¡Hola a todos! Bienvenidos al epílogo de Cartas Enlazadas, por fin la muy pesada de Eva terminó la historia. Apenas me ha llevado tiempo, he sido rápido en actualizar y no me he desaparecido nunca… ¡Ja! Pero os dije que nunca los dejaría tirado, y no lo he hecho. Aquí está el último capítulo listo para cerrar tramas y abrir otras que en la próxima temporada (o más bien secuela) meteremos mano. Tengo ya una idea muy aproximada de lo que será la segunda parte, así que no os preocupéis que la continuaré aunque será en capítulos más cortos.

Antes de responder a los comentarios, os invito a que participéis en un concurso que organiza el grupo de Facebook 'La cafetería literaria', en la que yo soy beta. El concurso se llama "Porque todos somos iguales", y se hará como homenaje al Día del Orgullo Gay, que es el próximo 28 de junio. Os dejo las bases, por si os interesa:

1. Podrán participar todos los miembros del grupo.

2. La historia se publicará obligatoriamente en alguna página especializada en Fanfictions.

3. Todas las historias tendrán que cumplir con un mínimo de ortografía y redacción. Para eso, TODOS podrán solicitar un Beta Reader que corregirá exclusivamente esa historia.

4. La historia debe de tener: un mínimo de 500 y un máximo de 5000 palabras.

5. En el resumen deberán incluir la frase: esta historia participa en el concurso "Porque todos somos iguales de La Cafetería Literaria".

6. Se evaluará Ortografía, redacción y trama.

Tenéis hasta el día 28 para participar, y solo tenéis que uniros al grupo. ¡Animaos!

Acabado esto, voy a responder los reviews anónimos por última vez en este fic y allá voy:

Susie Bones: Muchas gracias por tus palabras y tus felicitaciones :) Por desgracia, esto es España y vuelvo a estar desempleada pero con mucha ilusión por todo. Eso no me lo van a quitar jamás.

Me alegro que te gustara el cambio de planes de Gisele. Ella se ha descolocado con la muerte de sus padres y ha cambiado mil veces de opinión sobre todo. Habrá más de su indecisión en la segunda parte :) Sí, me puse muy romántica con James y Lily, pero es que no puedo evitarlo con ellos dos. Soy puro amor juntos. Me alegro que estés de acuerdo con que la maldad es cobarde. Yo lo veo todos los días. Siempre van a por el débil, nunca se hacen fuertes contra alguien poderoso. Es asqueroso…

Bueno, mi percepción de lo que ocurrió con Remus y Snape es esa, pero igual me niega mi amor por James. No creo que le importe mucho la vida de Snape pero sí si eso supone hacerle daño a Remus. Lo mismo me ocurre con Sirius. Por eso no creo que quisieran matarle, no por él, sino porque nunca utilizarían a Remus para ello. Pero ya sabemos lo impulsivo que es Sirius y lo tomé por ahí…

Si crees que fui cruel matando a Sadie, mejor no leas la segunda parte porque no dejo títere con cabeza jejeje. Probablemente ella habría conseguido que los Black se arreglaran, pero por eso debía morir. Sirius y Regulus tienen el triste destino de no entenderse y arrepentirse al final de sus días… Pero sí, su muerte será fundamental para el cambio de Regulus.

El tema de Rachel va a ser de los que más juego de en la segunda parte. Tendrá una vida muy complicada a partir de ahora, y no solo ella sino también Remus y los demás. Solo te adelanto que ella es uno de los motivos por los que Remus en el futuro tiene tantos problemas para abrirse al amor. Por cierto… adivina qué enana de pelo rosa aparece en este capítulo :)

Peter es una rata rastrera. Hasta ahora hemos visto su parte cobarde, pero en la segunda parte veremos la parte egoísta que sí le hará mala persona y capaz de vender a todos por su propia seguridad.

A mí también me gustaría saber suficiente de encantamientos y pociones, que he tenido que tirar de imaginación jejeje. Pero espero que lo que tengo planeado os guste :)

Espero alegrarte hoy el día y que me comentes una última vez. ¡Un besazo guapa!

Bueno, ya está. Aviso a navegantes sensibles y menores de edad. Este capítulo contiene LEMON. Quien lo lea, será bajo su responsabilidad. Por última vez digo:

"JURO SOLEMNEMENTE QUE MIS INTENCIONES NO SON BUENAS"

O-oOOo-O

Epílogo

Cuando la marcha nupcial comenzó a sonar, Gisele sintió el fuerte impulso de salir corriendo. Siempre había tenido una gran aversión al matrimonio, no sabía por qué pero era así. La relación entre sus padres había funcionado, y no recordaba ningún trauma cercano que justificara esa reticencia, pero era así. Nunca había querido casarse. Incluso en ese momento, vestida con el traje morado que había usado en el baile de Halloween y portando en su mano un sencillo ramo de flores, no estaba segura de querer dar el paso que iba a dar en escasos minutos.

Pero ya no había tiempo para arrepentimientos. El señor Bones, el padre de Tony, la esperaba para acompañarla al altar, y el resto de la escasa veintena de invitados que habían reunido también estaban impacientes por presenciar la ceremonia. Una huida a última hora era algo demasiado cobarde y poco práctico. Sobre todo porque no tenía a donde ir. Ella y Tony ya llevaban un mes viviendo juntos en el apartamento que le había rentado el Ministerio. Su novio no estaba desencaminado con las dificultades que se habían añadido. Su gobierno era demasiado conservador para consentir que dos jóvenes vivieran juntos en sus instalaciones sin una unión más formal, y definitivamente Tony había acertado con que ser de diferentes razas les había supuesto más de una mala mirada. A pesar del año en que se encontraban, la gente con la mente cerrada aún eran mayoría en las altas esferas políticas.

Afortunadamente Tony se había reconciliado con sus padres, y Edgar Bones tenía un nombre lo suficientemente pesado como para abrir un par de puertas, y conseguir que les permitieran vivir juntos siempre y cuando el feliz enlace se llevara a cabo cuanto antes. Así que no tenía escapatoria. Debía decidirse, sí o sí. O volver a quedarse sola, y eso era impensable.

- Gisele, ¿estás bien? –le preguntó su futuro suegro al ver que ella seguía mirándose al espejo sin moverse-.

No había tenido tiempo ni dinero para un vestido de novia. No es que fuera importante para ella, pero sabía que a su madre era algo que le habría hecho especial ilusión. Sin embargo, el vestido morado que se había comprado en Hogsmeade en aquel lejano octubre parecía más que apropiado. Era elegante y bonito, aunque tuviera la falda cortada por la altura de la rodilla. Su futura suegra le había ayudado a peinarse su alocado cabello en un elegante moño que le daba aspecto de mucha más edad de la que tenía, cosa a la que ayudaba el maquillaje que no estaba acostumbrada a usar. Se sentía terriblemente extraña. No reconocía del todo a la chica que le devolvía la mirada en su reflejo. Sin embargo, inspiró hondo y apartó la vista del espejo.

- Sí, lo siento. Ya podemos empezar –le dijo a Edgar fingiendo su mejor sonrisa-.

Él le devolvió el gesto y apretó su mano contra su brazo, guiándola en el camino hacia el altar. Tony estaba allí esperándola. Con su pelo castaño más peinado que de costumbre y con una túnica de gala que tampoco era nueva. Él también parecía otra persona con ese atuendo, lo que tranquilizó a Gisele. Al menos los dos se veía fuera de lugar en una ceremonia así. Y cuando él le sonrió, todo pareció menos fúnebre que como lo había estado viendo hasta ese momento. Quizá podría funcionar, quizá los dos podrían conseguirlo juntos.

Ni siquiera se enteró de la mitad de lo que el anciano juez dijo. Los dos habían pedido una ceremonia lo más informal y corta posible, por lo que el discurso estaba resumido para la ocasión. Estaba tan distraída que tuvieron que llamarla dos veces para que se enterara de que era el momento de decir sus votos. Otro problema más. No había preparado nada.

- Tony –dijo con la voz débil-. Sabes que no se me da bien hablar en público. En general, aunque parezca mentira, no soy buena con las palabras. Así que solo puedo prometerte que estaré a tu lado en los malos momentos, superándolos como podamos. Y juntos disfrutaremos de los buenos momentos, que espero que sean muchos.

Después, al ver que nadie reaccionaba, asintió con la cabeza dando a entender que había terminado. Estaba segura de que Tony esperaba algo más, al menos algo con más sentimiento. Otra metedura de pata. Era imposible que se sintiera cómoda en ese ambiente. Cuando le tocó el turno a Tony, este le tomó de una mano y la miró a los ojos.

- Gis, solo quiero que sepas que ya no tienes que tener miedo de haberte quedado sola. No lo estás. Jamás volverás a estarlo. Yo seré tu familia. A partir de hoy, y para siempre, te querré y estaré a tu lado en todo momento. Voy a intentar hacerte feliz hasta mis últimas consecuencias. Te quiero.

Gisele ya tenía lágrimas en los ojos cuando él terminó de hablar. Era, sin duda, lo más bonito que alguien le había dicho jamás. Mientras el juez les daba sus últimas palabras antes de convertirlos en marido y mujer sintió cómo las lágrimas caían por sus mejillas. Y no eran solo de emoción. Eran también de rabia. Tony había puesto su corazón en los votos y ella ni siquiera se había dignado a preparar algo con anterioridad. Creyó que lo mejor era la sinceridad del momento, pero al lado de las palabras de él las suyas parecían vacías y sin contenido.

- Por el poder que me ha sido conferido por el Wizengamot yo os declaro marido y mujer –declaró finalmente el juez, devolviéndole a la realidad-.

Gis parpadeó estúpidamente mientras Tony se inclinó para besarla y los invitados aplaudían a rabiar. En la primera fila la abuela y la madre de Edgar lloraban hombro con hombro. Como padrino, su abuelo palmeó la espalda de su nieto. Y Edgar fue el primero en felicitar a Gisele con un beso en la mejilla. En cuestión de segundos se vio sumergida en un mar de felicitaciones de gente, a la mayoría de los cuales no conocía. Compañeros de trabajo de Anthony, amigos de sus tiempos de Hogwarts, algún amigo de sus padres, miembros de la Orden… Ella tuvo que hacer el papel de anfitriona ya que Tony se había visto envuelto en un abrazo grupal con sus tres hermanos pequeños. Mientras recibía las felicitaciones de Marlene McKinnon, miró de reojo la pintoresca imagen y, por primera vez en el día, rio con ganas. Tony se había caído al suelo y sus dos hermanos y su hermana se le subían encima mientras seguían gritando alborotados de felicidad. Él ya había comenzado su matrimonio cumpliendo una promesa: Le había dado una familia.

OO—OO

El alboroto que caracterizaba el último día de clases invadía Hogwarts. una vez acabado el desayuno, los alumnos corrían de un lado para otro haciendo las maletas y tratando de meter en los baúles los recuerdos de todo un año. Todo eran risas, llantos y despedidas. Y era especialmente difícil para los alumnos de último año. Nunca más volverían a dormir en sus dormitorios, ni a pasar el rato en su sala común, ni a asistir a las clases en ese magnífico colegio. Nunca más volverían a jugar un partido de quidditch en ese gran campo. Nunca más serían alumnos de Hogwarts.

James no había dormido esa noche. No habría podido jamás. Pasó horas, hasta la madrugada, recorriendo el viejo colegio con sus amigos y reviviendo cada aventura vivida en sus rincones. Los cuatro habrían querido grabar una parte de ellos en él, volverse inmortales entre esas paredes. Por eso la idea de Sirius les había parecido tan magnífica. Cuando ya se retiraban, casi a punto de amanecer, se hicieron notar para Filch y dejaron caer con ellos el mapa del merodeador, de modo que éste lo viera y lo recogiera.

- Fuera de aquí este mapa no nos sirve de nada–había argumentado el chico-. Pero siempre puede utilizarlo algún otro merodeador. Sería una buena forma de dejar huella aquí.

- Dejar nuestro legado –concluyó James, de acuerdo con él-.

- Pero si lo tiene Filch no podrá tenerlo ningún otro alumno –protestó Peter, el menos convencido-.

- Si son como nosotros, seguro que encuentran el modo de descubrirlo y quitárselo a Filch –le había dicho Remus con una sonrisa nostálgica-. Y si no lo consiguen, es que no son dignos de él.

- Exacto. Moony tiene razón. Además, seguro que Filch nos echa una mano y lo pone en algún fichero de esos que son irresistibles –añadió Janes con una carcajada-.

Tanto confiaban en la obsesión de Filch y en las tentaciones que sabía poner para los revoltosos, que cuando dejaron caer el mapa a su paso los cuatro se despidieron de él como si ese no fuera el final. Solo era la continuación de una saga. Otros gamberros continuarían su legado, Hogwarts jamás estaría exento de ellos.

Los otros tres se marcharon a dormir al rallar el alba, aunque solo fuera para poder descansar un par de horas. Pero James no podía. Desperdiciar en sueños un solo minuto de su último día en Hogwarts era impensable. Ya habría tiempo de dormir. Así que despertó a Lily y, pese a las quejas de ella, la llevó a contemplar el amanecer a la torre de Astronomía.

Observando la luz anaranjada del sol bañando el bosque, los jardines y el campo de quidditch, Lily recargó su cabeza somnolienta en el hombro de su novio, y suspiró.

- Tengo ganas de llorar –confesó-. Siempre he hecho planes para cuando terminara el colegio, pero en el fondo nunca quise que llegara este día.

- Abandonar Hogwarts será difícil –aseguró James, de acuerdo con ella-. Yo tampoco sé si estoy preparado para dejar esto atrás. Para enfrentarme al mundo que viene después. He sido demasiado feliz aquí dentro…

- ¿Crees que Dumbledore nos dejaría volver alguna vez para pasear por los terrenos? –preguntó Lily con una sonrisa, indicando que bromeaba-.

- Bueno, siempre puedes hacerte profesora. Jamás abandonarías Hogwarts y los niños estarían todos enamorados de ti. Todos sacarían un Extraordinario con tal de no abandonar tus clases.

Lily le dio un golpe en el brazo riéndose.

- Ojalá hubiera un modo de no irse del todo. De dejar una parte mía aquí.

- Puedes hacerlo –le dijo él-.

- ¿Ah, sí? –preguntó la pelirroja con picardía-. ¿Y qué sugiere el merodeador?

- Sugiero dejar tu huella donde podamos para que todos se empapen de tu espíritu. El mío será más divertido, pero es el tuyo el que ha sabido aprovechar este colegio hasta lo más profundo.

Emocionada por todo lo que acontecía ese día y por sus palabras, Lily se inclinó y le besó. James le correspondió gustoso y encantado, entre otras cosas, por utilizar una última vez esa torre para encuentros románticos. Después se separó y la sonrió con picardía.

- ¿Aceptas mi propuesta? ¿Quieres dejar parte de ti en Hogwarts?

La sonrisa de Lily le bastó como respuesta. La hora siguiente antes de que el colegio despertara los dos se dedicaron a recorrer los lugares favoritos de Lily. Dejó donados su balanza en la clase de pociones, sus libros en clase de Encantamiento y un divertido tablero hechizado en el club de transformaciones. Pasearon por los jardines y grabaron sus nombres en un árbol, tiraron piedras por última vez en el lago, despertaron al sauce boxeador y consiguieron llevarse como recuerdo una de las ramas que él mismo se arrancó... Incluso volaron en el campo de quidditch. A Lily jamás le gustarían las escobas, pero cuando volaba con James dejaba atrás el vértigo y se permitía disfrutar. Sobrevolando a gran altura el lago y el bosque y observando las montañas que rodeaban el castillo, recordó esa tarde a principios de curso cuando James le aconsejó sobre Mark. Casi no podía creer todo lo que había ocurrido en tan poco tiempo. Casi no podía creer que en algún momento hubiese querido a nadie que no fuese James.

Cuando todo el mundo bajaba ya a desayunar, Lily se sentía en paz. Sentía que no dejaría Hogwarts del todo, que una parte de ella viviría allí para siempre. Y todo gracias a James. A él se lo llevaba con ella, pero también una parte de ellos se quedaba allí. En ese lugar se habían enamorado y habían comenzado su relación. Parte de su amor siempre habitaría en Hogwarts.

Se despidió de él y subió a cerrar su baúl. James aún sentía que quedaba algo más por hacer. Usando sus influencias como premio anual reunió a los alumnos de Gryffindor más pequeños y les dio un discurso sobre la importancia de ese colegio y de esa casa en particular. No, no quería ser pedante. Solo quería que los alumnos a los que más años les quedaba por disfrutar de Hogwarts fueran conscientes de lo que aún podían llegar a hacer. De lo que ese lugar significaba para todos. Que no podían desperdiciar ni un solo día de los que pasaran allí, porque al marcharse verían todo con otra perspectiva. Una vez más, el carisma del que todos hablaban se hizo patente. Los niños le escuchaban con la boca abierta, realmente fascinados por las posibilidades que ese colegio ofrecía y que nunca se habían detenido a darse cuenta. Algo dentro de él le dijo que en ese momento había cambiado la percepción de esos niños para siempre.

Y, cuando estos se marcharon, por fin se sintió en paz. Ahora sí que su tiempo en Hogwarts había finalizado. Ya no había nada más que hacer. Hechizó su baúl y le bajó con parsimonia, pasando entre alumnos apresurados y nerviosos. Le dejó en el vestíbulo, con todos los demás, y se dio la vuelta para buscar a sus amigos.

- James –le llamó una voz desde el pasillo de las mazmorras-.

Vio a Cynthia aparecer por los pasillos que llevaban a la sala común de Slytherin, como siempre andando con su gracia habitual. Casi se sorprendió. Los últimos meses casi no había coincidido con ella. La chica había conseguido integrarse con su grupo de clase y él había estado muy ocupado con los EXTASIS. Parecía que había pasado una eternidad desde el día en que ella llegó de intercambio y él la había acompañado a su sala común. Seguía tan fabulosa como siempre, dejando miradas de adoración a su paso. Su pelo seguía brillando como siempre y sus ojos seguían teniendo ese color imposible. Quizá había madurado un poco esos meses, lo que solo había conseguido aumentar su belleza. Afortunadamente, ésta no le afectaba ya tanto como esa primera vez.

- Cynthia, ¿tú también vienes en el tren?

- Oh no –negó ella con una sonrisa-. A los estudiantes de integcambio nos vienen a buscag más tagde. Quegía despedigme de ti. Espegaba encontgagte pog aquí.

- Bueno, yo ya no vuelvo –le dijo metiéndose las manos en los bolsillos de la túnica-.

- Yo tampoco, si te sigve de algo –bromeó la veela, haciéndole reír-.

- Espero que estos meses de intercambio hayas disfrutado, y cuando vuelvas a Beauxbatons podrás decir que Hogwarts es claramente superior.

Cynthia se echó a reír.

- Ni en mil años podgías sacag esas declagaciones de mi boca. Los fganceses siempge segemos mejores en impagtig educación.

- Nunca nos pondremos de acuerdo –le advirtió James-.

La chica finalmente dejó pasar la conversación con un gesto de la mano.

- Gealmente solo quegía dagte las ggacias pog lo que has hecho pog mí. Las pgimegas semanas habgían sido mucho más difíciles sin tu ayuda. Eges un buen compañego.

- Tendrías que decírselo a Dumbledore para que viera que se puede confiar en mi –bromeó James, aunque después se puso serio-. No, ahora en serio. Ha sido un placer conocerte, Cynthia. En el fondo tienes alma de gamberra.

- Espego podeg volveg a vegte alguna vez.

- Bueno, no me imagino viajando a Francia pero si lo hago te escribiré.

- Hazlo –le instó la chica-. Yo lo hagé también si vuelvo.

- ¿No te hemos impresionado lo bastante como para continuar aquí tus estudios?

- No lo suficiente –le dijo la chica riéndose, con un sonido que parecían unas encantadoras campanillas-. Suegte. Sé que lo que se avecina no segá fácil. Pero sé que podéis con ello. Especialmente tú.

James aceptó la mano que ella le ofreció y se la estrechó.

- Haremos lo posible. Intentad ayudadnos desde allí. Si gana, no se conformará con Inglaterra.

Cynthia hizo una mueca de preocupación, pero asintió solemnemente. Ambos sabían de lo que hablaban, no era necesario concretar. James le guiñó un ojo antes de despedirse definitivamente de ella y ella le obsequió con una deslumbrante sonrisa que le dejó un par de segundos con la boca abierta.

OO—OO

- ¡Grace!

La rubia se giró al escuchar al chico que había estado buscando. Marco salía de las cocinas con algunos bollos que había tomado para desayunar cuando la vio cruzar el pasillo hacia la sala común de Hufflepuff.

- ¡Marco! Pensé que ya no te encontraba –le confesó-. Te he estado buscando para despedirme. No te he visto en el desayuno.

- Me he quedado dormido –dijo éste-. Me alegro que te acordaras de mí. Estos últimos días has estado desaparecida.

- Sí bueno –titubeó Grace-. Las celebraciones después de los exámenes y, ya sabes…

Los dos se quedaron momentáneamente en silencio. Grace se había sentido incómoda al ver que Marco le reprochaba su repentina ausencia. Y no le faltaba razón. Había pasado muchos ratos con el chico en la biblioteca preparando los exámenes, pero tras estos sus amigos y, sobre todo, Sirius le habían robado toda la atención. Podría parecer que se había aprovechado de él y luego le había ignorado, pero no había sido esa su intención.

- Gracias por ayudarme con pociones –le murmuró un poco tímidamente-. Lily estaba demasiado histérica y me ha venido muy bien tu ayuda. Confío en haber aprobado, al menos.

Marco sonrió como si no pasara nada y ella se relajó.

- Estoy seguro de que sí, eres una buena alumna.

Grace se echó a reír. Él sabía de sobra que eso era falso. No era buena alumna. Nunca había destacado en pociones por sí misma, era más bien mediocre (afortunadamente no tenía el nivel de peligrosidad de Gisele, sus pociones no explotaban). Si Slughorn había pensado mejor de ella había sido gracias a Lily. Y ésta había estado demasiado histérica con los EXTASIS como para pedirle ayuda una vez más. Bastante nerviosa la tenía no conseguir sacar las notas necesarias para entrar en la academia de sanación.

- Ya bueno… Nunca se me ha dado del todo bien, tener a Lily era una gran ayuda. ¿Quién iba a pensar que para ser abogada requerirían pociones? No es como si tuviéramos muchas oportunidades de usarlas.

- Es cierto –Marco asintió, de acuerdo con ella-. Pero ya sabes que siempre exigen más de lo que se necesita.

- Tú serás un gran sanador –le dijo muy segura-. Solo con ver cómo te manejas con los calderos y los encantamientos se nota.

- Gracias –respondió el italiano ruborizándose-. Con respecto a eso, tengo noticias que darte. Finalmente he decidido estudiar aquí la especialización.

- ¿En serio? ¿Te quedas en Inglaterra?

- Iré y vendré, pero sí. Lo he decidido estos días. San Mungo es un referente a nivel mundial, y será más fácil entrar a hacer prácticas allí si tengo los estudios aquí.

Grace sintió una alegría instantánea al saber su decisión. No era del todo una sorpresa. Marco tenía muy claro lo que quería y qué debía hacer para obtenerlo. No era un chico que se asustara fácilmente. Ni siquiera con la que se avecinaba.

- Te arriesgas mucho con la que está a punto de caer –le dijo seriamente, aunque sabía que él ya había sopesado todo-. Ya sabes, la guerra.

- Bueno, hablan mucho de ella pero igual no acaba sucediendo –comentó, como restándole importancia-. Y si al final sí, entonces se precisarán muchos sanadores. Seguro que pueden hacerme un hueco.

Ella le sonrió orgullosa. Lo llevaba en la sangre. Estaba segura de que de haber usado el sombrero seleccionador habría sido un Gryffindor, por mucho que él dijera sentirse como en casa en Hufflepuff.

- Seguro que serás muy útil. De verdad que me alegro que te quedes.

- ¿Seguiremos en contacto? –preguntó Marco de repente-. Es decir, si al final te has decidido a quedarte en Londres.

- Seguiremos en contacto de cualquier forma, no lo dudes –le aseguró sin ser del todo clara-.

- Espero que eso no moleste a tu novio –comentó el italiano con una sonrisa pícara-.

Ella ya sabía qué esperar de ese tipo de sonrisas.

- ¿A Sirius? ¿Por qué iba a molestarle? –preguntó haciéndose la desentendida-. Él es el primero que niega estar celoso. Además, él no decide sobre mis amistades. No te has preocupado estos meses, ¿por qué ahora sí?

- Bueno, porque voy a hacer mi estancia definitiva. Antes solo iba a quedarme unos meses y era divertido hacerle rabiar. Pero no quiero meterte en problemas. Quiero ser tu amigo, pero no a costa de darte preocupaciones.

Y hablaba en serio. Era un verdadero encanto, no había duda.

- No lo harás –le aseguró-.Y gracias. Será genial tenerte cerca.

- ¿Eso significa que al final te quedas? –preguntó Marco creyendo haber interpretado bien sus palabras-.

Grace solamente sonrió como respuesta, lo que le aclaró la situación.

- ¡Genial! Ya verás, no tienes que temer nada. Este tipo de gente nunca se ha salido con la suya –afirmó sin atisbo de duda-.

Ella solo suspiró, recordando la reacción de sus padres a su decisión.

- Solo espero que tengas razón…

OO—OO

Cuando el tren finalmente arrancó a Sirius le invadió una gran nostalgia. Era la última vez que haría ese viaje. Nunca volvería a Hogwarts. Para alguien como él, que no había conocido otro hogar aparte de aquel, ese momento era de absoluta tristeza. Por esa razón decidió vivirlo a solas. Se separó del grupo en cuanto soltó sus cosas y se dirigió hacia uno de los vagones más desiertos para observar desde el pasillo cómo el castillo se alejaba definitivamente de su vida.

Allí le encontró James casi una hora después de que Hogwarts se perdiera en el horizonte. Pese a que ya solo se veían montañas verdes y lagos a rebosar, Sirius seguía observando el paisaje como si no quisiera perderse detalle.

- ¿Qué miras, hermano? –le preguntó pasándole un brazo por los hombros y asustándole-.

Sirius se sobresaltó, pero se relajó al ver que era James quien le había encontrado. Era el único con el que se atrevería a sincerarse en un momento tan emotivo.

- Nada –respondió encogiéndose de hombros-. Despidiéndome del castillo. No quiero que me vean sentimental y se cachondeen. Es raro, ¿sabes? Es como dejar toda mi vida atrás. Nunca tuve eso que llaman hogar hasta que vine aquí.

- ¡Ey! –exclamó James dándole un capón-. ¿Qué hay de mi casa? Te quejarás cómo te han tratado mis padres. Les ha faltado nombrarte heredero.

Sirius se echó a reír junto al amigo que quería como a un hermano.

- Pero algún día tendré que marcharme –le recordó-. Además, esta mañana me ha llegado una carta. Mi tío Alphard ha muerto ayer.

- ¿El hermano de tu madre?

- Sí. Otra oveja negra. Tenía pensado ponerme en contacto con él ahora que he salido de Hogwarts, pero he llegado tarde. Ni siquiera sabía que estaba enfermo…

- Vaya, lo siento Padfood.

- No te preocupes. Llevaba años sin verle.

Pero James captó la tristeza en los ojos de su amigo.

- ¿Quién te ha avisado? –le preguntó para no dejarle pensar demasiado-.

Mi prima Andrómeda. Otra oveja negra. Por lo visto es el momento de unirnos todos los Black repudiados. Mañana es el funeral y la lectura del testamento. Tengo que ir.

- ¿Quieres que te acompañe?

Sirius negó con la cabeza sonriéndole a su amigo.

- Gracias por el ofrecimiento, Prongs, pero esto es algo que tengo que hacer yo. Además, Grace quiere acompañarme. No sé si al final se irá a Grecia, así que no es mala idea eso de pasar todo el tiempo que pueda con ella.

James no supo qué responderle. Ahora que habían dejado el colegio todo parecía rarísimo. Todas las tragedias que habían ocurrido los últimos meses serían más reales que nunca. Todo estaba cambiado. Tendrían que enfrentar la transformación de Rachel, sobretodo Remus. Posiblemente Grace se marcharía al otro lado del mundo con sus padres para ponerse a salvo. Gisele ahora ya tenía otra realidad. ¡Se había casado! Aún no podía creérselo. Grace y Lily no habían llevado bien que no lo retrasara unos días para estar presentes, pero él podía entenderlo. Ni Rachel ni Kate podrían estar con ella en ese día especial, no creía que hubiera sido un día muy feliz para ella de todas formas. Y Kate… Todo sería más real a partir de ese momento.

- Antes, cuando Remus y Peter se fueron a dormir, me marché al lago –confesó Sirius rompiendo el silencio-.

James le observó a través del reflejo de la ventanilla. Parecía bastante sereno.

- Debí suponer que tú tampoco podrías dormir –le dijo-.

Sirius sonrió.

- Sí, bueno. Necesitaba hacer una última cosa.

- Visitar la tumba de Kate –adivinó James.

De hecho no podía creer que no lo hubiera pensado antes. Era lógico. Sirius no lo confirmó, pero no hizo falta. Solo suspiró con fuerza mientras seguía observando el paisaje.

- No puedo parar de pensar en ella. En los planes que tenía para después de Hogwarts. Ya sabes que Kate siempre hacía planes para todo –James soltó una pequeña carcajada como confirmación-. Nunca le confirmé ni le desmentí si llevaría a cabo esos planes con ella porque estaba acojonado de pensar en llevar lo nuestro más allá del colegio. Me acojona de verdad también con Grace, debe ser un problema mío. Pero reconozco que los planes de Kate molaban. Alquilaríamos un piso barato encima de alguna discoteca muggle, compraríamos una moto, viviríamos de una forma bohemia… Tenía buena pinta.

James le miró de reojo pero no habló. Por algún motivo, sabía que Sirius no había acabado de decir lo que quería. Y su amigo necesitaba hablar, se le notaba.

- No quiero decir con esto que no quiera a Grace –aclaró Sirius, como sintiéndose obligado a dejarlo claro-. No la elegí a ella de rebote. Ya la había escogido antes de la muerte de Kate. Pero su muerte… No sé, no la esperaba. Me ha partido por la mitad, ¿sabes? Cuando rompí con ella no me planteé nunca volver en el futuro, pero después de que muriera tuve que asumir que jamás habría una ínfima posibilidad de ello. Y no estaba tan preparado como creía. Creo que siempre la voy a echar de menos. A ella y a esos planes de vida. Su padre su habría vuelto loco…

Se rió sin un ápice de humor y James se le unió, abrazándole.

- No te tienes que sentir culpable, Sirius. Todos echaremos de menos a Kate, y tú tienes derecho a echarle más de menos que ninguno. Eso no significa que no quieras a Grace, tú mismo lo has dicho. No te comas la cabeza por ello.

- Por si acaso, no le cuentes a Grace nada de lo que hemos hablado.

- Ya sabes que yo siempre guardo tus secretos, hermano.

Sirius le abrazó fraternalmente hasta que a ambos les triscó la espalda.

- Volvamos al compartimento.

OO—OO

Cuando volvieron al vagón donde estaban el resto de sus amigos, encontraron a los demás interrogando a Remus. Tras ese periodo de manía persecutoria que tuvo con Dumbledore, acabó calmándose y de hecho fue él el que les tranquilizó respecto a Rachel. Durante esos últimos meses supusieron que sabía algo más de ella que aún no les había contado, pero él siempre les daba largas. "Después de los exámenes os lo digo", "cuando regresemos a Londres", "no tiene sentido que lo sepáis antes si no vais a poder hacer más" eran las frases más recurrentes que tenía para calmar los ánimos y zanjar el tema. Lily había estado a punto de tirarse encima suyo un par de veces de la impaciencia que tenía.

Por lo visto las chicas no habían aguantado más y no iban a permitir que Remus se saliera por la tangente de nuevo. Entre las dos le tenían acorralado en el sofá bajo la divertida mirada de Peter, que no hacía nada por ayudarle. Remus les lanzó una mirada de súplica cuando entre al compartimento, pero ellos decidieron ignorarla y dejarles el trabajo sucio a sus novias.

- Remus, se acabó. Hemos sido muy pacientes, pero nosotros también nos preocupamos por Rachel –le dijo Lily como ultimátum-.

- Y no vale que nos digas que mañana ni la semana que viene. Queremos saberlo ahora. ¿Qué te dijo Dumbledore? –insistió Grace-.

James y Sirius se sentaron a ambos lados de Peter, dándole a entender que ellos tampoco esperarían más. Como si lo hubieran ensayado, los tres se cruzaron de brazos al mismo tiempo y adoptaron una idéntica pose de espera. Remus, sabiéndose derrotado, suspiró.

- Está bien. Pero no os pongáis nerviosos como lo hice yo. Solo me sirvió para que Dumbledore perdiera la paciencia.

- Vamos, dilo –le instó Lily-.

- Pues veréis. Después de la primera luna llena y de que Rachel la superara y se curara del todo, el Ministerio la soltó sin el permiso de Dumbledore y antes de que pudiera llevársela.

- ¿Entonces no saben dónde está? –preguntó Peter preocupado-.

- Sí, es lo peor. La llevaron a una guarida de hombres lobo que hay en Londres y la abandonaron allí. No querían arriesgarse a que Dumbledore la soltara en mitad de una zona poblada por magos. Pero él me ha asegurado que tiene a alguien apostado en las puertas y que sabe a ciencia cierta que Rachel continúa dentro y que está bien.

- ¿Y se puede saber por qué no la han sacado? –inquirió Grace-.

- Pues porque los licántropos son muy territoriales y han colocado hechizos en la entrada para que solo los licántropos puedan pasar.

- Un momento –le interrumpió James-, ¿no decías que la mayoría de los licántropos son incultos y que no saben magia?

- Los que fueron mordidos de pequeños sí porque se han criado alejados de la sociedad, pero también hay muchos nuevos licántropos que antes eran magos. Los últimos meses han crecido mucho las mordeduras y las nuevas "adquisiciones" de Greyback saben muy bien lo que se hacen.

- Así que irás tú a buscarla, ¿no? –adivinó Grace, que hasta el momento había permanecido callada-.

Remus asintió solemnemente.

- Mañana mismo. Hoy me quedaré en Londres a dormir y mañana quedaré con el enviado que Dumbledore tiene vigilando la casa para que me indique.

- No puedes ir solo –protestó James-.

- Pues difícilmente puede acompañarme nadie a no ser que os muerda.

- Qué gracioso –le ladró Sirius dándole una colleja-. Pero James tiene razón. ¿Y si algo malo pasa y necesitas ayuda?

- Pues estará el hombre de Dumbledore allí, pero insisto que muy poco podría hacer si estoy en la casa. Además, no pasará nada. Soy uno de ellos, no van a sospechar de mí. No es obligatorio quedarse allí aunque seas licántropo así que no tiene que extrañarles que me la lleve.

- Aun así, lo mejor es que te acompañemos alguno –insistió Sirius-. Yo también voy a estar mañana en Londres, tengo que ir al funeral de mi tío. Acompáñame y después te acompaño yo.

- ¿Tú tío? –preguntaron varios a la vez-.

Sirius gastó un par de minutos en contarles toda la historia y rechazó sus condolencias. A fin de cuentas hacía años que no veía su tío Alphard. En cuanto pudo retomó el tema y no dejó a Remus oponerse.

- No hace falta que me acompañes, Sirius. Es absurdo. No vas a poder entrar –protestaba éste-.

- Entonces, si me voy a quedar fuera no te importara que te acompañe, ¿no? Además, quiero ver a Rachel. Esperemos que esté bien, pero si no es así te ayudaré con ella.

Remus resopló, pero no le quedó más remedio que aceptar. De todas formas Sirius no le dejaría en paz. Habían llegado a un acuerdo e iban a dejarlo ahí, cuando otra voz saltó de repente:

- Yo también os acompaño. Ya pensaba ir al funeral, así que también os acompañaré a buscar a Rachel.

- ¡No! –exclamaron Remus y Sirius a la vez mirando a Grace reprobatoriamente-.

Si la fuerte negativa de ambos la desilusionó, no lo pareció en absoluto. Grace se cruzó de brazos y adquirió una pose altiva.

- Me da igual cómo os pongáis. Pienso ir.

- ¿No vas a quedar con tus padres o algo? –preguntó Remus mirando de reojo a Sirius, que parecía enfadado con su novia-.

Grace desechó la idea golpeando en el aire con la mano.

- Mis padres están en Grecia preparándolo todo para el traslado. Además, he decidido que no me iré con ellos.

- ¿Cómo?

- Lo que has oído, Sirius. Me voy a quedar en Inglaterra. No está la cosa como para que salga huyendo.

- No sería huir, Grace. Nadie te lo reprocharía con la situación en la que viven tus padres –le dijo Remus suavizando la expresión a vista de que Sirius no iba a poner calma-.

- Es una gilipollez que decidas quedarte aquí solo por cabezonería –protestó Sirius enfadado-.

Había dado por hecho que ella se iría y su principal dolor de cabeza desaparecería. No le ocurriría lo mismo que a Kate si estaba a miles de kilómetros. Pero Grace lo había estropeado todo.

- Tú te quedas –protestó Grace sintiéndose infravalorada-. Todos os quedáis a luchar. Yo también quiero ayudar.

- Salir del país no sería cobarde dadas las circunstancias, Grace –intervino Peter tímidamente-. No creo que nadie te lo reprochara.

- En absoluto –concordó Lily-. Piénsatelo bien, Grace. No tiene caso que te quedes solo para demostrar nada. Los demás tampoco tenemos la opción de marcharnos.

- Y aunque la tuvieras tú no te irías, Lily. Te conozco.

A la pelirroja le hubiera gustado negarlo para desmotivar a su amiga, pero sabía que si mentía ella sería la primera en darse cuenta. Por eso solo suspiró y se quedó callada mientras los demás trataban de convencer a Grace.

Fue imposible. Cuando la señora del carrito llegó dos horas después todos zanjaron la discusión y Grace no había cambiado de opinión. Incluso Sirius se había resignado, aunque se había puesto esquinado contra la ventana, al lado de Lily, para evitar que su novia se sentara junto a él. No habló en el resto del viaje.

Cargada de calderos de calabaza y satisfecha por salirse con la suya, Grace ignoró a su chico y se recostó sobre Remus, ofreciéndole un pastelito por la paz.

- Entonces, ¿nos quedaremos a dormir en El Caldero Chorreante? –preguntó alegremente-.

- Sí, eso había pensado –comentó él resignado-.

Se giró para saber la opinión de Sirius, pero éste no apartó la mirada de la ventanilla ni cambió el rictus de enfado en ningún momento. Había perdido una batalla.

OO—OO

Cuando el tren arribó a la estación, Lily no pudo evitar echarse a llorar. Su último viaje desde Hogwarts había concluido. Las emociones le invadieron y el hecho de que James le abrazara y se riera, quitándole dramatismo a su reacción, no le calmó en absoluto. Él intentó bromear y quitarle hierro al asunto, pero ella pareció ofenderse por su falta de tacto y se alejó de él junto con Grace, quien sonreía levemente tratando de no emocionarse a su vez.

Sabiendo que algo había hecho mal (pero sin tener ni idea del qué), James se rezagó con sus amigos para evitar la previsible bronca que tendría con su novia. Ya lo solucionaría cuando la acompañara a casa.

- ¡James, eh capitán!

Todo el equipo al completo estaba llamándole desde el andén. Allan, tan despistado como siempre, Josh, que parecía buscar a alguien, Sarah, realmente recuperada tras esas sesiones psicológicas, y tras saber que su novio había salido de peligro, y Nicole, que estaba llorando como una magdalena mientras Jeff estaba a su lado tratando de no caer en lo mismo. Le dio una palmada a Sirius, indicándole que continuara, y se acercó al grupo. Sería la última vez que estuvieran juntos como equipo.

- ¿Pensabas marcharte sin despedirte? –le preguntó Allan sonriendo-.

James les abrazó a él y a Nicole al mismo tiempo.

- Os voy a echar de menos, chicos. Habéis sido un equipo cojonudo, y no dudo de que si la liga hubiera seguido adelante nos habríamos llevado la copa.

- Eso ni lo dudes.

Ni siquiera se dio cuenta de cuándo había llegado Grace, pero Josh la traía abrazándola con un solo brazo. Por fin estaban todos juntos.

- Ha sido un orgullo capitanearos a todos –declaró, permitiéndose emocionarse-. Sois de lo mejorcito de Hogwarts. Quizá de este equipo salga algún profesional y todo.

- Por supuesto. Yo tengo un referente muy claro –comentó Nicole mezclando las lágrimas con la risa-.

Comprendiendo que hablaba de su tía, los demás le siguieron la broma y Allan incluso le revolvió el pelo para hacerle rabiar.

- ¿Algún último consejo, capitán? –preguntó Josh abrazándole-.

James le devolvió el abrazo y sonrió a todo el grupo.

- Solo no cambiéis. Os dejo en buenas manos. Confío en mi sucesor.

Al decir esto último le guiñó un ojo a Sarah, quien se mostró azorada. El resto del equipo recibió de buena gana el testigo que dejaba el capitán. Era evidente quién se llevaría la placa de capitana el próximo año y todos lo aceptaban como la mejor idea. Emocionados, se dieron un nuevo abrazo grupal y enseguida se despidieron.

- Mira quién se emociona ahora –la voz de Lily se percibía irónica cuando los chicos se iban dispersando-.

Y claramente a James se le habían escapado un par de lágrimas rebeldes, que borró con la manga de su túnica antes de que nadie más se percatara. Observó a su novia, que se acercaba con Sirius y seguidos de Remus y Peter, y retomó su pose despreocupada.

- Creo que llegó la hora de despedirse de nuestro alemán –declaró para cambiar de tema-.

Jeff se avergonzó un poco cuando todas las miradas se posaron sobre él, pero el momento que tanto había retrasado había llegado. Debía despedirse de sus amigos. Nicole volvió a echarse a llorar de nuevo.

- ¿Te vuelves hoy a Alemania? –preguntó Remus dándole un apretón de manos afectuoso-.

Jeff asintió, notando que el agarre de Nicole se hacía más fuerte. Para ella aquello no era fácil. Aparte de que tardarían demasiado en volver a verse, la perspectiva de pasar medio verano con su madre, con la que prácticamente no tenía relación, y otro medio con su padre con el que no estaba en buenos términos, le deprimía demasiado. Y él no estaría ahí para apoyarla.

- Ey, verdosa –exclamó Sirius aludiendo a sus mechas verdes-. No llores, que te pones fea. Si en cuanto te des cuenta tienes a tu bomboncín de vuelta.

Lily le dio un codazo al ver que tanto Jeff como Nicole se habían puesto colorados.

- Tú siempre tan impertinente.

Él se encogió de hombros con una sonrisa socarrona.

- Ellos sabrán por qué se ponen tan colorados –comentó como quien no quiere la cosa-.

- ¿Mañana sale el veredicto de tu padre, cierto? –preguntó Remus cambiando de conversación para cortar a Sirius cuanto antes-.

- Sí –suspiró Jeff-. Confío en que todo salga bien esta vez.

- No te preocupes, no les queda más opción que echarse atrás –le animó Grace-.

- Pero se han tardado demasiados meses con el juicio –se quejó James-.

- Sobre todo con la rapidez con la que le condenaron la primera vez –recordó Jeff con resentimiento-.

- Al menos esta pesadilla llega a su fin –le animó Lily con una dulce sonrisa-.

- Ojalá Sadie lo hubiera visto –declaró tristemente el muchacho, no pudiendo contener más las lágrimas-.

Los meses de espera, de contención y de emociones encontradas le habían pasado factura y por fin se estaba desahogando. Los chicos se quedaron algo sorprendidos, pues era la primera vez que le veían llorar por su hermana. Nicole, que llevaba meses esperando esa reacción, le abrazó con fuerza tratando de consolarle. Solo ellos dos sabían lo que él había pasado esos meses. Solo ellos.

- Vamos Jeff, seguro que a ella no le gustaría veros mal –le dijo Lily con torpeza al no saber qué más decir-.

De hecho nadie más lo sabía. Las palabras de consuelo y las palmadas en el brazo se repitieron sin cesar hasta que poco a poco el andén se fue vaciando y Jeff se fue calmando.

- Disculpad –dijo avergonzado-. No sé qué me ha ocurrido.

- Es normal. Todos nos hemos derrumbado alguna vez en estos últimos meses –le aseguró Grace con la tristeza marcada en el rostro-.

Ya eran los últimos y un encargado del Ministerio que iba a todas las llegadas del tren de Hogwarts, les indicó que debían despejar el andén cuanto antes. Jeff les dio un abrazo a todos y salió con Nicole, a la que iba a acompañar a casa. Los seis amigos se quedaron atrasados un momento más para observar el expreso una última vez.

- Supongo que este es el adiós a Hogwarts, ¿no? –preguntó Sirius con un nudo en la garganta-.

- El definitivo –sentenció James-.

- No puedo creer que ya hayan pasado siete años –murmuró Remus negándose a mirar hacia un futuro que, por su condición, pintaba aún más oscuro para él que para los demás-.

- Voy a echar de menos ese colegio –declaró Peter con nostalgia mientras resoplaba-.

- Parece que fue ayer cuando entramos al castillo para ser seleccionados –recordó Lily con los ojos empapados en lágrimas-.

Grace ya tenía un fuerte dolor de estómago por las grandes emociones que se estaban acumulando en su cuerpo. Y la tristeza que irradiaban todos no hacía más fácil la situación. Por eso se secó las lágrimas y empujó a los demás hacia la salida.

- Vamos, hay que mirar al futuro. No sirve de nada lamentarse por esto. Es el fin de una era y el principio de otra.

Los seis salieron por el andén al mismo tiempo, entrando en la Kings Cross muggle atestada de gente que iba y venía. De repente la realidad les golpeó de lleno, como si hubieran estado en un sueño y acabaran de despertar.

- ¿Alguien quiere tomar algo en el Caldero Chorreante antes de separarnos? –preguntó Grace tomando a Sirius de un brazo y a Remus del otro para que no se fueran sin ella-.

- Yo no puedo –se disculpó Peter-. Mi madre está esperándome.

Alejada unos metros, la señora Pettigrew aguardaba con los brazos cruzados y golpeando el suelo con un pie de forma impaciente.

- Quedaremos este verano un día, ¿no? –preguntó Peter de forma insegura-.

Sus amigos bromearon diciéndole dónde pensaba meterse para evitar aquello, pero él se reía nerviosamente. Y en vista de que la señora Pettigrew estaba perdiendo la paciencia se despidieron rápidamente de su amigo.

- Nosotros tampoco nos quedamos –dijo Lily-. Hay un largo camino hasta Bolton, y James quiere llevar a mi padre a volar, así que tenemos que llegar cuando aún quede algo de sol. Avisadnos en cuanto tengáis a Rachel, ¿de acuerdo?

- No te preocupes –le aseguró Remus mientras la abrazaba-.

- Suerte mañana, Pad –le deseó James a su mejor amigo mientras se despedía-. ¿Seguro que no quieres que te acompañe?

- Con dos guardaespaldas tengo de sobra, Jimmy. Aprovecha a estar con la pelirroja y con tus padres, que les vendrá bien pasar tiempo contigo.

- ¿Cuándo vendrás a casa?

Esa noche pensaba quedarse en Londres y estaba seguro de que prolongaría su estancia unos días, sobre todo si Grace estaba con él. Aun así, sus padres agradecerían volver a tener a Sirius en casa después de todo lo que habían pasado.

- El fin de semana estaré allí, cuando deje a Grace instalada en casa de Lily. Dile a tu madre que prepare su tarta de melaza para el sábado, que iré sin falta.

- Mi madre no es tu criada, Padfood –le regañó James cariñosamente ganándose una risa de su colega-. El fin de semana te veo. Escríbeme mañana para decirme qué quieren de ti, que tengo curiosidad.

De mientras, Grace abrazó a Lily con fuerza.

- Lamento dejarte tirada a última hora, pero creo que estos dos tienen que ser vigilados de cerca –le susurró sin soltarla-.

- Haces bien, mantenme informada de todo lo que pase. Y pórtate bien.

- Siempre lo hago.

Lily sacudió la cabeza ante la sonrisa enigmática que le dedicó su mejor amiga. Grace jamás cambiaría. James y ella se despidieron una última vez de los tres antes de buscar el próximo tren que les llevaría a Manchester.

OO—OO

En las afueras de la estación todo el mundo estaba marchándose, ya fuera vía red Flu, desapareciéndose o en automóviles muggles. Josh, Sarah y su grupo de amigos habían decidido tomar el autobús urbano para ir a las afueras de Londres y visitar a Johnny en su casa, que aún estaba convaleciente aunque prácticamente curado.

- Es una pena que haya perdido tantos meses –se lamentó una amiga de Sarah mientras esperaban en la parada-. Lo va a tener difícil el año que viene para seguir nuestro ritmo.

- El director les ha prometido que les ayudará a reforzar a aquellos que hayan tenido que faltar tanto a clase –le dijo esta-.

- Sí. Los profesores se han comprometido a estar pendientes de ellos durante este verano.

- Pues tampoco es agradable tener que estudiar medio verano porque unos radicales casi te matan –bufó Josh imaginando la poco envidiable situación de su amigo-.

De repente una voz les interrumpió llamando a Josh a lo lejos. Todos se quedaron mirando cómo una chica rubia se acercaba apresuradamente. Ni el aludido ni sus demás amigos se lo acababan de creer, pero realmente parecía que Jane Green venía a buscarle a él. Algo azorado por tener las miradas de todos sobre él, Josh se adelantó a recibir a Jane poniendo distancia con sus amigos.

- ¿Pensabas marcharte sin despedirte? –le preguntó la chica cuando ambos se encontraron-.

Él tardó unos segundos en reaccionar, aun no creyéndose que hubiera ido a buscarle para despedirse. Pero no parecía una broma de mal gusto. La sonrisa de Jane se veía bastante genuina.

- Perdona. Yo… No pensé que… bueno…

Jane se echó a reír divertida.

- Ya veo que sigues como siempre. Llevamos semanas sin hablar, pero no es como para ignorar a nadie.

- Ya, lo siento –se disculpó rascándose la nuca avergonzado-. ¿Qué tal los exámenes?

Jane se le quedó mirando, como preguntándose si hablaba en serio. Y después de echó a reír.

- Muy bien –le respondió-. Realmente bien. Preparada para los EXTASIS. ¿Y tú?

- Algo menos preparado –bromeó él alentado por su sonrisa-.

De repente un claxon le trajo de nuevo a la realidad. El autobús que esperaban había llegado.

- Me tengo que ir. Vamos a visitar a mi amigo Johnny, que aún está en casa.

- Entonces nos vemos en septiembre, ¿no? –le dijo la rubia-. Puedes escribirme, si quieres.

- ¿En serio? –preguntó sin creerse lo que acababa de oír-.

- ¡Josh, que se va el bus! –le gritó Sarah ya subida a la escalera de acceso-.

Jane se rió al verle tan aturdido, y se puso de puntillas para darle un inocente beso en la boca. Se volvió a reír al ver que no reaccionaba y le empujó hacia el autobús.

- Tú piénsalo, ¿vale? –le dijo guiñándole un ojo-.

Josh reaccionó cuando el autobús volvió a tocar el claxon y salió corriendo, tropezando un par de veces en el camino. Alcanzó a pillar el bus, aunque el conductor le miró con el ceño fruncido por haberle hecho esperar. Pagó el billete y se acercó al lugar donde sus amigos se habían sentado. Hubo varias burlas al respecto, pero él las ignoró mientras observaba por la ventanilla cómo Jane se iba alejando tranquilamente.

Las calles de Londres se fueron sucediendo mientras el autobús tomaba dirección al sur, y Josh seguía en el limbo, apenas creyéndose que la mismísima Jane Green le había besado e invitado a escribirle durante el verano. Si se lo hubieran contado hace meses no se lo habría creído. Sentada a su lado, Sarah le dio un codazo que le trajo a la realidad y le señaló con el dedo acusatoriamente.

- No sé qué te traes con Barbie Malibú, pero que te quede claro que a esa no la metes en el grupo –le advirtió seriamente-.

- Eso tendríamos que votarlo entre todos –dijo animado uno de sus amigos, ganándose una mirada de odio por parte de las chicas-.

- ¡Dejad disfrutar a Josh, por fin ha triunfado! –exclamó otro entre risas-.

Él se puso colorado como un tomate, pero se centró en seguir mirando por la ventana e ignorar las burlas del grupo. Fingió que observaba el Big Ben y el Parlamento de lejos y se perdió en pensamientos más agradables, como qué le diría en la carta que pensaba escribirle al día siguiente.

OO—OO

Peter llegó a casa en el más absoluto silencio, como era lo normal. Tras criticar a sus amigos y su impuntualidad, su madre no encontró nada más que hablar con él hasta que cruzaron las puertas de su hogar. El muchacho volvía a sentirse con la misma tristeza y agobio que sentía siempre que estaba con su madre. La señora Pettigrew no era experta en crear un ambiente familiar agradable.

Sin embargo, cuando entraron por la puerta Peter se extrañó al ver a su madre volviéndose hacia él y sonreírle.

- Peter, tengo una noticia para ti.

- ¿Ah sí? –preguntó el joven extrañado-.

De repente una idea le iluminó y la miró esperanzado.

- ¿Nosotros también vamos a marcharnos del país?

Su madre era una mujer sensata, seguro que había sabido predecir la guerra que se estaba cerniendo sobre ellos y actuaría en consecuencia. Aún podían mantenerse dignamente si conseguían vender bien su casa, y otro país podría llegar a ser del agrado de su madre siempre y cuando se mantuviera la seriedad y la corrección que ella valoraba. Quizá en el norte de Europa. Sí, allí podrían estar bien mientras pasaba la contienda. Y él no quedaría mal ante sus amigos porque debía acompañar a su madre. No tendría opción, como Grace, ya que no podría dejar sola a su madre. No había nadie más. Era perfecto.

Sin embargo, su madre le miró como si le hubiera salido un tercer ojo y se echó a reír.

- ¿Irnos del país? ¿Te has vuelto loco? Jamás podríamos permitirnos nuestro estilo de vida en otra parte. ¿Crees que con nuestros ingresos podríamos pagarnos una casa como esta? –le preguntó señalando a su alrededor-. Es la casa que tu padre nos legó, Peter. Deberías tener más respeto.

- Lo… lo tengo. Es que… con todos estos ataques, y con lo ocurrido en Hogsmeade pensé…

- ¿No te han enseñado bien en Hogwarts? Vas a una de las escuelas de magia más importantes de Europa, deberían haberte enseñado cómo defenderte ante esos atentados. Eres inteligente y siempre presumes de que tus amigos son brillantes y te ayudan mucho. Por muy mal que se ponga todo en este país saldrás adelante –le dijo con convencimiento-. Al fin y al cabo saliste de ese atentado sin un rasguño.

Peter estaba empezando a sudar en frío al notar que su madre no percibía el peligro tan grave como realmente era.

- En el atentado más bien yo tuve suerte –le dijo tratando de convencerla. Tenía que entender que en una guerra abierta él era un objetivo fácil, nada extraordinario. Tenía que salir de allí, y tenía que hacerlo con una excusa-.

- Tonterías –desestimó su madre golpeando el aire con la mano-. Siempre me has dicho que confíe en ti, y lo haré. Y la primera prueba es la noticia que tenía para ti: Te he conseguido un trabajo.

El joven se quedó momentáneamente en blanco.

- ¿Un… un trabajo?

¿Para qué narices quería él un trabajo? ¡Lo que necesitaba era huir! ¿Es que realmente no entendía nada?

- Así es. Mi amigo Liam Chassweek necesita un dependiente para su agencia de viajes 'Terrortours'. Te ayudaría hasta que sepas qué quieres hacer con tu vida. Siempre viene bien contar con dinero propio. ¿Qué te parece?

Peter estaba demasiado frustrado para ser educado con su madre o para temerla como hacía normalmente. Su respuesta fue darle la espalda y subir a zancadas las escaleras para entrar en su cuarto y cerrar la puerta de un portazo. Siempre solía sentirse inferior a los demás, pero ese día, con la decisión de Grace, el intento de hacerse el héroe de Remus y la "gran noticia" de su madre, lo tenía claro: Estaban todos mal de la cabeza. Casi parecía que él fuera el único que veía la gravedad de la situación y quería actuar en consecuencia. El problema cuando te rodeas de estúpidos es que llevarles la contraria a todos es casi imposible. Por eso Peter se sentía atrapado. No quería estar en Inglaterra cuando todo explotara pero tampoco tenía la opción de marcharse sin ganarse la censura de todos. Por primera vez en su vida se sentía realmente como una rata en una ratonera.

OO—OO

Manchester estaba cubierto por una espesa capa de nubes que no dejaba penetrar ni un rayo de sol. La lluvia era constante y agotadora y, por lo visto, así había sido por tres eternos días. Los ánimos de la gente acompañaban al tiempo, pues al no haber escampado en todos esos días estaban ansiosos e intranquilos. Lily y James encontraron a los padres de ella aburridos y frustrados en casa, observando desde la ventana del salón un cielo que no parecía querer darles tregua.

- Me parece que vais a tener que posponer vuestra excursión –comentó ella con una tristeza no tan real, ya que no se fiaba de su padre montando una escoba, y menos con James al mando-.

William Evans bufó en desacuerdo, pareciendo un niño pequeño.

- Tu padre está disgustado –dijo su madre, a quien Lily encontró de mejor aspecto desde las navidades-. Lleva días contando los minutos para montar en escoba. Parecía un niño con zapatos nuevos.

- Sí, pero este maldito tiempo no parece ir a mejorar –protestó el hombre pelirrojo apartando los ojos de la ventana-.

- No se preocupe, tenemos todo el verano –le recordó James, recibiendo una palmada en la espalda por parte de su suegro-.

- Te tomo la palabra. No te me vas a escapar.

Las dos mujeres se rieron al ver al sobrio abogado Evans perder la compostura por un viaje en escoba. James y él interactuaban maravillosamente, sobre todo teniendo en cuenta la marcada diferencia de sus formas de ser. Sin embargo la afinidad era notoria. Y Lily estaba encantada por eso.

En ese momento, Petunia y su novio Vernon entraron por la puerta. Ambos estaban empapados a pesar de haber salido preparados para enfrentar a la lluvia. No habían pasado una buena tarde. La entrevista que Vernon había tenido no había salido bien, Petunia había tenido un mal día en su trabajo en la peluquería y el viento les había roto el paraguas de camino a casa. Todo eso unido a que Lily volvía a casa ese día no ayudaba a dulcificar el carácter de Petunia. Y si Petunia estaba de mal humor Vernon siempre actuaba en consonancia. Por eso no fue extraño que su mal humor se agriara más al ver la dulce estampa que protagonizaban James y Lily con sus padres. Los dos tan secos, tan físicamente perfectos, tan encantadores y agradables, tan unidos a sus padre... Petunia sintió cómo la bilis le subía por la garganta. Aun así se obligó a pasar al salón para saludar a sus padres. Su padre apenas notó que estaban allí y continuó hablando con el novio de Lily, pero su madre se levantó a saludarles y ayudarles a secarse. Por eso Petunia la prefería a ella claramente. Al menos era discreta con sus preferencias.

- ¿Cómo ha ido la entrevista, Vernon? –le preguntó Amanda con amabilidad-.

El aludido arrugó la cara, molesto por tener que hablar de sus cosas íntimas delante de esos dos raros. Sin embargo, cuando iba a contestar a su suegra su novia se le adelantó.

- Estupendamente. Le han dado el puesto –mintió ganándose una mirada confusa de su chico que enseguida se recompuso-.

- ¡Felicidades! –exclamó Amanda emocionada-. Esto hay que celebrarlo. ¿Qué os apetece tomar?

La casa de los Evans se convirtió enseguida en un acto de celebración de la que Petunia y Vernon no sabían salir airosos. Lo único que querían era apartarse del lugar y dejar de ser el centro de atención, sobre todo de Lily y ese novio suyo que era tan raro como ella. Ambos parecían captar la verdad detrás de esa mentira piadosa y parecían realmente divertidos por ello. O quizá simplemente trataban de ser amables, pero Petunia y Vernon no consideraron siquiera esa opción.

- ¿Sabéis qué tendríais que hacer? –dijo Amanda realmente contenta de tener con ella a sus dos hijas juntas-. Deberías salir a cenar los cuatro. Ya es hora de que vosotras retoméis una relación más cercana, ahora que por fin Lily ha acabado la escuela. Y sería perfecto que James y Vernon trabaran amistad, ¿no creéis?

La tensión se podía cortar con un cuchillo cuando los cuatro rieron falsamente y le siguieron la corriente a la buena mujer. Su marido sí lo captó, pero no vio el momento de transmitírselo a su esposa que, emocionada, fue hasta el listín telefónico.

- ¡Perfecto! Voy a reservar ahora mismo una mesa para mañana en el italiano donde íbamos siempre que visitábamos Londres, ¿os acordáis, niñas? Así aprovechamos que Petunia y Vernon pensaban pasar el fin de semana en la capital. Será fantástico que mis chicas vuelvan a ser íntimas amigas otra vez. ¿A las 9 os viene bien?

Y ante ese torbellino de emoción nadie se atrevió a contradecirla. James miró a Lily suplicando ayuda pero la pelirroja se encogió de hombros impotente, viendo cómo su hermana taladraba la espalda de su madre. Al día siguiente podría estallar la tercera guerra mundial…

OO—OO

El funeral de Alphard Black se celebró en una pequeña capilla que estaba situada entre Portobello Road y Kensington Park. A la vista de los muggles no era más que un edificio ruinoso que se había mantenido tal cual como homenaje a los caídos durante el bombardeo de Londres en la Segunda Guerra Mundial. En realidad se trataba de una modesta capilla que el Ministerio de Magia usaba para despedir a los magos residentes en la zona más bohemia de Londres.

Sirius, Grace y Remus llegaron pronto al lugar. Ninguno había dormido mucho en la habitación del Caldero Chorreante que los tres se habían visto obligados a compartir esa noche. Grace y Sirius habían tenido que compartir una cama individual extra pequeña, con las incomodidades que eso traía para ambos, y Remus estaba demasiado nervioso por reencontrarse con Rachel al día siguiente. Todo ello unido a que Grace quería pasear con calma por la ciudad y visitar el mercadillo que abría ese día les hizo madrugar antes que el sol. Aunque realmente ninguno se quejó cuando compartieron la vista del amanecer en el Támesis y de un desayuno en un puesto abierto en Tráfalgar Square.

Cuando llegaron a la capilla aún no había nadie, aunque ya estaba abierta al público y el cadáver ya se hallaba en el lugar para ser honrado. Sirius entró solo, queriendo despedirse de un hombre al que apenas conocía, que no era muy bien visto en su familia y que, ya por eso, siempre se había ganado su admiración. Alphard parecía malhumorado incluso de muerto, su rictus era serio y algo ceñudo, pero incluso en ese impasible momento le notó un toque rebelde que suponía que era lo que ponía a su madre de los nervios. A pesar de tener la neutralidad de la muerte en su rostro, se le podía percibir como alguien difícil de controlar. Y eso le gustaba.

No sabía cuánto tiempo llevaba allí dentro cuando Grace le avisó de que el juez del Wizengamot había llegado e iba a comenzar la ceremonia. Solo acertó a sentarse en el último banco antes de que el anciano hombre comenzara a hablar sobre el difunto Alphard Black. Sentado al lado de Grace, que junto a Remus observaba al juez en silencio, Sirius tuvo ocasión de analizar a los asistentes al funeral. Apenas llegaban a la docena. Era evidente que su tío no era alguien popular.

Por fin localizó a Andrómeda en los primeros asientos. Estaba acompañada de un hombre rubio, que suponía que sería su marido, aquel hijo de muggles por el que había abandonado a su familia; y por una niña pequeña que movía nerviosamente las piernas que le colgaban del banco. Ni siquiera sabía que Andrómeda había tenido una hija. Claro que no la veía desde el día que había decidido escaparse de casa, en la fiesta de compromiso de Bellatrix.

Les estuvo observando con curiosidad todo el tiempo que duró la ceremonia, y le divirtió ver lo rebelde que aparentemente había salido la pequeña. A pesar de sus diferencias con sus padres, Sirius estaba convencido de que Andrómeda sería una madre tradicional digna de los Black, pero no le había salido una señorita precisamente. Lo mejor fue descubrir que la niña era una metamorfomaga. Era una característica que habían tenido algunos de sus antepasados, pero no era lo más usual. Sin embargo, a la niña parecía pegarle como anillo al dedo con su personalidad. A Sirius realmente le costó no reírse al verla empezar a cambiar su color de pelo cuando su aburrimiento le desbordó, y al ver la cara de pánico de su prima al darse cuenta de ello.

Al finalizar la ceremonia les hizo un gesto a Grace y a Remus y se acercó al matrimonio, que estaba regañando en voz baja a la niña, a la cual no parecía imponerle mucho. Por fin pudo observarla mejor. No tendría más de cuatro años, y su cabello castaño oscuro no le pegaba nada a ese rostro pecoso y divertido que le miraba con curiosidad.

- ¿Sirius? –preguntó Andrómeda cuando le vio frente a ella-.

Su prima no había cambiado demasiado durante esos años que no se habían visto. Había madurado y se había hecho más mujer, pero la joven elegante y encantadora que había sido cuando él era un niño seguía ahí. Su pelo castaño estaba recogido en un bonito moño y llevaba una túnica oscura y ribeteada con tonos malvas. Por su tono de voz y esa amplia sonrisa que adornaba su rostro supo que le gustaba que hubiera acudido al funeral.

- ¡Cómo me alegro que hayas venido! –exclamó perdiendo las formas y abrazándole-. Llevaba tanto tiempo sin verte. No te habría reconocido en otro lugar. Ya eres un hombre. Creo que no conoces a mi marido, Ted. Cariño, este es mi primo Sirius. El único decente que queda de esa familia de locos.

Ambos se dieron la mano cordialmente, y después Sirius se giró hacia su novia y su amigo.

- Ellos son mi amigo Remus y mi novia, Grace.

Todos compartieron el saludo de rigor antes de que la pequeña se hiciese notar, al haber sido la única que no estaba presentada.

- Y yo me llamo Tonks –les dijo con una desdentada sonrisa que inmediatamente les hizo sonreír a los tres-.

- No le hagáis caso. Tonks es mi apellido de casada. Ella es Nymphadora.

- ¡No me llames Nymphadora! –exclamó de pronto la niña coloreando su pelo de un rojo más llamativo que el del pelo de Lily-.

Andrómeda procedió a regañar a su hija por semejante arranque, pero los demás estaban demasiado fascinados por el arco iris que estaba formándose en su cabeza a medida que los sentimientos embargaban a la pequeña.

- Metamorfomaga. Fascinante –dijo Remus sin poder dejar de observarla-. No son nada comunes.

- Bueno, nuestra Dora no tiene nada de común –le dijo Ted con una sonrisa bonachona-. Ella fue especial desde el momento en que nació. Si hubierais visto la cara de Dromeda cuando la niña empezó a cambiar la forma de su nariz por antojo…

- Ted –le susurró su mujer a modo de súplica-.

- Tienes rota la túnica –le dijo la pequeña Nymphadora a Remus, mirando fijamente el bolsillo deshilachado de su túnica-.

El joven se ruborizó mientras metía el bolsillo por adentro de su túnica. No supo cómo salir del paso, así que Sirius le hizo un favor cuando cambió de tema y le preguntó a su prima por su vida familiar. Grace también comenzó una conversación con Ted, de modo que la atención ya no estaba en su desgastada túnica. Y, sin embargo, la niña seguía mirándole fijamente. Estaba poniéndole realmente nervioso esa enana. La pequeña, por otro lado, parecía de lo más cómoda analizando su rostro punto por punto. De repente se echó a reír provocando un sonido como el tañer de las campanas, y le señaló la cabeza.

- Me gusta tu coleta –le dijo-.

Remus se tocó la pequeña coleta que solía llevar atada a su nuca y que poca gente percibía mirándole de frente. Claro que poca gente solía ser tan descortés para observarle tan fijamente. Aunque, ¿cómo culpar a una niña de cuatro años de ser curiosa? Le sonrió incómodo y la señaló.

- Y a mí me gusta tu pelo. Te queda bien.

Nymphadora frunció el ceño en ese momento.

- Me gusta más en rosa. ¿Quieres verlo?

- Claro…

Lo dijo más por educación que por ganas, pero la niña no perdió el tiempo y cerró los ojos con fuerza concentrándose. Al segundo siguiente su melena castaña era sustituída por una de color rosa chicle que le daba un aspecto más cómico y le resaltaba las pecas de las mejillas.

- ¡Nymphadora! ¡Cámbiate ahora mismo! –exclamó su madre enfadándose de nuevo-.

Ella obedeció, aunque resignada.

- A mi madre no le gusta ninguna cosa divertida –se quejó-.

Remus se rió enternecido.

- Cuando seas mayor podrás llevar el pelo como quieras –le aseguró-.

- Lo sé. En cuanto vaya a Hogwarts no podrá vigilarme. ¿Tú vas?

- ¿A Hogwarts? Sí, claro. Acabo de terminar el colegio.

- ¿Eso significa que no estarás cuando yo vaya? –preguntó Nymphadora con aspecto desilusionado-.

- Me temo que no…

- ¡Ey! ¿Qué pasa aquí? –intervino Sirius-. Acabo de conocer a mi nueva prima y ya prefiere a otro. ¿Qué les das a chicas más jóvenes, Remus?

- Carisma, Sirius, carisma –respondió su amigo divertido-.

Sirius tomó en brazos a la pequeña Nymphadora y la alzó hasta ponerla a la altura de su cara.

- Os ha salido guapa –dijo a los padres observándola de cerca y haciéndola reír con sus gestos-. ¿Te imaginas que sale a nuestra familia, Drome?

- Tú has salido bastante Black y no veo que haya sido mal resultado –le recordó su prima risueña-.

- ¿Yo, Black? ¿Qué dices? Claramente no he salido a ellos. Tendría que tener joroba o raquitismo con tanta mezcla de sangre.

- Quizá eso te afectara más al cerebro que al físico –le dijo su novia dándole un coscorrón y haciendo reír a la niña que aún estaba en brazos de Sirius-.

Sin embargo, tanto Remus como Ted se dieron cuenta de que ese tema incomodaba a Andrómeda y que no tenía ganas de unirse a las burlas. Claramente no compartía el mismo humor que Sirius, aunque éste no hubiera notado nada. Se apresuraron a cambiar de tema, aunque fueron interrumpidos enseguida por un hombre que se les acercó. Vestía una sobria túnica oscura y llevaba su pelo peinado con algún potente fijador.

- ¿Andrómeda Tonks y Sirius Black? –preguntó, a lo que los aludidos se acercaron a él-.

Los otros cuatro se quedaron unos pasos rezagados, aunque pudieron escuchar perfectamente su presentación. Era el apoderado del testamento de Alphard, que afortunadamente se resolvería muy fácilmente ya que sus sobrinos eran sus únicos herederos.

- Según el testamento, la casa de mi cliente, ubicada en Guildford pasa a ser propiedad de su sobrina, Andrómeda Belvina Tonks, así como todos los impuestos de cesión y mantenimiento que serán incluidos en su herencia. Se trata de una casa de dos plantas y en buen estado de la que la señora Tonks puede disponer para alquiler, venta o entrada a vivir. Es suya.

Le dio a Andrómeda varios documentos y un manojo de llaves. Además, incluyó unas fotografías de la casa que la mujer tomó sorprendida aún por el tamaño de la herencia. Efectivamente, era una casa en buen estado y más que cómoda y hogareña, que se veía rodeada de un bucólico paisaje en el campo. Precisamente la vida que más disfrutaban Ted y ella. Posteriormente, el apoderado se dirigió hacia Sirius mientras seguía leyendo el testamento.

- Según reza el documento, el resto de la herencia financiera, ya sea monetaria o en acciones de distintas entidades, pasan exclusivamente a manos de Sirius Orion Black, con la esperanza que les dé un buen uso y le ayude en la nueva vida que toma ahora en solitario. Señor Black, aquí tiene los documentos necesarios para que se familiarice con las inversiones de su tío, y esta es la llave de la bóveda de Gringotts, la 711, que ya está a su nombre. Confío en que todo esté a gusto de ambos herederos, y si no me necesitan para nada más aquí me despido.

Tan pronto como vino se fue, y Andrómeda y Sirius se miraron sin entender casi nada de lo que había sucedido. Parecía que el tío Alphard se había acordado de sus sobrinos los desheredados en sus últimos días. Sin duda eso le costaría el fin en la familia Black, si es que aún quedaba alguno que le apreciara.

- Nos… nos ha dejado una casa –le dijo Andrómeda a su marido completamente anonadada-.

- Ni que lo hubiera adivinado –le respondió Ted complemente emocionado-. Nuestro piso empieza a derrumbarse y tu tío nos deja una casa en perfecto estado. ¿Dónde estará el truco?

Pero su mujer estaba demasiado emocionada como para buscarle un lado malo o irónico. Inundada de alegría le besó y cogió en brazos a su hija para abrazarla. La pequeña Nymphadora encontraba realmente divertida la cara que se le había quedado a Sirius.

- ¿Esa cifra que pone aquí es el dinero que me ha dejado? –preguntaba a su novia y su amigo señalando un papel con una cifra elevada-.

Grace lo celebraba con él y Remus le felicitó con alegría.

- Ya no puedes volver a decir que no sabes qué harás con tu vida –le dijo-. Tu tío no ha permitido que te quedes desamparado. Resuelto el misterio de cómo vas a estudiar la carrera de Auror.

- ¡Es cierto! –exclamó Sirius abrazándolos a los dos a la vez-. ¡Puedo estudiar la carrera y puedo alquilarme un piso en Londres!

Observando la alegría de Sirius y de Andrómeda era evidente que Alphard había acertado sobradamente con su herencia. Puede que él también fuera un desposeído y un desterrado de la ancestral casa de los Black, pero donde quiera que estuviera sabía que merecía la pena por haber ayudado en la vida a dos de las ovejas negras que más orgullo le habían hecho sentir. Porque ellos se atrevieron a hacer algo que él solo soñó en vida: Ser libres.

OO—OO

Candem es una zona famosa por sus mercados dominicales y su ambiente alternativo, además de albergar muchos de los más famosos destinos turísticos de Londres. Los setenta era la mejor época para un lugar así, donde se reunían la cultura y la música más reaccionarias que tanto escandalizaban a los más mayores y encandilaba a los jóvenes. El ambiente le habría encantado a Sirius, que sin embargo no estaba para disfrutar de esa zona tan nueva para él. La emoción por la herencia recibida le había abandonado, al menos momentáneamente, para centrarse en la misión que Remus tenía que llevar a cabo. Grace y él solo podrían apoyarle moralmente, pero ambos se alegraban de estar allí para acompañarle todo el trayecto. Su amigo se veía realmente alterado cuanto más se acercaban al lugar que Dumbledore le había indicado.

Era una zona aparentemente tranquila, con pisos modestos y poca zona verde. El Museo Británico quedaba unas calles atrás, pero no se percibía como un lugar que debiera ser el entorno a tan famoso edificio. Las calles estaban bastantes llenas al ser domingo, y los muggles se reunían en las aceras para hablar o paseaban en dirección al mercado. Era un ambiente muy normal donde no se percibía ni sombra de reflejo mágico. Afortunadamente, ellos habían ido preparados para pasar inadvertidos con ropa muggle, aunque quizás iban demasiado arreglados para el ambiente y se llevaban más de una mirada que querían evitar.

Tardaron un poco en localizar el edificio que Dumbledore le había indicado a Remus. Todos eran iguales y el número del portal había sido arrancado de cuajo. Sin embargo lo encontraron al descartar los demás. Era un complejo de apartamentos muy sencillos y viejos. Había un olor muy fuerte en el rellano de las escaleras que estaban llenas de agujeros y la moqueta estaba levantada y manchada de quemaduras de cigarros. A través de las paredes se podía escuchar el ruido que hacían los roedores en los huecos entre los paneles. No sabían en qué piso estaba el escondite, por lo que subieron a pie ignorando el ascensor. En la segunda planta se oía mucho jaleo, pero acabó resultando una pelea a puñetazo limpio entre dos jóvenes con muchos piercings y tatuajes. Apartándose como pudieron, los tres continuaron subiendo piso a piso hasta que en el quinto encontraron al hombre de Dumbledore.

Los tres se sobresaltaron cuando una figura emergió de entre las sombras al escuchar el nombre de Rachel en su conversación. Apareció tan de repente que estaban seguros de que había estado oculto tras un hechizo desilusionador.

- ¿Venís a buscar a Rachel? –preguntó-. ¿Quién es su novio?

- Yo –Remus levantó la mano de forma insegura mientras Sirius sacaba un poco la varita del bolsillo al ver que el hombre también sujetaba la suya-.

El otro fue el primero en bajar la guardia. Se metió la varita en el bolsillo y dio un par de pasos para dejarse ver. Estaba ojeroso y demacrado. Ninguno le conocía de antes, pero era evidente que estaba desmejorado. Su pelo castaño estaba muy revuelto, como si llevara semanas sin peinarse, tenía una barba de varios días y sus ojos, azules y saltones, estaban hinchados y enrojecidos de la falta de sueño.

- Me llamo Benjamin Fenwick, trabajo para Dumbledore. Yo era el encargado de vigilar a Rachel mientras estuvo ingresada, soy experto en mordeduras de seres mágicos. Y si hubiera estado más atento no la habrían sacado del hospital sin el permiso de Dumbledore. Quiero pedirte disculpas por eso.

Remus no supo qué decir cuando ese extraño le miraba con la súplica en sus ojos. Era evidente que se había implicado en el caso de Rachel, que su fallo le había atormentado y que por ello se había entregado tanto en vigilar el lugar con la esperanza de que saliera.

- Llevo aquí más de un mes –aclaró el joven-. Pero nada. Han entrado y salido varias personas pero de Rachel no sé nada. Solo que está dentro. No han podido sacarla de otra forma y apenas me he movido de aquí. No hemos dejado el lugar son vigilancia en ningún momento.

- No te preocupes –le dijo Remus seriamente-. No tienes la culpa.

Benjamin suspiró un segundo y después volvió a enmudecer su rostro. En las tres cicatrices que le cruzaban el cuello y se perdían por debajo de la túnica hacia el pecho pudieron ver al hombre curtido de la guerra que era. En un momento se sacó varios artilugios de los bolsillos y tiró de Remus hacia las sombras.

- Quiero que lleves esto cuando entres allí –le indicó colocándole un extraño transmisor parecido a una radio de mano enganchado en los pantalones, junto a un plástico que le hizo pegárselo en el estómago-. Si hay algún problema ninguno de nosotros podrá entrar a ayudarte. Estás solo en esto. Pero escúchame. Si ves que la cosa se complica y no puedes marcharte por la puerta, quiero que agarres bien a Rachel y pulses el botón grande, el negro. Es un dispositivo que bloquea los hechizos anti-desaparición y activa un traslador, que es el plástico que tienes incorporado en la cintura. Te llevará directamente a Russell Square, ¿sabes dónde está?

- Al lado de la universidad de derecho –respondió Grace sin pensarlo-.

Benjamín la miró, y parecía que por fin se daba cuenta de la presencia de ellos dos. Sin embargo, un segundo después los ignoró.

- Exacto –dijo mirando de nuevo a Remus-. Está cerca pero lo suficientemente lejos para distraerles. De todas formas no tendrían por qué sospechar de nada porque tú eres uno de ellos. Esto es solo por precaución.

- Pero, ¿y si tengo que usarlo? –preguntó Remus nervioso-.

- Entonces lo pulsas sin miedo. Yo os estaré esperando allí por si acaso, y veremos qué situación se da. Confío en que Rachel no esté herida y, de ser así, os acompañaré dónde me digáis. Dumbledore me dijo que ya tenías un plan.

- Sí, se viene conmigo a casa –Remus respiró un par de veces para calmarse-. Entonces si todo va bien salgo por la puerta con ella tranquilamente, ¿verdad?

- Exacto. Tus amigos pueden esperarte fuera, y os reunís conmigo en Ruseell Square. Y en cuanto a vosotros dos –se dirigió por primera vez a Sirius y Grace, que les escuchaban en silencio-, si por lo que sea escucháis algo raro y notáis que hay algún problema debéis salir de aquí y reuníos conmigo. Nada de haceros los héroes porque sería absurdo. No podríais entrar en el piso y si llamáis la atención aquí fuera estaréis en desventaja. Si alguien entre o sale del piso disimulad, que no se note que estáis esperando.

- Vale –concordaron los dos sin atreverse a discutir con él-.

Benjamín les miró satisfecho.

- Ah, una cosa más. Remus, cuida este aparato lo máximo que puedas. Lo hemos cogido "prestado" del Ministerio, y como se noten que falta puede meter en problemas a la Orden. Se supone que no es algo que puedan usar los civiles.

Remus se tocó protectoramente el aparato que se escondía tras su túnica, y se dispuso a sacar a su novia de allí. Benjamín le hizo un gesto de ánimo y fue a colocarse en el punto de encuentro que habían acordado. Sirius y Grace se metieron en las sombras y trataron de relajarse, fingiendo que eran una pareja que pasaba el rato en el rellano de una escalera. El edificio estaba lleno de muggles, no tendrían por qué sospechar de ellos.

Con una última mirada hacia los amigos, Remus se dirigió a la puerta y llamó después de titubear un par de veces. Al principio creyó que no le abrirían. De hecho, no se oía nada en el interior, aunque era posible que tuvieran puesto un hechizo silenciador. Tardaron más de medio minuto, pero de repente la puerta se abrió de golpe, dejando escapar todo el ruido que se producía dentro del piso. El sujeto que le había abierto era un hombre de mediana edad, o al menos eso aparentaba. Él sabía que los de su especie envejecían antes. Tenía muchas arrugas y el pelo plagado de canas. La barba la tenía desigual, y parecía llevar días con la misma ropa, que estaba arrugada y manchada. De hecho, su olor delataba su falta de higiene. Miró a Remus con hostilidad y se puso contra la puerta, ocultando el interior.

- ¿Qué quieres? –preguntó de mala gana-.

Remus, que se había quedado sin habla al observarle, dio un respingo y se puso rígido.

- Vengo a buscar a mi novia. Vive aquí desde hace tiempo.

El tipo le observó de arriba abajo, claramente asqueado por su aspecto. Después del funeral los tres se habían cambiado de ropa, por lo que vestía un atuendo completamente muggle, y muy adecuado a los tiempos que corrían. Su coleta también ayudaba en su disfraz. Pero eso fue lo que enfureció al hombre que torció el gesto.

- Aquí no tenemos a nadie, niño. Si tu novia te está poniendo los cuernos búscala en otro piso.

Dio un paso atrás y fue a cerrarle la puerta en las narices, pero Remus fue más rápido y metió el brazo a través del umbral y sujetó la puerta. El hombre pegó un bote de la sorpresa y se quedó observando el brazo de Remus, como si no pudiera creer que éste hubiera traspasado el hechizo. El rictus del joven se había endurecido.

- Sí, soy uno de los vuestros –dijo con voz fuerte-. Y si te digo que mi novia está aquí es porque lo sé de buena tinta. ¿Ahora me vas a dejar pasar?

Aún demasiado sorprendido para reaccionar del todo, el hombre se hizo a un lado y Remus accedió a la vivienda sin ser invitado. Lo primero que encontró fue un completo desorden y un ruido ensordecedor. El piso estaba mágicamente amplificado, pero no de una forma que lo hiciera cómodo sino en medio de un caos absoluto. Ahí podían vivir decenas de personas. Comenzó a andar por el pasillo sin esperar ninguna señal y vio algunos grupos reunidos, unos discutiendo y otros como si estuvieran sumergidos en un sueño extraño. El hombre que le había abierto apareció de repente a su lado.

- ¿Tu novia no será una chica de pelo castaño rizoso, no? –le preguntó-.

Remus dejó de mirar al grupo que estaba medio inconsciente y le prestó toda su atención.

- ¿Dónde está? –exigió con urgencia-.

El hombre frunció el ceño pero le guió a lo largo del pasillo hasta una especie de salón improvisado. Allí parecía haber como quince personas, y el ambiente era igual de sucio y destartalado que el resto de la casa.

- Nos la trajeron hace unos dos meses –le explicó-. Vino con un tipo del Ministerio muy estirado que la dejó en el umbral como quien deja una bolsa de basura. No sé por qué coño habéis tardado tanto en venir por ella, pero la hemos tratado lo mejor que hemos podido. O que nos ha dejado. No es una chica muy sociable precisamente, pero al menos la hemos ido alimentando.

Le señaló un sofá rojo que estaba de espaldas a ellos, y Remus le rodeó impacientemente. Allí estaba, tumbada y desmadejada con la cabeza apoyada en las rodillas de una joven de veintitantos años que jugaba nerviosamente con sus rizos mientras miraba al horizonte distraída. No tenía claro siquiera si estaba consciente. Tenía los ojos abiertos y parecía mirar algo, pero estaba demasiado ida.

- ¿Rachel? –la llamó, inseguro al ver su estado-. ¿Me oyes?

Al oír su nombre hizo un amago de moverse, pero parecía demasiado aturdida. Sin fuerzas. Alarmado, Remus se enfrentó al hombre dispuesto a sacar la varita y mandar al diablo las posibles consecuencias.

- ¿Qué le pasa? –exigió saber-. ¿Qué le habéis hecho?

- ¡Eh, tranquilo! –exclamó el hombro poniéndose a la defensiva-. Ella está bien. Solo le hemos estado dando algo muggle que solemos consumir nosotros. No es nada malo, pero los primeros días estaba histérica y molestaba a los demás. Era esto o echarla del clan, y sinceramente no parecía capaz de apañárselas sola. Greyback no nos dejó más opciones.

Escuchar el nombre de ese desgraciado y saber que había estado cerca de Rachel (pero afortunadamente sin reconocerla) le enervó. Aun así, el aspecto de su novia era demoledor.

- ¿Cómo no va a ser nada malo si no es capaz de moverse? –exclamó tratando de consolarse-.

La chica que jugaba con el cabello de Rachel empezó a reírse de una forma descompasada y casi estremecedora.

- Claro que puede, solo está atontada –le dijo con una voz extrañamente suave sin levantar el tono más allá del susurro-. Enseguida estará como nueva.

Y sin mediar palabras empezó a golpear las mejillas de Rachel con la suficiente fuerza para despejarla pero no tanta como para hacerle mucho daño. Remus estuvo a punto de apartarla de un manotazo, pero en ese momento su novia reaccionó defendiéndose mientras gemía, como quien tiene una pesadilla. Angustiado por verla así, se arrodilló a su lado y detuvo a la lunática que estaba golpeándola. Con una mano sujetó las manos de Rachel, que golpeaba incesantemente en el aire, y con la otra acarició suavemente su mejilla. Entonces ella pareció por fin centrarse y la miró directamente.

- Remus… -sollozó como si no acabase de creerse lo que veía-.

Él asintió con la cabeza mientras notaba las lágrimas acumularse en sus ojos. La había encontrado. No estaba en perfecto estado pero no parecía herida. Y le había reconocido.

- He venido a buscarte –le susurró acariciándose la mejilla-.

Rachel le recorrió el rostro con la mirada y una lágrima escapó por el rabillo de su ojo hasta encontrarse con la mano que su novio tenía colocada en su mejilla. Las demás no tardaron en seguirla. Él la atrajo hacia sí y la abrazó con fuerza mientras Rachel empezaba a sollozar con fuerza.

- Ya pasó –la tranquilizó-. Ya pasó. Nos vamos de aquí.

Como pudo la levantó en volandas, ella colaboró aferrándose a su cuello como si fuese su salvavidas, y se tambaleó un poco hasta que mantuvo el equilibrio, ayudado por el hombre que le había abierto la puerta.

- ¿Estás seguro, chico? –le preguntó siguiéndolos en su camino hacia la salida-. Si no tenéis dónde ir podéis quedaros aquí.

- Tenemos dónde ir, no se preocupe –respondió apresuradamente, tratando de ser lo más educado posible-.

- Al menos quédate hasta que vuelva Greyback y lo discutís. Sois muy jóvenes, ese tipo puede ofreceros protección. Tiene amistades influyentes.

- No –contestó de forma tajante, sorprendiendo un poco al hombre que no se atrevió a seguir insistiendo-. A todo esto, ¿qué es lo que le habéis estado dando?

No se imaginó el nerviosismo del tipo mientras les acompañaba hacia la puerta.

- Una droga que usan los muggles de este edificio. Es parecido a la mandrágora pero más fuerte, aunque sin efectos secundarios. Ayuda a desinhibirse. Los chicos lo necesitan.

- Sin duda… -murmuró recordando el aspecto de semiinconscientes de la mayoría-. Bueno, gracias por cuidar de ella. Yo me haré cargo a partir de ahora.

- Ten cuidado –le advirtió mientras le abría la puerta-. Los convertidos en plena adolescencia son los peores. Se ve que tú llevas con ello toda la vida, pero esta va a darte problemas.

- Ya me encargaré–le aseguró Remus despreocupadamente mientras cruzaba el umbral con Rachel en brazos. Por el rabillo del ojo pudo percibir las sombras de Sirius y Grace en la escalera-. Hasta otra.

- Nos vemos –se despidió el hombre cerrando la puerta con un suspiro de alivio-.

Remus no podía culparle. No solo había evitado meter a otro licántropo al clan sino que se había librado de otra boca que alimentar. En las condiciones en las que vivía esa gente la diferencia de una persona podía ser vital.

En cuanto se cerró la puerta Sirius y Grace emergieron de entre las sombras con caras de susto.

- ¿Cómo está?

- ¿Qué le pasa?

Él sujetó a Rachel con más fuerza contra su pecho.

- Todo va bien- les tranquilizó-. Vamos a reunirnos con Benjamin y os voy contando por el camino-.

OO—OO

Tras el desastre de esa noche, Lily podía asegurar que jamás tendría una relación estrecha con su hermana. Vale que tanto ella y James como Petunia y Vernon no tenían absolutamente nada en común. Pero al menos ellos habían intentado congeniar. James había sido realmente encantador, y no el patán que podía ser cuando se esforzaba. El problema había sido suyo. No conocía a Vernon ni había hecho mucho por averiguar sobre él, así que no pudo prevenir a James. Y su novio al principio encontró realmente divertido al novio de su hermana, pensando que la mayoría de las cosas que decía eran bromas. Pero no. Si algo le había quedado claro esa noche es que Vernon Dursley era un hombre que nunca bromeaba. Bajo ningún concepto.

Y si en navidades había sospechado que Petunia había divulgado su secreto, esa noche lo había confirmado. Después de ofenderse por las risas de James, Vernon se había dedicado a berrear sobre los anormales y el perjuicio que suponían para la sociedad gente como ellos. Por lo visto, tenía la estúpida idea de que el gobierno británico sufragaba la vida de todos los magos, que no hacían más por la sociedad que suponer un gasto inútil, y que por culpa de ellos había tantos problemas económicos en el país. Les había llamado vagos, mantenidos y sucios. Cuando ella se había ofendido y había sacado sus kilos de más a la luz y James había proclamado que con el dinero de sus padres podría vivir sin trabajar tres vidas antes de tener que pedir nada a nadie, se ofendieron más aún.

Así que allí estaban, abandonados y confusos vagando por las calles de Londres. Petunia y Vernon ni siquiera habían esperado a que terminara la cena para hacer una salida dramática del restaurante, y les habían dejado a ellos a cargo de la cuenta. Parecían tener problemas para ser vistos con dos magos, pero no para hacerse invitar por ellos a la fuerza. Muy propio de Petunia, por otro lado. Al verles juntos, ambos tan intransigentes, tan estirados y tan aburridos supo que su hermana había encontrado al hombre de su vida. Pues que le aprovechase.

- Lily, perdóname. Te juro que no me reía de él, simplemente pensé que el tipo ese tenía un sentido del humor extraño.

No habían intercambiado ni una palabra desde que habían salido del restaurante, pero ambos seguían caminando en silencio tomados de la mano por las inmediaciones de Hide Park. Visto el panorama, no le extrañó que su novio creyera que estaba enfadada.

- No te preocupes –le dijo sonriéndole al mismo tiempo que le apretaba la mano-. Petunia siempre ha sido muy especial, y me temo que ha encontrado la horma de su zapato. No has hecho nada extraño, James. Ellos ya venían predispuestos contra nosotros.

- Sé que es tu hermana, pero de verdad parece que sea adoptada. No hay más que mirarte… y bueno, tus padres no son tan cerrados de mente.

- Déjala. Está celosa. Cuando empecé a Hogwarts ella quería venir conmigo, pero como no pudo se ha dedicado a odiar todo lo relacionado con lo que le fue negado. Cuando madure comprenderá lo estúpida que está siendo.

- Bueno, me alegro que la culpa no sea mía por una vez –dijo él apartándola del camino para poder besarla sin molestar a ningún peatón, aunque la calle estaba bastante vacía a esas horas de la noche-.

Ninguno se dio cuenta de estaban siendo rodeados hasta que seis varitas se iluminaron alrededor de ellos. Los magos que los habían emboscado estaban encapuchados con túnicas negras y sus caras estaban cubiertas con máscaras grises. James y Lily reaccionaron al mismo tiempo sacando sus varitas y pegándose el uno al otro para protegerse, pero no podían hacer mucho. Estaban completamente rodeados.

- James Potter y Lily Evans –los nombró uno de los mortífagos, que parecían tener la voz cantante-. Venimos a hablaros de una propuesta que tiene nuestro Señor para vosotros.

- No nos interesa ninguna propuesta de ese señor vuestro –le espetó James sabiendo perfectamente de quien hablaban-.

A su lado, Lily se tensó pero su mano seguía firme sujetando la varita. Los mortífagos soltaron una risa despectiva.

- No creo que esteis en posición de negociar –dijo la misma voz-. Tenéis dos opciones: Uníos al Señor Oscuro, o moriréis hoy.

- ¿Y solo nos envía a seis de sus cachorritos? –preguntó James tratando de sonar autosuficiente-.

- Decidle a Voldemort que no nos complace su propuesta –añadió Lily sabiendo que al decir su nombre les descentraría-.

Así fue, los seis se removieron indignados y ellos dos aprovecharon para actuar con rapidez, como si lo hubieran planeado con anticipación. Lily mandó un bombarda contra la pared opuesta, que explotó enterrando a dos mortífagos y James aturdió a otros dos que se interponían en su camino. Lily creó un escudo tras ellos y su novio la cogió con fuerza de la cintura para desaparecerse lejos de allí.

- ¿Dónde estamos? –preguntó la pelirroja al aparecer en un paraje oscuro que no reconocía-.

James la tomó de la mano y empezó a caminar rápidamente.

- En mi casa. Vamos allí hasta que decidamos qué hacer. Mis padres han fortalecido toda la seguridad, allí estaremos bien. Aún no sé si debemos decirle a nadie lo ocurrido esta noche.

- Tu padre se pondrá histérico –adivinó Lily siguiéndole el paso-.

- Por eso lo digo. No sé si quiero tenerle histérico a mi alrededor. Mañana escribiré a Sirius y los demás, y juntos sabremos qué hacer. No sé cómo nos han localizado pero no podemos arriesgarnos.

- ¿Crees que también habrán ido a por ellos? –preguntó Lily mientras James superaba las distintas pruebas y la verja de la mansión se abría para ellos-.

- No lo creo –respondió su novio negando con la cabeza. No le había soltado la mano en ningún momento-. Ese día en la cueva fuimos tú y yo los que nos enfrentamos a él directamente. O más bien tú. No creo que reconociera a nadie más.

- ¿Crees que estamos en un problema serio? Quizá esté reclutando gente y simplemente se olvide de nosotros mañana.

- Ni idea, Lily. Pero no podemos fiarnos. Eso sí, mantén la compostura ahora con mis padres. Que no sospechen. Les mandamos un mensaje a tus padres diciéndoles que te quedas a dormir aquí y ya nos inventaremos algo más.

- De acuerdo –convino ella asintiendo con la cabeza, respirando hondo y colocando en su rostro una sonrisa falsa que convenciera a los Potter-.

OO—OO

Los siguientes días fueron difíciles para Regulus. En apenas una semana tuvo que reparar todo el daño que se había hecho a sí mismo el año anterior al permitir que los demás dirigieran su vida. Ahora que estaba libre de Hogwarts, que sabía que no volvería a cursar su último año, podía decidir por sí mismo qué quería hacer. Iba a seguir sus pasos como mortífago, llegaría al círculo más cercano al Señor Oscuro. Sería un peso pesado en el gobierno que este formaría cuando llegara al poder, que estaba seguro que sería en pocos años. Y, una vez allí, averiguaría quién había sido responsable de la muerte de Sadie y se lo haría pagar. Daba igual del bando que fuera, le haría sufrir y suplicar por su muerte hasta que no pudiera más. Pero antes de la venganza tenía clara una cosa: No pensaba casarse. Ni con Yaxilia Selwyn ni con nadie.

Y así se lo hizo saber a ella cuando volvió de Bulgaria hablando maravillas del sistema de sangre pura del colegio y deseando planear la boda. Obviamente ella no se lo tomó nada bien. En cuanto se dio cuenta de que el joven Black hablaba en serio perdió todas las formas de una señorita bien educada de sangre pura y berreó como una loca hasta que el propio Regulus se cansó y la dejó tirada, sin tener en cuenta la caballerosidad y el deber por primera vez en su vida.

La conversación con sus padres no fue mucho mejor. Consciente de que no iban a estar nada contentos después de lo mal que Sirius les había hecho quedar con sus amistades, les reunió a los dos en la cocina de su casa la tarde del domingo. Kreacher, el único que conocía los planes de su amo, les sirvió a sus amos un té con una pócima relajante para que se tomaran la noticia mejor de lo esperado. Después se plancharía las manos por tomar esa decisión sin ser ordenado, pero lo primero era ayudar al amo Regulus, el mejor que había tenido en su miserable vida.

- ¿Y bien? ¿Qué es lo que quieres contarnos? –preguntó impaciente su padre cuando vio que llevaban diez minutos sentados y su heredero no se decidía a hablar-.

Regulus cogió aire.

- Quiero hablaros de mi boda con Yaxilia. No va a realizarse.

La taza de porcelana chirrió con fuerza cuando su madre la soltó sobre el platito con furia. Ni mil pociones de Kreacher podrían evitar el vendaval que se avecinaba.

- ¿Cómo que no va a realizarse? ¿Quién te crees que eres? Hemos dado nuestra palabra a los Selwyn, y vas a cumplir con ellos.

Regulus la miró algo cohibido y observó a su padre de reojo. Tampoco parecía conforme, aunque la enfermedad que casi le lleva a la muerte en los últimos meses le había quitado todas las fuerzas, por lo que se limitó a fruncirle el ceño.

- No va a hacerse –insistió con una desobediencia que no era habitual en él y que dejó a su madre momentáneamente sin palabras-. Esta mañana ya se lo he comunicado a Yaxilia y ahora os lo digo a vosotros. Es mi decisión, y es irrevocable. Tengo mejores planes en estos momentos.

- ¿Y se puede saber cuáles son esos planes? –le preguntó Walburga despectivamente-.

- Por supuesto, no son ningún secreto. Tengo mucho por hacer dentro del ejército de mortífagos. Estoy seguro de que puedo llegar muy alto, que el propio Señor Tenebroso puede llegar a considerarme tan útil como a Bellatrix. Pienso trabajar muy duro para conseguirlo. Y eso conlleva que no tendré tiempo para el matrimonio en bastante tiempo, y no sería injusto dejar a Yaxilia esperando por años. Además, si mis expectativas se cumplen, como sé que será, podré optar a un matrimonio mucho más ventajoso que el de una Selwyn. Podemos emparentar a los Black con lo mejor de la futura sociedad que se nos presenta en cuanto ganemos la guerra.

Sus argumentos dejaron pensativa a Walburga, y Orion miraba a su hijo con un nuevo respeto. Desde luego Regulus había heredado el poder oratorio de los antiguos Black, podría ser un gran político. Y si era así, sin duda sería muy útil para los futuros planes del Señor Tenebroso. Bellatrix estaba muy cerca de él en ese momento de guerra, pero en el caso de una victoria no le interesaba tenerla de cara al público. No era nadie de quien la gente se fiara, ni siquiera los de su propio bando. Pero Regulus podría ser una piez clave. Su padre ya podía imaginarle de ministro. Tenía suficiente inteligencia y predisposición para conseguirlo.

- Desde luego cuando se gane la guerra el Señor Oscuro querrá contar con los mejores y el estatus de muchas familias cambiará –coincidió Walburga tan pensativa como su esposo-. El hijo de los Selwyn no es nada excepcional y Yaxilia apenas es más que una chica bien educada. No creo que les tenga tan en alta estima como puede tenernos a nosotros. No has pensado mal, Regulus. Cuando gane la guerra y forme su propio gobierno seguro que podremos optar a una alianza mucho más ventajosa que con unos simples Selwyn.

Regulus dejó escapar una sonrisa cuando su plan funcionó. Su madre ya había picado y la cara de su padre reflejaba una aprobación que no dejaba lugar a dudas.

- Puedes ser otro gran Black –le auguró con una sonrisa de orgullo que hizo que el pecho de Regulus se hinchara-. No mereces desperdiciarte con la hija de unos sangre pura del montón. Tienes mi aprobación para romper oficialmente el compromiso.

- Y el mío –acordó Walburga rápidamente-. No nos precipitemos. Lo mejor es asegurarse en qué posición queda cada uno antes de aliarnos con ellos.

El joven terminó de beber el té de un trago muy satisfecho. Debajo del fregadero, Kreacher le miraba con emoción contenida, Regulus le vio y le guiñó un ojo antes de soltar la taza.

- Entonces así se hará. Gracias, padres, por vuestra comprensión. No os arrepentiréis. El apellido Black pasará a la historia.

OO—OO

- ¿Estas son las últimas? –preguntó Sirius con un bufido mientras llevaba dos grandes cajas de cartón a un sofá envuelto en un plástico protector-.

Con una floritura de su varita las posó encima y se echó el pelo hacia atrás, volviendo a bufar.

- Qué vago eres –le recriminó su novia-. Ni que te pesaran mucho con la varita.

- Sirius no está acostumbrado a trabajar. Recuerda que procede de una noble y ancestral familia –dijo James mientras entraba por la puerta haciendo levitar una butaca de cuero-.

Grace y Lily se echaron a reír mientras Sirius se hacía el ofendido.

- El niño rico ha hablado –bufó con desprecio agitando la mano para darle un capón a su amigo, que le esquivó en el último segundo. Después se giró hacia su novia que estaba sacando su ropa de uno de los tres baúles grandes en los que la llevaba-. Y yo que tú no me metería con nadie en ese tema. Igual te crees que todos los padres deciden que, ya que sus hijas se quedan en Londres, les van a alquilar un apartamento en la zona pija de la ciudad.

Señaló por la ventana, como si hiciese falta probar lo que estaba diciendo. Las vistas desde allí eran espectaculares. Las mejores tiendas se intercalaban con los teatros más prestigiosos, las calles estaban atestadas de gente y, a lo lejos, se podía percibir Green Park que desembocaba en el palacio de Buckingham, al cual le tapaban los edificios colindantes. Sin duda era la mejor zona de Londres, de ahí que poca gente pudiera permitirse un apartamento como aquel.

- Yo creo que lo que estás es celoso –sugirió James con retintín-. Porque no te han dejado venir a vivir aquí.

- Mosquea que escojan a la pelirroja antes que a mí, ya que lo mencionas –admitió éste-.

Lily le sacó la lengua a Sirius divertida.

- Yo también necesito un sitio donde vivir, Sirius. Y los padres de Grace se fían más de mí, qué novedad.

- ¿No se supone que a este suegro te le tenías ganado? –le preguntó James tirándose al sillón que había colocado en medio de la sala-. No hay forma de que te conviertas en el yerno soñado.

- ¡Pero si este me adora! Tendríais que haber visto su emoción cuando Grace y yo les dijimos que estábamos juntos. Por una vez me he ganado al suegro antes que a la suegra.

- Pero aun así te aclaró que el apartamento era para Lily y para mí –le aclaró su novia tirándole una caja para que fuera desembalando-.

- No hace falta que me lo recuerdes…

Miró con nostalgia a su alrededor. Habría sido genial vivir en ese piso tan lujoso, además con el plus de poder vivir con Grace. Aunque, como los padres de ella se iban a Grecia igualmente, podría pasarse por allí todo el tiempo que quisiera. Y James también iría mucho de visita para estar con su novia. Y más después del susto que les habían pegado días atrás. Además de aprovechar los beneficios de un apartamento de solteras, ninguno de los dos se acababa de fiar de la supuesta protección que llevaba consigo el lugar. Supuestamente la calle era regularmente vigilada por los aurores que rondaban Londres y el edificio contaba con conexión directa al Ministerio ante cualquier indicio de magia oscura, pero en esos tiempos había muchos trucos para eludirlos. Y ellas no serían las únicas brujas en el edificio.

- Bueno, señor heredero, siempre puedes rentar un apartamento para ti –le propuso Lily-. Creo que en el piso de abajo había uno libre.

- Sí, y a los pocos meses estaré bajo un puente. Pelirroja, que mi tío me ha dejado para ir tirando pero no me ha solucionado la vida. Tengo que buscarme algo más barato si quiero entrar a la Academia de Aurores.

- Eso si es que te aceptan –le picó James-.

- Entonces tampoco entrarás tú –le espetó este de vuelta, ganándose que su amigo le sacara la lengua para después echar una risotada-.

- Ya sabes que no tienes que irte, Sirius. A mis padres les encanta tenerte en casa. Y después de lo de mi abuela y mi tío estaremos muy solos.

- Ya lo sé tío, y me jode dejaros en un momento así. Pero ya no tengo excusas. Además, sabes que siempre quise vivir por mi cuenta. Ya le he echado el ojo a un par de pisos en una zona más barata.

- Pero no muy lejos, ¿no? –le preguntó Grace acabando con su ropa y acercándose para darle un beso-.

- Ya veremos –sugirió tomándola de la cintura para profundizar el beso-.

- ¡Ey! –exclamó James al verles tan animados-. No se come delante de los pobres.

- Pues dile a la pelirroja, aquí presente, que deje de hacerte pasar hambre, que ya es hora.

Lily se puso colorada como un tomate y fulminó a Sirius con la mirada. Grace lo encontró realmente divertido.

- A ver si ahora que Lily tiene casa propia os da por intimar algo más a vosotros dos. Yo prometo pasarme mucho tiempo en la Facultad de Derecho para dejaros espacio. Y Sirius me invitará a su apartamento si queréis una noche a solas. Pero avisáis, ¿eh? Un calcetín en el pomo de la puerta o algo así.

No pudo resistir más y se echó a reír a carcajadas al ver la cara de Lily. Sirius se unió a ella de forma escandalosa e incluso James, que estaba bastante azorado, se permitió reírse en voz baja siempre y cuando su novia no le viera. La pelirroja decidió ir a colocar las cosas a su habitación para huir de las bromas. Ya le hartaba ser el blanco favorito. Pareciera que no tuvieran otro tema de conversación. Sin duda, las hormonas adolescentes les hacían más daño a unos que a otros.

OO—OO

El 17 de junio fue un día importante para la familia Duncker. Tras un juicio que se había dilatado meses inexplicablemente, por fin el gobierno alemán dictó sentencia en el caso que culpaba a Bernard Duncker del delito de pertenencia a grupo terrorista y de la perpetración de cuatro asesinatos. Y finalmente fue absuelto. Las pruebas fueron demasiado contundentes, y la captura de uno de los responsables, que declaró bajo veritaserum, tumbó cualquier reticencia que había en el tribunal en su contra. Aún tenía enemigos dentro del gobierno que querían cargarse su carrera y con ella su vida, pero el error había sido tan público y notorio que no tuvieron más opción que reconocerlo. Y pedir perdón. Fue casi gracioso ver al presidente disculparse por los errores judiciales públicamente y estrechándole la mano a un hombre que él se había empeñado en destruir por motivos profesionales.

Bernard sabía que esperarían cualquier oportunidad para volver a atacarle. Y seguro que se encargarían de no fallar. Daba igual que la ciudadanía se sintiera conmovida por su injusto encarcelamiento y persecución, y que la horrible muerte de su hija despertara la empatía de todos. El gobierno era demasiado corrupto y él no estaba a salvo. Por ello, el mismo día en que le fue comunicado que era un hombre libre de culpa le presentó a Leonardo su dimisión.

- ¿Estás seguro? –preguntó el anciano sintiendo tener que quedarse solo en sus proyectos, o confiar en alguien en quien no quería en última instancia-.

Él asintió pesadamente con la cabeza.

- Lo estoy. Ya no pudo más. Primero todo esto, después lo de Sadie… Solo quiero retirarme lejos de este país con mi familia. Bastante han sufrido ya. Ahora nos toca vivir lo más tranquilos que podamos.

Leonardo asintió con tristeza, viendo la pena consumir los ojos de su compañero. Un hombre tiempo atrás tan vital e inteligente se veía reducido a una sombra deprimida y gris. Comprendió que Bernard había sufrido demasiado y supo que tenía que dejarle ir, aunque significara desprenderse de un genio para la ciencia mágica. Le estrechó la mano y le palmeó el hombro con afecto.

- Buena suerte entonces, amigo. Escríbeme de vez en cuando y trata de encontrar esa tranquilidad.

Y cuando toda la familia llegó a la conclusión de que lo mejor para ellos sería desaparecer del país, fueron a despedirse de Sadie. Habían decidido que debía descansar junto a su abuela, la madre de Bernard. Probablemente había sido la persona que más había entendido el carácter arisco y poco amigable de su nieta, y a ambas les habría gustado estar juntas. Fueron momentos de mucha emoción para los tres miembros de la familia.

- ¿Dónde iremos ahora? –se atrevió a preguntar Jeff cuando el cementerio quedó atrás-.

Sus padres continuaron en silencio, sin responder a su pregunta. Lo más probable es que ni ellos lo supieran. Continuaron su camino a pie, sin trasladarse. Sin prisas. No había destino. Al cabo de media hora fue su madre quien habló.

- Vámonos lejos. De aquí y de Inglaterra. De todo lo que nos recuerde al pasado.

- Yo tampoco quiero volver –coincidió su marido, de acuerdo con ella-.

Jeff miró al horizonte pensativo.

- Yo volveré a Inglaterra –sus padres le miraron sorprendidos y él añadió-. Eventualmente, quiero. A Nicole le faltan dos años de colegio, e iré a visitarla en vacaciones. Cuando acabe en Hogwarts, ya decidiremos qué hacer. Pero de momento iré donde queráis. El mundo es grande.

- Pues vayamos a la otra punta –propuso su madre-. Lo más lejos posible.

Miró a su marido, que la sonrió sin alegría. Probablemente jamás volvería a sentir esa alegría que tanto le había caracterizado en sus años jóvenes. Aun así, Bernard la apretó la mano con afecto.

- Tú decides.

Sonriéndole de vuelta, Elizabeth le apretó la mano a su vez. A tientas, buscó la mano de su hijo, que se aferró a ella buscando cariño. Y mirando alternativamente a los hombres de su vida cerró los ojos y se centró en un lugar donde pudieran encontrar un poco de paz. Ella llevaba las riendas, y ella decidió el destino. El último rayo de sol les golpeó en el rostro antes de que los tres desaparecieran en una tierra lejana de guerras mágicas y luchas por el poder.

OO—OO

La Orden se reunió la última semana de junio. El verano había llegado con fuerza al sur del país mientras que en el norte aún seguían resentidos de una fuerte tormenta que había desconcertado a los muggles por su ferocidad y virulencia. Poco podían adivinar estos que todos esos sucesos que habían arrastrado tantas vidas en Escocia, Irlanda del norte y el norte de Inglaterra tenían que ver con gigantes y dementores. El Ministerio de Magia no había dado abasto para reparar los daños y evitar que los muggles descubrieran su mundo. Estaba claro que, o detenían pronto a Voldemort, o el estatuto del secreto no duraría mucho.

No fue, por tanto, hasta la última semana de junio que la Orden pudo reunirse. Y fue entonces cuando Frank y Alice decidieron que ya no podían retrasar más la noticia que debían dar. Estaba claro que Voldemort se estaba armando, y que lo estaba haciendo rápidamente. De hecho, la propia Dorcas había insistido a Alice para que se apresurara a alertar a los demás de lo que les esperaba.

En la reunión, tuvieron la palabra casi todo el tiempo, aunque Frank insistió en presentar el tema como si fuese una investigación sin permiso que había realizado él. Sospechaba que, dada la gravedad del tema, podrían dejar pasar que Alice hubiera vuelto a desobedecer órdenes, pero prefería evitarse la duda. De todas formas, su actitud siempre fue irreprochable, por lo que podía permitirse un desliz. Como supuso, la conversación estuvo más centrada en el descubrimiento que en cómo y en quién lo había realizado. Afortunadamente. No había tiempo que perder.

- Esto que dices es muy serio, Frank –dijo Edgar Bones con un estremecimiento-. No estamos preparados para luchar contra algo así.

- De todas formas, ¿lo has comprobado? –intervino Marlene con gesto preocupado-.

Frank sacó los papeles de las pruebas que él y Alice habían realizado a escondidas en los laboratorios de los inefables. No había sido tan fácil como si Andrea hubiera seguido viva, pero al menos al ser dos de los aurores más reconocidos no les costó pasar desapercibidos en lugares restringidos del Ministerio.

- Aquí están los resultados de los análisis de las pociones. Creo que queda bastante claro.

Marlene se levantó para tomarlos y comenzar a hojearlos con avidez. A su lado, Fabian se inclinó para leer por encima de su hombro. Gideon no llegaba a visualizar el contenido, pero estuvo pendiente del gesto ansioso de su hermano, que no entrañaba nada bueno.

- ¿Qué sugerís, entonces? Está claro que no se puede perder el tiempo –dijo Benjy-.

- Por mucho que queramos hacer, nosotros somos insuficientes. Necesitamos involucrar al Ministerio en esto –repuso Caradoc-.

- Presenta estos datos a la Ministra y trata de que pase por alto el cómo y quién los ha conseguido. Estos se ahogan en un vaso de agua, se centrarán siempre en lo más absurdo dejando de lado lo importante –se burló Fabian sin una gota de humor en su expresión-.

Marlene levantó los ojos de los papeles con un suspiro.

- Esto es algo muy gordo, chicos. Me da igual cómo se consiga, necesitamos toda la ayuda posible.

- Esa sí es la actitud –aprobó Benjy-.

Dorcas rodó los ojos ante el intercambio de palabras. Ella, sin embargo, no había quitado los ojos de Dumbledore y Moody, que comentaban todo en voz baja sin compartir sus opiniones con los demás.

- ¿Y bien? ¿Tenéis algún plan? –preguntó sin apartar la mirada de ellos-.

Ambos la miraron un segundo antes de suspirar al mismo tiempo y cambiar de postura. Moody miró a Frank fijamente, quien tragó saliva esperando la bronca por desobedecerle.

- Debería de haber supuesto que dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición. Pero no es momento para centrarnos en tu desobediencia, Frank. Está claro que esto, hoy por hoy, nos viene grande. Los planes de Voldemort son muy graves y no tenemos modo de enfrentarlos. No al menos sin ayuda.

- Eso ya lo sabíamos –dijo Caradoc rodando los ojos ante la obviedad que había dicho el jefe de aurores-.

Moody le lanzó una dura mirada que no tuvo ningún efecto en el veterano, que estaba pendiente de que Dumbledore hablara. Este les miró pensativamente a todos antes de ponerse en pie.

- No es momento de centrarnos en lo que va mal. Tenemos que solucionarlo. Si el Ministerio no está preparado, deberemos ayudarles. Y si la ministra no es capaz de afrontar esto, tendrá que relegar en alguien más preparado para la guerra.

- Como usted –dijo Alice con seguridad-.

Dumbledore negó con la cabeza.

- Eso no sería una buena idea, Alice. No, yo no. Sin embargo, hay personal en el Ministerio más que preparado. Dejadlo en mis manos. Por lo pronto, quiero que Dorcas, Caradoc y Benjy hagáis una misión importante aprovechando vuestros contactos en el extranjero. Si no podemos tener ayuda de nuestro propio país, la buscaremos fuera.

- ¿Cree sensato involucrar a otros en nuestra guerra? –preguntó Edgar indeciso-.

Dumbledore se encogió de hombros no demasiado seguro.

- Si lo que nos ha contado Frank es cierto, me temo que no tenemos muchas opciones. Cualquier ayuda nos bastará. Creo que es hora de ampliar nuestro número y hacernos con más aliados. Tendremos que adelantar, también, varias incorporaciones que tenía prevista para más adelante. No hay tiempo que perder.

OO—OO

Newham es un municipio situado a las afueras de Londres, cuya población es mayoritariamente extranjera, desempleada y marginal. Cinco kilómetros le separan del corazón de la ciudad más emblemática del mundo, lo que servía de excusa para el gobierno muggle para olvidarse de sus ciudadanos necesitados. Allí la policía solo acudía ocasionalmente a algunas redadas antidrogas y las ambulancias trataban de ignorar los llamados desesperados de los ciudadanos que en mitad de la noche habían recibido un tiro por un robo o intento de agresión. La dejadez de las autoridades la convirtió rápidamente en un nido de corrupción y delincuencia, de las que son víctimas sus habitantes, tan diferentes en razas, religiones y culturas que jamás harían causa común para proteger sus honradas, pero pobres vidas.

No era de extrañar que un apartamento en esa zona estuviera mil veces más barato que en cualquier otra zona de la ciudad. Las fábricas envejecidas, los edificios desgastados que necesitaban una urgente reforma y los comercios dudosos hacían de esa zona, un lugar poco apetecible para vivir a quien pudiera permitirse algo mejor. Pero ese no era el caso de Sirius. Por eso no le pareció tan mal como a sus amigos esa pequeña buhardilla medio derruida que le salió prácticamente regalada. Estaba situada encima de una tienda abandonada, y solo tenía otro piso al lado, por lo que la tranquilidad parecía casi asegurada. Y de todas formas no había nada que la magia y un buen hechizo anti sonoro no solucionara. El pequeño aparcamiento de cemento que había justo delante le pareció perfecto para la moto que estaba pensando en comprarse, e incluso encontró cierto encanto en el parque descuidado en el que desembocaba la calle, y que parecía ser lugar de reunión de drogadictos. Incluso, si se fijaba, creía ver algunos pubs y bares poco recomendables subiendo la calle. Era la vida bohemia que siempre había querido. Su madre moriría de un infarto si supiera dónde había acabado su primogénito. Quizá debiera escribirle una carta…

Por supuesto, Grace y Lily habían puesto el grito en el cielo y le habían asegurado que, estirando algo más el dinero de Alphard, podría permitirse algo en un lugar más seguro. Incluso James se había puesto remilgado y le había suplicado que continuara viviendo en su casa, a lo que él se había negado rotundamente. Sorprendentemente, Remus apoyó su decisión y convenció a los demás de que él podría defenderse sin ningún problema en un barrio de muggles problemáticos. Aunque supuso que se refería más a su ventaja en hechizos protectores que en su capacidad para ganar peleas a puño cerrado.

Sin embargo, ninguno de ellos se dignó a ayudarle en la mudanza. Su novia y la pelirroja aseguraron que jamás se acercarían a un barrio como aquel, y James seguía enfurruñado porque hubiera rechazado su propuesta. A Remus no podía juzgarle. No habían podido quedar con él desde que se había llevado a Rachel a su casa, tres semanas atrás. El único contacto que habían tenido con él había sido por carta, y había sido bastante escueto. Así que solo le quedó Peter, al que engañó para que le echara una mano. El más pequeño del grupo parecía maravillado y asustado al mismo tiempo. Aunque supuso que el miedo ganaba la batalla, sabía que Wormtail sentía admiración por él por ser capaz de vivir en un sitio como aquel. Era el tipo de actitud que él envidiaba pero que jamás sería capaz de llevar a cabo por sí mismo. Sirius aceptó su obligada ayuda con condescendencia, sabiéndose envidiado, y le cargó con las cajas más pesadas.

- ¿Qué te parece? –le preguntó cuándo subieron la primera tanda e iluminó el pequeño apartamento-.

Peter trató de ser amable y conseguir captar algo más allá de la gran capa de polvo que inundaba el suelo, las paredes y los pocos muebles. La buhardilla estaba repartida en dos habitaciones. El salón, la habitación y la cocina estaba en una misma estancia, si es que así se podía denominar lo que había allí. La existencia de un viejo y apolillado sofá frente a una chimenea en estado deplorable le indicó que ese sería el salón. Al fondo, el somier que apenas se sostenía en pie, acompañado por una mesita medio rota, parecía ser la habitación. Un pequeño separador descolorido separaba ambas estancias, decorado con unos motivos florales que apenas se percibían por el desgaste del paso del tiempo. Al otro lado, una barra americana de más o menos buen estado separaba esa zona de lo que claramente era la cocina. Dos fuegos de gas y un fregadero roñoso era todo lo que había que podía parecerse a una cocina tradicional. Tras la puerta que conducía a la segunda estancia supuso que estaría el baño, al que no vio ni tuvo ganas de hacerlo.

Peter trató de buscar una palabra agradable para describir ese antro.

- Es… interesante.

- Necesita una reforma, ya lo sé –dijo Sirius quitándole importancia, como si una mano de pintura solucionara ese horror al que pretendía llamar apartamento-. Pero para eso tenemos la magia. Con unos toques de varita y un par de muebles nuevos este lugar molará de verdad. Los demás se arrepentirán de no haberme apoyado.

- Sí… -coincidió Peter poco convencido-. ¿No sería mejor que fuéramos a por el resto? No creo que sea buena idea dejar tus cosas sin vigilancia en este barrio.

- Les he puesto un hechizo anti robo. Cualquier imbécil que trate de robarme se llevará una bonita descarga eléctrica. Hay que hacerse respetar en un barrio como este.

- Seguro que no te cuesta trabajo –comentó el más pequeño permitiéndose una sonrisa divertida-.

Se adelantó a Sirius para comprobar si efectivamente funcionaba tal hechizo. Éste se quedó mirando su recién adquirido apartamento con orgullo. Él veía un montón de posibilidades a ese garito. No era muy amplio, pero era suficiente para él, incluso en la zona del salón había suficiente espacio para albergar una pequeña fiesta de inauguración cuando dejara el piso irreconocible. Era su nidito de soltero, Grace acabaría adorándolo con el tiempo y comprendería que ese lugar daba mucho más morbo que su pijo apartamento.

Dio un golpe orgulloso en el marco de la puerta y este se desprendió de repente. Tuvo que dar un salto hacia atrás para evitar que le golpeara la cabeza, y se quedó mirando el tablón de madera pensando que, quizás, necesitaría más remodelaciones de las que creía. Un segundo después, la puerta del apartamento de al lado se abrió un poco dejando paso a unos saltones ojos marrones que le miraban asustados. Él se sorprendió, ya que creía que el piso en cuestión estaba vacío.

- Hola –dijo con cautela-. Soy nuevo, me estoy mudando a este piso.

La puerta se abrió un poco más, aún con cautela. Por ella apareció una chica muggle con ropas muy coloridas y vistosas, claramente del estilo hippie que estaba inundando Londres esos tiempos. Tenía el pelo castaño muy largo y descuidado, y en su mano vio un cuchillo antes de que lo escondiera tras su espalda. Aún parecía desconfiada, y no podía juzgarla si vivía sola en un barrio como ese.

- Me llamo Sirius –añadió, ofreciéndole la mano para que se la estrechara-.

Ella le miró algo indecisa, pero finalmente le dio un apretón rápido antes de apartarse.

- Perdona las formas –dijo finalmente con voz pastosa-. Este no es un barrio en el que puedas fiarte de la gente. Pensé que eras otro ladrón. La semana pasada intentaron atracarme dos veces en el rellano.

- Bueno, ahora ya somos dos para defender el fuerte –bromeó él observándola un poco-.

Podría ser guapa, si se arreglara más. Tenía un par de kilos de más, pero nada que afeara su aspecto. Era curvilínea, tenía muchas pecas en la cara y los brazos, y los colores vistosos de su ropa la hacían parecer más pálida de lo normal. Había algo agradable en su expresión cuando ella sonrió ante su broma. Le cayó bien de inmediato, y le pareció que ella pensaba lo mismo. De todas formas, Sirius estaba acostumbrado a causar buena impresión entre las chicas.

- Yo soy April –se presentó la chica más relajada-. ¿De verdad has comprado ese tugurio?

- ¿Tú también? –preguntó dolido-. Ninguno de mis amigos me apoya. El piso está bien, cuando le remodele querrás intercambiármelo por el tuyo. Y de todas formas, solo lo he alquilado.

- Espero que al menos te lo hayan dejado barato. Antes era un laboratorio de crack y varios yonkies murieron allí. Creo que aún debe haber restos de jeringuillas por ahí. Ten cuidado al limpiar.

Sirius miró por encima del hombro su apartamento con sorpresa. Dejó escapar un silbido y pensó en lo raros que podían ser los muggles.

- Sí que sois complicados –dejó salir sin pensárselo-.

Aquello pareció ofender a April.

- Oye, yo no soy ninguna yonkie. Vale que no pueda permitirme algo mejor, pero pago mi piso honradamente.

- Sí, perdona. Solo pensaba en voz alta –se disculpó sin saber cómo salir del paso-.

La chica le miró con algo menos de simpatía que antes de que abriera su bocaza, y suspiró.

- Bueno, te ruego que no organices fiestas ruidosas hasta las tantas. Si intentan robarte te avisaré, y espero que tú hagas lo mismo conmigo, ¿de acuerdo?

- Claro –contestó Sirius comprendiendo que había metido la pata con su nueva vecina-.

Sin darle más opción para seguir la conversación, la chica se metió en su piso y cerró la puerta tras ella. En ese momento Peter subió por la escalera cargado una caja.

- ¿Tengo pinta de mozo de carga, Padfood? Te estoy ayudando pero no soy tu criado –protestó-. ¿Qué narices haces?

Sirius quitó la mirada de la puerta cerrada de su vecina y agitó su cabeza.

- Conociendo a mi nueva vecina –dijo agarrándole la caja y posándola en el suelo del apartamento-.

- ¿Ah, sí? ¿Y cómo es? –preguntó Peter interesado tras oír hablar de una chica-.

- Pues parece bastante rarita, pero supongo que va acorde con la zona.

- Y con tu antro –bromeó Peter bajando por las escaleras en busca de más cajas y siendo alcanzado por su amigo, que le dio un capón-.

- No te metas con mi piso, Peter. Luego no te dejaré venir a mis fiestas.

- Jamás me perdería una fiesta con yonkies, delincuentes y mendigos, Sirius. Tú sí que sabes escoger buenos ambientes.

Y salió corriendo antes de que su amigo volviera a golpearle por burlarse.

OO—OO

Y en algo tenía razón Sirius, y es que no le costó demasiado convencer a Grace para pasar una noche en su nuevo piso. Pese a la resistencia inicial, su curiosidad por el barrio marginal le pudo más y acabó quedándose allí el sábado por la noche. Lo que supuso que James tuviera que pasar el fin de semana en Londres, cosa que no le disgustó. De hecho, se pasó toda la noche burlándose de Lily y de su miedo a quedarse sola en la ciudad.

- Bueno, ya basta –se quejó la pelirroja cuando entraron por la puerta del apartamento tras haber ido a cenar-. He pasado siete años viviendo junto a otras mil personas en un castillo alejado de la civilización, y los veranos en casa de mis padres, tengo derecho a no estar acostumbrada a estar sola en una gran ciudad y tener algo de miedo. Y más después de lo que nos pasó el otro día.

- Si estoy de acuerdo, Lily. Solo lo hago por picarte –le confesó su novio abrazándola por la espalda-. A mí me encanta que me necesites.

Lily le dio un codazo en el estómago para apartarle.

- No te necesito, James. Solo que no estoy acostumbrada a estar sola. En cuanto me acostumbre, te irás a tomar por saco.

Estaba tan graciosa ofendida. James se echó a reir mientras apretaba con su dedo índice en su ceño fruncido, que se fue destensando ante su infinita sonrisa. Lily no tan molesta como para que la sonrisa de James no le cambiara el humor. Esa sonrisa que parecía ser mejor medicina que cualquier cosa. Rendida, le echó las manos al cuello y se acercó a él coqueta.

- Vas a seguir invitándome aquí, ¿verdad pelirroja? –preguntó James sugerentemente mientras la acercaba hacía sí poniendo las manos en su cintura-.

Lily hizo como si se lo pensara.

- Puede. Depende de cómo te portes a partir de ahora.

James sonrió de medio lado y la besó de golpe, haciendo que mil corrientes eléctricas atravesaran la espalda de Lily. Enredó las manos en su cabello negro y lo desenredó más de lo usual, dejándose llevar y aceptando su lengua en su boca y jugando con la suya. Pareciera que habían pasado años desde la última vez que habían estado solos y relajados. Ni siquiera se dio cuenta de cuándo habían retrocedido hacia el sofá que había incluido el padre de Grace con el piso, pero de repente se sintió caer en él con fuerza y notó el familiar peso de James encima de ella. Su novio hizo lo posible para que ese peso no la aplastara, pero para Lily fue como si le cayeran mil rocas encima. De repente se había puesto nerviosa.

James lo notó y se apartó de ella, observando su rostro para analizar su expresión. Delicadamente apartó un mechón de sus ojos y vio en ellos el deseo y el miedo mezclados hasta un punto que no sabía cuál dominaba al otro.

- ¿Lo dejamos aquí? –preguntó algo inseguro-.

Ella sabía que jamás la presionaría, que solo tenía que asentir con la cabeza para que James se apartara y se sentara a su lado, sin pretender nada más. Pero el cosquilleo que se había instalado entre su estómago y su espalda era demasiado curioso. Se lamió los labios, de repente secos, y miró los de James, que se abrían tentadoramente.

Se decidió en un segundo. Apretó el agarre en su cuello y tiró de él para que volviera a besarla. Era mejor cuando perdía la capacidad de pensar, y eso se lo daban los besos de James.

Estuvieron así mucho tiempo, tal vez siglos, hasta que James traspasó tentadoramente su mano por la camiseta de Lily y acarició su costado, pasando después a su estómago. Ese cosquilleo se hizo más fuerte, avanzando hacia la parte baja de su cuerpo, en algún lugar entre sus piernas. De repente tuvo la tentación de abrirlas y atrapar una pierna de James en medio de ellas. Y lo hizo, esa noche no quería pensar. James se tensionó un poco al principio, pero después se adaptó rápidamente.

La perdición de Lily fue cuando los labios de James bajaban por su mandíbula con una lentitud tortuosa y apretó el muslo contra ese punto entre sus piernas que no podía nombrar en voz alta sin sonrojarse. Él empezó a mover su pierna en círculos, apretando fuerte. Muy fuerte. Y su lengua iba bajando por su cuello, acercándose peligrosamente al cuello de la camiseta. Lily echó la cabeza atrás y gimoteó por las sensaciones que la embargaban. No era muy asidua al tema del sexo, en su casa era un tema tabú y ella había sido lo suficientemente tímida como para no querer saber más que lo esencial. Desde luego nunca había sentido tanta curiosidad como para meter sus manos debajo de sus bragas y explorar esa zona escondida. Por lo tanto, la sensación del muslo de James apretando y frotando su sexo era algo nuevo y excitante.

Sus dedos se clavaron con fuerza en los brazos de James, arañándole. A él no le importó, se sentía en la gloria. Esa fricción también era algo maravilloso para él. El sabor de la piel de su novia, tan blanca, pecosa y pura le estaba volviendo loco. Ni siquiera fue consciente de que ella no estaba en sus cinco sentidos cuando agarró la camiseta y tiró de ella hacia arriba, sacándosela por la cabeza. No pretendía acelerar las cosas ni presionarla. Solo necesitaba ver más piel, saborear más piel. Aquello le estaba volviendo loco. La erección que tenía en los pantalones era la más dolorosa de su vida, y había pasado por muchos momentos frustrantes los últimos meses. La visión del torso de Lily con un sujetador rosa cubriendo sus pequeños pechos le hizo gemir de una forma vergonzosa, pero pronto enterró la cabeza en medio de los dos montículos que ocupaban sus sueños más húmedos.

Lily ni siquiera se dio cuenta del proceso. Tenía los ojos cerrados y la cabeza hacia atrás, aun disfrutando del muslo de su novio, al que pretendía hacer un monumento. Sentía un nudo en el estómago, un apretado nudo que se hacía más y más grande contra más se frotaba James. Y cuanto más grande se hacía, más espacio de sí misma ocupaba, impidiéndole respirar correctamente. Colmada, se mordió con fuerza el labio inferior y soltó los brazos de James para agarrar con fuerza el sofá y arquear la espalda. No sabía muy bien qué le estaba pasando, pero quería más. Mucho más.

Perdida ya parte de su paciencia, James había apartado una de las copas del sujetador y estaba chupando como un bebé muerto de hambre. El pequeño pezón rosado estaba rígido y arrugado, y su lengua le estaba dando un aspecto rojizo que podría competir con el cabello de Lily. Era simplemente precioso. Volvió a chuparlo con fuerza, como si fuera manjar de dioses. Lily tenía los pechos tan pequeños que le cabían completamente en la boca, pero para él eran perfectos.

De repente un grito ahogado le despertó de su ensoñación. Ni siquiera recordaba haber seguido friccionando a Lily con su pierna, pero sin duda ella lo había estado sintiendo todo el rato. La notó convulsionarse y se apartó para mirarla a la cara, que estaba enrojecida y sudorosa. Los ojos cerrados, los labios apretados y el pelo gloriosamente revuelto. Ni siquiera parecía humana. Justo en ese momento, Lily apretó más fuerte la tela del sofá y se relajó, abriendo su boca formando una o, sorprendida y extenuada. Tardó un par de minutos en recuperarse lo suficiente para abrir los ojos, y cuando pudo James estaba allí, mirándola extasiado. Eso la hizo sonrojarse más, pero también sonreírle con pereza.

- ¿Qué ha sido eso? –preguntó aún con la respiración entrecortada-.

James se rio besándola en la sien, disfrutando del olor de su cabello sudoroso por el placer.

- Corrígeme si me equivoco, pero creo que eso ha sido tu primer orgasmo.

Avergonzada y extasiada a partes iguales, Lily se echó a reír eufórica. Escondió la cabeza en el cuello de James, avergonzada por el aspecto que debió mostrar en su máximo momento de pérdida de control. Y en ese momento bajó la cabeza y vio su torso descubierto, con su sujetador arrugado mostrando un pecho. Éste estaba enrojecido, arrugado y cubierto de saliva. Alzó la cabeza para mirar a James y enarcó una ceja.

- Por lo que veo tú también has estado ocupado –comentó sugerentemente-.

Ahí fue el turno de James de sonrojarse. Incluso alargó la mano para volver a esconder el seno de su novia bajo el sujetador, haciendo que Lily sonriese aunque no lo viese.

- Lo siento –se disculpó-. He perdido un poco el control.

Lily se echó a reír mientras le abrazaba por el cuello. También se removió por abrir más las piernas y que todo él cupiera entre ellas, y no solo esa bendita pierna. Por unos segundos enterró la cara en su cuello, oliendo su sudor y recordando la sensación de su pierna en su sexo. Pero de repente se dio cuenta de que no era un recuerdo. Algo estaba presionando contra ella. James, que estaba entre sus piernas, estaba apretando algo duro y prominente contra ella. Se permitió mirar hacia abajo en medio del sonrojo para descubrir que su novio estaba excitado. Y mucho. El bulto en sus pantalones, justo colocado contra su sexo, era más que evidente. Una risa nerviosa la invadió, mientras James se incomodaba al notar qué era lo que captaba su atención. Él se aclaró la garganta con nerviosismo.

- ¿Quieres que lo dejemos aquí?

Lily dejó de reírse contra su cuello y le besó en la boca.

- Esta vez no –dijo con seguridad-. Vamos a mi cuarto.

James no se esperaba esa respuesta. Se quedó por un momento sin respiración, y luego olvidó qué músculos debía mover para incorporarse y ayudar a Lily a caminar con él. Parecía torpe e inseguro. Lily, irónicamente, se veía más entera. Ella fue quien le dio la mano y le arrastró hacia el dormitorio. ¿De dónde había sacado tanta seguridad? Ni siquiera le importó estar en sujetador delante de él. Es más, justo antes de atravesar el umbral de la estancia se desabrochó sus pantalones y, con un golpe de cadera, les hizo bajar por sus piernas y posarse alrededor de sus tobillos. Levantó los pies y se los sacó despreocupadamente, y James se la quedó mirando en ropa interior.

No combinaba la lencería, seguramente porque no esperaba que nadie le fuera a ver en paños menores. Su sujetador rosa no pegaba en absoluto con esas bragas blancas y los calcetines amarillos. Objetivamente era una visión poco erótica, pero James estaba demasiado ocupado pensando que estaba viendo a Lily Evans en ropa interior. Ella estaba vergonzosa pero la mirada de James la excitó demasiado. Le tomó de las manos y jaló hacia ella hasta que por fin le tuvo pegado a su cuerpo. Entonces le hizo cosquillas en el estómago hasta que él apartó las manos de su cuerpo y pudo tirar de su camiseta hacia arriba.

James no tenía el cuerpo perfecto, ni mucho menos. Le faltaban muchos kilos para acercarse a la perfección y era unos centímetros más bajo de lo que se consideraba adecuado, pero al menos su cuerpo sí que estaba atlético. Lily se encargó de recorrer su estómago y pectorales mientras le conducía dentro de su habitación. Entonces fue ella quien le lanzó sobre la cama, tirándose sobre él. James estaba sorprendido, pero no tanto como para no reaccionar. Tenerla encima suyo en plan amazona era un sueño hecho realidad, y sus manos volaron rápidamente por sus glúteos, firmes y duros.

De repente la urgencia les entró a los dos. James quería quitarle el sujetador a Lily, y ella estaba convencida de que su pantalón era un gran estorbo para sus planes. Les costó ponerse de acuerdo sobre quién debía desnudarse primero, pero cuando ambos volvieron a las mismas posiciones no quedaba ni una prenda de ropa en ellos. Jadeante, James recorría con la mirada el cuerpo de Lily, que estaba colorada y miraba el miembro de su novio con algo de miedo.

- ¿Crees que podré…? –preguntó, aunque no terminó la frase-.

James comprendió su duda y se echó a reír, adorando su ternura. Con las dos manos echó hacia su espalda su melena pelirroja y la hizo acercarse a él, hasta que sus pechos se tocaron, enviando destellos de electricidad por todo su cuerpo.

- Si tú quieres, podrás. Pero no hay prisa. Aún puedes echarte atrás, si quieres –le susurró besando la punta de su nariz, para pasar por su boca, su barbilla, su mandíbula y su cuello, en cuyo juego dejó un mordisco que hizo jadear a Lily-.

- ¿Podemos ir despacio? –preguntó Lily, a modo de afirmación-.

Gruñendo de satisfacción, James le dio la vuelta, quedando encima de ella entre sus piernas.

- Todo lo despacio que quieras –le dijo mirándola a los ojos y rozando su nariz con la suya con ternura-.

Cuando su mano se perdió entre las piernas de Lily, ella ahogó un grito y volvió a arquear la espalda para que el pecho de James aplastara sus pequeños senos. Él aún no tenía mucho pelo en el pecho, pero sí le habían salido unos pocos. Las cosquillas que le realizaron eran indescriptibles, pero la mano de James y sus hábiles dedos parecían caídos del cielo. La llevó hasta un punto cercano al que le había hecho perder la razón, un rato antes.

Y cuando volvió a estar lúcida sintió que había algo distinto a los dedos de James tratando de penetrarla. Jadeó, incómoda, pero apretó con fuerza los hombros de James decidida a llegar al final. Otro nudo instalado en su estómago le dijo que el dolor merecería la pena, por lo que aguantó estoicamente. Y el dolor fue a más, a medida que más se iba enterrando James en su interior. Su boca besando suavemente su mejilla mientras aumentaba el avance, y todo para él iba perdiendo el color poco a poco.

Era tan estrecha, tan caliente, tan húmeda… Era mejor de lo que había soñado. Y había soñado mucho con ello desde que, en quinto año, descubrió que Lily era algo más que una niña chivata y gritona. No era un experto, pero no era virgen, eso estaba claro. Una chica de último año le había estrenado cuando estaba en quinto, convenciéndole de que era un inútil que jamás lograría hacer disfrutar a una chica. Pero también había entrenado mucho con Jane Green, lo suficiente para saber que ella sí había disfrutado. Y ya le había arrancado a Lily un orgasmo. Puede que en ese momento estuviera tensa y adolorida, sabía que conseguiría hacerla terminar otra vez.

Cuando llegó al final, cuando ya no quedaba nada por avanzar, se quedó quieto unos segundos hasta que el cuerpo de Lily estuvo preparado para lo que siguió. Esa danza irregular, que comenzó lenta y desesperante y fue aumentando el ritmo de un modo pecaminoso. Los grititos de Lily en su oído, sus manos arañándole la espalda, sus piernas rodeando sus caderas, sus susurros entrecortados pidiéndole por más…

Iba a volverse loco y no podría durar mucho más. Pero Lily tenía que disfrutar antes que él. Ante la urgencia del momento, volvió a meter la mano entre sus cuerpos y presionó ese botón mágico que coronaba el sexo de su novia. Lo tomó entre los dedos índice y pulgar y lo hizo rodar sobre ellos. El grito de Lily le hizo ver que había acertado, por lo que repitió la operación mientras sus embestidas se hacían más fuertes y agresivas.

Fue demasiado bueno para una primera vez. Parecía de mentira. Seguro que en cualquier momento se despertaría empapado de sudor en su cama y con una erección inmensa dentro de los pantalones. Era imposible que la primera vez ambos hubieran llegado a la vez, que Lily apretara sus piernas en sus caderas, negándose a dejarle marchar de su interior. Agotado, se dejó caer sobre ella, sin fuerzas. Pese a que había empequeñecido una pequeña parte de él permanecía dentro de Lily. Se sentía más cerca de ella que nunca, pero no tanto en el pleno físico como en el emocional. Habían sido uno solo, se habían fundido como el chocolate y la leche. Como un buen trago de cerveza de mantequilla se funde en el estómago durante una calurosa tarde.

Las manos de Lily vagaban perezosamente por su espalda, llegando el límite y tocando suavemente sus nalgas.

- ¿Esto es lo que me estaba perdiendo? –preguntó la pelirroja extasiada-.

Sin fuerzas para contestar, James levantó la cabeza, le sonrió y la besó brevemente en los labios.

- Qué estúpida soy –dijo ella de nuevo, besándole en la barbilla-. Todos estos meses echados a perder.

- Lo peor fue que no estrenamos nuestra torre privada, Lily –se quejó James haciendo un mohín-.

Lily se echó a reír, enviando vibraciones a todo el cuerpo de James.

- Es cierto. Teníamos una torre para nosotros solos y no la aprovechamos. Qué desperdicio…

- Eso debieron pensar Sirius y Grace, que sí la estrenaron –le recordó su novio rodando los ojos, aún molesto por esa violación a su dormitorio-.

Lily sonrió divertida ante esa anécdota.

- Al menos nosotros le hemos estrenado el apartamento a Grace. Ellos aún no han tenido tiempo, nos hemos adelantado.

- Cierto, por mucho que estrenen el de Sirius, este es de primera categoría.

Ambos se echaron a reír divertidos, y después Lily dejó caer sus piernas, cansada de la postura. James se apartó, aunque enseguida tiró de ella para colocarla sobre su pecho. La apartó el pelo de la cara y acarició su rostro con ternura.

- Entonces, ¿no te arrepientes?

Lily le sonrió con el sueño en los ojos.

- Estoy deseando repetirlo, James. Creo que he descubierto otra debilidad mía. Ay de mí.

- Y ay de mí –coincidió James divertido mientras alzaba la cabeza para besarla despacio-.

OO—OO

La habitación de San Mungo se veía silenciosa y sencilla, solo con una cama y una pequeña mesita donde alguien había dejado posado unos utensilios médicos. Por allí solo pasaban los sanadores y enfermeros que monitoreaban al paciente, pero no había recibido ninguna visita. Hasta entonces.

Por otro lado, visitar a Harold Perkins era del todo inútil. Llevaba varios meses en coma, y su estado no había presentado ningún cambio. Así se lo había hecho saber el propio Dumbledore a su hija Rachel, pero ella insistió en ir a visitarle, de igual forma. Junto a ella, Remus miraba la cara de su suegro con absoluta impotencia. Ese buen hombre, cuyo único delito fue enamorarse de una bruja, estaba postrado, probablemente para el resto de su vida, en una cama. Atrapado en un cuerpo inerte y sin vida. Ni siquiera podía saber si había algo dentro de ese cuerpo impasible, si había una mente lo suficientemente despierta como para notar la angustia de estar en una cárcel de carne y hueso.

No se atrevía a mirar a Rachel, que se había adelantado para sentarse en la cama y tomar la mano de su padre. Sabía que eso la estaba haciendo sufrir mucho. Y eso le provocó un escalofrío, pensando en los arranques de ira que había tenido que soportar esos días. Pese a que había tratado de hacerse a la idea, no pudo ser consciente en realidad del cambio que la transformación había hecho en Rachel. Ahora era otra persona, una chica a la que apenas reconocía.

Su apariencia también había cambiado, aunque pareciera imposible tratándose de la misma persona. Se había vuelto más fiera, con sus cicatrices en las mejillas y esa gran marca en el cuello, producto de su mordedura. Seguía teniendo los rizos castaños, aunque más largos de lo que nunca le había visto, y los ojos marrones, pero éstos se veían más serios y desconfiados. La dulzura había desaparecido de su mirada. Incluso su voz había cambiado, pasando a ser más rasposa, como si tuviera algo constantemente entorpeciendo en su garganta. Su carácter había dado un vuelco total. Los arranques de ira y los enfados eran diarios. Lo había leído, incluso el licántropo que trató de ayudarle cuando la liberó le trató de advertir, pero nada le preparó para la confirmación de que un licántropo mordido en plena adolescencia es más difícil de controlar y supone un mayor peligro. Incluso su padre, aquel a quien Rachel adoraba, había llegado a tener miedo de ella. Más de una vez se encerró en su cuarto y fue Remus quien tuvo que calmar a Rachel, llevándose varias heridas de recuerdo.

El ambiente en su casa se había vuelto insoportable, y eso que solo llevaban dos semanas conviviendo con ella. Pese a eso, había momentos en que Rachel parecía ser ella misma, como un atisbo de cordura entre tanta locura. Cuando la ira pasaba, sus ojos se ponían llorosos y su enfado se diluía en el arrepentimiento. Entonces lloraba con más pasión que nunca y exigía su perdón. Como si estuviera atrapada en un ser gruñón y malhumorado y solo de vez en cuando pudiera escapar para disculparse por no poder evitarlo.

Era emocional y físicamente agotador. Para él, para ella y, sobre todo, para su padre. Sabía que con su delicada salud no aguantaría esa situación durante mucho tiempo, por lo que ya estaba buscando el modo de que él y Rachel se marcharan a vivir a otra parte. Pero sus peores pesadillas se volvieron realidad al salir de Hogwarts, y el mercado laboral estaba prácticamente cerrado a alguien como él. La situación era crítica, pero no pensaba decirles nada a sus amigos porque sería preocuparles para nada. Además, se negaba a aceptar el dinero que James le ofrecería con total seguridad. Bastante había hecho su amigo por él.

Miró de reojo a Rachel, sin tratar de hacer mucho contacto visual ahora que sus cejas estaban fruncidas. Ella miraba a su padre con mucha concentración, como esperando hacerle reaccionar a base de insistir. Pero eso no ocurriría. Los sanadores habían sido categóricos: Harold Perkins estaba más cerca de la muerte cerebral que de la recuperación. Sus esperanzas eran muy escasas. Con pesar y algo de miedo, Remus se aclaró la garganta.

- Rachel… Quizá deberíamos irnos, ¿no crees? Llevamos aquí media hora. Podemos volver otro día, si quieres.

Ella levantó la mirada pesadamente, como si su barbilla fuese arrastrada hacia arriba contra su voluntad. Remus tragó saliva ante la oscuridad de su mirada. Temió el estallido pero ella se limitó a suspirar.

- Tienes razón –coincidió, sorprendiéndole por su docilidad-. No hacemos nada aquí. Volvamos a casa.

Y, como si no fuera su padre el que estaba en la cama, le soltó con desgana, se levantó y se dirigió hacia la puerta sin mirar atrás. Remus tuvo que correr para adelantarla cuando salió de la habitación. Ella iba hacia la salida a paso ligero y sin un atisbo de duda. Cuanto más avanzaba, más se alejaba de él. Y lo mismo ocurría sentimentalmente. No sabía cómo salvar las distancias, cómo volver a conectar con su novia. No conseguía llegar a ella, nadie lo había logrado. Era como si Rachel les odiara a todos, y se odiara a sí misma más que a nadie. Solo le quedaba Gisele como esperanza. Aún no la había visto tras la infección de Rachel, y Gis había estado de luna de miel las últimas semanas. Quizá su mejor amiga podría sacar lo mejor de ella misma y hacerla regresar, aunque fuera en pequeñas dosis.

OO—OO

Gisele volvió dos días después, y al tercero se reunieron todo el grupo a petición de Dumbledore. No sabían qué quería su director, pero los convocó a todos sin falta. Era la primera vez desde el ataque que estaban todos juntos, y realmente fue demasiado extraño. Parecía que había algo que les distanciaba, que no eran los mismos de siempre. Sin pretenderlo, hicieron enseguida dos grupos apartados. Por un lado, James, Lily, Sirius, Grace y Peter, que empezaron a hablar de su nueva vida en Londres. Grace realmente había encontrado encanto al piso de Sirius, y James insistía sin parar lo mucho que adoraba el piso de Grace. Por alguna razón que los demás no entendían, Lily se ponía colorada cada vez que su novio repetía aquello con fervor.

- ¿Hay algo que queráis contarnos, chicos? –preguntó Sirius moviendo las cejas sugestivamente-. La pelirroja está muy alterada.

- ¿Qué dices? –protestó Lily-. No imagines cosas, anda.

- Lo cierto es que estás muy colorada, Lily –se fijó su amiga, y una sonrisa juguetona se abrió paso en su cara-. ¿No me habréis estrenado el piso?

Sirius se echó a reír y observó que tanto James como Lily se habían quedado un poco blancos. Fue a comentar ese hecho, pero Peter, con toda su inocencia exclamó:

- ¡Imposible! Lily no es de ese estilo. Seguro que no pasa nada hasta la boda.

La aludida estuvo a punto de darse por ofendida ante la expresión "Lily no es de ese estilo", pero después optó por aprovecharse de la ingenuidad de Peter. Lo que hubiera ocurrido entre James y ella era cosa de ellos. Ellos no eran como Sirius y Grace, que parecían necesitados de publicar cuándo y dónde se enrollaban. Subió la nariz muy alto y se hizo la estirada.

- Afortunadamente Peter tiene mejor opinión de mí que vosotros. Sois una pareja de malpensados y salidos que os creéis que todos somos como vosotros.

Sirius se quedó sin saber qué responder, y Grace parecía tan sorprendida que no sabía si ofenderse o no. Y James tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para no echarse a reír ahí en medio.

En el otro grupo, Remus, Rachel, Gisele y Anthony tenían una conversación más tensa que la suya. Remus había esperado que la presencia de su mejor amiga por fin calmara a Rachel, pero ella estuvo huraña desde el mismo momento en que vio aparecer a Gisele. Ésta parecía tan sorprendida como los demás por su evidente cambio de carácter.

- Podías haber esperado a casarte para cuando yo pudiera asistir, ¿no? –dijo la castaña mirando a su amiga con decepción-.

A Gis se le atragantó la saliva y Tony le dio un apretón para que aguantara el envite.

- Bueno, no podíamos retrasarlo más. Los padres de Tony nos han pagado el viaje a Santo Domingo para que fuera a visitar a mi familia, pero en el trabajo solo nos han dado libres esta semana. Tratamos de adaptarlo a esos días.

- Sí, yo también he estado de visita familiar. Pero desde que está en coma, mi padre no está muy hablador.

Ninguno de los tres respondió nada ante un comentario tan duro. Gisele tenía ganas de explotar y recordarle a su amiga que sus padres estaban muertos, que la única familia que tenía estaba a medio mundo de distancia. Que tenía derecho a poder disfrutar de su compañía ahora que solo les tenía a ellos y a Tony. De hecho, estuvo a punto de hacerlo, pero Tony volvió a apretar su mano con fuerza para controlarla.

¡Y debía hacerlo! Tenía que entender a Rachel. Su madre estaba muerta, su padre en coma, no tenía más familia, todos los demás estaban muertos. ¡Un hombre lobo la había mordido y la había cambiado la vida por completo! Tenía que ser comprensiva y paciente, aunque ninguna de esas cosas se le diera bien. Rachel no era así. Esa no era su Rachel, pero no podía pretender que hubiera sufrido todo aquello y siguiera siendo la misma. Eso sí era capaz de entenderlo, porque la muerte de sus padres la había cambiado también a ella por completo.

Por eso inspiró hondo y trató de retomar un tema diferente.

- ¿Qué tal en casa de Remus? ¿Todo bien con su padre?

- Ernest es un buen hombre –murmuró Rachel con voz dura, como si le costara admitir eso-. Aunque es cierto que se le nota muy incómodo conmigo. Incluso los padres de los licántropos tienen problemas en aceptar ese problema en otros.

- Eso no es cierto –protestó Remus con calma, defendiendo a su padre-. Mi padre no tiene ningún problema contigo. Solo quiere que estés feliz y tranquila.

- Se aparta de mi camino lo máximo que puede –añadió ella entre dientes-.

- Para no molestarte. Cree que necesitas espacio para adaptarte a nuestra casa y a tu nueva vida. Pero él no te juzga. Lo entiende más que nadie, él sabe lo que yo he tenido que pasar, que es lo mismo que tú.

Rachel arrugó la nariz, de nuevo molesta.

- De todas formas no quiero seguir mucho en su casa. No es justo para él.

- Y nos iremos en cuanto consigamos un trabajo con el que podamos mantenernos.

Ella se echó a reír, sin humor.

- Esa es otra. ¿Sabéis lo fácil que está el mercado laboral para los licántropos? Nos llueven ofertas. Especialmente del Ministerio –dijo Rachel mirando significativamente a Antohny-.

Éste aguantó su mirada estoicamente, tratando de mirarle a los ojos y no a las cicatrices de la cara y el cuello. Era un claro mensaje para él, ahora que se había incorporado a las filas de los aurores. Y, aunque en ese momento Rachel no parecía recordarlo, Gisele también trabajaba para el Ministerio. Sería difícil lidiar con ello, especialmente en los últimos meses en que se habían endurecido las leyes contra los semi-humanos. Muy difícil.

Afortunadamente, antes de que la cosa fuera a más, Albus Dumbledore apareció por la chimenea de la habitación y las conversaciones se extinguieron. Rachel pareció olvidarse de ellos y se acercó para hablar con el director a solas un momento. El otro grupo se acercó a ellos, curiosos por las impresiones de Gisele sobre el estado de Rachel. Ésta estaba anonadada.

- No parece ella –le dijo a Remus con una expresión de dolor-.

- Ya te lo dije –le recordó él-.

- Ahora es como su gemela malvada –apuntó Sirius, recibiendo un ligero golpe de Lily-.

- Sabíamos que cambiaría –continuó Remus-. La peor época para ser mordido es en la adolescencia, donde el carácter aún no está formado y todas las hormonas están muy revueltas. Ahora podemos esperar cualquier cosa. O esto es una temporada mala hasta que se acostumbre, o podría estar así el resto de su vida.

- Merlín no lo quiera –murmuró James compartiendo una mirada de entendimiento con Grace-.

- ¿Y qué hacemos? –preguntó Gisele con infinita tristeza-.

Su marido puso un brazo a su alrededor como consuelo. Remus se encogió de hombros.

- Esperar e improvisar cuando llegue el momento. No tenemos otra opción.

- ¿Qué murmuráis? –preguntó Rachel volviendo hacia ellos mosqueada-.

El grupo se dispersó rápidamente y enseguida centraron su atención en Dumbledore. Éste había convocado diez sillas y les hizo una seña.

- Por favor, sentaos. Anthony, tú a mi lado, por favor.

El joven soltó a su esposa y se adelantó para situarse a la derecha del profesor. Los demás se fueron colocando enseguida en las sillas, curiosos aunque algo acertados sobre lo que les iba a proponer. De camino, Remus tomó a Gis del brazo y la acercó a sí mismo para susurrarle al oído:

- Por cierto, me debes dinero. Yo fui el único que acerté que tú serías la primera en casarte.

Ella le miró extrañada un segundo antes de que sus ojos se iluminaran. ¡La apuesta, claro! La apuesta tonta que hicieron cuando Lily y James empezaron a salir. Remus había sido el único que había apostado por ella. No supo por qué lo hizo en su momento, nadie esperaba verla pasar por el altar con la independencia que siempre le había caracterizado. Le sonrió, sabiendo que había sacado el tema para distraerla y sacarle una sonrisa.

- ¿Diez galeones? –le preguntó siguiéndole el juego-.

- Me vendrían de maravilla –reconoció Remus devolviéndole la sonrisa-.

Gis se sentó junto a él con una mezcla de ternura y tristeza. ¡Qué buena persona era Remus! El mejor de todos ellos, probablemente. Y siempre tenía mala suerte y le tocaba vivir las situaciones más difíciles. Ahora debía enfrentarse al mundo real, un mundo que le rechazaba sin darle oportunidad, y además tenía que cargar con Rachel. Una Rachel malvada y difícil que no sabían si volvería a ser la de siempre alguna vez.

Sin embargo, no tuvo tiempo de seguir pensando en esa tragedia, pues Dumbledore se aclaró la garganta, mirándoles a todos con seriedad.

- Bien, supongo que a estas alturas ya todos sabréis qué es la Orden del Fénix –anunció, y cualquier resquicio de dudas desapareció-.

De repente contó con la atención de todo el mundo. James y Sirius se inclinaron hacia adelante, Peter aguantó la respiración, Lily y Remus se concentraron con mucha seriedad, y Grace y Gisele sentían una mezcla de anticipación e inseguridad. Dumbledore dudó un segundo, mirando a James. Recordaba ese momento, meses atrás, en que le prometió a su padre que él jamás daría el primer paso para reclutar a James, consciente de que el chico se uniría a él solo. Y estaba a punto de incumplir esa promesa porque no tenía otra opción. Necesitaba reclutar gente cuanto antes, y esos chicos eran los más fiables que conocía. Le dolió fallar a otro persona más, pero el anciano director pareció tenerlo muy claro cuando siguió hablando:

- Esto es algo que habría querido retrasar lo máximo posible dada vuestra juventud, pero vista la situación actual tengo una propuesta que haceros…

O-oOOo-O

¡Y hasta aquí ha llegado el fic! Como veis es un final abierto porque la segunda parte viene con ganas, aunque ya aviso que los capítulos serán más cortos para mi mayor comodidad y que pueda actualizar más seguido.

Espero que os hayáis quedado con ganas de más, con tanta trama abierta. El tema de Rachel y Remus, el cómo evolucionará, de Grace y Sirius (con Marco quedándose en Inglaterra porque amo demasiado ese personaje como para prescindir de él), de James y Lily, la guerra que se avecina, el secreto que han rebelado Frank y Alice, el tema de Regulus… Lo que más ilusión me hace es una mezcla de los antiguos miembros de la Orden y los iniciados. Os aseguró que ahí habrá muchas tramas por seguir. ¿Qué parejas colocará Dumbledore para que los iniciados no acaben muertos a la primera de cambio? ¿Qué consecuencias tendrán en la vida de cada cuál? Solo sabemos que le parecía buena idea juntar a Alice y Sirius, pero el resto está en el aire. ¿Hay apuestas?

¿Alguna sugerencia más para el título del próximo fic? Estoy completamente en blanco, la verdad. Pero nos leeremos pronto, si puede ser no pasa de este verano (en este lado del charco está por comenzar este mes). Gracias de verdad a todos los que me habéis acompañado en estos años interminables del fic. Ha sido muy importante para mí.

PD: Animaos a participar en el concurso, será genial :D

Por última vez…

TRAVESURA REALIZADA.

Eva.