Tercera Parte:
El amor sí es dañino.
Hinata vestía unos de sus mejores kimonos, cargaba un intrincado peinado, y para cerrar con broche de oro, un ligero maquillaje adornaba su rostro; era la encarnación de la más bella diosa celestial. No hubo ningún cambio drástico en el gesto de Neji al ver a su prima, pero en su interior Neji se revolcaba de la excitación. Surgió con rapidez un ferviente deseo por lanzarse encima de ella y despojarlas de sus trapos, y de comerla entera y de hacerla gemir su nombre a los cuatro vientos; afortunadamente Neji sabía controlar sus impulsos masculinos. Él sólo se limitó a tragar en seco y mantenerse callado.
—Hinata-sama. —Aunque al final tuvo que hablar.
La aludida, que se miraba al espejo para dar los últimos retoques a su maquillaje, volteó de forma brusca y malhumorada.
—Café Neji, quiero café. —Ordenó. Luego siguió con su tarea. Era incomodo tener a Neji estático a sus espaldas ya que ese era su primer encuentro desde aquella noche. La noche en la que casi mantienen relaciones incestuosas e indecorosas. Él siempre se antojaba a aparecer en los momentos más inoportunos y en los lugares menos indicados. Lo peor era que actuaba como si no hubiese sucedido nada fuera de lo ordinario.
Hinata detestaba que irrumpieran en su habitación sin permiso. Pero Neji era un caso perdido.
—¿Va a alguna parte? —Indagó Neji. Ya era raro que no lo hubiese preguntado desde un principio.
—No te incumbe. —Respondió Hinata, espontánea y concisamente. Neji frunció el ceño.
—Dígame adónde va. Le recuerdo que tengo el derecho de saberlo.
Hinata empuñó el labial de tal manera que casi lo parte en dos. Ella conocía lo suficientemente a su primo para saber que no la dejaría en paz hasta que le dijera adónde iba, por lo que se saltó el intercambio de palabras para ir directo al punto. De todas formas Neji terminaba sabiendo la verdad tarde o temprano.
—Voy a tener una cita con Menma-kun.
Neji cerró los ojos y soltó un suspiro desaprobatorio.
—Hinata-sama… ¿Cuándo va a aprender que no siempre tendrá todo lo que anhela? —Más que una pregunta, fue un regaño—. Hay cosas que simplemente no son para usted.
—"Cosas" Ja, cierra la boca, ero-nii-san —Respondió Hinata con notable enojo—.Yo amo a Menma-kun, él es el único hombre para mí, ¿entiendes? Así que hazle entender a tu retorcida mente que jamás tendrá una oportunidad conmigo, ya que yo sólo tengo ojos para Menma-kun. Olvida todo lo que hicimos anoche, no volveré a dejar que me toque otro hombre que no sea Menma-kun.
Las palabras de Hinata fueron crudas y cortantes.
Neji le dio la espalda a su prima para salir de la habitación, pero antes, quiso corroborar algo:
—Menma ama a Sakura-san, lo sabe ¿verdad? —Hinata abrió sus ojos con furia al escuchar las palabras de Neji—. Si sigue pretendiendo que tendrá una oportunidad con ese idiota, saldrá lastimada.
—Menma-kun aceptó una cita conmigo, me puso a mí antes que esa maldita zorra Haruno —Hinata refutó el comentario de Neji tan segura de sus palabras como de que se convertiría en la próxima al mando de su clan—. Yo soy su prioridad, soy lo más importante para él y no quiero escuchar que digas lo contrario.
—Sabes que no soporto verte llorar —Añadió Neji, abriendo la puerta—. Juro que si él te hace daño, lo mataré.
—Si le pones un dedo encima a Menma-kun, seré yo quien te mate a ti. Ahh, será mejor que te quedes calladito y no le digas a otou-sama sobre mi cita con Menma-kun, si lo haces, morirás. —Advirtió Hinata, asegurándose que su primo la haya escuchado antes de salir.
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Cuando llegó al sitio pautado, se dispuso a esperar.
Hinata rebosaba de una felicidad que no concordaba con el clima de esa tarde. El cielo estaba tan nublado que era probable que empezara a llover en cualquier momento, pero eso no eclipsó la alegría de Hinata. Nada podía arruinar el día que por tanto tiempo había estado esperando.
Hinata lo esperaba pacientemente al frente de una tienda de vestidos de novia. Se sintió tonta al imaginarse en uno de esos vestidos, casándose con Menma. Eso sería como un sueño hecho realidad, aunque quizás a Neji lo le gustaría la idea. Bueno, tampoco es como si a Hinata le importara la aprobación de su primo, nada le impediría ser feliz con el hombre que amaba.
Unas horas después, comenzó a llover con una fuerza que sorprendió a todos los habitantes de Konoha. Ese día llovió como hace tiempo no llovía; con relámpagos y vientos fuertes. Hinata tuvo que refugiarse debajo de un árbol. Sin embargo, éste no lograba resguardarla del todo. Pudo haberse dirigido hacia un sitio mejor, donde la lluvia no la alcanzara, pero no quería alejarse demasiado del lugar en el que ella y Menma habían pactado encontrarse para la cita.
La lluvia destruyó por completo su peinado. Y sus sandalias estaban repletas de lodo, y su maquillaje se había corrido.
Hinata trató de no pensar en la idea de que Menma la haya dejado plantada. Eso era lo más factible puesto que Menma ya llevaba cerca de cuatro horas de retraso. Ella tenía horas esperándolo bajo la lluvia. La poca gente que seguía de largo bajo sus paraguas la miraban de manera extraña, susurrando comentarios como "Vaya pobrecita, la dejaron vestida y alborotada" "Siento lástima por ella, lleva esperando varias horas allí parada" y cosas por el estilo que lograba escuchar desde el árbol.
La verdad Hinata prefirió pensar que el desplante de Menma se debía a alguna urgencia, y no porque se le hubiese olvidado. Menma era un poco lento para entender las cosas, era un poco torpe y olvidadizo, pero Hinata estaba segura que él era incapaz de olvidar algo tan importante como una cita. Estaba segura que algo había surgido de repente, y por esa razón la había dejado esperando bajo ese árbol.
Con eso en mente, Hinata decidió volver a casa. Debía cambiarse la ropa mojada que llevaba encima, de lo contrario pescaría un resfriado. Anduvo por las calles lo más rápido que pudo. Caminar con esas sandalias no era tarea fácil.
La Hyuuga tomó el camino más largo, por donde se encontraba Ichiraku Ramen. Ese era el sitio favorito de Menma para comer ramen, por lo que Hinata decidió detenerse allí para esperar que la lluvia cesara un poco. Cuando entró al local se topó con una escena muy perturbadora. Allí estaba Menma. Estaba Menma felizmente con Sakura, comiendo ramen y riéndose.
No era necesidad una explicación compleja para entender lo que sucedía, la escena hablaba por sí sola. Hinata había esperado a Menma durante horas bajo la lluvia, evadiendo las burlas de los aldeanos, aguantando frío y hambre, y tratando de inventar excusas para lo que era evidente… mientras Menma había preferido ir con Sakura, y encima de eso, la había rechazado de la peor manera posible.
Hinata escuchó el sonido de su corazón quebrándose.
—Hinata. ¿Hinata? ¿Qué te sucedió? ¿Por qué estás así de mojada?
La aludida no respondió a la pregunta de Sakura, quien se había percatado de su presencia al instante.
Hinata simplemente no podía emitir palabras. Un nudo en su garganta se lo impedía. Sentía una impotencia tan grande que quería gritar y llorar como nunca antes. ¡Era la primera vez que estaba tan enojada! Pero esta vez estaba enojada consigo misma por negar lo que era indiscutible. Aun sabiendo que Menma sólo tenía ojos para Sakura, ella seguía detrás de él.
Hinata era una egoísta. Una masoquista y egoísta.
—Anda Hinata, ¿Qué haces en la calle con este clima? De paso estás toda mojada, ¿Es quieres pescar el peor refriado de tu vida o qué? ¡Jajajaja! —Menma rió escandalosamente mientras chupaba los fideos con devoción.
Hinata no respondió. Al parecer Menma sí había olvidado que tenía una cita con ella.
—Te ves triste Hinata, cambia esa cara, mira que hoy es un día muy importante para todos —Añadió el Uzumaki con una gran sonrisa—. ¡Por fin Sakura-chan aceptó ser mi novia! ¡Estoy tan feliz que quiero gritárselo al mundo!
Hinata dirigió su ensombrecida mirada al suelo. Apretaba los puños de tal forma que sus uñas se clavaban dolorosamente en las palmas de sus manos. No sabía porque le estaba sucediendo eso a ella. ¿Acaso Menma no se daba cuenta del daño que le estaba causando?
—Menma, ¿No te olvidas de algo importante que debías hacer hoy? —Preguntó la Hyuuga con un tonó de voz bajo y frío.
Menma la miró con curiosidad. Ladeó la cabeza como si fuese un cachorrito, y luego rascó su nuca.
—¡Qué va! —Exclamó con alegría para luego tomar a Sakura de la cintura y atraerla hacia su cuerpo, dándole un apasionado beso—. Y si tenía algo que hacer hoy, no era importante, todo puede irse a la mierda… Lo más importante para mí es que ya puedo estar junto a Sakura-chan sin contenerme.
Hinata siguió cabizbaja. Por nada del mundo se permitiría ver esa escenita. En pocas palabras, según lo que acaba de decir Menma, ella no significaba nada para él. Prefería a Sakura por encima de todas las cosas; de hecho, había olvidado su cita al momento que Sakura aceptó ser su novia, e incluso la había mandado a la mierda indirectamente.
—V-vale Menma-kun… contrólate. —Susurró Sakura, tratando de alejarse de Menma, pero sin hacer demasiado esfuerzo por liberarse de sus brazos.
Hinata no fue capaz de contenerse ante tanto descaro.
—¡ERES UN BASTARDO! —Exclamó envuelta en furia. Había activado su Byakugan inconscientemente y algunas lágrimas corrían por sus mejillas. Menma y Sakura reaccionaron atónitos ante la histeria de Hinata.
Mal.
Muy mal. Nadie podía verla en ese estado.
Hinata se marchó de Ichiraku lo más rápido que pudo. Menma y Sakura trataron de detenerla exclamando su nombre, pero la heredera no les hizo caso. Sin mirar atrás, corrió encima de los techos hasta llegar a una zona apartada del susodicho restaurante.
Después de asegurarse que estuviese completamente sola, apoyó su espalda de un tronco húmedo y lentamente se dejó caer al suelo. Su ardiente felicidad quedó en el olvido. Ahora sólo sentía su pecho congelarse de tristeza. Muchas veces la habían herido en el campo de batalla, había soportado golpes, torceduras, quemaduras y puñaladas; pero el dolor que sentía en ese momento era distinto. Era más molesto y persistente, no se aliviaba con nada. No podía soportarlo.
