-La historia es de mi completa autoria más esta ligeramente basada en la segunda temporada de la serie "Kósem La Sultana" producida por Timur Savci y ahora protagonizada por Nurgül Yeşilçay (Sultana Kösem), Tugay Mercan (Sultan Ibrahim I) y Hande Doğandemir (Sultana Turhan Hatice). Los personajes son propiedad de Masashi Kishimoto, más su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta para la dramatización de la historia.


Capítulo 44

Habían pasado días desde su discusión con Shisui, pero Takara mentiría si dijera que todo había llegado a su fin, su plan seguía en movimiento sin titubeo alguno, continuando su treta y mentir y fingir frente a la Sultana Sakura e intentando desplazarla, nunca habría soñado que algo podía ser tan fácil, pero así como la Sultana Sakura era hermosa y astuta, también podía ser ingenua y demasiado bondadosa, y esto último en un caso así resultaba un error incuestionable. Su mayor labor, así como ningunear a Shisui, no era otro que conseguir enemistar al Sultan Sasuke y la Sultana Sakura para que fuera exiliada al viejo Palacio, así el poder indudablemente recaería sobre ella que ya no tendría por qué mentir al encontrarse en la cima donde tanto deseaba estar, más no podía ser estúpida, era consciente de que todo tomaría tiempo y que necesitaría mantenerse atenta para así no cometer un error fatal e imperdonable. Estaban hablando de la Sultana Sakura, una mujer que solo había abandonado el Palacio durante el Sultanato del difunto Sultan Baru, y por su propia voluntad, sacarla del Palacio por la fuerza significaría una odisea inimaginable.

Recorriendo los pasillos hacia el Harem,, acompañada por su séquito de doncellas y su leal amigo y sirviente Hiroshi, la Sultana portaba unas impecables y elegantes galas de seda color rojo, se trataba de un vestido de escote corazón, —con un grueso margen por sobre el escote, formando un corte en V, delimitado por u margen de hilo de oro—con siete botones rojo oscuro en caída vertical hasta la altura del vientre, de mangas ajustadas hasta los codos y que se abrían para exponer los brazos, por sobre el vestido o más bien pegada a él se hallaba una chaqueta sin mangas y de igual color, cerrada escasamente a la altura del vientre, y en cuyos costados, la caída de la tela y el dobladillo estaba decorado por escamas e hilo de plata que figuraban el emblema de lo Uchiha. Alrededor de su cuello e encontraba una gargantilla de plata y esmalte de la cual pendían cuatro diminutos dije de cuna de plata en forma de lagrima, con un dije central que replicaba le emblema de los Uchiha y que—al igual que las otra cuatro pequeñas cuna, a juego demás usaba unos pendientes de cuna de plata en forma de ovalo con un rubí homólogo en su centro y que estaban decorados por dos diminutas escamas de plata en forma de pétalos. Sus largos rizo naranja caían sobre su hombro derecho, acordados por una hermosa y magnifica corona de plata que creaba figuras florales decorada por escamas de oro, rubíes y granates en una estructura tanto compleja como hermosa, además de portentosa para llamar la atención de cualquiera que la viera. Recibiendo la aprobación de la Sultana Takara con la mirada, Hiroshi se adelantó debidamente en cuanto estuvieron ante las puertas del Harem, anunciando la aparición de la Haseki del Príncipe Heredero, tal y como dictaba la tradición.

-¡Atención!, ¡Su Alteza la Sultana Takara!- anuncio Hiroshi.

La voz de Hiroshi a las puertas del Harem hubo resultado un orden inédita para todas las presentes, tanto sirvientas como concubinas, favoritas y/o Sultanas. Akiko se levantó de su lugar tan presurosa como pudo, vestía unas sencillas galas miel dorado, de escote cuadrado y cerrado por quince diminutos botones de igual color que iban desde el escote hasta la altura del vientre, mangas ajustadas hasta los codos pero que se volvían acampanadas hasta cubrir las manos, y adecuado su figura por un cinturón hecho de seda dorada y cerrado a su cuerpo por dos broches en forma de flor de jazmín, la tela estaba estampad en encaje de hilo de oro que—en el centro del corpiño, alfa inferior y diversos punto de la tela—recreaba figuras inentendibles pero sumamente elegantes y entre las cuales podían distinguirse flores de cerezo. Su cabello rubio plagado de rizos caía libremente tras sus espalda y sobre sus hombros, adornado por una diadema alrededor de su frente, hecha de escamas de plata y con un dije central que replicaba una flor de jazmín, a juego con unos largos pendientes. EL protocolo dictaba que las concubinas y personas pertenecientes a la jerarquía del Harem—en la medida que fuera—reverenciaran a una Sultana o persona poderosa en la jerarquía de la dinastía, pero si a alguien parecía importarle nada aquello era a Hayami que se mantuvo sentada frente a la pequeña mesa, en su lugar, comiendo de las fresas que estaban en su pequeño plato, actividad que parecía resultarle mucho más importante o interesante que reverenciar a la Sultana Takara por quien no sentía ni debía guardar respeto alguno.

-Rubiecita, levántate- indico Akiko, asustada por su desinterés, -¿acaso quieres morir?- alerto.

Hayami solo se encogió de hombros, no viendo razón alguna para moverse de su lugar, la Sultana Sakura en persona le había dicho que si podía despreciar a la Sultana Takara lo hiciera, si podía hundirla lo hiciera, que no temiera a nada porque ella la protegería. Lo cierto es que Hayami jamás podría haber imaginado que la Sultana Takara fuera una mentirosa y conspiradora tan asidua a espaldas de todos como la Sultana Sakura le había dicho, pero si podía acabar con un enemigo de la esposa del Sultan…estaba dispuesta a colaborar en lo que pudiera. La favorita del Príncipe heredero portaba una sumamente sencilla galas blancas; de escote corazón cerrado por seis botones de igual color desde el escote hasta la altura del vientre, mangas ajustadas hasta los codo y que se abrían en lienzos de gasa para exponer los brazos, así como falda de dos capas, —una inferior aguamarina y una superior color blanco—y sobre estas una chaqueta de encaje aguamarina ribeteada e hilo de plata que formaba figuras florales, especialmente flores de cerezo y jazmín, cerrada bajo el busto y abierta bajo el vientre, sin mangas, pero con una caída elegante. Su largo cabello rubio plagado de rizos caía sobre sus hombros y tras su espalda, adorando por una diadema de oro de tipo cintillo decorada por diminutos diamantes aguamarina a juego con unos pendientes de oro y cristal en forma de lágrima. Estaba dispuesta a ser la espina en el costado de la Sultana Takara, si como aliada indiscutible de la Sultana Sakura, y nadie la haría dudar de esta decisión.

Pero la ignorancia o desinterés de Hayami no era importante, o al menos no como lo era reverenciar a Takara que hizo acto de aparición en el Harem, tanto Seina como Masumi se observaron disimuladamente entre sí, porque depreciaba la frivolidad con que Takara insistía en comportarse, pero interinamente se sentían satisfechas al saber lago que ella no; la Sultana Sakura sabía la verdad sobre los planes de Takara, lo que estaba haciendo y había hecho anteriormente, las mantenía al tanto de ello, pero también les había pedido que guardar silencio mientras Hayami se ocupaba de ser la espina en el costado de Takara a quien aparentemente tendría que desplazar. Ni Seina ni Masumi ambicionaban más de lo que tenían, de hecho…solo con ver caer a Takara estaba satisfechas. La Haseki del Príncipe Heredero se regodeo siguiendo las presentes con la mirada mientras cruzaba el Harem, hasta que la presencia de alguien que no se había levantado para reverenciarla la hizo detenerse; se trataba de Hayami que o era ignorante o muy tonta como para no seguir el ejemplo de todas las presentes, evidentemente su nuevo rol como "favorita" la hacía confiarse y creerse invulnerable, pero eso era un error.

-Mujer, ¿Qué crees que haces?- cuestiono Hiroshi, fúrico por su ignorancia.

-Como fruta- contesto Hayami simplemente, aun sin moverse de su lugar o cambiar su postura en lo absoluta.

-¿Acaso no viste que la Sultana Takara ha entrado?- señalo Hiroshi, esperando hacer que esa mujer entrara en razón y comprendiera la circunstancias.

Takara, que hasta entonces había mantenido la vista fija en la nada, volteo finamente para encarar a Hayami que lejos de creerse superior y con un actuar de lo más cortés, se sujetó la falda para levantarse del suelo, sosteniendo entre sus manos el pequeño plato con fruta y tendiéndoselo a la Haseki del Príncipe Heredero en un gesto de buena voluntad. Las mentiras eran algo que Hayami depreciaba de todo corazón, aún más si con ello se fraguaban conflictos y enfrentamiento, por ende no dudaba en estar del lado de la Sultana Sakura cuyo dictamen estaba del lado de la paz más absoluta a imaginar, enemistarse con la Sultana Takara no era un problema o disgusto para ella, todo lo contrario. La vida en el Palacio le había enseñado una o dos cosas a Takara, y parte de esas enseñanzas desembocaba en que una persona podía decir algo pero sentir totalmente lo opuesto en el interior, como ella misma actuaba con el fin de salirse con la suya en todo sus planes y subterfugios, así que no hubo considerado el gesto de Hayami—que se detuvo de pie frente a ella—como una ofrenda de paz o buena voluntad. Sabía que pensar positivamente de quienes la rodeaban era un error, porque tarde o temprano podrían apuñalarla por la espalda.

-Son deliciosas, ¿Quiere un poco?-ofreció Hayami amablemente.

Siguiéndole la corriente a Hayami, Takara tomo una de las fresas que estaban en el plato, mordiéndola y atreviéndose a sonreír muy disimuladamente por el sabor dulce de la fruta que consiguió revitalizar sus propias ideas, más sin distraerla como muchas de las presentes quizá pudieran imaginar. No quería ser una enemiga tan declarada, pero si quería ser honesta y leal al mismo tiempo; le serviría tanto como le fuera posible a la Sultana Sakura, pero en ese instante quería ofender a Takara y no la reverenciaría por nada, sabía que no tenía nada a lo que temerle, eso le había dicho la Sultana Sakura, más tampoco podía ignorar que la mujeres frente a ella fuera alguien muy poderosa, eso estaba claro. Hiroshi, en silencio, intercalo su mirada dela Sultana Takara-que hubo terminado de comer aquella fresa—a Hayami, quien osadamente le sostuvo la mirada como si fuera la dueña del Palacio, o más bien una Sultana. Tragando saliva sutilmente, Takara desvió su mirada hacia lady Ino que se encontraba de pie junto a ella, como dictaba las leyes y normas del Harem.

-Lady Ino- llamo Takara.

-Sultana- reverencio la Yamanaka.

-Después de la Sultana Sakura y sus hijas, las Sultanas Mikoto, Shina, Sarada, Izumi y Hanan, ¿las ordenes de quien se obedecen en el Harem?- consulto la pelinaranja siendo que sabía de antemano la respuesta, pero quería que Hayami la escuchara y muy bien.

-Las suyas, Sultana- contesto lady Ino con total naturalidad.

-¿Y por qué?- enfatizo Takara con una casi imperceptible sonrisa.

-Porque usted es la Haseki del Príncipe Heredero- contesto la rubia, guardándose su opinión para sí misma.

La leal amiga de la Sultana Sakura estaba más que al tanto de todo cuanto la Sultana Takara estaba fraguando para derrocar a la Haseki del Sultan, y si bien la trataba con respeto eso solo se debía a su posición como sirvienta y el protocolo que debía seguir, de lo contrario le daría la espalda en todo momento. Sin lucir menos engalardonada o bella de lo que por cierto era, la Yamanaka—como una y manga encargada del Harem, así como representante de la voluntad de la Sultana Haseki en el Palacio—vestía unas sencilla galas azul oscuro de escote redondo pero conservador, falda de una ola capa y mangas ajustadas hasta los codos que se abrían en lienzos de gasa para exponer los brazos; sobre el vestido una elegante chaqueta de igual color, sin mangas, bordada en hilo de plata que firmaba diminutas figuras en forma de lilas a lo largo de toda la tela, escasamente cerrada a la altura del vientre y detallada e un grueso margen de pasamanería y encaje lavanda en los bordes de la chueta que bifurcaban e los lados de la tela, y en el dobladillo, cerrada alrededor de su cuerpo por un cinturón de cadena de oro con diminutas incrustaciones de diamantes. Su largo cabello rubio se encontraba recogido en un elegante coleta que caía sobre su hombro izquierdo, con un mechón que caía sobre el mismo lado de su rostro, cubriendo ligeramente uno de sus ojos y adornado por una diadema de seda dorada que sostenía un largo velo azul que precia resaltar naturalmente los largos pendientes de oro en forma de sarcillos que usaba. La Sultana Takara evidentemente parecía complacida por el grado de obediencia que tenía, pero eso a lady Ino le resultaba insignificante, le era leal a la Sultana Sakura, no a una niñata con aspiraciones ridículas.

-Y si alguna concubina me insulta, ¿Cuál es su castigo?- pregunto la Sultana, enfatizando a Hayami esta vez.

-Si la Sultana Sakura lo autoriza, la ejecución- contesto la Yamanaka con aparente frialdad.

-¿Ejecución?, ¿La insulte?- pregunto Hayami fingiendo ingenuidad. -No…- protesto.

-¿Y qué fue lo que hiciste?- rugió Takara avanzando amenazadora hacia ella, -¿Quién eres para no reverenciarme?, ¿Cómo te atreves?- reto con el veneno impregnando su voz, como si se tratara del siseo de una serpiente de cascabel. Eso significa abiertamente un insulto y todos son testigos- señalo sin dirigirle ni una sola mirada a ninguna de las presentes, sin apartar la mirada de Hayami que no titubeo al sostenerle la mirada, -o me pides perdón ahora o los guardias se harán cargo, tú decides- sentencio con dureza.

Tratar con gente tonta y estúpida le desagradaba, porque las normas y leyes escritas estaban para seguirse, y no podía alcanzar a entender cómo es que una simple niñata estúpida e insolente con aires de grandeza, ella era al Haseki del Príncipe Heredero, madre del primogénito del mismo y de una Sultana, contaba con el apoyo del Sultan Sasuke, la Sultana Sakura—a quien estaba derrocando—y los miembros de la jerarquía Imperial; desafiarla era una afrenta muy grande y que se castigaría en igual consecuencia. El miedo era un emoción más que habitual y se presentaba de muchas formas, pero aun cuando Takara la estuviera amenazando de aquella forma tan abrumadora e implacable, Hayami no sintió ningún ápice de temor, confiaba en su sentimientos por el Príncipe Shisui que ciertamente había llegado a escribirle poemas catalogándola como el gran amor de su vida, y además creía en las promesas de la Sultana Sakura, sabía que nada podría hacerle la Sultana Takara sin el respaldo de la Sultana Sakura que se encontraba en su contra.

-Su alteza no lo permitirá, no puedes hacer lo que te dé la gana- tuteo Hayami frunciendo el ceño y viéndola con indiferencia…más esas fueron exactamente las palabras que Takara necesito oír para verificar, según su criterio, que estaba actuando bien.

-Guardias- llamo Takara si necesidad alguna de aguar más tiempo.

Sabía lo que significaba esa orden y que no tenía vuelta atrás, pero aun así no tenía miedo, la fe y la lealtad provocaba un sentir realmente extraño en una persona porque, y pese a ser sujetada por dos guardias jenízaros que entraron en el harem ante la orden de la Sultana Takara, Hayami no quería chillar o rogar por su vida, se sentía segura en ese Palacio por obra del amor que le profesaba el Príncipe Shisui y por la bondad de la Sultana Sakura. No le temía a Takara pese al poder que ella poseía, más sabía que para seguir con el plan ideado por la Sultana Sakura tendría que fingir miedo, algo pasaría que le evitaría sufrir la muerte o algún tipo de castigo, lo sentía en el corazón, pero en ocasiones era mejor y más necesario pedir perdón que pedir permiso. Volteando a ver a Takara que parecía más que dispuesta a seguir con su camino y cruzar el Harem para dirigirse sus aposentos, Hayami protesto ante el garre de los guardias, tenía que continuar mintiendo o de otro modo nada serviría para el propósito preconcebido, debía dar a entender que era tonta porque la Sultana Sakura le había dicho que así podría actuar sin temor a represalias. Además, cuanto más hablara o protestara más tiempo ganaría, porque estaba convencida de que algo sucedería.

-Sultana, ¡Sultana, espere!- pidió Hayami, resistiéndose al agarre de los guardias. De forma casi inmediata, Takara se detuvo y volteo a verla con una sonrisa ladina adornando su rostro, aparentemente satisfecha, pero Hayami no pensaba reverenciarla si esa era la cuestión a debatir, no cambiaría de parecer. -Perdóneme, soy nueva, no conozco las reglas aún- se excusó Hayami, mintiendo de la forma más convincente.

Esas palabras eran tan satisfactorias de escuchar; las suplica de clemencia y piedad para con alguien que era poderosa, era tan satisfactorio sentirse invencible que Takara no dudo en disfrutar de ello, desviando con sutileza la vita a hacia dos de las presentes, ahí, presentes y como testigos visuales y auditivos se encontraban—para satisfacción de Takara—tanto Seina como Masumi y Akiko a quienes de paso aprovecharía amedrentar para recordarles que estaban por debajo de ella y el poder que sostenía Seina mantuvo la mirada baja, apretando con sutileza sus manos que se mantenían cruzadas sobre su vientre, era tan opresivo vivir en ese estado de terror…desesperante, pero de no ser por la Sultana Sakura sentiría temor, gracias a la Sultana Sakura gozaba de protección, además del hecho de ser madre de un Príncipe, pero Seina igualmente consideraba esa situación como un bochorno inaguantable, porque ni ella ni Masumi, mucho menos Akiko, consideraban haber hecho algo como para ser merecedoras de una ofensa así.

La madre del Príncipe Hashirama lucia radiante en su sencillez, portando unas sencillas galas violeta de escote corazón, cerrado por seis pequeños botones de igual color que iban desde el escote al vientre, de mangas ajustadas hasta las muñecas y falda de una sola capa pero ribeteada en gasa para mayor movilidad; por sobre estas galas una chaqueta de igual color, sin mangas y escasamente cerrada a la altura del vientre, hecha de gasa y encaje, bordada en hilo de oro para replicar el emblema de los Uchiha a lo largo de la tela, y formado un margen de encaje dorado en los contornos interinos, así como en la caída de la tela y el dobladillo de la falda. Sus largos rizos castaños caían sobre sus hombros y tras su espalda, engrandeciendo con facilidad la sencilla corona de oro, amatistas, cristales y diamantes que iban del purpura al violeta creando una estructura repleta de dijes de flores de cerezo, entre sus largos rizos castaños apenas y eran visibles los diminutos pendientes de oro y diamante en forma de flor de cerezo que usaba, más estaba igualmente presentes. Su hijo era un Príncipe y ella una Sultana, sabía que su deber era protestar y luchar, pero no quería arriesgar la vida de su hijo innecesariamente, quería sostener una existencia pacifica como idealizaba la Sultana Sakura, no quería sembrar el conflicto continuo como Takara y en cuyo caso era mejor guardar silencio.

Masumi, de pie junto a ella hizo igual, únicamente canalizando su frustración e ira apretándose las manos que también mantenía cruzadas por sobre su vientre. La madre del Príncipe Sasuke portaba unas sencillas galas aguamarina de escote bajo y redondo, de mangas holgadas y transparentes hechas e gasa pero que se abrían a la altura de los codos para exponer los brazos, y de falda de una sola capa pero ribetead en gas para facilitar el movimiento; por sobre estas galas una chaqueta de terciopelo rigurosamente negro, de escote redondo pero conservador, que cerraba el corpiño hasta la altura del vientre por seis botones de diamante, marcadas hombreras y mangas cortas y ajustadas hasta los codos. Sus largas ondas azabaches caían sobre sus hombros y tras su espalda a la perfección, ocultando los pendientes de oro y cristal aguamarina en forma de lagrima que usaba, resaltando así la sencilla corona de oro en forma de finas ramas que en su cima recreaba una serie de pequeños capullos de flores de cerezo conformadas por diamantes aguamarina a juego con los pendiente y el vestido. Era mejor guardar silencio y esperar, ellas no eran enemigas, eran aliadas de la Sultana Sakura y sabían que todo sacrificio era poco cuando lo que se ansiaba alcanzar no era sino la paz.

-Tu ignorancia es obvia, por esta vez te perdonaré- admitió Takara, pero ni Hayami ni las presentes se hubieron quedado conformes con esas palabras, ni tampoco creyeron en ellas. -Pero lo que hiciste no quedara sin castigo, que le azoten los pies, con veinticinco creo que aprenderá- ordeno volteando a ver a lady Ino que habría de cumplir su orden.

-Como ordene, Sultana- mintió Ino, reverenciando a la Haseki del Príncipe Heredero.

La Sultana Sakura era muy clara con respecto a sus órdenes y lo que esperaba de ellas, ya que indudablemente no podían ser refutadas, así que no represento problema alguno para Tenten abandonar formalmente su presencia y recorrer los pasillos en dirección al Harem, la Sultana había decidido otorgarle a Hayami una labor muy importante; el ser la Haseki del Príncipe Shisui, o al menos románticamente para ganar más influencia y desplazar así a la Sultana Takara. Las mujeres eran hermosas en el Harem con un propósito de complacencia para con el sexo opuesto, pero eso no era todo, las intenciones e inteligencia importaba y mucho, así que como Hayami era leal serviría que fuera el instrumento a emplear, por ahora, de eso no existía duda alguna. La Sultana Takara, no viendo otro motivo por el que permanecer allí y ya habiendo dado una orden, se retiró en compañía de su séquito, convencida de que se cumplirían sus órdenes, contemplando de sola sayo como los guardias sacaban a Hayami del Harem.

-¿Qué hacen?, ¡Suéltenme!- protesto Hayami, sonriendo interinamente al ver a lady Tenten en el umbral de uno de los pasillos aledaños al Harem y quien solo asintió como señal de que la protegería, -¡Soy la favorita del Príncipe Shisui!- grito, aun continuando con su actuación pero sabiendo que no le sucedería nada.

La Sultana Sakura la estaba protegiendo.


Emocionalmente hablando, los vínculos emocionales podían resultar una distracción cuando se debía pensar continuamente en un fin en particular y ninguna otra cosa porque significaba—valga la redundancia—una distracción, más Sakura pensaba lo contrario; el amor, la amistad, los sentimientos honestos y puros eran lo que realmente podía fortalecer a una persona, o así es como ella lo sentía y se permitía vivir, además dejando que Aratani—una Sultana viuda e incapaz de obtener más gloria o poder por otros medios—permaneciera en el Palacio Imperial, porque la consideraba como otra más de sus hija y sabía que el sentir era idéntico, además aun cuando no pudiera hacer por Aratani si podía hacerlo por Sumiye y Risa en nombre de la memoria de su hijo Daisuke, quería encontrar a visires potenciales que—en el momento adecuado—pudieran casarse con ellas y garantizarle un futuro seguro, por no aludir el hecho de que Aratani era un apoyo muy importante para su persona y con quien contaba indudablemente y viceversa, porque si bien no las unía la sangre si lo hacían los sentimientos y eso era más valioso que cualquier protestad material que se tuviera en el mundo.

Sentada sobre el diván junto a la ventana, en los aposentos de la Haseki del Sultan, se encontraba la Sultana Sakura que si bien no se esforzaba en resultar realmente halagadora, atraía sin reparo alguno las miradas de todos aquellos que la vieran, envidiando y anhelando su halo angelical que la hacía parecer un ser celestial, tanto por su hermosura como por su bondad. Portaba un sencillo vestido celeste brillante, de escote alto y redondo por sobre la altura de los hombros, así como de mangas hechas de gasa transparente que llegaban a cubrir las manos, y falda de seda ribeteada en gasa que facilitaba el movimiento; por sobre estas galas una chaqueta celeste verdoso, de aspecto metálico, escote corazón levemente más bajo y cerrado en el corpiño por seis botones de diamante hasta la altura del vientre donde la falda de la chaqueta se dividía en os, y mangas cortas y ajustada hasta los codos para brindarle un aspecto más riguroso a su imagen. Sobre su largo cabello rosado—recogido tras su nuca—se encontraba un magnifico tocado de oro, esmaltes, diamantes, topacios y zafiros ligeramente alto y de tipo torre para emular el poderío de los Uchiha, a juego con un par de pendientes de oro con un dije de perla en forma de lagrima, pequeños pero que en consonancia con su sola presencia la hacían ver aún más hermosa.

Sentada frente a la Sultana Haseki se encontraba la Sultana Aratani, cuya belleza indiscutiblemente era envidiada por cualquiera que la viera, siendo quizá la única mujer—sin haber nacido con el título de Sultana—que pudiera acercarse en igualdad de belleza a la Sultana Sakura, superando incluso a la Sultana Takara y por mucho. Vestía unas elegantes galas violeta purpureo, de escote en V levemente rebajado, mangas de seda completamente holgadas que llegaban a cubrir las manos que mantenía cruzadas sobre su regazo acariciando distraídamente su sortija de matrimonio, y falda de una sola capa ribeteada en gasa para mayor movilidad, por sobre estas una chaqueta de encaje y gasa de igual color—escote conservador y cuadrado que se cerraba por nueve diminutos botones violeta, falda que se abría bajo el vientre y mangas cortas y ajustadas hasta los codos-solo que completamente ribetead en hilo y encaje dorado, especialmente en los bordes de las mangas y el borde y dobladillo de la falda. Su largo cabello castaño se encontraba elegantemente recogido tras su nuca, —resaltando la cadena de oro con diminutos diamantes incrustados y que sostenía un dije de oro que representaba el emblema de los Uchiha—adornado por una hermosa corona de oro en forma de pétalos de dalias, rosas y jazmines, decorados por diamantes violetas y amatistas, a juego con unos largos pendientes de oro y amatista en forma de lagrima que brillaban contra la luz.

-Me sorprende la agresividad del Príncipe Shisui, jamás espere que hiciera algo así, o al menos no abiertamente- admitió Aratani, incapaz de ocultar su sorpresa y desconcierto a la vez.

-Los leones son criaturas magnificas, Aratani, de ser simples cachorros pasan a ser los felinos dominantes del reino animal, no hay depredador más fuerte que sea tanto ágil como inteligente y tan poderoso como sabio- comento Sakura a modo de respuesta, como si fuera lo más natural del mundo y, de hecho, aquella comparación era la más acertada a hacer si de un Uchiha se trataba y cuyo orgullo era algo intocable, -pero cuando lastimas a un león, no puedes esperar que no responda de forma agresiva si tiene los medios- relaciono sabiamente con igual coherencia y comparación, recibiendo una sonrisa de parte de Aratani.

No era su intención, en lo absoluto, ser el foco de conflicto que enemistar a padre e hijo entre si innecesariamente, pero tampoco es como si pudiera evitarlo, al fin y al cabo esta enemistad se había formado sin que ella pudiera evitarlo y desde hacía ya muchos años hasta encontrarse en un punto que aparentemente no tenía retorno, pero Sakura tenía fe en que todo podría solucionarse y en que Sasuke y Shisui podrían ser padre e hijo como no habían podido serlo hasta entonces, pensar en un imposible era la forma de cumplir su sueño, viéndolo no como algo imposible sino como algo por lo que se debía luchar para conseguirlo; con fe, amabilidad, valentía y coraje y tanto Sasuke como Shisui y ella misma tenia estas cualidades, de otro modo no habrían llegado hasta donde estaban. Si bien la participación de Aratani o era lo suficientemente profunda como para conspirar, si estaba al tanto de todo cuanto sucedía, entre ellos las verdaderas intenciones de Takara a quien despreciaba al enterarse de tal puñalada trapera e intuía con facilidad que lo que ella intentaba hacer no era sino envenenar a padre e hijo entre sí, uno contra el otro con el fin de hacerlos enemigos irreconciliables. Takara era una víbora a ojos de Aratani, sonreía por el frente y apuñalaba por la espalda, de poder hacerlo la estrangularía con sus propias manos por haber fraguado semejante plan contra la Sultana Sakura, y ganas no le faltaban para cumplir esta idea. Quien ofendiera a la Sultana Sakura la ofendía a ella.

-Touche, Sultana- contesto Aratani, permitiéndose reír muy escasamente, haciendo sonreír a la Sultana Sakura, -pero de todas formas no podemos ser descuidadas, el Sultan Sasuke podría acabar viendo al Príncipe Shisui como una amenaza- advirtió con temor ante esta muy bien justificada y fundamentada posibilidad.

Si bien el Sultan Sasuke dejaba de ser víctima de las intrigas y mentiras de parte de Takara, —sin saber lo que ella había hecho realmente, como la mayoría de la gente—no podían olvidar que la enemistad entre padre e hijo había iniciado desde la muerte del Príncipe Rai por causa de la presencia de enemigos potencialmente nocivos y que contaminaban la corte y al Imperio con su influencia, y Takara quizá fuera la próxima enemiga enfrentar, peor si era peligro o no eso aún no se decidía. La Sultana Sakura le había pedido un favor, que asistiera a la reunión que sostendría con Naruto Uzumaki, estando igualmente presente la Sultana Mikoto, y había accedido gustosamente a acompañarla, quería serle de ayuda y aliento lo más posible. Conocía a Sasuke y sabía que desbaratar la influencia de Takara tomaría tiempo, pero estaba dispuesta a ser paciente y hacer de intermediaria entre padre e hijo, y aun cuando sus enemigos—Takara-tramaran un estrategia impensable, sabía que lo más drástico a realizar por Sasuke, tanto como castigo como por medida de prevención para proteger a Shisui, no sería otra que encerarlo en el lugar más polémico del Palacio pero en donde estaría a salvo, ella pensaba igual. Esa era un trampa impensable porque nadie pensaría en ello, salvo Sasuke y ella.

-Lo sé, en el peor de los casos lo encerraría en los Kafer, no se atrevería a desairarme de peor forma- predijo la Sultana Haseki, convencida de la lealtad, amor y respeto que Sasuke le guardaba, -y si eso sucediera solo tendríamos que esperar tempo para liberarlo- suspiro viendo asentir a la pelicastaña, alzando una de sus manos y tomando del mentón y besando la frente de Aratani que se sintió conmovida por aquel gesto cariñoso que guardaban entre si desde que había llegado al Palacio hacía ya tantos años. -No soy ajena a los peligros, Aratani, solo estoy anticipándome- tranquilizo con una sonrisa que le contagio a Aratani.

Se había jurado a sí misma, desde que había aceptado permanecer en ese Palacio—como una joven plebeya griega traída a la fuerza desde su hogar—y ser el aliento y guía de Sasuke, así como la dueña del corazón del Sultan; proteger a sus hijos aunque eso implicara su propia vida, no había conseguido cumplir este juramento hasta ahora, pero protegería a Shisui, al precio que fuera y sin dudarlo ni un segundo.


Lady Tenten había intervenido ante los guardias y sentenciado con poder de mandato y decisión que la Sultana Sakura no toleraría ninguna clase de castigo o afrenta contra Hayami, y los guardias no habían soñado en discutir siendo que su entera lealtad—como jenízaros—estaba dirigida hacia la Haseki del Sultan. Pero del mismo modo en que lady Tenten la había ayudado a evitar un posible castigo, había tenido que retirarse para regresar a sus labores, más prometiéndole que alguien se ocuparía de remplazarla cada vez que no pudiera estar cerca, y con eso Hayami se quedaba tranquila, además de que Takara no sabía que se encontraba indemne, entonces podría fingir y engañarla con mayor facilidad. Manipular la verdad era más divertido entre más lo pensaba. En cuanto cruzo las puertas del Harem, y sin macula alguna sobre su ser, fue atosigada por la mirada de todas las presentes a quienes solo les sonrió, inclinando la cabeza a modo de saludo, dirigiéndose hacia donde se encontraba Akiko que la saludo con un inmediato y efusivo abrazo. Ni la Sultana Seina ni la Sultana Masumi se encontraban presente, y Hayami considero que era mejor así, ellas ya tenían mucho con lo que lidiar por causa de Takara, mientras fueran felices junto a sus hijos estarían bien, o eso es lo que pensaba.

-Estoy bien, gracias- tranquilizo Hayami, rompiendo el abrazo con una sonrisa.

De todas formas y analizándola de arriba abajo como si en algún momento fuese temer ver alguna herida probando que lady Tenten no había conseguido ayudarla, Akiko la ayudo a sentarse sobre uno de los divanes dispersos, situándose inmediatamente a su lado. Quizá hubieran transcurrido un corto lapsus d tiempo desde que se conocían pero—en conjunto con las Sultanas Seina y Masumi—eran buenas amigas y valoraban el no dejarse dividir por los juegos sucios de Takara, siendo sus víctimas, más laidas devotas de la Sultana Sakura en mayor o menor medida, dependiendo como se mirase. En un Palacio como aquel—según la Sultana Sakura le había dicho—la inocencia, amabilidad, generosidad, humanismo, bondad e ingenuidad desparecían en un parpadeo, la crueldad e iniquidad de los muros y quienes allí vivían erradicaban estos sentimientos por completo e impedían la felicidad, pero Hayami estaba convencida de que la intercesión de la Sultan Sakura y su caridad, así como corazón noble y desinteresado, eran la prueba de que aún quedaba humanidad en aquel hermoso pero cruel Palacio, ella era un ángel como todos decían y Hayami lo sabía porque ese mismo ángel la estaba protegiendo y ha evitado que la castigara una arpía venenosa y carente de escrúpulos como lo era Takara.

-Te lo advertí Hayami, debiste ser más lista- recordó Akiko, modificando su "te lo dije", -agradece la intervención de la Sultana Sakura, no puedes hablarle así a Takara, no sin temer represalias- continuo reprendiendo a Hayami que solo bufo y entorno los ojos ante sus regaños.

-Esto no se quedar así, ella era quien se arrepentirá de haberse metido conmigo- juro Hayami, haciéndose la desentendida ante las palabras de Akiko.

Claro que solo estaba hablando de dientes para afuera, no haría que Takara pagara por castigarla por herir su ego, haría que Takara pagara por ser una mentirosa y traicionar a la Sultana Sakura, porque si algo hería a la Haseki del Sultan Hayami sentía como si la hiriese a ella y más. La Sultana Sakura le había brindado un gesto de aprecio y buena voluntad; recibiéndola cálidamente, cuidando de ella y haciendo todo por garantizar su felicidad y la del Príncipe Shisui pese a las circunstancias adversas que tenían lugar y Hayami se sentía infinitamente agradecida por ello, y consideraba que la mejor forma de retribuirle todo lo hecho hasta entonces era siéndole enteramente leal y de todo corazón, estaba decidida a serlo. Irrumpiendo en la aparente discusión, Hayami levanto la mirada en cuanto una figura hubo hecho acto de aparición en el Harem, la había visto muchas veces pero habían interactuado poco entre sí, se trataba de lady Yugito, al doncella de mayor confianza de la Sultana Izumi, quizá ella fuera el "reemplazo" que lady Tenten había aludido, más no podía saberlo, no sin que ella se lo dijera.

-Lady Yugito- reconoció Hayami al verla aparecer.

-Vine tan pronto como pude, Tenten no podía encargarse así que me designo a mí- declaro Yugito inmediatamente tranquilizando a Hayami que sonrió al corroborar que sus pensamientos eran correctos. -¿Qué fue lo que sucedió?- consulto ya que estaba enterada de muy poco, o muy parcialmente mejor dicho.

-Fue la Sultana Takara, esta pobre apenas llego y ya le mando a azotar los pies- contesto Akiko de inmediato y sin dudar en hablar, pero Hayami no quería escuchar el nombre de Takara, le resultaba molesto como el cascabel de una serpiente y casualmente lo parecía.

-Basta, Akiko- corto Hayami, no teniendo el humor para pensar en ello. -¿Podría hablar con el Príncipe Shisui? En verdad deseo verlo- pidió con los ojos de cachorrito que solía hacer desde niña cuando ansiaba algo de todo corazón.

Sabía que no podía ver al Príncipe Shisui siempre que lo deseara, eso formaba parte de las reglas del Harem como la Sultana Sakura y lady Ino se lo habían explicado, pero en esos momento deseaba estar junto a él, más estaba dispuesta a aguardar de resultar temporalmente imposible de realizar su petición, no pensaba ser exigente ni nada por el estilo, no era una Sultana como para comportarse así, y aunque lo fuera pensaba ser plenamente consciente de lo que pasaba a su alrededor sin ningunear a los demás, la Sultana Sakura actuaba así y era respetado por todo en consecuencia respeto a cambio de aprecio, era un intercambio justo. Deseada mentir para complacer a Hayami en ese momento, y decirle que el Príncipe Shisui la recibiría como ella ansiaba pero no era así; él y la Sultana Izumi habían acudido a la Mansión Perla—casi a las afueras de la capital—para supervisar su remodelación como la Sultana Sakura había ordenado que se hiciera para obsequiársela a su nieta Ayame, hija de la Sultana Shina, y cuyo compromiso ya estaba comenzando a planearse, teniendo a muchos candidatos elegibles y muy talentosos. Además era una oportunidad perfecta para que el Príncipe Shisui saliera del Palacio y pudiera pensar con claridad, olvidándose de las enemistades que tenían lugar en el Palacio Imperial.

-Me temo que no, su alteza no está en el Palacio en este momento- contesto Yugito, temiendo tener que decepcionarla, pero esa era la verdad.

-Kami…- murmuro Hayami, haciendo un puchero triste pero ciertamente adorable.

Era triste y decepcionante darse un golpe de cara a la realidad, pero era mejor que la vedad fuer dura, cruda y dolorosa en lugar de agradable, atrayente y ruin, además la verdad siempre se daba a conocer de cualquier forma, ¿De qué servían las mentiras? Aparentemente solo para corromper el alma de las personas. Intentando pensar en alguna posible forma de perder o pasar el tiempo y aguardar al regreso del Príncipe Shisui, Hayami se dispuso a levantarse del diván para intenta pensar mejor mientras caminase, pero no hubo siquiera terminado de erguirse cuando se sintio abrupta y repentinamente azorada por un mareo que la desoriento por completo, siendo apresuradamente sujeta por lady Yugito y Akiko que le evitaron caer. No creía estar dejándose llevar por la decepción o ira en exceso como para que su cuerpo le estuviera jugando una mala pasada, pero aun cuando lo pensara Hayami no pudo identificar alguna relación entre el mareo y lo que había estado pensando o sintiendo hasta ese minuto.

-Hayami- acudió Yugito.

-Cuidado, rubiecita- apoyo Akiko.

-Estoy bien- tranquilizo Hayami, observándolas a ambas y volviendo a sentarse sobre el diván.

Soltando a Hayami y permitiéndole sentarse, recuperándose así del mareo; ni lady Yugito ni Akiko se hubieron separado por competo de Hayami, en caso de que se sintiera mal y tuvieran que acudir a una de las doctoras—para saber si encontraba del todo bien—o más específicamente al doctor C que no prestaría objeción alguna a examinarla, pero Hayami en lugar de ello se mantuvo tranquila y callada, recuperándose de ese sentir tan extraño, tranquilizando los temores de ambas mujeres. En el Harem existían normas, en el pasado más bien, cuando la Sultana Sakura podía llegar a desconfiar—justificadamente—de la inocencia y lealtad de las jóvenes del Harem, en esos días había ordenado que cada joven del Harem bebiera una medicina para evitar el embarazo, peor como todas eran leales—salvo Takara, evidentemente—tal proceder ya no tenía lugar, así que una repentina suposición no tardó en aparecer en la mente de Akiko que zarandeo sutilmente el hombro de Hayami que volteo verla por causa de este gesto.

-Oye, ¿tu?...- susurro Akiko bajando la mirada hacia el vientre de Hayami que parpadeo confundida, comprendiendo de forma casi inmediata lo que estaba aludiendo.

Desde luego que la idea de Akiko no era disparatada, ya que al fin y al cabo había yacido con el Príncipe Shisui todas las noches desde su primera vez juntos, sin excepción, y si haber consumido nada que le impidiera embarazarse, pero ¿Era posible? Lo pensó y no supo que decir, quizá fueran únicamente imaginaciones suyas…


La política era un juego de estrategia, era como lanzarle una pieza de carne a depredadores feroces en espera de una respuesta, solo que en la cúspide de esta categorización de depredadores se encontraba un león imponente y gallardo que representaba la autoridad del Sultanato y que había nacido para ostentar tan potestad. Por más que la Sultana Sakura eligiera ser neutral y mantener la paz a cualquier costo sabía que de igual manera debía tramar y confabular por el bienestar de su hijo, hacer que sus aliados obstaculizaran cualquier posible decisión que Sasuke tomara y que pudiera poner en riesgo los planes e ideas que ella tenía, y aún más importante la estructuración del Sultanato según su propia visión. Sakura era consciente de que se estaba tomando atribuciones que no le correspondía, más no conocía otra forma de actuar, no quería actuar totalmente desde las sombras como la Sultanato Mito, no quería ser una asesina como Mei o Rin, quería ser la Sultana que se enfrentase de cara a la luz y que no temiera decir las cosas tal cual eran. Siempre había deseado ser ese tipo de Sultana. Había un lugar en el Palacio en que—en casos así—ella, Naruto y Mikoto, junto a Aratani esta vez, solían reunirse para modificar sus estrategias o decidir si mantenerlas, era un área el Palacio que ya no se usaba un ala reservada para los dignatarios extranjero que permanecieran en el Palacio y que había dejado de emplearse durante el Sultanato del Sultan Izuna cuando los dignatarios ingleses había dejado de tener relevancia en la corte, más en aquella ocasión eran empleados por la Sultana Haseki.

-Los aliados se encuentran en el entorno más bajo, al menos los más confiables, está claro que Suigetsu no pierde oportunidad de influenciar al Sultan- menciono Naruto con sincero desprecio.

De pie frente a las Sultanas se encontraba Naruto Uzumaki que, como siempre, era uno de los mayores aliados con quienes pudieran contar puesto que su neutralidad lo hacía un espía inigualable que tenía un grado de cercanía envidiable con el Sultan, y por ende, un doble agente más que valorado, en todos los sentidos. Sentadas en tres de los elegantes divanes que se encontraban en la habitación se hallaban la Sultana Sakura, su izquierda la Sultana Aratani, y a su derecha la Sultana Mikoto.

Tan hermosa y seria como siempre, la hermosa primogénita del Sultan y su Sultana Haseki portaba unas elegantes pero rigurosas galas color negro hechas de tafetán, de escote cuadrado, con un escote inferior levemente más alto de caída en V, el corpiño—desde el escote a la altura del vientre—se cerraba por obra de cinco botones de oro en caída vertical, horizontalmente adornados por cadenas de oro a cada lado, de mangas ajustadas cerradas en el interior de las muñeca por dos botones de oro, y falda de una sola capa; por sobre estas galas a chaqueta de georgette gris oscuro—casi negro—difusamente bordada en hilo de plata y oro para crear figuras ondulantes peor borrosas que aportaba un aspecto inusual pero sumamente elegante a su vestir, si mangas y con profundo escote en V que se erraba a la altura del vientre para así enmarcar los costados del corpiño. Su largo cabello rosado se encontraba elegantemente recogido tras su nuca, adornado por una magnifica corona de oro ribeteadas en diminutos cristales multicolor, diamantes y ónix sobre una estructura de oro que emulaba figuras semejantes a flores de jazmín a juego con unos pendientes de cuna de oro en forma de ovalo con un diamante ámbar homólogo en su centro y decorado por dos diminutas escamas de oro. Valoraba el amor que Naruto sentía por su madre y estaba allí para ser testigo de que el Uzumaki no se atreviera a cruzar indebidamente las distancias, así como para manifestar su aprobación a este sentir. Era una traición a su padre y eso Mikoto lo sabía bien, pero él había sido quien había lanzado la primera piedra y lo sucedido solo era una consecuencia de sus propios actos.

-Las serpientes siempre son un peligro, especialmente si se las deja vivir- contesto Mikoto ante las palabras del Uzumaki, considerando que hacer para deshacerse de Suigetsu, -creo que en estas circunstancias deberíamos deshacernos de él cuanto antes, madre- puntualizo volteando a ver a la Sultana Haseki.

-Ciertamente, pero aun cuando se trate de un sirviente, no podemos actuar tan apresuradamente, necesitamos evidencia que lo inculpe, eso y una dispensa del Sultan, lo cual no será nada fácil de obtener- rebatió Sakura, consciente de que, por más que lo desearan, no podían obtener todo cuanto se propusieran, siempre existían limitaciones. -En tanto debemos ratificar nuestra lealtad- declaro para todos los presentes haciendo que su hija bufar de forma casi imperceptible, -recuerda todo lo que te he enseñado, Mikoto, siempre se debe estar preparada para lo peor- menciono, no como una reprimenda sino enseñanza.

Sakura era más que consiente de que Suigetsu influenciaba a Sasuke, porque pensaba muy similarmente a Takara y consideraba que el Imperio necesitaba de un Sultan fuerte y brutal, no uno que se dejara gobernar por los sentimientos, pero y si bien Sakura estaba decidida a mantener su propia influencia sobre su esposo, era conocedora de que no podía deshacerse de Suigetsu solo por un tema de diferencia ideológica, era absurdo, y necesitaba que Mikoto lo entendiera puesto que—con facilidad—sabia o intuía que deseaba estrangular al Hosuki personalmente, pero esto no era admisible en lo absoluto. El propósito de la mayoría de los sirvientes—aunque no fuer inéditamente palpable—era sostener influencia y riqueza de manos de las personas más poderosas del Palacio, o más enfáticamente de los miembros de la familia Imperial, pero tristemente este propósito no conseguía ser detectado a tiempo. Si existía la bondad de igual manera la crueldad, si existía la paz igualmente el caos, y si existía el amor igualmente el odio. Las serpientes debían erradicarse mientras aun eran pequeñas…pero evidentemente su madre tenía una estrategia mejor y Mikoto o dudo en obedecerla, aún era joven y tenía mucho por aprender pero en aquello en lo que era vulnerable su madre era fuerte y era su deber aprender de ella.

-Si, madre- asintió Mikoto.

Aratani se mantenía callada al o tener motivo alguno por el que interactuar, solo conformándose con ser conocedora de lo que pasaba. Los jenízaros asiduamente leales a al Sultana Sakura era la mayor fuerza beligerante del Imperio, idolatraban con anhelo y pasión a la Haseki del Sultan cuyo valor consideraban admirable y envidiable por ello mismos de hecho, y sabía que solo bastaba una orden dela Sultana Sakura para que ellos se movilizaran y manifestaran el descontento el pueblo y la Sultana Haseki con un rebelión. Pero, conociendo a la Sultana Sakura como Aratani lo hacía, comprendía que lo que ella menos deseaba eran conflictos y con razón, evidentemente desearía esperar algo más de tiempo y ver que posibles eventualidades tenían lugar. Sería muy fácil para Sakura ordenar que—por la noche—una comitiva jenízara atacar a Suigetsu y le cortaran la cabeza, era muy fácil…pero Sakura intuía que era marioneta de alguien más, le resultaba absurdo que actuara solo y en cuyo caso era mejor seguir el plan original que tenía en mente. Querían empujarla a cometer un error, pero no permitiría tal cosa, tenía que pensar muy bien que hacer y eso afortunadamente lo tenía claro.

-Naruto, ¿recuerdas el plan que teníamos, en cooperación con su Majestad?- consulto Sakura al cabo de un minuto de silencio

-Si, Sultana- respondió el Uzumaki de inmediato.

-Si sucede lo que yo imagino, necesitaremos usarlo, sea cual sea el caso- declaro la Sultan Haseki únicamente.

Su estrategia, de momento, no tenía fallas; estaba manteniendo a Takara al margen de sus actividades políticas, pero haciéndole creer que todo estaba bien. Si a Takara le gustaba atacar por la espalda, entonces recibiría su propia puñalada de manos de su mentora y Sakura no se arrepentía de hacerlo, nadie intentaba pasarla por tonta y se salía con la suya,


Estaba convencido de que sentía amor por primera vez en su vida, el amor que su madre relataba sentir, esa fantasía sacada prácticamente de un cuento de hadas en que deseaba ser feliz y hacer feliz a alguien aun cuando eso significara su propio sufrimiento, Hayami se había transformado en su felicidad en aquel mundo de sombras, su presencia lo era todo para él y no había conseguido sacársela de la mente ni por un breve instante mientras había estado fuer del Palacio junto a su hermana Izumi. Las órdenes de su madre eran cumplidas al pie de la letra, como siempre, y estaba convencido de que Ayame agradecería encarecidamente ese Palacio solo para ella cuando se casara, pero en esos momentos—paseándose en circulos como león enjaulado—solo podía ansiar que tocaran a las puertas y Hayami apareciera. La noche había caído indudablemente rápido sobre el Palacio y en cuanto había estado libre de responsabilidades había hecho llamar a lady Ino pidiéndole que enviaran a Hayami a sus aposentos. Necesitaba verla como si su vida dependiera de ello, porque en un lapsus tan corto de tiempo se había vuelto el centro absoluto de su existía, lo era todo para él. Leyendo sus pensamientos es que tocaron a las puertas, haciéndolo sonreír de ipso facto.

-Adelante- indico Shisui.

No deseaba nada más que estar frente a su Príncipe, abrazarlo y volver encontrare en su presencia, hacerlo feliz y ser feliz a cambio de ello, era extraño y maravilloso todo cuanto el amor podía provocar en una persona, porque Hayami sabía que amaba a Shisui y era amada a cambio, en ocasiones solo se sabía algo con sentirlo, no se necesitaban pruebas de ello. En cuanto as puertas se hubieron abierto Hayami observo con evidente satisfacción al Príncipe Shisui, quien—a sus ojos—era el hombre más gallardo y bondadoso sobre la tierra. Vestía—por sobre la usual túnica de cuello alto y mangas ajustadas hasta la mecas, hecha de tetan esmeralda—un formal pero elegante Kaftan gris metálico bordado en hilo esmeralda, de mangas cortas hasta la altura de los codos, cerrado por tres botones de oro que iniciaba en la mitad del pecho y terminaban a la altura de abdomen por obra un marcado cuello de terciopelo jade oscuro que creaba un profundo cuello en V, la caída de la tela además hacia destacar las tradicionales botas de cuero color negro que combinaban a la perfección con toda su apariencia. Había visto a muchos hombres en su vida, pero sin importar el tiempo que para, Hayami consideraba que el dueño de su corazón era el único hombre que quería y podría ver, el resto de los hombres del mundo le eran ajenos y no deseaba cambiar su forma de ver el mundo desde que lo conocía a él.

-Alteza- reverencio Hayami con una radiante sonrisa.

-Hayami, ¿leerías para mi hoy? Tu voz consigue relajarme- pidió Shisui, ya que ambos compartían más que intimidad juntos, compartían sus sueños, añoranzas, tristezas y alegrías, eran sinceros el uno al otro en todo.

-Si eso es lo que usted desea, mi Príncipe- acepto Hayami, sin la menor objeción.

Se había vuelto una costumbre para ambos, era como revivir la fábula de las mil y una noches, Hayami le relataba una historia nueva cada día con su voz tan dulce y alegre. En cuanto estuvo frente a Shisui, Hayami no contuvo más sus sentimientos, abrazándolo con todas sus fuerzas y siendo plenamente correspondida, no sabía si la suposición de Akiko era acertada o no, fuera cierto o no estaría feliz, lo único que deseaba era vivir el amor que sentía por Shisui y con solo verlo a los ojo—en cuanto ambos rompieron el abrazo—hubo corroborado que él pensaba igual. Sosteniendo la mano de Hayami y sonriéndose el uno al otro, Shisui la guió para que se sentara sobre uno de los divanes de la habitación. Hayami se acomodó la falda en silencio, siguiéndolo con la mirada mientras se dirigía hacia la estantería y tomaba uno de los libros. Más que inventar una nueva historia, Hayami leía una historia de alguno de los libros que él tuviera y luego de aprenderla la modificaba según su propio criterio, convirtiéndola en una historia inigualable. Sentándose frente a Hayami y entregándole el libro, Shisui se sintió curioso por saber cómo había sido este nuevo día para ella, sabía que el Harem no era un lugar ameno en que recibir, o mejor dicho lo seria de no ser por Takara, y quería comprobar que estuviera bien en todos los sentidos.

-¿Cómo estuvo tu día?- consulto Shisui, curioso y ansioso por saber si ella era feliz como el deseaba que lo fuera

-Junto a Akiko nada puede ser aburrido, me hace reír mucho- rió Hayami, agradecida por su benevolente interés.

-Sí, es muy divertida- sonrió Shisui.

Akiko era su favorita por muchas razones, y su carisma era una de sus mayores características que merecían se elogiadas, por eso disfrutaba de su entera compañía, pero aun cuando supiera que esto era así y confiar en que Hayami fuera feliz, inexplicablemente algo le hacía sentir que las cosas no estaban tan bien como parecían, lo presencia por como Hayami abría el libro y lo ojeaba con distracción, evitando sutilmente su mirada. Seina y Masumi eran realmente agradables, su tranquilidad y amabilidad, así como bondad las hacia personas indudablemente fáciles y amenas de tratar, no necesitaba preguntarlo para saber que Hayami no tenía problemas con ellas, pero el resto de la personal Harem…al igual que a sus hermanos y hermanas, su madre les había relatado su propia experiencia del Harem en su pasado, así que Shisui sabía que Takara podía tener subordinadas que cumplieran sus órdenes por sobornos o lealtad sencillamente, solo esperaba estar equivocándose, pero para que eso sucediera necesitaría que la propia Hayami le contestara y dijera lo que él deseaba oír, pero por sinceridad no complacencia.

-Presiento que hay un pero- supuso Shisui inevitablemente, recibiendo a cambio silencio únicamente. -¿Alguien te agredió u ofendió?- continuo, esperando que a respuesta fuera un no.

-No quiero molestarte contándotelo- negó Hayami, bajando distraídamente la mirada hacia el libro en su regazo y que hojeo en un intento por evadir la conversación.

-¿Quién fue? Dímelo y lo pagara- insistió Shisui, incapaz de controlar su preocupación, tomando el silencio proferido por ella como una especie de respuesta.

No estaba herida, al menos eso tranquilizaba a Shisui, pero de todas formas necesitaba saber quién le había dicho algo, o había intentado hacer algo contra ella, era su favorita y lastimarla merecería un castigo a voluntad, sin importar quién hubiera osado atentar contra alguien cercano o apreciado por él, porque significaba ir en contra de su persona y agredir a alguien como si lo agredieran a él. La sinceridad era importante, y en ese preciso instante Hayami quiso serlo pero implicar a alguien en el proceso no le resultaba satisfactorio, pero…si delataba lo sucedido podría interceder secretamente en nombre e la Sultana Sakura y humillar a Takara como se merecía que sucediera, y meditándolo por unos segundos Hayami llego a la conclusión de que merecía tomar la oportunidad, así que no dudo más y confeso, luego pensaría como disfrutar o lamentarse por ello en consecuencia.

-La Sultana Takara- admitió Hayami finalmente.

Esa fue la única respuesta que Shisui hubo necesitado oír.


Takara cambio distraídamente la hoja del libro que estaba leyendo, su hijo Itachi ya estaba completamente recuperado pero en esos momentos no estaba con ella; la Sultana Sakura había elegido cenar en privado con sus nietos, algo que a Takara le resultaba molesto evidentemente, su hijo no tenía por qué compartir la mesa con Hashirama y Sasuke que más que hermanos podrían ser sus enemigos en el futuro, porque las vidas de esos niños eran una posibilidad de tormento como la existencia de sus madres, pero por ahora debería de ser tolerante. Si no se sacrificaba aunque fuera un poco, temporalmente, no obtendría nada, y bajo ninguna circunstancia pensaba conformarse con las sobras, o el Sultanato o nada, esa era su decisión y por ningún motivo cambiaría de parecer, ya había llegado muy lejos como para arrepentirse y no deseaba hacerlo. Repentinamente y sin necesidad de una autorización es que se abrieron las puertas de sus aposentos permitiéndole a Hiroshi ingresar, él era el único miembro de su séquito que tenía tal honor y eso se debía algo mucho que Takara confiaba en él, era su mejor amigo después de todo.

-Sultana- reverencio Hiroshi, -su alteza desea verla urgentemente- pronuncio con claro desconcierto.

-¿Qué sucedió?- cuestiono Takara, repentinamente confundida porque Shisui solicitar u ordenara verla sin motivo aparente.

-No lo sé- respondió Hiroshi con impotencia, desconociendo el motivo por el que se requería la presencia de la Haseki.

Vaya…fue todo lo que Takara pudo pensar ante la creencia de explicaciones, Shisui no la llamaba a su presencia desde hace años, y dudaba que el motivo para hacer fuera cumplir su rol como Príncipe de la dinastía y llamar a su Haseki al menos una noche, no, los problemas que tenían como "pareja" eran demasiado serios como para ignorarse mediante la intimidad y no necesitaba suponer nada para saber que Shisui debía de estar pensando igual. Entonces pensó en Hayami, en el castigo que habría recibido luego de que ella lo hubiera ordenado…en cuyo caso no le resultaría extraño suponer que la rubia se hubiera ido de bocona con tal en meterla en un problema, pero Takara estaba segura de no haber hecho nada malo, lo había hecho valer su autoridad como Sultana y Haseki del Príncipe heredero y eso no era un error sino más bien un deber, puesto que la insolencia debía ser castigada, pero por más que lo pensara no sabía que esperar, lo sabría estando ante Shisui y escuchándolo darle un motivo para llamarla tan repentinamente.

Tendría que obedecer y acudir.


-Adelante- permitió Shisui en cuanto tocaron a las puertas.

Aun a pesar de lo sucedido Shisui se había mantenido calmado y había ordenado que preparasen la cena para él y Hayami, dándole libre albedrio de pedir lo que ella deseara, junto a ella se sentía en paz y tranquilo, sentía que no tenía por qué tener miedo y estaba dispuesto a tomar la vida de quien sea que osara lastimarla porque la vida de ella-junto con la de su madre y sus hermanas—eran lo más preciado que tenía en el mundo, y no la cambiaría por nada ni nadie. Una de las doncellas presentes sirvió un poco de servet para ambos, volviendo prontamente a su lugar junto a las puertas donde estaba su compañera. El ambiente era tranquilo pero tenso al mismo tiempo, Shisui levanto la mirada en cuento las puertas se abrieron por obra de los leales jenízaros que estaban atestados en el exterior, permitiendo así el ingreso de la Sultana Takara que de inmediato reparo en la presencia de Hayami que le sonrió con falsa camaradería. Claramente habría problemas, pero Takara decidió ignorarlo, reverenciando debidamente a Shisui y permaneciendo estoica.

-¿Quería verme, alteza?- consulto Takara en espera de un respuesta tras este llamado.

-¿Quién eres, Takara?, ¿Qué autoridad crees tener para inmiscuirte con una de mis favoritas?- cuestiono Shisui sin molestarse en responderle, necesitando una explicación del porque para haberse tomado atribuciones que no le correspondían y jamás le corresponderían.

Hayami había salido co bien de un posible castigo y eso solo se debía a que su madre la había protegido y lo seguiría, de otro modo…no quería siquiera pensar en lo que podría haberle ocurrido sin que él pudiera haber hecho algo para protegerla, Takara estaba cuando los límites de las mentiras, Hayami era honesta y lo único que hacia Takara no era más que subyugarla y ningunearla como hacía con Seina, Masumi y Akiko, pero no lo conseguiría, Shisui lo impediría a toda costa, no había podido evitarles semejante disgusto a Seina, Masumi y Akiko, pero si se lo evitaría a Hayami. No aparto la mirada de Hayami, y a juzgar por la palabras de Shisui parecía intacta de cualquier tipo de golpe o castigo…así que su orden no había sido cumplida, era algo verdaderamente lamentable puesto que era el deber del personal del Palacio servirle como cualquier otra Sultan, aún más siendo la Haseki del Príncipe Heredero, ¿Qué creían que hacia al ignorarla? Ella no era cualquier persona, tenía poder y autoridad y eso no podía ni debía ser ignorado, necesitaba hablar con la Sultana Sakura para salir de ese problema, pero desgraciadamente no podía hacer nada más que permanecer allí y defenderse en ese momento.

-Las reglas del Harem son claras, esta mujer me insulto, yo soy tu Haseki- justifico Takara, sabiéndose a salvo por el protocolo que seguía al pie de la letra con tal de ser invulnerable.

-Como le dije alteza, todo son calumnias, yo no hice ni dije nada que pueda considerarse irrespetuoso- se excusó Hayami que aparentemente ya había conseguido convencer a Shisui que su versión de los hechos era la correcta. -Pregunte a todas, todas tienen quejas de la Sultana Takara, si alguna quiere acercarse a usted, ella les hace la vida imposible- culpo observando despectivamente a Takara y defendiendo así la integridad de la Sultana Sakura.

-Alteza…- intento intervenir Takara, en pro de defenderse ya que nadie más lo haría por ella.

-Suficiente, ya no soporto escucharte- corto Shisui, silenciándola. -Eres igual que mi padre, crees que tus decisiones son más justas por tu propio egoísmo-insulto venenosamente, despreciando este actuar y cuyo valor parecía ser obtenido de su padre, el Sultan. -No olvides quien eres y de dónde vienes, recuerda que no eres más que una concubina ucraniana, nada más-desdeño despectivamente y con repulsión.

Hayami no dudo en que lo que estaba haciendo era correcto, en que Shisui merecía hablarle de esa forma a Takara, no era agradable escuchar esas palabras en el sentido tácito de la frase, pero sabía que era justo, humillación por humillación, la Sultana Sakura merecía que le fuera restituida su dignidad a cambio de que la de Takara fuera pisoteada. Esas palabras cargadas de odio no fueron importantes para ella, o al menos no en ese sentido, pero ciertamente si e clavaron en su pecho como una daga, llamándola esclava y ucraniana, esas palabras que tanto detestaba que le fueran adjudicadas. Ya no era la misma esclava que había sido traída al Palacio por los piratas y vendida al Imperio de os Uchiha, había olvidado todo lo referente a su pasado, dispuesta a empezar de nuevo en esta tierra desconocida que había prendido a llamar su hogar, se había jurado llegar a la posición más alta de todas para no volver a ser una víctima de nadie y estando dispuesta a hacer lo que sea para lograrlo, ser humillada de aquella forma no era algo que fuera a permitir.

-¿Considera adecuadas esas palabras para su Haseki que le ha dado un hijo y una hija, aún más frente a una simple prostituta barata?- cuestiono Takara, implicando abiertamente a Hayami, sin reparo alguno.

En ese momento y hablándole a Hayami así, Takara se consideraba a sí misma como alguien invulnerable, era una Sultana y Hayami una burda concubina, nada más, ¿Por qué habría de tener miedo si el Sultan Sasuke y la Sultana Sakura estaban de su lado? Hayami debía de inclinarse ante ella, no lo opuesto. Shisui, que se había resignado o preparado para escuchar que Takara se disculpara, se sintió personalmente ofendido, volteando ver Hayami que se tragó semejante ofensa, bajando la mirada y mordiéndose con disgusto el labio inferior, no le correspondía protestar ante aquellas palabras porque resultaría innecesario, pero ciertamente nadie jamás la había insultado de esa forma ni creía merecerlo, pero eligió que lo mejor en ese momento no era sino guardar silencio. Pero si ella pensaba así, Shisui pensaba de un modo totalmente opuesto; había esperado una disculpa, había esperado que Takara fuese capaz de reconocer su error, pero evidentemente ese no era el caso, justo como su padre Takara creía que si hacia algo estaba bien, que debía de ser comprendida y no contradicha sin importar lo que hiciera, así que—y pensándolo bien—tendría que lidiar con ella del mismo modo en que ella parecía desear se tratada.

-Es obvio que no aprenderás con nada- mascullo Shisui con disgusto, levantando la mirada hacia las doncellas presentes. -Ustedes, retírense- despidió a las doncellas que, reverenciándolo, dejaron la jarra con servet sobre el inmobiliario, procedieron a retirarse. -Esta noche…serás nuestra sirvienta- sentencio en tanto las puertas se cerraron.

Si lo que Takara deseaba era que se le diera a respetar, la única forma—y eso Shisui lo había aprendido de su madre—era aprender personalmente de los errores, y la mejor forma era recordándole que aun cuando fuera una Sultana era un esclava porque no había sido emancipada, ni siquiera podía compararse con Aratani que era una mujer libre y—mediante sus hijas Sumiye y Risa—una Sultana del Imperio Uchiha en todo menos en sangre. Esta vez la expresión de completa confianza y suficiencia se desvaneció por completo del rostro de Takara, como si aquello que estaba escuchando fuera una burla y de hecho lo era de cierto modo, ¿Ella, una Sultana Haseki, designada a ser una sirvienta? No, aquello no estaba permitido, Shisui no podía obligarla a hacer algo semejante. Hayami entreabrió los labios a causa de la sorpresa pese a encontrarse sentada junto a Shisui, había esperado que dijera algo para ayudarla, pero…no, no había llegado siquiera a imaginar que la sentencia a cumplir fuera exigirle u ordenarle que fuera la sirvienta, de ambos.

-Shisui…- intento protestar Takara, deseando que le evitara semejante ofensa

-Muévete- ordeno Shisui, sin desistir de su empeño.

Si lo que Takara quería que hiciera fuera cambiar de opinión, Shisui no pensaba hacerlo y lo manifestó tomando su copa de la mesa—ante la atenta mirada de Hayami y Takara—vaciándola sin cuidado o reparo alguno para que el contenido cayera sobre la alfombra. En ese momento Takara se sintió igual de oprimida de como recordaba haberse sentido al estar en el mercado de esclavos cuando era ofrecida como un animal vender al mejor postor, analizada con ojos críticos y degradada a poco menos que un objeto, alguien sin libertad e individualismo…no podía creer—interinamente, claro, ya que no estaba dispuesta a admitirlo—haber caído tan bajo por culpa de alguien, y ese alguien en ese momento no era otra persona que Hayami. Resignada a sufrir interiormente en ese momento, Takara se mostró indiferente, dirigiéndose hacia el inmobiliario en donde las doncellas habían dejado la jarra con servet que sostuvo contra su cuerpo, regresando hacia la mesa y apretando disimuladamente, con toda su fuerza, el mango de la jarra en espera de así liberar su frustración mientras llenaba la copa de Shisui.

Estaban pisoteando su orgullo, pero eso no se quedaría así...


Hiroshi se mantuvo siente y pensativo mientras aguardaba fuera de los aposento del Príncipe Shisui, tras él y aguardando de igual manera se encontraban las doncellas de la Sultana Takara, a un par de pasos más lejos las doncellas que se habían encontrado en el interior hacía ya mucho tiempo, debía de haber pasado un hora desde que la Sultana Takara había ingresado por la petición del Príncipe Shisui que había solicitado su presencia, pero Hiroshi no alcanzaba a entender porque habían salido las sirvientas o porque es que la Sultan permanecía tanto tiempo allí. Repentinamente escucho el ruido de una serie de golpes contra el interior de la puerta ante lo que los leales jenízaros acudieron en el acto, abriendo las puertas y permitiendo así que al Sultana Takara abandonase la habitación. Evadiendo la mirada de las sirvientas que quizá pensaran en verla burlescamente o decirle algo, Takara se dirigió de forma inmediata hacia Hiroshi que a observo preocupado, lucia visiblemente dolida y le resultó extraño verla voltear para ver que las sirvientas no se estuvieran riendo de ella. Jamás la había visto así y lo peor es que no sabía el motivo tras este comportamiento.

-¿Sultana, está bien?- se preocupó Hiroshi.

-Dile a las sirvientas que mantengan la boca cerrada, nadie puede saber lo que paso esta noche- ordeno Takara con su voz sutilmente quebrada.

No necesitando una respuesta como moneda de cambio ante aquella orden, Takara avanzo por el pasillo siendo inmediatistamente seguida por Hiroshi y sus dos doncellas, quería regresar a sus aposentos, llorar en solitario y dormirse abrazando a su hijo, ¿Porque había tenido que soportar aquella afrenta? Solo se había comportado como se suponía que debía de hacer una Sultana, dándose a respetar, ¿Por qué Hayami parecía ser más valorada repentinamente? La Sultana Sakura tenía que…no, debía hacer algo para ayudarla, era su seguro, ella y el Sultan Sasuke con toda seguridad la ayudarían y le evitarían pasar por algo así por segunda vez. Hiroshi solo podía inferir, por el comportamiento de la Sultana Takara, que Hayami la había acusado por haber ordenado que la castigaran, más algo le decía que esto podía y no podía ser así, pero sentía que algo faltaba para que pudiera comprender su comportamiento tan inusual. Había conocido a la Sultana Takara por años, pero jamás la había visto actuar así, bajo ninguna circunstancia.

-No dirán nada- prometió Hiroshi, dispuesto a intervenir por ella, -pero no sabemos si Hayami mantendrá la boca cerrada, hablará de ello para vanagloriarse- supuso conociendo o juzgando a la favorita del Príncipe Heredero.

Takara detuvo su andar en medio del pasillo, volteando a ver a Hiroshi, sabiendo que podía confiar en él, necesitaba decirle a alguien todo cuanto había tenido que aguantar en ese momento, dentro de los aposentos de Shisui teniéndolo a él y a Hayami como verdugos. Nadie la había regañado o criticado por su forma de actuar desde que había llegado al Palacio, aprendiendo que lo mejor era guardar silencio hasta saber lo suficiente al respecto de algo, ya no era la misma adolescente que había llegado al Palacio desde Urania, era una Sultana y sin embargo su dignidad seguía siendo igual de fácil de pisotear como si no fuera nada, solo algo insignificante, ¿Cómo era posible siquiera que algo así le sucediera? Lo único que deseaba en ese momento y de todo corazón era que Hayami se fuera del Palacio Imperial y estaba decidida a hacer lo que fuera para lograrlo porque su verdadera desdicha había dado inicio desde que había llegado del brazo de Shisui.

-Esa mujer se quejó de mí, Shisui me regaño y obligo a que yo fuera su sirvienta- admitió Takara para horror de Hiroshi que no hubiera sido capaz de imaginar algo así. -Los dos me humillaron como nadie jamás lo había hecho, nadie me llamaba ucraniana desde que llegue a este Palacio, fue denigrante- sollozo, conteniéndose para no parecer débil.

-No se preocupe, Sultana- tranquilizo Hiroshi, esperando serle de cualquier tipo de ayuda. -¿Quién es Hayami? Primero debemos encargarnos de otras cosas y luego será el turno de ella- sosegó, más que dispuesto a enfrentarse ante quien fuera necesario por ella.

-Yo no quiero estar bajo el mismo techo que esa mujer, quiero que se vaya Palacio, ¡ahora mismo!- exigió Takara, fúrica a más no poder.

Siguió con su camino sin voltear ni una sola vez, no quería más excuso lo quería que Hayami se fuera y pronto.


Un nuevo día hubo dado inicio en el Palacio Imperial cuya monotonía era seguida por el trasfondo y sucesión inmutable del tiempo, nada ni nadie parecer verse afectado por esta medida cronológica, era como si todos vivieran en una época de prosperidad eterna, aunque claramente la verdad era otra. Izumi acompaño a su hermano Shisui mientras ambos abandonaban los aposentos de este siendo inmediatamente reverenciados por Yugito que estaba esperándolos. Hayami había acudido muy temprano esa mañana brindándole un excelente animo a su madre al decirle la afrenta hecha a Takara y que la Sultana Sakura agradecía de todo corazón, Izumi no iba a mentir; estaba igual de feliz que su madre por aquel suceso, pero…y eran un gran pero; no era correcto que una Sultana Haseki-aun Takara-fuera agredida de ese modo, no es como si fuera a pedirle a Shisui que se disculpara con Takara, pero solo quería que fuera consciente de que no siempre estaba bien actuar al azar sin pensar en las consecuencias, aun cuando ella deseara haber podido-de todo corazón-ser una mosca en la pared y ser testigo de este suceso.

Tenía que acudir a la reunión del Consejo, esa era la razón por la que su madre le había pedido a Izumi que fuera a verlo tan temprano, y de hecho Shisui se sentía del humor adecuado para hacerlo; Hayami le había comentado la noche anterior que estaba albergando la sospecha de un posible embarazo que esperaba ratificar pronto y que lo hacía inmensamente feliz, justo cuando creía que no podía ser más feliz por tener a Hayami sucedían noticias así, estaba convencido de que significaba algo, solo que aún no alcanzaba a entender del todo lo que era. Por sobre la usual túnica de cuello alto y mangas ajustadas hasta las muñecas, hecha de tafetán gris oscuro, el Príncipe Heredero portaba un elegante Kaftan de seda gris oscuro de cuello en V cerrado por encima del centro del pecho, enmarcado por un grueso cuello que se enmarcaba posteriormente, hecho de terciopelo negro que igualmente decoraba el borde de las cortas mangas hasta la altura de los hombros, errado en el pecho por cuatro botones de oro en caída vertical hasta la altura del abdomen decorados horizontal y paralelamente por cadenas de oro y afianzado a su cuerpo por un fajín de seda color negro con un broche central que replicaba el emblema de los Uchiha y que permitía una elegante ciada de la tela haciendo vistosas las botas de cuero que usaba abajo el atuendo.

Por otra parte y sin dejarse opacar por su galante mellizo, la Sultana Izumi destilaba hermosa en una elegantes pero muy femeninas galas rosa suave de escote corazón cerrado por seis botones de oro que iba desde el escote—enmarcado por hilo de oro y que separaba el centro del corpiño de los laterales—hasta la altura del vientre, los lados del corpiño así como la falda superior y las mangas ajustadas hasta las muñecas—interinamente cerrada por dos botones de oro—estaban bordadas en hilo gris aperlado para replicar diminutas pero hermosas figuras de flores de cerezo oscureciendo la tela en un matiz grisáceo, unas mangas superiores—totalmente isas y desprovistas de bordado alguno—holgadas y abiertas desde los hombros enmarcaban los brazos cubriendo parcialmente las mangas inferiores, y a juego se encontraba un cuello posterior ligeramente alto hecho de seda y encaje ros que enmarcaba el largo cuello de la Sultana. Su largo cabello castaño plagado de rizos estaba elegantemente peinado en una coleta que ciaba sobre su hombro derecho, permitiendo que unos rebeldes pero encantadores rizos escaparan de su peinado y enmarcaran los contornos de su rostro, resaltando así la encantadora corona de oro que emulaba flores de jazmín, ribeteadas en diminutas perlas y diamantes que destellaban con la luz, así como un par de pendientes de cuna de oro en forma de flor de jazmín con tres pequeñas perlas que actuaban a modo de pétalos, y sin joya aluna alrededor de su cuello.

-Izumi, Takara no me dejo otra opción- apremio Shisui obteniendo un bufido de parte de su hermana, -además jamás te has llevado con bien con ella, no sé porque la defiendes- debatió, confundido por su repentino e inentendible acto de defensa en pro de Takara.

-No es por Takara, Shisui, pero el punto es que ella es una Sultana, madre de un Príncipe y encima de ello tu Haseki- discutió Izumi que si bien no sentía aprecio alguno por Takara, reconocía que parte de lo sucedido la noche anterior no estaba bien, -no importa lo que haya hecho, no es correcto forzarla a ser una sirvienta, no puedes romper las reglas de ese modo- regaño, intentando hacerlo comprender su error.

-No sigas, Izumi- pidió Shisui entornando los ojos, -comienzas a sonar como nuestro padre- desdeño.

Gracias a Hayami estaba de buen humor, el apoyo y respaldo de su madre que—al igual que Izumi y un limitado grupo de personas—sabia de las confabulaciones de Takara conseguía sosegarlo, no deseaba llenar su mente de las restrictivas palabras de su padre que apelaba al prestigio Imperial y al deber, su madre siempre le había inculcado que la normas estaban para seguirse puesto que habían sido creadas y estipuladas antes que el nacimiento de ellos y por ende lo correcto era seguirlas, pero aferrándose con ecuanimidad a los sentimientos, no quería ser como su padre y cumplir todo de forma dictatorial, quería mantener sus sentimientos y—si es que llegaba a ser Sultan—seguir siendo quien era ahora, no quería cambiar. Como si le hicieran cosquillas, Izumi no consiguió contener su risa ante aquella comparación, sabía que en ocasiones manifestaba su carácter—como su padre—al dejarse guiar por el protocolo y seguir las reglas, pero no esperaba ser tan obvia; bueno, para evitar asemejarse tanto a su padre, era mejor—entonces—que guardara silencio, al menos por ahora, después de todo…Takara estaba cosechando lo mismo que había sembrado.

-Está bien, si es lo que quieres, no diré nada- accedió Izumi, riendo ante la comparación.

Al menos Shisui era feliz y Takara estaba siendo desenmascarada, peor sería nada.


PD: hola :3 aqui les traigo este nuevo capitulo que a punto estuve de o subir porque tuve que reicinicar mi cmpuador a ultimo minuto y temi que se hubiera borrado, pero afortunadamente no fue así :3 como siempre espero ser capaz de satisfacer sus espectativas :3 la actualización nuevamente esta dedicada a DULCECITO311 (cuyos comentarios adoro y con quien me disculpo de todo corazón:3), asi como a Asch (cuyas palabras ame sinceramente, admitiendo que incluso yo quiero estrangular a Takara, y con respecto a su idea de Sasuke; temor decir que en ocasiones lo que esta roto no puede repararse y eso es lo que pasara entre Shisui y él/pero ademas le pregunto si le gustaría que le dedicase alguno de los posibles nuevos fic y de ser así que nombre cual), y a todos aquellos que siguen la historia en todas sus formas, sin excepción :3 Si tienen alguna sugerencia con respecto a series o películas que quieran como adaptaciones, apreciaría que la aportaran, recordándoles que este fic, y los otros que hago, son por y para ustedes, reiterando parte de los nuevos personaje que comienzan a hacerse presentes, y recordandoles que pueden comentar que fic quieren que inicie de los que ya había planeado :3 los amo, cariños, besos, abrazos y hasta la próxima.

Fics proximos:

-Operación Valkiria (casting y resumen ya hecho, al igual que la portada)

-Sasuke: el Indomable (casting y resumen ya hecho, y la historia ya visualizada, portada ya hecha)

-Cazadores de Sombras (con el prologo y tres primeros capítulos ya hechos, así como la portada)

-Cazadores de Sombras: Los Orígenes (historia ya visualizada, con prologo y portada en proceso)

-El Clan Uchiha (precuela de mi fic "El Sentir de un Uchiha" narrando la infancia de Sasuke e Itachi así como la historia de sus padres :3)

-El Siglo Magnifico: Indra y el Imperio Uchiha (sin casting pero con la historia ya visualizada y la portada ya hecha)

-El Siglo Magnifico: Mito, Mei & Mikoto (casting ya hecho, sin resumen y con la historia ya visualizada)

-La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber (casting y resumen ya hechos, historia visualizada y diseñada en conjunto con la portada y el vestuario)