Baño de Sangre II

Al fin se abre ante mí la gran cámara. El núcleo del Gran Grial. El lugar donde reposan sueños centenarios.

Camino pesadamente la subida hacia el Ten no Sakazuki, el regusto metálico en esta sala es más fuerte que en cualquier otro lugar y a esto se añade un olor que me resulta familiar pero no soy capaz de identificar.

El eco de una voz, seductora y poderosa, se escucha por toda la sala, recitando una interminable letanía en un idioma que no soy capaz de comprender.

Toda la sala retumba con el potente prana en el ambiente, tanto que incluso un novato como yo es capaz de percibirla. Se está llevando a cabo un ritual de alta taumaturgia.

Incluso desde aquí puedo vislumbrar la luminosidad que despiden los círculos mágicos usados en este ritual.

Su color es muy distinto al de la taumaturgia que presencié aquí una vez.

Una potente luz carmesí surge de la cuenca de Ten no Sakazuki, inundando la sala, reflejándose en paredes y techo, dando la sensación de que toda la sala es un ser vivo y pulsante.

La subida merma mis capacidades físicas y mentales, el propio lugar da la sensación de repudiar mi presencia. Siempre me he sentido como un extraño aquí, esto es un santuario sacrosanto, el lugar donde se cierra el círculo que conduce al sueño de los magi.

Pero ahora el lugar es totalmente alienígena, no es algo que pueda explicar con palabras.

Es un lugar más allá de la lógica humana, irrealidad que los sentidos no pueden captar, carne profanada, una copa llena de sangre, locura donde antes reinaba el orden, creación a través de la destrucción, el delirio más allá de la moral.

Cuerpos mutilados se acumulan hasta formar maltrechos pilares. Recubierta por una piel gelatinosa y elástica, allí la carne no reposa. Está en constante movimiento, agitándose, retorciéndose, palpitando…

Parece copular consigo misma en un intento buscar una forma para nacer de nuevo.

El sonido de carne chocando con carne es audible desde aquí, acomodándose a la letanía siendo un instrumento indispensable que la complementa.

El peso de toda esa muerte me abruma, hay tanta muerte aquí que es prácticamente un concepto físico, una niebla que nubla mi mente y mis sentidos.

Allí en el medio de todo ese horror se encuentra cantando serenamente "ella".

Es una mujer hermosa, inhumanamente hermosa. Una vez la has captado con tu vista es imposible dejar de mirarla. Pero no posee la belleza de Sakura capaz de caldear mi corazón ni la belleza inalcanzable de Rider o Saber. Ella posee la fría belleza del lobo acechando una presa o de un gran felino jugando con su comida. Es tan hermosa como la muerte

Ningún tipo de ropa la cubre y ningún tipo de ropa le haría justicia. Nada oculta su desnudez exceptuando su larga melena pelirroja. El líquido rojo la cubre hasta más allá de la cintura y toda su piel esta húmeda por el contacto con el fluido.

El fluido rojo, el agua roja, un mar hecho de sangre que ocupa toda la cuenca de Ten no Sakazuki.

Finalmente ella se percata de mi presencia, interrumpe el cántico y me dirige una sonrisa. No es una sonrisa repugnante ni ella parece llena de furia u odio, es una sonrisa de disfrute natural, como reaccionaría cualquier persona al encontrarse un amigo o al ver que un día es soleado.

"Oh, te he estado esperando, Emiya Shiro. Sabía que serías el primero en llegar."

Su saludo es casual e incluso amistoso. Todos sus movimientos son sensuales y elegantes, su voz es suave y cantarina y todo en ella me resulta atractivo y magnético. No puedo evitar perderme en sus ojos rojos como dos rubíes, su pálida piel y su exuberante cabello.

Su imagen es completamente contraria a la carnicería que la rodea. Si no estuviera viéndolo con mis propios ojos, parecería imposible asociarla con unos actos tan crueles.

"Tú…"

Mi voz está llena de rabia, las palabras se niegan a salir de mi garganta. Me cuesta respirar, siento como mi pecho sube y baja lentamente intentando conseguir oxigeno.

Esta persona…

¿Cómo es capaz de sonreír en medio de toda esta locura?

"¿Quién demonios eres tú? ¿Qué has hecho? ¿Cómo demonios conoces tú mi nombre?"

Tantas preguntas parecen haberla pillado por sorpresa, pero no tarda mucho en componer una sonrisa lobuna. Golpea su cabeza lentamente con un dedo. Aunque mi reacción la pillara por sorpresa inicialmente, se compuso extremadamente rápido, como si lo aceptara como algo propio de la persona con la que está hablando.

Poco a poco va reduciendo la distancia entre nosotros dos. Por ahora no está emitiendo ningún impulso agresivo pero no puedo evitar ponerme tenso.

"Está bien, aún tengo el tiempo suficiente como para hablar contigo, es algo acorde con este marco. Si me lo permites, responderé antes a tu primera pregunta. Tengo un nombre, un nombre muy conocido, pero por supuesto tú no lo puedes conocer, no has recibido ese tipo de educación… Qué problema… Bueno, por ahora creo que podrías considerarme una artista. Sí, eso sería apropiado. Eso también me ayuda a responder a tu segunda pregunta. Esto que ves a mi alrededor, es mi obra de arte."

Hace un gesto grandilocuente envolviendo a toda la caverna.

"¿Qu…?"

Intento articular palabras, pero la confusión y la ira me lo pregunta acaba ahogada en un gruñido gutural.

"Shhhh, no. No, aún es mi turno de hablar, Shiro-kun. Deberías saber que no me gusta nada que me interrumpan mientras estoy hablando."

Su mirada ya no es encantadora y amable sino amenazante. Sus ojos rojos arden como dos soles y me prometen que si una sola palabra escapa de mis labios, moriré.

"En cuanto a la tercera… ¿me preguntas cómo supe quién eras? ¡¿Cómo podría no saberlo cuando toda esta caverna exclama tu gloria?!"

Durante mucho tiempo ella se sumerge en una carcajada de autentico éxtasis. No sé como describirla, siendo sobre todo malvada.

"¿No sabes cuál es la sustancia más cercana al alma que habita en este mundo, Shiro-kun? ¡LA SANGRE! Vosotros los humanos sois demasiado descuidados con vuestra sangre. La sangre puede contar más sobre vuestra historia que vuestro amigo más íntimo. Y vaya una historia tienes, no muchos humanos han vivido tan apasionadamente como tú lo has hecho."

Sus elegantes pasos no se detienen. Preparo todo mi cuerpo para intentar defenderme, algo que ambos sabemos que es algo de lo que no seré capaz.

"¿Qué me puedes decir tú de los humanos? Has masacrado y mutilado a cientos por tu propio beneficio ¿Puedes buscar alguna manera de justificar lo que has hecho?"

Ella se encoje sencillamente de hombros, pero sigue acercándose a mí.

"Mis hechizos cercan a mis enemigos, mis colmillos buscan sus cuellos ¿Se me puede llamar cruel? No, porque ellos no conocían el regalo que era su vida hasta que me encontraron, la suya era una existencia sin brillo y sin valor. Es a través de mí que estas tristes personas alcanzan la trascendencia, sus historias, sus emociones todo lo que los hacía ellos no se pierde al pasar a ser parte de mí. Los humanos deben vivir cada día como si fuera el último, brillan más cuando sus emociones se presentan en su máxima expresión. Tú lo hiciste, ¿verdad? Apostar todo lo que tienes; tus principios, tu moral, tus objetivos, hasta la última chispa de tu vida. Hacer que toda tu existencia arda para alcanzar aquello que más desea tu corazón. Ese es el modo en que los humanos debéis vivir. Eso es el arte después de todo, la manifestación de la emoción mas profunda. Y mi función de artista es sacar al exterior esa emoción."

"¿Qué puedes saber tú sobre lo que conseguí? Te has alejado demasiado de lo que son las raíces de los sentimientos. Lo que yo hice, lo hice por su sonrisa, para que ella pudiera empezar a sonreír. El valor que guarda poder ver su sonrisa… Es algo que tú has perdido la capacidad de comprender."

Extiendo la mano delante de mí, aún puedo sentir su calor entre mis dedos. Tengo que regresar a ella, todo es inútil si no soy capaz de hacerlo.

Ella sólo es capaz de sonreír si me tiene a su lado…

Ante una persona incapaz de comprender todo esto…

"Esto es inútil, sólo eres un monstruo que parece una persona."

Busco las palabras en mi mente.

"Trace On"

¡No puedo perder!

Flexiono mis rodillas para ejecutar un salto que cubra los diez metros que nos separan.

Tengo que actuar antes de que ella sea capaz de reaccionar, mientras todavía no esté preparada para defenderse, cuando aún este convencida de su superioridad.

Desde un principio nunca tuve esa oportunidad.

No hubo encantación. Tan solo una pequeña tonada y un movimiento grácil de su mano. Como la pincelada de un pintor dando forma a su obra, como el golpe de un director de orquesta marcando el ritmo.

Un muro de sangre se interpone entre ella y yo y con una fuerza incontestable, la ola levantada me empuja contra la dura pared de piedra.

Vuelvo a levantarme. Estoy completamente mareado, soy incapaz de distinguir el suelo del techo.

Intento enfocar la mirada en mi rival, pero veo todo casi completamente rojo y no consigo encontrarla. Parpadeo repetidamente hasta que soy capaz de vislumbrar una figura. Ella sigue sin haberse movido un solo centímetro esperando con toda tranquilidad a que sea yo quien ejecute el siguiente movimiento.

"Ugh"

Mi mente esta embotada, hago tres respiraciones lentas antes de analizar la situación.

La sangre me cubre hasta un poco más arriba de la altura del tobillo, y ella ya ha demostrado su capacidad para manipular esta sustancia. No tengo ninguna intención de ver qué otros usos es capaz de darle.

"Trace On"

La encantación sale atropelladamente de mi boca. Los detalles son imprecisos, la estructura frágil y la energía mágica brota de mí sin control, quemando mi cuerpo. Pero no es precisión lo que busco ahora.

En este momento no busco la perfección resonante de las espadas gemelas. Necesito un arma, cualquier arma capaz distraer su atención el tiempo suficiente para darme una apertura.

Lanzo las espadas en trayectorias opuestas. Una dirigida hacia su garganta, otra dirigida hacia su corazón. Mientras tanto, esprinto hacia ella con toda la velocidad que soy capaz ,chapoteando en medio del mar de sangre.

Sus ojos no dejan de estar fijos en mí con una expresión serena pero feroz.

"Muéstrame cuanto puedes aguantar, ratoncito"

No estoy seguro de si esas palabras son dichas en voz alta o son solamente la impresión que transmite su mirada.

Sus manos manipulan la materia a su alrededor, como un alfarero da forma a la simple arcilla. Sus manos se mueven con una calmada cadencia, los dedos finos no dejan de moverse trazando un círculo a su alrededor. El mar se mueve a sus órdenes, con la misma mansedumbre que aparenta la arcilla del alfarero.

Lentamente la corriente de sangre se alza envolviéndola en un abrazo, formando círculos que se elevan hasta completar una esfera. El movimiento de sus manos no se detiene hasta lograr la forma perfecta. Su determinación es absoluta, no se llamó a sí misma artista por casualidad, sino porque es la palabra que define perfectamente su existencia. Cualquier cosa por debajo de la perfección es insuficiente para ella. Ni siquiera la presencia de los filos de las espadas a escasos centímetros la altera.

Cuando su obra está finalmente acabada, cuando su muerte parece inminente, de su boca brota una única y potente nota extremadamente aguda, si hubiéramos tenido un cristal cerca no tengo duda de que se hubiera quebrado en pedazos.

No sólo decir cristales, siento como mis oídos protestan de dolor, como si mi cabeza fuese a explotar en pedazos. Sus cuerdas vocales hacen que pueda sentir hasta el último poro de mi piel. Ese, es el verso de su conjuro.

No siento mis orejas, y mis dedos están entumecidos, como si mis manos estuviesen enterradas en hielo. La escarcha lo cubre todo y la fuerza de la ventisca me fuerza a cerrar los ojos.

Haciendo un esfuerzo supremo, trato de recuperar la vista para ver lo que ha pasado.

Toda mi piel se eriza, y siento hasta la punta de mis cabellos.

Es una esfera formada por hielo macizo, parece una única y perfecta gota de sangre salvo que es completamente sólida e indestructible.

Las espadas caen inertes al suelo, incapaces de penetrar el denso muro helado.

Su poder es abrumador…

No puede perder esta pelea…

Todas mis esperanzas están en ese as bajo la manga…

Mi mente forma la espada que necesito. Esta vez, su estructura es la adecuada.

Su dureza es exacta, su brillo es el mismo.

Ni un centímetro está fuera de orden…

Todos mis circuitos se conectan

¡Solo necesito decir el conjuro!

"¡Trace On!"

Pongo en ella todo mi arte, todo el conocimiento que habita en mi alma hecha de espadas. Lo que se ha manifestado en mi mano derecha es una materialización pura de mi imaginación.

"¡HAAAAAA!"

Avanzo pesadamente hacia ella atravesando el líquido que me llega hasta las rodillas. Me siento completamente empapado, puedo sentir el regusto de la sangre en mi boca, puedo sentir su esencia embotando mi cerebro.

Me encuentro a apenas diez metros de ella. Sólo unos pocos pasos…

Con una elegancia ultraterrena ella eleva sus manos y gira grácilmente sobre sí misma. El giro abarca y dirige todo a su alrededor, los patrones de sus manos marcan ruptura, desunión y luego recomposición.

Al recibir sus órdenes el mar de sangre hierve y se agita, de él comienzan a brotar pequeñas partículas que forman una nube de polvo negra. Puedo percibir la identidad del material, es algo que debo analizar constantemente al llevar a cabo la proyección, el hierro. Antes manejaba la sangre y ahora también sus componentes. No soy capaz de comprender con qué fundamentos mágicos está trabajando este monstruo.

Con el metal extraído de la sangre, forma sus propias hojas mortales, y el último movimiento ondeante de sus manos dirige los infinitos filos hacia mí.

Nada de eso me detendrá. ¡NADA!

Las hojas van directas hacia mí, un ataque sin evasión posible desde todas las direcciones.

"Hum"

Desde el principio no he tenido intención de evadir nada.

Comienzo a reunir energía mágica en el brazo izquierdo y durante un breve instante cierro los ojos.

Mi mente deja de encontrarse en la caverna para trasladarse al infinito campo de espadas.

Ah, eso es, aquí estás. ¡No podrás detenerme tan fácilmente!

El esquema está difuminado, demasiado borroso, no puedo percibir todos los detalles en tan poco tiempo.

"¡Trace On!"

Las palabras surgen de mi boca pero el escudo ya está allí antes incluso de que decirlas. Los pétalos se despliegan a mí alrededor, como dos grandes alas defendiendo mi frente y mis flancos.

Las cuchillas de hierro buscan cada pequeña fisura en mi protección y me asaltan por la espalda como un torrente. Hacen tajos profundos, cortan mi carne y desgarran mis músculos. Pero no importa, no pueden detenerme.

Uno de los pétalos se rompe dejando un flanco descubierto para el enemigo, pero eso tampoco importa. La hoja de Bakuya sigue intacta y yo no me detendré.

Ya solo nos separan dos pasos.

¡La alcanzaré!

"¡HAAAAAAAAAAAAAAA!"

Dejo que el escudo desaparezca en el último momento.

La hoja blanca destella en mi mano.

La pared de sangre es densa y ya la ha defendido una vez de mis ataques, pero…

*¡Crash!*

Bakuya penetra esa barrera de un solo golpe…

El sonido fuerte de cristales rompiéndose en pedazos….

El sonido de mi imagen mental resquebrajándose.

Esquirlas salen volando por todas partes, cegándome. Pero la he alcanzado, lo sé.

Mi cara está llena se salpicaduras de sangre y pedacitos de hielo, pero me obligo a abrir los ojos.

En ese momento, siento una repentina quemadura en la muñeca.

"¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARGHHHHHHHH!"

Su sólo contacto me produce un dolor quebrantador.

No hay sangre ni ningún otro indicador de una herida física, solamente dolor y la sensación de mi carne disolviéndose.

Ella tira aún más del brazo, con fuerza sobrehumana. Poniendo nuestros ojos a la misma altura.

Tiene un profundo tajo que le va desde el hombro hasta casi el estómago, pero no parece importarle.

"Hmm, Emiya Shiro, eres tan magnífico como la leyenda que se ha hecho en tu nombre, justo en este santuario. Es hermoso ver como un héroe es capaz de quemar su vida tan rápido a cambio de gloria. Una pena para ti, claro está."

Con gran velocidad, una de sus piernas me impacta en el pecho, haciéndome volar varios metros hacia atrás.

Presiono los dientes tan fuerte como puedo para resistir el dolor.

Sin quitar la vista de ella, la veo sonreír, realizando otro de sus conjuros, mientras la sangre que hice que derramara vuelve al interior de ella. La herida se cierra sola, como si viera una película en retroceso…

Demonios…Todo lo que he hecho parece totalmente inútil.

Intento volver a levantarme rápidamente, antes de que ella pueda aprovechar el momento para finalizarlo todo en único ataque.

"Agh"

Pero no me quedan suficientes fuerzas. Incapaz de recuperar el aliento caigo patéticamente sobre una rodilla.

Ella no hace más que mirarme con gesto de insatisfacción.

"No, esto no puede seguir así, Emiya Shiro. No puedo seguir permitiéndotelo, no está siendo lo bastante satisfactorio. No puedes desafiarme hechizo contra hechizo, chico, yo he tenido en mis manos la tabla esmeralda. Así no va a funcionar. Pero bueno… sí quizás sí. Después de todo a un artista por lo que se le juzga es por su obra, ¿correcto?"

Ella me da la espalda para observar la deforme abominación.

"Hace poco me dijiste que no podías perdonarme, que cobrarme vidas era algo imperdonable. ¿Entonces, crees que podría expiarme mediante la creación de nueva vida?"

Mientras habla no se gira para mirarme. Con la espalda desnuda hacía mí hace un movimiento de desgarro, como con el que se rasga un arpa

"Emerge ya mi creación, acude a mí desde los océanos del ser. Te he concedido poco tiempo, así que hazlo brillar."

La matriz se rompe y la gigantesca figura cae en el mar de sangre con un estruendoso chapoteo.

Se levanta costosamente, su forma es la de una estatua sacrílega e informe que se eleva más de tres metros sobre el mar de sangre. A su lado el titánico Berserker no le llegaría ni al hombro.

La criatura no es algo que se pudiera esperar de una auto-proclamada artista. No posee belleza alguna desde cualquier punto de vista posible. Su cara no tiene ojos, nariz, boca o pelo, lo único que marca ese rostro en blanco es un desgarro transversal en la piel a través del cual se ve el músculo. La cara parece estar congelada en una sonrisa torcida.

El resto de su cuerpo es igual de extraño. Uno de sus brazos acaba en un muñón del que brotan huesos afilados y el otro una larga garra. Su cuerpo está plagado de protuberancias extrañas y de algunos lugares brota un líquido de color rojo oscuro.

En él no hay simetría, es el resultado de intentar buscar el mayor número de contradicciones en un cuerpo humano. El objetivo de su creación es servir como burla hacia la humanidad. A su alrededor surge un murmullo mudo, demasiadas voces sin boca hablando demasiado bajo para ser escuchadas, pero juntas forman un enjambre enloquecedor.

La criatura intenta dar sus primeros pasos torpemente, buscando el equilibrio con ese cuerpo totalmente descompensado.

Viendo a su criatura dar los primeros pasos hacia mí "ella", la artista, se deja caer perezosamente y allí se queda, simplemente… flotando.

"Bueno, esto debería hacerlo todo más entretenido, por un tiempo al menos."

Poco a poco la bestia va cogiendo confianza en sus propios pasos e inicia una carga hacia mí.

"Entonces, ahora que me encuentro un poco más liberada, no te importa que hablemos para hacer pasar el tiempo un poco más deprisa, ¿verdad, Shiro?"

La mano derecha, la que posee la forma de una maza, pasa a unos escasos centímetros de mi nariz.

Intento evadirla hacia la derecha buscando un punto ciego.

*Splash*

Mi pie falla al pivotar sobre el suelo de la caverna, demasiado resbaladizo ahora que está cubierto de sangre.

"Aunque tampoco espero que me contestes, claro. Me doy perfecta cuenta de que estas más que ocupado."

"¡Trace On!"

Las espadas aparecen, las pongo en forma de "V" invertida, intentando aplacar el golpe que se avecina.

*Crash*

"Uaaaaaaargh…"

La potencia que posee el golpe es inmensa. Lo único que siento en mis dos brazos es un incesante hormigueo y he perdido la respiración. Es como encontrarse entre el yunque y el martillo.

Pero la imagen fraguada en mi mente aguanta, y gracias a eso mi pecho no está aplastado y cubierto de huesos retorcidos.

Antes de que caiga el siguiente golpe hago una voltereta en el suelo, retrocediendo desesperadamente.

"¿Qué opinas de él, Shiro? ¿No es una creación magnífica? Los Einzbern y el viejo Schweinorg crearon esta cámara para que supusiera un paso adelante en la evolución de la humanidad, así que, teniendo esto en mente, yo me he exigido el todo a mí misma para honrar ese esfuerzo."

La garra se extiende hacía mí. Bloqueo con Kansho mientras lanzo a Bakuya en trayectoria hacia su cabeza. El corte realizado es limpio, preciso y mortal.

La herida se cierra prácticamente con la misma velocidad con la que fue abierta.

De lejos puedo oír su risa.

"Ahí no Shiro. ¿No ves que no hay nada?"

Dando otro par de pasos hacia atrás me doy cuenta de que tengo la pared justo detrás de mí. Bakuya cierra el círculo para terminar en mi mano, que la está esperando.

"Hum… ¿De qué estaba hablando? Oh sí, la humanidad. Un tema demasiado grande para ti, desde luego. Quizás demasiado grande incluso para mí, pero está claro que si hubiera que poner un "tema" al conjunto de seres humanos, ese 'motivo' está claro."

El zumbido de mis pensamientos se hace insoportable. Crea interferencias en mi cabeza, en mis ideas, en la fórmula de la estructura. La maza vuelve a caer, las espadas no soportan el peso y se quiebran.

El golpe se descarga en pleno hombro y vuelve mi mundo del revés. Sin ser consciente de como ha pasado exactamente, me encuentro a varios metros de él.

"La mayoría manda."

Un dolor lacerante recorre el lado izquierdo de mi cuerpo. No es un dolor externo, es una sensación lacerante proveniente del interior. Me sorprende comprobar que el brazo sigue operativo, pero lo que más me sorprende…

Es ver espadas surgiendo de mi propia carne.

"Interesante, muy interesante. Eres toda una anomalía, Shiro, ¿lo sabías? En la asociación estarían ansiosos por aplicar el sello a alguien como tú. Uhm, perdóname que divagara, volvamos a centrarnos en el tema del que hablábamos, la voluntad de la mayoría. Es sin duda algo portentoso la fuerza del conglomerado de consciencias humanas…"

El murmullo de pensamientos se eleva en una sola voz, una sola palabra, una sola idea.

La criatura comienza a hacer extraños trazos con sus garras.

"Algo portentoso, sí. Pueden dar forma a los espíritus que los rodean, pueden dar forma al vacío más allá de la nada, pueden arrastrar una idea al plano físico."

La garra trabaja una y otra vez, pequeñas criaturas, poco más que alas y colmillos brotan a cada trazo.

Una nube oscura de pequeños seres que se abalanzan sobre mí.

Pero me ha dado suficiente tiempo. He podido almacenar suficientes esquemas.

"Trace On."

La voz serena y firme.

Una lluvia de espadas cae desde el cielo. Las pequeñas criaturas son masacradas sin piedad e incluso el suelo se quiebra ante mi ataque.

"Sí, una fuerza temible, que le permite incluso elevar a la cuasi divinidad a aquellos que han demostrado ser los más grandes entre ellos. Y, sin embargo es un don apenas utilizado, no es ahí donde radica la verdadera fuerza de la consciencia humana."

Sólo ahora que es demasiado tarde oigo el sonido del chapoteo detrás de mí.

"Es la capacidad de amañar pequeños eventos para que parezcan casualidades. Hacer que esos pequeños 'héroes' que sirven sus intereses acaben siendo victoriosos."

El golpe cae. Demasiado rápido. No puedo moverme para esquivarlo, no puedo hacer nada por bloquearlo. Estoy impotente.

Siento un dolor atroz, después solo la sangre y el duro suelo esperándome.

"Aaaagh."

Se me escapa un débil quejido.

Mi visión está en negro. Ya apenas puedo sentir dolor, he perdido la percepción de mi propio cuerpo. Más allá de la oscuridad puedo seguir escuchando su voz.

"¿Cómo te sientes al enfrentarte a esa fuerza, Shiro? Esa voluntad fría que caza a todo aquel que se le opone. Esa fuerza suprema que…"

"No es suprema, amiga mía. Hay una verdad más alta."

Y entonces, cuando termina de hablar esa nueva voz, comienza un estruendo infernal.

Como si el cielo se desplomara sobre nuestras cabezas.

Baño de Sangre II

Al fin se abre ante mí la gran cámara. El núcleo del Gran Grial. El lugar donde reposan sueños centenarios.

Camino pesadamente la subida hacia el Ten no Sakazuki, el regusto metálico en esta sala es más fuerte que en cualquier otro lugar y a esto se añade un olor que me resulta familiar pero no soy capaz de identificar.

El eco de una voz, seductora y poderosa, se escucha por toda la sala, recitando una interminable letanía en un idioma que no soy capaz de comprender.

Toda la sala retumba con el potente prana en el ambiente, tanto que incluso un novato como yo es capaz de percibirla. Se está llevando a cabo un ritual de alta taumaturgia.

Incluso desde aquí puedo vislumbrar la luminosidad que despiden los círculos mágicos usados en este ritual.

Su color es muy distinto al de la taumaturgia que presencié aquí una vez.

Una potente luz carmesí surge de la cuenca de Ten no Sakazuki, inundando la sala, reflejándose en paredes y techo, dando la sensación de que toda la sala es un ser vivo y pulsante.

La subida merma mis capacidades físicas y mentales, el propio lugar da la sensación de repudiar mi presencia. Siempre me he sentido como un extraño aquí, esto es un santuario sacrosanto, el lugar donde se cierra el círculo que conduce al sueño de los magi.

Pero ahora el lugar es totalmente alienígena, no es algo que pueda explicar con palabras.

Es un lugar más allá de la lógica humana, irrealidad que los sentidos no pueden captar, carne profanada, una copa llena de sangre, locura donde antes reinaba el orden, creación a través de la destrucción, el delirio más allá de la moral.

Cuerpos mutilados se acumulan hasta formar maltrechos pilares. Recubierta por una piel gelatinosa y elástica, allí la carne no reposa. Está en constante movimiento, agitándose, retorciéndose, palpitando…

Parece copular consigo misma en un intento buscar una forma para nacer de nuevo.

El sonido de carne chocando con carne es audible desde aquí, acomodándose a la letanía siendo un instrumento indispensable que la complementa.

El peso de toda esa muerte me abruma, hay tanta muerte aquí que es prácticamente un concepto físico, una niebla que nubla mi mente y mis sentidos.

Allí en el medio de todo ese horror se encuentra cantando serenamente "ella".

Es una mujer hermosa, inhumanamente hermosa. Una vez la has captado con tu vista es imposible dejar de mirarla. Pero no posee la belleza de Sakura capaz de caldear mi corazón ni la belleza inalcanzable de Rider o Saber. Ella posee la fría belleza del lobo acechando una presa o de un gran felino jugando con su comida. Es tan hermosa como la muerte

Ningún tipo de ropa la cubre y ningún tipo de ropa le haría justicia. Nada oculta su desnudez exceptuando su larga melena pelirroja. El líquido rojo la cubre hasta más allá de la cintura y toda su piel esta húmeda por el contacto con el fluido.

El fluido rojo, el agua roja, un mar hecho de sangre que ocupa toda la cuenca de Ten no Sakazuki.

Finalmente ella se percata de mi presencia, interrumpe el cántico y me dirige una sonrisa. No es una sonrisa repugnante ni ella parece llena de furia u odio, es una sonrisa de disfrute natural, como reaccionaría cualquier persona al encontrarse un amigo o al ver que un día es soleado.

"Oh, te he estado esperando, Emiya Shiro. Sabía que serías el primero en llegar."

Su saludo es casual e incluso amistoso. Todos sus movimientos son sensuales y elegantes, su voz es suave y cantarina y todo en ella me resulta atractivo y magnético. No puedo evitar perderme en sus ojos rojos como dos rubíes, su pálida piel y su exuberante cabello.

Su imagen es completamente contraria a la carnicería que la rodea. Si no estuviera viéndolo con mis propios ojos, parecería imposible asociarla con unos actos tan crueles.

"Tú…"

Mi voz está llena de rabia, las palabras se niegan a salir de mi garganta. Me cuesta respirar, siento como mi pecho sube y baja lentamente intentando conseguir oxigeno.

Esta persona…

¿Cómo es capaz de sonreír en medio de toda esta locura?

"¿Quién demonios eres tú? ¿Qué has hecho? ¿Cómo demonios conoces tú mi nombre?"

Tantas preguntas parecen haberla pillado por sorpresa, pero no tarda mucho en componer una sonrisa lobuna. Golpea su cabeza lentamente con un dedo. Aunque mi reacción la pillara por sorpresa inicialmente, se compuso extremadamente rápido, como si lo aceptara como algo propio de la persona con la que está hablando.

Poco a poco va reduciendo la distancia entre nosotros dos. Por ahora no está emitiendo ningún impulso agresivo pero no puedo evitar ponerme tenso.

"Está bien, aún tengo el tiempo suficiente como para hablar contigo, es algo acorde con este marco. Si me lo permites, responderé antes a tu primera pregunta. Tengo un nombre, un nombre muy conocido, pero por supuesto tú no lo puedes conocer, no has recibido ese tipo de educación… Qué problema… Bueno, por ahora creo que podrías considerarme una artista. Sí, eso sería apropiado. Eso también me ayuda a responder a tu segunda pregunta. Esto que ves a mi alrededor, es mi obra de arte."

Hace un gesto grandilocuente envolviendo a toda la caverna.

"¿Qu…?"

Intento articular palabras, pero la confusión y la ira me lo pregunta acaba ahogada en un gruñido gutural.

"Shhhh, no. No, aún es mi turno de hablar, Shiro-kun. Deberías saber que no me gusta nada que me interrumpan mientras estoy hablando."

Su mirada ya no es encantadora y amable sino amenazante. Sus ojos rojos arden como dos soles y me prometen que si una sola palabra escapa de mis labios, moriré.

"En cuanto a la tercera… ¿me preguntas cómo supe quién eras? ¡¿Cómo podría no saberlo cuando toda esta caverna exclama tu gloria?!"

Durante mucho tiempo ella se sumerge en una carcajada de autentico éxtasis. No sé como describirla, siendo sobre todo malvada.

"¿No sabes cuál es la sustancia más cercana al alma que habita en este mundo, Shiro-kun? ¡LA SANGRE! Vosotros los humanos sois demasiado descuidados con vuestra sangre. La sangre puede contar más sobre vuestra historia que vuestro amigo más íntimo. Y vaya una historia tienes, no muchos humanos han vivido tan apasionadamente como tú lo has hecho."

Sus elegantes pasos no se detienen. Preparo todo mi cuerpo para intentar defenderme, algo que ambos sabemos que es algo de lo que no seré capaz.

"¿Qué me puedes decir tú de los humanos? Has masacrado y mutilado a cientos por tu propio beneficio ¿Puedes buscar alguna manera de justificar lo que has hecho?"

Ella se encoje sencillamente de hombros, pero sigue acercándose a mí.

"Mis hechizos cercan a mis enemigos, mis colmillos buscan sus cuellos ¿Se me puede llamar cruel? No, porque ellos no conocían el regalo que era su vida hasta que me encontraron, la suya era una existencia sin brillo y sin valor. Es a través de mí que estas tristes personas alcanzan la trascendencia, sus historias, sus emociones todo lo que los hacía ellos no se pierde al pasar a ser parte de mí. Los humanos deben vivir cada día como si fuera el último, brillan más cuando sus emociones se presentan en su máxima expresión. Tú lo hiciste, ¿verdad? Apostar todo lo que tienes; tus principios, tu moral, tus objetivos, hasta la última chispa de tu vida. Hacer que toda tu existencia arda para alcanzar aquello que más desea tu corazón. Ese es el modo en que los humanos debéis vivir. Eso es el arte después de todo, la manifestación de la emoción mas profunda. Y mi función de artista es sacar al exterior esa emoción."

"¿Qué puedes saber tú sobre lo que conseguí? Te has alejado demasiado de lo que son las raíces de los sentimientos. Lo que yo hice, lo hice por su sonrisa, para que ella pudiera empezar a sonreír. El valor que guarda poder ver su sonrisa… Es algo que tú has perdido la capacidad de comprender."

Extiendo la mano delante de mí, aún puedo sentir su calor entre mis dedos. Tengo que regresar a ella, todo es inútil si no soy capaz de hacerlo.

Ella sólo es capaz de sonreír si me tiene a su lado…

Ante una persona incapaz de comprender todo esto…

"Esto es inútil, sólo eres un monstruo que parece una persona."

Busco las palabras en mi mente.

"Trace On"

¡No puedo perder!

Flexiono mis rodillas para ejecutar un salto que cubra los diez metros que nos separan.

Tengo que actuar antes de que ella sea capaz de reaccionar, mientras todavía no esté preparada para defenderse, cuando aún este convencida de su superioridad.

Desde un principio nunca tuve esa oportunidad.

No hubo encantación. Tan solo una pequeña tonada y un movimiento grácil de su mano. Como la pincelada de un pintor dando forma a su obra, como el golpe de un director de orquesta marcando el ritmo.

Un muro de sangre se interpone entre ella y yo y con una fuerza incontestable, la ola levantada me empuja contra la dura pared de piedra.

Vuelvo a levantarme. Estoy completamente mareado, soy incapaz de distinguir el suelo del techo.

Intento enfocar la mirada en mi rival, pero veo todo casi completamente rojo y no consigo encontrarla. Parpadeo repetidamente hasta que soy capaz de vislumbrar una figura. Ella sigue sin haberse movido un solo centímetro esperando con toda tranquilidad a que sea yo quien ejecute el siguiente movimiento.

"Ugh"

Mi mente esta embotada, hago tres respiraciones lentas antes de analizar la situación.

La sangre me cubre hasta un poco más arriba de la altura del tobillo, y ella ya ha demostrado su capacidad para manipular esta sustancia. No tengo ninguna intención de ver qué otros usos es capaz de darle.

"Trace On"

La encantación sale atropelladamente de mi boca. Los detalles son imprecisos, la estructura frágil y la energía mágica brota de mí sin control, quemando mi cuerpo. Pero no es precisión lo que busco ahora.

En este momento no busco la perfección resonante de las espadas gemelas. Necesito un arma, cualquier arma capaz distraer su atención el tiempo suficiente para darme una apertura.

Lanzo las espadas en trayectorias opuestas. Una dirigida hacia su garganta, otra dirigida hacia su corazón. Mientras tanto, esprinto hacia ella con toda la velocidad que soy capaz ,chapoteando en medio del mar de sangre.

Sus ojos no dejan de estar fijos en mí con una expresión serena pero feroz.

"Muéstrame cuanto puedes aguantar, ratoncito"

No estoy seguro de si esas palabras son dichas en voz alta o son solamente la impresión que transmite su mirada.

Sus manos manipulan la materia a su alrededor, como un alfarero da forma a la simple arcilla. Sus manos se mueven con una calmada cadencia, los dedos finos no dejan de moverse trazando un círculo a su alrededor. El mar se mueve a sus órdenes, con la misma mansedumbre que aparenta la arcilla del alfarero.

Lentamente la corriente de sangre se alza envolviéndola en un abrazo, formando círculos que se elevan hasta completar una esfera. El movimiento de sus manos no se detiene hasta lograr la forma perfecta. Su determinación es absoluta, no se llamó a sí misma artista por casualidad, sino porque es la palabra que define perfectamente su existencia. Cualquier cosa por debajo de la perfección es insuficiente para ella. Ni siquiera la presencia de los filos de las espadas a escasos centímetros la altera.

Cuando su obra está finalmente acabada, cuando su muerte parece inminente, de su boca brota una única y potente nota extremadamente aguda, si hubiéramos tenido un cristal cerca no tengo duda de que se hubiera quebrado en pedazos.

No sólo decir cristales, siento como mis oídos protestan de dolor, como si mi cabeza fuese a explotar en pedazos. Sus cuerdas vocales hacen que pueda sentir hasta el último poro de mi piel. Ese, es el verso de su conjuro.

No siento mis orejas, y mis dedos están entumecidos, como si mis manos estuviesen enterradas en hielo. La escarcha lo cubre todo y la fuerza de la ventisca me fuerza a cerrar los ojos.

Haciendo un esfuerzo supremo, trato de recuperar la vista para ver lo que ha pasado.

Toda mi piel se eriza, y siento hasta la punta de mis cabellos.

Es una esfera formada por hielo macizo, parece una única y perfecta gota de sangre salvo que es completamente sólida e indestructible.

Las espadas caen inertes al suelo, incapaces de penetrar el denso muro helado.

Su poder es abrumador…

No puede perder esta pelea…

Todas mis esperanzas están en ese as bajo la manga…

Mi mente forma la espada que necesito. Esta vez, su estructura es la adecuada.

Su dureza es exacta, su brillo es el mismo.

Ni un centímetro está fuera de orden…

Todos mis circuitos se conectan

¡Solo necesito decir el conjuro!

"¡Trace On!"

Pongo en ella todo mi arte, todo el conocimiento que habita en mi alma hecha de espadas. Lo que se ha manifestado en mi mano derecha es una materialización pura de mi imaginación.

"¡HAAAAAA!"

Avanzo pesadamente hacia ella atravesando el líquido que me llega hasta las rodillas. Me siento completamente empapado, puedo sentir el regusto de la sangre en mi boca, puedo sentir su esencia embotando mi cerebro.

Me encuentro a apenas diez metros de ella. Sólo unos pocos pasos…

Con una elegancia ultraterrena ella eleva sus manos y gira grácilmente sobre sí misma. El giro abarca y dirige todo a su alrededor, los patrones de sus manos marcan ruptura, desunión y luego recomposición.

Al recibir sus órdenes el mar de sangre hierve y se agita, de él comienzan a brotar pequeñas partículas que forman una nube de polvo negra. Puedo percibir la identidad del material, es algo que debo analizar constantemente al llevar a cabo la proyección, el hierro. Antes manejaba la sangre y ahora también sus componentes. No soy capaz de comprender con qué fundamentos mágicos está trabajando este monstruo.

Con el metal extraído de la sangre, forma sus propias hojas mortales, y el último movimiento ondeante de sus manos dirige los infinitos filos hacia mí.

Nada de eso me detendrá. ¡NADA!

Las hojas van directas hacia mí, un ataque sin evasión posible desde todas las direcciones.

"Hum"

Desde el principio no he tenido intención de evadir nada.

Comienzo a reunir energía mágica en el brazo izquierdo y durante un breve instante cierro los ojos.

Mi mente deja de encontrarse en la caverna para trasladarse al infinito campo de espadas.

Ah, eso es, aquí estás. ¡No podrás detenerme tan fácilmente!

El esquema está difuminado, demasiado borroso, no puedo percibir todos los detalles en tan poco tiempo.

"¡Trace On!"

Las palabras surgen de mi boca pero el escudo ya está allí antes incluso de que decirlas. Los pétalos se despliegan a mí alrededor, como dos grandes alas defendiendo mi frente y mis flancos.

Las cuchillas de hierro buscan cada pequeña fisura en mi protección y me asaltan por la espalda como un torrente. Hacen tajos profundos, cortan mi carne y desgarran mis músculos. Pero no importa, no pueden detenerme.

Uno de los pétalos se rompe dejando un flanco descubierto para el enemigo, pero eso tampoco importa. La hoja de Bakuya sigue intacta y yo no me detendré.

Ya solo nos separan dos pasos.

¡La alcanzaré!

"¡HAAAAAAAAAAAAAAA!"

Dejo que el escudo desaparezca en el último momento.

La hoja blanca destella en mi mano.

La pared de sangre es densa y ya la ha defendido una vez de mis ataques, pero…

*¡Crash!*

Bakuya penetra esa barrera de un solo golpe…

El sonido fuerte de cristales rompiéndose en pedazos….

El sonido de mi imagen mental resquebrajándose.

Esquirlas salen volando por todas partes, cegándome. Pero la he alcanzado, lo sé.

Mi cara está llena se salpicaduras de sangre y pedacitos de hielo, pero me obligo a abrir los ojos.

En ese momento, siento una repentina quemadura en la muñeca.

"¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARGHHHHHHHH!"

Su sólo contacto me produce un dolor quebrantador.

No hay sangre ni ningún otro indicador de una herida física, solamente dolor y la sensación de mi carne disolviéndose.

Ella tira aún más del brazo, con fuerza sobrehumana. Poniendo nuestros ojos a la misma altura.

Tiene un profundo tajo que le va desde el hombro hasta casi el estómago, pero no parece importarle.

"Hmm, Emiya Shiro, eres tan magnífico como la leyenda que se ha hecho en tu nombre, justo en este santuario. Es hermoso ver como un héroe es capaz de quemar su vida tan rápido a cambio de gloria. Una pena para ti, claro está."

Con gran velocidad, una de sus piernas me impacta en el pecho, haciéndome volar varios metros hacia atrás.

Presiono los dientes tan fuerte como puedo para resistir el dolor.

Sin quitar la vista de ella, la veo sonreír, realizando otro de sus conjuros, mientras la sangre que hice que derramara vuelve al interior de ella. La herida se cierra sola, como si viera una película en retroceso…

Demonios…Todo lo que he hecho parece totalmente inútil.

Intento volver a levantarme rápidamente, antes de que ella pueda aprovechar el momento para finalizarlo todo en único ataque.

"Agh"

Pero no me quedan suficientes fuerzas. Incapaz de recuperar el aliento caigo patéticamente sobre una rodilla.

Ella no hace más que mirarme con gesto de insatisfacción.

"No, esto no puede seguir así, Emiya Shiro. No puedo seguir permitiéndotelo, no está siendo lo bastante satisfactorio. No puedes desafiarme hechizo contra hechizo, chico, yo he tenido en mis manos la tabla esmeralda. Así no va a funcionar. Pero bueno… sí quizás sí. Después de todo a un artista por lo que se le juzga es por su obra, ¿correcto?"

Ella me da la espalda para observar la deforme abominación.

"Hace poco me dijiste que no podías perdonarme, que cobrarme vidas era algo imperdonable. ¿Entonces, crees que podría expiarme mediante la creación de nueva vida?"

Mientras habla no se gira para mirarme. Con la espalda desnuda hacía mí hace un movimiento de desgarro, como con el que se rasga un arpa

"Emerge ya mi creación, acude a mí desde los océanos del ser. Te he concedido poco tiempo, así que hazlo brillar."

La matriz se rompe y la gigantesca figura cae en el mar de sangre con un estruendoso chapoteo.

Se levanta costosamente, su forma es la de una estatua sacrílega e informe que se eleva más de tres metros sobre el mar de sangre. A su lado el titánico Berserker no le llegaría ni al hombro.

La criatura no es algo que se pudiera esperar de una auto-proclamada artista. No posee belleza alguna desde cualquier punto de vista posible. Su cara no tiene ojos, nariz, boca o pelo, lo único que marca ese rostro en blanco es un desgarro transversal en la piel a través del cual se ve el músculo. La cara parece estar congelada en una sonrisa torcida.

El resto de su cuerpo es igual de extraño. Uno de sus brazos acaba en un muñón del que brotan huesos afilados y el otro una larga garra. Su cuerpo está plagado de protuberancias extrañas y de algunos lugares brota un líquido de color rojo oscuro.

En él no hay simetría, es el resultado de intentar buscar el mayor número de contradicciones en un cuerpo humano. El objetivo de su creación es servir como burla hacia la humanidad. A su alrededor surge un murmullo mudo, demasiadas voces sin boca hablando demasiado bajo para ser escuchadas, pero juntas forman un enjambre enloquecedor.

La criatura intenta dar sus primeros pasos torpemente, buscando el equilibrio con ese cuerpo totalmente descompensado.

Viendo a su criatura dar los primeros pasos hacia mí "ella", la artista, se deja caer perezosamente y allí se queda, simplemente… flotando.

"Bueno, esto debería hacerlo todo más entretenido, por un tiempo al menos."

Poco a poco la bestia va cogiendo confianza en sus propios pasos e inicia una carga hacia mí.

"Entonces, ahora que me encuentro un poco más liberada, no te importa que hablemos para hacer pasar el tiempo un poco más deprisa, ¿verdad, Shiro?"

La mano derecha, la que posee la forma de una maza, pasa a unos escasos centímetros de mi nariz.

Intento evadirla hacia la derecha buscando un punto ciego.

*Splash*

Mi pie falla al pivotar sobre el suelo de la caverna, demasiado resbaladizo ahora que está cubierto de sangre.

"Aunque tampoco espero que me contestes, claro. Me doy perfecta cuenta de que estas más que ocupado."

"¡Trace On!"

Las espadas aparecen, las pongo en forma de "V" invertida, intentando aplacar el golpe que se avecina.

*Crash*

"Uaaaaaaargh…"

La potencia que posee el golpe es inmensa. Lo único que siento en mis dos brazos es un incesante hormigueo y he perdido la respiración. Es como encontrarse entre el yunque y el martillo.

Pero la imagen fraguada en mi mente aguanta, y gracias a eso mi pecho no está aplastado y cubierto de huesos retorcidos.

Antes de que caiga el siguiente golpe hago una voltereta en el suelo, retrocediendo desesperadamente.

"¿Qué opinas de él, Shiro? ¿No es una creación magnífica? Los Einzbern y el viejo Schweinorg crearon esta cámara para que supusiera un paso adelante en la evolución de la humanidad, así que, teniendo esto en mente, yo me he exigido el todo a mí misma para honrar ese esfuerzo."

La garra se extiende hacía mí. Bloqueo con Kansho mientras lanzo a Bakuya en trayectoria hacia su cabeza. El corte realizado es limpio, preciso y mortal.

La herida se cierra prácticamente con la misma velocidad con la que fue abierta.

De lejos puedo oír su risa.

"Ahí no Shiro. ¿No ves que no hay nada?"

Dando otro par de pasos hacia atrás me doy cuenta de que tengo la pared justo detrás de mí. Bakuya cierra el círculo para terminar en mi mano, que la está esperando.

"Hum… ¿De qué estaba hablando? Oh sí, la humanidad. Un tema demasiado grande para ti, desde luego. Quizás demasiado grande incluso para mí, pero está claro que si hubiera que poner un "tema" al conjunto de seres humanos, ese 'motivo' está claro."

El zumbido de mis pensamientos se hace insoportable. Crea interferencias en mi cabeza, en mis ideas, en la fórmula de la estructura. La maza vuelve a caer, las espadas no soportan el peso y se quiebran.

El golpe se descarga en pleno hombro y vuelve mi mundo del revés. Sin ser consciente de como ha pasado exactamente, me encuentro a varios metros de él.

"La mayoría manda."

Un dolor lacerante recorre el lado izquierdo de mi cuerpo. No es un dolor externo, es una sensación lacerante proveniente del interior. Me sorprende comprobar que el brazo sigue operativo, pero lo que más me sorprende…

Es ver espadas surgiendo de mi propia carne.

"Interesante, muy interesante. Eres toda una anomalía, Shiro, ¿lo sabías? En la asociación estarían ansiosos por aplicar el sello a alguien como tú. Uhm, perdóname que divagara, volvamos a centrarnos en el tema del que hablábamos, la voluntad de la mayoría. Es sin duda algo portentoso la fuerza del conglomerado de consciencias humanas…"

El murmullo de pensamientos se eleva en una sola voz, una sola palabra, una sola idea.

La criatura comienza a hacer extraños trazos con sus garras.

"Algo portentoso, sí. Pueden dar forma a los espíritus que los rodean, pueden dar forma al vacío más allá de la nada, pueden arrastrar una idea al plano físico."

La garra trabaja una y otra vez, pequeñas criaturas, poco más que alas y colmillos brotan a cada trazo.

Una nube oscura de pequeños seres que se abalanzan sobre mí.

Pero me ha dado suficiente tiempo. He podido almacenar suficientes esquemas.

"Trace On."

La voz serena y firme.

Una lluvia de espadas cae desde el cielo. Las pequeñas criaturas son masacradas sin piedad e incluso el suelo se quiebra ante mi ataque.

"Sí, una fuerza temible, que le permite incluso elevar a la cuasi divinidad a aquellos que han demostrado ser los más grandes entre ellos. Y, sin embargo es un don apenas utilizado, no es ahí donde radica la verdadera fuerza de la consciencia humana."

Sólo ahora que es demasiado tarde oigo el sonido del chapoteo detrás de mí.

"Es la capacidad de amañar pequeños eventos para que parezcan casualidades. Hacer que esos pequeños 'héroes' que sirven sus intereses acaben siendo victoriosos."

El golpe cae. Demasiado rápido. No puedo moverme para esquivarlo, no puedo hacer nada por bloquearlo. Estoy impotente.

Siento un dolor atroz, después solo la sangre y el duro suelo esperándome.

"Aaaagh."

Se me escapa un débil quejido.

Mi visión está en negro. Ya apenas puedo sentir dolor, he perdido la percepción de mi propio cuerpo. Más allá de la oscuridad puedo seguir escuchando su voz.

"¿Cómo te sientes al enfrentarte a esa fuerza, Shiro? Esa voluntad fría que caza a todo aquel que se le opone. Esa fuerza suprema que…"

"No es suprema, amiga mía. Hay una verdad más alta."

Y entonces, cuando termina de hablar esa nueva voz, comienza un estruendo infernal.

Como si el cielo se desplomara sobre nuestras cabezas.