¡Hola a todos! ¡Por fin pude actualizar! Sé que dije que tardaría poco, pero por sorpresa tuve que hacer un trabajo para clase. Me preguntaréis: ¿no estabas de vacaciones? Pues eso es lo que yo creía jajaja Pero no me quejo, que así me he quitado de en medio una asignatura. Espero que me disculpéis, pero el deber va antes que el placer. Además intenté publicar anoche, pero me falló Internet borrándome todas las correcciones que había hecho, y ahora mi madre me robó el ordenador y no me lo ha dejado hasta ahora ¬¬ Como recompensa, el capítulo va cargadito de respuestas a preguntas que he provocado durante todo el fic, así que espero que os guste :P respondo a los anónimos corriendo y empezamos:
Kittymariposa: ¡Holaaa! Me alegro que te gustara el capítulo. Lily irá descubriendo todo de James, e incluso a veces con más emoción de la que a él le gustaría, ya verás jeje un besazo ;)
Popis: ¡Hola guapa! No me extraña que tuvieras que leerlo en dos partes, mis capítulos son larguísimos jeje sé que no tengo perdón, pero es que hay demasiado que contar :p de todas formas, ya veo que a ti no te importa ;) ya te cuento hoy tanto lo de la broma, como la identidad de ese par! Lo de Sirius tardará un poco más, pero próximamente veremos qué pasa con ese corazoncito jejeje Grace es muy carismática entre los lectores :P gracias por tu review!!un besazo enorme ;)
Fd-potter: ¡Hola mi niña! ¿Qué pasa con ese fic? ¡Hecho de menos tus paridas con James, Lily embarazada, y esa tendencia que tenían por los armarios! Jejeje Espero que las pruebas hayan ido o vayan de maravilla, ¡te mando mucha suerte desde aquí! Me alegro que te gustaran mis Lily y James! Ellos son la pareja por excelencia, así que tengo que manejarlos bien :P ¡Mark es un sol! Llevo desde el principio diciéndolo. Sam está contenta y a la vez triste, pues a ella no la gusta verle mal a él. Hay que reconocerla que en eso es legal jejeje mmm te dejaré a ti misma pensar mejor lo de Remus y Rachel, que tú misma te lo contradices jejeje eso sí, mi Remus se enamorará de Tonks, créeme. Ya lo tengo todo pensado. Al fin y al cabo, pueden haber dos grandes amores en tu vida ;) ¿tú te imaginas a este Sirius tan infantil casándose? Aunque esta Kate tiene muchas ganas jejeje Por cierto, tienes una manía de mandarme crucios ¬¬ Jane ha hecho lo que la tocaba, a mi no me riñas jajaja además, por fin vimos a una Lily que pierde el control a raíz de eso :P me moría por ver a Lily actuando de forma tan irracional jajaja y tú dale con Josh y Sarah xD si no pegan, te lo digo yo :P por cierto... te has acercado jajaja lee, lee :P fíjate si me puse romántica que James arriesga su placa :P Me alegro que te gustara la escena de la familia! La niña me tiene enamorada, de lo juro jejeje me encanta cuando te poner a hacer tus cavilaciones :P ya verás, ya jeje matar a Sirius es poco... por eso le adoro! Es el perfecto más imperfecto del mundo jeje Por cierto! ¡Acertaste con la pista! Ahora verás por qué :D rehuiré los casinos! jejeje un besazo inmenso :D
Bueno, después de esto, les diré que nada de lo que reconozcan es mío, aunque Sirius ha mostrado interés en serlo jejeje. No soy JK Rowling, y uso sus personajes sin ánimo de lucro, solo para divertirme. Por cierto, ¡ya vi la peli! ¡Que ganas de volver a verla! ¡Es genial, para mi la mejor hasta ahora, (L)Ron(L)! Jajaja
"JURO SOLEMNEMENTE QUE MIS INTENCIONES NO SON BUENAS"
O-oOOo-O
Capítulo 23: Bernard Duncker
No podía ser. Pese a que estaba demasiado lejos como para ver bien los movimientos de las personas, entendía perfectamente lo que estaba pasando. Había demasiada gente, mucha expectación, y muchos oficiales alrededor. Y él en medio de todos, inmóvil, sin oponer resistencia a los aurores, que le habían reducido. ¿Por qué no hacía nada?
Comenzó a respirar entrecortadamente, observando cómo se lo llevaban, y ella no podía hacer nada para impedirlo. Miró a su hermano, a su lado, preguntándose si él intentaría hacer algo. Todo había sido por su culpa. Pero Jeff estaba inmóvil, mirando la escena tan horrorizado como ella, e incapaz de moverse. El problema, es que aunque hubiera ido hasta allá, no habría servido de nada. Él habría fingido que no la conocía, y la habrían echado de allí, aludiendo que no era un espectáculo para una niña.
Parecía que todo estuviera pasando a cámara lenta. Podía verlo todo, con más detalles que nunca en su vida. La gente curioseando, gritando horrorizados, los aurores cercando el perímetro, desplegándose, buscando más gente, y en medio de todo, la masacre. Apenas habían quedado cadáveres, porque sus miembros estaban repartidos por la zona, todo bañado de sangre. La escena era dantesca, pero a Sadie la daba igual. No la importaba que sus pensamientos fueran inhumanos, pero esos muertos no significaban nada para ella. Sin embargo, la persona que se habían llevado detenida, él sí la importaba.
Le introdujeron a una especie de artilugio de cristal. Lo reconoció. Era una celda que impedía que se desapareciera o escapara por algún medio. Su respiración se agitó más. Con un hechizo de uno de los hombres, la celda y el hombre que iba dentro de ella, desaparecieron. A su lado, Jeff ahogó un grito. Entonces comprendió la magnitud de las consecuencias...
- ¡NO! –gritó Sadie sentándose en la cama de golpe-.
Tardó unos segundos en recordar dónde estaba. Estaba en Hogwarts, en la cama, había soñado. No, más bien había recordado. Tenía la respiración agitada, y estaba bañada en sudor. A su alrededor, en la penumbra, hubo una agitación.
- ¿Qué pasa? –oyó la voz de Kate sobresaltada-.
Gisele encendió su lámpara, y sus tres compañeras se la quedaron mirando extrañadas. Al comprender que solo había sido una pesadilla, suspiraron tranquilas, aunque Sadie pudo percibir claramente el gruñido de Grace, que se tumbó en la cama, cubriéndose el rostro con la almohada. Kate miró la hora.
- Son las once ya –anunció-.
- Yo quería dormir hasta pasado el mediodía –se quejó Gis apagando la luz y escondiéndose bajo las mantas-. ¡Es sábado!
Otro gruñido de Grace la dio la razón, y advirtió que dejaran de hacer ruido. Kate se levantó, y abrió su baúl aún a oscuras. Sadie se tumbó en la cama de nuevo, esperando que sus latidos se calmaran, aunque sabía que ya no podía volver a dormir. Hoy sería el día en el que todo explotaría. Bueno, al menos una parte. Y, aunque estaba feliz por todo, no sabía si podría controlarse al oír los comentarios.
- Si alguna necesita el baño, que vaya ya, porque le voy a utilizar por un rato largo –avisó Kate-.
Gis y Grace o no la oyeron, o la ignoraron. Kate volvió su mirada a Sadie.
- Entra, no te preocupes –susurró esta aún con la mente en otro lado-.
- ¿Estás bien? –preguntó Kate en un susurro-.
- Sí. Tengo algo de hambre. Bajaré a desayunar.
Se quedó mirando las camas de las otras chicas, adivinando que desayunaría sola ese día. Mejor. Kate pareció leerla la mente, porque dijo:
- Me parece que te toca ir sola. Estas no amanecerán hasta dentro de un rato, y yo no creo que baje. No quiero encontrarme a Sirius.
- Puede que aún esté durmiendo –comentó Sadie quitándose el pijama, y buscando ropa cómoda para ponerse-.
- No. Hay cosas de las que sí que no se olvida –contestó Kate con tono algo cortante-. Me apuesto lo que quieras a que no ha olvidado que hoy había quedado con James para jugar al quidditch.
Tras ver como Sadie se encogía de hombros, se metió en el baño. Sadie terminó de vestirse, y se recogió el pelo con una goma. Suspiró, y salió de allí, preparada para todo.
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Kate no se equivocaba. En el campo de quidditch, James y Sirius estaban montados a las escobas, y se pasaban la quaffle el uno al otro con tranquilidad.
- Pad, eres un inútil –le dijo James intentando aguantarse la risa-. Grace tiene razón. Podías habértelo apuntado en algún lado.
- ¡Ponte de mi parte, Prongs! ¡Uno no puede acordarse de todas las fechas! Aniversario, cumpleaños, San Valentín... ¡puag!
- A veces me pregunto como es que Kate no te ha dejado ya –comentó James riéndose a carcajadas-.
Sirius intentó mirarle enfadado, pero una sonrisa se iba abriendo paso por las comisuras de sus labios. Le lanzó la quaffle, confiando en golpearle la cabeza, pues James estaba distraído riéndose. Sin embargo, antes de que se diera cuenta, su amiga sostenía la pelota con una mano, y se la mostraba con una sonrisa chulesca.
- Eres demasiado lento para pillarme desprevenido, colega –le dijo con altanería. Sirius bufó, pero sabía que tenía razón. Pocos eran tan rápidos como James-. Te recomiendo que guardes las artimañas para tu novia, que buena falta te hará.
El chico frunció un poco el ceño, mientras se amigo salía volando hacia las porterías, y fingía fintar al guardián para después marcar. Todo esto sin dejar de reírse. La verdad es que aún no había podido arreglar las cosas, porque Kate se había negado a bajar a cenar la noche anterior. Ella no tenía un carácter muy fuerte, pero lo preferiría antes que esas charlas kilométricas, que sabía que tendría que volver a soportar. En ese sentido, era bastante rencorosa, y cuando se enfadaba o se sentía dolida, sacaba a relucir cosas desagradables de hacia siete años atrás, por lo menos. Eso le desagradaba a Sirius más que nada, pero era consciente de que él solito se había ganado otra sesión.
Sacudió la cabeza, implantando en su rostro su sonrisa de siempre.
- Hoy no puedo sentirme mal por Kate, lo siento –dijo alegremente-. Estoy demasiado emocionado. ¡Los merodeadores han vuelto!
- ¡Te dije que solo necesitaba inspiración! –gritó James pasándole de nuevo la quaffle-.
- ¡Mi Prongsie ha vuelto con su mente maquiavélica! –exclamó Sirius lanzando la quaffle al aire y volviendo a cogerla de nuevo-.
- Estoy deseando ver el resultado –murmuró James con una sonrisa maligna-.
Ambos se echaron a reír, imaginándose cómo habría quedado Jane tras su bromita. Había costado, pero al final todos los planes habían resultado como esperaban...
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9 de diciembre de 1997.
Si ya de por si, los cuatro ya no cabían dentro de la capa de invisibilidad, la situación se ponía más al límite al llevar a Gisele con ellos. Además, la latina no hablaba precisamente bajo.
- Tendría que haberme negado. Yo no quiero estar cerca de este –dijo señalando a Sirius con el dedo pulgar-. Es un burro desconsiderado.
- No, si ya sabía yo que se pondrían solidarias... –murmuró él para sí mismo-.
- ¿Qué dices?
- Nada. Y ese tema no importa, ya lo aclararé mañana.
- ¿De qué habláis? –preguntó Peter completamente perdido-.
- La verdad, Sirius, es que eres un desastre –le reprochó Remus que, por lo visto, ya sabía lo de su despiste-.
- Chicos... –murmuró James que iba el primero y llevaba en la mano el mapa-.
- ¿Y tú cómo sabes de qué hablamos? –le preguntó Sirius a Remus, mirándole sospechosamente-.
- Kate nos lo contó a Gis, Rach y a mi.
- ¿El qué? –preguntó Peter impaciente-.
- Es decir, que va contando nuestros problemas por ahí –comentó Sirius mirando a Gisele como si ella tuviera la culpa-.
- Con alguien tiene que hablarlo. Alguien que sea más atento que tú –la defendió su amiga-.
- Chicos... –repitió James comenzando a perder la paciencia-.
- ¿Qué le has hecho a Kate? –le preguntó Peter a Sirius-.
- Nada.
- Tanto como nada... –replicó Remus con una pequeña sonrisa-.
- ¿Acaso tú eres capaz de acordarte de todo, listo? –se picó Sirius cruzándose de brazos-.
- De todo no. Pero sé que mi aniversario con mi novia es el 19 de octubre. Es solo una fecha, Padfoot.
- Perdóneme, señor Prefecto Perfecto –se burló Sirius-.
- Con esa actitud no solucionas nada –le dijo Gis-.
- Yo sigo perdido...
- ¡Chicos! –exclamó James perdiendo definitivamente la paciencia-. Filch está en el piso de abajo, así que si queréis llegar a la torre de Ravenclaw antes de que acabe la noche, hay que moverse rápido porque la Señora Norris viene hacia aquí.
Por fin consiguió atraer la atención de los cuatro, y todos pasaron corriendo los pasillos que les quedaban hasta la torre de las águilas. Tuvieron que desviarse en dos ocasiones, una por culpa de la gata del conserje, y otra porque Peeves estaba jugando al tenis contra la pared.
Cuando llegaron, se quedaron los cinco mirando la puerta de madera, con el picaporte en forma de águila. Sirius bufó, recordando la noche en el baile. Ya había olvidado esa ridícula forma de entrar.
- Remus, por ser el más listo de todos, tienes el honor de estar por delante –dijo James con una sonrisa tranquila. Sirius comprendió en ese momento, que su amigo no había olvidado ese detalle-.
Remus miró a James aún indeciso. Sin embargo, tras un empujón de parte de Peter, suspiró resignado, y se colocó frente a la puerta, al lado del primero.
El águila abrió sus fauces, y realizó la adivinanza que todos esperaban:
- Pálida es mi cara, pero muy hermosa, a veces de tarde se me ve borrosa, en cambio de noche brillo como ninguna, sobre el mar, sobre el río o sobre la laguna. ¿Quién soy?
- ¿Qué? –preguntó Peter. Esa noche no se enteraba de nada-.
- ¿De qué va esto? Es la contraseña más rara que he visto nunca –comentó Gis mirando a Peter extrañada, quien se encogió de hombros dando a entender que él no sabía nada-.
James miró a Remus esperanzado. Él era un desastre para las adivinanzas, de modo que podrían soplarle la respuesta, y aún así fallar. Y, desde luego, no podía contar con Sirius quien ya estaba resoplando, como siempre que algo no iba como él quería. Y, por supuesto, podía descartar a Peter y Gisele, que miraban la puerta como si les fuese a atacar.
Remus le miró de reojo, y suspiró.
- Sigo pensando que es una forma cutre de llevar la seguridad –le dijo en voz baja-.
Había pasado toda la noche diciendo eso. Cuando estaban ultimando los detalles de la broma, James recordó que la contraseña de Ravenclaw era distinta. Había ido a la torre de los águilas varias veces ese año, debido a sus tareas de Premio Anual, y en todas las ocasiones había necesitado ayuda de otros alumnos. En esa ocasión, lo más sensato era recurrir a Remus. El muchacho aceptó intentarlo, pero le seguía pareciendo que no era un método que se asegurara correctamente el bienestar de los estudiantes.
- ¿Y bien? –preguntó James-.
- A ver –suspiró Remus-. Algo que es pálido a la par que hermoso, que se ve mal por la tarde pero perfecto de noche, y que brilla por encima de todo. Está claro que es mi vieja amiga, la luna.
El picaporte le dio por válida la respuesta, y los cinco pasaron intentando hacer el menor ruido posible. Dentro, aún quedaba una pareja en la sala común, pero estaban demasiado distraídos consigo mismos como para notar que cinco pares de pies pasaban al lado de ellos.
- Bien, Gis, desde aquí ya no podemos seguir nosotros –dijo Remus mirando las escaleras que conducían a las habitaciones femeninas-.
- Tengo que llevarme la capa –susurró la chica-. ¡Aún no puedo creer que tengáis una!
James se sacó una pequeña botella de la túnica, y se la tendió.
- Hagamos que esto salga bien, y te la dejaré siempre que quieras.
Gis se la arrebató con garbo.
- Es un trato –afirmó con una gran sonrisa-. ¿Cómo se en qué champú tengo que echarlo?
Lily le había dado la idea al verla frotándose la cabeza porque Jane la había arrancado unos mechones de pelo. Al escuchar la pregunta, Remus se echó una mano a la cabeza.
- Fallo... –murmuró Sirius-.
- En el de fresas –contestó James al mismo tiempo-.
Gis asintió, y Sirius se contuvo la risa, ganándose una mirada de reproche de Remus. Se destaparon, asegurándose que no estaban visibles desde el sofá donde permanecía la pareja, y ella se echó la capa por encima, desapareciendo en el acto. Aún nervioso, Remus les empujó a los otros tres hasta detrás de un torre de libros que se había formado en una esquina, y que los tapaba a los cuatro.
- ¿Con que champú de fresas, eh? –preguntó Sirius codeando a su mejor amigo mientras dejaba escapar una silenciosa carcajada-.
- Me ofendes, Pad –le contestó este sin perder la chulería-. Ya sabes que yo soy un hombre detallista. Después de tantos baños compartidos en el baño de prefectos, uno acaba viendo cuál es el champú.
- Me pregunto si esa historia la haría tanta gracia a Lily –comentó Peter en voz alta, cortando la risa de James-.
Sirius se rió más alto, sin poder evitarlo, y la pareja del sofá se separó bruscamente, haciendo un sonido de ventosa. Los cuatro aguantaron la respiración, al tiempo que agudizaban el oído, por si Gis necesitaba que desviaran la atención hacia ellos. Sin embargo, los novios parecieron creer que se lo habían inventado, porque volvieron a besarse tranquilamente.
Remus le pegó una colleja a Sirius iracundo.
- ¡Cada día estás más imbécil! –le espetó en voz baja-.
- ¡Y tú cada día más soso! –respondió Sirius frunciendo el ceño y frotándose la nuca adolorida-. Remus, hay que darle un poco de picante a la vida.
- ¡Es la primera vez que llegamos tan lejos como colarnos en la sala común de otra casa! –intentó hacerles razonar-.
- Moony, colega, ten en cuenta que llevábamos tiempo muy tranquilos. Había que volver de forma grande, que sino, nos pierden el respeto –le dijo James pasándole el brazo por el hombro-.
- Es verdad Remus. Hay que demostrar que los merodeadores somos ¡Ahhhh!
De pronto una mano había surgido del aire, y había agarrando a Peter del cuello. Gisele se tapaba la boca para reír, mientras James le quitaba la capa, y Remus alzaba la varita hacia la pareja, que se había levantado y buscaba por la sala, también armados.
Afortunadamente, la torre de libros seguía tapándolos, por lo que pudo apuntarles sin ser visto.
- ¡Confundus! -exclamó en voz baja, dando de lleno en el pecho de la chica, que había estado a punto de pillarles-.
La muchacha desenfocó los ojos, y comenzó a buscar al lado opuesto de la habitación. Su novio la miró extrañado, y luego se dirigió hacia donde ellos estaban. De pronto, y desde la dirección inesperada, se oyó:
- ¡Desmaius!
El chico cayó a tiempo para que James se quitara la capa de invisibilidad, y le cogiera antes de que se estampara contra el suelo. Con ayuda de Sirius, le tumbó en el sofá, mientras Peter dejaba inconsciente también a la chica.
Sin más testigos, salieron de la torre lo más deprisa que les permitían sus piernas, aún temiendo que algún estudiante se habría alarmado y bajara por las escaleras.
- ¡No sabía que vuestras travesuras daban tanta adrenalina! –exclamó Gisele contenta, cuando estaba en el pasillo, ganándose una mirada de reproche de Remus y miradas de complicidad de los otros tres amigos-.
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- ¡Estoy deseando ver ese pelo multicolor! –exclamó James-.
Sirius se rió, dándole la razón. Se sentía bien volver a las viejas costumbres.
- Vale, ahora volviendo a mi –llamó la atención de su amigo-. ¿Qué puedo hacer para que a Kate se la pase el mosqueo?
- Además de las bromas, ¿también tengo que encargarme de esto? –preguntó James divertido-.
- Tampoco ideaste algo tan original, Prongs. Además, yo he actuado más que tú este año.
- Pero sigue sin valer para que yo haga tu trabajo, Pad –le respondió entre risas-.
Sirius bufó, fingiéndose molesto.
- Vale, no me ayudes. Me buscaré otro mejor amigo que sea más solidario...
James se echó a reír ante el melodrama de su colega.
- Podrías escribirle una carta de amor...
Sirius se ofendió de verdad en esa ocasión.
- Eso es de mariquitas, Prongs.
James dejó de reírse, algo picado.
- Así fue como me declaré yo –afirmó con un toque de orgullo. Al fin y al cabo, su carta había dado los resultados más que esperados-.
- Claro, y ya por eso deja de ser una ñoñería –ironizó Sirius poniendo los ojos en blanco-.
Ambos habían descendido hacia el campo, y habían bajado de las escobas, cargándolas sobre sus hombres hasta el castillo.
- Pues búscate la vida, colega –comentó James encogiéndose de hombros-. Mi reserva de ideas está en números rojos por hoy.
El chico Black ya no prestaba atención a su amigo, sino que observaba atentamente unos rosales plantados al lado de los arbustos que rodeaban los vestuarios.
- ¿Y si la llevo flores? –le preguntó mirando las rosas amarillas cuyos capullos se abrían hacia él-.
James le miró extrañado unos segundos.
- Por fin piensas como es debido, Pad. ¿Qué te has tragado al respirar?
Sirius no escuchó su broma, pues estaba pensando en que con semejante presente, su novia le perdonaría ese, y los próximos tres despistes que tuviera. El problema, era como entrar en el Gran Comedor con un ramo de rosas y que nadie le viera. Comenzó a cortar las rosas, hasta llegar a cinco, y las juntó en un ramo improvisado.
- Reducio –murmuró apuntando al ramo con la varita-.
- ¿Qué haces, mendrugo? –preguntó James viendo como el ramo disminuía de tamaño, hasta quedar del tamaño de una pluma-.
- Las reduzco para que nadie me vea con esto, Prongs. Tengo una reputación que mantener –contestó Sirius alzando la barbilla orgulloso-.
- Que imbécil eres, colega –rió dándole una colleja-.
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El director Dumbledore paseaba inquieto por su despacho. Encima de su escritorio, descansaba la edición de El Profeta de ese día, abierto por la página 32. El titular que rezaba era su motivo de alarma. No estaba en portada, pues el asesinato de diecisiete muggles era la gran noticia del día, pero no tardaría en ser el tema principal, máxime cuando pudieran sacar más jugo al asunto. Y podrían, sin duda.
Al ver la fotografía que acompañaba el artículo, de un hombre demacrado, aterrorizado, y con aspecto de loco, todos los acontecimientos referentes a ese tema, pasaban por su mente. La mayoría de las cosas ocurridas en los últimos meses, en mayor o menor medida, estaban relacionadas con ello. ¿En qué momento se vio él involucrado? Lo recordaba perfectamente.
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9 de junio de 1977
Le había sorprendido recibir noticias de esa mujer, después de tantos años, pero Elizabeth Williams en persona, estaba sentada enfrente de él. Su cabello estaba más corto que la última vez que la vio, su rostro más adulto, y definitivamente su sonrisa no estaba impresa en su rostro como la última vez. Habían pasado veinte años, año arriba, año abajo, desde esa última tarde, desde que esa antigua alumna se había graduado en Hogwarts, y se había despedido de todos.
Dumbledore había recibido su carta apenas dos días antes, y ahora la tenía en su despacho, sentada, pareciendo más pequeña debido a su estado de ánimo, y temblando como una hoja por el llanto. La había tendido un pañuelo, y esperaba pacientemente a que se calmara lo suficiente para que le contara el motivo de tan inesperada visita. Desde luego, estaba al corriente de su situación, pero no sabía qué podía hacer él para ayudarla. Sin embargo, haría todo lo que pudiera por ella. Si Albus Dumbledore tenía debilidad por una generación, era a la que pertenecía esa mujer. Les había conocido como profesor, enseñándoles a transformar cerillas en gusanos, y les había despedido como director. La primera clase que se graduaba con él en ese cargo. Les recordaba a todos. Algunos habían permanecido a su lado, uniéndose a la entonces recien formada Orden del Fénix, otros, como Elizabeth, habían seguido sus vidas lejos, y otros, desgraciadamente, no le habían sobrevivido.
Por fin Elizabeth calmó un poco sus sollozos, y se apartó su rubio cabello del rostro, mirándole con sus ojos azules repletos de lágrimas contenidas.
- Usted conoce mi situación, director. Sé que usted lo sabe todo.
Albus asintió con la cabeza lentamente.
- He oído muchas cosas, Elizabeth, y me he informado del resto.
La mujer sorbió por la nariz, y se pasó el pañuelo por debajo de los ojos. Le miró con más determinación, recordándole a esa tozuda niña que, con mucho esfuerzo, consiguió sacar un Extraordinario en su TIMO de Transformaciones.
- Señor, ni mis hijos ni yo, somos culpables de nada. Somos tan víctimas como los demás. Desde luego, más que muchos -Dumbledore volvió a asentir-. Pero estoy sola en esto. Mi cuñado hace lo que puede por nosotros, pero no es suficiente.
- ¿Tienes problemas económicos, Elizabeth? –quiso saber el director-.
La mujer negó con la cabeza.
- Ya quisiera yo que mis problemas se resolviesen con dinero. Vengo a pedirle por mis hijos.
- ¿Qué puedo hacer por ellos?
- Su vida estos últimos tres meses ha sido una pesadilla. Su mundo ha dado un giro de 360 grados, y ahora mismo están solos. No he podido evitar que fueran a la escuela, pues debían terminar el curso, pero allí lo han pasado peor aún. Todo el mundo les conoce, les señala con el dedo, les han llegado a atacar. Mi única preocupación es su seguridad. Ellos solo son víctimas de esta situación.
- ¿Quieres que los traiga a Hogwarts? –preguntó el profresor comprendiendo-. Si allí han tenido problemas, imagínate aquí, querida. Una de las víctimas estudiaba aquí, sus amigos están aquí. Si en Alemania están indignados, aquí están furiosos. Solo conseguiríamos ponerles más en riesgo.
- No si no saben quienes son –le interrumpió la mujer-. Nadie tiene por qué saberlo, director. Pueden registrarse con mi apellido, pueden inventarse alguna excusa. Solo será un año, después me los llevaré otra vez. –le miró con súplica-. He recurrido a usted, porque sé que no le cegará la ira, porque sé que comprenderá mi postura. Usted puede mantenerlos a salvo.
Dumbledore se levantó, y caminó pensativo hacia el mueblebar, repleto de botellitas llenas de recuerdos. Recuerdos de toda una vida, de un millón de personas que había conocido. Se quedó mirándolas, perdido en su mente.
- ¿Qué tal están tus hijos, a nivel emocional? –dijo tras un rato, girándose a mirarla-. Si acepto tu pedido, estarán en el mismo curso que los amigos del asesinado. Pueden escuchar comentarios, palabras desagradables, cargadas de dolor y furia. ¿Están preparados para aguantarlo todo en silencio?
- Jeff es un chico tranquilo. No dirá nada, está acostumbrado a llevar su dolor por dentro. Con Sadie... hablaré. Es una buena muchacha, pero con un carácter más difícil. Pero le aseguro que no serán un problema para usted ni para nadie. Un año, y me los llevaré. Nadie lo sabrá. Tiene mi palabra.
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Nadie lo sabrá nunca, había prometido. Sin embargo, esa promesa no se había cumplido, y las consecuencias estaban encima de su escritorio, escritas en papel, en un rincón de la página 32.
Sin embargo, no era eso lo que más le inquietaba. Por cosas habladas en esa conversación, llegó a intuir ciertos aspectos que se le negaban con los hechos del día anterior. Su antigua alumna, a la que había ayudado, poniéndose en juego a sí mismo y muchos de sus alumnos, le había engañado. No era tan víctima como había dado a entender. Y quizá sus hijos tampoco... Pero eso podía saberlo fácilmente.
Se dirigió a su mesa y escribió rápidamente una escueta nota. Tras mandar a Fawkes con ella, se puso a pensar en los dos muchachos. Les había conocido a finales de agosto, cuando su madre les mandó al castillo, unos días antes de empezar el curso. Ahí había incumplido otra regla. Los alumnos nunca se quedaban en Hogwarts durante el verano, pero a ellos les había permitido estar unos días. Tenía que protegerlos, se decía a sí mismo cuando dudaba.
Cuando llegaron, pudo ver mucho de ellos. Sin duda, ambos estaban devastados con lo ocurrido, aunque cada uno lo exteriorizaba de una manera. Elizabeth le había contado que Jeff era un chico tímido, pero el muchacho apenas levantaba la mirada del suelo. Un chico tranquilo. En caso de haberle puesto el Sombrero Seleccionador, sería un Hufflepuff de los pies a la cabeza. Sadie, por el contrario, era todo lo que había dicho su madre y más. Tenía un carácter muy difícil, y una mirada soberbia, que encajaría pefectamente en la expresión de un Slytherin y un Gryffindor por igual.
En unos minutos, sabría si lo ocurrido el día anterior, era conocimiento de los muchachos, o no. Tenía que resolver esa duda antes que de que la Ministra de Magia se le echara encima.
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En el Gran Comedor, la mayoría del alumnado se disponía a desayunar, pues solos algunas excepciones preferían madrugar un sábado. Lily charlaba animadamente con Remus y Peter, mientras este último le robaba discretamente las tostadas a su amigo, que estaba muy concentrado en solucionar con la chica los problemas de Aritmancia. James y Sirius llegaron a tiempo para que este último le arrancara a Peter una tostada de la mano.
- Buenos días, peña. No veáis que sol hace –saludó James dándole un beso en la mejilla a su novia-.
Remus percibió su buen humor, y sonrió levemente, imaginándose la conversación que vendría ahora. Al fin y al cabo, él ya había hablado con Lily.
- De muy buen humor te has levantado –le respondió ella entrecerrando los ojos-. ¿Tiene que ver eso con que Jane Green esté ahora en la enfermería con el pelo con más colores que el arco iris?
Peter se atragantó con la tostada, y Sirius, fingiendo una tos para ocultar su risa, le comenzó a dar golpes en la espalda.
- ¿En serio? ¿Y cómo ha acabado con el pelo así? –preguntó James con total inocencia. La mentira era lo suyo-.
- ¡No te hagas el tonto, James! –le recriminó Lily-. No es casualidad que ayer ella me molestara, y que hoy haya acabado con el pelo así...
- ¿No estarás diciendo que has sido tú? ¡Ay mi Lily, toda una merodeadora!
Lily frunció el ceño.
- No te quieras quedar conmigo. Lo has hecho tú y el diablo de tu amigo, seguro –dijo señalando a Sirius con la cabeza-.
Este fingió indignación.
- ¡Oye pelirroja! Que nosotros somos unos chicos muy tranquilos y no nos dedicamos a esas gamberradas.
Lily le fulminó con la mirada, y él se limitó a robarle otra tostada a Peter.
- Además, si según tú hemos sido nosotros. ¿Por qué solo nosotros dos? –la preguntó James mirando de reojo a Remus-.
Este se llevó la taza a los labios, ocultando la sonrisa burlona que nacía en sus labios. Había sido una mala idea que James y Sirius decidieran madrugar para jugar al quidditch, el día después de hacer la broma. Al ver a la chica, y saber que ambos habían madrugado, Lily había sacado conclusiones equivocadas. Claro está, que él no había hecho nada para autoinculparse.
- Os libráis porque no tengo pruebas –anunció Lily relajando un poco el ceño-. Pero si las tuviera, os habría denunciado a McGonagall yo misma.
- ¡Lily, eres mi novia! –protestó James casi sin creerse lo que oía-.
- Y también soy Premio Anual. Al igual que tú, James. Que se te olvida fácilmente cuando pasas mucho rato con este.
- Yo soy una gran compañía, pelirroja. Lo aprenderás con el tiempo –presumió Sirius sonriéndola con la boca llena de mermelada-.
De pronto recibió un pequeño golpe en la cabeza, y se giró a tiempo para ver apartarse la mano de Gisele.
- No se habla con la boca llena –le regañó con humor-.
A su lado, Grace se sentó gruñendo levemente.
- ¿Y a esta qué la pasa? –preguntó Sirius señalándola con la cabeza-.
- Que me han hecho madrugar...
Todos miraron el gran reloj que se asomaba por una de las ventanas, pero nadie hizo ningún comentario, pese a que ya se acercaba el mediodía.
- Por cierto Lily –comentó Gis-. ¿A qué no adivinas quién ha recibido la Beca Merlín en el lugar de James?
- ¿Quién?
- ¡Mark! –exclamó Gis, y Lily sonrió con alegría-. Estaba en el vestíbulo celebrándolo con sus amigos. Al parecer se va a ir a Beauxbatons.
- Me alegro por él. Era lo que quería -afirmó Lily con una sonrisa sincera-.
- ¡Y aún así salgo ganando yo! –exclamó James pasando un brazo por sus hombros, en un toque de fingida posesividad-. Ey, Grace. ¿Cómo está tu hombro?
- Mejor –murmuró Grace aún con voz dormida-. Ya casi no me duele.
James le lanzó una mirada furiosa a su mejor amigo, como si él tuviera la culpa de que hubiera estado a punto de perder a una cazadora. De hecho, razones no le faltaban, pero el hombro de Grace solo había recibido un pequeño golpe, y solo tendría que tener cuidado con él en los entrenamientos de esa semana.
- ¿No ha llegado el correo? –preguntó Gis, mirando el cielo extrañada-.
De pronto, como si la hubieran oído, decenas de lechuzas entraron por las ventanas y se extendieron por todo el comedor, buscando a sus dueños. El Profeta cayó justo delante de Lily, encima de los apuntes de Aritmancia de Remus, y una lechuza marrón oscuro comenzó a revolotear sobre las cabezas de los chicos, sin encontrar a su dueña. Sirius la reconoció.
- ¡Irie, ven pequeña! –la llamó-.
La lechuza se posó delante de él, pero cuando fue a coger la carta que tenía atada a la pata, le pegó un mordisco.
- ¡Serás...!
- Solo faltaba que también te pelearas con una lechuza –le interrumpió Grace observando la escena con la cabeza apoyada en un brazo-.
- ¿No es la de Kate? –preguntó Gis extrañada-.
- Sí. Pero no me quiere dar la carta, la muy...
- La carta es para Kate, Sirius. La lechuza solo hace su trabajo –le explicó Lily leyendo por encima la portada de El Profeta-. Han matado a diecisiete muggles...
- ¿Eso no va a acabar nunca? –preguntó Peter con el semblante cargado de tristeza-.
- Hasta que no acaben con ese loco no lo harán –le contestó Remus con un suspiro-. Todo va porque... ¡Sirius, deja ya al pobre animal!
Sirius había sacado la varita e intentaba quemarle las plumas al pájaro, para conseguir la carta. Irie se vengó sobrevolándole y dándole un picotazo en la cabeza.
- Dámela a mi, anda. Yo se la daré a Kate –la dijo Gis a la lechuza-.
- Es un pajarraco, Gis. No te a entender solo porque tú...
Pero Sirius se tuvo que comer sus palabras, pues la lechuza se posó con ternura en el hombro de la chica, y levantó la pata para que esta pudiera sacarla la misiva.
- Esta me tiene manía –susurró Sirius mirándola con rencor-.
- Quizá Kate la informó de que estaba enfadada contigo, y que no te dejara cotillear en su correo privado –sugirió James riéndose-.
Sin embargo, ya por cabezonería, Sirius se inclinó sobre la mesa y le arrancó la carta a Gisele de las manos. Observó la caligrafía que había escrito el nombre de su novia, y suspiró.
- Por la letra, deduzco que es de Denise –informó-.
- Perfecto. Ahora devuélvesela a Gis –le exigió Grace-.
- Ni hablar –protestó, guardándosela dentro de la túnica-. Así tengo un rehén. Se la daré a cambio de que me perdone.
OO—OO
En ese momento, Kate bajaba camino al Gran Comedor. Con suerte, quizá no coincidiera con Sirius, y él seguiría en el campo de quidditch. La verdad es que había tenido que incumplir su idea de no bajar en absoluto, pues la habían entrado mucha hambre de repente.
Iba pensando en cómo comportarse si por mala suerte Sirius estaba en el comedor, que no notó nada raro, hasta que llegó al vestíbulo, a las puertas del comedor. La gente susurraba en voz baja, leyendo algo en El Profeta y, lo que más la alarmaba, algunos la señalaban o se la quedaban mirando cuando pasaba. Algo estaba claro, fuera lo que fuera, no era buena noticia.
- ¡Kate! –la llamó alguien detrás suyo-.
Al darse la vuelta vio a Derek Rumsfelt andando apresuradamente hacia ella, con el mismo rostro que los demás. La miró preocupado durante un segundo, y después volvió a hablar.
- ¿Estás bien?
- Sí –contestó perpleja-. Pero creo que me estoy perdiendo algo. ¿Qué le pasa a la gente hoy?
- ¿No lo has leído? –la preguntó más serio-.
- ¿El qué?
El muchacho hizo una señal, y sus amigos se acercaron con tres periódicos. Él cogió uno, abierto por la mitad, y la señaló una noticia que la heló la sangre. Se quedó mirando el titular sin poder creérselo, y comenzó a negar con la cabeza instintivamente.
- ¿Kate? –se escuchó a Derek llamarla preocupado-.
Pero ella le oía muy lejano. Se sentía como en una especie de shock, pues era imposible lo que estaba leyendo. Eso no podía ser cierto, no podía... Sin darse cuenta había comenzado a hiperventilar, y sintió una mano grande posarse en su cintura, como si temiera que fuera a derrumbarse. Pero no lo iba a hacer. Antes tenía que llegar donde sus amigos. Allí todo estaría mejor.
- Perdona... –le dijo a Derek con voz autómata, y comenzó a andar hacia el comedor con la mirada aún perdida-.
- ¡Kate! No has leído lo otro –la llamó Derek aún más preocupado-.
Pero ella ya no le oía. Solo quería llegar hasta sus amigos, y que estos la dijeran que era una broma muy cruel. En ese momento, el estar enfadada con Sirius por una tontería tan absurda como olvidar un aniversario, la parecía lo más estúpido del mundo.
Por eso, cuando llegó hacia donde ellos estaban hablando y riéndose, le dio un toque en el hombro, y cuando se apartó, se sentó en su regazo, buscando consuelo.
- ¿Eso es que me has perdonado? –la preguntó entre burlón y, ¿por qué no?, un poco aliviado-.
Kate solo respondió respirando con un poco más de tranquilidad.
- ¿Estás bien, Kate? –la preguntó Grace mirándola extrañada-.
- Has recibido una carta de tu hermana –la comunicó Gis esperando que animara así la cara-.
Kate siguió comportándose como si no les oyera. Sirius se palpó en el pecho la misiva de su hermana, consciente de que si eso no la había hecho saltar de alegría y lanzarse sobre la carta, era porque algo malo ocurría.
- ¿Qué te pasa, princesa?
Kate pareció salir de una ensoñación, y les miró uno a uno con los ojos muy abiertos. Todos la miraban preocupados. Su mirada se posó, por último, en El Profeta que tenía Lily en las manos, que había quedado olvidado.
- ¿No lo habéis leído? –preguntó algo extrañada-.
- ¿El qué? –preguntó la pelirroja mirando el periódico y luego a su amiga-.
Kate escondió la cara en el cuello de su novio, incapaz de contarlo por sí misma.
- Página 32 –dijo escuetamente-.
Lily compartió una mirada con James, y se apresuró a buscar la página indicada. Su novio la ayudó a extender el periódico sobre la mesa, y los dos se inclinaron para leerlo. De inmediato, sus caras mostraron el mismo terror que se leía en los ojos de Kate.
- ¡Decidnos de una vez qué pasa! –exigió Grace a punto de arrancarles el periódico-.
Lily y James se volvieron a mirar, y ella se le acercó para abrazarle por la cintura. James tenía un nudo en la garganta, y no podría hablar aunque se jugara la vida en ello. Sin dejar de abrazarle, Lily se dispuso a leer la fatal noticia para todos sus amigos:
EL MORTÍFAGO BERNARD DUNCKER ESCAPA DE NURMENGARD
El peligroso mortífago Bernard Duncker, quien el pasado marzo asesinó al magistrado Richard Johnson, a su esposa, y a sus hijos de 16 y 5 años, ha escapado de la prisión de Nurmengard, donde llevaba encarcelado desde entonces. La fuga tuvo lugar ayer, a primera hora de la tarde, y el mortífago contó con la colaboración de su hermano, Gerard Duncker. Este, auror de profesión, se había vuelto a ganar la confianza de sus superiores, desmarcándose públicamente de las creencias radicales de su hermano. Sin embargo, ayer penetró en el interior de la fortaleza, con la excusa de una falsa detención, y ayudó a Duncker a escapar, hiriendo a un centinela en la huída.
Pese a que se han unido todos los aurores del norte de Europa, al cierre de esta edición no se sabe nada del prófugo, ni de su hermano. El Ministerio de Magia alemán, asegura que ha ordenado vigilar en todo momento la vivienda y comunicaciones a esta de la esposa de Duncker, quien, en primer momento, no parece haber colaborado en la huída.
Como todos saben, el pasado 12 de marzo, Bernard Duncker atacó a los Johnson en la ciudad de Scheibenhard, fronteriza entre Alemania y Francia. La familia estaba al completo, y no pudieron escapar de la varita de Duncker que...
Lily dejó de leer. Esa parte ya la conocían de sobra. Además, su voz había comenzado a romperse a medida que tenía más información. A su alrededor, los demás se habían quedado en silencio, aguantando la inspiración. Ahora la de Kate no era la única cara cubierta por el dolor. Nada quedaba de la mirada burlona de Sirius, de la expresión bonachona de Peter, de la imperceptible sonrisa de Remus, ni de la sonrisa divertida de Gisele. Incluso Grace había despertado de golpe.
Durante unos minutos, todos se miraron en silencio, incapaces de romper la falsa calma que se había creado. Remus cogió el periódico y se dispuso a leer él mismo la noticia, con Peter espiando por encima de su hombro. Los demás seguían negándose la verdad. Se oían de fondo las voces de los demás compañeros, y los chicos se preguntaron como es que no se habían percatado de que el ambiente en el comedor había cambiado, y las risas y conversaciones alegres se habían sustituido por cuchicheos, murmuraciones, y que les miraban a ellos con una mezcla de pena y miedo. Habían estado tan concentrados en su pequeña burbuja de felicidad, que no se habían dado cuenta de nada hasta que Kate trajo la noticia.
- ¿Es posible? –preguntó Grace con la voz tomada. El sonido de su voz sobresaltó a los demás, que la miraron extrañados-. Quiero decir, ¿sabéis de alguien que haya escapado de allí?
- Con ayuda de un auror no es tan difícil –comentó Remus-. No entiendo como el Ministerio Alemán ha confiado en ese hombre.
- Supongo que pensaron que el hecho de ser hermanos no significa que estuvieran de acuerdo.
- Pues sería lógico sospecharlo –murmuró Gis con rencor-. Al fin y al cabo están cortados por el mismo patrón, llevan la misma sangre corrompida. Yo no habría dudado...
- ¿Crees que yo voy a ser un mortífago? –preguntó Sirius con resentimiento ante su suposición-.
Le miraron extrañados, hasta que analizaron las palabras de Gisele. Ella misma farfulló una disculpa a su amigo. También es cierto que por ser familia no se puede presuponer nada. Sirius la había dado el ejemplo: lo que era Regulus, y lo que jamás sería él.
- Después de todo lo que ha hecho, encima le ha funcionado el plan de huída. La vida no es justa –comentó James con voz amarga-.
Era extraño oírle ese tono, pero era como volver a revivir otra vez la noticia de la muerte de Richard. Eso solo provocaba que se volvieran a abrir todas las heridas de nuevo.
- ¿Creéis que querrá acabar con el resto de la familia como decía Rachel? –preguntó Peter de pronto-.
Los demás se envararon en el asiento. Rachel había mencionado que les habían escondido a ella y a sus padres porque los mortífagos querían acabar con todo el que llevara el apellido Johnson. ¿Habría escapado para eso Bernard Duncker? Rachel estaba en Hogwarts, en lugar seguro. Pero, ¿y sus padres? Y si Duncker había conseguido escapar de Nurmengard, ¿podría encontrarla aún en Hogwarts? Remus se levantó de un saltó, haciendo que sus amigos soltaran un grito ahogado.
- Cálmate Remus. Aquí no va a entrar –le susurró Lily adivinando sus intenciones-.
- Si ha conseguido escapar de Nurmengard...
- No sabe que ella está aquí –le interrumpió su amiga-. Y mucho menos va a averiguarlo en menos de veinticuatro horas.
- ¿Por qué todos nos miran? –preguntó Grace mirando alrededor-.
- Richard era nuestro amigo –contestó James encogiéndose de hombros, y sin levantar la vista de la mesa-.
- Tengo la sensación de que me estoy perdiendo algo...
- Y lo estábamos haciendo –la comunicó Peter mirando el periódico como si se tratara del mismísimo diablo-.
Todos se congelaron mirándole, y hasta Remus rectificó sus intenciones de salir corriendo hacia el tercer piso. Por la cara de Peter, había algo más, y era aún más alarmante que la anterior noticia.
OO—OO
Sadie y Jeff entraron en el despacho del director, llevando en las manos la carta que el fénix de este les había entregado. Desde que se habían levantado, no se habían separado ni un momento. Puede que no se llevaran muy bien, pero como ocurrió la noche de luna llena del pasado octubre, en momentos de riesgo preferían estar juntos. Cuando iban camino para desayunar, habían recibido la notificación, y allí estaban.
Sadie cogió aire, y después de mirar una última vez a su hermano, llamó a la puerta del despacho. Ambos sabían que en algún momento el director querría saber cuan informados estaban de la noticia de la huída, pero no esperaban que les llamara tan pronto.
Dumbledore abrió la puerta en persona, incapaz de permanecer sentado en su silla con tranquilidad. Sin embargo, su rostro no expresaba muchas emociones. Quizás los que más le conocieran podrían leer en sus ojos la preocupación y el desasosiego que le producía no saberlo todo por una vez.
- Pasad –les dijo con voz algo dura, y aún así, educada-.
Los hermanos se adentraron en el despacho, y se sentaron en las sillas que el profesor les indicó, permaneciendo él de pie. Se inclinó sobre su mesa, y recogió El Profeta, tendiéndoselo a Jeff, que lo tomó con las manos temblando.
- Quiero que me contéis todo lo que sepáis –ordenó-.
Sadie se inclinó hacia su hermano, para leer lo que ya se imaginaba. "El mortífago Bernard Duncker escapa de Nurmengard". Sin embargo, el haberlo sabido de antemano, no evitó que la emoción inundara su cuerpo al ver confirmada la noticia.
- Disculpe director. Creo que la noticia está clara –dijo en un intento de sonar educada-.
- ¿Cuánto sabíais de esto muchachos? ¡Y decidme! ¿Por qué, en nombre de Merlín, ha salido a la luz pública lo que se prometió que quedara en secreto?
Sadie le miró extrañada, pero Jeff, quien no había levantado la vista, produjo un sonido ahogado.
- ¿Cómo...? –le preguntó el muchacho al director, mirándole implorante-.
Su hermana no entendía nada, y tuvo que inclinarse más, para leer el recuadro colocado en una esquina de la página, como información adicional a la noticia principal. Se quedó blanca, más de lo que era, al leer el titular. Eso sí era inesperado. Siempre habían contado con que tendrían algunos días más, antes de que esa parte de la historia se supiera.
- No sabéis nada de esto –adivinó Dumbledore mirándoles de hito en hito-.
- No, ellos no lo saben –contestó una voz tras ellos-.
Sadie y Jeff la habrían reconocido en cualquier lugar. Se levantaron de sus asientos de un salto, y se dieron la vuelta a tiempo para ver a su madre salir de la chimenea. La visita les había sorprendido a los tres, y no parecía planeada, pues Elizabeth llevaba su túnica de estar por casa, con el delantal por encima, y respiraba agitadamente. Instintivamente, Jeff salió corriendo a sus brazos, y escondió la cara en su cuello, buscando la seguridad que le faltaba en ese momento.
Dumbledore no hizo nada por evitarlo, y esperó pacientemente a que la mujer abrazara a su hijo con todo el amor del mundo. Después desvió su atención a la chica, que miraba a su madre y a su hermano con una expresión indescifrable.
- ¿Sadie? –la llamó la mujer algo temerosa-.
De pronto, y sorprendiéndolos a todos, Sadie gimió y se lanzó hacia su madre, con más desesperación aún que Jeff. Este se apartó para dejarlas abrazarse, y Sadie comenzó a llorar como hacia años que no lo hacía. Ahora sus emociones estaban a flor de piel. No bastaba con saber lo que iba a ocurrir, sino que los imprevistos había aparecido el mismo día, para complicarles todo a ella y a Jeff. Y el ver a su madre allí, la había sentir segura de nuevo, como si fuese una niña pequeña que necesitase protección. La invadían mil sentimientos a la vez: incertidumbre, alegría, miedo, desconfianza... Y el abrazo de su madre parecía hacerlos más pequeños, más livianos.
- ¿Cómo, cómo...? –intentó preguntarla, pero las lágrimas la impedían hablar y pensar con claridad-.
- Shhh –la dijo su madre acariciando su pelo con tranquilidad-. Ya hablaremos. Todo irá bien.
Sadie asintió con la cabeza, comprendiendo. Su madre levantó la mirada, y por primera vez miró al director, y su rostro se ensombreció.
- Creo que hay muchas cosas que debes explicarme, Elizabeth –dijo este fingiendo indiferencia-.
- Sí –suspiró la mujer soltando a su hija-. Creo que ya es hora de que le cuente todo, director. Niños –les dijo volviéndose hacia sus hijos-. Idos un rato fuera.
- Pero...
- Sadie, esto tengo que hacerlo yo. Hagamos las cosas a mi manera, ¿de acuerdo?
Sadie apretó los puños, pero no dijo nada. Se limpió orgullosamente las lágrimas, y salió del despacho antes que su hermano, sin mirar a su madre. La frialdad había vuelto a ella.
Cuando estuvieron fuera, Jeff tuvo el impulso de escuchar por la puerta, pero habían echado un encantamiento de silencio. Se sentó con paciencia en los escalones, mientras que Sadie, por el contrario, comenzó a bajarlos.
- ¿A dónde vas?
- A desayunar –contestó Sadie con total tranquilidad-.
- ¡¿Estás loca?! A estas alturas todos lo habrán leído...
- Si no te atreves a ir, no me acompañes. Yo no tengo nada de qué avergonzarme.
Sin esperarle, se dio la vuelta y comenzó a descender la escalera. Jeff se quedó mirando la puerta del despacho, y después a su hermana, que desapareció por la esquina. Tomó la decisión al momento. No podía dejarla sola ante la idea de mil estudiantes contra ella.
OO—OO
- ¿Qué pone, Gus? –preguntó Sirius notando como Kate le apretaba más el cuello-.
Peter cogió aire, dispuesto a decir en voz alta la bomba:
LOS HIJOS DE DUNCKER EN HOGWARTS.
Según la información que ha llegado a nuestra redacción poco antes de su cierre, la trágica noticia no se limita solo a la huída del mortífago. Al parecer, desde el inicio del curso, los compañeros y amigos del muchacho asesinado por Duncker, han compartido clases y dormitorio con sus hijos. Nos dicen nuestros informadores, que llegaron a Hogwarts al inicio del curso, matriculados en séptimo año, bajo la excusa de la beca Merlín, implantada para este curso por el Ministerio de Magia, y que se le ha ocultado su verdadera identidad al resto del alumnado. Al parecer, el mismo Albus Dumbledore estaba al conocimiento de quienes eran los chicos en realidad, y aún así no dudó en imponer su compañía a los muchachos que aún lloran la muerte de su compañero. Esto nos lleva a preguntarnos la seguridad de quién valora más el director de Hogwarts, y hasta qué punto puede prescindir de informar al Ministerio sobre lo ocurrido en el colegio. ¿Habrán estado ellos al corriente de la huída de su padre? ¿Compartirán con él las ideas radicales que han llevado a la muerte de inocentes? ¿Qué ocurrirá en Hogwarts tras saberse esta escandalosa información?
Mientras que la otra vez todos se fundieron en un incómodo silencio, esta vez las reacciones fueron muy distintas. Todos comenzaron a hablar a la vez, conscientes de que esa noticia solo podría referirse a dos personas: Sadie y Jeff.
De pronto, el comedor se quedó en silencio, y ellos también callaron para ver qué había ocurrido. Todo el mundo miraba hacia las puertas del comedor, por donde entraba Sadie con total tranquilidad y su altivez de costumbre, seguida de un nervioso Jeff.
- ¿Será verdad? –preguntó Remus con cautela-.
No quería adelantar acontecimientos, pero ahora más que nunca temía por Rachel. Con anterioridad era poco probable que Duncker descubriera que ella estaba en Hogwarts, pero si era cierto que Jeff y Sadie eran sus hijos, la cosa cambiaba. Recordó con alarma que la chica había reconocido sin remordimientos que había usado la legeremancia con todos. ¿Y si la había seguido usando? ¿Sabría de Rachel? ¿Lo aprovecharía para hacerla daño? Contuvo el impulso por segunda vez de ir corriendo al tercer piso. Tenía que conseguir información antes.
- Supongo que solo lo sabremos si hablamos con ellos –comentó Lily observando cómo los hermanos se sentaban en una esquina de la mesa-.
- Pues vamos –dijo Sirius haciendo ademán de levantarse-.
- Ahora no, Sirius. Esperemos a que no esté todo el colegio mirando –le detuvo la pelirroja agarrándole del brazo-.
- ¿Y por qué esperar? –preguntó James con voz grave, mientras se levantaba, ignorando las peticiones de su novia, y tomando el periódico de las manos de Peter-.
Sirius se apresuró a seguirle, y los dos comenzaron a caminar hacia los extraños y misteriosos hermanos Williams, siendo conscientes de que la mirada de todo el comedor estaba sobre ellos.
Sadie se servía el desayuno fingiendo una tranquilidad desconcertante. No bajaba la mirada, ni la apartaba, sino que se la sostenía a aquellos que se habían atrevido a mirarla. Jeff, por el contrario, estaba más nervioso y torpe que de costumbre, y esa torpeza aumentó cuando su mirada coincidió con la de Nicole, y ella le devolvió una mirada fría, nada propia de ella. Después de eso, no había levantado la vista de la mesa.
Cuando llegaron hasta ellos, Sadie les miró enarcando una ceja, como desafiándolos a hablarles. Jeff no se movió. Sin dudar un momento, James tiró el periódico sobre el desayuno de Sadie, cuidadosamente doblado en la página 32.
- Decidme chicos. ¿Acaso es cierta la noticia con la que nos hemos levantado?
Su voz tenía una fingida jovialidad y buen humor, que escondía un tono bastante peligroso. Ambos lo notaron. James, sin duda, era uno de los más furiosos con esa verdad. Había confiado en los dos chicos, sobretodo en Sadie. Se había esforzado por ser amable, por integrarles, se había hecho su amigo. Y todo esto, sin saber que quizás eran los hijos del hombre que mató a su amigo. Tenía motivos para sentirse traicionado.
Jeff tragó fuerte, pero no levantó la vista del plato. Pudo notar como el comedor se había silenciado, y todas las miradas estaban puestas en ellos. Sin embargo, Sadie, pese a que también había percibido ese peligroso tono, no se amedrentó.
- ¿Qué parte? –preguntó con fingida inocencia. Incluso daba la impresión de estar de buen humor-. Da igual, todo es cierto.
James y Sirius se envararon, y dirigieron sus manos a sus bolsillos, dispuestos a sacar la varita.
- ¿Acaso tenéis problemas con eso? –preguntó Sadie poniéndose de pie y sacando su varita también-.
Por todo el comedor se oyeron gritos ahogados, y varios alumnos sacaron sus varitas, dispuestos a unirse a James y Sirius.
- ¿Qué están haciendo? ¡Guarden todos sus varitas! –interrumpió la profesora McGonagall-.
Al oírla, Jeff levantó la mirada y Sirius bajó un poco su varita, pero James y Sadie no se movieron, y siguieron mirándose a los ojos, retándose. Él estaba demasiado concentrado observando sus próximos movimientos, y se sobresaltó un poco cuando sintió unos brazos pasar por sus hombros, hasta sujetar su muñeca.
- Por favor –le susurró Lily al oído-.
Dudó un momento, pero continuó con la varita dirigida al pecho de Sadie.
- He dicho que guardéis las varitas –repitió McGonagall hablando muy despacio, y con la furia impregnada en sus palabras-. Y vosotros –añadió dirigiéndose a los hermanos-. Id al despacho del director, ahora mismo.
Por fin Sadie bajó la varita, y se dio la vuelta para volver por su camino sin esperar a su hermano. Este, lanzando una mirada de cautela al grupo, la siguió con paso más lento. McGonagall no apartó la mirada de ellos hasta que hubieron salido del comedor, y entonces encaró a sus alumnos, hablando especialmente para James.
- Voy a vigilarlos mucho hoy, y si producen algún altercado, me aseguraré de que les quiten sus privilegios.
Cuando se retiró la profesora, todo el comedor comenzó a hablar en voz alta sobre lo ocurrido. James, quien había retenido la respiración cuando oyó la amenaza de la profesora, soltó el aire al notar a Lily abrazándole por la espalda. Cogió sus manos, colocadas en su pecho, y las apretó con fuerza.
OO—OO
En la mesa de Slytherin, estaban más emocionados y habladores, pero no se debía al miedo y la indignación como en las demás casas. Muchos se encontraban encantados ante la idea de que los hijos del sanguinario Bernard Duncker estuvieran en Hogwarts, y se hubieran enfrentado a los Gryffindor.
- ¡Te dije que era verdad, Black! –susurró Avery emocionado-. Lo sabía desde el principio. Desaparecieron de Geisterhaus a finales de curso, y aparecen dos estudiantes nuevos en Hogwarts. ¡Era obvio! Ahora que ya les han descubierto, podremos iniciarles.
- ¡Avery cállate! –pidió Regulus con la cabeza a punto de estallarle-. Aquí no se inicia a nadie si no es con el permiso del Señor Tenebroso.
La verdad es que Regulus no sabía qué pensar. Era cierto que Avery se lo había dicho hacía tiempo, pero nunca creyó en las palabras de su compañero que, la verdad, no era el chico más brillante del colegio. Estaba convencido de que si el Señor de las Tinieblas habían enviado a los hijos de Duncker a Hogwarts por alguna misión, su prima Bella estaría enterada, y ella se encargaría de que él estuviera pendiente. Pero nadie había dicho nada.
Tampoco habían hablado nunca de Bernard Duncker. Regulus no se había atrevido a preguntarla a su prima por esa misión, pues, aunque jamás lo reconocería, le había afectado un poco saber que alguien tan cercano, como un amigo de su hermano, había fallecido. Ver a Sirius hundido, aunque fuera en la distancia, tampoco había sido una alegría para él.
Pero, ¿sería cierto? ¿Eran sus hijos? ¿Su Señor les había enviado? De ser así, ¿por qué Sadie no le había hablado de nada? Sabía que era mortífago. Y eso solo le desconcertaba más. Debía haberse preguntado más veces porque no había dicho nada a nadie de la iniciación que había visto en Hogsmeade. Claro, eso querría decir que les apoyaba. Pero, ¿por qué no le mencionó nada?
Según iba pensando, multitud de recuerdos iban pasando por su memoria, hasta llegar a la tarde anterior. "¿Qué pasará cuando se acabe la guerra, cuando ganéis y ya no tengáis que luchar?", le había dicho. No había caído en eso, pero la seguridad de que iban a ganar, le hizo pensar que era precisamente lo que ella quería. Entonces sonrió con alegría. Sadie Williams, o mejor dicho, Sadie Duncker era hija de un mortífago, y estaba orgullosa de ello.
Cerca de él, Severus no pensaba en la noticia que tenía a todos emocionados. Por irónico que resultase, ese tema le parecía aburrido y sin interés. Sin embargo, le parecía mucho más preocupante que Lily, su Lily, estaba abrazando a Potter con una confianza que nunca la había visto, ni siquiera en tantos meses de amistad.
Cualquier persona pensaría que Snape estaba loco si le extrañaba que dos novios actuaran así, pero lo cierto es que él no se había enterado de la buena nueva. Le dio un leve codazo a Mary para llamar su atención, mientras sentía cómo se le revolvía el estómago al ver a Potter coger una mano de su Lily y besarla con ternura.
- Oye Mary, ¿por qué se abrazan esos dos tan efusivamente? –preguntó queriendo sonar indiferente-.
La chica miró en su misma dirección, y le dedicó una mirada confusa.
- ¿No me digas que aún no te has enterado, Severus? –le preguntó-. Están juntos. Fue la comidilla del colegio ayer. Evans y Potter están saliendo. Increíble, ¿verdad? ¿Dónde tuviste la cabeza durante todo el día?
Severus se quedó sin habla. ¿Dónde tuvo la cabeza? Pues en la misteriosa carta de Lucius Malfoy y en la próxima reunión con el Señor Oscuro. ¿Sería verdad? No, no podía serlo. Seguramente el inútil de Potter había vuelto a levantar esos rumores para que no la pidieran citas a Lily. No sería la primera vez que lo hacía. Pero, ¿por qué ella no se enfadaba?
Intentaba buscar cualquier tipo de excusa que valiera para justificar lo que le había dicho Mary. No obstante, se quedó sin argumentos cuando vio que su Némesis se daba la vuelta, y cogía cariñosamente el mentón de Lily entre sus manos, para darla un tierno beso en los labios. Sintió que el corazón se le paraba y que comenzaba a tener sudores fríos cuando vio que ella, no solo no le paraba, sino que le respondía alegremente. Se obligó a sí mismo a apartar la vista de esos dos.
Había soportado la idea de que Lily saliera con Mark Bennet. Era consciente de que ella tenía que hacer su vida, y el chico no le caía especialmente mal. Era tranquilo y agradable. Claro que, después de verlos besándose, tampoco le había incluido en su lista de personas favoritas. Pero podía soportarlo. Siempre supo que Lily no era para él. Era demasiado guapa, demasiado inteligente, demasiado dulce, demasiado perfecta... No era para él. ¡Pero tampoco era para alguien como Potter! Precisamente, de entre todos los hombres del mundo, ¿Potter? El destino parecía querer reírse de él.
Sabía que lo había perdido todo aquella tarde en el lago, al pronunciar esas dos palabras que ahora le dolían, pero ese bastardo, engreído y matón de pacotilla también había estado involucrado. No podía comprender cómo podía estar ocurriendo todo eso. Echó otra mirada hacia la pareja, que ya no se besaba, pero que estaban sentados juntos, con las manos entrelazadas encima de la mesa.
Recordó en ese momento las palabras de Lily, un año atrás: "No puedo seguir fingiendo. Tú has elegido tu camino, y yo he elegido el mío". Esas palabras se le hicieron más reales que en ningún otro momento. Sus caminos se iban separando cada vez más. Y, por esta vez, James Potter volvía a ganar. Aunque, se prometió a sí mismo, eso no quería decir que la victoria fuera definitiva. Era un Slytherin, y como tal sabía esperar el momento adecuado para la venganza, y llegaría. Si James Potter creía que podía robarle a Lily sin pagar caro por ello, estaba muy equivocado.
OO—OO
Las puertas del Cuartel se abrieron de golpe, sobresaltando al hombre que estaba de guardia esa mañana. Frank Longbottom, pese a saber que bajo el Fidelio ningún mortífago podría irrumpir allí, sacó la varita de su túnica y la alzó para recibir al visitante. Tomás Mendes entró como una exhalación, blandiendo en sus manos El Profeta de ese día.
- ¡¿Te lo puedes creer, Frank?! –exclamó furioso. El joven se sobresaltó, pues pocas veces le había visto así-. ¡Ahora mismo voy a Hogwarts a que Dumbledore me explique esto!
Al ver que el periódico estaba abierto por la página 32, comprendió lo que perturbaba a su compañero.
- Tranquilo Tomás. Quizá sea otra de las ocurrencias del periódico este. –intentó calmarle-. Lo de la huída de Duncker es un hecho, pero afirmar eso de sus hijos me parece demasiado.
- Pues a mi no –le espetó el hombre, aunque visiblemente más tranquilo. No quería pagar su frustración con su joven compañero-. Sé por mi hija que es cierto eso de que han llegado alumnos nuevos. No sé cuantos exactamente, solo lo habló con su madre. Pero esa parte es cierta.
- ¿Y qué dice Cora? ¿Podría coincidir?
- No lo sé. Tenía que entrar a Gringotts a las siete, así que no sé si lo ha leído siquiera –suspiró, y se dejó caer en una de las sillas de la habitación-. Tengo que aclarar esto, Frank. Me figuro que no soy el único padre preocupado.
Frank se sentó junto a él, y le palmeó la espalda con afecto.
- No, eso seguro. Si es cierto, Dumbledore va a tener que responder ante muchos. Pero quizá deberíais calmaros hasta que él pueda explicarse. Sabes que jamás hace nada sin un buen motivo.
- ¡Es fácil pedirte a ti calma Frank! ¡Tú no eres padre! Yo tengo a mi hija cerca de esos...
No terminó la frase, y se limitó a hundir la cabeza entre sus manos.
- Intenta apartar eso de tu mente, amigo. En caso de que sea cierto, es probable que los pobres diablos no tengan la culpa de lo que haya hecho su padre.
- ¿Viste qué masacre hizo? –preguntó Tomás atónito-. Un hombre así educa a sus hijos de la misma forma. Tengo miedo de que se cree un enfrentamiento y esos muchachos dañen a algún alumno. No es difícil. El hijo mayor de Johnson iba a clase con mi hija, eran buenos amigos.
- Estoy seguro de que los profesores velarán por ellos.
- Gisele es muy impulsiva...
- No pienses en eso. Me dijiste una vez que tiene amigas más juiciosas. Ellas la detendrán en caso de que pierda los nervios.
Tomás asintió, confiando en eso. Algunas de esas chicas eran muy maduras, y esperaba que eso frenara a Gis. Lo que más sentía es que no estuviera Rachel, siempre tan tranquila, para calmarla. Aunque quizás esa chica se lo habría tomado peor que nadie. Los asesinados eran su familia. Eso le recordó algo.
- Ahora que lo pienso. ¿Alguien ha vigilado a los Perkins? Con ese loco suelto hay que tenerles protegidos las veinticuatro horas del día. ¿Crees que intentará algo?
Frank suspiró.
- No lo sé. Teniendo en cuenta la forma en que actuó la primera vez... –retuvo un escalofrío, de solo recordar la escena. Él, junto con Alice y Moody habían acudido allí en nombre del Ministerio Inglés. La escena había sido dantesca, y Alice se había sentido enferma pese a tanta preparación previa-. Fabian y Gideon se han pasado a alertarles, y pensábamos ponernos en contacto con Dumbledore para reforzar los hechizos de seguridad. ¿Sigue sin aparecer la chica?
- Sí... –suspiró Tomás-. La última vez que hablé con Dumbledore volvió a a asegurarme que la niña estaba en un lugar seguro. No entiendo qué quiere conseguir teniéndola lejos de sus padres, aparte de crearles una gran ansiedad. Le sugerí que podríamos acogerla en mi casa un tiempo. Al fin y al cabo esa niña ya es como una segunda hija para nosotros. Es la mejor amiga de Gisele. Pero Dumbledore se negó rotundamente. A veces me pregunto qué pasa por la cabeza de ese hombre.
- Confío en que con esta noticia cambie de opinión. No es bueno hacer experimentos con asesinos sueltos.
Volvieron a oír el sonido de la puerta, a la vez que se comenzaron a escuchar dos voces hablando entre sí. Eran dos mujeres, y Frank reconoció al instante la aguda voz de su esposa.
A los pocos instantes, Alice y Andrea entraron por la puerta, y la primera fue a saludarle con un roce de labios.
- ¿Lo habéis oído? –les preguntó a los dos-.
- ¿Lo de Duncker? Sí. ¡Como para no! –ironizó Tomás sin una pizca de humor-.
- Pensamos que quizá Dumbledore estaba aquí para dar órdenes al respecto. –comentó Andrea-. Hemos salido del Ministerio sin avisar a nadie, pensando que quizá vendría más gente.
- ¿Has dejado el departamento vacío? –preguntó Frank algo alarmado. En fin de semana solía haber menos personal, y dejar sin vigilancia el Departamento de Misterios no era una buena idea-.
- Ethan se quedó esperando noticias –le tranquilizó la mujer-. ¿Solo estáis vosotros?
- Dumbledore no ha convocado reunión, y hay mucha gente que seguramente aún no lo haya leído.
- ¡Pero hay que reforzar la seguridad de los Perkins! –exclamó Alice alarmada-. ¿No comentó que quizás se ocupaba él?
- No. Estuvimos esperando, pero como no se ponía en contacto, Fabian y Gideon decidieron ir ellos mismos a alertarles y vigilar los hechizos. Si no han avisado, es que todo va bien.
Tomás se levantó, y comenzó a caminar por la habitación sin poder disimular su inquietud.
- Y mientras, puede que sus hijos estén en Hogwarts.
- Pensé que eso era mentira –comentó Andrea sin comprender-. No le di crédito.
- No lo sabemos seguro –la contestó Frank intentando calmar ánimos-.
- Bueno, hay un modo de averiguarlo –intervino Alice de pronto-.
- ¿Cómo?
- La lista. La lista que hice de los participantes en el concurso de duelo. Están los nombres de todos los alumnos de séptimo, y el artículo decían que estaban en último año.
Tomás la urgió a comprobarlo, y Alice buscó la lista que estaba en el cajón de una mesa en uno de los despachos del cuartel, aún sin haber tenido tiempo de comenzar las investigaciones.
- Bien, veamos. Está Severus Snape.
- Ese muchacho ya estaba en el colegio –dijo Frank que le recordaba de sus últimos años en Hogwarts-. Era el rarito que se pasaba el día leyendo libros sobre Artes Oscuras.
- Jeffrey Williams. Este no me suena, pero claro, hay muchos que no. Katherine Hagman.
- Esa es amiga de Gisele –comentó Tomás-.
- Samantha Hinkes.
- ¿Será hija de Alexander Hinkes? Ese tío me da repelús –intervino Andrea-.
- También hay sospechas de que sea mortífago.
- Tú lo has dicho. Sospechas –comentó Frank bufando. En la mayoría de los casos no contaban más que con especulaciones-.
- Avery. Ese también es de siempre. El hijo de ese maniático. Roger Thomas. Este estaba en el club de ajedrez. Samantha Peaks también estaba. Lilianne Evans. Esta era la pelirroja que era tan sabelotodo.
- ¡Es cierto! –exclamó Frank riendo un poco-. Recuerdo que cuando estudiábamos para los EXTASIS quería que la dejáramos estar cerca para aprender ella también.
- ¿Quién más hay? –preguntó Andrea impaciente-.
- Grace Sandler. La hija de los millonarios.
- Otra amiga de Gisele.
- Amanda Tyler. Es antigua también. Y muy buena, por cierto. Marcus Mulciber.
- Si es como el padre será un sádico –comentó Frank arrugando la nariz-.
- Sí. Mark Bennet. Este chico también es muy bueno. Estaba en el club de ajedrez con Thomas y Peaks. Siempre los tres juntos. –continuó Alice leyendo los nombres de uno en uno-. Sirius Black.
- ¡De ese también me acuerdo! –comentó Frank menos contento-. Ese cuarteto me hizo sudar tinta cuando fui Premio Anual-.
- Kyle Heather. No me suena –levantó la mirada a sus compañeros, que se encogieron de hombros también. Al leer el siguiente nombre, una sonrisa se extendió por su rostro-. Esta parece peligrosa. Gisele Mendes.
- Solo cuando no consigue lo que quiere –comentó su padre con una sonrisa cariñosa-.
- Pearl Morgan. La conozco, su tía fue a clase conmigo. Marilyng Gibbon, menuda familia –bufó chasqueando la lengua-. James Potter, la otra pesadilla de Frank. Amycus Carrow.
- Como para no acordarme. Esos dos hermanos daban asco solo mirarlos. Parecían criaturas de circo –recordó Frank frunciendo el ceño-.
- Remus Lupin. Este fue el ganador. Menudo duelista, como hacía tiempo que no lo veía. Fascinante. Además, según me dijo Tony, sale con la hija de los Perkins.
- Huelo problemas –dijo Andrea rodando los ojos-. Juntar a un buen duelistas con los hijos de los que quieren matar a su novia...
Los demás la miraron un momento. Confiaban en que el muchacho fuera tranquilo.
- Allysa Wayman, Sadie Williams... Ya había otro Williams, ¿no? Sí, Jeffrey Williams. Al parecer los dos Gryffindor, pero no los conozco.
- ¿Has dicho Williams? –preguntó Andrea con los ojos muy abiertos-.
Alice asintió, enseñándola la lista. Andrea lo comprobó, y compartió una mirada con Tomás, aunque este aún estaba desconcertado.
- La mujer de Duncker se llama Elizabeth Williams. Potter nos lo contó –informó Andrea-. Iban juntos a clase en Hogwarts.
- Entonces, yo diría que ya sabemos quienes son –suspiró Frank-.
Tomás les miró a todos un momento, antes de salir corriendo a la chimenea.
- ¡Tomás espera un momento! –le suplicó Andrea-. Antes cálmate un poco, y después podrás hablar con Dumbledore.
- ¿No lo entendéis? ¡Encima Gryffindor! Han metido a esos dos en los lugares del hijo de los Johnson y de Rachel. ¡Justo en la misma habitación que mi hija! ¿En qué demonios pensaba ese hombre?
- Yo te entiendo perfectamente –le dijo Alice tomándole de la mano, e intentando imponerle tranquilidad-. Pero antes de hacer nada habla con Cora. A la tarde podéis ir los dos, y quizá vayan más padres. Esto traerá cola.
La expresión de su compañera le relajó un poco, y se quedó unos segundos pensando, mientras Alice le seguía apretando la mano con seguridad. Suspiró.
- Está bien. Esperaré a hablar con Cora, pero a la tarde voy allí y saco a Gisele de Hogwarts hoy mismo.
OO—OO
En el despacho del director, Sadie y Jeff ya habían regresado, y escuchaban atentamente lo que les decía el anciano. A su lado, su madre tenía sujeta la mano de Jeff y les miraba preocupada. Ellos habían preferido no comentar lo que había ocurrido en el comedor. Él aún estaba muy nervioso por el incidente, y más después de notar la gélida mirada de su novia, y ella estaba más bien furiosa por la intervención de McGonagall. Apreciaba a James, pero si tenía que dejarle las cosas claras, prefería que fuera cuanto antes. Quizá así se dieran cuenta de que ella no era tan inofensiva como había dado a ver en el concurso de duelos.
- Bien. He hablado con vuestra madre. Aún hay mucho que aclarar, pero en un primer momento, podéis seguir estudiando aquí. Si es que queréis. Con vuestros compañeros, intentaré bajar los ánimos, pero tendréis que comprender que es muy lógica su actitud.
- ¿Es lógico que quieran atacarnos? –preguntó Jeff extrañado de oír esas palabras en boca del hombre-.
Sadie le fulminó con la mirada, y su madre le miró alarmada.
- ¿Ha ocurrido algo? ¿Jeff?
El muchacho dudó un momento, pero la furiosa mirada de su hermana y la preocupación de su madre le llevaron a callar.
- No. Hablaba hipotéticamente. No ha ocurrido nada, mamá.
- ¿Estás seguro? Sea lo que sea, debéis contármelo. Sabes que puedes confiar en mi –le susurró apretándole la mano de forma cariñosa-.
- Mamá, ya va siendo hora de que dejes que el pequeño Jeffrey alce el vuelo -interrumpió Sadie fríamente-. No ha ocurrido nada, y cuando llegue el momento, nosotros sabremos arreglárnoslas.
- Eso no es lo que...
- Si tan preocupada estás, yo vigilaré que a tu niño no le pase nada –la interrumpió-.
Elizabeth miró a Dumbledore durante un segundo, y se levantó, para arrodillarse junto a su hija, que la miró fríamente.
- No quiero que ninguno corra peligro. Ninguno de los dos, Sad. No lo olvides.
Intentó coger su mano, como había estado estrechando la de su hijo, pero Sadie la retiró.
- Puedo cuidarme sola. Y visto que él no, ya estaré yo pendiente. Nosotros nos quedamos.
Elizabeth suspiró. Nunca podría acercarse a Sadie. Llevaba años sin poder. El único que había podido colarse por esa coraza era su marido, aunque después de lo ocurrido... Miró a Jeff, que intentó sonreírla con confianza. Tanta diferencia entre uno y otro. Temía por los dos a la vez. Jeff era tan tranquilo, tan pacífico, que podrían hacerle daño con facilidad. Y Sadie era tan altiva y orgullosa que podría provocar una pelea enseguida, más ahora que tendría que escuchar muchos comentarios de su padre, que ella no estaba dispuesta a permitir.
- Yo hablaré con el alumnado, Elizabeth –intervino Dumbledore levantándose-. Pero vas a tener que confiar más en mi. Me he jugado mucho por ayudarte. Después de que se ha sabido, voy a tener que calmar a muchos padres que querrán sacar a sus hijos del colegio. Confío en que sean juiciosos.
El anciano se llevó una mano a la frente, como si se estuviera mareando. Demasiadas emociones para un solo día, y este apenas comenzaba. La verdadera locura llegaría más tarde.
- Bien. Si estáis de acuerdo, vosotros podéis volver al colegio. Hablaré con todo el mundo durante la comida. Y tú, Elizabeth, deberías volver otro día para contármelo todo con más detalle. No es bueno que os quedéis por aquí. Temo que en cualquier momento, mi chimenea explote con cincuenta padres intentando pasar por ella a la vez.
Los chicos se levantaron, Sadie con más seguridad que Jeff, y fueron a despedirse de su madre antes de abandonar el despacho. Esta les abrazó a los dos a la vez, y le susurró al oído, cuidándose de que Dumbledore no la oyera:
- Cuidaré de papá. Os lo prometo.
Después de eso, Sadie estaba más receptiva, e incluso la dio un sonoro beso en la mejilla, dejando a Jeff abrazarla con fuerza. No la importaba. Nunca había sido muy cariñosa con su madre, y Jeff necesitaba sentir apoyo antes de volver a enfrentarse a eso.
Cuando abandonaron el despacho, escuchó a Jeff aclararse la garganta, y la sorprendió verle con los ojos cerrados.
- ¿Qué pasa? –le preguntó algo borde-.
- Nada. Me estaba preparando. Tengo que hablar con Nicole.
Sadie lo comprendió. Dudó un momento sobre dejarle allí sin más, pero después, en un gesto inusitado, le palmeó el hombro levemente.
- Suerte –susurró antes de marcharse en dirección contraria. Ella quería estar sola un rato-.
Jeff inspiró y expiró varias veces mientras caminaba hacia la torre Gryffindor. Al llegar allí, recibió más de veinte miradas asesinas en un momento, y comprobó que Nicole no estaba allí. Vislumbró a algunas de sus amigas en los sillones, pero estas le lanzaban miradas tan coléricas, que no se atrevió a preguntarlas.
Pensó que seguramente se habría escondido en su dormitorio para no tener que verle, por lo que decidió salir de allí, a un lugar donde pudiera estar solo. No quería ver más las miradas que le juzgaban. Solo había una persona con la que quería hablar, y le daba terror su reacción.
Comenzó a caminar sin rumbo, hasta que, sin darse cuenta, llegó a los jardines. Allí, de lejos, pudo ver un grupo grande de personas, y por las voces los reconoció como sus compañeros. No se sentía valiente para enfrentarles solo, por lo que, amparándose en el refugio de los árboles, salió de allí sin ser visto. Al final, acabó en una de los orillas del lago, exactamente en el mismo lugar donde Nicole le había besado por primera vez. Pero no estaba solo. Apoyada en la misma orilla, encogida por el frío, temblando como una hoja, había un pequeño cuerpo rodeado de una gruesa capa de invierno, cuyo cabello castaño con mechones rojos sobresalía por los lados, recogido en dos pequeñas coletitas. En esa posición parecía más pequeñita de lo habitual, y a Jeff le habría encantada acercarse y abrazarla, protegerla del frío. Sin embargo, la cautela le obligó a mantenerse a distancia, mientras se hacía presente.
- Nicky... –susurró con voz queda-.
Pese a que había hablado en voz baja, esa palabra rompió el silencio apacible del lugar, y sobresaltó a la muchacha que se volteó espantada. Le miró con sorpresa y pánico al principio, y según pasaron los segundos, la furia y el asco se asomaron a sus ojos castaños. Jeff sintió un nudo en el estómago cuando vio unas pocas lágrimas asomar por ellos. Al poco, apartó su mirada de él y volvió a observar el lago.
- Lárgate –le dijo en un susurro. Su voz sonaba más chillona que de costumbre debido a su estado de ánimo-.
- Déjame...
- No. –se volvió hacia él, esta vez con más decisión. Se levantó, trastabillando un poco, y le encaró, pese a que la sacaba dos cabezas-. Creo que ya he hecho bastante el ridículo.
- Sí tu...
- ¡Que te calles! –gritó interrumpiéndole de nuevo. Jeff hizo otro impulso de hablar, pero a cada intento, notaba que ella se estaba poniendo más y más nerviosa, y comenzaba a respirar entrecortadamente. No quería que tuviera un ataque de nervios por su culpa-. ¡¿Sabes cómo me he sentido al leer eso, al enterarme por el periódico?! Yo estaba aquí el curso pasado, sé lo que ocurrió, y tú ni siquiera has tenido la valentía de contarme la verdad.
- Pero...
- ¡Yo confié en ti! ¡Te hablé y me hice tu amiga cuando ninguno se atrevía a intimar mucho contigo, acepté salir contigo, ser tu novia! Si me hubieras dicho en ese momento todo, habría intentado entender... ¡Quien sabe! Puede que no sea culpa tuya que tu padre sea un loco asesino...
- ¡No te consiento...! –gritó Jeff. No podía escuchar esas palabras de su boca-.
- ¿Qué no me consientes? ¿Qué no me consientes? –continuó Nicole alzando la voz-. ¡¿Quién te crees que eres para decirme que no me consientes?! Me has demostrado que eres tan monstruo como tu padre, porque si te avergonzaras de todo lo que ha hecho me lo habrías contado, ¡y yo te habría entendido! ¡Te habría apoyado! ¡Pero no, me has engañado, me has utilizado, has pensado, como todos tus compañeros, que soy una niñata estúpida que no merece consideración! ¡¿Sabes lo que he tenido que pasar yo hoy?! ¡Todos mirándome como si yo también estuviese en tu asquerosa familia, con odio! ¡Y yo no sabía nada, mientras tú te callabas porque estás muy orgulloso de lo que hizo tu padre!
Jeff sentía que iba a llorar de un momento a otro. Nicole ya había sucumbido, pero eran lágrimas de pura rabia, y sus palabras sonaban entrecortadas por los sollozos. Estaba claro que no había formar de convencerla, por lo que se mantuvo firme, al menos, en una posición. La miró fríamente, lo más que pudo, recordando cómo lo hacía su hermana, y se aguantó las lágrimas unos segundos más. Después inspiró hondo, y habló despacio:
- En algo tienes razón: estoy muy orgulloso de lo que hizo mi padre.
Si pensaba que nada podía empeorarlo, se equivocó. Nicole se quedó unos segundos mirándole con los ojos muy abiertos, como si hubieses recibido un bofetón, y la decepción se hizo más profunda en sus ojos. Jeff no tardó en suponer que ella aún guardaba un mínimo de esperanza.
- No vuelvas a mirarme a la cara –le dijo intentando sonar tan fría como él, pero fracasando debido al hipo-.
Se marchó lo más rápido que pudo, dejando olvidada en el camino su bufanda con los colores de Gryffindor. Jeff se acercó con parsimonia, y la cogió del húmedo suelo. Aún conservaba el color de su cuello, se la acercó a la cara para limpiarse las lágrimas que por fin habían sucumbido. Tenía una esencia que le recordaba a ella. No era un olor particular, pues Nicole no usaba un perfume fuerte, pero había algo que le recordaba a ella. Quizás, solamente, se debía a su imaginación.
Lentamente se sentó en la orilla, donde antes había estado sentada la única chica por la que había sentido algo. Y, mirando el lago, y tras él el bosque prohibido, se sintió como una hormiga en el universo. Pequeño, y solo. Siempre solo. Era como una vuelta a la rutina. Una rutina que odiaba, pero que estaba claro que sería una constante en su vida. Lo ocurrido esos tres meses había sido como un respiro, un cambio en su monótona vida. Ese tipo de felicidad no era para gente como él. Era para chicos guapos como Sirius, o carismáticos como James. Y las chicas como Nicole, tan corriente en apariencia y tan especial en su interior, no eran para él. Por primera vez en su vida, sintió que todos sus ex compañeros habían tenido razón en llamarle fenómeno.
OO—OO
Tal y como Jeff les había visto, los demás estaban en los jardines, apoyados contra un árbol. James se había calmado bastante, en parte gracias a la tranquilidad que transmitía Lily, aunque no fuera eso lo que sentía la pelirroja. Lily sabía muy bien fingir. Había aprendido con los años, tras aguantar millones de veces los insultos de su hermana, o tras un desengaño tan grande como pudo ser el de Severus. Acostumbraba a encerrar sus emociones en una cajita, y poco a poco ir llenándola, hasta que un día ya no podía más y explotaba de golpe. Afortunadamente, ese no era uno de esos días.
Estaba recostada en un árbol, con la cabeza de James sobre sus piernas, y acariciando el indomable pelo de su novio. Cualquiera que le viera en ese momento, pensaría que James estaba dormido, pero entre sus ojos cerrados se podía vislumbrar su entrecejo fruncido que hacia que sus gafas se elevaran levemente sobre el puente de la nariz.
Junto a Lily, Grace jugaba con la snitch que James la había prestado, aunque la mayor parte del tiempo la mantenía en su mano mirándola fijamente, abstraída en sus pensamientos.
Frente a ella, Gisele se miraba las puntas del pelo y se hacía trencitas. Faltaba en su rostro su característica sonrisa, y el brillo en sus ojos castaños estaba apagado. Pero ese día nadie tenía ganas de sonreír. Todo era una injusticia. A ninguno le entraba en la cabeza como era posible que ese hombre estaría libre, respirando el aire puro, mientras Richard se encontraba tres metros bajo tierra, para siempre y sin ninguna otra posibilidad.
Al lado de esta, Peter les miraba a todos en silencio, sin saber qué decir. Nunca había sido bueno con las palabras, por lo que prefería callarse y dejar hablar a James, Remus o Sirius, que decían cosas más inteligentes. Con el caso de Richard se sentía completamente confundido. Fue horrible cuando murió, podía recordarlo, pero no comprendía cómo ese hombre había podido escapar de Nurmengard.
Al otro lado de Lily, Sirius aún tenía a Kate abrazada a su pecho. La chica había dejado de temblar, pero se sentía más cómoda mirar el infinito abrazada a su novio, sintiendo protección a todo el miedo que tenía. La escena recordaba mucho al día en que se enteraron de la noticia de su muerte, recordó mientras notaba la mano de Sirius pasando por su espalda. Supuestamente había ido a consolarle ella a él. Al fin y al cabo, los chicos, junto con Rachel, se habían sentido especialmente afectados por la noticia. Sin embargo, había sido ella quien había sucumbido al llanto, y había necesitado de su consuelo. Y Sirius lo había entendido, igual que entonces. Para ella, aunque no lo demostró siempre que pudo, Richard había sido el mejor amigo de entre ellos cinco. Su primera noche en Hogwarts, en ese castillo tan grande y ruidoso, la primera persona que la había hablado había sido ese desgarbado niño con el flequillo de punta. Ambos habían acabado sentados el uno junto al otro en la mesa, pues ella fue seleccionada justo detrás de él, y Richard no permitió que se estuviera callada. Kate había dado por hecho que él sería uno de los amigos que conservaría después de Hogwarts, como lo eran Gisele o Rachel, o como los chicos lo eran para Sirius. Se imaginaba casándose con su novio, y tenerlos a ellos allí. Pero Richard ya no estaría en esa visión, y aunque se había hecho a la idea, el hecho de que el responsable de su muerte estuviera libre, solo conseguía abrir de nuevo la herida.
- ¡Espero que les echen! –gritó Gisele rompiendo el silencio-.
James abrió los ojos, Sirius dejó de acariciarle la espalda a Kate, y Grace dejó escapar la snitch.
- ¡Espero que les echen y no tener que volver a verlos la cara! –repitió la latina-.
- No es cosa nuestra –respondió Lily con voz monótona, aún controlando sus emociones-. Dumbledore decidirá, y si es verdad lo del artículo, él ya lo sabía.
- ¡Pero tiene que echarles! No pienso estar ni un minuto más compartiendo habitación con esa... ¡y tampoco voy a seguir haciendo el trabajo de pociones con él!
Al oír eso, Grace y Sirius intercambiaron una mirada comprensiva.
- Nosotros tampoco queremos seguir haciendo el trabajo con ella –afirmó Sirius por los dos-.
Grace afirmó con la cabeza.
- Eso no es lo peor. ¿Habéis pensado cómo se pondrán los padres? –preguntó James con un suspiro-. Al menos los míos. Viendo lo protector que está mi padre últimamente, me veo a mi fuera de Hogwarts antes que ellos.
- ¡¿Qué dices, Prongs?! ¡No puedes irte! –exclamó Peter con voz de pánico-.
- Cuéntaselo a mi padre –murmuró James volviendo a recostarse sobre Lily-.
Ella se inclinó hasta que sus narices rozaron, y una pequeña sonrisa es escapó por sus labios. Era increíble ese nuevo descubrimiento, de que el travieso e inquieto James, conseguía consolarla mejor que nadie. La sorprendía la facilidad con la que se estaba enamorando de él, y en momentos como esos no entendía cómo había tardado tanto tiempo en comprenderlo.
- Y McGonagall impidiéndonos hacerles nada... –refunfuñó Sirius-.
- ¿Qué vas a hacerles, si son sus hijos, no él?
- Sí, sus hijos y muy orgullosos de ello –comentó James con el ceño fruncido-.
- Aguantemos el día de hoy –animó Grace-. Quizá, con suerte, a la noche ya se han ido. Dumbledore no puede mantenerlos aquí después de todo. Mientras, lo mejor será esquivarlos.
- Pues sí, porque no respondo si les vuelvo a tener delante y Rottenmeier no está cerca –murmuró Sirius entre dientes-.
Gis se puso de pie, alisándose la falda, y colocándose mejor la capa.
- Me duele un poco la cabeza, chicos. Y visto que Remus prefiere estar él solo con Rachel, me voy al cuarto a tumbarme.
- Voy contigo –la dijo Kate, apartándose de Sirius-. También quiero un poco de tranquilidad.
Los demás prefirieron no moverse. Al contrario que ellas, preferían pasar ese momento en compañía.
OO—OO
Sadie continuó caminando sola, perdida en sus pensamientos, intentando encontrar un modo para que la vida allí para ella y Jeff no se convirtiera en un infierno. No encontraba la forma, y eso la exasperaba. Además, sabía que debía controlar más que nunca su carácter. Su padre ya estaba a salvo, lejos de Nurmengard y de todo ese mundo. Su tío le había sacado de allí, y su madre la había prometido que le cuidaría. Tantos meses de preparación, de espera, de paciencia, por fin habían resultado.
Aunque lo importante ya estuviera, sabia que debía controlar sus reacciones a partir de entonces, pues la palabra "asesino" la oiría constantemente en el futuro. No podía evitar revolverse cada vez que oía algo en su contra. ¿Acaso los demás se creían mejores que él? Ella estaba muy orgullosa de él, mortífago o no, era el mejor padre que podía haberla tocado. Siempre había querido ser como él. No le había mentido a Regulus el día anterior cuando se lo dijo. Y si ello significaba ser también una asesina, que la llamaran lo que quisieran.
Inconscientemente, sus pasos la habían acabado llevando a los soportales donde siempre quedaba con Regulus. No es que le estuviera buscando, al contrario de hecho, pero él estaba allí, parecía que esperándola. Recostado sobre el muro, mirando el cielo encapotado, y moviendo un pie impacientemente, apenas se le veía el rostro. El chico no tenía ni idea de cómo se parecía a su hermano mayor en ese momento, pero de haberlo sabido se habría estremecido. Aunque Sadie intentó escabullirse sin que la viera, algo pareció delatarla, pues Regulus se volteó. En cuanto vio su rostro supo que estaba de buen humor. La miró con una amplia sonrisa, y comenzó a caminar hacia ella.
- ¡Hasta que por fin llegas! –la dijo-.
Al contrario que la mayoría de la gente, Regulus parecía más contento ahora que sabía su verdad, que antes de conocerla. Y Sadie se podía figurar por qué.
- No tengo ganas de hablar, Regulus... No es un buen momento –murmuró intentando retrasar esa conversación-.
- ¡Espera! ¡Vamos, todo el mundo lo sabe ya! Conmigo puedes hablarlo.
- Ahora no... –insistió Sadie con toda la paciencia que la rogó su madre-.
Regulus no pareció notar que estaba perdiendo la paciencia, pues soltó una carcajada alegre, y la abrazó por un hombro con colegueo. Más del que había tenido hasta ahora.
- ¡Solo dime! ¿Por qué no me lo contaste? Si me lo llegas a contar, te habría presentado a los demás, te habría introducido en el grupo.
Sadie ya había emprendido la retirada, pero se quedó plantada cuando escuchó lo último. Inspiró hondo, no debía sacar la varita y dejarle la cara llena de costras como la apetecía. Se dio la vuelta, y le encaró seriamente. Aún en su euforia, Regulus se percató de su humor, y dejó de sonreír.
- Ayúdame a entenderlo –le rogó Sadie con una voz parecida a un gruñido, debido a que tenía los dientes apretados-. ¿Solo te mostrarías públicamente como mi amigo, ahora que sabes que mi padre es un mortífago? Es decir, antes, cuando no sabías nada, te escondías para que no te vieran conmigo. ¡Y ahora me vas a "introducir en el grupo"! ¡Que suerte tengo! Cuando hable con mi padre le pediré que mate a un par de personas más, porque así todos os pondréis de rodillas delante de mí a adorarme!
Regulus la miraba extrañado. Sin duda, no planeaba que la conversación fuera por esa dirección, y no se atrevía a contradecirla, viéndola así.
- ¡Te voy a contar un secreto, Regulus Black! ¡No me interesa la amistad de un grupo de niñatos que se tatúa un brazo para creer que hacen una gran labor, y que juegan a un juego que les viene grande! ¡Y con eso, te incluyo a ti también! Ya va siendo hora de que aprecies a las personas por lo que son, y no por lo que hacen.
Se dio la vuelta, no quería verle más la cara. Si pensara que el día no podía ir a peor, se había equivocado, pues él se había encargado de hacerla sentir como si fuera una silla, solo algo más del mobiliario.
Regulus notó que se iba a ir, pero necesitaba pararla. Lo que había dicho no era cierto. Él había sido su amigo mucho antes de saber quién era, pero no era seguro para ninguno de los dos que airearan esa amistad. No entonces. No sabía cómo explicárselo, pero tenía que decirla algo antes de que se fuera. Lo que fuera, porque al fin y al cabo ya nada podía estropear más el momento.
- ¡Sadie, espera! ¿Por qué estás tan triste? ¡Ha escapado, está libre! ¡Y para muchos de nosotros, tu padre es un héroe!
Pero eso sí podía estropearlo. Él no lo supo, pero Sadie tuvo, por segunda vez en ese día, la tentación de volver a llorar. Sin embargo, esta vez pudo contenerse hasta desaparecer de la vista de su "amigo".
En momentos como ese añoraba terriblemente a Emil, el único amigo de verdad que había tenido en su vida. Pensaba que Regulus también podría haberlo sido, pero de la forma más cruenta se había dado cuenta de que no la conocía tan bien como esperaba. Emil habría entendido la situación sin tener que explicársela, pero Regulus no se parecía a él.
Acabó dentro de un armario de las escobas, llorando más fuerte aún que cuando se abrazó a su madre, y su llanto se iba incrementando cada vez más, a medida que escuchaba a Regulus llamarla.
OO—OO
En una habitación del tercer piso, Rachel y Remus conversaban alegremente mientras volvían a mirar por centésima vez los álbumes de fotos que la habían subido para entretenerla. Rachel estaba encantada de que su novio quisiera pasar todo el sábado con ella. ¡Incluso había llevado un montón de comida para no tener que dejarla sola en ningún momento! Se había levantado de buen humor, y estaba convencida de que el día solo podía ir a mejor.
Remus, por su parte, estaba haciendo un gran esfuerzo para fingir buen humor. Casi la tenía engañada. Cuando había entrado, aún estaba alterado por todas las noticias, y por el enfrentamiento que había tenido lugar en el comedor, y ella había sospechado de su sonrisa fingida. Lo había notado cuando frunció el ceño mirándole. Sin embargo, ella estaba de buen humor, y tras sugerirla echar un vistazo a las viejas fotos, Rachel se olvidó de todo. Al fin y al cabo, ella sentía que tenía que compensarle por haber sido tan borde con él el día anterior.
- ¿Dónde fue esto? –preguntó ella mirando una fotografía en que Sirius y James bañaban de cerveza de mantequilla a un Remus algo ofuscado-.
- En el cumpleaños número quince de James. Coincidió con salida a Hogsmeade y Madame Rosmerta nos preparó un privado a los cuatro para que hiciéramos la fiesta sin dejarla sin clientela. –contestó Remus con una pequeña sonrisa, viendo a su yo más joven mover la varita y dejar calvos a sus amigos. Peter no salía, pues él era quien había hecho la foto-.
Rachel se quedó mirando la fotografía, sonriendo divertida.
- Ahora comprendo por qué no me dejaste ir contigo. Fiesta privada, ¿eh? –le preguntó con un tono divertido-.
- Era el cumpleaños de James. No es tan malo como cuando Gis no me dejó estar contigo en tu cumpleaños hasta las once de la noche.
Rachel se rió divertida, y se puso a buscar una fotografía en concreto, hasta que la encontró. Su mirada se volvió más tierna.
- Pero el regalo fue muy especial...
En esa fotografía estaban ellos dos y, para desgracia de Remus, James intentando colarse en la foto. Lo cierto es que había pretendido darla el regalo en privado, en vez que todos estuvieran escuchando tras la puerta.
Estaban en el cuarto de los chicos, y Remus sacó su regalo muerto de vergüenza. Lo había consultado con Gisele, y la había parecido muy romántico aunque no entendía algunas cosas. Lógico. Ella no sabía lo que era capaz de hacer Rachel. Por eso no encontraba el sentido de regalarla una figura de chocolate de dos lobos entrelazados entre sí. La emoción de Rachel solo provocó que se pusiera más colorado, y de repente la puerta se había abierto de par en par para dejar entrar a Gisele, Kate, Peter, y James. Ellas queriendo saber cómo le daba el regalo, y ellos queriendo entrar a su cuarto, encontrándose con todo el pastel.
- Con estos no hay forma de tener intimidad –murmuró un poco divertido al recordarlo-.
- Lo mismo debieron pensar James y Lily el otro día –le respondió divertida-.
La había contado todo lo que había pasado en la torre de premios anuales, y ella se había divertido muchísimo. Incluso había pedido entrar a la apuesta, por James y Lily, y no había perdido la oportunidad por reírse de su ocurrencia de que la primera fuera Gis.
- ¡A ver el siguiente álbum!
Así estuvieron, durante al menos dos horas, mirando fotos, recordando momentos, unos más especiales, otros menos. Acabaron tumbados, el uno junto al otro, observando con vagancia las fotos.
Rachel pasaba las páginas con parsimonia, parándose de vez en cuando en alguna imagen en especial, acariciando los rostros en movimiento. Tardó en darse cuenta que Remus estaba dormido. Le miró con una sonrisa. Solo cuando estaba dormido, parecía un niño pequeño, sin dobleces ni preocupaciones. A Rachel la encantaba verle así. Se levantó con cuidado de no despertarle, y se dispuso a darle espacio.
Cuando fue a cambiarle los brazos de postura, lo vio. De dentro de su túnica asomaba una esquina de El Profeta. Se lo sacó con cuidado, dispuesta a leer el rato que él estuviera durmiendo. Al fin y al cabo, llevaba mucho tiempo sin saber qué ocurría ahí fuera. Tanto que bien Voldemort podría ser el Ministro de Magia y ella no haberse enterado.
Miró el titular, que ya de por sí era desalentador. Diecisiete muggles muertos... Cada vez peor. Suspiró, y fue pasando de página. En la página 14 informaban de un mortífago detenido. No estaba mal, pero no compensaba esas diecisiete muertes de inocentes.
La página 30 hablaba sobre un nuevo programa de radio. Resultaba irónico que, pese a todo el horror, había pequeñas cosas que no cambiarían. Reconfortante, tanto que la hizo sonreír. Sin embargo, el pasar de página y encontrarse con la portada de Internacional, su sonrisa se le congeló en el rostro.
EL MORTÍFAGO BERNARD DUNCKER ESCAPA DE NURMENGARD
Sin darse cuenta, había comenzado a hiperventilar nada más leerlo. En vez de esas siete palabras, ella veía las aras de sus tíos y sus primos, la tristeza del funeral, su madre llorando, la prensa intentando conseguir fotos de Richard de pequeño, o de Annie con su madre... No solo estaba eso. También estaba el día que volvió de Hogwarts, y la dijeron que no podía regresar, que debían esconderse. Recordó la cara de terror de su madre, al saber que los estaban siguiendo a ellos, la confusión y el miedo de su padre, involucrado en una guerra de un mundo que ni siquiera era suyo. La carta de Remus cuando supo que no volvería a verla en septiembre. El rostro de Gisele cuando consiguió verla antes de que su propio padre les llevara al refugio que había preparado la Orden del Fénix...
Todos esos momentos fueron pasando por su mente, atormentándolo, provocándola más angustia, sintiendo que la faltaba el aire. Había sido mucho para un solo año. ¿Y el culpable de todo estaba ahora libre? ¿Solo había pagado unos meses por tantas vidas destrozadas? ¿Ya está? ¿Así se quedaba todo?
Las lágrimas de indignación empañaron sus ojos, y fue a lanzar el periódico al otro lado de la habitación, cuando volvió a ver el nombre de ese asesino en otro lugar. Con el dorso de la mano se limpió las lágrimas con violencia, y se dispuso a leer esa pequeña noticia del rincón.
LOS HIJOS DE DUNCKER EN HOGWARTS.
¿Cómo? Ahora no entendía nada. Leyó el artículo completo, y de repente escuchó las palabras que James la había dicho al día siguiente de su llegada: "Bueno, este año hay dos chicos nuevos ocupando tu plaza y la de..." "... Son dos alumnos que vienen de intercambio de Alemania, Sadie y Jeff".
Esos mellizos... La chica rara y el chico tímido. ¿Eran sus hijos? ¡¿Qué hacían allí?! ¿Cómo lo había permitido Dumbledore? Richard estaba muerto, ¿y Dumbledore ocupaba su plaza con los hijos de su asesino? ¡¿Qué clase de falta a su memoria era esa?! ¡Ellos no podían estar en el mismo lugar en el que había vivido Richard! ¿Y sus amigos, qué pensarían? Ahora comprendía la actitud de Remus. La había llevado todos esos álbumes para distraerla, para evitar que preguntara por las noticias... Pero ella no se quedaría con los brazos cruzados.
Se acordó en ese momento de la última luna llena, de su juego de palabras con la promesa a Remus. Estaba claro que ella no podía ir a ningún lado con su apariencia. Ellos no eran su único peligro.
Se levantó con determinación, y borró de su rostro las últimas lágrimas que lo surcaban. Miró a Remus un momento, y comprobó que seguía durmiendo. Tomó su varita y se apuntó a sí misma, convirtiéndose de inmediato en Jessi McKan. Notó que la túnica le tiraba un poco, pero lo ignoró, pues no había crecido tanto como para rasgarla. Siguió empuñando su varita fuertemente mientras salía por la puerta. Les encontraría como fuera, y les enseñaría a todos que ella no se limitaba solo a ser la tímida y tranquila Rachel que conocían.
OO—OO
Jeff había acabado refugiándose en una de las aulas del séptimo piso. No quería estar en los jardines: allí había coincidido con un grupo de alumnos que lo habían tratado de modo que le había parecido estar de nuevo en Geisterhaus. Tampoco quería volver a la Torre Gryffindor. Bastante miedo le daba pensar que esa noche no le quedaría más remedio. No sabía a quien temer más, si a Sirius o a Remus. Uno tan impulsivo y agresivo, y el otro tan calculador y certero. Con Peter podía lidiar, pero no con esos dos. Y menos si James se les unía. Realmente tenía miedo.
Estuvo al menos un cuarto de hora pensando en todo eso, intentando alejar de su mente a Nicole. Estaba sentado sobre un pupitre, con los pies apoyados en otro, observando como el tiempo iba empeorando poco a poco. Quizás por la tarde hubiera tormenta...
De pronto escuchó un grito. Se tensó, y se puso alerta, pero no era cerca de él. Aquello parecía ser algo más lejos. No volvió a escuchar nada, así que pensó que se lo había imaginado.
Unos segundos después, se volvió a escuchar otro grito, pero a este le siguieron varios, mezclados, atemorizados, y cada vez más altos. Parecía que eran de varias personas a la vez. Se asustó, pero la curiosidad le pudo, y salió corriendo del aula, dirigiéndose hacia los gritos. Se le congeló la sangre cuando comprendió a donde le llevaban los gritos: a la Torre Gryffindor.
OO—OO
Poco antes, Sadie entraba en la Sala Común, más tranquila después de haber llorado un rato a escondidas. Sintió las miradas de todo el mundo dirigiéndose a ella, incluso la de los más dormilones que acababan de levantarse. La noticia se había extendido como la pólvora, y todos la miraban con odio.
Afortunadamente, ella imponía más miedo que su hermano, y a parte de miradas coléricas, nadie se atrevió a decirla nada. Cruzó la habitación ,y subió por las escaleras. Con suerte, ninguna de las chicas estaría, y ella podría tumbarse en su cama, y correr los doseles antes de que la vieran. Quería evitarlas. No se encontraba con fuerzas de enfrentarlas en ese momento.
Su gozo en un pozo. Cuando abrió la puerta vio a Gisele y Kate tumbadas en la cama de la primera, hablando en voz baja. Ambas alzaron la vista la oír la puerta, y la dirigieron sendas miradas frías. Estas llevaban más odio que ninguna de los demás compañeros, y a Sadie la dolieron un poco, pues a ellas sí las había cogido algo de cariño. Decidió ignorarlas, y se dirigió a su cama.
- ¿Qué haces? –la preguntó Gisele con tono frío-.
- Tumbarme en mi cama –respondió Sadie apretando los puños-.
- No es tu cama. Es la cama de Rachel. Una de tantos a los que tu padre ha jodido la vida...
Sadie contuvo el aire, y apretó más los puños, clavándose las uñas en la palma de la mano. Por un momento la venció la tentación de sacar la varita y enfrentarse a las dos, y al ver que no conseguía controlarse, decidió salir de allí lo antes posible. Kate y Gisele la siguieron con la mirada hasta que cerró la puerta tras ella. Cuando estuvo fuera de la habitación, soltó el aire retenido, y se aclaró la garganta, librándose del nudo que se la había instalado en la garganta.
Bajó las escaleras, pensando en que quizá ese sería un buen momento para tener un momento fraternal con Jeff. Decidido. Iría a buscarlo.
Ya salía por el retrato cuando chocó de frente con otra chica. La miró un segundo extrañada. No la recordaba de ningún lugar. Además, parecía mayor que ellos, por lo menos de veinte años. Era más alta que ella, morena, y con los ojos verdes. Ella la miraba con confusión, también, lo que la sorprendió pues era la primera que no la miraba con odio evidente. Apartó la mirada, y se puso a andar afuera, pero la chica la tomó por un brazo y la empujó hasta la sala común de nuevo. Había una expresión de compresión en su rostro que Sadie no entendió.
- ¿Eres uno de ellos? –la preguntó con voz dura-.
Rachel ahora estaba segura. Parecía de su edad y no la conocía de nada, seguro que era la que habían dicho los chicos. La muchacha. Sadie.
- ¿Sadie? ¿Sadie Duncker?
Parecía que su voz se hubiera roto al pronunciar su apellido, y Sadie chasqueó la lengua, comenzando a perder los estribos de nuevo.
- Mira, ya he aguantado por hoy a muchas como tú, así que déjame tranquila –la contestó borde, mientras se volvía a colar por el retrato-.
- Conmigo no te has cruzado hasta ahora, créeme –la dijo con odio-.
No la dio tiempo a darse la vuelta. Algo la golpeó en la espalda, y la hizo volar al otro lado de la habitación, cayendo tras un sofá en el que había varios niños de primero. Una de ellos lanzó un grito y salieron corriendo de allí.
Sadie se levantó poco a poco del suelo, y levantó la vista para ver a la chica que la apuntaba con la varita con furia. La mayoría se había retirado de en medio, pero ninguno parecía hacer nada para detener a esa chica. Por el ambiente, Sadie comprendió que apoyaban que la atacara. Eso la encendió definitivamente.
Rodeó el sofá, y la encaró, sacando su varita y apuntándola con ella. Esbozó una sonrisa burlona, mostrando seguridad, y la lanzó a la chica otro hechizo haciendo que los demás comenzaran a gritar alarmados.
OO—OO
Unos pisos más abajo, James, Lily, Sirius, Peter y Grace volvían de los jardines. El tiempo había empeorado, y les había obligado a buscar refugio dentro del castillo. Para animarse, los chicos habían querido ir a la enfermería a ver lo guapa que había quedado Jane tras la broma. Todo por curiosidad para ver qué había ocurrido, la dijeron a Lily.
Como no podían entrar en la enfermería sin ningún motivo, a Sirius se le había ocurrido golpear a Peter con una piedra en la cabeza, solo que se había pasado y ahora lucía un gran chichón en la frente. Sin embargo, Peter estaba contento: habían visto a Jane, y encima Grace le había defendido frente a Sirius.
- ¿Visteis también como llevaba el pelo? –decía Sirius casi llorando de la risa-. ¡No solo el color, sino que parecía que hubiera metido los dedos en un fetuche de esos que usan los muggles!
Lily se contuvo de corregirle en ese momento, pues, aunque lo negara, a ella también la había divertido la imagen.
- Sí –contestó Peter muy orgulloso-. Debe ser un nuevo efec... ¡auh!
James le había pisado un pie para que no largara más de la cuenta. Lily le lanzó una mirada repleta de suspicacia.
- ¿Seguro que vosotros no teníais nada que ver? –preguntó enarcando una ceja-.
- Lily, por Merlín –exclamó James fingiéndose ofendido-. Ya oíste a Pomfrey. La ha pasado en su cuarto. ¿Me puedes decir cómo vamos a entrar nosotros en la torre de Ravenclaw?
Lily suspiró, y asintió con la cabeza, creyéndole. Era muy improbable. Tanto, que para un merodeador era pan comido. Pero eso no hacía falta que lo supiera ella. Sirius y James chocaron las manos por la espalda, y James la guiñó un ojo a Grace para indicarla que algo sí habían tenido que ver. La chica se rió divertida, pero se calló cuando su mejor amiga la miró.
De todas formas, Sirius se seguía riendo aguantándose el pecho con las manos, cuando palpó algo. Buscó dentro de su túnica, y se encontró con las flores que le había recogido a Kate, encogidas y algo aplastadas. En un momento de inspiración, las separó y la tendió dos a Lily para mejorar su humor, y el resto se las dio a Grace para no ser descortés.
Las dos sonrieron por el detalle.
- Gracias Sirius, es un detalle precioso –dijo Lily sonriendo, y poniéndose de puntillas para darle un beso en la mejilla-.
Sirius sonrió a su amigo, contento de haber calmado los ánimos de la pelirroja, pero James le miró algo ceñudo. Se recordó a sí mismo hablar con su gran amigo Padfoot para aclararle que a su novia solo la regalaba flores él. Grace, por el contrario que Lily, soltó una pequeña carcajada.
- Siempre con flores... –murmuró sonriendo, y mirando las que tenía en la mano-.
- ¿El qué? –la preguntó Peter extrañado-.
- No, nada... –Grace bajó la mano, apartando las flores de su vista, y sonrojándose un poquito.
Por el rabillo del ojo vio a Sirius sonreír con arrogancia, y tuvo la tentación de hacerle un maleficio para que le crecieran las orejas. Pero antes de que sucumbiera a la tentación, se escuchó tras ella un golpe, y un gemido de dolor. Los cuatro se dieron la vuelta y vieron a Peter en el suelo, y encima de él a Jeff. El muchacho le miró aterrorizado, y sus amigos se envararon.
- ¡Hombre, si es mi amigo Jeff! –exclamó Sirius fingiendo jovialidad-. Contigo quería hablar, y McGonagall no está cerca –añadió con una sonrisa atemorizante creciendo en su rostro-.
- La verdad es que queríamos proponerte ir al patio un rato, y que nos enseñes algunas trucos de tu padre –intervino James fingiendo jugar con su varita-.
Lily le puso una mano en el brazo, pero James no se detuvo por eso. Jeff se había levantado de golpe, y les miraba con temor.
- Supongo que, al igual que tu padre, solo atacas cuando sabes que tienes la batalla ganada –comentó Grace desde detrás de James-.
Ella no había sacado la varita, pero le miraba con el mismo asco que sus amigos. Jeff iba a hablar, pero de repente Lily les hizo un gesto para que se callaran todos. De pronto había escuchado lo que no había oído todo ese rato, unos gritos.
- Algo pasa en la sala común –dijo algo asustada-.
Los gritos parecían ser de miedo, y echó a correr hacia la entrada a la torre Gryffindor. James de inmediato se olvidó de Jeff y corrió tras su novia, seguido por los demás, incluido Jeff.
OO—OO
La sala común estaba patas arriba. Ambas chicas se lanzaban diferentes hechizos, e incluso parte del mobiliario había salido volando. Sadie había demostrado tener más destreza de la que había demostrado en el concurso de duelo, pero Rachel había aprendido mucho ese año y no estaba en desventaja. Ninguna había querido ocultarse para desviar las maldiciones, pues las dos estaban realmente furiosas.
Lily fue la primera en cruzar el retrato, pese a los deseos de la Señora Gorda de hacer mutis por el foro y huir al cuadro de su amiga Violeta. Lo primero que vio fue que el resto de ocupantes de la torre estaban escondidos tras los sofás y en las escaleras viendo la lucha entre dos chicas, y gritando cada vez que alguna mandaba un hechizo particularmente peligroso. Reconoció entre toda la marabunta a Sadie, pero a la otra chica, que estaba de espaldas a ella, no consiguió verla la cara. Era alta y morena, y no recordaba a ninguna Gryffindor que relacionara con ese aspecto.
- ¡Everte Statum! –gritó Sadie, que tenía la mirada colérica y la coleta completamente desecha-.
- ¡Protego! –gritó la chica parando el hechizo-.
Lily reconoció esa voz perfectamente, pues para eso la había escuchado todos los días durante seis años. Abrió los ojos de par en par al recordar que ese era el disfraz de Rachel. Gastó un minuto más de tiempo recordando el sobrenombre que utilizaba, pues no era seguro llamarla por su nombre delante de todos los demás.
- ¡Jessi! –gritó al recordarlo-. ¡Déjalo, no merece la pena!
Se lanzó hacia delante, y consiguió que la muchacha bajara la varita, pero esta siguió luchando para librarse de la pelirroja. Grace, que había caído en lo mismo que su amiga, también fue hasta ella, y entre las dos consiguieron detenerla, abrazándola entre las dos.
Frente a ella, Sadie había dejado de atacar, pero no había bajado la varita. Les miraba a todos cautelosa, y se limpió con la manga un hilo de sangre que caía por su mejilla.
- ¡Dejadme que puedo con ella! –gritó Rachel colérica-.
Sadie alzó más la varita, preparada para defenderse ante un ataque imprevisto. De inmediato, James se puso en el medio, intentando ser mediador. Compartió una mirada con Lily, y decidió no sacar la varita, y comportarse como el Premio Anual que era.
- Venga, esto ha acabado aquí.
Rachel seguía forcejeando con Grace y Lily, y Sadie hizo el amago de mandarla un hechizo, desoyendo a James. Sin pensarlo, él se colocó de forma que las bloqueaba a ellas con su cuerpo, protegiéndolas a las tres. En ese momento, Jeff ahogó un grito, y Sadie por fin apartó la mirada para posarla en su hermano. Él miraba a James con los ojos muy abiertos, y algo asustado. Sadie lo reconoció: acababa de tener otra visión, y esta era sobre James. Sin embargo, ella pareció ser la única que se dio cuenta, pues en ese momento Rachel consiguió liberar un brazo y gritó:
- ¡Lacarnum Inflamarae!
Sin embargo, la llegada de Kate y Gis, que por fin pudieron hacerse sitio entre la gente, la desvió el brazo, y hechizo dio de lleno en James que se llevó las mano a la cabeza cuando el cuello de la túnica se le prendió fuego.
Lily dejó de agarrar a Rachel y corrió hacia James, apagando el fuego y apartándolo del centro del la pelea. El chico tenía el cuello algo rojo por la quemadura.
- Tengo ungüento en la habitación –le susurró palpándole la zona adolorida-.
- No te preocupes, no duele –la dijo, pese a que hizo una mueca cuando los dedos fríos de su novia recorrieron su cuello-.
- ¡Vamos, atrévete! –gritó Rachel con lágrimas de impotencia en los ojos, al verse detenida por sus tres amigas-. ¿O eres como tu padre y necesitas pillar a la gente por sorpresa?
Sadie alzó la varita al instante, y antes de que nadie se diera cuenta, Jeff estaba a su lado empuñando la suya también. Las dirigieron al grupo de las cuatro chicas, y varias cosas pasaron a la vez.
Por un lado, las otras tres soltaron a Rachel para sacar sus varitas, por otro, Sirius y Peter intentaron alcanzarlas, y tropezaron con un grupo de estudiantes, cayendo sobre ellos, y, por último, alguien gritó desde el retrato deteniéndolos a todos.
- ¡¡¡PARAD!!!
Era Remus. Tenía la túnica desarreglada, el pelo despeinado, y la cara desencajada. De la sorpresa, todos se le quedaron mirando, y Sadie se concentró otra vez en mirarle a los ojos, y así comprender un poco la situación. Cuando vio la verdad en la mente de Remus, se volvió hacia su hermano extrañada, pero él no la entendía. Después centró su mirada en Rachel, durantes unos segundos. Para sorpresa de todos, bajó la varita al instante. Los demás se relajaron un poco, excepto Rachel que seguía con la varita alzada, con el brazo temblando muchísimo, y silenciosas lágrimas cayendo por sus mejillas. Era la viva imagen de la desesperación.
Pero Sadie ya no buscaba pelea. Ahora ya sabía quién era la chica, y era una eventualidad que, sin duda, no había previsto. Inspiró hondo, y se acercó a Grace, que era la que más cerca tenía.
- Escucha Sandler. Esto va para todos. Si queréis entenderlo, antes debéis escucharnos –la susurró-.
Pero Grace no estaba para escucharla. Apretó los dientes y la miró con odio, apartándose.
- Ni yo ni mis amigos tenemos nada que hablar contigo.
Jeff estaba confuso.
- Sad, ¿de qué va esto? –murmuró sin soltar del todo su varita, solo por si acaso-.
Sadie se volvió a mirarle, pero estaba demasiado inquieta. Miró alrededor. Sandler no iba a escucharla, y por las miradas que la habían dirigido Gis y Kate, seguramente ellas tampoco. James y Lily estaban sentados algo alejados, pero supuso que a cualquier intento de acercarse, estando James con la vigilancia baja, supondría un ataque feroz de parte de la pelirroja. Peter y Sirius aún estaban entre la marea de estudiantes, el primero frotándose la frente, y el segundo atrapado entre un grupo de niñas de segundo que parecían muy cómodas con el merodeador tan cerca. La última opción era Remus, por lo que se acercó hasta él, provocando que la chica volviera a revolverse.
- ¡No te le acerques! –gritó furiosa. Gis la sujetó para que no se lanzara contra ella-.
Sadie siguió observando a Remus, que parecía evaluarla, con la mano calculadoramente cerca del bolsillo donde guardaba la varita. Cuando estuvo lo bastante cerca como para hablar sin que nadie más lo oyera, se detuvo.
- Remus –dijo, usando a posta su nombre de pila para incluir más confianza a la conversación-. Hay muchas cosas que no sabéis de nosotros. Recomiendo que las escuchéis antes de intentar matarnos. No perdéis nada, y puede que ganéis algo. Vayamos todos a la habitación donde se queda tu novia. Allí habrá suficiente intimidad para contaros todo lo que debéis saber.
Remus la miró alarmado de que supiera lo de la habitación. Por un momento el rostro se le iluminó de ira. Ella había prometido no volver a utilizar la Legeremancia con ellos, e incluyendo esto a que era la hija del asesino de Richard, comenzaba a perder la infinita paciencia que tenía.
Sadie pareció suponer lo que iba a decir, porque se le adelantó.
- Lo he hecho por un buen motivo. Afecta mucho a nuestro asunto saber quién es ella...
- Como la ocurra algo a ella, os mataré a los dos, y te aseguro que contaré con mucha ayuda –prometió entre dientes, refiriéndose a todo el resto del grupo-.
- Si quieres te doy ahora mismo mi varita, pero haz que nos escuchen –le propuso ella tomando su varita y tendiéndosela a él-.
Remus la miró durante un momento, y agarró la varita para esconderla junto a la suya.
- Tienes una hora –la prometió con el rostro serio-.
Después pasó de largo, y se fue hacia Rachel, que le miraba extrañada, y comenzó a susurrarla al oído. Esta comenzó a negar con la cabeza mientras seguía llorando, y comenzó a gritar sin control, un montón de cosas sin sentido. Kate la silenció por miedo a que se descubriera a sí misma frente al resto.
Las otras tres chicas fueron algo más fáciles de convencer, pero tampoco fue coser y cantar. Después de unos minutos de conversación a base de susurros, todos estuvieron de acuerdo en escucharles siempre y cuando Jeff también entregara su varita.
La mayoría comenzaron a caminar hacia el tercer piso, a la habitación donde estaba Rachel. Lily y James se quedaron un poco más para ordenar la habitación, y dejar a cargo de los otros prefectos el informar a McGonagall.
- Will, dila que esta tarde yo misma la llevaré a los responsables. Jane, asegúrate de comprobar si algún alumno pequeño ha salido herido, y si es así, llévalo a la enfermería.
- Lily, ¿quién era esa chica? –preguntó un prefecto de sexto curso-.
- No tengo ni idea, Damien.
- Parecíais conocerla... –la contestó pensativo-. La abrazasteis.
Lily suspiró.
- ¿A quién habrías preferido abrazar tú, a la hija de Duncker o a una desconocida? –le preguntó tratando de sonar lógica-.
Para su alivio, el muchacho se encogió de hombros y dejó el tema. Sería complicado buscar una excusa para la presencia de "Jessi" en la sala común. Detrás de ella, James terminó de arreglar la última cortina.
- Bien. Esto ya está.
- ¿Seguro que no te duele el cuello? –le preguntó preocupada, mientras volvía a pasar los dedos por su cuello-.
- Lils, que no ha sido nada. Vamos a ver qué quiere esa lunática cuanto antes.
La cogió de la mano, y tiró de ella, saliendo del retrato junto con un grupo de niños de tercero que ya llegaban tarde a la comida. Ellos tomaron la dirección opuesta.
OO—OO
Diez minutos más tarde, Jeff volvía a la Torre Gryffindor dispuesto a cambiar la túnica. La dificultad con que había comenzado la reunión le hizo ver que aquello les podía llevar el resto del día, y quiso llevarla a cabo con una ropa seca para mayor comodidad.
Su sorpresa fue cuando llegó a la puerta de su habitación, y se encontró a Nicole sentada, apoyándose en ella. Cuando le oyó, levantó la cabeza, y Jeff vio que tenía los ojos rojos.
- ¿Estás bien? –la preguntó con precaución, mientras ella se ponía de pie-.
Nicole le estuvo mirando durante unos segundos, sin saber cómo comenzar. Después apartó la mirada, incómoda.
- Dumbledore nos ha hablado antes de comer –le dijo con aparente indiferencia-.
- ¿Ah sí? –preguntó Jeff con un nudo en la garganta. Se preguntaba cómo habría enfocado el director su tema-.
Su discurso me ha hecho pensar. –Jeff contuvo la respiración, intentando no hacer ningún movimiento que la llevara a callarse. Quizá aún habría algo de esperanza. Nicole continuó-. Nos ha dicho que no se debe juzgar a nadie sin conocerle, que debemos fiarnos de nuestros instintos, y que si él ha decidido que os quedéis en Hogwarts, es porque tiene muy buenos motivos para ello.
- Los tiene –confirmó Jeff sin poder evitarlo-.
Nicole asintió, como si aún la costara creerlo. Continuó desviando la mirada, como si no se fiaba de sí misma si le miraba.
- Si me conoces un poco, sabrás que soy muy impulsiva, pero que no me gusta quedarme con las ganas de nada, así quede mal con la gente –Jeff asintió-. Y siempre me ha gustado fiarme de mis instintos, aunque estos sean malísimos...
Jeff casi podía ver lo que quería decirle. Tuvo el impulso de cogerla la mano, pero se contuvo en el último momento. Nicole le miró por fin a los ojos.
- Que Merlín me perdone. Voy a escucharte.
Jeff compuso una tímida sonrisa, pero Nicole no le correspondió. Aún no se había ganado su confianza. Respiró hondo, obligándose a ser paciente.
- Vamos a contarle todo a los demás. Significaría mucho para mi que tú también vinieras.
Nicole asintió, y sorbió por la nariz, apartando de nuevo la mirada. Jeff se cambió enseguida, y después la condujo a la sala donde esperaban los demás. Ni la cogió la mano, ni la tocó en todo el trayecto. Aún no iba a permitírselo. Esperaba que después de escucharle, supiera comprender.
Cuando salieron del retrato, no vieron a otra persona escondida en el pasillo. Regulus también había escuchado con atención el discurso de Dumbledore, y también se había visto reflejado en él. Pese a que su situación era la contraria a las demás, él había cometido el mismo pecado. Había dado por hecho sin escuchar. Y había acudido allí, dispuesto a escuchar lo que Sadie tuviera que decir. Pensaba quedarse en la puerta de Gryffindor hasta que la viera salir, pero él no podía saber que ella ya no estaba allí.
O-oOOo-O
¡Hasta aquí puedo leer!:D ¿Qué os pareció? Quedé muy satisfecha con este capitulo. Llevaba toda la historia deseando escribirle, y quería que quedara perfecto :P
Para los que les interese, ya lo habréis adivinado, pero la pista en el capítulo anterior está en la fotografía de Adam, que sale Elizabeth Williams, que es el apellido que han adquirido los mellizos todo este tiempo. ¡Aquí mi amiga Fede lo vio claro! :D
¿Qué os ha parecido su verdad? ¿Alguno la esperaba? ¡Seguro que os pica la curiosidad saber cuál es la versión de los mellizos! En el siguiente capítulo saldrá todo. Será culminante, pues o los separará definitivamente del grupo, o los unirá más a ellos. ¡Veremos qué pasa! Perdonadme que lo diga, pero yo amé principalmente la intervención de Rachel :D
espero que os haya gustado. Intentaré escribir a toda leche el siguiente, que será como un complemento de información que nos queda. ¡Dadme vuestras suposiciones que me encanta leerlas! :D Un besazo a todos, ¡os quiero!
"TRAVESURA REALIZADA".
Eva.
