntó Sirius poniendo la voz muy aguda. Estaba detrás de ellos, con Kate abrazada a su cintura-.
- Porque odio los chuchos callejeros, Padfoot –contestó este, ya harto de que el chico se metiera con él-.
Los demás se rieron, concediéndole a Peter el punto de haber conseguido callar a Sirius. Para compensar al moreno, Kate le dio un pequeño beso en la comisura de los labios. Grace apartó la mirada. La molestaban esas escenitas, aunque seguía convencida que sus sentimientos no tenían nada que ver. No lo consideraba importante, y de hecho, ni siquiera lo había comentado con Lily. Agarró del brazo a esta y ambas siguieron hablando, un poco adelantadas al resto del grupo, hasta la clase de Encantamientos.
El profesor Flitwick dijo no encontrarse muy animado ese día (James les insistió a sus amigos que estaba seguro que era resaca, de la movida que el profesor había tenido la noche anterior con Slughorn, y Sirius asintió solemnemente declarando: "¡Que mal está la juventud!"). Por lo tanto, les puso una clase práctica, en la que les hizo dividirse en parejas y practicar encantamientos convocadores.
Kate y Gis cogieron uno de los cojines que repartió el profesor y se fueron a un extremo del aula. Al pasar junto a James y Sirius, la latina le sacó la lengua al segundo haciendo reír a James. Estos dos aprovecharon que Grace entretenía a Lily y que el profesor estaba sentado con la cabeza entre la manos (confirmándoles su teoría), para dirigir sus varitas hacia el grupo de Ravenclaws donde estaba Derek Rumsfelt, y le tiñeron el pelo de rosa. Guardaron sus armas en las túnicas antes de que Lily pudiera regañarlos, aunque la pelirroja les miró sospechosamente cuando el grupo de chicas de los águilas comenzó a reírse del pelo de su compañero.
Dado que la eterna prefecta no les dejaba actuar de modo libre, habían optado por la guerra de guerrillas, y le hacían estas pequeñeces cada vez que podían. El chico molesto se apuntó a sí mismo murmurando el contra hechizo, y les miró con el ceño fruncido. Al menos había algo en él que respetaban, y es que no corría, como en el caso de Snape, a contárselo al profesor, sino que se defendía solo. Por lo tanto, supieron que debían estar alerta ante la posible revancha.
Esta, como siempre en la última semana, fue dirigida a Peter. Apenas llevaban diez minutos de clase, cuando al pobre muchacho, quien practicaba con tranquilidad junto a Remus, le hizo efecto un encantamiento que pareció ser el de las piernas unidas. Remus suspiró y le lanzó el contra hechizo a su amigo. Al tiempo que le daba la mano para ayudarle a levantarse, les lanzaba a James y Sirius la típica mirada de: "Os lo dije".
Un poco más allá, vieron que Lily les miraba bastante enfadada, pero después de una semana, ya les había dejado por imposibles. Grace observó a su amiga, y se preguntó si sus deberes de prefecta no serían una buena excusa para pasarse el día mirando a James.
- ¡Accio cojín! –el almohadón voló desde las manos de Lily hacia las suyas con gran precisión. Se acercó un poco más, para nadie escuchara su conversación y colocó el cojín entre sus manos para que Lily lo convocara-. ¿Te has aclarado ya con respecto al muchacho? –la preguntó señalando ligeramente a James con la cabeza-.
Lily le miró de nuevo, y suspiró. Casi con pereza, realizó el hechizo y el cojín volvió a sus manos de nuevo.
- En el fondo, no. A ver –añadió al ver que Grace comenzaba a reírse-, algo me pasa con él, es evidente. Pero, ¿y si solo es atracción? No quiero volver a equivocarme.
- Yo creo que esa duda la resuelves con un buen morreo –apuntó Grace sin pelos en la lengua-.
- Sí, y también abusando de él en los vestuarios, ¿no te fastidia? –ironizó Lily bufando-.
- Oye, si quieres que me las arregle para encerrarle después de algún entrenamiento...
- ¡No quiero tus planes, Grace! Al final siempre acabo haciendo el ridículo como con lo de la ropita.
Y es que sí, Lily había continuado con los consejos de su amiga durante toda la semana, ahora con más motivos que nunca. El problema, fue cuando Grace la sugirió que le enseñara un camisón que ella misma la prestó. La pelirroja lo hizo, y cuando se estaba felicitando, pues aquello había dado más resultado que nada, entró McGonagall a realizar la revisión semanal, seguida de Sirius, Remus y Peter que venían de visita. La profesora la había montado un escándalo, y la tarde siguiente la había pasado limpiando los trofeos por andar con ropa indecente frente a un compañero. Eso, unido a las bromas de Sirius, las risas de Peter y las miradas divertidas de Remus, la habían quitado las ganas de seguir los consejos de Grace.
- Si no sabes realizar la seducción de la manera adecuada no es mi culpa –se defendió Grace. Lily bufó de nuevo. La rubia había optado por esa defensa, y de ahí no la sacabas-. Pero vamos, a lo que iba: Que no sabes si es que en realidad quieres pegarle un buen morreo o casarte con él para tener siete hijos como te proponía en quinto...
- Calla anda... –intervino Lily cuando el tema salió a relucir-. Que estos días para tener esperanza, hasta me ha dado por pensar que lo hablaba en serio.
- ¿Lo de los siete hijos?
- Lo de pedirme salir. ¿Te imaginas?
- Pues sería para matarte –la dijo Grace. Después ambas se echaron a reír por sus desvaríos-.
Cuando se cansaron, y a vistas de que Flitwick no parecía prestar atención a nada, ambas se dirigieron hacia donde estaban sentadas Kate y Gis.
- ¿Sabes lo que he estado pensando estos días? –la preguntó Lily a Grace, poco antes de alcanzar a sus amigas-.
- Ilumíname.
- Que puede que todo esto tenga que ver con otra cosa.
- ¿Que es....? –dijo Grace moviendo las manos para incitar a su amiga a ser más rápida-.
- Esto. Expecto patronum –susurró-.
De la punta de su varita salió un haz de luz en una forma aún sin determinar. Estaba más claro que la última vez que probó el conjuro, pero aún no tenía claro qué podría ser. Grande, de cuatro patas y que corría a galope.
- Sigue siendo una cosa rara y fea –la dijo Grace-. Era más bonito el conejo.
- Ya, pero el profesor me dijo que a veces los patronus cambian de forma cuando hay cambios fuertes en las emociones de las personas. Quizá en ese momento me representaba un conejo y ahora me representa algo... que no sé qué es –añadió con hastío-.
Para entonces, ya habían llegado donde descansaban sus amigas, y Gis y Kate escucharon lo último que dijo Lily. Ambas habían observado el patronus que había convocado su amiga, y la miraban con curiosidad.
- Cada vez se parece más a una cierva –intervino Kate como que no quiere la cosa. En realidad el animal podía ser cualquier cosa, pero ella había vuelto a su antigua costumbre de lanzar pullitas a favor del amigo de su novio-. ¿Te imaginas? ¡Quedaría monísimo porque el de James es un ciervo!
- ¡Uh, formaríais parejitas! –exclamó Gis riéndose-.
Grace se carcajeó de la cara de Lily, que parecía salida de las fauces de un dragón, de lo sonrojada que estaba. Esta la lanzó una mirada que pretendía hacerla callar, pero solo consiguió que Grace se riera más fuerte.
Más alejados, los merodeadores se reían de las orejas tamaño XL que le habían puesto a Jack Hamilton, uno de los amigos de Rumsfelt. Tener a Flitwick indispuesto era muy oportuno, aunque los dos grupos de chicos cada vez actuaban con menos discreción. Las chicas se les quedaron mirando cuando las risas de Sirius llegaron al otro lado de la clase. Kate y Gis sonrieron divertidas, Grace bufó e intentó poner cara de aburrida, aunque una pequeña sonrisa se escapaba por las comisuras de sus labios. Lily se levantó, irguiéndose y sacando pecho, como siempre que quería recordar su insignia de Premio Anual. Caminó hacia ellos con paso enérgico, pasando junto a Sadie y Jeff que seguían practicando y cuchicheando entre ellos. De inmediato, Remus se aclaró la garganta, y James y Sirius, al igual que Derek y Jack, bajaron las varitas.
- No creo que el profesor os haya ordenado esto –les dijo mirándoles a los cuatro con severidad-.
- Esto es entre nosotros, Evans. Tú no pintas nada aquí –dijo el amigo de Derek mirándola despectivamente-.
- ¡Cuidado con cómo la hablas! –exclamó James subiendo de nuevo la varita-.
- ¡Cállate James! –la dijo Lily-. Tú eres el peor, que deberías dar ejemplo.
Al oír la risa burlona de los dos Ravenclaws, se dio la vuelta y les miró de forma que hizo que se callaran al instante, pese a que todos la sacaban la cabeza.
- Y vosotros, que vuestra casa presume de inteligencia, no he visto en mi vida un grupo más inepto.
Ahí le tocó a Sirius el turno de reírse, pero otra mirada de Lily lo silenció. Después, la pelirroja se dirigió a James.
- Comportaos acorde a vuestra edad, que ya no sois unos niños –le dijo solo a él, pese a que hablaba en general-.
James asintió con la cabeza, y la vio marcharse de nuevo con sus amigas, quienes la vitoreaban desde el otro lado de la habitación. Se quedó unos segundos mirándola, hasta que la risa de Sirius volvió a llamar su atención.
- Colega, lo siento por ti –le dijo su mejor amigo pasándole un brazo por el hombro-. Te tiene domado y ni siquiera es tu novia.
- Habló el perro solitario –contestó Remus ironizando-.
- Lo mío es distinto –murmuró Sirius evasivo-.
- Sí, claro. "¿Qué quiere la princesa para desayunar?" "Lo que tú prefieras, Kate..." –le imitó Peter riéndose-.
Antes de que pudieran reiniciar la "guerra de guerrillas", el timbre sonó, despertando al profesor Flitwick y dando por terminada la clase. Tanto Ravenclaws como Gryffindors salieron a tropel. Las chicas fueron caminando sin prisa, por lo que a la salida se encontraron con los primeros Hufflepuffs que esperaban para entrar. Entre ellos estaba Mark y sus amigos, Sam y Roger.
Al verle, Lily quiso esconderse detrás de Grace, pero este la sonrió amablemente. Ella le devolvió una sonrisa titubeante, que no duró mucho, pues pudo ver cómo la sonrisa que él la había dedicado, se iba apagando a medida que creía que no le veía. Al mismo tiempo, Sam la miraba envenenadamente, y no perdía de vista a Mark. Lily no necesitaba esa mirada para sentirse fatal, por haberle hecho daño al chico.
Y es que sí, la tarde después del partido, cuando fueron a caminar, Lily decidió acabar con una relación a la que ya no le veía sentido. Ese día comprobó, una vez más, el gran corazón que podía tener Mark Bennet.
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12 de noviembre de 1977
La pareja salió a los terrenos a caminar. La hierba estaba húmeda del rocío de la tarde, y el cielo comenzaba a pintarse de una paleta de colores entre el morado y el rosa, tan típicos del atardecer. Un capote de nubes grises cubrían casi todo el cielo, provocando un anochecer prematuro, pese a que solo estaban a media tarde. Sin embargo, Lily y Mark no miraban el cielo, ni tampoco las ramas de los árboles que se movían por el leve viento, ni al calamar gigante que volvía a entrar al lago alejándose del frío.
Ella miraba el suelo, pensativa, concentrada en lo que iba a decirle. Él la miraba, entre temeroso y comprensivo, siendo más o menos consciente de lo que le esperaba, pero, a la vez, deseando retrasarlo lo máximo posible. Lily no se acababa de decidir a hablar, y Mark la tomó de la mano algo inseguro. No era un gesto amoroso, sino de ánimo, y no sabe cómo, Lily lo entendió.
Alzó la vista y le miró directamente a los ojos azules, que tanta bondad desprendían. Él compuso una triste sonrisa y la apretó la mano. Lily se mordió el labio antes de comenzar a hablar.
- Mark, verás... hay algo que quiero hablar contigo. Pero... no sé cómo... esto...
- Quieres terminar, ¿cierto? –le preguntó él para facilitarla las cosas. Una cosa es que quisiera retrasar el momento, y otra que disfrutara viéndola tan apurada-.
Lily bajó la mirada, y un suave rubor tiñó sus mejillas al ver que había sido tan evidente para el chico.
- Antes que nada, quiero que sepas que no he tomado esta decisión porque esté con nadie- Mark alzó una ceja, y Lily pudo notar que no acababa de creérselo-. Pese a lo que te haya parecido ver allá arriba, no tengo nada con James. Ni con él, ni con ningún otro. Pero ya no siento lo mismo que antes, y no me parece justo seguir atándote cuando no puedo quererte de la forma que mereces.
Se calló, rezando para que él dijera algo. Durante unos largos segundos, Mark no habló. Su mirada se apartó de Lily y vagó por el lago con aparente tranquilidad. Mantenía el rostro sereno, y solo el hecho de que tenía los labios más fruncidos de lo normal, daba a ver su debilidad en ese momento. Inspiró fuerte, cerrando los ojos solo un segundo, y después la miró forzando una pequeña sonrisa.
- Bueno, en el fondo me imaginaba que esto acabaría pasando –la dijo mirándola sin ningún tipo de rencor-.
- ¿Te lo imaginabas? –preguntó Lily confusa-.
- Sí. De hecho, cuando ese día me besaste y te declaraste, me sorprendí muchísimo. No es que no hubiera soñado con ello. Tú me gustas desde la primera ronda que hicimos juntos, a finales de quinto.
- Tú también me gustabas desde ese día –comentó Lily con una sonrisa nostálgica-.
- ¡Pues jamás me lo habría imaginado! –dijo él con una risa amarga-. Te hablaba en serio, el día que te dije que yo creía que acabarías con Potter. Parecía más tu tipo –añadió al ver que ella iba a replicar-.
- No lo era –le aseguró Lily consciente de que hablaba en pasado-.
- ¿Y ahora? –le preguntó él sabiamente-.
Lily le miró de reojo, y no pudo evitar que una pequeña sonrisa apareciera en sus labios.
- No se te escapa nada, ¿no? –le preguntó-.
- Supongo que no –comentó él riéndose amargamente-. Pero en el fondo esperaba equivocarme. Confiaba en que si estabas conmigo es porque me querías, y que todo lo demás, las miradas, las sonrisas, los gestos... confiaba en que todo eso solo fuera producto de mi imaginación y de la de Sam.
- ¿Sam también lo notó? –preguntó Lily algo temerosa. Esa loca capaz era de lanzarla una maldición-.
- Ella fue la primera que me avisó. Aunque me negué a mi mismo sus palabras, justificando que quizá lo decía porque está enamorada de mi...
- ¡Lo sabías! –le acusó Lily-.
Mark se encogió de hombros con naturalidad. Lo que dijo a continuación podría ser muy propio de James Potter o Sirius Black, pero el modo en que lo dijo demostró que venía del humilde y tímido Mark Bennet.
- No es que fuera difícil. Sam es muy evidente. –se quedó un rato en silencio, y la pelirroja no hizo nada por romperlo-. Pero es una buena amiga, y ante todo se preocupa por mi. Ya ves que al final tuvo razón –añadió volviendo a sonreirla con esa tristeza que a ella la estaba carcomiendo por dentro-.
- Ojalá no la hubiera tenido, Mark –le dijo ella con sinceridad. Le cogió de la mano, y separó sus dedos con los de ella, examinándolos con tranquilidad-. Daría lo que fuera por ser capaz de sentir lo que sentí en su momento para siempre.
- No desees algo que te haría mal, Lily –la susurró apretando los dedos contra los pequeños de ella-. Las cosas pasan porque tienen que pasar. La vida te tiene preparada a ti otro futuro que no es conmigo, y eso lo asimilaré como pueda. Solo espero que al menos me dejes ser tu amigo.
Sin poderse contener, Lily se lanzó a su cuello y le abrazó con fuerza. Sin duda era la ruptura más rara de la historia. Ella era la que quería cortar, y sin embargo, él lo decía casi todo, deseándola suerte y rogándola amistad. Sabía que seguramente no encontraría a un chico menos egoísta que Mark, pero no por eso podía continuar con esa farsa. No le hacia bien a ninguno de los dos. Los sentimientos de ella estaban en otra parte, y Mark con el tiempo encontraría a alguien mejor que ella. Se lo merecía, y la pelirroja lo sabía.
Se quedaron unos minutos abrazados, sin querer moverse. Cuando comenzó a llover, se separaron sorprendidos y echaron a correr hacia los soportales. Llegaron empapados, y mientras el chico se secaba la ropa con la varita, Lily recordó algo.
- Guardaré la carta siempre con mucho cariño, Mark –le dijo-.
Él levantó la cabeza y la miró confuso.
- ¿Qué carta? –la preguntó tras unos segundos-.
- La que me dejaste en el libro de Encantamientos. Fue por eso que me atreví a declararme. Jamás en mi vida me han dicho cosas así...
Mark la miró durante unos segundos, intentando encontrarle sentido a lo que decía la pelirroja, pero tras no encontrárselo, la confusión volvió a sus ojos.
- Lily, yo no te escribí ninguna carta. Nunca.
- ¿Qué? –preguntó la chica con la misma confusión que él-.
- Que nunca te he escrito ninguna carta. No sé de qué me hablas.
- ¿Cómo...? Mark, ¿cómo no vas a ser tú? Es decir, era tu letra, estaba en el libro de Encantamientos con el que me ayudabas...
- No sé de qué carta me hablas –repitió Mark con total seguridad-.
Lily se quedó mirando al vacío extrañada. ¿Cómo que Mark no había escrito la carta? Era su letra, ella lo había visto ese día en la biblioteca, y el hecho de que estuviera en el libro de Encantamientos no hacía más que confirmar su teoría.
- ¿Cómo...? –parecía que era incapaz de terminar una frase. Le miró con el ceño fruncido, viendo la confusión en los ojos de él-. Ven conmigo –le dijo para después comenzar a caminar a paso ligero hacia su torre-.
Cuando llegaron al sexto piso apresuradamente, y entraron en la torre de los premios anuales, donde encontraron tiradas la túnica y escoba de James. Del chico no había ni rastro, por lo que supusieron que se había cambiado y había vuelto a salir de nuevo. Lily no pareció interesarse por dónde estaría, sino que subió directamente a la puerta derecha, hacia su cuarto.
Debido a lo ocurrido hacía una semana, Mark decidió quedarse a esperarla en la sala común, y no subir a la habitación. Más ahora que ya no tenía esa clase de relación con la chica. Esta bajó en menos de un minuto con un pergamino en las manos. Miraba el contenido con concentración, pese a que, por el desgaste de la hoja, parecía que había leído esa carta mil veces. Después se la extendió con cuidado. Mark la miró por encima, sin leerla a fondo pero apreciando todos los sentimientos que había en ella.
- No es mi letra –afirmó convencido-.
- ¿Estás seguro? Te vi esa letra en sus apuntes –le dijo Lily dubitativa-.
- Si quieres puedo enseñarte mis apuntes para demostrarte que no se parece en nada a la mía, pero creo que conozco bien mi letra –la respondió con una pequeña sonrisa-.
- No, no... Supongo que vi lo que quise ver... –dijo ella pensativamente-.
- Puede ser. Yo también vi en muchos casos lo que quería ver. Pero me llama la atención, porque después de eso has visto mil veces mi letra...
- No me fijé. Estaba tan segura... –se encogió de hombros más confusa que nunca. De pronto levantó la cabeza del pergamino, y miró al chico a los ojos-. Mark, si tú no me escribiste esa carta... ¿quién lo hizo?
La única respuesta que obtuvo del chico fue una mirada parecida a la suya y un encogimiento de hombros.
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Esa era otra. El tema de la famosa carta. Desde ese día la llevaba siempre encima, y se pasaba horas observándola cuando nadie la veía. Parecía que había algo más que ese trozo de pergamino quería decirla, pero ella aún no tenía nada claro.
Grace se había mostrado igual de sorprendida que al saber que Mark no era el autor de la misiva. Sin embargo, Lily aún no sabía quién podría ser su admirador secreto, y temía volver a equivocarse si se obsesionaba mucho con el tema. Alguien debía ser el autor de unas palabras tan apasionadas, pero de momento no parecía querer salir a la luz, y Lily se había cansado de hacer el ridículo y errar, como venía haciendo muy de continuo últimamente.
OO—OO
Una planta más abajo, los de sexto curso de Gryffindor salían de su clase de Transformaciones que compartían con los Slytherins. Josh, el cazador más joven del equipo de Gryffindor, recogió sus cosas con parsimonia. De todos modos, nadie le esperaba.
Desde su discusión con Sarah, la cual no se había dignado a hablarle ni permitirle disculparse, su amigo Johny no le hablaba, y el resto, aunque no sabían muy bien de qué iba el asunto, se puso de parte de la pareja haciéndole un vacío. Josh nunca fue un chico muy popular. Era bastante tímido, solo era gracioso cuando estaba a solas con sus amigos, y no era el típico chico guapo. Lo único llamativo que tenía, era que jugaba en el equipo de quidditch, pero eso también lo hacía Sarah, y ella caía mejor a la gente.
En definitiva, que mientras Sarah siguiera enfadada con él, Johny lo seguiría estando, y de ahí la mayoría del grupo, llegando a toda la clase. Josh llevaba una semana bastante solitaria, solo acompañado de vez en cuando por Allan, el golpeador del equipo, que era un año menor que él.
Paseaba por los pasillos, tan metido en sus pensamientos, y con la cabeza gacha, como siempre solía caminar, que no se dio cuenta que chocó con alguien. Sus libros cayeron al suelo, mezclándose con los de la otra persona.
- ¿Eres imbécil? –escuchó que alguien le gritaba-.
Reconoció la voz, y levantó poco a poco la vista para encontrarse con los ojos negros más sexys del mundo, según su opinión, y también los más furiosos. Jane le miraba altaneramente, con el rostro crispado y una mueca de asco.
- Lo siento –se disculpó en voz baja-.
- ¿Lo sientes? –preguntó ella como si no hubiera escuchado bien-. Te pasé lo del sábado pasado, niñato, y tras tirar todas mis cosas, ¿me dices que lo sientes?
Jane estaba enfadada. No había lugar a dudas. Sin embargo, Josh no tenía ganas de montar un espectáculo en mitad del pasillo. Se arrodilló en el suelo, recogió los libros, y luego junto los de Jane mientras ella golpeaba el suelo con el pie rítmicamente. Cuando se los ofreció, la rozó sin querer la mano y ella se apartó con un gesto de asco.
- ¡No hace falta que me toques! –le gritó-.
Josh resopló suavemente. Tan simpática y agradable con los que ella quería, y tan borde y altiva con los demás. Y, sin embargo, a él le seguía teniendo fascinado.
- Mira –dijo él con paciencia-. Lo del otro día fue un malentendido, y lo de ahora un accidente. Discúlpame y quedamos en paz.
Jane sonrió burlonamente y miró a sus amigas, quienes soltaron una ligera risita. Después se volvió hacia él mirándole sin darle importancia.
- Por supuesto que fue un malentendido. Y si se te ocurre volver a acosarme, porque te juro que la próxima no lo cuentas –añadió con una mirada maliciosa-.
- ¿Eso es una amenaza, Green? –preguntó una voz a espaldas de Josh-.
Se giró, y tras él vio a Sarah, que doblaba la esquina con un libro abrazado a su cuerpo. Había salido de clase antes que él, así que el chico supuso que se había olvidado el libro y había vuelto por él. Josh bajó la mirada incómodo, al ver que su amiga podía comprobar por sí misma que tenía razón. Quizás luego se lo echara en cara, o quizás lo haría ahora delante de todo el mundo.
- ¿Y tú quién eres? –preguntó Jane riéndose y provocando que su amgas rieran tontamente. Sí sabía quien era, pero era una forma de ningunear a la chica, la cual no se dio por aludida. Se volvió hacia Josh, ignorando a la rubia, y le sonrió amigablemente, como si nada hubiese sucedido-.
- Vamos a clase, Josh –le dijo dándole un amistoso golpe en el brazo-. Este pasillo es para la gente sin cerebro. Tú y yo no pintamos nada aquí.
Tirando un poco de él, avanzó hasta que Jane se interpuso en su camino, negándola el paso con una mirada furiosa.
- Ten cuidado en no insultarme, cardo –la dijo mirándola desde arriba, pues la sacaba varios centímetros-. Al fin y al cabo, si lo haces podría peligrar vuestro puesto en el equipo de quidditch.
Sarah se echó a reír a carcajadas. Pobre intento de hacerla de menos. Ya había perdido la cuenta de cuantas veces que la habían llamado "cardo" intentando herirla. Quizá eso valdría con una persona con menos autoestima, pero ella sabía que, aunque no era guapa, tenía muchas cosas que la hacían especial. Y una pija, ególatra y materialista como la que tenía delante, no iba a convencerla de lo contrario. La mención a su puesto en el equipo fue lo que la hizo reír a carcajadas.
- ¿Una Ravenclaw me va a echar del equipo? –la preguntó burlona. Después, su sonrisa se acentuó-. ¡Oh, no! Lo que pretendes dar a entender es que puedes convencer a nuestro capitán de que nos eche. Suerte primero en acercarte, porque James no hace más que evitarte. Aunque claro, ¿quién le discutiría eso?
No había terminado de hablar cuando cogió del brazo de nuevo a Josh y avanzó a paso rápido por el pasillo. Cuando estuvieron lo suficientemente lejos para no escuchar los gritos de Jane y sus amigas, Sarah soltó de golpe a su amigo, y se plantó delante de él con los brazos cruzados. Al menos no se lo había echado en cara delante de todos.
- Creo que hay algo que tienes que decirme –comentó Sarah al ver que Josh se quedaba callado-.
El chico se pasó la lengua por los labios nervioso. Miró de reojo a su amiga, la cual ahora parecía más enfadada que nunca.
- Lo siento, tú tenías razón...
- ¿Y? –preguntó Sarah haciendo un ademán con la mano-.
- Y yo, como siempre, me equivocaba –añadió rodando los ojos y riéndose-.
Sarah se rió también, y le dio un sonoro beso en la mejilla. Después le cogió del brazo, con la misma confianza de siempre y le dijo:
- Vamos a clase que de verdad llegamos tarde. Me alegro de haber hecho las paces. Johny ya te echaba de menos.
OO—OO
Cuando acabaron las clases, los chicos se dirigieron al Gran Comedor. Se sentaron a comer, y ninguno pareció percatarse de que Jeff y Sadie llevaban una semana sentándose más apartados de lo normal. Remus, por su parte, no llegó a sentarse, sino que cogió una servilleta, la hechizó para formar un saco sin fondo y comenzó a introducir comida en ella, sin preocuparse de que sus amigos y el resto de los Gryffindors le miraran confundidos.
- Moony, miedo me da preguntarlo, pero ¿qué haces? –preguntó Sirius mirándole como si estuviera loco-.
Este sonrió y se encogió de hombros mientras seguía rellenando el saco de comida.
- Hoy me apetece comer arriba. En el tercer piso. –aclaró para dar a entender a sus amigos que iba a pasar la hora de la comida con Rachel-.
Los demás, al darse por enterados, continuaron a lo suyo sin preguntar más. Cuando el licántropo ya se iba, se volvió hacia James y Lily.
- Recordad, a las cinco en la biblioteca.
Los dos chicos asintieron algo ausentes, y el chico salió con paso apresurado del Gran Comedor. Gis se volvió hacia la pelirroja con una mirada comprensiva.
- ¿Ya empezáis con el trabajo, eh? Nuestro grupo también hemos pensado empezar hoy, porque con lo lentos que son Macnair y Carrow, puede que de aquí a final de curso aprendan a leer –la dijo provocando la risa de sus amigos-.
- Dales un gato para que lo torturen, ya verás como con eso sí son rápidos –intervino Kate con una mueca de disgusto-.
- Pues si lo vas a hacer, asegúrate de que Mulciber se va con ellos –comentó Peter-. Con Snape puedo arreglármelas, pero con ese tío...
- ¿Cuándo comenzáis vosotros? –le preguntó Grace-.
- Ya empezamos el miércoles. Mary opina que mejor mirar por todos los libros antes de comenzar, y Snape, al parecer, intentaba convencerla de conseguir un permiso para sacar libros de la sección prohibida. Dijo algo así como que los libros de magia oscura traían mucha información útil. Así que hoy seguiremos...
- ¡¿Qué?! –exclamó Sirius llevándose una mano al pecho-. ¿Me estáis diciendo que los tres me dejáis tirado un viernes por la tarde? ¿Y vosotros os llamáis amigos? –acusó a James y Peter que intentaban aguantarse la risa. Sirius se volvió hacia su novia sonriendo coquetamente-. Pero mi princesa no me dejará tirado, ¿verdad?
- Sirius, ya te he dicho mil veces que este finde lo voy a pasar en la biblioteca. Hinkes y Yexter quieren acabar cuanto antes, y cuanto más rápido se pase mi tiempo con ellas, mejor que mejor. –le contestó la chica armándose de paciencia. Esa conversación la habían tenido durante toda la semana-.
- ¿Y qué hago yo toda la tarde solo? –preguntó Sirius poniendo morritos-.
- Puede que tu egocentrismo te impida escuchar a los demás –le dijo Grace-, pero te recuerdo que ayer quedamos en ir a mirar información hoy un rato.
- ¿Quedamos? –preguntó Sirius confuso. No recordaba haber hablado con sus compañeras en ningún momento-.
Grace resopló mientras rodaba los ojos. Se giró hacia donde Sadie y Jeff cuchicheaban con las cabezas juntas.
- ¡Williams!
Los dos hermanos se giraron hacia la rubia con la cara interrogante.
- ¿Te importaría repetirme en qué quedamos ayer que haríamos hoy? –preguntó Grace compartiendo una mirada de irritación-.
Sadie, en vez de contestar directamente a Grace, se giró hacia Sirius.
- En que hoy iríamos sobre las seis a comenzar la búsqueda la información –le respondió con el mismo tono que había utilizado Grace-.
Después se volvió de nuevo hacia la rubia.
- Te dije que no había escuchado, Sandler.
Grace asintió negando con la cabeza medio divertida. Agradecía tener como compañera a Sadie para aguantar a Sirius, pues la alemana sabía poner firme a cualquiera. ¡Quien la habría dicho hacia poco que se alegraría de eso! Pero, lo cierto, es que poco a poco comenzaba a entenderse mejor con esa chica.
- Ya sabes lo que significa eso, ¿no Padfoot? ¡Adiós a las fiestas de los viernes! –exclamó James trágicamente-.
- Nuestra vida ha acabado –continuó Peter con tristeza-.
- Solo la parte que le daba alergia pisar la biblioteca –le respondió Lily riendo-.
- ¿De verdad hay que ir? –le preguntó James a Lily-. Yo insisto que ese lugar tiene encantamientos para agilipollar al que entre...
- ¿Me estás llamando gilipollas? –preguntó Lily haciéndose la ofendida-.
- ¡Nunca más lejos! –exclamó James con una sonrisa traviesa-. ¡A la regla general se exceptúan los Gryffindor! –añadió provocando una risa general-.
OO—OO
Cuando acabaron de comer, cada uno se dirigió a un lugar, conscientes de que esa tarde, tarde o temprano, todos acabarían en el mismo sitio. James y Lily se dirigieron a su torre a dejar sus libros y coger todo lo necesario para una tarde de investigación.
- Oye Lily –dijo James espatarrándose en un sillón-. Aún tenemos tiempo de sobra hasta que Moony se vaya de donde Rachel. ¡Vamos a vaguear un poco!
- O también podríamos adelantar trabajo... –propuso la pelirroja como que no quiere la cosa-.
- ¡Lily, que es para final de curso! ¡Solo estamos en noviembre! –se quejó el chico-. ¡Haber si voy a tener que lamentar que me haya tocado contigo y con Remus en el equipo!
- Ya sé que hay tiempo, James –suspiró Lily sentándose en el mismo sofá que él, haciéndole correr las piernas-. Pero nuestra poción es más difícil que la mayoría de las pociones, por lo que no podemos dormirnos en los laureles.
- ¡Esa es otra! ¡Injusticia! –exclamó James levantando un brazo reivindicativo-. ¡A la mayoría de los Slytherins les ha dado pociones más simples!
- Eso no es verdad, James. Ha sido bastante equitativo. –le respondió Lily con paciencia-.
- ¡Sí, claro! A ellos les ponen la Amortentia y el zumo de Mandrágora, que lo hicimos cien mil veces el año pasado, y a nosotros el Felix Felicis que solo nos lo mostró a principios de sexto y no hemos vuelto a saber de qué va. –refunfuñaba el chico sin atender a razones-.
- Creo que los trabajos los ha repartido según la capacidad de cada uno. Nosotros tenemos el Felix Felicis porque somos dos premios anuales y un prefecto, así que tenemos que ser capaces. No va con que seamos Gryffindor o Slytherin, porque a Grace, Sirius y Sadie les ha puesto el Filtro de los Muertos que fue lo primero que aprendimos en sexto.
- Pero los Slytherins lo siguen teniendo más fácil, Lily. ¡No me digas que el pobre Pete es un maestro de las pociones! ¡Y a él le toca el veritaserum!
- Yo diría que el profesor pensó más en Snape que otra cosa. Aún teniendo tres renegados (perdona por la palabra, James) junto a él, Snape sigue siendo el mejor.
- Tampoco es para tanto... –respondió James picado por los celos-.
- Sí, es el mejor. Hacía pociones complicadísimas desde pequeño...
Se quedó callada al recordar que, normalmente, esas pociones las hacía en compañía de ella, cuando aún eran amigos, cuando eran inseparables, cuando aún no la llamaba "sangre sucia"...
- ¡Pero la Amortentia y el zumo de Mandrágora está tirado, Lily! –exclamó James interrumpiendo sus pensamientos-.
- Bueno, la amortentia no solo es de Slytherins, sino también para Gis y Jeff. –le contestó ella aún un poco distraída-.
- Ya, pero Gis no es muy buena en pociones, y por lo que he visto de Jeff, mejor alejarle de un caldero...
- ¿Ves como me acabas dando la razón? –exclamó Lily riéndose-. ¡Si hasta pones mis argumentos! ¡Te quejas, por quejarte!
- ¡No, no! –corrigió James intentando zafarse-. ¡No quería decir eso!
- ¡Sí, sí querías! –exclamó Lily riéndose más fuerte mientras le pellizcaba una pierna-.
- ¡Maldita prefecta! –rió James poniéndose de pie y comenzando a hacerle cosquillas-.
Lily comenzó a retorcerse en el sofá, presa de un millón de cosquillas que la recorrían todo el cuerpo. Intentaba pararle con las manos, con los pies, a patadas, a mordiscos. Casi se quedaba sin aire de tanto reírse.
- ¡Para, James, que no las soportó! –gritó cuando pudo coger una pizca de aire-.
- ¡Pero qué bonito es el amor! Estáis para una foto –exclamó una voz detrás de ellos-.
Antes de que pudieran percatarse, un flash los cegó. Al darse la vuelta, vieron a Sirius intentando aguantarse la risa mientras sujetaba en sus manos una cámara fotográfica.
- ¡Pad! –exclamó James intentando sonar enfadado pero ocultando la risa-.
- Lo siento, Prongs –dijo este echándose en un sillón a la derecha del sofá en que Lily se acababa de sentar correctamente-. Pero es que era necesario. No todos los días me encuentro un espectáculo tan extraño en vuestra sala común, y encima a la pelirroja con las faldas levantadas. Ya sabes que eso no le gusta a McGonagall, Evans. –la dijo a esta guiñándola un ojo-.
Lily volvió a sonrojarse, al igual que todas las veces que Sirius había bromeado con la bronca de la subdirectora. El que James le riera la gracia a Sirius, solo provocó que el calor de las mejillas de la pelirroja subiera hasta confundirse con su pelo. Intentó disimularlo recogiendo sus libros, y alisándose la falda.
- Bueno, como aún hay tiempo creo que voy a buscar a Grace –dijo para librarse de la escena incómoda-.
- Podía sentir la mirada de James y la sonrisa burlona de Sirius a sus espaldas.
- Vale, pues hasta luego –se despidió James sentándose perezosamente en el sofá-.
- A las cinco –le repitió Lily-. Hasta luego.
Y salió del retrato, dejando a James y Sirius pasando el único momento de libertad que les permitirían esa tarde.
- Deberías hacerme caso –dijo Sirius cuando la prefecta salió de la sala-.
- Deja de montarte cuentos, Padfoot. Yo ya no hago caso a nadie –protestó James poniendo los ojos en blanco-.
- ¡Por una vez sí, Prongs! ¡Esa pelirroja te está buscando! –exclamó exaltado-.
- Pad, que ella solo me ve como un amigo.
- Entonces tendré que echarme más amigas para que me enseñen su ropa interior...
- ¡Era un camisón! Tú es que... vamos, no entiendes a las chicas. Para ellas es normal enseñarse ropa y eso.
- Ya, pero no enseñársela a un tío... Ya ves a McGonagall no la pareció tan normal –añadió riéndose-.
- Conmigo sí es normal, aunque McGonagall no lo entienda. ¿Sabes cómo me llama, no? Su "mejor amigo". Vamos, el pringado que la ve arreglarse para tener citas con los demás. Ese soy yo.
- ¿Entonces volvemos a la tradición de hacerles la vida imposible a los pretendientes de la pelirroja? –preguntó Sirius sonriendo maliciosamente-.
- No... –contestó James desganado-. Ya te dije el año pasado que eso se había acabado. Lily me lo pidió por favor.
Sirius chasqueó la lengua molesto.
- Si entre que Moony pasa más tiempo encerrado con Rachel que con nosotros (y no quiero pensar qué andan haciendo), que Peter se me está yendo al lado oscuro con tanto Slytherin alrededor y que tú cada día eres más muermo, ¡los merodeadores se desintegran!
James sonrió ampliamente.
- Alguno de estos días volveremos a montarla, para demostrarte que los merodeadores siguen más vivos que nunca.
- ¿Algún plan ronda por tu maquiavélica mente? –preguntó Sirius excitado y curioso-.
- ¡Déjame un margen de tiempo, colega! –exclamó el capitán divertido-. ¡Que agobio! Entre el equipo, las rondas y las bromas, no voy a tener tiempo para mi.
- ¡Quejicus! –le llamó Sirius riendo-.
- ¡Antes muerto que Quejicus! –exclamó James como una declaración de intenciones-.
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Antes de que tuviera que marchar a pasar el resto de la tarde en la biblioteca, Sadie caminó con parsimonia hasta el patio. Atravesó los soportales, y de lejos distinguió una figura sentada en uno de los bancos de piedra. Como cada tarde desde hacía una semana, Regulus no había faltado a la cita.
No estaba bien dicho. No era una cita. Ni siquiera quedaban. Simplemente, sin hablar, se ponían de acuerdo en verse en el mismo lugar y a la misma hora todos los días. Solo para hablar. Charlar.
Algo tan simple como eso, puede resultar un alivio para dos personas que tienen tanto que esconder. Se sentían cómodos hablando el uno con el otro, pues sabían que podían confiar en que se guardaría esa conversación. No es que hubiera crecido una gran confianza entre ellos de la noche a la mañana, es que ambos habían hablado demasiado, y sabían que si callaban los secretos ajenos, el otro guardaría los suyos.
Se sentó junto a él, sin hablar, como de costumbre. Regulus apenas movió la cabeza. Un insignificante saludo. Un modo de hacerla saber que la había oído llegar. Y estuvieron en silencio largo rato. No era incómodo en absoluto. En el momento en que les apeteciera, uno de los dos comenzaría a hablar.
-¿Qué tal el día? –preguntó Regulus en voz baja-.
- Normal... Algunas clases tediosas y una pelea divertida de los chicos.
Se volvieron a quedar callados, Regulus no opinó nada y Sadie no añadió más.
- ¿Y tú día, qué tal? –preguntó la chica mirando a los alumnos que paseaban por el patio-.
- Normal también... Acabo de tener entrenamiento de quidditch. Ha sido difícil aguantar, Hinkes estaba muy alterada. Decía algo de inútiles, mestizos y sangres sucias... ¿habéis hecho algo?
- Hoy no hemos tenido clase con ellos –argumentó Sadie encogiéndose de hombros-. Si han hecho algo fuera de clase, yo no me he enterado.
- Aunque no te habría molestado, ¿no? –preguntó Regulus con una pequeña sonrisa, como quien sabe que ha acertado una pregunta en un examen-.
Sadie se encogió de hombros y sonrió también.
- Ya sabes que la mayoría no me caen bien. No me gusta la mente que tienen...
- Quizá deberías observar un poco más –la dijo Regulus-. Tú te dejas llevar por la primera impresión. Sí que lo haces –añadió al ver que ella iba a protestar-. Les observas un minuto, y ya crees saber todo de ellos. Te equivocaste con Grace, y hasta conmigo, y ya lo empiezas a admitir. ¿Quién te dice que no te pasa con más?
- ¿Y con quién me equivoco, según tú?
Regulus se quedó callado unos segundos, tratando de recordar un nombre concreto que dar a la chica.
- Con Snape –dijo al final. Al oír el resoplido de Sadie, añadió-. Ese chico vivió un infierno antes de venir al colegio, y no ha sido el más afortunado aquí tampoco. Aquellos que consideras tan buenos y divertidos, como Potter y sus amigos –lo dijo así, teniendo mucho cuidado de no mencionar a su hermano-. Les consideras unos santos, ¿has mirado más hondo? Quizá verías cosas que no te gustarían...
- ¿Y quién te ha dicho que les considero unos santos? –preguntó Sadie enarcando una ceja-. Si les considerara así, no me caerían bien. Dudo que yo sea una buena persona, así que sería incongruente que les pidiera eso a los demás... En cuanto a tu amigo, me pone especialmente nerviosa. ¿Has mirado alguna vez sus pensamientos? No sabe hacia dónde va, qué mirar, de quién fiarse. Parece primero un pobre mago desamparado, y al instante te encuentras con los peores deseos de muerte que hayas visto. Creo que ni siquiera él mismo sabe qué clase de persona es.
- Es solo que está confundido. Pronto se aclarará y elegirá el camino correcto.
- Yo diría que su camino ya le ha escogido –comentó Sadie recordando haberle visto en la reunión secreta en Hogsmeade-.
Regulus sonrió como si se tratase de un tierno recuerdo.
- Probablemente, sí –aceptó-. Pero aún no está del todo comprometido con la causa. Cuando se aclare, será un gran siervo.
- ¿Sabes que sabe oclumancia? –le preguntó Sadie incorporándose un poco para mirarle a los ojos-.
- Sí –respondió Regulus con tranquilidad-. Pero solo la usa cuando cree que le van a leer...
- Ya aprenderá a tener las barreras siempre alzadas. –comentó la chica como quien no quiere la cosa-. En cuanto salga a la guerra auténtica.
- ¿Por qué lo dices? –preguntó Regulus curioso-. ¿Sabes algo? ¿Tu hermano ha visto algo?
Sadie sonrió divertida. Sí. Regulus sabía el extraño poder que tenía Jeff. Era extraño que él lo supiera, cuando no se lo habían dicho ni a sus amigos de Gryffindor. Jeff probablemente pondría el grito en el cielo si lo supiera, pero ella se lo había contado a su nuevo amigo sin consultarle en absoluto.
- Era una frase hecha. No sé nada. Relájate –rió al ver la expresión del chico-. Jeff tiene visiones sobre cosas más importantes que el mediocre de tu amigo.
Regulus se volvió a recostar tranquilamente en el banco. Sadie le observó unos instantes, pensando en Jeff, en su poder, en Regulus. No. No debía preocuparse por habérselo dicho. Ella sabía un secreto del chico mucho más peligroso, como el hecho de que era mortífago. Alguien con una vida así, no se molestaría en alguien como Jeff.
Se habían contado muchas cosas durante esa semana. Casi podía asegurar que, aparte de su padre, y probablemente su madre, nadie más la había conocido tanto. Al final, ese muchacho, que era más pequeño que ella en edad, pero no por eso en mente, se había convertido en un amigo. Uno de los buenos. Y eso que ella no era muy dada a hacer amigos... Se habían contado casi todo. Y decía "casi", porque sabía que había cosas de Regulus que ella no conocía. Al igual que él no conocía todos sus secretos. Había cosas que jamás le contaría a nadie...
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12 de noviembre de 1977
Era extraño. Acababa de pasar un rato agradable con alguien que no estaba segura ni siquiera de que le cayera bien. Cuando Regulus la había propuesto ir a dar una vuelta, había aceptado para tener una excusa de huir de la sala común de Gryffindor, de la celebración de la victoria y las preguntas sobre los heridos. Había huido de la atención que podría tener. Y, sin embargo, contra todo pronóstico, había pasado un buen rato.
Al principio habían existido muchos huecos de silencio, bastante incomodidad. Pero cuando encontraron un tema del que hablar, parecía que este no se agotara. Tenían el mismo humor cínico, la misma frialdad, la misma necesidad de soledad... Casi era preocupante darse cuenta de que Regulus Black, tal vez, fuese un buen chico. Se había hecho una idea de él, y la molestaba mucho fallar en sus conclusiones. Cosa que últimamente parecía estar haciendo muy a menudo. Tal vez debajo del mortífago había un buen corazón...
En estas cosas iba pensando, mientras caminaba mirando los retratos de los pasillos que conducían a la torre. De repente, un grito la llamó la atención. Se detuvo y miró alrededor. Nada. Se encogió de hombros pensando en que lo habría imaginado. Sin embargo, a los pocos segundos, oyó otro grito, quizá un poco más cercano. Nerviosa, comenzó a escudriñar a su izquierda, su derecha, delante, atrás...
- ¡Sadie!
Otra vez. Era Jeff, no tenía dudas. Parecía provenir de algún lugar a su izquierda, donde había una bifurcación que terminaba en unas escaleras. Echó a correr hacia allí, con miedo de que le hubiese pasado algo. Le encontró subiendo las escaleras, dos plantas más abajo. Estas se movieron de su lugar, y el muchacho saltó para poder cogerlas.
Sadie bajó corriendo y Jeff continuó subiendo, hasta que se encontraron.
- ¿Qué pasa? –preguntó ella con el corazón en la boca-.
- ¡¿Dónde estabas?! ¡Llevo media hora buscándote por todo el castillo!
- Pues... ¡¿a ti qué te importa?! ¿Quieres algo o disfrutas haciendo el imbécil?
- Ha llegado otra carta –la dijo mostrándola un sobre rasgado y algo doblado-.
Sadie miró la carta, y luego a su hermano a los ojos, el cual sonreía alegremente. Sin detenerse a ver qué ocurría, le cogió del brazo y le llevó hacia uno de los pasillos, desierto en ese momento.
Jeff la pasó la carta y conjuró un muffliato a cada lado del pasillo, para evitar que nadie espiara su conversación. Sadie leyó la carta con avidez y, a medida que avanzaba, sus ojos se iban abriendo cada vez más. Cuando terminó, levantó la vista hacia su hermano, con una amplia sonrisa.
- ¿Semanas? –preguntó casi sin creérselo-.
- ¡Semanas! ¡Puede que hasta antes de Navidad! –exclamó Jeff exultante de felicidad-. ¿Sabes lo que eso significa?
- ¡Se acabará, por fin se va a acabar! –exclamó Sadie abrazándose a su hermano-.
Era extraño que tuvieran un acercamiento así, pero la noticia lo merecía. Estuvieron un rato abrazados, sonrientes, felices, esperanzados. Hasta un par de lágrimas de alegría cayeron de sus ojos. Cuando se soltaron, Sadie se pasó la mano por los ojos rápidamente, pero a Jeff no le importó que le viera llorar.
- Ahora tenemos que tener más cuidado que nunca –aseguró él aclarándose la garganta-.
- Sí, ahora más que nunca, debemos ir con pies de plomo. ¡Merlín, espero que no haya problemas!
- Llevan muchos meses investigando, lo tienen controlado. Además, sabes que no nos habrían avisado si no lo tuvieran casi confirmado. ¡Que ganas tengo de que termine!
- No lo sabes tú bien –contestó su hermana rodando los ojos con una sonrisa impresa en el rostro-.
Jeff se quedó en silencio unos segundos, y su rostro se ensombreció ligeramente.
- Va a ser difícil ocultarlo entonces... –admitió preocupado. Pensó en Nicole-. Me refiero, a que no nos perdonarán. El primero Dumbledore.
- Ya... –corroboró Sadie asintiendo con la cabeza-. ¡Pero ya nos ocuparemos entonces de todo eso! ¡Y merece la pena lo que sea que quieran hacernos!
Jeff asintió, recuperando la sonrisa. Cualquier cosa merecía la pena si eso salía bien.
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- ¿Tú no habías quedado con Grace y el otro? –preguntó Regulus sacándola de sus pensamientos-.
Sadie dio un bote en el asiento, y al mirar el reloj de la torre, vio que efectivamente, llegaba tarde.
- ¡Oh, mierda! Tengo que irme.
- Hasta mañana... –dijo Regulus mirando el cielo que comenzaba a oscurecerse-.
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En una de las calles de los suburbios de Londres, en un vecindario muggle para nada especial, en un edificio en absoluto llamativo, estaba a punto de tener lugar una reunión secreta.
No era algo nuevo que la Orden del Fénix se reuniera en East End. Llevaban más de un año con el cuarto general ubicado en esa oscura zona del corazón londinense. Los más cercanos a ese lugar, la mayoría borrachos y prostitutas, no se fijaban en las personas que aparecían en los callejones cercanos. No les parecía llamativo que todos se dirigieran al mismo bloque abandonado, más bien no parecían verlos entrar.
Una pareja de magos se apareció en una de las bocacalles y, cogidos de la mano, se dispusieron a cruzar la calle hacia su destino. De camino, la mujer se quedó observando a un hombre que estaba tirado en el suelo y tenían en una de sus manos una jeringuilla. Su mirada estaba perdida, y tenía una sonrisa ausente en el rostro. La mujer no pudo evitar un gesto de asco, pero tuvo que apartar la mirada cuando uno de los compañeros del hombre la miró amenazadoramente. El hombre que la acompañaba la pasó un brazo por los hombros, de forma protectora, y la instó a entrar en el edificio.
Una vez dentro, la mujer no reprimió un escalofrío, que su marido contestó con una sonrisa comprensiva. Subieron dos plantas hasta llegar a un pequeño vestíbulo antiguo que se caía a pedazos. El hombre llamó a la puerta de la derecha, y tras esta se vio una gran sombra.
- Identifícate –exigió la voz tosca de un hombre tras la puerta-.
- Soy Frank Longbottom, auror del ministerio, casado con Alice Longbottom. Hijo de Emer y Augusta Longbottom. Albus Dumbledore me confió esta dirección como guardián de los secretos de la Orden del Fénix.
La puerta se abrió con un chirrido, y Frank le cedió el paso a su esposa. Dentro se encontraba un hombre muy alto, más que la mayoría y de anchos hombros. Su cabello era castaño y largo, recogido en una coleta baja que le llegaba hasta por debajo de los hombros. Le dirigió a Alice un sonrisa amistosa y chocó las manos con Frank. Este le sonrió de vuelta.
- Gideon amigo, ya hacía tiempo que no te veía.
- Ya sabes, hemos estado intentando rastrear a los Lestrange pero los malditos están bien escondidos...
- A esos en concreto, yo diría que es casi imposible encontrarlos –le dijo Frank comprensivamente, dándole un golpe amistoso en la espalda-.
Ignorando la conversación de ellos, Alice se había internado en el lugar, saludando a sus compañeros con la cabeza. Pasó por al lado de Caradoc Dearborn y Marlene McKinnon, y se detuvo un segundo a saludar a Edgar Bones y su hijo mayor, Anthony. Al fondo de la sala encontró enseguida a quien buscaba, agradeciendo que la chica hubiera asistido. Estaba sentada en un viejo sillón, algo apartada de todos, con la mirada perdida y los hombros caídos. Alice se fijó en su expresión mientras se acercaba, su pelo, castaño oscuro, estaba desenmarañado y la tapaba los ojos, mientras caía desordenadamente hasta por encima de sus hombros. Su larga nariz se estremecía ligeramente mientras suspiraba, abriendo su pequeña boca con labios gruesos y secos.
Cuando estuvo delante, comprendió que la mujer no la había visto, y puso una mano sobre su hombro para llamar su atención.
- Dorcas... –susurró como intentando despertarla-.
La mujer dio un respingo al salir de su ensoñación, y miró a Alice con ojos cansados. Compuso una pequeña sonrisa al reconocer a su amiga, y se dejó abrazar por ella.
- Alice... –susurró contra su hombro tras unos momentos de silencio-. Aún no te he dado las gracias por traer a Matt a casa...
- Siento no haber llegado a tiempo –sollozó Alice con pena-.
- Habría sido imposible, amiga. –la dijo separándose de ella para mirarla a la cara. Se humedeció los labios con la lengua, y continuó hablando con la voz ronca de la emoción-. Mi hermano murió el mismo día que desapareció, estoy segura. Lo importante es que ahora está en casa. Le hemos enterrado junto a mi abuelo. Él querría haber estado allí.
- Perdona por no haber ido, yo...
- La vida continúa y la Orden no puede detenerse por eso. Créeme que lo he entendido. McGonagall ha pasado por el cementerio. Ha sido muy amable de su parte.
Alice miró el rostro derrotado de su amiga. Demostraba una gran entereza, pese a que debía sentirse horriblemente al haber perdido a su hermano pequeño. Pero Dorcas era así, se sobreponía a todo, como lo había hecho tras quedarse viuda. Era una persona a quien ella admiraba profundamente, pero sabía que jamás podría ser como ella. No se imaginaba seguir con su vida si algún día la faltaba Frank, simplemente no tenía tanta fortaleza.
- ¿Cómo están tus padres? –la preguntó-.
- Devastados. Sobretodo mi madre. Me culpa de todo, por haber convencido a Matt para entrar en la Orden. Mi padre me ha dicho que ella solo habla a través de su dolor, pero no puedo evitar pensar que tiene razón...
Alice negó con la cabeza, mirándola a los ojos muy seriamente.
- No, Dorcas. Matt era así, era su elección. No era el típico hombre que se quedaba en casa sin hacer nada. Y, en la medida que has podido, siempre cuidaste que nada le pasara. Simplemente hay cosas que tú no puedes controlar.
La mujer asintió gravemente, y su mentón comenzó a temblar como si fuese a llorar. Alice consideró que sería lo normal, y se preparó para consolar a su amiga. Sin embargo, el sonido de la puerta la hizo girarse, al igual que al resto, hacia el pequeño y destartalado salón que había a su izquierda. Pudo ver a Albus Dumbledore entrando en compañía de su jefe, Alastor Moody.
Con un gesto de su mano, les invitó a sentarse en las sillas que Moody había conjurado delante del sillón que había para el anciano. Sin embargo, este no se sentó en él, sino que caminó hacia donde estaban Frank, Alice y Dorcas. Apoyó la mano en el hombro de esta última, que compuso una sonrisa más amplia que la que le había dedicado a su amiga.
- Siento no haber podido darte mis condolencias antes, Dorcas. Matt era un muchacho muy valiente y bondadoso. No te imaginas cómo me arrepiento ahora de haberle enviado solo. Te juro que pensé que era una misión inofensiva...
Había dolor de verdad en los ojos azules del hombre, y Alice sintió un nudo en la garganta. Ella también se sentía responsable, pues Frank y ella habían buscado por el lugar insistentemente, sin encontrar el cadáver del joven, que se encontraba medio enterrado en un bosque. Quizá Dorcas tenía razón y murió el primer día, pero Alice no paraba de pensar que quizá le habrían mantenido prisionero, y le habrían torturado mientras su esposo y ella fracasaban en su búsqueda.
Esa sensación se fue cuando Dumbledore se giró hacia el matrimonio y les dedicó unas palabras de consuelo también a ellos. Aún no se acostumbraba a que el director de Hogwarts supiera qué sentía en todo momento, y qué debía decir para que se sintiera mejor. Era, sin duda, un mago fascinante. El mejor magos de todos los tiempos.
La reunión comenzó como siempre. Dieron informe de todo lo que habían averiguado cada uno, y comenzaron a hacer divagaciones. Ya llevaban más de un cuarto de hora reunidos, cuando hubo nuevos golpes en la puerta. Fue Frank quien se levantó en esa ocasión, seguido de Benji Fenwick, quien ya tenía en sus manos la varita. Dumbledore continuó hablando con total tranquilidad. Seguramente él ya sabía quién era.
Al cabo de dos minutos, Alice vio a su esposo volver junto a Benji y otros cuatro hombres. Delante iban los hermanos Divon, Andrea y Ethan, hablando con Tomás Mendes. Benji iba tras ellos, mirándoles escrutadoramente. A Alice no la extrañó. Los tres estaban como si hubiesen salido de una batalla, sucios, despeinados y con la ropa rasgada. Notó como Dumbledore detenía su discurso solo un segundo, y miró a los recién llegados. Tras un gesto de Mendes el comandante de la Orden continuó hablando.
Alice no comprendía qué ocurría, pero ya llevaba semanas observando actitudes extrañas entre el director y esos cuatro. Por cierto, faltaba el último. Adam Potter venía más rezagado, hablando en susurros con su esposo, y en las mismas condiciones que sus compañeros. Frank volvió a sentarse en el mismo lugar junto a su esposa, y Potter tomó asiento en la silla contigua.
Después de eso, la reunión continuó con normalidad. Al acabar, Alastor Moody le hizo un gesto a Alice para invitarla a aproximarse. Ella sabía qué ocurriría después, lo había hablado esa misma mañana con su jefe. Soltó la mano de Frank, quien se la había tomado al término de la reunión. Este la miró sorprendido y ella solo le guiñó un ojo para indicarle que ya le explicaría más tarde.
Llegó hacia donde su jefe hablaba con tranquilidad con Dumbledore, y al verla el anciano la recibió con una cálida sonrisa. Moody, sin embargo, miró a su amigo algo más serio. Por un momento pareció titubear, y a Alice no la extrañó. Ella consideraba buena su idea, pero no estaba segura que Dumbledore pensara de igual modo. Tras el instante de duda, el auror captó la atención de Dumbledore y, tras asegurarse que nadie más le oía más que ellos tres, habló:
- Albus, hay algo de lo que me gustaría hablar contigo.
La mirada del director se volvió preocupada, pero su rostro continuó sereno. Alastor continuó hablando:
- Como ya sabrás, en el departamento de aurores tenemos bastantes problemas de personal. Y a Alice y a mi se nos ha ocurrido algo que podría beneficiarnos tanto a nosotros como a la Orden.
Dumbledore le miró durante un segundo, y después desvió su mirada hacia Alice. Se apoyó en el respaldo del sillón, adquiriendo un gesto de conversación relajada.
- Os escucho –dijo finalmente-.
OO—OO
En la biblioteca, Kate tenía la cabeza enterrada en un gran libro de color marrón oscuro. Escuchaba de vez en cuando el bufido molesto de Samantha Hinkes, quien aún llevaba puesto su uniforme de quidditch, y al instante siempre venía el suspiro cansado de Dulcy Yexter.
Era incómodo tener que hacer un trabajo con dos Slytherins, quienes tenían mal carácter y ni siquiera sabían estar bien entre ellos. Supuestamente eran amigas. Ellas dos y Amanda Tyler siempre estaban juntas, pero muy revueltas. Se peleaban continuamente. Al parecer, habían venido a la biblioteca después de una de sus discusiones. Llegaron tarde, pues Kate ya llevaba veinte minutos esperándolas. Hinkes apenas movió la cabeza como saludo, y Yexter, un poco más amable, dijo que esta había acabado tarde el entrenamiento de quidditch.
Desde entonces, apenas habían intercambiado un par de frases para ponerse de acuerdo sobre qué libros investigar. Miró de nuevo el pergamino que les había repartido el profesor Slughorn. Poción multijugos. Bueno, era conocida, pero lo malo es que había mucha información que buscar. Cuándo, dónde y por quién fue creada, posibles efectos secundarios, históricos momentos que haya tenido esa poción...
Una hora llevaban buscando, y no habían encontrado aún gran cosa por donde empezar. Miró hacia el fondo de la biblioteca, donde Remus, James y Lily cuchicheaban en voz baja sobre unos libros, y de vez en cuando se reían. ¡Así sí que daba gusto trabajar! Por un momento, pensó que ojalá el profesor la hubiera puesto en el equipo de Sirius y Grace. Sadie habría sabido desenvolverse mucho mejor con semejantes compañeras, y ella habría estado con su novio y con su amiga. Ellos dos estaban a un par de mesas de ella, solos. Sadie no había aparecido aún, y los chicos estaban con los brazos cruzados sobre los pergaminos, esperándola.
- Por lo que pone aquí, el único libro donde está la receta es en Moste Potente Potions. –dijo Dulcy levantando la vista del libro-. Pero creo que está en la sección prohibida, así que necesitaremos permiso.
- Voy a preguntarle a la señora Pince si nos lo puede dar ella, o tiene que ser un profesor –se ofreció Kate levantándose-.
Instintivamente, recogió sus libros y los llevó consigo, para evitar que esas chicas hurgaran en sus cosas. Salió al pasillo más cercano a las estanterías, el menos concurrido, y comenzó a andar hacia la mesa de la bibliotecaria. De repente, unos niños de segundo salieron corriendo de las estanterías, llevándose por delante a Kate, quien acabó en el suelo junto a todos sus libros.
Bufando en voz baja para que la bibliotecaria no la riñera también a ella, Kate se arrodilló en el suelo y comenzó a recoger sus cosas. De la nada, una mano la tendió un trozo de pergamino usado. Se sonrojó cuando reconoció en él, la carta que habí recibido el día que se peleó con Sirius.
- Grac... –se le atascaron las palabras en la garganta, al ver que quien estaba arrodillado enfrente de ella, no era otro que Derek Rumsfelt-.
- De nada –respondió él mirándola a los ojos-. ¿Tienes miedo a hablarme, Kate?
- Pero, ¿qué dices? –dijo recogiendo sus libros y mirando al suelo-.
- Como te has quedado a mitad de palabra... y no me miras a la cara.
Kate levantó la mirada, y la fijó directamente en los ojos del chico, quien sonrió.
- ¿Ves como no es tan difícil?
- Gracias por ayudarme, Derek –suspiró ella levantándose y caminando de nuevo-.
- ¡Ey espera! ¿Podemos hablar?
Kate le miró con suspicacia, pero al ver su expresión tranquila, le hizo un gesto con la cabeza. Desvió la mirada hacia la mesa donde estaba Sirius, pero el chico estaba con la cabeza gacha leyendo un libro. Sadie ya había llegado, y la única que parecía darse cuenta de su conversación era Grace, quien estaba algo tensa. La hizo un gesto para indicarla que todo estaba bien, y se metió entre las estanterías, para evitar que su novio les viera y comenzara otra pelea a lo tonto.
- Dime –le dijo apoyándose contra una ventana y mirándole seriamente-.
- Solo quería decirte, que aunque tu situación haya cambiado un poco, no tenemos por qué dejar de ser amigos...
- Eso depende... ¿es verdad todo lo que me ha contado Grace? –le preguntó con una seriedad inusitada en ella-.
Derek se puso serio al instante. Su mirada se volvió más fiera, y la mandíbula se tensó.
- ¿Qué te ha contado?
- De hecho, muchas cosas. De ti, de ella... de mi.
- No te entiendo... –dijo Derek, aunque por su expresión, estaba claro que algo sí entendía-.
- ¿Es cierto que solo saliste con ella para intentar acostarte con ella? ¿De verdad eres tan cínico como para engañar de esa manera a una persona, y luego vanagloriarte ante tus amigos de una mentira?
Derek suspiró fuertemente, y cerró los ojos, huyendo de la furiosa mirada de Kate.
- Kate, déjame que...
- ¡No, si aún hay más! –añadió ella con una risa amarga-. ¿Es verdad que solo quisiste ser mi amigo haber si yo caía? ¿Es cierto que si ella no te hubiera dejado, habrías intentado estar con las dos a la vez, a pesar de saber que somos amigas desde hace años? ¿Es verdad que, mientras yo te creía un amigo y te confiaba mis cosas, solo me recomendabas estar alejada de mi novio para aprovecharte? ¿Es cierto que no te importa nadie que no seas tú mismo?
- ¡Solo déjame explicarte todo eso! –pidió él desesperado al ver que la chica estaba a punto de llorar-.
- Es decir, que no lo niegas... –susurró Kate con amargura. Habría preferido pensar que era mentira, que su amigo no la había utilizado. Pero Grace había tenido razón con todo-.
- Yo...
Por primera vez en mucho tiempo, Derek no supo qué decir. Querría habérselo explicado todo. Por qué era como era. Por qué pasaba por alto los sentimientos de los demás. Por qué utilizaba a las chicas sin sentir nada por ellas... hasta que llegó ella. Le gustaría haberle explicado que lo que empezó siendo un juego más, acabó siendo algo mucho más profundo. Le gustaría haberle dicho que lo que ella le había hecho sentir, con su dulzura, su simpatía y su timidez, no se lo había hecho sentir nunca nadie antes. Pero las palabras se le quedaron atascadas, y no pudo más que seguir frente a ella, mirándola a los ojos, de color aguamarina, con la boca abierta y el corazón en la mano. Kate le miró con decepción y negó con la cabeza. Pasó por su lado para marcharse, pero en el último momento se arrepintió. Se volvió hacia él, y le miró con dureza, pese a que él le sacaba la cabeza. Sacó de entre sus cosas la carta arrugada que él la había dado minutos antes, y se la tendió.
- Toma. Quizá esto se lo puedas dar a la próxima. Te reconozco que eres bueno. Ser capaz de escribir eso sin sentirlo...
Entonces sí se dio la vuelta para irse. Derek tomó el pergamino en sus manos y los desdobló con curiosidad, mientras la miraba de reojo.
"...Si, aunque fuera por un pequeño momento, pudiera sentir tus labios sobre los míos, moriría feliz. Estoy enamorado."
- ¿Qué? ¡Kate! –la llamó con la cara desencajada de la confusión-. ¿Qué es esto?
Ella se volvió, y le vio con el brazo extendido, y el ceño fruncido.
- Tu carta. La que me escribiste. –le dijo con rencor-.
- No... Yo nunca te escribí nada.
- ¿Cómo que no? –confusa, anduvo de nuevo los pasos hacia él, y cogió la carta vacilante. Sí. Era esa. Cuatro líneas con el sentimiento más bonito que había visto en su vida-. Sí. Me la dejaste en el libro de Transformaciones el día que Peter hizo volar la lámpara de la biblioteca. ¿No te acuerdas?
- Me acuerdo de ese día, pero no te dejé ninguna carta. Yo no la había visto hasta ahora.
- ¿Qué me quieres...?
Kate no entendía nada. Había estado convencida que esa carta era de él. La había pedido el libro justo antes de que la apareciera la carta. Era por eso por lo que se había acercado a él, por lo que habían comenzado a ser amigos. Llegó a creer que la había escrito para llamar su atención y tener a alguien con quien hablar de sus problemas con Grace. Después, cuando lo dejó con esta y aseguró no sentir nada por ella, se incomodó pensando que quizá era cierto lo que la había escrito. Más tarde, cuando Grace la confesó todo lo que le había oído decir, pensó que se lo había inventado todo para utilizarlas a las dos. ¿Y ahora resultaba que ni siquiera la había escrito él? Entonces, ¿de quién era la carta?
- Kate, verás... –comenzó a decir Derek de nuevo-.
Pero ella ya no le escuchaba. Aturdida, y con la carta en la mano, se dio la vuelta y volvió a su mesa, donde la dos Slytherins la miraron extrañadas.
- ¿Y bien? –preguntó Dulcy-.
- ¿Qué? –Kate aún estaba un poco en trance, y no sabía de que la hablaba la chica-.
- El permiso, Hagman. ¿Qué te ha dicho la señora Pince? –insistió Samantha-.
- ¡Oh, lo siento! –exclamó Kate para después levantarse e ir a paso apresurado hacia la mesa de la bibliotecaria-.
- Será inútil... –bufó Samantha lo bastante alto para que Kate la oyera-.
- Sammy, tengamos la fiesta en paz, por favor –pidió la serpiente rubia-.
Hinkes se volvió hacia su amiga molesta y la fulminó con la mirada.
- ¿De repente te has vuelto amante de los impuros, Dulcy? –preguntó cínicamente-.
- En absoluto –respondió su amiga secamente-. Pero bastante tengo con tener que hacer un trabajo con una mestiza, para que encima por culpa de tus malos rollos, el tiempo que tengo que pasar a su lado sea mayor. Así que compórtate, y podremos volver antes a la sala común a quitarnos el olor a sucio que desprende.
OO—OO
- ¿Nos podemos ir ya?
- ¡James, llevas media hora refunfuñando! ¿Quieres hacer el favor de seguir con el libro? –le regañó Lily en voz baja mientras le fulminaba con la mirada-.
El moreno volvió la vista al libro bufando, mientras Remus le miraba negando con la cabeza divertido. Sabía que James no aguantaría mucho en la biblioteca, pero esta vez había hecho un record. Apenas llevaban cuarenta minutos allí, y James ya llevaba media hora quejándose.
Diez minutos más tarde, y después de que Lily hubiera asesinado diez veces a James con la mirada por sus interrupciones, Remus levantó la vista del libro.
- Bueno, de momento sabemos que se tarda seis meses en hacer, así que podemos ir buscando la receta y recolectando los ingredientes. Lo de la investigación podemos hacerlo mientras se cuece a fuego lento.
- Sí, es verdad... –suspiró Lily recostándose en la silla-.
- Pero, ¿no tendremos que hacerlo aquí, no? –preguntó James con la cabeza apoyada en su mano de forma despreocupada-.
Lily se inclinó sobre sus rodillas, apoyó la cabeza en sus manos e inspiró fuerte.
- Paciencia, Merlín, paciencia...
Remus miró a James, quien estaba intentando aguantarse la risa. Casi se le escapa una carcajada al comprender. ¡Maldito Prongs! ¡Todo ese cuento lo estaba haciendo para hacerla rabiar a Lily! Si es que hay hábitos que no se pierden... Su amigo le guiñó un ojo divertido, y Remus le hizo un gesto de precaución. Una cosa era divertirse y otra volver a comportarse como el ratón y el gato. Y él conocía muy bien el carácter de Lily...
OO—OO
Peter acababa de reunirse con sus compañeros hacía apenas unos minutos. De momento, la cosa iba bien. Snape y Mulciber le habían ignorado y Mary había sido la encargada de decirle cómo pensaban seguir, por lo que Peter estaba más relajado.
- Pettigrew, vete a buscar "Manual para el preparador de pociones, nivel amateur" –ordenó Snape sin levantar la vista de los apuntes que estaba tomando-.
- ¿Y por qué yo? –protestó el chico molesto-.
- Porque ya que tengo que cargar contigo, al menos podrías hacer algo útil, para variar.
- ¿Quieres que le obligue, Severus? –preguntó Mulciber con una sonrisa sádica y la varita rodando en sus manos-.
Peter se levantó al instante, provocando la risa de ambos Slytherins. Mary rodó los ojos y se levantó detrás de él.
- Yo te ayudo –le dijo entrando en uno de los pasillos de las estanterías de libros-.
- Gracias por ponerte de mi lado –la sonrió Peter de vuelta-.
- Nunca aprenderás, ¿verdad? Yo no me pongo del lado de nadie. Solo del mío. Quiero aprobar este trabajo, así que me conviene que haya paz. Al menos, mientras trabajemos.
- No sé por qué eres amiga de ellos –dijo el chico resentido-.
- ¿Y por qué no? –preguntó Mary tranquilamente mientras buscaba el libro-.
- Son mala gente –murmuró Peter con la mirada desviada-. Intentar marginar a los hijos de muggles y...
- Y tus amigos intentan marginarlos a ellos. ¿Qué diferencia hay? Es odio de igual modo. Unos odian una cosa, y otros, otra. ¿O es que el odio de tus amigos está más justificado? Soy amiga de ellos porque coincidimos en la misma casa, igual que me llevo bien con algunos amigos tuyos y también tengo amigos en Ravenclaw y Hufflepuff. Me sorprende que aún no hayas captado mi forma de pensar, Peter –le dijo como regañándole-. Yo no juzgo a nadie. No veo malos ni buenos. Solo distintas formas de pensar, y quizá algún comportamiento radical con respecto a esas ideas. Todos somos iguales. Y, por cierto, aquí, Gryffindor o Slytherins, todos sacaremos la misma nota. Y por el bien de todos, aconsejo que sea buena, porque necesito una media alta en mis EXTASIS.
Y tras encontrar el libro en la estantería, se volvió hacia la mesa, donde comenzó a hablar en susurros con Snape. Peter se quedó mirándola desde lejos algo extrañado. En algo había acertado: No conseguía comprender su forma de pensar.
OO—OO
- Bueno Albus, ¿qué opinas? –preguntó Alastor compartiendo una mirada nerviosa con Alice-.
- No lo sé, Alastor, amigo mío. Por mucho que la mayoría sean mayores de edad, no me gusta meter a mis estudiantes en esto.
- Pero señor –intervino Alice-. No es nada peligroso. Sería como un juego para ellos, y yo estaría para controlar la situación. Ninguno tiene que saber el fin de todo hasta finales de curso, cuando ya sean dueños de sus vidas. Esto solo consistiría en un concurso para ver el ganador. Yo solo observaría si hay alguno que destaque, y apuntar sus nombres. Los estudiamos, los investigamos, averiguamos sus intenciones de futuro. Y según veamos, a final de curso les hacemos la proposición de unirse a los aurores y la Orden.
- Sin riesgos. Sería algo controlado, un juego nada más, como bien ha dicho Alice –continuó su jefe-.
Dumbledore parecía algo reacio. Sin embargo, se lo pensó mejor. Sabía que en ese curso había grandes promesas, y probablemente alguno querría ser auror. Quizá habría otros que no se lo habrían planteado, y puede que esa fuera la manera de convencerles. Bien es cierto que él no estaba a favor de reclutar niños recién graduados, pero Merlín sabía que necesitaban personal. Los partidarios de Voldemort crecían cada vez más, y en la Orden del Fénix apenas había una veintena de luchadores. Además, hacía tres años que nadie se presentaba para auror. La alta mortalidad de esos últimos años, no daba ganas de integrarse en el cuerpo. Suspiró derrotado, aunque quizás, ganador.
- Está bien. Aceptó vuestra idea –dijo finalmente-.
Moody se irguió contento, con una risa ronca, mientras Alice sonreía ilusionada.
- No se arrepentirá –le prometió la chica-.
- Eso espero, Alice. Te espero en Hogwarts. Si me disculpáis, voy a volver para comunicarlo esta misma tarde.
Se despidió del resto con un gesto de la cabeza y una sonrisa amable, y salió por la puerta lateral por la que había entrado. Una vez fuera del edificio, se apresuró a meterse por la primera bocacalle que vio, y se desapareció en Hogsmeade, a los pies del imponente castillo que era Hogwarts.
OO—OO
- Bien, organicémonos –comenzó Gisele sacando un pergamino-.
- ¿Y tú quien eres para dar ordenes, traidora? –protestó Amycus Carrow inclinándose en una silla que se balanceaba en sus dos patas traseras-.
- No tienes por qué insultarla –afirmó Jeff en voz baja-.
- ¿Y qué me harás si lo hago? –preguntó el chico dejando caer las dos patas delanteras y acercando su grasienta cara llena de granos a la de Jeff-.
Este se echó para atrás en el asiento, y bajó la cabeza. Amycus se echó a reír y dio una palmada a Macnair, quien se reía del Gryffindor. Jeff le lanzó a Gis una mirada de disculpa, y la chica le sonrió levemente, antes de volver a ponerse seria con los otros dos chicos.
- Muy bien. Si esas tenemos, iré a hablar con el profesor Slughorn y le diré que el trabajo lo hacemos Jeff y yo, y que vosotros preferís repetir el curso de pociones.
- Sí claro, y justo el jefe de los Slytherins te va a hacer caso a ti –la contestó de burla Macnair. Después, él y Amycus volvieron a reírse de los chicos-.
Gisele no perdió la calma, y solo sonrió con arrogancia.
- Puede que a mi no –contestó-. Pero la diré a Lily que me ayuda a convencerlo. Y a ella sí la escuchará.
Los dos chicos se callaron cuando Gis nombró a la prefecta. Lo que decía era una incongruencia, pero estaba claro que si Evans se quejaba de su actitud frente al profesor, este no dudaría en castigarlos. Bien podían ser Slytherins, pero Evans era del club de Slug, algo que el hombre consideraba más importante que nada.
- No te atrevas a ir en nuestra contra, traidora o...
- ¿O qué, Macnair? –preguntó Gis con una sonrisa-. Me gustaría ver qué tienes pensado...
Se detuvo un momento al sentir un tirón en la manga derecha, y al bajar la vista, vio que era Jeff, quien intentaba llamar su atención. Le miró a los ojos y el chico, con la mirada, le pidió tranquilidad. Gis suspiró un momento, cerró los ojos, y cuando volvió a mirar a los dos Slytherins, estaba más relajada.
- Trabajemos y acabemos antes cuanto antes. A ninguno de los presentes nos agrada la compañía, así que cuanto antes terminemos, mejor. Además, –añadió con un brillo en los ojos. No pudo evitarlo-, os conviene aprobar la asignatura. No querréis quedaros aquí un año más cuando hacéis tanta falta fuera, ¿no?
De repente, Jeff se levantó de la silla y la cogió del brazo con brusquedad. La arrastró hacia las estanterías antes de que los otros dos pudieran reaccionar.
- Gis, hazme el favor. No los provoques.
- ¿Y qué crees que van a hacer? –preguntó Gis divertida-.
- No nos arriesguemos –respondió él simplemente-.
Miró hacia la mesa donde estaban los Slytherins, intentando ver si se habían calmado de este último comentario, y el rumbo de los acontecimientos había cambiado. Miró de nuevo a la chica que se reía disimuladamente de él. Debía tener cara de pánico, pero ella aún no había visto de lo que esos chicos eran capaces. Inspiró hondo y se volvió hacia la pared contraria, fingiendo mirar los títulos de los libros.
- Busquemos libros donde pueda haber Amortentia, y dejemos los malos rollos –dijo en voz baja, con un ligero tono de súplica-.
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- Bueno, aquí pone que el Filtro de los Muertos fue inventado por Leticia Somnolens en fecha desconocida, lugar desconocido y circunstancias desconocidas... Esto da unos ánimos... –comentó Grace apoyando la frente en el libro que estaba leyendo-.
- Bueno, algo es algo –dijo Sadie-. Tenemos un nombre. Podemos empezar por ahí. La elaboración de la poción es bastante sencilla. Así que tendremos que dar más caña al tema de la investigación.
- Joder, nos va a tocar estar aquí horas y horas –se quejó Sirius de la poca información que tenían disponible-.
- Es un trabajo anual. No esperarías que todo fuese coser y cantar, ¿no? –ironizó Sadie-.
- ¡Ya, pero vaya mierda!
- ¿Tienes que ser tan malhablado? –suspiró Grace rodando los ojos-.
- ¿Y a ti qué te importa? –preguntó Sirius mirándola mal-.
- ¿Vais a empezar tan pronto? –interrumpió Sadie al ver que Grace se había ofendido con el tono del chico-. Tenéis todo el curso para arrancaros la cabeza. No tengáis prisa.
Grace suspiró, y dejó pasar su enfado. Sirius se recostó en su silla más relajado, y con la mirada más tranquila.
- ¿Y qué hacemos ahora? –preguntó Sadie cruzándose de brazos encima de la mesa-.
- ¿Y si lo dejamos para...?
- ¿El lunes? –propuso Sirius interrumpiendo a la rubia. Las chicas le miraron con las cejas alzadas, y él se encogió de hombros con un gesto genuino-. Habrá que dejar descansar la mente durante el fin de semana –justificó-.
Grace soltó una risita, y Sadie afirmó con la cabeza estando de acuerdo. Los tres recogieron y salieron de la biblioteca, siendo seguidos a pocos metros por James, Remus y Lily.
- ¿Qué tal la tarde? –preguntó Grace cuando les vio salir-.
- Agotador –exclamó James fingiendo agobio-.
Lily le lanzó una mala mirada, y él se apresuró a poner la cara más inocente que conocía, haciendo reír a la pelirroja.
- No puedo contigo, James. Tú sí que eres agotador...
- Sí, de eso presume, pero dudo que llegue a serlo tanto como yo –comentó Sirius dándole un segundo sentido a la frase-.
James se echó a reír, seguido de Remus. Lily se sonrojó y Grace le dio un golpe en el pecho al chico, murmurando algo que sonaba como "Siempre pensando en lo mismo...".
- Bueno "agotadores", si seguimos en la puerta formando escándalo, aún nos prohíben el paso –dijo Sadie-.
- Vamos un rato a la sala común –propuso Remus-. Antes de que los premios anuales decidan abandonarnos.
- Sí, desde que tienen su propia torre se lo han creído mucho –añadió Sirius-.
- Se han vuelto unos separatistas –coincidió Grace-.
James y Lily se miraron sonrientes, aguantando estoicamente las bromas de sus amigos. Subieron tres pisos hasta llegar al pasillo donde se encontraba el retrato de la Señora Gorda.
- Somormujo –dijo Sadie-.
Y el retrato se abrió, dando paso a una sala muy concurrida y de donde salían muchos gritos.
- ¿Qué pasa aquí? –preguntó Lily con voz autoritaria-.
Las voces se calmaron un poco, y la mayoría se giraron para ver quién había llegado. Al reconocerles, varios estudiantes avanzaron hacia ellos hablando al mismo tiempo emocionados.
- ¡Eh! ¡De uno en uno! –exclamó James molesto por no poder enterarse de nada-.
- ¡Que potra tenéis, tío! –le dijo Allan, el golpeador del equipo-.
- ¿Nosotros? ¿Por qué? –preguntó Sirius intercambiando una mirada confusa con James-.
- ¡Los de séptimo! –exclamó un chico de sexto-. ¡Es injusto! ¿Y nosotros qué?
- Si nos decís qué ocurre... –dijo Remus con voz calmada e intentando apaciguar los ánimos-.
- Mirad –respondió Allan señalando un cartel colgado en la sección de anuncios-.
Se seis se acercaron curiosos, encontrándose con un anuncio que estaba escrito de puño y letra por Albus Dumbledore, y que rezaba así:
CONCURSO DE DUELO
Mañana, día 19 de noviembre a las 16:00 horas de la tarde, tendrá lugar en Hogwarts un concurso de duelo. Los participantes serán todos los estudiantes del séptimo año, por obligación, y sin posibilidad de que cualquier otro estudiante más joven pueda participar. El concurso se realizará a puerta cerrada, solo para los participantes, en el Gran Comedor. Será arbitrado por la auror del Ministerio Alice Longbottom.
Esta noche, en la cena, se os informará de todo. Atentamente.
Albus Dumbledore, director.
Sirius y James no pudieron retener un grito de celebración, al tiempo que Lily y Remus intercambiaban una mirada pensativa. Aquello era muy raro. Nunca les obligaban a participar en las actividades extraescolares, y menos tratándose de duelos, que no recordaban que se hubieran hecho hasta entonces en el colegio. Desde luego, las cosas estaban cambiando mucho, y no se sabía si para bien...
O-oOOo-O
¡Se acabó por hoy! ¿Qué os parece? Lily y Mark ya han roto, así que no os cortéis que vuestros saltos de alegría y reviews con flores jajaja no queda ya nada para juntar a Lily y James, pero no diré cuándo exactamente, para daros la sorpresa xD
Quiero aclarar que los alumnos de sexto (Josh, Sarah, Johny, e incluso Jane) ni serán personajes continuos en el fic. Han salido estos capítulos porque era necesario, pero su historia no nos incumbe a nosotros xD Por otro lado, ¿qué me decís de ese momento? Jane es un poco diva a veces ¿eh?, disculpadme, pero la he adorado jajajaja
Adoro a James y Lily... ¿se pueden ser más tiernos? ¡Ay que dos! ¡Hasta picado son monos! Jejeje Y también adoro a James y Sirius!son como Zipi y Zape pero los dos morenos!jejejeje
Y Regulus y Sadie son amigos... bueno! No es de extrañar! Los dos se parecen mucho!jeje ¿Qué me decís de la carta de los hermanitos?:P
A mi de lo que más me chifla escribir es sobre la Orden y los mortífagos!se pone de interesante en esos momentos que no puedo parar de escribir!jejeje ¿Qué tal he dejado la reunión? ¡Hasta salió Anthony por un huequito!:P
Y, como veis, he puesto un poco de cada uno con sus trabajos, pero que les veamos empezar y cómo les irá. Vemos que las chicas Slytherin son más discretas que los chicos! sin ofender, pero suele ser así! somos más disimuladas y también más sibilinas jeje
Y claro... una de las cosas principales del capítulo! tanto Kate como Lily han descubierto que las cartas que recibieron no las escribieron quienes ellas creían.... :D
Un besazo, y nos vemos en el próximo!
REVIEW = AUTORA INSPIRADA = HISTORIA ACTUALIZADA ANTES
"TRAVESURA REALIZADA"
Eva.
