-La historia es de mi completa autoria más esta ligeramente basada en la segunda temporada de la serie "Kósem La Sultana" producida por Timur Savci y ahora protagonizada por Nurgül Yeşilçay (Sultana Kösem) y Metin Akdülger (Sultan Murad IV). Los personajes son propiedad de Masashi Kishimoto, más su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta para la dramatización de la historia.
Capítulo 33
Un nuevo día iniciaba ante la atenta vista de todos, o más bien había iniciado hacía ya un par de horas y ahora todos parecían disfrutar de él, todos menos la familia Imperial que en silente retrospectiva lloraba la muerte de un hermano, un hijo, un amigo, alguien que irrefutablemente no había merecido la muerte. Bajo aquel impoluto silencio es que se encontraba la Sultana Sakura visitando nuevamente la cripta familiar, sola y contemplando tristemente el febrero de su hijo Rai, forrado en seda color negro bordada en oro y bajo el cual se hallaba una placa que detallaba su nombre, el día de su nacimiento y el día de su muerte, todo eso era banal para Sakura que una y otra vez rememoraba en su mente y corazón el instante en que había leído su sentencia de muerte y en que había visto su cadáver, decapitado como ya les había sucedido a sus hijos Itachi y Baru, solo que esta vez por un enemigo que la había apuñalado por la espalda como nadie jamás lo había hecho, y esta puñalada era más dolorosa que cualquier otra.
Había estado en la cripta desde hacía un par de horas cuando una portentosa escolta jenízara había traído el féretro y lo habían colocado en el lugar ya dispuesto, con ella como único testigo de todo, con el corazón herido en lo más profundo de su ser. Hermosa pero melancólica y triste, la Sultana Sakura lucía un sencillo vestido color negro, de escote corazón y mangas ajustadas hasta los codos, holgadas y semi trasparentes hasta cubrir las manos, por sobre el vestido se hallaba una chaqueta de seda color negro ribeteada en oro, con unas sutiles hombreras, cerrada bajo el busto y abierta bajo el vientre, exponiendo escasamente el vestido inferior. Su largo cabello rosado se encontraba elegantemente recogido tras su nuca, exponiendo así su cuello desprovisto de joyas, y resaltando en su lugar un par de largos pendientes de oro con un cristal ámbar en forma de lágrima como complementos de una hermosa corona de oro, diamantes y cristales que emulaba hojas doradas.
Las pesadas puertas que separaban la cripta del resto del Palacio se abrieron sonoramente tras Sakura, permitiendo así el ingreso de Naoko que, siendo sacada de su celda, era escoltada por Naruto, estaba enterada de todo y pese a estar rompiendo las reglas es que Sakura le daba a Naoko el sentir egoísta de poder llorar a su hijo como ella había hecho por Itachi, por Baru, por Kami y ahora por Rai, ninguna de ellas tenía la culpa de su muerte, ni siquiera Naoko, no, Sasuke había tomado la decisión, la culpa era suya. Acompañada en todo momento por Naruto es que Naoko se desplomo frente al féretro de su hijo, herida en lo más profundo de su corazón ante semejante visión mientras el Hasoda Basi observaba de sola sayo y con preocupación a la Sultana Sakura y su desgarradora tristeza que conseguía oprimirle el corazón.
-Rai…- sollozo Naoko, con el corazón hecho trizas. -Hijo, ¿Qué te hicieron?- lloro la Sultana bajo la atenta mirada de Sakura que observaba todo con una melancolía visible para todo aquel que estuviera presente, aunque solo Naruto y Naoko tenían ese "privilegio". Aceptando con pesar la muerte de su hijo es que Naoko no hubo tardado en dirigir su ira hacia la única persona presente a quien podía catalogar como culpable por lo sucedido. -Tú…- mascullo Naoko, levantándose tan velozmente del suelo como le fue posible y acercándose hacia Sakura, siento detenida a tan solo un par de pasos frente a ella por Naruto que le impidió acercarse más, -tú tienes la culpa de todo esto- sentencio la Sultana.
-Mis condolencias, Naoko- ofreció Sakura sinceramente, con su voz matizada de tristeza.
-El dolor que pretendes sentir es falso, falso como todo lo que haces- acuso Naoko con dureza.
-Si te consuela insultarme, hazlo- permitió la Haseki indudablemente ante la incrédula mirada de Naruto e igualmente la de Naoko, -pero tú no eres la única que tiene el corazón herido por la pérdida de un hijo- recordó Sakura con total desanimo.
No le interesaban las ofensas, las heridas ni todo cuanto pudieran hacerle, de hecho, Sakura se sentía más próxima a las lágrimas con esos insultos y eso era precisamente lo que deseaba hacer, seguir llorando mientras aún tenía tiempo, mientras le estaba permitido hacerlo porque nadie, absolutamente nadie, podía comprender cuán grande era su sufrimiento. Era extraño para Naoko, que había visto cada faceta de Sakura hasta entonces, contemplar semejante resignación, verla aceptar el dolor y tristeza no con entereza sino como una mártir que aceptaba la muerte, fue así que resulto relativamente fácil par Naoko darse cuenta de que Sakura no era quien había orquestado nada de lo sucedido, era un víctima de todo.
-Ganaste, ¿Te sientes mejor ahora?- cuestiono Naoko, incapaz de entender del todo como es que Sakura era quien ahora sufría una afrenta así. -Quizá no ordenaste esto, pero escúchame muy bien, el Sultan…- la pelinegra se detuvo para sonreír sínicamente, consciente de lo que iba a emitir, -el hombre que amas, destruirá todo, a tus hijos, tu vida, lo perderás todo- sentencio Naoko no con amargura sino que lastima. -Odiaras al mismo hombre a quien dices amar- condeno la Sultana finalmente.
Sakura sin ser capaz de ocultar la tristeza en su semblante, asintió únicamente, sabiendo que lo que Naoko decía era la verdad, estaba condenada a ver morir a todos aquellos a los que amaba por causa del amor que sentía, su impulso adolescente por salvar a Sasuke hacía ya tantos años atrás antes de que naciera su primogénito Baru, habiendo hecho aquel acuerdo con la hechicera, la había condenado desde el Principio, estaba destinada a cargar con su propia condena.
Sasuke era responsable de todo su sufrimiento.
A pesar de que la mayoría de los habitantes del Palacio aceptaran a bien la decisión del Sultan, —ya que no podían oponerse—eso no significaba en lo absoluto que sucediera lo mismo en el caso de las Sultanas y los Príncipes, el ambiente que rodeaba a la familia Imperial y sus habitantes era sumamente melancólico e igualmente propenso a la ira ya que ninguna de las hijas del Sultan conseguía comprender semejante decisión, fuera cual fuera el caso y Sarada no pensaba diferente, se sentía decepcionada, sentía que su padre era un hombre más en el mundo, no era diferente de nadie. Siempre había creído que su padre era un hombre intachable y honesto, incapaz de ejercer la crueldad, con un buen juicio que nadie podía profanar, pero eso había cambiado, había perdido su moral y bondad, su buen corazón, se había dejado corromper por el mundo y ahora no era diferente de nadie, como hija estaba totalmente desilusionada de él, ya no confiaba en nada de lo que él hiciera, solo estaba volcada a garantizar que Daisuke y Shisui estuvieran a salvo de ahora en más, no permitiría que ninguno de sus hermanos sobrevivientes murieran porque sabía que si había resultado fácil para su padre firmar la sentencia de Rai, igualmente podía hacer lo mismo con Daisuke y Shisui.
Sentada sobre el elegante diván junto a la ventana, en sus aposentos, se hallaba la Sultana Sarada acompañada de su esposo Boruto que acababa de regresar tras la reunión del Consejo Real, finalizada momento atrás y que intentaba no despegarse de ella e ningún momento al saber de su fragilidad emocional que si bien conseguía no exteriorizar, seguía ahí. Intentando aproximarse lo más posible al luto que no podía ostentar en esa ocasión, la Sultana portaba un envidiable vestido de seda azul oscuro, de escote cuadrado y mangas ajustadas hasta los codos, holgadas y hechas de encaje a partir de allí, llegando a cubrir las manos, de igual modo la falda superior, el centro del corpiño y el borde del escote estaban ribeteados en encaje, brindándole un aspecto aún más codiciable a la tela que ya de por si lo era, con seis botones de plata en caída vertical desde el escote hasta la altura del vientre. Su largo cabello azache, plagado de rizos, se encontraba elegantemente recogido tras su nuca de forma impecable, con un par de pequeños rizos enmarcando el contorno de su rostro, sobre su cabeza se hallaba una hermosa corona de plata y zafiro ribeteados en diamantes emulando capullos de rosas a imagen de un par de pendientes de cuna de diamante en forma de lagrima con un zafiro en el centro.
-¿No habrá un funeral?- inquirió Boruto, con curiosidad.
-No, ya que la ejecución se ordenó por designio del Sultan y para evitar un conflicto, la muerte no tiene validez- señalo la Uchiha de forma vaga, perdida en sus pensamientos.
Tanto Sarada como él conocían el protocolo a la perfección y disfrutaba de sus quiebres, pero si esta vez Boruto se fingía idiota y hacia preguntas era para intentar aligerar el ambiente, en espera de poder distraerla de tantos problemas, sin éxito aparente, la felicidad de ella era la suya, y por ello es que Boruto no podía soportar verla tan triste a como se expresaba en su presencia, con Chouchou y Himawari incondicionalmente presentes, no como doncellas, sino como amigas.
-Pero eso no se aplica a la Sultana Sakura- menciono el Uzumaki, igualmente confundido.
-Mi madre lo crio, al ser su madre, en ese sentido, ella queda exenta de la ley- explico Sarada.
Pese a sus laboriosos intento, resulto claro para Boruto que nada de lo que hiciera daría resultado, la tristeza que Sarada sentía solo podía ser comprendida por alguien que hubiera perdido igualmente aquello tan valioso como lo era un hermano, algo que el afortunadamente no comprendía, no había tenido hermanos ni hermanas, su madre, la Sultana Hinata, había muerto tras su nacimiento así que—en teoría—se había librado de tal penuria, pero su padre si lo había experimentado al padecer la muerte de su hermano Menma, por más cruel que sonara…por una vez, Boruto deseo poder comprenderla. Prediciendo el dolor que ella sentía es que Boruto le indico a Chouchou y Himawari, —con la mirada—que se retirasen, acción que hubieron acatado inmediatamente por el bien de la Sultana Sarada. En cuanto las puertas se cerraron tras Chouchou y Himawari, Boruto entrelazo sus manos con las d Sarada, garantizándole omniscientemente que estaba bien demostrar sus sentimientos, que nadie iba a culparla por ello.
-Fui muy dura con él, no…- Sarada hubo de morderse el labio inferior para no llorar, agradecida por la incondicionalidad de Boruto, pero igualmente triste. -No le hice sentir lo importante que era para mí, siempre fingí que lo odiaba, pero lo amaba tanto como a Kagami, como a Shisui y Daisuke- admitió la Uchiha, lamentando enormemente haber sido fría y distante de él cuando en realidad siempre había sido como cualquier otro de sus hermanos. -Kami me perdone- rogo Sarada, permitiendo que Boruto la abrazara, buscando refugio en su presencia.
-No es tu culpa- consoló Boruto, acariciándole la espalda, dando todo de si por tranquilizarla, sufriendo al verla llorar, al verla presa de un sufrimiento que no merecía sentir, -estoy seguro de que, al final, el sí supo que lo amabas y cuánto- aseguro el Uzumaki.
Incontables veces Sarada había estado segura de aquello; no era tan fuerte como su madre, su madre podía ocultar eficientemente su auténtico sentir, todo el tiempo y desenvolverse como se esperase que hiciera, pero para Sarada, ciertamente, era un tanto más difícil. No iba mentir, si, podía ser fría y estoica cuando la situación lo ameritaba, pero eso no sucedía siempre, no podía ser permanentemente una Sultana ni por más que hubiera nacido como tal, más sabía que tenía un rol que cumplir en su vida y apegándose a ello es que conseguía marcar un margen invisible entre el mundo Palaciego y las inquietudes de su propia familia y lo que, a su vez, ella misma sentía. Pero, y ante eta perdida, sabía que debía ser más fuerte, nadie lo seria por ella, era el momento de que aceptara que habían decisiones que tomar y ella debía formar parte de eso. Rompiendo con lentitud el abrazo es que Sarada le hizo saber a Boruto que ya se sentía un tanto mejor, todo gracias a su presencia y su amor incondicional, pero ni aun así abandono el vínculo con ella que mantenía sus manos entre las de él, haciéndola sentir permanentemente amada.
-No me importa mi dolor, Boruto- confeso la Uchiha resignadamente, sabiendo que lo hecho, hecho estaba, al menos en el plano emocional que había trazado su relación con Rai, -pero mi madre…¿Qué estará sintiendo ella?- cuestiono Sarada con preocupación.
Escuchando esta pregunta, Boruto no supo que contestar, nadie había reparado en lo que poda estar sintiendo la Sultana Sakura.
Pese a la tristeza reinante en la familia Imperial y en el ambiente Palaciego, el día que veían ante ellos no era sino esplendido, un cielo moderadamente plagado de nubes bancas, con el sol reluciendo en el cielo y un ambiente cálido que brindaba algo de afecto celestial por obra de la providencia que, a entender de Sakura, intentaba consolarla de su propio dolor. Tal vez fuera por esto que hubiera decidido aprovechar el día, intentando recomponerse y paseando por el jardín acompañada de Naruto, con Tenten y Kin tras ambos como silentes vigilantes y protegiendo así la intachable reputación de su Sultana que no podía permitirse macula alguna sobre su nombre. Por sobre su enlutado vestido negro es que la Sultana portaba un abrigo de seda y tafetán igualmente enlutado, de mangas holgadas que exponían las mangas inferiores, y abierto para exponer el vestido inferior casi en su totalidad, con un largo velo tras su espalda, sostenido por la corona sobre su cabello.
-Todos creen que visto así innecesariamente, pero si no lo hago siento que me desplomare en cualquier momento, Naruto- confeso Sakura con notoria apatía y desanimo.
No es como si esperase que alguien pudiera comprender lo que sentía en lo más profundo de su corazón y que llegaba a impedirle respirar, no, estaba sola con su sufrimiento, sola con sus problemas, eternamente sola y ahora más que nunca al comprender que Sasuke era capaz de tomar decisiones sin pensar en ella, en ambos ni en su familia, por primera vez había conseguido sembrar en ella el miedo de sus predecesoras, el miedo a ver como sus hijos morían uno tras otro, por primera vez es que Sakura podían comprender, en parte, el sentir de la Sultana Mei que había perdido a su primogénito, Itachi, por causa del Sultan Izuna, y por primera vez estaba sintiendo que parte de su peor miedo de hacia realidad, que Sasuke se convirtiera en un Sultan megalómano, asesino y corrupto como habían sido sus predecesores, incluso el Sultan Hashirama que había ordenado la muerte de dos de sus hijos. Naruto a su lado hubo de admitir que se sentía impotente, impotente por no poder consolar a la mujer que tanto amaba como merecía ser consolada, ella que sufría tanto, ella que además cargaba con una enfermedad que nadie conocía salvo su sequito, salvo él y quien ella le había tenido indudable confianza, ¿Cómo es que podía soportar tanto? Incluso para Naruto, aquello era un completo misterio.
-La gente habla de lo que no sabe, Sultana- defendió el Uzumaki, sumamente preocupado por su condición y por cómo se estuviera sintiendo. -Usted hizo lo que pudo-animo Naruto, intentando hacer que se sintiera mejor, de alguna forma.
-Pero debí hacer más- protesto Sakura de forma inmediata, furiosa consigo misma y su impotencia para haber evitado lo que, sabía, era inevitable, -Rai era mi hijo y viviré para lamentarme de no impedir su muerte- condeno la Haseki, bajando tristemente la mirada.
No olvidaría jamás la promesa que, antes de morir, le había hecho a Rai, claro que viviría para enfrentar todo cuanto se encontrase en su camino, incluso a Sasuke de ser necesario, no se rendiría hasta que llegar su muerte, hasta entonces seguiría luchando incansablemente, la próxima vez que Sasuke pensar siquiera en hacer algo así, ella estaría ahí para confrontarlo fuera cual fuera la situación y sin importar que obtuviera un castigo o su indiferencia a cambio, no volvería a guardar silencio, no volvería a tolerar otra injusticia semejante. Yo soy Sakura, la favorita de mi padre, la primogénita de mi madre, la mejor amiga de mi hermana pequeña. Una vez fui una joven griega que resplandecía como una flor entre áspides y maleza, fui arrancada de mi tierra, hecha esclava, y traída para un hombre al que no conocía, fui el sueño de un príncipe que se volvió Sultan, perteneciente a un Imperio muy lejano, que no conocía, pero del que ahora formo parte.
-¿Qué podría haber hecho?- cuestiono la Haseki, sonriendo de forma sínica, sin esperar respuesta alguna. -Nadie puede oponerse al Sultan, ni siquiera yo, pero estuve dispuesta a hacerlo- confeso Sakura.
Naruto hubo de admitir que estaba sorprendido, ella siempre seguía la reglas, las normal del Palacio y del Harem como tal pese a ser la Sultana Haseki y no una concubina cualquiera, siempre seguía la órdenes y designios del Sultan, su voluntad, y por primera vez había pensado en oponerse, reparando en esto fue que Naruto se dio cuenta que su lealtad, inconscientemente, se había volcado por completo hacia la Sultana, ya no creía en el Sultan Sasuke y en su juicio como había sucedido en el pasado, estaba decidido a velar por la Sultana Sakura y por el Imperio, pero solo por el inmenso amor y leal que le profesaba, no por el Sultan. No era una mentira, había hondado en la posibilidad de evitar que la orden fuera cumplida, no sobornando a los verdugos, no, eso no hubiera resultado sin importar cual fuera el caso, sino planeando—de algún modo—que Rai huyera, pero eso no había tenido éxito, ni siquiera ella que era alabada por todos como "la Sultana de Sultanas", esposa y Haseki del Sultan del Mundo…podía evitar la muerte de quienes tanto amaba, era irrisorio, y lo peor de todo es que estaba furiosa, si, deseaba poder desquitarse de alguna forma y exigirle a Sasuke que le rindiera explicaciones pero no, él no lo haría, siendo Sultan no tenía por qué justificar nada de lo que hiciera, tenía ese "derecho" y no cambiaría por ella. Tendría que arrancarse a sí misma el corazón, tendría que seguir adelante por esos valles, montañas y acantilados, como se había prometido a sí misma, tendría que seguir caminando a pesar de todo.
Soy Sakura, en este Palacio he visto que los más profundos dolores se esconden en las más grandes riquezas, he visto la oscuridad que yace en las gemas más deslumbrantes, la maldad oculta en los rostros más hermosos que alguien pudiera imaginar. Soy Sakura, mi familia solía protegerme de la luz del sol, incluso de las gotas de lluvia…pero estoy dispuesta a sacrificar mi vida y quemarme en el fuego sin sentir miedo, porque soy una Sultana y porque desde el principio me sacrifique a mí misma, prometiéndoles a mis hijos y a mí, que jamás toleraría las injusticias del mundo, aprendí del bien y del mal, aprendí a ser sagaz y no dejarme usar. Cuando el mundo desaparezca y se deba recordar a alguien, todos gritaran mi nombre, porque nadie tendrá tanto poder, nadie hará lo que yo he hecho, porque desgarraron mi inocencia y me hicieron caminar por un valle de espinas, porque fui yo quien tuvo que llorar sangre…
Shisui, a pesar de que ya fuera más de medio día, se mantuvo recostado en su cama, aun en ropa de dormir y sin desear vestirse o abandonar su habitación, solo para empezar. Tendría que fingir desde el primer momento en que cruzase esa puerta, ese no era un panorama muy alentador de comprender, a su parecer al menos. Lo sucedido aun revoloteaba en su mente de forma incansable, recordándole que tan fácilmente podían cambiar las cosas, el modo en que todo lo que se consideraba real e indeleble podía desaparecer para siempre, como había sucedido con la vida de su hermano Itachi, luego con su hermano Baru, con su hermano Kagami, todo asesinados por obra de sus enemigos, y ahora Rai, muerto por su propio padre que así lo había decidido, el mundo y la realidad había cambiado para siempre y Shisui lo sabía muy bien. Irrumpiendo en sus divagaciones es que se abrieron las puertas de su habitación, más no se giró a ver a su hermano Daisuke y a su hermana Mikoto que sabía habían ingresado, distinguía claramente el eco de sus pasos.
Propia y debidamente elegante a pesar de su sombrío sentir emocional, la Sultana Mikoto vestía el color que más poda acercarla al luto en esas circunstancias, el azul oscuro. Se trataba de un sencillo vestido de seda, escote redondo y mangas ajustadas hasta los codos, holgadas y que llegaba a cubrir las manos, por sobre el vestido una radiante chaqueta de terciopelo ribeteada en los bordes por escamas de plata, cerrada escasamente a la altura del vientre, pero luciendo impecable a causa de las escamas que brindaban un aspecto noble. Su largo cabello rosado, cual cascada de rizos, caía elegantemente tras su espalda, dividido en dos por obra de una especie de coleta superior que resaltaba aún más su largo cuello, una diadema de tipo broche, hecha de oro y prominentemente emulando hojas doradas adornaba su cabello y de la cual pendía un dije de cuna de diamante con un zafiro en el centro—a juego con un par de pendientes—caía sobre su frente.
Por otro lado pero igualmente imponente se hallaba Daisuke, vistiendo un riguroso Kaftan de seda color negro y mangas ajustadas, plagado de un inentendible patrón de bordados de oro que ya de por si hacía a la tela lucir, no sobrecargada, sino moderadamente enriquecedora, el centro del Kaftan, hasta el marcado y cerrado cuello alto, así como las hombreras, eran de cuero gris oscuro, con—en el caso del pecho—seis botones en caída vertical desde el cuello hasta el abdomen, y un fajín marrón claro con un broche que representaba el emblema de los Uchiha. No era incorrecto afirmar que solo hacía falta que portara la corona Imperial para ser un Sultan en todo; la apariencia y el temple ya la tenía, así como el respeto de todos los súbditos, Pashas y Visires, por no hablar del infaltable apoyo de su madre que siempre confiaba en cada una de sus decisiones, pero aun así, y con todo lo sucedido es que Daisuke no podía evitar sentirse intranquilo, todavía más con la displicencia de su hermano menor que no había asistido a la reunión como debía de haber hecho, con él, por ello es que Daisuke volteo a ver a Mikoto que solo pudo encogerse hombros antes de sujetare la falda y sentare sobre la cama, esperando que Shisui decidiera explicarse.
-Te esperábamos en la reunión- comento Daisuke, manteniéndose de pie y observando reprobatoriamente a su hermano menor, -tuve que mentir y decir que te sentías enfermo- menciono el Uchiha.
No era como necesitase que su hermano lo cubriera en las reuniones del Consejo ni en la vida Palaciega, tampoco necesitaba que sus hermanas ocultaran el hecho de que no deseaba abandonar la habitación y fingir que todo está bien, como ellos hacían, todo porque el Sultan había permitido la muerte de Rai y por ende nadie debía lamentar nada, pero al igual que su madre no conseguía olvidar lo sucedido, tenía permanentemente en su mente la imagen de su hermano, decapitado, tal y como habían muerto sus hermanos Itachi y Baru por obra de sus enemigos y la situación no era diferente en nada porque su padre, el Sultan, era un enemigo para todos ellos, por más que se aparentase lo contrario sabía que sus hermanas y hermano dudaban de su padre de ahora en más, la confianza de toda la familia en si se había roto con una sola acción, quedaba la aparente lealtad y el amor, pero no la confianza, no la incondicionalidad.
-Nuestro padre es un asesino- mascullo Shisui claramente.
-Cuidado con lo que dices, las paredes tienen oídos- reprendió Mikoto, preocupada de que esas mismas palabras pudieran ser usadas contra su hermano.
No le hacía gracia tener que defender a su hermano menor si era el mismo quien se condenaba, pero fuera el caso que fuera, Mikoto estaba dispuesta proteger a Shisui tanto como a Daisuke, era osado decirlo pero tras la muerte de Rai todos se habían sumido en la introspección y la desesperanza, por no hablar de la desesperación, todo por causa de no saber cuál sería la próxima decisión de su padre y que nueva tristeza traería sobre el Palacio. Pese a las apariencias, su madre estaba inconsolable, continuamente débil y fatigada, lo cual a entender tanto de Mikoto como Daisuke resultaba preocupante, pero ella se negaba a dejar a un lado sus responsabilidades, cargando sobre si con la melancolía y el dolor que sentía por la pérdida de Rai. De mala gana, Shisui se sentó sobre la cama, observo por igual a su hermana mayor y a su hermano que lo observaron expectantes, él había sido el más afectado con la muerte de Rai, estaba mostrando signos de locura, pero afortunadamente sabia como controlarse y camuflarlos, al menos por ahora.
-Nuestro padre comenzara a ver amenazas en todos lados, hasta que se dé cuenta que neutra madre es su mayor oponente- evidencio Shisui fácilmente, -solo ella puede destruirlo, si se lo propone- aludió el Príncipe, sabiendo a influencia y poder que tena su madre sobre el pueblo y por ende todo cuanto podía hacer, de tan solo desearlo.
-No lo hará- contesto Mikoto, inmediatamente, conociendo la tendencia de su madre a evitar cualquier derramamiento de sangre.
-Ese es el problema- señalo el Príncipe, tras escuchar la sentencia de Mikoto, -si alguien no detiene a nuestro padre, al final nos destruirá a nosotros- razono Shisui con obviedad, incrédulo al ver que su hermano y hermana no aceptaran esto.
Si había sufrido al momento de la muerte de Rai, no era solo por el hecho de perder a un hermano, sino también por perder a su padre justo y bondadoso, su padre de buen corazón y que había sido suplido por un hombre cruel, ambicioso, tirano, lo que se esperaba de cualquier Sultan anterior y lo que él y sus hermanos, y su madre, despreciaban. Los viejos tiempos habían muerto y para mal, los días felices habían terminado y el Palacio ahora se dividía en dos nuevamente y tras tantos años de aparente y falsa paz; aliados y enemigos, victoriosos y derrotados, el bando el Sultan Sasuke, y por otro lado el de la Sultana Sakura, porque Shisui estaba seguro que su madre se opondría de ahora en más, ella había sido la única traicionada abiertamente con lo sucedido y merecía cobrar venganza a su propio modo, todos ellos, sus hijos, estaban de acuerdo con ello.
-Nuestro padre es más clemente que cualquier otro Sultan que haya reinado, Shisui, la muerte de Rai es un precio por esa clemencia- alego Daisuke, aunque él mismo dudaba de estas palabras tan eficientemente pronunciadas en pro de su progenitor.
-Ni tú te crees eso, Daisuke- protesto Shisui con una difusa sonrisa, como burlesca reprimenda. -¿Acaso matarías al bebé que Aratani está esperando cuando nazca, crezca y sea un peligro?- cuestiono el Príncipe, suponiendo la posibilidad de que su hermano fuese Sultan y tuviera que tomar semejante decisión.
-Claro que no, ni siquiera lo digas- se opuso Daisuke terminantemente.
A pesar de la anterior postura que hubiera parecido manifestar por causa de Koyuki, que afortunadamente ya no tenía lugar en su vida, Daisuke aborrecía la crueldad, si, su forma de actuar señala al opuesto, pero había sido educado por su madre de tal manera en que la guerra jamás sería algo que pudiera tolerar, sabia como desempeñarse en un campo de batalla, como triunfar en una campaña militar, pero que eso le resultara agradable o placentero era algo muy diferente, saber defenderse y disfrutar de luchar eran dos cosas totalmente opuestas. No, si él se convertía en Sultan algún día, jamás toleraría al crueldad, él sería diferente, no solo por sí mismo sino por todo cuanto su madre le había inculcado y que jamás podría olvidar.
-Nuestro padre pensaba igual, también nuestro difundo abuelo el Sultan Izuna- señalo Shisui, aludiendo a su fallecido y tan condenado abuelo. -No lo conocí, pero sé que nuestro padre es igual, es un asesino- condeno el Príncipe con palpable disgusto.
Su madre tenía un dicho, siempre lo había tenido a decir verdad, una mención que Shisui recordaba siempre y que, con el paso de los años, lo había hecho comprender y enjuiciar muchas cosas, y sabía que su madre debía tener constantemente en mente esta alusión; "Quien acepta la crueldad una vez, siempre es cruel"
-¡Atención!, ¡Su Majestad el Sultan Sasuke!
En compañía del anuncio del heraldo, así como de su propia escolta fue que el Sultan se condujo estoica y regiamente por los pasillos de su Palacio, su regreso no se había postergado ni adelantado ni un ápice, había regresado cuando se había esperado que lo hiciera, ni antes ni después, y esto se debía en cierto modo a la culpa que pesaba sobre su persona y que insistía no exteriorizar ni sentir, más que seguro de que lo había hecho estaba bien y tenía fundamentos para hacer sucedido así, pero solo estaría seguro de ello en cuanto viera a Sakura. Portando un modesto abrigo color negro fue que el Sultan intento pensar más bien en las decisiones que ahora habría de tomar, decisiones como lo eran la ejecución de Naoko e igualmente la de Kisame Hoshigaki Pasha, algo a lo que Sakura y él habían llegado a un acuerdo en cuanto a lo imperativo que resultaba para ambos y para la seguridad del Imperio el deshacerse de los traidores y enemigos a su poder. Sasuke debía reconocer que, por primera vez en tantos años, comenzaba a comprender parte de las decisiones que su padre, el Sultan Izuna, había tomado e su día creyendo que había hecho lo correcto, todo derivaba de las circunstancias, no de la forma de pensar.
Sabía que era una dura afrenta contra su propia humanidad, y misericordia, permitirse considerar que ordenar la muerte de uno de sus hijos era algo correcto, pero todo era parte de una de las muchas labores que debía llevar a cabo como Sultan, si él no partía permitiendo que ciertas cosas sucedieran, que ciertas medidas se tomaran, quizá en el futuro los traidores pensaran en sublevarse como había sucedido en el pasado anteriormente y eso sería una traición contra sus propias promesas de impedir una guerra civil en su Imperio y durante su Sultanato, además, debía de confiar en que todos a su alrededor habrían de entender la decisión que había tomado y porque, al fin y al cabo era el Sultan y su voluntad no podía ni debía cuestionarse. Cada decisión tenía su reacción, era lógico pensar en eso si se trataba de una persona normal, pero Sasuke no hacia eso en lo absoluto, al fin y al cabo su autoridad estaba por encimad e la de cualquier otro individuo sobre la tierra, en si era correcto afirmar que incluso era invulnerable a lo que sea que sucediera a su alrededor, y el primer paso para demostrarlo era considerar que todas sus decisiones eran correctas, fuera cual fuera el caso ya que nadie pensaría siquiera en oponerse a lo que el considerara adecuado o correcto.
Pero, cualquier pensamiento o idea que hubiera estado presente en su mente desaprecio en cuanto hubo llegado al umbral del pasillo que comunicaba con el área designada a sus aposentos y frente a cuyas puertas se encontraba esperándolo su esposa, su Haseki que, por el debido protocolo y formalismo ante la presencia de testigos, lo hubo reverenciado debida y correctamente. Como una puñalada a su corazón, consciente o inconsciente es que ella vestía formalmente de luto, dándole a entender claramente que la muerte de Ri era una ofensa personal a ella, una perdida nueva a la que tena que enfrentarse y ante la cual Sasuke no supo que pensar o decir. Se trataba de un sencillo vestido negro de mangas ajustada, escote cuadrado con cuello falso en V hecho de encaje, y por sobre este una chaqueta superior de seda, igualmente de olor negro, pero plagada de bordados y estampado dorado en hilo de oro que emulaban hojas y dispersamente el emblema de los Uchiha, cerrada a su figura con un cinturón orado. Su largo cabello rosado, peinado en una marea de cadenciosos rizos, caían impecablemente sobre sus hombros, enmarando un par de sencillos pendientes de oro y cristal en forma de lagrima que complementaban a la perfección la corona de oro, diamantes y cristales ambas sobre su cabello, emulando espinas y capullos de rosa y que además sostenía un largo velo color negro a juego con el vestido. Impecablemente hermosa pero sumamente triste en su presentación.
Sabía que las cosas habían cambiado, de hecho resultaría tondo de su parte inclinar la cabeza, sonriera y fingir que todo era algo del pasado, no, nunca podría olvidarlo. A lo largo de su vida había esperado las traiciones de muchas personas, de sus hijos inclusive porque sabía que podía ser sobreprotectora con ellos, inclusive, pero jamás había esperado que quien la apuñalara a traición no fuese sino Sasuke, jamás había esperado que el hombre que tanto amaba tuviera el valor de actuar a su espalda y decidir algo tan imperativo y fundamental como la vida de Rai sin pedir su opinión, por ello es que Sakura había decidido que, a partir de ese mismo momento, todo habría de cambiar, las cosas entre Sasuke y ella jamás—y repetía la palabra, jamás—volverían a ser como habían sido en el pasado, y no era culpa suya, ella había dado todo porque todos fueran felices, ella había estado dispuesta a ser feliz si Sasuke lo era, pero todo eso había desparecido ahora, nunca le perdonaría lo que había hecho y se dedicaría a demostrarle el peso que su decisión había tenido, no solo sobre ella que estaba sumamente herida por su traición, sino también obre sus hijos e hijas que ahora ya no confiaban en él y en que sus decisiones significaran un bien únicamente, no, a partir de esa decisión es que se habían formado dos bandos en el Palacio, o estaba del lado d él o del de ella y el Imperio.
Levantando su mirada hacia al escolta jenízara, Sakura no necesito emitir palabra alguna par que los dos leles soldados la reverenciaran debida y respetuosamente antes de retirarse en el acto, dejándolos a Sasuke y a ella a solas de no ser por los guardias que permanecían fuera de las puertas de la habitación, tras ella, y que eran testigos silentes y respetuosos de lo que sea que pudiera suceder. Pese a encontrarse—por así decirlo—a solas, Sasuke siguió sin ser capaz de hacer o decir algo, había esperado poder pensar que decir para justificar lo que había hecho, pero seguía sin encontrar una respuesta lo bastante convincente para sí mismo, mucho menos ahora que Sakura estaba a solo un par de pasos lejos de él, pero igualmente a su alcance, pensando en Kami sabía que y ante lo cual él no podía acceder para decir algo que pudiera remediar todo sentir que ella pudiera tener con respecto a lo sucedido.
Sin saber que decir exactamente es que Sasuke dejo que los hecho hablaran por él, acortando la escasa distancia entre ambos, posando sus manos sobre los hombros de ella y descendiendo por sus brazos en una caricia sutil y ante la cual, -con aparente lealtad y amor incondicional—Sakura respondió con una sonrisa de lo más sutil, por no decir escasa, sin apartar sus ojos de los suyos, en parte haciéndole sentir que no iban a enemistarse por una decisión que debía de haber sido tomada. Mentir era lo más fácil de mundo, aún más en ese Palacio en que las intrigas reinaban en todo momento, por ende fue relativamente fácil para Sakura fingir una sonrisa insignificante que en realidad no hubiera querido mostrar, y corresponder al tacto de él cuando en realidad no deseaba sino reprocharle todo cuanto había hecho, pero no, ahora no era el momento de ello, quizá lo fuera más adelante, pero por ahora no.
Guardaría todo lo que sentía hasta que fuera el momento de sacarlo al exterior.
Acompañado por Naruto, el Hasoda Basi, fue que Sasuke ingreso en el calabozo donde sabia estaban encerradas dos persona que habían traicionado abiertamente su confianza y que esta vez habría de pagar con sus vidas todo cuanto habían hecho, Naoko y Kisame Hoshigaki Pasha, siendo este último quien había sido encarcelado a su regreso de Otogakure tras haberle dado un, por así decirlo, respiro o halito de falsa confianza antes de encarcelarlo como el traidor que era y merecía morir como tal. En realidad no necesitaba estar allí, sus órdenes se cumplirían al pie de la letra sin que necesitase ratificarlo, pero esperaba ver si es que Naoko pensaría en suplicar por su vida esta vez, de igual modo, o no, pero en cuanto se situó frente los barrotes de su celda fue que la observo sentada sobre la barraca, sin molestarse siquiera en levantarse, como si su presencia no significara nada.
-Sultan Sasuke- saludo Naoko escuetamente, -escuche que había regresado, esperaba que fuese una mentira- confesó de forma indiferente.
Indiferencia, debía reconocer que esa posibilidad no haba pasado por su mente, pero aun así se mantuvo estoico en presencia de Naoko, si dejare sorprender o perturbar por nada. En cierto modo todo lo perteneciente a su entorno resultaba impredecible y el caso de Naoko no tenía por qué ser especial o diferente, así que Sasuke acepto que tal vez su actuar no fuese sino una respuesta aceptable tras la muerte de Rai. Fuera cual fuera el caso, Sasuke hizo el máxime acopio posible por mantener su autocontrol y no culpar a Naoko de todo cuanto estaba seguro merecía ser culpada, Naruto, de pie tras el Sultan, observo entre indiferente y compasivo a la una vez llamada Sultana Naoko y a quien la Sultana Sakura compadecía y envidiaba, ambas habían perdido un hijo por la decisión el Sultan, pero la gran diferencia es que la Sultana Naoko tenía la opción de morir prontamente y la Sultana Sakura por otro lado se veía forzada a esperar.
-También escuche que habrán grandes celebraciones por su regreso- comento la pelinegra con palpable frialdad, -ambos sabemos que esa es su manera de silenciar su conciencia- razono Naoko, observándolo fijamente pero sin interés alguno, casi como si estuviera contemplando lo que le era a su entender, un asesino. -No me imagino la carga que significa ser el asesino de su propio hijo-.
-La única culpable aquí eres tú, tú y tus maquinaciones- inculpo Sasuke, sin considerar en lo absoluto que algo de lo que había hecho era reprochable, -tú provocaste todo esto- sentencio el Uchiha.
Una sonrisa burlesca y lastimera de plasmo en el rostro de Naoko al escucha estas palabras, muy esperadas por cierto, claro que había esperado que pronunciara esa inventada justificación, porque Sakura y ella sabían que no había nada, absolutamente nada que pudiera traer a Rai desde la tumba y remediar lo que Sasuke había hecho, no había modo de perdonar lo que Sasuke había hecho y que quizá solo tuviera el precio necesario cuando Sasuke muriera, y hacia bien al pensar que Sakura pensaba justo como ella, por primera vez, irónico en realidad. Sakura, quien a ojos de todo el mundo era amada sincera y devotamente por el Sultan, era quien más estaba pagando el precio por causa de ese amor que en lugar de protegerla, estaba destruyéndola poco a poco. Sin que Sakura se hubiera dado cuenta, Naoko sabía de la enfermedad que padecía, había conseguido enterarse de ello antes d ser encarcelada, pero no pensaba contarle absolutamente nada a Sasuke, deseaba que él la perdiera sin ser capaz de hacer nada, y en cierto modo Sakura había decidido lo mismo tanto por rencor como por voluntad propia.
-Siento lastima por Sakura- reconoció Naoko sin sentirse amedrentada, sabiendo muy bien lo que iba a decir, -la has hecho ir y volver del infierno, eres un opresor, la corrompes y hieres con tu crueldad- justifico la pelinegra el porqué de sus palabras y la enemistad con la Sultana Haseki a quien ya no odiaba, sino que compadecía, -dices que haces todo en nombre del Imperio y la justicia, pero solo lo haces para aliviar tu lívido, quieres destruir a todos los que significan una amenaza para ti, ¿o me equivoco?- cuestiono Naoko, conociendo la respuesta a ello.
Hacía décadas atrás, cuando había llegado al Palacio, había escuchado que el Sultan era un hombre admirable, alguien con conciencia y bondad, a quien no podían corromper ni la corrupción ni la arrogancia del Imperio y el Sultanato, y por años—tras el nacimiento de Rai y durante su infancia—había seguido creyendo eso porque él le brindaba su amor como padre a Rai a pesar de que no fuese tan importante como el resto de sus hijos a sus ojos, pero con el pasar de los años y el suceder de los acontecimientos, y tras su exilio del Palacio, había comenzado a tener dudas sobre su conciencia y la muerte de Rai ahora era una prueba clara, una prueba que Sakura igualmente veía, una prueba de la cual nadie podía ser ajeno. Aquella acusación e insulto fue la gota que rebalso el vaso para Sasuke, no pensaba tolerar ser tuteado de esa forma y sin su consentimiento, mucho menos por una traidora que pensaba poder comprender los pensamientos que tenía y la justificación que le brindaba a sus propias acciones.
-Guardias- llamo Sasuke.
-No te detengas, yo ya estoy muerta- tranquilizo Naoko, indiferente.
No quería recibir lecciones de moral o de buen juicio, mucho menos de quien había sido la causante de todos sus problemas hasta entonces, por ello es que Sasuke no permaneció más allí en cuanto vio a los jenízaros entrar en la celda para proceder a decapitar a Naoko como dictaba la orden de ejecución que él había firmado, y como sabía que sucedería después con Kisame Hoshigaki Pasha. Incansablemente, mientras abandonaba el calabozo fue que se repitió que todo cuanto Naoko había dicho no era sino una mentira, no, él no pensaría jamás en lastimar a Sakura con sus actos y decisiones, lo que había sucedido con Rai era una excepción, algo necesario y que estaba seguro Sakura comprendía al pie de la letra, además, ¿Por qué Naoko compadecería a Sakura si la odiaba? No, nada de eso era cierto, Sakura no había mostrado sinos de ira contra él en cuanto había estado uno frente al otro, ella no podía haber salido herida de todo eso.
No soy un asesino, se repitió Sasuke nuevamente….
Luego de haber tendió que lidiar con la Sultana Naoko que ya no era una amenaza a considerar tras haber sido ejecutada, podía decirse que la calma más absoluta remaba en el Palacio aquella noche en que a luna nueva imperceptiblemente adornaba el celo ligeramente nebuloso pero igualmente cubierto de estrellas en cuyo firmamento trasmitían no calma sino que inquietud. La caída y desaparición de Naoko no era lo único por lo que tenían razones de sobra para respirar tranquilos ya que igualmente Kisame Hoshigaki había sido ajusticiado y ya no había persona conocida que pudiera significar una amenaza para el Imperio y todo cuanto la Dinastía de los Uchiha pudiera considerar pertinente. Pero el problema de la confianza y superioridad era que no era inteligente creer que las amenazas pudieran desaparecer del todo, en realidad la naturaleza humana era guerra y conflicto, y Sakura lo entendía a la perfección, hasta el último día de su vida vería la guerra a través de los muros de ese Palacio, quizá el pueblo se sintiera contentado con todos los sacrificios que ella lucha por ejercer a pesar de las adversidades, pero ella…jamás conociera la calma, de aquello estaba totalmente segura.
Era tarde, para esa hora de la noche todos, absolutamente todos debían de encontrarse dormidos a exceptuar de los leales y fornidos soldados jenízaros que fuera de la habitación y en cada pasillo del Palacio resguardaban las vidas de todos y todas, más a pesar de esto es que Sakura abrió los ojos al darse cuenta de que sin importar lo que pasara, no podría dormir, muchos menos cuando una idea latía persistentemente en su mente. Contrario a lo que muchos hubiera podido pensar y hallándose en los aposentos del Sultan, no estaba allí por la habitual intimidad que todos garantizaban que sucedía sin excepción alguna, -y que no era del todo errónea—no, en esta ocasión habían permanecido juntos porque la distancia anteriormente vivida les resultaba insoportable y porque pasar tiempo juntos era un bálsamo propio para las heridas que ambos tenían, más aun así—esta vez—Sakura no podía estar tranquila. Dudando un par de segundos y volteando a ver a Sasuke, profundamente dormido su lado, Sakura aparto con sutileza las sabanas, levantándose de la cama.
La Sultana vestía un sencillo camisón blanco de escote en V, calzado dinámicamente su cadenciosa figura, de mangas holgadas hechas de gasa ligeramente trasparente y abiertas desde los hombros, por sobre el camisón una especie de chaqueta superior de seda color blanco bordada en hilo de plata, sin mangas y cerrada escasamente a la altura del vientre, con su largo cabello rosado cayendo libremente tras su espalda, cual cascada de risos…pero esta vez nada de sí tenía el usual significado de siempre, y todo porque a pesar de la felicidad sentida por el regreso del Sultan…no podía olvidar las palabras pronunciadas por Naoko y que extrañamente tenían un viso profético y muy realista, lo cual la aterraba. Pensando inevitablemente si fue que Sakura avanzo lentamente hacia el escritorio, tomando entre sus manos uno de los objetos que habitualmente siempre permanecían allí, una daga…daga que sostuvo entre sus manos, jugando con ella entre sus manos antes de voltear y regresar sus propios pasos hacia la cama, de una forma tan sigilosa que incluso a ella la sorprendió, pero aquella idea latía tan desesperadamente en su mente y corazón que la hizo-lentamente-situarse sobre la cama, sentada junto a Sasuke, observándolo permanentemente antes de levantar la daga y apuntarla directamente en la trayectoria de su pecho.
El Sultan…el hombre que amas, destruirá todo, a tus hijos, tu vida, lo perderás todo
Enemiga o no, villana o madre, fuera el juicio que hubiera hecho sobre Naoko anteriormente, todo eso ya no importa, porque sabía que sus palabras habían sido ciertas, ahora comprendía que desde el primer momento en que había aceptado el trato con aquella hechicera…se había condenado a sí misma, Sasuke siempre lo tendría todo; el poder, el Sultanato, su amor…pero ella a cambio habría de perderlo todo, por él es que lloraba sangre, por él es que todos los que tanto amaba estaban condenados a morir, por ello es que—y pensándolo bien—no le resulto descabellado terminar esa condena ella misma. Si Sasuke moría, Daisuke seria Sultan, ella sería la Madre Sultana, como su hijo tanto deseaba, todo en teoría sería diferente y para mejor. Sería tan fácil…tan rápido, podría mentir y decir que se trataba de un atentado, pero entre más lo pensaba es que Sakura, inconscientemente, deslizo el agarre de su mano por la daga, dudosa, sin darse cuenta que se hería la mano al tener la hoja de la daga contra su piel. Si, sería fácil, seria enormemente fácil matarlo y ya, pero no podía, no porque eso significaría arrancarse el corazón, ignorar y mentir, decir que no sentía nada por él, pero lo cierto es que lo amaba tanto…que estaba dispuesta a ir al infierno con tal de hacer feliz.
Reaccionando, dándose cuenta de lo que había penado siquiera en hacer es que la Haseki se percató del ardor en su mano, dejando caer la daga sobre la cama, observando el corte en la palma de su mano que sangraba copiosamente. Suspirando pesadamente para si misma, tomo la daga con su mano indemne antes de levantarse de la cama y regresar al escritorio, golpeándose el pecho mentalmente ante su propio error. Descuidadamente pero de forma inaudible es que dejo la daga sobre el escritorio antes de tomar el velo negro que había usado anteriormente y que corto en dos con ayuda de la daga, con uno de los trozos hizo una veda que ato cuidadosamente para ocular la herida en su mano, ya vería como mentir para justificarla, mientras que con el otro trozo es que limpio la sangre que había manchado la hoja de la daga. Resignada e imposibilitada a hacer aquello que había cruzado por su mente y que permanecía latentemente en su mente, Sakura dejo a daga tal y como la había encontrado, regresando a la cama y recostándose en ella, manteniendo sus manos cruzadas a la altura de su vientre, acallando sus propios temores acerca de que Naoko tuviera razón y todo apuntaba a que sí. Tal vez Naoko tuviera razón, pero por más que supiera que hacer aquello era lo correcto…Sakura no podía matar el amor que sentía, era igual de ruin saber que sus hijos estaban condenados, pero hacer una u otra cosa resultaría igualmente dolosa para ella.
Siempre había odiado a las mujeres del Harem indirectamente, a las mujeres que osaban ver a Sasuke, anhelar ocupar el lugar que ella tenía en su cama, odiaba que él pudiera siquiera dirigirles la mirada o hablarles, como toda mujer enamorada su corazón no soportaba la idea de ser reemplazada, pero eso era en el pasado…estaba segura de que las cosas, por causa de la muerte de Rai, jamás volverían a ser las mismas, Sasuke la había apuñalado por la espalda y por causa de ello había perdido la confianza que ella le tenía. No volvería a amarlo de la forma en que había sucedido en el pasado.
A partir de ahora todo sería diferente.
PD: hola a todos, les traigo la actualización, perdonando no haber actualizado antes, pero se daño el cable mi disco extraible y por el momento tarde en actualizar mis historias :3 he aquí la actualización nuevamente dedicada a DULCECITO311 (cuyos comentarios adoro, garantizando actualizar el fic "La Bella & La Bestia" antes del fin de semana :3), a Adrit126 (pidiendo paciencia con respecto a su fic: "El Emperador Sasuke" ya que mis profesores esta llenandome de trabajo :3)y a todos aquellos que siguen la historia en todas sus formas, sin excepción. Si tienen alguna sugerencia en serio apreciaría que la aportaran, recordándoles que este fic, y los otros que hago, son por y para ustedes :3 los amo, cariños, besos, abrazos y hasta la próxima.
