¡Hola a todos! Lo sé, queréis matarme jejeje Tenéis motivos, y os daría el permiso para hacerlo pero, ¿quién continuaría la historia? :P
Ya hace días que acabé los exámenes, pero hasta entonces no pude ponerme a escribir, y luego no he parado quieta porque hemos estado buscando piso para el próximo curso, también me fui de viaje el fin de semana, y he tenido que hacer mil cosas atrasadas... Además, este capítulo ha habido partes que me ha costado escribir, porque no podía dar demasiadas pistas, y tampoco podía dejaros sin dar ninguna!jajaja Y hoy hasta que conseguí actualizar... ¿qué le pasa a fanfiction?:S
En fin, contestó a los reviews anónimos y os dejo con la historia:
Kittymariposa: ¡Hola! Me alegro que te gustara la forma en que los junté. Sé que se tardó, pero era necesario para conseguir el clima necesario jeje un besazo ;)
Fd-potter: ¡Hola guapísima! Siento haber tardado jeje los exámenes mandan :P He estudiado muchísimo, eso te lo garantizo! Jeje Me alegro que te gustara cómo los junté. Lily tenía que ser la de la iniciativa, ¡ella fue la que había estado con otro! Jajaja Pero James jamás habría aceptado la beca, mujer. Le daba el drama adecuado al momento jajaja Sé que fue apresurado, pero el muchacho antes no había tenido un motivo fuerte para rechazarla jeje A mi también me da pena Rachel. Es un personaje que tiene que pasar mucho. Y ya sé que la mayoría está obsesionada con el Sirius&Grace, ¡pero que mona es Kate cuando le llama perrito! Jajaja me gustó ese momento, porque así se ve que no siempre tienen que ser todos románticos. Sirius no lo es, en mi historia al menos xD nunca me le imaginé así :P ah, por cierto! Lo de James dejando a Lily para correr al entrenamiento... Me parece que sí lo habría hecho, ¡seamos realistas! Jaja Los chicos lo olvidan todo cuando hay fútbol de por medio, y en el mundo mágico lo mismo pasa con el quidditch :P Jeff es un personaje entrañable, y le hacían eso porque era diferente... Sadie no es precisamente una hermana amorosa, pero ha ido aprendiendo a quererle con el tiempo.. y aquí me callo! que adelanto acontecimientos :p Me alegro que vaya bien en la universidad!espero que entre un examen y otro saques tiempo para leerme :p yo sí, estoy estudiando periodismo! Aún me quedan por dar notas, pero hasta ahora todo aprobado y con nota :D por cierto, vuelve a llamarme vieja y voy a Chile a pegarte!jajaja Pero bueno, la música de los Jonas Brothers no es para mi... yo soy más de Bustamante :P me alegro que lo pasaras bien en el concierto!y cuídate tú tb con la gripe, que viene dando fuerte ;) un besazo wapísima, y suerte con los exámenes!
Popis: ¡Hola! Muchísimas gracias por los reviews que me has dejado y por haber ido leyéndote todos los capítulos. Espero tu review en este, y me digas qué te va pareciendo la historia. Un besazo ;)
Andy: ¡Hola pedorra! Ahora estarás en tierras malagueñas, pero ya lo leerás a la vuelta jeje disfruta por mi segunda tierra, que más bonita no puede ser :D aer, James es perfecto... habías dudas?:P así que es normal que sea mono jajaja además, alguno tenía que ser romántico, porque sospecho que los demás... jajaja Dios los trabajos que se dejan para el final jajaja no sé como hemos acabado xD creí que no podríamos con todo, pero lo hicimos! ese notable en Márketing :D Sadie y Jeff?jejeje eso lo sabrás en nada... La cuenta atrás ha comenzado :p tú sigues con Sirius&Grace xD cuando se te mete algo en la cabeza jejeje bueno peke, cuando vuelvas negra como un tizón me cuentas qué te ha parecido xD muaks!
Y ahora sí... os dejo con el capítulo, espero que aún quede alguien por ahí!jejeje
Este capítulo se lo quiero dedicar a NyTA, que espero que eso que te hizo ingresar en el hospital se haya pasado y estés completamente sana. Un besazo enorme wapísima ;)
Y ya más en broma... tb me lo dedico a mi!que acabé los exámenes, no sé ni como!jajajaja encima, los que me han dado, aprobados y con nota, así que estoy muy satisfecha :D espero que me perdonéis, porque mi retraso ha valido la pena.
Nada de esto es mío, sino de otra rubia que SÍ ha estado en Londres (que envidia me da ¬¬)
"JURO SOLEMNEMENTE QUE MIS INTENCIONES NO SON BUENAS"
O-oOOo-O
Capítulo 22: Aniversario
- ¡Ey! ¿De qué te ríes? –James le pellizcó el brazo a Lily para que dejara de carcajearse-.
- Lo siento, es que estaba tratando de imaginarte escribiendo una carta de amor. ¡Te pega tan poco! –volvió a reírse-.
James se llevó una mano al pecho, fingiéndose ofendido. Ambos estaban solos en la sala común de su torre. Llevaban allí desde que la chica había conseguido que él abandonara el campo de quidditch.
- Encima que saco a relucir mi lado romántico, me desprecias –bufó poniendo un puchero-.
Lily le besó como compensa, y el chico volvió a sonreír.
- ¿Sabes? Podría acostumbrarme a esto... –la susurró mientras se inclinaba seductoramente sobre ella-.
Lily sonrió más ampliamente, suspirando y abriendo la boca dispuesta a recibir su beso. De repente, el retrato se abrió de golpe, y una conocida voz les bajó de su nube particular.
- ¡Es decir, que no me engañaban! ¡Por fin conseguiste darla un poco de amortentia, Prongs! –exclamó Sirius colocándose tras el sofá y golpeando la cabeza de James con cariño-.
- ¿Quieres algo? –preguntó Lily de mala manera-.
Cuando James intentó incorporarse, ella se lo impidió, cogiéndole por la corbata, y esperando que Sirius captara la indirecta. Sin embargo, para su mala suerte, más gente comenzó a entrar por la puerta. Kate, Peter, Gis, y por último Remus y Grace. Esta última le sonrió a Remus como diciéndole "Te lo dije", y Kate no pudo reprimir un gritito de emoción al verles en esa posición. James no pudo evitar asustarse. Conociendo a la novia de su amigo, ya debía estar pensando en el menú de la boda.
- Sabíamos que queríais estar solos... –comentó Peter algo cohibido-.
- Así que por eso hemos venido a tocar las narices –proclamó Sirius orgulloso, esquivando un golpe de Lily-. Oye pelirroja, vamos a tener que empezar a llevarnos mejor. Al fin y al cabo seré el padrino de vuestro primer hijo.
Lily le miró ceñuda un instante, antes de volver a sonreír. Ni las tomaduras de pelo del inmaduro amigo de su novio le estropearían el momento. Dirigió una mirada a James, volviendo a repetirse mentalmente la palabra "novio". Sonrió tontamente al darse cuenta de la realidad de ese término, y el chico la devolvió la sonrisa algo titubeante, temiendo que esa repentina emoción se debiera a la mención de un hijo. De ser así, se encargaría de matar a Sirius. Bueno, quizá cuando se cansase de mirar a su "novia". Sin darse cuenta, él también sonrió tontamente al pensar en ello.
- ¡Uy, mírales que sonrisitas y que miradas de tontos se les ha quedado! –exclamó Gis entre enternecida y divertida-.
- Chicos, no creáis que no valoramos vuestra compañía pero, ¿qué hacéis aquí? –preguntó James mirando de reojo el sofá, para el que había tenido grandes planes hasta su interrupción-.
- No llevan ni dos horas juntos, y ya se quieren aislar del grupo –comentó Grace dejándose caer en el sillón de al lado-.
- Yo solo quería comprobar que no me había imaginado la escenita del campo –dijo Kate sentándose en el suelo, frente a ellos y mirándoles suspirando-. Hacéis tan buena pareja...
- Y a mi me apetecía acompañarla –intervino Gis-.
- Resulta que yo fui lo bastante torpe como para que se me escapara todo delante de este –añadió Grace señalando a Sirius con un gesto vago-, así que no ha querido trabajar más, y hemos tenido que aplazarlo hasta mañana.
- Y mi opción era venir o quedarme con Sadie, y esa chica sigue dándome miedo –aclaró Peter-.
Todos se rieron por su comentario, y se quedaron mirando a Remus, que seguía de pie, sin decir nada, pero con una amplia sonrisa en la boca. Se encogió de hombros levemente.
- Yo solo soy un enviado especial. A Gisele no se la ocurrió otra cosa que entrar gritando en la habitación de Rachel que os lo estabais montando en el campo de quidditch, así que me ha enviado para saber todos los detalles. Las partes guarras guárdatelas, Prongs.
James soltó una carcajada, mirando a Lily que se había puesto de todos los colores. Sin embargo, ella rió también, mirándole con complicidad. Él pensó en ese momento, que su relación con ella iba a ser muy fácil de llevar. Quizá era mejor que las cosas habrían salido así, y antes de salir juntos habrían sido tan buenos amigos.
- ¿Y bien? –preguntó Kate-.
- ¿Y bien, qué?
- ¿No vais a contarnos la historia? –inquirió con una sonrisa ilusionada-.
- Nos gustamos y hemos decidido intentarlo –comentó Lily encogiéndose de hombros. La situación era tan simple como la de cualquier otra pareja-.
Kate chasqueó la lengua, molesta porque nadie compartiera con ella el romanticismo del momento. Sin embargo, les volvió a mirar con una sonrisa algo enigmática.
- Al menos dejadme organizar la boda cuado llegue el momento –suplicó poniendo una cara que hizo reír a Sirius-.
- Déjate de bromas con eso –la pidió James sentándose incómodo, y oyendo como Lily y Grace se reían de él-.
- Siento informarte, Prongs, que ya estás un paso más cerca –le dijo Peter siguiendo el juego-.
James se rió, cada vez más incómodo con la situación. Miró a Sirius y Remus, pidiéndoles silenciosamente que cambiaran de conversación. Pero ese par también se lo estaba pasando muy bien.
- Casi puedo imaginármele en el altar –comentó Remus aguantando la risa-.
- Sí. Ya tengo medio preparado el discurso del padrino.
Los tres amigos del "novio" no pudieron evitar las risas cuando el muchacho se despeinó el pelo mientras reía algo incómodo.
- Bueno, que para eso queda mucho –comentó el chico quitándole hierro al asunto-.
Lily se levantó del sofá, poniendo su mejor cara de ofendida.
- Oye, yo siempre quise casarme nada más salir de Hogwarts, así que hazte a la idea.
Al ver los ojos desorbitados de James, se la escapó la carcajada que había estado conteniendo. Después se sentó encima suyo, dándole un beso en la mejilla, y susurrándole al oído algo que los demás no pudieron oír.
- Dirás lo que quieras James, pero vosotros seréis los primeros en casaros –anunció Gis muy ufana-.
- ¡Sí, pero no os caséis el 6 de agosto! –advirtió Kate como si acabara de recordar algo muy importante-. Ya elegí ese día para mi boda.
- ¡¿Qué?! –gritó Sirius cayéndose del respaldo del sofá donde había estado sentado-.
Al parecer, la situación había dejado de parecerle graciosa, pero no a los demás. Kate suspiró y le miró seriamente, aunque divertida por su reacción.
- Te guste o no, algún día sucederá –le dijo a su novio-.
Sirius parecía que se había tragado un limón. Frunció el ceño y le tiró un cojín a Peter directo a la cara, pero el muchacho lo apartó a un lado y siguió burlándose de él.
- Bueno, después de dar la gran noticia, yo me voy, que he quedado en la biblioteca con las brujas –dijo Kate levantándose del suelo-. Os dejo con el perrito gruñón.
- Tiene peor cara que cuando coge pulgas –dijo Peter riéndose más fuerte-.
Kate se rió.
- Ráscale detrás de las orejas, que siempre le mejora el humor –dijo haciéndoles reír a los demás-.
Se marchó por el retrato, dejando la habitación en silencio. Todos miraron a Sirius expectantes.
- Como alguien se ría, se arrepentirá de por vida –amenazó-.
Como era lógico, la amenaza tuvo el efecto contrario al deseado, y todos estallaron en carcajadas. Remus por fin se decidió a sentarse, en el sillón de enfrente al que estaba Grace, Peter se acomodó sobre el cojín que le había lanzado Sirius y Gis se sentó al lado de Lily.
- Ahora tengo mis dudas sobre cuál de las dos parejitas caerá antes –dijo la chica mirando pensativamente a James y Sirius-.
- ¿Acaso quieres apostar, nena? –replicó Sirius en plan chulesco, dejándose caer con fuerza en el sillón de Grace-.
- ¡Ay! –gritó esta al notar el peso del muchacho sobre sus piernas-. ¡Aparta imbécil que me haces daño!
Sirius se removió en el asiento, fingiendo buscar postura mientras la rubia luchaba por liberar su pie derecho de debajo suyo.
- ¿Apuesta? –preguntó Gis con una sonrisa maliciosa-. ¿No tuviste bastante con perder la del concurso de duelo?
- ¡Cierto! –apoyó Grace que había conseguido liberarse, y luchaba por recuperar su sitio en el sillón-. ¡Aún me debes pasta!
- En la apuesta no se habló de dinero –especificó Sirius haciendo un ademán con la mano, usando la otra para intentar apartar a la rubia-.
Cuando Grace cayó de culo al suelo, el chico cruzó los brazos tras su cabeza y sonrió victorioso. Grace le tiró un cojín, con un mohín de niña pequeña, y fue a tumbarse en el suelo, al lado de Peter.
- ¿Quieres decir que no te atreves? –miró Sirius a Gis, continuando con la conversación-. Esta vez podemos hacer una apuesta como Merlín manda.
- Te escucho –dijo la chica interesada-.
Sirius sonrió traviesamente al ver a todos mirarle con curiosidad.
- Hacemos un bote de común. Diez galeones cada uno. Y el que acierte, se lleva todo el dinero. Si aciertan varias personas, el botín se reparte a partes iguales.
- ¡Ey, me gusta! ¡Yo juego! –exclamó James emocionado-.
- ¡Y yo! –se apuntó Peter riéndose-.
Gis fingió pensarlo un poco más, pero después sonrió traviesamente.
- Acepto el reto.
Sirius sonrió, pero se puso a mirarles a todos, pensando en la opción más posible. Solo tenía claro que el que apostara por él iba a perder sin remedio.
- ¿Y los demás qué decís? –preguntó Gis con una sonrisa-.
- ¿Por qué no? –dijo Grace encogiéndose de hombros-. Será divertido.
- ¿Remus?
- Será un placer quitarles el dinero a estos tres infelices –dijo el chico riéndose y esquivando un cojín que iba de parte de James-.
- ¡Ya vale con lanzar el mobiliario! –intervino Lily cogiendo al vuelo el cojín que volvía de vuelta-. Y, por cierto, juraría haber oído algo de una norma en contra de este tipo de apuestas...
- ¡Vamos Lily, no seas aguafiestas! –protestó James-.
La pelirroja le miró seriamente.
- Las normas...
- Se hicieron para romperlas –terminó el chico con una sonrisa divertida-.
Lily frunció el ceño.
- ¡Venga mujer, que es una diversión inofensiva! –insistió apretando su abrazo contra su cintura-.
Lily suspiró derrotada.
- Al menos ahora, vuestra diversiones no le amargan la existencia a nadie...
Los demás, ya satisfechos al participar todos, comenzaron a divagar. Sirius se había levantado discretamente y se colocó detrás de su mejor amigo.
- Con respecto a lo último, habrá que solucionarlo, ¿eh? –le dijo en voz baja-.
James se rió traviesamente.
- No lo he olvidado Pad. Estoy esperando a que la inspiración venga a mi–le prometió-.
Sirius compuso una sonrisa expectante.
- Piensa rápido Prongs, que estoy deseando saber qué pasa por esa diabólica mente. ¡Eh rubia, quítate de mi sitio!
Aprovechando el abandono del chico del sillón, Grace se había vuelto a sentar en él, reconquistándolo. Cuando el chico le cogió de la pierna para apartarla, Remus le tiró del cuello de la túnica y le indicó con la cabeza que se sentara en su sitio. Todos miraron agradecidos al licántropo.
- Bueno, ¿quién empieza? –dijo Sirius frotándose las manos con emoción-. ¡Estoy deseando desplumaros!
- Pues yo digo que te tocará pringar a ti, listillo –apuntó Lily con chulería-. Conociendo a Kate, ya tienes los días contados.
Sirius frunció el ceño haciendo que los demás se rieran.
- Mira que te gusta perder dinero pelirroja. Además, antes que yo, se casará nuestro Wormtail.
- ¡¿Yo?! –preguntó Peter extrañadísimo-. ¡Pero si ni siquiera tengo novia!
- Eso no importa Pete. Porque cuando acabes en Hogwarts harás ese viaje tan soñado a Las Vegas, conocerás a una modelo rusa despampanante –Peter sonrió antes ese comentario-. Y esperarás a que esté borracha para llevarla a la capilla más cercana. Obviamente, cuando ella se despierte sobria y te vea, saldrá corriendo y nunca más volverás a verla, pero para entonces yo ya habré ganado la apuesta.
Los chicos se empezaron a reír ante esa imagen, pero Peter miró a Sirius con cansancio.
- ¡Qué divertido eres Padfoot! No veas como me río contigo –le dijo con sarcasmo. Sirius le sacó la lengua-.
- ¡Yo voto por Remus y Rach! –exclamó Gis contenta-.
- ¿Por qué? ¿Yo qué he hecho? –preguntó Remus sin saber qué había ocurrido para que su nombre apareciera en la conversación-.
- Porque mi niña es mucha mujer, y vosotros sois los que más tiempo lleváis juntos –dijo muy resuelta. Grace y Lily asintieron convencidas de que ese era un factor a tener en cuenta-.
- Venga, yo también digo que Remus y Rachel –dijo James riéndose. Remus le lanzó una mirada sombría que solo le hizo reír más-.
Remus se cruzó de brazos un segundo, mirándoles a todos pensativo. Iba a decir algo, pero Peter le cortó cuando hizo su apuesta.
- Yo insisto en James y Lily. En este tipo de temas me fío mucho de la opinión de Kate.
- Es que mi chica sabe mucho de estas cosas –dijo Sirius orgulloso-. Además, tendrá que conformarse con mirar a los demás, porque lo que soy yo...
- Tú caerás, como todos –predijo Grace-. Pero antes caerán James y Lily.
- Y dale...
- Me estoy empezando a cansar hasta yo –suspiró la pelirroja-.
James y Lily compartieron una mirada y dejaron los ojos en blanco. Tenían que aceptar que serían el blanco de las bromas durante una temporada. Ya les había pasado eso a Remus y a Rachel, y después a Sirius y Kate.
- Bueno, bueno... ¿Quién digo yo? –se preguntó Sirius tocándose la barbilla pensativo-.
- ¿No habías apostado ya por mi?
- Claro que no Wormtail. Esta apuesta quiero ganarla. Eso era broma. Pero está difícil la cosa...
Grace suspiró pesadamente.
- Di un nombre y ya está, pesado.
Sirius sonrió ampliamente.
- La rubia gruñona será la primera.
- Por supuesto. Tienes muchas probabilidades porque mi relación con el hombre invisible va cada vez mejor –contestó esta con sarcasmo-.
- Seguro que te lo has ligado con ese carácter tan dulce que tienes –la devolvió-.
- ¡Ey Pad! Cuéntanos esa historia –sugirió James para evitar una posible discusión, y de paso escuchar otra parida de su amigo-.
- Pues verás. Con lo loca y compradora compulsiva que es esta, conocerá a un millonario en las rebajas. Se lo ligará, y luego lo llevará donde las demás. Lily le convencerá de que es imbécil, Gisele de que es soso y Rachel de que es un burro. Después, cuando el pobre hombre tenga el autoestima por los suelos, se celebrará la boda, que será de penalti, por supuesto.
James y Peter comenzaron a reír a carcajadas, y Grace no sabía si sentirse ofendida o reír también. Al final, la curiosidad la ganó cuando preguntó:
- ¿Cómo de millonario es mi futura víctima?
- Mucho, créeme. Vivirás como una reina hasta que decidas divorciarte y desplumarle –la aseguró muy convencido-.
Grace sonrió satisfecha.
- Entonces vale. Acepto este futuro, aunque por supuesto, no pienso casarme de penalti jamás.
- ¿Acaso piensas llegar virgen al matrimonio? –se burló el chico-.
Al instante de haber formulado la pregunta, comprendió que no había sido buena idea decirla. La cara de Grace lo decía todo. Estaba mosqueada. Ruborizada hasta el punto de parecer un horno, pero mosqueada.
- En realidad ese episodio ya le tengo olvidado, pues fue con alguien tan imbécil que no merece ni recordarlo. Aparte que fue la experiencia más insatisfactoria de mi vida –añadió alzando las cejas, retándolo a responderla-.
Quizás lo habría hecho, pero Peter le dio con el cojín en toda la cara instándole a callarse la boca. James y Lily se miraron conteniendo la respiración. Solo Gis parecía no haber captado la tensión del momento, pues se rió divertida.
- ¡Esa historia no me la sé! ¡Me tienes que contar que así nos reímos juntas del imbécil ese que dices!
Grace se echó a reír, y los demás, menos Sirius que parecía haberse ofendido, soltaron risitas nerviosas.
- Bueno, yo aún no hice mi apuesta –intervino Remus para cambiar el ritmo de la conversación, temiendo que a Sirius le explotara la vena del cuello si Grace seguía riéndose de él de forma tan evidente-. Yo apuesto por Gisele.
Al menos consiguió captar la atención de todos. Incluso a Sirius se le pasó el cabreo. Todos empezaron a reír divertidos.
- ¡Si querías tirar tu dinero podrías haberlo dicho directamente!
- ¡Vamos, Gis casada!
- Ni aunque me aten al cura, Remus –dijo la chica muy solemne pero divertida-.
Remus sonreía, pero seguía impasible.
- Mantengo mi apuesta –afirmó-.
Sirius se encogió de hombros mientras apuntaba la apuesta de Remus debajo de la de Grace.
- Es tu pasta –le dijo-. Ahora en serio. Yo apuesto por ti hermano –le dijo a James-. No me falles colega, que quiero la pasta para comprarme una moto.
- Te va a tocar ir andando –anunció Lily con rintintín-.
- Ya veremos pelirroja, ya veremos –dijo el chico poniendo una sonrisa misteriosa-.
OO—OO
Al día siguiente, cuando Lily se despertó, se quedó mirando el techo pensando. Por su mente pasaron todos los acontecimientos del día anterior, y una sonrisa soñadora se extendió por su rostro. Aún la costaba concebir que aquello hubiera sucedido de verdad.
Sentía una alegría que pocas veces había experimentado a lo largo de su vida. Cuando había comenzado a salir con Mark, se había sentido contenta, pero nada que ver con como se sentía en ese momento. La embargaba una sensación de madurez, compromiso y felicidad. Sobretodo, felicidad.
Se levantó sin prisas, pues aún era temprano, aunque no pudo evitar correr para bajar a la sala común donde esperaba encontrarse con James. Sin embargo, paradójicamente, su novio no estaba ni en la sala común, ni en su habitación que se encontraba como una leonera. Lily comenzó a comprender por qué tenía tanta renuencia a que ella entrara allí, más que a león, allí olía a tigre.
Salió rumbo al Gran Comedor después de ponerse la túnica del colegio. Cuando llegó al vestíbulo, escuchó unas risas conocidas y se dirigió hacia ellas. Al pie de las escaleras, hablando alegremente, estaban Kate y Gisele. La segunda parecía encontrar muy divertido lo que decía la primera, que estaba visiblemente emocionada.
- Buenos días chicas, ¿de qué habláis? –preguntó-.
- Kate me contaba sus grandes planes para hoy –la contestó la latina-. Que hoy es un día especial.
- Pues, ¿qué celebras?
Kate estaba tan contenta que casi saltaba en su sitio.
- Hoy hace un año que Sirius y yo salimos juntos –la dijo-. Le he preparado una sorpresa.
- Vaya, felicidades –comentó algo perpleja-. Pensé que vuestro aniversario ya había sido...
- No, no. En octubre me invitó a la primera cita, pero hasta el 9 de diciembre no me pidió oficialmente que fuera su novia.
- Y hasta marzo el resto no nos creímos que fuera en serio –añadió Gis con una sonrisa, ganándose un codazo de Kate-.
- Hay que reconocer que no creímos que Sirius durara tanto –apoyó Lily-.
- Es más la fama que lo que hace –le defendió su novia-.
- Seguramente, pero esa fama le precedía –corroboró Gis entre risas-.
- Bueno, ¿y qué le tienes preparado?
- Voy a fingir durante todo el día que no me acuerdo, haber qué hace. Y por la tarde he preparado algo precioso en el lago –exclamó Kate emocionada-.
Caminaron hacia la entrada del Gran Comedor, donde Lily chocó sin querer con alguien. Al darse la vuelta, se encontró cara a cara con Mark Bennet. Los dos se quedaron mirándose y sonriendo algo incómodos, y Kate y Gisele, que notaron la tensión, decidieron marcharse y dejarles hablar en privado. Cuando estuvieron solos, Mark seguía mirando el suelo con interés, mientras se balanceaba con las manos entrecruzadas a su espalda.
- Así que... ¿es verdad? ¿tú y Potter?
Lily sintió que enrojecía, pero asintió con una sonrisa en el rostro.
- Así que, al final, tenía yo razón, ¿eh? –comentó con una pequeña sonrisa-.
Lily suspiró más tranquila. No estaba enfadado, dolido seguramente, pero no enfadado. No soportaba la idea de discutir con alguien tan amable como Mark, aunque tampoco la alegraba saber que le había hecho daño. Sin embargo, eso no podía evitarlo, y era algo con lo que tenía que vivir. Le sonrió cálidamente.
- Siento no haberme aclarado con mis sentimientos antes, Mark. Habría evitado muchos líos.
- No te preocupes. Me alegro que estés feliz. Se te nota que ahora estás como quieres –la dijo mirándola con un poco de melancolía-. Y no te preocupes. No me arrepiento de tus líos. Al menos tuve mi oportunidad. Era más de lo que esperaba...
Lily se mordió el labio, sin saber qué más decirle. Era evidente que él seguía enamorado de ella, y aunque no lo admitiera, se sentía mal por esa situación. El que él la felicitara sinceramente, no hacía más que hacerla sentir como un monstruo. Fue Mark quien salvó la situación.
- Bueno, tengo que ir a desayunar. Nos vemos en clases. Y felicidades, en serio –añadió guiñándola un ojo-.
Estaba ya entrando por la puerta, cuando Lily le detuvo.
- ¡Mark! –exclamó. Él y otras dos chicas volvieran la cabeza curiosas. Lily se acercó a él, evitando que estas escucharan y cuchichearan sobre ellos más tarde-. Estoy segura que pronto encontrarás a la chica que te merezca. Eres un chico fantástico, y es muy fácil estar contigo. Lo único es que yo ya sentía algo por alguien, solo que no lo sabía...
Mark la sonrió sinceramente. Levantó su mano, la apretó el brazo en señal de amistad, y entró al Gran Comedor. Lily se quedó unos segundos mirando cómo se alejaba, pero se despertó de su sopor cuando Grace y Sadie llegaron a su lado. Su mejor amiga la revolvió el pelo cariñosamente, y con la mirada la preguntó si la ocurría algo. Lily sonrió y negó con la cabeza. Cuando vio a James sentado en la mesa de Gryffindor, junto a Sirius, Peter y Jeff, Mark Bennet salió inmediatamente de su mente.
Llegó hasta colocarse en su espalda, él no la había visto aún. Posó sus manos en sus hombros, y James se sobresaltó ligeramente. Cuando se dio la vuelta para ver quien era, Lily ya le tenía preparada su mejor sonrisa.
- Buenos días, pelirroja.
- Buenos días –le respondió, dándole un beso en la mejilla-. ¿Por qué no me has esperado?
James se encogió de hombros.
- Tenía hambre, y supuse que no te apetecería ser el centro de atención. Me han mirado mucho cuando he entrado –anunció orgulloso y sin una pizca de vergüenza-. Las buenas noticias vuelan. Hay rumores de todo tipo.
- ¿Rumores? –preguntó Lily con una sonrisa-.
Le agarró de la nuca y se acercó lentamente, hasta quedar a unos centímetros de su boca.
- ¿Y si los confirmamos? –preguntó tentándole-.
James se rió contra su boca, y la atrajo hacia sí, acabando con la distancia entre ellos. Apenas unos segundos después, la pelirroja se apartó, molesta porque Sirius comenzó a jalearlos sin molestarse en bajar la voz, riéndose a mandíbula batiente. Frunció el ceño y se sentó en silencio junto a James, quien la abrazó por los hombros mientras reía entre dientes.
Comenzaron a desayunar con calma, y al rato, Remus se les unió algo malhumorado. Peter le preguntó qué le ocurría, pero este negó con la cabeza ofuscado y enterró, no de forma literal, la cabeza en su plato de gachas.
Un día más, cuando llegó el correo, Sadie y Jeff miraron ansiosamente las lechuzas, buscando a Lord. Sin embargo, solo James, Peter y Kate recibieron carta ese día. Remus y Lily se concentraron cada uno en su periódico, aunque el chico no parecía prestar atención a las noticias, pues sus ojos no se movían y tenía el ceño levemente fruncido.
Lily abrió el periódico por la página de desaparecidos, pero afortunadamente, a la par que extraño, el día anterior no había ocurrido ninguna tragedia. Todo parecía tranquilo, como esa calma que precede a la tormenta.
Veinte minutos después, Lily, Grace y Remus fueron los primeros en irse a su clase de Aritmancia. Sirius, James, Peter, Kate y Jeff marcharon poco después a Cuidado de Criaturas Mágicas, y Sadie y Gis fueron las últimas en dirigirse a Estudios Muggles.
- ¿Qué te ha pasado antes, Moony? –le preguntó James cuando se dirigían a los terrenos-.
Este negó con la cabeza exasperado.
- En realidad, nada. Es que Rachel cada vez está más harta de estar encerrada, y saca su peor humor conmigo. Me he despertado temprano para estar con ella un rato, ¡pero la señorita tenía que montarme una escenita cuando he dicho que me tenía que ir!
- Hombre Moony, que lleva más de un mes encerrada en la habitación sin poder salir –la defendió Peter-. También tienes que comprenderla.
- Si yo la entiendo –suspiró Remus-. Es solo que con Gis y las chicas todo son sonrisas. Y parece que yo sea el culpable de todo...
James le dio una palmada en el hombro, en señal de apoyo. Fijó su mirada un poco a la izquierda de su amigo, y se sobresaltó al ver a los alumnos de sexto de Ravenclaw dirigirse a Herbología. Se apresuró a esconderse entre Remus y Sirius al distinguir entre ellos a Jane Green.
Estos le miraron extrañados, y luego a la chica, atando cabos. Sirius se rió con una carcajada que consiguió la atención de todos.
- ¿Miedo a la acosadora, Prongs? –preguntó con diversión-.
- Dicen que está furiosa –dijo Peter mirándola de reojo-.
- Lo sé. Suerte que no ha aparecido en el desayuno, porque sino habría montado el espectáculo delante de Lily.
- Me temo que no perderá la oportunidad de decirla algo. Aunque deberías dejarla las cosas claras –dijo Remus mirándole con intención-. No digo hacerla ninguna broma pesada –añadió al ver la sonrisa que compartieron James y Sirius-, pero sí dejarla claro que esto no es asunto suyo.
Sin embargo, antes de que tuvieran tiempo en pensar nada más, la chica ya les había visto y se acercaba rápidamente. James se incorporó, y se decidió a plantarla cara. Se preguntó si necesitaría la varita, pero la mirada de advertencia de Remus le frenó por el momento. Miró a Jane a la cara, quien no mostraba la sonrisa tentadora que siempre le dedicaba, sino que su rostro estaba serio, y algo colorado por la ira.
Sirius tuvo la tentación de reírse de una escena tan absurda. Esa chica no tenía nada que reprocharle a su amigo. Sea lo que sea que habían tenido, había pasado más de un año, y nunca había sido lo bastante serio como para que ella mereciera una explicación porque James se hubiera echado novia. La llegada de Kate a su lado, le interrumpió la burla que estaba a punto de salir de su boca.
- Vamos –le instó su novia cogiéndole del brazo y arrastrándole más adelante-.
Sirius la dedicó una mirada exasperada, por haberle estropeado la diversión, pero la siguió hasta llegar a la pequeña pradera que se extendía antes del bosque, mojada de la lluvia que había caído esa mañana. A su lado, Kate suspiró.
- Bonito día, ¿verdad? –dijo cerrando los ojos, sintiendo como el aire helado la despeinaba sus cortos cabellos-.
Sirius miró, primero los prados recién mojados, después los árboles que se movían por el frío viento, y después a los nubarrones oscuros que se juntaban, amenazando otra lluvia, y pensó que tenía una novia de lo más optimista.
De todas formas, Kate se estaba comportando de una forma muy extraña ese día. Quizá se estuviera volviendo paranoico, pero le había dado la sensación de que esa mañana le había saludado con más emoción de la habitual, y también le parecía verla sonreír más aún de lo normal. Negó con la cabeza, pensando que, seguramente, Kate solo estaba de buen humor por acercarse el fin de semana, y él solo se estaba volviendo loco de tanto ver a James mover su preciada cajita de un escondite a otro.
Más atrás, la sonrisa arrogante de James no había flaqueado en ningún momento, pese a que Jane le miraba como si hubiese cometido un asesinato triple delante de ella. Las amigas de ella, por compasión, miraban con odio a los amigos de James. Remus rodaba los ojos, intentando concentrarse en evitar cualquier locura que fuera a ocurrir, Jeff les miraba estupefacto, sin creerse la escena tan absurda que tenía delante, y Peter parecía encontrarlo todo muy divertido.
- Yo diría que a felicitarte no viene, Prongs –dijo sin molestarse en bajar la voz-.
James se echó a reír, y el ceño de Jane de frunció más. Sin embargo, un segundo después, y para sorpresa de todos, la chica compuso su sonrisa más radiante.
- En realidad te equivocas, Pettigrew –dijo con voz risueña-. Sí que venía a dar mis felicitaciones por la buena nueva. –se volvió hacia James, quien la miraba extrañado-. Siento si pareció lo contrario. La verdad es que he tenido un mal día, y estoy molesta por algo que me ha ocurrido. Pero me alegro mucho, de verdad.
Bajo la mirada estupefacta de sus amigas, se dio la vuelta moviendo a posta su larga melena rubia, y se marchó con dignidad. James y Peter compartieron una mirada de extrañeza, mientras Remus entrecerraba más los ojos.
- ¿Tengo motivos para tener un mal presentimiento? –preguntó James a nadie en particular-.
- Yo diría que es lo más inteligente, Prongs. Ha cambiado demasiado rápido de humor, ¿no crees?
Jeff se encogió de hombros restándole importancia.
- Tampoco podrá hacer nada tan malo, ¿no?
James recordó la noche del baile de Halloween y la amortentia, y nunca había estado menos de acuerdo con Jeff. Jane era el tipo de persona que era una gran amiga y una horrible enemiga.
OO—OO
Adam Potter entró en la mansión que había sido su casa, pasadas las diez de la mañana. Debía realizar un viaje de varios días a Suiza, pero antes había algo que quería hacer allí. Además, así aprovechaba para visitar a su madre, pues la mujer cada vez estaba más paranoica con todas las noticias que iban saliendo en la prensa.
Volvió a cruzar todos los dispositivos de seguridad que había ido colocando su hermano, y cuando la puerta se abrió, vio tras de ella a una pequeña elfina que sonreía con alegría.
- Bienvenido de nuevo, amo Adam –le saludó-.
- Buenos días Kira. –la tendió su abrigo con gesto ausente-. Voy a dejar algunos objetos en mi antigua habitación. Avisa a mi madre que estoy aquí y que iré a verla.
Nada más terminó la frase, la elfina desapareció presta a realizar su mandato con la mayor rapidez posible.
Él subió lentamente hasta la segunda planta, y entró por la tercera puerta a la izquierda. Allí estaba el que había sido su cuarto hasta que se había mudado a su apartamento de Londres. Apenas había cambiado gran cosa desde su adolescencia. Cuando se quedaba alguna noche, procuraba no mover de lugar casi nada.
Se encaminó hacia su escritorio, en el que seguía conservando la fotografía que se hizo con sus amigos al graduarse en Hogwarts, hacía ya más de quince años. Allí había un grupo de siete chicos y chicas sonrientes, y ajenos a su futuro. Algunos, como Dorcas Meadows, habían seguido los mismos pasos que él al unirse a la Orden del Fénix, otros, como Elizabeth Williams habían preferido marcharse al extranjero y alejarse de la guerra, y otros como Jack Heather habían muerto ya a temprana edad, asesinados por defender la magia blanca, porque impedían algún tipo de actividad, o simplemente porque estaban en el lugar y el momento equivocado.
Sin embargo, Adam ignoró esa fotografía, y su mirada se dirigió hacia el último cajón del escritorio. Le abrió y sacó de él todo su contenido. Ese cajón se había roto hacía años, y el fondo se despegaba continuamente. Eso le serviría para lo que necesitaba.
Levantó el tablón, y sacó del bolsillo interior de su túnica un fajo de cartas: las enviadas por su sobrino James desde Hogwarts. Llevaba varios días temiendo por lo que en ellas había escrito el muchacho. Aunque estaba seguro que la caja estaba segura en Hogwarts, no podía evitar sentir que él era mucho más vulnerable. Si, por casualidad, los mortífagos le atrapaban, pretendía que la pista se perdiera con él; pero si leían esas cartas, irían en busca de James. Fue la intención de proteger a su sobrino lo que le llevó a tomar esa medida. Allí no las encontrarían, y aunque le dieran caza, la peligrosa caja y su sobrino se hallarían a salvo de las garras del Lord Oscuro.
Un ruido le sobresaltó cuando acababa de colocar la tabla de nuevo sobre las cartas de James. Al alzar la cabeza, se encontró de frente con su cuñada Dorea. Esta le dedicó una sonrisa cariñosa.
- Hacía tiempo que no te veía por aquí, Adam.
Adam sonrió aliviado, y se puso en pie para darle un beso en la mejilla a su cuñada.
- He estado ocupado. Pero no podía dejar de hacer una visita. ¿Cómo va todo?
Disimuladamente la sacó de la habitación, y juntos fueron caminando por el corredor, lleno de retratos de familiares que los observaban al pasar.
- Bien –suspiró la mujer-. Como siempre, siento que la casa está muy vacía cuando no están los niños. Hoy escribí a James –recordó con una sonrisa-. El muy pícaro solo me ha escrito dos veces desde que se marchó, y Sirius no me ha mandado ni una sola carta. No es que estén obligados, lógicamente. Son jóvenes, y no tienen por qué estar pendientes de una vieja como yo. Lo que tienen que hacer es divertirse, estudiar, jugar mucho quidditch y echarse muchas novias.
Adam se echó a reír.
- Conociéndolos seguro que están disfrutando el curso, Dorea, no lo dudes. Ya sabes que James nunca ha sido muy de escribir si tiene un campo de quidditch disponible.
- Sí, pero bien podría sentarse a escribirme unas líneas cuando lo hace con su padre –le miró de reojo-. Charlus le ha escrito bastante a menudo, y al parecer ha insistido en que le contestara de seguido. Me pregunto por qué le habrá entrado esa manía...
- Bueno, será por como van evolucionando las cosas aquí –dijo Adam algo incómodo. Sabía que su cuñada no era tonta, y había notado el cambio del humor de Charlus desde que este supo que le había hablado a James de la Orden. También era obvio que no sabía nada al respecto, pero sospechaba que él quizás estaba enterado del motivo-. Es lógico que al estar la guerra tan cruda, quiera saber qué va pasando en Hogwarts. Ya sabes, hay hijos de mortífagos allí dentro, y a mi hermano le debe preocupar que James y Sirius busquen pelea con alguno de ellos.
Dorea suspiró más fuerte, mirando una fotografía en la que un James de seis años volaba feliz con su escoba, despeinando a su difunto abuelo al pasar a toda velocidad.
- Eso también me preocupa a mi. Merlín sabe que esos chicos tienen un buen corazón, pero ¡que caracteres más difíciles! Son muy tozudos y les gusta demasiado llamar la atención. Yo también he pensado eso alguna vez.
Adam notó la preocupación en la mirada de Dorea, y se maldijo mentalmente por haber hablado. Puso una mano en su hombro y la obligó a apartar la mirada, cada vez más melancólica, de la fotografía.
- Tranquila cuñada. Por muchos líos que quieran formar, en Hogwarts están a salvo y controlados por los profesores. Por muchas discusiones que tengan, Dumbledore no permitirá que lleguen a más. Y cuando acaben, ya me ha dicho mi hermano que planeáis marcharos. Solo serán unos meses hasta que te los puedas llevar lejos y les protejas hasta de un micropuff como a ti te gustaría –añadió con una risa-.
Sabía que la intención de su hermano y su cuñada por enviar lejos a James y Sirius, se quedaría en la intención, pero no había motivo para que la mujer se angustiara antes de tiempo. Se sintió satisfecho cuando la oyó reír. La mirada de su cuñada había vuelto a ser la de la matriarca protectora de siempre, sin un poco de pena en ella.
- Bueno cuñado, no te entretendré más. Elladora se ha puesto como loca en cuanto ha sabido que habías venido. No la voy a quitar la emoción de reñir a su pequeño por más tiempo.
Adam soltó una risa amarga mientras emprendía el camino a la salita donde estaba su madre. La encontró sentada en un sillón, esperando que Kira la sirviera una taza de té, con una gran túnica de color lavanda, y el porte serio. Chasqueó la lengua pensando en cuanto se parecía Charlus a ella. Él siempre había sido más como su padre.
- No hagas ese gesto, Adam. Te hace una cara muy fea –le dijo como saludo-.
- Yo también me alegro de verte, madre –la respondió con una sonrisa torcida. Caminó hasta ella y se inclinó para besarla la mejilla que ella le ofrecía-.
- Ya era hora que te pasaras por aquí. Más de un mes que no venías –le regañó, mirándole acusadoramente mientras bebía té-. Cualquier día caigo muerta y mi hijo pequeño no se entera hasta saber cuando...
- Me enteraría, madre. Charlus no perdería tiempo para echarme en cara que no estuviera aquí. Ya lo hizo con papá –pegó un bote al recibir un golpe en la rodilla con el bastón que usaba Elladora Potter para tenerse en pie-. Voy a irme a Suiza unos días.
- ¿Para qué? –le preguntó la mujer preocupada-.
- Nada... A un imbécil no se le ha ocurrido otra cosa que usar la magia delante de un estadio lleno de muggles en un partido de fútbol. Han pedido ayuda a todos los gobiernos, pues no tienen personal suficiente. Estaré allí unos días, hasta que los hallamos desmemorizado a todos y nos aseguremos de que no hay ningún cabo suelto.
- ¿Y tienes que ir tú? –preguntó con brusquedad-.
Adam suspiró. Era lo mismo de siempre.
- Es mi trabajo, madre. Solo serán unos días, y te prometo no salir por la noche ni cruzar la calle sin permiso de un adulto –se burló. Se ganó otro golpe-.
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Cuando la hora tocó a su fin, todos los estudiantes se apresuraron a salir de sus clases. Uno de ellos lo hizo sin prisas. Severus Snape esperó a que todos los demás alumnos salieran del aula de Aritmancia, y sacó de nuevo la carta que había recibido esa mañana. Era de Lucius Malfoy. Unos días atrás, se había sorprendido de tener noticias de ese antiguo compañero de casa, pero más se sorprendió al leer por qué le escribía.
Lucius le informaba, de parte del mismísimo Lord Voldemort, que en Navidades sería llevado a su presencia para que realizara un encargo. Se preguntaba qué podría ofrecer un alumno de Hogwarts, entre todos los mortífagos, al Señor de las Tinieblas, y no dudó en escribirle de nuevo a Malfoy para preguntarle al respecto. La respuesta había llegado esa mañana, y había sido breve:
El Señor no tiene por qué dar explicaciones, Severus. Si él te convoca, tú acudes sin rechistar. Aunque, eso sí, asegúrate de tener bien repasados tus conocimientos en pociones.
¿Conocimientos en pociones? Aquello era más extraño aún. Sin embargo, sabía que era la única respuesta que iba a obtener, y le pareció que lo más lógico sería obedecer el consejo de Malfoy. Esa misma tarde iría a la biblioteca a refrescar todo lo que sabía de las pociones.
Tal vez sería buena idea mirar en los libros de la Sección Prohibida. Sin embargo, no sabía cómo obtenerlos. Ninguno de ellos los necesitaba para su trabajo en grupo, y Slughorn tenía muy controlado sobre qué libros necesitaría cada grupo, y no le daría el permiso. Así bien, la única opción sería distraer a Madame Pince para tomar prestado algún libro. Pero, ¿quién sería lo bastante valiente como para atreverse a entretener a la mujer, y lo bastante lento como para no preguntar el por qué?
Una bombilla se encendió en su mente, al darse cuenta de que el hombre indicado le tenía cerca y componía una excusa perfecta. Salió del aula apresurado, dispuesto a alcanzar a sus compañeros que ya estaban entrando en el aula de Encantamientos.
- ¡Mulciber! –llamó a su compañero-. Esta tarde debemos quedar el grupo de pociones...
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A la hora de comer, se fueron reuniendo en el Gran Comedor a medida que salían de clase. La mayoría llegaron de Adivinación con mucho hambre, y no se detuvieron a esperar a que Kate y Lily volvieran de Runas Antiguas.
Las chicas iban caminando lentamente, sin prisas, cuando un grupo de chicas las cortó el paso. Ambas muchachas se miraron extrañadas, pero Lily compuso una mueca al ver a Jane Green delante de ella. Le dirigió a Kate una mirada cansada, y esta sonrió, intentando quitarle hierro a lo que fuera que quisiera hacer la ravenclaw.
La rubia miró a Lily con todo el odio del mundo, y esta simplemente decidió pasar de ella. Continuó andando, procurando pasar de largo, pero Jane la empujó con furia, haciéndola tropezar con sus pies, por lo que estuvo a punto de caerse.
- ¿Se puede saber qué te pasa? –preguntó Lily perdiendo los nervios-.
- Dímelo tú –la contestó la otra chica fríamente-.
Lily miró a Kate y se echó a reír. Su amiga no sabía qué hacer, y se había quedado momentáneamente paralizada de la incredulidad.
- ¿Te estás riendo de mi? –preguntó Jane apretando los dientes-.
- No me reiría de ti si no fueras tan patética –la dijo Lily aun riéndose-. ¿De verdad no te das cuenta que todo el mundo se burla de ti?
- ¡Cállate! ¿No tenías bastante con meterte en medio de mi relación, que además pretendes humillarme?
Aquello le cortó la risa a Lily.
- ¿En qué relación se supone que me he metido? –preguntó con dureza-.
- ¡Ya lo sabes tú bien! ¡Todo iba bien hasta que te metiste en medio! ¿No pudiste seguir pensando que era Bennet quien te había escrito la carta? ¿Tenías que meterte donde no te llamaban?
Lily se quedó un poco sorprendida por la mención de su carta. Sin embargo, enseguida recordó la mañana frente a la biblioteca en que esta se la había caído y Jane la recogió. Seguramente en ese momento reconoció la letra y no dijo nada. ¡Es más! Podía recordar, con la furia creciendo en su interior, que ella misma la había empujado a creer que esa letra era de Mark. Formó dos puños muy apretados en torno a sus libros, mientras sus ojos verdes despedían ira.
- Resulta que este tema me incumbe a mi más que a ti –dijo lentamente, intentando contenerse-. Que te quede claro algo: yo soy la novia de James. Solo yo. Y si vuelvo a verte intentando alguna de tus ridículas estratagemas alrededor suyo, me aseguraré de que te pases el resto del año en las mazmorras limpiando los techos de sesos de ranas. Y me trae sin cuidado que pertenezcas al Club Slug, yo soy la premio anual, y tú ni siquiera eres prefecta.
- Déjala Lily, no tiene cabeza para ello –intervino Kate intentando calmar a la pelirroja, e instándola a seguir adelante, agarrándola del brazo-.
- ¿Qué no tengo cabeza? –exclamó Jane indignada-. Para tu información, tengo la nota media más alta de mi curso. –se calló unos segundos, y miró a Lily mojándose los labios con anticipación, y preparando una sonrisa malintencionada-. Y si no me han informado mal, en los TIMOS superé la puntuación de la prefecta perfecta Lily Evans. Además, antes que con ella, James estuvo conmigo. Muy íntimamente.
Nadie sabe, ni siquiera hoy en día, qué fue lo que más afectó a Lily: si el hecho de que la recordaran que precisamente esa chica había sacado mejor nota que ella en los TIMOS, o que la restregara que antes que con ella, James había tenido una aventura con Jane Green. El único hecho que se sabe, es que apenas había pronunciado la última palabra, Lily saltó sobre ella, agarrándola de donde más la dolía: el pelo.
Olvidándose de la varita, ambas chicas comenzaron una lucha entre tirones de pelo, patadas, y algún que otro mordisco. Kate y las amigas de Jane se echaron hacia atrás asustadas y sorprendidas por esa reacción, algún valiente se atrevió a avanzar hacia ellas para observar la pelea, y varios niños de primer curso salieron corriendo despavoridos mientras gritaban que dos chicas se estaban matando mutuamente en el pasillo de Transformaciones.
Cuando consiguieron separarlas, Jane tenía en sus manos un mechón pelirrojo que la había arrancado a su rival, y Lily sostenía la corbata azul de la rubia con la que la estaba azotando.
- ¡Eres una loca! ¡Estás desequilibrada! –gritaba Jane-. ¡Conseguiré que te quiten la Placa de Premio Anual! ¡Esto no se queda así, te voy a amargar la vida mientras estés en el colegio!
- ¡Bah, cállate ya! –gritó una voz-. ¡Eres como un disco rallado!
Las dos chicas se quedaron de piedra, pues no era Lily quien había hablado, ni tampoco Kate, quien no aparecía por ningún lado, ni ninguno de sus amigos. La voz que había hablado, pertenecía ni más ni menos que a Josh Cambell. El muchacho había observado toda la escena junto a Sarah Anderson (la guardiana del equipo de Gryffindor), su amigo Johny y toda su clase, que acababa de compartir Transformaciones con los Ravenclaws.
Jane se le quedó mirando como si la hubieran golpeado en la cabeza con un bate de quidditch. Que fuera precisamente ese muchacho el que la dijera eso, quien babeaba cada vez que la mirada y tenía una silenciosa y absurda reverencia hacia ella, la sorprendía muchísimo. Sin embargo, Josh la miraba en esa ocasión como nunca la había mirado. Estaba asqueado, harto e incluso enfadado.
- Eres el tipo de persona que se cree que todo gira a tu alrededor, y que tienes derecho a meterte en la vida de las personas siempre que algo no va como tú quieres –la encaró. Jane tenía la boca abierta del asombro. Hasta el momento nunca la había dirigido más de dos palabras seguidas sin tartamudear, ponerse colorado, ni tirar algo-. Y encima siempre has conseguido que la gente te apoye. ¿Crees que porque eres guapa y popular ahora, vas a seguir siéndolo todo la vida? En este curso ya mucha gente se ha reído de ti. Y eso te pasa porque ya no todos se creen tu imagen de triunfadora y niña perfecta. Lo que en verdad eres, es una chica patética que se ha creído demasiado sus logros, y que has olvidado mantener tus pies en el suelo. No sé cómo has conseguido engañar a tanta gente todo este tiempo.
La miraba con incredulidad y desencanto, pues estaba hablando de sí mismo. Sí, tras haber escuchado mil discursos de sus amigos, y ver a esa chica que tanto le gustaba hacer tantas tonterías, lo de ese día había colmado el vaso. Por fin Josh había visto cómo era en realidad Jane, y se sentía avergonzado de haber estado tanto tiempo vislumbrado por una imagen que no existía. Más que con ella, estaba decepcionado consigo mismo, pero si podía aprovechar para darla una lección de humildad, no lo evitaría.
- Sacas buenas notas, pero eso no demuestra que seas inteligente. Caes bien, pero no significa que seas agradable. Y, déjame decirte, que puedes parecer guapa a simple vista, pero cualquiera que te conozca un poco, solo sentirá asco por ti. Haznos un favor a todos, y madura de una vez.
Detrás del chico se oyó un silbido burlesco que conllevó unas risitas por parte del público. Josh conocía lo suficiente a sus amigos para saber que había comenzado Johny, y eso significaba que Sarah no tardaría en intervenir.
- ¡Oh, la princesita destronada! –exclamó su amiga fingiendo pena, y provocando las risas de la gente-.
Jane se había puesto muy colorada, como pocas veces lo había estado en su vida. Delante de ella, a Lily ya no tenían que sujetarla. Había escuchado el discurso de Josh con la boca abierta, y cuando alguien entre el tumulto tiró un frasco de tinta que salpicó a Jane, supo que era su deber detener cualquier humillación, por mucho que ella también disfrutara de ello.
- ¿Qué está pasando ahí?
Antes de que pudiera hablar, oyó la voz de James detrás de ella. Estaba allí todo el grupo, dirigido por Kate que la miró con alivio y se puso al lado de Sirius. Este comenzó a reírse del aspecto de Jane, seguido de Peter. Lily vio que James tuvo el impulso de reírse también, pero se contuvo al ver su gesto, la lanzó una mirada interrogante, y Lily negó con la cabeza. La pelirroja se aclaró la garganta, soltó la corbata de la ravenclaw y compuso toda la expresión de dignidad.
- Venga chicos, aquí no hay nada que ver. Todo el mundo al Comedor, que se os pasa la hora del almuerzo.
La multitud comenzó a dispersarse, y Lily vio como a Jane la ayudaban sus amigas a marcharse. La rubia estaba tan aturdida que no se percató de que pasaba al lado de ella y de James. Lily se acercó a sus amigos con rapidez.
- Vámonos, que tengo hambre –les dijo urgiéndoles a darse la vuelta-.
Kate la miró un momento, como deseando hablar, pero después pareció pensárselo mejor, y tiró de Sirius hacia el Comedor de nuevo. Grace se había hecho una idea aproximada de lo que había ocurrido, y sonrió con picardía a su amiga, indicándola que señas que después se lo debía contar todo. Después siguió a Remus y Gis por el corredor. James se quedó rezagado con Lily, y la pasó un brazo por los hombros.
- ¿Qué ha pasado? Kate llegó corriendo diciendo que Jane te había atacado
La chica soltó una carcajada.
- Más bien al contrario. Dijo un par de cosas hirientes, y yo salté sobre ella dispuesta a arrancarla todo el pelo de la cabeza. No es una actitud muy responsable –añadió con un poco de amargura-.
James se echó a reír.
- Por favor, no me estropees este momento. Llevo siete años esperando verte perder la compostura, y cuando por fin lo haces, te arrepientes casi al momento. ¡Disfruta de esa sensación! –Lily se volvió a reír sin poder evitarlo, e inconscientemente se llevó una mano a la cabeza, donde había una zona adolorida donde Jane la había arrancado varios mechones-. ¿Te ha hecho daño?
Lily negó con la cabeza, rememorando el momento de la humillación de Jane.
- La verdad es que la que peor lo ha pasado ha sido ella. ¿Has escuchado a Josh?
- ¿Era él? –exclamó James completamente sorprendido-. Nunca lo habría adivinado. ¡Mi pupilo se ha hecho mayor! –exclamó fingiéndose emocionado-.
- Creo que se lo pensará mejor, antes de meterse con alguien más –dijo Lily contenta-.
James asintió con la cabeza, pero en su mente ya se formaba una pequeña venganza. Una cosa es que lo hubiera vuelto loco a él durante todo ese tiempo, y otra que se metiera con Lily. Cuando llegaron al Gran Comedor, se sentó junto a Sirius y se inclinó para que Remus y Peter también le oyeran.
- Necesito vuestra ayuda para dejarle claro a esa chica que con mi novia no se mete nadie –dijo con una sonrisa que no auguraba nada bueno-.
- James, no creo que se buena idea fomentar más...
- ¡Ag, Moony no seas aguafiestas! –exclamó Sirius-. ¡Por fin volveremos a hacer algo digno de merodeadores!
Peter casi saltaba en su silla de la emoción.
- ¿Dónde está ahora el miedo a que le quiten al señorito la placa de capitán? –le picó Sirius a su mejor amigo-.
Este rió, perfeccionando su plan.
- Eso se acabó. Con mi novia no se mete nadie. Además, con suerte, ni siquiera nos podrán culpar, Pad.
- ¿Ya tienes un plan? –preguntó Peter emocionado-.
- Sí, Lily me ha dado una idea. Pero hay un pequeño fallo. Necesitaré una chica que esté dispuesta a colaborar en una broma...
No había terminado la frase cuando Peter salió corriendo. Los tres se miraron confundidos, pero enseguida el chico volvió arrastrando a Gisele tras él.
- ¡Peter he dejado un trozo de pastel de melaza a medias! ¡Espero que valga la pena! –le dijo la chica con el ceño levemente fruncido-.
- Gis, tienes que ayudarnos –la pidió el chico-.
Miró a sus amigos, buscando aprobación, y James y Sirius sonrieron. De las chicas, Gisele era la más lanzada en este tipo de cosas.
- Gis, ¿estarías dispuesta a ayudarnos a hacerle a Green una broma pesada?
Una amplia sonrisa se compuso en el rostro de la chica.
- Cuéntame el plan.
- ¡Genial!
- ¿Y tú qué dices, Moony? –preguntó James volviéndose a su amigo que aún estaba indeciso-. Será más difícil sin ti...
Remus suspiró.
- Supongo que no tengo opción. Os debo una.
- Bien, escuchadme. He pensado que...
OO—OO
En un lugar en el que también se disponían a almorzar, era en el hogar de los Mendes. Tomás, recién llegado del Ministerio, estaba recostado en la pared viendo como Cora terminaba de preparar la sopa de calabaza que les haría entrar en calor.
- ¿Qué haces aquí? –preguntó la mujer con una sonrisa-. ¿De repente te han entrado curiosidades culinarias?
Tomás negó con la cabeza con una risa apagada. Cora le miró extrañada, pero no volvió a preguntarle. Llevaba varios días igual de taciturno, y pese a que le había preguntado varias veces, no había conseguido saber qué ocurría. Al final, había llegado a la conclusión de que había algún problema en el trabajo que le preocupaba a su esposo.
Sin embargo, el problema que atormentaba a Tomás no tenía nada que ver con su trabajo. Desde que había sabido el verdadero contenido de las cajas, no podía parar de preguntarse si debía informar a Cora sería la correcto. Sabía cómo reaccionaría su esposa: le pediría que hablara con Dumbledore sobre si podría haber otra persona que se encargara de su pequeña y peligrosa caja marrón. Sería lo que tendría que hacer. Desde luego, Tomás tenía demasiados problemas, familiares y económicos, como para agregarle algo tan peligroso, pero no se sentía capaz de renunciar a esa misión. Lo consideraba cobardía.
También se sentía halagado porque Dumbledore hubiera pensado en él. Eso demostraba que le tenía confianza. Sin embargo, no podía dejar de pensar en qué había pensado para pedirle eso, de la misma forma que se lo había pedido a Andrea. Ethan y Adam no tenían tantos riesgos como ellos. Eran hombres que estaban solteros, sin estar atados a ninguna familia, como sí les ocurría a Andrea y a él. El riesgo era mayor para ellos, pues arriesgaban a más personas.
Sabía que el cuidado de esas cajas era vital, pero, ¿de verdad ellos eran los más indicados?
- Has salido en El Profeta –le comunicó su esposa con una sonrisa-.
- ¿Cómo?
Se alejó de la cocina, dejando que la cuchara siguiera dando vueltas sola y el salero controlara por sí solo la cantidad de sal necesaria. Tomó de la encimera el periódico El Profeta que estaba doblado, y buscó en varias páginas. Cuando encontró la que buscaba, se lo tendió a Tomás.
En la página, había un pequeño recuadro a la izquierda, con la foto de una pequeña casa con la carabela que era símbolo de Lord Voldemort sobre ella. El titula rezaba:
"El Ministerio de Magia evita una catástrofe".
Tomás lo tomó con cuidado, dispuesto a leer la pequeña noticia.
El pasado martes por la noche, el Departamento de Seguridad Mágica del Ministerio evito lo que podía haber sido otra matanza de Quién-Ustedes-Saben y sus seguidores. Hacia las once de la noche, sonó en el departamento la alarma de que en la casa de la familia Esposito habían realizado una maldición imperdonable. Inmediatamente, el departamento envió a dos de sus mejores hombres: Alec Stone y Tomás Mendes.
Cuando los dos trabajadores llegaron a la vivienda, se encontraron a dos mortífagos usando la maldición cruciatus al cabeza de familia: Giancarlo Esposito. Con una rápida intervención, desarmaron a uno de los mortífagos, y liberaron al hombre. Pese a que ambos mortífagos escaparon, la familia ha querido expresar su agradecimiento por la rápida intervención de los miembros del departamento de Seguridad Mágica.
Esta familia es conocida por ser los dueños de la famosa tienda "El Emporio de la lechuza". Si los mortífagos han llegado al punto de atacar a unos ciudadanos tan pacíficos como los Esposito, solo nos queda preguntar: ¿Tendrán un límite en algún momento?
Tomás chasqueó la lengua. El Profeta no sería El Profeta sino acabaran sus artículos de modo sensacionalista.
- Parece que solo quieran provocar el pánico...
Cora le quitó el periódico de las manos y se inclinó para darle un suave beso.
- Lo único que importa aquí, es que hay una familia que sigue con vida, y gracias a ti –le dijo con orgullo-.
Tomás sonrió levemente. Quizá no debía cuestionar a Dumbledore, pues él mismo se sentía muy capaz de cualquier cosa, siempre y cuando contara con el apoyo de su familia.
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Ajena a la proeza realizada por su padre, Gisele volvió a sentarse junto a Kate con una sonrisa en la boca. ¡Iba a participar en una de las famosas bromas merodeadoras! Pero se percató de que, a su lado, Kate no se veía tan feliz.
- ¿Qué te pasa? –preguntó-.
Kate bufó, mirando hacia donde los cuatro amigos estaban hablando inclinados los unos junto a los otros.
- ¿Crees que se ha olvidado de nuestro aniversario? –la preguntó con inseguridad-. En todo el día ha dado muestras de acordarse...
- Quizá esté haciendo como tú, y te esté preparando una sorpresa -dijo esta encogiéndose de hombros-.
Kate no dijo nada pero se puso a remover la comida del plato. Sin duda, no creía que Sirius estuviera planeando nada.
- Es una posibilidad –corroboró Grace para animar a su amiga-.
Kate negó con la cabeza.
- Sirius no es precisamente romántico –dijo-.
- Por eso sería una sorpresa –insistió Gis-.
- Quizá tenga algo preparado para esta tarde... –comentó Lily-.
- Eso sí que me lo creo –intervino Grace-. Con tal de librarse de una tarde en la biblioteca, este se vuelve romántico y todo.
- ¿Qué Black piensa librarse otra vez de buscar información? –intervino Sadie que había estado escuchando la conversación-. ¡Esto ya está llegando a un límite! No voy a estar trabajando para que él se lleve los méritos.
- Tranquila Sadie –la dijo Kate-. Esta tarde os lo lleváis a la biblioteca, quiera o no. Así a mi me da tiempo a preparar la sorpresa. Claro que, como no se acuerde, voy a quedar como una imbécil...
En ese momento sintió que alguien la abrazaba por la espalda, y se sobresaltó. Sin embargo, era Sirius quien apoyó su cabeza en el hombro.
- A la noche quedamos, ¿eh? No creas que me he olvidado –la susurró al oído-.
Al oír eso, Kate compuso una amplia sonrisa. No se había olvidado, y también tenía una sorpresa para ella. Grace se aclaró la garganta, acabando con el idílico momento.
- Me parece muy bonito, pero hasta las siete no te vas a mover de la biblioteca –le recordó-.
Sirius puso cara de fastidio al recordar eso.
- Tú mismo lo retrasaste para hoy, así que no te quejes –le dijo Sadie-.
El chico suspiró exasperado, pero no las llevó la contraria. Las pocas veces que esas dos se ponían de acuerdo, lo mejor que se podía hacer era asentir y darlas la razón.
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Al finalizar las clases, Severus caminaba hacia la biblioteca con un aburrido Mulciber a su lado.
- Bien. Entonces, ¿te ha quedado claro lo que debes hacer? –insistió por cuarta vez-.
- Me ha quedado clarísimo, Severus –respondió el otro cansado-. Tengo que entretener a la vieja hasta que tú me avises. Ahora, vamos para allá, que contra antes lleguemos, antes podré meterle un poco de miedo al imbécil de Pettigrew.
Severus rodó los ojos. Inútiles. Le habían rodeado de inútiles. Evidentemente, para pasar desapercibidos había tenido que convocar a Mary y Pettigrew para el trabajo. Como el Gryffindor era tan imbécil como Mulciber, no habían tenido más que decirle la hora en la que quedaban en la biblioteca. De hecho, era Mary quien lo había hecho, pues él se acercaba a ese grupo lo menos posible, y no se iba a arriesgar a enviar a Mulciber para que ocasionara problemas. Lo imprescindible ese día era pasar desapercibidos.
Mary había supuesto más problemas. Al ser la única con un poco de cerebro en ese grupo, la chica controlaba perfectamente el trabajo que habían hecho, prácticamente Severus y ella solos, y sabía que la parte de investigación estaba terminada. Por eso, tras muchos intentos de convencerla de lo contrario, Severus se había visto obligado a contarle el verdadero motivo.
Aunque la chica no había formado parte del grupo que se inició en Hogsmeade, su familia estaba muy involucrada con el señor Oscuro, y sabía perfectamente quienes habían sido los nuevos mortífagos. Por alguna razón, Severus creyó que podía confiar en ella en ese caso. No se equivocó. En cuanto Mary oyó quien le había encomendado prepararse, su rostro se enserió, y se apresuró a asegurarle que ella distraería a Pettigrew y se aseguraría de que Mulciber hacia bien su trabajo.
Llegaron a la biblioteca, donde ya estaban esperándoles los otros dos, y se pusieron con la pantomima del trabajo. Severus decidió esperar un poco hasta entrar en operación, y parecía que Mulciber se había olvidado ya, pues no hacía más que recitar lo bien que sabía realizar la maldición cruciatus, y las ganas que tenía de probarla en alguien. Cuanto más temblaba Peter, más lo repetía, y Severus le dio por imposible. Fingiendo leer, Mary estaba pendiente de sus movimientos, y los dos intercambiaron una mirada, en la que Severus indicó que esperaría un poco. La expresión de Mary era inescrutable.
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En ese lugar, también entraron Sirius y Grace, que venían de la Sala Común. El primero ya había empezado a bufar desde que había comenzado a sentir el silencio de la sala, y no daba muestras de dar una tarde fácil a su compañera. A Grace solo la quedaba esperar a que Sadie, quien había desaparecido después de clases, no tardara mucho.
- Mira rubia, hagamos un trato. Yo no quiero estar aquí, y tú no quieres estar aquí. ¿Por qué no nos vamos y le damos platón a la rara? –Grace le dedicó una mirada de advertencia, que Sirius ignoró para volver a intentar convencerla-. Venga, si aceptas te invito a un helado en Hogsmeade.
Grace casi cae en la trampa. La encantaba ir a Hogsmeade cuando no había salida, pero hacía más de dos años que no iba. Durante el breve tiempo que estuvieron saliendo juntos, Sirius la llevó varias veces a Hogsmeade, usando varios pasadizos. El que más usaban era el de la bruja tuerta, pero por muchas veces que Grace estuvo frente a ella posteriormente, nunca supo cómo conseguía Sirius abrir la joroba.
Negó con la cabeza, tanto para ella como para Sirius.
- Te toca pringar, quieras o no.
- Venga –insistió Sirius con una sonrisa tentadora-. También te acompaño de compras...
¡Que capullo! Sí que la conocía bien. Grace se mordió el labio mientras fingía mirar las estanterías. "El trabajo, Grace, concéntrate. Además, aún no es tiempo de Rebajas" pensaba para sí misma. Tenía que cambiar de tema rápidamente, porque como Sirius nombrara Honeydukes, estaba perdida.
- ¿Tú no tienes nada importante que hacer después de que acabemos aquí? –eso le haría olvidarse de su propósito, y ya de paso le echaba un cable a Kate, por si el muy zopenco no había pensado nada bueno-. Me refiero a con Kate, ya sabes.
Aunque al principio no había entendido, Sirius asintió con comprensión, y esbozó una amplia sonrisa.
- Claro que tengo un plan genial, pero eso hasta la noche nada. ¿Qué pasa? ¿Quieres apuntarte?
Nunca había conocido a nadie que tuviera menos idea de romanticismo. En ese momento, Grace agradeció más que nunca que su relación no durara más que unos meses, porque Sirius no tenía ni idea de cómo celebrar un aniversario. ¿Invitar a una amiga de la novia que, además, era su ex novia? Ya de paso, podían invitar también a Filch... Pensó que quizás era una de esas bromas raras que ella no entendía, y trató de parecer divertida.
- No creo que yo pinte mucho ahí, la verdad.
- Si quieres, a ti te llevo otro día –propuso Sirius encogiéndose de hombros-.
Grace se preguntó si estaban hablando del mismo tema.
- Esto...
- ¡Anda! Así que aquí ha venido Wormtail. ¡Mírale! –la interrumpió Sirius cuando vio a Peter sentado unas mesas más allá-.
Cuando el muchacho le vio, le lanzó una mirada tan cargada de terror que Sirius se envaró, mirando con odio a Mulciber que se reía de algo que él no llegaba a escuchar. Comenzó a andar hacia la mesa, dispuesto a iniciar una pelea porque hubiera asustado a Peter, pero Grace le agarró del brazo.
- Peter se puede cuidar solito –le dijo exasperada-. Vamos. Mientras llega Williams, vamos a buscar los libros, que siempre perdemos mucho tiempo con eso.
OO—OO
Sadie estaba en el mismo lugar de siempre. Ya era costumbre que por las tardes se encontrara con Regulus y se pusieran a hablar un poco de todo. Estaban tumbados sobre los bancos de piedra, observando como las nubes se iban juntando sobre el castillo, y de un momento a otro descargarían una furiosa lluvia sobre ellos. Sadie había olvidado la hora, pues, aunque no hablaban, llevaba rato pensando en que había algo que la gustaría preguntarle a Regulus.
- Suéltalo ya –dijo Regulus perezosamente-.
Sadie se le quedó mirando con las cejas alzadas.
- ¿Cómo sabías que quería preguntarte algo?
- Es bueno aprender los gestos de las personas -dijo encogiéndose de hombros-. Basta con una lectura corporal, y te ahorras el engorro de la Legeremancia. Tú frunces el ceño y haces un movimiento raro con la boca cuando te estás callando algo que no quieres.
Sadie casi sonrió. Era agradable tener un amigo que la hubiera llegado a conocer tan bien. Casi era como tener a Emil con ella de nuevo. En esos momentos no alcanzaba a comprender por qué había sentido tanta antipatía hacia Regulus en un primer momento.
- ¿Y bien? –la urgió él-.
- Vale, pero no te enfades –suspiró-. Lo que pasa es que he estado pensando en ti.
- Me parece lógico –respondió Regulus con tono petulante-.
Sadie le dio un golpe en el brazo y Regulus se rió.
- Cuando haces ese tipo de comentarios, te pareces mucho a tu hermano –le dijo-.
Regulus se puso serio de repente.
- Yo no tengo ningún hermano –alegó-.
Sadie rodó los ojos. Eso era una batalla perdida. Cuando salía el nombre de Sirius en la conversación, Regulus medía mucho las palabras, y siempre le llamaba por su nombre. Nunca utilizaba la expresión "hermano", porque él aseguraba que era hijo único. Sadie nunca se había molestado en llevarle la contraria.
- Bueno, lo que te decía. Que he estado pensando en ti.
- Pero, ¿en qué sentido? –preguntó Regulus aún bromeando-.
- En que hay algo en que no te consigo comprender. –Regulus no habló, y Sadie lo tomó como un aliento para que siguiera-. Respóndeme a algo: ¿Tú nunca has tenido sueños?
- Bueno –contestó él algo confuso-. Sí, supongo. Pero de la mayoría no me acuerdo. A veces, cuando son muy intensos, sí me acuerdo al despertarme, pero...
- Me refiero a sueños, a ilusiones, expectativas. ¿Nunca te imaginaste qué querías ser de mayor?
Regulus asintió comprendiendo. Se quedó unos segundos en silencio, y después se encogió de hombros.
- No lo sé, la verdad.
- ¿No lo sabes?
- Nunca me lo he planteado.
- Mentira. De pequeños, siempre soñamos con algo.
- ¿Tú soñabas con ser bailarina? –la preguntó burlándose-.
- Igual que tú con ser camarero del Salón de Madame Puddipié –le respondió-.
Regulus la hizo un gesto con el que la indicaba que la concedía un tanto. Después, la miró interrogante, y Sadie bufó.
- De pequeña quería domar dragones.
- ¿Por qué no me extraña? –exclamó Regulus riendo-. ¿Y ahora? ¿Cuáles son tus sueños, Williams?
Se lo estaba pasando bomba y encima la intentaba desviar del tema. Una sonrisa maligna se estampó en el rostro de Sadie. Ese juego también le conocía ella.
- Hace años que quiero ser como mi padre. Es la persona que más admiro en el mundo.
- ¿Y a qué se dedica? –preguntó con curiosidad. Se habían contado todo tipo de cosas, pero una de las cosas sobre las que Sadie no había abierto la boca, era su padre, y eso le provocaba una gran curiosidad-.
Sin embargo, Sadie no picó.
- ¿Tú qué querías ser? Vamos, sé que había algo –insistió-.
Regulus suspiró, rindiéndose. Miró hacia el cielo encapotado. Ya había comenzado a llover.
- Cuando era muy pequeño... bueno, quería ser lo que fuera mi... ehm, Sirius. Ya sabes, uno es pequeño y se deja influenciar enseguida.
- ¿Qué quería ser Sirius?
- Auror. Decía que eran los más divertidos y valientes. Nos pasábamos las tardes fingiendo que éramos aurores y nos deteníamos el uno al otro. Pero, mi madre nos descubrió una tarde, y le dio una buen tunda a Sirius por meterme cosas raras en la cabeza. Después me explicó lo que en verdad era un auror, y yo supe que jamás volvería a desear convertirme en eso. Él sigue con esas ideas absurdas en la cabeza.
Sadie dejó pasar ese tema. No era esa la respuesta que buscaba.
- ¿Y ahora?
- Ahora ya estoy haciendo lo que quiero –respondió él con seguridad-.
- ¿El qué?
Regulus se movió un poco la manga izquierda, y dejó entrever la Marca Tenebrosa. No tenía motivos para ocultarla, pues Sadie sabía que la tenía, y también sabía por qué la tenía.
Sadie no le comprendió.
- ¿Me estás diciendo que tu sueño es ser mortífago?
Regulus percibió la incredulidad en su voz, y se volvió hacia ella extrañado.
- ¿Qué tiene de malo? Es una labor para el mundo...
Sadie no pretendía dar su opinión al respecto.
- Pero... haber, escúchame. Los mortífagos son mercenarios. Con ello me refiero a que están... estáis –corrigió-. Preparados para la batalla. Pero, ¿qué pasará cuando se acabe la guerra, cuando ganéis y ya no tengáis que luchar? Esto solo dura un tiempo, no toda la vida...
Regulus se quedó momentáneamente en blanco.
- La verdad, nunca me lo había planteado así –admitió confuso-.
Sadie negó levemente con la cabeza, sin que Regulus lo percibiera. Algo no iba bien con Regulus, era evidente. Pero lo que la llamaba la atención, es por qué le preocupaba tanto la falta de interés de su amigo por su futuro.
OO—OO
- ¿Qué estáis haciendo? –preguntó Lily cuando descubrió a Remus y James hablando en voz muy baja y manejando varios ingredientes-.
Los dos amigos estaban encerrados en la habitación del Premio Anual, preparando la poción con la que le jugarían una mala pasada a Jane esa misma noche. En primer momento se iban a reunir el grupo entero, pero habían ido perdiendo a sus integrantes por el camino. El primero fue Peter, quien fue abordado por Mary a la salida del Comedor, diciéndole que debían pasar la tarde en la biblioteca por el trabajo.
Después de la clase de Historia de la Magia, Kate se había llevado a Gisele alegando que la necesitaba para preparar algo con urgencia. Después, aunque había intentado escabullirse, Sirius había sido secuestrado por Grace cuando los tres abandonaron la Torre Gryffindor.
James por fin había conseguido que Remus se entusiasmara con el plan. De hecho, solo había necesitado explicarle los detalles y repetirle una vez más que ella era la favorita del profesor Slughorn. A esas alturas de curso, Remus ya había perdido la cuenta de las veces que había fallado en pociones. Ni Merlín sabía cómo era posible que ese muchacho hubiera aprobado el TIMO... ¡Ah, sí! Fue gracias a Lily.
El caso es que Remus se había tomado la misión como una forma de demostrar que él también podía hacer buenas pociones sino tenía a nadie presionándolo ni recordándole cuantos compañeros lo hacían mejor. Siempre le había molestado que el profesor no hubiera tomado en cuenta nunca su esfuerzo, y les hiciera la pelota a James y a Sirius constantemente.
Lily seguía delante de ellos, mirándoles con las manos sobre las caderas.
- ¡Pues probar cosas para el trabajo, Lily! ¿Qué, sino? –la contestó James con alegría mientras cubría, disimuladamente, los ingredientes con su cuerpo-.
Lily le miró frunciendo el ceño.
- ¿Y por qué lo hacíais sin mi?
- No queríamos molestarte Lily. Parecías muy entretenida con la redacción de historia –intervino Remus-.
La pelirroja se percató de que su amigo no la había mirado a los ojos, y avanzó un paso para descubrir lo que se traían entre manos.
- Para preparar el Felix Felicis no son necesarios los escarabajos negros –dijo con una sonrisa muy parecida a la que ponía McGonagall cuando les pillaba en una travesura-.
Remus y James intercambiaron una rápida mirada. La mente de James comenzó a trabajar a toda prisa. No sabía cómo, pero conseguiría engañar a Lily. Jane no se iba a librar de esa. Se levantó y caminó hasta su novia, improvisando.
- Tienes razón. No estamos preparando ninguna poción. He sacado los ingredientes para que lo pareciera, y no te dieras cuenta de que estaba hablando con Remus.
- ¿Hablando de qué? –preguntó Lily con suspicacia-.
James suspiró.
- Está bien. Te lo contaré. Sabía que no podía ocultártelo mucho tiempo...
Al menos la había distraído. Ahora quedaba inventarse algo que contarla, y tenía que ser convincente porque Lily se había olvidado completamente de los ingredientes repartidos por la cama, y le miraba seriamente.
- Pero lo mejor será que hablemos a solas. No te ofendas Remus, son cosas de pareja. –dijo dirigiéndose a su amigo, que captó la indirecta a la primera-.
- ¡Oh, claro! Te guardaré todo esto en su sitio.
- Vamos abajo Lily, esto es importante.
Se estaba poniendo demasiado melodramático, y Lily parecía asustarse. Si ahora le iba con una tontería después de todo el numerito, la pelirroja era capaz de romperle su escoba. Hasta que estuvieron sentados en el sofá de la Sala Común y Lily le cogió la mano para animarle a abrirse, no se le ocurrió nada suficientemente bueno. Sin embargo, eso sí que valía. De todas formas pensaba contárselo algún día. Si los chicos lo habían sabido, ella también tenía derecho. Aspiró hondo y lanzó una rápida mirada hacia arriba de la escalera, donde Remus se había dispuesto a empezar la poción.
- Verás Lily. Ahora que salimos juntos, no quiero ocultarte nada importante –la dijo con seriedad. Lily estaba tan pendiente de sus palabras, que no parecía escuchar los ruidos que hacía Remus arriba con los calderos-.
- Pues cuéntame.
- Vale. -¿Por dónde empezaría?-. Tú sabes que mi tío es desmemorizador, ¿no?
Lily asintió. James la había hablado varias veces de él.
- Bueno, pues aparte de eso, él pertenece a una asociación secreta, fundada por Dumbledore –notó como la atención de su novia crecía al oír el nombre del director-. La creó hace años, tras enfrentarse por primera vez a Quién-Tú-Sabes.
- ¿Luchan contra él? –preguntó Lily emocionada-.
- Sí. Son la mayor resistencia a parte del Ministerio. Está formado por muchas personas independientes, que luchan de modo altruista. Mi tío está entre ellos. Se hacen llamar La Orden del Fénix.
- ¡Eso es fantástico! –exclamó Lily-.
James frunció un poco el ceño. No esperaba que Lily se tomara con tanta alegría esa información.
- Bueno, pues hace unas semanas le encomendaron una misión a mi tío, ¿sabes?
- ¿Qué tipo de misión?
Comenzaba a molestarle la emoción impresa en la voz de Lily. Había querido distraerla, no hacer que sintiera esa emoción. Le daba la sensación de que lo siguiente que le preguntaría era qué había que hacer para ingresar en esa asociación.
- Verás, es complicado. Dumbledore le dio una caja, y le pidió que la mantuviera oculta, y a salvo de todo.
- ¿Una caja? –a Lily la brillaban los ojos-. ¿Y qué contiene?
- No lo sé –admitió con franqueza, encogiéndose de hombros-. Una de las pocas cosas que le dijo fue que nunca, bajo ningún concepto, debía abrirla.
Lily se quedó con la boca abierta, y apartó su mirada de la de James. Parecía estar esforzándose en imaginarse qué podría haber dentro. Después cayó en algo, y le miró frunciendo el ceño.
- ¿Qué tiene que ver eso contigo?
Era evidente que había vuelto a sospechar de él. James se levantó, se dirigió hacia la chimenea, y sacó de la pared de encima un ladrillo que había quedado suelto. De dentro del hueco, sacó una pequeña caja verde. Lily abrió los ojos como platos al verla.
- ¿Es... esa? –preguntó con un hilo de voz-.
James asintió con la cabeza, y volvió a sentarse a su lado, con la caja entre las manos. Lily alargó una mano lentamente, y tocó la tapa de la caja con cautela. Estaba cubierta con una fina capa de polvo, y había extraños dibujos con distintos tonos de verde. En una esquina, también parecía que había algo escrito, pero la letra no era legible, y no estaba escrito en inglés, por lo que ninguno lo entendió.
- ¿Por qué la tienes tú?
- Mi tío no sabía bien dónde esconderla, así que me la envió. Considera que Hogwarts es el lugar más seguro del mundo.
Lily miraba la caja con atención, como si pudiera traspasar la tapa con sus profundos ojos verdes.
- ¿Y no sabes nada más de la caja?
- Solo que mi tío tiene que asegurarse de que no la encuentra ningún mortífago. Me la envió para que la guardara aquí.
- Claro... Hogwarts es inmarcable...
- ¿Qué? –preguntó James confuso-.
- Inmarcable. Si escondes algo en este castillo, nunca podrán rastrearlo. Hay muchos lugares en el mundo mágico que lo son: Hogwarts, Gringotts, El Ministerio...
James la miró confuso. No era extraño que Lily supiera todo eso, pues era una enciclopedia andante, pero se pregunta cómo es que él no había sabido nunca ese detalle de Hogwarts. Lily le miró divertida.
- Deberías leer "La Historia de Hogwarts", en serio. No sé por qué la mayoría de los alumnos no lo leen, debería estar obligado...
James se echó a reír. Se imaginaba los problemas que se causarían si pusieran como lectura obligada ese libraco de 5000 páginas. Lily pegó un salto emocionado, y se sentó sobre una pierna, inclinándose hacia delante con alegría. Parecía una niña pequeña, y más aún cuando hizo ese puchero.
- Cuéntame más de la Orden del Fénix.
James suspiró. Había abierto la caja de Pandora. Echó otro vistazo arriba, y dio gracias a que Lily estuviera de espaldas a las escaleras. Un humo verde con aspecto tóxico bajaba por ellas. Se decidió a distraerla, pensando que si había problemas, Remus pediría ayuda. Lo peor que pudiera pasar, es que se quedara sin habitación. Se acomodó en el sofá y se dispuso a contarla todo lo que sabía de la Orden.
OO—OO
A la tercera patada que Snape le dio bajo la mesa, Mulciber captó el mensaje. Le lanzó una mirada envenenada, como si considerara que su misión era absurda, pero se encaminó hacia la mesa de Madame Pince.
Con la delicadeza que le caracterizaba, tiró al suelo todos los papeles de la bibliotecaria, haciendo que la mujer estallara en un ataque de nervios, e intentara echarle del lugar. Sin embargo, este rehusaba a marcharse, pues alegaba que quería ayudarla a recoger, aunque lo que más hacía, era reírse abiertamente de la mujer.
Snape suspiró. Tampoco esperaba algo mucho más inteligente, pero Mulciber cada día le sorprendía más. Se preguntaba qué clase de misiones le encomendarían cuando estuviera en activo, porque alguien como él llamaba la atención a treinta kilómetros de distancia. Tenía que habérselo pedido a Mary, ella era más discreta y daba el pego, pero necesitaba que alguien vigilara a Pettigrew, y Mulciber no era una opción.
Esperó unos segundos más, fingiendo junto con su compañera que no oía nada, mientras en la biblioteca todos estaban pendientes del revuelo, y Pettigrew los miraba con los ojos como platos. El muy imbécil no se estaba enterando de nada. Cuando no fue tan evidente, se levantó con un libro y se internó en las estanterías, como si lo fuera a poner en su lugar.
Se fue acercando poco a poco a la Sección Prohibida, miró hacia atrás, y vio que desde ese lugar pocos podían verle, y los que no estaban ocupados viendo la escena lo estaban enterrando sus cabezas en los libros y tapándose las orejas, buscando concentración. Con una sonrisa, se introdujo dentro de la sección, dispuesto a llegar a los dos libros de pociones prohibidas que había consultado varias veces.
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En la misma biblioteca, poco antes, Grace y Sirius estaban que fumaban en pipa.
- ¿Para esto hemos venido? ¿Para que nos de plantón? –bufaba Sirius en voz baja-. ¡No pienso hacer el trabajo de ella!
Grace se mordía los carrillos con enfado. Ella estaba tan ofendida como Sirius por la ausencia de Sadie. ¿Dónde diablos estaba esa niñata? Ya llevaba tres cuartos de hora de retraso, y si seguían así, acabarían pasándose el sábado en la biblioteca. Sin embargo, el orgullo la impedía darle la razón al chico. Fingiendo indiferencia, se encogió de hombros y murmuró:
- Seguro que tiene un buen motivo. Sigue buscando en el libro.
- Déjame decirte que como actriz no tienes futuro –la reprochó este-. Estás tan mosqueada como yo, así que no finjas que te da igual.
- ¿Y tú qué sabes?
Sirius se señaló la mejilla con una sonrisa burlona.
- Seguro que tienes los carrillos en carne viva. Se te ve desde la otra punta.
Grace bufó, sin mirarle. Un silencio inusual se estableció entre ellos. Apenas duró medio minuto, pues la rubia estalló.
- ¡Vale, está bien! Esta tía, ¿qué se cree? –ignoró la sonrisa burlona de Sirius, e intentó inspirar hondo como la había enseñado Lily-. Mira, no quiero pasar mañana todo el día aquí, así que vamos a adelantar algo, por favor.
Los argumentos eran buenos. Sirius tampoco quería pasarse todo el sábado en la biblioteca, así que suspiró ruidosamente, y se rindió. Ambos se volvieron a concentrar cada uno en sus libros.
Dos minutos después, un estruendo los sobresaltó a todos. Cuando levantaron la vista, vieron a Madame Pince gritándole a Mulciber, lo que divirtió mucho a Sirius. Al parecer este la había desordenado, sin querer, todo el papeleo de la bibliotecaria, y esta, lógicamente había estallado.
Junto con los demás, se tiraron varios minutos observando la escena, aunque Grace intentó volver a concentrar sin éxito, pues el ruido era ensordecedor. Molesta, se levantó y se encaminó hasta las estanterías. Buscó un libro en concreto, "La solución del Wiggenweld". No era exactamente sobre el Filtro de los Muertos, pero quizá tenían algo de información.
Lo encontró en la última fila de la estantería, donde no llegaba. Se maldijo interiormente, pero rehusó a pedirle ayuda a Sirius, que seguía riéndose observando a Madame Pince y Mulciber. Vislumbró una pequeña escalera, y la abrió para poder utilizarla.
- ¡Eh, rubia! ¿Estás loca? Esto cojea –la dijo Sirius levantándose y yendo hacia ella-.
- ¿Te has cansado de reírte? –le contestó cortante-. Entonces sujétala mientras cojo el libro, anda.
Sirius estabilizó con sus manos la escalera, y Grace se subió encima de ella. Tuvo que llegar hasta el último escalón, porque aunque ella presumía de ser bastante alta, la estantería llegaba hasta el techo. La escalera se tambaleó, pero Sirius la volvió a estabilizar.
- Date prisa, que esto me pone nervioso –la urgió-.
Sirius siempre fue un chico inquieto. Cuando era pequeño, su atención se dirigía con facilidad hacia diferentes cosas a la vez, y le costaba concentrarse en algo. Por eso no es de extrañar, que de un momento a otro olvidara que de él dependía el equilibrio de Grace. Y más aún, cuando vio a Severus Snape colándose sin permiso en la Sección Prohibida.
- ¿Qué está haciendo? –preguntó con confusión en voz alta-.
Inconscientemente dio un paso hacia él, soltando la escalera, cuando el grito de Grace le llegó entre los de Madame Pince y Mulciber. Se dio la vuelta y alzó los brazos lo más rápido que puedo, pero la escalera cayó golpeándole en la rodilla, y haciéndole doblarse en dos. En la conmoción, sintió a Grace abrazarse a su cabeza, y él la intentó coger del único lugar que tenía a mano: sus tobillos.
De este forma, Grace no pudo conservar el equilibrio más de dos segundos, en los que vio a cámara lenta cómo se caía, y arrastraba a Sirius con ella. El golpe se lo llevó en el hombro derecho, y fue doloroso, mientras que su cadera izquierda tuvo que aguantar todo el peso de Sirius cuando este cayó a plomo sobre ella.
Afortunadamente, había demasiado ruido en la biblioteca, y pocos se percataron de su accidente. Aún sintiendo que se había aplastado el hombro, Grace comenzó a golpear a Sirius en la cabeza con rabia.
- ¡¿Eres imbécil?! ¡Te dije que sujetaras! ¡Me podías haber matado! ¡Eres un inútil, Sirius!
Este no trató de defenderse, sino que se agarró con fuerza la rodilla adolorida. Grace, más enfadada todavía, siguió gritándole hasta que la cayó poniendo una mano en su boca.
- Lo siento, pero mira a Snape. Se ha colado en la Sección Prohibida sin permiso. ¿Qué crees que estará buscando?
Esquivó un mordisco de parte de Grace, y apartó la mano. Ella le fulminó con la mirada.
- ¿Y a mi que me...?
Pero también había pasado su vista a Snape, que estaba consultando un libro y miraba a su alrededor, asegurándose de que nadie le observara. Era una posición demasiado claro. Grace se calló, y se quedó observándole también.
- ¿Qué está haciendo? –susurró cuando le vio arrancar una hoja del libro-.
- ¿Qué estará tramando ahora, Quejicus? –se preguntó Sirius a sí mismo-.
- ¿Crees que debamos avisar?
Ambos dirigieron una mirada a la enfurecida Madame Pince, e intercambiaron una mirada. Mejor no, pensaron. Cerca de ellos, alguien se aclaró la garganta, y Grace de repente sintió la molestia de su cadera.
- Ehm... ¿Sirius? –le llamó. Su compañero aún la estaba mirando pero parecía tener la cabeza en otro sitio-. ¿Te quitas de encima?
El chico se apartó haciendo un gesto de dolor, y se quedó mirando a la Sección Prohibida. Snape se había adentrado más, y ya no le veía desde allí.
- Me pregunto qué querrá hacer...
- Me parece que escuché a Peter decir que querían buscar en los libros de magia oscura, por si había más información. Quizá se trate de eso.
- ¿Y tú cuando consulta un libro arrancas páginas? –preguntó Sirius suspicazmente-.
Grace se limitó a encogerse de hombros, pero se arrepintió cuando sintió un pinchazo.
- Oye, ¿qué te parece si lo dejamos por hoy? Creo que lo mejor es que vaya a la enfermería, antes de que esto vaya a más y James me mate.
- Tienes razón. Porque después me matará a mi por dejarte caer.
Con más prisa que cuando entraron, recogieron todas sus cosas y salieron de la biblioteca, aún oyendo de fondo a Madame Pince.
OO—OO
En una ciudad situada en el condado de Kent llamada Dartford, una familia de magos residía en un tranquilo vecindario muggle. El matrimonio estaba formado por Andrea Divon, inefable y miembro de la Orden del Fénix, junto a su hermano Ethan, y por Alec Stone, miembro del Departamento de Seguridad Mágica. Ambos trabajadores del Ministerio, y uno más involucrado que el otro en la lucha contra la magia oscura.
Andrea se encontraba en casa esa noche, observando a su hija Brooke jugar. La pequeña, de cuatro años, era la viva imagen de su padre: los mismos ojos verde oliva, las mismas expresiones en el rostro y el mismo cuerpo demasiado larguirucho para su edad. Lo único que había sacado de su madre, era el enmarañado pelo castaño, aunque quizá este era algo más oscuro, acercándose más al color de pelo de su padre.
La niña iba de un lado para otro juntando pequeños calderos de pociones, e introduciendo en ellos falsos ingredientes, que formaban una pasta espesa pero inofensiva. La expresión de su madre al observarla, era completamente enternecida.
- Te voy a preparar vetiraserum, mamá –la informó muy orgullosa-.
- ¿No me digas? –la contestó Andrea haciéndose la sorprendida-. ¿Y qué haré yo con ello?
- Interrogar a los malos –la contestó la niña con evidencia-.
Andrea no pudo reprimir una carcajada. Cuando Brooke creciera, estaba segura de que sería una gran inefable. O quizás aurora. O sanadora. La verdad es que Brooke podría ser lo que ella quisiera. Se convencía a sí misma que no era amor de madre, cuando pensaba que su hija tenía inteligencia para ser lo que quisiera.
Su mente volvió de nuevo hacia la caja azul que había escondido en el cementerio de Abney Park, justo al lado de la tumba de su bisabuela. Ni siquiera le había dicho a Ethan donde la había enterrado, y a su marido ni siquiera le había mencionado el tema. No quería oír lo que Alec diría si supiera que había aceptado una misión tan peligrosa; bastante histérico se ponía con su trabajo. No sabía si tenía que ver con su trabajo, pero él tenía una gran obsesión por la seguridad, especialmente, desde que nació Brooke. ¡Cuantas veces la había pedido que abandonara la Orden del Fénix!
Pero Andrea no podía. Alec no había tenido que escuchar a Bellatrix Black o Rodolphus Lestrange en el colegio cuando hablaban de esa forma de la pureza de sangre, ni se había peleado con ellos cuando ya estaba harta de oírlos, ni había acabado en la enfermería, ni había recibido al mismísimo director para que la dijera lo orgulloso que estaba de ella. Eso era parte de la vida de Andrea, y Alec jamás lo entendería, porque había crecido en un lugar mucho más pacífico.
Un golpe en la puerta la hizo saltar del sofá. Tomó la varita que descansaba en la mesilla, y se aseguró que Brooke estuviera tras ella. Después hubo otro golpe.
- Andy, soy yo –dijo la voz cansada de su marido-.
Suspiró un segundo al reconocer la voz, pero se acercó con sigilo a la puerta.
- ¿Qué día nos conocimos? –le preguntó para cerciorarse que era él-.
- Un 3 de marzo. Yo llegaba tarde a la oficina, y tú me atropellaste en el vestíbulo del Ministerio. Era tu primer día y ya te habías perdido.
Andrea sonrió al recordar aquello, y quitó los hechizos de seguridad de la puerta. Al abrir, se encontró a Alec completamente empapado, con los rizos oscuros cayéndole por la cara. Brooke salió corriendo a recibir a su padre.
- ¡Papá, papá! ¡He hecho una poción! ¡Pruébala!
Alec miró a Andrea un momento, que negó con la cabeza, y cogió en brazos a la niña que sostenía un vaso con una masa marrón oscura. Sin que la niña se percatara, apuntó al vaso con la varita, y la masa iba desapareciendo a medida que se acercaba a sus labios. La niña estaba emocionada, y observaba los gestos de su padre con los ojos muy abiertos.
- ¿Qué tal? –preguntó-.
- Mmm, este sabor me suena –tentó Alec-. ¿No será... veritaserum? –adivinó leyéndolo en los labios de su esposa-.
La niña comenzó a saltar emocionada, y su padre tuvo que soltarla al no poder cargar con ella.
- Ahora no puedes mentir –le recordó la niña-.
- Es verdad –dijo Andrea intentando parecer preocupada-.
- ¡Madre mía! ¡Espero que no me pregunten nada embarazoso!
La niña frunció la nariz, pensando, y su rostro se volvió a iluminar.
- Entonces, a ver. ¿De verdad te parece bonito el jersey rosa que mamá me obliga a ponerme siempre?
Alec tuvo que reprimir una carcajada. Brooke se quejaba constantemente de ese jersey.
- Yo creo que es precioso y a ti te queda genial –la respondió solemnemente-.
Andrea se rió un poco al ver la expresión resignada de Brooke, pero al mirar el reloj de la encimera, dio una palmada.
- ¡Hora de cenar! Brooke vete a lavarte las manos.
Para su sorpresa, la niña salió corriendo a la primera. Ella y su marido intercambiaron una mirada incrédula, pero Alec se asomó a la puerta cuando la niña salió corriendo por ella.
- Ha ido en dirección contraria al baño –se chivó-.
- Ya me extrañaba que obedeciera a la primera.
- Igual que su madre –la dijo Alex abrazándola por detrás, mientras Andrea sacaba los cubiertos de un cajón-.
Le miró por encima del hombro, y le sonrió.
- ¿Qué tal hoy en el trabajo? –le preguntó soltándose de su abrazo-.
- Bien. Hoy no ha sido duro. Están muy tranquilos. No me gusta...
Andrea sonrió de espaldas a él. A Alec no le gustaba que estuvieran tranquilos, ni que estuvieran muy activos. Él siempre tenía una mala sensación con todo.
- ¿Y tú? ¿Qué tal en la Orden?
Andrea se puso tensa. ¿Habría notado algo raro? Evidentemente que lo había notado. Desde que había averiguado qué contenía su caja, había salido varias noches de madrugada para cambiarla de sitio, había insistido en ir a cenar más veces fuera, en estar más en casa con Brooke... Es decir, que se había empeñado en vivir su vida como si cada día fuera el último, y tuviera que memorizar sus rostros.
Se dio la vuelta, sonriendo ampliamente, procurando así, ocultar su expresión de desasosiego.
- Sabes que no tengo permitido revelar nada de mi trabajo –dijo con voz coqueta-.
Alec sonrió, siguiéndola el juego.
- ¿Ni siquiera una pista, señora Stone?
Andrea hizo una mueca.
- Sabes que no quise cambiarme el apellido cuando nos casamos, ¿qué te hace pensar que lo querré hacer ahora?
Alec rodó los ojos, y se acomodó en una de las sillas del comedor. Andrea volvió a sonreír, y se sentó encima suyo con una pose seductora.
- Pero te puedo compensar –le dijo al oído-.
- Siempre fuiste de mata jaharí –se rió su marido-. Por eso al principio me asustabas.
- Yo que siempre soñé con el amor a primera vista, y resulta que tú huías de mi los primeros meses –le dijo riéndose mientras recordaba los viejos tiempos-.
- Bueno, lo nuestro fue más realista. Tardé en darme cuenta, pero luego todo ha ido como la seda.
- Y tanto...
Con la mente completamente alejada de la famosa caja azul, Andrea se inclinó hacia su esposo, dispuesta darle el beso de buenas noches que no había podido darle anteriormente. Sin embargo, en ese momento sonaron de nuevo golpes en la puerta, junto con una voz muy reconocible.
- ¡Andy! ¡Ábreme que está lloviendo!
La pareja se apartó con fastidio, mientras Brooke llegaba gritando.
- ¡Es el tío Ethan y trae chocolate, lo he visto!
- Vamos a tener que ponerle a tu hermano horario de visitas –le susurró Alec a Andrea, mientras esta se acercaba a la puerta, con la varita-.
- ¿Cuál es el chocolate favorito de Brooke, Ethan?
- Blanco relleno con galletas de crema. ¡Y traigo una tableta entera, así que abre la puerta!
- ¡Abre, abre, abre! –gritaba la niña-.
El momento idílico se había ido por el desagüe. Andrea abrió la puerta, y por ella entró su hermano pequeño. Ethan sacudió el poco pelo que tenía, y su pequeña sobrina saltó sobre su amplia barriga para intentar arrebatarle el chocolate. Este disfrutaba poniéndole fuera de su alcance.
- No lo hagas rabiar –le regañó su cuñado, aún malhumorado por su intervención-.
- ¡No la des el chocolate ahora! –gritó Andrea sobresaltándolos a todos-. Vamos a cenar, ¡y no pongas esa cara Brooke!
- Seguro que cuando saca ese genio, te arrepientes de haberte casado –le susurró Ethan a su cuñado-.
- No lo sabes tú bien...
Pero se calló cuando entraron en la cocina, no fuera que Andrea le escuchara. La cena transcurrió tranquila. Era normal que Ethan apareciera por allí de vez en cuando, así que siempre había comida de sobra por si acaso. Al único que no parecía emocionarle la visita era a Alec, pero se calló todas sus opiniones. También soportó estoicamente todas las bromas de su joven cuñado, que había leído su mención en el periódico en su misión en la casa de los Esposito, hasta que Andrea contestó por él dándole un golpe en la cabeza con el cazo de la sopa.
Una hora más tarde, Brooke estaba en su momento más hiperactivo del día, e intentaba jugar a tres juegos a la vez. Todo fuera con tal de no irse a la cama. Andrea, que había estado observando a su hermano durante toda la velada, le pidió a su marido que acostara a la niña.
Aún con los gritos de esta bajando por la escalera, se sentó en la silla más cercana a Ethan y la acercó más.
- ¿Qué te pasa? Llevas toda la noche comportándote de forma muy fingida.
Ethan suspiró.
- He estado pensando, Andy. Quizá deberíamos volvernos más cuidadosos. He pensado que lo mejor es que no vuelva por una temporada. Ya sabes, evitar que me vean mucho por tu casa.
- No digas tonterías Ethan. –le regañó su hermana mayor-. Ya tenemos cuidado con esas cosas: Nunca vienes el mismo día ni a la misma hora. Cada semana apareces en un momento distinto y sin avisar, y cada mañana tomamos caminos distintos para ir al Ministerio. Eso es lo que nos piden, y es la forma normal de comportarse para nosotros. Pero si, de repente, dejas de venir, les dará una pista de que nos han encomendado algo. Tenemos que evitar atraer la atención hacia nosotros, y lo mejor es seguir comportándonos de la misma forma.
Ethan no parecía tan convencido, y dirigió una mirada melancólica a las escaleras, de donde aún llegaban los gritos de Brooke y la voz, cada vez menos paciente, de Alec. Andrea lo notó.
- ¿Has notado algo raro? –le preguntó-.
- No más que de costumbre. Me han estado siguiendo, pero ya lo hacían de antes. Les veo cuando salgo del Ministerio, siempre son los mismos.
- Sí, yo también noté que me seguían. Sin embargo, llevan unos días sin aparecer. Creo que los he despistado. Por eso hazme caso Ethan, no cambies tu forma de comportarte, y al cabo de unos días lo dejarán y seguirán a otro. Somos muchos.
Ethan asintió con la cabeza pensativo.
- He pensado que voy a cambiar la ubicación de mi caja...
- ¿No la tienes en un sitio seguro?
- En realidad, no he encontrado uno que me convenza. La llevo encima –la confesó-.
Y sacó de su túnica una caja igual que la que custodiaba su hermana, pero de color rojo. Andrea se envaró.
- ¿Qué haces? ¡Guarda eso! Solo faltaba que Alec lo viera. –Ethan volvió a guardar la caja-. Encuentra un buen sitio, Ethan. Y hazlo pronto.
- Ya... ¿Sabes? He pensado esconderla...
- ¡No me lo digas! Dumbledore insistió en que no supiéramos la ubicación de las demás cajas-.
Ethan sonrió levemente.
- Vamos Andy, tú no me traicionarías. Eres mi hermana.
- Eso no tiene que ver. ¿Y si me secuestran y me coaccionan?
- Nunca has sido fácil –la respondió su hermano-. Cuando yo era pequeño y me escondías las galletas, nunca conseguía sonsacarte dónde las tenías.
- Lo más que llegabas a hacerme eran cosquillas y pegarme un par de patadas- suspiró Andrea-. No creo que los mortífagos se limiten a eso.
Ethan pareció pensarlo durante unos minutos. Por la tranquilidad que había en la casa, parecía que Brooke ya se había rendido. Ethan se incorporó de repente.
- De todas formas, me quedaré más tranquilo si tú lo sabes. Después de Navidad, voy a pedir unos días en el Ministerio, y la voy a esconder en la cabaña de abuelo.
- La verdad es que el sitio es remoto –admitió Andrea-.
La antigua cabaña de su abuelo, se encontraba en los Montes Cambrianos, en Gales. Andrea había pasado allí muchos veranos durante su infancia. Ethan la había visitado menos veces, pues era años más pequeño. Sin embargo, el posterior de salir de Hogwarts, el muchacho lo había pasado en esa cabaña, por lo que la tenía mucho afecto.
Andrea asintió, mostrando su conformidad. Sin embargo, a pesar de eso, no pensaba decirle a su hermano donde había escondido ella su caja. Ya le había arriesgado bastante.
OO—OO
Sirius y Grace acababan de salir de la enfermería, cuando se encontraron con una Kate que corría como una loca. Cuando vio a Sirius, se acercó, y cogió el aire que la faltaba.
- ¿Dónde estabas? Habíamos quedado a las siete en la puerta de la biblioteca.
- Lo siento, hubo un accidente –se disculpó este señalándose la rodilla-. Kate, he estado pensando, y me duele la rodilla.
- ¿Y? –preguntó Kate confusa-.
- ¿Por qué no lo dejamos para otro día? –propuso Sirius encogiéndose de hombros-.
- ¿Cómo? –preguntó Kate si entenderle-.
Compartió una mirada con Grace, quien ya se estaba convenciendo de que Sirius estaba más perdido que un pulpo en un garaje.
- ¿Cómo vamos a dejarlo para otro día? Tiene que ser hoy, Sirius –dijo Kate con la misma paciencia con la que se habla a un niño pequeño-.
- ¿Por qué? Un día más, un día menos... Viene ser lo mismo –contestó este tranquilamente-.
- Sirius, tú sabes que día es hoy, ¿no? –preguntó Kate preocupándose-.
- ¿Viernes?
Por la cara que puso Kate, Sirius llegó a la conclusión de que esa no era la respuesta que esperaba. Intentó acordarse de qué podía ser. El cumpleaños de Kate no era hasta el día 26, así que no era eso. ¿Habían quedado en algo? Él solo recordaba una cosa, pero tampoco le habían puesto fecha. Solo que él había decidido hacerlo ese día. Claro que, eso era antes de pegarse ese trompazo con la escalera. Quizá es que Kate se había emocionado con la idea de ir esa noche. Pero ella era comprensiva, entendería que le dolía la pierna.
- Pero si podemos ir en otro momento, Kate. Y de verdad que me duele la rodilla.
- ¿He estado preparando todo con cuidado para darte una sorpresa, cuando tú ni siquiera te acuerdas de qué día es hoy?
A Sirius se le revolvió el estómago. Conocía ese tono. Kate no estaba enfadada. Mucho peor, estaba dolida. Tenía en su rostro esa expresión de cachorro abandonado que hacía que todos se conmovieran, e incluso escuchó el suspiro de Grace que indicaba que a ella también la afectaba verla así.
- Kate, lo siento pero... –verdaderamente no llegaba a saber a qué se refería su novia, pero tenía que hacer algo-. Mira, paso de la pierna. Vamos donde quieras.
Avanzó un paso hacia ella, pero Kate dio un paso hacia atrás, y retiró su brazo evitando que la tocara.
- ¿Sabes qué? Déjalo –dijo con la voz tomada-.
Echó a correr rodeándole, y pasó al lado de Grace, empujándola sin querer.
- Lo siento –se disculpó sin pararse. Los dos pudieron escuchar perfectamente el tono que indicaba que había sucumbido al llanto-.
Cuando se hubo marchado, Grace se dirigió furiosa hacia Sirius, quien seguía en el mismo lugar, completamente perdido.
- ¡No sé si es que eres imbécil o gilipollas! –le espetó con furia-.
Aún cuando era una cabeza más baja que él y tenía el brazo en cabestrillo, se veía peligrosa con ese brillo en los ojos. Pero Sirius estaba muy molesto por tener la sensación de que se perdía algo. Además, había echo llorar a Kate.
- ¡Estáis todas locas! –gritó-. ¡Todas! No lo entiendo, yo...
- ¡Mira alcornoque! Estamos a 9 de diciembre, ¿no te suena de nada? –le interrumpió Grace sin amilanarse-.
Sirius se la quedó mirando como si la hubieran salido mandrágoras por las orejas. Pero algo sí le sonaba sí. 9 de diciembre. Ya sabía que el cumpleaños de Kate no era, no podía ser el aniversario de la primera vez que la invitó a salir, porque eso había sido tras el primer partido de la temporada y...
- ¡Mierda! –exclamó llevándose las manos a la cabeza-.
- ¿Por fin caes? –ironizó Grace-.
- ¡Que difíciles sois las chicas! –exclamó enfadado-. ¡Sabía que no me iba a acordar! ¿No podéis tener un solo aniversario? ¡No, claro! Tienes que acordarte de cuando fue la primera cita, de cuando el primer beso, de cuando el primer...
- No sigas –suplicó Grace con cara de asco-. Kate solo consideraba importante esta. No te habría llevado mucho tiempo apuntártelo, ¿sabes? Pero no me extraña viniendo de ti. Me sorprende que veas más allá de tu nariz. ¿De qué hablabas entonces, cuando me dijiste que tenías un gran plan para esta noche?
- ¡Pues a que Kate me había pedido que la llevara ver por dentro la Casa de los Gritos! -exclamó este como si fuera evidente-.
Grace no se lo podía creer. ¡Por eso la había ofrecido a ella también ir! Ese chico debía tener serrín en vez de cerebro.
- Te juro que no te entiendo, tío -ya se había quedado sin palabras. Decidió marcharse. Eso no iba con ella-.
¡Ahora esta también se enfadaba! Sirius odiaba cuando se solidarizaban de esa forma. Ahora las demás le dejarían de hablar también, y Remus le miraría como si le hubiera extraviado el trabajo final de Encantamientos, de nuevo. De un momento a otro, el confuso muchacho se encontraba solo en el pasillo, y cada chica había ido por una parte. Encima, seguro que al día siguiente tenían que volver a la biblioteca, porque Williams no había aparecido.
- ¡Chicas! ¡Todo es culpa de ellas! ¡Ellas lo complican todo! –gritó enfadado-.
- ¡Señor Black! ¡Deje de gritar delante de la enfermería, y vaya a su Sala Común! –le gritó Madame Pomfrey asomando la cabeza por la puerta-.
Sirius bufó, pero comenzó a andar, lo más rápido que podía, en la dirección por la que se había ido Kate. Ahora a ver qué hacía para solucionar ese despiste...
OO—OO
Algo antes, en los soportales de la escuela, Sadie y Regulus seguían hablando mientras observaban cómo caía la lluvia, que se había vuelto torrencial. La conversación sobre los sueños había llevado mucho rato, y Sadie estaba convencida de que Regulus comenzaba a ver las cosas desde su punto de vista.
Un trueno la interrumpió cuando estaba hablando, y se quedó mirando el cielo oscurecido. Con tanta nube negra sobre ellos, bien podrían ser las once de la noche. Pero no podía ser más de las cinco. Seguramente ya tendría que irse. Levantó su muñeca derecha, pero no tenía reloj. Se lo había dejado en la habitación.
- Regulus, ¿qué hora es? –preguntó vagamente-.
Se sentía tan cómoda, tumbada en el banco, que se estaba quedando medio dormida. Regulus, en un gesto lento, sacó de dentro de su capa un reloj de bolsillo.
- Las ocho menos veinte.
- ¡¿Qué?! –exclamó la chica incorporándose de golpe. El sueño se la había pasado de inmediato-. ¡Mierda, tenía que estar hace tres horas en la biblioteca!
Regulus volvió a mirar extrañado el reloj. Pues sí que habían estado hablando. Se desperezó mientras se amiga se ponía en pie de un salto.
- No corras tanto. Seguro que ya se han ido –la dijo aún con voz pastosa. Habían estado todo el rato hablando en susurros, y volver a utilizar el tono normal, costaba un poco-.
- Me matan. Y con razón. ¡Menudo descuido! –exclamó Sadie golpeándose la cabeza con las manos-.
Regulus oyó voces tras ellos, y se giró para ver cómo Snape y Mulciber pasaban por el vestíbulo, en apariencia discutiendo. Se apretó contra una columna, asegurándose de que no le vieran desde su posición. Aunque admitía que Sadie era la mejor amiga que tuviera en años, eso no significaba que quisiera que sus compañeros de Slytherin supieran que se llevaba tan bien con un Gryffindor, que por ende, era amiga de su hermano y todo un grupo de traidores.
- ¿Qué haces? –preguntó Sadie-.
Antes de que Regulus pudiera contestar, Sadie se inclinó para observar cómo los dos Slytherin desaparecían por las escaleras. Comprendió al instante lo que ocurría. Le dedicó a Regulus una fría mirada, como las que le dirigía cuando se llevaban mal, e hizo un gesto, como diciéndose a sí misma que no merecía la pena.
- Esto...
El intento de hablar no fue bien recibido, pues Sadie se giró para dedicarle otra fría mirada. Sin embargo, sus ojos se desviaron de él, al cielo encapotado que tenía detrás. Avanzó un par de pasos, ignorando a Regulus, y entrecerró los ojos intento ver mejor.
- ¿Lord? –preguntó con incredulidad-.
A los pocos segundos, no la cabían dudas de que esa era la lechuza de su familia, que avanzaba hacia ella lentamente, agitada por el viento, y empapada por la lluvia. Con una expresión de ansiedad, Sadie salió corriendo hacia el exterior, sin importarla el mal tiempo. De un salto agarró una de las patas de la lechuza, y la atrajo hasta ella. En una de las patas, había un pergamino enrollado.
Temiendo que con la lluvia se estropeara, corrió hacia los soportarles, donde Regulus la observaba interrogante. Ignorándole, Sadie arrancó el pergamino, y dejó a la lechuza libre, que revoloteó a su alrededor. Con manos temblorosas, los desenrolló, y comenzó a leerlo, aunque el papel estaba tan empapado como ella.
Regulus no podía leer qué decía la carta, pero la expresión de Sadie se fue suavizando hasta convertirse en una sonrisa. Una amplia y verdadera sonrisa. Casi no parecía la misma chica fría y amargada que solía ser casi siempre. Lo que fuera que la estaban contando, era una buena noticia, y Regulus no recordaba nunca haberla visto tan feliz. Estaba radiante, aún con el pelo completamente mojado, su coleta desordenada, y su túnica llena de barro.
Estaba tan concentrado pensando en lo distinta que se veía, que se sobresaltó cuando la chica pegó un grito, y seguidamente se lanzó a su cuello abrazándolo. Regulus no dejó de notar que estaba temblando, pero Sadie no parecía molesta. Se soltó rápidamente de su abrazo, y volvió su vista a la carta, como queriendo cerciorarse de lo que leía.
- ¡Por fin, por fin! ¡No puedo creerlo, se acabó!
- ¿Qué...? –intentó preguntarla el chico-.
- ¡Tengo que contárselo a mi hermano! –exclamó feliz, interrumpiéndole, y seguramente sin oírle-.
Echó a correr hacia el interior del castillo, y subió las escaleras que se dirigían a las torres, ensuciando todo a su paso.
- ¡Jeff, Jeff, por fin! –la oyó gritar Regulus, antes de que el sonido de sus pasos desaparecieran por completo-.
O-oOOo-O
¡Bueno! Sé fini! Por hoy al menos :p Prometo ponerme ya al día con el siguiente capítulo, que ya estoy de vacaciones :P actualizaré pronto, lo prometo :P además, en el siguiente capítulo ya sabremos la verdad sobre Sadie y Jeff. Dejé una minúscula pista en este capítulo, aunque puede que sea difícil verla sino te fijas mucho xD ya os avisaré cuál es, prometido ;)
Ahora bien... Estoy obsesionada con las apuestas... ¡Por favor que nadie me deje ir a Las Vegas! Me va demasiado el juego jejeje no he podido evitarlo xD quién creéis que acertará?:D hagamos apuestas aquí! El que acierte se llevará al merodeador que quiera a casa, o bien a la chica que desee, claro jeje
También en el siguiente capítulo veremos cómo fue la broma a Jane. Quiero mandarle desde aquí mis agradecimientos a ENEIDA por darme ejemplos e inspirar mi mente merodeadora :P
Por favor, dejadme un review para ver que me habéis perdonado : ( He hecho lo que he podido, prometido... Perdonadme por un título tan cutre, pero es lo único que se me ha ocurrid xD ¡Un besazo a todos!
"TRAVESURA REALIZADA"
Eva.
