¡Hola a todos! Me llamo Eva y vengo a presentaros mi nueva historia... No, miento. Sigue siendo la misma historia, pero he tardado tanto tiempo en actualizar que comprendo que estéis enfadados conmigo y se os haya olvidado el argumento. Si os sirve de consuelo, os diré que a parte de ser un larguísimo capítulo que no sé si seréis capaces de terminar (jejeje), he estado terriblemente ocupada este tiempo: Acabé de trabajar y apenas tres días después comencé el último curso de la carrera, y además he estado enferma, lo que me ha impedido escribir durante bastante tiempo. De hecho, estuve tan ocupada que no tuve tiempo más que de escribir a ratos y no pude contestar los reviews, por lo que lo haré hoy todo. Si me dejo a alguien sin contestar o lo hago dos veces, por favor, avisadme y lo soluciono. Sólo me queda disculparme y esperar que este capítulo lleno de acción y sentimentalismo sea mi redención.

Bien, contesto los reviews anónimos, y empezamos a leer:

Mariana: Vaya, siento que no te gustara que Sirius se quedara con Grace y eso te haya decepcionado, pero era algo que ya tenía pensado desde el principio y, como tú has dicho, es mi historia. Lamento tu decepción y te agradezco de verdad que hayas leído hasta aquí, al igual que comprenderé que no quieras seguir haciéndolo. Un besazo enorme.

Roxanne Potter: ¡Hola guapa! Sí es triste la escena en que encuentran a Andrea, pero a mi me parece lógico que el marido odie a Dumbledore. Es una manera de expresar su dolor, y le echa la culpa porque su familia esté rota. En cuanto al tema Sirius&Kate, no sé si la reacción de ella es especial, porque bueno, es muy sentimental y sentida y me pareció que ella sí se tomaría la ruptura así. Lo de las amigas es completamente ilógico, lo sé, pero necesito que sean ilógicas para la historia (además, ten en cuenta que esas dos están muy sensibles por acontecimientos recientes y el dolor te hace exagerar todas las situaciones). Tranquila, la cruzada contra los chicos no durará demasiado ;). El que Adam mandara la carta es descuidado, pero él no pensó que le irían a localizar tan rápidamente, y mucho menos que controlarían el correo de Elizabeth. Él pensó en todo ya ves, pero el final era triste, aunque él también lo había pensado como un final posible, y lo aceptaba. ¿Crees que le falta desesperación a la escena en que se descubre al traidor? Quizá tengas razón, pero no sabría cómo mejorarla. En cuanto a Sirius y Grace, celebro que te gusten! En este capítulo tendrás más de ellos! Un besazo! ;)

Sole: ¡Hola guapa! Bienvenida a la historia, ¡me alegro que te guste! Intento que las escenas tristes tengan suficiente dramatismo y, aunque suene algo bestia, me gusta pensar que hay escenas que marcan, como la de los padres de Gis o el descubrimiento del traidor. ¡Déjame felicitarte por leer toda la historia de un tirón! Tiene más mérito que escribirla, pues es un tochazo impresionante jejeje Me alegra que te gusten las historias donde no todo es bueno ya que, como habrás comprobado, no es mi estilo, y menos en una de Harry Potter donde están en medio de una guerra. Me temo que aún no he acabado de ser mala jeje Y también me alegro que te guste la pareja Sirius&Grace y no te enfades conmigo, pero creo que de momento están mejor ellos juntos. De todas formas la historia tendrá un final cannon y nuestro pobre Sirius acabará encarcelado y sin novia de todas, todas! Espero tu review, aunque lamento haber tardado en publicar. Me temo que mi vida no da para más últimamente... Un besazo!

De acuerdo, ya acabé con los anónimos, por lo que procedo a dejaros con la historia, que ya adelanto que está muy completita. Hay una escena que debería estar en alemán, pero como por razones prácticas no sería productivo, hagámonos a la idea y ya está jejeje

Ya sabéis que todo es de J.K., pues si no el peque Harry nunca habría crecido (me encanta cuando son bebes :P)

"JURO SOLEMNEMENTE QUE MIS INTENCIONES NO SON BUENAS"

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Capítulo 34: Gryffindor vs Hufflepuff

Las carcajadas hacían eco en aquella sala, que por el aspecto húmedo de las paredes y el sonido amortiguado de cada movimiento, debía estar bajo tierra. Era en esa clase de lugares donde ese tipo de personas estaban cómodas, reptando y ocultándose en la oscuridad, con intenciones aún más oscuras.

- ¡Crucio! –gritó uno de los hombres con voz áspera, apuntando a un cuerpo inanimado que estaba en el suelo-.

El cuerpo se movió de un lado a otro, pero el hombre no emitió ningún sonido, ni siquiera un gemido que revelara su dolor. Hacía horas que Adam Potter había perdido la voz por completo.

- Esta se la das a Caradoc Dearborn de mi parte –exclamó el siguiente mortífago entre risas, mientras volvía a usar la maldición imperdonable-. El muy cabrón casi me arranca un brazo la última vez.

El cuerpo volvió a agitarse, pero más por la inercia del hechizo que por los espasmos del dolor. Los compañeros del mortífago le rieron la gracia y decidieron seguir su ejemplo. El siguiente pateó con fuerza la espalda de la víctima, antes de apuntarle con la varita.

- Este es mi mensaje para la perra de Meadows, para que sepa lo que será de ella la próxima vez que me la encuentre.

Esa vez le lanzó un hechizo que le abrió el pecho en canal, dejando caer sangre en abundancia. Adam, con el semblante completamente pálido e inmóvil, no hizo ni siquiera un pequeño gesto de dolor.

- ¡Crucio!

Parecía que nunca era bastante para satisfacerles. Llevaban horas torturando al seguidor de Dumbledore, sin descanso, sin piedad, y aún tenían energía e ira reprimida de sobra. Sin embargo, mientras veía la sangre crear un charco más y más grande alrededor del cuerpo de Potter, el mortífago decidió aumentar la potencia de la maldición, queriendo ganarse aunque fuera un gemidito de dolor. Pero ningún sonido salió de la boca del hombre.

Furioso por negársele ese placer de escuchar el sufrimiento de su víctima, el mortífago gruñó, y alzó de nuevo la varita pensando algo nuevo y más doloroso.

- Dolohov –dijo una voz desde el otro lado de la estancia, deteniéndolo-.

Entre la diversión, ninguno escuchó la puerta abrirse y dar paso a los dos líderes de esa misión: Lucius Malfoy y Ethan Divon. Ambos avanzaron a la vez hacia el cuerpo de Potter, y mientras Ethan le giraba la cara con el pie para poder contemplar su rostro, Lucius se agachó para comprobar el estado de la víctima más de cerca.

- Me temo, amigos míos –declaró pomposamente el joven Malfoy con una sonrisa divertida-, que lleváis horas ensañándoos con un cadáver. Lleva rato muerto.

La expresión de alguno de los hombres declaró decepción por lo poco que había durado la diversión, pero Ethan chasqueó la lengua y exclamó:

- Queridos amigos, la próxima vez intentad cuidar más vuestros juguetes para que duren, al menos, un día entero.

El comentario relajó el ambiente y varios hombres se echaron a reír, divertidos, mientras observaban el cadáver que estaba tirado en el suelo.

- ¿Conseguisteis sonsacarle algo? –preguntó Ethan con curiosidad, mientras observaba, impasible, el estado del hombre que había sido compañero suyo-.

- Nada en absoluto –declaró Evan Rosier-. Este individuo sabía lo que se hacía.

- Si tanto había manipulado su mente, dudo mucho que él pudiera decir nada –pensó Malfoy en voz alta considerando lo que Ethan le había revelado-.

- Todo puede ser –intervino también Wilkes-. Esta gente de Dumbledore son tan raros que son capaces de matarse a sí mismos para que nosotros no obtengamos la información que queremos.

Ethan frunció el ceño con furia, sabiendo que aquello era cierto. Había visto demasiado durante su etapa en la Orden del Fénix, todos allí eran unos malditos santos dispuestos a morir por la causa, a convertirse en mártires si la situación lo requería. Pero no pensaba rendirse tan pronto. Necesitaba la caja del aire, y por muy difícil que Potter se lo hubiera puesto, daría con ella.

- Entonces es momento de empezar a investigar –le dijo a Malfoy-. En algún lugar ha debido dejarse alguna pista de dónde ha escondido la caja.

- Creo que es evidente que no la ha escondido él –le dijo Malfoy con un tono muy reprimido, como si considerase que era una pérdida de tiempo dialogar con él-. Si la poción no funcionó, se debe a que Potter ya no es el guardián de la caja. Se la cedió a alguien; sólo queda adivinar a quien.

Ethan asintió pensativamente, pensando en dónde debía comenzar a buscar. Y tenía la persona perfecta. Al fin y al cabo, ya antes se había quedado con las ganas de reajustar cuentas con Elizabeth Duncker.

OO—OO

La puerta se abrió de golpe, rompiendo el momentáneo silencio que reinaba en el Cuartel General de la Orden del Fénix. Dumbledore, que acababa de llegar, se levantó de un salto al ver entrar por ella a los hermanos Prewett, y se acercó hacia ellos sin pérdida de tiempo.

- ¿Habéis sabido algo? –preguntó con Moody pisándole los talones-.

El auror había buscado por su cuenta también, todos en Alemania, pero no había tenido resultados. Fabian y Gideon parecían estar en las mismas condiciones. Cansados y sudorosos, a pesar de las bajas temperaturas exteriores, los dos hombres apenas habían tenido tiempo de recuperar el aliento cuando negaron con la cabeza.

Dumbledore giró sobre sí mismo, furioso contra el mundo, y especialmente contra Adam Potter. ¡¿Dónde se había metido ese muchacho? Supuestamente no deberían haber llegado tan rápido hasta él. Entre la muerte de Tomás y la de Andrea había habido una semana de diferencia, ¿cómo iban a localizar a Adam en tan sólo un día?

- ¿Y si se equivoca, señor? –preguntó Gideon frunciendo el ceño-. Quiero decir, ¿y si no está allí? Puede que no haya salido de Inglaterra, puede que ahora esté escondido en el lugar más obvio y nadie haya caído en buscarle allí.

- No –respondió pensativamente el anciano, negando con la cabeza-. Me dijo que se marcharía del país. Incluso le ayudé a conseguir el traslador con rapidez.

- ¿Y te dijo que iría a Alemania, Albus?

- No especificó, Alastor, pero no creo que haya ido a otro lugar. Ese era el único lugar donde tenía a alguien conocido.

- ¿De verdad cree que se ha puesto en contacto con la mujer de Duncker? –preguntó Fabian aún sin confiar en la certeza del profesor-.

Ni los gemelos ni Moody consideraban lógica la historia de la amistad entre Potter y la esposa de un mortífago. Puede que hubieran ido juntos a clase y fueran amigos en el pasado, por supuesto, pero mantener el contacto veinte años después les parecía casi imposible. Por no hablar que se trataba de Bernard Duncker, un asesino, un seguidor de la magia oscura. Por mucho que el director de Hogwarts insistiera en que él nada tenía que ver en la desaparición, Elizabeth Duncker seguía siendo su mujer. Cultivar una amistad semejante habría sido muy poco inteligente por parte de Potter, y si había acudido a ella en busca de ayuda, aquello no pintaba bien.

- Sí, lo creo. O al menos, creo que lo ha intentado. Pero he hablado con Elizabeth, y no sabe nada de él desde que se despidieron en Navidades.

- ¿Y no crees que haya motivo para desconfiar de ella? No olvidemos que Duncker...

- No, Alastor –intervino antes de dejarle terminar-. Ya te he dicho que se de buenas fuentes las inclinaciones de Elizabeth, y ella jamás participaría en la desaparición de nadie, mucho menos de Adam.

Los Prewett parecían tan pocos convencidos como Moody, sobre todo porque Dumbledore no había dado muchos datos al respecto, más que pedir que se confiara en su buen juicio.

- Pongamos que ella nada tiene que ver –propuso Fabian-. Supongamos que sí intentó ponerse en contacto con ella, pero que la mujer no recibió el mensaje. Cualquiera pudo interceptar el mensaje, cualquier mortífago que estuviera acostumbrado a rondar la casa, o incluso su propio marido. Aunque no comparta sus ideas, puede que intente ayudarle. Ya sabe, no hay nada más inconsciente que una mujer enamorada.

Su hermano asintió vehementemente, de acuerdo con él, pero a su vez Dumbledore negaba con la cabeza.

- Puedo inclinarme a pensar que hayan interceptado el mensaje, pero si así ha sido, los Duncker no han tenido nada que ver con esto. Eso, seguro.

- ¿Cómo puedes saberlo?

- Confiad en mi –dio simplemente-.

Los Prewett se contuvieron de soltar un bufido mientras Moody parecía capaz de matar a Dumbledore con la mirada. "Confiad en mi" era lo que siempre decía el anciano cuando no pensaba dar explicaciones sobre un tema. Aunque también era cierto que en esas ocasiones Dumbledore no solía fallar nunca.

Resoplando de impaciencia, el anciano dio un par de vueltas sobre sí mismo, como intentando pensar más rápido.

- Hay que seguir buscándole. Tenemos que encontrarle cuanto antes.

Gideon asintió con la cabeza, antes de sugerir:

- Quizá deberíamos pedir más ayuda. Puedo pedirles a Caradoc y Edgar que se unan a nosotros.

- Sí, buena idea. Avísales –suspiró Dumbledore-.

Gideon salió corriendo, y sin dudar un segundo su hermano le siguió, ambos ignorando el cansancio y agotamiento que sentían. Dumbledore se giró hacia Moody, que seguía mirándole con sospecha.

- ¿Qué tal está Frank? –le preguntó sorprendiendo al auror con su cambio de tema-.

- Débil. Forzó demasiado su mente, así que su cuerpo tardará varios días en reponer la suficiente energía. Lo lamento pero no podemos contar con él, y tampoco con Alice –repuso tajantemente-.

- Eso ya lo suponía –susurró Dumbledore en voz baja, dándose cuenta de todos los problemas que tenía en ese momento-.

Tomás y Andrea muertos, Ethan era un traidor cuando jamás habría sospechado de él, Voldemort en posesión de tres de las cuatro cajas. Y Adam no aparecía, la última caja podía estar en manos de los mortífagos o en paradero desconocido, Frank había hecho demasiado esfuerzo, se había arriesgado demasiado... Y todo aquello apuntaba, como muy bien le había gritado Alec Stone a la cara, a un único culpable: Él.

OO—OO

Habían pasado tres días, y la luna creciente coronaba el cielo, dando paz a la noche oscura que se ceñía sobre las tierras de Escocia. Sirius Black dormía profundamente en su cama, ajeno a los ronquidos de sus amigos y a los suyos propios. Una pierna estaba fuera de la cama, casi caída hacia un lado, y él estaba tumbado boca arriba, con la cabeza algo echada hacia atrás, y la nuez de Adán subiendo y bajando en sintonía a sus ronquidos.

De repente, algo anormal le despertó sobresaltándole. Algo estaba entrando en su cama, algo de piel fría. Dado que ninguno de sus amigos tenía mascotas que pudieran colarse entre sus sábanas, pegó un bote y buscó su varita a tientas.

- ¿Quién...?

- ¡Ssshhh! –le mandó callar una voz femenina en un susurro-. Soy yo.

- ¿Grace? –preguntó desorientado, mientras miraba hacia la oscuridad-.

- ¿Hay más chicas que se meten en tu cama a mitad de la noche, o qué? –preguntó ella medio en broma, medio enfadada-.

Sirius también se debatía entre reírse por ese arrebato, o enfadarse. Al fin y al cabo, le había despertado de madrugada.

- ¿Qué hora es? –preguntó con voz pastosa mientras se dejaba caer contra la almohada-.

Grace se desperezó en su lado de la cama, sin duda cogiendo postura, y acercó sus pies a los de él, buscando calor. Sirius dio un respingo por el frío, pero no se apartó. La muy bruta seguro que había caminado por toda la torre descalza hasta llegar allí, y debía estar helada.

- Las cinco y media –respondió Grace con voz de sueño. Escuchó un bufido de Sirius, y frunció el ceño en la oscuridad-. ¿Qué pasa?

- ¿Por qué me has despertado tan pronto? Se que no puedes vivir sin mi pero, ¿no puedes esperar al desayuno para verme?

Aquello, evidentemente, le costó en ligero golpe en el estómago. Grace bufó, y procedió a contarle lo que la ocurría, aunque en ese momento supo que hubiera preferido a Lily. Pero a su mejor amiga se la habían llevado a otro piso, y, con Remus dormido, allí él era su mejor opción.

- No podía dormir –confesó-.

Sirius rió en voz baja.

- No te creo –respondió divertido-.

- ¿Cómo que no? –preguntó Grace empezando a picarse-.

Pensando que podía llegar a enfadarse en serio, Sirius la pegó un fuerte abrazo, ahogando una risa en su pelo. Grace le dio un pellizco, pero no se apartó.

- Es sólo que tú eres la única persona en el mundo que duerme más profundamente que yo, rubia –como si estuvieran reclamando atención, un ronquido mucho más fuerte de lo normal atravesó la habitación, y Grace pegó un bote sobresaltada. Sirius, completamente acostumbrado a esas situaciones, se rió-. Bueno, tú y Wormtail. Pero lo que quiero decir es que no creo que tú hayas pasado una noche en blanco en tu vida.

- Lo cierto es que te equivocas –respondió vagamente Grace acomodando la cabeza en su pecho, y recordando algunas noches posteriores al día que había visto a su queridísima amiga Mellisa besándose con, ahora sabía, el falso Sirius-. Pero lo cierto es que tengo remordimientos. Kate ya ha dejado de llorar, pero sigue super deprimida. Esta noche Gis y Rachel han tenido una conversación larga con ella, en la que pretendían que yo participase. Pero sólo he sabido estarme callada mientras escuchaba tu nombre una y otra vez. ¿Tú no te sientes fatal?

Sirius suspiró.

- Claro que me siento mal. Sabía que Kate lo iba a pasar mal, es demasiado sensible. Pero tú no te sientas culpable. El único que la he hecho daño he sido yo.

Grace asintió contra su pecho pensativamente, más porque comprendía su postura que porque estuviera de acuerdo. Si ella no hubiera vuelto a meterse en su vida, si hubieran continuado ignorándose el uno al otro, nunca habrían vuelto a prenderse las cenizas de su fuego, y Kate no estaría sufriendo. Era culpa de ambos. Enlazó sus piernas con las de él, y apretó su abrazo. Era extraño, no recordaba haber estado nunca tan cómoda y relajada con Sirius, pero era agradable abrazarse simplemente por el hecho de abrazarse, sin segundas intenciones. Suspiró, y siguió hablándole de sus pensamientos.

- Siento como si la estuviéramos traicionando. Han pasado muy pocos días desde que rompiste con ella, y nosotros ya estamos juntos. Siento que debería ser sincera con ella, contarla todo desde el principio al final; se lo merece. Pero, egoístamente, aún no me siento preparada para que me odie de esa forma...

- No te va a odiar –murmuró Sirius acariciando su cintura-. Kate no es capaz de odiar a nadie, es demasiado buena. Además, en todo caso, la culpa es mía. Tú no has podido evitarlo, soy irresistible.

Pese a que sabía que lo había dicho a posta para cambiar de tema y evitar que se entristeciera más, Grace no pudo evitar reírse en voz baja.

- Eres un desastre. Te despido como psicólogo. A partir de ahora me encomendaré sólo a Lily –bromeó también ella-.

- Mal vas con la pelirroja –susurró Sirius con una sonrisa-. Pero si vais a tener una de esas conversaciones de chicos, asegúrate de dejarme en buen lugar, y sugiérele a ella que acabe con el celibato de Prongs. Me preocupo por la salud de mi hermano, y tanto tiempo sin sexo no puede ser bueno.

- Siempre con lo mismo –le riñó pellizcándole el estómago, aunque tenía una divertida sonrisa en su rostro-. James es un caballero, cosa que tú no. Se tiene ganado el cielo.

- Y tanto que el cielo –se jactó Sirius-. Sólo un tío muy enamorado aguanta esos calentones sin concluir nada, cuando tiene a otras por ahí dispuestas a todo.

- Quien lo iba a decir de James... –murmuró Grace medio en broma, medio en serio-.

Sirius se rió en voz baja para después relajarse en la cama, aunque no aflojó su abrazo. Frotó los brazos de Grace un par de veces para darla más calor, y la susurró:

- Duerme conmigo, rubia. Si es que los ronquidos de los chicos te dejan...

- ¿Cuándo dejarás de llamarme rubia? –preguntó Grace levantando un poco la cabeza, empezando a cansarse del apodo que la había puesto para chincharla-.

Sirius negó con la cabeza vagamente, volviendo poco a poco a los brazos de Morfeo.

- Nunca. Eres mi rubia.

Se ganó una pequeña patada, pero aún no había dejado de reírse por un arranque tan típico de Grace cuando se quedó dormido de nuevo.

OO—OO

Horas después, Lily despertó lentamente, atraída por un agradable sonido, como un pequeño canto, y rodeada de un maravilloso aroma. Abrió los ojos, y parpadeó un par de veces acostumbrándose a la luz, hasta que vio, anonadada, que toda su habitación estaba llena de pétalos de rosa.

En la cama, por el suelo, encima de las cómodas... Miles de pétalos de distintos colores cubrían el cuarto como un manto primaveral. Creyéndose aún en un sueño, Lily se frotó los ojos extrañada, pero cuando los volvió a abrir, todo seguía igual. El canto que había oído era el de unos pequeños pájaros de colores que estaban posados en su mesilla de noche. No reconocía la especie, por lo que pensó que seguramente se trataban de animales convocados con magia, como el pececito que le había regalado ella al profesor Slughorn cuando era niña. Todo el ambiente era mágico y encantador.

Además, todo mejoró al oír un aleteo y ver centenares de preciosas mariposas dirigirse hacia ella desde cada rincón de la habitación, y reunirse enfrente suyo formando las palabras: "Feliz cumpleaños, Lily". Sonrió ampliamente cuando lo comprendió todo, y más cuando sintió que alguien la besaba tiernamente en la mejilla.

- Buenos días cumpleañera. Permíteme ser el primero que te felicite –la susurró James al oído, para después besarla suavemente en los labios-.

No sabía cómo había entrado sin que le oyera, pero estaba tan encantada con su regalo que no hizo preguntas, y le pasó las manos por el cuello para darle otro beso más profundo en la boca.

- Eres único –le susurró contra sus labios con una estúpida sonrisa en la cara-.

- Lo sé –respondió su novio, como siempre con el ego subido-.

Lily rió por primera vez esos arranques de egocentrismo, pero despertar de una forma tan magnífica la había puesto de un humor insuperable. Nunca habría creído que James Potter fuera capaz de tener esos detalles tan románticos.

- Gracias por esto. Es el regalo más bonito que me han hecho en mi vida.

James sonrió genuinamente, y la abrazó.

- Mi chica no se merece menos. Además, hoy te conviertes en la mayor del grupo, en la responsable moral de todos. Y, durante dos meses, me sacas un año.

- Mmm. Además, ¿sabes qué? –le susurró Lily con voz coqueta-. Según la ley muggle yo soy mayor de edad y tú no. Eso me convierte en la influenciable y en la instigadora.

- Genial –James sonrió de medio lado-. Siempre he querido que me perviertas. Me da mucho morbo eso de salir con una adulta.

Lily se rió mientras James comenzaba a besarle la barbilla, el mentón, el cuello y seguía bajando. Estaba comodísima, en la gloria, y la cosa estaba empezando a calentarse. Por esa razón decidió cortar antes de que se olvidara de sí misma y su cuerpo tomara la iniciativa. Tenían clases, al fin y al cabo.

- Será mejor que me vista. Hoy es un día largo. Hay dos horas de pociones.

Para ella casi era un regalo extra por su cumpleaños, pero James no pudo evitar rodar los ojos y decir irónicamente:

- Que guay.

Lily sólo se rió en voz baja mientras se inclinaba en su baúl buscando su ropa. James no consideraba tan divertido tirarse dos horas con un profesor que se emocionaba con cada cosa que hacía su novia hasta un punto casi enfermizo, mientras a él le fulminaba con la mirada y pasaba de largo sin percatarse de la presencia del pobre Remus, que ponía todo su empeño en no ser un total desastre.

Apartando sus pensamientos de Slughorn, James se levantó de un salto de la cama, y la dijo:

- Perfecto. Tú dúchate, relájate, y te espero en la torre de Gryffindor antes de bajar a desayunar. Tu cumple apenas comienza.

- ¿Tienes pensadas más cosas? –preguntó ella estupefacta y emocionada-.

James sólo sonrió.

- ¿Aún no sabes que estás saliendo con James Potter, merodeador por excelencia?

Lily se rió, y siguió mirando la puerta un par de segundos después de que él se hubiera marchado. Tenía la sensación de que, por un día, no la molestarían los locos planes que hubiera preparado James.

OO—OO

En la torre de Gryffindor el día había llegado por fin, y la zona común estaba a rebosar de estudiantes que iban y venían, que bajaban al Gran Comedor, subían a sus dormitorios por haber olvidado algo o, simplemente, esperaban a alguien más mientras estaban sentados en los sofás.

Era el caso de Rachel y Kate, que estaban esperando pacientemente a que Gisele acabara de arreglarse. Ella y Grace siempre eran las últimas en salir, pero la rubia parecía haber madrugado de forma inusual ese día, pues no estaba en la habitación cuando ellas despertaron.

Kate tenía mejor aspecto que los últimos días. Había dejado de llorar y de auto compadecerse por las esquinas, pero su sonrisa amable y perpetua aún no salía inconscientemente, y debía forzarla. Aún así, su ánimo había mejorado, y empezaba a hacerse a la idea de su nueva situación sin sentir un dolor agudo en el pecho. Debía reconocer que la constante compañía de Gis y Rachel tenía que ver, al contrario que creía cuando sólo quería estar sola; quizá pasar las penas en compañía no era tan malo.

Pese a no ser aún ella misma, estaba hablando con su amiga en voz baja y relajada, cuando Remus y Peter bajaron las escaleras que conducían a su habitación. Al verlas, el pequeño hizo el amago de detenerse, pero Remus le dio un ligero golpe en el codo, y se limitó a sonreírlas y saludarlas a las dos. Pese a que tenía la cabeza en alto y la mirada orgullosa, Remus le dedicó una amable sonrisa a Kate.

- Buenos días, Kate.

- Buen día Remus –le respondió ella forzando de nuevo su sonrisa, después de saludar a Peter-.

Vio que el muchacho dejó escapar una breve mirada hacia Rachel antes de ir con su amigo hacia el retrato, y desaparecer por él. Miró a su amiga, que miraba la salida con el ceño levemente fruncido, y las mejillas sonrojadas.

Rachel sabía a qué venía esa actitud, y por eso la molestaba más. Desde su último encuentro en que ella le dejó claro que debía elegir entre Sirius y ella, su novio no la hablaba y evitaba estar en la misma habitación que ella más tiempo que el necesario. Sabía que él era muy orgulloso y no permitiría jamás que nadie le obligase a hacer algo que no quería, pero tenia que comprender que Kate lo estaba pasando muy mal por culpa de Sirius, y que ella no podía permanecer en el mismo grupo que él como si nada hubiera pasado.

- Rach –la llamó Kate al ver que se había quedado pensativa mirando el retrato. Ella la miró interrogante, esperando que el calor que sentía en las mejillas no se reflejase exteriormente. Kate se mordió el labio y dudó un momento antes de hablar-. Bueno, sé que estos días me he estado comportando de un modo egoísta y no he prestado atención a más cosas.

Rachel iba a interrumpirla, pero Kate levantó una mano.

- Bueno, es así. Estaba tan preocupada auto compadeciéndome, que no os he prestado atención a vosotras. Pero ya ayer notaba muy tirantes las cosas entre Remus y tú, y me preguntaba qué podría ser.

- Nada que te preocupe –respondió con una pequeña sonrisa-. No sabe ser comprensivo, y es un hombre. Dos grandes defectos siempre relacionados entre sí.

- ¿No será por nada relacionado con lo mío con Sirius, no? –preguntó Kate entrecerrando los ojos-.

Ya había pensado en esa posibilidad, pero no podía creer de Rachel que fuera tan cabezota. De Gis sí, pero no de Rachel. Su amiga bajó la mirada e hizo una mueca ambigua. No quería hablar demasiado de aquello, menos con Kate, y menos aún sin Gisele allí para apoyar punto por punto su decisión de "Estamos mejor sin hombres".

- Rach, lo que ha pasado conmigo y con Sirius no debe afectaros a ti y a Remus –insistió Kate con voz triste-. El que mi nov... mi ex novio ya no me quiera, no tiene nada que ver con que tú y Remus aún sí os queráis. Hay relaciones que son duraderas, y otras que están destinadas al fracaso.

La dolió muchísimo decir eso, más cuando los sentimientos de los que hablaba aún seguían muy arraigados en ella, y su corazón aún bombeaba con fuerza cada vez que Sirius aparecía por la puerta, aunque él ya no sintiera lo mismo o jamás lo hubiera sentido. Pero que Rachel hubiera discutido con Remus por ellos dos la parecía realmente absurdo e innecesario, y no cesaría en decírselo a su amiga.

- Por fin escucho unas palabras lógicas. Y sabía que las dirías tú, Kate.

No sabían cuando había llegado Lily y se había unido silenciosamente a la conversación, pero la pelirroja sonrió a Kate contenta de verla algo mejor, y ella la respondió por su apoyo moral con Rachel.

- Os agradecería que no os metierais en mi vida –musitó Rachel mirando hacia las escaleras, preguntándose dónde demonios se habría metido su mejor amiga-.

- James es el mejor amigo de Sirius, y jamás se me ocurriría darle a elegir entre él y yo, por muy cabrón que me parezca que haya sido él. Han estado juntos desde niños, unidos en situaciones bastante inusuales y formando un grupo inquebrantable. No se van a abandonar el uno al otro con facilidad –insistió Lily-.

- Y sería injusto pedirlo –añadió Kate-. Puedo estar mal y sentirme dolida, pero no puedo culpar a Sirius por dejar de quererme. Esas cosas ocurren, y Remus, James y Peter seguirán contando con mi amistad a pesar de eso. Es más, quizá con el tiempo pueda tener una buena relación con Sirius.

- ¿Llevarte bien con Sirius? –preguntó Gisele apareciendo de repente y mirando a su amiga como si la hubiera salido un tercer ojo-. ¿De dónde ha salido eso?

- Kate cree que no deberíamos dejar de hablar con los chicos por lo que le ha pasado a ella –explicó su mejor amiga-.

- ¡Tonterías! –exclamó Gis-. Los hombres son unos cabrones. Todos; y punto.

- Pues yo creo que deberías pedirle disculpas a Remus –insistió Lily, y Kate asintió con la cabeza haciendo una mueca triste. Si continuaban con el tema de Sirius y ella volvería a deprimirse-.

- No la hagas caso. Pasa de él. Si no le metes caña ahora, quizá quiera hacer lo mismo que su amiguito –intervino Gis mirando seriamente a su mejor amiga-.

Lily intentó ser la voz de la razón al decir que más tentado podría sentirse Remus de mandarla a la mierda si seguía siendo tan irracional. Pero antes de que pudiera hablar, Grace llegó hasta ellas de un salto, con una sonrisa de felicidad muy impropia de ella a esas horas de la mañana.

- ¡Buenos días, chicas! –exclamó animada-.

- ¿Tú de dónde sales? –preguntó Rachel, mientras Lily miraba a su mejor amiga con el ceño fruncido-. Cuando despertamos ya no estabas en el cuarto.

- Tenía que hablar con Remus –dijo encogiéndose de hombros de una forma muy natural, si no hubiera sido porque Remus hacía rato que se había marchado mientras ella seguía arriba-.

Afortunadamente, antes de que ninguna, además de Lily, se percatara de ese detalle, Sirius y James bajaron por las escaleras, creando un momento bastante incómodo, como cada vez que coincidían con Kate y las chicas en los últimos días. Eso sí, James era experto en deshacer momentos incómodos, y se dirigió hacia Lily ruidosamente.

- ¡Mi cumpleañera! ¡Vamos al comedor, te he preparado muchas sorpresas para hoy!

La cogió en brazos y la dio una vuelta en el aire antes de que volverla a dejar en el suelo, y tomarla de la mano para arrastrarla hacia el comedor. Con una risita divertida, Grace les siguió para no perderse detalle, y Rachel y Gis fulminaron a Sirius con la mirada antes de arrastrar a Kate con ellas, que le lanzó una tímida mirada y se dio cuenta de que él hacía lo mismo con ella.

En el comedor nadie tuvo duda de que era el cumpleaños de Lily Evans. Tal vez fuera porque James entró con ella en brazos en contra de su voluntad, porque Grace les seguía de cerca cantando el cumpleaños feliz, o porque había un perímetro de la mesa de Gryffindor que estaba acotado por Remus y Peter, y lleno de los manjares preferidos de la pelirroja.

Completamente colorada, Lily se bajó de los brazos de James y se sentó apresuradamente frente a Remus y Peter, que la dirigían sonrisas divertidas. En ese momento sólo deseaba que todo el mundo volviera a sus cosas y dejaran de mirarla.

- ¿Esto te gusta, no Lily? –la preguntaba James señalando los platos mientras se sentaba a su lado-. ¿Y esto? Hoy tiene que ser un día perfecto, quiero que lo pases genial.

Parecía tan emocionado, que Lily no sabía si matarlo o comérselo a besos. Siguió notando la mirada divertida de la gente, y sus mejillas ya no podían sonrojarse más.

- Sí, pero sería estupendo no tener a todo el comedor mirándome –susurró-.

Dicho y hecho. James miró alrededor con un gesto de advertencia, y casi todo el mundo siguió a lo suyo como si allí no hubiera pasado nada. Más tranquila, Lily cogió una magdalena y se la llevó a la boca, mientras destapaba con curiosidad el plato que estaba cubierto frente a ella. Casi se atraganta cuando se encontró con las tortitas más grandes y sabrosas que había visto en su vida, repletas de nata montada y con mucho sirope de chocolate con el que estaba escrito: "Para mi pelirroja preferida".

En ese momento decidió que se comería a James a base de besos.

OO—OO

Cuando llegó el correo, Regulus Black recibió una carta cuya letra había aprendido a reconocer muy bien, para su desgracia. Tener sentada al lado a una amiga de Yaxilia, que también reconoció la letra, tampoco ayudó a intentar leer la misiva a solas, por lo que tuvo que fingir vergüenza para poder marcharse del comedor y leerla en privado. Como si necesitara que sus compañeros se percataran de lo mucho que aborrecía a la pequeña de los Selwyn desde que le habían comprometido con ella.

Al salir del comedor, no tardó en encontrarse a Sadie, quien le había visto prácticamente huir, y le había seguido. No le extrañó, pues sabía que su amiga había comenzado a convertirse en la persona que más le conocía en el mundo. Es más, cuando él se sentó perezosamente en la escalera en la que habían hablado días antes, Sadie miró su carta, se sentó a su lado, y sólo preguntó:

- ¿De casa o de Durmstrang?

- Durmstrang –contestó él rodando los ojos-.

Sadie sonrió, y Regulus confirmó lo que creía, ella se lo pasaba muy bien con ese tema.

- ¿Y bien? ¿Enfadada?

- Bueno... –pensó-. Más bien desencantada, confundida y... ofendida. Sí, esa es la palabra. Por lo visto se debate entre pensar que algo ha debido ocurrirle a su maravillosa carta, o que yo me he cansado de leer sus palabras de amor y no quiero contestarle.

- ¿Quién te creería a ti capaz de eso? –preguntó Sadie irónicamente, ganándose una risa de su amigo-.

Sin pedirle permiso le quitó la carta y la leyó, con las cejas enarcadas, cada vez más sorprendida del tono pomposo de la muchacha. A Regulus no le importó que le cogiera la carta sin permiso, extraño en él que era muy fanático con sus cosas. Pero claro, era Sadie de quien hablamos.

Cuando acabó de leer, le miró con expresión divertida.

- Qué bonito. Una regañina dicha con dulzura y elegancia. Tiene clase. Tendréis unos hijos muy bien educados, estirados y pomposos. Eso sí, espero que físicamente salgan al padre porque saldrán ganando.

Regulus sonrió avergonzado al escuchar eso, y Sadie se dio cuenta entonces del halago que le había dicho. Carraspeando y intentando pasar el momento, señaló la carta.

- ¿No ibas a responderla?

- Sí –contestó Regulus rápidamente, ignorando el cambio deliberado de conversación-. Bueno, había escrito ya una, pero ahora me parece que igual el tono es algo brusco.

- A ella la han criado con más suavidad –bromeó Sadie teniendo sólo una pequeña idea de lo cierto que era aquello-.

Regulus sonrió, dándola la razón en su interior.

- Tendré que escribir otra...

Sadie sonrió divertida.

- Vale. Yo te ayudo, saca pergamino y pluma.

- ¿Ahora? –preguntó Regulus incrédulo-.

- ¿Por qué no? ¿Tienes algo mejor que hacer?

- Pues ir a clases, supongo. ¿Tú no tienes clase?

Ella bufó rodando los ojos.

- Tengo dos horas de pociones, que para el caso... –se encogió de hombros, y Regulus sonrió, pensando que, después de todo, él tampoco tenía ganas de pasar dos horas escuchando a Binns sobre la guerra de los duendes y los trols-.

- De acuerdo.

Sacó un trozo de pergamino y una pluma, y se los pasó a Sadie. La gente ya comenzaba a marcharse a clases, y cada vez quedaban menos personas en el Gran Comedor. Él no se sentía especialmente inspirado para escribir ninguna carta, pero sí lo estaba para pasar un rato con ella, escuchando lo que decía. Sadie le miró, alzando los labios levemente y negó con la cabeza, con un brillo divertido en la mirada.

- Tinta, por favor.

Ella sí parecía inspirada, por lo que la pasó con rapidez la tinta, y se frotó las manos a la espera. Ya estaban solos en ese pasillo.

- Veamos –Sadie echó una mirada a la pomposa carta de la chica y escribió al tiempo que lo dictaba en voz alta-. Querida, honorable y noble Yaxilia...

Regulus estalló en carcajadas, sosteniéndose en la barandilla de las escaleras. Aquello era tan impropio de Sadie como de él, y ambos lo creían especialmente divertido. Él reía sin reparos, y ella reía en voz baja, mientras se inclinaba para escribir.

- Me consterna saber que me creías capaz de ignorar un escrito tuyo, cuando desde que te marchaste es lo que más ansío tener en mis manos –siguió recitando con voz pomposa-.

Regulus seguía riendo divertido, pero levantó las manos negando con los dedos.

- No, no. Para. Vamos, es evidente que este no es mi estilo.

- Mira Reg, ella no sabe cuál es tu estilo y, lo siento, pero me temo que tampoco la importa una mierda mientras sigas siendo un corderito obediente –le espetó con su natural obviedad-.

Pese a que estaba acostumbrado a que ella fuera sincera y clara hasta un punto hiriente, Regulus dejó de reír al percatarse de que lo que decía era cierto. A Yaxilia Selwyn, igual que a la mayoría de las personas, no le importaba cómo era él y por qué, mientras no se saliera de lo establecido, ni hiciera nada que no se esperara de él. Bonita descripción de la que iba a ser la mujer con la que se casaría en el futuro, o de su familia o amigos.

Aunque lo que más le dejó sin palabras fue que, por primera vez, Sadie utilizaba una abreviatura de su nombre para dirigirse a él. Y había dicho Reg, concretamente. Nadie le había llamado así aparte de Sirius; era como un seño de intimidad entre los dos hermanos. Pero no le importó que Sadie lo utilizara, es más, le gustó.

OO—OO

Aunque Sadie se lo estaba perdiendo, de hecho la clase de pociones estaba más entretenida que de costumbre. Por alguna extraña razón, los Gryffindor estaban bastante exaltados después de que James organizara todo el jaleo del comedor para desearle un feliz cumpleaños a Lily. Tanto que Gis y Rachel parecían haber posponido su cruzada contra los chicos (aunque seguían sin hablar a ninguno), y Kate parecía más animada al ver a Lily poniéndose colorada. Grace llevaba un par de días más contenta de lo usual, y esa mañana parecía haber despertado muy feliz, por lo que no era raro que se riera de todo. Sirius, al igual que ella, había mejorado su humor últimamente, pero como Kate estaba en la misma habitación se contenía más a la hora de mostrarse tan feliz, aunque fuera por respeto a ella que aún sufría por lo que había ocurrido hacía pocos días. En cuanto a Peter y Remus, el primero no tenía muchas ganas de trabajar a solas con Snape y Mulciber, por lo que utilizaba cualquier excusa para estar lejos de su mesa de pociones; y el segundo, pese a lo enfadado que se le veía esos días, mostraba una divertida sonrisa mientras negaba con la cabeza.

Y es que, desde que habían entrado en clase, todos los calderos e instrumentos sonoros se habían levantado en el aire y entonaron una ruidosa melodía de "Cumpleaños feliz". Todas las miradas, divertidas y molestas, se dirigieron hacia Lily, que en ese momento deseó que la tragase la tierra. Colorada como un tomate se dio la vuelta hacia James, y se le encontró dirigiendo a la improvisada banda con la varita. En vez de captar su mirada de "Detén esto", su novio la sonrió e hizo que la música sonara más alto.

Avergonzada hasta un punto extremo, Lily avanzó hacia su asiento en primera fila y saludando al profesor Slughorn con una sonrisa bochornosa. Este se la devolvió algo inseguro por ese espectáculo que estaba formándose en su aula, y animó a los demás a tomar asiento. Así lo fueron haciendo y, de mientras notó varias miradas posadas en ella, como la divertida de Grace, o, lo que la llamó poderosamente la atención, alguna sonrisa oculta en algunos Slytherins, como Mary Gibbon, Amanda Tyler o Dulcy Yexter, que intentaban hacer ver que no las parecían tiernos los detalles de James.

Este se sentó a su lado, agitando la varita en el aire, y la ruidosa melodía cesó. Lily suspiró, y Slughorn abrió la boca, dispuesto a empezar la clase, convencido de que la demostración había acabado. Sin embargo, los calderos chasquearon y, de repente, el aula se llenó de la melodía de "Es una chica excelente", consiguiendo que asesinase a James con la mirada. Este sonrió, aún con la varita en la mano, y se inclinó para darla un pequeño beso en los labios. En ese momento la pelirroja notó otra mirada sobre ella, y no le costó localizar a Snape mirándola con asco. Orgullosa, alzó la cabeza y miró hacia adelante, ignorando tanto a uno como a otro.

Por su parte, Slughorn tenía un debate interno. No sabía si detener aquel espectáculo y castigar a James Potter por el escándalo que estaba formando en su clase, lo que le encantaría, o dejarlo pasar porque, de hecho, era el cumpleaños de una de sus alumnas preferidas. Aunque Lily se mostraba avergonzada por la actitud tan escandalosa de James, y si le castigaba ella le apoyaría por la seriedad, también sabía ver el brillo de los jóvenes cuando estaban ilusionados; y si a Lily no la gustaban las acciones de James, sí la encantaba el hecho de que se tomara tantos esfuerzos por ella. Slughorn no era tan viejo como para no comprender eso, por lo que una pequeña sonrisa cruzó su cara, esperando poder tener paciencia y no acabar la clase con una expulsión.

Remus era más consciente del peligro que James, por lo que cuando la segunda canción iba llegando a su fin, se inclinó por encima de Lily y arrebató la varita a su amigo, haciendo que todos los instrumentos cayeran al suelo. Lily le miró agradecida, Slughorn le palmeó la espalda mientras pasaba a su lado, empezando la clase, y James le fulminó con la mirada. Él sólo se encogió de hombros con una sonrisa de disculpa, y James bufó en voz baja.

Estaba rodeado de sosos, decidió James. Pero al menos podía sacar algo bueno de todo eso: Snape no había tenido tiempo de apartar la napia del trayecto de su caldero al caer, y se había dado un buen porrazo. Ahora les fulminaba tanto a Remus como a él, y James pudo alegrarse el día con eso.

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Fue después de esa clase cuando, mientras todos recogían, Rachel se encontró involuntariamente con la mirada de Remus. Era absurdo, lo sabía. Ellos discutían pocas veces, pero siempre que lo hacían eran por puras tonterías y se pasaban días sin hablarse hasta que todo se solucionaba.

Quizás Lily tuviera razón y debería pedirle disculpas, pero algo dentro de ella la empujaba a seguir siendo orgullosa e irracional, incluso aunque ahora pareciera una decisión estúpida al ver a Kate hablando con James tranquilamente. Pero no sabía de dónde salía esa sensación, tal vez de que su madre acababa de morir, y si no hacía algo estúpido se sentiría muerta también ella.

Era aún más absurdo pensar en eso como una razón, pero parecía ser la más lógica. Gis y ella habían perdido casi todo lo que tenían en el mundo, y aún así lo llevaban bastante bien. Era justo que quisieran hacer pagar a alguien su frustración, aunque sea a quien menos lo merecía.

- ¿Qué miras? –la preguntó Gis a su lado, fulminando a Remus con la mirada, que dejó de observar a Rachel-.

Ella miró un momento a su amiga, considerando seriamente esa idea y, cuanto más lo pensaba, más sentido tenía que se comportaran así por frustración propia, y menos lógico era que lo hicieran. Sin embargo, sólo ellas dos sabían lo que estaban pasando.

- En realidad, nada –dijo encogiéndose de hombros-. ¿Qué toca ahora?

Después de haber felicitado a James por tanto esmero, Kate fue hacia ellas a tiempo de escuchar esa conversación, y negó con la cabeza mientras las seguía a la siguiente clase un poco por detrás. Ahora que Remus había optado por mostrarse ofendido también, sería más difícil que esos dos hicieran las paces. Él era la voz de la lógica en esa relación, pero también era mucho más orgulloso que Rachel. En circunstancias normales ella se habría entristecido pronto y habría suplicado, y al verla así él habría bajado su orgullo. Pero Rachel aún estaba mal por la muerte de su madre y el estado de su padre, y su comportamiento no era el de siempre.

Ella era la más empática del grupo, y sabía que debía haber estado ahí para sus amigas, al contrario de obligarlas a ellas a estar para ella. Pero la decisión de Sirius la había desarmado de tal forma que sólo había sabido auto compadecerse y llorar. Antes había sabido lo cambiante que era él, pero al ver que su relación seguía donde otras habían fracasado, Kate pensó que podría ser la definitiva para él. Definitivamente no se esperaba que él la dejara tan abruptamente, sin dar señales de sus intenciones. ¿O sí las había dado y ella había estado demasiado enamorada para darse cuenta?

Iba pensando en eso cuando se dio cuenta de que había frenado su paso y había perdido de vista a Gis y Rachel. De pronto un grupo de personas muy aceleradas pasó por el pasillo llevándosela por delante, y haciéndola trastabillar. Se agarró a la pared para recuperar el equilibrio, y reconoció a los ravenclaw de su curso, que parecían histéricos por llegar tarde a una clase, según escuchó.

- ¡Kate! –exclamó una voz conocida tras ella-.

Se giró para ver a Derek acercarse, aunque él tenía en su rostro la misma expresión de impaciencia que sus compañeros.

- ¡Derek! ¡Me alegro de verte!

Y realmente lo hacía. Era fantástico ver a alguien que se salía del grupo que compartían Sirius y ella, y que creía que la apreciaba sinceramente. En ese momento, además, recordó que la misma tarde que Sirius la dejó, Derek había querido hablar con ella.

- Lo siento. Te dije el otro día que hablaríamos, y se me ha olvidado.

Derek asintió comprensivamente.

-Tranquila. Pero aún quiero hablar contigo es importante ¿vale?

En realidad Derek quería comentarla lo que escuchó sobre Black y Grace y que, suponía, Kate no sabía. Al fin y al cabo era de dominio público que Black había roto con ella, pero si ella seguía llevándose tan bien con su amiga, era porque no sabía el motivo. Miró al fondo del pasillo, donde sus demás compañeros se habían ya marchado, y compuso una mueca.

- Pero ahora no puedo, llego tarde. Esta semana Flitwich ha decidido hacernos varios exámenes pre-EXTASIS y estoy hasta arriba. Yo te busco, ¿de acuerdo?

A Kate sólo la dio tiempo a asentir antes de encontrarse sola en el pasillo. Definitivamente, ni alguien como Derek podría relajarse en los estudios si resultaba ser un Ravenclaw.

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Por la tarde, Grace despidió entre risas a James y Lily, quienes se marcharon juntos, uno eufórico y la otra molesta de tantas felicitaciones públicas. Era una suerte que su amiga no hubiera explotado ante tanta provocación de su novio. Grace empezaba a creer que a James le gustaba cuando Lily se avergonzaba y molestaba por algo, porque él la conocía lo suficientemente bien como para saber que no la gustaba llamar excesivamente la atención.

Ahora iba camino de la biblioteca, aunque no para estudiar, por supuesto. Había quedado allí con Sirius para "seguir haciendo el trabajo de pociones". Nadie había encontrado extraño que hubieran quedado sin Sadie, pues de todas formas, ella tenía la particularidad de desaparecer en cualquier momento. Por fin iba a encontrarle la parte divertida a la biblioteca, pues no era lo mismo una tarde en ella con Lily donde se veía obligada a leer hasta que la explotaba la cabeza; que colarse en la sección prohibida para darse el lote con Sirius.

Estaría bien poder besarse con él en cualquier parte, pero como había decidido que aún era una cobarde para decírselo a Kate, tenían que buscarse esos momentos escogidos y esos lugares escondidos. Igual que hacía dos años. Sonreía de sólo pensar en cómo sería la tarde, cuando la agarraron del brazo, deteniéndola.

Era Marco, y la sonreía con la misma amabilidad de siempre; aunque se percató de que en ese momento ya no la parecía un chico tan irresistible.

- Te he llamado varias veces, pero no me avete sentito –la dijo sonriendo ampliamente-.

Vaya... Quería mucho a Sirius, no había dudas, pero ese acento italiano que Marco acentuaba premeditadamente con esa bonita voz, la entraba por el oído y la hacía sonreír como una tonta.

- Perdona, no te he oído.

Él agitó la cabeza sonriendo, dando a entender que no le importaba. Después la estudió minuciosamente, pero no como otras veces que se la comía con los ojos, esta vez era preocupado. Sin embargo, cuando acabó de analizarla el rostro, sonrió.

- Tienes mejore aspecto que la última vez que hablamos –dijo contento por ello-.

Grace también sonrió. Definitivamente estaba mucho mejor que la última vez que habían hablado, cuando se sentía tan triste y extraña por la muerte de los padres de Gis y la madre de Rachel. Y Sirius tenía mucha culpa de eso.

De repente recordó que la estaba esperando en la biblioteca, y se apresuró a despedirse de Marco; ella tampoco quería esperar más.

- Lo siento Marco, pero he quedado y llego tarde. ¿Hablamos en otro momento?

No esperó una respuesta, sino que salió casi corriendo hacia la biblioteca. Antes de dar la vuelta a la esquina, volvió a escuchar la voz de Marco, y se detuvo un momento.

- Nos vemos la prossima settimana, ¿no? –la preguntó sonriendo-.

Ella le miró confundida un par de segundos, antes de recordar que había quedado con él en ir juntos a Hogsmeade el día de San Valentín, que sería la semana próxima. Comprendiéndolo, retrocedió unos pasos hasta él, y se mordió el labio inferior pensando en la forma más delicada de anular la cita.

- Esto... Verás, Marco. Las cosas han cambiado estos días, y no voy a poder ir contigo a Hogsmeade.

Afortunadamente el chico no parecía dolido, pero sí extrañado. Era poco probable, pero habría sido horrible ver decepción en su rostro.

- ¿Y eso? –preguntó Marco inconscientemente, sin darse cuenta de que estaba metiéndose en cuestiones ajenas-.

Grace casi sintió que se sonrojaba al admitir la realidad.

- Verás... Hay un chico... Bueno, hay alguien en mi vida. Alguien importante y, bueno, estamos juntos. O algo así.

Por unos segundos Marco se dedicó a mirarla a los ojos con atención, con un silencio que la incomodó. Parecía estar meditando algo, y cuando sonrió a Grace la dio un escalofrío por la espalda. No sabía por qué, pero algo le decía que Marco lo sabía todo. Era absurdo, sus amigas no se habían enterado y les conocían a ambos, ¿cómo iba a averiguarlo Marco?

Sin embargo él seguía sonriendo, seguro de sí mismo, y lo que dijo fue tan críptico que la dejó con más dudas aún.

- Veo que al final ha averiguado quien es quien –dijo como para él mismo. Después la sonrió más ampliamente, y añadió-. Me alegro por ti, Grace. Espero que estés bien. Y si tu chico se porta mal conmigo, avísame, que yo me encargo.

Grace se rió al darse cuenta de que bromeaba, y le guiñó un ojo antes de despedirse con la mano. Aunque se conocían poco y habían dedicado más tiempo a coquetear que a hablar, algo le decía que podría encontrar en Marco a un buen amigo.

Cuando entró en la biblioteca se detuvo un segundo en el pasillo central, asegurándose de que no había nadie que les pudiera pillar, cosa absurda pues los que más probabilidades tenían de estar eran Remus y Lily, quienes ya sabían lo suyo. Remus sí estaba, lo localizó al fondo de la biblioteca, rodeado de libros y leyendo uno con el ceño fruncido. Que Lily no estuviera era una buena señal para James.

- ¿Dónde estabas? –preguntó una voz conocida en su oído, arrastrándola rápidamente a una estantería, donde la cubrió con la famosa capa de James y la condujo a la Sección Prohibida-.

Cuando pudo darse la vuelta, Grace sonrió al ver la cara de Sirius muy cerca de la suya.

- ¿Qué pasa? ¿Me has echado de menos?

No la respondió, sino que directamente se lanzó a por sus labios, haciéndola soltar un pequeño gemido que a Sirius le hizo mucha gracia. Se separó un poco de ella, y la miró divertido.

- Tardabas tanto en llegar que, por un momento, temí que se repitiera lo de la última vez –dijo fingiendo un puchero-.

Grace hizo una mueca al recordar cómo había acabado su relación hacía dos años, pero enseguida le sonrió acercándose de nuevo a él.

- Tranquilo, que la próxima vez que hagas algo que me enfade, me aseguraré que eres tú –le dijo antes de besarle-.

Sirius la apartó un momento con una sonrisa divertida.

- Ten en cuenta que sí he hecho algo que te enfade es muy probable que verdaderamente sea yo.

Grace iba a responderle mordazmente, pero adelantándose a ella, Sirius la atrajo de nuevo y ambos dejaron de pensar por un rato.

OO—OO

- ¡Lily! ¡Tengo otra sorpresa para ti!

Oh oh. En la frente de Lily había una vena a punto de explotar, y esa era la prueba que le decía a James donde estaba el límite. Le encantaba cuando se ponía colorada y le miraba un poco enfadada, con sus ojos verdes brillando tan fuerte; pero tampoco quería que se enfadara de verdad. Sólo que se pusiera tan guapa como siempre que dejaba salir sus pasiones.

De antes no sabía hasta cuando medir, razón por la cual había acabado con varias sillas incrustadas en la cabeza, o había despertado más de una vez en la enfermería por un hechizo (muy avanzado, hay que decirlo) que le había lanzado Evans, la prefecta. Pero ahora tenía una ayuda extra que le había dado un buen aliado que, además, la conocía de primera mano. James agradecería toda la vida tener a Bill Evans de suegro.

- James –dijo Lily con una dulzura fingida, que daba a entender que se estaba cargando de paciencia-. Ya has hecho más cosas de las que una chica podría esperar. Me has llenado de rosas la habitación, te has preocupado de conseguir mi desayuno preferido, me has tocado el cumpleaños feliz con los calderos de pociones, has obligado a los chicos del coro a cantarme una sonata frente a todo el colegio, has convencido a los más pequeños para que colgaran pancartas de "Feliz cumpleaños, Lily" por cada pasillo que pasaba, y has hecho que los del equipo de quidditch escribieran mi nombre en el cielo –cada vez que avanzaba en la enumeración de detalles su voz se iba endureciendo con un gesto en la cara que podría interpretarse como "Merlín, ¿por qué a mi?"-. De verdad cariño, has cumplido el cupo. Ya no tienes que hacer nada más este año.

Ni los cinco próximos, pensó para sí misma recordando que en un día se había sonrojado más veces que en tres años. Inspiró hondo, recordándose que él sólo pretendía ser romántico y detallista, y bajó de nuevo la mirada hacia su ensayo de transformaciones.

James sonrió divertido. Vale, se había pasado. Las primeras cosas habían estado dedicadas a ella, pero después pensó que porque no divertirse él también. Su suegro le había avisado que cuando Lily encuadrara la mandíbula y le temblara una ceja era el momento de parar. Pero es que llevaba mucho tiempo portándose bien, excepto ese detallito de nada de la fiesta de Slughorn, y necesitaba recordar a las gentes de Hogwarts que James Potter seguía allí para llamar la atención de todos.

- Sólo uno más y pararé –dijo con voz solemne, sentándose de rodillas en la silla de al lado de la de Lily-.

Ella levantó la mirada y se encontró con esa sonrisa de inocencia que las desarmaba a ella y a McGonagall por igual. Se mordió el labio y se preguntó a sí misma si soportaría una sorpresa más, que iban a peor a medida que avanzaban el día. Suspiró con fuerza, y le miró con una sonrisa algo forzada.

- Está bien.

James sonrió divertido pensando que era una santa, y la tendió un pequeño paquetito que a Lily la pareció extrañamente inofensivo. ¿Y si en realidad era un howler dónde le cantaba el cumpleaños feliz? James no era el mejor cantando... Le abrió casi temblando por las locas ideas de James, pero dentro sólo había un tarro con una sustancia dentro que la era bastante conocida.

- ¿Un recuerdo? -preguntó entre extrañada y escéptica-.

Al fin y al cabo no estaba segura de que James supiera cómo sacar un recuerdo de su memoria. Él la sonrió divertido.

- Este es el auténtico regalo. Reconozco que me he emocionado un poco con el resto. Pero sí, un recuerdo. Sadie me enseñó cómo sacarlo al exterior y también me presto esto.

Sacó el pensadero de la chica, donde habían visto todos los recuerdos en referencia a su padre, y se lo tendió a Lily. Ella le miró dudando entre besarle o matarle por divertirse a su costa, pero por si acaso decidió dejar lo que fuera para después de ver el recuerdo. Nunca se sabía lo que podía ocurrírsele a James.

Él sonreía muy divertido, pero mucho de hecho, y Lily derramó el recuerdo en el pensadero vigilándole por el rabillo del ojo. Después posó el pensadero en la mesa y le miró.

- Está bien, vamos.

- Oh no, no. Tienes que verlo sola –la respondió sonriendo más ampliamente-.

Lily frunció un poco el ceño sospechando. Miró al pensadero, y después a James sin saber qué hacer. De repente, él se echó a reír divertido.

- Vamos Lily, es un regalo para ti, no puede ser nada malo. Y un recuerdo no te hará daño en ningún momento.

Eso era cierto, y por muy peligroso para su cordura que fuera el recuerdo, afortunadamente ella sí sabía el hechizo para salir de él antes de tiempo. Le miró una vez más de reojo, pero se acabó inclinando sobre a vasija, internándose en el recuerdo.

El lugar era Hogwarts, y al mirar a James que caminaba cerca de ella con tranquilidad, con las manos en el bolsillo de la túnica, supo que no era de hace mucho. Su aspecto no era muy distinto al actual, salvo quizá por un par de granos en la barbilla. Al ponerse a su lado, caminando a su par, se percató de que el James del recuerdo no había pegado aún ese estirón que le había hecho ser tan alto como lo era ahora, por lo que debía ser antes del verano previo al sexto curso.

Preguntándose qué iría a hacer, y ahora que había llegado a la conclusión que el recuerdo era de la época en la que no se llevaban bien, sospechó más aún. James no parecía tener un rumbo fijo. Por la ropa y el aspecto cansado, venía del entrenamiento de quidditcht, pero ni Sirius, ni Remus, ni Peter estaban con él, lo que era extraño. Mientras ella divagaba, James sacó una mano del bolsillo, y con ella la pequeña snitch que le acompañaba entonces a todas partes. Rodó los ojos, recordando lo mucho que la sacaba de quicio que jugara con un objeto de la escuela que presumía haber robado. Sin embargo se limitó a bufar, sabiendo que el recuerdo no la oiría si le gritaba que dejara ya de hacer el tonto.

Un ruido desvió su atención de la snitch, de hecho varios ruidos. Voces como de una discusión cerca de ellos. James también se percató, porque agarró la pelota y puso cara de atención durante unos segundos. Al mismo tiempo, ambos avanzaron hacia el ruido, que estaba a un par de pasillos de ellos. Según se acercaron, Lily escuchó su propia voz y frunció el ceño, mientras James enarcaba las cejas con curiosidad por la misma razón.

Ella dio la vuelta a la esquina antes que él, encontrándose con una escena que recordó al instante. Su yo de dieciséis años estaba enfrentándose a un grupo de cuatro slytherins que entonces estaban en último curso, aunque más bien ellos se estaban enfrentando a ella. No estaba en clara desventaja, pero todos habían sacado las varitas y ella estaba algo acorralada contra la pared. Sí, más o menos se acordaba de ese día. Venía de la biblioteca, de estudiar los TIMOS de los que se examinaría en un mes, cuando se había cruzado con ese grupo y habían comenzado a insultarla. Pese a que había intentado ignorarles, uno de ellos no la permitió continuar caminando, y cuando ellos bromearon entre sí de lo divertido que sería hechizarla, ella había sacado la varita también. Fue entonces cuando apareció James.

Se giró hacia la esquina donde debía estar él, que asomó el cuerpo al tiempo que uno de los slytherins decía entre risas.

- ¿Habéis visto? Por lo visto la sangre sucia cree que puede luchar contra nosotros. No sabía que tener las venas llenas de mierda y estar podrida por dentro da algún poder especial.

Los otros tres le rieron la gracia, y Lily vio a su otro yo agarrar con más fuerza la varita. Al fijarse en James, vio que también había sacado la varita disimuladamente, y se acercaba hasta ellos.

- Vaya, vaya. Mira lo que me vengo a encontrar aquí –exclamó James entrando en escena despreocupadamente, mientras escondía su varita en la manga de la túnica-.

Lily sonrió un poco al percatarse, ahora que le conocía mejor y sabía lo que había ocurrido, de sus intenciones. Sin embargo, su otro yo bufó en voz baja pensando que se iba a unir con los serpientes contra ella.

- ¿Se puede saber qué quieres, Potter? –preguntó molesto el que había hecho el chiste. Ya había sido víctima de las bromas de James y el chico no le era en absoluto simpático-.

La sonrisa de James era tan amplia que llamaba la atención por sí sola. Aunque en aquel entonces no se soportaban el uno al otro, él no hubiera dejado a una compañera a merced de cuatro slytherins. Y Lily tampoco lo hubiera hecho.

- Quiero que retires lo que has dicho, Dolohov.

Lily se percató de que ella misma se había quedado con la boca abierta cuando James sacó la varita y apuntó con ella a los slytherins, y sonrió ante su expresión de asombro.

- ¿Qué más te da a ti lo que haya dicho? –preguntó el otro despectivamente-.

- Verás, soy de oídos sensibles –dijo el muchacho con expresión inocente-. Y mi madre me enseñó que las palabras que has utilizado son una falta de educación.

Los otros más que atemorizarse se envalentonaron y avanzaron hacia ellos dos. Entonces ocurrió algo que Lily no recordaba ya, pero que la vino a la memoria en cuanto vio la escena. Severus Snape pasó por el pasillo con el que se cruzaba el suyo, y pareció detenerse un momento al ver la escena. La Lily más joven también lo vio, y sonrió al contrario que su yo mayor.

- Sev...

Pero su amigo hizo como si no la hubiera oído ni visto, y siguió su camino, dejando perpleja a la joven Lily, y ofendida a la no tan joven. Ofendido también parecía estar James, quien había dejado de jugar a provocar a los slytherins y la miraba como si fuera estúpida.

- De verdad que eres tonta, Evans. ¿No te das cuenta de que tu amiguito del alma no va nunca a defenderte de unos prejuiciosos cuando él también lo es? –la espetó enfadándose con ella-.

- ¡Cállate Potter! ¡Deja ya de meterte con Severus! ¿Quién te crees que eres tú para hablar de prejuicios, cuando atacas a todo el que no forma parte de tu grupo selecto?

- ¡Al menos yo no elijo a mis amigos por su tipo de sangre! ¡Cada día me demuestras que eras más estúpida por juntarte con gente así, que vergüenza que pertenezcas a mi casa!

Habría seguido discutiendo, y Lily hizo una mueca estando segura de que, aunque James entonces había estado bien al defenderla, ese no era el recuerdo de los dos que quería conservar. Sin embargo, un hechizo cruzó el aire pillándola de sorpresa incluso a ella que sabía lo que venía. La jovencita Lily se llevó una mano al cuello, donde se habia hecho un tajo producto de un diffindo. James había dejado de discutir, y se giró para enfrentarse a los slytherins y apuntarles con la varita.

- ¡Si no os marcháis ya, os juro que lo lamentareis! –gritó el muchacho derrochando su furia contra ellos, que sólo se rieron-.

- ¡Vamos Potter, si no la soportas! Los sangre pura debemos estar unidos contra esta clase de inmundicia que llena nuestro colegio. Lárgate y déjanos a lo nuestro.

James sonrió.

- Los Gryffindor nos ayudamos entre nosotros aunque no nos soportemos.

La joven Lily asintió vehementemente con la cabeza, tapándose la herida del cuello con una mano para que no sangrara y apuntándoles con la otra.

- ¿Crees que puedes con nosotros? –preguntó otro de los chicos provocando carcajadas divertidas-.

Por la sonrisa de James era evidente que sí lo creía, y de hecho consiguió sorprender a uno de los chicos, dejándole en el suelo con un hechizo. Sin embargo, por muy slytherins que fueran, seguían siendo otros tres chicos que le superaban en dos años de formación académica. Dejando a Lily de lado y dispuestos a enseñarle una lección de humildad, los tres se unieron y en menos de veinte segundos James estaba inconsciente en el suelo, y ellos se alejaban entre risas.

Lily se mordió el labio recordando aquello. Pobre James, cada vez que intentaba comportarse decentemente salía mal parado. Su yo más joven no había tenido tiempo de reaccionar, pero se arrodilló junto a James preocupada. Ella recordó que no paraba de pensar qué la diría la señora Pomfrey si le llevaba con ella, pero también se sentía culpable porque le hubiera ocurrido eso por su culpa. Aunque fuera James Potter, la había defendido.

Agarró con fuerza su varita, y apuntó a James con ella.

- ¡Enervate!

Afortunadamente el muchacho despertó a la primera, y nada hacía pensar que estuviera mal. Quizá algo desorientado, por lo que ella se acercó más a él para examinarle las pupilas, y James parpadeó varias veces confundido. La miraba distinto, de una forma rara que a ella la incomodaba, por lo que se apartó un poco.

- ¿Estás bien, Potter? –preguntó algo preocupada-.

James seguía con la misma cara de idiota, mirándola como no la había mirado nunca.

- ¿E-Evans? –pregunto confundido-.

Ella le miró preocupada, considerando la idea de que hubiera sufrido un daño cerebral. Lily recordó que en ese momento pensaba cómo iba a explicarle a McGonagall que James Potter había quedado gravemente herido y no había sido por nada que ella le hiciera.

- ¿Quieres que te acompañe a la enfermería? –preguntó ayudándole a levantarse. James seguía mirándola con la misma cara de idiota, pero negó con la cabeza-.

- ¿Seguro? Puedo avisar a Remus, o incluso a Black –se ofreció aún sujetándolo por miedo a que se cayese-.

- ¿Siempre has tenido los ojos verdes? –la preguntó con una sonrisa dibujándose en su rostro, y la joven Lily ya pensaba en llamar a San Mungo mientras que la mayor se reía-.

- Eh... sí. Vamos a la enfermería, ¿vale? ¿Quieres que haga algo más por ti?

La cara de James se iluminó, y de repente la sujetó la cintura con mucha emoción.

- ¡Si! ¡Ven conmigo este fin de semana a Hogsmeade, Evans!

La cara de la joven Lily era un poema. La boca abierta, el rostro confundido, y las mejillas coloradas. Y ahí fue cuando supuso que estaba intentando burlarse de ella. La mayor comprendió que él hablaba en serio, pero entonces no la había parecido tan evidente.

- ¡Eres idiota Potter! –le gritó-. ¡Y yo que estaba preocupada por si te había ocurrido algo grave! ¡Te vas a reír de tu...! ¡Te odio!

Le soltó de golpe marchándose por el pasillo ofendidísima, andando a grandes zancadas. James frunció el ceño como si el hecho de que le hubiera mandado a la mierda fuera algo incomprensible.

- ¡¿Eso significa que no? –preguntó a gritos. No obtuvo respuesta-.

Lily se echó a reír divertida, hasta que sintió unos brazos envolviendo su cintura, y se volvió a tiempo de ver a su James inclinarse para besarla.

- Esa fue la primera vez que vi a la Lily Evans que veo ahora. Ahí me di cuenta de que no sólo eras una chica empollona, aguafiestas y mandona, sino que también tenías los ojos verdes más expresivos y dulces que he visto en mi vida, y unas pecas graciosísimas en la nariz que la dan un aspecto irresistible.

- Y yo que pensé que entonces habías inventado un nuevo método para burlarte de mi –bromeó ella rodeándole el cuello con los brazos, ignorando que ya estaban de vuelta en su sala común-.

- Sólo me acababa de volver loco por ti –la sonrió acercándose de nuevo-. Feliz dieciocho cumpleaños, Lily.

Y ambos acortaron la distancia con necesidad.

OO—OO

Fue la noche siguiente cuando Elizabeth comenzó a darse cuenta de la gravedad del asunto. Cuando Dumbledore había contactado con ella para preguntarla por Adam se preocupó, pero no creyó que su amigo tardara mucho en aparecer con alguna excusa imposible, como siempre hacía en Hogwarts cuando se metía en algún lío. Pero esa tarde se había puesto en contacto con Dumbledore y este le había dicho que seguían buscándole, cada vez con menos esperanzas.

Se sentía culpable al pensar que su amigo se había intentado poner en contacto con ella cuando no estaba en casa, pero lo cierto es que esos dos días había estado alejada viviendo uno de los momentos más felices del último año. Por fin se había vuelto a reencontrar con su marido y, aunque el viaje hacia su escondite había sido más largo que su tiempo con él, había merecido la pena. Pero el hecho de que su ausencia pudiera ser el motivo de la desaparición de Adam eclipsaba casi de lleno su felicidad. ¡Si al menos pudiera compartir con alguien su aflicción con alguien! ¡Si pudiera hablar con Bernard de sus temores!

Pero estaba sola en casa, haciendo una cena que sólo comería ella, y escuchando el silencio de la vivienda que antaño había estado llena de vida. Sus hijos estaban en Hogwarts, donde jamás esperó tenerlos, y su marido y su cuñado huidos... Si la hubieran dicho hace un año que su vida se convertiría en eso no se lo habría creído. Si se lo hubieran dicho cuando aún estaba en Hogwarts, directamente se habría reído.


18 de mayo de 1958

Para Elizabeth Williams ese día era motivo de celebración. No sólo ese era su último año en Hogwarts, sino que Gryffindor acababa de proclamarse campeón de quidditch y en su casa habían organizado una fiesta estupenda. No entendía mucho de ese deporte, el cual le parecía increíblemente complicado de jugar, pero teniendo a la mayoría de sus amigos en el equipo era imposible que no acabara celebrando sus victorias y llorando sus derrotas.

De hecho, su mejor amiga, Dorcas Meadows, cazadora del equipo, se encontraba bailando encima de una mesa claramente borracha y con su equipación sucia aún puesta. Dorcas se reía escandalosamente, blandiendo orgullosa una botella de wiskhy de fuego, y su descontrolada forma de mover su negra melena la hacía ver que pronto tendría que ir a buscarla para obligarla a acostarse. Al día siguiente tendría un bonito dolor de cabeza y cuando se juntaran para estudiar para los EXTASIS se arrepentiría de haber bebido tanto.

- ¡Eli! ¡Qué aburrida pareces! ¡Así estás feísima!

La muchacha sonrió divertida al escuchar la voz, también distorsionada por el alcohol, de su amigo Adam, que se acercó a ella dando tumbos. Adam disfrutaba enormemente bromeando sobre lo horrible que era su aspecto físico, aunque todo el mundo sabía, y Elizabeth no era una excepción, que él no le encontraba nada malo a su aspecto. Le sonrió, intentando averiguar cuanto había bebido.

- Tú sí que estás feo Adam, como no dejes de beber vas a acabar pareciendo un trol –él se rió con más emoción de la que requería la broma, por lo que ella preguntó-. ¿Cuántas botellas de whiksy llevas?

Adam miró la botella casi llena que tenía en las manos como si esta le fuera a dar la respuesta, pero después se encogió de hombros con una sonrisa simpática.

- Ni idea. Dev me va llenando la botella cada vez que me la voy terminando.

Hipó al acabar la frase, y después se rió de sí mismo. Elizabeth pensó que debía hablar con dicho causante, Devlin Whitehorn, para que no incitara más a Adam, pero al encontrarle con la mirada supo que la ignoraría, pues estaba demasiado ocupado cobrando galeones por el alcohol que había conseguido que le enviaran al colegio. ¿Dónde estaban los prefectos para detenerle? Uno estaba inclinado detrás de una silla vomitando, por lo que tampoco quiso saber dónde estaban los demás. Qué asco.

Miró de nuevo a Adam, que la observaba de nuevo con esa sonrisa en el rostro que últimamente se había hecho su costumbre, e intentó responderle con el suficiente entusiasmo para cambiarle el tema.

- ¿Aún no te he felicitado? Enhorabuena, todo ha sido obra tuya.

Poniéndose colorado, Adam hizo un torpe gesto de quitarse importancia, aunque era cierto que había sido obra suya. Que atrapara la snitch a los cinco minutos de empezar el partido, había sido de vital importancia.

- Gracias Eli –la respondió con una emoción tal, que parecía que le había concedido el premio al jugador del año, cosa provocada por el alcohol evidentemente-.

Lo que ella no se esperaba era que ese alcohol le envalentonara de tal forma que la atrapó en un fuerte abrazo y la besó antes de que ella pudiera apartarse. Tenía gran pericia al besar, pues no era la primera vez que lo hacía, pero a ella sólo la supo a alcohol y a sudor, y desde luego no lo disfrutó en absoluto. Forcejeó y le empujó varias veces hasta que el muchacho comprendió su pasividad y su incomodidad, y se apartó abochornado.

- Eli, yo...

- No pasa nada –dijo ella bruscamente, limpiándose los labios disimuladamente-. Pero no vuelvas a hacerlo, Adam. Sé que nunca hemos hablado de esto, pero creía que igual que yo sé tus sentimientos, tú conocías los míos. Eres uno de mis mejores amigos y te quiero, pero no de esa forma.

Odió ser tan brusca, sobre todo al ver la cara de dolor de su amigo, pero cuanto antes superara esa estúpida obsesión que había tomado con ella en los últimos meses, mejor.

- Lo siento, de verdad –dijo el chico apurado-. No sé qué me ha pasado. Habrá sido el alcohol... Pero perdóname. Somos amigos, ¿no?

Elizabeth le sonrió tranquilizándole, y se acercó a darle un beso en la mejilla para demostrarle que no estaba enfadada con él.

- Claro que somos amigos.

Adam la sonrió, y enseguida apareció alguien más para romper el momento de tensión, afortunadamente.

- ¡Adam! ¡Mi hermano, mi héroe! ¿Te he dicho ya cuanto te quiero?

Era Jack Hokley, capitán del equipo de quidditch, mejor amigo de Adam, y también un buen amigo de Elizabeth. El muchacho, fuertote y poco agraciado, estrechó entre sus brazos a su amigo, al que le sacaba varios centímetros de altura y varios kilos de peso, y le zarandeó como un muñeco. Estaba más eufórico aún que los demás, y había bebido también una buena cantidad de alcohol, por lo que no controlaba su fuerza.

- ¿Qué sería de mi sin ti, eh? ¡Qué! Te invito a otra copa. ¡Somos campeones! ¡Luego nos vemos, Beth!

Y se llevó a Adam, ambos abrazados y comenzando a cantar el himno de Hogwarts cambiándole la letra. Por cierto, era otra de las características de sus amigos. Cada uno la llamaba con un diminutivo diferente, por lo que nunca tenía dudas de quien la hablaba, aunque estuvieran a oscuras y con las voces cambiadas.

Distraída, se tocó los labios, rememorando el beso que la había dado su amigo con una mueca, y recordando los otros dos que le habían precedido. Ninguno le había gustado. No sabía por qué, quizá era culpa suya. Adam era un buen chico, tenía un gran corazón y muchas chicas le consideraban bastante guapo, pero ella jamás podría mirarle de otra forma, estaba segura. Sin embargo, eso la hacía temerse que no existiera un chico que la gustara. Quizá era demasiado exigente, y jamás llegaría a enamorarse.

Un grito la sacó de sus pensamientos. Era Dorcas, que se había caído de la mesa, y estaba tumbada en el suelo con las piernas enredadas en la silla. Afortunadamente, parecía estar bien pues seguía riéndose.

- ¡Lizzy! –se quejó cuando la vio a su lado, haciendo un puchero. Alargó una mano con la intención de agarrarse a ella, y acentuó más el puchero-. Me duele todo. Creo que he bebido demasiado.

Ella sonrió ante el teatro de su amiga, y la ayudó a incorporarse, intentando convencerla que lo mejor sería que la fiesta terminara para ella. Al menos de esa forma dejaba de pensar tonterías sobre su falta de sensibilidad con los chicos, pues lo que Elizabeth no comprendía, era que aún no había aparecido en su vida el hombre indicado.


En aquella época aquel era su grupo de amigos, Hogwarts era su mundo, y no veía más allá de ellos. Pero, sin embargo, pocos meses después se marchó del país y las personas que eran tan imprescindibles en su vida pasaron a ser sólo necesarias, después sustituibles, y, finalmente, un bonito recuerdo. Eran buenos tiempos, tiempos de paz, pero entonces no conocía a Bernard, y Sadie y Jeff no estaban en su vida. Jamás cambiaría la tranquilidad de esos días por las bendiciones que le había dado la vida, pese a todas las penas.

Con un golpe de varita apagó la cocina y apartó la comida del fuego. Había cocinado algo sencillo, sin mucho trabajo, pues al fin y al cabo era para ella sola. Suspiró, mirando por la ventana el negro de la noche, y se sentó en la mesa, sintiéndose más sola que nunca.

¿Estaría bien su amigo? Dumbledore daba por hecho que se habría puesto en contacto con ella o que lo haría en breve, pero él había desaparecido de la nada. ¿Dónde estaba Adam?

Estaba tan inmersa en sus pensamientos, rememorando las últimas conversaciones que había mantenido con él buscando una pista, que al principio no escuchó el ruido. Cuando sí le prestó atención, pensó que serían ratones correteando entre las vigas del techo, pero los ruidos persistieron y llegaban de dentro de la casa. Se levantó intentando no hacer ruido, y se pegó contra la pared que daba al pasillo procedente del recibidor.

Fue en ese momento cuando escuchó las voces. Hablaban en susurros y se iban dispersando por la casa, y Elizabeth, asustada, alargó la mano a la mesa para tomar en sus manos su varita. En ningún momento pensó que fuera Adam; su amigo habría llamado con fuerza, no habría intentado ser sigiloso. Fuese quien fuese, no estaba invitado.

Avanzó un poco sin separarse de la pared, e intentó mantener tranquila su respiración para no delatarse. Pero la luz que reinaba en la cocina ya llamaba la atención hacia ella, y apagarla en esos momentos lo empeoraría todo. ¿Irían a robar? ¿O querrían algo más? ¿Cómo podría ponerse a salvo? Podía salir a la calle por la puerta de atrás y desaparecerse de allí, era la opción más segura. No obstante, aunque sólo la separaban tres metros de esa puerta, la daba miedo moverse demasiado y descubrirse.

Cerró los ojos con fuerza un segundo, y después se decidió. Cuanto más tardara, menos probabilidades tendría de escapar. Se separó lentamente de la pared, caminando de puntillas, y se dirigió hacia la puerta trasera, que estaba cerrada. Rozó el pomo con los dedos, pero no llegó a agarrarla, pues alguien la cogió con fuerza el cuello desde su espalda.

Elizabeth soltó un grito ahogado por la sorpresa de no haber oído llegar a su atacante, pero cuando esta la giró mirando de nuevo hacia la cocina, el aliento se atoró en su garganta al ver a una decena de enmascarados mirándola fijamente. Entonces las cosas comenzaron a tener sentido. Sabía quienes eran, sólo había una posibilidad.

Mortífagos.

La sangre se la heló, y más aún al notar una varita apretándole el cuello. ¿Qué querrían de ella? Estaban en Alemania, lejos de la guerra de Inglaterra, y ella jamás había tenido nada que ver con el conflicto. Se había marchado antes de que empezara, y en dieciocho años sólo había vuelto durante una semana.

- Escucha bien, zorra –le dijo al oído el que la sujetaba-. Dinos lo que necesitamos saber, y puede que te dejemos con vida.

Elizabeth comenzó a respirar entrecortadamente. Ni siquiera sabía de lo que hablaban.

- ¿Qu-qué queréis? Y-yo no sé nada que os pu-pueda interesar –balbuceó sintiendo como la varita que tenía en el cuello presionaba más-.

Lanzó un gemido del terror cuando el mortífago apretó furiosamente su agarre y los demás la apuntaron también.

- Haz memoria –respondió el enmascarado-. ¿Seguro que no te han dado nada que creas que queramos tener? ¿Tal vez un buen amigo?

Ella negó con la cabeza furiosamente. Estaba muerta de miedo, no tenía dudas de que la iban a matar, y encima no sabía por qué.

- Por favor. Y-yo no tengo na-nada que ustedes quieran, déjenme en paz.

- ¡Ya es suficiente! –gritó uno de los que la apuntaban, avanzando hacia ella-. ¡Deja de hacerte la estúpida y dinos dónde está la caja!

- ¿Ca-caja? –preguntó Elizabeth sin entender-.

El mortífago que la sujetaba la hizo girar sobre sí misma, y la empujó contra la pared, metiéndole la varita en la cara de tal modo que tenía que bizquear para observarla. Parecía que habían perdido la paciencia, pero Elizabeth seguía sin comprender nada, y creía que se desvanecería del terror.

- Sabemos que Potter te cedió la caja a ti. Tu marido fue uno de los creadores y conoce el sistema, ¿en quién mejor para confiar? ¡Creíais que podrías despistarnos, pero no podíais saber que era un peligro que yo conociera vuestra amistad! ¡Ahora, dame la puta caja!

Parecía fuera de sí, y de hecho la pobre mujer tenía tanto miedo que no había entendido casi nada de aquel discurso. Un tercer enmascarado se acercó, parecía mucho más tranquilo, y puso una mano conciliadora en el hombro del primer hombre.

- Deja de intentarlo, no dirá nada. Échala la poción y acabemos con esto.

El primer hombre suspiró.

- Es verdad...

Se metió una mano dentro de su túnica, y sacó un frasco sosteniéndolo con cuidado. El tercer hombre la agarró con fuerza un brazo, tirando de él hasta que lo tuvo estirado, y la remangó la túnica. Elizabeth entró en pánico y actuó por instinto. Levantó el otro brazo, donde milagrosamente aún sostenía la varita, aunque había llegado a olvidarlo, y no supo cómo los hizo volar a los tres hacía atrás.

Abrió los ojos como platos asustada de sí misma, y esos preciosos segundos que pudo haber aprovechado para escapar se esfumaron cuando el primer enmascarado se levantó, con su máscara colgando de su cara. Se la quitó con rabia, ya dándole igual que ella le viera el rostro, y la apuntó con furia.

Elizabeth se sorprendió en extremo cuando le reconoció. Era uno de los compañeros de Adam, el que la atacó el día que fue a reunirse con ellos y Dumbledore. ¡Un momento! Adam la había contado que estaba...

- ¡Tú estás muerto! –gritó espantada-.

El joven sonrió con una mueca aterradora, y la dijo saboreando las palabras:

- No nena, eres tú la que está muerta.

Antes de darse cuenta la había lanzado por los aires, cayendo sobre la mesa, que se rompió bajo su peso. No sabía por qué no la había matado directamente, pero sospechaba que pretendía torturarla antes de eso, como desquite. Y ella había perdido su varita...

Escuchó una explosión, y al mirar al techo vio como la gran lámpara se la venía encima. Sólo supo echarse las manos a la cabeza para protegerse, mientras gritaba, pero el golpe fue muy fuerte y sintió que miles de cristales la atravesaban la piel. Más lo raro vino a continuación: No la atacaron. De hecho, por los ruidos que se oían, parecía como si los mortífagos estuvieran peleando entre sí. Sin comprender nada intentó quitarse la lámpara de encima, pero la estructura pesaba demasiado.

Pareció eterno el tiempo que tuvo que esperar hasta que cesaron los ruidos, sobretodo porque tenía pánico al saber que cuando acabaran, irían a rematarla. Pero cuando la lámpara se apartó de encima de su cuerpo y alguien la tendió la mano, lo último que esperaba encontrarse era el rostro de su marido.

- ¡Bernard! –exclamó sorprendida-.

El hombre sonrió alegre mientras la levantaba del suelo y la obligaba a sentarse para examinar sus heridas. No lo comprendía. Miró alrededor, y vio que su cuñado, Gerard, también estaba allí, escrutando el exterior desde la puerta abierta con su cara de auror.

- ¿Có-cómo sabíais...? –preguntó haciendo una mueca cuando su marido la tocó la mejilla que tenía cortada-.

Su cuñado se volvió hacia ella, y su rostro se relajó componiendo una sonrisa.

- No lo sabíamos, pero aquí mi hermano parece estar adquiriendo las dotes de su hijo. De pronto tuvo mucha urgencia por venir a casa, y nada de lo que dije, lo detuvo. Ahora agradezco que sea tan cabezota.

Elizabeth miró a Bernard sorprendida, pero él negó con la cabeza.

- No he tenido ninguna visión como Jeff, ni nada parecido. Sólo una sensación de que las cosas no iban bien. O quizá es que te echaba de menos –sonrió, y ella lo hizo a su vez, sintiendo el impulso de acercar su rostro al de su marido-.

Todo fue al traste cuando Gerard interrumpió la escena devolviendo la luz al lugar y obligándoles a sentarse en la mesa que había reparado.

- Explícanos qué ha pasado aquí. Cuando oímos esa explosión y tu grito, nos imaginamos lo peor. ¿Qué querían?

- Terminar el trabajo –respondió entre dientes, para su sorpresa, su hermano pequeño-.

- ¿Cómo?

Elizabeth y Gerard se mostraron igualmente sorprendidos. Bernard resopló y se apartó el negro cabello del rostro, mirándoles con el ceño fruncido.

- He reconocido al que no llevaba máscara. Era uno de los dos que estaba ese día, cuando asesinaron a los Johnson. Ese fue el que me retuvo allí, ¡por su culpa me encerraron! Y ahora debe buscar acabar con mi esposa para acabar el trabajo.

Elizabeth se quedó sin habla. ¿Ese hombre había sido el culpable de todos sus sufrimientos? ¡Le había tenido delante, había luchado contra él! ¿Por qué no le había matado? Sin embargo, la conversación siguió ajena a sus sentimientos de venganza. Su cuñado era un hombre de temperamento más frío, y dejó atrás esos apasionantes sentimientos para exponer los hechos.

- No tiene sentido, Bernard. A ti te inculpó para lavar el rastro de los verdaderos culpables, y los interesados del gobierno estaban demasiado desesperados por desacreditarte que inventaron más pruebas. No tiene sentido que quisiera venir por Lizz.

- ¡¿Y entonces cómo explicas esto? –preguntó el hombre frustrado por no haber podido enfrentarse al causante de su desgracia-.

Pero él nunca había sido bueno en duelo. Había sido Gerard quien lo había luchado en esa ocasión, y en la mayoría de ellas, venciendo él solo a todo el grupo de mortífagos. Gerard le lanzó una mirada fulminante, y como si volvieran a ser niños y el mayor mandara, Bernard se calmó.

- Mencionó una caja –dijo Elizabeth de repente, levantando la mirada-. Una de tus cajas, Bernard. Las está buscando.

- ¿Que las busca? –preguntó su cuñado sin comprenderlo-.

- Sí. Pensó que Adam, al ser mi amigo y ser yo la esposa de uno de los creadores, me había cedido su caja para que la guardara. –lanzó una exclamación ahogada, comprendiendo varias cosas al mismo tiempo, y miró a su marido y su cuñado horrorizada-. ¡Díos mío! ¡Tengo que hablar con Dumbledore!

OO—OO

Alejados de allí, y humillados por haber sido vencidos por un solo hombre y la escasa colaboración de otro, los mortífagos se desaparecieron hacia el punto donde el traslador los llevaría de nuevo a Inglaterra, aún con las manos vacías.

Ethan no podía relajar su rostro de la furia que sentía. Había visto que era Duncker quien había aparecido de repente destrozando su plan. Sólo unos minutos más y habría sabido si esa bruja tenía la caja guardada o no. Ahora volvían a empezar de cero, y encima habiendo sufrido una humillación.

- Te han visto –le dijo Malfoy apareciéndose a su lado-.

- Lo sé –respondió entre dientes-.

- No debían verte. Ahora informarán de que estás vivo. Esto no le gustará nada al Señor Oscuro –le espetó su compañero, furioso por esa insensata pérdida de control-.

Ethan sabía que era un problema extra, pero intentó quitarle hierro al asunto.

- Lo habrían averiguado tarde o temprano. La misión está casi finalizada, y cuando acabe ya no tendré que esconderme.

- ¡Aún no tenemos la cuarta caja, estúpido! ¡¿Cómo vamos a conseguirla si les hemos dado esa ventaja? –exclamó Lucius alzando la voz y llamando la atención del resto de los hombres-.

- ¡Da igual el modo, la conseguiré! –gritó Ethan con rabia-. Cuando pasen unos días volveré donde esa zorra y...

- ¡No pierdas el tiempo! ¡Ella no la tiene!

- ¿Tú cómo puedes saberlo? –preguntó Ethan realmente furioso, y asustado ante la perspectiva del castigo que sufriría-.

Malfoy se acercó a él, mirándole con sus fríos ojos azules, y habló muy despacio.

- Despierta y abre los ojos, Divon. Esa mujer no tenía ni idea de qué hablabas. Si vuelves allí, te cogerán y adiós a la misión. Da igual lo que hagas, como no consigas la caja, sí o sí, estás muerto.

Ethan no pudo evitar tragar saliva ante esa perspectiva.

- Si no es ella... –comenzó, pero Lucius le interrumpió-.

- Habrá más. Pero piensa deprisa. No pienso acompañarte a la tumba porque seas un incompetente. Potter debía tener más allegados en los que confíe que esa mujer.

Y Ethan Divon no podía dejar de pensar quienes podían ser dichos allegados para que Adam confiara tanto en ellos como para cederles la caja. Era de vital importancia que la elemental del aire apareciera, su vida dependía de ello.

OO—OO

- ¡He vuelto, he vuelto, HE VUELTO! –gritaba James bajando por la colina que llevaba al campo de quidditch-.

Acababa de recoger su escoba del despacho de la profesora McGonagall, quien no había podido esconder una sonrisa de satisfacción al decirle que ya podía volver al equipo. Gryffindor había echado de menos a su capitán, y la profesora estaba deseando que su mejor jugador se pusiera al día para poder derrotar a Hufflepuff esa semana.

Así pues, llevaba la escoba sobre la cabeza, de modo que cualquier que se cruzara con él y fuera sordo tendría muy claro a lo que iba. Estaba eufórico.

El resto del equipo también estaba encantado, sobretodo Josh y Allan que anhelaban el fin de la dictadura femenina. Evidentemente las chicas sabían que se las había acabado la diversión, pero estaban demasiado emocionadas con volver a ser un equipo completo, que no dieron muestra de que lamentaran no poder humillar más a los dos chicos. Sólo Grace hizo una pequeña mueca al ceder el puesto de capitana, pero ¿quién no querría quedárselo para siempre? De todas formas recibió a James con un abrazo y celebró su vuelta. Con él, el equipo volvía a ser lo que era. Invencible.

- ¡Merlín, James, que falta nos has hecho! –gritó Allan mientras le abrazaba por la espalda-.

Josh, que era algo más alto, atrapó la cabeza de James debajo de su brazo como una broma, mientras exclamaba:

- ¡Por fin pararán! ¡Nos han hecho la vida imposible!

- ¡Estas chicas nos van a matar! –añadió el más joven poniéndole más dramatismo a la historia-.

James se soltó de su agarre y les miró a ambos algo extrañado.

- Si parecéis asustados de verdad –dijo con un poco de asombro. Después se volvió hacia Grace mirándola con sospecha, y la preguntó-. ¿Qué les has hecho? Mira que te conozco y cuando te tocan la vena feminista, te pasas.

Pero Grace no se avergonzó por haber mostrado, claramente, más preferencia por las chicas del equipo, sino que alzó la barbilla y le miró con una sonrisa desafiante.

- Son unos debiluchos. Tú maltrataste mucho más a Nicole en un día que yo a ellos en un mes.

- ¡Es cierto! –apoyó Sarah con una sonrisa divertida-.

James sintió el recuerdo del remordimiento por la pequeña del equipo, a la que buscó con la mirada y la pasó el brazo por los hombros.

- Pero Nicole me ha perdonado, ¿verdad? –la preguntó a ella con una de sus típicas sonrisas de inocencia-.

Nicole también sonrió.

- Claro que sí. La gripe se fue, y ahora ya sé caer en picado.

- ¡Es por eso que ganaremos el sábado! -exclamó James feliz-.

Dio un paso al centro del círculo que habían formado los siete, sonriéndoles uno por uno. Volvía a su ambiente. ¡Merlín! Había echado tanto de menos volar.

- Bueno Grace, confío en que les has metido bastante físico y no se han puesto fondones –la dijo a la subcapitana, que asintió aunque Josh y Allan bufaron discrepando-. Así que, como yo no me aguanto las ganas, ¡a volar!

OO—OO

Y fueron tres horas de entrenamiento en que James no paró ni un segundo. Al acabar, los otros seis integrantes del equipo estaban sentados en el suelo, cubiertos de barro y sudando copiosamente, a pesar de que la temperatura exterior no superaba los diez grados. James, sin embargo, estaba pletórico y con más energía que nunca. Su frente y su pelo también estaban empapados de sudor, y aunque respiraba con dificultad, estaba de pie frente a ellos, observándoles con las manos en las caderas y una sonrisa satisfecha en el rostro.

- ¿Y decís estar en buena forma? Llevo un mes sin volar y no he tenido que esforzarme mucho para dejaros sin fuerzas.

- Pues si se llega a esforzar, no quiero pensar lo que hubiera sido de nosotros –le susurró Sarah a Grace en voz baja, mientras ambas miraban a James temiendo que quisiese seguir-.

Y de hecho él parecía estar considerando la idea. James Potter era un muchacho de ideas fijas, y cuando tenía ganas de algo, no se cansaba de ello fácilmente. Le había ocurrido con Lily, le ocurría con la idea de ser auror y, en esos momentos, le ocurría con volar. Lo había echado de menos, y tres horas no eran suficiente para él. Sin embargo, echó un vistazo al equipo antes de ordenar que volvieran a montar las escobas.

Sarah y Grace estaban hombro contra hombro, apoyadas en la base de las gradas para poder mantener la espalda erguida. Ambas tenían un aspecto desastroso, y susurraban entre sí mirándole desconfiadas. Josh estaba al otro lado de Sarah, intentando mantenerse recto mientras se apoyaba en su escoba, a su lado Allan parecía a punto de caer dormido sobre el hombro de Nicole, que le miraba a él fijamente con las cejas enarcadas, como si quisiera averiguar sus planes. Al lado de ella, y cerrando la marcha, Sadie tenía la coleta desecha, los hombros echados hacia delante del cansancio, estaba sentada al estilo indio y le lanzó una mirada tan fría que supo que sería capaz de descuartizarle en ese momento se mandaba continuar.

Pero él estaba tentado a decirlo, importándole bien poco las amenazas visual de asesinato de su amiga. Sin embargo, al mirar de nuevo al equipo en conjunto se dio cuenta de que no eran capaces de dar más de sí ese día. Los había machado a base de bien, pensó divertido.

- De acuerdo, basta por hoy –concedió con un tono que parecía que les hacía un gran favor-. Id a las duchas y descansad esta noche, que mañana seguiremos. El partido es pasado mañana, y quiero asegurarme de que no hay agujeros en las tácticas.

Los chicos se fueron levantando poco a poco y caminaron hacia los vestuarios, pero Grace se apoyó en Sarah para incorporarse y se acercó a James.

- No hay agujeros en la tácticas –le dijo-. Sabes que he hecho un buen trabajo mientras tú no estabas.

James la miró un segundo, pero decidió que ella parecía lo suficientemente ofendida como para provocarla más. La sonrió, y después abrazó pasando un brazo por su hombro. Después enarcó las cejas para dar a entender que bromeaba cuando dijo:

- Yo creo que has estado demasiado ocupada torturando a Allan y Josh.

Grace enarcó las cejas también y sonrió. Había estado a punto de ofenderse de verdad ante la sugerencia de fallos, pero las bromas de James irradiaban buen rollo por todas partes.

- ¡Bah! –exclamó abrazando a su amigo a su vez, pasando su brazo por su cintura, encaminándose ambos a los vestuarios-. Si supieras lo increíblemente nenazas que son el llorica y el cabezota me agradecerías que los haya metido en vereda.

James se echó a reír concediéndola que ambos sabían quejarse muy bien. Cuando se giró a mirarla en ese momento, acompañó el gesto con un movimiento de cejas muy pícaro.

- Yo que tú me arreglaba deprisa, que en vez de estar hablando conmigo deberías estar pervirtiendo a mi colega.

Grace se detuvo y abrió la boca de golpe. ¡Mierda, Sirius! Se había olvidado que había quedado con él, ¡que chasco! Dio una vuelta completa sobre sí misma, como buscando algo que no sabía qué era, y miró a James.

- ¿Qué hora es?

- Más de las ocho –contestó él vagamente-. Eso significa que Pad lleva cerca de una hora esperándote. ¡Ya te vale, Grace! –añadió riéndose, a lo que Grace frunció el ceño-.

Sin embargo, llegaba demasiado tarde como para detenerse a matar a su amigo. Echó a correr dentro del vestuario, donde el agua se oía caer con fuerza, y mientras avanzaba hacia las duchas se fue quitando el uniforme.

Sarah y Nicole se duchaban y reían de algo dicho por la primera, mientras que Sadie se estaba ya vistiendo y las escuchaba, sonriendo, esos comentarios cargados de humor. Ella entró como un huracán, consiguiendo la atención de las otras tres, mientras ella se llenaba el pelo de champú.

- ¿Tienes prisa? –preguntó Sarah divertida-.

- ¡Sí, no puedo quedarme!

A esas alturas ya estaba terminando de quitarse el jabón del cuerpo, y tomaba la toalla. Grace no se había duchado más rápido en su vida, pero ya llegaba demasiado tarde como para ir a su ritmo habitual. Se secó el pelo con un golpe de varita, se vistió con el uniforme del colegio e hizo del de quidditch una bola que envió a su cuarto mediante magia.

Cuando salió corriendo del vestuario, las tres chicas se quedaron mirándose entre sí sorprendidas. Sarah sonrió con picardía, y miró a Nicole.

- ¿Crees que sale con alguien y no nos lo quiere decir?

La más pequeña también sonrió, pero se encogió de hombros.

- ¿Cómo quieres que lo sepa yo?

Las dos se encogieron de hombros soltando una risita. Sarah quería saber más, Nicole no es que tuviera demasiada curiosidad, y Sadie, algo apartada, sospechó de esas palabras.

Llegando por fin al castillo Grace bajó el ritmo para recuperar la respiración. Subir corriendo una cuesta semejante tras haber estado volando tres horas seguidas, daba muestras de su buen estado físico. Entró aún así a paso apresurado, y siguió así hasta llegar al lugar donde había quedado con su chico.

Y Sirius seguía allí, paseándose de un lugar a otro como un león enjaulado. Grace le observó desde la distancia con ternura, sabiendo que él odiaba esperar y llevaba allí una hora por ella. En Sirius eso era demostrar mucho.

Sonriendo más ampliamente comenzó a acercarse a él, pero cuando estaba cerca, aunque no lo suficiente para que él la viera, notó una sombra detrás de una columna. Se desvió hacia allí sin saber muy bien por qué, y al estar más próxima vio que se trataba de una figura que estaba espiando (pues a todas luces se veía que trataba de ocultarse) a Sirius. Un par de pasos más le dieron la identidad de la persona oculta.

Kate.

Abrió la boca con sorpresa, y cuando quiso pensar, ya se había delatado.

- ¿Kate? –susurró-.

Al instante se arrepintió, y su amiga dio un respingo al saberse descubierta. Sin embargo, al comprobar que era ella suspiró de alivio y tiró de su brazo para que se agachara junto a ella, con la columna cubriéndolas de la vista de cualquier que pasara por allí.

- ¿Qué haces? –preguntó Grace, sin saber por qué seguía hablando en voz baja-.

Kate se ruborizó, y la miró mordiéndose el labio inferior, claramente avergonzada. A Grace se le escapó una mirada hacia Sirius, averiguándolo. Suspiró, y se sentó cómoda en el suelo. Sabía que Kate lo estaba pasando mal, pero ¿llegar a ese extremo?

- ¿Estabas expiándole? –preguntó sin una nota de juicio en la voz. Su amiga merecía toda la comprensión del mundo, sobretodo teniendo en cuenta que ella era la culpable de sus males-.

Kate apartó la mirada, y se sonrojó más aún.

- No es lo que piensas –susurró con voz queda sin levantar la mirada del suelo-. No lo he hecho más veces. Pero... no he podido evitarlo. Creí...

Se mordió de nuevo el labio, y Grace hizo una mueca, deseando quitarla toda su aflicción, decirla que todo era culpa suya y que podía desahogarse contra ella. Pero no fue capaz, y sólo preguntó:

- ¿Qué ocurre?

Kate inspiró hondo.

- Verás. Rachel y Remus no se hablan, y resulta que todo es por culpa de nuestra ruptura –dijo señalando con el pulgar su espalda, donde aún estaba Sirius-. Así que hablé con ella a solas para convencerla de que dejara de hacerle pagar a Remus, ya sabes –Grace asintió, y la pareció lo más lógico teniendo en cuenta que ella había comenzado una relación con el "odiado número uno"-. Pues estuvimos hablando las dos solas, un poco de todo. Y cuando me contó la discusión que tuvo con Remus...

- ¿Qué? –preguntó Grace impaciente al ver que se detenía-.

- Pues me dijo que a Remus casi se le escapa el nombre de la chica que está con Sirius ahora. ¡¿Sabes lo que significa eso? ¡Sí que hay otra! ¡Me dijo la verdad! ¡Me ha dejado por otra! ¡Y todos saben quién es!

No sabía si eso era mejor para Kate o no. Por experiencia podía saber que el hecho de haber una tercera persona hace creer a la gente positiva que no ha sido culpa suya, y a la gente negativa le perjudica en su amor propio. Desde luego Kate era del segundo grupo.

- ¿Y por eso estás aquí?

- Sí. Le vi salir esta tarde de la torre. Al principio pensé que estaba siendo discreto porque igual planeaba algo a escondidas de Remus, ya sabes, eso suele hacerlo. Pero después vi que él y Peter parecían estar muy enterados. Así que, ¿de quién se escondía? Hasta que me di cuenta: De mi. No quería que yo le viese irse.

- ¿Por qué? –preguntó Grace frunciendo el ceño, aunque admitiendo interiormente que aquello era lo más probable, y que era alucinante lo mucho que Kate conocía a Sirius-.

- Porque no quiere que yo sepa quien es ella –contestó la chica como si hubiera pensado en todo-.

Grace se mordió los labios por dentro pensando en que Kate era demasiado lista. Si no se lo decían ellos pronto, lo acabaría averiguando por sí misma.

- Bueno –dijo en un intento de despistarla y darse algo más de tiempo-. No sé, Kate. Si él ya te dijo la verdad con lo de que había otra, ¿por qué iba a querer ocultarte quién es?

- No lo sé –murmuró la chica dejándose caer hacia atrás con un puchero en su rostro-. Esa parte se me escapa. Pero, ¿y si es mucho más guapa que yo?

Levantó la cabeza mirándola casi con terror, y Grace casi pudo ver su autoestima tambalearse peligrosamente. Tenía que apartar esos pensamientos de su mente.

- No –afirmó-. No, seguro que no. Es más, estoy convencida. Es más fea, fijo. Y más tonta, mucho más. Seguro que sin ayuda no puede hacer muchas cosas de clase, y estoy segura de que es la chica más egocéntrica del mundo.

Vale, estaba sacando sus peores defectos a la luz, y exagerando alguno sobremanera para animar a Kate. Afortunadamente ella tenía el ego estupendamente, y no la afectó demasiado que su amiga se echara a reír con esos defectos. Siguió la lista, intentado quitarla negatividades de la cabeza, y Kate parecía sonreír más. Sin embargo, hubo un momento en que se quedó más seria, y mirando al frente como si meditara.

- ¿Sabes? Lo único que tengo claro es que debe ser una guarra.

Lo dijo con tanto asco que Grace tuvo un escalofrío. La miró, pero no a la cara, pues en ese momento se sentía incapaz. No quería seguir por ahí, pues las cosas podían volverse desagradables, pero no hizo falta que hablara para que Kate continuase.

- Todo el mundo sabía que Sirius y yo estábamos juntos. Y cualquier tia que se mete en medio de una relación es asquerosa. Meterse con alguien comprometido sólo tiene una palabra...

No la dijo, pero a Grace no la hizo falta para adivinarla. Y era una palabra que tenía impresa en la mente sin poder evitarlo, porque había oído que algunos chicos la calificaban así en los últimos años.

Kate pareció darse cuenta de su estado pensativo, pues cambió su expresión y se giró hacia ella con el rostro comprensivo, como siempre.

- Grace cuando dije esas calificaciones me refería a esa chica, no a ti. Tiene que dejar de afectarte lo que digan cuatro pringados que darían su brazo izquierdo por tener una oportunidad contigo. No te conocen de nada, y nadie se cree nada de lo que dicen, y lo sabes –al ver que Grace sólo esbozó una pequeña sonrisa, la dio un codazo-. Además, tú eres la que siempre me dice que tengo que ignorar lo que piensen los demás de mi.

Sí, y la mayoría de las veces no la importaban nada las murmuraciones de la gente. Excepto con ese tema, que le tenía dentro de su orgullo herido. Quizás porque se había creado una fama que no creía merecerse. Además, Kate, sin saberlo, empeoró su conciencia con la frase: "Me refería a esa chica, no a ti". Si supiera que eran la misma persona...

- Sólo quiero saber quién es ella, poder verla la cara, saber cómo es... –insistió la muchacha-. Quiero ver qué es lo que ella tiene y yo no. Estaba conmigo y la prefirió a ella, algo más debía de darle que yo no sabía.

Grace negó con la cabeza, pero se la habían acabado las palabras y no sabía qué más decir. Sabía que ella no tenía nada que le gustara a Sirius que Kate no tuviera. Puede que sí al revés, pues su amiga era mucho más paciente y cariñosa. Simplemente, quiso decirla, Kate había tenido la mala suerte de que ella llegara antes. Y ya se sabe, quien da primero, da dos veces.

Suspiró, y disimuladamente miró por encima de su hombro. Sirius se había marchado.

OO—OO

La lluvia caía torrencialmente por los grandes terrenos que rodeaban la mansión. Llevaba todo el día diluviando de tal forma que parecía que la casa estaba justo debajo del diluvio universal. Ocasionalmente se levantaba una tormenta, estremeciendo con estruendosos y solitarios truenos, e iluminando el cielo con algún rayo lejano.

La imagen parecía el escenario de una película de miedo. Y aquella sería la mejor calificación de lo que ocurriría en las próximas horas en aquella solitaria y palaciega casa.

En su interior, y ajeno a todos los oscuros planes que había contra él, Charlus Potter paseaba de un lado a otro por su despacho. No había mencionado nada del tema a su esposa y a su madre para no inquietarlas, pero estaba realmente preocupado por Adam. Ya hacía varios días que su hermano pequeño le había dicho que se marcharía un tiempo al extranjero por trabajo, y le había asegurado que no era nada importante. No se lo creía; su expresión era más seria de lo normal y fuera lo que fuera, no significaba nada bueno. Le había asegurado que de necesitarle sólo debía mandarle una lechuza, pero aunque él le había escrito hacía dos días preguntándole por ese trabajo que se le había llevado lejos, no había recibido respuesta aún. Y no era normal en Adam tardar tanto en dar señales de vida.

En el exterior, algo alejados de las murallas que rodeaban los terrenos de la mansión, un grupo de encapuchados estaban reunidos, buscando la mejor forma de entrar en la casa.

- ¿Estás seguro de esto? –rugió en voz baja uno de los hombres más altos, mirando al joven que estaba a su lado-. No me gustaría allanar la casa de Charlus Potter para luego no encontrar nada.

El hombre a su lado se impacientó, haciendo un mueca furiosa de la que después se arrepintió. Aún no se había recuperado del todo del castigo al que le había sometido su señor por permitirse ser reconocido por Elizabeth Duncker, y dejarla con vida para que ella divulgara que estaba vivo.

- Los más cercanos a Potter eran su familia, Duncker y algunos miembros de los Orden del Fénix. Sé con seguridad que a estos últimos no les ha involucrado en absoluto y, según tú, la maldita de ayer tampoco es posible que supiera nada. Por lo tanto, su familia es la única opción. –después de exponer los hechos, miró a su compañero con una sonrisa burlona-. ¿Qué pasa, Lucius? ¿Tienes miedo de enfrentarte a Potter?

Malfoy se irguió con orgullo y prepotencia, dirigiéndole a él y al resto del grupo, que habían sofocado algunas risas, una dura mirada con sus ojos grises.

- ¿Miedo? –escupió la palabra como si fuera la peor calumnia del mundo-. Escúchame bien cerebro de guisante: Yo me he relacionado directamente con Potter en multitud de ocasiones, por lo que es mucho más probable que me reconozca que otros. Es muy importante para nuestro Señor que mi identidad siga oculta, por lo que sí, soy cauto.

- Por no hablar de la gran fama de duelista que tiene –intervino un hombre mayor que ellos, y que por lo tanto había comprobado alguna vez que el talento de Charlus Potter no era sólo fama-.

El primer hombre se echó a reír despectivamente.

- ¡Por favor, Rosier! ¡Si no es más que un viejo!

- Cuidado Ethan –le previno otro hombre cuyo nombre era Wilkes-. No le subestimes. Dumbledore también es un viejo, y tú mismo has podido comprobar que es casi incomparable.

Aunque Ethan asintió con la cabeza ante ello, el comentario hizo gruñir a algunos de los hombres que se negaban a aceptar el hecho de que Dumbledore fuera un mago extraordinario. Algunos mortífagos tendían a cegarse en su admiración al Señor Tenebroso, aunque otros parecían ser más objetivos y querían asegurarse de todos los enemigos. Esos eran una ventaja para Voldemort; si todos sus seguidores hubieran sido tan cabezas duras como el primer grupo, habrían acabado pronto con ellos.

Sin embargo, Ethan estaba enardecido y después de su primera tortura no pensaba con claridad. Nunca había visto en acción a Charlus Potter, pero era evidente que no sería ni la cuarta parte que Dumbledore, pues sino habría intervenido ya en la guerra.

- ¡Sois unos cobardes! –exclamó al verles dudar a unos y otros-. ¿Voy a tener que hacer el trabajo yo solo? ¡De acuerdo! Entraré, haré lo que tenga que hacer, y en pocos minutos volveré con la caja en mi poder.

- No seas idiota, no pasarías de la puerta –intervino Rosier con voz exasperada-.

- ¿Qué quieres decir con eso? –increpó él como si le hubieran insultado gravemente-.

- Quiere decir que Adam Potter era un gran luchador, y sin embargo no llegaba ni a pisarle los talones a su hermano –le contestó Malfoy con voz pausada-. Le vi luchar cuando era pequeño; y te puedo asegurar que he visto a pocos magos superar tanto talento.

Ethan resopló con frustración, pero al menos se había calmado un poco para conseguir razonar. Él no formaba parte de los estúpidos por lo que, se repitió a sí mismo, no debía comportarse como tal.

- De acuerdo –suspiró-. Entonces seguiremos tu plan, Lucius.

El hombre alzó la cabeza orgulloso, aunque con el rostro impasible, pues ya sabía que de no ser por sus indicaciones, la misión estaría condenada al fracaso. No era lo mismo atacar una casita en la ahora tranquila Alemania que una mansión palaciega situada en la peligrosa Inglaterra.

- Perfecto. ¿Has traído lo que te dije?

Ethan hizo una mueca de asco, pero señaló un saco que colgaba de su cinturón.

- Sí, lo traje. Y espero que tenga una explicación razonable, Malfoy, porque como me hayas obligado a hacer esto por pura diversión...

- Si hubiera querido divertirme a tu costa habría sido mas sutil. Estas bromas son más típicas de la sádica de mi cuñada que mías.

Los hombres se rieron ante la broma a costa de la ausente Bellatrix, pero enseguida guardaron silencio al ver a Malfoy, que tras el duro castigo de Divon capitaneaba dicha misión, acercarse a la verja, haciendo un gesto a Ethan para que le siguiera.

Se acercaron a la gran estructura metálica, que Lucius estudió cuidadosamente, hasta encontrar lo que buscaba. Un pequeño dispositivo en uno de los lados, tan oculto y diminuto que podía pasar desapercibido a no ser que alguien supiera que estaba allí. Y Malfoy lo sabía: Era lo mismo en todas las grandes mansiones.

- Sácalo –ordenó a su compañero-.

Este hizo un gesto de asco, y con la varita apuntó al interior de la bolsa, asegurándose de no tener que tocarlo con la mano, y lo sacó al exterior. Era de comprender su repulsión. Se trataba de una cadavérica mano que había sido amputada de su cuerpo original. No era difícil averiguar su dueño cuando Ethan la hizo volar hasta que esta se posó sobre la superficie que le ordenó Lucius.

Ambos contuvieron la respiración, pero funcionó. Lucius aguardó en tensión el momento en que el dispositivo de seguridad realizara su pregunta, pensando cuál sería y si él tendría opción de averiguarla. A los pocos segundos, una voz impersonal preguntó:

- ¿El lema de la familia?

Ethan se sobresaltó ante la risa divertida de Lucius Malfoy.

- ¿Qué ocurre? –preguntó en voz baja-.

- No puedo creer que confiaran la seguridad en una prueba táctil. Se nota que los Potter nunca han estado en el punto de mira, y no han considerado estar más protegidos.

- Entonces, ¿te sabes la respuesta? –preguntó esperanzado-.

- Por supuesto. Todas las grandes familias de magos tienen un lema, y este no es un secreto para los demás. De memoria puedo decirte hasta una docena de lemas de cada familia que conozco –después se giró hacia el dispositivo, y alzó la voz-. El último enemigo que será derrotado, es la muerte.

Ethan rió, no sólo por la frase ancestral que no parecía hacer reír a Malfoy, sino también al oír el ruido de la verja abrirse. En cuestión de segundos, el resto de los mortífagos se había puesto a su par y avanzaban con regocijo hacia la casa, que ya estaba desprotegida para ellos.

Cuando llegaron a la entrada de la mansión, la puerta se abrió antes de que llamaran, y por ella asomó una pequeña elfina.

- ¿Amo Adam? –preguntó la pequeña criatura que había reconocido su señal-.

Sin embargo, antes de que pudiera siquiera ver quienes eran los intrusos, un rayo verde la atravesó y la pequeña Kira cayó al suelo sin vida. Sin perder tiempo los mortífagos se replegaron por la planta de abajo, intentando ser silenciosos.

- Recordad, bajo ningún concepto hagáis...

Pero las palabras de Malfoy quedaron ahogadas cuando dos encapuchados salieron volando contra una pared, se empotraron contra ella, y cayeron al suelo sin conocimiento. Todos se dieron la vuelta para ver a Charlus Potter salir de una de las habitaciones cercanas a la entrada. Les apuntaba con la varita, y su rostro parecía asombrosamente relajado.

- No recuerdo haberles invitado a mi casa, caballeros –dijo con una fría voz-.

Uno de los encapuchados se adelantó, y antes de siquiera darse cuenta, estaba sobre el suelo, tenso, inmóvil, y recubierto completamente de una capa de hielo. Charlus enarcó una ceja instándoles a los demás a seguir a su compañero, pero los demás parecieron más cautos. Le miraban a él y a su varita, sopesando las probabilidades. Ese hombre había dejado fuera de juego a tres hombres antes incluso de que pudieran pensar una forma de atacarle; evidentemente su gran fama estaba bien fundada.

Sin embargo, y dadas las circunstancias, Charlus no esperó a recibir respuestas. Siguió atacando al siguiente mortífago, y cuando acabó con este, al siguiente. Ethan Divon estaba algo apartado, observando el duelo sin poder dar crédito a sus ojos, y a su lado, Lucius Malfoy procuraba por todos los medios estar fuera de la vista de Potter.

- Hay que pensar algo –susurró apremiante Ethan-.

Malfoy parecía pensativo, pero antes de que pudiera decir nada, otro mortífago se adelantó. No se habían dado cuenta de cuando Evan Rosier había abandonado la habitación, pero volvió a ella arrastrando con él a una mujer madura, con el cabello negro algo ocupado por las canas.

- ¡Detente Potter, o tu mujer lo pagará! –gritó llevándole la varita al cuello a la mujer-.

Charlus se detuvo de golpe, dejando caer al suelo a su última víctima. Aún con la varita en la mano, dirigió una mirada atemorizada al mortífago que sostenía a su esposa. Estaba cumpliéndose su mayor pesadilla: que su familia estuviera en peligro.

- Venimos a registrar tu casa, Potter. Pórtate bien, y nadie saldrá herido.

El rostro del padre de James se crispó ante esa frase.

- ¿Esperáis que me crea que venís a robar? –preguntó escéptico-.

Rosier sonrió divertido.

- Claro que no, Potter. Eres más inteligente que eso. Pero sí necesitamos saber algo, algo relacionado con tu hermanito. ¿O tú podrías darnos la pista sin necesidad de remover la casa?

El rostro de Charlus se descompuso al preocuparse aún más por su hermano pequeño. Sin embargo, Lucius vio en su expresión lo suficiente para añadir en voz alta:

- No, no sabe nada.

- ¿Le habéis hecho daño a Adam? –preguntó Charlus alzando la voz, y elevando de nuevo la varita-.

Dos hombres retrocedieron ante el gesto, pero Rosier apretó el agarre de Dorea, apuntándola más directamente con la varita.

- Es de ella de quien debes preocuparte ahora –susurró apretando la varita contre el cuello de la señora Potter-.

Charlus volvió a titubear, y de repente una voz resonó en lo alto de las escaleras, dificultando aún más la situación.

- ¿Qué ocurre, Charlus? ¿Quién está ahí?

El hombre comenzó a palidecer al ver a su mujer en brazos de un asesino, y a su madre expuesta en lo alto de las escaleras. Era bueno, pero no sabía cómo ponerlas a salvo a ambas sin arriesgar a alguna de las dos primero. Quería gritarla que se marchara, pues Elladora hacia años que había perdido la costumbre de llevar la varita con ella, pero la anciana tampoco era ágil para moverse con rapidez, y además Rosier había gritado:

- ¡Que alguien se encargue de la vieja!

Antes de que Charlus pudiera reaccionar, un hombre salido de no sabía dónde tomó a su madre por la espalda, que sólo supo intentar golpearle con su bastón. En ese instante el anfitrión de la casa supo que había algunos mortífagos que se habían escabullido por la casa mientras él ajusticiaba a sus compañeros.

La discusión se amplió por varios minutos, en que Charlus intentaba sacar información a la vez que mantenía los ánimos calmados para no poner en peligro a ambas damas, las cuales se estaban comportando de maneras distintas. Elladora estaba realmente nerviosa y enfadada, ante lo cual no dejaba de protestar e intentar escapar, y Dorea no había pronunciado una palabra desde que la capturaron y arrastraron al recibidor. El miedo la tenía atemorizada, y sólo podía pensar que iban a morir todos, y agradecía que James y Sirius estuvieran en Hogwarts en ese momento.

A los pocos minutos, dos encapuchados llegaron corriendo de la planta superior, claramente agitados y enarbolando varios pergaminos.

- ¡Encontramos algo!

Eso calló a todos los presentes. Unos mantuvieron la esperanza de estar cada vez más cerca de la caja restante, y los habitantes de la casa no acababan de comprender qué buscaban. Los recién llegados traían lo que parecían ser cartas, y corrieron a entregárselas a Ethan y Lucius, que las miraron con interés.

- Las tenía bien ocultas –explicó Wilkes-. No las hubiéramos encontrado si Dolohov no hubiera explotado la habitación, haciendo volar las paredes.

- Entonces eso significa que ocultaba algo –afirmó Ethan emocionado-.

- Por supuesto, mira –Dolohov le instó a leer una de las cartas en concreto-.

Ethan y Lucius juntaron la cabeza para leer. Eran contestaciones para Adam Potter, y aunque no quedaba muy claro el asunto, era evidente que este le había pedido un favor al destinatario. Que le guardase algo. Con intriga llegaron a la firma de la carta, consiguiendo que Ethan frunciera el ceño al leerla.

- ¿James? –preguntó en voz baja-.

En respuesta, uno de los hombres le lanzó divertido el marco de una fotografía que había recogido por el camino. Él la cogió al vuelo y la miró, observando a un muchacho de pelo negro y anteojos volar sobre una escoba de carreras. Lucius Malfoy sonrió dentro de su máscara.

- Así que el pequeño James –dijo en voz alta, recordando al crío maleducado y respondón con el que había coincidido en Hogwarts. Se volvió hacia Ethan-. ¿No lo recuerdas? Entró en el colegio cuando estábamos en quinto año, un muchacho muy travieso, con tres amigos que eran como él.

Al hombre se le iluminó la mente. Claro que conocía al niño; ahora debía ser casi un hombre.

- ¿Sigue en Hogwarts? –preguntó con impaciencia?

- ¿Qué pasa con James? –exclamó Dorea hablando por primera vez, pues al oír mencionar a su hijo había perdido todo ápice de compostura-.

Rosier sonrió comprendiendo, y miró divertido a Charlus mientras le respondió a su esposa al oído.

- Me temo, señora, que vamos a tener que hacer una visita de cortesía a su hijo.

- Por encima de mi cadáver –exclamó Charlus enarbolando la varita-.

- O por encima del de su esposa.

- Tranquilos señores Potter –intervino Ethan con el ánimo muy elevado por el reciente descubrimiento, y apeteciéndole ser cruel-. No seremos crueles. Al fin y al cabo esperemos que el muchacho sea más fácil de convencer que su tío. Aunque no se torturen, esto se lo hicimos después de muerto.

Y eufórico como estaba ya no sintió asco de meter la mano en el saco y extraer la mano cadavérica de Adam Potter. Charlus rugió ignorando la advertencia contra su esposa, que ahora parecía a punto de desmayarse, y se lanzó hacia él resuelto a matarlo. Por desgracia, esa misma intención tuvo Elladora con un grito de dolor y, sacando fuerzas de no se sabe donde, consiguió robarle la varita a su captor, y apuntar con ella hacia el vestíbulo.

Pero un hombre joven siempre será más rápido y ágil que una mujer anciana, y si apenas esfuerzo uno de los mortífagos la apuntó, gritando:

- ¡Avada Kedrava!

Charlus se detuvo al oír esas palabras, y el peor sonido que pudo percibir fue el de un peso muerto cayendo escaleras abajo. Un segundo después, tres gritos se escucharon en el vestíbulo: El de Charlus, el de Dorea, y el de Lucius Malfoy, que vio que su plan comenzaba a fallar.

El primero de ellos dejó en paz de Ethan, corriendo hacia el cadáver de su madre que había caído como una marioneta a los pies de la escalera, la segunda se desvaneció en los brazos de su captor, y el tercero mantuvo la sangre fría para apuntar a Charlus cuando este le dio la espalda sin darse cuenta.

- ¡Desmaius!

Y Charlus Potter cayó inconsciente sobre el suelo de mármol, a escasos centímetros del cuerpo sin vida de la anciana Elladora Potter. El asesino de esta se volvió con rabia hacia Malfoy.

- ¿Por qué no le has matado?

- ¿Por qué has matado tú a la vieja? –le espetó este de vuelta-. Aquí hoy mando yo, y te aseguro, Rookwood, que esto no era lo que tenía en mente. ¡Acabamos de conseguir unas pruebas importantísimas, y tú lo estropeas creando una situación irreparable!

- ¿Irreparable? ¿No vamos a matarles de todas formas?

La carcajada de Lucius le dio a entender que había supuesto mal.

- ¿Matar a los tres Potter unos días después de habernos cargado al hermano pequeño? Piensa un poco, imbécil. De momento esto es entre la Orden del Fénix y nosotros, pero si metemos en medio a una familia como los Potter, el ministerio se verá obligado a dejar de ignorar esas pequeñas muertes que hemos causado. A nadie le importan los Mendes o los Perkins. Pero, ¿los Potter? ¡Mi intención era sólo borrarles la memoria! ¡Dumbledore no tendría que haber sospechado que hemos venido a buscarles, y seguiría buscando a Adam Potter en el lugar equivocado!

Rookwood se dio cuenta entonces del error que había cometido. Habían dejado una prueba tan clara como un cadáver, y aunque mataran a los dos restantes, eso sólo sería un claro aviso de quien sería su próximo objetivo, y todo quedaría claro: Dumbledore cerraría filas entorno al chico.

- ¿Y qué hacemos? –preguntó con voz débil-.

Lucius frunció el ceño pensativo, y se paseó un par de veces por el vestíbulo, intentando encontrar una solución.

- Nos los llevaremos. A todos. Intentaremos fingir una salida de la familia, tapar todas las pruebas de un ataque. Quiero que encontréis a los elfos domésticos que falten, y los eliminéis. De este modo no llamará demasiado la atención, al menos durante un par de días. Es nuestra fecha límite para averiguar cómo entrar en Hogwarts y apoderarnos de ese muchacho. Ahora nuestra prioridad es ser discretos, y debemos tener claro nuestro objetivo. La caja elemental del aire estará allí dónde esté James Potter.

OO—OO

Fue al día siguiente cuando las palabras de Kate comenzaron a hacer mella en Rachel. Más serena y consciente de la realidad, la muchacha comprendió antes que su mejor amiga que esconderse tras el supuesto odio a un chico que le había roto el corazón a una de sus amigas, no era la mejor forma de afrontar el dolor que sentían ambas. Se habían quedado huérfanas, y debían admitirlo. El hecho de que todo lo de Kate y Sirius ocurriera a los pocos días de los entierros de sus padres, las había servido de excusa para desfogar, pero el muchacho no era el culpable de su dolor.

Y precisamente habían pagado todo su sufrimiento con él y sus amigos, sobretodo ella con Remus. Ahora comenzaba a darse cuenta de todo. Su mente fue un torbellino durante toda la tarde y noche anterior, de modo que no había podido dormir. Por la mañana había hablado de nuevo con Kate, aunque esta, desde que la había mencionado la posible existencia de otra chica para Sirius, tenía la mente más en eso que en su problema. También había querido consultarlo con Lily, por aquello de ser la cerebral del grupo, y al estar al lado de ella Grace, como mejor amiga de Remus, se había visto en la obligación de hablar a su favor. No había hablado con Gis; sabía que no sacaría nada más que confusión de la opinión de su mejor amiga.

Así que allí estaba, apoyada en el lavabo del baño de las chicas echándose agua en la cara para aguantar sin dormirse el resto de la mañana. En el descanso para la comida hablaría con Remus, aunque tuviera que comerse el orgullo de nuevo. En esa relación, o ella claudicaba, o era difícil que Remus lo hiciera. Él era mucho más orgulloso que ella cuando se sentía herido.

Suspiró mirándose al espejo. Estaba cansada, tenía unas profundas ojeras, los ojos rojos producto de una noche de insomnio, y sus rizos parecían más indomables que nunca. Sabía que si tardaba un minuto más llegaría tarde a la siguiente clase, por lo que se inclinó deprisa, echándose otra ronda de agua por la cara, y, a tientas, fue a coger un trozo de papel para secarse.

Este llegó a sus manos antes de lo que creía, pensó al pasárselo por la cara. Pero al darse la vuelta dispuesta a salir del baño, se dio cuenta del por qué. Frente a ella se encontraba casi toda la sección femenina de Slytherin de su curso; sólo faltaba Mary Gibbon, la amiga de Peter, que por cierto, habría preferido tenerla presente. Era la más calmada de todas, y el modo en que esas cuatro la miraban no la daba buena espina.

A su lado, la que la había pasado el trozo de papel, Dulcy Yexter, estaba apoyada en el lavabo con despreocupación, con sus rizos rubios cayendo por su espalda, dando una imagen angelical que poca gente se creía. De pie y cerca de ella, Amanda Tyler, en contraste, morena y de facciones fuertes, compartió una mirada divertida con su amiga, y amplió su sonrisa al posar sus ojos en ella. Pero las que peor sensación la daban eran las que estaban justo de frente suyo, impidiéndola la salida. La que estaba más alejada era Samantha Hinkes, claramente obstruyendo la salida, y mirándola con una malvada diversión en los ojos. Y la más cercana, encarándola directamente, era quien la ponía la piel de gallina: Alecto Carrow. La joven la miraba como si fuese un pequeño ratoncito, y ella el gato que iba a cazarla. Rachel tragó saliva.

- Vaya, vaya –habló Alecto con voz irónica-. Nos preguntábamos qué íbamos a hacer en esta hora libre, y cuando entramos al baño nos encontramos con la mejor distracción.

Prefiriendo pensar que estaban bromeando y riéndose a su costa, Rachel dio un par de pasos hacia la puerta.

- Puede que vosotras tengáis hora libre, pero yo tengo clase, así que si me disculpáis...

Pero Alecto la empujó con fuerza contra el lavabo, tomándola de sorpresa y haciendo que trastabillara hasta darse de culo contra el suelo.

- Vamos, ¡quédate! Hablaremos como buenas amigas.

- Sí, hace tiempo que no lo hacemos –bromeó Dulcy-.

Rachel la fulminó con la mirada por haber sido precisamente ella la que dijo aquello. Cuando eran mucho más pequeñas era la única con la que sí había tenido una conversación normal. Aunque eso era antes de que se convirtiera en una radical.

- Dinos, Perkins, ¿qué tal va tu familia? –preguntó Amanda con una sonrisa que fingía ser inocente-. ¿Qué tal tu padre?

- ¡Yo diría que algo vegetativo! –exclamó Samantha ganándose las risas de sus tres amigas-.

Rachel se levantó de golpe furiosa, y fue a meter la mano en la túnica para sacar su varita, cuando sintió que esta volaba lejos de su alcance. Entonces vio a Amanda Tyler recogerla con una sonrisa divertida, y la fulminó con la mirada.

- ¿Sabes que has creado muchas inconveniencias? –la espetó la chica en respuesta a su mirada-.

- Y tanto. Todos esperaban que estuvieras escondiéndote con tus queridos padres –añadió Samantha-.

- Y cual es nuestra sorpresa cuando, después de haberles atacado, apareces en Hogwarts tan campante –terminó Alecto apuntándola con su varita-.

Sus instintos de defensa se activaron, y fue incapaz de apartar la mirada de dicha varita, intentando hacer que su mente fuera más rápido y la diera una idea para escaparse de ellas. Sin embargo, esa reacción sólo provocó carcajadas, y no pudo pensar mucho más tiempo. Enseguida Alecto elevó aún más la varita, haciendo un gesto desagradable con su feo rostro.

- Vamos a divertirnos un rato...

OO—OO

Dos horas después, unas niñas de segundo curso entraron a ese cuarto de baño gritando y riéndose, contentas porque las clases hubieran finalizado. Con el escudo de Hufflepuff en el pecho, las niñas eran tan trabajadoras como la que más, pero también disfrutaban de poder tener tiempo para disfrutar de sus amigos.

Eran cuatro niñas. Una entró a un servicio corriendo, otra se acercó al espejo para rehacerse la coleta, y las otras dos habían entrado para acompañarlas. Fue una de estas últimas quien vio algo extraño, y soltó un grito ahogado antes de darse cuenta de que ese ovillo era una chica de las mayores. Sus piernas estaban recogidas contra su pecho y su cara oculta tras ellas, con las manos sobre la cabeza llena de rizosos cabellos castaños.

- ¿Está muerta? –preguntó la cuarta niña de forma temerosa-.

Se ganó un golpe de su amiga por ese comentario, y esta se adelantó unos pasos para dirigirse a la chica. Alargó la mano para tocarla, pero cuando lo hizo la chica pegó un brinco y se apartó contra una esquina, dejando ver momentáneamente su cara antes de volver a esconderla. Eso hizo brincar hacia atrás a las tres chicas que la observaron, mirándose las unas a las otras espantadas.

- ¿Qué te ha pasado? –preguntó la más cercana-.

La chica no contestó, sino que se ocultó más. En ese momento la cuarta chica salió del servicio y las miró confusa.

- ¿Qué pasa?

- Flor, busca a un prefecto –susurró con voz queda la niña que se había peinado-.

La niña la lanzó una mirada de desconcierto, pero la expresión de su amiga y la imagen tan extraña que presenció, la llevaron a correr fuera del baño. Pocos minutos después, regresó tirando de una chica morena con la "P" de Prefecta en la solapa, justo encima de un león de Gryffindor.

- Vale, ya estamos. ¿Qué pasa? –preguntó la muchacha impaciente-.

Sin embargo se detuvo al observar la figura que estaba encogida en la esquina más lejana. Al principio no la reconoció, pero pocas chicas tenían el cabello tan rizado. Era de su casa, y había hablado varias veces con ella. Preocupada, se acercó a ella y se acuclilló enfrente suyo.

- Rachel... –murmuró con voz suave tratando de que levantara la cara-.

Esta forcejeó.

- Rachel. Soy Allison, soy prefecta de Gryffindor, ¿me reconoces? Voy un curso por debajo de ti.

La muchacha levantó la cabeza lo justo para que sólo se vieran sus ojos, que observaban con cautela a la chica que la hablaba. Pero la reconoció y supo que no la mentía.

- ¿Qué te ocurre? –preguntó dulcemente la prefecta, tratando de ser suave, y levantándola un poco la cara-.

Al ver el estado su rostro, abrió los ojos de golpe y escuchó tras ella el grito ahogado de las niñas. No podía culparlas, casi no se había podido contener ella. ¿Quién diablos...? Cerró los ojos un segundo, tratando de apartar la mirada de esa imagen, y la pobre Rachel volvió a esconder su cara ahogando un sollozo. Allyson respiró hondo y se centró.

- Hacedme un favor –pidió a las niñas en voz baja volviéndose hacia ellas-. Id a avisar a los amigos de la chica de que la voy a llevar a la enfermería, ¿de acuerdo? Seguramente estén en el Gran Comedor, como todos.

- ¿Y quienes son sus amigos? –preguntó una de las niñas mirando de reojo a Rachel-.

Allyson intentó hacerse entender.

¿Conocéis a Lily Evans?

Las niñas negaron con la cabeza con inseguridad, y Allyson suspiró. Después una bombilla se encendió en su cabeza.

- ¿Y los merodeadores? ¿Sabéis quienes son?

Los ojos de las niñas se abrieron de golpe, y alguna de ellas incluso se puso colorada. Allyson rodó los ojos. Cómo no...

- Entonces decídselo a ellos ¿de acuerdo?. A la enfermería.

Las niñas salieron corriendo, seguramente con más ganas de colaborar ahora que ese famoso grupo estaba involucrado y ellas podrían tener la excusa de ver de cerca a los creadores de todas esas bromas.

Una vez a solas con ella, Allyson volvió a agacharse junto a Rachel, y la pasó un brazo por los hombros.

- Venga, ven conmigo. Madame Pomfrey te lo quitará enseguida –la aseguró ayudándola a levantarse-.

OO—OO

Las niñas llegaron corriendo al comedor, atropellándose las unas a las otras en su nerviosismo. Se miraron entre las cuatro y luego se acercaron presurosas hasta la mesa de Gryffindor, al menos buscando a uno de los cuatro a los que todo el mundo conocía. No tardaron mucho en encontrarles, estaban todos juntos comiendo tranquilamente entre risas.

En el lado del pasillo en que estaban las niñas, Sirius y Peter estaban sentados frente a James y Remus respectivamente. Estas se acercaron a la espalda de los muchachos, y se les quedaron mirando con la boca abierta sin saber qué decir. Así estuvieron unos minutos hasta que Sirius se dio la vuelta notando sus miradas en la espalda.

No era normal para él ver a cuatro niñas tan pequeñas mirarle con la boca abierta y los ojos como platos. Las niñas pasaban de su rostro al de Peter, y después al de James y Remus. Parecía que les iban a poner un altar allí en medio. Aún con la boca llena y lleno de confusión, preguntó:

- ¿Qué pasa?

Los otros tres dejaron su conversación y se fijaron también en las niñas. James se echó a reír divertido.

- Cada día ligas con chicas más jóvenes, Pad –bromeó consiguiendo que Peter y Remus se rieran y su mejor amigo le tirara un trozo de pan-.

Peter se dio completamente la vuelta para mirar a las niñas entre divertido y confundido. No sabía que ahora tuvieran un club de fans, pues era lo que parecía. James también parecía encontrarlo muy divertido, y cuando terminó de tragar, Sirius empezó a ver lo absurdo de la situación. Remus, como siempre el más amable, se inclinó sobre la mesa y puso su expresión de prefecto comprensivo.

- ¿Queréis algo? –preguntó-.

James y Peter compartieron una mirada divertida pensando en si les irían a pedir un autógrafo. Finalmente, la niña llamada Flor, con el rostro encendido y la expresión incluso anhelante, titubeó de mala forma:

- ¿Sois los merodeadores, no?

Sirius compuso una divertida sonrisa y la niña se puso más colorada.

- ¿No querréis un autógrafo, no?

James y Peter tuvieron que esconder sus carcajadas con una servilleta ante la coincidencia de los pensamientos de los tres. Mientras, las niñas se habían puesto más coloradas y la que hablaba parecía tartamudear más por la vergüenza.

- Es que... una chica nos dijo que os buscáramos –consiguió decir-.

- ¿Una chica? –preguntó Peter con diversión-. Puede que me interese a mi, ¿no? Sino, me acabaréis dejando solo.

Sus tres amigos le rieron la broma. La niña se puso seria aunque siguió completamente sonrojada.

- Una prefecta.

Los cuatro fruncieron el ceño y su mirada se dirigió sin poder evitarlo hacia donde Lily y Grace comían en privado, pues Kate y Gis habían subido a las habitaciones a buscar a Rachel. Pero la prefecta y también premio anual parecía muy tranquila.

- ¿Hemos hecho algo hoy? –le preguntó Sirius a James pensando que quizá lo habría pasado por alto. Pero su amigo negó con la cabeza, aunque aún confuso-.

- ¿Por qué nos buscaba la prefecta? –preguntó Peter inclinándose hacia las niñas-.

La niña se alegró de que al menos un merodeador la escuchara como era debido. Ese grupo además de divertido también sabía ser molesto por no tomarse nada en serio.

- Porque una amiga vuestra está en la enfermería.

Eso sí que consiguió su atención. Los cuatro se pusieron serios y tras lanzarle otra mirada a las dos chicas, supieron sin necesidad de hablarse que era alguna de las otras tres que faltaban.

- ¿Quién? –preguntó Remus con el ceño fruncido-.

La niña se encogió de hombros sin saber responder el nombre.

- No sé quién es. Una chica con el pelo castaño muy rizoso.

Antes de que pudiera añadir más, Remus hizo un movimiento muy extraño. Se levantó, prácticamente saltó por encima de la mesa, y salió corriendo fuera del comedor, llevándose por delante a dos de las niñas que acabaron en el suelo. Sin más tiempo que para intercambiar una mirada, Sirius y Peter le siguieron esquivándolas como pudieron. El único que fue más despacio fue James, quien también saltó por encima de la mesa, ayudó a levantarse a las que estaban en el suelo, y las sonrió.

- Perdonadle. Está con el síndrome 'pre-mensual' –dijo haciendo un juego de palabras que sabía que no entenderían. Al fin y al cabo era cierto que Remus estaba más nervioso debido a que al día siguiente era luna llena-.

Después de dejarlas bien echó a correr dentro del comedor, deteniéndose donde estaban sentadas Lily y Grace con las que habló unos segundos antes que los tres salieran corriendo. Las niñas les miraron completamente anonadadas.

- ¿Te lo puedes creer? –exclamó una de las niñas pensando en toda la escena que acababan de vivir-.

- Increíble –contestó la que se llamaba Flor-. Queda claro que de esos cuatro Remus es el histérico, Peter el amable, Sirius el guapo y, no cabe duda, James el caballero.

Levantó la barbilla haciéndose la mayor y fue a sentarse a su mesa para comer tranquilamente. Sus tres amigas se miraron alucinadas, y después se echaron a reír divertidas.

OO—OO

Remus derrapó al llegar a la enfermería, y abrió las puertas de golpe con muy poca educación. Dos segundos después, Peter y Sirius le habían dado alcance.

- ¿Se puede saber que es este alboroto? -exclamó la enfermera Pomfrey saliendo de uno de los biombos que había instalado para separar las camillas-.

Cuando los vio, su rostro se suavizó, tornándose comprensible.

- Vaya, vosotros... Entrad y cerrad la puerta, por favor.

- Señora Pomfrey, ¿está Rachel aquí? –preguntó Remus, a lo que la señora se limitó a hacerles un gesto para que la siguieran-.

Entraron dentro del biombo, y se encontraron a Rachel sobre una camilla, escondiéndose la cabeza entre las rodillas mientras una de las prefectas de Gryffindor la tenía fuertemente cogida una mano.

- ¿Qué pasa? –preguntó Sirius sin comprender, y sin explicarse por qué Rachel estaba con esa chica y no con Kate y Gisele-.

Al reconocer la voz, Rachel levantó la cara espontáneamente, y todos ahogaron un grito al verla. Detrás se escuchó el grito de Lily, que acababa de llegar junto a James, que tenía los ojos completamente abiertos, y Grace, quien se había llevado las manos a la boca. Remus empezó a respirar agitadamente por la furia.

Rachel volvió a esconder la cara y la chica apretó su agarré, pero todos habían visto ya lo que la habian hecho. Como si hubieran utilizado un instrumento punzante, en su rostro estaba impresa la palabra "impura" varias veces. Instintivamente, Remus avanzó hacia ella, cogiendo la mano que sostenía la prefecta y oprimiéndola contra su pecho. La chica se marchó discretamente y él tomó su lugar, pero Rachel no quería dejarle ver su rostro de nuevo.

- Rachel levanta la cabeza, tengo que quitarte esto antes de que empiece a cicatrizar –susurró con voz dulce la enfermera-.

Los demás se situaron de modo que no la molestaran, y pronto Rachel sintió cómo una suave mano que reconoció como la de Lily la tomaba de la otra mano. Inspirando hondo levantó la cabeza, pero sus ojos estaban fuertemente cerrados, y de ellos salían lágrimas silenciosas.

Durante unos eternos minutos la enfermera estuvo echando pomadas y realizando hechizos sobre su rostro, hasta que se apartó un poco, frunciendo el ceño.

- ¿Qué pasa? –preguntó Remus empezando a perder los nervios-.

Las heridas habían dejado de estar abiertas, pero aquellas palabras seguían leyéndose en el rostro de Rachel aunque más difusas.

- Rachel, ¿no te lo han hecho ahora, no? –cuestionó la enfermera como si sólo fuera a confirmar información-.

La jovencita sólo atinó a negar suavemente con la cabeza.

- Hace rato –murmuró en voz tan baja que costó oírla-.

Sus dos manos se vieron fuertemente apretadas por Remus y Lily. Pomfrey suspiró.

- ¿Por qué no viniste nada más te ocurrió? –preguntó con tono impaciente-. Ahora no sé si...

- ¡¿Cómo que no sabe? –exclamó Rachel casi gritando-. ¡Quíteme esto, quítemelo!

Se había puesto tan nerviosa que tuvieron que intervenir los otros cuatro para que se calmara y se relajara un poco. Pomfrey la miraba mordiéndose los labios.

- Haré lo que pueda –la aseguró-. Te quitaré la mayor parte de las heridas. Pero esto ha empezado a cicatrizar hace rato, por lo que no te puedo asegurar que no te queden marcas en la cara.

Ante la perspectiva de quedar con la cara llena de cicatrices, Rachel se echó a llorar abrazándose a Remus, que la envolvió en sus brazos. Lily seguía apretando su mano, y James, Peter y Sirius estaban demasiado impresionados para decir ninguna palabra. Grace se había quedado completamente pálida, incapaz siquiera de moverse.

La enfermera Pomfrey conservó la sangre fría y siguió trabajando un poco más en el rostro de Rachel, que se irritó con fuerza ante tanto hechizo y pomadas, y se volvió de un rojo intenso. Finalmente decidió darla de alta al no poder hacer más por el momento.

- Que se extienda esto en la cara una vez por la mañana y otra por la noche –dijo pasándola un tarro a Lily que lo tomó sobrecogida-. Y que pase una vez al día por aquí para aplicarla los hechizos.

Se volvió hacia Rachel, que se ponía de pie con la ayuda de Remus, y la sonrió levemente.

- Conseguiremos quitarlo todo, ya verás –la dijo con aire maternal-.

Pero la chica sólo logró asentir mientras salía de la enfermería con todos sus amigos.

- ¿Quién ha sido? –preguntó James antes de que lo hiciera Remus-.

Rachel bajó la cabeza, y su chico supo que no hablaría. En esas cosas era de ideas fijas.

- Rach, ¿por qué no nos llamaste? –preguntó Lily sintiéndose culpable por haber pensado que su desaparición se debía a un rabieta por su discusión con Remus-.

- Se te quitará, te lo prometo –aseguró Grace-. Y las haré lo mismo a las que te lo han hecho. Dime quienes han sido.

La muchacha negó con la cabeza sin levantar la mirada del suelo, y cuando todos empezaron a insistir, se abrazó con fuerza a Remus.

- Quiero ir a mi habitación... –susurró con las lágrimas en los ojos de nuevo-.

De todos, el único que captó la petición a la primera fue Remus. Ella hablaba de su habitación refiriéndose al cuarto en el que estuvo oculta, aquel que había llamado su cárcel. Ahora necesitaba que fuera su refugio. Y allí la llevaría él si lo necesitaba.

OO—OO

Era la primera hora de la tarde, y tras dejar encerrados y custodiados a los Potter, el grupo de mortífagos que debía buscar la última caja elemental se reunió.

- Entonces el crío de los Potter es quien tiene la caja –recapituló Rookwood-.

- Sí, pero ese chico está en Hogwarts –recalcó Rosier con furia-.

- Ahí es donde debemos llegar –insistió Malfoy adquiriendo de nuevo el liderato-. ¿Cómo podemos perpetrar en el castillo y llegar a ese muchacho?

Wilkes llamó la atención de sus compañeros adquiriendo una expresión confusa.

- ¿Por qué intentar una hazaña imposible teniendo un comando en Hogwarts? Les escribimos a ellos, les hablamos de la caja, de su guardián y que la consigan ellos. Lo podrían hacer sin llamar la atención.

- O podríamos enviarles un poco de poción reveladora para que no tuvieran que arriesgarse registrar nada –añadió Dolohov con una sonrisa divertida-. Después, que le maten haciéndolo pasar por un accidente. Por las fotografías que vimos en la casa el muchacho disfruta mucho volando, podría caer de la escoba...

Malfoy se puso de pie para explicar las razones por las cuales esos planes no sólo no eran válidos, sino también estúpidos y absurdos.

- Para empezar, no podemos ponernos en contacto con el comando de Hogwarts, porque el Señor ha sido muy claro con quienes deben conocer la existencia de las cajas, y quienes no. Desde luego, unos críos no son los portadores que él quiere para ese secreto.

Se paseó por fuera del círculo que habían formado alrededor de una mesa, mirándoles a todos altivamente. Se encontró con la mirada airada de Ethan, que no llevaba bien ser relegado en la misión, y sonrió burlonamente antes de proseguir.

- Por otra parte, por lo poco que conozco a ese chico, nadie creería que se ha matado cayéndose con la escoba por accidente. Con trece años era un gran volador, por lo que supongo que en cuatro años incluso habrá mejorado. Además, Dumbledore no se conformaría con la idea de una muerte accidental en su escuela, e investigaría. No tardaría en sumar dos más dos al ver las cicatrices del brazo producidas por la poción reveladora.

- Da igual, para entonces tendríamos la caja –insistió Dolohov-.

- Sí, pero Dumbledore comenzaría a buscar al culpable dentro de Hogwarts. Alguno caería, y no podemos permitirnos que ninguno de los nuestros abandone el colegio antes de tiempo –devolvió Malfoy, dando con el dedo índice en la mesa-. No, tenemos que ser discretos, que no noten nuestra presencia.

- O ruidosos para despistarles –susurró Ethan de pronto-.

Levantó la cabeza y sonrió como si acabara de tener una idea providencial. Se incorporó, apoyando las dos manos en la mesa y les miró orgulloso.

- Podríamos formar unos disturbios tan fuertes que reclamarían la atención hacia ellos y nadie se percatara del registro de la caja y la ausencia del chico. No hay que matarle, le necesitamos -aseguró-. Si su tío le legó algo tan importante, puede que también le transmitiera la información que nos quiso negar a nosotros. Y un crío de diecisiete años no podrá escondernos nada como hizo el otro.

Divon estaba eufórico. Estaba seguro que tras esa idea brillante volvería a tener el favor de su señor, y le devolvería el liderato de la misión. Pero Malfoy negaba con la cabeza cuando los demás aún le felicitaban.

- Sería una brillante idea sino tuviera el mismo problema de antes: No podemos crear ningún disturbio en Hogwarts sin acceder antes, y ese castillo es una fortaleza. Estamos como al principio.

- A no ser... –murmuró Wilkes para sí mismo-.

- ¿A no ser que qué? –insistió Ethan desesperado ante la perspectiva de que su plan realmente funcionase-.

- Sé por mis sobrinos que pronto habría una salida a Hogsmeade. El día de San Valentín, según creo.

- ¿Mañana? –preguntó Malfoy alarmado por la cercanía temporal-. Imposible. No nos daría tiempo.

- Es nuestra única oportunidad –insistió Ethan enfrentándole-. Es perfecto. Los niños estarán fuera del colegio, vulnerables. Si los ponemos en peligro, Dumbledore sacará todas las fuerzas del castillo para ponerles a salvo, y podremos entrar para registrarlo. Además, si el muchacho va a Hogsmeade será una presa fácil.

- ¿Planear toda una ofensiva en una tarde? –preguntó Rosier incrédulo-.

- ¿Ofensiva? Se trata de una batalla contra niños –contestó Rookwood-. Será como romper un mondadientes.

- Y podríamos contar con la colaboración de los de Hogwarts sin necesidad de decirles nada –añadió Malfoy visualizando el plan-. Sólo tendríamos que decirles que habrá una batalla, y mandarles capturar a Potter. Ellos le conocen mejor, le localizarán antes.

De repente todos sonreían, incluso Rosier parecía más convencido. Ethan tenía una sonrisa de satisfacción en su rostro imposible de superar.

- Deberíamos informar al Señor –anunció poniéndose en pie, dispuesto a hacerlo él en persona y ganarse su favor-. Él tendrá la última palabra.

- Y cuando lo hagamos le diré a Bellatrix que avise a su primo en Hogwarts –añadió Malfoy dispuesto a acompañarle-. Deberían estar avisados con un tiempo de antelación.

Cuando ellos dos salieron por la puerta, los demás estallaron en múltiples conversaciones animadas. Rookwood y Dolohov se reían divertidos por lo que ocurriría al día siguiente.

- Las guerras con niños son mis preferidas –dijo el primero-. Son tan sencillas y efectivas...

- Y siempre caen varios de ellos –añadió su amigo con una sonrisa divertida-.

OO—OO

A la mañana siguiente, Regulus estaba impaciente y agobiado por reunir a todos los jóvenes mortífagos para hablar con ellos. Había recibido la lechuza de Bellatrix la noche anterior, cuando ya iba a acostarse, por lo que no pudo contactar con nadie. Sólo estaban sus compañeros de cuarto, quienes aún no habían sido iniciados, y de algunos dudaba que quisieran serlo algún día. Él había podido comprobar de primera mano que ser Slytherin no significaba obligatoriamente apoyar sus nobles ideas. Por ejemplo, de su mismo curso podía hablar de una chica llamada Emmeline Vance que no parecía siquiera sentirse cómoda cuando salían las conversaciones sobre los sangre sucia.

Por ello esa mañana estaba tan nervioso. Debía avisarles con tiempo, y tiempo era de lo que menos disponía. Consiguió interceptar a Snape y Avery cuando subían a desayunar al Gran Comedor y, con su ayuda, encontró al resto a los que reunió en la sala común aprovechando que esta estaba vacía.

- ¿Qué es tan importante? –preguntó Samantha Hinkes con su típico humor agrio-. El partido de Gryffindor y Hufflepuff empezará en media hora, y no quiero perderme nada de lo que hagan. Si no te acuerdas, Black, nuestra posición depende mucho del resultado de hoy.

- Entonces esperemos que gane Hufflepuff –añadió Amanda Tyler, otro miembro del equipo de quidditch, consiguiendo una mirada feroz de su capitana-.

- Lo que voy a decir es más importante que un partido de quidditch –insistió Regulus manteniendo la seriedad, y fulminándolas con la mirada por atreverse a pensar en algo tan vano en ese momento-.

- No todos basamos nuestra estancia en Hogwarts en ese absurdo deporte –declaró Snape al ver que iban a protestar, rodando los ojos-.

Samantha sonrió de manera cruel, y abrió la boca, seguramente para decir algo acorde a su expresión, pero Regulus la calló levantando la mano y pidiendo atención. No podían comenzar ahora una discusión entre deportistas e intelectuales.

- He recibido instrucciones de mi prima Bellatrix –dijo, consiguiendo así la atención de todos-.

- ¿Instrucciones? –preguntó Avery frunciendo el ceño-.

- Trabajo –aclaró el pequeño-. Hoy debemos ayudarles.

- ¿Hoy? ¿Qué quiere decir hoy? ¿Qué tipo de trabajo? –preguntó Amanda Tyler mordiéndose el labio y acariciándose las manos con nerviosismo-.

A ambos lados de ella, Dulcy parecía igual de nerviosa, mientras que Samantha parecía impaciente y emocionada ante la perspectiva de colaborar con los mortífagos de fuera de Hogwarts.

- Esta tarde habrá un ataque, aprovechando la salida a Hogsmeade. Nos ordenan que vayamos antes de que vayan apareciendo los demás alumnos para recibir instrucciones a seguir, y proporcionarnos los uniformes que nos harán pasar ocultar nuestra identidad.

A su declaración siguió un silencio que duró varios segundos. Las expresiones de los presentes variaban desde la impaciencia de Mulciber, Macnair, Hinkes y los Carrow, la contención de Avery, el nerviosismo e incluso la inseguridad de Tyler y Yexter, y la indiferencia de Snape. Finalmente, Dulcy habló:

- ¿Vamos a atacar a estudiantes?

- No lo sé -confesó Regulus encogiéndose de hombros mientras volvía a repasar rápidamente la nota de Bella-. No aclaran nada. Puede que quieran atacar los comercios, asustar a la población, o buscar una distracción mientras atacan otra zona más importante, como Londres. Claro que al estar Hogsmeade lleno de estudiantes es probable que alguno salga herido, sí. Lo único que sé es que reclaman nuestra presencia.

Al hacer la última conjetura sobre herir estudiantes, Regulus titubeó. Seguía convencido de que hacían falta ciertos sacrificios para conseguir un bien mayor, pero sin duda no se sentía cómodo ante la idea de hacer daño a compañeros, incluso niños. Confiaba en que todo se tratase de romper algunos escaparates y sembrar el caos. Entonces, ¿por qué necesitaban ser tantos?

Agitó con la cabeza, apartando esos pensamientos de su mente, y retomó su papel de líder.

-Bien. Subamos a desayunar, y vayamos después al campo de quidditch. Debemos pasar completamente desapercibidos, no se nos debe notar nerviosismo ni ninguna expresión delatadora.

En ese sentido sólo confiaba en sí mismo y en Snape, pero esperaba que la emoción del partido les hiciera estar a los demás más distraídos. Los demás asintieron y se fueron levantando, pero la que antes llegó a la puerta de salida fue Dulcy Yexter que llevaba una expresión hermética en el rostro.

- Tengo que hablar con mi hermano –dijo simplemente a sus amigas para explicar por qué se adelantaba-.

Regulus también la escuchó, y se tensó temeroso de que sus planes fueran a ser revelados. Dulcy tenía una hermano más pequeño, sino se equivocaba iba a cuarto curso y estaba en Ravenclaw. No era de extrañar; la rubia pertenecía a una familia de antiguos ravenclaws en la cual ella era la única excepción al haber caído en Slytherin. Regulus comenzó a temer que la seguridad de su hermano fuese para ella más importante que la lealtad a los suyos.

- Iremos a vigilarla –le susurró Samantha al percibir su expresión-. No le dirá nada al mocoso ni a nadie, tranquilo.

- Ella no lo haría –la defendió Amanda vehementemente-. Sólo querrá asegurarse de que Joey no va a Hogsmeade hoy. Pero no dirá nada.

La seguridad de la segunda convenció más a Regulus que la amenaza implícita en la frase de la primera, por lo que asintió dejando el asunto en manos de ambas. Inspiró hondo y siguió a los demás al comedor. Cuando cerró la puerta no percibió que alguien salía de su escondite, desde donde lo había escuchado todo con el ceño fruncido. La única persona que debería estar entre ellos y no lo estaba, por decisión propia.

OO—OO

Veinte minutos después, todo el mundo estaba en el campo de quidditch, esperando ansioso el comienzo del partido. Los chicos también estaban todos allí, sentados al lado de la tribuna del comentarista como de costumbre. Esta vez Sirius había llegado con tiempo de sobra, pues no estaba sometido a ningún castigo. De momento.

La única que faltaba ese día era Rachel, que se había negado a salir de su antigua habitación desde la tarde anterior. Finalmente, lo que la había ocurrido se había convertido en dominio público, al menos en parte, y ella no se sentía capaz de enfrentarse a las miradas de todo el mundo al tiempo que aún tenía esa asquerosa palabra grabada en el rostro. Remus había decidido bajar un rato a presenciar el partido, más por insistencia de ella a quedarse sola un rato que porque quisiera. Se sentía fatal por no haber estado cerca para ayudarla, además de que no paraba de pensar en que no quería que tuviera que ocurrir eso para hacer las paces con ella.

Kate y Gis habían sido las últimas en enterarse del problema de Rachel, pero su reacción había sido la esperada. La pobre Kate fue la que más se avergonzó de su comportamiento, pues inconscientemente acabó abrazando a Sirius tras haber visitado a su amiga. Este la había devuelto el abrazo titubeando, causando su sonrojo. Claro que él había esperado una reacción en Grace que no tuvo lugar. Dos años antes habría tenido un ataque de celos, aunque intentara disimularlo, pero entonces sólo le sonrió discretamente, haciéndole saber que comprendía perfectamente la situación. Eso le hizo ver lo mucho que ella había madurado durante el tiempo que estuvieron separados.

La reacción de Gis fue más suave, sorprendiendo a todos. Se quedó estupefacta, intentó abrazar a su amiga (quien no quería aceptar a nadie más que a Remus), y se marchó con la cabeza baja. Eso sí, aquello sirvió para que ella terminara también con su cruzada contra los chicos.

Por eso estaban todos juntos, algo menos animados que de costumbre, pero unidos de nuevo. Faltaban algunos minutos para que empezara el partido, pero el ambiente ya estaba completamente caldeado, con Gryffindors y Hufflepuffs gritando consignas a favor de sus equipos, y Ravenclaw y Slytherins uniéndose de cuando en cuando. Peter hablaba con Remus y Jeff, aún no acabando a acostumbrarse a que Gis se hubiera sentado junto a ellos y les hablara como de costumbre. Por lo visto la guerra había terminado, y concretamente la latina había retomado una fe ciega por Remus después de verle cuidar tan bien a Rachel. Peter realmente no entendía cómo podía dudar de que su amigo lo fuera a hacer, cuando todos sabían que él adoraba a Rachel. Vamos, que había demasiadas cosas en las que no entendía a las chicas. Quizá por eso no encontrara novia.

Aún así disfrutaba del buen rollo que había recuperado el grupo cuando detrás de ellos vio a Mary. La saludó con una sonrisa y un movimiento de cabeza, pensando que pasaría de largo hasta la grada de los Slytherins, pero lo que le sorprendió es que se acercó a ellos y les saludó a todos con una sonrisa.

- ¿Qué tal todo, Mary? –preguntó él algo extrañado, aunque siendo amable como de costumbre. Los demás la sonrieron también, en una amabilidad que reservaban para muy pocos slytherins-.

- Bien. ¿Nerviosos por el partido? –preguntó la chica que tenía una expresión extraña en el rostro, no parecía tan segura como de costumbre-.

- No, ya sabemos que ganaremos –aseguró Gisele ganándose las risas de todos-.

Mary no se rió, pero sí esbozó una pequeña sonrisa, y preguntó como quien no quiere la cosa:

- ¿Tenéis pensado ir a Hogsmeade luego?

- No –contestó Remus con seguridad-. Me quedaré aquí con Rachel.

- Sí, yo también –añadió Gis-.

Mary se distrajo un poco al oír del nombre de Rachel Perkins, e hizo una mueca.

- He oído lo que le pasó. ¿Está mejor? –preguntó-.

- Poco a poco se pondrá bien –respondió Remus. Después recordó que sus sospechas siempre habían ido hacia el lado de las serpientes, por lo que la preguntó-. Tú no habrás oído nada sobre quien ha podido ser, ¿no? Ella se niega a hablar de ello.

Mary le miró unos segundos en silencio antes de contestar:

- No. Sólo he escuchado por ahí que alguien la atacó en el baño y la desfiguró –mintió-.

Claro que había oído más. Sus compañeras de cuarto estuvieron toda la noche burlándose y jactándose de ello, pero ella no sería la estúpida que se pondría en contra de ellas delatándolas. Eso debía hacerlo Perkins, que era la víctima. Ella aún debía acabar el año en Hogwarts, y pensaba hacerlo en total tranquilidad y armonía con sus compañeros.

Remus y Gis hicieron una mueca, creyéndola. Ya no sabían qué más hacer para que Rachel confesara quien la había atacado, pero ella sólo decía que no quería hablar del tema, y lloraba cada vez que se tocaba la cara y notaba las heridas.

- ¿Y tú, Williams? –siguió preguntando Mary a Jeff-. ¿Irás a Hogsmeade?

Jeff se encogió de hombros con una sonrisa.

- Supongo que sí. Es San Valentín, y mi novia querrá ir a celebrarlo.

Mary hizo otra mueca.

- Todo el mundo lo celebra en Hogsmeade, ¿no es más romántico hacerlo de una manera distinta al resto? –preguntó como quien no quiere la cosa-.

- Dudo que a Nicole le valiera esa excusa. Lleva semanas hablando de la salida al pueblo –dijo Jeff con otra risa-.

Mary se encogió de hombros, incapaz de decir más para disuadirle. Intentaría evitar que los que la caían bien fueran a Hogsmeade, pero tampoco podía decir a nadie lo que había oído, y delatar a sus compañeros. En su casa la habían criado de otra manera, la habían educado para que cerrara los ojos, los oídos y, sobretodo, la boca a aquello que no era de su incumbencia; e intentar disuadir a algunos alumnos ya era sobrepasar mucho esas órdenes.

- Yo también iré –dijo Peter, y añadió en broma-. Ya que Remus se raja, alguien tendrá que pasar por Zonko para abastecernos.

Remus y Jeff se rieron, pero Mary intervino enseguida.

- No –y añadió en un momento de inspiración-. Lo siento, pero venía a buscarte para decirte que tenemos que pasar la tarde en la biblioteca, Marcus perdió sin querer unas páginas de la teoría y tenemos que volver a buscarlas.

- ¿Y no puede ser otro día? –preguntó Peter fastidiado-.

- No. Tiene que ser hoy –dijo ella inflexible-.

- ¿Y por qué tengo que pagar yo que Mulciber sea un desastre de tio? –exclamó Peter enfadado por haberle estropeado el día-.

Mary se puso seria de repente, y él resopló, consciente de que debía obedecer o sería peor para él. Eran tres slytherins contra él.

- Después del partido nos vemos en la biblioteca, Peter –dijo Mary como despedida, saludando con un gesto a los demás-.

- ¿Los otros dos también se chuparán toda la tarde en el castillo, no? –preguntó Peter cuando ella se alejaba-.

- Tengo que hablar con unos amigos de Ravenclaw –fue todo lo que respondió Mary por encima del hombro-.

OO—OO

En los vestuarios todos estaban preparados para saltar al campo. A falta del discurso de James, no tenían nada más que hacer allí dentro, y el cuerpo ya se les llenaba del habitual hormigueo antes de montar una escoba. El capitán tomó la suya en las manos, y se enfrentó al equipo, que le miraban, unos de pie y otros sentados.

- Bien, aquí nuestro segundo partido. No necesito recordaros que este es el rival más fácil, pues por supuesto no va a volver a repetirse el repaso que nos dieron el año pasado –hizo una mueca al recordarlo, pero lo cierto es que Hufflepuff no había tenido rival el curso anterior-. Este caso ya no es el mismo. De ese equipo apenas quedan dos, y no hizo falta más que ver el partido que hicieron contra Ravenclaw para saber que aún no consiguen formar una unión de equipo. Nosotros somos superiores, somos mucho mejores que ellos. Y no creo que haga falta recordar que estamos obligados a ganar por mucho, pues estamos empatados a puntos con Slytherin...

Hubo un momento de silencio tras esas palabras, que no se habían mostrado tan seguras como de costumbre. Sarah lo rompió, interviniendo.

- Vamos a fulminarles.

- Di que sí, no sabrán ni por dónde les entrarán los goles –añadió Josh compartiendo una sonrisa divertida con Grace-.

- ¡Eso es! Y, capitán, si quieres que deje alguno fuera de juego... –bromeó Allan golpeando con una mano su propio bate-.

Eso provocó unas risas entre los demás integrantes, que relajó la tensión. James se aclaró la garganta, y puso un puño frente a él, invitando a los demás a aproximarse. Grace y Josh se acercaron a la vez, seguidos de Allan y Sarah. Nicole y Sadie, que estaban cada una sentada en un lado del banco, compartieron una mirada cómplice antes de unirse a ellos.

- Muy bien. Comportémonos como los leones que somos. Un, dos, tres...

- ¡GRYFFINDOR!

Tras ese grito los siete se sintieron más valientes, y Josh y Allan fueron los primeros en salir corriendo del vestuario, al que segundos después llegaron los vítores del público al verles salir volando. Grace y Sarah echaron una carrera la una a la otra para ver quien salía antes, y después de ellas salió Sadie con parsimonia. Cuando Nicole se apresuraba a seguirlas, James la detuvo sujetándole del brazo.

- ¡Espera un segundo! ¿Recuerdas el movimiento que te enseñé? ¿Y cómo caer en...?

- ¡Sí, me acuerdo de todo! –exclamó la muchacha rodando los ojos, y levantó la mano para empezar a enumerar-. Las caídas, las fintas, los movimientos, las distracciones... ¡Todo! ¿Ahora puedo hacerlo a mi manera, o te tendré pegado a mi culo todo el partido?

Sino hubiera sido porque estaba medio sonriendo, James habría pensado que estaba enfadada. La miró sorprendido unos segundos, antes de echarse a reír.

- ¡Estás cogiendo confianza! –la acusó con un dedo, divertido. Después la rodeó los hombros con los brazos fraternalmente, y añadió-. Tienes razón, confío en ti. Hazlo a tu manera, como quieras, pero atrapa esa pelota cueste lo que cueste.

Al saltar los dos últimos al campo, los aplausos se convirtieron en clamor. El resto del equipo ya estaba preparado, y los huflepuff ya estaban allí. Sin pérdida de tiempo, James se acercó al capitán de estos. Chase Sttebins era un muchacho muy alto, delgado y poco agraciado de su curso, que era uno de los dos que habían quedado del anterior equipo. James le estrechó la mano con menos animadversión de la que había tenido con Rumsfelt, y de la que tendría con Hinkes en mayo, eso seguro.

- ¡COMIENZA EL PARTIDO! –gritó la voz de Sirius después de haber presentado a cada uno de los integrantes de ambos equipos-.

Los catorce jugadores montaron en sus escobas y, dando una patada al suelo, se elevaron por los aires al tiempo que la señora Hooch dejaba libre la quaffle.

- ¡Hufflepuff atrapa la pelota! Sheila Pearson avanza con la quaffle hasta los postes de Gryffindor –gritaba Sirius por el micrófono mágico-. ¡Pero Gryffindor recupera el control, Josh Cambell interviene en el juego y le roba la bola a Pearson!

Josh se colocó la quaffle bajo el brazo y salió disparado en dirección contraria, esquivando a dos cazadores. Cuando el segundo le dio alcance de nuevo y casi le arrebata la pelota, se la tiró a Grace que estaba volando por encima de él, y esta aprovechó la zona despejada para echarse una carrera.

- ¡GOL DE GRYFFINDOR! –exclamó Sirius mientras el público de dorado y rojo vitoreaba con fuerza-. ¡Grace Sandler abre el marcador para los leones!

Desde luego ya no eran el mismo equipo del año anterior, y por eso fue fácil hacerse superiores a ellos. En menos de un minuto, Josh marcó el segundo tanto. Los cazadores de Hufflepuff apenas llegaban al área contraria antes de que los leones les arrebataran la quaffle, o Sadie o Allan les enviaran una bludger. Las pocas veces que habían conseguido marcar a portería no habían sido un problema para Sarah que las había atrapado con facilidad.

Diez minutos después, la diferencia era de setenta puntos a diez a favor de los leones, y el único gol que habían marcado los tejones se había debido a un fallo en la coordinación de Josh, Sarah y Grace que les había costado una buena bronca de James. Aparte de eso, todas las tácticas estaban funcionando a la perfección, a la espera de que la única que permanecía inactiva en el grupo, Nicole, hiciera su parte. Eso no ocurrió hasta que llevaban una hora de partido.

En ese momento, la quaffle estaba, como en casi todos los momentos, en posesión de Gryffindor.

James Potter avanza hacia los postes de Hufflepuff –narraba Sirius al que casi no le quedaba voz de la emoción de cantar goles-. Esquiva a Pearson, también a Jackson y... ¡Sí! ¡Ha evitado la bludger! Avanza como un rayo, deja atrás a los demás, Sttebins se prepara, sale a su encuentro, ¡vamos James! ¡GOL DE GRYFFINDOR!

Los leones gritaron una vez más celebrando otro tanto, y tan emocionados estaban con sus cánticos que no se percataron de que la buscadora de Hufflepuff, Erienne Fleming, había salido disparada hacia el centro del campo. Los tejones sí se percataron y empezaron a gritar emocionados. Aún no era tarde para superar en puntos a los leones.

Nicole también la vio y se puso en marcha justo detrás de ella, pero Fleming la llevaba ventaja. Al darse cuenta del riesgo, la grada de Gryffindor enmudeció y el resto de los jugadores se fueron distrayendo. Sarah falló una parada y Hufflepuff anotó otros diez puntos, acercando la victoria en caso de que su buscadora atrapara la snitch.

Y si no había un milagro, eso era lo que pasaría. Nicole notó como las manos se la humedecían de sudor en torno al palo de su escoba, que tenía fuertemente sujeto para impulsarse con más rapidez. Por mucho que su escoba corriera (y su padre le había regalado un último modelo), Fleming había visto antes la snitch y estaba más cerca suya cuando ambas se lanzaron a la carrera. La chica, que iba a su curso, la sacaba, por lo menos, diez metros de ventaja.

De pronto la pelota cambió de dirección, cayendo en picado hacia el suelo. Fue algo que las tomó de sorpresa a ambas, pero la escoba de Nicole era mejor, por lo que pudo virar antes. Aún así, Erienne pronto su puso a su par, y ambas se lanzaron en picado siguiendo la snitch, cada vez más cerca del suelo. Las dos alargaron la mano, y Nicole supo que cualquiera podía atrapar la snitch, sólo era cuestión de suerte.

Pero la suerte no la había ido bien la última vez que se encomendó a ella, pensó con furia. Las palabras de James taladraban su mente una y otra vez. "Hazlo a tu manera, como quieras, pero atrapa esa pelota cueste lo que cueste"; era como si su propia conciencia estuviera gritándole al oído. No era lo que dijera el capitán, era que, por su orgullo, necesitaba atrapar la snitch costara lo que costara. Por eso hizo una locura semejante.

Una idea le vino a la cabeza: la única forma de llegar más rápido, era dejando actuar a la gravedad; y aunque aquello era un completo disparate, su mente y su cuerpo llenos de adrenalina sólo pensaban en ganar. De pronto soltó la escoba de entre sus manos, y se inclinó hacia delante, notando como la escoba se escapaba de sus piernas. Segundos después, y sin escuchar los gritos de pánico que había provocado su actuación, notó como su mano se cerraba en torno de la pequeña snitch. Después, antes de que pudiera disfrutar el triunfo, sintió un golpe muy fuerte, primero en la pierna, y después en la espalda, y todo se volvió negro.

OO—OO

- ¿Vas a venir a Hogsmeade, Moony? –preguntó Sirius a Remus media hora después-.

El partido había terminado en una total confusión, con una victoria de Gryffindor que nadie había celebrado al ver qu Nicole no se levantaba del suelo. El primero en bajar a su lado fue James, con una tez completamente blanca. El capitán se inclinó junto a la muchacha a la que apartó con impaciencia la snitch que estaba atrapada entre su brazo y su pecho, e intentó hacerla reaccionar.

La siguiente que llegó fue Sadie, quien se lanzó contra su cuñada, colocándola la mano en el cuello y suspirando de alivio al notar su pulso. De verdad creía que la caída la había matado. En segundos se reunieron abajo todos los integrantes de ambos equipos, igualmente asustados, y fueron inmediatamente seguidos por los profesores y la señora Pomfrey. Cuando se llevaron a la muchacha, aún inconsciente, todo el estadio se quedó en un silencio conmocionado.

Ningún Gryffindor se había marchado cuando todos abandonaron el lugar, expectantes de noticias sobre su buscadora. Jeff había salido corriendo antes de que nadie se diera cuenta, y varios amigos de Nicole le siguieron hasta la enfermería para llegar a ella antes de que la cerraran a las visitas. James había ido también para saber su estado.

Y ahora, el capitán hacía pocos minutos que había vuelto con la buena nueva de que Nicole ya estaba consciente y sólo tenía una pierna rota de la que se curaría sin más dificultades. Fue entonces cuando los leones se permitieron celebrar la victoria, lo que convirtió el campo en un caos.

Mary había acudido a llevarse a Peter a la fuerza, lo que divirtió mucho a Sirius, y James estaba en medio del gentío celebrando con todos, acompañado de Lily; por lo que Remus y Sirius estaban aparte mirando sonrientes la explosión de alegría. Remus hizo una mueca al recordar de nuevo el tema de Hogsmeade.

- No. Me voy a quedar con Rachel, aún no se siente capaz de ir a ningún lado con esas marcas...

Sirius contrajo los labios al volver al tema de la chica.

- Tenemos que conseguir que nos diga quien ha sido. Cuando lo sepamos déjamelos a mi, que me encargaré.

Aunque sabía que Sirius era bien capaz de pegarle una paliza a quien había marcado a su chica de esa forma, Remus negó con la cabeza con una furiosa mueca.

- Lo importante es que se cure pronto, y luego ya lo dirá cuando se sienta bien. Espero que las marcas se vayan...

- Y si no, no pasa nada –añadió Sirius con vehemencia-.

Remus miró a su amigo con una sonrisa triste, y negó con la cabeza. Sí que pasaba, eso sólo conseguiría que Rachel se acomplejara más y se encerrara en sí misma. Las personas como ella se avergonzaban de sus cicatrices y trataban de esconderlas, al contrario de las personas como Sirius que la exponían con orgullo.

- De todas formas hoy es luna llena –recordó, cambiando de tema-. Tomaré un poco de poción y me quedaré con ella en su habitación.

- No tardaremos en volver de Hogsmeade –dijo Sirius, siempre dispuesto a una noche en el bosque-.

- No te preocupes. He consultado el mapa lunar y hoy anochecerá muy temprano, como a las cinco. Para entonces no habréis hecho más que empezar, así que disfrutarlo y no os preocupéis, que yo estoy en buena compañía. Además, es San Valentín, así que le debes una buena a Grace. Me gustaría ver cómo lo haréis sin que nadie os vea –añadió con un toque de diversión-.

Sirius sonrió divertido.

- Ahora que nos dejas libre la casa de los gritos tengo buenos planes para ella.

- Si me entero de que te has beneficiado a mi mejor amiga en mi refugio, la próxima luna llena iré a por ti –le amenazó Remus poniendo cara de asco-.

- ¡Tranquilo, si la que primero se beneficiará será ella! –exclamó el muchacho ganándose un golpe en el costado-. ¡Oye! A mi ya me has amenazado y pegado un puñetazo por Grace. ¿Por qué a James no le haces lo mismo por Lily?

- Porque me fío más de la conducta de Lily que de la Grace –respondió el muchacho divertido-. De todas formas disfrutad tanto James como tú de no estar bajo mi vigilancia.

- Y de que Peter tiene una cita en la biblioteca –añadió Sirius riéndose-.

Remus negó con la cabeza con su sonrisa aún impresa en el rostro.

- Me vuelvo con Rachel. Mañana hablaremos y me contaréis.

OO—OO

Ajenos al conocimiento de la mayoría de los miembros del castillo un grupo de mortífagos, que iba aumentando según avanzaban los minutos, se reunieron en los confines del bosque prohibido, donde podían observar las calles de Hogsmeade sin ser advertidos. Finalmente Lord Voldemort había creído en las palabras de sus siervos, y había mandado a todos sus mortífagos a cumplir aquella misión. Debían provocar tal caos en el pueblo que apenas quedara seguridad en el castillo para que algunos mortífagos penetraran en él para registrarlo. Sin embargo, él no se atrevió a prestar la cara esa vez, aunque no lo reconoció. La última vez que se enfrentó a Dumbledore le quedó claro que su antiguo profesor aún era superior a él aunque tuviera una caja en su poder, y Tom Riddle no pensaba volver a enfrentársele sin la seguridad de ser el dueño de las cuatro cajas elementales.

- ¿Me escucháis todos? –preguntó Lucius Malfoy después de asegurarse de que no había nadie más por los alrededores que pudiera estropear sus planes-. Debemos coordinarnos para realizar la misión con la mayor rapidez posible.

- ¿No podemos recrearnos un poco con los niños? –preguntó con sorna uno de los mortífagos ganándose la risa de unos cuantos-.

- Podéis hacer lo que queráis –espetó Malfoy cansado de interrupciones de ese tipo-. Pero quiero que creéis pánico con rapidez para dejarnos el camino libre a los que entremos al castillo, quienes debemos ser muy veloces en registrar todo antes de que puedan reaccionar contra nosotros.

Una vez conseguida la atención, Lucius se aclaró la garganta para exponer el plan que habían trazado cuidadosamente.

- Bien. Divon, Rookwood, Dolohov, Greyback y yo entraremos a Hogwarts mientras los demás os quedáis en el pueblo como distracción. Greyback, hoy es luna llena, ¿me equivoco?

- No –respondió el hombre lobo con regocijo-. Además, la luna hoy saldrá muy pronto.

Los demás consiguieron ocultar un estremecimiento por el placer que se reflejaba en la cara del licántropo, pero todos ellos sabían que los hombres lobo eran criaturas que añoraban la luna llena en busca de sangre. Malfoy se limitó a hacer un gesto con la cabeza.

- ¿Traes esa nueva poción?

- ¿La matalobos? –preguntó el otro con desdén-. Sí, la traigo. Aunque advierto que si queréis mis servicios, estos se llevarían mejor a cabo sin esa poción que adormece mis instintos.

- Pero sin ella bien poco te importaría si tus víctimas son los niños o nosotros –respondió con asco Ethan-. Necesitamos que sepas muy bien a quien atacas y que estés lúcido para recibir órdenes de cuando debes atacar, y no hacerlo antes.

El licántropo puso mala cara, pues odiaba esa nueva poción que mitigaba su necesidad de sangre, pero asintió al recordar los beneficios que tendría de tener éxito.

- Tú nos abrirás el camino, Greyback –ordenó Malfoy alzando la voz de nuevo-. Pero sólo entraremos cuando nos aseguremos de que Hogwarts queda con la mínima seguridad. Los otros cuatro que iremos nos dividiremos en dos grupos, pues me temo que los posibles escondites se han duplicado. He averiguado algo más sobre James Potter y, aparte de ser un Gryffindor como ya sabíamos, este año le han concedido el Premio Anual, y Dumbledore ha tenido otra de sus brillantes ideas apartando a los dos agraciados en una torre aparte. Sólo sé que está en un pasillo del sexto piso, por lo que Divon y yo nos encargaremos de buscarla y registrarla, mientras que Rookwook y Dolohov se encargarán de Gryffindor cuya entrada queda en el séptimo piso. Me da igual cómo accedáis, si tenéis que volar una pared, hacedlo y despreocuparos del alboroto que causéis. ¿Queda claro hasta aquí?

Al no haber ninguna intervención en contra, Lucius se tomó ese silencio como un sí, y continuó.

- Perfecto. Ahora para los que os quedáis en el pueblo. Nuestros aliados dentro del colegio serán un soporte para vosotros, y decidiré cómo coordinarlos en cuanto aparezcan, que será en poco tiempo. Por lo demás, lo mejor será dividiros por zonas. Queremos que algunos alumnos escapen hacia el colegio para dar la voz de alarma, pero es absolutamente necesario que la mayoría se queden atrapados aquí. Dumbledore reunirá la mayor seguridad donde más alumnos haya. Hay tres salidas posibles del pueblo: Primero, la que se dirige a la estación de tren, pasando por las Tres Escobas. Bella, coge un grupo y ubícate allí para retenerles.

- Ya tenía pensado hacerlo –replicó la mujer fríamente, dando a entender que no pensaba seguir órdenes suyas. Malfoy se limitó a ignorarla-.

- La segunda salida es por el callejón que lleva hacia el saloncito ese que usan las parejitas, la calle que comienza en la tienda de Dervish y Banges. Wilkes, posiciónate allí y asegúrate de que no escapan por allí, ni que los que estén dentro de la cafetería crucen el campo hacia el bosque.

Wilkes asintió recibiendo las órdenes sin rechistar.

- Y tercero, el callejón que pasa por Cabeza de Puerco. Rabastan, este es un lugar por el que podrían intentar despistarnos algunos de los alumnos mayores, quiero que lo vigiles bien con tu grupo.

- No saldrá nadie por allí –respondió el hombre con una sonrisa desagradable pintada en el rostro-.

- Bien. Por el centro del pueblo os moveréis los demás. Rosier, coge un equipo y ubícate entre Huneydukes y la oficina de correos; y Rodolphus ocúpate de las calles anexas a Zonko, la tienda de moda y la Casa de las Plumas. Los demás ubicaros en el grupo que prefiráis, ya organizaré a los más jóvenes cuando lleguen.

Cuando terminó de hablar, los demás comenzaron a situarse con el líder que preferían seguir en el ataque, y Lucius se posicionó al lado de Ethan, con quien compartió una mirada expectante. Cada vez quedaba menos tiempo.

OO—OO

En el campo de quidditch continuaba la celebración como si ya hubieran ganado la copa, pero lo cierto era que los puntos obtenidos tras el partido les colocaban como ganadores virtuales, y un Gryffindor nunca se ha caracterizado por su contención y su paciencia. Lily era de las pocas que pedía a sus compañeros que se tranquilizaran y no celebraran nada antes de tiempo, pero tampoco podía ponerse muy gruñona al ver a James tan feliz.

Aunque se habían quedado helados con el accidente de su buscadora, y las imágenes que todos recordaban eran escalofriantes, el saber que estaba perfectamente y en pocos días estaría como nueva había acabado con sus resquicios de intranquilidad. James estaba en el centro de todo, con Sirius que se acababa de unir a la fiesta abrazado a él, y con Josh y Allan con sus respectivos amigos cerca de ellos; todos celebrando a gritos y cánticos, y casi quedándose sin voz.

Por fin algo apartada, Lily comprobó que sólo los Gryffindor continuaban en el campo, apostados junto a los vestuarios, mientras que el resto del colegio se había marchado, seguramente a prepararse para la salida a Hogsmeade de esa tarde. Buscó al resto de sus amigos, pero no había ni rastro de Grace, Remus, Gis o Peter. Kate estaba cerca de ella, hablando con algunas compañeras de un curso inferior, pero los demás no daban señales de estar allí. Supuso que Remus y Gisele estarían de nuevo arriba con Rachel, intentando convencerla de que saliera de su cuarto. Pero podía entender por qué no quería hacerlo, pues de tener ella esas marcas en la cara también se habría sentido muy acomplejada.

Sin embargo, ese hecho no solucionaba la incógnita de dónde estarían Grace y Peter y, sinceramente, dudaba que estuvieran juntos escondidos en alguna parte. No. El pequeño no sabía dónde podía estar, pero el hecho de que Sirius estuviera cerca la dejaba claro que su mejor amiga no podía estar lejos. En ese momento también cayó en la ausencia de Sadie y se preguntó si hubiera ido a la enfermería con su hermano a ver a la novia de este.

Se oyó de pronto un griterío, y entre la gente pudo ver que Sarah, la guardiana del equipo, salía de los vestuarios femeninos con aspecto de acabar de salir de la ducha. La chica levantó los brazos victoriosa y se abrazó a su amigo Josh para empezar a cantar juntos el himno de Hogwarts. Claro, si Sarah había ido a ducharse, estaba segura que Grace también lo había hecho. Y Sirius debió pensar lo mismo que ella, pues le vio colarse en el vestuario cuando la atención estaba puesto en un discurso que James acababa de empezar a dar.

Lily negó con la cabeza. Esos dos no tenían mucho sentido común, y no pensaban mucho en la discreción, cosa que sí debían de tener en cuenta estando delante de toda su casa, incluida Kate, a la que por cierto aún no habían dicho nada sobre su relación.

OO—OO

Efectivamente, Sirius pensaba muy poco en el sentido común en el momento en que se coló en los vestuarios a buscar a Grace. El sonido de la ducha le hizo sonreír, pero se llevó un buen chasco cuando dio la vuelta a la esquina y vio que la chica ya había terminado y estaba a medio vestir. Adiós a su plan de seducción.

Grace estaba de espaldas a él, con el pelo aún empapado y, parecía, atándose los botones de la camisa. La corta falda que la rubia solía llevar había sido sustituida ese día por unos pantalones de franela que tenían pinta de dar mucho calor, lo que venía bien con aquel frío propio del mes de febrero. Al acabar con la camisa, metiéndosela dentro de los pantalones, Grace alargó la mano para tomar el jersey que se pondría encima, pero se encontró con el tacto de una mano.

Al girarse, pensando que Sarah se había olvidado algo, se encontró a Sirius sentado en el banco en una posición relajada, sonriéndola ampliamente, y alejando el jersey de ella con la otra mano.

- Te prefiero sin jersey, gracias –dijo con una divertida sonrisa, ganándose una carcajada de ella-.

- Desgraciadamente para ti hace demasiado frío como para ir por la calle como tú quisieras que fuera.

Divertido, Sirius se puso en pie y la abrazó por la cintura.

- Si es para ir por la calle te prefiero aún más tapada. No soportaría que los demás te vieran como yo quiero verte –la susurró acercándose para besarla-.

Aunque tuvo la tentación de apartarse para chincharle, Grace se permitió acceder a ese beso unos segundos. Cuando este se volvió más pasional, se apartó sonriendo y le dio una palmada en el pecho.

-Te has colado en zona restringida. El capitán se enfadaría mucho si alguien ajeno al equipo entra aquí para desconcentrarme –le dijo divertida, ganándose que un brillo travieso se instalara en los ojos del chico-.

- Venía a felicitar a la cazadora más sexy que tienen, pero dudo que el capitán se enfade porque te desconcentre una vez terminado el partido...

Se inclinó de nuevo para repetir el beso, pero Grace se echó a reír echando la cabeza hacia atrás.

- No conoces al capitán –le aseguró ganándose una carcajada de él-. Es muy, muy severo con las normas.

Sirius tuvo que aguantarse las ganas de reírse con fuerza ante esa descripción de James, pero en lugar de eso apretó los labios en una divertida sonrisa, y enarcó una ceja diciendo:

- Seguro que hace una excepción para que el comentarista pueda decirle una cosa a su jugadora favorita.

Grace afianzó los brazos en torno a su cuello y le dedicó una sonrisa tan amplia que hasta cegaba. Se acercó. Muchísimo; sus labios rozaban los suyos cuando preguntó:

- ¿Qué quiere decirme el comentarista?

Pero Sirius no tuvo tiempo de responder. De repente escucharon que se abría la puerta de par en par y, antes de que tuvieran tiempo de separarse, escucharon la voz divertida de Sarah.

- ¡Te dije que algún día te obligaría a salir de la ducha a mi...!

La pobre muchacha se quedó en blanco con la imagen que vio. Ella aguantando un lado de la puerta y Josh sujetando el otro, les miraban boquiabiertos. Habían pretendido gastarle una broma a la rubia por tardar siempre tanto en el baño, algo sin maldad. Pero ninguno de ellos se esperaba que estuvieran interrumpiendo una escena romántica, y menos de esos dos en concreto. La sorpresa estaba reflejado en sus rostros y, lo peor, en el de todos los Gryffindor que les miraban sin poder creérselo.

Cerca de ellos, muy cerca, pues evidentemente habían intentado detener la broma a tiempo sin éxito, estaban James y Lily, uno a cada lado. El capitán tenía una mano cubriéndole los ojos, como si no quisiera ver lo que se venía encima; y su novia les miraba con la boca apretada en una fina línea y el ceño fruncido con desaprobación. Y Grace supo que esa desaprobación estaba dirigida a todos: a los que habían abierto la puerta metiéndose donde no debían, y a ellos dos que, como siempre, se habían comportado como dos inconscientes.

Y la causa por la cual Lily estaba así era evidente. Grace sintió que el color se le escapaba de la cara cuando vio entre la multitud el rostro de Kate. Supo que Sirius se había percatado también cuando le sintió tensarse, y también ahí se dio cuenta de que aún seguía abrazada a él. Sirius la había soltado casi al instante en que se abrió la puerta, y enseguida su mirada encontró con la de Kate, que estaba llena de sorpresa, dolor y decepción. No era extraño que reaccionara así al ver a su ex-novio que la había dejado apenas un par de semanas antes con una de sus amigas. Sí le sorprendió que él sintiera su dolor tan propio, cuando había pensado que se sentiría más ajeno en esos momentos.

La gente les miraba con sorpresa, sin acabar de creerse la imagen que habían visto, pues no se la habrían imaginado de parte de ninguno de ellos. Habían circulado muchos rumores de Sirius y Kate, a la que también comenzaron a mirar insistentemente, intercalando miradas de unos a otra, con curiosidad.

La pobre Kate fue la que se llevó la peor parte. La situación en que les habían pillado a ellos era vergonzosa, pero la de ella era humillante. Apenas hacía unos días que había terminado esa relación, que el colegio estalló en rumores sobre las causas de la ruptura, que todo el mundo la había mirado con pena... para que la volvieran a mirar así en ese momento. Eran muchas cosas a la vez, y aún no le entraban en su cabeza. Era el chico que quería, a quien aún dedicaba todos y cada uno de sus pensamientos, abrazando y besando a una de sus amigas; la que más se había ofendido con él cuando la dejó, la que más le había insultado, la que peor había reaccionado... La que había mentido porque ahora, cuando aún no habían pasado dos semanas, se había escondido con él para abrazarle y besarle con la misma intensidad con la que podía haberlo hecho ella.

Y la gente seguía mirándola, como si fuera digna de lástima. Kate no lo soportó más. Necesitaba estar sola, sola, ¡sola! Casi sin necesidad de permiso sus pies echaron a correr y apartó a la gente a empujones para hacerse sitio. Podía oír el zumbido de las conversaciones a su paso, taladrándola la mente, y se sintió profundamente humillada. Sólo quería desaparecer de allí y que se la tragase la tierra.

En los vestuarios, Sirius hizo el ademán de seguirla, pero se contuvo. Grace, por el contrario, no habría podido moverse aún de haberlo intentado, pues se había quedado completamente en blanco, aún con la expresión de Kate metida en la retina. Su mirada se encontró con la de Lily, que estaba suspirando, y sintió que el corazón se la hundía más cuando su mejor amiga la lanzó una triste mirada que significaba claramente: "Te lo dije".

OO—OO

Ajenos a todo lo que se había armado en ese momento, en la entrada del castillo la mayoría de los estudiantes se agolpaban moviéndose de un lado a otro, y los más impacientes ya esperaban los primeros carruajes que les llevarían a Hogsmeade. La mayoría prefería comer en el castillo y luego enfrentarse al frío invernal del pueblo por la tarde, pero también es cierto que pasarían menos tiempo en su día libre.

Regulus y los demás Slytherins estaban en ese grupo, intentando contener los nervios y alegrándose de que los demás no fueran muy observadores, pues la mayoría no lo conseguían. Regulus no era una excepción. De hecho, el único aparentemente indiferente a todo era Severus Snape, pero él no tenía tanto autocontrol, y apenas había dormido o dejado de pensar en lo que tendría que hacer en las próximas horas. Desde que el año anterior su familia le instara a pertenecer a los mortífagos, su única misión había sido ser el mensajero, cosa bastante inofensiva. Pero aquella sería su primera batalla, si es que sus compañeros tenían razón con las suposiciones, y todo apuntaba a que sí. En Navidad había querido unirse a la del callejón Diagon, pero ahora que le tocaba no sabía si estaba hecho para atacar a nadie, y menos para ser un asesino. Ya no tenía claro nada.

- Dulcy, ¿al final qué pasó con tu hermano? –escuchó que Amanda Tyler le preguntaba a su rubia amiga-.

Inconscientemente prestó atención a esa conversación, pues quería asegurarse de que la chica había sido discreta y, además, así conseguía apartar su mente de lo que ocurriría dentro de poco. Dulcy Yexter sonrió levemente.

- No sabía cómo convencerle de que no fuera al pueblo sin tener que decirle nada –le dijo a su amiga-. Así que tuve que crear una excusa. Le lancé un hechizo que le tendrá en la enfermería toda la tarde por lo menos. Con eso basta.

Su amiga le pasó una mano amistosa por el brazo, pero Regulus sintió un agujero en el estómago. La preocupación de su compañera por su hermano le hizo recordar al suyo, y en ese momento se preguntó si a Sirius le ocurriría algo ese día. Para su sorpresa, descubrió que aquello sí le importaba, Sadie había tenido razón en eso. Paradójicamente, como si la hubiera conjurado con el pensamiento, su amiga apareció por la puerta del castillo, con aspecto de acabar de darse una reparadora ducha y ya con ropa normal, y sonrió ampliamente al verle.

Él prefirió acercarse discretamente antes de que ella lo hiciera, y captara alguna conversación extraña. Sadie era como una antena receptora para según qué temas. A medida que se iba acercando su amiga sonreía más, con ese humor que lo reservaba para unos pocos entre los que él podía considerarse afortunado.

- Voy a acabar pensando mal de ti –le dijo borrando su sonrisa y componiendo una mueca irónica-.

- ¿Qué he hecho ahora? –preguntó Regulus intentando actuar con normalidad-.

- Te has marchado sin felicitarme. Cuando vosotros ganasteis, yo me quedé a darte la enhorabuena, por lo que me merecía lo mismo. Tienes muy mal perder.

- Lo siento, la idea de permanecer en territorio ocupado por Gryffindors me daba alergia.

Definitivamente no se le daba bien engañarla a ella en concreto, pues su sombrío humor se notó en la respuesta, que había pretendido cargar de divertida ironía. Había sonado serio y preocupado, tal y como se sentía, y no debería haber sido así. Sin embargo, Sadie lo malinterpretó, pensando que el muchacho verdaderamente había tenido un mal perder y que su mal humor se debía a la clasificación en quidditch. A ella la daba igual, pero después de convivir con James sabía que había gente que lo tomaba con demasiada seriedad.

Por eso intentó calmar el ambiente, cambiando el tema y apartando el quidditch de la conversación. Y tenía la excusa perfecta. De hecho, llevaba todo el día pensando en proponérselo, por lo que le pareció lógico sacar el tema para cambiar la conversación.

- ¿Te vas ya a Hogsmeade?

Regulus se puso incómodo de repente, y ella lo notó.

- Sí. He quedado pronto con unos amigos.

- Tenía pensado ir –le dijo como quien no quiere la cosa-. La única vez que he ido estuve más pendiente de cierto ritual en el bosque que de conocer el pueblo, y me gustaría aprovechar hoy para hacerlo. Si no te importa, podría acompañarte... Sólo tendrías que esperarme cinco minutos a que suba a mi cuarto a por dinero.

La sola idea de que ella estuviera en Hogsmeade cuando ocurriera todo le congeló la sangre en las venas. Regulus se puso pálido, abrió mucho los ojos, y hasta contuvo la respiración sin darse cuenta.

- O no... –añadió Sadie insegura al ver su reacción-.

Le estudió la cara con sus ojos oscuros, y Regulus sintió que un sudor frío le recorría todo el cuerpo. Recordó aquel día en el bosque, cuando la vio entre los árboles, y se acordó de la furia que lo invadió y del enfrentamiento posterior que tuvo con ella, amenazas incluidas. Sólo habían pasado tres meses, y todo había cambiado. Ya no tenía ningún problema con que Sadie supiera su verdad. Con ella era con la única persona con quien podía compartir todos los aspectos de su vida y sus pensamientos al respecto sin temer nada, pues ella no le juzgaba. Le apreciaba y respetaba tal y como era, aunque ella no compartiera los mismos ideales. Quizá porque su propio padre los tenía, o quizá porque era una persona más empática de lo que aparentaba.

Lo que tenía claro era que Sadie se había convertido en alguien especial en su vida, en alguien imprescindible. En ese momento en que el terror le invadió al imaginarla en medio de una batalla, se dio cuenta de hasta qué punto necesitaba a esa chica en su vida. Era su mejor amiga, su conciencia y consejera, la persona que le comprendía... También había algo más que se le escapaba, algo más que debía ver en ella. Pero no era el momento para detenerse a pensar en ello. En otro momento, cuando la situación no fuera límite, analizaría todas esas revelaciones.

Sólo sabía que debía conseguir que ella no fuera a Hogsmeade, y no le bastaría un simple hechizo como había usado Dulcy con su hermano. Inconscientemente llevó una de sus manos a la mejilla de su amiga, que pareció desear apartarse aunque no lo hizo. La caricia apenas fue nimia y enseguida bajó el brazo, pero supo que todo lo que le estaba pasando tenía relación con la desesperación que le había entrado hacía pocos días, cuando destruyeron juntos la carta de Yaxilia y la vio como su eterna salvadora.

- Sadie... ¿confías en mi? –preguntó en voz baja, consiguiendo que la confusión y la extrañeza inundaran la cara de la joven alemana-.

- Sí... Bueno, en teoría –apuntilló la chica sin dejar de inspeccionarle con la mirada. Estaba muy raro ese día, y ella tenía que saber qué le ocurría-.

- Pues no vengas a Hogsmeade hoy. La siguiente salida será en un par de meses, y entonces te acompañaré y te lo enseñaré todo. Pero no vengas hoy.

- ¿Por qué? –preguntó lentamente mientras fruncía el ceño, y Regulus tragó saliva y bajó la mirada al suelo-.

- Porque hoy hace muy malo para disfrutar del pueblo como es debido, y yo tengo cosas que hacer y no puedo estar de guía. Sólo... Hazme caso, ¿vale? Confía en mi. Quédate hoy en el castillo, es lo mejor.

Sadie le miraba cada vez más confusa y enfadada. No era de las que le gustaban estar desinformada, por lo que la enfadaba demasiado esa situación.

- No lo entiendo –replicó, teniendo ganas de discutir el tema a fondo y enterarse de qué le ocurría a su amigo-.

Pero la llamada para los carruajes se produjo en ese momento, y Regulus vio cómo sus compañeros se dirigían a coger sitio para marchar a Hogsmeade lo antes posible. Y él debía ir con ellos.

- Ya sé que no lo entiendes, pero te lo explicaré luego. Quédate aquí, ¿me lo prometes? ¿Me prometes que no te moverás del castillo?

Había tal desesperación en su mirada, que Sadie optó por dejar la discusión para más adelante, y asintió con cuidado, insegura y casi imperceptiblemente. Más aliviado, Regulus se dio la vuelta, despidiéndose con la mano, y subió corriendo al carruaje en el que Avery le estaba esperando con la puerta abierta.

OO—OO

Kate por fin estaba sola, tal y como quería. En ese momento sólo la acompañaban el sonido del viento que movía las ramas de los árboles y las pequeñas olas que este formaba en las aguas del lago.

Había vuelto a ese lugar que la encantaba, paseando por los jardines, observando su belleza sentada en aquel árbol que tan cerca estaba de la orilla, e intentando entrar en sintonía con la naturaleza. Con ese silencio podía pensar mejor, podía ver cosas de las que antes no se había percatado, y se flagelaba a sí misma. Allí podía llorar con libertad, en soledad, y sin vergüenza. Porque era eso lo único que le apetecía: llorar. Se sentía demasiado engañada y humillada como para no querer derramar lágrimas una tras otra.

Tan pendiente estaba de sus propios pensamientos y del sonido del viento, que no escuchó a nadie venir hacia ella. Sólo oyó un suave murmullo, parecido a como cuando alguien se sienta con cuidado en el suelo. Esa era la única pista de que ya no estaba sola, y aún así no se giró, pues ya ni siquiera la quedaba curiosidad en el cuerpo. Con un descubrimiento había tenido bastante, gracias.

Además, pese a que ignoró a esa persona, no tardó en reconocer su olor, y una extraña mueca cruzó su boca, pues que estuviera allí con ella sólo significaba una cosa.

- Ya se ha extendido por todo el colegio...

Al pasar los segundos y no obtener más respuesta que un suspiro, Kate se giró.

- No sé de qué me hablas, Kate –respondió Derek sonriéndole levemente-.

Ella frunció el ceño y apartó la mirada de su rostro. Puede que no viera en él compasión, pero sí veía delicadeza, lo que en ese momento no encontraba diferencia. Su reacción provocó un resoplido en el chico, que añadió:

- De acuerdo. Pero si te sirve, los rumores te dejan a ti como la buena.

- La buena y tonta cornuda, ¿no? –respondió ella con ironía. Dirigió de nuevo la mirada a Derek, pero él la miró impotente y volvió a mirar al vacío suspirando tristemente-. Me siento tan estúpida...

- No tenías modo de saberlo, Kate –insistió él pasando un brazo por sus hombros en un abrazo reconfortante que ella no rechazó-. Además, también es culpa mía. Si hubiera sacado un momento esta semana para hablar contigo, en vez de dedicarme a estudiar todo el rato...

Kate le miró extrañada, y de pronto varias cosas cobraron sentido en su cabeza.

- ¿Desde cuando lo sabes? –susurró-.

Derek dudó.

- Desde el día en que rompió contigo. Fui a contártelo porque les había escuchado hablar pero tú...

- Preferí hablar con Sirius –terminó Kate asintiendo con la cabeza, y sintiéndose aún más estúpida-. Lo siento...

- Yo lo siento, Kate. Debí insistir, imponerme, evitar de algún modo esto. Era lo que no quería que pasara, que te sintieras humillada...

Kate cerró los ojos y apoyó la cabeza en el hombro de Derek, suspirando con fuerza. Demasiado tarde, ya se sentía profundamente humillada.

- ¿Qué escuchaste? ¿Desde cuando están escondiéndose?

Derek se removió incómodo.

- No escuché mucho, no sé qué ha podido pasar entre ellos. Hablaban como si hubieran tenido algo hacía poco, y discutían. Él quería hablarlo y ella dejarlo pasar... Pero era evidente lo que pasaba entre ellos, y me hubiera gustado poder decírtelo antes de que te enteraras de esta forma.

- Ellos debieron decírmelo antes de que me enterara de esta forma –contestó ella con enfado por la falta de sentimientos de dos personas tan cercanas a ella-.

Pero tan pronto dejó salir la rabia, también salió otro sentimiento más inaguantable, y no pudo evitar echarse a llorar a mares.

- No entiendo por qué no me di cuenta antes... –musitó entre hipidos, con todos los acontecimientos de los últimos años rondando su mente-. Todas las señales estaban ahí. Siempre se llevaron perfectamente, entre ellos había un rollo estupendo. Y de un día para otro se odiaban. Incluso cuando él ya estaba conmigo, parecía que no podía estar tranquilo sin molestarla, si no hacía notar su presencia. Pensé que la situación había mejorado porque yo se lo había pedido a los dos. Era tan claro...

Derek sólo supo abrazarla mientras ella dejaba salir su desesperación. No debía sentirse tan impotente, nadie lo había visto venir. Sí que es cierto que circularon ciertos rumores sobre ambos cuando se llevaban bien, pero eso había sido hacía muchísimo tiempo y ninguno de los dos dio fundamento a las tontas ideas chismosas de las niñas pequeñas. Él había salido con Grace por meses y aunque el nombre de Black salió varias veces de su boca, él no notó nada extraño.

- Nadie lo vio venir, Kate. Yo también creía que sólo se tenían aversión mutua. ¿Quién iba a pensar que ese supuesto odio sólo era atracción? Es absurdo y los dos son idiotas.

Pero Kate seguía auto compadeciéndose, llorando a lágrima viva.

- Siempre sintió algo más por ella. A mi me escogió después, por descarte. No era más que una sustituta, una Grace de segunda clase.

- Escúchame Kate –Derek se puso de pronto serio, tomándola la barbilla con los dedos suavemente obligándola a mirarle-. Eres una persona sorprendente y especial. Tanto que has sacado a la luz partes de mi que creí que ya no existían. Eres dulce, divertida, paciente, cariñosa... Y si ese imbécil no sabe ver lo especial que eres y la suerte que tenía de estar contigo, es que está completamente ciego. No te merece, y creo que estarás mejor sin él –mirándola a los ojos llorosos esbozó una pequeña sonrisa, y añadió-. Además, ¿sabes qué? Yo salí con Grace durante un tiempo, y estoy en posición de asegurarte que ella no es más que una Kate de segunda clase.

La muchacha le miraba con aquellos ojos azules tan brillantes a causa de las lágrimas, y su rostro cambió a medida que él iba hablando, pasando del dolor a una mezcla de este con ternura. Ella era muy sensible, y él era consciente de que estaba dejando su corazón abierto en una declaración muy evidente, pero esa vez no le importó mostrarse tan vulnerable. La adoraba, y esa era su verdad. Antes de tener tiempo de pensar que aquello era una locura hizo lo que tanto tiempo llevaba deseando: besarla, y con muchas ansias.

A Kate le tomó por sorpresa que la sujetara con fuerza por la nuca y la estampara los labios contra los suyos, y por eso tardó tanto en reaccionar. Le puso las manos en los hombros y le apartó suave pero firmemente. Era el único que estaba allí con ella apoyándola, y sus sentimientos eran preciosos y dignos de agradecer, pero ella no podía pensar en eso ahora.

- Lo siento Derek, pero no puedo pensar en nada de esto ahora. Perdóname, sé que tienes todo el derecho del mundo a que te corresponda y ojalá pudiera hacerlo. Pero estoy destrozada y, aunque ni yo misma lo entienda, aún sigo enamorada de Sirius. No sería justo por mi parte hacerte lo mismo que él me hizo a mi; no puedo quererte a medias. Entiéndeme...

Derek pareció triste, pero asintió comprendiéndola, y suspiró.

- No tengo prisa. Llegará el día que me quieras a mi...

- Eso espero –le dijo ella con una pequeña sonrisa-.

Ambos se quedaron momentáneamente en silencio, y Derek notó cómo ella seguía llorando en silencio, por lo que decidió anteponer sus sentimientos a los de él.

- Aún así, no quiero que te quedes aquí sola rumiándolo. Vamos, los primeros carruajes a Hogsmeade ya van a salir, y te invito a tomar algo.

- No –respondió Kate negando con la cabeza varias veces-. No soportaría que todo el mundo se me quedara mirando. Necesito estar sola...

- No deberías quedarte sola pensando en ello –insistió él-.

- Confía en mi. Así supero yo las cosas, pensándolas y asumiéndolas. Cogeré algo en las cocinas, y me encerraré en mi cuarto el resto del día. No quiero mirar a nadie a la cara por hoy.

Sacudiéndose la falda se puso en pie y le miró con ojos tiernos, agradeciéndole en silencio tanto su apoyo, como sus sentimientos por ella.

- Espero que algún día tengamos de nuevo esta conversación, y pueda devolverte todo lo que te mereces, Derek.

Se inclinó sobre sí misma y le dio un leve beso en los labios, apenas un roce, antes de marcharse rumbo al castillo, intentando alejarse de todo y de todos.

OO—OO

Definitivamente Lily y James habían salvado el día sacando a sus dos amigos de todo el follón. Cuando Kate se había marchado aquello se había convertido en un hervidero de conversaciones y, sospechaban, la historia ya había llegado hasta Hogwarts y todo el colegio lo sabía. Grace se había sonrojado de arriba abajo al percibir las miradas acusatorias de sus compañeras, quienes evidentemente habían hecho causa con la que parecía la más afectada, y Sirius apenas había pronunciado dos palabras desde que les sacaron de allí.

En ese momento, en uno de los caminos menos transitados para llegar al colegio, Lily soltó el brazo de Grace y se puso frente a los dos con las manos en las caderas. James, que iba palmeando el hombro de su mejor amigo, vio venir la bronca de su novia.

- No será que no te lo dije, Grace. Pero claro, hacéis las cosas a vuestra manera y ¿quién paga los platos rotos? La pobre Kate. ¡¿Es qué de verdad pensabais que nunca os iban a pillar?

Grace bajó la cabeza avergonzada, pero Sirius pareció reaccionar por fin, y no de la forma esperada en él. James le vio levantar la cabeza hacia Lily lentamente, como si fuera un toro de miura a punto de embestir, y la miró con los ojos tan entrecerrados que parecían dos finas líneas de plata.

Pocas veces Sirius parecía tan enfadado, por lo que supo que sería una de las ocasiones en las que no se contendría por nada del mundo. Sabiendo que si no intervenía aquello podía significar una discusión tal que acabara con la amistad de ellos por completo, le apretó con fuerza el hombro a Sirius, y avanzó hacia Lily abrazándola por la espalda.

- Lily vámonos –la dijo para que todos le escucharan-.

Su novia le miró por encima del hombro incrédula, pero él apretó el abrazo de su cintura.

- Esto no es cosa nuestra, que lo solucionen entre los dos, que sabrán hacerlo. Además, hoy es San Valentín y he preparado varias cosas para que estemos solos. ¿No quieres ir a Hogsmeade conmigo?

La sonrió de lado, de forma encantadora y fingidamente inocente, pero coló. Lily no pudo evitar relajarse y devolverle la sonrisa.

- Tienes razón. Vámonos.

Aún después de decir eso la pelirroja se giró hacia los otros dos para lanzarles una mirada de disgusto, y James tuvo que empujarla levemente en dirección contraria para sacarla de allí.

- Suerte, chicos –susurró el capitán sonriéndole levemente a Grace y lanzándole una mirada de advertencia a su mejor amigo, que aún parecía dispuesto a saltar sobre Lily-.

Cuando se hubieron alejado lo suficiente, Grace suspiró con fuerza y se dejó caer en el suelo al tiempo que se llevaba las manos a la cabeza con desesperación. Sirius continuó en la misma posición, mirando enfadado el lugar donde había estado Lily. Bastante alterado estaba por todo lo ocurrido para que la pelirroja se metiera a defender una causa que no era asunto suyo. Se sentía atrapado y enfadado consigo mismo, pues sabía que la culpa había sido suya por retrasar el asunto cuando sabía que no tenían mucho tiempo. Miró a su chica, y la vio sentada en el suelo.

- Levántate Grace, ha llovido y vas a coger una pulmonía.

La rubia sólo se encogió de hombros. Estaba segura de que aunque cogiera una pulmonía no lo pasaría tan mal como Kate. Había visto su cara, y ella se había jurado a sí misma que no era tan mezquina como para anteponer siempre sus deseos a los sentimientos de los demás. Y de nuevo se había fallado a sí misma actuando egoístamente, pensando sólo en lo que sentía ella y en lo feliz que era en ese momeno.

- Es culpa mía, debimos esperar más tiempo para estar juntos –murmuró-.

- No –respondió él de mala manera-. Debimos decírselo nosotros antes de que se enterara de esta forma, pero no hemos hecho nada malo en lo demás. Yo ya lo había dejado con ella cuando tú y yo empezamos.

Por la mirada que le lanzó Grace era evidente que no estaban de acuerdo, pero lo dejaron así. Sirius pateó una piedra que vio delante de él y masculló.

- La culpa es mía. Sabía que no teníamos demasiado tiempo para contárselo antes de que se enterara por otros, y lo retrasé porque no me quería enfrentar a esta situación –suspiró-. Lo extraño es que Green se lo haya callado tanto tiempo...

- ¿Green? –preguntó Grace sin entender nada-.

- Jane Green –explicó-. Nos vio discutir el día que dejé a Kate. Pensé que se lo diría a toda su corte y lo extenderían por ahí, pero se ha callado. Y justo se ha venido a enterar por una indiscreción mía...

- No te sientas culpable. Se habría enterado tarde o temprano, los dos hemos rehuido esta situación...

Los dos suspiraron al tiempo, y con un movimiento rápido, Sirius agarró las manos de Grace y tiró de ella para que se levantara. Ella se apoyó contra él dándole un abrazo.

- Había preparado un día especial para hoy –la confesó Sirius contra su pelo-. Pero tendremos que posponerlo. Deberíamos hablar con ella hoy.

- Sí –suspiró Grace aún sin sentirse con fuerzas para enfrentarse a ello. Sin embargo cogió aire y lo soltó de golpe, recordándose que era una Gryffindor-. Pero no creo que debamos ir los dos a la vez. Bastante mal lo debe estar pasando como para que encima aparezcamos los dos de la mano... Sería muy egoísta de nuestra parte querer apoyarnos el uno en el otro, dejándola sola.

Sirius suspiró dándola la razón. Ir a hablar con Kate los dos juntos era como crear una barrera frente a la que ella se sentiría sola e indefensa.

- Entonces, ¿cómo lo hacemos? –preguntó mirándola a los ojos-.

Grace hizo una mueca, pero ya tenía todo decidido.

- Déjame hablar con ella hoy. Tengo que explicarla mi parte, tengo que hacerla entender que no hemos podido evitarlo... Mañana tú puedes hablar con ella. A ti te escuchará mejor, te odiará menos.

- No lo creo –dijo él amargamente-.

- Hazme caso. La peor idea la tiene de mi. A ti aún te quiere, así que te perdonará más fácilmente.

Sirius se rió sin diversión dudando de aquello, pero Grace le dio un beso justo en la nuez de la garganta.

- Hazme caso -repitió-. Los sentimientos no se van de un día para otro, te lo digo por experiencia. Yo voy a tener que explicarla mucho más para que llegue a entenderme, pero quizá lo que siente por ti la ayude a entender que no pude evitar sentirlo yo también.

Él la miró con una pequeña sonrisa, intentando darla fuerzas para lo que la tocaba a ella, pues era cierto que sí creía que ella lo iba a tener más difícil. Se inclinó y la dio un suave beso en los labios.

- De acuerdo. Hoy te toca a ti. Yo iré a Hogsmeade, y te compraré algo bonito para subirte el ánimo.

Grace no pudo evitar reírse un poco ante esa salida tan inusual.

- Quizá veas a James y Lily, así que por favor no discutas con ella. Sólo se preocupa por Kate, pero también por nosotros. Sólo que en este momento no ha sabido expresarlo de otra forma.

Sirius suspiró.

- La pelirroja siempre ha sido una prefecta perfecta metomentodo, pero supongo que ya que me he acostumbrado puedo vivir con ello. Mucha suerte con Kate.

- Nos vemos a la tarde –le prometió ella con otro pico en los labios, antes de alejarse rumbo al castillo a buscar a Kate-.

OO—OO

Los primeros carruajes ya habían llegado a Hogsmeade, y los pocos estudiantes que habían ido en ellos se dispersaron por el pueblo rápidamente. Aún así, los Slytherins fueron desapareciendo hacia el bosque prohibido en pequeños grupos, para no levantar sospechas.

Regulus tenía un nudo en la garganta mientras miraba todo el paisaje y a todos sus compañeros que estaban desinhibidos en su día libre, y se sintió completamente sin fuerzas de estar allí. No sabía qué le ocurría, por qué ahora se lo cuestionaba todo, pero aquella situación no le parecía tan justa y noble como había creído siempre. Sin embargo, se forzó a sí mismo a aparentar la tranquilidad y la seguridad habitual en él al encabezar la escapada hacia el bosque. Contaban con él para que fuera quien los guiara, como había ocurrido durante todo el curso, por lo que no podía fallarles ese día.

Tardaron algunos minutos en estar todos juntos y, cuando les dijeron lo que ocurriría, las sospechas de Regulus se confirmaron. De reojo observó las reacciones de los demás y vio que eran muy variopintas: Desde la ansiedad de los Carrow, Avery, Mulciber y Hinkes, hasta el nerviosismo y la palidez de Yexter y Tyler (que sospechaba que él compartía), pasando por la reacción tan inusual de Snape. ¿Acaso ese chico no se inmutaba por nada?

- Os dividiremos en los distintos grupos –estaba diciendo Malfoy tomando la voz del líder mientras que todos escuchaban con un poco de nerviosismo-. Pero antes quiero aclararos algo más. Estamos buscando a alguien, y si le veis debéis capturarle. Lo queremos vivo. Supongo que, como sois de la misma edad, todos conocéis a James Potter.

Regulus notó un movimiento involuntario a su derecha y observó que por fin Snape había reaccionado a algo. La expresión de su compañero había pasado a ser de avidez, mientras que él fruncía el ceño. ¿Para qué querrían capturar al mejor amigo de su hermano? ¿Qué tendría ese inútil que ver con nada de ellos? Sólo era un chulito que jugaba al quidditch, nada más. Sin embargo vio que a la mayoría no les importaba, pues acababan de mencionar a alguien muy odiado entre los slytherins. Sólo notó su misma extrañeza en Dulcy Yexter, con quien coincidió en una mirada confusa. Los demás no vieron ni quisieron ver nada raro en eso.

- Os repito: Si le veis, avisad a alguno de los nuestros y señaladle; ellos se encargaran de dejarle fuera de juego. Le necesitamos vivo, y queremos que no se sepa que le hemos capturado hasta que haya pasado el caos y hagan un recuento de alumnos, ¿está claro?

- ¿En qué consistirá la forma de provocar caos? –preguntó Amycus Carrow con una sonrisa ansiosa, como si no viera el momento de empezar-.

- Explosiones, ataques, desorden... Me da igual cómo lo hagáis, si queréis tirar a matar hacedlo, siempre y cuando no sea a Potter. Insisto en que debe quedar vivo.

La multitud asintió comprendiendo, y cuando comenzaron a colocarles en los distintos grupos, escuchó que Mulciber le decía a Avery:

- Me parece que podremos matar a una sangre sucia si encontramos nosotros a Potter.

Su amigo se rió, y le dio una palmada a Snape para que se riera también, pero este no lo hizo. Había vuelto a adquirir esa expresión indescifrable. Regulus vio que Aleto Carrow y Dulcy Yexter eran mandadas al grupo de Rodolphus, quien las dio unas pequeñas instrucciones antes de volver a ignorarlas. ¿Dónde quedaría él? Tenía el corazón a mil por hora.

- ¿Estás bien, muchacho? –le preguntó de repente Rabastan Lestrange posicionándose a su lado-. Pareces nervioso.

Regulus observó la expresión del cuñado de su prima, con quien siempre sintió la afinidad de ser ambos el hermano pequeño e insignificante. Le miraba con ojo crítico, como si viera algo de lo que los demás no se hubieran percatado.

- Supongo que sólo es la tensión antes de la acción –dijo intentando mantener el tono de voz e ignorando el nudo que le crecía en la garganta según avanzaban los minutos-.

Rabastan frunció más el ceño.

- ¿No estarás dudando, verdad Regulus? No te habrá convencido nadie de que nos dejes...

- ¿Quién iba a hacerlo? –preguntó Regulus inocentemente, intentando dejar claro que no estaba dudando en ningún momento, aunque quizá sí lo estaba haciendo-.

Parecía que este le iba a responder seriamente, pero en ese momento la voz de Bellatrix se elevó sobre las demás.

- ¡Regulus, conmigo!

Rabastan le empujó en dirección a su prima, y Regulus consiguió no trastabillar al acercarse dudosamente a ella. Creía que Malfoy era el que estaba haciendo el reparto de grupos, pero aparte de una expresión furiosa, el marido de su prima Cissy no dijo nada que negara esa orden. Se puso al lado de su prima, y vio cómo los demás eran coordinados en grupos distintos, aunque no lograba imaginar para qué querrían la ayuda de los alumnos en ese ataque, y después los dispersaban.

- Regulus escúchame –susurró Bellatrix mirando aún al frente, intentando parecer que no mantenían una conversación-. Hay algo que tienes que hacer hoy, más importante que cualquier cosa que hayas oído. Déjame a mi con el caos y ocúpate de lo que voy a decirte.

Regulus miró a ambos lados para asegurarse de que nadie estaba tan cerca de ellos como para escuchar la conversación, y susurró:

- ¿De qué hablas?

Bellatrix se limitó a pasarle un pequeño objeto a la mano, por detrás de su túnica. No lo vio, pero al cogerlo notó que era una especie de cubo muy pesado hecho de un material frío.

- ¿Qué...?

- Lo envía tu madre –le explicó su prima adelantándose a su pregunta-. Es el blasón de los Black.

- ¿Y qué se supone que debo hacer con ello?

- Bueno... Ya sabes, Regulus, que hasta los más ancestrales y grandes árboles tienen ramas podridas. En la historia de nuestra familia hemos podado esas ramas cada vez que han molestado, y ahora te toca a ti. Hay un miembro expulsado de nuestra familia que aún no ha sido debidamente castigado, y que se encontrará hoy aquí.

Regulus aguantó la respiración unos segundos al entenderlo. Hablaban de Sirius pero, ¿qué quería decir? Su confusa mente no llegaba a procesar por completo la información.

- Tu madre te pide, y el honor a tu familia te exige, que seas tú el que limpie de nuevo el nombre de los Black. Asegúrate de encontrarle, y no le dejes marchar. Es tu misión, recuerda que ya te enseñé a matar. Una vez hayas acabado con él, grábale el blasón de nuestra familia en la frente para que todos sepan qué ocurre cuando se desafía a un Black.

Oh, por Merlín. Eso era aún más de lo que se esperaba. Con el estómago encogido, Regulus apretó con fuerza el blasón, y tragó saliva.

OO-oOo-OO

¡Se acabó aquí! Me va a caer la bronca por dejarlo en lo mejor, pero os aseguro que el capítulo que viene será... ¡alucinante! Ya véis, la batalla se traslada a Hogsmeade y ahora Voldemort se las da contra estudiantes, cosa tan cobarde como él. De momento parece que sólo irán a Hogsmeade Lily, James y Sirius. ¿Se apuntará alguien más? ¿Conseguirán capturar a James? ¿Será capaz Regulus de intentar matar a Sirius, o debemos agradecer que aún tenemos a nuestro morenazo a una casualidad del destino? No olvidéis que en Hogwarts no habrá nadie a salvo tampoco. Con Greyback suelto y pudiendo elegir a sus víctimas...

En fin, no quiero ser mala, ni cruel, ni nada. Pero ya sabéis que no me duelen prendas a la hora de escribir algo duro, y este es un capítulo que tengo pensado desde que empecé el fic, por lo que también tengo planeado lo que pasará. Os adelanto que por lo menos habrá una muerte importante en el grupo. Haced apuestas y no me matéis.

Intentaré no tardar demasiado, ¡prometido! Un besazo a todos y hasta dentro de poco.

"TRAVESURA REALIZADA"

Eva.