La Canción de Onee-san

Hace frío…

Fuyuki es mucho más fría que Misaki en esta época del año, demasiado fría para la chaqueta ligera del uniforme escolar.

Salí de la mansión de Tohsaka-san sin rumbo fijo y sin ninguna idea clara en la cabeza.

La situación no ha cambiado mucho.

"Hooof"

Intento utilizar el aliento para calentar mis manos al borde de la congelación.

La noche ha caído sobre la ciudad y sin saber exactamente cómo, he terminado llegando a un puente enorme que conecta la parte vieja de la ciudad con la nueva.

Pienso en todo lo que se dijo en la reunión de esta tarde. No consigo que las palabras se alejen de mi mente, poniendo peso en cada uno de mis pasos.

Parece que el final que deseo alcanzar no es deseado por nadie más. Parece que el fin del camino es oscuro y que cuando llegue el momento estaré sólo.

Pero eso no significa que este sólo ahora. Hay gente que necesita mi ayuda y hay cosas que debo hacer, mientras pueda recorreré el camino con ellos.
Si al menos supiera como empezar a caminar… La oscuridad es tan larga sólo me deja ver el fin de todo.

Cuando he avanzado una cuarta parte de la longitud del puente escucho algo que llama mi atención poderosamente. Suena muy baja para poder escucharla bien, pero parece una extraña melodía pero aun así quebrantadoramente hermosa.

La música me recuerda extrañamente al mar, al canto de las caracolas y al gemido de las gaviotas.

En mi mente se dibuja la última vez que vi el océano, después de que Keiko-san insistiera mucho accedí a ir a la playa con los Arima. El sol golpeaba fuertemente ese día así que pasé la mayor parte del tiempo simplemente jugando a perseguir a Miyako-chan debajo del agua. Al final todos acabamos comiendo sandía antes de irnos a casa. Es uno de esos pocos días que conservo como un tesoro

Conforme me acerco a la fuente del sonido, la canción se hace más rica, la tonada es alegre pero algo disparatada. Como si decenas de voces se unieran a la principal añadiendo el matiz del murmullo de las olas. No tiene letra, pero no la necesita.

Estoy seguro de que aunque quisiera dar media vuelta mis pies no responderían a mi orden.

Continúo acercándome más y más, y mi cabeza se va nublando poco a poco. En un arrebato de lucidez, me doy cuenta de que la melodía no parece venir de enfrente, sino de bajo. Me acerco a la barandilla a mirar a la superficie del río.

Puedo verla a pesar de la oscuridad, pero mi mente no puede discernir claramente la figura. Ni siquiera me doy cuenta de las líneas que la cubren a ella, al agua y al puente. Estoy como… hipnotizado. Si tuviera que decir quién es, sin duda afirmaría que es una sirena.

La figura continúa con su melodía. Allí junto a uno de los pilares del puente, mecida por el agua. Cuando me doy cuenta, estoy sentado en la barandilla del puente, con los pies por fuera.

Vuelvo a poner los pies en tierra rápidamente y, al darme la vuelta, ella está allí. Levitando con gracilidad, la sirena ha subido a mi altura. Se inclina, apoyando los brazos en la barandilla con una actitud juguetona. Mientras ella me mira de arriba a abajo, mi corazón pasa de un acelerado latir por casi haber caído del puente a pararse casi por completo.

Su cabello azul ondula suavemente por la brisa que flota en el puente.

Doy un paso hacia atrás, pero sus insistentes ojos evitan que vaya más lejos. Como si esperaran algo. Ante mi mirada confusa, ella suelta un suspiro e inclina la cabeza hacia un lado.

"¿Y bien? ¿Por qué has tardado tanto?"

La pregunta me pilla totalmente por sorpresa. No sólo es un monstruo, sino que además me trata como si me conociera y, ¿me estuviera esperando?

"Un momento… ¿A qué te refieres? Ni siquiera sé quién eres, no puedes esperar que crea que me estabas esperando a mí."

"Podría decir que soy… alguien que se preocupa por ti. He notado que algo te atormenta, por eso estoy aquí."

"Eso es cierto, pero…"

Si dejarme terminar, la mujer me agarra rápidamente un brazo y tira de mí con una fuerza monstruosa. Lo próximo que sé es que me estoy volando en dirección al agua del río. En cuanto me zambulló en él, su congelada caricia me envuelta y mi mente se queda en blanco…

Un ligero empujón hace que abra los ojos. Es la mujer de antes… Espera, ¡es la mujer de antes! Me pongo en pie de un salto y me preparo para lo que sea que vaya a hacer ahora… pero ella se ríe.

Una risa inocente como la de un niño, y pensar que esta criatura es capaz de hacer semejantes sonidos. La miro con ojos fríos, pero a ella no parece importarle.

"Necesitabas algo como eso, ¿no? Ya sabes, para olvidarlo todo."

Al principio intento no escucharla para que no me vuelva a pillar desprevenido, pero en seguida atraviesa esa defensa.

Olvidarlo todo. Sí, eso era lo que necesitaba. Ahora mi cabeza está clara, sin el torbellino de pensamientos que no era capaz de combatir hace unos momentos.

En cierto modo tiene razón. Ahora no es momento de pensar, sino de actuar.

"El problema es… no hay marea que me lleve ahora. Mi objetivo está muy lejos."

"Y para eso está aquí, Onee-san. Te daré una tarea, algo apropiado para el Dios de la Muerte"

Mis ojos se abren en un gesto de sorpresa, y se abren aún más cuando ella se acerca a mi oído y me susurra… unas palabras. Un objetivo.

El tablero está dispuesto.

Mi primer paso es hacia delante.