¡Hola a todos! ¿Qué tal? Perdón por la demora, pero es que estoy hasta arriba de trabajos y exámenes... mis amigas pueden responder por mi! Además, la semana que viene comenzamos los exámenes, por lo que he escrito a ratos el capítulo. Con este os dejo hasta que acabe los exámenes, que será a finales de junio! A partir de entonces tendré tiempo de actualizar más de seguido porque tendré vacaciones de verano, ¡así que sed pacientes y deseadme suerte! Contesto reviews:
Kittymariposa: ¡Hola! Me alegro que te haya gustado el capítulo! No se me ocurrió lo de Lily y James, pero es cierto que habría quedado genial jejeje en este capítulo se vuelve a las cartas, verás :p
Lili: ¡Hola guapísima! Me alegro que te gustara el capítulo, ¡fue uno de mis preferidos! Veo que no ganaste la apuesta, jeje es que Remus es mucho Remus :p Ahora que lo dices, sí que habría estado bien un duelo entre Lily y James jajaja no me lo había planteado! ¡Qué fallo!:P En cuento a Sirius... le adoro, pero tenía que darle un poco de humildad, y creo que Mark fue el adecuado, porque él no le humillaba tampoco... En cuanto a que la gente le tenía miedo, era más por imprevisible que por peligroso. Con Sirius nunca puedes saber jejeje y a Derek también tenía que bajarle los humos xD en parte también le adoro! Es un gran Némesis jejeje Ayssss lo de las cajas... Eso no te lo puedo decir ahora, pero van a dar más de un problema, desde luego... Tiempo al tiempo :P Espero que te guste este capítulo. ¡Es mi favorito hasta el momento1:D
Andy: Hola pedorri!!sé que no lo leerás hasta acabar exámenes, pero yo te contestó de igual modo xD tu personaje mola, o no?:P tiene más carácter que tú, eso sí. Nos salió respondona jajajaja pero tendrá un papel importante, prometido :p me alegro que te gustaran los duelos!:D a James y a Lily no les queda NÁ jajajajaja pero tú ya lo sabes :P Lo de Sirius y Grace ya sabes que no lo puedo prometer... tú sigue leyendo, que no te lo voy a contar xD
Dark_black: Hola! Me alegra que te haya gustado el final del concurso, espero que fuera creíble! Tú acertaste! ¡Enhorabuena! Lo de la Orden se irá extendiendo próximamente, pero más o menos lo has resumido muy bien :D lo de qué pasó con la Beca Merlín lo sabrás en este capítulo jeje lo de la vez que Remus atacó a James... bueno, ahí me he tomado mi versión de la historia. Si llegó a morderlo, pero como en el libro de "Harry Potter y el Prisionero de Azkaban" da a entender que tiene una pelea con Sirius y a este no le ocurre nada, yo llegué a la conclusión, de que mientras están transformados en animales, eso no les afecta más que como animales. Vamos que les afectaron las heridas de forma normal, no como si les hubiera mordido un hombro lobo. Claro que cada uno ha podido asimilarlo de una forma distinta, no lo discuto :s esta es mi versión solo. Me alegra que te guste mi forma de tratar a Regulus y Snape. Yo con este último no estoy muy satisfecha, me cuesta mucho enfocarle como es debido. Por eso no le saco más veces... Sí, Grace lo sabrá. Eso con el tiempo jejeje y sí, Rachel, por el momento, deberá seguir oculta. No puede salir, a no ser que decide volver a esconderse con sus padres... De nuevo muchas gracias por tu review! No os dejaré colgados, ¡prometido!
Popis: ¡Hola! Jajajaja siento lo de los capítulos largos xD suele pasar cuando cuentas varias historias paralelas jejeje me alegro que haya gustado la historia y te hayas decidido a dejarme un review! Espero que sigas haciéndolo a partir de ahora ;) Me alegro que te gusten los personajes, y es que los Williams son muyyy intrigantes! Ellos guardan más de un secreto que no tardará en salir a la luz jejeje no te cortes en preguntar! Un besazo ;)
Fd-potter: ¡Fede mi niña! ¡Que alegría saber de ti! ¿Qué tal la uni? Confío en que todo vaya genial, ¡que envidia me das con eso de los días de relax, más quisiera yo! Jajajaja te resultó raro que Mark venciera a Sirius? ¡Pero si el muchacho solo necesita un poco de humildad para que en el mundo real no se le carguen a la primera! Jajajaja y lo mismo me pasó con James... le adoro, pero creo que Remus era el que lo merecía :P tranquila, no te mando ningún crucio porque me ha hecho mucha ilusión ver tu review :p ves que no me tardé desde que mandaste el review, eh? Jajaja disfruta de los días libres!un besazo inmenso!
Bueno, ya está :P Sin más tonterías os dejo con el capítulo, que es mi favorito hasta ahora del fic. ¡Tenía tantas ganas de escribirlo! Ya veréis por qué lo digo :p ¡Un besazo enorme a todos! Este capítulo me lo dedico a mi misma para darme fuerzas jajajaja
Nada de esto es mío, ya sabéis... Si fuera mío sería la directora de Hogwarts y yo les pondría durísimos exámenes a incautos muchachos muajajajaja (risa malvada xD)
"JURO SOLEMNEMENTE QUE MIS INTENCIONES NO SON BUENAS"
O-oOOo-O
Capítulo 21: El admirador secreto
- ¡Que rollazo! Prongs, ¿de verdad nosotros tenemos que ir?
- ¿Qué te crees, que los demás vamos por gusto?
Sirius ignoró el comentario sarcástico de Grace y volvió a intentar convencer a su amigo. Sin embargo, una fuerza que controlaba, en muchas ocasiones, las decisiones de James, le dejó las cosas claras.
- ¡Tenéis que ir! Remus está disculpado por el director Dumbledore, pero vosotros tenéis Astronomía igual que el resto del curso, así ¡que deja de quejarte!
Tenía que reconocer que la pelirroja tenía capacidad de mando. Ni siquiera Sirius encontró palabras para responderla ante tanta impetuosidad.
- ¡Venga Pad! Cuanto antes acabemos el mapa astral de las narices, antes podemos ir a por Moony.
- Esperemos que no se haga mucho daño mientras no estamos –comentó Peter algo preocupado-.
Eran escasas las veces en que los chicos faltaban a una luna llena desde quinto curso, pero alguna vez se habían visto obligados a no poder estar toda la noche acompañando a su amigo. Esas veces Remus había vuelto a ser el de antes. Un lobo solitario y violento que, ante la impotencia de no tener descanso ninguna luna llena, se mordía y arañaba a sí mismo. Al recordar esto, los tres aumentaron el paso hacia la torre de Astronomía. Quizá, con suerte, Remus no tenía que estar más que un par de horas solo.
- Buenas noches a todos –saludó la profesora-. Colocaos en vuestros sitios y sacad los telescopios, por favor.
Los chicos hicieron lo que les ordenaron sin mucha ceremonia. Nadie tiene muchas ganas de cachondeo a las doce de la noche. Después de que les mandara hacer un mapa sobre Saturno y sus satélites, solo se oía el rasgar de las plumas en silencio.
- La madre que la echó... –murmuró Sirius-.
- Calla que todavía te oye –le regañó Peter-.
- ¡Es que manda narices! Justo Saturno.
- Lo sé, es una putada. Pero yo ya dibujé nueve satélites, así que mejor que nos demos prisa –contestó James-.
- Pero, ¿sabes cuántos satélites tiene esa mierda de planeta? ¡Como cincuenta! ¡Nos podemos estar aquí hasta las tantas!
- Siento dar malas noticias, pero Saturno tiene sesenta y un satélites exactamente. –les dijo Lily sin dejar de mirar por el telescopio-.
- ¡Joder! –exclamaron los tres chicos, ganándose una bronca de la profesora-.
Minutos después, todos seguían dibujando en silencio. Solo se oían los quejidos ahogados de Peter cuando se equivocaba, los resoplidos de James al mirar la hora, los suspiros frustrados de Lily por no poder concentrarse y los tarareos de Sirius que estaba más pendiente de quejarse de la tarea que de realizarla. Después de que su mejor amigo le diera una patada, dejó de tararear y se volvió hacia su novia, cuidando de que la profesora no le viera.
- ¡Kate! –susurró-. ¡Déjame copiar, anda!
- ¡Sirius no me hables que me confundo! –le respondió su novia sin levantar la vista del pergamino-.
- ¡Venga, déjame! Así acabamos antes. Si es por Remus, mujer.
- Tú lo que tienes es mucho morro...
Sirius bufó molesto. James rió mientras le copiaba el mapa a Gisele, quien a su vez se lo copiaba a Lily. El chico intentó colocarse al lado de su amigo para copiarle la tarea, pero Peter se le adelantó. Debía copiárselo a él en todo caso, y Sirius no confiaba mucho en la habilidad de Peter para copiar. Sin ganas de hacerlo por sí mismo, bufó de nuevo en voz un poco más alta.
- Sirius, ¿quieres ponerte a trabajar? Venga, que luego te lo corrijo.
- Ten novia para esto... –murmuró este cogiendo, por fin la pluma-.
- ¿Para eso tienes novia, Pad? –preguntó James burlón-. ¿Para copiarla los deberes?
Sirius se abstuvo de comentar que todos ellos estaban copiando a Lily sin que la chica se percatara, pues estaba más pendiente del telescopio que de cualquier cosa. Pero contestó con otro bufido.
- En este momento no encuentro la ventaja de tener novia, ¡ay!
Después de pegarle una patada, Kate volvió su atención a Saturno. Al lado de James, Gis se rió.
- Muy típico.
- Y tanto –confirmó Kate regulando el objetivo de su telescopio-.
- ¿El qué es típico? –quiso saber Peter-.
- Que solo queréis novia para lo de siempre, y para que os ayude.
- Venga, mi niña, que sabes que no –bromeó Sirius-.
- Entonces, ¿para qué más?
A Sirius le entraron ganas de reírse. Kate lo había hecho a propósito. Justo le fue a pedir que hable a quien no se le daba bien eso de las palabras. Pero no se rió. Aunque no le miraba, la morena comenzó a fruncir el ceño. Nervioso miró a sus amigos buscando ayuda. Peter estaba descartado, pues era tan bestia como él. Y justo faltaba Remus que era el más sentimental. Buscó apoyo en James y Jeff. El segundo hundió la cabeza en su mapa desentendiéndose, y su mejor amigo le miraba divertido. Sirius volvió a insistir con un gesto.
- Pues... para...
- Para compartir con ella todo –propuso James-.
- Por ejemplo –afirmó Sirius asintiendo con la cabeza-.
- O porque cada pequeño momento, a su lado, se hace inolvidable...
- Claro, y mucho más... feliz...
Cuando oyó a Peter reírse, Sirius pensó que quizás era la primera vez en su vida que amenazaba con sonrojarse. Esto no era lo suyo, y todos lo sabían. ¿Por qué Kate seguía insistiendo? Afortunadamente, James le salvó de la situación. A él se le daban mucho mejor esas cosas, seguramente porque él había tenido padres que parecían apreciarse mutuamente, y eso influye.
De una manera u otra, James siguió hablando.
- También porque, cuando tienes novia y es la chica que de verdad quieres, pasar el rato con ella es entretenido aunque no hagáis nada, ni siquiera habléis. Que te puede entender sin que digas ninguna palabra. Que los besos con ella son inesperados. No hay un momento para enrollarse, sino que en ese momento te apetece besarla y puedes hacerlo.
- Pues lo que yo decía.
- ¡Calla! –le dijo Gis a Sirius, y le hizo un gesto a James para que continuara hablando-.
- Pues no se... cuando estás a solas con ella, y te sonríe, no lo hace para quedar bien con nadie. Solo te sonríe a ti, porque quiere. Y saber que tú provocas esa sonrisa, te llena de un júbilo inexplicable. Tener la seguridad de que hay alguien que te quiere de la misma forma desinteresada que tú a ella.
Se quedó en silencio, un poco incómodo. Aquello era más de Remus, desde luego. Peter le miraba con la boca abierta y Sirius parecía hacer muchos esfuerzos para no reírse. Sin embargo, las chicas habían dejado todas de trabajar y le miraban encantadas.
- ¿Ves? Y lo dice alguien que no ha durado más de un mes con la misma chica –le dijo Kate a Sirius-. ¡Aprende!
Sirius dejó de aguantarse y comenzó a reír divertido. Segundos después se le unió Peter, y James tampoco pudo evitar caer, mientras se revolvía el pelo. Las chicas rodaron los ojos, molestas porque una declaración semejante hubiera acabado así.
Grace se volvió hacia su mejor amiga, acercándose lo suficiente para que solo la oyera ella.
- Lily...
En ese momento, la pelirroja dejó de mirar a James y se volvió hacia su amiga con una expresión medio enternecida y medio divertida. Se llevó una mano al pecho y la dijo a su amiga algo, solo moviendo los labios. Ambas se echaron a reír después.
- No sé tú, pero yo creo que me he enamorado –bromeó Grace-.
- ¡Ni hablar! –exclamó Lily haciéndose la ofendida-. ¡Yo le vi primero!
Grace se carcajeó.
- Tranquila. No me van los cuatro ojos.
Lily la miró divertida, dando a entender que a ella no la importaba ese detalle en absoluto. Se giró de nuevo hacia James, quien se había callado tras ser amonestado de nuevo por la profesora, se mordió el labio soñadora, y volvió a dirigir su atención hacia las estrellas, aquellas que los enamorados miran de forma diferente. Y en ese momento, a Lily la pareció verlas de un modo completamente distinto al habitual.
OO—OO
Tumbada en su cama, un cuarto del tercer piso, una chica de rizosos cabellos castaños miraba el techo con aire ausente. Si se concentraba, podía incluso escuchar el aullido de un lobo rogándole libertad a la luna. Tan cerca y a la vez tan lejos...
Maldecía haberle prometido a Remus que no iría esa noche. Sabía que estaría solo, al menos una parte del tiempo, por lo que se volvería a sentir encerrado y se dañaría a sí mismo. No tenía sentido que él lo ocultara. Rachel estaba convencida de que al día siguiente, encontraría nuevas heridas, mucho peores por la frustración de estar solo y encerrado.
Se levantó y comenzó a pasear por la habitación como un león enjaulado. Haber aprendido tanto para nada... Era absurdo que, después de tanta preparación, de todo lo que había trabajado, no podía utilizar ninguno de sus conocimientos para ayudar a su novio. ¡Que narices! ¡Si hasta él se lo prohibía! ¿Por qué le habría prometido que no iría?
De repente se paró de golpe. Una sonrisa, más parecida a una de James o Sirius que suya, se extendió por su rostro. Es cierto que Rachel Perkins había prometido no salir de esa habitación, ni acudir a la casa de los gritos para transformarse. Pero nadie le había hecho prometer nada a Jessi McKan...
Sabía que Remus no notaría la diferencia, pero para cuando quisiera decirla algo, la cosa estaría hecha, y ella sentía que no quebrantaba ninguna promesa. Cogió su varita de la mesa y se apuntó a sí mismo con ella. Al momento, una potente luz azul la envolvió y, en su lugar, apareció una joven de aproximadamente veinte años, muy alta y con el pelo negro azabache cayendo por su espalda. Buscó con su mirada, ahora de un profundo verde, la capa, y tras ponérsela, salió al pasillo, dando gracias al director por enseñarla ese truco.
El castillo estaba desierto a esas horas, pero Rachel debía asegurarse de que nadie la viera. Que Filch se encontrase a una chica demasiado mayor para ser una alumna y demasiado joven para ser profesora, no la iría nada bien. Por no decir de la cara que pondría Dumbledore si llega a ver a Jessi McKan entrando por la puerta de su despacho...
Tras veinte minutos de ir por los pasillos más recónditos y esquivar dos veces a la señora Norris, Rachel llegó a la puerta principal. Cerrada, lógicamente. Miró a su alrededor, asegurándose de que nadie la oiría, y giró el dispositivo para abrir los seguros de la gran puerta.
Arropada por el manto de la noche, corrió con premura hacia ese árbol tan conocido para ella. Buscó a tientas una rama, siempre había alguna por ahí, y presionó el nudo del árbol. Al instante, este dejó de agitar sus enfurecidas ramas y descubrió ante ella un pequeño pasadizo, guardián de un secreto como pocos había habido en Hogwarts.
Cruzó corriendo el pasadizo, impaciente por llegar, y se detuvo unos metros antes de la puerta, donde podía oír gemidos y aullidos. De pronto se oyó un golpe, y un gemido más alto. Rachel hizo un gesto de dolor al imaginarse la figura del lobo golpeándose contra algún mueble que se había destrozado. Se quitó la capa, y se aseguró de que su varita estaba a salvo. Después se descalzó y comenzó a desvestirse hasta quedarse con solo una larga camisola. No quería volver al castillo con la ropa destrozada.
Después inspiró hondo, se colocó frente a la puerta, y abrió un resquicio. Después comenzó a transformarse de esa forma tan peculiar que solo ella, que se supiera, podía hacer. Cuando fue de nuevo una loba, empujó la puerta para pasar, y se apresuró a cerrarla con un empujón tras ella. Oyó un sonido de olisqueo, y al instante tuvo frente a ella al Remus-lobo, escrutándola. Se quedó quieta mientras el lobo la inspeccionaba. ¿Se acordaría de ella después de tantos meses?
La respuesta la tuvo cuando el lobo saltó sobre ella y la lamió el cuello con alegría. Sonrió interiormente. Ojala el Remus-humano fuera tan comprensible. ¡Dudaba mucho que al día siguiente tuviera una acogida tan alegre!
OO—OO
- ¡Gus, date prisa!
- Sirius, así no te lo van a recoger –le dijo su novia al chico mientras este tiraba del brazo de su amigo-.
Él la miró y se encogió de hombros con una sonrisa genuina. Kate suspiró rendida.
- Está bien. Copia el mío, anda.
Le pasó disimuladamente su mapa, que él atrapó al vuelo y se dispuso a copiarle. James estaba sentado al lado de ellos, apoyado tranquilamente boca arriba en sus codos, y el trabajo terminado.
- ¡Eso no es justo! –susurró Gisele-. ¿Al final vas a dejar que lo copie?
Sirius se rió mientras escribía con rapidez, consciente de que había ganado. Kate se encogió de hombros, y Gis la miró de una forma que pretendía ser acusadora.
- ¡Que tramposo! ¡Así no aprenderás nada! –le regañó divertida-.
James se aclaró la garganta, apuntando con la barbilla como ella miraba por encima del hombro de Lily sin que esta se percatara. James la sonrió divertido, y Gis se encogió de hombros sonriendo.
- Esto son solo pequeñas ayudas –aclaró-.
Lily levantó la mirada perdida, solo consciente a medias de la conversación. Estaba demasiado pendiente de su trabajo. Grace comenzó a reír, y Sadie la siguió, mientras James escondía su mapa para que la chica no viera que también era idéntico.
- Yo que vosotros me daría prisa –les recordó la pelirroja-. Hace casi tres horas que salió la luna.
De inmediato, Sirius volvió a concentrarse en el mapa de su novia, mientras que Peter levantaba la vista de su pergamino, el cual era una mezcla del de James y Jeff. El primero se levantó.
- Nosotros nos adelantamos. Date prisa Padfoot.
Este hizo un ruido con la boca, pero no levantó la vista del pergamino. James y Peter entregaron sus trabajos y obtuvieron el permiso para irse a los dormitorios.
Unos minutos más tarde, Sirius se levantó y se dirigió hacia la profesora para entregar su mapa. La profesora Sinistra se encontraba inclinada sobre un grupo de chicas de Hufflepuff y las susurraba algunas curiosidades.
- ¿Veis cómo se deslumbra Orion hoy? La noche está muy clara, y la iluminación de la luna llena ayuda a distinguirla bien. Y un poco más al este, ¿la véis? Sirius es fácil de identificar. Es la estrella más brillante del cielo.
- Ay profesora, que me voy a ruborizar –interrumpió Sirius con una arrogante sonrisa-.
Las chicas rieron la broma, mientras la profesora Sinistra se volvía molesta a Sirius. Era la broma de cada clase.
- Señor Black, ¿se le ofrece algo además de interrumpir mi explicación?
- He terminado –contestó él sin una pizca de vergüenza-.
Le ofreció el pergamino a la mujer, quien le recogió con un suspiro y le mandó salir de clase, para el desencanto de las chicas que estaban contentas de que se hubiese acercado a su grupo.
Cuando llegó al pasillo que debería conducir a la torre Gryffindor, se giró a la derecha y caminó por un pasillo más estrecho hasta llegar a un tapiz. Pendiente de que nadie le observaba, entró por el pasadizo que descubría el tapiz, y le atravesó llegando a un pequeño pasillo al lado del vestíbulo. Allí, recostado contra la pared, le esperaba James.
- ¡Ya era hora!
- No te agobies, Prongs –le dijo golpeándole el hombro afectuosamente-.
- Vamos. Wormtail está comprobando que no hay nadie por los alrededores.
Los dos chicos se deslizaron tan silenciosos como si fueran fantasmas, a los que se unió una pequeña rata, que tomó de inmediato la forma de un regordete muchacho.
- No hay nadie en el vestíbulo –les dijo-.
Ante esto, los tres se cubrieron como pudieron con la capa de James, y echaron a correr hacia la puerta. Antes de que nadie pudiera reaccionar, se encontraban avanzando veloces por los terrenos.
Cuando llegaron al sauce boxeador, Peter se agazapó en el suelo y se deslizó, como de costumbre, hasta poder tocar con la mano el nudo del tronco que paralizaba el árbol. Inmediatamente, se puso de pie y entró en el túnel que se apreciaba en la base, seguido de los otros dos chicos.
Estaban a punto de llegar a la puerta que les separaba de la estancia donde Remus iba a transformarse, cuando Peter se paró de golpe, haciendo que James chocara con su espalda, y Sirius contra este.
- ¿Qué pasa Wormtail? –preguntó James-.
- ¿No está Moony muy callado? –le cuestionó este algo pálido-.
Los tres se quedaron en silencio, escuchando lo que ocurría al otro lado de la puerta. Se oían ruidos sordos y algo jadeo propio de los animales cuando corren mucho, pero no había nada de los aullidos y gemidos dolorosos que exclamaba Remus cuando ellos no habían llegado aún.
- ¿Creéis que le haya descubierto alguien o...?
Sirius fue incapaz de terminar la pregunta. Los tres sabían que era difícil, pero se les formó un nudo en la garganta solo de pensarlo.
- Gus, transfórmate y mira tú qué ocurre –le dijo James al chico-.
Este asintió con la cabeza algo tembloroso, y se volvió a transformar en rata. Se deslizó por el pasillo corriendo con sus pequeñas patas, y llegó hasta la puerta cerrada. James se adelantó para abrirla un resquicio.
- Si pasa algo malo, vuelve corriendo. Si podemos pasar, empuja un poco más la puerta para saberlo.
La rata se coló por el pequeño hueco abierto, y desapareció tras la puerta. James y Sirius esperaron unos segundos, pero nada ocurría. Un minuto después, Peter seguía sin aparecer, y los dos muchachos comenzaban a preocuparse. Se miraron, y se decidieron en un instante. Un momento después, un ciervo y un perro ocupaban su lugar, y el perro apartó con una pata la puerta.
Allí estaba la rata, inmóvil, como en shock por la sorpresa, y no era para menos. El poderoso e imponente lobo en que se convertía su amigo, estaba frente a ellos, puesto en posición de ataque, y mirándolos como si fuesen enemigos. Les costó saber por qué esa noche no les reconocía como amigos, pero tras él vislumbraron a un animal de pelaje marrón claro, al que reconocieron con facilidad.
Rachel se mantuvo detrás de Remus, algo confusa y desorientada, sobre qué le habría puesto así. Vio un ciervo de gran tamaño a un metro de ella, y se sobresaltó, provocando que el lobo gruñera más fuerte. Después, descubrió también a un gran perro que reconoció como Sirius, y se tranquilizó. Intentó avanzar, pero el lobo se movió con ella, dispuesto a protegerla con su vida, de ser necesario. Le esquivó de un salto, y se tiró sobre el perro, de modo que el lobo viera que solo estaban jugando.
Al momento este se relajó, y comenzó a inspeccionarlos como cada mes. Cuando les reconoció a todos, los cinco salieron de la casa y echaron a correr por el bosque. Una de ellos sabía que su aventura acabaría mucho antes que la de los demás, pero, por el momento, se dejó llevar por la emoción. Esa noche compartiría una aventura merodeadora que, si lo supieran los demás en el colegio, la convertiría en la envidia de todos. Bueno, de casi todos.
OO—OO
Algunos días después, el grupo de Gryffindors desayunaba con aire somnoliento en el Gran Comedor. Las pequeñas conversaciones fueron interrumpidas por la llegada del correo. Jeff, quien estaba hablando con Remus, dejó de mirar a su amigo y contempló con ansiedad las lechuzas que llegaban desde el cielo. Enfrente de él, Sadie dejó de prestar atención al relato de Gis y su mirada también fue a parar a las aves. Ambos se decepcionaron cuando su lechuza no apareció tampoco ese día, aunque nadie más pareció notarlo. Los hermanos se miraron un momento con resignación, y después volvieron a comportarse con normalidad. Ese no era su día, no por el momento. Eso significaba, por lo menos, otras veinticuatro horas de espera.
Gis, que sí había recibido varias cartas, abrió la primera con alegría y leyó las pocas líneas con la mirada emocionada. Al terminar, se echó a reír a carcajadas, atrayendo la mirada de los demás.
- La madre que le echó... –dijo entre risas-.
Después le pasó la carta a Kate, quien la leyó con una pequeña risita y se la devolvió con una mirada cómplice. Gis la volvió a guardar en el sobre, y abrió la siguiente carta, muchísimo más extensa.
Poco después, llegó Lily, quien no había aparecido hasta ese momento. Llevaba una tostada mordisqueada en la mano, y lucía una sonrisa en su rostro.
- Noticias de última hora, chicos –anunció, haciendo que los demás levantaran la vista hacia ella-. McGonagall ha cambiado la primera hora para esta tarde.
- Entonces, ¿ahora tenemos libre? –la preguntó Grace-.
- Sí. La recuperamos a las cinco. Al parecer habían convocado reunión con el Consejo Escolar, o algo así... No me ha dado muchas explicaciones.
- Entonces habrá que retrasar el entrenamiento –comentó James-.
Grace y Sadie asintieron con la cabeza, sin nada que objetar.
- Voy a avisar a los Hufflepuffs –anunció Lily-.
- Y yo al resto del equipo –dijo James levantándose de su asiento-.
Poco a poco, todos fueron haciendo planes sobre lo que harían con esa hora libre. Jeff fue el primero en levantarse, y se dispuso a acompañar a Nicole a clase. Después Grace dijo algo de recordarle a Lily... algo de lo que los demás no se enteraron, porque hablaba más para sí misma que para los demás. A los pocos minutos, Sadie se levantó, y se dirigió hacia la salida sin decirle nada a nadie. Si alguien hubiera estado atento, hubiera visto como se encontraba con Regulus Black en el pasillo y ambos comenzaban una conversación.
Gis estiró los brazos y bostezó sin reparos.
- Bueno –anunció levantándose-. Yo voy a visitar a cierta señorita que últimamente ha estado muy sola...
Le lanzó una mirada elocuente a Remus, pero este no cayó en la trampa. Hacía días, concretamente desde el día después de la luna llena, había discutido, o más certeramente, había reñido a Rachel por saltarse su promesa y correr el riesgo de ir a la Casa de los Gritos. Desde entonces, se había negado a volver a visitarla, hasta que "recuperara el sentido común y prometiera no volver a correr semejante riesgo". Como la chica, muy poco preocupada, por cierto, se había negado a eso, llevaba casi una semana sin ir a verla.
Gis alzó las cejas, intentando que el chico dejara esa actitud que todos consideraban innecesaria, pero Remus giró la cara y miró cómo Peter terminaba su desayuno con mucha parsimonia.
- Yo te acompaño, Gis –dijo Kate limpiándose la boca con la servilleta, y levantándose de al lado de Sirius, a quien dio un beso antes de marcharse con su amiga-.
Sirius la observó alejarse mientras se rascaba la nuca distraídamente.
- Bueno, ¿y nosotros qué hacemos para matar el tiempo? –preguntó a sus amigos-.
OO—OO
Cuando subieron al tercer piso, se encontraron que Rachel aún no había despertado. Ambas muchachas prendieron un poco la habitación, con la luz suficiente para poder ver por donde iban, pero sin despertar a la dormilona con ella.
Gis se inclinó sobre Rachel, mientras Kate recogía unos libros que habían quedado esparramados por el suelo y los colocaba sobre una pequeña mesilla. Rachel dormía boca abajo, con sus castaños rizos cayéndole por la cara y el cuello. Tenía los labios abiertos, y resoplaba ruidosamente, mientras su cabeza se balanceaba ligeramente, debido a la mala postura en que había caído dormida. Gis la intentó mover para que estuviera más cómoda, y al hacerlo, descubrió que su mejor amiga había quedado dormida encima de algo. Una fotografía. La cogió, con cuidado de no despertarla, y la observó unos segundos, perdiéndose en los recuerdos de el día que ella misma había hecho esa foto.
Detrás de ella, Kate miró por encima de su hombro, y vio a las tres personas que protagonizaban el retrato. A la izquierda, Remus sonreía alegremente, mientras con su brazo derecho se sujetaba unos libros al pecho, y su brazo izquierdo caía despreocupado sobre el hombro de Rachel. Esta se reía silenciosamente, e intentaba refugiarse en brazos de su novio de las cosquillas que la estaba haciendo su primo, que estaba a la derecha de la fotografía. Ahí estaba Richard, alegre y algo pesado. Con el mismo aspecto con que recordaban haberle visto por última vez, pocos días antes de morir. Bastante más alto que Remus, y sacándole dos cabezas a su prima. Se veía desgarbado y demasiado delgado para su edad, y llevaba el pelo corto, con el flequillo de punta. Siempre tuvo el mismo corte de pelo. Él era un chico de ideas fijas.
Kate y Gis tuvieron un nudo en el estómago al volver a verle, aunque fuera en fotografía. Gis le pasó la foto a su amiga, centrando su mirada en Rachel que, inconscientemente, movía su mano buscando algo en sueños. Suspiró.
- Aún no ha superado muchas cosas –la dijo a Kate, aunque esta eso ya lo sabía-. Recuérdame darle un capón a Remus cuando le vea. Bastante tiene Rach con saber que no volverá a ver a Richard, como para que la persona que supone su mayor consuelo la deje de hablar por una tontería.
Kate asintió quedamente, mirando de nuevo la foto.
- Se le echa de menos –murmuró-.
- Sí...
- Muchísimo. Nos aportaba algo especial a cada uno, ¿verdad?
No había apartado la mirada de la foto en ningún momento, y Gis temió que Kate también se derrumbara. Justo allí, con Rachel a solo unos pasos de ellas. No quería pensar cómo acabaría la cosa si las dos se ponían a llorar, pero seguro que en algo de lo que ella no sabría salir. Quizás tuviera capacidad para hacer chistes fácilmente y provocar unas risas, pero no valía para consolar. Siempre decía lo contrario a lo que la ocasión precisaba. Eso era más de Lily.
- Voy a enseñarle la carta –le dijo a Kate sacando el sobre-. Seguro que se parte de risa cuando la lea.
Kate la miró sonriente, y dejó la fotografía posada en una mesita. Gis se dio la vuelta, suspirando de alivio y comenzó a mover lentamente a Rachel.
- Rach... despierta, ¡RACHEL! –gritó-.
La chica pegó un bote en la cama, y la miró adormilada. La costó unos segundos asimilar que las dos chicas de verdad estaban en su cuarto, y cuando lo hizo, escondió la cabeza entre las almohadas.
- Venga Rach, no te duermas, que quiero enseñarte algo –la suplicó su amiga-.
Soltó un quejido en voz alta, pero después se incorporó un poco, apoyando su espalda en el hombro de Kate, quien se había sentado a su otro lado.
- ¿Qué? –preguntó con voz pastosa-.
Gis la sonrió mientras la tendía un pergamino. Rachel lo tomó con vagancia, y pestañeó varias veces para despejarse y enfocar la vista. Comenzó a leer, con Kate releyendo la carta sobre su hombro, y Gis, enfrente de ellas, mirándolas divertida.
Cuando acabó Rachel se echó a reír con buen humor, olvidándose del sueño.
- ¡Ese chico es genial! –exclamó-. ¡Que ganas tengo de conocerle!
- ¿A qué es para matarle? –preguntó Gis con una sonrisa divertida-.
Jamás lo habría imaginado. Siempre decías que era tan tímido...
- ¡Lo sé! Todo el verano que le he tenido que sacar las palabras con sacacorchos, ¡y mira cómo me toma el pelo cuando tiene oportunidad!
- Es que eres una mala influencia –la dijo Kate con una sonrisa-. Aunque podría haber dicho que era él. Me quedé con las ganas de conocerle el día del baile.
Las tres chicas comenzaron a reír divertidas. Desde luego, Anthony las había sorprendido a todas.
OO—OO
La mañana pasó rápida para todos, y cuando quisieron darse cuenta, ya estaban recuperando la última hora de Transformaciones. En realidad se trataba de una clase que los tenía a todos absortos. Normalmente, la profesora McGonagall sabía atraer la atención de sus estudiantes, pero ese era uno de esos días especiales, en que todos observaban ávidamente cada uno de sus movimientos, con la esperanza de ser capaces de reproducirlos por sí mismos.
La profesora, con aire serio pero con una pequeña sonrisa de satisfacción en sus labios, agitaba su varita en dirección a una de las armaduras del castillo (la cual había trasladado a la clase para hacer la demostración), y esta cobró vida al instante. Era la tercera vez que lo hacía, pero se seguían oyendo suspiros de admiración.
Después, inmovilizó de nuevo la estatua, se dio la vuelta y les miró a ellos.
- De acuerdo, ahora pruébenlo ustedes. –les miró uno a uno, sopesando a quien sacar para realizar la prueba-. Señorita Sandler, ¿sería tan amable de probar usted?
Grace se levantó y acudió al frente de la clase. La profesora volvió a explicarla el proceso en voz baja, y Grace se recogió las mangas, intentando concentrarse.
- ¡Piertotum locomotor!
La armadura hizo un ruido chirriante, pero no se movió. El fallo, provocó la risa ahogada de algunos compañeros, que McGonagall silenció con la mirada. Grace, con una mirada fiera, volvió a apuntar a la armadura.
- ¡Piertotum locomotor!
Esta vez, la estatua cobró vida, y comenzó a andar por la clase bajo el dominio de Grace, que sonreía satisfecha.
- Muy bien, señorita Sandler –la felicitó la profesora-. Diez puntos para Gryffindor. Ahora, señorita Wayman, si es tan amable...
OO—OO
Media hora después, la clase finalizó, y todos comenzaron a salir del aula hablando animadamente. McGonagall se puso junto a la puerta, y flanqueó al grupo de los merodeadores cuando estos se disponían a salir. Miró únicamente a James, con el rostro impasible.
- Señor Potter, por favor, acompáñame a mi despacho. Hay algo de lo que tengo que hablar con usted –le dijo-.
Sirius se detuvo a la vez que su amigo, y ambos compartieron una mirada de desconcierto. No habían hecho nada malo en los últimos días. Peter y Remus estaban igual de extrañados, unos metros por delante de ellos.
- No es ningún castigo –aclaró la profesora-. Hay un tema que tengo que tratar con usted.
- Profesora, ¿tiene que ser ahora? Tengo entrenamiento de quidditch.
- No puede esperar –respondió la profesora con seriedad-. Será mejor que anule el entrenamiento o deje un sustituto, esto puede llevar tiempo.
James se lo pensó un segundo, y después miró a sus amigos resuelto.
- Decidle a Grace que se encargue ella. Es la subcapitana. –se volvió hacia la profesora de nuevo-. ¿Tengo tiempo de escribir algunas instrucciones?
La profesora sonrió, y afirmó con la cabeza. James sacó rápidamente un pergamino, tinta y una pluma de su mochila, y comenzó a escribir los ejercicios que quería que el equipo fuera haciendo mientras él llegaba. Cuando acabó, recogió sus cosas y le tendió el papel a Sirius.
- Dáselo a Grace, y dile que siga las instrucciones tal cual las he puesto –le dijo-.
Sirius asintió con un ojo en la profesora, que les observaba seriamente. Después, James se marchó, acompañando a la mujer a su despacho, con sus tres amigos observándole curiosos. ¿Qué querría decirle la profesora McGonagall solo a él?
OO—OO
Las cinco chicas del curso, acompañadas por Jeff, caminaban hacia el vestíbulo con tranquilidad.
- Os juro que es imposible –decía Gis rodando los ojos-. Jeff es testigo. Trabajar con esos dos mendrugos, es imposible.
- Pues estar en el grupo con una arpía como Hinkes, y Yexter, que tampoco es mejor, no es nada emocionante... –la contestó Kate haciéndola ver que ella estaba sola en ese grupo-.
- Al final, quien más suerte ha tenido es Lily –dijo Gis sonriente-.
La pelirroja rió un momento en voz baja, pero añadió:
- Grace y Sadie también.
- ¿Te recuerdo quién es el tercer integrante? –preguntó Grace con esceptismo-.
Kate se aclaró la garganta, pero la rubia la ignoró.
- Bueno, es un irresponsable, pero es inteligente y, al menos, es de nuestra misma casa, y no es desagradable –dijo Lily en defensa de Sirius-.
- Por cierto, haber si le encontramos antes del entrenamiento, que luego deberíamos pasarnos un rato por la Biblioteca –la recordó Sadie a Grace-.
- Es verdad –suspiró esta. Miró a su mejor amiga-. Aún estamos recopilando información.
- ¿Aún? –preguntó la pelirroja incrédula-. Pues ya podéis espabilaros, porque lo que lleva tiempo es lo demás.
- ¡Pero si hay tiempo! –protestó Gis sintiéndose agobiada por la prisa de sus amigas-.
- Sí, sí. Tú estate como siempre, que en mayo te entraran las prisas, y esos dos compañeros que tenéis, ya tienen el EXTASIS suspenso por imbéciles.
Gis le sacó la lengua a Kate, y miró hacia el exterior.
- Parece que va a llover –dijo cambiando de tema a posta-.
Jeff se acercó a la chica, y miró el cielo también. Cierto. Este se estaba encapotando, poniéndose oscuro en cuestión de segundos. Eso le recordó algo.
- Nicky tenía Cuidado de Criaturas Mágicas. Mira que como la pille en el bosque... Voy a buscarla.
Se despidió de las chicas con un movimiento de la mano, y se marchó en dirección a lso terrenos.
- ¡Que bonito es el amor! –murmuró Kate llevándose una mano al pecho-.
- ¡Y qué estúpido! –recalcó la hermana del enamorado-. La chica se iba a calar de todas formas...
- ¿No te cae bien tu cuñada? –bromeó Gis con una risita-.
Sadie la fulminó con la mirada, y Gis enseguida dejó de reírse.
- Voy a buscar a Remus, que me acabo de acordar que tenía que matarle –dijo-.
- Eso tengo que verlo –aseguró Kate con una sonrisa y procediendo a seguir a su amiga-.
Las tres chicas se quedaron en las escaleras, mirándose extrañadas.
- ¿Me he perdido algo? –preguntó Grace-.
Lily y Sadie se encogieron de hombros, y las tres comenzaron a subir las escaleras. Dos de ellas para coger el uniforme de quidditch, y la otra para dirigirse a su torre de premio anual.
- ¡Grace!
- ¡Eh, rubia!
- ¡Grace!
Las voces de Remus, Sirius y Peter llegaron desde un piso inferior, y fueron acercándose a medida que los muchachos corrían hacia donde ellas estaban. Grace comenzó a bajar las escaleras, curiosa, seguida de cerca por Lily.
- Yo voy subiendo –avisó Sadie reanudando el paso-.
Segundos después, los tres muchachos llegaron al vestíbulo y se apresuraron hacia ella cuando la vieron. Tenían las túnicas desarregladas, y era evidente que habían ido todo el camino corriendo. Sirius la tendió un pergamino, que la chica miró sospechosamente, sin cogerlo, por venir de parte de él.
- Es de James –aclaró Remus al ver su expresión-. Tienes que encargarte del entrenamiento hoy.
- ¿Por qué? –preguntó ella más bruscamente de lo que pretendía-.
- McGonagall le llamó a su despacho y dijo que quizá tardaba –la explicó Peter-.
- ¿McGonagall? –intervino Lily con una nota de acero en la voz-. ¿Qué habéis hecho esta vez?
- ¿Siempre vais a pensar mal de nosotros? –preguntó Sirius haciéndose el ofendido-.
Peter le codeó en el costado con picardía.
- Reconoce que nosotros es lo primero que hemos pensado.
Sirius le dedicó a su amigo una sonrisa pícara. Mientras, Grace ya estaba desdoblando el pergamino.
- Dice que tenéis que seguir los ejercicios tal cuál los pone –recordó Sirius-.
Grace casi no le escuchó. Estaba leyendo, punto por punto, la tortura que su capitán tenía pensada para esa tarde. Levantó la vista al cielo, que se percibía desde la gran puerta de entrada, y volvió a mirar el pergamino.
- Este nos quiere matar... –bufó en voz baja-.
Lily rió de buen humor, y se acercó a ver qué había preparado James que tanto la molesta a su amiga. Sin embargo, se quedó en shock cuando vio el contenido del papel. Se apoyó en el hombro de Grace para que no la temblaran las rodillas, pero no la respondió esta cuando le preguntó qué le pasaba.
En esos momentos, solo tenía en mente ese trozo de pergamino, más concretamente, esa letra. El rabillo de la "g", una "m" excesivamente junta, la "l" muy alargada... "Parkin´s Pincer", esa "p" también era la misma. "Te quiero tanto que no puedo expresarlo con palabras"...
James...
Era imposible, incoherente, increíblemente... lógico. Ahora todo encajaba. Su puzzle estaba montado, y todo tenía sentido. Por fin descifraba el misterio, y el resultado no podía ser mejor.
James... Durante todo ese tiempo, todas esas veces, siempre ahí. Aquel que la había hecho conocer toda clase de sentimientos: frustración, asco, odio, tristeza, ternura, cariño, ¿amor? Siempre él. De una manera u otra, omnipresente en su vida. Su eterno enemigo, el que la tomaba el pelo, quien la hechizaba el pelo de verde en la sala común, el causante indirecto de la pérdida de una amistad de la niñez, el que la abrazó con la muerte de Richard, el que se había ganado su cariño y admiración, el que la cuidaba y la animaba, su amigo. Su mejor amigo. Y, ¿por qué no? El amor de su vida. James...
Con una alegría que amenazaba con hacerle explotar el pecho, le arrebató el pergamino a su amiga, haciendo caso omiso de la queja de esta. Tenía que asegurarse. Esta vez sí, tenía que ser. No había dudas. Pero antes de volver a equivocarse...
No supo cuando empezó a correr, pero cuando quiso darse cuenta, ya estaba a medio camino de su torre, donde estaba su carta. La prueba de que su vida podía cambiar a partir de esa tarde.
Llegó en la mitad de tiempo del normal, jadeando y respirando entrecortadamente por la carrera. Estaba tan impaciente, que la pareció que hasta la puerta se abría con inusual lentitud. Subió las escaleras de dos en dos, y se tiró sobre su escritorio, allí donde descansaba su carta. La abrió rápidamente, cuidando que no se rompiera. Las puso una al lado de la otra, y ahí estaba...
Lily Evans sonrió con más felicidad que nunca. Ahí estaba, por fin, el misterio resuelto. Su admirador secreto: James Potter.
OO—OO
- ¿Qué mosca la habrá picado? –preguntó Grace mirando el lugar donde Lily había desaparecido con su nota-.
- A esta se la ha recalentado el cerebro de tanto estudiar –murmuró Sirius ganándose un codazo por parte de Remus-.
Grace suspiró, dando por perdidas sus instrucciones. Al menos podía culpar a Lily cuando el capitán la retara por no hacer los ejercicios. Ni siquiera la había dado tiempo a terminar de leerla; la había arrancado la nota y se había marchado corriendo como alma que lleva el diablo. Se preguntaba qué la habría pasado.
Se volvió hacia los chicos encogiéndose de hombros, y compuso una sonrisa traviesa.
- Ahora que Lily no está, decidme la verdad. ¿Qué habéis hecho?
- ¡Nada! –exclamó Remus con cara de incredulidad-. Venga Grace, ¿ya nos hemos ganado esa fama para toda la vida?
Grace asintió con la cabeza mientras se reía, tapándose la boca con la mano.
- Pues te prometemos que McGonagall solo ha llamado a Prongs –dijo Peter sentándose en un escalón-. Me pregunto de qué querría hablarle...
- Yo también –suspiró Sirius sentándose a su lado-.
- Pues yo estoy demasiado ocupada pensando en los ejercicios que ponían en las instrucciones. ¡En pleno diciembre! Este está loco...
Aquello encendió una lucecita en la mente de Remus.
- Claro...
- Y también oscuro –se burló Sirius-. ¿Se puede saber a qué viene esa cara de profeta?
- La reunión con McGonagall. Ya sé por qué quería hablar con James.
Los tres le prestaron entonces la atención merecida.
- Le han concedido la beca –dijo Remus con una expresión que no era la más alegre por un amigo que ha sido premiado-.
Sirius se quedó blanco.
- ¿Qué dices? Es pronto... y, bueno, no sabemos si se la van a dar...
- Dijeron que lo decidían en diciembre, y ya estamos a ocho –le recordó el chico-.
- Pero... –protestó Peter, sin saber si creérselo-. Yo pensé que no se la darían...
- Me estoy perdiendo. ¿De qué beca habláis? –preguntó Grace-.
- De la Beca Merlín –le contestó Remus. Al ver la confusión de la chica, añadió-. Aquella por la que vinieron Jeff y Sadie.
Grace abrió la boca, y suspiró, cayendo en la cuenta. Sin embargo, su rostro volvió a mostrar confusión a los pocos segundos.
- Un momento... ¿James pidió una beca para irse a estudiar a otro colegio? Pero... ¡Eso es ser muy egoísta! ¿Qué pasa con el equipo?
Sirius la miró furiosamente.
- Le acusas de ser egoísta y tú solo te preocupas por el equipo –la espetó ácidamente-. Nosotros no queremos que se vaya porque le vamos a echar de menos, los Merodeadores nos quedamos en tres. Si tanto te preocupa el equipo, tranquilízate, que seguro que McGonagall te nombrara ti capitana y ya serás feliz.
Grace se sonrojó, al darse cuenta de lo que sus palabras habían hecho pensar a los chicos. Agachó la cabeza un momento, pero luego fijó su mirada en los ojos del chico.
- Que me preocupe por el equipo no quiere decir que yo no lo voy a echar de menos. Solo digo que me parece raro que quiera dejar la liga a la mitad, y más ahora que Ravenclaw ha quedado tan ajustado con Hufflepuff... No entiendo a qué viene esto de irse ahora...
Los tres amigos se miraron entre sí, pero rehusaron decirla a la chica el que ellos creían que era el verdadero motivo. Detrás de Peter, apareció de repente la figura de Sadie, haciendo que el chico se sobresaltara.
- Yo ya estoy –la dijo a Grace recogiendo su pelo en una coleta. Llevaba dos palos de escoba sobre el hombro. Sacó uno y se lo tendió-. Ten, te cogí el tuyo porque vi que no veías.
Grace lo cogió algo extrañada por la amabilidad de la chica, pero se encogió de hombros. Hacía días que esta estaba de mejor humor, y trataba a todos con más afabilidad.
Sadie miró a los tres chicos algo confusa.
- ¿Y James? –preguntó-.
- En el despacho de McGonagall –la respondió Sirius sin ganas, recostándose sobre el escalón y echándose un brazo sobre los ojos, con gesto cansado-.
Grace se quedó un momento mirándole, mientras sus pensamientos se perdían. Un carraspeo de Sadie la sacó de sus divagaciones.
- Vamos, hoy dirijo yo el entrenamiento.
- ¿Y por qué tú? –preguntó Sadie frunciendo el ceño-.
Grace casi sonrió, al darse cuenta que esa era la Sadie que ella conocía.
- Porque soy la subcapitana, y el capitán está ausente –respondió con arrogancia, subiendo su mentón-.
Comenzó a caminar, pero a los pocos pasos se detuvo y miró atrás.
- Ey, "moreno" –dijo imitando la forma en que la había llamado Sirius unos minutos antes-. Al acabar el entrenamiento iremos a la Biblioteca, así que sé puntual.
Sirius apartó su brazo de su cara, y la miró molesto.
- ¿Qué pasa, voy a tener dos desgracias en el mismo día? –preguntó haciendo un puchero-.
Grace sonrió, enternecida por ese gesto, aunque Sadie se mostró impasible.
- Al acabar el entrenamiento en la Biblioteca, Black –dijo antes de volver a caminar con tranquilidad hacia el campo de quidditch. Grace la siguió unos segundos después-.
OO—OO
James entró detrás de la profesora en el despacho, y esta le indicó que se sentara en una de las dos sillas que había frente al escritorio. Estaba completamente perdido. Quizás la profesora quería hablarle de algo del equipo. No era nada de clase, eso seguro. Sus notas, incluso habían mejorado con respecto a otros años. Y también estaba descartado que fuera un castigo por alguna broma. Desde que ocasionaron la batalla campal para que Remus se robara a Fawkes, habían estado bastante tranquilos. Apenas había tenido tiempo para más... Solo un par de hechizos a Rumsfelt en la clase de Encantamientos, y de eso ya hacía muchos días.
- Bueno, señor Potter, supongo que ya sabe por qué le he llamado.
Le pareció descortés negarlo rotundamente, así que se quedó callado. La profesora suspiró con exasperación, y se colocó las gafas de una forma tan elegante que él no lo haría en su vida.
- Bien. Le he llamado para hablar de la Beca Merlín. ¿Recuerda haberla pedido, no es así?
James asintió con la cabeza, pero frunció el ceño. Esa última pregunta había sido para tratarle de tonto. Sin embargo lo dejó pasar. ¿Qué otra opción tenía? En Gryffindor estaban los valientes, pero no había valiente con suficiente coraje que osara contestar mal a Minerva McGonagall.
- Bueno, pues supongo que no es una sorpresa para usted, ya que contaba con la ventaja de ser Premio Anual, pero me alegra decirle que ha sido escogido usted entre los alumnos de séptimo.
James se quedó estupefacto al escuchar eso. Se había entretenido pensando minucias, y no se había planteado la posibilidad cuando escuchó hablar de la Beca. Tragó saliva, y la profesora McGonagall lo tomó como emoción. Le sonrió cálidamente, para después decir:
- Déjeme decir lo orgullosa que estoy de que un Gryffindor haya sido seleccionado, entre tantos. Sin embargo, esto no me coge de sorpresa. Cuando le di la capitanía del equipo el año pasado, me demostró ser capaz de tomarse las cosas con responsabilidad y seriedad. Por eso le propuse este año como Premio Anual, y no me ha defraudado. Nos ha demostrado a todos que se ha convertido en un joven muy maduro –le sonrió ampliamente, ante la estupefacción y la alegría de él. La siguiente frase, la dijo tuteándole, por primera vez en su vida-. Estoy muy orgullosa de ti, James.
El chico sonrió ampliamente, con una sensación de orgullo creciendo en su pecho. Hace dos años habría renegado de eso, pero en ese momento saberse el orgullo de la profesora, le enorgullecía a él.
- Gracias profesora. Es muy importante para mi –la respondió con sinceridad-.
McGonagall miró durante unos segundos más al travieso niño que había visto madurar poco a poco. En ese momento, como en muchos otros anteriormente, comprendió que, para ella, ser profesora era mucho más que educar. Consistía en "enseñar", que aunque algunos lo considerasen similar, era algo mucho más global y más emocionante. Ella había visto crecer a esos niños, y había sido parte de su vida.
Desvió su mirada hacia el programa que tenía en su escritorio.
- Entonces, ¿doy por hecho que acepta la beca?
James se quedó pensativo, considerándolo todo. Los pros, los contras, y otra vez... Era una oportunidad única, y solo serían seis meses. Sus amigos seguirían ahí cuando volviera, y seguro que el equipo encontraría a otro cazador. Grace sería una gran capitana. Además, pasar ese tiempo fuera le ayudaría a superar, de una vez por todas, su patética y enfermiza obsesión por Lily Evans. Quizá, con suerte, cuando la volviera a ver, podría saludarla como a una amiga más. Con cariño, alegría, pero sin sentir ese patético encogimiento de estómago que tenía siempre que estaba cerca de ella.
Sonrió, asintiendo con la cabeza, mientras la profesora le miraba con orgullo.
- ¡Estupendo! Entonces marchará el 8 de enero hacia Bulgaria. En Durmstrang le esperan con los brazos abiertos, y estoy segura de que dejará a Hogwarts en buen lugar. Particularmente, enséñeles cómo se juega al quidditch –le susurró guiñándole un ojo y haciendo reír al muchacho por el halago-.
James asintió con la cabeza. Tenía sentimientos divididos. La pena por marcharse, algo que le impulsaba a rechazar esa oportunidad, y, a la vez, la emoción por empezar de cero, y demostrarse a sí mismo que podía hacerlo.
- Si marcho el 8, ¿qué hago hasta entonces? Aquí las clases comienzan el día 2 –recordó-.
- Bueno, supongo que querrá despedirse de sus amigos, ¿no? Utilice esos días para atar cabos sueltos. Además, tenemos que hablar de la capitanía del equipo de quidditch. Me gustaría contar con su opinión.
- Grace –dijo el chico muy seguro-. Es la que más experiencia tiene, y la que más tiempo lleva en el equipo. Sarah es una gran jugadora, pero me temo que aún está algo verde para llevar el peso. Nicole y Sadie son nuevas este año, por lo que yo lo descartaría, y Josh, aunque tiene mucha experiencia y una grna técnica, dudo que tenga capacidad de mando. En cuanto a Allan...
Dejó la frase inconclusa. Le parecía evidente por qué Allan era la peor opción. La profesora asintió con la cabeza, de acuerdo con él.
- Parece que ha pensado en todo. Entonces, la señorita Sandler será la encargada de llevar a Gryffindor a la victoria. También tendremos que hablar con la señorita Evans. En el consejo hemos pensado en nombrar otro Premio Anual. ¿Está de acuerdo con eso?
James se revolvió un poco en el asunto, pensando en quien compartiría torre a solas con Lily a partir de entonces. Intentó controlar el arranque de celos, tensó la mandíbula y asintió con la cabeza. McGonagall suspiró.
- La verdad es que perdemos a un peso pesado de este colegio. Se le echará en falta, pero ante todo, piense en lo que quiere para su futuro. Has logrado mucho, James. Y puede lograr mucho más. No dejes pasar las oportunidades de conseguir lo que quieres.
James asintió con la cabeza sonriendo. Se notaba que ese consejo estaba dicho desde el cariño, y él no podía sentirse más agradecido por ello. La profesora se levantó.
- Bien, creo que eso es todo. En los próximos días hablaremos sobre todos los detalles. Enhorabuena.
Le dio la mano afectuosamente, y James sonrió mientras salía del despacho.
OO—OO
- ¿Se han evaporado en el aire? –preguntó Gis atónita. Llevaban más de media hora buscando a los chicos, pero estos no aparecían por ningún lado-.
Al lado de ella, Kate se rió.
- Tal vez nos oyeron y están huyendo.
- ¡Pero si el problema es solo con Remus! ¡Sirius, Kate te quiere decir algo, da señales de vida! –gritó fingiendo que les hablaba a los muchachos escondidos-.
Las dos se echaron a reír. Volvieron a bajar de nuevo a la primera planta, tras haber visitado todas y cada una de ellas. De pronto, Kate escuchó una voz que conocía muy bien. Sonrió divertida, y cogió del brazo a Gis.
- Mi perrito no está lejos, así que...
Gis se echó a reír, y ambas siguieron la voz de Sirius, que parecía hablar a gritos, hasta las escaleras del vestíbulo, donde los tres chicos estaban sentados. Peter fue el primero en verlas, y las saludó con un gesto resignado. Estaba recostado en las escaleras, mientras observaba a Sirius hablar, o más bien gritar, sobre por qué el mundo era injusto con él. Apoyado en la pared, y con los brazos cruzados, Remus también le observaba con paciencia. Cada vez que intentaba hacerle entrar en razón, Sirius le fulminaba con la mirada y seguía su discurso.
- ¡Me imagino lo que será el curso con vosotros! ¡Vosotros! –exclamó ofendido, señalándolos como si fuera una horrible perspectiva-. ¡Todo será aburrido, lento y, para colmo, me vais a obligar a estudiar! ¡No puedo creer que Prongs me haga esto!
- Siempre puedes meterte en su maleta –sugirió Peter-.
Sirius le fulminó con la mirada, y el chico suspiró mientras se llevaba las manos tras la cabeza. Las chicas llegaron hacia ellos, pero Sirius no se percató y siguió hablando para sí mismo. Kate le preguntó a Remus con la mirada, y este se encogió de hombros diciendo:
- Si llego a saber que se pone así, no habría comentado la posibilidad...
Esto tampoco les aclaró nada, pero Gis le agarró del brazo y le llevó unos escalones más arriba. Remus la miró interrogante, y quizá algo intimidado. La chica podría ser pequeña, pero tenía un carácter de no te menees.
- Tienes que subir arriba –le dijo-.
Remus la miró confuso.
- ¿Ha pasado algo en la Sala Común?
Gis chasqueó la lengua.
- ¡Como si se incendia! –se volvió hacia Sirius con una sonrisa-. No es una invitación a hacer nada –este compuso una amplia sonrisa, y Gis volvió a mirar a Remus de nuevo-. Digo que tienes que ir al tercer piso.
Remus se puso serio de inmediato. Seguía mosqueado, era evidente.
- ¡Vamos Remus! ¡Ya ha pillado la indirecta! –le dijo Kate algo suplicante-.
- ¡Ella no tiene la culpa de que seas un viejo prematuro que no sepa divertirse, colega!
Remus fulminó a Sirius con la mirada, suspiró y se volvió hacia Gis. Esta se inclinó un poco hacia él, y bajó la voz a un susurro.
- Hoy cuando la he ido a despertar, estaba durmiendo con la foto que os saqué a vosotros dos y a Richard. Aún tiene dentro lo de su primo. Sabes que el que estés cabreado con ella, la afecta más de lo usual...
A Remus se le cambió la cara al instante. Con tristeza, giró la cabeza y dijo:
- Solo quería hacerla ver que lo que hizo fue algo absurdo y peligroso...
- Ya lo sabe, pero por favor, ve.
Remus suspiró con cansancio. Llegó el momento de dejar el orgullo a un lado. Sabía que ese momento llegaría, pero siempre cuesta claudicar con el otro.
OO—OO
- No pretendo cuestionar tu puesto, pero, ¿puedo saber por qué tú exactamente eres la subcapitana? –preguntó Sadie algo perpleja-. Tenía entendido que el subcapitán debía ser de un curso distinto al capitán, pues estaría para cuando este no puede librarse de cuestiones académicas.
- Y es cierto –la confirmó Grace-. Pero las otras opciones eran Josh y Allan...
Dejó la frase sin terminar, consciente de que no era necesario. Sadie asintió, dándola la razón. No sabía cuál era peor, si el inseguro Josh, cuya personalidad brillaba por su ausencia, o Allan, quien si por él fuera, solo entrenarían la semana antes del partido y en medio de un ataque de nervios.
- Entonces, tú eres el mal menor –la concedió-.
- Pero no te alarmes –dijo Grace sonriendo-. Esta es la primera vez que tengo que sustituir a James, y probablemente la última. A no ser... ¡Bueno, en ese caso McGonagall elegiría!
- ¿En qué caso?
Grace se detuvo, y miró de un lado a otro, asegurándose de que nadie estaba cerca de las dos.
- Vale, esto es extra-oficial. Ahora James no puede venir porque McGonagall le llamó a su despacho, y estos creen que es porque quizá le hallan dado la beca.
- ¿Qué beca?
- ¡Por la que vinisteis Jeff y tú!
Sadie la miró un momento confusa, hasta que cayó en el asunto.
- ¿La pidió al final?
- Parece que sí. McGonagall le llamó para hablar con él en el despacho, y entonces él me escribió una nota con los ejercicios que teníamos que hacer mientras llegaba. Claro, que ahora, por culpa de Lily, ya no sé qué ejercicios eran...
- ¿Por qué por culpa de Lily?
- Me arrancó la nota y salió corriendo con ella. No es una broma típica de ella, pero ha elegido justo el momento. Este me mata... –suspiró-.
Sadie no entendía nada. Desde luego que no era típico de la pelirroja esa escena, pero verla en los recuerdos de Grace la aclaró un poco. Había prometido no volver a practicar la legeremancia con ninguno de ellos, y no lo hacía... salvo en contadas ocasiones. Cuando revivió la escena de nuevo, se echó a reír, comprendiendo.
Por fin la ciega había abierto los ojos. Esperaba que eso fuera para bien y no para mal. Desde el principio de curso había visto en ella una atracción evidente hacia James. Ahora solo faltaba que la pelirroja se diera cuenta.
- ¿De qué te ríes? –preguntó Grace completamente perdida-.
Sadie dejó de reírse.
- De nada. Imaginaba la cara de James cuando viera que no hemos hecho nada de lo que quería.
Siguió andando hacia el campo de quidditch sin esperar a Grace. La rubia se la quedó mirando desde su lugar. Esa chica, sin duda, era muy extraña.
Cuando llegaron al campo de quidditch, el cielo ya comenzaba a chispear. Sarah y Josh habían llegado poco antes que ellas, y volaban encima de Allan, moviendo las ramas de los árboles para que estos le calaran más. El chaval se reía, intentando tomárselo bien, aunque comenzaba a enfadarse un poco. Cerca de ellos, Nicole y Jeff estaban sentados, el uno junto al otro, mientras hablaban. Al notar la lluvia, él la tapó la cabeza con su túnica, y ella sonrió agradecida.
- ¡Bien chicos! ¡Hoy James no puede venir, asi que yo me encargo del entrenamiento! ¡A las escobas! –gritó Grace cuando llegaron hasta ellos-.
Josh y Sarah se alejaron volando, mientras se reían. Allan subió a su escoba, listo para devolvérsela a ese par, y Grace fue tras él, intentando imponerse y evitar la peleilla que se planeaba. Nicole se libró del abrazo de Jeff, le dio un beso en la mejilla, y se subió a su escoba sin importarla calarse. Antes de subir con los demás, Sadie se acercó a su hermano para tomarle el pelo.
- Tanta insistencia, para que al final se moje, ¿eh? ¡Jeff, tienes que intentar batallas más fáciles!
Pero en vez de avergonzarse como de costumbre, Jeff sonrió a su hermana.
- ¡Que pena que no te hayas enamorado nunca Sadie! Si supieras cómo se siente, no te burlarías tanto.
Sadie rodó los ojos, pero cuando le dio la espalda para subirse a la espalda, sonrió. Era asombroso lo que esa inmadura, irritante e insoportable chiquilla estaba haciendo con su hermano. Se empezaba a plantear el llevarse bien con ella, solo por haberle cambiado tanto.
Sentándose en las gradas, Jeff pensaba en lo mismo que su hermana. Era increíble cómo había cambiado desde que había conocido a Nicole. Más bien, no es que hubiera cambiado, sino que le había dado el valor necesario para ser él mismo ante los demás. El día que tuvo esa visión de su futuro, supo que ella marcaría un antes y un después en su vida. Con ella, se atrevió a dejar ver al resto su forma de ser, y con ello descubrió cómo eran sus compañeros, ahora amigos.
Miró hacia donde se oían unas risas, y vio a Sarah emulando una jugada bastante cómica, que al parecer había hecho Allan anteriormente. Algo más alejada, buscando la snitch, Nicole se echó a reír con esa risa suya que tanto parecía alterar a los demás, y que tan encantadora la parecía a él.
OO—OO
- ¡James!
El chico acababa de salir del despacho de la profesora, y apenas le dio tiempo a cerrar la puerta cuando vio a Lily llegar corriendo hacia él. Compuso una sonrisa algo melancólica al verla. Le quedaba un mes para marcharse, estando las vacaciones de Navidad de por medio, por lo que tenía que hacerse a la idea de que le quedaban muy pocos días para estar cerca de ella. Y después, hasta final de curso, o puede que más. Más allá de Hogwarts, a saber si sabía algo de Lily Evans.
- Hola Lily, ¿pasa algo?
Ella llegó con la respiración acelerada de haber corrido por todo el castillo, y le miró aún con la boca abierta. Ahora que le tenía delante, no sabía como empezar.
- ¿Estás bien? –preguntó James mirándola preocupado-.
Lily negó con la cabeza, escrutándolo con sus verdes ojos. Sin saber qué más hacer, le tendió un arrugado y manoseado pergamino: la carta que había recibido dos meses atrás.
James la cogió sin saber qué era, y la desdobló, pensando que quizá había habido algún problema con las rondas. Sin embargo, se le paro el corazón al reconocer su propia letra. Por primera vez en su vida, James Potter no tenía palabras.
- ¿Y? –preguntó Lily tras un rato en silencio-. ¿Es tu letra?
James la miró, sin saber si mentir otra vez o decir la verdad por fin. Ella estaba sorprendida, nerviosa, pero decidida, así que él también se decidió.
- Sí, es mi letra. La escribí yo a principios de curso.
- Y... ¿era para mi? –preguntó insegura-.
Esperando una reacción más típica de la Lily Evans que le odiaba, que la de una amiga, James miró hacia un lado y asintió con la cabeza.
Esperó la bomba, pero Lily continuó callada. Segundos después, la miró, y allí estaba ella. Mirándole seria, sin expresión en la cara, con un brillo extraño en la mirada.
- ¿Por qué?
A James le descolocó la pregunta. No era precisamente esa, la respuesta que esperaba.
- ¿Qué?
- Que por qué me escribiste esto.
- Bueno... pues... ¡Yo que sé! Sadie me aconsejó, en ese momento me pareció buena idea. No sé, puede que me bebiera una botella de whisky de fuego ese día y no me acuerdo...
- James... sabes a qué me refiero. ¿La escribiste para burlarte? ¿Hemos vuelto a las andadas?
James se contuvo para no perder los nervios y gritarla. No era el momento, y tampoco el lugar, pues McGonagall podía oírlos si se ponían a discutir. Inspiró hondo y se armó de paciencia.
- ¿De dónde has sacado tú que yo bromee con eso en algún momento, Lily?
La chica se quedó en silencio, sorprendida por esa revelación.
- Pero tú... tú...
Comenzó a boquear como un pez, buscando las palabras adecuadas, sin encontrarlas. James tuvo el impulso de echarse a reír, pero comprendió que no era buena idea.
- Entonces, ¿es cierto?
- ¿Qué te habías pensado?
- Pues... la verdad, no lo sé. Esto es raro.
- Ya...
Lily no sabía qué contestar. Lo cierto es estaba en shock desde que haía reconocido la letra. ¿Por qué no se lo había dicho directamente? Se habrían ahorrado muchas cosas. Quizá... Y también tenía ganas de golpearse la cabeza a sí misma. ¿Cómo no había reconocido su letra? ¡Por Merlín! Compartían la tarea de premios anuales, le había visto escribir mil veces, ¡ahora también tenían un trabajo juntos! ¿Dónde demonios había tenido la cabeza para no reconocer esa letra? ¿Y por qué narices creyó que era la de Mark? ¡Incluso la reconoció cuando le vio escribir! Mark... mierda... se podía haber ahorrado tantas cosas...
Le miró, esperando quizá que él diera el siguiente paso. Pero James estaba quieto, mirando por la ventana, como si no se percatara de su presencia, tan sumido en sus pensamientos como ella. Por lo visto, la tocaba a ella mover ficha. La divirtió la comparación con el ajedrez, aquel juego que la aburría y había llegado a detestar. Se sorbió la nariz, intentando evitar el mosqueo que la entraba cada vez que pensaba en la pregunta que iba a formular:
- ¿No podías habérmelo dicho a la cara?
James la miró, y se encogió de hombros.
- No es algo fácil de decir.
- ¿Desde cuándo tú tienes problemas para decir algo?
- Desde que no me crees cuando te hablo. ¡Venga ya! Te pedí salir de mil maneras diferentes, y yo pensaba que, cuando me tirabas, literalmente, las sillas a la cabeza, era porque te daba vergüenza. Y después me entero que era porque no me creías. Es frustrante que la única manera de acercarme a ti haya sido fingir que no siento lo que siento.
Lily se contuvo de llevarse las manos a la cabeza. Eran muchas cosas a la vez.
- Pero... ¿desde cuándo? -preguntó-.
- Desde quinto –la respondió-. Desde la primera vez que te invité a salir. Creo que tiene más coherencia que lo tuyo. Cuando alguien te gusta, le invitas y...
- ¡Venga ya! –exclamó ella-. ¿Solo encontrabas esas formas de expresarlo? ¡Menudo crío! ¡Te faltó tirarme de las trenzas! Yo pensando que era para molestarme y hacerme rabiar... James, tú me odiabas...
James se mordió la lengua para no reírse, pero una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios. Él también se había sentido muy confuso cuando sus sentimientos cambiarion radicalmente de un día para otro, pero ya se sabe el dicho...
- Dicen que del amor al odio no hay más que un paso.
Lily también sonrió, dando la razón al dicho. Su proceso había sido más lento, pero verdaderamente sorprende lo rápido que se puede cambiar de la opinión de una persona. Si la llegan a decir eso un año antes, se habría reído a carcajadas.
- ¡Ah, sigue aquí señor Potter! Iba a buscarlo –dijo la profesora McGonagall risueña saliendo de su despacho-. Olvidé darle algunos papeles que deberá firmar. ¡Señorita Evans! ¡Que bueno tenerla aquí también! Quería tranquilizarla con respecto a su situación. Aunque el señor Potter se vaya, no tendrá que cargar sola con la tarea de Premio Anual. Tenemos pensado nombrar a otro antes de las vacaciones de Navidad.
- ¿Qué? ¿A dónde te vas? –preguntó la chica alarmada-.
- A Durmstrang –respondió James con una leve sonrisa-. Me han concedido la beca. ¿No es genial?
Por la cara de Lily, se podía apreciar que ella no elegiría la palabra "genial" para describir esa noticia. La profesora McGonagall comprendió lo incómodo de la situación, y se retiró con una pequeña disculpa. Cuando estuvieron de nuevo solos, Lily avanzó hacia James y le agarró de la túnica con fuerza.
- Por favor, no te vayas.
- ¿Qué? –preguntó creyendo haber oído mal-.
- Quédate... conmigo. Ahora que he descubierto lo que sientes, que esta carta es tuya, lo que siento yo... No te vayas. Yo... me gustas mucho...
¿Por qué se quedaba ahí quieto sin decir nada? Lily sentía enrojecer hasta sus orejas. Ahí estaba, a medio metro de él, después de haber confesado todo, y James solo la miraba estupefacto, con las gafas un poco torcidas y una expresión anonadada en sus ojos color chocolate.
Armándose de un valor que no sentía, tiró de la túnica para acercarle a ella y buscó sus labios con los suyos. Torpe, nerviosa y algo patética. Así se sentía. Ni siquiera el beso la estaba gustando tanto como el que compartieron en el baile de Halloween. Sin embargo, James reaccionó y atrapó su cintura en un estrecho abrazo, llevando una mano a su nuca para pegarla aún más a él. Lily pasó sus manos de su pecho a su cuello, acariciando su revuelto cabello con dedos temblorosos, profundizando aún más el beso y abriendo la boca ávida de pasión.
Ahora ya sí. Por fin. Eso era lo que había estado deseando hacer todos esos días. Desde luego que comprendía a James. ¡Que frustrante estar deseando tirarte a su cuello y no poder hacerlo por miedo a perder a tu mejor amigo! Pero desde que leyó la carta, sabiendo que era suya, una llamarada de emoción creció en su pecho. James no podía haberla dado mejor noticia que declararla sus sentimientos. Sentía que ahora, por fin, todo era como debía. Estaba en sus brazos, besando sus labios, mordiéndolos juguetonamente, con su lengua dentro de su boca, provocándola escalofríos en la espalda. Su amigo, su mejor amigo, algo más... y quizá, ¿por qué no? El amor de su vida...
Cuando el beso se estaba tornando más pasional, se separó con una pequeña risita debido a la expresión que puso James. Le miró completamente nerviosa e increíblemente emocionada.
- Entonces, ¿te irás? –le preguntó mordiéndose el labio-.
James se rió en voz alta, y la abrazó con fuerza. Apoyó su frente contra la de ella, y sonrió ampliamente.
- ¿Después de esto? Ni al final del pasillo pienso irme sin ti.
OO—OO
Jeff seguía mirando el entrenamiento. Nunca había sido muy seguidor del quidditch, y Sadie tampoco. Era sorprendente que ella habría acabado siendo miembro de un equipo. Cuando estaban en Geisterhaus, él nunca iba a los partidos. Se encerraba en su habitación, y disfrutaba de los pocos momentos de tranquilidad que tenía allí. Sadie solo iba a los partidos de su casa, y únicamente porque jugaba su amigo Emil, el único que tenía. Los recuerdos fueron volando poco a poco hacia el pasado, en una época mucho más infeliz que la actual...
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18 de febrero de 1975
Era un día más en su colegio. Jeff salió de clase, y se encaminó solo hacia el comedor. Siempre iba solo. Ya la gente no se extrañaba de verle comiendo solo, pues era lo que llevaba haciendo desde los doce años. Él era el raro, el solitario y el fenómeno. Más incluso que la loca de su hermana Sadie, quien miraba a todo el mundo como si planeara su asesinato, era más normal que él. Ella era muy rara, sin duda, pero, sin saber cómo, era amiga del chico más popular del curso, el jugador de quidditch, y también bastante agraciado, Emil Kramer. Seguramente se debería, a que ella fue amiga suya, cuando aún su rubio cabello estaba completamente alborotado, su cara llena de acné juvenil, sus ojos azules tapados con gruesas gafas, y se caía cuando se montaba en la escoba; pero nadie había llegado a esa conclusión. O quizá no querrían llegar a ella...
El caso, es que su tímido carácter nunca le ayudó a hacer amigos, y los acontecimientos en su segundo año lo hicieron realmente imposible. Fue por entonces cuando comenzó a tener visiones, solo que estas se focalizaban en sus sueños, y convirtiéndose solo en destellos de imágenes sueltas. Siempre se despertaba gritando y asustado, aunque las visiones no fueran malas, sino por lo realistas que se volvían.
Un día, cuando un rayo entró en la clase y carbonizó el gran panel con el que su profesora les estaba enseñando, se aterrorizó al recordar el momento que ya había vivido la noche anterior. Aunque nada malo ocurrió, el saber que él lo había visto antes, le provocó un ataque de nervios del que la profesora no supo sacarle. En ese delirio, comenzó a gritarlo todo, y sus compañeros se apartaron asustados. Le tomaron por loco, por raro, y por fenómeno.
Ya habían pasado tres años, y Jeff había descubierto lo que le ocurría, con ayuda de sus padres, y había aprendido a controlar sus visiones. Pero el daño ya estaba hecho, y nadie se acercaba a él, más que para burlarse. Como en ese momento... Les oyó llamarle, por lo que aceleró el paso, esperando llegar al comedor antes de que le alcanzaran. Delante de los profesores no se atreverían a hacerle nada.
Sin embargo, notó como un rayo le acertaba en la espalda, y le provocaba una caída, con los libros desparramándose por todo el suelo.
- ¿Acaso no nos oías? –le dijo burlonamente Gustav Müller, mientras su círculo de amigos rodeaban a Jeff y miraban la escena expectantes-. ¿Has visto algo en el futuro hoy? ¡Tal vez venga un hipogrifo y nos arranque los ojos a todos!
Los demás rieron a coro, y Jeff se levantó, recogiendo los libros. Se fue a marchar, pero el otro chico le puso una mano en el hombro y le empujó contra la pared.
- Vamos, con los amigos hay que hablar –su tono seguía siendo el mismo, mientras que su sonrisa se hacía más amplia-. ¡Cuéntanos algo del futuro! ¿Has visto que Loreley quiera salir conmigo?
Una chica entre el público, rubia, con grandes ojos y sonrisa estúpida, contestó:
- Eso no hace falta que se lo preguntes al fenómeno, Gustav. Ya lo sabes –añadió guiñándole un ojo-.
Gustav se quedó sonriéndola un momento, que Jeff intentó aprovechar para largarse. Sin embargo, dos amigos del muchacho le agarraron, y le obligaron a volver junto al chico, que le volvió a empujar contra la pared.
- No, no, Jeff. No te vayas. Yo venía a proponerte un juego.
Le arrancó los libros del regazo, y los tiró al suelo menos uno. Le sostuvo en alto, asegurándose que todos lo vieran. Sonrió burlonamente a Jeff, de nuevo.
- Si averiguas qué pienso hacerle, te le devuelvo intacto.
Jeff le miró impotente, con los labios apretados, intentando evitar llorar con todas sus fuerzas. El chico amplió su sonrisa.
- Lástima...
Sacó de su propia mochila un tintero, y comenzó a rociar el libro con él. Jeff le agarró el brazo para detenerle.
- ¡No! –gritó. Era su trabajo de todo el año-.
Gustav sonrió más ampliamente, mientras la multitud reía. Hizo un giro con el brazo, y la tinta acabó sobre la cabeza de Jeff. La gente rió más aún.
- ¡Que mal vidente estás hecho! ¡Tendrás que ganarte la vida de otra forma! –exclamó Gustav entre risas-. Ahora, veremos qué pasa con el siguiente libro...
- ¿Qué pasa aquí? –preguntó una voz detrás de la multitud-.
La gente se apartó para dejar pasar al recién llegado, y algunas chicas comenzaron a cuchichear. Jeff vio a Emil llegar a un par de metros de él, y detrás suyo, mirándole con una expresión indescifrable, estaba Sadie. Emil miró a Jeff unos segundos, antes de dirigirse hasta Gustav y arrancarle el libro de las manos.
- Si te vuelvo a ver molestándole, me las pagarás –le dijo seriamente-.
Gustav no se amedrentó, sino que compuso una gran sonrisa.
- Entonces me aseguraré de que no me veas.
Jeff resopló, consciente de que Gustav iba a tener muchas oportunidades. La mala suerte había hecho que él tuviera que compartir dormitorio con Gustav, y que Emil estuviera en otro.
Al ver que no había diversión, la gente se fue alejando del lugar. Emil ayudó a Jeff a levantarse, y le ayudó a recoger los libros. Detrás de ellos, Sadie no se había movido.
- Déjalo Emil –le dijo mirando a Jeff con antipatía-. Algún día tendrá que aprender a defenderse por sí mismo. Al fin y al cabo, él se lo ganó proclamando ante todos que es un fenómeno. Que acarree con las consecuencias.
Dio media vuelta, y comenzó a andar hacia el comedor. Emil le miró unos segundos, como pensándose en decirle algo, pero enseguida siguió a Sadie sin volver a hablarle.
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Sí, Sadie también se había reído de él en más de una ocasión. Incluso en las vacaciones de verano, cuando su madre no estaba, le lanzaba indirectas hirientes. Ella era partidaria de que todo aquello solo funcionaba en su mente, que estaba enferma, y que la única forma de quitarle las visiones era con, lo que ella llamaba, "dosis de realidad". No consideraba tan horrible lo que hacían Gustav y sus amigos, pues creía que eso endurecía el carácter.
Su hermana nunca creyó en su poder, hasta ese día... Pero eso era algo que Jeff no quería recordar. Miró a Nicole, y se alegró de haber ido a Hogwarts, pese a los acontecimientos que lo provocaron. Allí, había conseguido ser feliz.
OO—OO
La profesora McGonagall estaba corrigiendo unos trabajos, cuando alguien llamó a su puerta. Cuando esta se abrió, se encontró con los dos Premios Anuales juntos y, lo que era más extraño, de la mano. Dejó caer la pluma, y se quitó las gafas mientras les invitaba a pasar.
- ¿Puedo ayudarles en algo? –preguntó temiéndose la respuesta-.
Los chicos se miraron, e inspiraron a la vez.
- La verdad profesora, me preguntaba si podríamos volver a hablar de mi beca. –dijo James mientras posaba los papeles que la profesora le había llevado encima de la mesa-.
La profesora suspiró y los invitó a sentarse.
- ¿Y de qué quiere hablar, señor Potter?
- Me gustaría rechazarla –dijo sonriéndole a Lily. Esta le devolvió una sonrisa encandilada-.
La profesora dejó caer su mano sobre la mesa, sin poder creérselo. Les miró a los dos, pero ellos estaban más concentrados mirándose el uno al otro. Suspiró de nuevo, más fuerte. "Malditas hormonas"...
- Señor Potter, puedo imaginar lo que está pasando.
La sonrisa de los chicos era la que se suele dar con la respuesta "¿No me digas?", pero ellos no dijeron nada. Se volvieron a mirar, y rieron en voz baja. La profesora ignoró eso y siguió hablando.
- ¿Es que no me escuchó con lo que le dije antes?
James apartó la mirada de su recién estrenada novia, y miró a la profesora, aún con una sonrisa en los labios.
- Claro que sí profesora. Usted dijo que no dejara pasar las oportunidades de conseguir lo que quiero. –levantó la mano de Lily, aún entrelazada con la suya, y la besó el dorso-. Y esto es lo que quiero.
Lily sonrió y McGonagall se contuvo el impulso de bufar en voz alta. "Hormonas..." repitió en su fuero interno. Sin embargo, suspiró y se dio por vencida.
- Si eso es lo que quiere, informaré el Consejo de que ha cambiado de opinión. Elegiremos a la segunda opción. –a su pesar, después sonrió-. Al menos no tendremos que sustituirle con mucha gente. Tenemos al Premio Anual y al capitán del equipo aún con nosotros.
Los dos chicos rieron, contentos de haber llegado a tiempo para rechazar la beca, contentos de no tener que separarse, y, sobre todo, contentos de haberse sincerado el uno con el otro.
OO—OO
Remus no consideró necesario llamar a la puerta. Entró y la vio tendida en el suelo, bocabajo, mirando un gran álbum de fotos. No le había oído entrar, y él se aprovechó para ponerse detrás de ella a observar.
Rachel acariciaba lentamente, una fotografía donde aparecían dos niños de unos siete años. La niña, con dos coletas de rizado cabello castaño, tiraba de una muñeca, mientras un niño de pelo pincho con una sonrisa maliciosa, intentaba arrancársela.
Era evidente, que Rachel no se había acostumbrado a la pérdida de su primo. La oyó suspirar, y tuvo que aguantar la tentación de apartarla el pelo del cuello y acariciarla. En parte tenían razón. No sabía cómo había aguantado una semana sin verla. Pero es que era un cabezota. Al oírla sorber por la nariz, se dio cuenta de que estaba llorando. Se arrodilló tras ella, y rodeó su cintura con cuidado. Posó su mejilla contra la de ella, y esa vez sí dejó que sus dedos acariciaran su cabello.
Rachel no se sorprendió, sino que pareció haber esperado su abrazo. Se aferró a él y dejó las lágrimas caer mientras Remus la acunaba en su regazo.
Unos minutos después, y más calmada, miró a Remus a los ojos, mientras él le secaba las lágrimas.
- Le echo más de menos de lo que crees...
Remus suspiró, abrazándola con fuerza.
- Lo sé.
Rachel le volvió a mirar, haciendo un puchero.
- ¿Y tú? ¿Ya no estás enfadado?
- Debería –la respondió-. Pero ya sabes que no puedo vivir mucho tiempo sin ti.
Rachel sonrió, y buscó sus labios con los suyos. El sentimiento era mutuo.
OO—OO
El entrenamiento ya había comenzado, a la manera de Grace, ya que las instrucciones estaban en la Torre de los Premios Anuales. El chispeo se había convertido en lluvia bastante fuerte, lo que provocaba la rabia de Sarah, Nicole y ella. Comprometidas con el equipo pero, ¿a qué chica la gustaba mojarse el pelo? Bueno, a Sadie no parecía importarla, pero a esa chica rara vez la importaba algo. El caso es que Josh y Allan se habían reído de ellas, pero como ese día no estaba James para acompañarlos con la burla, Grace los mandó bajar de las escobas y correr alrededor del campo. Bufando, a los chicos no les quedó otra que obedecer.
- No digo que no se lo merezcan –discutió Sadie-. Pero si el cabezota este no está, ¿con quién practico yo?
Grace sonrió ante un hecho tan normal, como que Sadie llamara a Allan por el apodo que le habían colgado sus compañeros. Era raro ver algo normal en ella. Se encogió de hombros, e intentó mostrar la sonrisa más inocente que tenía.
- Entonces habrá que practicar la técnica de tiro al blanco.
A Sadie no la pareció mala idea, sino que se apresuró a apuntar a sus compañeros en el suelo con la bludger. Se aseguró de que pasaban delante de su hermano, para que el golpe pudieran recibirlo los tres. Le dio a Josh en la espalda, y este cayó encima de Allan, haciendo que el chico se llenase de barro. Jeff solo resbaló de la grada para , pero no llegó a caer.
- ¡Ey! ¡Apúntales, pero cuando pasen por otro sitio! –protestó Nicole más alejada, buscando la snitch con dificultad-.
Sarah se echó a reír, y Grace pudo marcarla un tanto. Esta sonrió divertida.
- Deberíamos hacer más entrenamientos de solo chicas.
- Ya, pero dudo que esto fuera lo que James había planeado –la contestó Sarah parándola la siguiente quaffle-.
Algo más alejada, Nicole seguía buscando la snitch, cuando, de repente, tuvo que virar bruscamente. Le había parecido ver algo por la ventana, pero, no... Lo comprobó de nuevo. Pues sí. Vaya, vaya, vaya... Soltó una risota y se olvidó de la snitch, volviendo al campo alegremente.
- ¡Oye Grace! ¿No decías que James tenía reunión con McGonagall? –la preguntó a la chica-.
Esta la miró extrañada.
- Pues claro. Y ahora busca la snitch, que como se pierda Madame Hooch nos mata.
Nicole soltó otra risita, pero no se movió, sino que miró a Grace con una sonrisa pícara. Esta comenzó a impacientarse.
- ¡Nicole! ¿No me has oído?
- Sí, sí. Solo que, por lo que he visto, el capitán ha puesto una excusa para saltarse el entrenamiento.
- Vamos, sabes que eso es imposible –comentó Sarah entre risas. NADA quitaba a James de un entrenamiento de quidditch-.
- Le he visto por la ventana, y ni está con McGonagall, ni lo que está haciendo dudo que lo quisiera hacer con ella.
Grace y Sarah se miraron un momento extrañadas, pero Nicole las hizo un gesto con la cabeza y volvió volando hacia la ventana. Grace se puso la quaffle bajo el brazo, y la siguió junto a Sarah, guiadas por la curiosidad.
Lo que vieron las dejó sin habla. Allí estaban, a unos diez metros de ellas pero perfectamente reconocibles. James y Lily se besaban apasionadamente, recostados contra la pared. Parecía como si estuvieran pegados. Sonriendo, Grace se aclaró la garganta.
- ¡Que corra el aire que hay menores! –les gritó-.
Lily y James se separaron sobresaltados, y miraron a todas partes, hasta que vieron tres figuras en la ventana del fondo.
- ¡Ey capitán! ¡Si llego a saber que eso valía, en el anterior entrenamiento me habría pirado, que yo también tengo novio! –gritó Sarah haciendo reír a las otras dos-.
Enseguida, Sadie llegó a ver qué miraban sus compañeras, y al ver a la pareja abrazada, sonrió a James, que la hizo discretamente la señal del triunfo.
- ¡Id a entrenar, que me merezco un día de descanso de vosotros! –exclamó James sonriendo-.
Lily se rió, y, sin importarla la presencia de los demás, se puso de puntillas y le dio un pico. Cuando se fue a apartar, James la agarró del cuello y la siguió besando.
- ¡Pero, ¿qué haces, imbécil?! ¡Que la ahogas!
- ¡Idos a un hotel!
Estupendo... Josh y Allan también habían llegado, alertados por la ausencia de sus compañeras. Lily escondió la cabeza en el hombro de James, con las mejillas tan rojas como su cabello. James se volvió hacia ellos, fingiendo estar más serio.
- ¡U os vais, o el siguiente entrenamiento será todo de físico!
Al instante, las seis personas que iban en escoba emprendieron la huída. James y Lily suspiraron, se volvieron a mirar, y fueron acercándose poco a poco el uno al otro. Cuando solo les quedaban unos centímetros, una voz llamó de nuevo a James.
- ¿Qué quieres cabezota? –preguntó James algo irritado-.
- Nada –comentó Allan poniendo cara de bueno-. Solo que he pensado que quizá querrías saber que Grace no ha cumplido tu plan de entrenamiento...
Y se alejó volando, antes de que al capitán le diera tiempo a reaccionar. Este frunció el ceño, y se acercó corriendo a la ventana.
- ¡GRACE! –gritó mosqueado-.
Después, ante la imposibilidad de atrapar a su amiga por allí, comenzó a correr por el pasillo, rumbo al vestíbulo. Lily le siguió de cerca, cuando se acordó de su fallo.
- ¡James! ¡Que es culpa mía! ¡Yo la robé las instrucciones!
Pero James no la oía. En ese momento, solo pensaba que sus adorados planes estaban siendo incumplidos, y eso solo conseguía que se retrasasen en su plan de entrenamiento del curso. En ese momento, ni tener detrás de él a su ansiada novia podía detenerle, y es que, había cosas que James Potter no cambiaría nunca, ni siquiera por Lily.
OO—OO
Desde la ventana del despacho del director, dos figuras observaban todo lo ocurrido: Cómo James salía del castillo, seguido por poco de Lily, cómo intentaba echarla la bronca a Grace, mientras Sarah intentaba justificarla, Nicole le daba un capón a Allan, y la subcapitana emprendía la huída, con la excusa de que tenía trabajo, y se llevaba con ella a Sadie, y a un sorprendido Sirius, que acababa de aparecer y no entendía nada de lo que estaba pasando.
Albus Dumbledore soltó una risa.
- Me encanta ver cómo ve la vida la juventud. Sería tan magnífico volver a esas edad...
A su lado, Minerva McGonagall suspiró algo exasperada.
- También ven la vida como si todo lo que quieren se pudiera hacer realidad solo con pensarlo. Aún no puedo creer lo que ha dejado escapar ese muchacho.
Dumbledore se sentó tranquilamente tras su escritorio.
- Nuestras decisiones nos marca quienes somos, Minerva. Y James ha escogido una opción que le puede hacer muy feliz.
- Sí, Albus, ya lo sé. El amor... Pero el amor del que tú hablas no es el mismo que interpretan unos críos. Era una oportunidad única, y la deja escapar por una chica que le podía haber esperado, por algo que puede que no le salga bien...
Negó con la cabeza, como si tuvieran al chico delante y estuviera reprochándole.
Dumbledore se quedó unos segundos callados, observando por la ventana, cómo Lily había conseguido calmar el mosqueo de James, y los dos permanecían abrazados bajo la lluvía, ajenos a cómo los demás susurraban cerca de ellos, cómo Peter aún era incapaz de quitar su cara de consternación, como Gis se reía de él, y cómo Kate les mirada embelesada, seguramente ya imaginando cómo sería la boda de ellos dos, como siempre solía hacer.
Había algo especial en esa pareja, y alguien con la experiencia de Albus Dumbledore no podía dejar de notarlo. Precisamente, nunca había visto mayor ejemplo del que hablaba él cuando se refería al mayor arma del mundo. Negó con la cabeza, pero él sonriendo.
- Creo que esta vez te equivocas, Minerva. Algo me dice, que de un amor como el de James Potter y Lily Evans saldrá algo bueno y poderoso. Muy poderoso...
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¡Se acabó por hoy! ¿Qué os pareció? ¡Por fin junte a Lily y James! ¡Leches que a gusto me quedé! Jajajajaja les adoro (L) espero que haya cumplido con vuestras expectativas, lo he hecho lo mejor que he podido. Lo último que dice Dumbledore, es una referencia a Harry, ¡no pude evitarla! Jajajaja
Y James no se fue, ¿Cómo se iba a ir? Nono por Dios, James está siempre donde está Lily jajaja
Espero vuestras opiniones, que habéis insistido tanto en este momento, pero espero que sean muchas :D Nos vemos en un mes, pero ya os dejé un gran incentivo, ¿eh? :P ¡Un besazo a todos! ¡Deseadme suerte!
"TRAVESURA REALIZADA"
Eva.
