-La historia es de mi completa autoria más esta ligeramente basada en la segunda temporada de la serie "Kósem La Sultana" producida por Timur Savci y ahora protagonizada por Nurgül Yeşilçay (Sultana Kösem) y Metin Akdülger (Sultan Murad IV). Los personajes son propiedad de Masashi Kishimoto, más su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta para la dramatización de la historia.


Capítulo 29

-Sasuke, por favor- pidió Sakura de forma insistente.

-No, Sakura, aquí hay comida suficiente para un regimiento- aclaro el Uchiha, por si para ella no era lo bastante obvio, -no puedes pedirme que coma todo esto- se defendió Sasuke.

-Estuviste una semana enfermo, tienes que comer- protesto Sakura acercándole la cuchara, ante lo cual el Uchiha se alejó inmediatamente. -Sasuke, abre la boca- ordeno la Haseki.

Por más que quisiera protestar, Sasuke sabía muy bien que de nada le serviría. Si, indiscutiblemente era el Sultan del mundo y gozaba de poder y autoridad ilimitada, pero gobernar su propia salud, estando su esposa presente…eso era absolutamente imposible, y tampoco es como si pensase en resistirse por más tiempo, pero disfrutar de un momento de normalidad tras tantos problemas era su único sentir egoísta en aquellas circunstancias y quería disfrutar sinceramente de ello.

-Está bien, pero con una condición- puntualizo el Uchiha.

Sakura asintió antes de que él le señalara el plato que contenía el postre, aceptaba comer todo cuanto ella exigiera, pero solo si ella comía también. La había visto pegada a él desde el amanecer, sin probar bocado alguno, y por más agradecido que estuviera por su preocupación, no iba a permitir que ella se descuidase a si misma de ninguna forma. Ciertamente él tenía razón, descuidarse a sí misma no era algo que pudiera hacer ya que su hija Hanan aun era muy pequeña y dependía totalmente de ella, pero tanto por sí misma como por él es que hubo aceptado aquella "condición".

-Bien- sonrió Sakura.

Intentando no reír, Sasuke accedió a sus órdenes, teniendo que comer pese a que comenzase a sentirse satisfecho, pero observándola atentamente a ella que de igual modo lo ayudo a intentar consumir el postre que se encontraba sobre la bandeja, ¿y cómo no? Ella era una aficionada por las fresas y Karui gentilmente y pensando en ella precisamente había enviado un delicioso postre de fresas con crema. Sasuke no pudo evitar observarla divertido, podían haber pasado años desde su llegada al Palacio, pero ella en el fondo seguía siendo la misma, por ello era diferente de todos, ella no había cambiado su esencia, su inocencia seguía ahí. El repentino eco de golpes contra la puerta rompió con el aire tan ameno entre ambos.

-Adelante- indico la Haseki, limpiándose con la servilleta.

Podían haber pasado un par de horas, mas era sabido por todos que las noticias comenzaban a correr pronto por el Palacio y el hecho de que el Sultan estuviera recuperado y despierto era de suma importancia, haciendo que todo el mundo ya comenzara a hablar de ello de viva voz. Si bien la Sultana Sakura se había empeñado en encargarse personalmente de que su esposo recuperase sus fuerzas tan rápidamente como fuera posible, su medida de protección no había impedido que sus hijas e hijos fueran conocedores de la recuperación de su padre, acudiendo a sus aposentos tan prontamente como les resulto posible luego de la reunión del Consejo a la cual—separadamente—habían asistido como debían. Mediante los dos fornidos jenízaros en el exterior, las puertas se hubieron abierto inmediatamente bajo las órdenes de la Haseki que, al igual que el Sultan, hubo observado la pronta aparición de sus hijos e hijas, así como de sus Pashas y Visires de mayor confianza; Kakashi, Konohamaru y Boruto.

-Padre- reverencio Sarada sonriendo radiantemente, -la mayor alegría que podíamos recibir llega a nosotros, Kami mediante no nos harás pasar otro susto así- oro la Uchiha sinceramente, sin dejar de sentirse alegre al volver a ver a su padre totalmente recuperado.

Habiendo abandonado el luto por completo, Sarada relucía sin lugar a dudas, como la rosa albana que era, con su largo cabello azabache cayendo en cadenciosos rizos tras su espalda, adornado por una sencilla corona de oro en forma de espinas con un dije en forma de corazón, que caía sobre la coronilla, con un diamante dorado en el centro en forma de lagrima a imagen de aquellas que ribeteaban la hermosa estructura de oro, complementada por un par de pendientes de oro y cristal en forma de lagrima. Su esbelta figura se encontraba ataviada por un estricto aunque hermoso vestido azul claro de escote corazón y mangas ajustadas que tenía sobre si una chaqueta superior de cuello alto hecho de encaje de seda azul, abierto en un escote en V cuya tela se encontraba plagada de bordados en hilo de oro, permaneciendo en los costados y manteniendo un margen tanto elegante como especifico.

De pie a su lado se encontraba Shina, luciendo unas espectaculares galas rosa crema bordadas en oro para emular tanto flores de cerezo como el solemne emblema Imperial de los Uchiha, de escore en V, bajo el busto, y mangas holgadas, abiertas frontalmente a la altura de los hombros y abierta bajo el vientre para exponer parte del vestido inferior, color rosa suave, de escote cuadrado y alto, así como de mangas ajustadas. Alrededor de su largo cuello se encontrada una fina cadena de plata con un dije con una base en forma de lagrima y sobre la base de hallaba un diamante ámbar en su centro a imagen de un par de largos pendientes. Su largo cabello rubio castaño se encontraba elegantemente recogido tras sus nuca, exponiendo su cuello y realzado por una prominente corona de tipo casquete, hecha de oro para conformar una compleja estructura decorada con diamantes, citrinos y piedras de ámbar.

Con su creciente poder y autoridad innata, Mikoto se encontraba junto a sus dos hermanas, vistiendo unas sencillas galas granate de escote ligeramente entre cuadrado y redondo, con seis botones de rubí en caída vertical hasta la altura del vientre y mangas ajustadas, teniendo superpuesto un bolero de cuello alto, mangas largas y ajustadas, y marcadas hombreras, bordado en plata en su totalidad y abierto para marcar un margen entre los costados y el centro del corpiño. Su largo cabello rosado se encontraba recogido en una coleta ladina que caía sobre su hombro izquierdo, adornado por una soberbia corona de oro decorada con diamantes, rubíes y granates que complementaban un par de largos pendientes de cuna de oro con un rubí en el centro.

Igual de feliz que sus hermanas, más participe de la habitual incertidumbre que reinaba el ambiente, más nervioso e inocente, Shisui vestía un simple Kaftan azul oscuro de mangas hasta los codos y marcadas hombreras, de cuello alto y decorado en el pecho con una seguidilla de botones y cadenas de plata, el Kaftan se encontraba fijo a su cuerpo por un fajín azul oscuro de igual color que la túnica bajo el Kaftan, de mangas largas y ajustadas a sus muñecas, con un par de pesadas botas de cuero bajo su atuendo.

Pero si alguien llamaba la atención por la elegancia y magnanimidad que empleaba, ese era Daisuke sin lugar a dudas ya que, bajo sus nuevas responsabilidades, debía de representar a su padre, actuar y vestir como si ya fuese un Sultan, y Sasuke debía de admitir que lo enorgullecía enormemente ver que su hijo finalmente tomaba conciencia de la labor a la que, Kami mediante, estaría destinado en el futuro. Habiendo asistido a la reunión del Consejo Real, el Príncipe de la Corona seguía vistiendo los usares propios de un Sultan mediante un espléndido Kaftan color negro, de cuello alto y mangas hasta los codos—con marcadas hombreras—por sobre una sencilla túnica de mangas ajustadas. El centro del pecho se encontraba decorado por una seguidilla de botones de oro y diamantes enlazados mediante gruesas líneas de hilo de oro hasta la altura del abdomen donde un fajín apegaba el conjunto a su cuerpo. Los costados de pecho, y la tela—que obstaculizaba parcialmente la visión de las pesadas botas de cuero que usaba—así como las mangas hasta los codos, estaban plagadas de bordados de hilo de oro a excepción de las mangas posteriores tras los hombros y que oscilaban a los lados de sus brazos. Realmente ya parecía ser un Sultan.

-Amen- secundo Sakura, sonriendo de igual modo.

-Kami mediante- acepto Sasuke. -Espero que en mi ausencia no se hayan dedicado a la vagancia- bromeo el Uchiha.

-En lo absoluto, padre, ¿Cómo podríamos?- cuestiono Sarada, sin dejar de sonreír. -Si tu no estas es nuestra madre quien esta hasta el cuello de deberes- admitió la Uchiha sin ser ni demasiado bromista ni demasiado sincera.

-¿Acaso es algo nuevo?- cuestiono Sakura, sonriendo.

No era necesario aludir lo que para todo el mundo debía de ser evidente; no era una mujer que se quedara de brazos cruzados, no podía permitir que las cosas sucedieran y ya, sabía que debía de intervenir cuando consideraba que algo era erróneo o injusto, y tenía autoridad para hacerlo, así que…si, siempre tenía cosas que hacer, tanto con sus deberes como máxima autoridad femenil en el Palacio y el Imperio como una fuerza política en quien confiar, sin importar lo que pasara.

-Lo que Sarada intenta decir, sin éxito- acoto Shina, burlándose de su hermana que se fingió ofendida, -es que en tu ausencia nuestra madre es el único hombre en el Palacio- bromeo la Sultana, aunque no del todo.

-Exageran- protesto la Haseki, intentando no reír, -no les creas- pidió Sakura, sinceramente.

-Yo decidiré que creer, gracias- alego Sasuke.

Provenía de una sociedad tremendamente machista en que sabía debía de impedir que su esposa formase parte de la política o tomase decisiones de carácter importante, pero no podía hacer eso porque no formaba parte de sus creencias y porque ella tenía un talento innato para la gobernanza, y porque nadie velaba por la paz como ella, nadie era tan respetada o respetado en el Imperio, mereciendo ser admirada e idolatrada por todos a su alrededor.

-Pero afortunadamente todos colaboramos- garantizo Mikoto, serenamente, -aun así no te tomes las cosas a pecho, padre- pidió la pelirosa ya que su padre seguramente comenzaría a lamentar estar ausente de tantas decisiones importantes y asuntos de estado, -Daisuke será un magnifico Sultan, puedes estar seguro- Mikoto le sonrió a su hermano que bajo ligeramente la mirada, abrumado por sus elogios.

-Eso escuche- menciono Sasuke, clavando su mirada en su hijo mayor.

-Solo hice lo que creí que tu habrías hecho, padre- se defendió Daisuke, temiendo la opinión que su padre pudiese tener al respecto, -además, todo paso por mi madre antes que por cualquiera de los Visires o Pashas- prometió el Uchiha, sonriéndole levemente a su madre que le sonrió como respuesta, absolutamente orgullosa de él y de todo el respeto que había logrado en aquella larguísima semana.

-En ese caso todo está bien- acepto Sasuke, con fingida severidad. El repentino eco de golpes contra las puertas volvió a irrumpir sorpresivamente en el ambiente. -Adelante- indico el Sultan.

Tal vez tuviese sus propias responsabilidades que atender, en su propio Palacio; verse hermosa, sonreír y planear su día a día, esperando que Mitsuki le trajese novedades del Palacio Imperial, pero apenas y Mitsuki le había enviado una carta diciéndole que el Sultan estaba recuperado…Izumi no hubo dudado ni un segundo en viajar al Palacio Imperial y reunirse con su esposo tras la reunión del Consejo Real, acudiendo a los aposentos de su padre. Apenas se hubieron abierto las puertas, tanto ella como Mitsuki hubieron reverenciado debidamente tanto al Sultan como a la Sultana Haseki, —al menos Izumi—así como a las demás Sultanas y Príncipes Presentes.

-Padre, vine tan pronto como pude- se excusó Izumi, ocupando se debido lugar, de pie junto a su hermano Shisui. -Estaba muy preocupada- admitió la pelicastaña.

La Sultana se encontraba enfundada en un modesto pero elegante vestido gris-aguamarina, plagado de estampados mantequilla claro y bordado en hilo cobrizo, de escote redondo formado por una especie de grueso cuello que igualmente funcionaba a modo de hombreras por sobre las mangas ajustadas. Bajo el escote, tres botones de oro y diamante descendían hasta la altura del busto, bajo el cual se encontraba un fajín aguamarina que acentuaba su figura. Su largo cabello castaño se encontraba peinado en una trenza que caía sobre su hombro derecho, adornado por una diadema de oro y jade en forma de capullos de rosa, complementando una sencilla cadena de plata con un diminuto dije de diamante en forma de lágrima a imagen de los pequeños pendientes que usaba.

-Ha pasado tiempo, Izumi- saludo Sasuke escasamente.

Hubiera sido de lo más agradable sostener una amena conversación, pero apenas Izumi hubo entrado el aire adquirió un matiz enormemente tenso e involuntario ante la presencia de ella, Sarada y Boruto, por no decir de Mitsuki. Allí había un problema, sin importar que se quisiera ocultar, pero por el bien de todos-así como del Imperio-no podían dejar que eso continuara afectando sus vidas.

Naoko entro a sus aposentos luego de haberse encargado de que sus planes y habitual modo de actuar siguieran su curso esperado. Se había reunido con Kisame Hoshigaki Pasha apenas y hubo escuchado que la reunión del Consejo había terminado, la recuperación del Sultan era algo positivo ya que si Daisuke no seguía en la cima del poder, Sakura dejaría de poder ejercer facultades de Madre Sultana. Era increíble que Sakura se hubiera atrevido a nombrar a su hijo como heredero del Imperio, por no hablar de que ahora la ponía en desventaja y limitaba sus acciones, ya no podía intentar llevar a su hijo al trono, o no mientras Daisuke siguiera vivo, pero esta vez debía ser mucho más cuidadosa antes de ejecutar algún movimiento.

Los tiempos eran muy difíciles.


La ambiciosa Sultana portaba un sencillo vestido negro de mangas ajustadas y escote alto, redondo, con dos botones de oro en caída vertical bajo un chaqueta superior de seda dorada bordada en hilo cobrizo, escote en V que conformaba un marcado cuello color negro que funcionaba como hombreras, y cerrada por cuatro botones hasta a la altura del vientre. Su cabello negro se encontraba recogido elegantemente tras su nuca, —adornado por una magnifica corona de oro, diamantes y citrinos que brillaban contra la luz—realzando aún más la gargantilla de oro, diamantes y dijes de piezas de oro alrededor de cuello.

Para sorpresa y confusión de Naoko, en lugar de encontrarse junto a sus hermanos y en presencia del Sultan, Rai se encontraba sentando distraídamente sobre el diván junto a la ventana, observando sin mayor interés el exterior que se mostraba impecable ante el hermoso día que tenía lugar. Perdido en sus propias divagaciones, personales, el Príncipe lucía un impecable Kaftan azul metálico, de cuello alto y mangas ajustadas, con marcadas hombreras y un fajín de seda a juego, afianzándolo a su cuerpo y decorado superficialmente por dos prominentes broches de oro que emulaban el emblema Imperial, los costados del pecho y la tela, así como las mangas, estaban bordados en hilo de oro en un patrón inentendible pero absolutamente elegante así como los seis botones de diamante que iban verticalmente desde el cuello al abdomen.

-Hijo, ¿No fuiste a ver al Sultan?- Naoko tomo asiento junto a su hijo que negó únicamente, como respuesta. -Todos tus hermanos están ahí, deberías ir- sugirió la Sultana.

-Esperare a que las cosas se tranquilicen, madre- aclaro Rai que no se sentía de ánimo como para celebrar como sus hermanos, pero no porque no estuviera feliz por la recuperación de su padre, todo lo contrario, pero tenía mucho en que pensar, mucho que aceptar, -los ánimos están demasiado agitados- justifico el Príncipe.

No quería admitirlo verbalmente pero comenzaba a ser consciente de las intrigas que su madre entretejía a conciencia, había dado con documentos de puño y letra de ella que atestiguaban tal cosa, su deseo era ver feliz a su familia, a su padre y a la Sultana Sakura a quien bien consideraba su madre de igual modo, pero ambicionar poder no entraba en lo absoluto en sus creencias ni en su modo de actuar, no podía imaginarse al mando del Imperio, no llegaba a considerar siquiera la posibilidad de ser Sultan algún día. Difería enormemente de su madre y su manera de pensar.

-¿Te sucede algo, Rai? Llevo viéndote muy meditativo este último tiempo- se preocupó Naoko, sinceramente.

-He tenido cosas en que pensar- contesto Rai escuetamente.

-¿Qué cosas?- indago Naoko con incertidumbre, sintiendo un extraño escalofrió ante las palabras de su hijo. -Rai, contéstame, hijo- pidió la Sultana, temiendo lo que él pudiera decirle.

No tenía idea de porqué, pero un extraño sentir se hubo concentrado en su pecho, temiendo repentinamente que su hijo pudiera pensar negativamente sobre su persona, temiendo perder su amor u ofenderlo de alguna forma, Rai era todo cuanto tenía en el mundo, su bien más preciado, su amor y su existencia, y era precisamente por ello que se esforzaba en intentar llegar a la cima, porque el poder era el medio de salvación para ambos, era la garantía de un futuro seguro y ameno para ambos, pero especialmente para él, si él era Sultan nadie se atrevería a lastimarlo, ella se encargaría de que eso fuese así.

-Madre, muchos en este Imperio, entre ellos mis hermanos y hermanas, desconfían de ti- señaló el Príncipe, evidenciando aquello que era obvio para todo el mundo, y para él especialmente, -¿Tengo motivos para hacerlo yo?- inquirió Rai, disimulando su interés sobre esto.

-No te comprendo, hijo- manifestó Naoko, confundida ante aquella incógnita.

-Lo preguntare directamente, ¿Tuviste algo que ver con la muerte de Kagami?- cuestiono Rai sin más titubeos, deseando saber si es que su madre seria capaz de decirle la verdad a la cara o si sería descaradamente falsa.

-Rai, me ofende que pienses eso- se sinceró Naoko, expresando lo dolida que se sentía ante aquella pregunta, sin importar que fuese cierta, porque era su hijo quien dudaba de su criterio y de su porque para hacer algo, -¿Por qué lo haría?- inquirió la Sultana, intentando ocultar su responsabilidad en aquello que era cierto.

-Yo no estoy afirmando nada, madre, solo pregunto- se defendió Rai, reafirmando lo que no quería aceptar, que su madre era a quien debía de temer, no a su padre o a la Sultana Sakura. -Únicamente una Sultana podría hacer algo así, su influencia lo permite- aclaro el Príncipe con lógica.

Claro que tenia culpa en el asunto y-en privado-lo admitirá sin ningún problema, pero su hijo no tenía porque se conocedor de tal cosa, no quería involucrarlo en las intrigas y anarquía que podía reinar, más la intrigaba como es que esas ideas habían llegado a su cabeza sin que ella permitiese cabida a las dudas que él se planteaba. No le extrañaría enterarse que la responsable de sembrar la discordia no fuese otra que Sakura, más aun no podía ni debía dar nada por sentado, no hasta estar segura de ello.

-La Sultana Sakura ha estado confundiéndote, ¿no?- supuso Naoko, furiosa de que Sakura insistiera en meterse en la vida de su hijo. No tenía porque, era su hijo, no de ella, -Rai, no debes escucharla, ella quiere ponerte en mi contra y en contra del Sultan- advirtió la Sultana, acariciando el rostro de su hijo que frunció ligeramente el ceño ante su conclusión, -para ella eres un obstáculo, siempre lo has sido, ella es el enemigo, no yo- recordó Naoko, con voz serena y conciliadora.

Rai asintió falsamente, intentando fingir que todo estaba bien. Pero no era así. Su madre era la amenaza con que tenía que lidiar el Imperio, y todo era por su culpa, si él no existiera nadie podría intentar derrocar a su parte o anteponerlo como el mejor heredero posible, no quería el trono, solo quería ser feliz con su familia y vivir en paz, pero su madre no pensaba lo mismo. Tenía que evitar que esas ambiciones se realizaran o de lo contrario el Imperio sufriría un colapso interno y no podían volver a los días de conflicto y guerra civil, el igualmente recordaba lo hecho por Mei, Rin y Obito.

Eso no podía volver a ocurrir.


Los jenízaros cerraron las puertas apenas y vieron a las Sultanas y a los Príncipes hacer abandono de la habitación mientras que Kakashi, Konohamaru, Boruto y Mitsuki permanecían en el interior, informando al Sultan sobre los recientes nombramientos y las decisiones de importancia que habían sido cumplidas y ejercidas con absoluta presteza por parte de Daisuke, ahora formalmente declarado como Príncipe Heredero del Imperio. El aire presente era frio e Izumi no pensaba siquiera en mantenerse al margen del resto de su familia, pero el repentino y abrupto tacto de Sarada sobre su hombro la hizo retroceder y desdeñar su presencia.

-Suéltame- gruño Izumi, duramente.

-Izumi, espera- pidió Sarada, ignorando el puñal que se clavaba en su corazón ante este gesto despreciativo, -es importante, hay algo que tenemos que hablar, todos- señalo la Uchiha, observando a sus hermanos y hermanas que asistieron en son.

No teniendo otro remedio, Izumi bufo interiormente para sí misma antes de indicarles a sus hermanos y hermanas que se explicaran, puede que Mitsuki la hubiera mantenido al tanto de muchas cosas, pero lo que sea que ellos pretendían decirle debía de ser importante como para que-fuera de los aposentos del Sultan-se reunieran a hablar en calidad de algo totalmente imperativo de conocer, por ella al menos.

-Sabemos quién esta tras la muerte de Kagami- informo Mikoto.

-¿Y de Midoriko, Sasuke y Mikoto?- inquirió Izumi inmediatamente, no dejándose entorpecer por la sorpresa.

-Temo que no, aparentemente se trataba de individuos diferentes- mintió Shina, cumpliendo su voto secreto de no infringirle un sufrimiento indebido a su hermano Daisuke, -pero quien esta tras esto es Naoko- detallo la Sultana.

-¿Y por qué no han hecho nada?- cuestiono Izumi, reprendiéndose ante el tono de voz que había empleado, no deseando ofender a sus hermanos en realidad sino que todo lo contrario.

-No es tan fácil- acoto Daisuke, -la política se trata de verdades y mentiras, tenemos un testimonio, pero sin al menos un documento escrito de puño y letra por Naoko que acredite su culpabilidad…- el Uchiha bufo abiertamente, igual de frustrado con la situación, no pudiendo remediar la injusta muerte de otro de sus hermanos, esta vez por causa de Naoko, -no tenemos nada- aclaro Daisuke.

La realidad era esa, por más que más de alguno de ellos quisiera romper con el protocoló y actuar…las leyes estipulaban otra cosa y para demostrar que eran justos debían de ser ecuánimes en sus decisiones, las leyes y estatutos del Imperio existían por una razón, no era como derogar la ley del fratricidio que efectivamente era injusta, -bajo ciertos causales-esto era algo totalmente diferente, más igualmente polémico y discutible de tratar con respecto a la situación.

-¿Qué puedo hacer?- consulto Izumi, esperando poder ayudar.

-Pues por ahora solo te informamos- declaro Sarada para frustración de Izumi que hubiera preferido no escucharla, pero sabía que debía de hacerlo, al fin y al cabo debían intentar dejar las rencillas atrás por el bien el Imperio y su familia como tal, -debemos de tener ojos y oídos en todas partes, quizá sería bueno que permanecieras en tu Palacio, hasta que las cosas se solucionen- sugirió la Uchiha, preocupada por el bienestar de su hermana, como debía ser.

-Sarada tiene razón, aquí no estás segura- menciono Shisui, observando a su hermana que no sabía si creer en ello o no.

-Ninguno lo está- equilibro Mikoto, sabiendo que es lo que Izumi estaba pensando, -pero nosotras debemos de quedarnos- justifico la pelirosa ya que ella, Shina y Sarada conformaban la mayor consonancia política había y por haber.

Era difícil lidiar con la diferencia de edades que había entre ella y sus hermanas, así como esa experiencia de vida de la que carecía, comparada con ellas. Más Izumi sabia por ahora su mayor prioridad era protegerse a sí misma y a Mitsuki, de una u otra forma en algún momento se integraría al mundo de las intrigas y política, como sus hermanas, pero ese momento no era ahora exactamente, ahora su prioridad así como la de sus hermanos y hermanas era intentar sobrevivir y no caer ante sus enemigos, como ya le había sucedido a Kagami, a Midoriko y a sus pequeños hijos.

-Eso hare- acepto Izumi finalmente.

Irrumpiendo en el breve silencio, -de menos de un segundo-que hubo surgido tras la conversación, las puertas se abrieron repentinamente por obra de los jenízaros, permitiendo la aparición de los cuatro Pashas que, aparentemente, ya habían informado al Sultan de todo cuanto necesitase saber, más ahora tenían otro asunto del que encargarse, algo igual o más importante incluso; la supervivencia y seguridad de sus esposas, de los Príncipes y el Sultanato, así como del Imperio.

-¿Pudieron averiguar algo?- indago Mikoto inmediatamente

-Lastimeramente no- suspiro Kakashi sonoramente.

-Kisame es muy inteligente y cauto, evidentemente sabe los pasos que está dando- justifico Boruto, nada conforme al verse en una encrucijada y no sabiendo cómo obtener más información.

-En ese caso habremos de tener igual precaución- adjudico Daisuke, pensando en el bienestar de sus hermanas y hermanos, tanto Shisui como Rai, -incluso de lo que comemos o bebemos- añadió el Uchiha ya que no se podía vivir tranquilamente como habían hecho anteriormente.

-No es tan fácil hacerlo- murmuro Shisui con su habitual negatividad.

No tenían demasiados medios con los que contar, a decir verdad, si importar que gozasen de poder y autoridad incuestionable tanto por nacimiento, -en el caso de las Sultanas y Príncipes-como por matrimonio, -en el caso de los Pashas-pero de todas formas debía de haber algo que se pudiese hacer, un medio con el cual obtener información o, al menos, conseguir interrogar a alguien, y puede que Mitsuki tuviera una ligera idea de que hacer o como proceder.

-Boruto, fuiste Hasoda Basi del Sultan- menciono Mitsuki ante lo cual el Uzumaki asintió inmediatamente, no entendiendo el porqué de la alusión, -¿No tenías un registro detallado del personal de las Sultanas?- inquirió el Pasha.

-Si, aun lo tengo- asintió Boruto velozmente, comprendiendo el por qué para esa incidencia.

-Podríamos partir por ahí- sugirió Mitsuki, procediendo a explicar su idea, -si sabemos nombres, al menos podríamos saber quiénes asisten a la Sultana Naoko- expreso el Pasha.

-Y así saber con quienes tratamos- dedujo Mikoto.

Si querían ganar esa guerra que tenía lugar ante la atenta vista de los muros del Palacio, debían de dejar atrás la compasión ser tan crueles como fuera necesario, la compasión o clemencia no podía tener lugar, tal vez ese era el mayor valor que deberían mantener y lo harían, pero eso no significaba que no pudiesen preferir otro sentir en aquellos momentos de necesidad. Debían establecer muy bien sus prioridades si querían vencer, no solo a Naoko sino que a todos los enemigos que tuvieran o pudieran surgir en el futuro.


Ante tamaña escala de divagaciones y asuntos que tatar, resultaba revitalizante y ameno que la noche se hubiera cernido sobre el Palacio Imperial, así como sobre sus habitantes. El Palacio no era para nada aquello que representaba, era un caos interminable de ideas y pensamientos que—desde su creación por orden del Sultan Itachi II, llamado célebremente como "el Conquistador". Para Sakura, que observaba la serenidad y penumbras nocturnas, así como las estrellas y la luna que decoraban el cielo, —vistiendo únicamente un modesto camisón crema de escote corazón, ligeramente decorado con encaje en el borde y de mangas holgadas—calmando sus propios pensamientos ante esa visión.

Había tomado la indisoluble decisión de no contarle a Sasuke la verdad que ahora conocían de Naoko y su completa culpabilidad sobre a muerte de Kagami, ¿La razón? Sasuke apenas y estaba convaleciente, no quería abrumarlo con cuestiones de tanta importancia, deseaba que se recuperarse debidamente y eso incluía alejarlo de las preocupaciones palaciegas hasta estar segura de que estaba lo bastante bien como para ejercer políticamente omo Sultan, volviendo a reunirse con los Pashas. Podía parecer posesivo por su parte decidir tal cosa, pero Sasuke era el centro de su vida, así había sido desde la muerte de sus padres, estaría sola en el mundo de no ser por él y sus hijos, así que encargarse de todos los asuntos aquella tarde, permitiéndole a él dormir para recuperar sus fuerzas no era una decisión de la que arrepentirse sino que todo lo contrario.

Estaba dispuesta a ejercer de Regente si hacía falta, todo con tal de protegerlo a él y a su familia, ellos eran su guía y su todo y sin ellos volvería a ser la plebeya griega, huérfana de padres y que había perdido a su hermanita y su libertad al ser traída al Palacio, no quería volver a ser una víctima del destino y sus juegos, más no podía afirmar que eso no volviese a pasar en algún momento, la providencia no era controlable, ni el destino.

Sabía que su carga era enorme, personalmente, mucho más grande que la que cualquier otra Sultana hubiera tenido antes que ella; la Sultana Kaede-esposa del Sultan Hashirama-había cargado con la muerte de su hijo, el príncipe Shijima, la Sultana Kaoru-esposa del Sultan Tobirama-había sido oprimida por causa de la Sultana Kaori, la hija del Sultan Hashirama, quien nunca le había permitido ser Madre Sultana como tal, luego siendo igualmente eclipsada por causa de la Sultana Mito. Suspirando sonoramente, para sí misma, Sakura se alejó finalmente del balcón, abrazándose a si misma ante el frio aire nocturno mientras regresaba al interior de la habitación, con la mirada baja y pendiente de su propio andar, no percatándose en lo absoluto de Sasuke que la observaba atentamente.

-Sakura- llamo el Uchiha.

Pese a escuchar la voz de Sasuke tan repentinamente, Sakura no se permitió sobresaltarse, levantado su preocupada mirada hacia él ante esto, temiendo que su regreso a la habitación hubiese provocado eco o sonido alguno que hubiese irrumpido en el sueño que él había disfrutado con anterioridad. No había prioridad mayor para ella, en aquellos días, que velar porque Sasuke se recuperase completamente y no dejaría que nada ni nadie impidiera que eso sucediera según su criterio.

-¿Te desperté?- consulto Sakura, temiendo que fuese así.

-No, llevo unos diez minutos despierto- tranquilizo Sasuke, indicándole que se sentara su lado, -¿Qué hacías?- indago el Uchiha, entrelazando prontamente su mano con la de ella apenas y la hubo tenido cerca.

-Estaba pensando- aclaro la Haseki, aun ligeramente sumergida en sus pensamientos.

-Últimamente pareces hacerlo mucho- bromeo Sasuke.

-Siempre lo hago- se defendió Sakura, apretando los labios con fingida seriedad, procediendo a recostarse a su lado, recargando su cabeza sobre el pecho de él que envolvió su brazo alrededor de su cintura. -Hay algo que no te he dicho y que me gustaría que sucediese- inicio la Haseki con un tono de voz moderado y sereno, pese a que aquello que desease comunicar no fuese algo tan prioritario. -Como ya sabes, Daisuke ahora es absolutamente el Príncipe de la corona- menciono Sakura ante lo cual Sasuke asintió, procesando sus palabras, -y al no tener hijos creo que otros podrían intentar atacarlo directamente- comento la Haseki, pensando en la seguridad de su hijo, lo cual era su mayor preocupación; el bienestar de Sasuke, de sus hijos, de sus hijas y sus nietos.

-¿Qué sugieres?- inquirió Sasuke, deseando saber su opinión al respecto ya que ella, a diferencia de todo el mundo, le era absolutamente leal y tenía un juicio imparcial.

Habitualmente tenía que tratar, como Sultan, con múltiples personas de entre quienes apenas 1/10 eran realmente honestos y aun así…no del todo, pero si había alguien que se interesase en los asuntos de estado, que participase en política y fuese leal a él, que siempre le fuera honesta y servicial, esa sin lugar a dudas era Sakura, por ello era diferente del resto del mundo, porque su inocencia y lealtad permanecían aun cuando el resto del mundo se estuviera viniendo abajo, ella jamás podría llegar siquiera a oponerse a sus decisiones, siempre estaba a su lado, sin importar lo que pasara.

-Daisuke emancipo a Aratani- comunico Sakura para sorpresa de Sasuke que la observo con incredulidad, -y ya que ella ha cumplido diligentemente con su papel, considero apropiado que entre oficialmente a la familia Imperial, como novia-puntualizo la Haseki con una sonrisa.

Aratani ya era una mujer libre y como tal merecía tener ese privilegio, su lealtad y continuo apoyo la hacían alguien de absoluta confianza, por no decir que-absolutamente-nunca sería una amenaza sino que todo lo contrario y hallar a alguien así en la historia del Imperio merecía celebrarse debidamente, además Aratani recientemente se había enterado de algo que los beneficiaria a todos y que si bien se había mantenido oculto…no seguiría permaneciendo así por mucho tiempo, comenzaría a notarse naturalmente y antes de que eso sucediera…Sakura quería que Aratani gozara de una situación segura y de poder político, que supiera y pudiera defenderse a vista y paciencia de todos, como ella igualmente había hecho en su día.

-Ciertamente me sorprende esta decisión por parte de Daisuke- admitió Sasuke, aun sumamente sorprendido y asimilando este hecho, -jamás creía que haría algo tan serio y maduro, por lo visto Aratani consiguió lo que nadie había hecho- celebro el Uchiha, aceptando que Aratani efectivamente había hecho aquello que nadie más había conseguido lograr; enamorar sinceramente a Daisuke. -Claro, si es lo que quieres- acoto Sasuke, solo deseando verla cada vez más y más feliz.

-Gracias- sonrió Sakura.

No teniendo más asuntos que tratar y decidida a disfrutar de la paz y silencio que la noche podía brindar, Sakura volvió a recostar su cabeza sobre el pecho del Uchiha, sintiéndolo besarle la frente, afianzando aún más su protector agarre alrededor de la cintura de ella. No quería que esa paz terminara porque, en lo sucesivo, tendría que encargarse personalmente de asuntos tanto importantes como necesarios, algunos más importantes que otros, pero igualmente relevantes en su vida. La labor de una Sultana y de una mujer en ese Palacio, fuera cual fuera su posición, no era solo la de verse hermosa y ser una conversadora y anfitriona perfecta. No…

Era ser la sombra de los hombres y ser más inteligente que cualquiera de ellos.


Designándole—aun—las mayores responsabilidades a su hijo aquella mañana, Sakura hubo encontrado un momento libre del que disfrutar, paseando por el jardín y desahogando sus pensamientos en este nuevo día que se alzaba glorioso y hermoso como pocos, pudiendo respirar una paz plena, acompañada debidamente por Tenten y Kin que caminaban un par de pasos tras ella como dictaba el protocolo. Recorriendo el Jardín Sur, la Haseki se encontró a si misma pensando en el Hasoda Basi del Sultan a quien había llamado para que hablara con ella, apenas y tuviera tiempo.

No había traicionado la confianza de Sasuke en lo absoluto, todo lo contrario, era él quien le había insistido en que se tomara un breve tiempo para ella tras vivir pendiente de su salud y recuperación, no aceptando un no como respuesta. El otoño comenzaba a ver su máximo apogeo, y resulto de lo más agradable para la Sultana, -enfundada en un modesto abrigo verde oscuro forrado en piel marrón oscuro en los bordes de las mangas, la falda y el cuello, realzando la soberbia corona de oro y zafiros que sostenía un largo velo azul oscuro, a juego con un par de pendientes, que hacia destacar su cabello elegantemente recogido tras su nuca—que veía distraídamente el caer de las hojas, al menos hasta que el suave eco de pasos la hubo sacado de sus divagaciones, observando la llegada de Naruto Uzumaki.

-Sultana- reverencio Naruto debidamente, pero por respeto sincero, no por deber, -vine tan pronto como pude- menciono ligeramente el Uzumaki.

-Naruto- sonrió Sakura con ligereza, -quisiera hablar de algo contigo- inicio la Haseki.

-Estoy a sus órdenes, Sultana- acepto el Uzumaki, totalmente presto a escucharla.

Girando escasamente su rostro hacia sus dos doncellas, la Sultana les hubo indicado silenciosamente a Tenten y Kin que se mantuvieran al margen, claramente siendo testigos de que-exterior o físicamente-no habría nada inapropiado que tuviera lugar entre Naruto y ella, pero de igual modo no podían ser partícipes de la conversación o no directamente, así nadie podría acusarlas de ocultar un hecho o algo por el estilo, todo era simple prudencia y protocolo, nada más. Acatando la orden de las Sultana, tanto Tenten como Kin retrocedieron lentamente hasta situarse a una distancia prudente de la Sultana Haseki y el Hasoda Basi. Podía resultar ridículo que aquel gesto delimitara "privacidad" para con ella y Naruto, más aun así Sakura carraspeo ligeramente antes de decidirse a hablar, interinamente nerviosa de lo que estaba por aludir.

-Este lugar tiene su propia historia, ¿lo recuerdas?- comento Sakura, intentando vencer su nerviosismo, gesticulando y modulando las palabras en su mente antes de pronunciarlas. -Aquí me confesaste lo que sentías por mí- rememoro la Haseki.

-Y lo mantengo Sultana- prometió Naruto con sincera vehemencia así como lealtad por ella, -sé que es una osadía de mi parte, pero es imposible gobernar al corazón, hace lo que quiere- sonrió el Uzumaki, igual de nervioso, pero sabiendo que confesar sus sentimientos no tenía por qué ser un pecado, en su situación.

No necesitaba preguntar para saberlo: cientos de hombres en todo el Imperio, tanto plebeyos como Pashas, Jueces y Visires amaban y fantaseaban con ser dignos del amor de la Sultana Sakura, la mujer más hermosa del Imperio, la mujer prohibida para todos, la mujer que solo podía pertenecer y amar al Sultan, pero una mujer a la cual cualquier hombre desearía. ¿Su caso era diferente? Tal vez si, tal vez no, pero si de algo estaba seguro Naruto era que amaba sinceramente a la Sultana y estaba dispuesto a dar su vida por ella y a servirle hasta el último día de su existencia.

Sabía muy bien que quería expresar, no era traición, no porque amaba a Sasuke por encima de cualquier otra cosa, aún más que su propia vida, aún más que la paz por la que peleaba y aún más que a sus hijos…pero sentía un afecto sincero por Naruto, cuando Sasuke no había estado a su lado, Naruto si lo había hecho, la había consolado, la había apoyado y le había ofrecido su integra e indisoluble lealtad, la había rescatado de aquel atentado por causa de Naoko y había intentado fortalecerla, había estado ahí constantemente para todo cuanto necesitase, incluso durante la proclamación de Daisuke en que no se había apartado de su lado en ningún momento. Todos estos hechos no podían quedar sin una bien merecida respuesta.

-Lo sé, y por eso te llame- confeso la Haseki para confusión del Uzumaki que frunció ligeramente el ceño, no entiendo del todo a que se refería. -Has sido un compañero leal e incondicional, Naruto, has estado a mi lado en momentos decisivos y me has visto padecer la muerte de dos de mis hijos- menciono la Sultana empáticamente, rememorando sin problema alguno las muertes de sus hijos Itachi y Baru, tan solo con evocarlas, bajando la mirada y parpadeando útilmente para evitar las lágrimas innecesarias ante su sentimentalismo. -Como Sultana no hay mucho que pueda hacer, las reglas son claras- señalo Sakura, incapaz de romper con el protocolo estipulado hacía ya varios siglos de antigüedad, -pero quiero que sepas que tienes un lugar en mi corazón y que pese a no poder corresponderte como tu quisieras que pasara…- la Sultana se tomó un ligero segundo para meditar como expresar sus sentimientos verbalmente sin cometer el garrafal error de pronunciar palabras erróneas, -eres muy importante para mí, y no imagino lo que sería de mi si no estuvieras aquí- confeso la Haseki finalmente, clavando su orbes esmeralda en los profundos orbes zafiro del Uzumaki.

-Sultana- murmuro Naruto, tanto incrédulo como abrumado.

Tenten y Kin se observaron con sutileza entre si antes de sonreír inocentemente. Conocían bien a su Sultana, claro que no estaba alentando los sentimientos del Hasoda Basi, pero tampoco podía negar que necesitaba un hombre a su lado cuando el Sultan no se encontrara, alguien que comprendiera las intrigas que tendría que hacer y cómo se sentía diariamente sin necesitar recordarle el protocolo y deber de una Sultana o juzgarla por sentir dolor, tristeza, apatía y melancolía como ocurría cada día y Naruto había estado tanto a su lado, viéndola soportar dos de los golpes más dolorosos de su vida, que…podía entenderla y estar ahí sin importar lo que tuviera que hacer, él estaba dispuesto a lidiar con lo que fuera con evitarle cualquier infelicidad.

-¿Qué clase de amor es el que hay entre nosotros?- pregunto Sakura, intentando no reír, pero no consiguiéndolo, escuchando, para su dicha, reír a Naruto de igual modo, venciendo con la tensión que intentaba surgir entre ambos, pero que no permitían tuviera lugar. -No lo sé, no puede haberlo, es totalmente imposible- contesto la Haseki, recuperando la compostura, no marcando un límite entre ambos sino que todo lo contrario, -pero quiero que sepas que puedes confiar en mi tanto como yo confió en ti, si necesitas algo, ahí estaré- prometió Sakura, leal e indisoluble como amiga y el interés romántico que él tenía, sin importar que no pudiera corresponderle.

-Soy yo quien debe prometerle estar ahí, Sultana- alego Naruto, tomándose el atrevimiento de acercársele un paso más, acortando la distancia entre ambos, pero resulto algo tan nimio y sutil que ninguno lo noto. Ni siquiera Tenten y Kin que hacían de espectadoras, -conozco la perdida personalmente y comprendo lo que siente, tal vez no a su medida, pero se lo que es perder aquello que se ama- menciono el Uzumaki, recordando a su esposa, la Sultana Hinata a quien había amado sinceramente y con todo su corazón, más cuya muerte había dejado un vacío en su pecho, un vacío que solo el amor profesado por la Sultana Sakura podía llenar, -prometo dedicar mi vida a usted, lo juro- prometió Naruto, reverenciándola sinceramente y no por deber.

Sakura sonrió sinceramente a modo de respuesta. Estaba totalmente segura de ello, Naruto estaría a su lado, aun cuando el resto del mundo le diese la espalda, aun cuando Sasuke insólita e imposiblemente llegase a dudar de ella…Naruto estaría ahí.


-En presencia de los testigos y como emisarios de la voluntad de Kami, nuestro señor, estamos aquí para unir en sagrado matrimonio a su alteza el Príncipe Daisuke y la señorita Aratani—pronuncio Ryuho Efendi.

Las bodas eran un evento sin precedentes en el Imperio, diferentes entre sí en base a rango, pero el Palacio y su historia presenciaba por primera vez el matrimonio entre un Príncipe, el Príncipe de la Corona y heredero del Imperio, y una favorita, una mujer libre pero favorita de igual modo, pero un matrimonio que tanto el Sultan Sasuke como la Sultana Sakura veían a bien que se llevase a cabo. El palco de la terraza era el lugar central en que se hallaba Ryuho Efendi, el hombre más respetado del Imperio y Juez Imperial, aquel por quien debían de pasar todas las decisiones de suma importancia antes de designarse al Sultan y quien, con la presencia de Naka Celebi y Metal Lee, estaba llevando acabo la unión ante Kami como testigo, el matrimonio que valdría a ojos del mundo entero.

Sobre el diván que se encontraba en el centro de los aposentos del Sultan, viendo y escuchando la ceremonia en su totalidad, se encontraban Aratani y Daisuke, sentados uno al lado del otro, totalmente concentrados en aquello que tenía lugar y que indiscutiblemente fortalecería aún más el mor incuestionable que existía entre ambos. La noticia los había tomado desprevenidos, a ambos, más aun así no podían decir que estaban impresentables para la ocasión o que carecían de disposición para ello. Todo lo contrario. Estaban emocionados y fervorosos, observándose entre sí a cada momento posible.

Intentando lucir tan digna y a su vez recatada como se esperase que fuera una mujer a punto de ascender social y políticamente, Aratani había elegido un modesto vestido de seda azul oscuro, de escote redondo, con seis botones de igual color en vertical hasta la altura del vientre, con un cuello falso en V, ligeramente superpuesto, de mangas ajustadas hasta los codos y abiertas frontalmente cuales lienzos. Por sobre el vestido y cerrada escasamente, a altura del vientre, se encontraba una chaqueta de igual color, si mangas, y plagada de bordados en hilo de plata y pequeños diamantes que más bien parecían zafiros a causa de su brillo que reflejaba el color del vestido, formando ondas y difusos diseños de rosas y hojas. Su largo cabello castaño, peinado en prolijos y hermosos rizos caía sobre sus hombros y tras su espalda, adornado por una corona de oro, topacios y zafiros que emulaban rosas y pequeños capullos y que sostenía un largo velo azul, a juego, complementando un par de pendientes de oro y cristal en forma de lagrima que apenas y podían verse entre sus rizos, al contrario de la soberbia cadena de oro de la que pendía el emblema de los Uchiha, obsequio de la Sultana Sakura.

Habiendo, nuevamente, reemplazado a su padre en la reunión del Consejo Real, Daisuke ostentaba los usares propios de un Sultan: un elegante Kaftan bermellón rojizo, de cuello alto y abierto bajo el abdomen, de mangas holgadas y abiertas desde los hombros que escasamente y exponían las ajustadas mangas de la túnica negra que usaba bajo este, rebelando de igual manera las pesadas botas de cuero que complementaban el atuendo. Un broche de oro que representaba el emblema Imperial cerraba el Kaftan a su cuello, realzando el borde hecho en piel color negro, precediendo a la seguidilla de botones de plata enlazados por márgenes de seda color negro hasta la altura del abdomen donde un fajín de seda color negro ajustaba el Kaftan a su cuerpo, realzado por un pesado broche de oro.

Más que la boda entre un Príncipe y su favorita…parecía la boda entre un Sultan y su Haseki.

-Naka Celebi, como representante del Príncipe Daisuke, ¿acepta que su alteza se una en matrimonio absoluto y legal de por vida, según la ley del matrimonio impuesta por nuestro creador, con la señorita Aratani?—preguntó Ryuho Efendi.

El Celebi asintió inmediatamente.

-Acepto—aceptó respondió Naka.

-¿Acepta?—volvió a preguntar Ryuho Efendi, según dictaba la tradición.

-Acepto—volvió a responder Naka.

-Que afuera lo escuchen—indicó el Efendi.

-Acepto—respondió nuevamente el Celebi con un tono de voz más fuerte.

Ryuho Efendi giro su rosto hacia el lunático y apasionado inventor que servía como testigo de la Sultana Aratani. Sonriendo ligeramente, Aratani levanto levemente su mirada, encontrándose con la de Daisuke que, disimuladamente, entrelazo una de sus manos con la de ella.

-Y usted, Metal Lee, como representante de la señorita Aratani, ¿acepta que ella se una en sagrado, absoluto y legal matrimonio de por vida, según la ley del matrimonio impuesta por nuestro creador, con su alteza el Príncipe Daisuke?—preguntó Ryuho Efendi, nuevamente.

El pelinegro asintió, bajando la cabeza ligeramente.

-Acepto—respondió Metal Lee.

-¿Acepta?—volvió a preguntar el Efendi.

-Acepto—repitió Metal Lee.

-Que afuera lo escuchen—indico Ryuho Efendi.

-Acepto—anuncio Metal Lee con un tono ligeramente más alto.

-Con el beneplácito del altísimo, la prueba y voto honesto de estos representantes y nuestro propio juramento de fidelidad; uno en sagrado matrimonio a Daisuke y Aratani Uchiha- sentencio Ryuho Efendi de manera indisoluble, ya que solo Kami y la muerte podría deshacer aquello. -Que, con la voluntad de Kami, su matrimonio sea honesto, puro, duradero y guiado de la mano del poder de Kami, amén- oro sinceramente el Efendi.

Escuchando este veredicto, satisfactoriamente, Daisuke y Aratani se observaron atentamente entre sí, apenas y creyendo que ahora aquello que sentían fuese real, fuese irrompible, que sus vidas estuvieran unidas de aquella forma tan especial y de la que no se arrepentían de formar parte. Pese a que Aratani y Daisuke se estuvieran observando entre sí, sentados en el diván que se encontraba en el centro de la habitación, no eran los únicos presentes en los aposentos del Sultan.

Pese a encontrarse recostado sobre su cama, aun imposibilitado de cumplir con las funciones propias de su rango, el Sultan vestía los usares que se esperaba que portara sin importar su salud, tanto por el deber protocolario como por decisión propia. Portaba la habitual túnica de terciopelo negro, cuello alto y mangas ajustadas, por sobre la túnica una chaqueta de cuello alto y redondo, sin mangas pero con marcadas hombreras color dorado a imagen de los bordados que abarcaban el centro de pecho y que parecían difuminarse hacia los costados y hasta la altura el abdomen donde terminaba la delimitación de la chaqueta, empleando de igual modo las usuales y reglamentarias botas de cuero, de carácter militar.

Sentada a su lado e impecablemente hermosa, como siempre, se encontraba la Sultana Sakura, luciendo un sencillo vestido índigo claro de escote en V y mangas holgadas que llegaban a incluso cubrir las manos, por sobre el vestido se hallaba una chaqueta azul claro cerrada bajo el busto abierta bajo el vientre, plagada de bordados en hilo de plata, ribeteada en diamantes y con zafiros incrustados, emulando el emblema de los Uchiha y una serie de patrones en forma de flores de cerezo. Su largo cabello rosado se encontraba recogido en un elegante y complejo moño que realzaba el emblema de los Uchiha alrededor de su largo cuello, así como los pendientes de plata y cristal en forma de lagrima, por no decir la soberbia corona de oro, zafiros y topacios sobre su cabeza, emulando espinas y rosas, sosteniendo un largo velo azul oscuro.

-¿Te trae recuerdos?- murmuro Sasuke.

Una radiante sonrisa se plasmó en los labios de Sakura que volteo a ver a Sasuke, sosteniendo una de las manos de él entre las suyas. Aratani no sería solo una Sultana, no solo una espía, ni alguien que solo guardara lealtad a ella, a ambos, sino que también sería un escudo contra sus enemigos, y de igual modo significaría la caída absoluta de Koyuki que tenía sus días contados en el Palacio y en el mundo de los vivos.


La noche se cernía sobre el Palacio Imperial ante el ambiente de celebración que tenía lugar. El Harem era quien realmente celebraba una boda, sin importar que no se tratase de una Sultana de sangre real, pero Aratani era tan querida por todas las concubinas en el Palacio que estas se hubieron tomado la voluntaria responsabilidad de vestirla y arreglarla para su noche de bodas, oficialmente como Sultana. Alisándose la falda del vestido, Aratani suspiro sonoramente para sí misma, calmando sus nervios, volteando a ver a las concubinas tras ella que le sonrieron, animándola a marcharse a los aposentos del Príncipe donde debía dirigirse.

Sonriendo, Aratani asintió antes de, con la dignidad propia del rango que ahora tenía, avanzar hacia la entrada del Harem donde la esperaba Tenten a quien la Sultana Sakura había pedido la labor de escoltarla, introduciéndola de lleno al mundo al que ahora pertenecía. Aratani se encontraba enfundada en un sencillo vestido rojo—el color representativo del Imperio—de escote corazón, ajustado y detallado a cada curva de su cuerpo, de mangas holgadas y abiertas a la altura de los codos, sencillo a decir verdad, de no ser por la chaqueta de igual color, -plagada en bordados de hilo de oro, emulando tanto rosas como flores de cerezo y el emblema de los Uchiha—que se encontraba sobre el vestido, abierta en su totalidad y que exponía el vestido con magnificencia. Su largo cabello castaño se encontraba peinado en cadenciosos rizos que caían tras su espalda y sobre sus hombros, enmarcando el emblema de los Uchiha alrededor de su cuello, obsequio de la Sultana Sakura.

-Sultana- reverencio Tenten, sonriendo con orgullo, -sígame, por favor- indico la pelicastaña.

Asintiendo, Aratani continuo con su andar, conociendo muy bien el camino que tenía que seguir para llegar a donde debía ir, siendo seguida respetuosamente por Tenten que percibía el porqué del orgullo de la Sultana Sakura, Aratani no parecía orgullosa del poder y título que ahora tenía, todo lo contrario, era igual de humilde que como la Sultana Sakura había sido en su día y seguía siéndolo, sin duda alguna jamás sería una enemiga o una opositora ante la justicia que la Sultana Sakura se esforzaba en mantener, ante la paz que insistía en ejercer. De pie en la entrada del Harem, Koyuki observo confundida la partida de quien era la mujer a quien más odiaba en el Palacio, no entiendo porque ahora la llamaban y trataban como si fuese una Sultana, nada tenía sentido en ese momento, pero ella no pretendía quedarse callada y con la duda.

La Princesa lucía un espléndido vestido morado claro de escote cuadrado—con cinco broches de perla en caída vertical a modo de botones, mangas ajustadas hasta los codos, con un grueso margen de seda ligeramente más oscuro antes de dar paso a las mangas holgadas, abiertas frontalmente cuales lienzos. La falda superior así como una especie de margen que dividía el corpiño desde el centro a los costados y que igualmente conformaba un par de marcadas hombreras, era levemente más oscurecida y con una línea de hilo de plata que delimitaba la diferencia entre un matiz de color y otro. Alrededor de su cuello se hallaba un complejo collar de plata en forma de cadenas envuelto alrededor de su cuello y otra cadena que formaba dos líneas en caída en V hacia su escote, complementando la corona de oro y perlas en forma de flores de jazmín—sobre su largo cabello azul—se hallaban además un par de pequeños pendientes a juego.

-¿Sultana?- repitió Koyuki, confundida, volteando a ver a Yugito que solo pudo encogerse de hombros, igual de desconcertada que ella. La aparición de la encargada del Harem, en ese preciso momento, resulto una especie de golpe de suerte para la Princesa. - Lady Ino, ¿Qué sucede?- indago Koyuki, confundida.

La Yamanaka parpadeo confundida, no entendiendo a que se refería, o al menos no hasta que la Princesa hubo señalado con su mirada la partida de Aratani que era acompañada por la siempre leal y diligente Tenten, vasalla incuestionable de la Sultana Sakura. Una leve sonrisa se plasmó en el rostro de Ino ante el porqué de la pregunta, sabiendo lo necesario como para no tenerle aprecio a la Princesa, aceptando el voluntario deber de darle el veredicto que, sabia, la haría sentir aun peor de lo que ya debía de sentirse.

-Con el beneplácito del Sultan Sasuke y la Sultana Sakura, el príncipe Daisuke contrajo matrimonio con la señorita Aratani, y por matrimonio ahora pasa a ser una Sultana- explico Ino con el debido formalismo propio del protocolo. -Princesa- reverencio la Yamanaka antes de retirarse a asistir a la Sultana Sakura, que se encontraba en los aposentos del Sultan.

Koyuki hubo escuchado con totalidad incredulidad las palabras de lady Ino, no percatándose de su partida siquiera, sumida en un torrente de ira inmediato que Yugito pudo percibir, más ante lo cual guardo silencio. Acabar con Midoriko no había sido suficiente, no significaba en lo absoluto que su camino estuviera libre, no cuando Aratani estaba ahí, presente a cada minuto, pero a diferencia de Midoriko…no podía matarla, ya estaba implicada en algo más y arriesgarse solo para intentar calmar su propio odio y celos era tonto de su parte, no podía permitirse cometer otro error semejante, no podía permitir que se deshicieran de ella.

-Aratani, mirada de serpiente- mascullo Koyuki, apretándose fuertemente las manos.

Sin importar cuando la odiase, sin importar que desease su muerte…no podía hacer nada, ya se encontraba bastante complicada al quedar en evidencia ante la Sultana Sakura. Pero lo que realmente le dolía era que esa mujer, esa simple concubina fuese ahora una Sultana, Aratani se había llevado la mayor victoria posible, ostentando el título que ella había deseado tener, estando al lado de Daisuke como ella deseaba estarlo. Su derrota era evidente.

Aratani había ganado.


Siendo el esposo de una Sultana, ahora un hombre de Estado, y además Visir, era imposible que Boruto no tuviera asuntos que atender a lo largo del día, tanto en cooperación con los otros Pashas o Visires, como de manera individual. El embajador de Rusia llegaría en dos semanas, por no hablar del emisario alemán que había pospuesto temporalmente su visita por problemas climáticos, todo un escándalo ya que no se podía hacer esperar al Sultan del mundo, más tanto el Sultan Sasuke como la Sultana Sakura habían decidido ser tolerantes. Pronto habrían asuntos de importancia con que lidiar en cuanto iniciaran los interrogatorios al personal de la Sultana Naoko, era mejor disfrutar de la paz en tanto fuese posible.

Al llegar a las puertas de los aposentos que compartía con su esposa, y como era usual, se encontró con Chouchou y Himawari, las dos leales doncellas de su Sultana que—al verlo—lo hubieron reverenciado cortésmente antes de retirarse a sus habitaciones, aledañas a los aposentos de la Sultana y el Pasha. No necesitando oren alguna, los dos fornidos jenízaros le abrieron las puertas, bajando la cabeza y permitiendo su ingreso. Tenía pensado irse a dormir inmediatamente, estaba agotado luego de tanto trabajo que si bien no resultaba extenuante, físicamente, lo había agotado en el sentido mental.

Escuchando las puertas ser cerradas tras de sí e irrumpiendo en sus planes y pensamientos, que se vieron omitidos…Boruto observo maravillado y abrumado la imagen de quien merecía ser comparada con una sublime diosa griega, una ninfa sumamente tentadora, comparable a Venus, al sinónimo de hermosura y perfección femenina, la diosa de la belleza

-Sultana- reverencio el Uzumaki respetuosamente.

Su cadenciosa figura femenina estaba únicamente oculta de él por una bata marrón rojizo de mangas holgadas y largas hasta las muñecas y de escote en V, cuyo margen y caída estaba detallado mediante una gruesa línea que, bajo el escote, solo formaba una, hecha de hilo cobrizo, cerrada por un cordón de igual color, afianzándola a su figura, siendo que la tela—ya de por si—por si llegaba escasamente hasta a la altura de los muslos. Su largo cabello azabache caía sobre sus hombros en perfectos y bien definidos rizos, sin joya alguna que necesitase realzar su belleza, ni su encanto. Usaba un maquillaje inexistente, un suave rubor casi imperceptible cubría sus mejillas, una sombra color durazno adornaba sus parpados y pestañas que solo realzaban sus profundos ojos comparables a dos gemas ónix, y sus labios naturalmente rojos eran una invitación irresistible para él.

La observo casi con temor por la enorme belleza y seguridad que irradiaba con sus ojos al acercarse con tal lentitud a él. Si eso había sido planeado, era simplemente perfecto...

El único medio que tenía para creer que eso fuera real y que ella estuviera allí era él mismo que, de forma casi desconocida por su mente, se detuvo frente a ella analizándola de arriba abajo, como si su presencia ahí fuera una cosa entre la lista de imposibilidades que existían para él. Pero…ella estaba ahí, delante de él, como una especie de ofrenda irresistible.

-¿Estas segura?- dudo Boruto, intentando mantener sus ojos fijos en el rostro de ella.

Amaba profundamente a Sarada, con todo su corazón, y estaba dispuesto a hacer todo cuanto hiciera falda por ella, peor decir que la amaba era una palabra vacía, sin hechos, su lealtad y sentido de la protección para con ella evidenciaba la fortaleza de sus sentimientos…así como su deseo por ella daba fiel testimonio de que no había otra mujer más hermosa que ella, a sus ojos. Dando por hecho que esa pregunta iba a tener lugar, Sarada bajo ligeramente la mirada, dirigiendo con lentitud sus manos al cinturón de la bata, deshaciendo el nudo mientras clavaba-sin titubeo alguno-su mirada en los orbes zafiros de Boruto, abriendo la bata y dejándola caer al suelo, siendo consciente de su belleza y de lo que eso representaba para él.

-¿Hace falta decir algo más?- inquirió Sarada, sonriendo ligeramente.

Como respuesta a la tentadora invitación que significaba su imponente belleza, pronto sintió los brazos de Boruto posesivamente alrededor de su cuerpo y su cintura, afianzándola contra él y marcando unos, prácticamente, efímeros centímetros de distancia entre los dos. La cercanía de sus respiraciones y las miradas de ambos solo aumentaban el deseo en las venas de ambos y el amor en el corazón del otro ser al que amaban con total desesperación.

La Uchiha, por su parte, estaba extasiada por el calor que le transmitían las manos de él sobre su cuerpo, una posesivamente ubicada en su cadera y la otra enredada entre sus largos rizos azabaches que acariciaba con veneración. Ella simplemente no podía evitar tener los labios entreabiertos mientras jadeaba de gusto contra el rostro de él, aumentando su lívido.

-No- negó el Uzumaki.

No necesitando más palabrería innecesaria, una radiante sonrisa apareció en los labios de Sarada, desconcertando a Boruto enormemente y chocando con sus deseos, justo antes de unir sus labios con los de él en un beso demandante y totalmente apasionado que lo hizo jadear contra los labios de ella mientras lo empujada y guiaba hacia la cama. No iban a permitir que algo interfiriera entre ellos esta vez, y ella no pretendía ignorar su propios deseos, ignorando además su rol a cumplir como esposa en un matrimonio que existía por amor, no por deber, porque amaba a Boruto y porque él la amaba a ella. Sabiendo que a la mañana siguiente ella estaría con él, a su lado, Boruto no dudo en cargarla en sus brazos, dirigiéndose hacia la cama…


Aratani trago saliva inaudiblemente, acomodándose la falda del vestido mientras se sentaba sobre la cama, viendo a Daisuke ocupar el lugar frete a ella, incapaz de apartar sus ojos del rostro de ella y viceversa. Jamás, ni en sus más absurdos sueños o fantasías hubiera creído posible estar donde estaba ahora, le habría resultado imposible, pero no se trataba de una fantasía en lo absoluto. El Príncipe, el mismo adolescente a quien había conocido de vista al llegar al palacio…estaba delante de ella y la amaba tanto como ella lo amaba a él, y como prueba de ese amor que no hacía más que crecer, ella tenía un presente que darle, algo que tomaría tiempo pero de lo que la Sultana Sakura era conocedora, es había sido una razón extra para permitir que el matrimonio haber tenido lugar entre ambos.

Del mismo modo, para Daisuke, los hecho sucedidos y el tener a su lado un mujer tan hermosa como perfecta…era un sueño, gracias a ella era una mejor persona, gracias a ella y sus consejo era aclamado como el futuro Sultan del Imperio, gracias a ella había recuperado la confianza, gracias a ella podía ver con libertad sus errores y aprender de ellos. Gracias a ella había despertado de su ensueño de inmadurez, disfrutando del ahora vino de la madurez absoluta. Ella era su norte y lo dirigía hacia la persona más importante en su vida, su madre, el ángel del mundo. Teniendo a Aratani a su lado sabia que todo estaría bien en el futuro, ella era la representación indeleble de que existía un futuro para él, para ambos y todo cuanto deseasen cumplir.

Ante la atenta mirada de Aratani, Daisuke rebusco en el interior el bolsillo de su Kaftan, extrayendo un obsequio que desde hacía ya un tiempo tenía reservado para ella. Desde los albores del Imperio, los anillos significaban algo elogioso, en especial si los portaban las mujeres como era el caso de la sortija o anillo de las Sultanas, aquella soberbia joya: un rubí en forma de lagrima por sobre una cuna de diamantes de igual forma, una creación magnifica y envidiable que relucía con luz propia…e, intentando emular tal valor e importancia, Daisuke le había pedido al orfebre de la corte crear un anillo remotamente similar, no idéntico pero si igualmente hermoso: un hermoso diamante dorado pulido perfectamente en un ovalo que reposaba sobre una cuna de diamantes de igual forma y apenas un poco más pequeño que la soberbia sortija que siempre lucia su madre.

Una joya digna de cualquier Sultana, un obsequio maravilloso para su Sultana, su Haseki. Mordiendo el labio inferior, no sabiendo que decir en lo absoluto, Aratani se quedó muy quieta, viendo atentamente a Daisuke tomarle la mano y deslizar-con máxime cuidado-aquel hermoso anillo hasta que ocupara su correspondiente lugar en su dedo anular, calzando su medida exacta. Literalmente estaba hecho para ella y para nadie más.

-Imaginaba que tu ingreso al Imperio debía de hacerse con propiedad- justifico Daisuke, trazando el contorno del anillo antes de entrelazar su mano con la de ella, -mi Sultana- murmuro el Uchiha, besándole la frente.

-Gracias- sonrió Aratani sinceramente, infinitamente impresionada y agradecida por ese regalo que era tan valioso como cualquier otro presente que él le hubiese dado, porque todo lo que viniera de él era importante para ella, -me has dado todo cuanto podía desear, Daisuke, y a cambio tengo un regalo para ti- advirtió la Sultana.

Confundido ante aquellas palabras, Daisuke arqueo una ceja, no entendiendo a que podía referirse con "regalo". Ya le había dado absolutamente todo cuanto pudiese desear y en ese día, disfrutando de aquella celebración que tenía lugar solo por ellos y para ellos, ¿Qué más podrían pedir? Era imposible que hubiese algo mejor tras tanta algarabía, sabiendo que las cosas mejorarían. Rompiendo respetuosamente con el agarre de sus manos, y sonriendo ante la aparente confusión de él, Aratani, tomo una de las manos de él entre las suyas antes de posarla cuidosamente sobre su vientre, sin apartar sus ojos de los de él. Intercalando su mirada de ella a su vientre, Daisuke la observo tanto boquiabierto como incrédulo, incapaz de crecer que una noticia tan maravillosa fuese cierta, en ese preciso momento.

-¿Estas segura?- imploro saber Daisuke, temiendo estar en un error.

-Me entere ayer- sonrió Aratani.

Amaba a Aratani sinceramente, pero una noticia así…tras semejante perdida personal resultaría un alivio, un medio con que dejar el pasado atrás, así como una representación aun mayor de que aquello que sentían crecía más con el tiempo. Los síntomas habían sido escasos, -por no decir nulos—inicialmente, pero viendo que su periodo aun no tenía lugar en la fecha esperada, Aratani había acudido a la Sultana Sakura que había permitido que una partera la examinase para salir de cualquier duda, concluyendo con aquello que—con el tiempo—se haría evidente. Hasta ahora solo tenía dos semanas de embarazo y, técnicamente, no era prudente celebrarlo hasta que su condición fuese más avanzada, pero si, se lo estaba diciendo porque quería hacerlo aún más.

Apenas y dándole tiempo, Daisuke la abrazo con todas sus fuerzas, sorprendiéndola indudablemente, más haciéndola reír de emoción, tanto como la que él sentía. Sonriendo, Aratani se aferró a sus hombros, no rompiendo el abrazo sino que intensificándolo aún más. Lo que estaba sucediendo era un renacimiento, para todos, y Kami mediante gracias a ello podrían dejar el pasado atrás…todos.


El mundo era un lugar extraño a decir verdad. Sin importar cuanto se esforzase una persona para mantener la paz, los obstáculos estaban ahí, presentes, a la orden del día, impidiendo un cambio positivo, impidiendo que las personas de corazón honesto y noble ayudasen a otros, pero Sakura no era conocida por darse por vencida, claro que no, y solo permitirle a Sasuke levantarse de la cama en este nuevo día ya era un progreso enorme siendo que era infinitamente sobreprotectora con aquello a los que amaba. Prueba de ello era su insistente presencia, ayudando a Sasuke a terminar de vestirse. Podían haber sirvientes que cumplieran con cualquier orden, de ambos, más no había placer más culpable para ella que cuidar y velar por él personalmente, la hacía sentir útil y le recordaba que no había nadie más importante que ella en la vida de él.

Sasuke intento no reír al verla tan dedicada y atenta, terminando de cerrarle el Kaftan, imposibilitándole moverse de una u otra forma y él, por su parte, no podía resistirse a ella y sus designios en lo absoluto. Por sobre la reglamentaria túnica color negro de mangas ajustadas y cuello alto lucía un modesto Kaftan marrón oscuro con sutiles reflejos más claros, de mangas hasta los codos y marcadas hombreras de cuero color negro que se unían al cuello en una estructura que aportaba la imagen de poder y autoridad que todo Sultan debiese tener, terminando un fajín a la altura del abdomen que cerrada el Kaftan, o que más bien, Sakura estaba cerrando, delineando distraídamente el broche que cerraba el fajín y que emulaba el emblema Imperial que, a la par con las pesadas botas de cuero, aportaba omnipotencia.

Ella, hermosa como siempre, lucia unas elegantes galas moradas—el color representativo de la realeza—de escote corazón, calzadas a su figura y de mangas dobles, las inferiores ajustadas y largas hasta las muñecas y las superiores eran holgadas y abiertas desde los hombros. Por sobre el vestido se hallaba una chaqueta levemente más oscura, sin mangas, plagada en su totalidad de bordados y estampados en hilo de plata, emulando flores de cereza y el emblema de los Uchiha, cerrada bajo el busto y abierta bajo el vientre. Su largo cabello se encontraba peinado en elegantes y cadenciosos rizos que caían tras su espalda y sobre sus hombros, enmarcando el emblema de los Uchiha alrededor de su cuello, complementando la corona de plata y diamante sobre su cabeza, así como u par de pendientes de plata y diamantes en forma de lagrima. Todo cuanto se esperase de una Sultana, aún más de la Haseki de un Sultan.

-Cada vez me abruma aún más tu belleza, incomparable a ninguna otra- confeso Sasuke haciéndola reír y bajar la mirada con un deje de vergüenza que, para él, resulto innecesario, tomándola cuidadosamente del mentón, contemplando su rostro y la sinceridad de sus ojos, -mi ángel- murmuro Sasuke antes de besarle la frente.

-¿Sigues pensando que soy un ángel?- inquirió Sakura, no entiendo cómo es que él seguía viéndola como si fuese el primer día en que estaban juntos.

-Siempre lo voy a creer- alego Sasuke, conociendo su opinión al respecto, -tú representas la bondad y la inocencia del mundo Sakura, no confió en nadie más que en ti- reconoció el Uchiha, acariciando cariñosamente una de las mejillas de ella, viendo todos esos elogios reflejados en sus ojos cada vez que la veía, -eres mi todo en el mundo- garantizo Sasuke.

Solo pudiendo sonreír, Sakura lo tomo de la mano, guiándolo hacia el diván en medio de la habitación, sentándose junto a él y acomodándose la falda del vestido, sin apartar sus ojos de los de él en ningún momento. Lo amaba más que a nada en el mundo y si había guardado silencio hasta la fecha era solo por él, pero por el bien de él y del Imperio ya no podía hacerlo más, él necesitaba saber lo que realmente estaba pasando y los eventos que, en cuestión de tiempo, tendrían lugar sucesivamente y no dentro de mucho tiempo, y de los que tendría que encargarse en cuanto se recuperara.

-Me alegra que confíes en mí y en que todo lo que hago es por tu bien y por el del Imperio- sonrió Sakura antes de dirigirse a cambiar el tema de conversación, -pero no todo el mundo piensa como yo- aludió la Haseki.

El Imperio había visto grandes días de guerra, sacrificio y muerte, el Sultan Hashirama había tenido que ordenar la ejecución de dos de sus hijos para garantizar la paz, el Sultan Izuna había tenido que ordenar el asesinato de sus doce hermanos—tolerado por la antigua ley del fratricidio—así como a su primogénito Itachi, el hermano mayor de Sasuke. Afortunadamente ellos no tenían que tomar decisiones así, pero las muertes de sus hijos Itachi, Baru y Kagami pesaban sobre ellos y no se perdonaría que otro de sus hijos tuviera que morir por causa de sus enemigos, no podían permitirlo.

-Durante tu ausencia encontramos a la responsable de la muerte de Kagami- inicio Sakura, captando la completa atención de Sasuke que le indico que prosiguiera. -Si no lo mencione hasta ahora fue porque quería que te recuperases por completo, pero ya no podemos esperar- justifico la pelirosa, dando a entender que no había ocultado la verdad adrede. Bajando la mirada, Sakura rebusco en el interior de la manga d su vestido, extrayendo un pequeño rollo de papel que le tendió a Sasuke. -Aquí está el testimonio de Aratani, por escrito, ella escucho a Naoko hablar con Kisame Hoshigaki Pasha, su aliado, adjudicándose por completo la responsabilidad de la muerte de nuestro hijo- la Haseki guardo silencio por un breve segundo, sabiendo muy bien que es lo que tenía que decir para señalar la importancia de la situación, -sigue teniendo ambiciones de que Rai llegue al trono, destronándote a ti- finalizo Sakura con evidente seriedad.

Los secretos no duraban jamás, muchos menos en el Palacio en que ellos residían, pero si los secretos eran expuesto debía de ser con un fin, y el fin de Sakura era evitar las luchas por el poder y los derramamientos de sangre innecesarios, sin importar que eso le acarreara un sufrimiento personal a ella. Sasuke la observo desconcertado, esperando que las palabras de ella contuvieran alguna duda antes de abrir el pequeño rollo de papel, leyendo las palabras que representaban el testimonio de Aratani, escrito en el papel…pero no había ninguna duda al respecto, sin importar cuanta misericordia mostrasen y cuan sacrificadas fueran sus vidas, sus enemigos estaban dispuestos a arriesgarlo todo, y tal vez, su deber no fuese sino hacer lo mismo.

Arriesgarlo todo y olvidarse de la compasión.


PD: prometí actualizar y lo cumplo, más pido perdón por la demora ya que me encuentro algo falta de inspiración, pero solo es temporal :3 he aquí la actualización nuevamente dedicada a DULCECITO311 (cuyos comentarios adoro, prometiendo actualizar nuevamente el fin de semana, y garantizando actualizar el fic "La Bella & La Bestia" mañana o pasado mañana :3)y a todos aquello que siguen la historia en todas sus formas, sin excepción. Si tienen alguna sugerencia en serio apreciaría que la aportaran, recordándole que este fic y los otros que hago son por y para ustedes :3 los amo, cariños, besos, abrazos y hasta la próxima.

Datos Extra:

Sultana Mahfiruz-Sultana Naoko: fue la Haseki original del Sultan Ahmed I y madre de Sultan Osman II y del Príncipe Beyazid, los hechos de su vida se desconocen enormemente pero si algo es seguro es su rivalidad o enemistad con la Sultana Kösem, contraria a la Sultana Kösem que era cordial y humilde, la Sultana Mahfiruz era arrogante y muy despreciativa, se dice que esta era una de las razones por las que el Sultan Ahmed siempre prefirió a la Sultana Kösem y porque solo ella ostento oficialmente el título de Haseki, de hecho, se duda de que el Sultan Ahmed le haya tenido cariño o afecto a la Sultana Mahfiruz en realidad. Si bien el personaje de la Sultana Naoko se basa en el persone ficticio de la Sultana Gulbahar (en base a la serie "Kösem la Sultana"), decidí basarme en un personaje real que, se sabe, cobro importancia y significo una espina en el costado de la Sultan Kösem gran parte de su vida

Alusiones: en este capítulo, y en los anteriores, mencione a varios personajes que ahora pasare a explicar

1-Indra Otsutsuki-Ertugrul Bey: fue el padre de Osman I, el primero de los Sultanes del Imperio Otomano, planeo dedicarle un fic en su totalidad a él y Halime Hatun (Sanavber Uchiha) la mujer que fue su esposa y gracias a cuya relevancia política y familiar fue que su hijo llego a ser Sultan.

2-Sultan Itachi II-Sultan Fatih Mehmet II: apodado "El Conquistador" fue el hombre que sitio y conquisto Constantinopla, más tarde declarada capital del Imperio, y derroco además al Imperio Bizantino, la mayor potencia de oriente en aquella época, además de conquistador de Belgrado. El Palacio de Topkapi, Palacio Imperial de los Sultanes Otomanos, fue construido por orden suya, y fue quien oficializo la ley del fratricidio, dando como consecuencia que todos los Sultanes tras él asesinaran a todos sus hermanos al momento de subir al trono, o al menos hasta el Sultanato del Sultan Ahmed I.

3-Sultan Hashirama I-Sultan Suleyman I: llamado, "El Magnífico", fue uno de los mayores gobernantes del Imperio, hijo del Sultan Yabuz Selim I y de la Sultana Ayse Hafsa, su apodo de "El Magnífico" no se debe solo a su habilidad como conquistador, sino además a su misericordia y sabiduría.

4-Sultana Kaede-Sultana Haseki Hurrem Sultan: fue la Haseki y Sultana más importante del Sultan Suleyman I, madre de los Príncipes Mehmed, Selim, Beyazid y Cihangir, así como de la Sultana Mihrimah. Fundadora del llamado "Sultanato de Mujeres" y una de las figuras políticas más importantes en su tiempo.

5-Sultana Kaori-Sultana Mihrimah: fue la única hija del Sultan Suleyman I y la Sultana Hurrem, apodada Roxelana, se le conoció por su gran belleza, además de por ser la única hija de un Sultan que ejerció políticamente como Madre Sultana hasta su muerte, casada con dos Visires y la figura más importante en la política de la época hasta su muerte.

6-Sultan Tobirama II-Sultan Selim II: fue el segundo hijo del Sultan Suleyman I y la Sultana Hurrem, sucesor de su padre, se caracterizó por ser un Sultan totalmente opuesto a las conquistas militares, conocido por su alcoholismo, más partidario de las mujeres y el libertinaje, padre además del Sultan Murad III. Tengo planeado que aparezca en el fic-que tengo planeado crear-"El Siglo Magnifico. Mito, Mei y Mikoto" como un Sultan estricto y severo, hermano del Sultan Hashirama y primo del Sultan Madara.

7-Sultana Kaoru-Haseki Nurbanu Valide Sultan: fue la primera mujer no perteneciente al Imperio en ostentar el rango de Madre Sultana, no pudiendo ejercer mayor poder político a causa de su cuñada, la Sultana Mihrimah y posteriormente por la favorita de su hijo Murad III, la Sultana Safiye. En el fic "El Siglo Magnifico: Mito, Mei y Mikoto" la representare como la mayor enemiga de Mito, la mujer que impuso el sino de crueldad en ella y que la hijo una mujer arisca, ambiciosa y frívola.

8-Sultan Madara III-Sultan Murad III: fue el hijo mayor del Sultan Selim II y su Haseki, la Sultana Nurbanu, el Sultanato de Murad estuvo marcado por las continuas guerras con Persia y los Estados cristianos europeos representados por el Reino de Hungría, Transilvania y el Sacro Imperio Romano Germánico, volviéndose un personaje de importancia durante la Guerra de los Quince Años y la decadencia económica e institucional otomano empezó a sucumbir. En el fic "El Siglo Magnifico: Mito, Mei y Mikoto" lo reflejare como un hombre poco centrado en la política y más dedicado a disfrutar de las mujeres de su Harem, pero totalmente enamorado de la Sultana Mito a quien le permitirá interferir el política, siendo además el padre del Sultan Izuna y por ende abuelo del Sultan Sasuke.

9-Sultana Mito-Sultana Safiye: fue una de las figuras más importantes del llamado "Sultanato de Mujeres" se dice que su ambición y mor por el Sultan Murad fue tal que llego contratar a una bruja que hizo un hechizo para impedirle estar con otras mujeres, ganando gran poder político hasta que esta artimaña fue descubiertas, posteriormente reservándose a convertirse en asesora política del Sultan, se dice además que fue quien tomó la decisión de ordenar la ejecución de los doce Príncipes y hermanos de su único hijo, el Sultan Mehmet III, permitiendo además la corrupción dentro del Imperio. Como la Sultana Mito es un personaje conocido, creo que no hace falta que aluda algo más, por no decir que lo mencionado sobre el personaje real de la Sultana Safiye ha de poder ilustrarlos un poco sobre cómo será su rol e historia en el fic "El Siglo Magnifico: Mito, Mei y Mikoto"