-La historia es de mi completa autoria más esta ligeramente basada en la segunda temporada de la serie "Kósem La Sultana" producida por Timur Savci y ahora protagonizada por Nurgül Yeşilçay (Sultana Kösem) y Metin Akdülger (Sultan Murad IV). Los personajes son propiedad de Masashi Kishimoto, más su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta para la dramatización de la historia.
Capitulo 12
Sasuke hubo observado pasar los días con enorme lentitud, sintiendo que aquel tiempo en que Sakura se encontraba inconsciente pasaba como una eternidad, velando su sueño en todo momento y no pensando en nada que no fuera ella y en cuán importante era en su vida…o cuan perdido se sentiría si la perdiera a ella y a su hijo o hija en camino. No había escuchado a ningún Pasha, no había pensado en ningún asunto de estado, solamente estaba centrado en ella y en que se recuperara.
Sentado sobre la cama, Sasuke acaricio lentamente el rostro de su esposa que sin importar el paso de los días seguía inconsciente y sumida en aquel profundo sueño, luciendo completamente relajada producto de lo que fuera que rondara su mente y que conseguía tranquilizar ligeramente al Uchiha. El Doctor C insistía en que ya estaba casi recuperada, pero Sasuke no se sentiría plenamente tranquilo hasta que la viera abrir los ojos y sonreírle de aquella forma tan especial.
-Hemos llegado muy lejos, ángel—le recordó entrelazando una de sus manos con la de ella. -Con Kami y el mundo como testigos hemos dedicado nuestra vida a mantener la paz…pero no puedo seguir haciéndolo solo—confeso temiendo que aquello se volviera realidad en algún momento.
La vida de ella había peligrado en muchas ocasiones, era egoísta de su parte pedirle que apreciara la vid tras todo lo perdido ya que ni el mismo lo hacía…pero era tal la paz que sentían estando juntos que solo separarse de manera indefinida les resultaba una completa tortura.
-Mi vida no fue vida hasta que conocí, y no volverá a serlo si te pierdo—prometió, completamente convencido de ello. -Te necesito a mi lado—rogó implorando silenciosamente porque abriera los ojos. -Necesito verte y saberte a mi lado por las mañanas, necesito escuchar tu voz, sentir tu aroma, saberte a salvo—detallo si es que en algún momento de su vida no había sido capaz de transmitirle cuán importante era para él. -Necesito que estés a mi lado, necesito que estés conmigo. Porque si tú mueres, no tardaré en seguirte—reconoció.
Sasuke, desde su regreso a la Capital el día del asesinato de su hijo Baru, sentía el peso de la muerte sobre sus hombros, no necesitaba morir par sentiré miserable al ver el sufrimiento en los ojos de Sakura cada vez que recordaba lo perdido, con solo verla sufrir el también sufría, empatizaba con su dolor y temía que en algún momento ella acabara cediendo ante tanto dolor y se rindiera, temía que—en algún punto—ese amor que sentían no fuese suficiente para aguantar los golpes que la vida les estaba dando a ambos. Resignado a esperar, Sasuke beso el dorso de la mano de Sakura la vez que guardaba silencio, esperaría el tiempo que hiciese falta con tal de verla recuperada, haría lo que fuera porque ella siguiera viva y feliz, porque ella tuviera deseos de vivir.
-Sasuke…
El Uchiha dirigió su rostro de manera inmediata hacia el de su esposa que extrañamente comenzó a parpadear, luchando contra la inconciencia. Sakura, debatiéndose entre sueños, abrió sus ojos observando aquello que había esperado contemplar tan ansiosamente: a Sasuke que velaba por ella como siempre, asegurándose de que ella estuviera a salvo, dándole la fuerza suficiente para erguirse ante las adversidades y luchar contra lo que sea que estuviera en su camino.
Viendo a Sasuke salir de aquel estado de preocupación gracia a su despertar, Sakura no hizo sino sonreírle mientras afianzaba aún más el agarre de él sobre su mano para asegurarle que su presencia era real y que no se rendiría…que no lo abandonaría.
Palacio de la Sultana Shina/Kirigakure
La Sultana Shina era una de las mujeres más poderosas que pudiera pertenecer al Imperio Uchiha, a sus 24 años era hermosa como pocas con aquel rostro angelical, largo cabello castaño dorado, grandes y gatunos orbes esmeralda y figura cadenciosamente femenina.
Estaba casada con Konohamaru Sarutobi Pasha, sobrino de Asuma Sarutobi Pasha y uno de los hombres más destacables en política por servir de Embajador entre el imperio y múltiples naciones, pero ya que la paz estaba solidificada, Shina podía agradecer el tener a su esposo en todo momento, solo para ella en su enorme Palacio. Pero su propia paz se había visto interrumpida apenas se había enterado del atentado contra su madre, noticia que se le había clavado en el pecho como una daga.
La Sullana vestía de color naranjo rojizo: el vestido inferior de escote corazón y del brillante color estaba hecho de seda que resplandecía con el movimiento como si fuese una joya, de mangas ajustadas hasta los hombros donde se encontraban unas suaves y bien formadas hombreras de la misma tela. Sobre este se hallaba otro vestido, que comenzaba bajo el busto, de un color naranja más suave y tenue, similar al durazno, que tenía sobre si una infinita variedad de bordados dorados. Alrededor de su cuello se hallaba una sencilla cadena de oro con diminutos cristales engarzados. Una elegante corona de oro y citrino adornaba su cabeza, formando espinas y capullos de rosas para relucir todavía más su larga melena miel dorado que se encontraba recogida tras su nuca para enseñar su cuello.
Su madre era una mujer amada y respetada por todos, que un atentado semejante tuviera lugar solo podía indicar que alguien nuevo había llegado a la capital para sembrar el caos y casualmente esa persona en cuestión era Naoko. Shina no podría respirar tranquila hasta que supiera que toda amenaza estaba destruida hasta sus cimientos. No quería abandonar su Palacio, no aun, cuando fuera el momento lo haría pero hasta entonces haría todo lo necesario para proteger a su familia a través de la distancia, no había podido hacer mucho en tiempos de Mito, Mei y Rin pero ahora si lo haría.
-No puedo creer que esto pasara—admitió Shina con pesar, de brazos cruzados ante sus dos sirvientes de mayor confianza; su doncella Hanabi y su escolta Tokuma, -¿Quién lo hizo?—demando saber con su voz teñida de ira, había transcurrido casi una semana y ahora acababa de enterarse, era insólito que algo así sucediera con ella que era una Sultana. -Mi madre no es cualquier persona—recordó con un chillido iracundo.
-No lo sabemos Sultana—reconoció Hanabi, bajando la cabeza por temor a decir algo equivocado, -aun no se ha iniciado ninguna clase de investigación—confeso para sorpresa de la Sultana.
Su padre amaba a su madre más que a nada en el mundo y sabiendo eso Shina no podía creer que aún no se estuvieran haciendo investigación alguna, su padre debía de estar encargándose personalmente que eso sucediera. ¿Por qué nadie estaba haciendo nada? Sumida en la incertidumbre que significaba no saber si su madre sobreviviría, Shina sentía que estaba volviéndose paranoica pero no le importaba, solo quería saber cómo estaba su madre.
-Kami…- murmuro la Sultana en un intento por controlarse a sí misma y evitar un exabrupto aún mayor. -¿Y por qué no?—demando saber al no entender el actuar de su padre y los servidores del Palacio, -¿Acaso algo lo impide?—cuestiono en espera de que no hubiera sucedido algo peor.
Si llegaba siquiera a saber que su familia; padre, hermanas y hermanos, corrían peligro, sería capaz de partir a Konoha y enfrentar a quien estuviera en su camino, llegando a derrumbar el Palacio sobre sus cabezas si hacía falta. Ya no servía la pasividad en momentos así, solo la crueldad y el ser implacable era algo prioritario en aquellas circunstancias tan adversas.
-El Sultan no ha abandonado sus aposentos—añadió Tokuma para aclarar la situación, -todos dicen que vela por la Sultana Sakura.
Llevándose una mano al pecho, Shina sintió poder respirar más tranquila, al menos u padre no iniciaba una investigación por los motivos correctos, porque estaba totalmente pendiente de su madre que con toda seguridad aun no debía de haber despertado. Al menos así podía esperar cuanto hiciera falta, pero si circunstancias así volvían a tener lugar tendría que actuar rápidamente y viajar a la capital para estar junto a su madre. Mikoto era cruel, podía ser igual de implacable que su madre y Sarada también podía categorizarse así…pero si ellas aun no hacían nada entonces su deber era esperar.
-Me tranquiliza eso—menciono para tranquilidad de sus sirvientes que le sonrieron al verla devuelta a la calma, como siempre lucia ante todos, -ahora volveré con mi esposo, manténganse alerta—indico viéndolos asentir ante sus órdenes. Ellos siempre obedecían su voluntad, -quiero saber todo lo que involucre a mi madre, porque si llego a enterarme que Naoko tuvo algo que ver…yo misma tomar su cabeza—amenazo Shina con aquel brillo sanguinario en su mirada.
Shina, con las manos cruzadas sobre su vientre, se retiró ante la mirada de Hanabi y Tokuma que la reverenciaron, era una mujer infinitamente hermosa—al igual que las Sultanas Sakura, Mikoto y Sarada—pero esa belleza equiparaba a su crueldad: como toda mujere del Imperio Uchiha.
El purpura era el color de la realeza y pese a ello la Sultana Sarada lo usaba en muy pocas ocasiones, resaltando aún más su belleza con aquel tocado de oro y zafiros en forma de púas sobre su cabeza con su largo cabello azabache cayendo sobre sus hombros como una marea de rizos. El escote era cuadrado y levemente bajo exponiendo un escote mínimo, con un bordado central que emulaba un corpiño de tipo corsé y dos falsos tirantes bordados en hilo de plata, los bordes de la falda externa también estaban bordados de igual modo así como las inmediaciones de las mangas justo en la zona que se ajustaba a sus codos y el lado contrario del brazo. Las mangas eran ajustadas hasta la mitad del brazo a partir de donde eran totalmente holgadas y largas hasta llegar a cubrirle las manos. La falda se dividía en dos, una interna y lisa y otra externa idéntica solo que con el bordado en los bordes que dividían ambas capas. Unos sencillos pendientes de oro con decorados de perlas de tipo lágrimas en forma de corazón se dejaban entrever tras su cabello.
Caminando a la par con ella se encontraba Midoriko reluciendo un favorecedor y femenino vestido beige suave fabricado en seda rosa en el corpiño y falda, complementado con botones de oro en caída vertical a partir del escote corazón, encima del vestido se encontraba una chaqueta transparente hasta la altura de las caderas, bordada de perlas, cuentas de oro e hilo de plata. Su largo cabello violáceo, peinado en infinitos rizos plenamente naturales, se encontraba decorado por una fina corona de oro con incrustaciones de piedras blancas y rosadas, pendientes de oro a juego y un collar del mismo estilo de la diadema.
Ya habiendo dejado a sus hijos con sus tutores y acompañados entre sí, Sarada y Midoriko hubieron recorrido los pasillos del palacio antes de detenerse ante las puertas de los aposentos del Sultan y que no tardaron en serles abiertas por obra de los siempre leales jenízaros. En el caso de la Sultana Sarada, esta visitaba los aposentos de su padre cada día y pasaba la mayor parte de su tiempo ahí, velando de igual forma que su progenitor el sueño de su madre…pero grande fue de ambas Sultanas al ver a la Sultana Sakura despierta y recostada sobre la cama, sonriéndoles a ambas en cuanto entraron.
Recuperando la compostura, pese a la inmensa alegría que sentían, Sarada y Midoriko bajaron la cabeza y reverenciaron al Sultan que estaba sentado junto a la Sultana Sakura, contemplando feliz las mejillas natural y perfectamente sonrosadas de ella, su sonrisa y el brillo que tenía en aquellos orbes semejantes a dos esmeraldas.
-Padre—saludo Sarada con una radiante sonrisa adornando su rostro, -Kakashi pide verte—comunico siendo que esto era cierto.
Su padre llevaba ya una semana ausentándose de los asuntos de estado y era imposible que eso continuar, el Sultan debía regir su Imperio, debía gobernar congruentemente sus territorios y brindarle paz a su pueblo, ese era su sagrado deber como Monarca…ante aquellas palabras Sasuke volteo a ver a Sakura que asintió a modo de respuesta. Estando consiente o no, había tenido a Sasuke a su lado más tiempo de lo usual y apreciaba eso enormemente pero era momento de que retomara sus deberes. El Uchiha, desando la frente de su esposa que le sonrió en todo momento, se levantó de la cama y avanzo hacia la puerta siendo reverenciado por su hija y por Midoriko que, ante su partida, prontamente se acercaron a la cama para ver a la Sultana y corroborar que, en todo sentido, estaba recuperada.
-Sarada—saludo Sakura viendo sonreír a su hija, al igual que Midoriko que, ahora más que nunca, estaba segura de a quien le debía lealtad.
Sarada sostuvo una de las manos de su madre entre las suyas, sonriendo en todo momento. Verla recuperada nuevamente, con aquel brillo de seguridad en su mirada era todo lo que pudiera necesitar, su madre era su ejemplo y en ella encontraba fuera para ser madre sin la presencia de un hombre a su lado, su madre le había enseñado a ser independiente gracia a su posición como Sultana de sangre, gracias a ella sabía cómo sobrevivir sola. Pero fue grande la sorpresa de Sarada y Midoriko al ver a la Sultana Sakura apartar las sabanas y apoyar sus piernas sobre el suelo, dando claras señales de levantarse, cosa que n tardo en hacer, pidiendo la ayuda de Midoriko con la mirada, quien no tardo en sostener el brazo justo omo Sarada que no protesto pese a su temor porque ese actuar no trajera sino consecuencias peligrosas.
-Estos son los aposentos del Sultan—aclaro Sakura ante la mirada de su hija que asintió en respuesta, -Midoriko, mi bata—pidió la Sultana ante la presurosa y animada pelimorada que coloco la bata sobre los hombros de la Sultana que la cerro sobre su camisón esmeralda, acomodándola sobre su cuerpo, -yo debo volver a mi lugar—recordó, soltándose agradecida el agarre de su hija, acomodando su cabello con ayuda de esta y Midoriko.
Con una sonrisa adornando su rostro, Sakura rodeo la cama siendo seguida por Sarada y Midoriko que acomodaron los velos que sostenían sus coronas para cubrir sus escotes, arremolinando la ligera y transparente tela sobre sus hombros antes de que la Sultana Sakura se detuviera ante las puertas.
-Abran las puertas—ordeno Sakura con voz clara.
En el acto y ante las incuestionables ordenes de la Sultana, los dos portentosos guardias jenízaros abrieron las puertas observando de sola sao a la Sultana con palpable alegría. Era sabido por todos que la Sultana Sakura era alabada por los jenízaros, era la primera y única mujer en tener tal poder y respeto ante el ejercito que, en ocasiones, ni siquiera había ofrecido su lealtad a los Sultanes gobernantes…pero ella permitía que cada institución existente le fuera total e incuestionablemente leal al Sultan.
Para alegría de Sakura y fuera de los aposentos del Sultan se encontraban sus siempre dispuestas doncellas, Eri entre ellas y principalmente Tenten que sonrió con lagrima ne lo ojos al verla antes d que la concentración de la Sultana se dirigiera hacia el jenízaro que apareció en el umbral del pasillo que se quedó petrificado de alegría al verla para, recuperándose, avanzar hacia ella luego de tantos días sin haber vuelto a verse entre sí.
-Sultana—reverencio Naruto sin poder evitar sonreír a ver a la hermosa Sultana pelirosa plenamente recuperada. –Me alegre que este a salvo—reconoció con alegría.
Con su largo cabello rosado plagado de rizos cayendo como una marea de rizos sobre sus hombros y su estilizada figura cubierta por un camión de escote en V y mangas ajustadas bajo la bata de seda, sencilla t única…Naruto corroboro que era la mujer más hermosa sobre la tierra, el recuerdo de su difunta esposa Hinata seguía en su mente, ella había sido el amor de su vida, pero era imposible para él no sentirse atraído por aquella insólitamente perfecta mujer que encantaba y extrañamente seducía a todo aquel que la viera.
-También me alegra verte a salvo, Naruto—admitió Sakura con una sonrisa en su rostro, reconociendo que ya no era molesto para ella sino que seguía siendo el leal amigo que ella había tenido en su día, -hubiera estado perdida sin ti—reconoció bajando la cabeza, con humildad.
Guardo un breve instante de silencio, en las mente de ambos pareció reproducirse aquel momento en que él la había salvado, ese momento en que había confesado sus temores ante él Uzumaki, admitiendo que deseaba morir…ese día nunca podría desaparecer de la mente de ambos, se habían sincerado y observado como nunca antes y por un breve instante Sakura se sintió ruborizar. Naruto ya no era un enemigo en su mente, de hecho volvía a considerarlo alguien de su entera confianza gracias a lo que había hecho para salvarle la vida.
-Sultana, es mi deber—admitió el Uzumaki en un intento por ser humilde pese a que en el fondo estaba tocado emocionalmente por las cándidas palabras de ella.
Plasmando una dulce sonrisa en su rostro, Sakura se retiró ante la atenta mirada del Uzumaki que siguió sus pasos hasta verla desaparecer en compañía de las Sultanas Sarada y Midoriko así como las demás doncellas, suspirando para sí mismo.
Su corazón volvía a latir de esa forma tan acelerada…solo por ella.
Los Pashas lo habían "entretenido" más de lo planeado, pero ahora y entrando a sus aposentos, Sasuke no deseaba otra cosa que para tiempo junto a su esos para garantizar que estuviera recuperada por completo, pero grande fue su sorpresa al entrar y encontrar la habitación vacía de toda presencia humana, la cama perfectamente tendida y un aire bañado al inconfundible aroma de flores de cerezo que correspondía a la anterior presencia de su esposa en esa habitación por aquella eterna semana. Pero el Sultan apenas y pudo respirar tranquilo antes de que las pertas tras de sí se abrieran por un leve chirrido que no pudo evitar alumbrar—en su mente—la posibilidad de que fuera Sakura, pero para su disgusto se trataba de uno de los siempre leales guardias jenízaros que flaqueaban las puertas de sus aposentos.
-Majestad, la Sultana Naoko solicita audiencia—informo el jenízaro, manteniéndose con la mirada baja.
Entornando los ojos y perdiendo la paciencia ante aquella simple peo exasperante mención, Sasuke hizo todo lo posible por mantener su temperamento bajo control a la vez que, ante la mirada del jenízaro, asentía únicamente a modo de respuesta, esperando que Naoko apareciera por aquella puerta. Esta vez dejaría las cosas claras, claro que creía que ella era responsable de lo que le había sucedido a Sakura y no pensaba ocultarlo bajo ninguna circunstancia. Daisuke tenía a Midoriko y dos hijos; Sasuke y Mikoto. Kagami había hecho a Eri su favorita y Sasuke solo esperaba que Shisui no tardara en sentir algo por alguna mujer a la edad apropiada. Si sus tres hijos tenían herederos y Rai no…entonces quedaría claro para todos quienes eran elegibles para el trono, quienes podrían procrear la bien llamada y longeva familia Uchiha, pero para ello Rai debía perder importancia como Príncipe, lo cual era difícil.
La Sultana no tardo en entrar con un aspecto más adecentado de lo que el Uchiha recordaba haberla visto anteriormente. Usaba un sencillo vestido rosa durazno de escote redondo, decorado por tres botones del mismo color y mangas ajustada hasta los codos que, volviéndose holgadas, cubrían casi por completo las manos, por sobre el vestido una chaqueta de terciopelo gris azulado, oscuro, bordada en hilo cobrizo para mayor elegancia, cerrada a la altura del vientre y abierta para exponer la falda inferior. Su cabello, siempre recogido, se encontraba adornado por una corona de oro y cristales de ámbar en forma de flores de jazmín a juego con un par de largos pendientes en forma de lágrima. Aparentemente estaba volviendo a tomarle gusto a los lujos, las joyas y la vida cortesana…lástima que eso no fuera a durar más. Sasuke ya no la quería en su Palacio por más tiempo.
-Majestad—reverencio Naoko con esa siempre presente y falsa conducta recatada e inocente, en un intento por no parecer una amenaza. -Vine a ver a la Sultana Sakura, pero aunque ella no este quería agradecer su bondad—alabo Naoko viendo asentir al Sultan que, con todo su autocontrol, se empeñó en parecer tan falso como le fue posible. Sentía que cada una de sus neuronas se asesinaba así misma de solo estar en la misma habitación que aquella mujer, compartiendo el mismo aire, -gracias a usted he podido estar junto a mi hijo y esa es una alegría que toda mujer anhela sentir.
El Uchiha asintió a modo de respuesta. Lo cierto es que, para él, nada podía ser menos importante que tratar con Naoko, pero si no lo hacía quizá tal vez nunca pudiera detectar la amenaza que ella significaba en su vida, en la de Sakura y en las vidas de sus hijos y sus nietos. Si Naoko era capaz de engañar como él creía…Rai podría llegar a ser Sultan tras su muerte, reinstaurar la ley del fratricidio y entonces acabaría asesinando a todos sus hijos y sus nietos. Temiendo que tal cosa sucediera, Sasuke era tan estricto con sus hijos como le era posible, sobre todo con Daisuke que era el mayor y que debía tener las bases necesarias en caso de que tuviera que ascender al trono. Kagami estaba preparado y Shisui, pese a su juventud, era un pacifista e intelectual muy habilidoso, pero Rai no debía acceder al trono, nunca.
-Comprendo—mintió Sasuke, notando a la perfección como Naoko pareció más confiada ante sus palabras, -es difícil, ha pasado mucho tiempo y pese a todo eres consciente de porque las cosas son de ese modo—le recordó trastocando la recién formada confianza de la pelinegra.
-Majestad, yo…- intento debatir Naoko, comprendiendo sus pensamientos.
Sakura siempre había tenido poder, Sakura siempre era amada por todos, Sakura siempre era la Sultana quienes todos amaban y quien le había dado nueve hijos al Sultan, Sakura era quien siempre se inmiscuía en política y a quienes todos los soldados, Spahi y Jenízaros veneraban por su carácter. Naoko no deseaba sino que esos días terminaran que su hijo llegar al trono y fuera su momento de brillar, siendo la madre Sultana.
-No me hagas perder el nimio respeto que tengo por ti ofreciendo excusas tontas—dio por zanjado Sasuke, haciendo añicos las esperanzas de Naoko por continuar mintiendo. Era obvio que el Sultan no iba a creerle, a la única persona a quien le creía a pesar de todo era a Sakura. -Tienes mi permiso para abandonar la capital y regresar a Kumogakure.
Dicho esto, Sasuke paso por el lado de Naoko, dispuesto a abandonar la habitación antes de que las palabras de ella lo detuvieran.
-No será necesario, majestad—aludió Naoko, considerando innecesario marcharse en un momento así, tanto por su hijo como por su propia ambición.
Sasuke volteo a verla, ligeramente intrigado. Daisuke protestaba y ordenaba lo que quisiera, tal vez, pero él era un Príncipe nacido dentro del Imperio y heredero de sangre real, mientras que Naoko no dejaba de ser más que una esclava, ¿Cómo osaba tener esos aires de grandeza? Él era el Sultan y nadie, absolutamente nadie, podía cuestionar su voluntad o sus decisiones bajo ninguna circunstancia.
-He pasado años lejos de mi hijo a quien tanto amo, no desearía separarme de él ahora—justifico Naoko, retomando su siempre falsa actitud pasiva e inocente que, en el caso de ella, no hizo sino repugnarle a Sasuke. -Mi partida, puede esperar—argumento con toda la inocencia posible. -Usted puede estar seguro que mis intenciones aquí son totalmente honestas.
Puede que en el pasado hubiera sido un hombre inexperto con respecto a las mujeres, la política y muchas otra cosas, pero los años habían hecho inteligente y perspicaz a Sasuke, había aprendido a percibir cuando estaban mintiéndole y, más que nada, cuando una mujer estaba fingiendo. Naoko, muchas veces, -al igual muchas otras mujeres—se empeñaba en parecerse a Sakura, emulando aquella inocencia y honestidad que no hacían sino provocar la ira del Sultan. Sakura siempre había sido inocente, siempre había hecho las cosas de cara a la luz, nunca a espaldas de nadie ni en las sombras, siempre le había notificado de cada uno de sus pasos y lo había apoyado en cada momento. Ella no era como ninguna otra mujer en el mundo y para Sasuke resultaba absurdo y ridículo que otras mujeres intentaran, inútilmente, emularla.
Girándose por completo, Sasuke avanzo lenta y peligrosamente hacia Naoko que, nerviosa, bajo la mirada, temiendo que sus intenciones hubieran quedado al descubierto como no deseaba que sucediera. No podía cometer más errores o de lo contrario su hijo nunca alcanzaría su verdadero destino, su verdadero potencial.
-Puedes engañar a quien tú quieras con esa mirada dulce y falsa inocencia, Naoko, pero a mí no—advirtió Sasuke inclinando su rostro hacia el de ella con aquel aire sumamente intimidante que la hizo temblar de solo temer una represalia de parte del Sultan que, con un sola orden, podía ordenar su muerte. -Sé muy bien que no estás enferma, solo estás aquí para deshacerte de Sakura y de mí para dejarle el camino libre a Rai—aclaro el Uchiha siendo que estaba seguro de tal cosa y nadie podría hacerlo cambiar de parecer. No necesitaba indagar en la mente de Sakura para saber que ella pensaba igual. -Di lo que quieras pero no conseguirás hacer nada—sentencio con voz fuerte para que Naoko lo entendiera. No odiaba a Rai, con el tiempo había aprendido a valorarlo ya que Sakura lo había criado y educado, pero sabía que él no tardaría en ponerse del lado de su madre y eso era lo que más lo preocupaba, -primero muerto que cederle mi trono a tu hijo—juró el Uchha.
Ya no teniendo más que decir, Sasuke le dio la espalda—de manera definitiva—a Naoko y abandono la habitación sin mirar atrás. Tenía algo mucho más importante que hacer en ese momento, algo aún más importante que lidiar con una serpiente traidora vestida de oveja.
El sol cruzaba el cielo y el atardecer surgía a pasos lentos que Sakura agradecía.
Luego de haber regresado a sus aposentos, Sakura no había hecho otra cosa que tenderse sobre su cama y dormir plácidamente. Los primeros síntomas del embarazo comenzaban a manifestarse y le resultaba inequívoco no dormir en cuanto la situación lo permitiera. Luego, y con toda la calma posible, se había bañado afanosamente para luego llamar a la partera que aseguraba que el embarazo progresaba divinamente pese al atentado ocurrido y además aclarando que la herida no dejaría cicatriz alguna, cambiando los vendajes, de todas formas, para que no hubiera una infección.
Luego, o más bien hace unos instantes, había comido un pequeño refrigero en compañía de Eri y Tenten que permanecían atentas a ella en todo momento para, luego, recibir a Ino que, luego de postrarse a sus pies, llorando producto de la preocupación sentida en los días sucesivos al atentado, no tardo en informarla de las novedades que reinaban en el Palacio. Naoko se había acomodado para, aparentemente, no marcharse esta vez, Koyuki había regresado y, para su alegría e infinito orgullo; Sarada había administrado el Harem en su ausencia, dando testimonio absoluto de la Sultana que era de manera indiscutible ante todo el Palacio.
Sakura, ahora sentada en el diván de sus aposentos, dignamente arreglada y vestida, esperaba la llegada de algún Pasha, de sus hijos, hijas o de Sasuke. Su largo cabello rosado caía libremente tras su espalda y un mechón sobre su hombro izquierdo, adornado por una corona de decorada con diamantes y que emulaba flores de cerezo a juego con un par de largos pendientes de ónix envueltos en oro para formar una especie de hamaca que los sostenía, reluciendo el emblema de los Uchiha alrededor de su cuello y el anillo de las Sultanas en su dedo anular. Cubriendo su femenina y cadenciosa silueta se encontraba un vestido de gasa y satín negro, la capa interior de componía de un simple vestido de mangas gitanas hecho de gasa con una capa central, de escote redondo, de seda negra en el centro del corpiño—decorado por seis botones de oro—y la falda interior. La capa superior, en los costados, estaba bordada en oro para emular el emblema de los Uchiha, mangas holgadas y abiertas desde los hombros y calce perfecto a su cuerpo cuyo escote era enmarcado por un fino cuello de tela.
La Sultana levanto la mirada en el acto apenas las puertas se abrieron con un leve chirrido ante la única persona que n necesitaba ser anunciada en el Palacio, por ende y pese a una leve molestia en el costado, Sakura no tardo en ponerse de pie, sonriéndole a Sasuke apenas entro. Sabía que le recriminaría el estar levantada y dispuesta a resolver asuntos tan pronto, pero ese era el deber de ambos. Sakura sonrió radiante en cuanto sintió a Sasuke acariciarle los hombros, corroborando que aquella hermosa visión de ella era absolutamente real, que no desaparecería y así era.
-¿Por qué te marchaste?—indago Sasuke, preocupado porque ella se empeñará en lucir digna ante todo. -Aun no estás bien—le recordó con ese aire sobreprotector que tenía especialmente con ella.
Divertida, Sakura frunció falsamente el ceño y endureció sus facciones con temple dictatorial que hizo sonreír a Sasuke, ella no era el tipo de persona que fingía ese estado protocolario, pero resultaba divertido contemplarla en un intento por fingirlo, aunque fuera para hacerlo sonreír.
-Lo estoy—debatió Sakura con voz melodiosa entre una sonrisa.
-No lo estas—se opuso tajantemente Sasuke.
-No lo estoy—respondió Sakura con una sutil sonrisa en sus labios.
-Lo estas…- respondió Sasuke antes de cerrar los ojos, dándose cuenta de lo que había dicho y del juego que ella estaba entretejiendo a su alrededor, -no sigas—le advirtió, inclinándose para besar la frente de ella.
-Si eso quieres—se encogió de hombros, la pelirosa.
Sonriendo, Sakura entrelazo una de sus manos con las de Sasuke, indicándole que se sentaran para hablar, había muchos temas que tratar luego de la prolongada ausencia de ella producto de su recuperación y ahora el momento preciso para empezar a lidiar con ello. Sentándose sobre el diván, a la par que su esposo, Sakura se acomodó la falda del vestido, sin soltar la mano del Uchiha que se perdía en su mirada esmeralda, devuelto a la vida por su presencia.
-Así que…Koyuki regreso al Palacio—más bien afirmo la Sultana ya habiendo escuchado tal información de parte de Ino que había abandonado sus aposentos apenas unos momentos antes de que Sasuke llegara.
-Como te dije que pasaría—le recordó Sasuke, viéndola asentir, -por suerte y respeto a tu condición, ella y Daisuke no han progresado en lo absoluto—aludió tranquilizando a Sakura que, apenas y habiendo despertado, tenía ciertas dudas en base a lo que habían planeado, -espero que eso siga así—reconoció pese a creer que tal cosa no era posible.
Sakura también lo agradecía, pero sabía que eso no dudaría, Daisuke no era la clase de hombre que controlaba sus impulsos, menos con aquella Princesa con la que—según sabía—aun no había intimado, por ende Sakura estaba considerando tomar todas las medidas preventivas necesarias, inclusive las más exageradas si así hacía falta. Nada era poca cosa cuando se hablaba del bienestar del Imperio.
-Kami mediante—secundo Sakura, frunciendo ligeramente el ceño, dándole a entender a Sasuke que clase de pensamientos sondaban por su mente, -pero el extracto de Casia que le dimos no bastara, le pediré a una partera que se encargue de dar por zanjado el asunto y seque su vientre—menciono sin emoción alguna en su tono de voz, tal y como se esperaba de parte de una Sultana, -no necesitamos más estorbos en momentos como este—le recordó a Sasuke que no pudo estar más de acuerdo con ella.
Ella no estaría tranquila hasta que se corroborara que Koyuki nunca, nunca, pero nunca podría engendrar un hijo, hasta que Naoko no fuera una amenaza y hasta que aquellos que habían intentado matarla no fueran destruidos por completo. No se trataba de orgullo ni soberbia, sino temor, ¿Y si hubieran atacado a Mikoto en su lugar, o cualquiera alguno de sus hijos o hijas y ella no hubiera podido hacer nada? Eso era algo que Sakura jamás podría perdonarse y por ende debían realizar medidas desesperadas si hacía falta.
-Me entere que no iniciaste una investigación—menciono Sakura, aludiendo claramente a Naoko, -me alegra—reconoció para satisfacción de Sasuke que había dado tal respuesta por sentado hacia vario instantes atrás, -quiero en encargarme en persona de quien haya intentado matarme.
Para Sakura no había otro u otra posible responsable para el atentado en su contra que Naoko, ella había llegado recientemente y tenía viejos y desconocidos aliados en el Palacio, ella era el problema y tenían que encargarse de ella de alguna forma, como fuera.
-¿Sospechas de Naoko? Porque yo sí—indago el Uchiha dando su opinión que la pelirosa dio por propia con una sonrisa ladina en su rostro. Claro que Naoko podía ser responsable, de hecho ella era la única sospechosa porque nadie más había intentado algo como eso anteriormente, -también Sarada y Mikoto—añadió para complacencia de Sakura que no espero menos de su hija.
La pelirosa bajo la mirada en cuanto Sasuke, que hasta la fecha habia matenido una de sus manos tas su espalda, le tendio un sobre que Sakura acepto pero no abrió en espera de saber, por boca de él, de que se trataba. No esperaba correspondencia de nadie recientemente y esperaba que no se tratara de una mala noticia porque esas reinaban por monton en sus vidas.
-Shina envió esto—aclaro Sasuke antes de ver a Sakura abrir el sobre a toda prisa, claramente emocionada por la idea de recibir una carta de su hija a quien no veía desde hace ya diez años. Sakura desdoblo la carta y ni lenta ni perezosa la leyó rápidamente, -está preocupada y amenaza con matar a Naoko si algo así vuelve a suceder—comento sin ironía o burla en su voz porque Shina nunca proclamaba algo que no pudiera cumplir. -Si por mí fuera…lo permitiría—añadio el Uchiha.
Depsitndo un beso sobre la hoja de papel, donde yacía la firma de su hija, Sakura no pudo evitar estrechar la carta contra su pecho, casi sintiendo a su hija pronunciar aquellas palabras de preocupación, aun no estando enterada de que estaba a salvo y que todo seguiría su debido curso.
-Me alegra que, a pesar de la distancia, siga siendo nuestra hija—menciono Sakura florando su lado más sentimental, que solo su familia evocaba.
Luego de los acontecimientos sucedidos durante el día, inevitablemente la noche cayó con prontitud sobre el palacio y sus habitantes que aún no se retiraban a dormir.
Pero Daisuke, ya agotado luego de entrenar en compañía de Kagami, terminaba de cambiarse ropa para dormir, observando de sola sayo a uno de los sirvientes que, tras asistirlo, se hubo retirado. Cruzando la habitación, aun sin el sueño deseado para dormir, Daisuke se detuvo ante la chimenea—de espaldas contra a la puerta—perdido en sus propios pensamientos, decidiendo en como progresar su "relación" con Koyuki, ella no oponía resistencia a formar parte de su vida, a ser parte del régimen Imperial de los Uchiha…pero solo Daisuke podía comprender lo que eso significaba; la carga, las intrigas, los complots, esa era una vida demasiado dura.
Como una nota discordante ante sus pensamientos, tocaron repentinamente a su puerta, cosa que lo extraño en demasía, no esperaba a nadie a esa hora de la noche…pero tampoco era como si fuera a eludir a quien sea que estuviera del otro lado.
-Adelante—índico Daisuke.
Las puertas de los aposentos del Príncipe se abrieron de forma lenta y acompasada, revelando la magnífica visión que se encontraba del otro lado: Midoriko.
La Sultana Sarada había sido muy instructiva, le había dado toca clase de secretos, algunos anteriormente impartidos e instruidos por la propia Sultana Sakura y Midoriko no había podido evitar aprender con absoluta devoción, arreglándose como nunca para ser capaz de volver a cautivar a su Príncipe, el absoluto dueño de su corazón. Nunca había sido tan osada como en aquel momento, luciendo completamente desnuda y envuelta en una bata de encaje rubí bordado en diamantes, casi completamente transparente y con su largo cabello violáceo peinado en una coleta decorada por broches y cadenas de oro, y dos mechones plagados de rizos cayendo sobre sus hombros y adornado por una diadema de tipo cintillo de la que pendía una fina cadena de oro que sostenía una flor de cerezo hecha de rubí que caía obre su frente.
-Mi Príncipe—saludo Midoriko con una respetuosa reverencia.
Daisuke no parecía decepcionado sino que, por el contrario, analizaba la figura de Midoriko de arriba abajo sin disimulo alguna. Jamás había actuado de aquella forma y debía admitir que era justo lo que había esperado por tanto tiempo, bajo aquella inocencia se ocultaba una mujer que lo amaba y que estaba completamente dispuesta a todo por complacerlo y hacer realidad cualquiera de sus fantasías.
-Midoriko, ¿Qué estás haciendo aquí?—indago Daisuke, saliendo de aquel fascinante trance.
Pero, -lejos de responder—complacida ante aquel especial y curioso silencio, Midoriko abrió lentamente la bata y dejo que se deslizara por sobre sus hombros hasta caer al suelo y arremolinarse bajo su cuerpo ante la mirada de Daisuke.
Esta era su noche.
Palacio de la Sultana Shina/Kirigakure
Sola en sus aposentos, Shina se mantuvo entada sobre uno de los divanes con las manos cruzadas sobre su regazo, entreabriendo los labios ligeramente y moviéndolos de forma acompasada mientras murmuraba una oración por su madre de quien seguía sin saber nada. Su madre era todo para el Imperio, la comunicación, la paz, la serenidad…si su vida se extinguía el mundo se volcaría y el Imperio de los Uchiha desaparecería para siempre.
Su largo cabello miel dorado se encontraba elegantemente recogido tras la nuca con un rebelde y fino rizo cayendo como flequillo al costado de su rostro. Por sobre su cabeza se encontraba una portentosa corona de plata, perlas, esmeraldas y diamantes en forma de púas a juego con un par de pendientes de cuna de plata con una esmeralda en el centro enmarcada por pequeños diamantes y perlas. Cubriendo su perfecta y siempre femenina figura se encontraba un hermoso vestido verde teal, pero levemente más azulado que verdoso. Se componía de una sola prenda, debido al clima veraniego, un vestido de escote cuadrado pero que tenía una especie de cuello falso que descendía desde los hombros hasta un perfecto escote de caída en V bajo una capa superior de escote cuadrado y unas siempre marcadas y estampadas hombreras. En el centro del vestido de hallaba un camino de tela hecho de complejos estampados emulando el emblema Uchiha bordado en plata que exponía la falda del vestido que emulaba el mismo patrón. La falda exterior, los lados del corpiño y las mangas ajustadas hasta los codos y holgadas y abiertas a partir de allí no poseían patrón alguno.
Las puertas se abrieron de forma repentina sacando a Shina de sus divagaciones interinas para permitir el ingreso de su esposo Konohamaru que la observo con sincera lastima al verla tan preocupada. Usualmente Shina era una mujer práctica y totalmente imperturbable…pero su familia y él eran su mayor preocupación, una preocupación que Konohamaru no deseaba que ella sintiera o concibiera siquiera.
-¿Sabes algo, Konohamaru?—pido Shina, con voz desesperada.
Otro día más sin novedades, si las cosas seguían así Shina estaba casi segura de acabar volviéndose loca, necesitaba saber que su madre estaba bien y que no tendría que lamentar otra pérdida como ya lo habían sido las muertes de sus hermanos Baru e Itachi hacía ya diez años atrás. Plasmando una sutil sonrisa en su rostro, cosa que desconcertó a su esposa, Konohamaru se arrodillo frente a ella, sosteniendo las manos de ella que temió que fuera a rebelar una noticia dolorosa…esa noticia que ella no quería oír.
-La Sultana está bien—Shina parpadeo confundida ante sus palabras, pidiéndole de manera omnisciente que fuera más específico, -despertó y está bien.
Sonriendo de forma inmediata, Shina se abrazó efusivamente de su esposo que le correspondió en el acto. Su familia estaba bien y por ende ella podría respirar tranquila…hasta que fuera el momento culmine y volviera a pisar el Palacio para deshacerse de Naoko y todo enemigo que se cruzara en su camino.
PD: actualización dedicada (como siempre) a DULCECITO311 (cuyos comentarios adoro) y Adrit126 (por quien intente hacer el capitulo un tanto más largo) quienes comentaron el capitulo anterior. Presento al personaje de la Sultana Shina, la segunda hija del Sultan Sasuke y la Sultana Sakura, una mujer que-en los próximos capítulos-tendrá gran importancia. Lamento la demora pero, por ahora, estoy libre de exámenes hasta la primera semana e mayo, por ende actualizare mis historias tanto como me sea posible :3 gracias por su paciencia, si tiene alguna idea o critica que dar por favor comenten. Para aquellos que estén interesados, las hijas de la Sultana Sakura están inspiradas en las que fueran las hijas de la Sultana Kösem:
-Ayse Sultan-Sultana Mikoto: llamada la más cruel de las Sultanas Otomanas, casada en 8 oportunidades y una de las mujeres más poderosas del Imperio/yo elegí representarla, por ahora, como una mujer enamorada y devota, sin demasiadas ambiciones pero absolutamente leal a su familia y al Imperio.
-Fatma Sultan-Sultana Shina: una de las Sultanas más influyentes del Imperio Otomano, igual de poderosa que su hermana la Sultana Ayse y que se caso en 7 oportunidades/la representare con ese aire cruel heredado de su abuelo, el Sultan Izuna. Luchara por proteger a su familia, apoyando a su padre y su madre.
-Gevherhan Sultan-Sultana Sarada: Sultana de poca importancia en el gobierno, casada en 2 oportunidades, asesino a los hijos de su hermano el Sultan Murad IV para evitar la muerte de su hermano Ibrahim/claramente representare a esta Sultana con mayor importancia y mayor parecido a Sakura; cruel y digna, justa y noble.
-Atike Sultan-Sultana Izumi: Sultana de poca importancia en el gobierno, casada en 2 oportunidades y cuya participación Imperial es desconocida/haré que sea parecida a su difunta tía; la Sultana Rin, por ende es caprichosa y cruel, erra con demasiada facilidad, pero es leal al Imperio y a su familia por sobre cualquier cosa.
