Preparen armas, apunten... ¡Fuego!
Sí, lo sé, queréis matarme. Os entiendo. Me ocurre lo mismo con mis profesores, con los autobuses de la universidad y con lo que cuesta habituarse a los inicios de curso, pero es la única excusa que tengo. He vuelto a empezar... ¡Agggg! La inspiración no estaba porque el ánimo ha estado irregular, pero como compensación os traigo un capítulo larguísimo :P
Respondo reviews a toda leche, y empezamos, okey makey?
Lili: ¡Mi chilena adorada! ¿Qué tal todo? Me alegro que te gustara el capítulo anterior, iba más cómico que de costumbre para relajar un poco :P A mi también me dio la risa cuando escribí lo que Kate le dice a Sirius, pero es que creo que es cierto xDD si quiere ser auror, tiene que sacarse el EXTASIS de pociones, quiera o no :P Sadie está cambiando un poco, pero sigue siendo ella en esencia, solo que más sociable. Tenemos que darle el crédito a los chicos, y sobretodo a las chicas de eso jejeje Sí, Gis cumplirá este capítulo con la venganza, así que ya me dirás si te gusta :P Jane no es tan mala cuando no es psicópata, no jajajaja pero la verdad es que el problema de Jane es que solo sabe ser así de buena amiga con los que ella considera guay. Como tú dices tiene que bajar de esa nube de grandeza. ¿Sabrá hacerlo? Ays, ni idea jajajaja Adoro el personaje de Regulus, y creo que él siempre se sintió mal por el abandono de Sirius, aunque claro, es opinión personal... También entiendo el dolor que debió suponer para Sirius ver a su hermano pequeño convertido en un asesino a sus ojos :S pero weno, cada uno tiene su versión jejeje Ya me contarás qué te parece este capítulo!!un besazo wapísima!!;)
Fd-potter: ¡Hola mi niña! Buff, he tardado muchísimo, soy consciente :S lo que pasa es que no es tan fácil encontrar un hueco para sentarte a escribir ahora :S Ahora viene mi bronca de amiga responsable: No se falta a la universidad! Vale, puede que yo lo haga alguna vez, pero está fatal jejeje me alegra que te gustara el juego de la verdad :P yo me lo pasé muy bien con él, se descubren cosas nuevas xDD es difícil de creer, pero Gis es la típica que habla mucho y luego casi no hace nada jajaja digamos yo, por ejemplo :P lo de Kate lo dudabas??estando Sirius en medio, podían haber sido horas jejeje lo de Sirius y Grace me ha costado un poco escribirlo, pero ya está, recién salido del horno, así que espero que te guste :P yo odio a Snape con todas mis fuerzas, pero no me puedes negar que se merece una venganza por todas las putadas que le hicieron. Eso sí, creo que se la cobró excesivamente, con la muerte de James, y por ende la de Lily :( los castigarán, sisi, créeme!!y ya me dirás si creo que he sido muy dura xDD y las reacciones de Lily y Kate también están aquí, por supuesto :P sé que se me odia por haber dejado a Remus fuera en este capítulo, pero Peter necesitaba de verdad que le explicaran de qué iba todo, y ninguno pegaba nada en las dos fiestas jejeje de las cajas habrá avances en este capítulo, pues ya vamos a meternos de lleno en ese tema! Es para tener malos presagios, pues es un tema peligroso! Odiaste a Slughorn??xD pues ya verás ahora jajaja Ya empecé a la uni, y ya empieza el frío aquí :( recién acaba de comenzar el otoño, qué triste! Pero weno, ya os toca a vosotros el veranito jejeje Chota es cabeza, perdona!a veces se me olvida que usamos vocablos distintos jejeje JK no es que lo haya dicho, pero tal y como lo puso de adolescente yo quería asesinarle xDD weno, me has pillado xDD no me acordaba de Remus y Rachel jejeje ellos sí son la pareja más firme, pero después Jeff y Nicole, porque ellos dos se complementan con sus rarezas :D Ya me pasé por el fic, va avanzando genial :D ánimo con los estudios, y no te preocupes! Me encanta hablar contigo :P un besazo!!;)
Bueno yo diría que podemos empezar... ¿Os parece? ¿Ahora mismo me odiáis por entreteneros, eh? Jejejeje vale, vale. Solo me queda agradecerle a Cintia muy especialmente este capítulo que me lo ha beteado enterito, por lo que estará muchísimo mejor gramaticalmente, sin duda jejeje gracias wapa!!!
Recapitulemos: En el capítulo anterior, Sirius y James montaron un escándalo bastante gordo en la fiesta de Slughorn, y las chicas hicieron su fiesta para Gis, después de la cual Lily no pudo acercarse a la otra fiesta, lo que hace que aún no se haya enterado de todo el jaleo. Además, Adam Potter cuenta a Dumbledore lo de su ataque, y este decide que ya es tiempo de que avancen un poco con el tema de las famosas cajas...
Nada de lo que reconozcáis es mío... ni siquiera James... ¡snif!
"JURO SOLEMNEMENTE QUE MIS INTENCIONES NO SON BUENAS"
O-oOOo-O
Capítulo 26: Lo que ocurrió entre tú y yo
Era lunes. El último antes de las vacaciones de Navidad. El día había comenzado prácticamente como todos, salvo por la excepción de que James había hecho todo lo posible para evitar a Lily, y que él y Sirius habían sido llamados al despacho de Dumbledore justo después del desayuno.
Allí se encontraban los dos chicos, uno sentado al lado del otro, escuchando el sermón paciente, pero reprimente del director.
- El profesor Slughorn está absolutamente disgustado, y me ha pedido que os expediente en serio esta vez.
El anciano cerró los ojos un momento para reordenar sus ideas. Sabía dentro de sí que eso no podía hacerlo. No porque quisiera favorecer a esos dos estudiantes, ni porque estuviera de acuerdo con sus acciones, sino porque sabía que la ambición de ambos era ser aurores, y una mancha así en su expediente imposibilitaría su entrada en la Academia de Aurores. En cualquier otra situación, habría considerado eso un buen castigo para enseñarles respeto a su prójimo, pero estaban en guerra, y necesitaban muchos más jóvenes tan dispuestos como ellos a luchar. No, ese castigo no podía ser.
- A tanto no llegaremos, pero eso no significa nada. Aún no tengo decidido qué voy a hacer, pero no creáis que os vais a librar de esta. Ya no sois unos críos, por el amor de Dios. ¿Cómo podéis humillar de esa forma a un compañero y quedaros tan tranquilos?
- Empezó él –se defendió James con vehemencia-. Llevamos mucho tiempo sin molestarlo, y yo estaba tan tranquilo cuando él me hechizó primero. Yo solo se la devolví.
- Eso no es excusa –declaró el hombre negando con la cabeza-. Erais dos contra uno, que encima estaba desarmado. Y no os limitasteis a hechizarlo una vez, sino que montasteis un circo a su costa delante de todos los compañeros.
- Eso sólo lo hice yo, profesor –dijo James irguiéndose en la silla-.
Sirius fue a hablar, pero su amigo le dio un sutil codazo para que se callara. Era su forma de agradecerle por haber reaccionado de una forma tan feroz a una amenaza contra él, contra su hermano, había dicho. Dumbledore miró primero a uno, y luego a otro.
- Muy curioso. Sobretodo teniendo en cuenta que Horace me ha contado que vio cómo Sirius hacía la transformación.
- Lo hice porque Snape...
- Por nada –intervino James con rudeza-. Si vas a confesarlo, al menos di porqué fue de verdad. Te apetecía, simplemente. No intentes maquillar la verdad.
Le había molestado sobremanera que Sirius fuera capaz de contarle al director sobre la amenaza de Snape. ¿Quería hacerle quedar como un cobarde? Ni que le preocupara lo que había dicho ese pelo grasiento. Como si fuera capaz de hacer más que pegarle piojos.
El director juntó las yemas de los dedos, y enterró la cara en sus manos, respirando acompasadamente para tener más paciencia. Cuando levantó la mirada, seguía siendo tan seria como cuando ellos habían entrado al despacho, pero un brillo cruzó por sus ojos cuando estos conectaron con los de James. Después suspiró.
- Muy bien. Seréis castigados, por supuesto. Será por tiempo indefinido, y la profesora McGonagall considerará cuál es el castigo adecuado. Siendo la fecha que es, me parece absurdo comenzar antes de Navidades, así que podéis estar contentos de libraros estos días. El primer día tras las vacaciones de Navidad, os quiero a los dos en el despacho de la profesora McGonagall para ser informados sobre vuestro castigo.
Los chicos asintieron, y se levantaron de los asientos para marcharse. Ya habían perdido la primera clase, y si no se daban prisa perderían la segunda. Sin embargo, cuando comenzaron a caminar hacia la salida, Dumbledore volvió a hablar.
- James, quédate un momento.
Sirius abandonó el despacho mirando inseguro a James, quien observaba al director con los brazos caídos a cada lado del cuerpo. Una vez fuera, su amigo intentó escuchar a través de la puerta, pero el director se había asegurado de silenciar la habitación, por lo que se limitó a sentarse en los escalones a esperarlo.
- Siéntate.
James se sentó en la silla, con una sensación en el estómago que no tenía antes. No podía ser bueno, si solo le había hecho quedarse a él. El director le observó largamente antes de volver a hablar, y después suspiró.
- Creo que, si no me equivoco, la profesora McGonagall te advirtió que si volvías a ocasionar problemas este año, te quitaría la placa de capitán.
Los ojos de James se abrieron desorbitados ante esa idea, y miró al profesor con profundo horror. El director fingió no darse cuenta, y siguió hablando sin titubear.
- Es mi deber hacerte ver lo grave que es lo que hiciste anoche. Agresión a un compañero, escándalo público, faltarle al respeto a un profesor... Y algunas de esas cosas no es la primera vez que las haces. Por eso me veo en la obligación de cumplir con la amenaza de Minerva.
- ¡Pero profesor...!
Albus levantó una mano para acallarlo, y en sus ojos brilló la comprensión.
- Sin embargo, James, no puedo expulsarte del equipo sin hacer que todos los Gryffindor acudan en masa a mi despacho con antorchas en llamas. Seréis vosotros dos quienes carguéis con los reproches por perder cien puntos de golpe, no yo. Y para evitar protestas, voy a llegar a un punto intermedio. Serás cesado por un mes –James se había relajado al oírle, pero había vuelto a tensarse. El castigo no era permanente, pero seguía siendo mucho para él-. Durante todo el mes de enero quedas temporalmente expulsado del equipo de quidditch y, por tanto, no serás el capitán durante todo ese tiempo. Te sugiero que se lo comuniques cuanto antes al subcapitán. Y, por cierto, durante ese periodo de tiempo, también tienes prohibido volar. La diré a la profesora McGonagall que requise tu escoba para asegurarme de que me obedeces.
James se sentía más rendido que nunca. Si hubiera pensado un momento en claro, en vez de dejarse llevar por la indignación y hubiera escuchado a Jane, esto no habría pasado. Ahora le habían dado donde más le dolía, mientras que Snape ya correteaba por los pasillos tan campante. Estaba enfadado, más de lo que había estado en mucho tiempo. Sin embargo, supo que no debía demostrárselo al director, pues, a pesar de todo, este había sido bastante indulgente.
- ¿Puedo irme? –preguntó entre dientes, intentando aguantarse de golpear algo hasta que saliera del despacho-.
- Aún no –dijo el director levantándose de su asiento-.
Rodeó su propia mesa y fue a sentarse en el asiento de Sirius.
- Verás, James. Quiero hablarte, pero esta vez no de director a alumno, sino de hombre a hombre. ¿Me permites decirte un par de palabras?
James asintió confundido, mientras notaba cómo los ojos azules del hombre traspasaban los suyos.
- Eres un líder por naturaleza James, pero te empeñas en seguir comportándote como un payaso.
Lo dijo más con pena que con reproche. Sabía del potencial de ese chico, del gran mago que era y el enorme carisma que tenía. Sin embargo, el muchacho parecía dispuesto a desperdiciarlo en tonterías que hacían poco o nada de gracia.
James se encogió de hombros fingiendo indiferencia. Sin embargo, parte del mensaje se le quedó grabado. "Payaso"... Eso solo aumentó su mosqueo, y tuvo que morderse la lengua para aguantar hasta salir del despacho.
- Tal vez se equivocó nombrándome Premio Anual –dijo entre dientes-. Sólo porque yo haya sacado buenas notas no...
- No te escogí para Premio Anual porque sacaras buenas notas –lo interrumpió Dumbledore. Otra vez estaba en una situación en que el sujeto no se veía con claridad a sí mismo. James era un chico con un ego muy alto, pero su orgullo propio consistía en creerse mejor jugador de quidditch, más gracioso y mejor duelista. No era capaz de mirarse a sí mismo más a fondo, y el director se propuso sacarle de su error-. Te escogí como Premio Anual porque eres inteligente, tienes personalidad, y sabes dirigir a las masas. Necesito tener al frente del alumnado a alguien que cuando haya una emergencia sea al que sigan ciegamente. Y creo firmemente, aún después de lo de anoche, que no me equivoqué en mi decisión, pero necesito que tú también lo creas. Eres ya un adulto, y en unos meses pasarás a vivir en el mundo real, donde hay una guerra. Y te aseguro que no te beneficiará en absoluto provocar a tus enemigos con tontos hechizos, cuando ellos ya están aprendiendo las peores maldiciones.
James le miró confundido, sabiendo que había más significado en las palabras del hombre del que se veía a primera vista. Dumbledore suspiro, y le miró de nuevo a los ojos.
- Sé lo que ocurrió anoche, incluso lo que no me habéis contado –enseguida James supo que, de un modo que desconocía, el director había averiguado las demás cosas que ellos habían hecho, y, sospechaba, también la amenaza que Snape vertió contra él-. Vuestros problemas son vuestros, James, yo no voy a interceder para que os llevéis bien a estas alturas. Eso sí, mientras sigáis interfiriendo en el orden del colegio, seguirás viniendo a hacerme visitas. Sólo te voy a dar un único consejo, y confío en que lo sigas: Jamás subestimes a nadie. Cualquier cuchillo, por pequeño que parezca, tiene filo. No lo olvides.
James supo perfectamente a lo que se refería, y la verdad es que le hubiera hecho pensar mucho al respecto, si su mente no girara constantemente a su expulsión temporal del equipo. Estaba demasiado ofuscado por ello para percatarse de todo lo que el director quería transmitirle.
Volvió a asentir con la cabeza, y Dumbledore le dejó marchar con un deje de desilusión. Se había dado cuenta perfectamente que el muchacho solo le había escuchado a medias. Esperaba que este no fuera otro de los casos en los que se cumplía el dicho: el primero que deja de escuchar consejos, es el primero en caer en la trampa.
James salió del despacho, y tuvo que contenerse mucho de no dar un portazo. Sirius se levantó de golpe, mirándole expectante.
- ¿Qué te ha dicho? –preguntó-.
James le miró durante unos instantes, apretando los puños y los dientes con furia. Al final echó a andar sin darle una explicación a su amigo. Sirius tardó unos segundos en reaccionar. Hacía mucho que no veía a James así, en tal grado de furia. Por lo general, su mejor amigo era un muchacho de carácter alegre y positivo, y podía contar con los dedos de una mano las ocasiones en que se había enfadado de veras, y menos de esa forma. Tuvo que correr para alcanzarle, y ambos caminaron a zancadas hacia el aula de Encantamientos.
Llegaron cinco minutos antes de que comenzara la clase, pero sus compañeros ya estaban allí esperando al profesor. James atravesó el aula sin dudarlo, con Sirius a su lado mirándole extrañado y en silencio, pues no sabía cómo atajarle con ese humor.
Ambos se detuvieron cuando llegaron hacia donde estaban la mayoría de sus amigos, y James se dirigió directamente a Grace, ignorando deliberadamente a Lily que estaba a su lado.
- Grace, tengo que hablar contigo.
La rubia le miró extrañada, y luego a su amiga, quien no había apartado su furiosa mirada de su novio. James echó a andar hacia otro lado sin esperarla, y Grace se levantó con titubeos, compartiendo miradas confusas con los demás. Le preguntó a Sirius con la mirada, pero este se encogió de hombros.
Lily se quedó en su asiento, fingiendo hablar con total tranquilidad con Sadie. Ignoró a Remus cuando la preguntó si no les acompañaba. Algunos se habían levantado para preguntarle a James qué le ocurría, aunque se habían quedado apartados de donde él hablaba con Grace. Lily ni siquiera lo pensó. Estaba demasiado enfadada, y no pensaba discutir en medio de una clase repleta de estudiantes. Esa mañana, cuando bajó al comedor con las demás, se extrañó, como todos los Gryffindor de ver que faltaban cien puntos del reloj de gemas, pero cuando quiso preguntarle a su novio si sabía algo, él la había eludido deliberadamente. Después les llamaron al despacho del director, y empezaron a circular los rumores de una pelea en la fiesta de Slughorn, de otra broma de James y Sirius, y de Snape como víctima. Todo era demasiado confuso, y para colmo, camino a su primera clase, se había cruzado con su profesor preferido, y este la había mirado desilusionado. ¡Y ahora era James quien se hacía el ofendido con ella! Si pensaba que de ese modo ella iba a correr tras él, es que no la conocía en absoluto.
Grace miró a James con confusión, sorprendida de la mirada colérica y la expresión seria de su amigo. Él no mostró ninguna otra emoción al hablarla.
- Me han suspendido, así que a partir de ahora mandas tú.
Grace se confundió más con eso. ¿De qué hablaba?
- ¿Qué te han suspendido el qué?
- Del equipo. Me han echado temporalmente –James ignoró los gritos ahogados de sus amigos, que habían escuchado desde un poco más atrás, y tampoco hizo mención al gesto de horror de Grace-. Durante el mes de enero no seré miembro del equipo, así que durante ese tiempo tú eres la capitana.
No esperó a que ella dijera nada, y se dirigió hacia su asiento sin decirle a nadie ninguna otra palabra. De todas formas, todos se habían quedado sin palabras al escuchar eso. Comprendieron que James necesitaba su espacio tras recibir esa noticia. Era el peor castigo que podía haber recibido ahí dentro, o al menos, el que más podía dolerle.
OO—OO
Había pasado toda la mañana, y James había rehuido a Lily con gran esmero. En cuanto Flitwick dio por terminada la clase, él salió apresuradamente hacía Herbología, sin dar oportunidad a que Lily reaccionara, pues ella tenía que tomar un camino completamente distinto hacia Runas. De todas formas, para sorpresa de todos, ella tampoco hizo el intento de acercarse.
- No seas dura con él –la dijo Grace en voz baja cuando caminaban hacia la siguiente clase-. Bastante tiene con lo del equipo para que tú le eches la bronca.
- Esto no le habría pasado sino hubiera estado haciendo bromas pesadas a la gente –atajó Lily inflexible-.
Grace suspiró y compartió con Remus una mirada preocupada. Esperaban no tener que ser testigos de otra pelea legendaria de esos dos.
Fue en la hora de la comida cuando Lily perdió la paciencia. Con el fin de evitarla de nuevo, James se había marchado con Sirius a las cocinas, en vez de acudir con el resto al Comedor. Ella apenas comió, y a los quince minutos se levantó dejando los cubiertos con fuerza sobre el plato. Los demás, que habían aguardado el estallido de la tormenta, suspiraron. Kate decidió ir tras Lily, intentando llegar a las cocinas antes que ella y alertar a Sirius para que sacara a James antes de que llegara Lily. Al fin y al cabo, ella era la única de las chicas que sabía el motivo por el que James huía de su novia.
Su problema no era que temiera la reprimenda. Esa ya la esperaba, y no le importaba. Pero temía no poder controlarse cuando esta llegara, y comportarse de una forma que quizá después lamentara. La cuestión es que, en parte, no podía dejar de culpar a Lily por su expulsión del equipo. Aunque sus amigos intentaron hacerle ver la verdad, Sirius y Peter con algo menos de intensidad, él seguía pensando que si Lily no le hubiera obligado a asistir a la fiesta, él no se habría metido en problemas. Remus le había dicho que podía haber ido sin causar ningún altercado, pero él había insistido en que no había querido ir en ningún momento, y que su poca paciencia se había debido a lo incómodo que estaba allí. Por lo tanto, quería evitarla hasta que su mente asimilara lo del equipo y no se lo echara en cara, porque eso a Lily no la iba a gustar en absoluto.
Los dos amigos estaban sentados en una pequeña mesa de madera, colocada en un rincón de la cocina, mientras los elfos les servían más variedad de comida que la que había en el comedor.
- Podríamos coger como costumbre venir aquí –dijo Sirius cogiendo un muslo de pollo con una mano, y un trozo de pan con la otra-.
James suspiró por toda respuesta. Removió de nuevo un poco más la salsa del pollo, que ya había formado una especie de tela transparente, y apoyó la cabeza en la mano izquierda cerrada en un puño. Sirius dejó su comida en el plato.
- Vamos colega, solo será un mes. Y ni siquiera habrá partido entonces –le intentó animar con una palmada en el brazo-. Además, aún tendrás dos semanas para ponerles en forma antes de jugar contra Hufflepuff. Y la rubia ha dicho que va a hacerte caso en todos los planes.
James no quitó la vista del suelo mientras le escuchaba. Su ceño había permanecido fruncido desde que había recibido la noticia, y los chicos no habían encontrado la forma de conseguir alegrarle. Incluso había sido insólito ver a Sirius y Grace ponerse de acuerdo para animarle. Volar... era lo suyo, era su elemento. Y se lo habían cortado de raíz, sin dejarle la esperanza de sentir por cinco minutos el viento revolviendo su pelo. McGonagall le iba a retener su escoba en cuanto llegaran de vacaciones. Lo único que quería era que acabaran las clases e ir a montarla, ahora que aún podía.
La puerta se abrió de golpe, y por ella entró una Lily realmente furiosa, seguida inmediatamente por Kate, que jadeaba por el esfuerzo de la carrera. Lily le miró directamente a los ojos, pero James rehuyó la mirada de nuevo. Pasaba de tener esa discusión en ese momento. Se levantó con parsimonia, e intentó pasar por su lado para cruzar la puerta, pero ella le cerró el paso apoyando los brazos en las jambas de la puerta.
- Ni siquiera pienses que te vas a escapar de mi, James Potter.
Agitó una mano con impaciencia cuando varios elfos se la acercaron y comenzaron a ofrecerle comida. Su mirada no se había apartado de él, pero James aún miraba al infinito, como si pudiera ver a través de ella.
Intentó volver a pasar, encontrándose de nuevo con la oposición de Lily que cada vez estaba más enfadada. Sirius se levantó, y miró a Kate, que observaba la escena algo nerviosa. Ninguno se atrevió a acercarse o intervenir. James suspiró profundamente.
- Lily, déjame pasar. La clase empieza en quince minutos.
- Tiempo de sobra para que me expliques por qué narices hiciste eso anoche.
James por fin la miró a los ojos, con una mirada que no era precisamente tranquila. Kate, que estaba detrás de Lily, lo vio claro, pero la pelirroja estaba tan furiosa que no la distinguió.
- Y según tú, ¿qué he hecho? –la preguntó con frialdad-. Porque tú no estabas allí, y no tengo constancia de que ningún implicado te lo haya contado. ¿O sí?
Sabía perfectamente lo que había hecho, pero que, sin tener conocimiento previo, su novia ya le juzgara, ya echaba una gota más a un vaso rebosante. Lily titubeó un momento, consciente de que eso era un golpe bajo. Según los rumores, el otro implicado era Severus, y James sabía muy bien que a ella la había costado superar la pérdida de su amistad. Levantó la nariz, orgullosa, y dispuesta aunque fuera a mentirle para proteger su propio orgullo.
- ¿Y qué si lo han hecho? –le preguntó-.
Vio el brillo en los ojos de James, y supo que aquello le había dolido. Su novia poniéndole verde a sus espaldas, y con su peor enemigo. Un golpe bajo para su orgullo. Él apretó los dientes y los puños a la vez, fulminándola con la mirada.
- Déjame pasar.
Lily se recostó contra el umbral, cerrándole aún más el paso y sonriendo con un desprecio que no usaba con él desde hacía muchos meses.
- Dime. ¿Qué ha hecho esta vez Severus? ¿Respirar?
James no contestó, pero se adelantó un paso, tan cegado que se creía capaz hasta de empujarla para apartarla de su camino. Lily soltó una risa despectiva. Cualquier cosa para hacer que reaccionara.
- ¿Qué ocurre? ¡El gran James Potter tiene derecho a todo! Si el gran James Potter se aburre, puede destrozar la fiesta de un pobre profesor, o dejar en ridículo la reputación de su novia, ¿verdad? Porque al gran James Potter solo le importa James Potter.
James bajó la cabeza hasta que sus ojos quedaron a la altura de los de ella, brillando con la furia que había intentado controlar a lo largo de la mañana.
- Y a Lily Evans solo le importa su reputación, y seguir estando en la vitrina de fotografías de su querido profesor. ¿Es lo único que te mueve a ti, verdad? En caso de que ese pelo grasiento se hubiera metido conmigo primero, ¿habrías reaccionado así con él? Te lo diré yo: No. Porque a ese le tiene bien considerado tu querido profesor, y porque ese es tu adorado amiguito de la infancia, mientras que yo solo soy un patán que hace bromas tontas, explotando petardos y creando disturbios, ¿me equivoco?
- No intentes... –Lily se quedó un momento en blanco, pues algo que había dicho la recordaba a otra cosa y no sabía qué era. "Disturbios"... Súbitamente se acordó, y su mirada se endureció más, olvidando lo que iba a decir con anterioridad-. Así que fuiste tú el que lió todo ese caos hace un par de meses. ¿Y yo te defendí ante McGonagall?
La había mentido entonces, y ella había insistido ante su profesora que él era inocente. Se sintió utilizada y aún más enfadada si eso era posible.
- ¡Yo te defendí! ¿Y ahora esto? ¿Qué van a pensar, que yo me he vuelto como tú?
James abrió los ojos de golpe al percibir el asqueo de su tono de voz al pronunciar la última frase.
- Si tanto te molesta mi forma de ser, de ahora en adelante procuraré que no tengas que soportarla muy a menudo.
Finalmente la empujó, y pasó a su lado para irse. Por instinto, Lily le agarró el brazo, deteniéndole. James se dio la vuelta, esperando que ella dijera algo para disculparse, pero Lily se quedó callada. James alzó las cejas interrogante, pero Lily se limitó a soltarlo y mirar hacia otro lado con furia. Él negó con la cabeza, decepcionado.
- Olvídame... –la susurró dándole la espalda y comenzando a andar a zancadas lejos de ella-.
Lily se había abstraído demasiado en el dolor que le dio esa última palabra para percibir la amargura con que la había pronunciado. Sintió un golpe en el hombro, y vio a Sirius adelantarla, persiguiendo a James, quien ya se había perdido de vista. De repente se dio cuenta de la presencia del chico y de Kate, que miraba el suelo como si pretendiese fundirse con él y pasar aún más desapercibida. No sabía muy bien qué había pasado, pues era como si todo hubiese pasado muy rápido, pero el picor que notó en los ojos la dijo que necesitaba estar sola unos minutos antes de ir a clase.
Unos diez minutos después entró en el aula con su actitud serena completamente recompuesta. Apenas se le notaba la rojez de la nariz, y agradecía infinitamente haber encontrado ese hechizo contra el cansancio de los ojos, pues siempre se la ponían muy rojos cuando lloraba. Solo Grace notó esos pequeños cambios y, unido al relato de Kate, unió piezas de inmediato. Afortunadamente, fue lo suficientemente discreta como para no preguntarla, ni dirigirle la palabra. El único gesto que hizo fue tomar el brazo de su mejor amiga con fuerza, y dirigirle una pequeña sonrisa. Lily no se la devolvió.
Sirius llegó a clase cuando ya estaba empezada, y la profesora le regañó por ello, pero el muchacho no pareció escucharla. Asintió varias veces con la cabeza mientras la mujer hablaba, y luego fue a sentarse con Peter. Delante de él, y junto al asiento vacío de James, Remus se dio la vuelta.
- ¿Dónde está Prongs? –le preguntó preocupado-.
Sirius comprendió que sus amigos ya estaban enterados de lo ocurrido. Miró a Kate con complicidad, y ella adivinó su pregunta, pues asintió con la cabeza. Cerca de ella, Lily fingía atender a la clase, mientras les observaba por el rabillo del ojo. Sirius la dedicó una dura mirada, hasta que ella apartó la suya avergonzada. Después volvió a mirar a Remus.
- No ha querido venir. Dijo que necesitaba estar solo, y que ya vendría en un rato.
Sin embargo, James no apareció en toda la tarde. Los chicos se comenzaron a preocupar por su estado de ánimo, Grace empezó a pensar que si daba más motivos, podrían quitarle del equipo para el resto del año. Ella siempre quiso ser capitana, pero no a costa de cualquier cosa, y menos a costa de apartar a James del equipo, quien era el que más merecía el puesto. No dijo nada en voz alta, pues sabía que la cosa no estaba como para tomar en serio esas banalidades. A su lado, el ceño de Lily estaba tan fruncido que sus cejas se juntaban cada vez más.
Cuando acabó la clase, Lily se levantó y rápidamente dio la excusa de que McGonagall había enviado mucho trabajo, y no podía dejarlo para otro momento. Grace, quien la conocía más que ninguna, suspiró con desgana. Su amiga siempre utilizaba la excusa de la biblioteca cuando estaba mal. La última vez, cuando su amistad con Snape terminó, apenas salió de ella en tres días.
OO—OO
James había pasado las primeras horas de la tarde dando vueltas por la Sala Común de su torre, sin poder parar quieto. Se había dedicado a sacar de su baúl cosas que tenía enterradas y olvidadas en él. Ni siquiera recordaba que era él quien se había quedado con el mapa del merodeador tras la broma a Jane. ¡Qué razón tenía Sirius! Durante esa semana que había salido con Lily, parecía haberse domesticado por completo. Ni siquiera protestó mucho cuando le obligó a ir a la fiesta de Slughorn. Se sentía como si hubiera sido una marioneta en manos de esa chica.
Más en el fondo descubrió con asombro la snitch que robó en quinto curso, y que llevaba varios meses enterrada en el baúl. Recordó el día que Lily le dijo que no le gustaba ("Es una chiquillada, James. Me parece muy patético ir robando material escolar, e ir luciéndolo como un trofeo"). Y cómo cada cosa que ella había dicho, él había tomado por norma su opinión. ¿Qué consiguió con eso? Que ella se interesara por un prefecto que tenía todo lo que ella siempre alabó, y le dejara a él con el puesto de mejor amigo, como sustitución al que había perdido un año antes.
Él había sido el sustituto de su amigo, y después de una relación fracasada. ¿Cómo podía estar seguro que ella había querido estar con él porque le quería, y no porque había descubierto los sentimientos de él y se sentía sola tras haber roto con Mark? Ya había dejado claro que no le gustaba su personalidad, y sólo habían conseguido ser amigos los meses que él y los chicos no se habían sentido con fuerza para ser ellos mismos.
Se paró, mirando el diluvio que caía en la calle, y se revolvió el cabello con nerviosismo. Sentía el corazón latirle a mil por hora, y tenía un nudo en la garganta que no se le iba por más que intentaba sacárselo. Suspiró hondo, intentando aclarar su mente. Si Lily no le quería como era, ya no iba a perder más tiempo intentando ser otro, sólo para agradarla. En ese momento quería pensar en otras cosas, cosas que no tuvieran unos ojos verdes preciosos, ni el pelo llameantemente pelirrojo.
Agitó la cabeza y recogió su escoba para después salir del retrato dando un portazo tras de sí. Caminó con premura hasta llegar a un aula en el primer piso, donde sabía que tenían clase sus compañeros de quinto curso. Si le iban a apartar un mes del equipo, al menos cumpliría uno de sus planes antes de dejarle el puesto a Grace.
Diez minutos después, un timbre sonó por toda la escuela, avisando a los alumnos que las clases habían llegado a su fin. Del aula comenzaron a salir los chicos más apresurados, y poco a poco fueron pasando los más rezagados. Entre ellos estaban Allan y Nicole que, extrañamente, venían hablando entre ellos en susurros. No eran amigos muy cercanos, por lo que la imagen era inusual. Ambos pegaron un respingo al verlo.
- ¡Capitán! –exclamó Allan con la voz algo distorsionada-.
El nerviosismo era evidente, por lo que James supuso que estaban hablando sobre su expulsión del equipo cuando él había llegado. James hizo un gesto de dolor al escuchar ese apelativo, que le sería negado por treinta y un días. Les saludó con un gesto de cabeza, y después se dirigió directamente hacia la chica, ignorando al muchacho que le preguntaba si estaba bien.
- ¿Tienes la tarde libre? He pensado que podíamos aprovechar para ensayar esos trucos que te dije que te enseñaría.
Allan y Nicole se miraron incrédulos, y el chico dirigió su mirada hacia una de las ventanas, donde el viento azotaba las ramas de los árboles contra los cristales. Quizás no era precisamente la mejor tarde para jugar al quidditch en el exterior.
- ¿Ahora? –preguntó Nicole con incredulidad-.
James se encogió de hombros, manteniendo la mirada seria y dura.
- ¿Tienes algo mejor que hacer? –la preguntó-.
- Pues, esto... ehm... Vale, vale.
No la quedaba mucha opción, pues antes de que terminara la frase, el aún capitán ya la estaba arrastrando por el pasillo. Llegaron en tiempo record a la torre Gryffindor, y James la instó a que corriera a coger su escoba rápidamente. Mientras la esperaba, vio a algunos compañeros entrar por la puerta tras acabar las clases. De sus amigos, los primeros que aparecieron fueron los hermanos Duncker, que le miraron algo cautelosos.
- ¿Todo bien, James? –preguntó Sadie evaluándole con la mirada-.
Sin embargo él rehuyó su mirada, mientras fingía jovialidad y alegría.
- Jeff, colega, espero que no te importe que te deje sin compañía esta tarde, pero tengo algo que enseñarle a la buscadora –dijo con ánimo, intentando evitar que se fijaran tanto en su actitud-.
Los dos hermanos se miraron extrañados, pero antes de que pudieran hablar de nuevo, Nicole bajó de un salto por la escalera.
- ¿Seguro que no puede ser otro día? Mira lo que cae –dijo en un tono inseguro, mientras le sonreía a Jeff como saludo-.
James se encogió de hombros con despreocupación.
- Hoy es tan buen día como cualquier otro.
Ignoró las miradas incrédulas de sus compañeros cuando miraron el temporal a través de la ventana, y luego a él como si estuviera loco.
- ¿Vais a entrenar con este tiempo? –preguntó la voz de Grace desde el retrato-.
Algunos de sus amigos habían vuelto de clase, y le miraban como si estuviera loco. James ignoró a posta la mirada de Remus, que rebosaba preocupación. Al menos quien más le conocía, Sirius, no estaba allí para intentar meterle a un manicomio.
- Durante este mes aún soy capitán, Grace, así que no cuestiones mis decisiones.
La rubia le miró ofendida, y tiró su mochila sobre un sofá antes de salir por el retrato murmurando entre dientes.
- En marcha –le dijo James a Nicole tirando de su brazo-.
OO—OO
Lily cerró con fuerza el libro que estaba intentando leer. No podía concentrarse, pues las palabras se juntaban en sus ojos, y aparecían borrosas, carentes de interés. Se levantó con aburrimiento y fue a dejar a la estantería el que sería el sexto libro que intentaría leer en media hora.
Estaba de nuevo buscando otro libro de Transformaciones, cuando oyó algo moverse a sus espaldas, y sintió la desagradable sensación de que estaba siendo observada. Se dio la vuelta a tiempo para encontrarse con la mirada de Severus Snape, antes de que él la apartara.
- Hola –susurró el muchacho en voz baja, como si esperara su reacción como el estallido de una bomba-.
Lily le miró por unos segundos realmente molesta, hasta que se dio la vuelta de nuevo, ignorando su presencia. Bastante tenía con haber discutido o roto con James (aún no tenía claro qué había pasado), como para que la viniera ese antiguo amigo de la infancia a intentar hacerse el simpático, como si nunca la hubiera insultado delante de todo el colegio.
Cogió otro libro y se fue a su mesa apresuradamente. Sólo cuando habían pasado diez minutos y pudo fijar su atención en la primera línea del libro, se dio cuenta de que se trataba del libro "Quidditch a través de los tiempos", y no uno sobre Transformaciones. Gimió en voz baja, llevándose las manos a la cabeza. Lo último que quería en ese momento era algo que la recordara a James, y desde luego ese libro no ayudaba. En la parte frontal había una lista de quienes le habían alquilado, y James aparecía numerosas veces. Todos sabían que durante su primer curso había descubierto el libro, y era el único de la biblioteca que leía, hasta que Sirius se dio por aludido y le regaló su propia versión en Navidades.
Bufó, cerrándolo con fuerza, y ganándose la mirada de sus compañeros más cercanos. No pedía nada tan difícil. Sólo no quería leer ni oír el nombre de James Potter por lo que restaba de día. ¿Acaso era imposible?
- ¡Ey, Susan! ¿A que no sabes que ha hecho ahora Potter? –susurró una voz con una risa contenida en la mesa de al lado a la de ella-.
Lily hundió la cabeza entre sus manos, negando apesadumbrada. Si alguien llamaba la atención en Hogwarts, ese era James. Sin quererlo, escuchó cómo la tal Susan preguntaba con interés, e inconscientemente levantó un poco la cabeza para escuchar.
- Está entrenando en el campo de quidditch. ¡Con la que cae!
Lily volvió la cabeza bruscamente, mirando a las chicas, que al verla a ella comenzaron a reír, y bajaron la voz. ¡Ese chico era imbécil! Estaba cayendo la tormenta del siglo, y no se le ocurrió otra cosa que sacar al equipo a la calle. Tuvo el impulso de levantarse e ir a quitarle esa loca idea de la cabeza, antes de que todos se resfriaran, pero su orgullo la detuvo. Por el rabillo del ojo vio a alguien cerca de ella levantándose apresuradamente, y reconoció a Jane. El orgullo creció más, al imaginarse a esa chica mimando a James, y él recibiendo gustoso sus atenciones, como le había visto hacer millones de veces el año anterior.
Se levantó, sólo para dejar el libro en la estantería, y esta vez sí, coger el adecuado.
OO—OO
Se había congregado una buena multitud en la puerta del colegio, para observar de lejos a los insensatos que se habían atrevido a salir a la calle con ese clima. Estudiantes de las cuatro casas se apretujaban en el vestíbulo, en torno a las ventanas y a la puerta abierta, sin atreverse a salir más allá. El murmullo era ensordecedor, pues todo el mundo comentaba sobre el suceso. La noticia de la suspensión de James se había extendido por el colegio, pero había quienes le habían dado más jugo a los rumores. Por allá por donde pasaban los amigos del protagonista, se oían historias cada vez más disparatadas.
- Dicen que le han echado del equipo porque ya no vuela tan bien como antes –decía un chico de Hufflepuff mirando por la ventana junto a sus amigos-.
- Pues yo he oído que le han expulsado del colegio por pegar a un niño de primero. Al parecer le dejarán quedarse hasta las vacaciones de Navidad, pero después no puede volver –le aclaró una amiga suya-.
Había sido difícil no contestar con grosería a algunas de las descabelladas ideas, y aún más contener la varita de Sirius. Sin embargo, consiguieron salir del tumulto sin tener ningún enfrentamiento con nadie. Allí se encontraron con Grace, que estaba acompañada del resto del equipo mirando el cielo, donde entre truenos y rayos se distinguían dos motitas voladoras.
- Se le ha ido la olla definitivamente –le susurró Allan a Josh-.
Sarah se volvió preocupada hacia Grace, observando cómo se balanceaban peligrosamente sus compañeros sobre las escobas.
- ¿No sería mejor avisar a McGonagall?
- Ni hablar –exclamó Sirius antes de que Grace pudiera contestar-. Bastante le han jodido con un mes. Si se lo decimos, es capaz de apartarlo por el resto del año.
Grace les miró a ambos, mordiéndose el labio con preocupación.
- Quizá sería mejor esperar un poco. Puede que ya acaben –dijo con inseguridad-.
Su mirada se dirigió hacia donde Jeff y los amigos de Nicole observaban por una ventana. Esperaba que James acabara pronto con esa locura, porque el grupo parecía bastante enfadado.
- ¡Ey, chicos! –dijo un chico acercándose a los dos grupos-. Por simple curiosidad. Es que están corriendo muchos rumores. ¿Es verdad que Evans ha dejado a Potter porque le han echado del equipo de quidditch?
- No, no –aclaró otro que estaba mirando por la ventana, y se dio la vuelta para contestarle-. Por lo que he oído, primero lo dejó ella, y después Dumbledore lo expulsó del colegio por prenderle fuego al despacho de Slughorn. Pero no se qué tiene que ver la buscadora con todo eso...
- Os voy a quitar yo las ganas de chismorrear... –murmuró Sirius adelantándose un paso-.
Entre Remus, Peter, Kate, Grace, Sadie y Gis, consiguieron apartarlo antes de que sacara la varita.
- Mejor que nos vayamos a otro lado –propuso Remus para calmar los nervios. Él también se estaba empezando a ofender con ciertos rumores-.
- Sí, vamos a dar una vuelta –afirmó Kate apretándole la mano a Sirius-.
Sirius bufó, pero asintió debido a la insistencia de los demás.
- Yo me quedo –dijo Grace mirando por encima de su hombro-. Alguien tiene que estar pendiente de ver cuándo acaba con esta locura –se acercó a Remus, para hablarle en voz baja y asegurarse de que ninguno, especialmente Sirius, la escuchara-. Si pasas por la biblioteca, a ver si puedes hablar con Lily. Yo lo intenté antes, pero se está haciendo la sueca.
Remus la guiñó un ojo, y la rubia se despidió de los demás con un gesto, mientras volvía al lado de Sarah.
- McGonagall no tardará mucho en descubrirlo con la que se está montando –dijo Sadie poniendo en voz alta los pensamientos de los demás-.
Se hizo un silencio incómodo entre todo el grupo, que fue roto por Gisele.
- Pero, ¿tan fuerte fue la discusión con Lily? Porque están ahora los dos como regaderas.
Tiró de la manga a Kate, al ver que esta no tenía mucha intención de contestar, pero ella se limitó a rodar los ojos y tirar más fuerte de la mano de Sirius, que aún miraba hacia los ventanales con el ceño fruncido.
- ¡Peter! –gritó alguien a lo lejos-.
Todo el grupo se giró a tiempo de ver a Mary cruzar el vestíbulo corriendo, ignorando a toda la multitud como si no existiese.
- ¿Dónde demonios te has metido? ¡Llevamos más de una hora esperándote!
Todos se quedaron mirando a Peter, quien tenía una expresión de confusión bañando su rostro. Miró a Remus con inseguridad, y volvió la vista a Mary, casi escondiendo la barbilla en su cuello.
- ¿Habíamos quedado?
La Slytherin rodó los ojos y le cogió del brazo, tirando de él para que se diera prisa. Peter tiró a su vez de ella para que se detuviera, y ella le miró entre interrogante e impaciente.
- Peter, te juro que hoy no es un buen día, y quiero acabar con estas sesiones antes de Navidades.
- Ya, ya, pero –bajó la voz para que sus amigos no le oyeran-. ¿Sabes si Snape está hoy especialmente enfadado por lo de anoche con Sirius y James? A ver si voy a pagar yo sus locuras...
Mary resopló antes de contestar.
- Créeme Peter, si pagas algo, será el haberte olvidado que el grupo se reunía hoy, no por lo de tus amigos.
El muchacho la miró durante unos segundos, pensando en la respuesta, antes de darse cuenta de que no le había respondido directamente. Nerviosamente, lanzó una mirada hacia donde estaba Remus y Gis, quienes eran los que más podían querer ayudarle. Su amigo pareció entenderlo todo a la primera, pues se adelantó con una risa leve, y le cogió del otro brazo, despidiéndose del resto del grupo.
- Creo que no tengo ni que preguntar –dijo claramente divertido. Por el rabillo del ojo, Peter vio que a Mary se la escapaba una sonrisa-. Tranquilo, Wormtail, estaré cerca por si acaso a Snape se le cruzan los cables por lo de ayer, pero dudo que te hiciera pagarlo a ti. Ya de paso intento razonar con Lily...
OO—OO
Jane acababa de llegar al vestíbulo, aunque había oído los murmullos desde un piso superior. Se cruzó con varias personas que abandonaban el lugar, al no encontrar nada más interesante que el vuelo de dos locos entre la tormenta, y pasó de largo a dos amigos de James, Remus y Peter, que parecían tomar el camino contrario al suyo.
Llegó a las ventanas, donde estaba congregada la mayoría de la gente, y estiró el cuello para observar el exterior. No veía nada por las cabezas, y comenzó a andar sin apartar la vista del cielo. Sin embargo, con los nubarrones, los truenos y el viento, la visibilidad era nula, por lo que no distinguía ninguna escoba del equipo. Un rayo cayó en los terrenos, arrancando algunos gritos entre algunos espectadores, y consiguiendo que a la Ravenclaw se le acelerara el pulso. Siguió moviéndose horizontalmente, intentando vislumbrar algo más, hasta que sintió a alguien a su derecha, y se animó a preguntar.
- ¿Sabes si ya han acabado? No se ve nada.
- ¿Y tú por qué sientes tanta curiosidad sobre lo que hacen o dejan de hacer? –la contestaron con voz dura-.
Jane evitó de milagro dar un respingo al reconocer la voz. Giró tan rápido el cuello, que se dio un calambre, pero Josh Cambell no dio muestras de variar su expresión de enojo cuando la vio llevarse una mano al cuello. Lo miró extrañada, y luego lanzó una mirada al cielo, para volver a él. En esa segunda mirada amplió su campo de visión, y vio que otros tres miembros del equipo estaban allí también. La única, aparte de Josh, que pareció notar su presencia, fue la guardiana Sarah, que la fulminó con la mirada, pero que pareció considerar que su amigo podía controlar la situación, pues al instante la ignoró como a una mancha en el suelo.
Jane miró durante unos instantes, de una manera bastante absurda, a su compañero de curso, y él enarcó ambas cejas, mirándola como si acabase de escaparse de un zoo.
- Creí que estabais todos entrenando, sólo eso –dijo para disculpar su expresión de asombro-. Entonces, ¿qué ha pasado?
- ¿Qué te importa? –replicó él más molesto-. Deja a James tranquilo. Bastante tiene con la putada que le han hecho con la capitanía, para que tú le metas en problemas con su novia.
- Si dicen que ya le ha dejado –le aclaró una chica que estaba delante de él-.
Jane miró a la muchacha extrañada, pero Josh no hizo gesto de haberla escuchado.
- La verdad, es que yo no...
- Mira, te voy a dar un buen consejo por tu bien. Márchate de nuevo a la biblioteca, o a tu torre, o a donde quiera que estuvieras, antes de darte cuenta que estás en un pasillo lleno de gente, y nadie te está prestando atención a ti. El shock podría dejarte sin habla.
- Idiota...
Se dio la vuelta, después de fulminarlo con la mirada, y empezó a andar a paso rápido por el vestíbulo. Ahora se arrepentía de haber ido allí y de haberse preocupado al oír a aquellas chicas en la biblioteca. Lo que más sintió, fue el engaño de su subconsciente. Era inadmisible que cuando ella proclamaba sin vergüenza su atracción hacia James Potter, al oír aquella noticia, el único rostro que había aparecido en su mente era el de Josh Cambell.
OO—OO
Sirius se sentía bastante ofuscado por verse obligado a pasar él sólo la tarde con las chicas. No era pasar la tarde con Kate. Era pasar la tarde con Kate y sus amigas, con chismorreos y risitas incluidas. Comprobó con asqueo que también estaban transformando a Sadie, quien ya no era tan borde y fría, y de vez en cuando reía con ellas sobre temas que él no acababa de entender.
También estaba el hecho de que él sabía que si se hubiera quedado con James en vez de ir a clase, a su amigo no se le habría ido la olla. Puede que hubiera roto un par de armaduras del pasillo, o que hubiera intentado volver a putear a Quejicus (y seamos sinceros, Sirius no hubiera hecho mucho por detenerlo), pero desde luego no habría llegado al límite de salir a volar con esa tormenta.
- Yo creo que si fuera a hablar con él... –sugirió por primera vez en voz alta tras pensarlo detenidamente unos minutos-.
- Sirius, con la que cae no salgas –le cortó su novia con seriedad-. Con un inconsciente en el grupo tenemos más que de sobra.
- ¿Dónde está Lily? –preguntó Sadie cuestionándose porqué, por muy peleados que estuvieran, la pelirroja no había ido a echarle la bronca-.
- En la biblioteca –contestaron Kate, Sirius y Gis a la vez, rodando los ojos-.
Parecía como si fuese un hábito muy común en ella en esas situaciones.
- No sé cuál de los dos es más tozudo.
- La pelirroja que es muy exagerada, Gis –respondió Sirius con exasperación-. ¿Acaso habéis visto a Kate montarme el drama a mí?
Kate suspiró con una pequeña risa, mientras levantaba la mano para despeinarlo.
- Sirius, que yo llevo un año contigo. Ya me he dado por vencida. Además, es agotador lidiar con una personalidad tan entusiasta...
Gis y ella se rieron de su expresión, pero Sirius fingió sentirse muy ofendido con la última frase.
- Las mentes privilegiadas siempre hemos encontrado oposición de las mentes más mediocres.
- ¿Mente privilegiada? –preguntó Gis con sorna-. Sí, claro, lo que le hicisteis a Snape requiere muuucha imaginación.
Sirius se carcajeó tan fuerte, que el grupo con el que se cruzaron, les miraron casi esperando ver correr a un perro junto a ellos.
- ¿Acaso tú, en tal momento de improvisación, habrías inventado algo mejor que convertir a Quejicus en un puercoespín?
- Si hubieras pensado un poco podrías haber visto claramente que habría quedado muchísimo mejor de culebra de campo –le dijo provocando la risa del grupo-.
- Gis, ¿no es ese tu amigo? –preguntó Kate aflojando el paso de repente-.
Los otros tres se detuvieron, y observaron en la misma dirección que estaba mirando la chica, donde estaban tres muchachos sentados de manera informal en una escalera, riendo y hablando entre ellos de forma despreocupada. Al reconocerlos, Gisele compuso una amplia, y algo maligna también, ¿para qué mentir? mirada, y miró primero a Kate y luego a Sadie con complicidad.
- Vaya, vaya, vaya... Mirad y aprended, chicas.
Se aproximó al grupo, andando más despacio de lo habitual, y moviéndose exageradamente.
- Amigo, ¿de qué? –preguntó Sirius completamente perdido-. ¿No son estos los de sexto, que son tan amigos de los del equipo?
Ninguna de las chicas le respondió pues estaban demasiado concentradas en observar la venganza de Gis, como para escucharle. Aún perdido, Sirius volvió a mirar a su amiga, y sus ojos se abrieron como platos ante la imagen que tenía frente a él.
En cuanto llegó hacia ellos, Gis no perdió el tiempo. Les saludó a los tres con una amplia sonrisa, y más entusiasmo del que había demostrado en los seis años en que había coincidido con ellos en la torre. Los tres chicos se quedaron bastante asombrados del cambio, y más cuando Gis cogió de la pechera al que estaba en medio, y le hizo levantarse para quedar cara a cara.
Aún siendo más joven, él le sacaba más de la cabeza, aunque tampoco tenía mucho mérito ser más alto que Gis. Sin embargo, eso no pareció ser un problema para ella, que amplió su sonrisa, al tiempo que le hacía retroceder. Uno de los amigos del chico se apartó inconscientemente para dejarle espacio, y cayó de culo al suelo. Gis sonrió más, pero no apartó la vista del chico que tenía agarrado.
- Eres Izan, ¿no? –le preguntó acercando su cara un poco más-.
El muchacho asintió torpemente, aunque con un amago de sonrisa victoriosa. Gis se acercó un poco más, y le pareció oírle tragar saliva nerviosamente. ¡Que fácil era alterar las hormonas masculinas!
- ¿Sabes quién soy? –le preguntó con voz coqueta-.
El muchacho amplió la sonrisa al notar su tono, y pareció envalentonarse.
- Claro.
- Bien –dijo Gis fingiendo un suspiro-. Eso facilita las cosas. ¿Sabes? Quería comentarte una cosa.
Lo último ya se lo había dicho al oído, pero lo suficientemente alto como para que lo oyeran todos los de alrededor. Varias personas se habían detenido discretamente a escuchar, y otras caminaban deliberadamente más lentas, mientras que los dos amigos del chico se sonreían con complicidad.
- ¿Y qué querías comentarme? –preguntó Izan poniendo más grave la voz e hinchando pecho-.
- Pues... que has mojado los pantalones –le respondió con una risa divertida-.
Se separó de él para que todos vieran como los pantalones del muchacho, expuestos por la túnica abierta, estaban empapados, como si se hubiera orinado encima. Las risas de los demás no tardaron en llegar, e Izan pudo observar durante un segundo cómo Gis se guardaba la varita en el bolsillo de nuevo, a tiempo de soltar una carcajada de verdad.
- ¿No crees que estás un poco mayor para mearte encima? –se burló-.
Las mejillas del chico estaban ardiendo, mientras observaba a todo el pasillo mirándole y riéndose, incluidos sus dos amigos. Dirigió su mirada a la chica furiosamente, pero cuando abrió la boca para increparla, ella avanzó hasta volver a hablarle al oído.
- Ahora, ¿quién tumba a quién? –le preguntó con sorna, empujándole hasta que cayó de espaldas, y quedó sentado de culo y con los pantalones empapados-.
Gis se dio la vuelta triunfante, y se dirigió hacia donde sus amigos esperaban. Sirius estaba recostado en una columna muerto de risa, y Kate utilizaba su manga para secar las lágrimas que se la escapaban de tanto carcajearse. Sadie la recibió también con una sonrisa divertida.
- Me inclino ante ti –la dijo con un gesto de aprobación-.
O-oOOo-O
Cuando llegaron a la biblioteca, Remus se sentó en la mesa más cercana al grupo de Peter, mientras que este fue arrastrado por Mary hasta donde estaban los otros dos Slytherin. Desde lejos se podía ver la impaciencia de Snape y el aburrimiento de Mulciber, que se dedicaba a romper plumas por la mitad como distracción.
- Oye, Peter, por curiosidad. ¿Tú sabes qué le hicieron tus amigos a Severus? Porque realmente hacía tiempo que no le veía de tan mal humor.
Peter lanzó una mirada algo temerosa al chico en cuestión antes de encogerse de hombros.
- James y Sirius sólo nos han dicho que al final de todo acabó como un puercoespín, pero no sé más.
No pudo evitar reírse ante esa imagen, y la chica le miró con censura. Después bufó y volvió a tirar de él.
- Ahora calladito y trabajando, que tenemos que acabar hoy la teoría.
Peter rodó los ojos, pero al encontrarse con la mirada de Mulciber, cualquier tipo de valentía se fue huyendo por la puerta. Se sentó, asegurándose que Remus no estaba lejos. Su amigo estaba sentado cerca, y había abierto un libro de Defensa Contra las Artes Oscuras, aunque no le prestaba mucha atención, pues tenía un ojo en él y otro en Lily que estaba en el fondo de la biblioteca, con cinco libros a su alrededor, y el pelo tan revuelto como James.
Remus se preguntó seriamente si sería buena idea ir a hablar con ella en ese momento, pues podía resultar contraproducente y provocar que la chica se encerrara más en sí misma. Observándola cerrar un libro con impaciencia y coger otro, decidió esperar un poco, y controlar sus movimientos de cerca durante un rato.
OO—OO
Estaban completamente empapados, el viento les hacía zarandearse, y no conseguían ver nada que estuviera medio metro más lejos de ellos. Nicole se tambaleaba inestable sobre la escoba, sin poder evitar los escalofríos que la recorrían todo el cuerpo, ni el dolor de garganta y la pesadez de cabeza.
- Capitán, por favor –le pidió por decimoquinta vez-. No estamos avanzando casi nada, y yo acabo de pasar una gripe. Dejémoslo para mañana. Si quieres falto a las clases, pero déjame entrar ya.
- No, no, no –insistió James de nuevo con vehemencia-. Aún no controlas los giros en picado. Hay veces que la snitch tiende a desviarse cuando están a punto de atraparla, y si vas volando en picado contra el suelo, debes saber girar a tiempo –Tenía que gritar para hacerse oír, pues el viento les silbaba en los oídos de forma ensordecedora-. ¡Vamos, inténtalo otra vez!
Resignada a que no la dejara marchar, Nicole volvió a colocar su escoba mirando al suelo, y se lanzó en picado, con James pisándole los talones. De pronto la vista se le nubló más aún, al tiempo que un dolor punzante le atravesaba la frente, y le hacía soltar las entumecidas manos del mango de la escoba.
Cuando salió del sopor momentáneo, vio que estaba de rodillas en el suelo, manchándose entera de barro, y siendo sostenida por un James un poco enfadado.
- ¡Has dejado escapar tu escoba! ¡Menos mal que la he atrapado, porque si se la hubiera llevado el viento podría haberse roto! ¡Es una Nimbus 1000! –exclamó ofendido, aunque sin soltar su brazo, asegurándose de que no se desplomara-.
Nicole se enfadó definitivamente, y quiso discutir, pero su voz sonó muy débil, en comparación al tono que quería usar.
- ¿Qué me importa la escoba? Ahora solo puedo pensar en un baño caliente y en mi cama...
- ¡Tenemos que ganar el partido contra Hufflepuff sea como sea! –exclamó zarandeándola-.
- ¡Déjala en paz! –exclamó otra voz cerca de ellos-.
A través de la lluvia vieron aparecer a varias figuras difusas, que a medida que se acercaban se fueron convirtiendo en los amigos y amigas de Nicole, y en Jeff que cerraba la marcha. La que había gritado era una chica que miraba a James con cólera, y parecía a punto de pegarle un puñetazo.
- ¿No te das cuenta que está mal? ¿Es que acaso ella tiene que pagar que tú hayas provocado tu expulsión? –le espetó furiosa-.
Nicole se había puesto en pie torpemente, y les hizo un gesto de indiferencia.
- Estoy bien, chicas, no os preocupéis. En cuanto acabe el entrenamiento voy.
- ¡No, te vienes ahora! –exclamó otra de sus amigas cogiéndola del brazo-. Al final vas a volver a coger gripe.
Nicole negó con la cabeza, pero se mareó, y se llevó una mano a la boca cuando la vino una arcada. Antes de que se volviera a tambalear, notó que alguien le pasaba un brazo por la cintura, y levantó la vista a tiempo de ver a Jeff mirándola preocupado. Le puso una mano en la frente, y Nicole tuvo la sensación de que el calor de su mano la calentaba todo el cuerpo.
- Tiene fiebre –le dijo Jeff a James, con tranquilidad pero con acusación. También añadió con sarcasmo- Felicidades. Has conseguido joder a alguien. Así lo de Lily ya dolerá menos, ¿no?
James se había quedado estático desde que la primera muchacha se había puesto a gritarle, y ahora miraba la escena con el rostro sorprendido. Parecía que era consciente por primera vez de la situación.
- Lo siento... –murmuró-.
Sin embargo, nadie le escuchó, pues entre todos estaban ayudando a Nicole a caminar hacia las puertas de la escuela, y uno de los amigos de la chica le arrancó la escoba de sus manos.
Ninguno se volvió para ver cómo James se quedaba observando al grupo, de pie, bajo la lluvia, y con la expresión aún más atormentada.
OO—OO
Aún no habían parado de reírse por la venganza tan ingeniosa de Gis, cuando se encontraron a un grupo de chicos completamente empapados que iban rumbo a la enfermería. Cuando reconocieron a Jeff entre ellos, ayudando a caminar a, lo que parecía, una mareada Nicole, se acercaron.
- ¿Qué ha pasado? –preguntó Gisele, borrando su sonrisa de la cara-.
Sadie se acercó a su hermano, mirando a la chica algo preocupada.
- ¿Está bien?
Jeff movió la cabeza, indeciso. No es que estuviera mal, pero tampoco tenía pinta de ponerse a bailar de un momento a otro.
- ¿Dónde está James? –preguntó buscando a su mejor amigo con la mirada-. ¿No ha venido con vosotros?
Jeff se encogió de hombros con indiferencia, mientras con una mirada la indicaba a la amiga de Nicole que le ayudara a llevarla, que continuaran andando. Sin una palabra más, el grupo continuó su camino hacia la enfermería, mientras la chiquilla comenzaba a decir incongruencias. Al parecer la fiebre la estaba haciendo delirar.
Sirius miró a Kate extrañado, y dirigió la mirada hacia la puerta de entrada, esperando ver llegar a su amigo. Al cabo de unos segundos, le quedó claro que James no venía tras el grupo, por lo que se decidió al instante.
- Voy a ir a buscarlo –la dijo a su novia-. Es raro que no haya vuelto con los demás...
Se marchó corriendo, sin pararse a escuchar cualquier tipo de objeción por parte de ella. Por su parte, Kate y Gis compartieron una mirada preocupada.
- ¿Qué crees que le haya afectado más, que le quiten de capitán, o discutir con Lily? –dijo Gis con un tono algo petulante. Ambas tenían una idea muy aproximada de lo que había provocado una actitud tan exagerada en el chico-.
Kate suspiró negando con la cabeza.
- Conociéndolo, hasta que no hable con Lily y se arreglen, no se baja del burro.
- Buena idea –la respondió su amiga algo irónica-. Pero claro, ¿quién es el listo que la convence a ella? Son tal para cual. Igual de testarudos...
- No hace falta que lo jures –exclamó Kate rodando los ojos-. Y por el tiempo que lleva en la biblioteca, no creo que Remus haya hecho muchos avances.
Miró a Gis y Sadie, que negaban con la cabeza, pensando en los dolores de cabeza que daban esos dos. Iba a decir algo, cuando llegó Grace y la interrumpió.
- He visto cómo traían a Nicole. ¿Sabéis dónde está James? No lo hemos visto entrar.
- Sirius ha ido a buscarlo –la contestó Gis-. A nosotros también nos extrañó que no viniera detrás.
Grace bufó, mirando hacia la puerta, esperando ver entrar de un momento a otro a James y Sirius. Pero ninguno de ellos entró, y tras varios minutos en silencio, Kate por fin habló.
- Iba a ir a la biblioteca a intentar razonar con Lily. Puede que si la contamos todo esto...
- Tienes razón –apoyó Grace-. La conozco. En cuanto sepa cómo de mal está James, no se va a poder aguantar mucho tiempo antes de bajar el orgullo. Yo voy contigo.
Las otras dos prefirieron quedarse para no agobiar a la pelirroja. Bastante tendría con Grace y Kate atacando a la vez su conciencia.
OO—OO
Estaban a solo dos pasillos de la enfermería cuando Nicole recuperó un poco de lucidez. Se deshizo del brazo de su amiga, y casi también del de Jeff, a quien se agarró un poco para no tambalearse. Seguía viendo mal y borroso a causa de la fiebre, pero tenía cierta idea de quienes la acompañaban.
- ¡Ey, ey! ¿Qué es este circo? –dijo con dificultad-.
- La fiebre le debe estar subiendo –escuchó decir a un amigo suyo preocupado-.
- Estoy bien... –dijo bufando, y agarrándose de nuevo a Jeff, pues las rodillas le temblaban. Escuchó algunos sonidos ahogados de sus amigos, que mostraban incredulidad-. Vale, no estoy bien. Pero no necesito a diez personas para que me ayuden a llegar a la enfermería. No montéis un drama.
- Nicole, estás empapada –la dijo la amiga que la había estado sujetando, intentando tomar de nuevo su brazo-.
Nicole se zafó de nuevo y negó con la cabeza, provocando que le dieran más ganas de vomitar debido al mareo.
- Puedo ir sola –las protestas de sus amigos no se hicieron esperar, y Nicole tuvo ganas de pegarlos a todos, si hubiera encontrado las fuerzas y hubiera podido enfocar la vista. Si la hubiesen dejado sola, hacía rato que habría llegado a la enfermería. Al menos eso creía... Sin embargo, no parecían dispuestos a dejarla tranquila-. Vale, vale. Puedo ir sólo con Jeff, no necesito un cortejo para llegar allí.
A los demás pareció gustarles más eso, y las chicas vieron la oportunidad de dejarla a solas con Jeff, quien se había puesto colorado cuando la atención de los demás recayó sobre él. Empezaron a empujar a sus amigos, hasta que Nicole y Jeff quedaron solos en el pasillo. Sin esperar más, la chica empezó a andar sola, pero de pronto el suelo estaba muy cerca de su cara. Jeff la agarró a tiempo de que se estampara contra él.
- Hoy me están fallando los reflejos –murmuró Nicole con una risa inconsciente. La fiebre provocaba que no pudiera pensar con claridad, y murmurara cosas inconexas-.
- Vamos –susurró Jeff, preocupado-.
Nicole se dejó arrastrar hacia la enfermería, permitiéndose apoyar su cabeza en el hombro de él. Suspiró cuando encontró la postura, y sintió que sus pies se movían solos por el suelo. Se estaba relajando, y parecía que el dolor de cabeza iba a menos, cuando sintió que algo la obstruía el paso y trastabilló. Antes de que Jeff pudiera evitarlo, cayó de culo al suelo, y aunque la cabeza la empezó a dar aún más vueltas, empezó a reírse suavemente. Él la intentó alzar, pero a la vez, quiso comprobar qué era lo que les había detenido el paso.
Miró en todas direcciones, sin ver nada, pero el escudo transparente estaba allí. De pronto, cayó en la cuenta, y alzó la vista con el ceño fruncido. En lo alto de la columna, como en varios lugares esparcidos en Hogwarts desde primera hora de esa mañana, había una rama de muérdago, para celebrar que la Navidad estaba cercana. Jeff cerró los ojos negando con la cabeza. Ese no era un buen momento para aquello. Tendría que haber previsto que el muérdago estaba ahí, pues esa mañana, en ese mismo lugar, había estado presente cuando un muchacho de quinto curso había intentado arrinconar bajo la columna a Grace, llevándose un guantazo de propina.
Se arrodilló en el suelo, quedando a la altura de Nicole, que parecía dispuesta a dormirse apoyada en la columna. Llevó una mano a su mejilla y la palmeó con cuidado.
- ¿Nicky? No te puedes quedar aquí. Estás empapada y hace frío.
La chica abrió los ojos ligeramente, sintiéndose muy molesta por la luz, y le miró ceñuda.
- ¿Qué hacemos aquí?
- Verás, tenemos encima una rama...
Nicole levantó la vista e intentó enfocar donde señalaba Jeff, pero su vista no era más que un montón de puntos negros. Arrugó la nariz, y bufó, quejándose en voz alta.
- Ayúdame a levantarme –le pidió, interrumpiéndolo-.
Con dificultad, Jeff la levantó del suelo, y apoyó la espalda de ella en la pared, sujetándola por la cintura. Nicole abrió los ojos un poco, para mirarlo. En ese momento descubrió que él estaba tan mojado como ella. Una pequeña sonrisa surcó su rostro.
- Viniste a buscarme –le dijo en un pequeño susurro-.
- Sí, bueno... –murmuró Jeff, poniéndose colorado-. ¿Qué esperabas que hiciera?
Nicole se rió suavemente, apoyando la cabeza en la columna y cerrando los ojos.
- Gracias por venir. Me siento mejor si tú estás cerca.
Jeff no pudo evitar echarse a reír. Si ella hubiera estado en sus cabales, jamás habría dicho aquello en voz alta.
- ¿De qué te ríes? –preguntó ella aún con los ojos cerrados, pero con un arruga entre ellos-.
- De nada –se apresuró a decir. Después, no pudo evitar sonreír tiernamente al añadir- A mi me suele suceder lo mismo contigo.
Nicole abrió los ojos, recuperando otro poco de lucidez al escuchar eso. Al tener la cabeza apoyada hacia atrás, lo primero que vio fue el muérdago caer sobre sus cabezas.
- Jeff... ¿sabes que tenemos muérdago encima de nosotros? –le preguntó algo extrañada-.
Jeff volvió a reírse, apretando su brazo.
- ¡Qué suerte vas a tener, chaval! –murmuró ella-. Porque quiero ir ya a la enfermería, que sino, no te beso –le dijo con una pequeña risa-.
Jeff se acercó un poco más a ella, con una amplia sonrisa, que Nicole no pudo ver pues había vuelto a cerrar los ojos, molesta por la luz.
- ¿Segura que es sólo por eso? –la preguntó rozando su nariz con la suya-.
Nicole sonrió, elevando su cara, cuando sintió el contacto.
- Quizá esto sea una señal –le dijo aproximándose un poco más-.
No era momento para darse el lote, claramente, pero tenían que darse un pequeño beso para poder continuar su camino a la enfermería. Un roce de labios bastaría, y de momento, Jeff no necesitaba más. Apenas un par de centímetros les separaban, cuando Nicole le empujó violentamente, y echó la cabeza al suelo, vomitándole sus zapatos sin poder contenerse. Jeff cerró los ojos con fuerza, sabiendo que si veía aquello, él también devolvería.
- ¡Oh, mierda! No quería que vieras eso... –murmuró Nicole apoyando la cabeza contra su estómago-.
OO—OO
Kate y Grace llegaron a la biblioteca en apenas unos minutos, y al primero que avistaron fue a Remus. Ambas se apresuraron a sentarse, una a cada lado del chico, que leía un libro, mientras tenían un ojo sobre la mesa donde trabajaba Peter, que estaba siendo víctima del aburrimiento de Mulciber.
- ¿Dónde está Lily? –le preguntó Grace consiguiendo que pegara un respingo. No las había oído llegar-.
- ¡Joder, Grace, qué susto! –exclamó en un susurro-. Está allí –dijo, señalando con la barbilla al fondo de la biblioteca, donde Lily pasaba las páginas de un libro con furia, mientras parecía más pendiente de lo que ocurría en la ventana que del libro-.
Grace y Kate se miraron y sonrieron con ánimo.
- ¿Creéis que está receptiva? –preguntó Remus con recelo. Él no era partidario de intentar convencerla de nada teniéndola de ese humor. Grace le sonrió con confianza-.
- No va a estarlo en todo el día, pero cuando la digamos un par de cosas, no va a poder evitar pensar en ello.
Las dos chicas se levantaron con confianza, y caminaron hacia la mesa de su amiga. Lily parecía haber olvidado el libro, y ahora observaba descaradamente a través de la ventana, aunque por la lluvia y el viento, no se veía absolutamente nada.
- ¿A quién buscas, Lily? –preguntó Kate sentándose a su lado, mientras Grace tomaba asiento al otro lado-.
La pelirroja pegó un respingo, y puso cara de culpable. La intentó borrar al instante, fingiendo indiferencia.
- A nadie –respondió lacónicamente, volviendo su vista al libro-.
Grace y Kate se rieron divertidas.
- Ya, pues "Nadie" ya acabó su entrenamiento –la informó la morena-.
Las mejillas de Lily se tornaron levemente escarlata, pero se escudó frunciendo el ceño, y abriendo de golpe el libro de nuevo.
- Lily... –suspiró Grace, cerrándole el libro y quitándoselo de las manos-.
- Mejor voy a ponerle en la estantería antes de que lo rompas –dijo Kate cogiéndolo en sus manos, y dándole a Grace la oportunidad de quedarse a solas con su mejor amiga-.
Cuando Kate desapareció por las estanterías, Grace fijó su mirada en Lily, que miraba las puntas de su cabello como si fueran lo más interesante del mundo. Sin embargo, la rubia no se desanimó, y continuó mirándola, hasta que su amiga explotó finalmente.
- ¡Es que no puedo creerlo! –exclamó llevándose las manos a la cabeza. Varias personas se giraron al oírla, y ella se apresuró a bajar la voz-. Durante todo este año nos hemos llevado estupendamente. Y justo ahora tiene que volver a ser igual de impertinente.
Grace suspiró rodando los ojos, e inició una defensa de James, aún más intensa de la que realmente sentía.
- Es que este año todos hemos estado un poco más apagados por lo ocurrido con Richard y Rachel, pero vosotros siempre habéis chocado. Tenéis ambos una personalidad muy fuerte, y vais a tener que poner de vuestra parte.
- ¡Yo no tengo una personalidad fuerte! –protestó Lily con el ceño fruncido-. Sólo me molestan las chiquilladas. Es muy fácil llevarse bien conmigo cuando se hacen las cosas bien.
Grace soltó una risa ante esa declaración, y su amiga la fulminó con la mirada. Sin embargo, llevaban demasiados años juntas para que eso la diera miedo.
- No, Lily. Es fácil llevarse bien contigo, cuando se hace lo que tú quieres. Y James no es una persona que puedas manejar. Precisamente es lo que te gusta de él, admítelo. Solo tienes que recordarte ser menos intransigente, y que él madure un poco, pero siempre vais a discutir de vez en cuando. Pero no por eso se va a acabar. ¡Son riñas, luego se solucionan y se sigue adelante!
La sonrió con ánimo, pero al contrario de lo que pensaba, pareció poner más triste a su amiga. Lily hizo un mohín, frunciendo los labios con disgusto e intentando esconder la cara en el cuello de su túnica.
- No creo que él quiera seguir adelante... –murmuró en voz muy baja-.
Se quedaron varios segundos en silencio, en los que Grace pensaba en cómo contestar a eso. Kate ya iba viniendo por el pasillo, cuando la rubia la hizo un gesto, reteniéndola lejos un poco más. La chica la entendió, pues volvió a perderse en las estanterías. Grace se volvió pensativa hacia Lily, aún pensando en las palabras que Kate la había dicho que le había espetado a James.
- Obviamente tus palabras le han dolido, pero lleva demasiado tiempo colado por ti para desencantarse tan rápido. Aún tienes que amargarle más la vida para que se canse de ti.
Se animó al ver que Lily soltaba una pequeña risita. Ella también rió, aunque aún percibió el gesto amargo de su amiga. Aunque pretendiera tener el corazón de hierro, Lily se sentía tanto o más afectada que James por esa tonta discusión.
- Habla con él. –la incitó con un pequeño codazo-. Seguro que él también se está sintiendo fatal por todo esto.
- Ya... –murmuró Lily escéptica. La costaba imaginar a James desolado, tras presenciar la rápida salida de Jane Green de la biblioteca. Seguro que se sentía tan mal como para haber acabado con esa chica en el baño de prefecto, ¿no te digo? Una rabia más fuerte que la tristeza la inundó, y la volvió a cegar en su orgullo-. Tengo que terminar lo de Historia.
- Lily... –bufó Grace al notar su cambio de actitud-.
Sin embargo, la pelirroja ya se había encerrado en sí misma de nuevo, y no era tan fácil bajarla del burro.
- Nos vemos en la cena –concluyó levantándose, y acercándose de nuevo a otra estantería-.
Grace bufó de nuevo, llevándose las manos al pelo, y deshaciéndose la coleta con furia, para soltar adrenalina. Adoraba a Lily, era su mejor amiga, pero había veces que era tan insoportable como James.
OO—OO
Apartó un libro para observar mejor a sus amigas, así escondida entre las estanterías. Así era más sencillo averiguar si podía interrumpir o no. Parecía que Lily quería meter la cabeza bajo un brazo, igual que hacían las avestruces de un zoo al que las llevó su padre a Denise y a ella cuando eran más pequeñas. Desde luego ese no era el momento de ir hacia allí.
- Kate –susurró alguien en su oído-.
- ¡Ahh! –exclamó sin poder contener un grito, antes de taparse la boca con la mano para callarse a sí misma-.
Delante suyo, con una sonrisa de disculpa, y un gesto que la hacía ver que estaba a punto de carcajearse, estaba Derek Rumsfelt.
- Pero, ¿se puede saber qué haces viniendo tan sigilosamente a asustarme por detrás? –le regañó poniéndose una mano en el pecho, donde el corazón la latía a mil por el susto recibido-.
- En realidad no he venido sigilosamente, pero estabas tan concentrada, que ni te has enterado –la respondió encogiéndose de hombros-. Sólo es que te vi aquí sola y quise aprovechar...
- ¿Para abusar de mi en las estanterías? –preguntó medio irónica, medio cortante-.
Derek se quedó callado, bastante cortado por ese comentario, lo que provocó remordimientos en Kate, quien no aguantaba mucho tiempo siendo desagradable.
- Disculpa. Eso ha sido descortés.
El chico hizo un movimiento con la mano, restándole importancia, y volvió a sonreírla de la misma forma que siempre: con un poco de arrogancia, chulería y simpatía. Grace o Lily le habrían pegado un guantazo por esa actitud. Kate le devolvió la sonrisa.
- Sólo quería darte mi regalo de Navidad, pero no quería que nadie estuviera presente cuando lo hiciera.
- No debiste...
- Quería hacerlo –la aseguró con una sonrisa-.
Kate se sonrojó ligeramente, y dirigió su mirada al suelo.
- Yo no te he comprado nada.
Derek le cogió la barbilla con los dedos, y la hizo mirarle a la cara. Estaba sonriendo igual que antes.
- No esperaba nada tampoco. De hecho, no pensaba cogerte nada, pero lo vi y me acordé de ti.
La tendió un diminuto paquetito, más pequeño que la palma de su mano, que estaba mal envuelto. Kate lo cogió con cuidado, con los dedos temblándole ligeramente, aunque consiguió ocultarlo. Sería muy descortés rechazar un regalo, y más teniendo en cuenta que no le había hecho nada malo a ella. Bastante desagradable se había sentido con la última discusión que habían tenido. Cuando lo estrujó un poco, notó que el paquete era acolchado, y se acoplaba a la forma de su mano. Le sonrió tímidamente, apenas mirándolo, y procedió a deshacerse del papel deprisa.
Un trozo de tela multicolor cayó en su mano derecha, y al observarlo mejor, comprobó que era un diminuto monedero hecho de tela, con una simple cremallera como cierre. Era muy sencillo, parecido a los que hacía su abuela cuando era más niña, y no tenía ninguna aptitud mágica. Sin embargo, enseguida supo el significado, y una amplia sonrisa se extendió por su cara, dirigiéndose a Derek, que la recibió con otra feliz.
- Te acordaste... –susurró, emocionada. En una de sus tantas conversaciones, ella había hablado de la madre de su padre, de su época hippie, y de cómo se ganaban la vida cuando su padre era un bebé. No esperaba que él recordara nada de eso-.
- Lo dijiste tú, ¿no? –la dijo con una sonrisa, como si eso lo explicara todo-.
Kate se incomodó ante lo que estaba implícito en esa frase, y apartó la mirada.
- Muchas gracias –murmuró fijando su mirada en un grupo de niñas más pequeñas, que se reunían en torno a un libro sobre animales mágicos-.
- No hay por qué darlas. Sólo me costó cinco knuts. Una niña de Hufflepuff los hizo, y se los iba repartiendo a sus amigas, así que la compré uno –respondió él sin apartar la mirada de su rostro-.
- Es un detalle de tu parte –le dijo aún con tono seco, pero sin llegar a sonar desagradable-.
Derek sonrió tristemente al darse cuenta de que había metido la pata. Suspiró, y procedió a disculparse.
- No quería incomodarte con el regalo. No creas que me debes nada. Sólo lo he hecho porque quería. Además, necesitaba regalarte algo discreto, no fuera que tu novio lo viera y se molestara –sonrió arrogantemente después-. No es que me importe que Black se moleste, pero no quiero meterte en problemas.
Kate negó con la cabeza, medio divertida y medio resignada ante tal declaración. Le miró brevemente, y decidió cortar aquello de raíz. Le dio un beso en la mejilla como agradecimiento. Se lo debía, el detalle había sido precioso. Se despidió torpemente, y se marchó hacia la mesa, sin acordarse si interrumpía o no a sus amigas.
- ¡Kate! –exclamó Derek. Ella se dio la vuelta, pero no se movió. No pensaba volver sobre sus pasos. Aunque al parecer, tampoco era la intención de él. La sonrió con confianza, ya no de forma arrogante, sino como la sonreía siempre que hablaban hacía un par de meses, y que Kate ya no sabía si era falsa o no-. No niego lo que me dijiste. Pero tú eres especial.
Aquello la sonó más falso que todo lo demás, por lo que se despidió con un movimiento rudo de cabeza, y comenzó a andar rápidamente. Afortunadamente, cuando llegó a la mesa, estaba Grace sola, y demasiado cabreada con su nulo intento de hacer entrar a Lily en razón, para darse cuenta de que ella también estaba algo alterada.
OO—OO
Era extraño, pero James no aparecía por ningún lado. O él no sabía buscar, o su amigo se había evaporado en medio de la tormenta. Era evidente que al colegio no había entrado, por lo que le buscó en la lechucería, en los vestuarios, en el despacho de Madame Hooch, e incluso en el túnel hacia la Casa de los Gritos.
Después de la búsqueda infructuosa, Sirius estaba empapado, y cabreado. Sin embargo, la preocupación por James era mucho mayor, y eso provocó que siguiera buscando. Hasta echó un vistazo por los jardines. No se acercó demasiado. Sabía que no era buena idea estar cerca los árboles en las tormentas, y confiaba en que James también contara con ello. De hecho, bastante se había arriesgado al ir al Sauce Boxeador, aunque con la mala leche que tenía este, dudaba que algún rayo se atreviera a aproximarse mucho.
Al no ocurrírsele más sitios donde buscar, decidió ir a por ayuda, y entró al colegio poniendo rumbo fijo a la biblioteca. De camino, se encontró con la Señora Norris que le empezó a maullar estridentemente, como si quisiera echarle la bronca por andar ensuciando el suelo. Se deshizo de ella con un hechizo que la encerró dentro de la capucha de una armadura. Lástima no poder quedarse a ver la cara de Filch.
Al entrar en la biblioteca, se encontró justo de frente con Madame Pince, que lo miraba con odio de la cabeza a los pies embarrados. Compuso una sonrisa preocupada, y se acercó a la mujer con urgencia.
- ¡Madame Pince! Allá afuera los Carrow están diciendo que van a quemar el libro de Historia del Mestizaje Mágico por herejía.
No sabía si es que fue la mejor actuación de su vida, o es que la mujer al oír que un libro se encontraba en peligro no cayó en más, pues la mujer compuso una expresión de horror y salió corriendo hacia el pasillo. De todas formas, de los Carrow uno podía imaginarse cualquier gilipollez.
Casi riéndose de la situación, llegó junto a Remus, y se sentó en la mesa, apoyando los brazos en los apuntes de su amigo, y consiguiendo estropearlos todos.
- Gracias, Sirius –murmuró éste entre dientes, mientras quitaba los apuntes de debajo suyo y le fulminaba con la mirada-.
- Déjate de estas ridiculeces, Moony. James no aparece. No está por ningún lado.
- ¿Lo has buscado? –preguntó Remus poniendo la varita sobre cada hoja para limpiarla-.
- No. Lo he intuido y he venido a contártelo para ver si acierto –ironizó Sirius con impaciencia-.
Remus resopló, y dejó los apuntes de lado.
- En algún lugar tiene que estar, Pad. Quizá fue a su cuarto, aprovechando que Lily está aquí.
- En el castillo no ha entrado. Han metido entre varios a la buscadora, que parecía medio ida con una chupa impresionante, pero Prongs no ha entrado por la puerta en ningún momento. Le he buscado en la lechucería, en los vestuarios, en los jardines, en el túnel del Sauce Boxeador... Y nada. No aparece por ningún lado. Lo he llamado por el espejo, pero me está ignorando, y él tiene el mapa, así que no puedo buscarlo por ahí.
Remus frunció el ceño, pensando en dónde podría estar su amigo. Suspiró, cerrando los ojos, y se levantó, recogiendo los libros, y siguiendo a Sirius que le había precedido de un salto.
- Vamos a comprobar la torre de los Premios Anuales. Sólo por si acaso –propuso-.
James no estaba allí tampoco. Eso sí, la ventana de su cuarto estaba abierta, y el suelo y la cama llenos de barro, lo que era una muestra de que había pasado por allí. Su escoba tampoco estaba, lo que explicaba por qué Sirius no le vio entrar ni salir por la puerta.
- Pero, ¿dónde...?
Sirius ya no sabía dónde podía haberse metido su mejor amigo. Al fin y al cabo, los lugares en Hogwarts eran limitados, por lo que tampoco podía andar lejos. Tendrían que encontrarlo tarde o temprano. Claro, si no seguía volando, porque en ese caso podía pasar por encima de ellos, y no verle. La noche estaba ya demasiado cerrada, y apenas se veía a un metro de distancia.
- Ven –dijo de pronto Remus-. Tengo un presentimiento.
Tiró de su amigo hasta que llegaron al vestíbulo, y de allí salieron a la calle sin pensarlo dos veces. Sirius iba apartándose la lluvia de la cara, molesto, cuando se dio cuenta que Remus seguía tan seco como siempre. Le miró con los ojos desorbitados, mientras éste se reía levemente.
- Hechizo impermeable, Padfood. Capítulo seis del libro de Encantamientos de quinto. Parece mentira que a ninguno se os haya ocurrido...
Sirius bufó, riéndose en voz baja.
- Por eso tú eres el listo del grupo, Moony.
Siguieron andando, hasta que llegaron a la zona de los vestuarios, hacia la que Remus se dirigía muy seguro, pese a que todo estaba tranquilo y todas las luces apagadas.
- Ya miré aquí, Remus.
Él le hizo un gesto a Sirius para que se callara, y tras lanzar un vistazo al vestuario de chicos y comprobar que estaba vacío, se dirigió al de las chicas. Todo estaba oscuro, pero el sonido de las duchas llamó su atención. Ambos se miraron extrañados, y encendieron las varitas, iluminando su caminar.
Al llegar a la zona de las duchas, distinguieron una extraña figura sentada en el suelo, pero irreconocible desde donde ellos estaban.
- Lumos Solem –murmuró Remus iluminando toda la habitación-. Nox.
Con toda la habitación iluminada, no les costó reconocer a James, que estaba medio tumbado contra la pared del baño, entre dos duchas que estaban encendidas, mojándole más de lo que ya estaba. El muchacho no pareció percatarse de la llegada de sus amigos, sino que tenía la vista fija en la snitch que volaba a escasos centímetros de su nariz, y que iba atrapando con vagancia cada poco tiempo.
Sirius y Remus suspiraron, y mientras el primero se sentó al lado de su mejor amigo, el otro se encargó de cerrar las duchas, y acuclillarse justo delante de él, intentando mirarle a los ojos. James atrapó por última vez la snitch, y después bajó la mano, aún con la pequeña pelotita entre sus dedos, a su regazo. Se quedó mirando el movimiento de las alas, esquivando la mirada de sus amigos. Ahora que el agua de la ducha no caía sobre él, era más complicado simular las lágrimas que intentaban salir por sus ojos desde que por fin se había dado cuenta de todas las tonterías que había hecho a lo largo del día.
- James...
- Esta vez he hecho el record ¿eh, chicos? –dijo él cortando a su mejor amigo. Tenía la voz tomada, tanto por las lágrimas, como por el temporal al que había estado expuesto-. Dos años esperándola, y solo ha durando una semana.
- No digas tonterías, colega. No se ha acabado.
- Claro que no –razonó Remus-. Las discusiones son muy normales. No siempre vais a estar de acuerdo en todo, y ambos tenéis el carácter fuerte, y por eso a veces parece que es más de lo que es en realidad. Pero la cosa no ha terminado.
James sorbió por la nariz, y desvió la mirada hacia el fondo del vestuario, sin saber qué responder. Apoyó la cabeza contra el mármol, cansado y abatido, y cerro los ojos, mientras las lágrimas más rebeldes escapaban por ellos.
- Tú no quieres que acabe, ¿no? –le preguntó Remus en voz baja-.
James se tomó unos segundos para contestar, pero cerró los ojos con fuerza, y negó con la cabeza.
- Pues no se ha acabado. He estado observando a Lily, y sé que ella tampoco quiere que se acabe. Sólo tenéis que hablar, y solucionarlo. Alguien tiene que dar el brazo a torcer antes, eso sí. Pero no te sientas menos por ser tú esta vez.
- ¿Y si después de lo ocurrido ayer, piensa que no merece la pena? –preguntó sin poder evitar que un puchero se formara en su boca-.
Sirius se echó a reír, pero no de forma burlesca, sino para darle a entender a su amigo de lo poco probable que era aquello.
- Tras ver ese pase de modelos que hizo con la ropa interior, dudo que se vaya a rendir tan pronto.
- Era un camisón, Sirius –gruñó James-.
Sirius sonrió, contento de haberle sacado de su apatía y negativismo.
- Vete a hablar con ella –le apoyó Remus convencido-. Si te quiere, te quiere con todo lo que eres-.
OO—OO
Lily estaba buscando algún libro en las estanterías. Cualquiera. Sin embargo, no se podía concentrar en nada, y ningún título la resultaba atrayente. Las palabras de su mejor amiga la taladraban la conciencia una y otra vez, como suponía que era la intención de Grace.
"James no es una persona que puedas manejar. Precisamente es lo que te gusta de él, admítelo." Bueno, eso era cierto. Admiraba el hecho de que él fuera un espíritu libre, que nadie pudiera manipular a su antojo, como otros que había conocido... Pero él tenía que comprender que lo que hacía, daba igual quien fuera la víctima, era cruel, y digno de una mala persona. Él no era malo, en absoluto. Entonces, ¿por qué hacía ese tipo de cosas?
"Siempre vais a discutir de vez en cuando, pero no por eso se va a acabar. ¡Son riñas, luego se solucionan y se sigue adelante!". ¿Qué narices? ¡Su amiga tenía razón! Eran discusiones, y solo había que solucionarlas. ¿Acaso cambiaría esa forma de ser de James con dejarle? No. Puede, incluso, que se volviera más rebelde si le partía el corazón. Y ella no ganaría nada, perdiendo mucho. Porque le quería. ¿Amor? Bueno, quizás era un poco pronto para hablar de ello, pero cariño, atracción, e ilusión, había toda la del mundo. Eso era un muy buen comienzo. Jamás había sentido por nadie lo que sentía por él. Vale que era un crío, inmaduro, incorregible, egocéntrico y vanidoso. Pero también era dulce, atento, romántico, encantador, y se desvivía por ella. Quizá, estando con él, también podía ayudarle con esos defectos. ¡Y ella tampoco era perfecta a fin de cuentas! Decidido.
- Tengo que hablar con James –se dijo en voz alta, decidida y segura-.
Echó a andar a paso rápido a la salida, pero antes incluso de que consiguiera salir del pasillo, algo la jaló hacia atrás. Se asustó cuando no vio nada a su alrededor, pero sí notó una fuerza extraña en el brazo, que la hizo caminar hacia atrás, hasta estampar su espalda contra una estantería de libros.
- ¿Quién...? –preguntó asustada-.
De repente, hubo un movimiento frente a ella, y de la nada apareció James. Estaba hecho una pena. Completamente empapado, con la ropa sucia, las gafas rotas, el pelo completamente despeinado y lleno de lodo y agua, y con los ojos más tristes que le recordaba, desde que el primer día de curso le contó sobre la muerte de su abuelo.
- ¡James! –exclamó con tono preocupado y a la vez algo alterado. ¿Cómo había aparecido de la nada?-. ¿Cómo... cómo...?
- Lily, yo...
- ¡Has aparecido de repente! –exclamó con los ojos desorbitados-.
James la miró extrañado, y luego dirigió una vaga mirada hacia el suelo, donde había una tela enorme y plateada. Era como si tuviera agua dentro, pues el color se movía.
- Ah. Es una capa de invisibilidad –dijo como si fuese lo más normal del mundo-.
- Pero... pero... –de pronto cayó en algo aún más importante-. ¡Merlín! ¡Estás empapado! ¿Estás... te encuentras bien?
Le pasó las manos por el pelo, las mejillas, donde tenía un pequeño rasguño que tenía pinta de irse a infectar, y por el cuello. Tenía la piel helada. Eso no podía ser bueno.
- Tenemos que...
- Lily –la interrumpió él con un tono apesadumbrado, ignorado sus preguntas sobre su bienestar. Puso las manos sobre las de ella, que seguían a ambos lados de su cabeza-. No soporto estar enfadado contigo. No soporto la idea de pensar que esto se puede terminar... No ahora que por fin te conseguí. Por favor, dime que... dime que esto se va a solucionar. Que sólo es una pelea más, pero que después seguiremos como si nada. Por favor...
Lily sonrió tiernamente al verle tan asustado con la idea de que pudieran haber roto. Ella no era la única que sentía un agujero en el estómago ante esa idea. Le quitó con cuidado las gafas, y recorrió con sus dedos el rasguño de la mejilla, mirándole directamente a los ojos con ternura.
- Claro que se va a solucionar. Puede que yo también me haya comportado de forma un poco exagerada. No quería decir todo lo que dije esta mañana. Qui-quiero decir, que por supuesto que me gusta tu forma de ser. Me encanta. Hay aspectos de tu personalidad que incluso envidio. Pero... no sé... supongo que... bueno –sentía el corazón latiéndola a mil por hora, y la lengua se le trababa al notar el calor de sus ojos sobre los de ella-. Supongo que los dos tenemos un carácter muy fuerte, y es normal que choquemos alguna vez. Solo que... ¿no podemos dejar esto para luego? Tienes que ir a ponerte ropa seca.
- ¡No, no! –exclamó James acorralándola más contra la estantería, negándose a apartar la mirada de sus ojos-.
Al darse cuenta de que le estaba mojando la ropa, dio un paso atrás, pero fue Lily quien se apretó más a él, sin importarla si se mojaba o no.
- ¿Tienes frío? –le preguntó con preocupación, perdiéndose en las distintas gamas marrones de sus ojos-.
James agitó la cabeza con impaciencia.
- Eso da igual ahora –la aseguró-. Lils, yo... Sé que a veces me comporto como un gilipollas, y parezca que no haya pasado de los doce años, pero... y-yo no quería disgustarte. Te juro que era lo último que quería hacer. Pero al final emergió mi parte egoísta y... lo sie...
- Ssshhh –susurró Lily poniendo el dedo índice en sus labios para callarle-. A mi no me tienes que pedir perdón. Quiero decir, que a mi no me has hecho daño. No sé... piensa si mereció la pena. Le destrozasteis la fiesta a un profesor, humillasteis por milésima vez a un pobre muchacho. Sí, James –aseguró firmemente al verle intentando protestar-. Severus no es más que un pobre muchacho al que habéis martirizado desde el mismo momento en que pisó Hogwarts. Y todo, ¿para qué? Mira lo mal que has salido. Lo del equipo...
Lily suspiró. Sabía que no estaba bien lo que había hecho, pero él ya había recibido suficiente castigo. Ella solo había ido a empeorar las cosas.
- Siento no haber sido más comprensiva esta mañana –le dijo-. La próxima vez intentaré escucharte antes de lanzarme a tu yugular.
- Y yo voy a intentar dejar las bromas pesadas de lado. Si te molestan, se acabaron. –cogió su cara con las manos, mirándola intensamente, perdida en un mar verde de sensaciones-. Lily, te he esperado durante demasiado tiempo para dejarte escapar tan fácilmente.
Lily sonrió ampliamente, emocionada por lo último que había dicho, y se puso de puntillas para rozar sus labios con los de su novio.
- ¿Cómo voy a resistirme cuando me dices cosas así, y me miras de esa forma? Yo tampoco pienso dejarte escapar tan fácilmente...
A James ya no le importó si la mojaba o no, pues arremetió con furia contra su boca, estampándola contra la estantería, y haciéndola daño sin querer, y separándose de golpe al darse cuenta. Sin embargo, Lily no dejó que nada, ni siquiera un porrazo en la cabeza, la estropeara ese momento, y le mordió el labio inferior, incitándole a seguir por donde lo habían dejado.
OO—OO
El 21 de diciembre por la tarde era la reunión que cuatro miembros de la Orden del Fénix llevaban tiempo esperando. Por fin iban a obtener más información de las famosas cajas. Dumbledore les había asegurado que por fin podría traer a alguien que tenía información de primera mano de ellas.
Adam y Andrea ya estaban en el viejo edificio que hacía las veces de Cuartel General. Ninguno más había llegado aún, y los dos esperaban en el salón a que comenzara todo. Mientras Andrea paseaba nerviosa de un lado a otro, Adam estaba sentado vagamente en un sofá al lado de la ventana, con la mirada fija en los pasos de su compañera, pero sin parecer percatarse de la presencia de ella. Extrañado por la tardanza de los demás, Adam levantó una de las descoloridas y descosidas cortinas azules para observar la calle. Un ruido de arma de fuego se escuchó a lo lejos, a la vez que la puerta se abría de golpe, sobresaltando a ambas personas. Andrea reaccionó instintivamente, sacando la varita y atando con cuerdas al recién llegado.
Tomás no supo reaccionar a tiempo, y se encontró en la entrada siendo preso de su compañera. Ella, al percatarse de que era él, corrió a ayudarlo, mientras el hombre reía en voz baja.
- ¡Andy, eres buena! –la felicitó-. Buenos reflejos.
- Lo siento, Tomás –susurró Andrea con voz queda-.
La mujer le sonrió levemente, antes de volver a posar su mirada en la puerta de nuevo. Tomás fue a sentarse junto a Adam, quien mantenía la mirada en el movimiento de su compañera, sin prestar atención a nada que estuviera a su alrededor.
- ¿No han llegado? –le preguntó Tomás-.
Adam negó con la cabeza lentamente. El hombre mayor le observó detenidamente. Tenía unas gruesas ojeras bajo los ojos, la piel más pálida de lo habitual, e incluso, le notaba más delgado.
- Dumbledore me comentó lo que te sucedió en Berna –le dijo suavemente-. ¿Has vuelto a notar algo raro?
- No –suspiró Adam pesadamente-. No me han vuelto a seguir... aún.
Tomás notó que su amigo estaba obsesionándose con el tema, y se acomodó mejor para mirarle a la cara. Tenía que hablar con él. Si seguía con esa cara, acabaría enfermando. Sin embargo, le interrumpió la llegada de otra persona.
- Buenas noches. Veo que aún no habéis llegado todos –saludó Dumbledore sacudiendo su capa de viaje-.
- No sé donde se ha metido Ethan –murmuró Andrea con preocupación-.
- No pasa nada –la tranquilizó el anciano-. Mis invitados aún no han llegado tampoco. Aún es temprano.
Sin embargo, pasados quince minutos, todos parecían preocupados, pues ni Ethan, ni los misteriosos invitados de Dumbledore habían llegado aún.
- ¿Sabes de dónde venía tu hermano, Andrea? –preguntó Dumbledore con preocupación-.
La mujer negó con la cabeza.
- Salimos juntos del Ministerio, pero me dijo que tenía unos asuntos que arreglar con su casero, y yo quedé a comer con mi esposo. He venido directamente, pero a él debería haberle dado tiempo de sobra para estar ya aquí.
Dumbledore asintió, comprendiendo. Se quedó unos segundos pensativo, hasta que Tomás le interrumpió.
- ¿Y sus invitados, señor? ¿No deberían haber llegado también?
- Sí. Me pregunto si no se habrán encontrado con alguien... –miró por la ventana con expresión tranquila pero el ceño fruncido-. Vamos a buscarlos –dijo de pronto resueltamente-. Andrea, tú haz todo el camino hasta la casa de tu hermano, por si ves algo sospechoso. A cualquier cosa, nos mandas un patronus. Y Tomás y Adam...
Se calló al escuchar un ruido sospechoso en la parte de abajo del edificio. Les miró a todos intencionadamente, y al minuto siguiente los cuatro se encontraban bajando las escaleras con la varita en la mano, y la mirada cautelosa.
Cuando llegaron al vestíbulo, se escuchaban los ruidos de una gran pelea, y en las paredes se reflejaban las luces provocadas por varios hechizos. Cuando dieron la vuelta a la esquina, encontraron a los que faltaban, enzarzados en una lucha bastante agresiva.
Andrea no recordaba haber visto nunca a su hermano violento, pero Ethan se movía como un gato, con ágiles saltos, y lanzando varios hechizos a la vez. Su oponente, aunque no estaba a su altura, le prestaba una buena batalla. Sin embargo, antes de que el anciano director pudiera intervenir, Ethan hizo una floritura con la varita, y la de su adversario salió volando hasta sus manos. Después lo empotró contra la pared, apretando su cuello con una de sus gruesas manos.
-Tú no... –murmuraba entre dientes-.
- ¡Ethan, suéltala! –gritó el director llegando hasta ellos y, de un movimiento de muñeca, haciendo que el joven soltara a su oponente, que comenzó a jadear por la falta de aire-.
- ¡Dumbledore! –exclamó el hombre abriendo mucho los ojos. No se había dado cuenta de la presencia de los demás hasta ese momento. Su hermana le miraba algo incrédula, pero en los ojos de sus otros dos compañeros, brillaba la aceptación por su buen duelo. Sin embargo, Dumbledore le miró seriamente, exigiendo una explicación-. Me encontré con esta mujer pretendiendo entrar en el edificio –se apresuró a explicar-. Me di cuenta que era bruja en cuanto entró, y al ser nosotros los únicos que sabemos de su ubicación, pensé que sería una mortífaga.
Los demás dirigieron su mirada hacia la recién llegada, que se había bajado la capucha revelando que era una mujer. Unos ojos azules le fulminaban furiosamente, y pese a que sus rizos rubios estaban más cortos que la última vez, y su rostro más envejecido, Adam la reconoció al instante.
- ¡Eli! –exclamó dando un paso involuntario hasta ella-.
Después se dio cuenta de quien era mujer, y sus pies se quedaron clavados en el piso.
- ¿Adam? –preguntó ella tras analizarlo unos segundos. Estaba completamente extrañada, y miró a Dumbledore con el ceño fruncido-. ¿Qué tiene que ver él en esto?
- Yo quisiera saber qué tiene que ver ella –se apresuró a preguntar su antiguo amigo-.
Dumbledore cogió del codo a la mujer con gentileza, y se dirigió a los demás con el rostro serio, pero más relajado.
- Señores. Les presento a Elizabeth Duncker. O Elizabeth Williams, como tú la conociste, Adam.
Las expresiones de los otros tres compañeros se cambiaron al instante. Miraban a la mujer con cautela y con el ceño fruncido, y en el caso de Ethan, con más alarma aún que antes.
- Veo que ya les habías explicado, Dumbledore –dijo ella sarcásticamente-.
- Ya, bueno, este no es el mejor lugar para discutir esto. ¿Cuándo llega tu marido?
Elizabeth se irguió a la defensiva, ante la mención de su esposo.
- Bernard no va a venir. Le expliqué la situación, pero ni el ni Gerard se fían. Lo siento, Dumbledore. –vio la expresión del hombre, que por primera vez en tiempos amenazó con perder la paciencia, y se apresuró a añadir-. Eso sí, me mandó de vuelta algo que puede serte de utilidad.
El anciano la miró inquisidoramente, pero cuando ella iba a continuar hablando, la calló con un gesto.
- Vayamos arriba. Aquí no es seguro hablar de este tema.
Le cedió el paso a la mujer, y ella caminó por la escalera irguiéndose dignamente, con un gesto muy parecido al de su hija. Los demás, aunque reticentes, les siguieron. Al llegar al piso, Tomás cerró la puerta, asegurándola, y se puso al lado de Andrea, mirando la escena extrañado.
- ¿Qué tiene que ver Duncker con las cajas? –preguntó Andrea-.
- Todo –la respondió el director-. Pero si él no está, no sé como vamos a proceder con este asunto.
- Con esto –respondió la esposa del hombre, sacando un objeto pequeño y rectangular-
- ¿Qué es? –preguntó Ethan hablando por primera vez-.
- Un cassette muggle –respondió Tomás algo maravillado-.
Adam no había abierto la boca desde que había reconocido a su antigua amiga. No paraba de preguntarse qué hacía ella allí, no ya como su antigua compañera de colegio, sino como esposa de un conocido mortífago. No comprendía las razones de Dumbledore, pues él había comenzado a considerar el nombre del alemán como posible cerebro del ataque que había sufrido en Suiza, al igual que el resto de acontecimientos extraños que había habido. ¿Acaso era casualidad que desde que el hombre escapó de prisión, las cosas parecían haberse alterado bastante con referencia a los cuatro de la Orden? No. Adam no creía en las casualidades.
Mientras elucubraba internamente, se dio cuenta de que se había perdido la explicación sobre lo que era un cassette, y para qué se usaba.
- ¿Duncker ha grabado un relato con su voz en ese chisme para nosotros? –preguntó Andrea extrañada-.
- Es la única opción, Dumbledore –le dijo Elizabeth al director encogiéndose de hombros-. Aquí Bernard cuenta todo lo que cree que debéis saber. Pero no quiere acercarse. Los que están aquí le consideran culpables, y todos trabajan para el Ministerio de Magia Inglés. No puedes pretender que no piense que pueden tenderle una trampa entre todos.
- Supongo que el asesino querrá seguir escondido en su guarida –murmuró Andrea con desprecio-.
Dumbledore tuvo que agarrarle el brazo a la mujer para que no alzara la varita contra ella. Suspiró derrotado, y cedió.
- Bien, menos es nada. Por favor, Elizabeth, pon en marchar el reproductor.
- ¿De verdad vamos a escucharlo? –preguntó Tomás incrédulo-. Estamos hablando de Duncker.
- Indiferentemente de lo que le consideréis, él conoce esas cajas mejor que nadie de aquí. Eso ya la sabíais. Sin embargo, yo mismo no contaba con que él preferiría compartir esa información con nosotros.
- Al igual que lo hizo con Voldemort –añadió Ethan con sorna-.
- ¡Mi marido nunca mencionó a nadie más esa información! ¡Era confidencial, y hasta que Dumbledore me lo pidió, a él no se le habría ocurrido divulgarlo por ahí, y menos a ese loco! –exclamó la mujer ya ofendida-.
Dumbledore tuvo que recurrir a la persuasión para conseguir que todos acabaran sentados en los sillones sin pelear. Aún visiblemente enfadada, y cada vez más tentada a dejarlos a todos tirados, Elizabeth sacó un reproductor, metió el cassette en él, y le dio al play.
Inmediatamente, una voz ronca, desconocida para todos, incluso para su propia esposa, y con un inglés forzado comenzó a hablar a través del reproductor.
- Mis saludos. Me llamo Bernard Duncker, y aunque la gente me conoce por otras "hazañas" que se dice que he llevado a cabo –habló con un toque muy cargado de ironía-, lo que principalmente soy, es investigador. La cuestión por la que se pedía mi presencia allí, y que he rehusado, es para hablar de las cajas elementales.
- No sé si sabían que ese es el nombre que le pusimos originalmente en el departamento, pero con los detalles que conocéis, más los que os daré, encontraréis el nombre muy propio. Ahora os relataré todo lo que sé de estos objetos, aunque, desgraciadamente, no puedo revelarlo todo, pues hay partes que desconozco. Hace aproximadamente un año fue cuando comenzamos con la investigación presente. Leonardo Murdock, Edwin Noll y yo mismo hemos trabajado desde hace años codo con codo, los tres a solas. La cuestión llegó cuando estábamos trabajando en otro tema, y un gran terremoto asoló Indonesia dejando miles de muertos. Mi compañero Edwin, un muchacho más joven y más sentimental que nosotros, pensó en voz alta si no fuera posible controlar esos desastres, a lo que el viejo Leonardo respondió que solo sería posible controlando la naturaleza. El error vino cuando surgió la idea de intentarlo. Controlar la naturaleza, tener en nuestro poder el manejo de los elementos naturales, la creación de unas cajas elementales... La idea de convertirnos en dioses era tentadora, y caímos en ella.
Siguió hablando durante veinte minutos sin detenerse. Por fin los cuatro encargados de las cajas supieron cómo se elaboraron estas, contando con detalles que Leonardo Murdock no había conocido. Dumbledore escuchaba con atención, no solo las palabras, sino la voz y todos los detalles no verbales que se percibían a través de la grabación. Ahora, para ellos, Bernard Duncker no era el loco asesino racista anti muggles, sino que únicamente se trataba de un investigador, que había llevado a cabo un experimento que se le había ido de las manos. Y toda información era poca.
- Así pues –concluyó el hombre-. Ya saben el final. Las cuatro cajas fueron separadas, y distinguidas por colores, para poder definir independientemente su poder. Cuando nos dimos cuenta de lo que habíamos desatado, ya se estaba empezando a descontrolar. Por eso decidimos pedir ayuda, y oímos hablar de la eficacia de una parte del Ministerio de Magia Inglés, llamada el Departamento de Misterios –Andrea y Ethan se acercaron al reproductor al escuchar el nombre de su lugar de trabajo, cada vez más interesados-. Oímos hablar de los grandes profesionales que trabajaban en él, de las investigaciones que se llevaban a cabo allí, y creímos que quizá ellos podrían ayudarnos a encontrar la solución. El propio Edwin fue hasta Inglaterra para entrevistarse con algunos inefables, pero algo ocurrió. No tengo constancia de que llegara a hablar con ninguno, pues estoy seguro de que se habrían puesto en contacto con nosotros. La versión oficial es que falleció en un accidente en el trayecto. Permítanme dudarlo.
- Para ustedes yo no soy más que un vulgar asesino –dijo con desprecio en la voz, y sacándolos a todos de la nebulosa en la que habían estado metidos, recordando entonces quién era el hombre que hablaba a través del cassette-. No voy a perder el tiempo intentando convencerles de lo contrario. Sólo diré mi versión una vez. Simplemente fui un hombre que se encontró con un crimen, en el momento y lugar equivocados. La situación podría haberse resuelto más fácilmente de lo que creía. Cuando todo ocurrió y fui detenido, estaba seguro que en cuanto se hicieran las pruebas científicas adecuadas, saldría a la luz la verdad: que soy inocente y jamás cometí ningún crimen. Pero imagínense mi sorpresa al conocer la noticia de que todas las pruebas me apuntaban, y que mi varita presentaba signos de haber sido utilizada para cuatro asesinatos. Era inaudito, pues en ese momento yo no tuve la oportunidad de desenvainarla. Eso me hizo pensar que no era casualidad el que yo fuera encontrado culpable, y encarcelado, ni que tampoco era casualidad el accidente de Edwin. Al final, sólo quedó como conocedor del experimento un anciano indefenso, que ha tenido que recurrir a la protección de viejos amigos. ¿Quién más sabe de la existencia de esas cajas y le convenía quitarnos de en medio a todos? Eso no lo sé. Pero a raíz de eso, las cajas quedaron desprotegidas, y Quien-Ustedes-Saben, tuvo constancia de su existencia. Quizá alguno de mis colegas lo habló con alguien que no debía, no lo sé. Sólo puedo hablar por mí. Pero el hecho es que Albus Dumbledore llegó a tiempo para protegerlas, y ahora están en sus manos. Sin embargo, Quien-Ustedes-Saben sigue empeñado en obtenerlas. No es ilógico, si se fijan en el poder que ello supondría. Lo único que puedo hacer por ustedes, es contarles los hechizos que nosotros utilizamos para protegerlas, y que fallaron, a fin de que no cometan ustedes el mismo error.
Cuando terminó la grabación, hubo un silencio prolongado, durante el cual los cuatro protectores se miraron entre ellos nerviosamente, Dumbledore les miraba a ellos pensativo, y Elizabeth esperaba con paciencia.
- Ha sido útil, Elizabeth, no te quepa duda –dijo finalmente el hombre-.
- Sí, no ha estado mal... –murmuró Andrea aún en shock-.
La mujer les miró indiferente.
- Supongo que con esto he ganado tranquilidad para mis hijos, ¿no, director? –dijo sarcásticamente-.
El anciano sonrió genuinamente, sin dudar un segundo.
- Tus hijos siempre van a estar seguros y tranquilos dentro de Hogwarts, colaboraras o no. Pero consideré que también necesitabas un incentivo para ayudarme. Los chicos se están desenvolviendo ellos solos de maravilla. De hecho, creo que han hecho grandes amigos. Pero eso lo sabrás mañana cuando los veas.
La mujer negó con la cabeza, con una sonrisa intentando escapar de sus labios. En el fondo no tenía dudas sobre la seguridad de sus hijos, pero la había sorprendido realmente la indirecta del profesor.
- La próxima vez que necesite algo, procure pedírmelo directamente, y no insinuarme tragedias para que acceda más rápido. Algún día, la manipulación psicológica a la que usted somete a todo el mundo, se le volverá en contra.
- Oh, ya ha ocurrido, querida –dijo el hombre sonriendo-.
Elizabeth también sonrió, y con un gesto de cabeza se despidió de los demás, saliendo por la puerta.
- ¡Eli! –gritó alguien a sus espaldas-.
Al darse la vuelta vio a Adam, quien había estado extrañamente callado durante el encuentro. La expresión de su rostro era extraña, pues juntaba mil emociones como la ansiedad o el nerviosismo. Eli lo sonrió con confianza.
- Ha sido estupendo volver a verte, Adam. Sigues tan horrible como siempre.
Adam sonrió, recordando la broma que se gastaban de adolescentes, y dijo la segunda parte.
- Tú tampoco estás fea del todo.
Ambos se miraron, y rieron, como si volvieran a tener dieciséis años, y se lo estuvieran diciendo en la casa común de Gryffindor, tras una corta separación en las Navidades. Sin embargo, la expresión de Adam pasó a ser de culpabilidad.
- Perdona por el recibimiento tan frío y borde de antes. Supongo que no es el adecuado tras quince años sin vernos.
Elizabeth sonrió tristemente, y negó con la cabeza.
- No te preocupes, yo tampoco he sido cortés. No esperaba encontrar ningún conocido, y me ha descolocado. Supongo que tú has pensado lo mismo.
- En cuanto te vi la cara supe que eras tú –la dijo sonriendo-. No has cambiado casi nada. Sigues tan guapa como siempre.
Ella le volvió a sonreír, con una ternura muy parecida a la de antaño. Esa sonrisa le recordaba a esos años de adolescente, en que un chico empieza a tener constancia de su cuerpo, en que por primera vez una chica hace que le tiemble el pulso. Eso fue Elizabeth Williams para él, su primer amor no correspondido. Ella, consciente de lo que sentía, cada vez que él decía algo que le delataba, le sonreía de esa forma. Una sonrisa que demuestra amistad, pero que pone límites. De aquellos viejos sentimientos, sólo quedaban los recuerdos, ¡pero qué agradable era revivir esa inocencia!
- Me ha gustado ver aquí una cara amable –le reconoció ella con sinceridad-. No están siendo buenos tiempos, y siempre se agradece volver a ver a un amigo.
- A mi también me ha gustado verte –respondió Adam sonriendo-. Del grupo solo mantengo contacto con Dorcas. Los demás, cada uno por un lado, no tenemos relación. Sólo supe de Devlin Whitehorn, que se ha forrado con las escobas Nimbus.
Elizabeth se rió de la información. No todos habían salido mal parados en ese tiempo.
- ¿Te enteraste de lo de Jack? –la preguntó Adam-.
Había sido su mejor amigo en el colegio, y aunque se distanciaron mucho después, él había lamentado muchísimo su muerte hacía seis años. Elizabeth asintió apesadumbrada.
- También supe lo del marido de Dorcas. Estuve a punto de volver para los funerales, pero en esa época había mucho jaleo con mis hijos, y me acabé quedando, como siempre. Por una razón u otra, no he vuelto a Inglaterra hasta ahora.
- Supe que tus hijos están en Hogwarts. Último año, ¿no? –cuando Eli asintió, Adam hizo la pregunta que llevaba tiempo pensando-. ¿No son algo mayores?
La mujer sonrió, entendiendo su pregunta implícita.
- Al poco de llegar a Alemania conocí a Bernard, y en un par de meses ya estaba embarazada. Tuvimos que casarnos apresuradamente, pero nos ha ido bien. Me enamoré enseguida de él, es un hombre maravilloso. Ojalá lo creyeras, y sepas que él no le hizo daño a nadie. En serio, Adam –añadió más seria al ver la expresión de su antiguo amigo-. Si lo conocieras, sé que os caeríais bien.
Adam estuvo a punto de contestarle algo burlón, pero se contuvo. Estaba envalentonado y alegre, porque al oírla mencionar tan amorosamente a su marido, con diecisiete años habría sido doloroso, y en ese no sentía nada, lo que confirmaba la ausencia de dichos sentimientos en el presente. Esa evidencia le hizo asentir con la cabeza y sonreír más ampliamente.
- Tal vez en el futuro –sugirió-.
- Sí –asintió la mujer feliz-.
- ¿Te quedarás en Londres durante las fiestas? –la preguntó con curiosidad-.
Elizabeth asintió vigorosamente.
- No quiero que mis hijos hagan un viaje tan largo innecesariamente. Al fin y al cabo sólo las pasarán conmigo. Mis padres murieron hace años, al igual que mi suegra, y mi suegro está internado en un hospital. Con su padre y su tío en busca y captura, sólo estoy yo, por lo que considero mejor que me traslade yo a que lo hagan ellos.
- Tal vez podría ayudarte con algunas cosas –sugirió el hombre-. Si quieres, claro. Sólo dime dónde te quedas, y yo iré a verte.
- Estoy en el Caldero Chorreante, claro –le dijo sonriendo ampliamente-. Me gustaría que te pasaras.
Adam asintió, contento.
- Lo haré. De todas formas, si vas a buscar a tus hijos mañana, probablemente te vea. Yo pasaré por mi sobrino, que va a clase con ellos. Quizá se hayan hecho amigos.
- Tal vez –le respondió de mejor humor-. Si ves a Dorcas, dala un beso de mi parte. Mañana nos vemos.
- Hasta mañana.
Adam se quedó unos segundos viendo cómo su antigua amiga se alejaba unos metros, y desaparecía por una bocacalle, pasando al lado de un par de borrachos que no parecieron verla. La sensación de encontrarse con una persona que creía que jamás volvería a ver, le producía un calor en el pecho muy emotivo. Sonrió, pensando que seguramente a Dorcas le haría mucha ilusión volver a ver a Eli. En algún momento se lo propondría con cuidado.
- ¿En qué piensas? -Le preguntó Tomás al oído-.
Se dio la vuelta, y vio a sus otros tres compañeros detrás de él.
- En que ha pasado mucho tiempo desde que estuve en Hogwarts.
- Y tanto... –murmuró Andrea pensando en sus años en el colegio-. Todo parecía más fácil...
- Sí...
- ¡Bueno, dejémonos de sentimentalismos! –exclamó Ethan sacándolos de sus pensamientos-. Ahora tenemos unas cajas que cuidar, y después de saber bien el peligro que tienen, tenemos que ponerle más empeño que nunca.
Los otros tres asintieron con el rostro más serio. El recuerdo de una responsabilidad tan peligrosa les revolvía el estómago a todos.
- Esto se complica cada vez más –pensó Andrea en voz alta-. Parece que ningún lugar sea suficientemente seguro.
- Hay lugares inmarcables –pensó Adam en voz alta, pensando en su caja verde escondida en Hogwarts-.
- Sí. Como Gringotts –consideró Tomás hablando consigo mismo-. No creo que nadie pueda acceder a una bóveda de máxima seguridad.
Se dio cuenta al instante de que había revelado a sus demás compañeros la ubicación de su caja marrón sin darse cuenta. Los tres le miraron algo alarmados por el hecho.
- ¿En una bóveda en Gringotts? –preguntó Ethan con interés, pensativo-. La verdad es que no es mala idea.
- Ethan, ya hemos hablado de esto –urgió Andrea golpeando con el codo a su hermano-.
- Lo sé, lo sé. Solo que pienso que es un lugar fantástico. Lástima de no tener una bóveda de máxima seguridad...
- Cora te podría conseguir una –sugirió Tomás sonriendo un poco-. Por un módico precio....
- ¡No intentes sacarme los galeones, amigo! –exclamó Ethan con una carcajada-.
Andrea les miró con el ceño fruncido. Aunque siguieran dentro del cuartel, no le parecía adecuado hablar de las ubicaciones con tanta ligereza. Ni siquiera entre ellos mismos. Al fin y al cabo, Dumbledore había sido tajante en eso.
- No debemos confesarnos nada entre nosotros. Dumbledore fue muy claro cuando dijo que ninguno debía saber dónde estaban las otras tres cajas.
- Pero a mi me parece absurdo –la respondió su hermano-. ¿Por qué vamos a ocultarnos las cosas entre nosotros? Los cuatro nos estamos jugando el pellejo.
- Por seguridad, Ethan.
El más joven bufó disconforme, pero, sorprendentemente, Adam, que había estado callado hasta ese momento, salió en defensa de la postura de Andrea.
- Yo estoy de acuerdo. Es mejor que no lo sepamos entre nosotros.
Los otros le miraron entre extrañados y comprensivos. Por un lado era lógico que Adam siguiera a rajatabla las órdenes de Dumbledore, pero por otro, de un tiempo a ese momento, parecía disfrutar especialmente discutiendo con Andrea por todo.
- ¿Estás de acuerdo con mi hermana? –preguntó Ethan incrédulo-.
- Claro. De ti y de Tomás me fío, pero ¿quién me dice que ella no me vendería a Voldemort para que me clavaran ramas de bambú bajo las uñas como tortura? –preguntó sonriendo de medio lado-.
Andrea bufó y avanzó para pegarle un guantazo, pero Adam echó a correr por el vestíbulo riéndose. Ethan se unió a las risas, provocando un enfado en su hermana que hizo que la mujer sacara la varita para hacerse respetar. El único que fue ajeno a ese juego tan típico de niños era Tomás, que era quien más conocía a Adam. Había visto su expresión antes de la reunión, mientras escuchaban la cinta, y después de despedirse de esa mujer, y no tenía dudas de que su compañero y amigo estaba bastante preocupado por todos los acontecimientos. Esa intervención en la conversación le había sonado forzada, y es que era típico de Adam recurrir al humor borde para esconder su ansiedad ante algo. Tampoco podía culparlo. ¿Quién no estaría preocupado al tener en su poder algo tan frágil, peligroso y buscado?
OO—OO
Esa misma noche, en Hogwarts todos estaban emocionados por la cercanía de las vacaciones. La mayoría ya tenían hechos los baúles, contando las horas para volver a casa, como era el caso de Lily o Peter. Otros, como James, estaban más perezosos, y preferían tumbarse en el sofá, ya de paso curándose el resfriado causado por una sesión de quidditch pasada por agua, y acabarían haciéndolo en el último momento. Remus, por su parte, no sabía aún qué hacer, y a cada rato volvía loca a la profesora McGonagall. Por un lado, sabía que tenía que ir a casa, aunque sólo fueran unos días. Su padre se encontraba solo, y no contaba especialmente con buena salud, por lo que no soportaba la idea de dejarlo solo en Navidad. El problema es que tampoco soportaba la idea de dejar sola a Rachel en Hogwarts. Si se la pudiese llevar con él, todo sería distinto, pero el director fue inflexible, asegurando que si ella salía del colegio sólo sería para ir al refugio de sus padres y no volver. Su novia se había apresurado a confirmar que se quedaría en Hogwarts, aunque estuviese sola. Y ese era el peligro. Todos volvían a casa por Navidades. Gis se había ofrecido a quedarse, pero sus padres no se lo habían permitido bajo ningún concepto, y Kate sentía demasiada nostalgia del hogar. Aunque James y Sirius le habían dicho a Remus que ellos cuatro podían quedarse, Peter se había negado, pues quería volver a casa con su madre, y la madre de James había escrito casi rogando porque sus hijos volvieran.
Al final, Remus se había encontrado con el dilema de no saber qué hacer. Había escrito a su padre, y él le había respondido que hiciera lo que quisiera, pues él lo comprendía. Por supuesto que lo comprendía, pero precisamente por eso no era capaz de dejarlo solo.
Mientras su amigo se encontraba entre la espada y la pared, otros tres tenían un problema distinto. Apenas faltaban algo más de doce horas para las vacaciones de Navidad, y Sirius, Sadie y Grace estaban encerrados en la biblioteca. Tanto dejar su trabajo, había provocado que aún en esas fechas, apenas hubieran empezado a investigar. Todos estaban muy susceptibles y enfadados por tener que estar en la biblioteca mientras sus amigos se reían en la sala común, comiendo mazapanes y haciendo planes para las vacaciones, por lo que discutían por cualquier cosa, retrasándose en el trabajo, y provocando que tuvieran que quedarse más tiempo, lo que los enfadaba más. En fin, un círculo vicioso.
- Esto es una pérdida de tiempo –murmuró Sirius entre dientes por octava vez. Al menos esta vez se limitó a susurrarlo, y no a exclamarlo, pues hacía veinte minutos la señora Pince estuvo a punto de echarlo-.
- ¿Quieres hacer el favor de seguir buscando? –le contestó Grace ácidamente-. Bastante tedioso es esto, sin tener que oírte a ti quejándote constantemente-.
- No, si quieres lo celebro. Llevamos aquí cinco horas, y lo único que hemos averiguado sobre Leticia Somnolens, es que era una bruja resentida y amargada, que se dedicaba a joder a todas las que eran más guapas que ella.
- ¡Vaya, que elocuente! Ponlo así, que seguro que nos ponen un Extraordinario –le contestó Grace de forma sarcástica, sin levantar la vista del libro-.
Sirius la miró con el ceño fruncido. No es que normalmente tuviera mucha paciencia, pero el estar cinco horas seguidas en ese lugar le estaba crispando los nervios, y parecía que la rubia tuviera una capacidad especial para enfadarlo con ese tono irónico que tanto usaba, y que él tanto odiaba.
- ¿Acaso te sientes identificada con ella? En cualquier momento te sale la verruga en la nariz –la respondió para picarla-.
Grace suspiró, y le miró a los ojos con el ceño fruncido. Ella no estaba en su mejor día tampoco. Acababa de venirle el periodo, estaba molesta, incómoda y adolorida, y llevaba cinco horas sentada en la misma postura, con ganas de echárselo a alguien en cara. Por si fuera poco, tenía que soportar esas cinco horas a Sirius, quejándose de que no podía ir a jugar con sus amigos, como si no hubiera pasado del primer curso. Y ahora, cuando intentaba convencerlo de que siguiera buscando con la boca callada, él la tomaba con ella, como siempre.
- ¿Quieres que te diga donde te puedes meter tú la verruga? –le siseó entre dientes, aún intentando contenerse, pues sus hormonas la gritaban que lo abofeteara esa cara de presunción que tenía-.
- ¡Ey, callaos! –susurró Sadie apremiante, cuando Sirius iba a responder con cara de mala uva-. Así no saldremos nunca de aquí. Sirius, ¿te importa ir a buscar el libro "Brujos y hechiceras de los siglo X, XI, y XII, por favor? Quizá por ahí venga algo.
- ¿Y por qué yo?-preguntó Sirius frunciendo el ceño. La discusión había venido tanto por parte de Grace como de él, ¿por qué siempre Sadie se ponía de parte de ella?-.
- Porque te lo he pedido por favor, y tú siempre presumes de caballero –le respondió ella tajante-.
Sirius se levantó murmurando maldiciones en voz baja, y dirigiéndose a la estantería de Historia Mágica Medieval. Una vez allí, comenzó a buscar con mucha lentitud el famoso libro. Ya llevaba diez minutos haciendo un poco el vago, cuando alguien lo llamó.
- ¡Ey, Black!
Por un momento creyó que era alguna de sus compañeras que le había pillado, pero enseguida se dio cuenta de que quien lo saludaba era un muchacho un año más pequeño que él, llamado Dirk Cresswell. El muchacho, un ravenclaw hijo de muggles, siempre le había caído bastante bien aunque no habían hablado mucho más que para saludarse en seis años.
- ¿Qué tal, Cresswell? –preguntó con desgana. No es que tuviera muchas ganas de hablar, pero siempre era mejor eso a andar mirando libros-.
- Bien, bien –respondió el muchacho algo ansioso. Parecía cohibido, como si fuera a hacer algo, pero no se acabara de atrever-. Oye, no quiero ser entrometido –dijo algo titubeante. Sirius lo miró interrogante, animándolo a hablar-. Bueno, verás, tengo un amigo interesado, y me ha pedido...
- Te estás liando –dijo Sirius que no soportaba que la gente se fuera por las ramas- ¿Qué quieres saber?
- Nada importante, en realidad –se apresuró a aclarar el muchacho-. Sólo, bueno, hay quien se pregunta si has vuelto a romper con Hagman. Ojo, no por mí, pero hay gente...
- Claro que no –dijo Sirius cortante. Si había alguno interesado, ya podían empezar a desinteresarse-. ¿Por qué lo dices?
- Nada, nada... –parecía que el muchacho quería dejar el tema, y Sirius lo agradeció. Sin embargo, en el último momento Dirk pareció envalentonarse- Es que, no sé, estabas tan cariñoso con Michelle en la fiesta de Slughorn. ¡Oye, no me quejo, la verdad! No pienses que porque ella era mi pareja voy a ofenderme. Lo cierto es que sólo la invité para ver cómo se daba la noche, ya sabes, pero tras oírla hablar diez minutos seguidos, te das cuenta de que no hay premio que merezca tanto la pena...
Sirius se rió, y asintió de acuerdo. Ni loco se metía con una chica tan estúpida teniendo a Kate con él. Sin embargo, segundos más tarde se dio cuenta de que en vez de reír el chiste, debía haberse apresurado a aclarar la situación, pues un ruido les hizo girarse a ambos, y se encontraron a una Grace enfadadísima, que fulminaba a Sirius con la mirada. Un pesado libro estaba a sus pies, pero ella no parecía haberlo notado. Discreta y rápidamente, Dirk salió con los pies en polvorosa, dejando solos a los dos muchachos.
- Oye, lo que has oído... –comenzó a decir Sirius-.
- ¡Sé muy bien lo que he oído! –exclamó Grace luchando por controlar su tono de voz. Afortunadamente, apenas había gente en la biblioteca en ese momento, y Madame Pince estaba sentada en su sitio, bastante lejos de ellos-. ¡Increíble! Es muy típico de tu parte. Quise creer que con Kate era distinto, ¡pero no! Y mira que Remus me aseguró que no hiciste nada. Y yo me lo creí, porque Remus no tenía por qué mentirme, pero es que tú no cambias, ¿verdad? ¡Kate no se merece eso! ¡Y yo tampoco me lo merecía, qué narices!
- ¿De qué narices me hablas tú ahora? –preguntó Sirius mosqueado. Él no le había hecho nada a Kate, y menos a ella-.
- ¡De que la has puesto los cuernos a mi amiga! –exclamó Grace enfadada-.
Sirius bufó al oír cómo elevó la voz, y algunos de los más cercanos se les quedaron mirando con curiosidad.
- Yo no le he puesto los cuernos a Kate. El otro día, en la fiesta, tuve un percance con esa chica, pero no pasó nada porque la paré los pies.
- ¡Sí, claro! Y no se lo has contado a Kate por no incomodarla, ¿no? –ironizó ella-.
- ¡Pues no se lo he contado porque no tiene importancia! Tampoco la he contado lo que ocurrió entre tú y yo en septiembre, y eso no parece molestarte tanto.
Grace se quedó callada unos segundos, asimilando eso. Después, con la voz más aguda, le dijo:
- Eso es diferente.
- ¡Bastante diferente! –susurró Sirius embalado-. Con esta chica no he tenido nada, y contigo ocurrió de todo. ¡Pero no te veo estar deseando contárselo a Kate!
- ¡Por ese entonces no estabas con ella, y ninguno estábamos en condiciones de...!
- ¡Disculpa! ¡Yo no estaba en condiciones! ¡Tú sí! ¿O es que no quieres contarle a tu amiga que abusaste de su novio cuando estaba borracho?
- ¡Yo no abusé de ti, imbécil! ¿Quién fue el que se me tiró encima como un animal? Yo estaba hecha un asco, y sólo quería distraerme... ¡Al fin y al cabo solo sirvió para eso, porque fue patético!
- ¡Otra vez con las mismas palabras hirientes! –murmuró Sirius respirando entrecortadamente-. De nuevo vuelves a usar ese recurso para intentar hacerme sentir una mierda. ¡Igual que aquella vez!
- ¿Y qué iba a hacer si no? ¡Después de esa humillación sólo me quedaba el recurso del pataleo! –le respondió con lágrimas en los ojos. Se maldijo a sí misma. Si esa discusión hubiera tenido lugar otro día, eso no la estaría pasando, pero las malditas hormonas la hacían ser de lágrima más fácil de lo usual-.
- ¿Qué humillación? –preguntó Sirius enfadado y perdido, sin saber muy bien cómo habían llegado a discutir sobre un tema que no habían tocado en dos años-. ¡Me pasé toda la tarde esperándote, preparándolo todo, y cuando llegaste te comportaste de una forma fría y sólo supiste insultarme! Después de ese día no volviste a hablarme si no era para insultarme, ¿y eres tú la humillada?
- ¿Dónde preparaste las cosas? ¿En la boca de Mellisa Spellman? –estalló ella-.
- ¿Qué? –preguntó Sirius en voz más baja. Eso le había pillado desprevenido. ¿Sabía ella lo de...?-.
- ¡Mellisa Spellman! ¡Os vi en los claustros del vestíbulo, morreándoos como si la vida os fuera en ello! ¡Era mi amiga! ¡Tú sabías cuánto la admiraba yo, y aún así no te importó una mierda!
- Pero, ¿qué dices? ¿Te has vuelto loca? Eso fue mucho después...
- ¡Me sentí humillada, engañada! Sólo te faltó enrollarte con Lily.
Sirius estaba muy perdido, pero la chica parecía un toro desbocado. Claro que recordaba lo de Mellisa Spellman. Fue la primera chica con la que estuvo tras dejarlo con ella, y para su emoción, era dos años mayor que él. Sabía que era amiga de Grace, y por eso le había extrañado que ella lo buscara, pero no se resistió mucho a las insinuaciones de la chica, pues Grace ya llevaba días demostrándole lo mucho que lo despreciaba, y que nunca querría saber nada de él. Sin embargo, no sabía que Grace hubiera sabido de ese rollo sin importancia, y no entendía por qué la importaba tanto a esas alturas.
- Creo que te equivocas mucho, y me parece increíble que quieras justificar lo que dijiste con algo que pasó después.
- ¿Qué pasó después? ¿QUÉ PASÓ DESPUÉS? ¡¿Cómo puedes ser tan cínico?! ¡Idiota, imbécil, gilipollas!
- ¿Habéis acabado? –preguntó alguien detrás de Grace con total tranquilidad-.
Se volvieron para ver a Sadie apoyada tranquilamente en una de las estanterías, mirándolos con cansancio, y con la varita en la mano.
- Menos mal que me ha dado por insonorizar el lugar, porque por vuestro tono se habría enterado hasta la gata de Filch, y mañana sólo se hablaría de esto. Me gustaría ver cómo se lo explicaríais a Kate, entonces.
- Sadie, mira... –comenzó Sirius nervioso-.
- No te preocupes, yo no diré nada –dijo desechando la idea con un gesto-. Hace siglos que lo sé, al fin y al cabo. Pero pensé que lo teníais superado.
- ¿Y quién ha dicho que no lo esté? –preguntó Grace de mal humor-.
- ¡Oh, disculpa! Será que malinterpreté los gritos... –ironizó Sadie sin perder el buen humor-.
Sirius y Grace bufaron a la vez sin darse cuenta, y al oírlo, ambos se miraron con el ceño fruncido y se cruzaron de brazos, ignorándose el uno al otro. Sadie suspiró con cansancio.
- Estupendo... Esto va a traer cola. Va a afectar al grupo de trabajo, ¿verdad?
No esperó la respuesta, aunque los dos chicos estaban demasiado enfadados para dársela. Dirigió una mirada a la puerta de la biblioteca, y con un golpe de varita hizo que todos sus apuntes levitaran hasta ella.
- No pensaba hacerlo, pero creo que necesitáis una dosis de realidad –les dijo-.
Grace y Sirius la miraron extrañados, pero ella los ignoró, y solo les hizo caso para ordenarles que la siguieran. Finalmente, aunque los dos no estaban muy seguros, acabaron siguiéndola hasta una clase vacía, donde Sadie les hizo entrar, y cerró la puerta tras ellos.
- Bien. Si esto va a afectar al ritmo de nuestro trabajo, me influye, y si me influye, tengo derecho a intervenir. Por lo tanto, creo que ya es hora de que los dos aprendáis un poco de vuestra propia vida.
- ¿A qué demonios te refieres? –pregunto Grace a punto de perder la paciencia-.
- A que ambos tuvisteis una historia hace tiempo, que acabó de cierta forma que ninguno ha podido superar bien, y es porque cada uno cree que fue por un motivo que es falso en las dos versiones. Y si no lo habéis podido superar del todo, eso me pilla en medio, y me niego. Así pues, os voy a mostrar lo que ocurrió hace dos años.
- ¿Tú has bebido? –exclamó Sirius-. Yo paso de eso. ¡Como si necesitase ponerme a hacer balance de mi vida, o alguna gilipollez así! No pienso ver eso.
- ¡Vaya si lo verás! –exclamó Sadie perdiendo la paciencia. Ella intentaba ser prudente. De verdad que lo intentaba, pero a veces se lo ponían tan difícil...-. ¡Si después de verlo, quieres ignorarlo todo, vale! Pero mientras esto afecte a mi nota de Pociones, tú lo verás todo.
Dejó sus libros en la mesa del profesor, y sacó de la mochila su pensadero, y el famoso estuche de moke que llevaba siempre encima. Suerte que había preparado eso de antemano por si acaso. Si hubiera ocurrido de casualidad, no habría sabido cómo armar el puzzle sin que Regulus se viera involucrado. Vio a los dos muchachos reticentes mientras ella volcaba los tres recuerdos a la vez, de forma que se encadenaran entre ellos.
- Vamos, dentro –les dijo con mal humor-.
Parecía que ninguno estaba muy dispuesto a hacerle caso, pero su tono no admitía réplicas. Grace fue la primera en dar el paso y entrar en el recuerdo, y cinco segundos más tarde, Sirius se unió a ella. Sadie los siguió de inmediato.
El recuerdo tenía lugar en el vestíbulo del colegio, y por las ropas de todos, parecía que era primavera o finales del verano. Sirius se vio a sí mismo con sus tres amigos, charlando animadamente. Se fue a acercar a ellos, cuando Sadie le detuvo.
- Lo que quiero que veáis está allí –les susurró apuntando a una esquina del vestíbulo-.
Los dos dirigieron una mirada hacia el lugar, descubriendo a Mulciber que estaba escondido, observando atentamente al grupo.
- ¿Este qué hace?-preguntó Sirius, extrañado-.
Sadie le indicó que le mirara tanto a él como a su yo de quince años. No entendía por qué, pero a los pocos minutos se dio cuenta de que el Slytherin estaba copiando todos y cada uno de los movimientos de Sirius, como si quisiera memorizarlos e imitarlos. Grace miró con ojos entornados cómo ella misma llegaba con Lily, y Sirius la guiñaba el ojo discretamente, y cómo Mulciber también intentaba copiar ese gesto, aunque parecía ir costándole. También vio con rabia cómo la misma Mellisa sobre la que habían estado discutiendo, se acercaba a ella, y hablaban entre risas.
- ¿Os ha quedado claro este punto?
- ¿Que este tío es un sádico que se dedica a espiarnos, o que por alguna patética razón le dio por imitarme? –preguntó Sirius con un gesto de repugnancia-.
- Las dos cosas –dijo Sadie respondiendo el gesto-. Ahora, atentos.
Al cambiar el recuerdo, vieron que habían ido hasta un subterráneo, que debían ser las mazmorras, donde Mulciber estaba solo, mirando un frasco con una mezcla de asco y avidez. Tanto a Sirius como a Grace les pareció escuchar el sonido de unos pasos alejándose, pero no prestaron atención, pues era más intrigante preguntarse qué contenía ese frasco en forma de líquido púrpura. Tras una última duda, Mulciber se lo tomó de un trago, y su cuerpo comenzó a temblar y a cambiarse.
Sirius y Grace dieron un paso atrás, pensando que algo había salido mal e iban a ver una asquerosa babosa gigante en el lugar de Mulciber, pero en vez de eso, cuando acabó el proceso, este se había convertido en el hermano gemelo de Sirius Black.
¡¿Qué...?! –exclamaron ambos mirando la escena con los ojos desorbitados-.
El nuevo Sirius se dirigió a un espejo, y dio una vuelta sobre sí mismo admirando su nueva imagen. Empezó a imitar de forma bastante cutre las expresiones de Sirius, pero nadie podría haber puesto en duda que era él. Solo le delataba la corbata y el escudo de Slytherin, que al verdadero Sirius parecía ofenderle muchísimo ver sobre su cuerpo.
- ¡Gilipollas, quita mi cara de la tuya, asquerosa serpiente! –exclamó enfadado y asqueado-.
Él no entendía por qué Sadie les quería enseñar eso, pero si quería que olvidara su enfado con Grace, lo había conseguido. Ahora sólo había odio hacia el sádico de Mulciber, más del que solía tener normalmente. Por otro lado, Grace comenzaba a sospechar, y las cosas empezaban a tornar un cariz que no la gustaba. Miró a Sadie suplicante, y negó con la cabeza, pero la chica afirmó a su vez, con gesto serio.
- Ahora llegamos al final –dijo Sadie cuando el recuerdo fue cambiando-.
Grace casi no tenía necesidad de mirar. Sabía lo que estaba ocurriendo. El falso Sirius y su antigua amiga Mellisa estaban dándose el lote en los soportales, y de fondo se podían ver a ella misma y a Regulus a su lado, mirando la escena y a ella alternativamente. Grace vio la expresión mal disimulada de dolor que tenía en el rostro, y cerró los ojos, recordando exactamente cómo se sintió en ese momento. Por su parte, Sirius se había quedado mudo. Lo que menos se esperaba era esa escena. Mulciber con su cara dándose el lote con Mellisa Spellman ya era bastante asqueroso, pero lo que le llamó la atención fue ver a Grace observando todo. En ese momento supo que cualquiera que hubiera visto eso, no podría haber dudado de lo que ocurría ahí, y la expresión de la que entonces era su novia le hizo un nudo en el estómago. Ahora comprendía muchas indirectas de ella, lo que acababa de decir en la biblioteca, y lo peor, comprendía la reacción de ella. Para él había sido inexplicable y caprichosa su actitud, pero ahora le veía mucho sentido. Comprendió lo dolido que se habría sentido él en caso contrario, y que quizá, al igual que ella, también habría recurrido al ataque para ocultar ese dolor.
Habían salido del pensadero, pero ninguno de los dos se dio cuenta de ello. Sirius miró a Grace, esperando encontrarse con su mirada, y que entonces se le ocurriera qué decir, pero ella tenía la vista en el suelo, y no parecía querer levantarla. Sólo pudo ver cómo apretaba sus puños a ambos lados de su cuerpo, y lo entendió, pues él sentía ahora su misma furia.
- Bueno, ahora que ya sabéis que aquello no sucedió por culpa de ninguno, haced las paces y volvamos al trabajo –dijo Sadie con naturalidad-.
Los dos la miraron incrédulamente. Sirius no podía concebir que ella no entendiera cómo se podían sentir ellos en ese momento. No era como a quien le dicen que el postre se ha acabado y tiene que coger otro. Les acababa de enseñar que el hecho sobre el que se fundamentaba la ruptura de la primera relación que ambos habían tenido en su vida, era una mentira. Eso destruía muchos esquemas, y volver al trabajo, no era algo que los dos chicos pudieran hacer en ese momento.
- Creo que voy a ir a tumbarme –habló Grace con la voz algo tomada, y sin levantar la mirada del suelo, donde la había dirigido después de fulminar a Sadie-. Me duele un poco el estómago.
- ¡Oh, venga! –exclamó la alemana-. ¿Ahora os vais a poner existencialistas con que os he cambiado el concepto de vuestra vida, o qué?
Grace volvió a levantar los ojos, para mirarla con furia.
- Vete a la mierda, Sadie. –murmuró entre dientes. Fue a coger sus libros, y se marchó de la habitación sin dirigirle la mirada a Sirius en ningún momento-.
Sadie resopló, pero Sirius la ignoró, pues seguía mirando hacia la puerta por donde había salido la rubia.
- ¿Tú también te vas a poner dramático? –le preguntó la chica con sorna-.
- No –respondió convencido-. Voy a pegarle una paliza a Mulciber. Si me disculpas...
No sabía donde podía estar ese troglodita, pero le buscaría hasta encontrarlo, y le dejaría tan desfigurado que hasta su madre se emocionaría del cambio de apariencia. No sabía qué pensar de eso, ni cómo iba a reaccionar con Grace en el futuro, pero lo que necesitaba ahora era descargar esa furia que sentía en su interior. Ya después pensaría qué hacer.
Grace ya estaba camino de la torre Gryffindor cuando se paró en seco. No quería ir allí. Aunque no saliera de la habitación y consiguiera evitar a Sirius, tendría que ver a Kate, lo que indirectamente la recordaría todo de nuevo. Ahora no podía pensar en eso, y sin embargo no podía dejar de ver la imagen del pensadero. Agitó la cabeza con frustración, y tomó una decisión. Se encaminó hacia el sexto piso, apresurándose más de lo necesario, e intentando pensar en cómo actuar a partir de ahora. De momento, esa noche sólo quería estar sola. Aspiró hondo y dio la contraseña, entrando en la torre, y encontrándose a Lily y a James hablando abrazados en el sofá de su sala común.
- ¡Grace! –exclamó su amiga, contenta, saltando por encima de su novio para saludarla-. ¿Por qué has subido? ¿No habíamos quedado en el comedor?
Grace respiró acompasadamente, intentando controlar su expresión, pues no quería decir nada delante de James.
- ¿Puedo quedarme aquí a dormir hoy? –preguntó en voz baja, pues si subía el tono sabía que su voz sonaría rota-.
Esa pregunta hizo que James y Lily se miraran extrañados, sin poder explicarse qué le ocurría a la muchacha.
O-oOOo-O
¡Se acabó por hoy! No podéis quejaros, si le hago más largo se sale de la página jejeje han ocurrido muchas cosas, y me odiaréis por algunas, lo sé xDD
He apartado a James del equipo... y he sido buena! Cualquiera que le buscara un buen castigo, sabría que se merece que le expulsen por todo el año, pero no pude hacerle tanto daño :( Creo que tanto James como Sirius se merecen un buen castigos por ser unos capullos integrales. Odio a Snape y odio que consigan que me de pena, porque el acoso escolar debería estar prohibido y penado, porque se puede causar un gran daño psicológico en la persona, y no es para tomar a risa... por eso odio a Snape, porque habiéndolo sufrido, lo permite y lo incentiva con sus alumnos cuando es profesor, y eso es imperdonable...
En fin, después mi discurso ético, sigamos. Peleé a James y Lily, porque ella, como persona decente que es, no podía perdonar algo así tan fácilmente, y además tiene su orgullo, claro! La respuesta a por qué Kate no se enfadó, la da ella misma: ya se ha resignado jejeje además, no olvidemos que ella no es tan responsable y con tanto carácter como Lily :P Ya reconcilié a Jeff y Nicole, aunque no ha quedado del todo claro. La mi pobre, está enferma y no ha quedado del todo romántico, pero no me digáis que no es original, ¿eh? Jajajaja he metido un poco de Derek, que llevaba tiempo sin aparecer... le voy a acabar cogiendo cariño, leches! Jejeje
Y lo de las cajas... ya sabemos qué tenía relación el padre de Sadie y Jeff con ellas. Al final todos están relacionados con todos. Él, como investigador, fue uno de los que las creó, y ya ha dejado ver su versión de que quizás le encarcelaron para quitársele de en medio... por eso os digo que no es del todo como el caso de Sirius. Aquí no se debió a que no quisieran investigar más, sino que a alguien le convenía que él estuviera en prisión... ¡Y claro! Ya llegamos al tema que os interesa a la mayoría: Sirius y Grace. Ya saben todo lo que ocurrió, y ha tenido que ser tras otra de sus monumentales broncas, ¿cómo no? Ahora nos quedan ver sus reacciones... Me odiáis, lo se jejeje
El próximo capítulo ya serán las vacaciones de Navidad, así que les veremos a todos en casa, que hay que conocer a sus familias. Claro está, también están las reacciones de Grace y Sirius, y alguna otra cosa más, como cierta misión que tiene Snape con Voldemort... ¿Os acordáis? :P
Bueno, sé que he tardado, pero me he matado escribiendo algo, asi que creo que es justo que me digaís qué os parece, ¿sí? (pone cara de corderito degollado)
Nos vemos en el próximo, esperemos que antes que después ;)
"TRAVESURA REALIZADA".
Eva.
