¡Hola a todos! ¡Perdón por la tardanza! Es la vez que más he tardado en actualizar, y como compensación traigo el capítulo más largo hasta la fecha. No os acostumbréis, esto es para compensar el retraso, aunque algunos no lo acabáis de merecer ¬¬

Pero otros sí lo merecéis, y por vosotros me he esmerado todo lo que he podido. Espero cumplir con las expectativas :P En este capítulo encontraréis algunas palabras en francés y en italiano. Dado que mis conocimientos en ambos idiomas se limitan a algunos libros o fanfics que he intentado descifrar, he tenido que recurrir a traductores, y de ahí que quizá los entendidos encontréis algún error. Perdonadme en ese caso.

Quería agradeceros a todos los que me dejasteis review y comprendisteis mi situación. Estoy en un momento importante de mi carrera, y debo dedicarme a ella ante todo. Al menos espero que os alegre saber que de momento he aprobado todas las asignaturas, y voy camino de conseguir unas prácticas en un periódico de mi ciudad para este verano, lo que me llena de alegría :D Sin más, contesto a reviews:

Roxanne Potter: Hola guapa! Gracias por tu review. Me alegro que te gustara el capítulo anterior. Lo cierto es que a mi me parecía que estaba siendo demasiado utópico para ser un fic de guerra. Apenas habían muerto personas lejanas, y nunca habían afectado, pero a partir de ahora la cosa se pone más negra. Lo de Remus y Rachel se irá viendo, pero créeme que eran los regalos que ambos necesitaban. Eso sí, si crees que eso frenará las escapadas merodeadoras, estás equivocada jejeje Te aseguro que los de la Beca Merlín darán mucha trama. Este capítulo está dedicado para ellos, y verás todo lo que repercutirán jeje un besazo!;)

Io: Hola! Bueno, te doy la bienvenida a la historia! Espero que dejes más reviews si es que te gusta! Sobre el final de las parejas no hablaré para no adelantar trama, pero te puedo decir que me han pedido de todo: que deje a Sirius con Kate, que lo junte con Grace... lo único que no me han pedido hasta ahora es que junte a las dos chicas y le deje solo jejejeje pero quiero decir que soy consciente de que, haga lo que haga, a alguno no le gustará. En su momento me disculparé con quien sea, pero la historia ya está pensada así. Si quieres saber cómo acaba, sigue leyendo!;) un besazo!

Bueno, solo me queda haceros una sugerencia. Una amiga mía publicó hace poco una historia de James y Lily que está muy muy muy interesante. Lleva dos capítulos, y os aseguro que la trama no ha hecho más que empezar. Si os interesa el misterio y la aventura, es vuestro fic, no lo dudéis :P Se llama "Aventura del más allá", y la autora es payne-collopy. Aquí os dejo el link, si fanfiction me deja publicarlo. (Juntad los espacios) Leedla, en serio!;)

.net/ s/5566807 /1/ Aventura_del_mas_alla

Bueno, nada de esto es mío, sino de J.K. Rowling, ya sabéis.

"JURO SOLEMNEMENTE QUE MIS INTENCIONES NO SON BUENAS"

O-oOOo-O

Capítulo 29: Los becados.

Esa mañana de lunes, San Mungo no estaba muy ajetreado, lo cual era una buena noticia en los tiempos que corrían. Aún no daban las nueve de la mañana, cuando una familia de magos atravesaron los desiertos pasillos del hospital, directos a una habitación de la primera planta de la que ya conocían la ubicación.

Aquel era el sector destinado para los heridos por criaturas mágicas, pero desde finales del mes anterior, una veintena de personas se encontraban ingresadas por unas afecciones en que no había intervenido ningún animal. Sin embargo, era el único lugar de todo el hospital en que se trataban las quemaduras de la piel que habían sufrido esas personas en el ataque al Callejón Diagon.

James y Sirius siguieron a los padres del primero, quienes habían ido todos los días desde que su tío ingresó, y fueron atravesando varias salas, en las que observaron varias dolencias muy curiosas. En una de las camas, había un hombre de expresión huraña, con un cuerno incrustado en la frente. A James la imagen se le antojó incluso cómica, pero no lo dio a ver en voz alta, pues su padre se molestaría con él. Desde el ataque, solo había ido una vez a ver a Adam, pero como aquella misma mañana volvía a Hogwarts, su tío había insistido en que quería verle.

- Ya estamos... –susurró Charlus para sí mismo, mientras abría con cuidado una puerta a la izquierda del último corredor-.

Dorea les pasó a ambos una mano por el hombro, y les instó a entrar delante de ella, siguiendo a su padre. La primera vez que James miró a su tío, creyó que estaba durmiendo, pero este esbozó una pequeña sonrisa llena de cansancio, que su sobrino respondió. Su primer pensamiento, cuando recibieron la noticia de que había resultado herido, fue que iba a morir. Hacía mucho tiempo que no se dejaba llevar por el pesimismo, pero interiormente tenía que reconocer que aquello le había afectado más allá de lo que aparentaba. Por un lado le dio miedo, por primera vez, de ingresar en la Orden del Fénix y morir, tal y como vaticinaba su padre. Pero por otro, y aquello era más fuerte que el resto, le entraron ganas de poder por fin ser parte activa, para poder tener la oportunidad de darles su merecido a aquellos asesinos.

- Vinisteis... –murmuró Adam con voz pastosa-.

- Venimos todos los días, hermano –le respondió Charlus seriamente-. Te noto algo atolondrado, ¿cuándo te han dado la última poción?

- Hace unas dos horas –contestó él haciendo un gesto indiferente con la cabeza-. Lo importante, es que me habéis traído a mi sobrino preferido para que me pueda despedir de él hasta Pascua.

Dorea esbozó una divertida sonrisa, mirando a su cuñado.

- ¡Qué sentimental te has vuelto con esto de estar en el hospital, cuñado! –le reprendió cariñosamente, mientras Sirius y James se reían en voz baja-.

- Es estar bajo tus cuidados lo que me vuelve un tonto dependiente, cuñada- contestó este sonriendo pícaramente, aunque luego su rostro se volvió serio y bufó-. Eso, y estar aquí encerrado. Ya me iban a soltar esta semana, ¿qué pasa?

- Primero, te iban a "soltar" la semana que viene, no esta –le contestó su hermano riñéndole en serio-. Y segundo, después de levantarte cuando te lo habían prohibido, y abrirte de nuevo todas las heridas, tú mismo has provocado que te prolonguen tu estancia aquí.

Adam resopló molesto, y se negó a mirar a su hermano a la cara, como si de nuevo fuese un niño pequeño. Los chicos se rieron en voz baja, y Dorea negó con la cabeza, dándole por imposible.

- ¿Y cuándo me iré, entonces? –insistió Adam de nuevo-.

- No lo sé, no han dicho fechas.

- Querido hermano, ¿por qué no vas a preguntarle al sanador? –preguntó con tono persuasivo, intentando poner cara de pena-.

- ¡¿Ahora?! –preguntó Charlus sin acabar de creérselo-.

- ¡Vamos Charlus, me estoy volviendo loco aquí dentro! –protestó manteniendo la cara de pena-.

- Loco me vuelve él a mi... –murmuró en voz baja Charlus mientras salía por la puerta en busca de un sanador-.

Satisfecho, Adam se quedó con su cuñada y los chicos, hablando durante unos minutos. Pero no tardó mucho, hasta que el enfermo se preguntó en voz alta por qué las enfermeras no habían pasado con el desayuno, cuando él se moría de hambre.

- Voy a ver... –murmuró Dorea rodando los ojos ante la inmadurez demostrada por su cuñado-.

En cuanto salió por el puerta, Adam miró alrededor, arrugando la nariz.

- Anda que no dejarme ni un poco de agua para beber... Sirius, ¿te importaría traerme un vaso? En el pasillo hay un surtidor...

Los muchachos compartieron una mirada exasperada, y el joven Black fue vagamente hacia la puerta, arrastrando los pies. James miró extrañado a su tío. Ese día se estaba comportando rarísimo.

Pero todo había estado muy bien pensado. Apenas Sirius había salido de la habitación, cuando Adam se volvió completamente serio hacia él, ordenándole que cerrara la puerta, y se acercara a su lado.

- Aprovechemos que creo que volverán pronto. Quería hablarte de algo importante, James.

El muchacho frunció el ceño ante la evidente prisa de su tío, que le miraba con angustia.

- Es sobre la caja que te mandé.

James se acercó más a él, y miró hacia la puerta, cuidando de que sus padres no entraran y oyeran lo que no debían. Después volvió a mirar a Adam, poniendo toda su atención en lo que iba a decirle. Su tío le miró a los ojos, y él no apartó la mirada.

- Quiero que me la mandes de vuelta.

James abrió mucho los ojos, sin entender nada. En los últimos meses no había escuchado otra cosa de su tío que no fuera que debía guardar la caja a como diera lugar, que no debía descuidar su seguridad, que no debía hablar en ninguna carta de ella. ¿Y ahora quería que se la devolviera con una lechuza, cuando le dijo que precisamente era eso lo que no debía hacer?

- Pero... pero la caja está bien guardada. He encontrado un buen sitio en Hogwarts, como me dijiste. ¿Por qué arriesgarse a mandarla de nuevo? Tú mismo dijiste que era peligroso, que podían interceptar las lechuzas.

Adam suspiró y se removió en la cama, poniendo un gesto de dolor. No podía contarle la verdad: que estaba asustado. No por él, sino por su sobrino. Había estado tan convencido de que podrían conseguirlo, que no se había parado a pensar en qué podía ocurrir si fallaban, en qué podía ocurrirle a James. Y ahora se había encontrado de golpe con la verdad. La muerte de Ethan le había probado lo vulnerables que eran. Y, para ser sincero a sí mismo, prefería que los mortífagos y el mismo Voldemort consiguieran la caja interceptando una lechuza, que poner a James en su punto de mira. Para su rabia personal, había descubierto que, en parte, su hermano tenía razón. Esa no era la guerra de James. No por el momento. Pero no podía decirle eso sin herir sus sentimientos, por lo que recurrió a la mentira.

- He encontrado un lugar inmejorable. Allí estará más segura, y yo mismo podré custodiarla.

James le miró aún desconfiado, como si la expresión de su cara dijera que ahí había más. Adam se esforzó por poner una expresión neutra, y no pestañear cuando añadió:

- Has hecho un gran trabajo, James. Pero ahora me toca a mi. En cuanto me mandes la caja de vuelta, dejará de ser tu responsabilidad, y no volverás a pensar en ella. ¿Me lo prometes?

El muchacho se lo pensó unos segundos, mientras su mirada recorría la expresión del rostro de su tío. Finalmente, asintió pesadamente con la cabeza.

- Vale. En cuanto llegue a Hogwarts, te la mando te vuelta. –Adam suspiró con fuerza, alegrándose de que no preguntara más-. ¡Espera! –el hombre le miró desconfiado. No podía fiarse de la curiosidad de James-. ¿Te puedo mandar la caja a San Mungo sin que la registren antes? –preguntó inseguro-.

Adam resopló molesto. Se le había olvidado el inconveniente de que aún estaría encerrado allí por varios días. Desde luego, en el hospital registraban todo el correo, asegurándose de que no entraba en el edificio nada peligroso. Si veían que le mandaban una caja, la abrirían sin dudarlo. Solo ese hecho podría destruir la calle entera.

- Está bien –suspiró-. Te mandaré una carta cuando esté fuera, y me la mandas en cuanto te llegue, ¿me has entendido?

James asintió sin dudarlo.

- ¿Le has contado a alguien lo de la caja? –preguntó su tío suspicazmente-.

El chico se puso nervioso al oír esa pregunta, pues cuatro personas además de él lo sabían, los otros tres merodeadores, y Lily. Sin embargo, no dio muestras físicas de su alteración, debido a la capacidad que había adquirido para mentir cuando McGonagall les pillaba en alguna broma. A los doce años, ya sabía ser completamente creíble al decir: "Yo no he sido". Abrió la boca, pensando en qué decir para resultar convincente, cuando la puerta se abrió tras él.

- No hay ningún surtidor por ningún lado –refunfuñó Sirius molesto-.

- ¿Ah, no? –preguntó Adam inocentemente-.

No pudo decir más, pues la puerta se volvió a abrir detrás de Sirius, y Dorea apareció cargando una bandeja con comida de aspecto sospechoso.

- Aquí tienes el desayuno, Adam. Y las enfermeras me han dicho que tú sabes perfectamente que antes de la diez no pasan, y que de todas formas nunca tienes hambre tan pronto.

Adam se entretuvo viendo el ceño fruncido de su cuñada, que le observaba con los brazos en jarra, que no vio a James suspirar de alivio. Salvado por la campana.

OO—OO

Eran las diez y media, cuando la mayoría de la gente llegaba a King´s Cross. Lily ya llevaba varios minutos allí, en compañía de sus padres, quienes aprovecharon el viaje para ir al médico a Londres, a hacer unas pruebas a Amanda. Pasada ya la primera impresión, tras saber la enfermedad de su madre, Lily había decidido tomarlo como una señal para dedicarle más tiempo, y no se había separado de ella en todas las vacaciones. En ese momento hablaba con ella mientras la abrazaba, ignorando lo que pudiera pensar nadie porque una chica tan mayor estuviera en una posición que solía ser más infantil. Por otro lado, William, su padre, las miraba a ambas con una sonrisa, y de vez en cuando desviaba la vista como si esperara algo.

- Papá, James igual viene con el tiempo justo –le avisó Lily que ya se imaginaba qué buscaba su padre-. Tenía que ir al hospital a ver a su tío antes de venir aquí.

William negó con la cabeza, convencido.

- Ya verás como llega con tiempo, princesa. Me prometió que me enseñaría su escoba.

Su sonrisa era muy parecida a la que tenía Lily la primera vez que vio un partido de quidditch, y la chica no pudo evitar corresponderle. Era realmente una gozada que ambos hubieran conectado tan bien.

- ¡Lily!

El grito vino de uno de los pasillos del lateral, y la pelirroja se giró a tiempo de ver a Grace y Gis acercándose hacia ella a paso rápido. Detrás de ellas, los padres de Gis y el joven que acompañó a su mejor amiga la primera vez que quedaron en vacaciones, no las quitaban el ojo de encima.

Las saludó a ambas con un abrazo, y sonrió a los adultos.

- ¡Qué guapa estás, Grace! –la dijo a su amiga, que se había hecho un corte de pelo algo radical, pues su larga melena que normalmente lucía a media espalda, estaba cortada por encima de sus hombros, formando una desfilada melena corta. Después las miró a las dos, cayendo en algo-. ¿Cómo es que venís juntas? –preguntó extrañada-.

- Nos hemos encontrado en la puerta, no creas –la aclaró la latina con una amplia sonrisa-. ¡Por fin volvemos! Han sido unas Navidades aburridísimas. Tony ha venido poco, y mis padres no son precisamente la alegría de la fiesta. ¿Habéis oído lo del ataque en el callejón Diagon? Kate me ha dicho que la tienda de su madre no estaba muy dañada. Menos mal. Pero ha muerto muchísima gente. ¿Es verdad lo que me dijo Kate, de que el tío de James están en San Mungo?

Habló deprisa, sin hacer ninguna pausa, provocando una sonrisa en sus amigas, y una mirada de agobio de los señores Evans, que estaban escuchando por detrás de su hija.

- Sí –respondió Lily escuetamente-. Pero creo que ya está mucho mejor.

- Esto... ¿Grace? –interrumpió el joven auror que había estado hablando con el padre de Gis-.

- ¿Si, Kingsley? –preguntó la chica desviando la atención hacia él, como también hicieron sus amigas, Gisele con una amplia sonrisa-.

- Debería irme ya. ¿Crees que estarás bien? –preguntó algo dudoso-.

- No te preocupes, Shacklebolt, ya me encargo yo de que suba al tren sana y salva –intervino Tomás con una sonrisa algo tensa-.

El joven asintió, y, tras despedirse de todos, se marchó de la estación.

- ¡Qué morbo me da este tío con ese pendiente! –la susurró Gis a Grace, que no pudo evitar una carcajada-.

Lily, que lo había oído, las fulminó con la mirada, por hablar de algo así delante de los padres. Se volvió hacia los suyos con una amplia sonrisa, y dijo:

- Creo que no conocéis a los señores Mendes –después giró la cabeza para mirar a los padres de Gis, y añadió-. Ellos son mis padres, William y Amanda Evans.

- Ustedes son muggles, ¿no es así? –preguntó Cora con interés, sonriéndoles ampliamente. Los Evans asintieron con una sonrisa insegura, y la mujer pareció encantada-. ¡Me encanta la ropa muggle! Lástima que en mi trabajo no pueda llevarla, porque la ropa de mujer es tan variada y bonita...

- La señora Mendes trabaja en Gringotts –aclaró Lily, para deleite, en especial de su madre, que se había quedado prendada del banco la primera vez que lo había visto-.

Ambas mujeres se pusieron a hablar como si fueran viejas amigas, y el padre de Gisele propuso seguir la conversación dentro del andén, pues era más seguro. El padre de Lily se integró sin problemas en la charla, pero Tomás apenas dijo un par de palabras. Estaba ausente, y más serio de lo normal, lo cual ya era mucho.

- ¿Está bien tu padre? –le preguntó Lily a Gis en voz baja, mientras observaba al hombre de reojo-.

La chica se encogió de hombros.

- Lleva así desde el día del ataque. Creo que un compañero suyo falleció, y eso le ha afectado.

Lily y Grace cambiaron sus expresiones al instante. Ambas aún estaban asustadas por su experiencia, y el miedo de que, probablemente, ella hubieran visto morir al amigo del padre de Gis, las dejó sin habla. Antes de que ella tuviera tiempo de preguntarlas, no uno, sino dos terremotos llegaron por la entrada del andén 9 ¾, y la atención de todos se dirigió a ellos.

- ¡Lily! –exclamó James al localizar a su novia-.

Sin una pizca de vergüenza, la abrazó por la cintura, la cogió a peso, y la dio una vuelta en el aire, contento. Apenas la había rozado los labios como saludo, cuando la dejó en el suelo para darle una colleja a Sirius, que había hecho un comentario inapropiado delante de sus suegros.

- ¡James, muchacho! ¡Qué bueno verte! –exclamó Bill encantando, mientras le estrechaba la mano al chico-.

James sonrió a su suegro, y le lanzó una mirada a su mejor amigo, que comprendió el mensaje a la primera: "A mí, mi suegro me quiere, y a ti el tuyo no". Se rió en voz baja, negando con la cabeza, mientras consideraba seriamente dejarles calvos a ambos sin que James se diera cuenta. Después miró de reojo hacia las chicas, y la mirada de advertencia de Lily se cruzó con la suya. Delante de la pelirroja, mejor no.

- ¡Lily, cariño! –gritó Dorea, tan exagerada como su hijo, cuando la vio entre la gente-.

La chica dejó de vigilar a Sirius, y fue a saludar efusivamente a los señores Potter, bajo la curiosa mirada de su madre. Su padre estaba demasiado fascinado con la escoba de James para prestar atención a nada más.

- Señores Potter, permítanme presentarles a mi madre, Amanda –dijo en tono formal, intentando darles una buena impresión, sobre todo al señor Potter, que era el más serio de los dos-.

Sus intenciones se fueron al traste, cuando Dorea se adelantó a darle un caluroso abrazo a su madre, que se sintió cohibida y agradecida al mismo tiempo. A la vez que eso ocurrió, Lily captó por el rabillo del ojo, una escena que echó por tierra su expresión tranquila y madura.

- ¡James! ¡Como se te ocurra, te juro que de la maldición que te lanzó no necesitarás esas gafas porque te arrancaré los ojos! –gritó-.

Todos los que estaban a su alrededor, se callaron y la miraron alarmados. Las dos mujeres se separaron extrañadas, Grace y Gis tuvieron que morderse los labios para no estallar en carcajadas, los señores Mendes parecían congelados, Sirius compuso una sonrisa ladeada (¡La prefecta perfecta había vuelto!), y James dejó de intentar convencer al señor Evans de que montara en su escoba.

- Será mejor que lo dejemos para otro día, hijo –le murmuró Bill mirando con cuidado a su hija-. Por experiencia te digo que no es bueno verla enfadada.

- Será por experiencia, señor –comentó Sirius con una pequeña risa, que se cortó cuando Lily le miró fijamente-.

- Lily, por Dios, no seas tan malhablada –la regañó su madre, mirando con una disculpa a los padres de James y Gis-.

La pelirroja pareció darse cuenta de la presencia de estos cuatro, y su cara se tornó de un color parecido a su pelo.

- Lo siento, es que... yo... –intentó excusarse-.

La risa del señor Potter la dejó helada. Era lo que menos se esperaba en ese momento. El hombre la palmeó cariñosamente el hombro, y la sonrió con cariño.

- Estupendo –la dijo divertido-. Eres precisamente lo que necesita mi hijo. Una voz de conciencia a quien haga caso. ¿Has visto como ha obedecido en el acto, Dorea?

Su esposa, que parecía más alucinada por ese hecho que por el grito de Lily, la sonrió a la chica realmente divertida.

- Si no lo veo, no lo creo. Acabaré llevándote a casa para que lo controles tú todo el tiempo. ¿Cómo lo has hecho?

- Son años de gritos continuados, mamá Dorea.

James le pegó un codazo a Sirius para que no arreglará más el asunto. Lily parecía haber quedado bien, después de todo, pero él no sabía cómo iba a salir de aquello. La llegada de Kate fue un alivio, pues les distrajo a todos, y llevó la atención de Sirius a otro lado, consiguiendo que le dejara a él en paz.

Ella llegó con su madre y su inquieta hermana, y a las primeras que vio fue a Gis y Grace, a quienes fue a saludar contenta de verlas bien. Sin embargo, Sirius la jaló por la cintura, plantándola un beso en la boca, que fue más largo de lo convencional, y consiguió hacer olvidar a todos la "pelea" de James y Lily de hacía unos instantes.

Al lado de Gisele, Grace se removió incómoda con la visión, y apartó la mirada. Su amiga notó su reacción, y la miró extrañada, pero la rubia parecía muy concentrada en observar a unas niñas de tercer curso que se estaba reencontrando en el andén, y se abrazaban con cara de aflicción.

Antes de que la latina pudiera preguntarla con curiosidad, la primera sirena sonó, y sus padres llamaron su atención. Como siempre, su madre la estrechó en un fuerte abrazo del que ella se zafó enseguida. La agobiaban las demostraciones de cariño con sus padres, prefería tenerlas con sus amigas. Para su sorpresa, su padre también la abrazó. Aquello sí que era una novedad. ¿Cuántos años hacía que no la daba un abrazo como aquel? Muchos, y habían sido pocos a lo largo de su vida. Si en algo había salido a su padre, era en eso.

Pero Tomás Mendes llevaba varios días extraño. Había sido más cariñoso con su esposa de lo acostumbrado, y ahora abrazaba a su hija como si fuera la última vez. La muerte de Ethan le había afectado mucho, demasiado. Durante todos esos días había debatido internamente sobre si informar a su mujer de todo lo ocurrido con las cajas. Temía tanto ser el siguiente...

Negándose a discutir consigo mismo en ese momento, apartó aquello de su cabeza, mientras se apartaba un poco de Gisele, para coger su cara entre sus dos manos. Su cara parecía aún más redonda por la postura, con los carillos hinchados, y los ojos confusos. La miraba intentando memorizar sus rasgos, dejándose dominar por el pesimismo, pero no podía evitarlo. Se parecía tanto a su madre la primera vez que la vio... Tenía rasgos de él, que la hacían distinta a Cora, pero el conjunto era suyo. El mismo pelo, la misma pequeña altura, la misma figura exhuberante, que posiblemente con los años pasaría a ser regordeta... Pero los ojos y la nariz eran suyos, y también los gestos. Tenía el carácter imprevisible de su madre y su buen humor, pero sin su dulzura; ella era más agria y falta de tacto, como él. Una mezcla perfecta. Y por mucho que discutiera con ella, y se ofuscara, no podía estar más orgulloso.

- Papá, me haces daño –murmuró Gis intentando zafarse, pero su padre inconscientemente la tenía agarrada con fuerza-.

Volviendo al presente, Tomás la soltó de golpe, y la dio unas torpes palmadas en el hombro.

- Pasa un buen trimestre, hija –la deseó apartando la mirada, sobretodo huyéndola de su esposa, que le miraba suspicazmente-.

- Bueno, cielo, en Pascua nos vemos. Y procura llevar tus deberes al día, no quiero recibir otra carta de la profesora McGonagall diciendo que no los has hecho en una semana.

Gis se rió, y tras despedirse rápidamente, se subió al tren junto a Grace y Lily. Kate lo tenía más complicado, pues Denise había roto a llorar, y pedía a gritos que no la dejaran en casa sola.

- Volveré en un par de meses, peque –decía ella una y otra vez, intentando abrazar a su hermana pequeña, que se zafaba de mal humor-.

- Denise, que sepas que yo con lloronas no me caso –la dijo Sirius en broma, intentando romper el mal ambiente-.

La niña apartó a su hermana de un empujón, y fue a pegarle una patada a Sirius, que le hizo tener que subir el tren a la pata coja. Kate se resignó a que no le daría el abrazo a su enfadada hermana, y se dirigió a su madre, que sí la dio un fortísimo abrazo de despedida.

- Nos vemos muy pronto –la susurró a la mujer al oído, justo antes de que ella la diera un sonoro beso en la mejilla-.

Una vez en el tren, todos se percataron de la presencia de todos, y fueron repartiendo saludos. El momento más incómodo para Sirius, fue cuando Gisele dejó de reírse de su cojera, y se fijó en Grace. Fue como un flash. Esa no era la Grace de la que se había "despedido" en Navidades. Con ese corte de pelo, se parecía más a su Grace. Aquello sonaba fatal, pero era su modo de distinguir a la Grace de quince años, de la Grace de diecisiete. Entonces, ¿por qué ahora parecía haber retrocedido en el tiempo?

No se dio cuenta de que se la había quedado mirando con el ceño levemente fruncido, y la boca semiabierta, hasta que oyó a varias personas aclararse la garganta, y sintió el brazo de James rodearle los hombros. Apartó la mirada pestañeando, mientras Grace parecía encontrar muy interesantes los compartimentos que había por ahí cerca, y que poco a poco se iban llenando. Captó de reojo la mirada de Kate, que tenía el ceño fruncido, y les miraba a él y a Grace alternativamente.

Se le tenía que ocurrir algo. Lo que fuera. Al fin y al cabo, solo habían pasado dos segundos, seguro que encontraba rápidamente una excusa al por qué miraba tan insistentemente a una amiga de su novia con ella delante.

- Bonito corte Grace –dijo James antes de que él hablara-. Aunque me temo que tanto a mi hermano como a mi nos recuerda un poco a cierta broma que tenemos planeada para ciertos Slytherins.

Por algo adoraba a ese gafotas. Aquello parecía haber colado. Kate cambió su mirada suspicaz, Gis se echó a reír divertida, y Lily frunció el ceño, dejando entrever a la famosa prefecta. Sin embargo, su expresión cambió en un segundo, sin que nadie más que James se lo pudiera explicar. Él se limitó a apretarla suavemente la mano, y ella captó el mensaje a la primera. Era increíble lo fácil que podían entenderse sin palabras.

- ¡Vamos a otro compartimiento a perfeccionar la broma! –exclamó James tirando de su amigo-. ¡Ahí está Peter! ¡Gus!

Y de ese modo rompió el incómodo momento que se había formado. Gis y Kate aún miraban a Lily, esperando otro ataque de furia como el de hacía unos minutos, pero la pelirroja se limitó a agarrar del brazo a su mejor amiga, y decirla que tenía que contarla qué la habían dicho sus padres cuando se la llevaron de casa de James hacía unos días.

- Parecían tan enfadados –dijo con un tono algo exagerado-.

Grace tuvo que contenerse para no echarse a reír, no solo por la actuación pésima de Lily, sino porque ese tema ya le habían tocado por carta. Ambas entraron en un compartimiento cercano, seguidas por Kate y Gis que no entendían nada.

- Lily –comenzó a hablar Kate con inseguridad-. ¿Por qué no has reñido a los chicos cuando James ha reconocido delante de ti que planean algo contra los Slytherins?

La pelirroja las miró durante unos segundos sin saber qué contestar. Después se encogió de hombros, y sonrió.

- Creo que después de que me haya concedido el capricho de presentarme a sus padres y conocer a los míos, se merece que haga la vista gorda por una vez.

OO—OO

James esperó a alejarse varios compartimentos, antes de abrir uno, y empujar a Sirius dentro de él. Ahora que estaban alejados de las chicas, su sonrisa traviesa había desaparecido.

- ¿Eres idiota o qué, Pad? ¿No te acuerdas de lo que me pediste el otro día? ¿Cómo esperas que te ayude a que no se te note, si te quedas mirándola como un gilipollas?

Peter entró justo después de él, y les miraba a ambos con cara de no entender nada, así que se limitó a colocar su baúl en una esquina.

- ¡Ha sido sin querer! –se defendió Sirius-. Es que, ¿no lo has visto? Se ha cortado el pelo y...

- Lo siento, olvidaba que cuando Grace Sandler se cambia el peinado, se para el mundo –ironizó James dejándose caer en uno de los asientos al lado de la ventanilla-.

- ¿Qué pasa con Grace? –preguntó Peter acomodándose a su lado. Solo entendía palabras sueltas de la conversación-.

- Que este mendrugo se la ha quedado mirando como si fuera una fuente de agua en el desierto, delante de Kate –le explicó James rodando los ojos-. He tenido que improvisar una gilipollez, y haber cómo narices mi privilegiada mente encuentra una broma para los Slytherins que tengan que ver con su corte de pelo...

- ¿Y por qué te la quedaste mirando así? –preguntó Peter sin acabar de entenderlo. Abrió mucho los ojos al pensar en una posibilidad-. ¿No pensarás volver a enrollarte con ella como en septiembre, no? Porque de esta vez Moony te mata, y lo cierto es que yo le ayudo.

Sirius le miró un segundo con los ojos como rendijas, y después agitó una mano, desdeñando esa posibilidad.

- No seas imbécil, Wormtail. Lo que pasa es que con ese corte me recordó a la época en que salía con ella, y me he quedado un poco pillado. Y ahora este está montando un drama innecesario.

- ¡¿Cómo?! –exclamó el muchacho abriendo mucho los ojos y la boca-.

Sirius le miró extrañado, luego a James, y después de nuevo a él.

- ¿No lo sabías?

- ¿Saliste con Grace Sandler? –preguntó Peter incrédulo-.

- ¿No se lo contamos? –le preguntó Sirius a James en esa ocasión, y ambos fruncieron el ceño-. Pensé que también se lo habíamos contado...

- ¿Soy el único que no lo sabía? –preguntó Peter algo dolido-.

Se sentía un poco idiota, y no solo por el hecho de ser el único en el que al parecer no habían confiado. ¿Cuántas veces había fantaseado con esa chica en concreto delante de Sirius? ¡Cómo se habría reído su amigo!

- ¡No voy contabilizando la gente a la que le cuento mi vida, Pet! –exclamó Sirius con expresión hastiada, sin apartar la vida del paisaje-.

- Remus y yo nos enteramos hace poco –le aclaró James con un codazo amistoso-. Y además, tú no te habrías sentido cómodo teniendo sueños eróticos con ella si lo hubieras sabido.

Peter vio la mirada furibunda que le lanzó Sirius, y se ruborizó hasta las orejas, negando con la cabeza.

- ¡Yo no he tenido sueños eróticos con ella! –exclamó con voz algo chillona-.

James y Sirius se echaron a reír divertidos.

- Claro que no, Wormtail –respondió James con voz socarrona, mientras le volvía a dar un codazo, y alzaba las cejas sugestivamente-.

- ¡Déjame en paz, Prongs!

James y Sirius volvieron a reírse más fuerte. Peter se cruzó de brazos, completamente avergonzado, y apartó la mirada. Odiaba cuando se reían a su costa como entonces, y odiaba que no se lo hubieran contado. Y es que no era que no quisieran contárselo, era que no se habían acordado de él para ello...

OO—OO

- Estuvisteis en el callejón Diagon ese día, ¿no? –preguntó Kate casi temerosa-.

Sirius se lo había contado después de averiguarlo por James, y de solo pensar en lo que podría haberlas pasado, la daba un escalofrío.

- Sí –confirmó Grace con voz débil. Aún se estremecía al recordar el asesinato a sangre fría del joven del bar. Fue una dosis de realidad demasiado fuerte e imprevisible para ella-.

- Pero menos mal que solo estuvimos al principio –añadió Lily-. Empezaron a llegar aurores y colaboradores enseguida. Entre ellos el tío de James, que nos sacó de allí.

- ¿Colaboradores? –preguntó la morena sin entender-. ¿Qué colaboradores hay en esos ataques?

Lily abrió la boca para contestar, pero antes de que pudiera hablar, la puerta se abrió de golpe, y Sadie y Jeff entraron por ella, la primera con expresión hastiada, y el más serio de lo usual.

- Buenos días –saludó la chica con un gesto vago, sin dignarse a mirarlas-.

- Empezábamos a pensar que perdíais el tren –les dijo Gis risueña, mientras se estiraba para ver desde la ventanilla el reloj de la estación, que marcaba las once menos dos minutos-.

Jeff hizo una mueca, que podía interpretarse de mil maneras, pero Sadie hizo como si no las hubiera oído.

- ¿Y los chicos? –preguntó Jeff al verlas solas-.

- Planeando una broma contras los Slytherins –respondió Grace con una sonrisa-. Si quieres verlos, están unos compartimentos más...

- No, me da igual –la interrumpió él sentándose al lado de Kate, y mirando al suelo algo abatido-.

- ¿Quieres dejarlo? –le espetó su hermana de repente, sobresaltando a las cuatro chicas. Ella fulminaba a Jeff con la mirada, mientras que él se limitaba a fruncir el ceño, sin levantar la vista-. Ella estará perfectamente, el que está escondido es papá.

Jeff levantó la vista, y miró a su hermana con reproche, que continuaba de pie, con los brazos sobre las caderas. Por una vez, él no se echó para atrás por su actitud amenazante.

- ¿Por qué siempre la pagas con ella? Mamá no tiene la culpa de que no podamos verlos. Ella solo se preocupa de que estemos bien.

- Si me hubiera dejado ir a ver a papá y al tío, no tendría que preocuparse por mi. Sé cuidarme solita –contestó ella testarudamente-.

Desde que días atrás recibieron la última misiva, aclarando que ambos seguían bien, y en ese momento escondidos en algún lugar de Gran Bretaña, Sadie no había parado de insistir que la dejaran aparecerse cerca del lugar. Como es lógico, su madre se negó por activa y por pasiva, y ella la había retirado la palabra testarudamente. Lo que más fastidió a Jeff, pues vio la expresión de dolor de su madre, fue cuando su hermana se negó a despedirse de ella, y subió al tren sin mirarla una sola vez.

- Eres una egoísta –la acusó cruzándose de brazos, y sintiendo como el suelo comenzaba a vibrar, al tiempo que el tren comenzaba la marcha-.

El chico estiró un poco el cuello, y entre la gente aún pudo ver a su madre mirar al tren con expresión abatida. Sadie, sin embargo, fingió no importarle, y se dejó caer al lado de Lily, haciéndole un gesto grosero con el dedo al chico.

- Pasa de mi –murmuró enfadada-.

Las chicas se miraron extrañadas durante varios segundos, sin atreverse a hablar. El tren iba cogiendo velocidad, alejándose de King´s Cross, llenando de silencio el compartimiento.

- ¿Qué... qué decías de los colaboradores, Lily? –preguntó Kate intentando retomar la conversación, y quitar la tensión del ambiente-.

- ¿Qué? –la pelirroja tuvo que recibir un codazo de su mejor amiga para volver al presente, y miró a Kate unos segundos, antes de retomar el hilo de la conversación-. ¡Ah! Pues eso. Hay gente que cuando hay un ataque, van voluntarios a ayudar a los aurores a combatir a los mortífagos, como el tío de James.

- ¿En serio? –preguntó la chica algo asombrada-.

- O como mis padres –aclaró Gis con orgullo-.

Kate miró a su amiga incrédula, antes de tener que dar por buenas sus palabras.

- ¿Estuvieron el otro día?

Gis asintió.

- Les avisaron cuando Tony estaba de visita con su padre, y se marcharon los tres. Debí suponer que era algo grave cuando no le dejaron a él ir con ellos.

- Pero, ¿él no está en la Orden del Fénix? –preguntó Lily confundida. Al menos, eso la había contado James-.

Kate y Grace no supieron exactamente de qué estaban hablando sus amigas, pero ambas se callaron, y siguieron escuchando, compartiendo de vez en cuando miradas escépticas.

- Sí. Pero me contó que su padre ha pedido que de momento solo le den misiones de documentación. Es una gilipollez, porque en un año acabará la carrera de auror. ¿Qué hará entonces, pedir al Ministerio que no le convoque? El señor Bones tiene influencia, pero no tanta...

Se echó a reír, pero Lily hizo una mueca, dejando en claro que ella no lo encontraba gracioso. Aunque doliera que les trataran como a niños, podía imaginarse el temor de los padres. Después de lo que vio días atrás, sabía exactamente a qué tenían miedo.

- Pero, ¿están todos bien, no? –preguntó Kate-.

Gis hizo un gesto ambiguo. De repente estaba muy seria.

- Ellos sí, pero ya sabéis que murió mucha gente. ¿No has notado a mi padre más raro de lo que suele ser? Murió un compañero suyo, uno cercano, y desde ese día está algo ausente. Ese día volvió mucho más tarde que mi madre, y con una cara que parecía él el muerto...

Los hermanos mellizos estaban escuchando esa conversación muy atentos. Jeff pasaba la mirada de una chica a otra, completamente interesado, y Sadie fingía no prestar atención, mientras había sacado un libro, que no estaba leyendo.

- ¿Habláis del ataque del otro día? –intervino Jeff sin poder evitarlo-. En la radio dijeron que hubo más de treinta muertos.

Grace asintió, y Kate añadió:

- Destrozaron todo el Callejón Diagon. Mi madre tiene la tienda allí, pero como la entrada es pequeña, solo bombardearon el escaparate. Pero me ha dicho que algunas están en siniestro total.

- Y aún hay que agradecer que por la fecha en que fue, no estaba tan lleno como suele estar –añadió Lily negando con la cabeza-.

- Dicen que Quien-Vosotras-Sabéis, apareció –murmuró Jeff con un escalofrío-.

Grace y Lily compartieron un escalofrío ante la sola idea de haber estado en el mismo lugar que ese psicópata.

- Eso dicen –murmuró Gis molesta por no poder confirmarlo. Sus padres se habían cuidado mucho de que no supiera detalles-. Pero vamos, si fue un ataque a gran escala, estaría él y todos sus asesinos de primera clase.

- Lucius Malfoy, Evan Rosier, Rodolphus y Bellatrix Lestrange... –murmuró Grace contando con los dedos. Sadie levantó por fin la cabeza del libro-. Me juego a que todos esos estaban...

- De Malfoy no se sabe a ciencia cierta –la riñó Lily-. Ya sabemos que siempre fue un prejuicioso...

- Y un cabrón –añadió Gis, ganándose una mala mirada de Lily y Kate-.

- ... Y que su familia tira mucho para las artes oscuras. –continuó Lily como si no hubiese hablado-. Pero asegurar algo así, es muy fuerte. Si es mortífago, se cuida mucho de que nadie lo confirme.

- Si me conoceré a ese... –murmuró Grace entre dientes, que conocía perfectamente los gustos de la mayoría de la Yet Set del mundo mágico-. Además, es familia de Bellatrix, ¿no? Cualquiera que tenga buena relación con esa loca, no puede ser bueno.

- Esa tal Bellatrix, ¿tiene algo que ver con Bellatrix Black? –quiso saber Sadie como que no quiere la cosa-.

Las chicas la miraron como si estuviera loca, antes de recordar que tanto ella como Jeff no tenían por qué saber exactamente quienes eran los Lestrange.

- Es la misma –la respondió Kate con una mueca-. Lestrange es su apellido de casada. Pero ella es una Black. La prima de Sirius, aunque él no la tiene precisamente cariño, como imaginarás...

Sadie asintió pensativamente con la cabeza. Se empezaba a confirmar lo que fue sospechando desde que descubrió el ataque al callejón Diagon, lugar donde se encontraba el Caldero Chorreante, al que Regulus no quiso ir ese día. Si su prima estuvo allí, él sabría lo que iba a pasar...

Poco después, cuando ya habían seguido hablando, ella se levantó, y se despidió escuetamente. Quería hablar con Regulus.

OO—OO

- ¿Ha quedado claro el plan? –terminó de hablar James-.

Les estaba explicando algo apuntado en un sucio esquema que había dibujado en un pergamino.

- Pues no –contestó Peter con evidencia-. No he visto a Grace, pero no creo que su corte de pelo tenga mucho que ver con eso.

- ¿Y eso qué tiene que ver? –preguntó Sirius sin entender-.

- ¿No empezamos el plan para cubrir tu ida de olla?

Sirius y James se miraron, y tuvieron que darle la razón a Peter. Habían empezado a pensar bromas para los Slytherin, y se les había olvidado el por qué del asunto. Volvieron a compartir una mirada, con una pregunta silenciosa, y Sirius se encogió de hombros como si no fuera con él.

- ¿Y bien? –preguntó Peter, que cuando esos dos comenzaban a comunicarse de esa forma no comprendía nada-.

- Da igual, Gus –contestó James añadiendo algo a la hoja-. La cuestión no es que se parezca o no, sino que hagamos la broma. Las chicas ya no se acordarán del comentario del pelo, solo se acordarán que nos hemos ido a planear algo.

- Ellas son más observadoras que nosotros –insistió Peter-.

- ¡Vale! ¡Pues si tanto sabes, hazlo tú! –se picó James ya harto de que le vieran fallos a su grandioso plan-.

Peter se ofendió por la contestación de su amigo, y soltó un bufido.

- Como se nota cuando hacemos las bromas sin Moony. Siempre quedan más simples.

- Será por lo que haces tú...

- Dejadlo, que os estáis empezando a parecer a mis padres –protestó Sirius poniendo una mueca de asco-.

Los tres se quedaron en silencio un rato, lo cual era extraño en ellos. Sirius terminó de comer las últimas chucherías que había comprado en el carrito, Peter aún iba por la mitad, pues casi se había agenciado la mitad de la mercancía; y James tenía el ceño fruncido, y por encima de las gafas, repasaba punto por punto su plan, dolido en el orgullo.

Pasó alrededor de un cuarto de hora, en que James no paraba de murmurar para sí mismo, rayando cosas y añadiendo otras. De vez en cuando se le entendían palabras sueltas, como: "Más cantidad... Y en la tarta, sí, en la tarta ...". Sirius se estaba empezando a quedar dormido, amodorrado por la cantidad de comida digerida, y por el suave traqueteo del tren, que ya comenzaba a internarse en las verdes montañas escocesas. Peter miraba por la ventana, mientras daba buena cuenta de una caja de calderos de chocolate. El paisaje cambiaba rápidamente según se iban acercando a su destino. Él contemplaba pensativamente las montañas, los bosques, y de vez en cuando, al atravesar algún túnel, esa imagen se veía opacada, y se reflejaba el interior del tren. En esos momentos veía el reflejo de Sirius, que enfrente de él tenía los ojos cerrados con tranquilidad.

- Ey Padfood –le llamó sin poder contenerse más. El aludido no abrió los ojos, pero movió las cejas para darle a entender que le escuchaba-. ¿Cuándo fue que saliste con Grace?

Ahí sí que Sirius abrió los ojos, y James levantó la vista del pergamino. El más ciego de sus amigos compuso una sonrisa burlona, fingiendo acariciarse la barbilla con la pluma.

- Menos mal que a ti no te interesa... –sugirió, soltando después una carcajada-.

El envoltorio de las ranas de chocolate le golpeó en la oreja derecha, pero no le hizo daño, sino que provocó que se riera más. También Sirius estaba divertido.

- ¿Por qué quieres saberlo? –le preguntó-.

- ¿Por qué no lo supe antes? –respondió él con otra pregunta-.

Sirius se encogió de hombros.

- Tampoco se lo conté a estos entonces.

- ¿Cuándo? –insistió Peter-.

- A principios de quinto –contestó Sirius como si no tuviera la mayor importancia-. Pero no fue nada. Solo duró cuatro meses...

- ¡¿Solo?! –preguntó él irónico-. Debe ser la segunda relación más larga que has tenido...

Sirius se quedó un segundo en silencio, y después asintió con la cabeza.

- Sí, puede ser. Pero vamos, que no hay problema.

- ¿Y por qué te la has quedado mirando entonces? –insistió él, queriendo llegar al fondo del asunto-.

- ¿Y por qué te interesa tanto, Wormtail? –repitió James con una sonrisa burlona, queriendo picarle-.

Pero el pequeño no cayó. Se quedó mirando a Sirius esperando una respuesta, y aunque este intentó eludirle riéndose de la broma de James, finalmente resopló.

- Por una gilipollez que me enteré en Navidades, una chorrada. –después le sonrió pícaramente-. Vamos colega, que eso no cambia nada. Puedes seguir teniendo tus fantasías con ella, que a mi ni me va, ni me viene... De todas formas tampoco es como si tuvieras una oportunidad con Grace –añadió entre risas. James le acompañó, y Peter frunció el ceño-.

- Era broma, Gus, ya sabes como es Padfood –le dijo James aún riéndose-.

- Solo te tomaba el pelo –le aseguró su amigo-.

Se incorporó y le dio una amistosa palmada en el hombro, dando por zanjado el asunto. Volvió a reírse junto con James, y Peter también se unió reticente. En el fondo no le encontraba la gracia. Sus amigos le consideraban en otra liga inferior a esa clase de chicas, y aunque fuera cierto, eso no le hacía gracia.

OO—OO

Las chicas y Jeff habían seguido intercambiando información sobre lo ocurrido en el Callejón Diagon. Apenas se habían percatado de la marcha de Sadie, o al menos nadie había comentado nada al respecto.

- Supe lo del tío de James –le dijo el chico a Lily-. Fue un amigo de la infancia de mi madre, y nos dejó su apartamento para pasar en Londres las Navidades. Dos días después del ataque, nos enteramos que estaba en el hospital. Mamá se disgustó, lógicamente, y mi hermana acabó montando su teatro particular... –suspiró, rodando los ojos recordando la escena que le parecía casi irreal. Su hermana podía llegar a ser muy corta de miras-.

- Pero ya está mejor –aclaró Lily-. James me ha dicho que en pocos días le darán el alta.

- Ya lo sé. Mi madre fue a verle. Pero un susto es un susto –dijo encogiéndose de hombros-.

En ese momento se abrió la puerta del compartimiento, y una cabecita castaña, con mechas verdes asomó por el resquicio abierto.

- ¡Nicky! –exclamó Jeff contento cuando la reconoció-.

Ella le miró, con una amplia sonrisa, y abrió más la puerta para pasar. Ni corta ni perezosa, se le tiró encima haciéndole una extraña llave de lucha, y riéndose divertida.

- ¿Dónde te has metido? –le preguntó fingiendo retorcerle un brazo-. Llevo toda la mañana esperando que el señor se digne a buscarme, y he tenido que mover el culo yo...

Jeff escuchaba las risas de las chicas, y la suya propia, pero reconocía que estaba empezando a hacerse daño. Nunca había sido muy fuerte, y a veces Nicole no controlaba, no su fuerza, sino su ímpetu. Esa pequeñita muchacha con su hiperactividad, sacaba fuerzas de donde no había.

- Si me sueltas, te lo digo –prometió-.

Nicole se echó a reír más fuerte, y apartó la rodilla de su espalda, sentándose de un bote a su lado, y dándole un pico en los labios, antes de que él pudiera recolocar su postura.

- Hola chicas –las saludó con una sonrisa, recibiendo los mismos saludos. Después se volvió hacia su novio-. Me encontré a tu hermana, que andaba refunfuñando por un pasillo, y antes de que pudiera abrir la boca, me dijo: "Si buscas al imbécil, está en el penúltimo vagón".

Después se encogió de hombros con un gesto confuso que a Jeff le hizo mucha gracia.

- Aún no sé si la caigo bien, o no –le confesó-.

- Yo aún no sé si yo la caigo bien, o no –la contestó él por toda respuesta-.

Nicole se echó a reír, tan estridentemente como siempre, causando un mohín en alguna de las chicas, y un bufido de parte de Grace, que Lily silenció con un manotazo. Sin embargo, a Jeff se le colocó una estúpida sonrisa en el rostro.

- ¿De qué hablabais? –preguntó Nicole en general, ignorando, o bien obviando algunos gestos antipáticos, como el de Grace-.

- Estábamos comentando lo del ataque del Callejón Diagon –la contestó Kate amablemente-. Lo habrás oído, ¿no?

Nicole soltó un jadeo tan fuerte, que Lily pegó un brinco. La chica miró a Kate muy interesada, y se sentó sobre una pierna, acomodando su postura.

- ¡Vaya si lo he oído! Hubo un vecino de mi tía, Benjy Fenwick, que acabó en San Mungo con todo el cuerpo quemado. Dice mi tía que se pondrá bien, pero imaginaos qué daño –las chicas hicieron un gesto de dolor tan solo de imaginarlo, pero antes de que pudieran pensar mucho, la muchacha volvió a hablar atropelladamente-. Y Lauren y Mia Paxton, ¿las conocéis? De Hufflepuff.

- Sí, van a tercer y cuarto curso –respondió Lily que conocía a la mayoría de los estudiantes por su rango de prefecta, y después de premio anual-.

- Pues estaban allí con su padre, y les han matado a los tres –informó Nicole mordiéndose el labio-.

Hubo un suspiro colectivo ante ese descubrimiento, y todos se horrorizaron al ponerles las primeras caras a las víctimas. No es lo mismo cuando muere alguien anónimo, lejano, a cuando es alguien que conoces, aunque solo sea de oídas. Eso hace todo más real y más terrible.

- Y también dicen... –prosiguió Nicole-.

- ¿Podemos cambiar de tema, por favor? Se me está revolviendo el estómago –suplicó Gis haciendo un mohín-.

- Lo siento... –murmuró la más pequeña-.

Se creó un silencio incómodo después de aquello, que Grace interrumpió preguntando en voz alta, lo que su subconsciente no paraba de dar vueltas desde que Nicole había aparecido.

- Esto... bonito look, Nicole...

Lo dijo un poco insegura, pues no recordaba a nadie que se pusiera las mechas verdes, ni acababa de decidir qué la parecía aquello, pero la chica parecía muy contenta, llevándose una mano al pelo.

- Original, ¿eh? –exclamó risueña-. Me lo puse para escandalizar a mi madrastra. ¡Lo logré! –exclamó riéndose y alzando las manos al cielo. Se volvió hacia Jeff con expresión divertida-. Si la hubieras visto, no pudo probar bocado en toda la comida. Solo sabía mirarme con censura, y decirlas a las enanas que no siguieran mi ejemplo. ¡Y mi padre! –exclamó riéndose más-. Creo que hasta le gustó, porque no veas qué mal rato pasó cuando ella intentó que él me dijera algo. Al final optó por irse a su despacho, lo cual creo que es una de las mejoras ideas que ha tenido en años.

Estaba realmente divertida de solo recordar la cara de la mujer de su padre cuando la vio aparecer, vestida con ropa muggle y con el pelo con mechones verdes. Jeff sonreía, algo perdido, pero siempre divertido con sus anécdotas, y las chicas se reían nerviosamente, mientras la miraban como si estuviera loca.

- ¡Pero si ya me había olvidado por qué venia! –exclamó la muchacha poniéndose de pie de un salto-.

- A buscarme –la recordó Jeff con tranquilidad, siempre todo lo contrario a ella-.

- No. ¡Es que tienes que venir! A Eleine le han regalado un gato, y es exactamente la raza que a mi me gusta. ¡Ya veras, ven! ¡Corre!

Empezó a tirar de él, y en cuestión de segundos, el compartimiento estuvo de nuevo en silencio. Solo se oyó algún bufido aislado, procedente del cesto que estaba en la repisa sobre Gis y Kate. Era el gato de Gisele.

- Pone nervioso hasta a tu gato –la dijo Grace riéndose-.

- Sepzep no soporta los sonidos agudos –explicó Gis encogiéndose de hombros, y sonriendo divertida-. Dudo que sea algo personal...

- Pues lo mío sí lo es –bufó Grace ignorando la expresión de Lily-. Sé que no es mala chica, pero me pone de los nervios. Esa risa, esa voz... ¡Es hasta más hiperactiva que Gis!

- ¡Ey!

- A mi me cae bien –dijo Kate encogiéndose de hombros-. Quizá es que ya estoy acostumbrada a mi hermana, pero la encuentro graciosa. Sé que debe de hacer falta mucha paciencia para estar todo el día con ella, pero tiene algo que resulta encantador.

- Es muy agradable –la defendió Lily-.

- Y pesada, no sé cómo Jeff la aguanta todo el día.

- Se complementan –repuso Lily con obviedad, y frunciendo un poco el ceño. Grace era su mejor amiga, pero no soportaba cuando prejuzgaba tan rápido a la gente. Por eso la costaba llevarse bien con Sadie, las dos eran iguales en ese aspecto-.

Suspiraron, cada una quedándose su opinión sobre la muchacha.

- Ahora que no están ninguno de los dos –susurró Gis en un tono más bajo-. ¿Qué creéis que habrá pasado con su padre?

- Yo también me lo pregunto -contestó Lily con el ceño fruncido-.

Las cuatro se miraron con la curiosidad escrita en la cara, pero sabían que esta no sería saciada. Si había algo en lo que Sadie y Jeff eran completamente herméticos, era en el tema de su padre.

OO—OO

Después de buscar por todo el tren, Sadie llegó a la conclusión de que no daría con Regulus. No allí, al menos. Cuando llevaba poco rato andando, se encontró a la novia de su hermano, que en cuanto supo donde estaba este, se marchó sin despedirse. Ella estaba tan malhumorada que ni siquiera la dio por preguntarla por qué se había puesto perejil en el pelo.

No es como si hubiera buscado a fondo. Al único compartimiento al que se había asomado, había encontrado a un grupo de niñas de trece o catorce años llorando, abrazadas las unas a las otras. Solo pensar que su pesar se debiera a lo ocurrido en el Callejón Diagon, se la retorcía el estómago. Y peor se sentía, cuando sus sospechas se iban confirmando minuto a minuto. Estaba ya casi segura que Regulus había sabido del ataque antes de que se perpetrara.

La ira crecía dentro de ella, pensando en la prima de su amigo. Ella había matado y destrozado familias ese día, y después había podido cenar con su esposo y su familia con total tranquilidad. Y mientras, su padre, que era inocente y jamás había hecho ningún mal, estaba escondido como un animal, sin siquiera la oportunidad de exponer su caso.

Inspiró hondo, sabiendo que si continuaba pensando en ello, sacaría su varita y comenzaría a lanzar hechizos para desquitarse, y agitó la cabeza, intentando no pensar en todo eso hasta que hablara con Regulus. Volvía sobre sus pasos para ir al compartimiento de las chicas, esperando que su hermano no se encontrara ya allí, cuando escuchó unas risas conocidas.

Acercó más al oído a la puerta del compartimiento más cercano, y escuchó las voces que sabía a quienes pertenecían. Ni corta ni perezosa abrió la puerta, y se coló dentro sin esperar invitación.

Los tres chicos reaccionaron de maneras muy distintas: Peter se acercó más a la ventana cuando ella se sentó cerca de él, Sirius apenas levantó la vista unos segundos de un pergamino, y James la dedicó una amplia sonrisa, que ella contestó más escuetamente. La verdad es que era a quien más se alegraba de ver. Seguía pensando que tenía una forma de ser muy parecida a su padre, y su sonrisa la recordaba a él, lo que la agradaba profundamente, sobretodo después de esas Navidades.

- ¿Qué hacéis? –preguntó dejando ver un poco de la curiosidad que sentía-.

- Preparamos algo contra los Slytherins. –la contó James revisando lo que Sirius estaba apuntando en el pergamino-. No, Pad, a Quejicus quítale de ahí, que no quiero problemas con Lily.

- No, si al final hasta acabaremos siendo amables con él... –murmuró su mejor amigo entre dientes, mientras tachaba el nombre de Snape-.

Apenas una hora después llegaron a Hogsmeade, y los cuatro bajaron al anden, donde se reunieron con las chicas. Allí hacía bastante más frío que en Londres, por lo que no perdieron mucho tiempo, sino que enseguida fueron a buscar los carruajes. Grace se quedó mirando donde estos estaban aparcados con la boca abierta, llamando la atención de su mejor amiga, que hablaba con su novio en susurros. De pronto, Lily también se fijó, y frunció un poco el ceño.

- Así que así son los Thestrals... –murmuró para sí misma-.

Había estudiado sobre ellos, pero no sabía a ciencia cierta qué aspecto tenían. Se parecían muy poco a lo que había imaginado. Parecía más fieros de lo que demostraban ser, con sus ojos completamente blancos y brillantes. Comprendió al instante, que la muerte de ese joven en el Caldero Chorreante, había provocado que tanto Grace como ella pudieran verlos. Notó una mano en su cintura, y se giró para ver cómo James la miraba comprensivamente.

- No es que sean bonitos, pero tienen algo de tranquilizador, ¿no crees?

Lily le miró fijamente.

- ¿Puedes verlos?

- Estaba en la habitación cuando mi abuelo murió. No pude verlos el día que llegamos a Hogwarts, pero cuando íbamos en Navidades por fin les vi. No entiendo por qué no les vi antes.

Se encogió de hombros, y Lily le acarició la mejilla, dedicándole una tierna sonrisa.

Cerca de ellos, Sadie se acercó más al grupo al ver que su hermano se marchaba junto a su novia con el grupo de quinto curso. No quería estar cerca de él. Que se pusiese tan tercamente del lado de su madre, la sacaba de quicio. Era un mimado. Les siguió con la mirada, asegurándose que se habían ido, cuando vio que pasaban cerca de un grupo que conocía. Entre ellos estaba Regulus. Su cabello corto y negro estaba peinado hacía atrás pulcramente, su corbata verde y plateada estaba bien colocada, al igual que su túnica, recién puesta. Su cara mostraba una expresión hastiada, y parecía caminar contra su voluntad, incluso con pequeños trompicones como si le estuvieran empujando. Al seguir con su mirada, vio que más bien estaban tirando de él. Era una chica de cabello castaño, que llevaba sujeto con una ancha diadema verde, y la caía por debajo de los hombros. Estaba de espaldas, por lo que no la veía la cara, pero por los pocos rasgos que vislumbraba, además de que iba de la mano de Regulus y viendo la expresión de él, supo que se trataba de Yaxilia Selwyn.

Una pequeña sonrisa se implantó en su rostro, y se olvidó momentáneamente del tema del ataque. Por lo visto, ella estaba aprovechando muy a gusto su nueva situación de compromiso con el pequeño de los Black. Casi tuvo que esconder una carcajada al comprobar que él no estaba ni por asomo tan entusiasmado como ella.

OO—OO

Al llegar al castillo, el grupo se separó un poco, pues James y Lily partieron a su torre tras una escueta despedida. Antes de que los demás comenzaran a moverse, Remus apareció por una escalera, con una sonrisa de felicidad que no le veían desde hacía tiempo.

- ¡Funciona chicos, funciona! –gritó abrazando a Gis en volandas, y cogiendo a Peter de la pechera de la túnica, comenzó a zarandearle contento-. ¡Funciona!

- ¿Qué funciona Moony? –preguntó este apartándose de él, y arreglándose la túnica-. Porque está claro que tu cerebro, no.

Remus no pareció oír su contestación, sino que se apresuró a abrazar a Grace, que se reía de su actitud tan poco común.

- Aquí no puedo contaros. Es que Dumbledore me dio... ¡y a....! Bueno, a Rachel la dio otra cosa –susurró en voz baja su nombre, e intentando controlarse. Notó lo perdidos que estaban sus amigos, y sonrió con disculpa-. Perdonadme, es que estoy tan contento...

- ¿Y cuándo nos vas a contar? –preguntó Kate con curiosidad-.

- ¡Ahora! Vamos a subir a su cuarto, que allí podremos hablar.

No tuvieron que oír más. Gis echó a correr la primera, seguida por Kate que no podía evitar reírse de lo absurdo de la conversación, y Remus y Peter fueron tras ellas. Grace iba a seguirles, cuando se dio cuenta que Sirius no se había movido del lugar. De hecho, no parecía haber escuchado nada de la conversación, sino que miraba algo delante suyo con una expresión incrédula en el rostro.

- Sirius –le llamó con cautela-. ¿Qué...?

Pero ella también se quedó sin habla ante la imagen que había pocos metros delante de ellos. Regulus, el pequeño Reg, estaba hablando con su grupo de amigos de Slytherin. Hasta ahí normal, sino fuera porque una chica a la que reconoció como Yaxilia Selwyn estaba literalmente colgada de su cuello. No quería pecar de egocéntrica, pero, ¿ese chico no besaba el suelo que ella pisaba? ¿Se había enamorado el pequeño Regulus de la hija pequeña de los Selwyn? Nunca lo habría imaginado, no parecía su tipo. El mayor atractivo que tenía esa chica era su apellido. Y con atractivo, quería decir algo que englobara toda su persona. No era amable, ni siquiera entre sus amigos, pues parecía creer que estaba por encima de ellos. Pero con Regulus parecía comportarse como si por una vez, alguien estuviese a su altura.

Durante varios segundos, tanto Sirius como Grace estuvieron mirando el lugar con la misma expresión de incredulidad. Después el grupo de Slytherins se disipó, y cada uno fue por su lado, quedando Regulus y Yaxilia solos. La chica, que parecía ser más feliz que nunca en su vida, le agarró la cara por ambas mejillas, y le plantó un beso en la boca, que a Regulus no pareció gustarle en absoluto, dada su expresión.

Sirius lo tuvo claro cuando le vio prácticamente asquearse. Un gruñido salió de su boca, y le dieron unas tremendas ganas de ir hacia su hermano pequeño, y pegarle un puñetazo en la cara por estúpido. Al escuchar el gruñido, Grace dejó de perderse en sus pensamientos, y le miró comprensivamente.

- Sirius... no te enfades con él. Todo el mundo tiene derecho a ena...

- ¡No digas tonterías! –respondió él con dureza, sin ni siquiera mirarla-. ¡Este imbécil no se ha enamorado! Me juego lo que quieras a que todo esto es cosa de mi madre. Como si lo viera: ella y su ridículo obsesión de los compromisos matrimoniales. Un Black debe casarse siempre con un sangre pura, para no manchar la sangre, y la noble y ancestral casa de los Black –recitó con asco. Apartó la mirada de la pareja, realmente repugnado, y agitó la cabeza con furia-. Y el idiota de mi hermano siguiendo sus órdenes como si las emitiera Merlín. Cualquier día acabará destrozando su vida por eso, y no se da cuenta...

En realidad estaba más angustiado que enfadado. Solo era otra prueba más de que Regulus aceptaría cualquier mandato, por mucho que le desagradara. Eso y convertirse en mortífago, era todo uno. Aunque no estaba seguro de que no fuera ya uno... Aunque no lo admitiera, lo que le pasara a su hermano sí le afectaba aún. Era el único miembro de su familia por quien aún sentía aprecio, y tenerle justo en el otro bando dolía. Una alianza con los Selwyn solo lograría separarlos más.

Una mano recorriendo su brazo le sacó de sus pensamientos, y vio a Grace mirarle con comprensión. En sus ojos castaños vio un poco de lo que había dentro de él. Sí, ella le entendía, porque en cierto modo ella también quería a Regulus.

- Si él decide seguir ese camino, no es culpa tuya –le dijo en voz baja, mirándole a los ojos-. Y, ¿quién sabe? Quizá Yaxilia Selwyn consiga que recupere el juicio y mande a tus padres al infierno. Con tal de no aguantarla toda la vida...

Ella intentaba bromear, para poderle así quitar tensión al asunto. Una pequeña sonrisa asomaba por sus labios finos, y él no pudo evitar corresponderla.

- No te creas –la contestó siguiéndole la broma-. Si ella se decide a depilarse el entrecejo, no es tan mala elección. Si vieras lo que mi madre considera digno, pensarías que Yaxilia Selwyn es el mal menor.

Grace se rió, y estuvo a punto de bromear, recordando el verano que comenzaron a salir, cuando pasaban las fiestas hablando, solo eso, para que nadie más notara lo que se estaba gestando entre ellos. Por aquel entonces, la madre de Sirius se mostró más que encantada porque él pudiera relacionarse con una Sandler. Claro que, eso era antes de que se convirtieran en la vergüenza de la alta sociedad. Afortunadamente no abrió la boca, porque decir eso en voz alta habría sido bastante vergonzoso.

Se dejó de reír, al darse cuenta de que era la primera vez que hablaban desde que se enteraron de todo, desde que él la mandó la nota. Había sido realmente fácil volver a bromear con él, le había salido inconscientemente. Por eso supo que ese era el momento de dejarse de tonterías. Le dedicó una amplia sonrisa amistosa.

- Gracias por tu nota el otro día. Te iba a contestar, pero...

Se encogió de hombros. No acabó la frase, porque no le había contestado, porque no sabía qué decir. ¿Quería ser su amiga? ¿Amiga de alguien con quién la unía un pasado así? ¿De alguien por quien aún sentía algo, y que además salía con una de sus amigas? Aquello era un jaleo. Pero mirándole directamente a sus ojos grises, y volviendo a sentir ese conocido escalofrío en la columna, supo que aquello era mejor que no tener nada.

- Pero... creí que mejor te lo decía en persona –dijo finalmente. El rostro de Sirius mostró una expresión algo confusa, por lo que ella se expresó mejor-. El último día me comporté de una forma muy infantil. Creo que sabía que tenía que pedirte perdón, pero no quería.

-¿El orgullo, eh? –propuso Sirius con una sonrisa pícara, claramente divertido-.

Eso la ayudó a mostrarse más liviana.

- Sí –admitió con una sonrisa sin vergüenza-. No me gusta admitir que me equivoco, ya lo sabes. Y, bueno, me he equivocado mucho contigo. Definitivamente no te merecías nada de lo que te dije ese día, y ninguno de mis desplantes estos dos últimos años...

No había necesidad de aclarar a qué día se referían entonces. Ambos estaban pensando en lo mismo.

- Yo tampoco he sido un mar de amabilidad... –admitió él a regañadientes. Tampoco le gustaba admitir sus errores-.

- Ni siquiera pensaba lo que dije. Solo quería hacerte daño –quiso aclarar Grace-.

Sirius asintió con la cabeza.

- Ya lo sé. En realidad lo supe desde que vimos los recuerdos. Y no te culpo. Creo que yo habría actuado igual. No había mucho margen de dudas ante esa imagen...

Se sonrieron en silencio unos segundos. El ambiente había cambiado. Ahora no había tensión entre ellos, todos los malos recuerdos estaban aclarados y olvidados. Casi se parecían a lo que fueron en cuarto curso: dos compañeros que se llevaban bien, pero que tampoco eran amigos. Pero había muchos cambios, como la mirada de Grace. Ella fue la primera en reaccionar, aunque la habría gustado seguir con ese cómodo silencio unos segundos más. Extendió la mano, y dijo:

- Entonces, ¿amigos? –era la misma pregunta que le había hecho él. Una proposición que egoístamente se la hacía insuficiente, y que sabía que era lo mejor que podían hacer-.

Sirius sonrió mientras la estrechaba la mano.

- Amigos.

Él también se alegraba del final de esa etapa tan incómoda entre ellos que había durado dos años. Ahora podrían ser buenos amigos, y ya no tendría que pensar en ella cuando no debía, porque todo estaba aclarado y en su sitio. Ahora Kate no tendría que estar lidiando entre ellos, y él no tendría un fantasma de una relación ya pasada entre su novia y él. Encima ganaba una amiga, una buena amiga. Grace y él se parecían mucho, por lo que sería bueno tenerla como amiga.

Salieron de su burbuja cuando alguien pasó cerca de ellos, con tanto ímpetu que casi choca con ellos sin verles. Era Regulus, y no parecía en absoluto contento. Ambos se le quedaron mirando mientras él descendía por las escaleras, rumbo a las mazmorras, y se perdía de la vista.

- Bueno, creo que voy a buscar a Kate. Eh... ¿Sabes dónde está? –la preguntó un poco perdido-.

Grace se rió. Era obvio que se había abstraído tanto con lo de Regulus, que no había escuchado nada de la conversación con Remus.

- Están todos en la habitación de Rachel. Al parecer ella y Remus tienen grandes noticias.

Sirius se puso en marcha, muy curioso al escuchar eso, pero ella se encogió de hombros, diciendo que no sabía más. Casi echó a correr escaleras arriba cuando se dio cuenta que ella no le seguía, se dio la vuelta, y la vio mirar extrañada hacia un lugar.

- ¿No vienes? –la preguntó-.

Grace asintió con la cabeza pensativamente, sin apartar los ojos del lugar.

- Enseguida subo... –murmuró comenzando a andar en dirección contraria-.

- Grace –la llamó Sirius-.

La chica se giró, y él sonrió.

- Te queda muy bien ese corte de pelo...

OO—OO

Pocos minutos antes, alguien más había estado observando la "enternecedora" escena de Regulus y Yaxilia. Sadie directamente se había acomodado en la pared, y estaba riéndose disimuladamente de la expresión de su amigo. El muchacho, aunque aceptaba los besos de su "prometida", no ponía ningún empeño en ocultar su repulsión. ¿Dónde había ido el caballero perfecto que habían criado los distinguidos Black?, pensó Sadie con diversión. No es que ella le considerase un caballero. Ella era una chica y no había sido precisamente el más amable del mundo con ella, pero Regulus sí presumía de buenos modales.

Al final la joven Selwyn pareció ver algo de incomodidad en su pareja, pues se marchó de allí algo abatida. Regulus miró alrededor, buscando a alguien que les hubiera visto, y se limpió la boca con la manga. Aparentemente nadie les había prestado atención, claro que todos habían apartado la vista cuando se acabó el espectáculo. Su mirada se encontró con Sirius y Grace, que hablaban en voz baja no muy lejos de él. ¿Qué pasaría con esos dos?

- ¡Qué bonito es el amor! –exclamó alguien muy cerca suyo-.

Regulus miró a su derecha rápidamente, encontrándose con la divertida expresión de Sadie, que se había acercado a él. Por un momento pensó que se refería a esos dos, y les miró de nuevo frunciendo el ceño. ¿Cómo que amor? Miró a Sadie pidiéndola explicaciones, pero ella solo le miraba a él, y además muy divertida. Entonces lo supo: se refería a él y Yaxilia. La mandó una mirada venenosa, y bufó en voz baja.

- Déjame en paz, Sadie.

Su amiga le miró con curiosidad, y le preguntó lo que llevaba rato rumiándose en su interior.

- Si no quieres, ¿por qué la dejas que te bese?

- Es mi prometida, ¿qué quieres que haga? –contestó él encogiéndose de hombros. Ella no lo entendía, aquello era su deber. Otro de tantos... Después, al recordar la "triste" noticia que le habían dado esa mañana, sonrió ampliamente-. Por lo menos solo tengo que aguantarla seis días más. Se va a Durmstrang con la beca.

Sadie tuvo que admitir que se había sorprendido. No creía que alguien con las ideas tan cerradas fuera lo suficientemente inteligente como para sacar la nota necesaria para optar a la beca. Dejando esa trivialidad a un lado, insistió en el tema. Por mucho que se pusiese en su lugar, y lo viese como una obligación, no entendía por qué tenía que besarla tanto. Un matrimonio concertado no implicaba aquello tampoco. Y eso la molestaba, aunque no sabía por qué. De todas maneras expuso su idea en voz alta.

- El que sea tu prometida no quiere decir que la tengas que besar, así que será amor... –añadió con algo de sorna, ocultando con su acidez habitual, lo mucho que ese tema la fastidiaba-.

- ¿Qué tiene que ver? –insistió Regulus empezando a molestarse. Su madre había dicho que tenía que asegurarse que Yaxilia estaba completamente feliz, lo que implicaba tener esos gestos que tanto parecían gustarla-. Ya te dije que es cosa de mis padres.

- Pues di que no quieres –respondió Sadie encogiendo los hombros. Es cierto: No comprendía nada. La actitud de Regulus era absurda. ¿Por qué hacerles caso a sus padres en todo?-.

- No lo entiendes. –se ofuscó el incomprendido muchacho-. En familias como la mía, hay que hacer caso...

- No es la única opción, ¿sabes? –le interrumpió testarudamente-.

- ¿Ah no? –preguntó con ironía-.

- No. Siempre puedes irte de casa. Sirius lo hizo.

- Que mi hermano le rompiera el corazón a mis padres y deshonrara a la familia, no significa que yo sea tan ruin. –dijo él entre dientes, sin controlar sus propias palabras-.

Sadie se sorprendió tanto, que relajó el ceño. ¿Había dicho hermano?

- Vaya... ¿Así que por fin admites que es tu hermano? Creí que tú eras hijo único.

Regulus resopló molesto. Le había llamado hermano en voz alta por primera vez en un año. Una cosa es que siguiera pensando en Sirius como tal, y otra que hablara de ello. La culpa era de Sadie, que conseguía sacarle de quicio cuando fingía no entender una situación.

- Vale, tú ganas –la dijo intentando evitar una discusión-. Has conseguido que lo admita en voz alta. Bien. Sirius es, o más bien fue en algún momento, mi hermano.

- Que tus padres renegaran de él, no significa que tú tengas que hacerlo –insistió Sadie. Quizá ahora que había bajado un poco las barreras, comprendiera ese punto-. Sé que él se preocupa más por ti que por todo el resto de tu familia junta. No dejes que el que no se lleve bien con tus padres te limite.

- No digas tonterías. Si yo le preocupara, no se habría ido. –bufó Regulus mirando de reojo a Sirius, que se estaba dando la mano con Grace. Le odiaba por haberse ido, por haberle dejado a él con las responsabilidades que eran suyas como primogénito de la familia. Por haberle dejado solo-.

- Sí, si eso obedecía a sus ideales- contestó Sadie encogiéndose de hombros, y mirando también a los dos Gryffindor-. ¿No dices tú que todo consiste en ser un hombre de palabra, y seguir lo que crees que es correcto? Y sé que es cierto. Se sigue preocupando por ti.

Regulus la miró con una expresión extraña. Casi la pareció ver brillar la esperanza en sus ojos, pero un segundo después solo había desconfianza.

- ¿Acaso te lo ha dicho? –la preguntó con la voz cargada de sarcasmo-.

Sadie negó con la cabeza, y él endureció la expresión.

- Nunca he necesitado que me digan las cosas en voz alta –le contestó ella señalándose la cabeza-.

Regulus pareció pensar algo durante unos instantes, pero después agitó la cabeza, volviendo a su expresión hermética de costumbre.

- Déjalo, Sadie. Nada de lo que digas hará que yo deje de estar en un lado, y él en otro.

Sadie chasqueó la lengua, pero lo dejó estar. Parecía que esa vez tampoco podría verles como una familia feliz. Eso la recordó... Se volvió hacia él con las cejas enarcadas, acordándose por fin de su principal preocupación.

- Ahora vamos al tema que me interesa, y dejemos la telenovela que es tu vida, aparte. El otro día, cuando quedamos, yo quise ir al Caldero Chorreante, y tú insististe en ir a la cafetería de King´s Cross. Lo encontré raro, pero lo dejé estar. Pero resulta, que cuando me despierto a la mañana siguiente, encuentro en primera plana de El Profeta que han atacado precisamente esa zona... ¿Sabías algo?

Esa vez no se lo imaginó. Regulus había tensado los hombros, y la miró seriamente. Sus barreras de oclumancia se habían fortalecido.

- Me gusta más esa cafetería. Lo del ataque fue casualidad... –murmuró en voz baja, asegurándose de que nadie más le oía-.

Sadie le miró con expresión incrédula.

- ¿Te gusta más una cafetería muggle que un bar mágico? ¿Quieres que me eche a reír?

Regulus miró más allá de ella, algo incómodo, y Sadie le dio un golpe en el hombro. Al final el muchacho chasqueó la lengua, rendido.

- No podía decirlo. –confesó-. No lo sabía todo, no me dejaron participar. Lo siento, pero tienes que entenderlo...

- ¿Que lo tengo que entender? ¡Regulus han muerto a más de treinta personas!

Él miró rápidamente alrededor, pero nadie estaba cerca de ellos. Después miró a su amiga, que le observaba decepcionada. ¿Qué se creía? A él tampoco le gustaba la idea de matar a nadie. Pero era por el bien de todos. Un pequeño sacrificio para un bien mayor.

- ¡Ya lo sé! –aseguró haciendo una mueca-. Pero así era lo que tenía que ser. Mira, comprendo que no compartas mis ideales, y lo respeto, pero si tu padre es mortífago, tienes que saber que así son las cosas. Son daños colaterales para conseguir beneficios para los magos.

Sadie entornó los ojos, y se sintió muy dolida.

- No metas a mi padre en esta clase de cosas –le previno con voz peligrosa-. Tú no le llegas ni a la suela del zapato.

Esa fue la gota que colmaba el vaso. Había tenido que escuchar muchas cosas en las vacaciones de Navidad, sobretodo a Bella, asegurándole que él aún no era nadie para participar en las mejores misiones para el Señor Tenebroso. ¿Y ahora también Sadie le decía que él no era nadie?

Ni siquiera la respondió. Se marchó de allí a paso acelerado, tan enfadado que no se dio cuenta de que casi choca con su hermano y Grace. Sadie sí lo vio, y negó con la cabeza decepcionada. Estaba decepcionada, pero no sabía por qué. Ya sabía a qué se dedicaba Regulus cuando comenzaron a ser amigos, eso era absurdo. Estaba tan enfadada, que le dio una patada a la pared de piedra, haciéndose daño en el pie. Se acabó sentando, llevándose la adolorida extremidad a las manos.

- ¡Mierda! –murmuró entre dientes, sintiendo como si se hubiera roto un dedo-.

- Suele pasar cuando te dedicas a patear paredes –dijo alguien cerca de ella-.

Sadie levantó la vista, y se encontró a Grace, mirándola divertida.

- ¿Todo bien, Williams?

- Es Duncker –dijo ella testarudamente-.

Grace rodó los ojos, pero no contestó a su mal humor. De hecho estaba bastante contenta, por lo que se sentó junto a ella en el escalón, y compuso una media sonrisa.

- Regulus a veces es difícil de llevar por sus ideas, pero sé que en el fondo es un buen chico. Demasiado bueno, quizá.

Sadie asintió pensativamente. Era lo mismo que creía ella. Pero no quería seguir el tema en ese momento. Estaba algo enfadada con esa situación en general, tanto como lo estaba con su hermano, y no quería oír hablar de ninguno de ellos. Se volvió hacia Grace, dispuesta a cambiar de tema.

- - Oye, ¿Tú qué tal estás?

Bien. ¿Por qué no iba a estarlo? –preguntó la rubia confundida-.

Sadie se rió quedamente, aún frotándose el pie.

- Antes de Navidades montaste un drama con el tema, ¿y ya no te acuerdas? –Grace bufó en voz baja, acordándose de su actitud, y no contestó. Sadie no se dio por vencida. Les había visto hablar, y quería enterarse qué pasaba. Y si la chica no la miraba, tendría que enterarse por el método tradicional-. Os he visto hablando ahora. ¿En qué ha quedado la cosa?

- Vamos a enterrar definitivamente el hacha de guerra. Al parecer ninguno tuvo la culpa del todo, así que mejor empezar de cero. Nos hemos hecho amigos –la dijo con una sonrisa que no acababa de llegar a sus ojos-.

- ¿Así que vais a olvidarlo todo... como si no hubiera pasado? –preguntó Sadie con incredulidad. La verdad, sería fantástico que fuera cierto, y así podrían trabajar sin miedo a que estallara una guerra, pero no las tenía a todas consigo-.

- Eso es agua pasada –aclaró Grace con obviedad-.

Miró al frente, algo pensativa y bastante más seria. Sadie la observó, con una expresión extraña en el rostro. Insistió:

- ¿No vas a hacer nada?

Aunque pudiera parecer lo contrario, no la estaba impulsando a que lo hiciera. Es que el concepto que tenía de ella, no encajaba con su actitud. Ahí ocurría algo raro. Por su expresión antes de las vacaciones y en ese mismo momento, parecía como si aún sintiera algo por Sirius. Pero también parecía sincera en ese momento.

- ¿Sigues sintiendo algo por él, verdad?

Grace se volvió de golpe, y frunció el ceño molesta.

- ¿Quieres dejar de espiar mi mente?

Sadie no pudo evitarlo. Se echó a reír, como Grace no la había visto nunca.

- En realidad no tenía que hacerlo para darme cuenta de lo que hay aquí. Solo he visto como le mirabas hace un momento.

Grace aún no confiaba del todo en ella, por lo que después de lanzarla una mirada venenosa, miró hacia otro lado. Después suspiró, pues tampoco podía negar aquello a alguien como Sadie.

- Ahora ya da igual. Han pasado dos años, y ahora está con Kate. En realidad ella siempre lo mereció más que yo...

Había un cierto toque de amargura en su voz que consiguió que Sadie ablandara su gesto. Durante varios minutos estuvieron calladas. Grace parecía buscar puntas abiertas en su pelo, mientras sujetaba un mechón frente a su cara. Sadie aún se frotaba el pie, y la escrutaba el rostro, analizándola.

- ¿Sabes? –dijo la alemana tras un rato-. Me equivoqué contigo –Grace la miró con sorpresa. ¿Estaba aceptando que se había equivocado? ¿Sadie? Aquello era más extraño que el que lo hiciera ella-. Con eso de que eres una niña pija insoportable... –frunció el ceño un momento, y medio sonrió-. Bueno, eso lo sigues siendo en realidad. Pero sí pensé que eras de las que dejarías tirada a cualquiera con tal de recibir atención. Me acabas de demostrar que eso no es cierto. Vas a ignorarlo todo con tal de no hacer daño a Kate...

Parecía impresionada, como si no la creyera capaz de semejante sacrificio. Grace no sabía si enfadarse o darla las gracias. Se encogió de hombros.

- No lo hago por ser buena. Es que ya la lié muchísimo, diciendo cosas que no debía a quien no se lo merecía. Y conozco a Kate. Llevaba un montón de tiempo deseando una oportunidad con Sirius, y creo que ha demostrado de sobra que se merece todo su cariño. Yo ya sabía lo que ella sentía por él cuando salí con él, y no me importó. ¿Qué clase de persona sería si también lo pasara por alto ahora?

La alemana asintió, estando de acuerdo. No sería justo, y la alegraba que la chica se diera cuenta ella sola, sin necesidad de convencerla. Al menos había alguien que había demostrado ser más consecuente de lo que parecía, y no al revés. Una preocupación menos.

OO—OO

Cuando terminó de escribir la carta, James, que estaba sentado a su lado jugando con uno de sus mechones, la tendió a Nela, su lechuza. Lily le sonrió ampliamente, y ató la carta a la pata de la lechuza, que la picó un dedo ululando.

Suspiró con fuerza cuando vio al pájaro perderse en el oscuro cielo. Esperaba que los exámenes de su madre hubieran mostrado una mejoría. James pasó sus brazos por su cintura, abrazándola estrechamente, y consiguiendo que ella se recostara sobre él.

- - Eres mi ángel de la guarda, ¿lo sabías? –le susurró ella cuando sintió su respiración cerca de su oreja-.

Está bien saberlo –contestó James con una pequeña risa-. Al menos así se que para que se te quiten ideas absurdas de la cabeza, solo tengo que estar yo presente.

Lily se rió en voz baja, y le golpeó suavemente en el brazo, regañándolo por vanidoso. Sin embargo, se rodeó a sí misma con los brazos, poniendo los suyos encima de los de su novio, cuya cabeza descansaba en su hombro.

- ¿Habéis planeado algo, verdad?

- ¿Hum?

James se sentía inmensamente relajado en ese momento, sintiendo las caricias de Lily en sus brazos. Su cabeza estaba completamente apoyada en su hombro, y sus ojos cerrados. Debido a la postura, sus gafas quedaban unos centímetros suspendidas en el aire, lo que le daba un aspecto muy tierno en opinión de Lily.

- Esa broma que dijiste antes. Sé que lo dijiste para disimular, pero lo vais a hacer, ¿verdad?

James sonrió levemente, haciéndose de rogar. En realidad no quería admitir nada. Estaban teniendo un momento muy romántico y relajante, y no quería discutir con ella. Sin embargo, Lily le pegó de nuevo, un poco más fuerte, y supo que lo mejor era hablar.

- Solo es para que Kate no sospeche –Lily enarcó una ceja, y él se rió-. ¡Vamos! Tú tampoco quieres que ella se entere de nada, ¿no? Imagínate lo que haría. Y a Grace la pillaría en medio.

Era un juego arriesgado de su parte ponerla de excusa a su mejor amiga, pero esa vez funcionó. Evidentemente le extrañó, pero él no sabía, y Lily sí, lo que Grace estaba volviendo a sentir. Lo último que necesitaba su amiga era que Kate se enterara de todo justo en ese momento. En realidad no era bueno para ninguna. Grace se sentiría más confundida y culpable, y las inseguridades de Kate se dispararían, pensando que debía competir con su amiga, que era la que siempre la había hecho sentir algo inferior.

Suspiró con fuerza, y se apoyó de nuevo en su pecho, observando a lo lejos como el campo de quidditch era bañado por la oscuridad.

- No os paséis mucho, por favor –suplicó-.

James se rió en voz baja.

- Seremos buenos –la susurró al oído, un segundo antes de besarla el lóbulo de la oreja, provocándola un escalofrío-.

- Hummm....

Era muy agradable. Un delicioso cosquilleo que se trasladaba a su cuello, y después a su clavícula, junto con los labios de James. Lily se inclinó hacia el lado contrario, facilitándole el camino. Con los dientes atrapó su labio inferior, ahogando un suave gemido que luchaba por salir de su boca. La boca de James comenzó a subir de nuevo, marcando de besos su traquea y su barbilla.

Lily se giró sobre sí misma, apoyando las palmas de sus manos en el pecho de él, y quedando ambos frente a frente. Sintió el dedo índice de James delinear sus labios, antes de ser seguido por sus labios. Ella abrió la boca, gustosa de recibir su beso, volviendo a gemir. De repente la parte de atrás de su cuello le dio mucho calor, la apetecía levantarse el pelo para que el aire la quitara el sofoco.

Con un rápido movimiento, James llevó una de sus manos al cabello de su novia, despeinándola, y provocando que una corriente de aire la diera en la nuca. Ella se lo agradeció, pasando los brazos por su cuello, y estrechando su abrazo. Fue en ese momento cuando sintió la lengua de James mojar sus labios, e invadir su boca. La suya salió a recibirle, y no supo cómo aquello la llevó a una inconsciencia de pasión y placer que se la hizo demasiado ajeno a ella...

- Lamentaría interrumpir sino fuera porque si vosotros no venís, aquí nadie abre la boca –dijo una voz desde lejos-.

De pronto recuperó la completa consciencia de sí misma, y se encontró a sí misma sentada encima de James que estaba recostado en el sofá, cuan largo era. Sus mejillas estaban completamente enrojecidas por el calor, y su vergüenza aumentó al ver que tenía en su manos apretada la camisa de James, que estaba medio desabrochada, y que en su posición apenas se cubría, pues su falda del colegio solo la tapaba medio muslo, y los dos primeros botones de su camisa estaban desabrochados.

Escuchó a James intentando recuperar la respiración, y de pronto se dio cuenta de todo. Peter y Gisele estaban en la puerta de la sala común, ella muy divertida, y él muy incómodo. Y ella... ella estaba sentada encima de algo muy duro.

Dio un bote en el sofá al percatarse de eso, y James se sentó de un golpe, cogiendo un cojín para ponerlo sobre su regazo, mientras asesinaba a Peter con la mirada. El pequeño muchacho se encogió de hombros torpemente ante la mirada de su amigo. ¿Qué quería que hiciera? No pensó que se los iban a encontrar en esa posición. De haberlo sabido, habría convencido a Gis de esperar un rato. Y estaba convencido de que James lo habría agradecido muchísimo más.

OO—OO

Esa noche, en el banquete, los chicos hablaban en susurros sobre las buenas nuevas. Remus estaba sentado entre Peter y James, con una amplia sonrisa que no se le quitaba desde hacía varios días.

- Pero, ¿no vamos a suspender nuestras excursiones nocturnas, no? –preguntó Sirius algo preocupado-.

- Ehh...

- No –contestó James antes de que a Remus se le ocurriera alguna tontería-. No tiene sentido. ¿Ahora que podemos disfrutar más porque tú sigues siendo tú?

- No, no –insistió Peter-.

Remus suspiró, y miró de reojo hacia la mesa de los profesores.

- Dumbledore me ha dado tanto... Primero me dejó entrar en Hogwarts, y resulta que yo le respondo empujando a tres compañeros a hacer algo ilegal...

- Tranquilo Remus, ellos ya iban por el mal camino desde el primer día –le susurró Grace, que estaba sentada delante de él-.

Remus la sonrió, pero prosiguió.

- Y segundo, me da una poción que es como una salvación... Y ya estamos pensando en desobedecerle y escaparnos por ahí...

- ¡Ahora ya no hay peligro de que muerdas a alguien! –exclamó James más alto de lo que pretendía-.

Lily le dio un codazo al ver que las chicas de su lado se habían girado curiosas ante las palabras de su novio.

- James, si intentas librarte del trabajo, seré yo quien te muerda –le regañó, fingiendo hablar de otro tema-.

Las chicas no sintieron más curiosidad, y Remus suspiró tranquilo. La agradeció a Lily moviendo los labios, y ella le guiñó un ojo.

- A lo que íbamos, que no hacemos nada malo. Solo jugar –insistió Sirius haciendo un puchero exagerado, que hizo reír a Kate, que estaba a su lado-.

El pobre Remus ya no supo cómo lidiar con sus tres amigos, que le miraban como si estuviese a punto de romperles el corazón. Sonrió derrotado, e hizo un gesto con los hombros que era muy claro: "habéis ganado". Un pequeño remordimiento había dentor de él, pero en cuanto Peter y James saltaron sobre él haciendo el ganso, ese sentimiento desapareció. Por unos amigos como ellos, todo merecía la pena.

- Ya verás este mes. Te vamos a compensar con creces no haber podido estar contigo para estrenarlo –se apresuró a prometer James, comenzando a crear un plan en su mente-.

- Sí, ya verás la que liamos –añadió Sirius-. Por cierto, ¿vendrá la lobita?

A duras penas esquivó un trozo de pan que Remus le lanzó a la cabeza. En vez de eso, le dio a Gisele.

- Lo siento Gis.

- No te preocupes –dijo ella sonriendo. Estaba feliz por Remus, pero su alegría sobretodo se debía a otra cosa-. Y lo de la niña también es una gran noticia. Ella que es más empollona que yo, lo agradecerá. A mi Dumbledore me regala eso y le tiro por la torre de Astronomía.

- Es una gran oportunidad para ella –refutó Lily mientras Grace, Kate y los chicos se reían-. Sin los EXTASIS no tendría muchas probabilidades de encontrar un buen trabajo en el futuro. La está ampliando sus posibilidades.

- Ella está como loca –aseguró Remus. Aunque no hacía falta. Ya lo habían visto por sí mismos esa tarde-. Eso sí, como no puede ir a clase, necesitará ayuda. Yo ya la dejé los apuntes de Historia de la Magia para que vaya estudiando.

- Yo mañana la llevaré los de Encantamientos y Pociones –se apresuró a ofrecerse Lily-. Y estudiaré con ella el tiempo que haga falta. ¿Qué más asignaturas tenía?

- Transformaciones... –recordó Remus-.

- Ese es mi tema –interrumpió James con aire de suficiencia-. No podría tener mejor profesor que yo.

- Claro, Prongs, McGonagall a tu lado es una novata –le tomó Sirius el pelo-.

- ¿Y tú qué harías? –preguntó James con sorna-.

- Moony, ¿qué más tiene la enana? Yo valgo para todo.

- Creo que también tenía Runas Antiguas.

- Ehhh...

- Padfood, tú no sabes descifrar ni una runa –le dijo Peter divertido-.

- En realidad yo había pensado en Grace –dijo Remus tímidamente-.

La aludida levantó la vista del plato y le miró sin creérselo. ¿La consideraba la adecuada? ¿Aquel era el Remus que la conocía? Vale que la asignatura de Runas se la daba bastante bien por naturaleza, pero ella era una inconstante en los estudios.

- La verdad, Remus...

- Yo creo que es una gran idea –intervino Lily mandándola una mirada venenosa a su amiga. No se podía negar a ayudar a Rachel-.

- Yo la dejaré mis apuntes encantada –se apresuró a explicar la rubia-. Pero no sé si sería una buena profesora.

- Claro que sí –la dijo Kate con una sonrisa-. Hasta te vendría bien, porque así te obligas a estudiar tú. Con Rachel es muy fácil, no pone tanto de los nervios como Lily.

- ¡Eh!

Grace sonrió. Si no era lo mismo que estudiar con Lily, no sería tan malo. Su mejor amiga tenía la molesta costumbre de realizarla horarios de estudios y asegurarse que los cumpliera. Y ella no quería, era más un alma libre, que necesita tomar el aire fresco del quidditch, y no el viciado de la biblioteca.

- ¿Y yo qué? –preguntó Sirius poniendo otro puchero-.

- Tú no sirves para nada –rió James, tirándole un trozo de pan-.

Sirius levantó su copa, y le tiró el poco líquido que había a su amigo, que estaba sentado frente a él. Para su mala suerte le cayó a Lily, que levantó su varita amenazante. Sirius se apresuró a escudarse detrás de Kate.

- Vamos pelirroja, no hagas algo de lo que te puedas arrepentir. Baja la varita, muyyyyy despacio...

James, que se estaba riendo, la puso un mechón de pelo tras la oreja, y la susurró algo que hizo que Lily sonriera macabramente, y bajara la varita. Sirius se removió en su asiento, algo asustado. El mal carácter de la pelirroja, unido a los locos planes de su mejor amigo, no podía augurar nada bueno.

- Sirius –le llamó Remus-. Rachel necesitaría ayuda en Astronomía, si es que te interesa.

El joven Black sonrió ampliamente.

- ¡Esa es mía! Al final la tonta tradición de los locos de mi familia servirá de alg...

De repente su voz se convirtió en un croar extraño, que le hizo enmudecer. Kate le miraba con los ojos desorbitados, y al lado de ella, Grace miró sonriente a Lily, que en ese momento guardaba su varita, dedicándole una amorosa sonrisa a James.

Sirius también se percató, y fue a echarle las culpas a su mejor amigo, pero solo podía croar.

- Disfrútalo, te durará un cuarto de hora –dijo Lily cogiendo la fuente de patatas guisadas con tranquilidad-.

El joven Black tuvo que limitarse a mandarla una mirada envenenada. Sus amigos aprovecharon que no podía hablar para gastarle algunas bromas. El muchacho se limitó a fruncir el ceño y jurar venganza para sus adentros. Diez minutos después, se oyó un grito al otro lado del comedor, y todos se giraron alarmados, menos James, Peter y Sirius que se sonrieron.

Hubo más gritos que acompañaron al primero, siempre en la mesa de Slytherin, y varias niñas se levantaron agitando sus túnicas, como queriendo apartar algo de ellas. De repente lo vieron. De la comida de la mesa de las serpientes, estaban saltando multitud de ranas, que pasaban de un plato a otro, y se colocaban por algunas túnicas de los estudiantes, o se enredaban en el pelo de las chicas.

Los tres culpables luchaban por aguantar la risa, cosa que no hacían ni Grace ni Gisele, ni varios estudiantes de las tres casas. Remus se inclinó hacia James.

- ¿Habéis sido vosotros, no? –le preguntó solo por confirmar su sospecha. Aquello tenía su firma-.

- ¿Acaso lo dudas? –preguntó el chico de gafas haciéndose el ofendido-. ¿De dónde crees que he sacado la idea de hacer croar a Sirius?

- Yo inspiré la idea –se apresuró a aclarar Peter-. Cuando me comía las ranas de chocolate en el tren, comenté lo mucho que me gustaría verlas embarradas en la cara de Mulciber.

- Sí, pero luego no te pareció tan buena idea –refutó James con una sonrisa-.

- ¿Ranas, James? Es muy desagradable... –le susurró Lily arrugando la nariz, mientras observaba el espectáculo-.

Lo cierto es que aquello era lo más suave que podría venir de ese grupo, por lo que tampoco estaba muy molesta. Además, ya estaba sobre aviso. Sin embargo, tenía que seguir mostrando un poco de seriedad a James, o él se pondría imposible. Su novio la sonrió encantadoramente.

- Son reptiles, Lils. Entre ellos se llevan bien –dijo como excusa-.

En ese momento llegó la profesora McGonagall, mirándoles con el ceño fruncido. El profesor Slughorn y el profesor Flitwick ya se estaban encargado del asunto, y se veía al director en la mesa de los profesores, bebiendo de una copa, mientras negaba por la cabeza. Pero Peter pudo apreciar una pequeña sonrisa escapar de sus labios mientras se inclinaba para hablar con Hagrid.

- Espero que ustedes no tengan nada que ver al respecto –dijo McGonagall con voz lúgubre, mirando especialmente a James y Sirius-.

James sonrió con inocencia, acercándose más a Lily, como queriendo decir que ella no se lo habría permitido. El joven Black, al dirigirse a él la mirada interrogante de la profesora, abrió la boca para explicarse, pero de ella solo salió un croar.

Sus compañeros, que pensaron que era una broma asociada a lo ocurrido, se echaron a reir por toda la mesa Gryffindor, incluida la misma Lily que no pudo controlarse.

OO—OO

A la mañana siguiente, San Mungo despertó con el único sonido del torrente de lluvia que caía en el exterior. En la sección por la que Elizabeth Duncker paseaba, apenas había dos enfermeras y cinco enfermos deambulando. La mayoría aún dormía, pese a que el reloj ya marcaban más de las once de la mañana. En lugares donde se curan quemaduras graves, era muy normal utilizar pociones del sueño.

También, afortunadamente, varias personas habían sido dadas de alta en los últimos días. Del ataque de Charing Cross, solo se encontraban en el hospital media docena de pacientes. El que ella buscaba, aún debía estar otra semana ingresado, lo que le tenía de muy mal humor. Sin embargo, el semblante de Adam se iluminó en cuanto vio a su amiga de la infancia atravesar la puerta.

- ¡Eli! –exclamó alzando los brazos, y removiéndose incómodo en la cama, ante la imposibilidad de levantarse a saludarla-. ¡Qué sorpresa!

La mujer sonrió levemente. Si mostraba tanta alegría, es porque estaba muy bien, pero aún tenía muy mal aspecto. Apenas había hecho una visita rápida al hospital cuando se enteró de que había sido ingresado, y él estaba inconsciente entonces, y presentaba muchísimo peor aspecto que en ese momento.

- ¿Qué tal te encuentras, amigo? –le preguntó acercándose a la cama, con cuidado de no tocar nada-. Te habría traído flores, pero no sabía cuáles son tus preferidas.

Adam se removió incómodo, y esbozó una pequeña sonrisa, ante esa broma tan típica de Jack, su antiguo y difunto mejor amigo. Eli aún conservaba costumbres de aquella época, y quizá porque no estuvo presente cuando todo fue desmoronándose, a ella se la hacía más fácil rememorarlo.

- Lo siento. No ha tenido gracia –dijo ella cuando vio su incomodidad-.

- Sí que la ha tenido –respondió Adam forzando una sonrisa-. Es que estoy incómodo y molesto por tener que quedarme aquí más tiempo.

- ¿Cuándo te dan el alta? –le preguntó-.

- La semana que viene, dicen ellos –murmuró entre dientes-. Odio estar aquí...

La mujer negó con la cabeza. Cabezonería masculina, lo llamaba ella. Su marido era igual en cuanto a las estancias en el hospital, ¡y no digamos su cuñado, que pasaba la mitad del tiempo ingresado!

- Ya verás como estás fuera antes de darte cuenta.

Adam bufó, pero decidió no pagar con ella su frustración. Ya lo hacía con su hermano, quien no podía tardar mucho en llegar con su madre. Elizabeth no tenía mucho tiempo. Su traslador salía en menos de una hora, y debía estar en el lugar que había pactado con Dumbledore para ello. El anciano iba a ayudarla a reunirse con su marido por unas horas, pues era consciente de que aún la vigilaban. Sin embargo, no podía irse sin agradecerle todo lo que había hecho por ella y sus hijos, más de lo que había parecido en primer momento.

- Creo que nunca podré darte suficientemente las gracias –le dijo con seriedad, mirándole con un profundo agradecimiento-.

- ¿Por qué? –preguntó el hombre sin considerar importante nada de lo que había hecho-. ¿No será por lo de dejaros el piso, no? Ya vale con agradecerme eso. Tú hubieras hecho lo mismo por mi.

Elizabeth ya estaba negando con la cabeza.

- Hiciste más que eso. El ataque del otro día fue en Charing Cross, y al parecer barrieron todo el Caldero Chorreante. Si no llegas a ofrecernos tu casa, mis hijos y yo habríamos estado allí. Probablemente nos has salvado la vida.

Era tal el agradecimiento escrito en sus ojos, que Adam se volvió a remover incómodo. No se había planteado aquello, pero podía ser cierto, y la idea no era halagadora, sino más bien escalofriante.

- Me alegro de haber servido, entonces...

Hubo un momento de silencio incómodo, provocado por dos personas que, aunque habían sido grandes amigos en el pasado, apenas se conocían en el presente. ¿De qué hablar en un hospital, dos personas que llevaban tantos años sin verse? Afortunadamente, la puerta se abrió, y Charlus y Elladora Potter entraron por ella, como cada mañana.

Elizabeth encontró en ese momento, la excusa para marcharse.

- Bueno, querrás estar con tu familia. Y yo debo irme enseguida. Me vuelvo a casa de nuevo.

- ¿Volverás a Inglaterra? –preguntó Adam con interés-.

Su hermano y su madre escuchaban con interés, sin atreverse a intervenir. Ambos sabían quién era esa mujer: una amiga de la infancia de Adam, que actualmente era la esposa de Bernard Duncker. Aunque ninguno sabía nada de la inocencia del alemán, supusieron pronto, que si Adam había recuperado su amistad con ella, era porque no compartía los mismos prejuicios que su marido.

- Seguramente vuelva pronto –asintió Elizabeth con una pequeña sonrisa-. Ya sabes que hay pequeños "negocios" que me vinculan con este lugar. Además, en estas vacaciones no he tenido la oportunidad de ver a Dorcas, y me gustaría poder volver a verla.

- Supongo que vendrás a recoger a tus hijos para las vacaciones de Pascua –aventuró Adam pensativamente-.

- Sí, seguramente. Nos veremos entonces, ¿no?

- Si me han soltado para entonces... –refunfuñó ganándose una mirada furibunda de su madre, y que su hermano mayor debiera esconder una pequeña sonrisa divertida-.

- Te enviaré una lechuza –contestó la rubia mujer negando con la cabeza, con una leve risa envolviéndola-.

Dudó un par de veces, pero después se aventuró a darle un beso en la mejilla, recibiendo una amplia sonrisa. Después se despidió amablemente de los Potter, y salió de la vida de su antiguo amigo, sin saber exactamente cuando volverían a verse. Si lo hacían.

OO—OO

En Hogwarts, el torrente de lluvia que caía en Londres, era aún mayor si era posible. Tuvieron que suspender las clases de Cuidado de Criaturas Mágicas, pues el bosque estaba intransitable; y tampoco pudieron cursar herbología, pues se habían inundado los invernaderos.

Por ello, Remus, Peter y algún otro compañero más estaban en el Comedor antes de que los demás acabaran las clases. Kate había aprovechado que el resto de las chicas aún no habían terminado, y había subido a visitar a Rachel, para seguir estudiando juntas Historia de la Magia. James y Sirius, por el contrario, habían tenido el dudoso placer de adelantar su cita con McGonagall, para que la profesora requisara la escoba del capitán, y les impusiera los castigos que debían seguir.

La ausencia de los dos más habladores del grupo se notaba, pues Remus disfrutaba de un cómodo silencio mientras hacía algunos esquemas para su novia, y Peter le observaba aburrido, con su cabeza apoyada en sus brazos cruzados.

- ¿Te apetece subir a la tarde a la habitación de Rachel a estudiar, Peter? –preguntó Remus sin levantar la vista del pergamino-.

El muchacho le miró enarcando una ceja, y después se encogió de hombros con indiferencia.

- ¿En qué iba a ayudar yo? No se me da bien nada...

- Vamos, Gus, no digas eso –le contestó su amigo dejando la pluma encima de la mesa-. Encantamientos se te dan bastante bien.

Peter bufó en voz baja. en esa materia se defendía medianamente bien, pero Rachel ya tenía a Lily para ayudarla con ella, que era la experta. De hecho, a Lily se la daba bien casi todo. Suspiró, pensando para sí mismo lo increíblemente negativo que se sentía esos días.

- ¿Sabes Moony?...

- ¡Esto es una mierda! –gritó la voz de James, que en ese momento entraba en el Gran Comedor por delante de Sirius-.

A Remus se le olvidó la conversación que tenía con su pequeño amigo en cuanto vio la cara de indignación que traían ambos. Aunque el capitán de quidditch parecía ligeramente más enfadado que su mejor amigo.

- ¿Qué tal la reunión con McGonagall? –preguntó volviendo a coger la pluma. Había un brillo algo divertido en sus ojos-.

- Ha encadenado mi escoba a la pared –les comunicó James con un gesto de dolor-.

- Ya sabías que te la iban a requisar –le recordó Peter-.

James le lanzó una mirada venenosa, y se sentó a su lado, golpeando la mesa con el puño.

- Y encima, me toca ayudar a Filch durante dos semanas, ¡sin varita! –murmuró con desánimo-.

- ¡Ja, ja! –exclamó Sirius con aire triunfador. Los otros tres le miraron interrogantes por su repentino buen humor. Él sonrió encantado-. ¡Te gano, Prongs! ¡McGonagall me quiere más a mi! Yo tengo que ayudar a Hagrid estas dos semanas. Él tiene mejor humor que el amargado de Filch.

Su amigo le miró de mal humor, pero al segundo siguiente, una malvada sonrisa decoró su rostro.

- Veremos si sigues tan contento cuando Hagrid te haga dar de comer a uno de sus bichejos.

Sirius no pareció tan contento al percatarse de eso. Peter le rió la broma a James, y Sirius, enfuruñado, le dio una colleja, sentándose a su otro lado.

- Cállate Wormtail. Tu amor por James te hace ver chistes donde no les hay.

Remus y James se rieron, pero no de Peter, sino por el enfado de Sirius. Peter, malinterpretando la situación, se sonrojó, bajó la cabeza a su plato, y no volvió a hablar. Los dos muchachos siguieron quejándose entre dientes, mientras la gente iba entrando al comedor, a medida que acababan sus clases. Remus escribió el punto y final, y guardó los pergaminos y la tinta en su mochila, antes de volverse hacia sus amigos.

- Se os está olvidando algo –dijo-.

- ¿El qué? –preguntó James con una ceja enarcada-.

- Hagrid se va muy fácilmente de la lengua.

- Eso ya lo sabemos, Moony. Si te ha costado siete años darte cuenta de eso, tal vez no seas tan listo como presumes –murmuró Sirius aún algo mosqueado-.

Remus sonrió, y le hizo un gesto a James, quien le dio una pequeña colleja a Sirius por encima de Peter. Remus se rió, y se inclinó para hablarles en voz baja, a lo que James, y un Sirius algo ofendido que se sobaba la nuca, se inclinaron también.

- Lo que no sabíamos es que también pertenece a la Orden del Fénix.

- ¿La Orden...? –preguntó James algo más alto, pero sin acabar la frase, dejándolo implícito-.

Al oír eso, Peter, que había estado ensimismado, se inclinó también, para ver de qué hablaban sus compañeros que tanto tenía que ver con esa organización.

- ¿Estás seguro de eso? –preguntó Sirius inseguro, mirando a la mesa de los profesores, donde Hagrid se estaba sentando en ese momento, tirando por el camino la mitad de la vajilla-. Porque a no ser que coja por la espalda a alguno y le lance al otro lado de la calle antes de que le hechice...

- Sí, estoy seguro –respondió Remus haciendo un ademán impaciente-. El otro día, cuando me fue a buscar al tren, se le escaparon unas cuantas cosas.

- Y más que se le podrían escapar –dijo James con una sonrisa traviesa-. Cosas como las que mi tío aún no me cuenta...

Remus asintió con la cabeza con la misma sonrisa que James, y miró a Sirius significativamente.

- Por una vez podrías usar tu habilidad para sacar de quicio a la gente para algo bueno, Padfood.

El aludido sonrió, como si le hubiera halagado.

- Haré lo que pueda.

- Sé sutil –se apresuró a añadir Remus-. Hagrid no es idiota.

Sirius le miró significativamente, aguantándose la risa, pero su amigo negó con la cabeza.

- No la líes, Pad. Intenta sonsacárselo poco a poco.

No siguió más con el tema, pues Lily y Grace ya estaban caminando hacia ellos, aún cargando sus mochilas, y con aspecto de cansadas. La rubia tenía un gesto de abatimiento bastante parecido al de Sirius y James.

- ¿Qué ha pasado? –se interesó su amigo cuando ella se dejó caer a su lado-.

- Me han jodido. Odio a esa profesora... ¡Nos ha hecho un exámen sorpresa el primer día! No creo haberlo aprobado...

Lily también parecía algo nerviosa, pues no vio a James, que fue a saludarla y se quedó, para gracia de Sirius, con los labios fruncidos esperando un beso, y empezó a buscar un término como loca en su libro de runas.

- Creo que he confundido el verbo con el pronombre. ¡Qué desastre! Si lo llego a saber, hubiera repasado anoche. Desde el fin de semana no he podido estudiar nada...

- Cállate Lily –murmuró Grace entre dientes-.

Era aún más tediosa la situación con ella, pues Lily se quejaba de pequeñeces, mientras que ella no había tocado un solo libro en todas las Navidades. Tenía que confiar en su natural capacidad para descifrar runas si quería aprobar ese examen, y no las tenía todas consigo.

OO—OO

Días después, Adam Potter aún seguía ingresado en San Mungo. Le quedaban tres días de cárcel, como él denominaba su estancia en el hospital. Ese día, su cuñada había pasado la mañana haciéndole compañía, pero hacía pocos minutos que la había convencido para que se fuera a comer. Lo cierto es que prefería ser desagradable con su hermano que con ella, lo cual habían averiguado, y aprovechaban para que no diera demasiado la lata. Ahora Dorea era la que iba la mayoría de los días a visitarle.

Solo, como se encontraba en ese momento, el tiempo pasaba más despacio. Le sorprendió oír un golpe en la puerta, símbolo de que alguien pedía permiso para entrar. ¿Quién podía ser? Los sanadores nunca llamaban, y su familia tampoco. Algo estúpidamente, pues al fin y al cabo si fuera un atacante, no avisará de su llegada, cogió su varita de la mesita, y apuntó con ella a la puerta, que en ese momento se abría.

La barbuda cara de Tomás Mendes asomó por la puerta, y una débil sonrisa le saludó. Viéndole apuntarle con la varita, negó con la cabeza, y entró en la habitación, dando paso a Andrea Divon antes de cerrar la puerta. Adam bajó la varita al reconocerlos.

- ¿Cómo te encuentras, Potter? –preguntó la mujer observando las vendas que cubrían los brazos y la espalda del desmemorizador-.

El hombre se encogió de hombros sin saber qué contestar, mientras analizaba a la mujer. Había sabido de la muerte de Ethan, y se preguntaba cómo llevaría el asunto su hermana mayor, quien siempre había sido muy sobre protectora.

- Mejor –contestó finalmente-. ¿Y tú qué tal, Divon?

Andrea recibió la pregunta como si la hubieran escupido a la cara. Era evidente, no estaba bien. Detrás de ella, Tomás le hizo un gesto a Adam para que cambiara de tema, y dejarán atrás la muerte del más joven.

Él lo captó, y cerró la boca, dispuesto a no preguntar más. Sin embargo, la mujer también le vio y comenzó a negar con la cabeza.

- No, Tomás. En el fondo he venido aquí para hablar con vosotros de ello.

- Y yo que pensé que venía a preocuparse por mi salud... –murmuró el hospitalizado entre dientes, ganándose una mala mirada de ella, con quien nunca había tenido una relación muy estrecha-.

La mujer siguió como si él no hubiera intervenido.

- Hemos hablado con Dumbledore, Potter. Sobre las cajas elementales. Él está convencido de que la bola de fuego que asoló el Callejón Diagon, es una prueba clara de que Voldemort ha conseguido la caja del fuego. Y dado como se encontraba el lugar donde encontramos el cadáver de mi hermano, no nos caben muchas dudas.

- Ahora tiene en su poder una de las cuatro –añadió Tomás-. Y eso puede ayudarle a localizar las demás. Estamos más expuestos que nunca.

Adam les escuchó atento, paseando su mirada de una a otro. Por fin tenía más detalles sobre lo que había ocurrido. Así que verdaderamente Voldemort había conseguido tener acceso a la caja de Ethan. Era una posibilidad que se planteó tras saber su muerte, pero esperaba que le hubieran matado al no querer revelar el paradero.

- ¿Creéis que le torturaron para que confesase? Pero, de toda formas, ¿cómo podían saber que la tenía él?

Andrea se encogió ante la idea de su hermano pequeño siendo torturado, pero fue práctica y recompuso su expresión rápidamente.

- La teoría que trabaja Dumbledore es que ya sabían de antemano donde estaban tanto Ethan como la caja –explicó Tomás-. Todo indica que le asesinaron en ese mismo lugar, y allí era donde la tenía escondida...

- Pero no sabemos cómo han podido averiguarlo. Aparte de nosotros, solo Dumbledore sabía quienes custodiamos las cajas. Y, sinceramente, creo que lo mejor será que ninguno sepa donde la tienen los demás, dadas las circunstancias.

Tomas y Adam se miraron un segundo. Ambos sabían donde la guardaba el otro. En el caso de Tomás ninguno estaba especialmente preocupado, pues aunque averiguaran que la tenía escondida en Gringotts, era casi imposible acceder a una bóveda de alta seguridad. Y Adam pensaba sacar la caja de Hogwarts, y de cerca de James, en cuanto pusiera un pie en la calle.

- De todas formas, creo que si alguno averigua algún encantamiento protector más, sería de gran ayuda que se lo dijera al resto. Ahora los tres corremos el mismo peligro, y unidos somos más fuertes.

Andrea y Adam asintieron seriamente ante las palabras del más viejo del grupo. Todos estaban apesadumbrados. Aquello se les estaba yendo de las manos.

Una hora después, Tomás y Andrea abandonaron la habitación del hombre en absoluto silencio. Ambos caminaron a paso lento por los pasillos, sin pronunciar una sola palabra. Cuando llegaron al vestíbulo, Tomás se giró hacia su compañera, quien, últimamente, parecía más pequeña y cansada que nunca.

- Yo me voy a casa, tengo la tarde libre. ¿Quieres que te acompañe al Ministerio, Andrea?

- No, gracias Tomás –respondió la mujer sonriendo levemente-. Creo que voy a pasarme por la habitación de Frank, para saber cómo va. Hace varios días que no veo a Alice, y no he podido preguntarla.

Con un gesto vago, ambos cooperantes de la Orden del Fénix se despidieron. El señor Mendes se dirigió presuroso hacia la salida, y Andrea, cuando le vio desaparecer por la puerta, se giró hacia el panel que explicaba cada planta del hospital, y comenzó a buscar la que supuestamente debía hospedar a su compañero.

"Daños provocados por hechizos. Cuarta planta".

Sí. Allí debía ser. Bode la había comentado que le habían ingresado en una habitación privada, la sexta de la izquierda. ¿Seguiría allí? Con cautela, caminó hacia el lugar indicado, y llamó suavemente a la puerta. Cuando esta se abrió, la primera sensación que la dio fue que se había equivocado.

Al otro lado, un anciano hombre de rostro amable la miraba interrogante. Detrás de él, la que parecía ser su esposa, una mujer de aspecto severo, la miraba con el ceño fruncido, como si estuviese preparada para lanzarla una maldición ante el más mínimo gesto.

- Disculpen. Creo que me he...

- ¡Andy!

La voz de Alice la llegó desde dentro de la habitación, y la muchacha se abrió paso entre los dos ancianos para darla un abrazo. Aún notaba en su espalda la mirada de ambos, que debían ser los padres de Frank, pero ella se dedicó a observar a Alice, quien estaba tan delgada y ojerosa que no parecía ella. Sin embargo, una sonrisa adornaba su redonda cara. Una mucho más sincera que la última que había visto.

- ¿Cómo va todo? –preguntó, queriendo saber si su mejoría de humor tenía que ver con Frank-. Vine a ver a Potter, y se me ocurrió pasar. No sé si...

- Sí, sí, puedes pasar. Frank despertó ayer.

A la joven la brillaron los ojos al poder dar buenas nuevas de su marido, y Andrea sonrió sinceramente por primera vez desde la muerte de su hermano.

- Alice, ¿por qué no pasáis dentro? –propuso el anciano con un amable ademán-. Aggui y yo iremos a tomar algo a la cafetería.

La aurora se mostró conforme, y el matrimonio se marchó para dejarlas espacio. La mujer aún se volvió una vez para observarla con el ceño fruncido.

- Son mis suegros –la susurró Alice al darse cuenta que su amiga la respondía la mirada indecisa-. La madre de Frank es un poco recta cuando no la conoces. Pero es una buena mujer, y quiere mucho a su hijo. Se ha llevado un gran susto con lo ocurrido, y está algo susceptible con las visitas de alguien de la Orden.

- Parecía capaz de echarme un maleficio.

Alice se rió en voz baja.

- Te habrías visto en problemas, entonces. Fue campeona de duelo cuando era joven. Temperamento de hierro y una gran fiera interna. Una mezcla peligrosa, dice mi suegro.

Dentro de la habitación, y recostado contra el cabecero de la cama, estaba Frank, saludándola con una temblorosa sonrisa. Quitando la palidez de su ted, y la venda que rodeaba su cabeza, estaba igual que siempre. Su aspecto era mucho mejor que el que había visto en Charing Cross, cuando le creyó muerto. Lo cierto es que entonces parecía un cadáver.

- ¿Cómo vas, muchacho?

- Por fin en el mundo de los conscientes –respondió el joven auror bromeando-.

- Nos has dado un buen susto –le contestó con una leve sonrisa. Miró a Alice, que inconscientemente iba acercándose a él, y su sonrisa aumentó-. La pobre Alice parecía un fantasma. Estaba muy preocupada por ti.

Frank sonrió más ampliamente, y con la punta de los dedos acarició el dorso de la mano de su esposa. Ella sonrió, algo azorada.

- Eso ya lo sabías, Frank. No necesitas que Andy te lo cuente.

- Sí. Me di cuenta que algo preocupada sí estabas, cuando desperté y te me echaste encima sin consideración.

Andrea comenzó a sentirse incómoda allí. La daba la sensación que sobraba. Ambos parecían haber olvidado su presencia allí, a juzgar por cómo se miraban. No hicieron nada indecoroso, sino que Alice alisó con tanta ternura las sábanas de la cama, siendo seguida por la mirada de su esposo, tan intensa, que el momento parecía más íntimo que sí se hubieran besado. Así miraba ella a Alec hacía diez años.

- ¿Cómo están los demás? –preguntó Frank a Andrea cuando la vio distraída-. Alice me ha dicho que hubo una batalla, y aquí solo a aparecido Moody ¿Están todos bien?

Andrea miró extrañada a Alice, que la hizo un ademán, indicándola que más tarde la explicaba.

- Sí, sí. Todos bien. –dijo con algo de inseguridad-.

- ¿En serio? –preguntó el auror, mirándola suspicazmente-. Te has puesto pálida. ¿Seguro que no hay nada? ¿Benjy, Adam, Dorcas, Ethan...? ¿Todos bien?

La mujer sintió un nudo en la garganta ante la mención de su hermano. Sin embargo, controló su expresión, pues debía haber un buen motivo para que Frank no supiera nada. Se forzó a esbozar una sonrisa, y se la dedicó al chico, que iba frunciendo el ceño cada vez más.

- Sí, todos bien –aseguró-. Y ahora que has nombrado a E-Ethan, me has recordado que había quedado en... Ya se me ha pasado la hora.

Se acercó a él torpemente, y se detuvo a los pies de la cama. Extendió el brazo, y le agarró la pierna en una caricia cariñosa.

- Me alegro que estés mejor. Espero que te den el alta pronto, y podamos tenerte entre nosotros. Tú cuídate.

- Te acompaño, Andy –se apresuró a ofrecerse Alice-.

Cuando estuvieron fuera de la habitación, y la más joven hubo cerrado la puerta a sus espaldas, ambas cambiaron el gesto.

- ¿Por qué no sabe nada de...?

- Ha perdido la memoria –la confesó la chica con los ojos brillantes-. No del todo, como ya has visto. Solo que no recuerda nada de ese día. Lo último que puede recordar, es que salió de su guardia del Ministerio, pero ya no sabe cómo llegó a casa.

- ¿Es por el golpe? –preguntó Andrea llevándose una mano a la frente, simbolizando la venda que el hombre llevaba alrededor de la cabeza-.

Alice asintió con la cabeza, mirando por encima de su hombro la puerta cerrada.

- Estaba tan indefenso, se sentía tan inseguro... No he tenido corazón para contarle todo lo que ha pasado. Le he dicho que hubo un ataque, y que a él le dieron en la cabeza, pero que en general, a nadie le pasó gran cosa. Tampoco he sabido cómo contarle lo de Ethan. Los sanadores dicen que aún está muy sensible anímicamente, y Moody me ha aconsejado dejarlo para más adelante.

Andrea asintió con la cabeza, comprendiendo la situación.

- ¿Y creen que recuperará algún día la memoria?

- Los sanadores dicen que depende mucho de su subconsciente. Puede que recuerde todo con el paso de los días, que solo recuerde partes, o que no recuerde nunca –suspiró, apartándose el pelo de la cara-. Si te soy sincera, no me preocupa mucho eso. Afortunadamente solo ha olvidado los hechos más recientes, y no eran dignos de ser recordados. En parte quisiera poder yo hacer lo mismo. Aún me despierto por las noches, y me parece oler la carne quemada de la gente. Esa gran bola de fuego...

Se estremeció, y Andrea con ella, al pensar en esa caja en las manos equivocadas. Y también recordó ese olor, y los gritos de dolor. En parte también ella querría perder la memoria: Para olvidar ese día, la imagen de su hermano muerto en el suelo, el vacío que sentía en el pecho cada vez que lo revivía...

OO—OO

Al día siguiente, ocho de enero, hacía seis días de la vuelta al curso en Hogwarts. Si la semana anterior un torrencial de lluvia había impedido las clases de determinadas asignaturas, la cosa no parecía mejor ese día.

A pesar de ser las nueve de la mañana, el Comedor tenía las luces encendidas, pues el cielo estaba tan oscuro que parecía de noche, y unas salvajes nubes sobrevolaban el castillo. Lo más probable era que a lo largo del día cayera una capa de nieve sobre el lugar.

Grace entró a desayunar algo tarde, cuando todos sus amigos estaban ya acabando.

- Menuda hay montada en el vestíbulo –les informó con un gesto exagerado con las manos-.

- ¿Por qué? ¿Acaso regalan escobas de carreras? –bromeó Sirius, echando un montón de miel a sus torrijas-.

Grace sonrió divertida.

- Aquí iba a estar yo, de ser así. –contestó con aire de suficiencia-.

- Y yo ya me habría enterado –añadió James con obviedad-.

- Entonces, ¿qué pasa? –preguntó Kate con curiosidad-.

- Los de la beca se van hoy –dijo Gis de pronto, sacando la cabeza de su tazón de cereales-.

Era la primera vez que hablaba esa mañana, y aún tenía los ojos rojos. Todos la miraron extrañados, y ella les devolvió una mirada sorprendida.

- ¿No os acordabais? Merlín, y luego la que no se entera de nada, soy yo...

De inmediato, como si se hubiesen puesto de acuerdo, todos se giraron para comprobar que, efectivamente, faltaban varios alumnos de cada casa, y alguno de los que estaba sentado parecía más pendiente de lo que ocurría en el vestíbulo, que en la mesa.

Lily fijó su atención en la mesa de Hufflepuff, y la recorrió de una punta a otra. Mark no estaba por ningún lado, y ninguno de sus amigos tampoco. Al darse cuenta, se levantó de golpe, haciendo que James, que estaba medio apoyado en ella, trastabillara.

- ¿Dónde vas? –la preguntó su novio-.

- A despedirme antes de que se vaya –fue su única respuesta-.

Comenzó a caminar a paso acelerado hacia la entrada del castillo, hasta que se encontró cara a cara con un gran grupo de gente, que hablaba a voces, y se mezclaban unos con otros. Le costó encontrar a su rubio ex novio, pero por fin le encontró en medio de un gran grupo de gente. Estaba hablando con Roger, apretando fuerte los brazos de su amigo, que parecía más serio de lo habitual. Otros dos amigos parecían reírse de buena fe de la emoción del más bajito, pero Mark le decía algo seriamente, con una pequeña sonrisa en sus labios, y después le dio un fuerte abrazo. A su lado, como siempre, estaba Sam. Casi la dio lástima la triste expresión de sus ojos, viendo cómo le acariciaba con cuidado el hombro. Tenía que reconocer que, pese a todo, esa chica era fiel a Mark.

Tan rodeado estaba, que Lily no se sintió cómoda metiéndose en medio. Si podía acercarse a él más tarde, lo haría, pero no quería interrumpir ese momento. No obstante, fue él quien la vio a ella. Cuando giró la cabeza para prestar atención a algo que le decía Sam, captó un tono rojizo en el aire, y la miró fijamente a los ojos. Lily se sintió muy culpable al ver cómo se iluminaba su cara, y la sonreía soñadoramente. Era evidente que aún sentía algo por ella, y la pelirroja pocas veces se sintió tan culpable al darse cuenta que para ella ya no significaba nada en absoluto.

- Lily...

Antes de que pudiera reaccionar, Mark ya estaba delante suyo, mirándola fijamente a los ojos. Ella atinó a sonreírle amistosamente, e ignorando la mirada afilada de Sam, se centró en él.

- No sabía que era hoy cuando te marchabas. Habría venido antes.

Quería que le quedara claro. No podía corresponder sus sentimientos por nada del mundo, pero sí le tenía mucho cariño, y seguramente se lo tendría toda la vida. Él pareció más contento con su declaración, como si con eso se conformase.

- En veinte minutos sale el traslador. Sprout me acompañará a Beauxbatons, para que no tenga que ir solo, y a la noche nos presentarán, a mi y a los otros nuevos.

- Cuidado con las chicas francesas –le dijo en broma-. Dicen que son muy lanzadas.

- Sinceramente, dudo que yo tenga problemas con eso –la respondió él sonriendo-.

Lily negó con la cabeza. Ese chico no era consciente de sí mismo. Tanta timidez e inseguridad no le dejaban ver lo especial que era. Claro que, le recordó una vocecita en su interior, ella también se había encargado de provocarle más inseguridad dejándole por otro. Carraspeó, intentando acallar esa molesta voz, y sonrió sinceramente.

- Te vamos a echar de menos por aquí, Mark.

Él asintió algo inseguro.

- Eso dicen ellos...

Señaló vagamente a sus amigos, que parecían pendientes de su conversación, pese a que intentaban hacer ver que hablaban entre ellos.

- Tus padres están muy contentos, ¿no?

- Sí –admitió él con una sonrisa mayor-. Bueno, mi madre lloró, pero ya sabes como son las madres...

La pelirroja se echó a reír, imaginándose la escena. Sabía que los padres de Mark no podían costearse mucho dinero en su educación, y consideraban que aquella era una oportunidad única. Y lo cierto es que él se lo merecía más que nadie.

- La verdad es que si no llegas a venir, habría ido yo a despedirme –la confesó sonrojándose ligeramente-. No es que quiera molestarte, pero...

El muchacho había levantado la vista un segundo, y se había quedado mirando algo detrás de ella muy concentrado, y repentinamente incómodo. Percatándose de ello, Lily se dio la vuelta, y se encontró a James recostado contra una columna, observándoles seriamente.

Le miró a los ojos, captando su mirada entornada por detrás de las gafas, y rogó a Merlín para que su novio no montase una escenita innecesaria. Mark también parecía pensar que James iba a hacerlo, pues se había tensado al lado de ella. Lentamente, como si planease con cuidado cada paso, el moreno se incorporó, y comenzó a caminar hacia ellos con parsimonia. Llegó hasta ella, poniéndose a su lado, y Lily sintió su mano izquierda rodear su cintura posesivamente.

Estaba a punto de gritarle lo imbécil que era, cuando le vio sonreír, y ofrecerle la otra mano a Mark, que se la estrechó algo inseguro.

- Espero que te vaya muy bien, Bennet. Enséñales de qué estamos hechos en Hogwarts.

Mark sonrió ampliamente, al ver su buen humor, y Lily se relajó, mirándoles a ambos con una sonrisa.

- Haré lo que pueda –se giró hacia Lily para sonreírla, y les miró a los dos-. Tengo que ir yéndome ya. No tardarán en venir a buscarnos. Mucha suerte en los EXTASIS, Lily. Espero verte pronto.

- Yo también lo espero, Mark. Escríbeme cuando vuelvas a Londres.

Se deshizo del abrazo de James, y avanzó para darle un corto abrazo, que él apretó durante un segundo. Después Mark se dirigió a James, y le tendió la mano de nuevo.

- Cuídala Potter, que vale oro.

- Eso ya lo sé yo –le contestó James con una sonrisa, volviendo a atrapar la cintura de Lily-.

- Espero que os vaya todo bien.

Esas palabras fueron las últimas que les dijo, antes de volverse hacia sus amigos, y hacer caso por fin a lo que Sam quería decirle.

OO—OO

Jeff sentía que se le partía el corazón al ver a Nicole llorar. Era la primera vez que lo hacía desde que se conocían, y él no sabía bien cómo reaccionar. Ella estaba enganchada al cuello de una chica bastante más alta que ella, y de una corta melena oscura. Era Eleine, su mejor amiga, quien ese día se iría a Italia como la representante de quinto curso. Estaba tan emocionada como su amiga, aunque eso no era una sorpresa. Ambas se parecían mucho, o mejor dicho, eran completamente iguales. Si una Nicky revolucionaba todo el ambiente, figúrense dos.

Él estaba apartado, mirándola algo alejado, y dejando que los amigos y amigas de la chica pudieran despedirse a gusto. Cuando McGonagall llegó a buscarla, Eleine echó una última mirada a todos sus amigos, y volvió a abrazar a Nicole por última vez, que aprovechó para darla un último consejo.

- ¡No hagas mucho caso de los chicos italianos, que esos son muy zalameros!

- A mi mientras me digan es de "ti amo, cara mía", me vale... –bromeó la chica, y ambas se echaron a reír entre lágrimas-.

Jeff avanzó inseguro. No era íntimo de la chica, pero sí la había tratado bastante desde que salía con Nicole. Eleine lo vio y, tan loca como su mejor amiga, le dio un abrazo ni corta ni perezosa. Él estaba visiblemente incómodo, y a ella no parecía importarle.

- Si no me la cuidas, vuelvo, y al lado mío, tu padre es un santo, chaval.

Lo decía en broma, quitándole hierro al asunto. Con los amigos de Nicole había tomado la misma incómoda medida que con el resto: utilizar la versión de que aunque su padre fuera un mortífago, él no lo apoyaba. Y sus jóvenes amigos le habían considerado el hijo auto renegado de un asesino, como ocurría con Sirius Black y su familia. Si este se reía de su prima, no veían por qué Jeff no iba a hacer lo mismo.

Compuso una nerviosa sonrisa, y al instante sintió la mano de Nicole tomar la suya, como siempre que salía un comentario de ese tipo.

- Pásalo muy bien. –la dijo únicamente-.

McGonagall, que era la única profesora que había aparecido por el momento, no parecía tener mucha paciencia, y enseguida se llevó a la emocionada, y a la vez triste muchacha.

OO—OO

- ¿Me echarás de menos?

Regulus estaba contando los segundos para que Yaxilia se marchara de una vez. Habían sido seís días realmente agotadores. La chica parecía haber tomado muy en serio el compromiso, tanto, que parecía que sus sentimientos eran reales. Y Regulus comenzaba a temer que así fuera. El problema radicaba en que ella consideraba que él también se sentía igual.

Suspiró, viendo cómo ella le echaba las manos al cuello, y le miraba a los ojos esperando una respuesta. ¿Con esa chica tendría que pasar el resto de su vida? Le llenó de repente una horrible desesperanza al pensar en esa realidad. No creía poder soportarlo. Sin embargo, tampoco se sentía capaz de hacerla daño intencionadamente, por lo que apartó un momento la vista, y asintió con la cabeza.

En realidad Yaxilia no necesitaba más motivaciones para acercarse de golpe, y plantarle un beso en la boca. Era una chica cariñosa, y se desvivía por agradarle en cada momento. Siempre pendiente de él y sus necesidades. Quitando algunos defectos muy evidentes, no estaba mal del todo. Pero era incapaz de sentir nada por ella. Sus besos le sabían a plástico. Y así sería siempre. ¡Menuda mierda de futuro le esperaba! Al menos los siguientes seis meses, sería libre...

Entre Remus y Grace, Sadie observaba la escena, con la indignación creciendo dentro de ella. ¿Cómo alguien con tanto carácter y una personalidad tan arraigada como Regulus, se dejaba manejar de esa forma? Era evidente que no le gustaba esa situación, y sin embargo dejaba que la chica hiciera con él lo que quisiera. Y luego el tema del ataque... Él sabía que estaba mal. Lo veía en su mirada, que no estaba de acuerdo con eso de matar indiscriminadamente, pero era tan corto de miras, que no osaría jamás llevarle la contraria a su familia. Era frustrante...

- Aún me pregunto qué le ha pasado –escuchó susurrar a Grace-. En serio que no quiero pecar de egocéntrica, pero hasta hace tres meses besaba el suelo que yo pisaba, pero ahora mírale con Yaxilia Selwyn. Y quiero pensar que ella y yo no nos parecemos en nada. ¿Tanto le han cambiado los gustos?

Sadie quiso contestarla lo creída e infantil que la parecía en ese momento, pero sin querer, de su boca salieron otras palabras.

- No está con ella porque quiere. Sus padres les han comprometido, y ella parece muy emocionada al respecto.

Pensó que Grace se pondría a hablar a toda velocidad sobre el nuevo cotilleo, pero cuando no habló, se giró a mirarla y la vio con la boca abierta, mirando fijamente a la pareja.

- Así que Sirius tenía razón... ¿Un compromiso matrimonial? –Sadie asintió, y Grace emitió un silbido-. Entonces está jodido. Siendo como es él, Regulus jamás se echaría atrás en algo que le imponga su familia.

A Sadie no la quedó más remedio que asentir, de acuerdo con ello. Algo en la expresión de Grace, la hizo suponer que el destino de él importaba bastante a su rubia compañera, y aquello la fastidió más que ver a Yaxilia Selwyn engullir los labios de Regulus Black.

OO—OO

Esa tarde se suspendieron todas las clases, a la espera de los alumnos llegados de otros colegios. El castillo era un hervidero de rumores, y todo el mundo se preguntaba cómo serían sus nuevos compañeros. Después de la clase de Transformaciones, James, Lily y Remus se sorprendieron cuando McGonagall les paró a los tres, y les envió al despacho del director Dumbledore. La pelirroja consideró durante un momento que su novio y su amigo se hubieran metido en un lío, y ella estuviera en medio. Sin embargo, la expresión de desconcierto de los chicos desmentía su rumor.

Cuando llegaron al despacho del director, Dumbledore ya les estaba esperando. Les hizo pasar con un gesto amable, y, sonriendo, les condujo al fondo del despacho, donde ya esperaban tres personas. Los nuevos becados habían llegado.

Al lado del director, se encontraba el que parecía ser el mayor del grupo. Era un chico atractivo, que les saludó con una simpática sonrisa. Tenía el pelo castaño claro, cortado a lo casco, y los ojos marrones. Era más o menos de la altura de James, algo más bajito que Remus, y le sacaba la cabeza a Lily, a la que sonrió más ampliamente.

A su lado, una chica con aspecto de niña pequeña, miraba nerviosamente a todas partes sin atreverse a fijar la mirada en los ojos de ninguno. Era muy bajita, tanto o más que Gisele, con el pelo castaño oscuro recogido en una trenza baja, que estaba medio desecha, y llevaba las manos metidas en los bolsillos de una ancha túnica.

Por último, una muchacha de increíble belleza les sonreía nerviosamente. Tenía el pelo castaño, con destellos dorados recorriendo su larga y perfecta melena, que le llegaba por la cintura. Su piel era muy blanca y sin ningún tipo de imperfección, observó Lily, haciendo una mueca al acordarse de sus pecas. Y sus ojos... Sus ojos eran de un azul tan claro que parecían cubitos de hielo.

Tanto James como Remus la miraban con la boca abierta, y sin poder reaccionar. Solo esa chica ocupaba el pensamiento de ambos, que no parecían ser conscientes de su alrededor. Lily gruñó con voz bastante audible, y captó de reojo que Dumbledore y el chico recién llegado reían con disimulo. ¿Dónde estaba la gracia? Su novio y su amigo estaban observando a esa chica como si fuese un pedazo de carne, y no se molestaban en fingir delante de ella. Ni siquiera James.

Enfadada y a punto de estallar, miró al director intentando controlarse para no armar una escenita allí en medio. El anciano, aún con la sonrisa divertida, les habló por fin.

- Les presento a Marco Mancini, que a partir de mañana cursará el mismo curso que ustedes tres. Viene de "Gian Incantato", una Academia de Magia Italiana. Esta encantadora muchacha –añadió señalando a la chica bajita-, es Tara Eidem, que procede de Durmstrang, y estudiará junto a los de quinto curso. Es una alumna brillante en su escuela, por lo que estoy seguro que será un gran ejemplo para sus compañeros. Y, la señorita con la que están siendo tan indiscretos, se llama Cynthia Neveu, que se ha trasladado desde Beauxbatons para acompañar a los estudiantes de sexto curso.

Esperó haber si alguno reaccionaba, pero James y Remus aún miraban boquiabiertos a la última chica, que estaba claramente incómoda. No parecían haber oído nada de la presentación del director. Lily estaba entre ellos, contando hasta cien antes de matar a su novio delante de Albus Dumbledore y otro tres desconocidos.

- Veréis, ellos son James Potter, Premio Anual del colegio, Lily Evans, la otra Premio Anual, y Remus Lupin, uno de los prefectos. Los tres son alumnos destacados y amables, que espero, me hagan el favor de enseñarles sus casas y el resto del castillo.

Lily se volvió hacia él con curiosidad, pero los dos chicos continuaron igual. Dumbledore se explicó:

- He creído que los chicos nuevos se sentirían más cómodos si interactuaban con gente de su edad, y no con los profesores. Y dado que el Sombrero Seleccionador se niega a ayudarnos con la selección de alumnos que no fueron inscritos por la pluma mágica, hemos decidido colocarles en los lugares vacantes que han dejado esta mañana.

- El señor Mancini irá a la casa Hufflepuff en el lugar del señor Bennet, la señorita Eidem ocupará el sitio de la señorita McGuire en Gryffindor, y la señorita Neveu se instalará en Slytherin, en el antiguo dormitorio de la señorita Selwyn. Sería muy amable de su parte, si cada uno le enseña a cada alumno su zona común, y el resto del castillo en general. Con su rango pueden acceder a todas las casas sin problemas, ya lo saben.

Harta de esa situación, Lily le pisó con fuerza un pie a James, y rápidamente volvió a mirar a los tres nuevos. Pudo notar que su novio por fin reaccionaba, y la miraba confuso, pero ella se hizo la desentendida.

- ¿Que cada uno acompañe a un alumno? –preguntó de nuevo, queriendo asegurarse-.

- Sí, señorita Evans. Verá, había pensado....

- Yo acompañaré al señor Mancini –se apresuró a ofrecerse-.

Fue lo primero que se la ocurrió que pudiera molestar a James, a quien, de reojo, vio abrir la boca como si fuese a decir algo. Dumbledore no parecía conforme, y de hecho no lo estaba, pues su intención era que Lily acompañara a la estudiante francesa, pues era la que menos problemas daría al acercarse a Slytherin, y así la chica estaría más cómoda sin miradas obscenas.

Sin embargo, la pelirroja no dejó hablar a nadie, pues estaba algo cegada de la rabia. Rápidamente guió fuera del despacho al chico, que aún se veía divertido, y parecía bastante contento.

Los primeros minutos, Lily iba a paso rápido, ignorándole, pero él no parecía dispuesto a pasar desapercibido.

- Te agradezco que me acompañes –la dijo intentando seguirla el paso-.

Hablaba muy bien su idioma, pero tenía un fuerte acento italiano, que le hacía arrastrar las últimas sílabas, y parecía como si estuviese cantando en lugar de hablando. Su voz era grave y agradable, como la de un locutor de radio.

Lily se dio cuenta de lo descortés que estaba siendo, y disminuyó el paso para ir a la par que él, y le sonrió amablemente. Él no tenía la culpa de que su novio fuera idiota.

- Disculpa mi comportamiento –le dijo con una sonrisa humilde-.

- No te preocupes –contestó el con una sonrisa-. Me llamo Marco Mancini.

- Lily Evans –repitió ella ampliando su sonrisa-.

De pronto el chico la detuvo en medio del pasillo, y, cogiéndola la mano, se la besó galantemente.

- Piacere conocerla –dijo con un perfecto italiano-. ¿Te han dicho alguna vez que tus ojos son moltos bellos?

Lily enarcó una ceja. Así que iba de ese palo. Sí, daba el pego. No era, ni mucho menos, Sirius Black, pero era bastante atractivo, tenía una bonita voz, sabía exactamente cómo encandilar a una chica, y por si fuera poco, contaba con la ventaja de ser italiano, y manejar a la perfección un idioma que tenía encandiladas a las mujeres. No tendría problemas para tener ese tipo de compañía en Hogwarts, pero, desde luego, no sería la suya.

En otra situación habría sido borde con él por intentar utilizar semejante truco con ella, pero estaba enfadada con James, y quería fastidiarla tanto como él la había fastidiado a ella. Por eso hizo una mueca parecida a una sonrisa, y continuó caminando.

De reojo vio la sonrisa de Marco, indicio de que el chico no era de los que se desilusionaba rápido.

- ¿Tú vas a esa casa, Hufflepuff?

- No –contestó secamente. Se arrepintió casi en el acto, pues recordó que la intención de Dumbledore era que se sintieran cómodos-. Discúlpame –suspiró-. Hoy estoy bastante antipática, pero yo no suelo ser así. Es que me ha molestado la escenita del despacho.

No pudo evitar utilizar un tono pedante, imitando las caras de James y Remus. Marco se echó a reír divertido.

- No se lo tengas en cuenta. Ellos no pueden evitarlo.

- ¿Ser idiotas? –preguntó Lily con ironía-. Ya sé que no pueden evitarlo. En cuanto hay una chica guapa, ¡a hacer el imbécil!

Marco volvió a reírse, esta vez en voz baja.

- A mi me pasó lo mismo cuando llegué al despacho. Se me quedó la misma cara que a ellos.

Lily frunció el ceño molesta.

- Dumbledore me lo explicó todo –se apresuró a añadir al ver su cara-. Cynthia es medio veela. Está en su naturaleza llamar esa atracción en los hombres. No es culpa ni de ella, ni de los demás. ¡Es cierto! –exclamó cuando Lily le fulminó con la mirada-.

La pelirroja bufó en voz baja, y se apartó el pelo de la cara. Había estudiado sobre la veelas, y la reacción que producían en los hombres, pero no acababa de creerse aquello. Ella solo había visto a una chica preciosa, y dos babosos que la desnudaban con la mirada. Agitó la cabeza, ignorando esos pensamiento, y se puso en plan prefecta.

- Bueno, antes me preguntabas si iba a Hufflepuff, pero no. Yo soy Gryffindor, igual que ahora lo es esa chica, Tara. Eso sí, los Premios Anuales tenemos una torre propia, y si necesitas cualquier tipo de ayuda puedes acudir a nosotros sin problema. El lugar vacante que vas a ocupar pertenece a Mark Bennet, un chico realmente encantador. Sus amigos son muy agradables e inteligentes, seguro que os lleváis bien.

- Pareces conocer bien a todo el mondo –comentó el muchacho algo impresionado por el orden con que lo llevaba todo-.

Lily sonrió halagada.

- Bueno, soy la Premio Anual, es mi deber. De todos modos, él concretamente fue novio mío una temporada, por lo que le conozco mejor.

Marco había enarcado las cejas, y la sonrió, aclarándose la garganta para conseguir el tono de voz que quería.

- Pero ya no, ¿no? –preguntó seductor-.

- No. Ya no. –contestó Lily algo incómoda, viendo la dirección que tomaba esa conversación-.

El chico sonrió satisfecho, y comenzó a escrutar el castillo con curiosidad. Estaban bajando por la escalera hacia el vestíbulo, y Lily notaba las miradas sobre ellos, observando al chico con curiosidad. De pronto Marco volvió a hablar.

- ¿Mark Bennet dices que se llama?

- Sí –contestó ella sin encontrar su interés-.

Él asintió con la cabeza pensativamente.

- Bennet... muy inglés –dijo en broma. Lily le miró interrogante, y Marco amplió la sonrisa-. Elizabeth Bennet. Orgullo y Prejuicio, de Jane Austen.

Lily estaba completamente asombrada. ¡Un chico que había leído a Jane Austen! Daban ganas de sacarle una foto.

- ¿Has leído a Jane Austen? –preguntó eufórica-. ¡La mayoría ni han oído hablar de ella! ¡Es mi escritora favorita!

- Bueno, tienes que disculparles, es una autora muggle, así que es normal que la mayoría no sepan.

- Pero tú sí has leído literatura muggle –apuntilló Lily con una amplia sonrisa-.

- Mis padres son muggles, así que hasta los once años fui criado como uno –explicó Marco, algo inseguro sobre si Lily era una de las personas a las que era seguro contárselo. Aunque si leía a Jane Austen, no podía ser tener mala opinión de los muggles-.

- Yo también soy hija de muggles –le contó Lily con una creciente simpatía-.

Marco sonrió más aún.

- Vaya. Parece que tenemos muchas cosas en común. Me pregunto cuantas más...

La sonrió seductoramente y se acercó con peligro. Antes de que pudiera arrinconarla contra la pared, Lily le detuvo llevando su mano al pecho del chico.

- Lo siento, pero tengo novio, y no me parece correcto este trato que me estás dando –le dijo poniendo distancia entre ellos-.

El chico pareció algo desilusionado con esa revelación, pero tras pensarlo unos segundos, hizo una mueca con la cabeza, se encogió de hombros, y dijo:

- Vaya. Lo siento –dijo sinceramente.- Pensé que no estabas con nadie, por como dijiste que ya no estabas con el otro.

Lily sonrió, intentando quitarle incomodidad al ambiente. Parecía que Marco no sabía cómo reaccionar tras haber metido la pata.

- Porque ahora estoy con James –le aclaró-.

Pese a su sonrisa, el chico vio su intención de poner distancia, y levantó las manos, indicando que no las tendría en otros lugares. Compuso una inocente sonrisa, y exclamó:

- Tranquila, no voy por la vita robando novias. Solo busco pasarlo bien sin hacerle daño a nadie, así que solo me liaría con alguien que busca lo mismo que yo, dejándolo claro desde el principio.

Lily asintió. Merlín bendito, esperaba que Grace no conociera al chico... ¿Qué estaba diciendo? ¡Por supuesto que se conocerían! Ya sabía ella como era su mejor amiga. Y más ahora que se había vuelto a colar por Sirius. Conociéndola, intentaría sacar un clavo con otro clavo. Esa técnica no la gustaba en absoluto a Lily, pues consideraba que solo provocaba enredos innecesarios. Después de estar un rato en silencio, el chico pareció percatarse de algo.

- Uno de los chicos que estaban en el despacho se llamaba James.

- Sí, es él... cuando deje de babear por esa, se acordará que tiene novia. Espero. –bufó Lily en voz baja-.

Marco volvió a reírse.

- Ya te he dicho que debes disculparlos. Nosotros no podemos evitarlo, es cosa de la testosterona, supongo. No son chicas normale que son muy guapas, sino que tienen una atracción especial, como mágica. Ellas tampoco tienen la colpa. Es el primer impacto, después, cuando te acostumbras, ya es otra ragazza más, solo que increíblemente llamativa...

Lily asintió esperando que fuera cierto, pues sino tendría que descuartizar a James. Ese chico, Marco, la caía bien, exceptuando los momentos en que intentaba ligar con ella. Se veía un chico sincero y respetuoso, al menos.

OO—OO

En el despacho de Dumbledore, James miraba hacia la puerta muy enfadado, con los puños apretados ambos lados del cuerpo. Estaba más enfadado que esa misma tarde, cuando vio a Mark Bennet mirar a Lily como si fuese una diosa del Olimpo. Al menos él era de fiar, y la tenía en un altar. El imbécil con el que se había marchado, la miraba como a un trozo de tarta de melaza, y se había mostrado extremadamente contento de ir con ella.

Pero era Lily la que había empezado. ¿Qué narices la pasaba? ¿Lo hacía para fastidiarle? Porque él también podía hacerlo. Se aseguró de tener la mirada apartada de esa chica, que era tan guapa que le dejaba atontado, y se concentró en lo que decía el director Dumbledore, quien ya tenía que repetirse por tercera vez.

- Haber. Como la señorita Evans se ha ofrecido a acompañar al señor Mancini -¿Así se apellidaba feto ese?, pensó James con desprecio-, yo he pensado, que el señor Lupin...

- Ya acompaño yo a esta –dijo James toscamente, señalando a la hermosa chica-.

No sabía cómo narices se llamaba, ni le importaba, pero si Lily se iba tranquilamente por ahí con un guaperas baboso, él también podía jugar a ese juego.

Dumbledore no estaba conforme. Como mal menor prefería que fuera Remus quien se hiciera cargo de ella, pero James le hizo caso omiso, y prácticamente arrastró afuera a la pobre chica. El anciano comenzó a adquirir complejo de capa invisible.

- Bueno, eh... señor Lupin –dijo inseguro. Su último alumno aún se veía algo perdido y atontado, pero no encontraba con quién podía hacer más locuras si solo quedaba una becada-. ¿Sería tan amable de indicarla a la señorita Eidem dónde está la torre Gryffindor?

La chiquilla miró al director, y después a Remus algo temerosa. Lo cierto es que tras las demostraciones, temía que todos en ese colegio iban a estar tan locos como James y Lily.

OO—OO

De un tirón la hermosa chica se soltó enfadada, y fulminó a James con la mirada. Pero a él no le importó. Seguía pensando en Lily de tal forma que esa muchacha ya no le afectaba en absoluto.

- Peut-on savoir qu'est-ce qui te passe ? –preguntó la chica en un francés muy rápido-.

James no entendió ni una palabra de lo que dijo, pero parecía enfadada. ¡Lo que le faltaba! Frunció el ceño, y la miró mal mientras la adelantaba. Al ver que no le seguía, se giró con mal humor y espetó:

- ¡No tengo todo el día!

Ella parecía capaz de matarle, pero James no estaba de humor para ser amable. Al final, dado que no sabía donde estaba, le siguió de mala gana.

- Haber dime ¿dónde tengo que llevarte? –preguntó James toscamente-.

- A Slythegin –murmuró la chica de mal humor-.

Tenía mucho acento, y como hablaba en voz baja, a James le costó entenderla. Sin embargo, cuando lo hizo se enfadó más.

- ¡Anda ya! ¿Allí? ¡yo paso!

- ¿Qué? –preguntó ella sin entenderle-.

- ¡Que yo allí no voy! –repitió él alargando las palabras para hacerse entender-.

- ¡Pego bueno! –exclamó la chica ofendida-.¿Tú penser que tengo que... que sopogtag este tgato? –preguntó con dificultad. No parecía dominar del todo el idioma-.

James se detuvo un segundo a pensar en cómo se las habría arreglado de haber ido a Durmstrang, porque él no tenía ni idea de búlgaro, escandinavo, o ningún otro idioma.

- ¡No tengo todo el día! –exclamó la chica repitiendo su frase-.

Estaba a unos siete metros delante de él, mirándole con los brazos cruzados, y un pie golpeando el suelo impaciente.

- ¿Acaso has quedado con los amigos? –preguntó James riéndose de su propio chiste-.

Ella le miró enfadada, e hizo un gesto de asqueo, echándose hacia atrás la melena, con un elegante movimiento. Su pelo se siguió moviendo más tiempo del normal.

- ¡Déjalo! Ya encontgagé sola el lugag...

A James le hizo gracia su actitud, y vio cómo ella se alejaba por el pasillo, y se quedaba en medio de una intersección sin saber qué camino tomar. Negó con la cabeza, riéndose en voz baja, y fue hasta ella para ayudarla.

- De acuerdo, siento haber sido tan borde –dijo cuando estuvo junto a ella-.

Lo único que recibió fue una dura mirada. Por fin se decidió por un camino, y se intentó alejar a paso rápido. Pero James la volvió a seguir: si se perdía, Dumbledore le mataba, y luego Lily le descuartizaba.

- Venga no seas prepotente. Cuando alguien te ofrece sus disculpas, lo educado es aceptarlas.

- ¿Quién te decig que soy educada? –preguntó ella entre dientes. Al parecer con el mosqueo la costaba más recordar la conjugación de los verbos-.

- No sé si lo eres, pero tenía que probar suerte –la dijo sonriendo aún más. En el fondo era como sacar de quicio a cualquiera de sus amigos-.

La chica frunció el ceño, pero no se la ocurrió nada ingenioso que decir. Tras varios segundos de silencio, en que la chica se perdía cada vez más, y James solo la seguía sin indicarla, él se echó a reír.

- ¿Qué? –murmuró la chica girando la cabeza de izquierda a derecha, sin saber qué hacer-.

- Que no hablas, y encima te pierdes. El camino no es este.

La hermosa muchacha se detuvo de golpe, y se llevó las manos a las caderas en posición de enfado.

- D'un accord. Pgimego, no hablo pogque no tengo nada qué decig. Maman siempge dice que si no se puede mejogag el silencio, es pgefegible no hablag. Y segundo, ¡si usted no me indicag donde ig, es nogmal que me piegda!

- Vale, vale, "deacorde", o como se diga –dijo James levantando las manos en son de paz-. Te llevaré hasta el territorio enemigo, pero me deberás un favor.

- ¿Eh? ¿Teggitogio enemigo? –preguntó la chica confusa-.

James se rió, y se apresuró a explicarla básicamente las diferencias históricas entre Gryffindor y Slytherin. Curiosamente, la muchacha pareció muy intrigada por el asunto. A medida que avanzaba la conversación, iban descendiendo al vestíbulo, y pasaron de largo para bajar a las mazmorras. Cuando la explicó más o menos todo, el enfado entre ellos ya se había evaporado, creando un ambiente de colegueo que agradó a la chica nueva.

- Va a gesultag que al final eges hasta simpático, James –le dijo con una pequeña sonrisa-.

James se atoró un poco al ver el brillo de sus dientes, pero ya no tenía el mismo efecto que en el despacho.

- Eh... ¿llegamos a presentarnos? –preguntó confuso-.

La chica se echó a reír. Verdaderamente era lo que parecía: ni él ni su amigo habían escuchado nada.

- Lo cgeas o no, Dumbledoge nos pgesentó a todos antes. La chica es Lily Evans, el muchacho de coleta es Gemus Lupin, y tú, el de lunettes –dijo señalando las gafas de él-, eges James Potteg.

James se incomodó al darse cuenta que no se la había quedado mirando un segundo como había creído. Empezaba a entender por qué se había enfadado Lily.

- ¿Y tú eres....?

- Cynthia Neveu –dijo rodando los ojos-. La más joven ega Taga Eidem, y el garçon ega Magco Mancini.

- Así que así se llama el baboso ese –rumió James entre dientes-.

La chica sonrió al percatarse de los celos de él.

- ¿Ella es tu fiancée, es decig, novia? –al asentimiento de James se rió en voz baja, lo que le hizo fruncir el ceño al chico-. ¡Oh, vamos! Has metido la... la... la pata. Migagme de esa manega con tu novia delante... Compgendo que no se pueda evitag, pego es que...

- ¿Por qué no se puede evitar? –preguntó James con curiosidad. Le gustaría saber qué le había llevado a hacerle eso a Lily-.

- Soy medio veela. Mi mamman lo es, en gealidad.

James abrió mucho los ojos y la boca, y la señaló incrédulo.

- ¡Entonces es culpa tuya! –la culpó-.

- ¡Clago que no! –exclamó ella ofendiéndose-.

- ¡Pero si eres veela no es culpa mía!

- Tampoco mía. Yo no le pedí a mi padge que se casaga con mamman y me tuviegan. ¿Crees que es agadable que se te queden migando todos con... con... lescavia?

- Será lascivia –corrigió James divertido-.

- Lo que sea –espetó apartándose el pelo de la cara con otro movimiento. ¿Lo tendría ensayado, o la saldría natural?-. Pego paga mi, no es agadable que todos me migen de esa fogma. Es une sensation mala, fea...

James asintió. La verdad es que tenía un punto en eso. El problema era como la hacía ver a Lily que él no quería hacer nada de eso.

- Te pegdonagá –le dijo ella como si le hubiera leído el pensamiento-. Pagece una chica intelligent, y sabgá veg los síntomas.

- Eso si ese guaperas no intenta algo antes... –rumió él entre dientes-.

- ¿Magco? –preguntó la chica adivinando-. ¡No creo! Pog lo que le conocer, no pagece un mal pegsona.

- ¿Cuánto hace que le conoces?

- Una heure.

- ¡¿Y con una hora crees que conoces a ese guaperas?!

- ¿Y con dix secondes tú cgees que le conoces? –preguntó ella enarcando una ceja-.

James bufó, pero se abstuvo de contestar. A su lado, Cinthya sonrió satisfecha, y él la ignoró. Ya estaban llegando a las mazmorras.

- Vale, es por aquí –la dijo en voz baja-. Tú saca la varita, que no creo que se alegren mucho de verme, e igual alguno lanza una maldición a traición.

- Pego, ¿te la mandagían a ti, no? ¿En qué me afecta a mi? –preguntó ella sin entenderle-. Siempge puedo alegag que soy nouveau, y no te conosco.

James la miró con el ceño fruncido, como sopesando algo.

- ¿Sabes Cynthia? Eres muy esquiva con los problemas. Vas a encajar en esta casa...

OO—OO

Por la noche, el Comedor al completo estaba en euforia. Por todas partes se hablaba de los tres compañeros nuevos, de cómo eran, de dónde iban a estar... Los que por la tarde les habían visto comentaban a los demás sobre sus impresiones. En la mesa de Gryffindor no había excepción. Se sabía que la becada más joven pertenecería a su casa hasta finales de curso, y todos quería saber de ella. Las chicas comentaban que un chico bastante guapo iba a acudir al último curso de Hufflepuff, lo que provocaba que las de esa casa estuvieran especialmente contentas. Pero la palma se llevaba la becada proveniente de Beauxbatons. ¿Era cierto lo que se decía? ¿Una veela? ¿Qué era mitad vampira? ¿Qué su tía abuela era una banshee? Corrían todo tipo de rumores, la mayoría falsos. Los chicos que la habían visto aseguraban que su belleza era sobrehumana, y las chicas refutaban diciendo que tampoco era para tanto.

- ¿Alguien me cuenta la verdad? –preguntó Sirius intrigado, cuando llegó con Kate a la cena-. Dicen que hay un becado que es hombre lobo, ¿alguien intenta hacerte la competencia, Moony?

El aludido rodó los ojos ante un chiste de tan mal gusto.

- Los rumores son, como siempre, exagerados, Padfood. Lo único cierto es que una de las chicas es muy atractiva.

- ¿Muy atractiva? –preguntó con ironía Lily, que aparecía por primera vez desde esa tarde-.

James la miró con el ceño fruncido, pensando donde podía haber estado. La había buscado por todas partes, pero ella le huía. Como en ese momento, en que se sentó junto a Grace, ignorando su presencia como si no existiera. Él pinchó con rabia una patata frita, y se concentró en su plato.

- ¿De verdad la chica es tanto como dicen? –preguntó Peter con curiosidad-.

Miró de hito en hito a James y Remus, pero el primero le ignoró, y el segundo estaba reticente a decir nada que pudiera llegar a oídos de Rachel. Al final el licántropo se rindió.

- ¿Sinceramente? –preguntó innecesariamente-. Eso y más. Lo tengo que reconocer, cuando la ves la primera vez, te quedas un segundo en blanco.

- ¿Un segundo? –ironizó Lily sin poder contenerse-. Di que diez minutos. Fue asqueroso tener que fingir con el director, mientras vosotros despegabais la lengua del suelo.

Remus parecía avergonzado de su reacción, pero las risas de Sirius, Peter, Grace y Gisele interrumpieron la tensión del ambiente.

- ¿Y es simpática? –preguntó Peter, verdaderamente interesado-.

- No lo sé –admitió Remus-. Fue James quien habló con ella, el que la acompañó a la c...

El de gafas comenzó a pegarle patadas debajo de la mesa, observando cómo Lily se había tensado al escuchar eso. De todas formas, ella no podía quejarse, pues antes se había ido con el italiano. Lily frunció el ceño un segundo, y luego sonrió ampliamente a Grace, fingiendo olvidar que los demás estaban cerca.

- ¿Sabes, Grace? El chico es guapísimo, y además italiano. Me dijo que tenía unos ojos "molto bellos".

Las dos se comenzaron a reír algo fingido, pero funcionó como se debía, pues en ese momento James se volvió hacia su novia, inspiró hondo, y la habló:

- Lils...

Ella le ignoró, y siguió comentando con Grace todas las virtudes del chico, algo exageradas. Como técnica, James se levantó, y se puso entre Gis y ella, imponiéndole su presencia, pero Lily le dio directamente la espalda.

- ¿Entonces a quien has conocido tú, Remus? –preguntó Kate intentando mejorar el ambiente-.

- Yo a la más joven, Tara –dijo el chico contento de que se olvidara el tema de la otra chica-. Es la que ha quedado en Gryffindor. Parece muy tímida, pero conseguí sacarla varias palabras. Habla perfectamente nuestro idioma, sin ningún tipo de acento. Por lo poco que dijo, parece que es un genio. Esta muy avanzada para su edad.

- Vaya, otra cerebrito –bufó Sirius, ganándose un golpe de Kate-.

- Sí, pero espero que no la resulte muy difícil integrarse, parece tan tímida...

- ¿Por qué no le dices a Jeff que le pregunte a su novia si puede ayudarla? Irán al mismo curso, ¿no? –propuso Kate-.

Lo cierto es que era una gran idea que no se le había ocurrido antes. Por eso, Remus, siempre solícito, se levantó, y recorrió los pocos asientos que les separaban de la pareja para proponerlo. Nicole aceptó el encargo con su entusiasmo habitual.

Sin embargo, Remus tuvo que volver a sentarse apresuradamente, pues Dumbledore se había puesto de pie para presentar a los nuevos alumnos, y un silencio inusual inundó el comedor. Todos esperaban impacientes. Con una cómplice sonrisa, el director comenzó a hablar:

- Buenas noches a todos. Veo que esperáis todos con ansias para conocer a vuestros nuevos compañeros. Antes de ello, os haré la petición de que seáis amables con ellos, y les ayudéis a integrarse en todo momento. Pensad en vuestros amigos, los que han ido a sus colegios, e imaginad el trato que querríais que reciban allí. Es el mismo que os pido que tengáis con nuestros invitados. Sed amables, educados, y conteneos cuando sea necesario.

James tuvo que esconder una risa ante lo último para no mosquear más a Lily. Era evidente que lo último se refería a Cynthia. La pelirroja le miró de reojo, intentando ver qué pensaba de la chica nueva, y él aprovechó para poner toda su cara de bueno, y la acarició la mejilla para suavizar su humor. Funcionó, pues ella no pudo evitar sonreír levemente, aunque lo intentó ocultar girando su rostro hacia Dumbledore.

- En primer lugar os presentaré al mayor del grupo, que proviene de la Academia Italiana "Gian Incantato". Se llama Marco Mancini, y a partir de ahora compartirá curso y casa con los Hufflepuff de séptimo año. Espero que demostréis esa amabilidad y lealtad hacia él que representa vuestra casa.

Del lado izquierdo de la mesa de los profesores, se abrió una pequeña puerta, el mayor de los muchachos salió por ella, y fue directamente a sentarse a la mesa de Hufflepuff, por lo que se supuso que Dumbledore ya le habría indicado antes qué hacer. Saludó con una amable sonrisa a quienes se cruzaba por el camino, y se sentó junto a Allisa Wayman, que se empezó a alisar el pelo con nerviosismo. Lily pudo observar que la dedicaba a su compañera la misma sonrisa que la dedicó a ella esa tarde.

- Y allá va... –murmuró riéndose en voz baja-.

- Oye, está muy bien, ¿eh? –la dijo Grace al oído-. Tenías toda la razón. Muy, muy bien...

- Grace, solo lo dije para fastidiar a James –la susurró ella, cuidándose que el aludido no la oyera-. No está mal, pero tampoco es nada impresionante. Solo os gusta porque es nuevo.

Pero Grace no la hizo ni caso, y siguió estirando el cuello para observar al muchacho, que hablaba con una ruborizada Allisa con mucho interés.

- Puede ser justo lo que necesito. Ya sabes, un clavo saca a otro clavo.

- ¿No estarás pensando en ir a saludarle, no? –preguntó ella algo temerosa-.

- ¡No digas tonterías, Lils! Yo soy más lista que esas –un grupo de chicas se estaban comenzando a levantar, con la intención de ser tan buenas anfitrionas como Dumbledore había pedido-. No necesito ir. Tengo toda la semana para hacerme ver de maneras más sutiles.

Lily negó con la cabeza. Había acertado con Grace, la conocía demasiado. Debía hablar con ella en privado para decirla lo que Marco la había dicho a ella, sobre que no buscaba nada serio. Así, su amiga no se ilusionaría. El problema era que Grace también tenía razón: ella encontraría maneras de llamar su atención mucho más eficaces que la mayoría. No sabía cómo, su amiga siempre conseguía captar la atención de quien la interesaba.

- Por favor, escuchadme –pidió Dumbledore sobre el ruido del gentio. Marco no parecía percatarse del todo de lo que había provocado su aparición, pero quizá era porque estaba muy ocupado hablando con Allisa-. Les quiero presentar a la segunda becada, que proviene de Beauxbatons. Pido en especial a los miembros de la casa Slytherin, que será la suya en los próximos meses, que sean con ella todo lo amables que puedan. Se llama Cynthia Neveu, y se incorporará a las clases de sexto curso.

La aludida salió del cuarto con mucha prisa, y se apresuró a sentarse en la mesa del fondo, colocándose estratégicamente entre unos niños de primer curso, que la miraban con la boca abierta, pero que no la molestarían. Su aparición tuvo el triple de repercusión que la de Marco, y desencarriló en demasiadas discusiones de parejas por todo el Comedor.

- ¡Joder! –exclamó Sirius siguiéndola con la mirada, y empujando a Kate para que se apartara del campo de visión-. ¿La habéis visto?

James hizo como si no fuera importante, y se apresuró a decirla a Lily lo guapa que estaba esa noche. Consiguió un punto extra por el peloteo, por supuesto. Remus intentó darle una patada debajo de la mesa, cuando vio la cara de Kate, y Peter no contestó. Miraba a la nueva con una expresión soñadora que era idéntica a la que habían tenido James y Remus esa tarde.

- Tampoco es para tanto –murmuró Grace más molesta. Ya no miraba a Marco, sino que le dirigía a Sirius una mirada que le retaba a contradecirla-.

Pero él no miraba a ningún otro lado que a la mesa de Slytherin. Sin embargo sí la oyó, y su habitual capacidad de no pensar las cosas dos veces, le llevó a exclamar:

- ¡Anda que no! ¡A esa la metía yo todo, menos miedo!

Gis se atragantó con su zumo de calabaza, Grace se quedó boquiabierta, Lily le miró reprobatoriamente, Remus se tapó la cara con las manos, James escondió el rostro en el hombro de Lily, no queriendo ver el asesinato de su mejor amigo, Jeff estaba sorprendido desde su lugar, y a su lado, Nicole ofendida. Los únicos que no reaccionaron, fueron Peter y Kate. El primero porque no le oyó. Aún estaba absorto en la belleza de la chica nueva. Y la segunda, porque puso los hombros rígidos, miró hacia su plato vacío, y aguantó la respiración.

Todos se perdieron la presentación de Tara Eidem, que parecía contenta de pasar desapercibida. Se sentó a un borde de la mesa de Gryffindor, y Dumbledore dio comienzo al banquete. En ese momento, Kate se levantó, dejó su servilleta en la mesa y, alegando no tener hambre, se marchó.

- ¿Qué la pasa? –preguntó Sirius sin darse cuenta de lo que había dicho minutos atrás-.

Grace parecía capaz de matarle, y se levantó para seguir a Kate, cuando Lily la detuvo.

- Déjala un momento sola –la susurró-. Lo necesita.

Ese consejo, más el hambre que tenía, la animaron a quedarse.

OO—OO

Kate había salido del gran comedor intentando controlar su furia. No quería quedar en ridículo delante de los demás, por lo que esperó a estar sola para liarse a golpes con la pared.

Estuvo sentada en la escalera el resto de la hora, intentando controlar su respiración, y apartando los sentimientos homicidas de sí misma. Como propósito de año nuevo se había prometido, no dejar que los pensamientos de los demás la afectaran tanto, y la nula sensibilidad del idiota de su novio no iba a arruinarlo.

- ¿Te encuentras bene? –preguntó una voz que no conocía, y que tenía un poco de acento-.

Levantó la vista confusa, para encontrarse cara a cara con el chico italiano, que la miraba con una amable sonrisa en el rostro. Kate se quedó mirándole unos segundos e hizo un gesto indeciso con la cabeza.

- ¿Puedo saber qué te ocurre? Una ragazza tan bella no debería estar tan triste.

Se habia sentado a su lado, y Kate estaba completamente colorada. La única persona que la había tratado así, era Sirius. Sonrió, medio complacida, medio abochornada.

- Lo cierto es que mi novio ha dicho una frase de muy mal gusto sobre otra chica –confesó-.

Le escuchó chasquear la lengua, pero cuando le miró seguía teniendo una amplia sonrisa en la cara.

- Pues, tienes dos opciones: o parlas con él, y le pides explicaciones, o le abandonas, y te quedas conmigo.

Su expresión indicaba que bromeaba, por lo que Kate se echó a reír, divertida. Un segundo después sintió sus dedos en su cara, y vio que él acariciaba su mejilla con el dedo índice.

- Si guarda meglio ridere che piangere.

- ¿Qué? –preguntó Kate sin entender nada-.

- Decía que te sienta mejor reír que llorar –la dijo guiñándola un ojo-. Bueno, debería irme antes de que venga tu novio y se enfade, ¿no? –dijo levantándose de la escalera-.

- Ni siquiera se dará cuenta que me he ido. Seguirá mirando a la chica francesa –murmuró ella entre dientes-.

Marco pareció indeciso, pero al final se volvió a sentar a su lado.

- ¿Cómo te llamas?

- Kate –contestó ella-.

- Bien, Kate. Voy a contarte algo para que te sientas mejor.

La relató la naturaleza de Cynthia, y su propia reacción y la de James y Remus. Intentaba hacerla ver que no era un comportamiento muy inusual el de su novio, y que ella no debía sentirse inferior por ello. Su voz era muy bonita y tranquilizadora, y Kate se sintió mejor al hablar con él. Sin embargo, le contó la frase dicha por Sirius, lo que hizo que Marco enarcara las cejas.

- ¿Crees que es normal decir eso? –le preguntó ella-.

- Tu novio no suele tener mucho tacto normalmente, ¿no? –adivinó él, sin saber cómo reaccionar-. Verás, Kate...

- ¡Eh, tú! Aparta esa mano.

Era Sirius, que había salido del comedor y miraba cómo el chico había colocado una mano sobre el hombro de Kate para reconfortarla. Los dos le miraron sin entender su enfado.

- No tienes que ser tan emotivo para presentarte. Es más, no hace falta que te presentes –dijo Sirius de mal humor-.

- Tú debes de ser su novio –adivinó Marco escogiendo las palabras con cuidado-.

- Sí, así que te recomiendo que te alejes unos pasos. Ya me han contado de qué palo vas.

- Disculpa, pero creo que yo no he hecho nada para que seas tan maleducado –dijo el chico mirando a Kate de reojo, que se adelantó para detener a Sirius antes de que hiciese más el tonto-.

- Sir...

- Esta tarde has intentado levantarle la novia a mi amigo, y ahora vas a por la mía, ¿no? –la interrumpió Sirius sin escucharla-. Pues te advierto chaval, que si te metes en mi terreno, puedes salir mal parado.

Dio un paso al frente, intentando sonar todo lo amenazador que podía. Marco no se movió de su lugar, pero advirtió que el chico le sacaba la cabeza, y no merecía la pena ganarse enemigos a lo tonto.

- Kate, ha sido un placer conocerte. Espero que en el futuro te traten como te mereces –dijo haciendo que Sirius rechinara los dientes-. Será mejor que me vaya...

- Es la mejor idea que has tenido, ravioli –dijo intentando ridiculizarle por su procedencia-.

Marco rodó los ojos, pero no cayó en la tentación. Aquello le parecía demasiado inmaduro. Se marchó escaleras abajo, hacia la sala común de Hufflepuff. Más calmado sin su presencia, Sirius se volvió hacia Kate.

- Oye, princesa, que me han dicho que antes he dicho...

- Eres un inmaduro, Sirius –le espetó ella, mirándole con decepción-.

No le dejó seguir, y, al igual que Marco, ella también se marchó a su Sala Común.

OO—OO

- Lily, ya sabes lo que pasa con esa chica. No fue cosa mía. Mira la barbaridad que ha soltado Padfood.

- Así no lo arreglas, James –murmuró la pelirroja bebiendo un sorbo de agua. Estaba tranquila y menos enfadada que antes, por lo que le había dado la oportunidad de explicarse-. Siempre dices que Sirius es tu hermano del alma, por lo que no sé por qué no ibas a decir tú una tontería semejante.

- ¿Me has oído decirla? –la preguntó como evidencia-.

- No, pero la acompañaste tú. Has estado a solas con ella.

- Dudo que mujer semejante quisiera nada con este –intervino Peter con una mirada soñadora-.

- ¿Por qué la acompañaste tú? ¿Querías estar a solas con ella? –preguntó la pelirroja ignorando la intervención del pequeño-.

James supo que no podía decir la verdad sin que la discusión fuera a mayores, por lo que compartió una mirada impotente con Remus.

- Pues porque Dumbledore me lo pidió, ¿verdad, Remus?

- Sí, sí –dijo el chico como ayuda-. El director quería que cada uno ayudara a una de las dos.

- A partir de ahora, tampoco te hablo a ti, Remus –declaró Lily levantándose ofendida-.

- ¡Eh! ¿Por qué? –preguntó el chico asombrado-.

James se levantó detrás de Lily, y la pelirroja se detuvo solo un segundo para contestarle a su amigo. O mejor dicho, ex amigo.

- Porque nadie se creería que Dumbledore le pediría a James que se acercara a Slytherin a menos de cien metros, habiendo una alternativa.

El pobre Remus se vio metido en medio sin saber cómo. Intentó encontrar una mirada de apoyo en Grace o Gisele, dado que Peter aún estaba en su mundo, pero las chicas habían entrado en fase de solidaridad con Lily, y miraban mal a todos los chicos.

- ¿Por qué te fuiste tú con el italiano antes, Lily? –preguntó James alcanzándola en la puerta del comedor-.

- ¡Porque te la quedaste mirando como nunca me has mirado a mi! –respondió ella enfadándose al acordarse de su rostro-.

Varios alumnos que ya estaban saliendo del comedor, y se les quedaban mirando, pero ellos no se dieron cuenta. James suspiró, y tras intentar cogerla de las manos y que ella se apartara, la cogió la cara, sin que Lily pudiera evitarlo.

- En primer lugar: si la miré demasiado, es porque es una veela, y no pude evitarlo. Y en segundo: Sí. La miré como nunca te miré a ti. La miré de la misma forma que veré a todas las veelas con las que me encuentre. Pero esa mirada es ficticia. Jamás miraré a ninguna chica, por muy veela que sea, de la misma forma que te miro a ti. Porque tú eres la única a la que quiero mirar.

La expresión fría de Lily se iba resquebrajando por completo. James sabía exactamente qué decirla para hacerla sentir especial, y aquello era difícil de superar. En ese momento, un grupo de personas pasó al lado suyo, y se oyó una voz musical entre ellos, saludar amigablemente.

- ¡Bonne nuit, James!

Era Cynthia, a la que varios miembros de Slytherin ayudaban, solícitos, en todo lo que necesitara. James se giró un momento para ver quién era, pero al segundo volvió la mirada a Lily. Hizo un gesto de saludo con la mano, y no vio la expresión de socorro que tenía la francesa escrita en la cara. Lily sonrió al ver su nulo interés, y, tomándole del cuello de la camisa, le dio un beso en los labios.

Contentos de haber hecho las paces, la pareja decidió subir a su torre para estar solos el resto de la noche, pero en el segundo piso se encontraron a otros dos hablando acaloradamente.

- ¡Eres demasiado inocente, Kate! ¡Ese mendrugo intentaba ligar contigo, se veía a kilómetros de distancia! –gritaba Sirius moviéndose de un lado a otro del pasillo-.

- ¡Tú no entiendes nada! Si quería ligar conmigo, ¿por qué te defendía entonces?

- ¿Me defendía? –preguntó el chico sin acabar de creerselo. Cerca de él, James enarcó una ceja, también incrédulo. Lily puso los ojos en blanco al ver sus expresiones-.

- Sí. Dijo que tenía que entender si el imbécil de mi novio decía alguna idiotez, porque no podía evitarlo por la naturaleza de la chica.

- Bueno –dijo Sirius asombrado-. Pues en eso es en lo único que le tienes que hacer caso.

Ignoró el bufido de Kate, y siguió hablando.

- ¡Siento haber dicho eso! ¿De verdad lo he dicho, o es que Grace tenía ganas de pegarme porque sí? –la cara de Kate lo dijo todo: Sí, lo había dicho-. Bueno, pues ¡lo siento! La culpa es de ella. ¡Una veela ni más ni menos! Es imposible de controlarse, son fuerzas extraordinarias de la naturaleza.

- ¡Por Merlín, Sirius! Todos sabemos que hay reacciones con las veelas que no se pueden controlar. ¡El problema está en que tú siempre quieres ser más! Si ya de por sí os comportáis como orangutanes, ¡tú el doble! ¿Oíste a Peter decir una barbaridad semejante?

- No recuerdo nada de lo que he dicho, pero cuando le dejé en el gran comedor, Peter aún luchaba por conservar su saliva en la boca –informó el muchacho en un tono divertido, que no compartió su novia-.

- ¡Eso es porque él es más educado que tú! ¿Dónde queda la caballerosidad de Gryffindor? ¡Cuando te comportas así te sale tu vena Black!

Al instante se dio cuenta que se había pasado. Ella nunca quería mencionar a su familia, y aquello se la había escapado. Era por eso por lo que no quería seguir dejándose llevar por sus emociones, porque a veces hablaba de más. Frente a ella, Sirius bajó la barbilla contra el pecho y sus ojos se oscurecieron. Parecía un toro a punto de embestir.

- No te consiento que les menciones a ellos –la dijo con voz ronca-. Odié a Grace durante dos años por atreverse a hacerlo, y te juro...

- ¡Padfood colega! –exclamó James decidiéndose a intervenir cuando su amigo habló de más. Él y Lily se adelantaron rápidamente, y mientras él encerraba a su mejor amigo en un semi abrazo, Lily se posicionaba al lado de Kate-.

- Os hemos oído discutir –confesó la pelirroja-. Y os animo a que lo dejéis pasar. Es una tontería. Kate, ya sabemos que Sirius es algo idiota a veces, pero no lo hace de mala fe –el aludido frunció el ceño ante el insulto, pero asintió levemente con la cabeza, dándola la razón en lo último-. Y Sirius, aunque Marco intentara ligar con ella de verdad...

- Que no lo hacía –intervino Kate cruzándose de brazos-.

- ... Creo que conoces a Kate lo suficiente para saber que ella jamás le haría caso-.

Sirius y Kate se miraron un segundo, y asintieron a la vez. Lily sonrió al darse cuenta que la tormenta había pasado, y James la sonrió. Ella tenía una capacidad especial para calmar los ánimos. Lily era tan especial...

Dejó de babear por su novia para observar a Sirius y a Kate. ¿Habría llegado a tiempo para evitar que su amigo se descubriese? ¿Se acordaría Kate que él había mencionado a Grace? Ayudar a Sirius a manejar ese triángulo amoroso en el que estaba metido, estaba comenzando a ser más difícil de lo que creía.

OO—OO

A la mañana siguiente, no se hablaba de otra cosa que de las reacciones que habían provocado los nuevos. El colegio se dividía en cuatro grupos: los chicos que ya habían caído en los encantos de la muchacha francesa, las chicas que la odiaban, aquellas que se declaraban inmediatamente enamoradas del chico italiano, y a los que él les caía mal. La más joven había pasado desapercibida ante dos compañeros tan llamativos, pero eso parecía alegrarla bastante.

Remus pudo observar cómo Nicole había cumplido su palabra, y no la dejaba sola en ningún momento. Por algunos minutos pensó que quizás, con la tranquilidad de la muchacha, se sintiera agobiada por el entusiasmo de la novia de Jeff, pero al mirarla en el desayuno se dio cuenta que la chica más a gusto no podía estar. Era tímida y tranquila, pero parecía encantada con la forma de ser de su nueva amiga, que tanto abrumaba a los demás.

Sirius y James pertenecían al grupo que odiaba al chico nuevo, y Peter se les unía, aunque él parecía más identificado con aquellos que aseguraban haber encontrado al amor de su vida en la veela francesa. Esta, esa mañana, ya parecía harta de las miradas de los demás, y James casi esperaba que soltara su fuerte carácter, como bien lo había hecho con él la tarde anterior. Claro que esa experiencia no la compartió, por miedo a que Lily se montara el cuento de que había intimado mucho con ella.

- Si vierais como estaban cuando les encontré –murmuró Sirius entre dientes por quinta vez ese día. Y aún no eran las nueve-. Como la miraba, como la intentaba abrazar...

- ¿Y qué más te da? –preguntó Remus hastiado-. Kate no le haría caso, y bien que te lo merecerías por bestia.

- La verdad es que te pasaste, hasta para ser tú, Pad –rió James en voz baja, mientras untaba su tostada de mantequilla-.

- ¿En serio lo dije? ¿De verdad de la buena? –quiso asegurarse él, aún extrañado. Cuando Grace se levantó y le pegó un bofetón, no supo a qué se debía, y de la palabra de la rubia no sabía si fiarse-.

- Te lo prometo –respondió Remus rodando los ojos-.

- Sí –afirmó Peter, aún sin despegar la mirada de la mesa de Slytherin-. Y no es que no comparta tu opinión, pero creo que decirlo delante de tu novia es ya ser muy poco delicado...

- Habló el baboso –espetó Sirius removiendo el café con la cucharilla-.

Peter desvió un momento la mirada de la chica, y sonrió socarronamente a su amigo.

- Yo no le debo explicaciones a nadie –y volvió a posar sus ojos en ella, y suspiró soñadoramente-. ¿Habéis conocido alguna vez una chica así?

- Pues no. Es una veela, y no había conocido ninguna hasta ahora –contestó Remus encogiéndose de hombros-.

El más pequeño negó con la cabeza, como si sus amigos no comprendieran la trascendencia del asunto.

- ¡No es solo eso! Es que, es perfecta... –murmuró soñadoramente-.

Sus amigos se echaron a reír, y James le palmeó la espalda.

- ¿Eso significa que ya dejarás de tener sueños húmedos con Grace, para tenerlos con Cynthia?

Sirius y Remus se echaron a reír, mientras Peter se sonrojaba violentamente, y les miraba a los tres con el ceño fruncido.

- ¡Yo no tengo sueños húmedos con Grace! Y, en todo caso, si hubiera sabido antes que Sirius tuvo lío con ella, no se me ocurriría....

- ¡Cállate! –exclamó Sirius apuntándole una patada bajo la mesa que le dio a James-.

Miró hacia su izquierda, donde las chicas desayunaban alegremente a varios asientos de ellos. No habían oído nada. Ya habría sido lo que faltara. Las cosas con Kate no se habían solucionado del todo, y el colofón sería que justo entonces saldría a la luz lo de Grace.

- A propósito, ¿por qué se han sentado alejadas de nosotros? –preguntó Peter sin entender-.

- Será cosa del italiano –murmuró Sirius con rabia-. Están todas tan embobadas con él, que no se han dado cuenta de que aún existimos.

James asintió vigorosamente, y ambos miraron hacia la mesa de Hufflepuff como si pudieran hacerla estallar solo con fruncir el ceño. Pero Marco no estaba allí. Peter volvió a su tarea de observar a la veela, y Remus comenzó a reírse de sus amigos.

- Os juro que sois idiotas –les dijo a James y Sirius, que parecieron ofenderse por el insulto-. ¿De verdad creéis eso de Lily y Kate? ¿Justo de ellas? ¡Si tenéis unas novias que no os las merecéis!

- Fácil no preocuparte por lo alteradas que están todas, cuando tú no tienes ese problema con Rachel –le respondió James cruzándose de brazos-.

- Sí, como ella está encerrada, no tienes peligro de que caiga bajo cuatro frases en italiano –añadió Sirius-.

Remus se puso repentinamente serio, y los chicos se preguntaron si habían dicho algo malo.

- ¿Sabéis? Yo preferiría mil veces que ella estuviera aquí, babeando como decís, y haciéndome preocupar. Porque eso significaría que podría ir y venir tranquilamente, y su familia no viviría amenazada. Ojalá el mayor problema fuera que la emocionara que la hablaran en italiano...

Tras pensarlo un poco, a ambos no les quedó otra que asentir, dándole la razón. Era preferible esa realidad.

OO—OO

Precisamente Rachel había recibido una visita de excepción. No era tan común que Gisele se saltara el desayuno para visitar a su mejor amiga, pero el hecho de que por las tardes Rachel se limitara a estudiar, y la latina tuviera alergia a los libros de texto, había disminuido el número de visita en los últimos días. Además, tras la cena de la noche anterior, tenía mucho que contarla.

- ¡Menudo bombón, Rach! Además se le veía un caminar tan sexy, tan...

Estaba tumbada sobre la cama de su amiga, con las manos tras la cabeza y la mirada soñadora.

- ¿Y las demás, cómo son? –preguntó Rachel con curiosidad-.

Gis la miró con incredulidad.

- Te estoy describiendo a un italiano guapísimo, ¿y me preguntas por las demás?

La castaña se encogió de hombros mientras se reía.

- Simple curiosidad. Remus ayer no me contó gran cosa. Solo que habían tenido que acompañar cada uno a uno, y que eran dos chicas y un chico. ¿Cómo son?

Gisele pareció pensárselo, y después se encogió de hombros con indiferencia. No le metería en problemas a Remus. ¿Por qué contar lo que las había dicho Lily? Después de aquel episodio, tanto James como Remus parecían inmunes a lo que sea que afectó tanto a los demás.

- No eran nada especiales –la dijo con una confiada sonrisa-.

Rachel no insistió. Caminó vagamente por la habitación, mientras tocaba con las yemas de los dedos los libros de texto, y los pergaminos que la habían traído sus amigos.

- Esta tarde van a venir Remus, Lily y Peter. ¿Por qué no te apuntas y aprovechas para empezar a estudiar?

- ¡Ni de coña! Faltan aún cinco meses para los exámenes. No voy a ponerme a estudiar tan pronto.

- Gis, este año hay mucho temario. Luego se te acumulará todo –la dijo con paciencia. Gisele rodó los ojos con pasotismo, y su amiga la miró con sospecha-. ¿Has estudiado algo desde que yo no estoy?

No sabía para qué preguntaba si ya sabía la respuesta. Gis nunca hacía nada de clase sino era bajo vigilancia constante, y la presión de que el examen fuera al día siguiente. La sorprendía que sus notas no fueran peores.

- Total Rach, para lo que yo voy a hacer no necesito muchos EXTASIS –explicó Gis agitando una mano en el aire como intentando espantar el agobio-.

- ¿Aún sigues empeñada en ser dragonista? –preguntó Rachel insegura-.

Era divertido comentar con catorce años que te irás a Rumania a criar dragones como si fuesen cachorros de perro, pero Gis seguía insistiendo con ello ya demasiado tiempo. A Rachel la costaba creer que su amiga hablara en serio, pues aunque adoraba a los animales y tenía cierto magnetismo con ellos, no parecía hecha para ese tipo de vida.

- ¡Claro! –exclamó Gisele, sin embargo-. Es en lo único en lo que destaco un poco. Bueno, al menos no destrozo nada. Además, adoro a esos grandes bichitos –añadió riéndose de su propio chiste-.

Rachel aún intentaba esconder su expresión de incredulidad. Lo creería cuando la viera irse. Por el momento, la seguiría la corriente, así que sonrió divertida, y la dijo:

- Tus padres te matarán.

Gisele parecía aún más divertida con esa posibilidad. Enfadar a su padre siempre había sido uno de sus pasatiempos preferidos.

- Si te vas a Rumania, no podrás participar en la Orden del Fénix –la dijo Rachel solo para picarla-.

- ¡Al contrario! –respondió su amiga con entusiasmo-. Allí mi padre no podrá controlarme, y le diré a Dumbledore que trabajaré a distancia. Al fin y al cabo, ese loco está extendiendo su poder y necesitarán gente fuera de Inglaterra. ¡Lo tengo todo pensado! –presumió golpeándose la sien con un dedo-.

Rachel no tuvo más opción que reírse. Nunca nadie podría acabar con el positivismo de su mejor amiga. Sintió mucho tener que despedirse de ella, pero la latina no pensaba perderse toda la hora del desayuno, pues aseguraba ser capaz de dormirse si no comía algo antes de dos horas seguidas de Historia de la Magia. Por experiencia, ella supo que hablaba en serio.

Gis bajó corriendo hasta el primer piso, en busca de las escaleras para bajar al vestíbulo, e ir al Gran Comedor. Solo faltaban diez minutos para que la hora del desayuno terminase, y no pensaba perder ni un segundo más. Sin embargo, por el camino se encontró algo que la hizo cambiar de opinión.

El chico nuevo, Marco Mancini, se encontraba andando por el corredor, mirando con curiosidad los cuadros, y volteando la cabeza de un lado para otro. Daba toda la sensación de haberse perdido. Cuando Gis se acercó a él por la espalda, le escuchó bufar sonoramente.

- Schifezza... –murmuró él para sí mismo-.

Gis sonrió más ampliamente, y se puso justamente detrás de él. La sacaba la cabeza, pero no era alto. Ella era, con diferencia, la más bajita de sus amigas, seguida de Rachel y Lily, y ese chico no parecía ser más alto que James.

- ¿Te has perdido? –le preguntó, de improviso-.

El chico se dio la vuelta algo asustado por la repentina aparición, pero al verla sonrió. Gis le devolvió una coqueta sonrisa que dio confianza al italiano.

- Sí, pero solo si tú me ayudas a encontrar la via a seguire –dijo con una agradable voz, y un acento marcado-.

Gis tuvo ganas de pegar saltitos al recibir tan buena respuesta. Alargó su mano, ofreciéndosela como saludo.

- Soy Gisele. Para mis amigos, Gis. Para ti cómo prefieras.

Marco se echo a reír divertido. Le caía bien esa exótica muchacha.

- Felice di conocerte. Mi nombre de Mar...

- Marco Mancini, lo sé –interrumpió ella-. Todo el mundo lo sabe. Estamos encantados de tenerte aquí –Marco enarcó una ceja incrédulo, pero optó por reírse complacido de, al menos, caer bien a las chicas-. ¿Qué tal ha sido el recibimiento en Hufflepuff?

- Bueno –respondió él algo indeciso-. Ha habido de todo. Personas affascinantes, como tú –Gis sonrió más ampliamente-. Y otros, sin embargo...

Dejó la frase inconclusa, dando a entender el final, y Gis torció el gesto sobre actuando.

- No les hagas caso, es envidia. Siempre hay novios celosos por ahí.

El chico se dio cuenta de que directamente se le estaba comiendo con los ojos, y no se sintió en absoluto incómodo, sino que sonrió ampliamente. Es cierto que no había tenido una gran bienvenida entre los chicos de su edad, pero ya contaba con la idea de que podría ocurrir si iba con esa actitud. Ellos se sentían amenazados por lo nuevo, y era eso mismo lo que las atraía a ellas. Pero él tenía dieciocho años, y no pensaba negarse a nada que le ofrecieran, y le apeteciera. No le hacía daño a nadie con eso, ¿no?

- ¿No tendrás tú algún novio que luego intente colpire a mi, no? –la preguntó en broma, pero asegurándose así la respuesta-.

Gis hizo un mohín acordándose de Anthony. Bueno, no es como si le estuviese engañando. Un poco de tonteo inocente no hacía daño a nadie.

- No hablemos de mi. Cuéntamelo todo de ti, lo que sea –dijo con entusiasmo-.

- Pues... no sé... –contestó el muchacho repentinamente sin palabras. Le había pillado de improviso-. ¿Qué quieres saber?

- No lo sé. ¿Dónde vives? ¿Tienes novia? ¿Cuáles son tus aficiones? ¿Tus sueños y planes de futuro? ¿Tal vez en compañía de una divertida chica dominicana a la que le encanta la aventura?

Habló en voz muy rápida y exaltada, con una divertida sonrisa en los labios. Marco no pudo evitar echarse a reír. Esa chica era genial. Le hacía tanta gracia que ni siquiera se sentía agobiado, aunque no recordaba todas sus preguntas. Las historias donde asedian a alguien a cuestiones, y tras una broma oportuna las contestaba a todas con precisión, solo ocurrían en las películas. Él solo se acordaba de la última pregunta, que fue la que contestó.

- Lo siento. Mis planes de futuro son yo solo para estudiare y ser medimago.

Gis fingió hacer una mueca de decepción, pero la divertida sonrisa aún estaba en su rostro.

- ¿Medimago? Te van las carreras difíciles, ¿eh?

- Lo cierto es que siempre me llamó la attenzione –la confesó riéndose-. Cuando tenía doce años me rompí el braccio jugando, y en la enfermería de la scuola me curaron. A la media hora ya estaba splendidamente. Ma, el verano anterior mi hermano lo tuvo que pasar con el braccio inmovilizado todas las vacaciones. Ahí me di cuenta de lo superiore que es la magia.

- ¿Eres hijo de muggles? –preguntó Gisele al escuchar la historia-.

Marco asintió con la cabeza, y la chica sonrió más ampliamente.

- Una de mis amigas lo es, y quiere ser también medimaga. Ella dice que es muy importante utilizar también la medicina muggle.

- Sí –contestó Marco con entusiasmo al seguir con su tema favorito-. Una combinaziore de ambas es il migliore. Lo mejor –repitió para hacerse entender-.

Gis sonrió más, completamente encandilada por el acento.

- ¿Ya has practicado? Lily nos habló de una técnica, el boca a boca, que no se muy bien qué es, pero suena genial. Me presto voluntaria, si quieres.

Era broma por supuesto, pero si el chico aceptaba, se lo pensaría mucho. Pobre Anthony. En ese momento Gis ni se acordaba de su existencia. Lo único que ocupaba toda su mente eran palabras en italiano con acento latino.

Marco sonrió más, considerando la propuesta muy seriamente.

- ¿Seguro que no tienes un novio por ahí escondido? –quiso asegurarse-.

- En el fondo sí, pero no parece acordarse –dijo una vez femenina tras ellos-.

Gis se dio la vuelta, dispuesta a matar a quien hubiese interrumpido. Se encontró con Sadie, que ya pasaba de largo después de haber hecho el comentario. Con esa no se atrevía a meterse.

- No era necesario que lo dijeras –la susurró entre dientes-.

La chica se detuvo, y les miró a ambos con una mueca divertida.

- Solo pensé que te gustaría acordarte –dijo fingiendo inocencia-.

No miró mucho al chico, para que no se lo tomara como una invitación a nada. Le había visto desde la noche anterior insinuándose a un número ilimitado de chicas, y la recordaba desagradablemente a Müller, el idiota de su anterior colegio. Aunque, sinceramente, no creía tener problemas con eso. Ella no había tenido precisamente invitaciones a nada nunca.

- Me voy a clase, que ya me he perdido el desayuno –dijo vagamente, reanudando el paso-.

- ¡¿Ya se acabó el desayuno?! –preguntó Gis alarmada-. ¡Si no he comido nada!

Echó a correr, olvidándose de todo, hasta que escuchó pasos que la seguían.

- ¡Espera! –dijo Marco corriendo tras ella-. No sé dónde estoy. ¿Me podrías indicare el aula de Encantamientos?

- ¿No te lo han dicho tus compañeros? –preguntó ella confusa mientras reducía el paso-.

- Sí, pero creo que intentaban burlarse de mi, porque allí no hay aulas.

Gis hizo una mueca. Algunos ya comenzaban con sus bromas pesadas. Esperaba que eso fuera lo peor que le hicieran, y que James y Sirius no intervinieran, pues la situación se empezaría a poner desagradable.

- Venga, te acompaño. Así hablamos de la propuesta que te he hecho –le dijo con una sonrisa divertida-.

Marco la devolvió la sonrisa, pero ya sabía cómo acabaría esa conversación. Ya había tenido demasiados problemas con algunos novios. En concreto, uno había intentado pegarle. Ese con pinta de macarra que salía con la muchacha que lloraba, Kate.

OO—OO

Aquel día McGonagall tenía una idea algo ambiciosa para la clase. La anunció como una gran noticia, lo cual solo unos pocos compartieron. Ni siquiera Sirius, quien normalmente tenía a dicha profesora más estima y respeto que a los demás, se mostró entusiasmado. Sinceramente, encontraba más interesante quejarse del chico nuevo junto a los demás compañeros. Los chicos de Ravenclaw tampoco parecían apreciarle mucho, y Peter, una vez teniendo fuera de la visión a la belleza francesa, se mostró más entusiasmado a la hora de criticarle.

James, por paradójico que sonara, no prestaba atención a sus amigos. En esa ocasión, él encontraba tan interesante como Remus la lección del día. Escuchaba las palabras de la profesora con toda la atención, dispuesto a lograrlo al primer intento.

- ¿Veis el movimiento de muñeca? –insistió la profesora repitiendo el gesto lentamente para que lo captaran-. Es complejo, pero con práctica hasta el más inútil podría conseguirlo. Es lo que siempre os digo, predisposición. Aunque los hay que no la tendrán nunca –bufó mirando de reojo al grupo que seguía hablando-. ¡Black! ¿Quiere dejar de interrumpir mi clase?

Cerca de él, Lily le lanzó una mirada asesina incluso peor que la de la propia profesora.

- Acordaos de pronunciar claramente. Es muy importante. Vamos, repetid conmigo: "Ienieska". Vamos, repetid.

Repitieron la palabra, la mayoría mal, pero la profesora pareció enfadarse de verdad.

- ¡Mendes! ¡No está prestando atención a mi clase, y encima les hace perder el ritmo a Hagman y Sandler! Cinco puntos menos para Gryffindor. Ahora cállese y escúcheme

Gisele bufó en voz baja, pero no la quedó más remedio que obedecer. Además, Lily cambió a Grace su asiento, y se puso entre ellas para asegurarse que se callaban. A ella no la interesabas las Transformaciones. Solo quería acabar de contarle a sus amigas lo que había vivido esa mañana con el nuevo.

- Bien. Ahora viene lo verdaderamente difícil de este hechizo: la concentración. Tenéis que vaciar el cuerpo de emociones, sentir el cuerpo más liviano, y enfocar toda vuestra magia a la varita. Es un hechizo complicado, por lo que no esperéis que os salga a la primera. Miradme a mi.

Se dirigió hacia un armario que había llevado para esa lección. Era muy grande, casi tan alto como la clase, y de varios cuerpos. Se parecía a las estanterías de la biblioteca, pero con más estructura. Al colocarse enfrente del gran mueble, levantó la varita y, hacia el complicado movimiento de muñeca, exclamó con voz enérgica.

- ¡Ienieska!

De pronto hubo un estallido, y todo el armario se vio reducido a cenizas, las cuales ella se encargó de que no la llegaran. La estructura caía en cascada como si fuese arena, y por un momento el ambiente de esa zona de la clase se volvió completamente oscuro. Cuando la visión se aclaró, del armario solo quedaba le polvo repartido en el suelo.

Ni siquiera los que aún estaban ofendidos por la bronca que les había echado, pudieron contener un aplauso. Satisfecha, McGonagall les puso a trabajar en pareja con pequeñas mesitas de té. Por eso los demás tuvieron la oportunidad de continuar con su conversación, y ni siquiera Lily pudo parar a que sus amigas se callaran.

- ¿Y de qué hablaste con ese italiano, Gis? –preguntó Grace, que trabajaba con ella cerca de Kate y Gisele. La dejó a ella utilizar la mesita a su antojo, pero el hechizo aún se la resistía, lo que la daba rabia-.

- Me dijo que no todos han sido muy agradables. Incluso le dieron indicaciones falsas para ir a clase.

Grace negó con la cabeza algo divertida, Kate puso una expresión de asombro, como si no creyera que nadie pudiera ser tan maleducado, y Lily levantó la mirada de la mesita.

- ¿Ah sí? –su mirada se dirigió directamente hacia James y Sirius, que trabajaban algo más alejados-.

- Ellos ni siquiera se han acercado a él, Lily –les defendió Kate-.

La pelirroja no se acabó de creer aquello, pues no era la primera vez que Kate les defendía por sistema, pero su mejor amiga la dio la razón.

- Si ellos hubieran querido meterse con él, no se habrían conformado con hacerle perderse, Lily.

Grace tenía razón. Esos dos siempre eran más drásticos. Negó con la cabeza, y volvió a concentrarse en su trabajo.

- ¡Ienieska! ¿Por qué no sale? –exclamó comenzando a enfadarse-.

- No todo te va a salir siempre a la primera, colega –la respondió Gis riéndose-.

Tanto ella como las otras dos, decidieron dejar a la chica trabajar con tranquilidad, pues su humor estaba comenzando a agriarse.

- Apuesto a que tú le acompañaste a clase encantada, Gis –dijo Grace retomando la antigua conversación-.

Kate se rió en voz baja, mientras su compañera de práctica componía una amplia sonrisa.

- ¿Tu no lo harías? ¡Es guapísimo!

- La verdad es que está muy bien –coincidió Kate-.

- A mi tampoco me importaría acompañarle a clase –aseguró Grace riéndose-.

Lily bufó en voz baja.

- Solo os gusta porque es nuevo. No digo que sea horrible, pero es muy normal, ¿eh? Pero como es nuevo, ¡todas babeando! Es patético...

Las otras tres parecían ofendidas por sus palabras, pero a ella la dio igual. Sabía que tenía razón.

- Solo dices eso porque estás enfadada porque no te sale el hechizo.

La mirada que Lily dirigió a Gisele era capaz de congelar una habitación entera.

- Pero Lily tiene razón en que exageráis –intervino alguien más-.

Sadie trabajaba cerca de ellas con su hermano, al que ignoraba, y las había escuchado en silencio.

- No es exagerado –insistió altivamente-.

- Sí que lo es. Sino, ¿por qué Gis se olvidó convenientemente de decirle que tenía novio? No la he visto hacerlo con ningún otro, y eso es porque es nuevo, y os llama demasiado la atención la novedad.

La pelirroja no se creyó capaz de seguir escuchando la banal conversación que se formó a través de eso. Se dirigió hacia James y Sirius, que no parecían haber intentado la transformación ni siquiera ni una vez. McGonagall aún estaba al otro lado de la clase, dirigiendo a una pareja de Ravenclaws, pero como llegara y viera que no habían practicado, restaría más puntos a Gryffindor.

- ¡Pero si es un imbécil! –murmuraba Sirius con cara de enfado-. Solo sería algo pequeño.

- No voy a hacerle nada, Padfood. Lily seguro que nos está vigilando, y no me voy a arriesgar a que algún otro profesor nos pille y me expulsen definitivamente.

James directamente se había sentado sobre la mesita, y jugaba con la varita descuidadamente. Lily iba a intervenir, cuando Sirius volvió a hablar.

- ¿Sabes que seguro que intentó ligarse a tu novia, no?

James se encogió de hombros.

- Lo hablé con ella ayer, y seguro que siendo como es Lily, no va a darle pie a mucho. Por muy mal que me caiga, no me la juego. Ya le dejaré las cosas claras si vuelve a pasarse.

- Pues no es por nada, pero entre que tú siempre has tenido poco éxito entre las chicas, y la llegada de este, te vas a quedar en nada. ¿Sabes que Jane Green también le seguía esta mañana como una loca?

Su amigo compuso una sonrisa ladeada, y se encogió de hombros. Lily se juró a sí misma, que de su contestación dependería su salud posterior, porque sería capaz de utilizar el hechizo que ensayaban contra él.

- A mi, mientras Lily no le haga caso, lo que hagan las demás, me da igual.

Sin necesidad de escuchar nada más, se puso de puntillas detrás de él, se apoyó en sus hombros, y le dio un pequeño beso en la mejilla. James se volvió al notarla, y ver que Sirius rodaba los ojos con un gesto de asco.

- ¡Lils! Estábamos practicando –la dijo para que no le echara la bronca-.

La pelirroja no le dijo nada sobre esa mentira, sino que se volvió a poner de puntillas y le dio otro beso en la mejilla.

- ¿Y esto? –preguntó James con una sonrisa-.

- Que eres un cielo cuando quieres –le contestó, correspondiéndole-.

La contestación de James murió bajó un gran bufido exasperado.

- Pettigrew, ni siquiera te fijaste en el movimiento de muñeca, ¿verdad?

Por la cara de Remus, era cierto. De hecho, a Peter le había parecido más interesante seguir hablando con algunos compañeros, y había ignorado a su amigo cuando le había instado a practicar.

- ¿Qué voy a hacer contigo? ¡En séptimo curso y aún no sabes transformar ni una taza de café!

Sirius y James rieron en voz baja ante esa paradoja. Peter podía ser muy torpe para la mayoría de los hechizos, pero en Transformaciones había algo en que superaba a la mayoría de las personas: la animagía. Así que tan malo en esa asignatura no debía ser.

- No debería decirle eso tampoco –defendió James solo para que Sirius y Lily le escucharan-. Ya nos advirtió que posiblemente la primera vez no nos saldría.

- ¡Potter! ¿Por qué no nos enseñas tú, si estás tan confiado como para hablar?

Ignorando la mirada exasperada de Lily, y la de enfado de la profesora, James se colocó frente a la mesita, intentando seguir los consejos que había guardado bien en su mente. Sirius le había entretenido y no había podido practicar, por lo que sería la primera vez.

- ¡Ienieska!

La mesita de té se redujo al instante a cenizas, que le inundaron los zapatos, y manchó las túnicas de Lily y Sirius. Pero él igualmente sonreía. Lo había conseguido.

- Seguid practicando –ordenó la profesora McGonagall frunciendo el ceño-. Rumsfelt, Hurley, intentadlo vosotros.

En el fondo se sentía orgullosa de su alumno, pero era exasperante que ese grupo saliera bien parado incluso cuando no hacía ni caso. Claro que eso la pasaba por pedir una demostración al mejor de la clase. En su asignatura, raramente James Potter podía fallar.

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Esa tarde, James tuvo que hacer lo que tanto temió desde las Navidades: ver cómo su equipo se iba a entrenar si él. Durante la comida atosigó a Grace con consejos y técnicas, tanto que la rubia acabó tirándole encima una fuente entera de patatas.

Pero él siguió insistiendo en repasar cada jugada hasta la hora del entrenamiento, en que él tendría que comenzar su castigo con su adorado Filch. Cuando el resto del equipo apareció, miró con envidia sus escobas, y pensó en la suya, guardada en el despacho de McGonagall. La recuperación de su cordura le llevó también a pedir disculpas a Nicole por el entrenamiento nefasto al que la obligó antes de las vacaciones, cosa de la que no se habría creído capaz anteriormente. Con su habitual buen humor, la muchacha no solo aceptó las disculpas del capitán, sino que aseguró que en parte se lo pasó hasta bien.

Pero en esos momentos, él estaba escuchando a Filch maldecir que no le dejaran usar métodos más enérgicos con alumnos como él, que solo se dedicaban a destrozar el colegio y faltar al respeto a los demás.

- ... Había mucha más disciplina cuando permitían colgarles de los pulgares. Ya se cuidaban de no volver a transgredir las normas después de aquello. Cómo hecho de menos los gritos...

Sabiéndose de memoria su discurso, James le seguía, poniendo los ojos en blanco, y moviendo los labios en silencio, reproduciendo palabra por palabra su perorata. Filch se dio la vuelta, y James se aseguró de poner cara de bueno, con una sonrisa burlona acompañándola. El celador frunció el ceño.

- Hoy vas a limpiar este espejo –le dijo cuando llegaron a un pasillo de la primera planta-. Sin magia. Y no quiero ver una mota de polvo, o me encargaré que la profesora McGonagall sepa que no quieres cumplir tus castigos.

Se llevó la varita de James, que le miraba de tal forma que podría haberle matado. Murmurando maldiciones contra él, comenzó a frotar con un trapo roñoso, preguntándose por Merlín, de qué serían esas salpicaduras de la parte inferior.

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En el campo de quidditch, Grace estaba en su elemento. No solo iba a mandar ese día por la falta de James, sino el resto del mes. No necesitaba que James fuera tan pesado para saber qué hacer, pero no estaba tan loca como para contradecirle.

Guió a los chicos, que bufaban por el torrente de lluvia que caía sobre ellos, y tras instarles a cubrirse a sí mismos con un hechizo impermeable, se apresuró a dar órdenes. Mentalmente agradeció a Lily su sugerencia. Ella sola no habría caído en ese detalle.

- Josh, practica con Sarah. Tiros fuertes, y altos. Sarah, James dice que tienes que seguir con el Double Eight Loop, haber si lo perfeccionas. Allan y Sadie, comenzad cada uno con una bludger. Id al otro lado del campo e intentad colocar por los aros. Tenéis que mejorar la puntería. Sadie, ¿me has oído?

La aludida la lanzó una mirada de las suyas, que ya no afectaban a Grace.

- Yo y medio colegio. ¿Tienes que gritar tanto?

La nueva capitana ignoró su mal comentario, y la ordenó a seguir al otro golpeador, que ya había cogido una bludger y estaba practicando con ella. Por ultimo, Grace se dirigió a Nicole.

- Contigo practicaré yo. No podemos permitir que nos vuelven a coger la snitch.

La muchacha enmudó su rostro, y se propuso concentrarse al máximo.

Y era buena. A veces la afectaban demasiado los nervios, pero hasta Grace, que era bastante prejuiciosa con ella, tenía que admitir que era muy buena buscadora. Solo tenía que controlar sus nervios.

La siguió de cerca mientras perseguía la snitch, observando sus movimientos, y asegurándose de darla un par de consejos de forma suave para no alterarla. Estaba tan concentrada, que no se percató de que sus movimientos eran seguidos, paso por paso, por otra persona desde tierra.

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Dentro del castillo, James llevaba casi una hora luchando contra la mugre del espejo sin tener muchos resultados. ¿Es que acaso ese hombre no limpiaba nunca? Parecía que la suciedad llevaba allí incrustada varios años. Cuando se lo había contado a Sirius por el espejo, este lo había considerado muy gracioso.

Estaba considerando seriamente el decirle a Dumbledore que debería revisar más a fondo el trabajo del celador, cuando alguien le saludó con alegría.

- ¡James! –dijo una sensual voz femenina con acento-.¿Qué haces?

Se dio la vuelta para ver lo que ya sabía: Cynthia caminaba hacia él con su elegancia natural, moviendo su larga melena a medida que andaba, de una forma muy irreal, como si pequeñas hondas de viento la atravesaran en cada momento.

- ¡Cynthia! –sonrió al saludarla. Ella se detuvo a su lado, mirándole extrañada-. Estoy castigado –la explicó-. ¿Cómo ha ido el primer día?

- Bien. Ha sido compliqué. Tout le monde migando siempge –explicó ella con su fuerte acento, mientras arrugaba la nariz, recordando cómo había sido su estancia por el momento-.

James paró de frotar un momento, para mirarla extrañado.

- ¿No estás acostumbrada ya?

- En Beauxbatons nadie me miga así –explicó ella encogiéndose de hombros-. Llevo allá desde los onze añios, pog lo cua me tgatan nogmal.

El chico sonrió levemente, haciéndose a la idea de la diferencia. Amplió su sonrisa mirándola, e intentó ser positivo, mientras volvía a su trabajo.

- Aquí pasará igual. A veces es difícil hacer amigos al principio, pero ya verás.

- ¿Tú hiciste amis pgonto? –quiso saber Cynthia con curiosidad-.

- El primer día –contestó James sin dejar de limpiar. Esperó respuesta, pero la chica se calló, y le miró con una perfecta ceja encarada. James supo a qué se refería-. Vale, no es lo normal, es que yo tuve suerte. Pero lo normal es que se tarde unos días en hacer amigos.

Cynthia bufó en voz baja, apoyándose en el marco del espejo.

- Las filles me migan mal, y ellos son demasiado existentes -se quejó en voz baja-.

- ¿Existentes? –preguntó James sin entenderla-. ¿ No será insistentes?

- Pues eso –respondió ella orgullosamente, alzando la barbilla-.

James tuvo que contener una risa por lo fallos que aún cometía la chica con el idioma.

- Bueno, mira el lado bueno. Con tu físico ligarás mucho –dijo siempre buscando la parte positiva del asunto-.

- ¿Pardon? –preguntó Cynthia sin comprender la palabra-.

- Que ligarás –repitió vocalizando. Al ver la cara de confusión de ella, añadió-. Que tendrás mucho novios.

- ¿Petit ami? –preguntó con desprecio-. ¡Que va! Jamais he tenido un. Solo ven el físico, y non migan nada más.

No parecía que el tema la gustara mucho, por lo que James decidió cambiar de conversación. Cuanto más hablaba con ella, más fácil resultaba tratarla como una más. Era una chica impresionante, pero lo cierto es que no era Lily, y después del impacto inicial, comprendió que eso era lo único importante.

- Estoy seguro que pronto harás muchos amigos. Aquí la gente suele ser muy agradable. Solo tienes que encontrar algo que tengas en común con los demás, y listo.

Se preguntaba seriamente qué narices podría encontrar una chica tan guapa y agradable en común con los asquerosos e idiotas de Slytherin, pero no lo dijo en voz alta para no desalentarla. Cynthia se quedó entre pensativa e incrédula.

- Et... –murmuró para sí misma-.

De pronto James tuvo una gran idea.

- Oye nena, me estaría hablando contigo por horas, pero ¿por qué no me dejas tu varita, y así acabó el castigo, y podemos continuar la conversación en un lugar más agradable?

Cynthia le miró a él, luego al espejo, y después al bolsillo de la túnica donde llevaba su varita. Finalmente, tras unos segundos de pensarlo, asintió con la cabeza.

- ¡Oh! Pardon. No me había dado cuenta... Toma.

Le tendió una varita que James aceptó al instante. Un movimiento de muñeca, y el espejo quedó como nuevo. Sonrió ampliamente a James, quien la devolvió la sonrisa.

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Bajo la intensa lluvia, Sirius no parecía poder librarse del castigo tan fácilmente. Hagrid parecía más serio de lo habitual, concentrándose en que la lluvia no hubiera dañado ninguna estructura, planta o animal. Le hacía cargar con mil cosas a la vez, y seguía un ritmo más rápido debido a sus grandes pies, que al chico le costaba seguir con tanta carga.

Dentro de su túnica, estaba el espejo por el que había hablado con James, ahora sin poder ser usado. ¿Habría acabado ya su amigo de limpiar la roña de Filch? Cuando Hagrid le condujo hacia el lago, consideró seriamente que en realidad McGonagall quería más a James. Porque sino, no se explicaba eso...

- Ey Hagrid, ¿no hay nada que podamos hacer a cubierto? Cogeré una pulmonía...

El guardabosques le miró con comprensión, y con una sonrisa de disculpa. Él no tenía ese problema, la piel de semi gigante le ayudaba a aguantar mejor esas temperaturas.

- Lo siento Sirius, pero hay que asegurarse que no se desborda el lago.

- Y el idiota de Prongs en el castillo, la mar de tranquilo y seco –murmuró él entre dientes-.

Hagrid le escuchó y se rió en voz baja.

- Bueno, creo que le han apartado del equipo de quidditch. ¿No es bastante castigo para él?

Sirius se encogió de hombros, pensando que quizá era cierto. Para James, que le quitaran la escoba era como cortarle un brazo. De repente se acordó de las palabras de Remus. Tenía que intentar sonsacarle a Hagrid algo sobre la Orden del Fénix. Suspiró teatralmente, fingiendo recordar algo triste.

- ¿Viste el periódico ayer, Hagrid? Han arrasado Nordbury. Dicen que Quien-tú-Sabes envió a los gigantes...

- Sí –suspiró el gran hombre-. Les tiene a todos de su parte. Pero también se cree que hubo mortífagos allí dirigiéndolos. Al menos eso opina Dumbledore.

- Siempre me he preguntado por qué Dumbledore no interviene –dijo Sirius como quien no quiere la cosa-. Cuando se enfrentó a Grindelwald se acabó todo. Seguro que si él participara...

- No es tan fácil como con Grindelwald –defendió Hagrid vehementemente-. Dumbledore hace lo que puede. Ya fundó la Orden del Fénix, y siempre está intentando reclutar a los mejores. Pero como es una organización secreta, tienen que actuar detrás del Ministerio, y eso lo hace todo más difícil...

De repente dejó de prestar atención a su trabajo en el lago para mirar al muchacho, que le miraba con mucha curiosidad, y una extraña sonrisa. Se conocía esa mueca. Ya estaba hablando de más, y el chico parecía muy interesado.

- Esto.. .eh... Dejemos el tema –se apresuró a decir torpemente-. Yo no te he dicho nada, ¿vale? Esto... ¿Por qué no te adelantas a las lindes del bosque? Creo que con la riada ha quedado atrapado un unicornio, y si le ves, pues me avisas.

El chico se dio cuenta de que mentía, y enarcó una ceja, haciéndole ver algo evidente.

- Hagrid, los unicornios me odian.

El hombre se sentía más torpe ante la inquisidora mirada de ese molesto muchacho.

- Bueno, a todos los hombres en general –dijo comprensivo-.

Sirius bufó. Lo cierto es que no era lo mismo. Todos los animales del bosque, pero en especial esos odiosos caballitos, les tenían a él y Remus una tirria especial. A Peter le trataban de modo indiferente, por lo que también le dejaban acercarse más que a la mayoría, y a James le tenían un inusual respeto que no alcanzaba a entender. Según Remus, que por algo era el documentado del grupo, eso se debía a que ellos eran capaces de ver su animal interior. En él veían al licántropo, lo que les llevaba a alejarse de él, y ser más agresivos de lo usual, y al perro interior de Sirius lo consideraban una familia de los lobos. Peter, al convertirse en rata, era un animal que pasaba completamente desapercibido, y no les afectaba su presencia. Y, mitológicamente, se consideraba al ciervo como el príncipe del bosque, lo que hacía que apreciaran más a James que a la mayoría de los hombres. Él solo lo usaba para fardar delante de Lily, la cual siempre se mostraba poco o nada impresionada.

- Entonces mira a ver si el campo de quidditch se ha encharcado, porque igual tengo que drenarlo –sugirió Hagrid dándole la espalda-.

Él obedeció más satisfecho. Al menos el equipo de quidditch estaba entrenando allí, y después podría contarle a James como iba. Seguro que eso le animaba. Cuando llegó, se le borró la sonrisa de la cara, al tener frente a él una imagen que no le gustaba en absoluto. Allí estaba Grace, en una actitud de lo más relajada, pese al torrente de lluvia, hablando con Marco Mancini, el chico nuevo.

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Poco antes, en el campo de quidditch, Grace decidió dejar el entrenamiento, cuando Sarah estuvo a punto de caer de la escoba por una ráfaga de viento.

- Mañana seguimos –les gritó mientras el equipo se encaminaba hacia las duchas, escuchándola a medias-.

Guardó la snitch y la quaffle, y se giró a buscar la bludger de Sadie, que la chica había dejado volando por ahí. Solo miró una vez alrededor, cuando encontró a alguien que la tenía en las manos y se la tendía. Le reconoció de inmediato, y sonrió ampliamente, felicitándose interiormente. Ya la había dicho a Lily que ella sabría hacerse ver sin necesidad de arrastrarse, como las demás.

- ¡Hola! –saludó acercándose, y tomando la bludger de sus manos-. Tú eres el nuevo, ¿no?

- Sí –la dijo con una sonrisa. Al parecer el chico era tan precavido como Lily, pues con el hechizo impermeable encima, se había asegurado no mojarse ni un solo pelo-. Por lo que se ve, todos me conocéis, ¿giusto?

Grace sonrió divertida. Lily también la había contado que hablaba perfectamente el idioma, y solo usaba el italiano para impresionar.

- Daré por hecho que los Hufflepuffs no te envían a espiar –el chico negó con una sonrisa, y Grace señaló al cielo, donde minutos antes habían estado entrenando-. Y, ¿qué te hemos parecido?

- ¡Sois muy buenos! –exclamó con convencimiento-. Me ha parecido muy buena la chica, il costude. ¿Cómo se dice? ¿Gurdana?

- Guardiana –explicó Grace-.

- ¡Eso! La guardiana. ¿Sabes? Mi hermana juega en esa posición también.

- ¿Sí? Me pareció oír que eras hijo de muggles –dijo suspicazmente-.

- Y lo soy. Somos tri hermanos. El mayor, Pietro, es muggle, pero la pequeña Francesca es maga, como io.

- ¿Eres el mediano?

- Sí. Pietro tiene veintidós añi, y Francesa solo catorce. Lo cierto es que fue toda una sorpresa cuando comenzó a hacer magia, porque creíamos que solo podría yo.

Grace se rió levemente ante su tono teatral. Era evidente que le gustaba exagerar las cosas por diversión, como a ella.

- Mi familia es entera de magos –le comentó. Vio su expresión cautelosa, y supo lo que estaba pensando en ese momento-. ¡Pero no somos prejuiciosos! Mi mejor amiga es hija de muggles. Es Lily, la chica que te acompañó el primer día, ¿la recuerdas?

Marco asintió. La recordaba perfectamente a ella, y a sus ojos. En ese momento, Josh y Allan salieron del vestuario, y se despidieron de Grace, comenzando a caminar hacia el castillo. Marco les miró pensativamente.

- ¿Sabes? Me llama la attenzione que seáis un equipo mixto. En Gian Incantato solo hay dos equipos: chicos contra ragazzas.

- - ¿Y qué tal os va?

Nosotros ganamos desde hace tri añi. Frances suele retirarme la palabra durante semanas cada año –Grace se echó a reír. A veces ella echaba de menos tener un hermano o hermana con quien confraternizar de esa forma-. ¿Eres la capitana?

- Solo este mes –aclaró-. Han vetado al capitán, así que le sustituyo.

- ¿Y cómo te va? ¿Te hacen caso?

Grace se encogió de hombros.

- Es mi primer entrenamiento, y a veces los chicos se subordinan un poco. Pero tranquilo, anularé su resistencia –dijo con una sonrisa macabra-.

Marco se echó a reír divertido. Le caía bien, era fácil hablar con ella.

- Ya vi que eres buena mandando. Te vi dando órdenes con mucha seguridad.

- ¿Acaso te has fijado en mi? –preguntó haciéndose la extrañada. Pero no lo estaba. Tenía ego suficiente como para saber que era normal, y casi obligatorio, que se fijaran en ella-.

- ¿Te extraña? –preguntó el chico algo inseguro. Quizá la había entendido mal-.

Grace sonrió sin decirle nada. En su interior, pensó que ya habían hablado todo lo necesario ese día. Ella sabía dosificar su presencia, y hacerse desear justo en el momento apropiado. Acabó de guardar las pelotas en el baúl, y curvó una sonrisa de medio lado.

- Tengo que irme ya. Espero que nos volvamos a ver.

- ¿En qué casa estás? –preguntó el muchacho algo ansioso-.

- En Gryffindor, en último curso. Quizá nos veamos en alguna clase.

No le dejó contestarla. Si tenía algo que decirla, que la buscara. Y estaba segura que lo haría.

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Sirius sintió la furia crecer en su interior, cuando reconoció la sonrisa que Grace le dedicaba al nuevo al despedirse. Era la misma que le ofreció a él aquel día en la playa, hacía casi tres años. Esa sonrisa que mostró justo antes de besarle, de dejarle claro que ella se sentía atraída por él, al igual que se sentía él. La sonrisa que lo comenzó todo. Era una sonrisa provocadora, coqueta, desafiante. Algo que nadie podía dejar pasar.

Al ver que se la dedicaba a ese niñato que venía nuevo, tuvo ganas de pegarle un puñetazo. Y no era la primera vez. Dejó tirada la bolsa que Hagrid le había dado en medio de un gran charco, y ni se percató de que el campo sí estaba bastante encharcado. Total, él estaba empapado hasta los huesos.

Caminó a zancadas por encima del barro, y se acercó al muchacho, que aún miraba a Grace alejarse dentro de los vestuarios.

- ¡Eh, tú! –le gritó a pesar de que estaba suficientemente cerca-.

Marco se giró sobresaltado por su repentina aparición, y le miró extrañado. Le costó reconocerle con la cara sucia y mojada, y su melena pegada a ella. Fue la expresión con que le miraba, como si quisiera hacerle desaparecer, lo que le recordó quien era. Había sido el más agresivo de todos, y eso que en ese caso concreto, no pretendía nada con su novia. No en el momento en que él apareció, al menos. Cuando se acercó a ella sí tenía otras intenciones, pero al decirle que estaba comprometida, dejó de interesarle. Era estúpido habiendo muchas chicas disponibles e interesadas, el meterse en un problema así.

- Tú eres el novio de Kate, ¿no? –preguntó recordando el nombre de ella. Intentó usar un tono amable, pero la mirada de Sirius continuó siendo asesina-.

Como si fuera un perro marcando su territorio, Sirius entrecerró los ojos y enseñó los dientes, como si estuviera a punto de atacar. A Marco le pareció aún más peligroso que la noche anterior, pero no dejó que le viera intimidado. Seguro que estaba acostumbrado a ser el matón de la escuela, y a que todos agacharan la cabeza a su paso. Marco jamás había empleado la violencia, no era inteligente, porque físicamente solía tener las de perder, pero sabía hacerse respetar.

Sirius se había puesto a la defensiva al escuchar el nombre de su novia. ¿Por qué recordaba a Kate? parecía haber hablando con medio colegio desde que llegó, pero recordaba su nombre perfectamente. Y ahora iba a por Grace. ¿Es que no podía dejarlas a ellas dos en paz? ¡Si tenía al resto del colegio para acosarlas!

- ¿Se puede saber qué hacías, novato?

Marco miró alrededor, fingiendo pensar la respuesta.

- ¿Pasear? –preguntó con una irónica sonrisa-.

- Vaya, si has salido gracioso. ¿Sabes que hago yo con los graciosillos?

- Por lo visto, imitarlos –contestó el otro chico enarcando una ceja, con una mueca burlona. Dio un golpe al aire, y se rió en voz baja de la absurda conversación-. Mira, yo tengo que irme. Solo me acerqué a mirar porque vi que alguien jugaba al quidditch, pero comprenderás que no voy a estarme aquí observando la lluvia.

- Alto ahí, ravioli –le dijo Sirius tomándole de la túnica, y obligándole a voltearse-. Te he visto hablando con Grace.

Marco le miró con curiosidad. ¿El problema no era que hablara con la chica de la noche anterior?

- Pues sí. ¿Está prohibido?

- Tómalo como quieras, pero te quiero lejos de ella. Créeme, o la dejas en paz, o lamentarás haberme conocido.

Una amenaza así solía surtir efecto. Sobre todo porque la mayoría sabían que tras esta podría ir una pesada broma de los merodeadores. Pero al chico nuevo no debió parecerle amenazante, pues se echó a reír divertido.

- Haber si lo entiendo: No me puedo acercar a Kate porque es tu novia. Lógico. Pero, ¿por qué no me puedo acercar a Grace? ¿Es tu hermana? –preguntó ocurriéndosele de repente-.

Ella había dicho que era familia de magos, así que igual ese chico era su hermano. Aquello explicaría su actitud sobre protectora. Pero Sirius negó con la cabeza, y él se extrañó.

- ¿Tu prima, entonces? ¿Es familia tuya?

- Mira gilipollas, no necesito darte explicaciones de por qué no te quiero cerca de Grace. Es mi amiga, y yo me encargo de que gentuza como tú está a suficiente distancia de ella. Así que ahora, ahueca el ala.

Marco negó con la cabeza, aún con una sonrisa. Aquello tenía gracia, la verdad.

- Mira, comprendo que te molestara mi actitud para con tu novia, pero este caso es distinto. Por lo que me cuentas, Grace no es nada tuyo, y ella no se ha mostrado incómoda con mi presencia. Es más, me ha dado a entender que la gustaría verme más veces, por lo que no veo motivo para alejarme, como tú dices. No tengo por qué darte explicaciones, si Grace está molesta conmigo, que me lo diga ella.

A Sirius le molestó saber que ella se había mostrado interesada, y más al darse cuenta que por mucho que a él le fastidiara, si ella quería ligar con el nuevo, él no podría evitarlo. Aún así, enfadado ciegamente, avanzó otro paso apretando los puños, y asegurándose, como la noche anterior, que el chico notaba la diferencia de altura y lo viera como una desventaja.

- Puede que te perdone tu ignorancia, porque aún no sabes quién soy. Cuando lleves unos días aquí, sabrás quién es Sirius Black, y que nadie se mete en su territorio.

Marco rió en voz baja, e ignorando la enfrenta, se adelantó para recoger las cosas que Sirius había dejado tiradas, y se las puso en los brazos como si fuera un amigo. Cuando el regazo del moreno estuvo completamente ocupado, le palmeó un brazo como si fuera una actitud amistosa.

- Y yo te perdonaré tu mala educación, porque me parece que no tienes claro quién es tu novia, y quién tu amiga.

Se marchó con la misma tranquilidad con que Grace le había dejado atrás minutos antes, y Sirius frunció el ceño, molesto ante esa última frase. Justo tenía que venir un niñato italiano a darle lecciones de moralidad ¡A él! Escupió en el suelo, pensando en lo absurdo de las palabras del enano ese, y comenzó a pensar en métodos para que Grace no quisiese acercarse de nuevo a él.

O-oOOo-O

¿Qué os parecieron los nuevos? De Tara aún no he dicho nada, pero es que este capítulo ya no daba más de sí :P pero saldrá, tranquilos :P Permitidme un suspiro por Marco, porque es mi Sirius particular, solo que más cerebral que impulsivo, como a mi me gustan jejeje ya véis que Cynthia no es una veela al uso. No es como Fleur, que es más engreída. Esta no disfruta tanto de la atención, pero sigue teniendo ese fuerte carácter veela. Llamadme loca, pero me hacía gracia meter un personaje así. Pero tranquilos, no robará la atención de nadie! Solo podrá nervioso al personal :P

¿Qué opináis de la reacción de Sirius? ¿No creéis que va de abusón? Bueno, siempre fue así, pero cuando se pone en esa actitud es cuando peor me cae jejeje

Sé que he nombrado poco el tema de las cajas, pero no os despistéis, porque aquí hay pistas. El siguiente capítulo no será tan bonito, y volveremos a entrar de nuevo en él. Claro que también habrá más cosas... Ya sabéis que a mi la munición no se me acaba :P

Un besazo, y hasta la próxima. ¡Haber si de esta llegamos a los doscientos!:D

"TRAVESURA REALIZADA".

Eva.