-La historia es de mi completa autoria más esta ligeramente basada en la segunda temporada de la serie "Kósem La Sultana" producida por Timur Savci y ahora protagonizada por Nurgül Yeşilçay (Sultana Kösem), Tugay Mercan (Sultan Ibrahim I) y Hande Doğandemir (Sultana Turhan Hatice). Los personajes son propiedad de Masashi Kishimoto, más su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta para la dramatización de la historia.
Capítulo 48
El silencio más absoluto reinaba en los pasillos del Palacio Imperial que erra silentemente recorrido en dirección a los Kafer, había pasado media semana desde la proclamación en que el pequeño Itachi había sido declarado nuevo Príncipe Heredero del Imperio, pero eso no eliminaba a ningún enemigo sino más bien todo lo contrario porque este niño tan joven e inexperto bien podía ser perfectamente manipulado por quienes se encontraban a su alrededor, entre ellos su venenosa madre la Sultana Takara, por primera vez en mucho tiempo ya nada era seguro de ninguna forma, más aun así se respiraba una especie de calma en el aire, pero no cualquier tipo de calma, esa era la calma antes de la tormenta, esa sensación de que algo tendría lugar de un momento a otro pero de momento nadie podía predecir lo que sucedería ni tampoco deseaba albergar ideas negativas porque aquello significaría estropear rotundamente la paz de la que quizás, los miembros de la familia Imperial, estuvieran disfrutando a sus anchas luego de tantas batallas a librar con anterioridad. Las escasas ventanas o balcones daban testimonio de la infaltable noche, completamente sumida en penumbras y cuyos nubarrones parecían ocultar por completo todas las estrellas del firmamento y la misma luna, como había sucedido desde el primer día en que el Príncipe Shisui había sido sometido a aquel enclaustramiento prácticamente indigno de la posición que ostentaba sin importar que tipo de desmanes de carácter frívolo hubiera cometido, a entender de la sociedad cortesana nada justificaba ese castigo y ciertamente ya habían personas o facciones que planeaban cambiar el curso de las cosas.
La inocencia; ese era el titulo con el que se me conocía tanto, lo que me arrebataron las adversidades y las sangrientas luchas que presencie, en silencio y acompañada por dos de sus doncellas únicamente hasta el umbral del pasillo, la Sultana Sakura continuo en solitario su trayecto hacia el interior del ala conocida como los Kafer. Ahora me duele recordar todo lo que viví, todo lo que permanece en mi memoria, la felicidad más grande destruida y convertida en tristeza, en dolor, en sufrimiento, nada en su rostro precia reflejar ninguna emoción salvo su apatía y tristeza que jamás conseguía desaparecer y que llevaba cargando desde hace ya mucho tiempo. Dicen que lo que se recuerda de ti es la forma en que mueres, ¿será eso cierto? El destino puede hacer que todo lo que en un momento fue glorioso y magnifico, termine en un sangriento desastre…
En cuanto los guardias le abrieron las puertas es que la Sultana Haseki hubo hecho ingreso al ala central de los Kafer y cuyas habitaciones se encontraban vacías, todas salvo una que era devotamente custodiada por dos leales escoltas jenízaros que la hubieron reverenciado nada más hubiera aparecido. Había abandonado los aposentos del Sultan donde había pasado la noche, como siempre, por lo cual no había meditado siquiera en cambiar el camisón de seda y gasa blanca—de escote redondo perfectamente calzado a su figura y mangas ajustadas hasta los codos que se volvían holgadas y acampanadas—parcial y recatadamente ocultado o camuflado por una chaqueta metálica verde-grisáceo de mangas cortas y ajustadas hasta los codos, cuello alto y redondo que se cerraba en el centro del pecho por nueve botones de plata hasta la altura del vientre donde la tela se abría para crear una falda, como si se tratase de un vestido. Como en pocas ocasiones y sin restricción alguna es que sus largos rizos rosados caían perfectamente tras su espalda y sobre su hombro derecho, apena y cubiertos por un velo rosa claro que oscilaba su espalda, más por formalismo que por deseo propio. Era casi media noche y aun así Sakura no conseguía encontrar sosiego alguno que le permitiera dormir ni siquiera un instante, así había sido desde el enclaustramiento de su hijo y esta vez por fin tenia oportunidad para acudir a su lado, por fin tenía el coraje suficiente, era tarde, por supuesto y su vestir lo evidenciaba sin lugar a dudas, pero quería dedicarle su atención a Shisui en ese momento.
Una mujer ejerce muchos títulos y roles en su vida, y es distinta en cada etapa; primero es una niña, una mujer, una madre, y si es inteligente, y una devota súbdita de Kami; podrá ser Sultana, en otra situación no pensaría en rememorar las palabras de la Sultana Mito, su peor enemiga, pero ciertamente había sido la única enseñanza positiva que le había dejado en la vida. Yo viví todo eso, pero…¿por cuál de esos títulos será por el que más se me recuerde?, ¿Cuál me describe mejor?, ¿Cómo seré recordada al pasar de los siglos?, se aventuró cuestionar pese a no creer que alguien pudiera ser benevolente y juzgar su vida como una tragedia griega, quizá en el futuro no dudarían en verla como a una villana, pero la verdad solo ella la sabía y ese era su consuelo, ¿Cómo la inocente esclava griega que cedió al amor del Sultan Sasuke y vivió lo inimaginable?, ¿Cómo la madre del Sultan Baru, madre del Príncipe Daisuke y del príncipe Shisui, de los asesinados Príncipes Rai, Kagami e Itachi?, ¿Cómo la mujer que mantuvo al Imperio en pie siendo caritativa y demostrándole amor al pueblo?, ¿O la mujer que por el bien del Sultanato tolero llorando en silencio las muerte de todos sus hijos, todo por el hombre que amaba?, no sabía que clase de imagen fuera conocida de ella en el futuro, pero si ya en la actualidad desprestigiaba su imagen, claramente continuarían haciéndolo cuando ella hubiera desaparecido, era imposible detener lo inevitable, y desde hace ya muchísimo tiempo es que estaba resignada a ello.
Consciente o inconscientemente es que los pensamientos de la Haseki del Sultan del mundo fueron interrumpidos por la veloz aparición de su hija, la Sultana Izumi, que hizo acto de aparición visiblemente agitada. Justo como su progenitora, Izumi haba abandonado sus aposentos únicamente vistiendo un sencillo camisón azul claro de escote corazón ribeteado en encaje en el borde del escote, cerrado por tres botones de perla desde el escote al busto, plenamente detallado a su figura y de mangas gitanas únicamente ajustadas a las muñecas; por sobre el camisón y para ocultar su impropia apariencia es que portaba una elegante capa de tafetán y satín azul grisáceo-oscuro ribeteado en encaje dorado en el cuello alto y cerrado, el doble de la capa en la mitad del pecho y el dobladillo de la caída de la tela y la abertura de las mangas por donde asomaban las mangas de su camisón. Su largo cabello castaño caía libremente sobre sus hombros y tras su espalda en ahormados y cadenciosos rizos, muy ligeramente cubiertos por un velo azul que oscilaba tras su espalda por el debido formalismo. Ser madre era—ya sea que se fuera esclava, sirvienta o Sultana—una labor muy compleja sin importar que los hombres en ocasiones dieran por sentado que era el único rol para las mujeres—algo totalmente erróneo teniendo en cuenta la influencia política y autocrática que se podía obtener-; era un verdadero trabajo porque no era nada fácil, sus actos se verían futuramente reflejados en sus hijas Kohana y Hana, había aprendido de su madre e Izumi esperaba estar ejerciendo bien su rol, eso la proveía de satisfacción, eso y el amor de su esposo.
-Izumi- saludo Sakura, infinitamente agradecida al contar con el apoyo de su hija en aquel momento.
-Madre- reverencio la pelicastaña, acallando una carcajada al apenas y conseguir recuperar el aliento en el proceso, -lamento la demora, pero Kohana y Hana no conseguían dormirse- se disculpó, ya que su intención no había sido comportarse como una irresponsable.
-Descuida- sonrió la Haseki empáticamente.
No podía culpar a Izumi de nada, ella había tenido que criar continuamente a todos su hijos y optado voluntariamente de la tradicional idea de desistir de una nodriza o niñera, se había dedicado en cuerpo y alma a ellos y por lo mismo es que acarreaba sobre si semejante tristeza, porque una madre debía pasar tiempo con sus hijos, conociéndolos y amándolos con la pureza que solo una madre podía sentir al amar a sus hijos y estando dispuesta a dar todo por ellos de ser preciso, si ella perdiera a Shisui…Kami, no sabía que haría, ya desde la muerte de Daisuke hace seis años es que no era la misma, no quería imaginar que sería de su mundo y todo cuanto amaba si perdiera a Shisui, ni siquiera quería imaginarlo porque o pensaba permitirlo. Kohana ya tenía diez años y Hana nueve, quizá recibieran la educación que se esperaba para las Sultanas de la siguiente generación, más aun así eran niñas inquietas y traviesas que si bien eran estudiantes perfectas…distaban mucho de lo esperable en cuanto a protocolo, aunque Izumi no podía culparlas pese a lo estricta que era con ellas y lo hacía porque ella también había sido así de rebelde en su adolescencia y había tenido que aprender por las malas que los errores y decisiones infortunadas acarreaba consecuencias desastrosas, más confiaba en que sus hijas no hubiera heredado lo peor de si y pudieran reconocer sus faltas a tiempo. Tanto madre como hija dejaron atrás la conversación únicamente centrado su atención en las pesadas puertas de madera cerradas por un candado sellado con plomo, una exigencia de la burocracia Spahi y en lo que Sakura no estaba de acuerdo peor que le impedía tanto a ella como a Izumi ver a Shisui, físicamente, había una abertura en el área baja de las puertas que eran por donde ingresaba los alimentos y aditamentos que el Príncipe requiriese y mediante lo cual había tenido un breve encuentro con el exterior que le permitía sentirse cómodo. Reverenciando a alas Sultanas y deseando no incomodarlas es que ambos jenízaros se retiraros a resguardar la entrada del pasillo, incumpliendo su responsabilidad pero solo porque ellas eran de total confianza. Sujetando la falda del camisón, Sakura se arrodillo sobre el suelo, carraspeando muy ligeramente, siendo imitada por Izumi que se negó a hablar hasta que su madre lo hiciera.
-Shisui- llamo Sakura con a voz ligeramente cauta y suave, no sabiendo si sería oída o no.
-Shisui, ¿nos escuchas?- llamo Izumi en caso de que la voz de su madre nohubiera resultado audible.
-¿Madre?, ¿Izumi?- reconoció Shisui, con la voz matizada de esperanza.
-Si, somos nosotras- contesto Izumi, sonriendo inevitablemente al escucharlo así de animoso.
La voz de su madre consoló inmensamente a Shisui que se encontraba arrodillado frente a las puertas en que apoya su manos, intentando acercarse lo más posible a su madre, el enclaustramiento había sido tan idílicamente preparado que era imposible sentirse incomodo, pero escuchar a su madre acudir a su lado por primera vez desde la disolución de la revuelta…provocaba en él una emoción magnifica, porque comprendía que ella quizá hubiera sentido culpa por saberlo enclaustrado injustamente, más Shisui no estaba molesto con ella ni jamás podría estarlo, sabía que había errado, ahora en solitario y ahí encerrado podía verlo y estaba más que dispuesto a enmendar todo lo sucedido en cuanto tuviera la oportunidad, pero en parte merecía aquel castigo, más eso no significaba que no continuase temiéndole a su padre, porque aun lo hacía, pero la presencia de su madre y su hermana favorita conseguía reconformarlo por completo y hacer que olvidara sus preocupaciones. Su miedo, la sola idea de que su hijo la rechazara o acusara de algo por haber tardado en encontrar la fortaleza de acudir y reconfortarlo…todo eso había desaparecido, el peso de la preocupación ya no estaba sobre sus hombros lo cual la hizo sonreír con lágrimas en los ojos, se había prometido a sí misma y a Shisui que lo sacaría de aquel infausto enclaustramiento y por Kami que lo cumpliría sin importar el tiempo que le tomase, nada ni nadie la apartaría de su hijo, teniendo a Sasuke completamente de su lado garantizaba que todo estaría bien porque ni aun cuando pasara lo que fuera Takara conseguiría imponerse, la derrota que había tenido lugar era tal que resultaba imposible que pudiera recuperarse de ella tan pronto como para planear un nuevo golpe, eso y que ahora que ella había sido designada Regente futura del Sultanato…Takara era abiertamente ninguneada, ni siquiera llegándole a los tobillos en cuanto a influencia se refería.
-¿Creíste que no vendríamos?- pregunto Sakura, sonriendo tristemente, acariciando con añoranza la madera de la puerta, deseando poder ver a su hijo y abrazarlo, pero por ahora no era posible. -Siempre vendremos, cada día, cada mañana y cada noche, lo prometimos- juro, inquebrantable, disculpándose por haber carecido del valor para acudir a su lado.
-Prometimos que no te abandonaríamos- secundo Izumi, inamovible.
-Se cumplirá lo que te prometí hijo, saldrás de aquí, lo juro, mi vida es el seguro de la tuya- recordó Sakura con la voz ligeramente quebrada con motivo de la emoción. -Hijo, te prometo que abandonaras esta prisión, lo juro- reitero, pegando su frente a al madera de la puerta, mordiéndose el labio inferior para no llorar.
-Te creo, madre, te creo- sollozo Shisui, abrumado por su afecto.
Había vivido para ver morir a cada uno de sus hermanos apenas siendo un bebé cuando Itachi había muerto y su madre, regresando apresuradamente al palacio, lo había cargado en sus brazos, abrazado contra su pecho y besado su frente cuando lo había visto indemne tras el asesinato de Baru, y ante las muertes de Kagami, Rai y Daisuke eso no había cambiado, lo había brazado y había tranquilizado todos sus miedos, pero no temía por su vida, llevaba temiéndole a su padre desde siempre, sí, pero no a perder la vida, lo que temía tanto era abandonar a su madre que se encontraría totalmente desprotegida si él muriera, porque su padre era un enemigo, no un aliado, él era igual de falso que Takara. De no estar anclada a ese acuerdo con el ejército, Sakura no habría dudado en orquestar algún plan—el que fuera—para hacer que arrancaran o derribaran esas puertas y pudiera sacar a Shisui de allí, enviándolo a algún Palacio de una provincia lejana del Imperio con tal de protegerlo de sus crueles enemigos, pero no quería que continuase encerrarlo, más…nuevamente la vida no le pedía explicaciones, no reparaba en lo absoluto en su opinión ni en el inmenso pesar que sentía por tener que contemplar con impotencia el sufrimiento de todos cuantos amaba, pero esta vez no pensaba permitir que todo llegase a la conclusión a la que habían sucumbido sus hijos; la muerte, y esta vez estaba mejor preparada que en veces anteriores, no podía suceder lo mismo nuevamente, se lo había jurado tan férreamente que confiaba en que su plan resultaría. Creía en las palabras de su madre justo como hacía Shisui y confiaba en que un día o noche acompañaría a su madre nuevamente ante esas puertas que serían abiertas y de donde Shisui abandonaría el enclaustramiento hacia la perpetua libertad que le correspondía como Príncipe del Imperio Uchiha, tenía fe y esperanza y eso era suficiente para aferrarse a la indisoluble promesa de su madre que daba todos los indicios de cumplirse exitosamente.
Pero el resultado de esta promesa solo Kami lo sabía.
Iniciaba un nuevo día para el soberbio Imperio Uchiha que como siempre se encontraba en la cima de su poder, ahora y sin el Príncipe Shisui para despilfarrar el poder o la riqueza todos se sentían más tranquilos o algo así, el pueblo estaba molesto por la decisión que el ejército había exigido, no consideraban apropiado que un Príncipe del sagrado Imperio y la dinastía Uchiha tuviera que encontrarse encerrado como si de un criminal se tratara, mucho menos siendo el hijo de la Sultana Sakura a quien si bien apropiaban como Regente del Sultanato, igualmente deseaban poder ver como Madre Sultana. Los altos funcionarios y hombres del estado se encontraban presentes en la sala del consejo real y hubieron reverenciado de inmediato al Sultan del mundo en cuanto hubo cruzado el umbral de las puertas, algunos de ellos había planteado peticiones al Sultan para cambiar la situación en la que se encontraba el Príncipe Shisui en espera de que todo terminara de una manera más provechosa para sus intereses y a quienes se encontraran asociados, pero el Sultan se había negado a escuchar peticiones luego de haber permitido que su hijo fuera enclaustrado en los Kafer, no consideraba positivo que su hijo se encontrara en la misma situación en que había estado su difunto hermano Yosuke cuando había vivido, pero era eso o causaran mayor revuelo de la polémica que aquello ya traía de decidir exiliarlo, sin importar lo que para cada decisión traería una reacción, era algo inevitable.
-Insistieron mucho en esta reunión- aludió Sasuke con visible desagrado por tener que encontrarse presente esta vez. -Aquí estoy, hablen de una vez- permitió ocupando su lugar sobre el trono, deseando dar por terminada esa reunión lo más pronto posible.
Su deseo no era otro que liberar a su hijo, a Shisui del enclaustramiento al que estaba sometido por ley, pero era más fácil decir que hacer aquello, aún más con la presión de los burócratas sobre si como Sultan que era. El siempre gallardo Sultan portaba—por obre una elegante túnica de cuello alto y mangas ceñidas hecha de seda gris oscuro—un Kaftan de tafetán y seda color negro que apenas y era visible pero que tenía estampado sobre la tela el emblema de los Uchiha bordado en hilo de plata con una capa superior de tafetán gris oscuro—casi negro—de mangas ceñidas hasta las muñecas y elegante caída, cerrado en el centro del pecho por siete botones de plata que iban desde el riguroso cuello cerrado hasta el abdomen donde un fajín de seda color negro cerraba el conjunto haciendo visibles las botas de cuero de igual color, la razón para que el Kaftan fuera parcialmente visible no era sino por el largo abrigo de terciopelo gris oscuro que usaba y que permanecía abierto, decorado en los hombros y cuello posterior por una pieza de piel color negro y decorado en los lados de las mangas por tres botones de plata desde los codos hasta las muñecas. Confiaba en que Sakura pensaba lo correcto al desear liberar a Shisui, pero, dudando parcialmente de la cordura de hijo, Sasuke no pudo evitar dudar por completo de que aquello fuera correcto, aún más por los posibles enfrentamientos que traería aprobar aquello, pero era la opción más sensata hasta la fecha y que calmaba su conciencia como hombre y como padre, lo cual no había sucedido en muchísimo tiempo.
-Hay un asunto importante que tratar, Majestad, el pueblo no está contento con la abdicación del Príncipe Shisui- inicio Hayate Gekko, del lado de la Sultana Takara, por supuesto.
-Cuando era el Príncipe Heredero tampoco estaban contentos- recordó Sasuke, no viendo un problema como hacían ellos, -no podemos actuar de acuerdo al ánimo de la gente- decidió, inquebrantable en su lealtad hacia su esposa y la motivación tras sus decisiones.
-Desearíamos que solo fuese el pueblo, Majestad, pero ni los Spahi ni Jenízaros aprueban que sea marginado de la jerarquía Imperial- declaro Deidara Pasha, alado de la Sultana Takara y ex-miembro del ejercito Spahi, ahora convertido en político por su lealtad, -dicen que podrían contar con la Sultana Sakura y sus hijas, y así incitar una rebelión- aludió, ya que esto era lo que ciertas facciones del ejercito Spahi no cesaban de cotillear, haciendo evidente su desaprobación ante la posibilidad de que los acuerdos pactados fueran incumplidos.
-Mi esposa y mis hijas harán lo que yo diga, no deben dudar de ello- zanjo Sasuke, confiando en que así sucedería, en que su familia no lo apuñalaría por la espalda.
-¿Por qué tanta insistencia Hayate Pasha y Deidara Celebi?- cuestiono Naruto, preocupado por el plan que podía estarse fraguando contra la Sultana Sakura, lo presentía.
Naruto no solo cumplía con su deber político al formar parte de aquella reunión siendo Visir, sino que también defendía los intereses de la Sultana Sakura como el mismo modo hacían Kakashi, Konohamaru, Boruto y Mitsuki al salvaguardar la influencia de sus esposas y que como miembros del Imperio tenían voz y voto legitimo para participar de las decisiones del estado de aquel modo, la Sultana Takara había conseguido incluir a su nuevo aliado, Deidara Pasha, en el consejo real ante su nuevo cargo como madre del Príncipe Heredero, lo cual traía consigo mayores dificultades, porque si ya lidiar con Hayate era difícil, hacerlo con un ex-miembro del ejercito Spahi que podía causar sublevación era igualmente delicado, más de alguno de ellos se contenía de intentar matarlo para deshacerse de un futuro problema. El silencio fue la única respuesta que se obtuvo y Sasuke entendía perfectamente el por qué para que eso sucediera, era notorio que todos deseaban pedir la única opción sobre la mesa que quitaría a Shisui del camino permanentemente; la ejecución, pero Sasuke no estaba dispuesto a admitirlo, se trataba de su hijo, ¿Cómo permitir algo así sabiendo lo que significaría para él, y para Sakura? No aceptaría tal cosa jamás, además era imposible que los eruditos de mayor conocimiento consideraran apropiado algo semejante, el caso de Rai, años atrás—en que él mismo había solicitado la probación—había sido con motivo de una traición contra el sagrado Imperio, pero Shisui solo era culpable de ser iluso e inexperto en política y gobernanza, y ese error no merecía ser condenado con la muerte.
-¿Acaso quieren que los escuche a ustedes que se refugian en las faldas de la Sultana Takara, y asesine a mi hijo?, ¿Eso quieren?- rebatió Sasuke, sabiendo perfectamente con quienes estaba tratando. Nuevamente el silencio fue la única respuesta, dándole a saber que así era, que Takara pretendía hacer que la ejecución fuer permitida por él para que Itachi tuviera el camino libre al trono, pero Sasuke no estaba de acuerdo con eso. -Yo no confió en ustedes, ¿Por qué debería escucharlos?- discutió, inamovible en su creencia.
-No se trata de nosotros o de la Sultana Takara, Majestad- impugno Deidara Pasha.
-Comienzan a suceder disturbios en las provincias- hablo Kakashi finalmente, odiándose por tener que estar de acuerdo con sus enemigos, pero porque en parte tenían razón, no con la decisión de ejecutar al Príncipe Shisui sino conque su enclaustramiento estaba levantando una especie de polvorín a punto de estar en cualquier momento.
-Si esto continua, el Imperio colapsara inevitablemente y eso no puede permitirse- evidencio Hayate, ya que esto si estaba sucediendo y era un temor constante. -No importa de qué forma intentemos mirarlo, debe tomar una decisión difícil, Majestad- concluyo, fingiendo pleitesía y sumisión ante cualquier decisión que el gobernante del mundo tuviera a bien determinar.
Naruto estaba estupefacto ante semejante insistencia que tenía lugar y ante la cual él y los demás aliados de la Sultana Sakura no podían oponer resistencia porque Hayate y Deidara se estaban respaldando en los hechos que estaban teniendo lugar y contradecirlo quizás sería para peor, de momento, claro. Tal cosa no podía permitirse, con toda seguridad el Sultan Sasuke, siendo padre, no permitiría algo semejante, era absurdo permitirlo menos aun cuando eso dañaría indudablemente a la mujer que era su esposa, si decía amar a la Sultana Sakura no permitirá que tal cosa sucediera, eso significaría quitarle la única esperanza y alegría que tenía para con el futuro, Naruto ya casi podía imaginar con dolor como personal como se sentiría de devastada si aquella decisión era aprobada. No era tonto, comprendía perfectamente que era lo que esta sucedido; estaban arrinconándolo para limitar sus opciones y así forzarlo a aceptar y aprobar la decisión que ellos consideraban correcta o más acorde con la situación, pero Sasuke se repetía una y otra vez a si mismo que no lo haría sin importar que ello significara mejor para el Imperio, no podía optar por la salida más, fácil, se trataba de su único hijo, ya había tenido que aguantar perder a Baru, Itachi, Daisuke, Rai y Kagami, no se permitiría ni a Sakura tener que aguantar otra perdida semejante, Takara no conseguiría su propósito, porque evidentemente ella estaba detrás de esta insistente persuasión, Sakura y él habían salido indemnes y continuarían haciéndolo, pero nuevamente Sasuke no consiguió evitar pensar en la locura que padecía Shisui, ¿Era correcto permitir que u loco gobernase el Imperio por él que Sakura y él tanto habían luchado en unificar férreamente? No, no debía pensar así, menos ahora.
-Mi decisión es final, Hayate Pasha- contesto Sasuke, ocultando un posible titubeo al decir esto. -No asesinare a mi hijo, la ley ya no consiente el fratricidio y al derogar la ley de mis predecesores no pienso volver a instaurarla- espeto, convenciéndose a sí mismo en el proceso.
-Majestad, si miramos al pasado tenemos múltiples ejemplos- aludió Hidan Pasha, representante de los eruditos, -y en conformidad con los eruditos es que emitimos este edicto que permite la ejecución del Príncipe Shisui- al decir esto el Pasha tendió un rollo de papel que contenía en su interior la opinión del Ulema (eruditos) sobre esta extraordinaria ocasión que requería que fuera momentáneamente empleada la ley del fratricidio.
Naruto acepto el documento, tendiéndoselo al Sultan que lo hubo abierto y leído su contenido donde se estipulaba con claridad, según las leyes que conformaban el Imperio; el castigo según ambas leyes, la divina y terrenal, para un Príncipe o Sultan que permitiera que los funcionarios del estado sucumbieran ante los sobornos, era la muerte…
-Ya estuve en esta situación antes, con la misma pregunta frente a mí- reconoció Sasuke apesadumbrado por una decisión que traería la peores consecuencias personales, tanto para él como para su esposa, -pero esta vez las condiciones han cambiado, no es mi hermano quien corre peligro sino mi hijo y Shisui no es del todo inocente de los cargos que se le acusan- admitió, lamentando esto ya que no podía proteger a Shisui como deseaba hacerlo, claro que aun debía tomar una decisión más esta debía ser la correcta.
De regreso en sus aposentos, Sasuke seguía sin saber qué decisión tomar, había conseguido evadir a los políticos y burócratas diciéndoles que necesitaba meditar profundamente los hechos y pruebas concluyentes ya presentados antes de decidirse a tomar una decisión que bien podía cambiar al Imperio para siempre, y en efecto así era, por no hablar de lo que significaría para Sakura, no era una decisión que pudiera tomar al azar, traía consigo cientos de limitaciones y posibilidades a su vez. Yosuke había sido inocente, su locura había hecho que fuera ajeno a todos los complots e intrigas que Mei y Rin había unificado para beneficiare durante su corto reinado de apenas un mes, más aun así Sasuke había pedido a aprobación de los eruditos para su ejecución y habían accedido, pero aun cuando todo hubiera sido declarado como justo legítimo, Sasuke no conseguía sentirse en calma, menos aún porque su hermano jamás había sido responsable de nada, hubiera sido mejor que lo hubiera exiliado a una provincia teniendo su propio Palacio o a algún lugar remoto, pero incluso el Sultan que gobernaba al mundo entero tenia limitaciones, tenía que cumplir con las expectativas que se cernían sobre él y eso era lo que sucedía ahora, porque no sabía que era lo mejor, Shisui era culpable de las acusaciones que recaían sobre él, no contaba con demasiadas opciones para ayudarlo, solo podía condenarlo o salvarlo, nada más y esto mismo no era tan exacto como se pensaba, había limitaciones en cuanto a autoridad de refería y eso era lo que más culpa le generaba al Sultan.
-¿Sigue sintiéndose culpable de la muerte del Príncipe Yosuke, Majestad?- más bien afirmo Suigetsu
-Sí, aun no soy capaz de deshacerme de esa carga- concordó Sasuke, suspirando apesadumbrado al decir esto, -¿Cómo puedo llevar otra incluso peor?, ¿Cómo puedo tolerar la ejecución de Shisui?- no sabía que decisión era mejor o cual era peor, estaba contra la espada y la pared.
-No será fácil, Majestad, la situación del Príncipe Shisui es complicada- corroboro Suigetsu, sabiendo que eso era así porque los cargos contra el príncipe eran un hecho ya comprendido para todos.
-¿Insinúas que debo permitirlo, Suigetsu?- cuestiono Sasuke, no agradándole que nadie se tomara la libertad de intentar convencerlo de esa opción.
-Digo que termine con esto, Majestad, que ponga fin al sufrimiento del Príncipe de una vez- esclareció Suigetsu sin dar a entender a favor de que opción estaba.
No era su deber hacer conocida su opinión eso era algo que el Hosuki tenía más que entendido desde hace tiempo, y de hecho no estaba del lado de la Sultana Takara como podía pensarse ni tampoco del lado de la Sultana Sakura, solo del Sultan Sasuke que le había otorgado el rango social del cual gozaba actualmente; pero Suigetsu si coincidía en opinión con la Sultana Sakura esta vez, el Príncipe Shisui merecía abandonar su encierro ya fuera para volverse Sultan algún día o para partir al exilio, cualquiera de esas dos opciones era mejor que la ejecución esa era su creencia. Claro que como padre que era Sasuke aspiraba a proteger a su hijo, pero como Sultan que era su deber era salvaguardar la integridad el Imperio como tal y procurar que su continuidad fuera indiscutible, el Imperio había tardado siglos en llegar a la gloria que era en la actualidad y cuya paz obtenida era irrefutable, tender a sacrificar todo ese triunfo por semejante únicamente por los sentimientos desde luego que sería visto como un error, pero Sasuke había prendido que los sentimientos no eran un error mucho menos si se trataba del amor que podía sentir un padre por su hijo, pero cuanto más y más es que Sasuke analizaba las osas, más incertidumbre sentía, quería proteger a su hijo, pero aparentemente todo se encontraba en contra. Irrumpiendo en aquel momento es que las puertas se abrieron repentinamente a las puertas, sin que se quebrara el silencio cuando uno de los escoltas jenízaros hubo ingresado en la habitación, reverenciando respetuosamente al Sultan.
-Majestad, la Sultana Takara solicita hablar con usted- dio a saber el jenízaro.
-Que pase- permitió Sasuke.
Reverenciando propiamente al soberano, el leal escolta jenízaro bando la presencia del Sultan así como el Hosuki que se hubo retirado, encontrándose cara a cara con la Sultana Takara que le sostuvo sutilmente la mirada por la enemistad latente entre ellos muy contraria a la relación de Suigetsu con la Sultana Sakura a quien le guardaba sincera admiración y respeto, sintiendo todo opuesto por la Sultana Takara. Agradeciendo la partida del Hasoda Basi que bien podía influenciar al Sultan contra ella, Takara observo, ingresando en silencio en la habitación, al Sultan que permanecía sentado frente a su escritorio ante el cual Takara se hubo detenido, bajando la cabeza diligentemente. Aun cuando todo a su alrededor pareciese negativo hacia su persona, Takara continuaba manteniendo intactos sus sentimientos por el gobernante de aquel poderoso Imperio y confiando en que todas y cada una de sus decisiones eran para mejor, considerando que la Sultana Sakura lo manipulaba empleando el amor que decía sentir como un arma de doble filo, quizás no tuviera la influencia de aquella soberbia y poderosa mujer, pero si su intelecto aunque no lo empleara tan ardua y continuamente como la Sultana Haseki, estaba determinada a obtener resultados positivos de sus intrigas en esta oportunidad y no se daría por vencida. Decir que la presencia de Takara resultaba una sorpresa en aquella instancia hubiera resultado la mayor mentira que Sasuke podría haber dicho, porque conocía muy bien a aquella mujer de ambiciones sin límites y que sería capaz de aliarse con el mismísimo diablo si con ello conseguía sus propósitos, pero no podía permitirse ceder, el Imperio ciertamente era lo primero en que Sasuke debería pensar, pero en aquellos momentos el Principal foco de atención en su mente no era otra cosa más que el futuro de Shisui y el bienestar de Sakura, eso era lo único que debía preocuparlo.
-Majestad- reverencio Takara respetuosamente.
-¿Acaso no fue suficiente la intervención de Hayate y Deidara Pasha en tu nombre?- acuso Sasuke, lanzándole en la cara su desprecio como hacia habitualmente.
Su propósito para pedir audiencia con el Sultan no era solo porque esperaba convencerlo de su perspectiva de las cosas y que consideraba que era mejor, Takara también quería hacer entrar en razón al hombre que continuaba amando y que no veía que se estaba equivocando al bajar la cabeza ante la Sultana Sakura y acceder a todo cuanto ella dijera, más dudaba que él pudiera creer en ella esta vez, menos cuando la Sultana Sakura los había enemistado, pero debía intentarlo. Portaba unas femeninas y sencillas galas verde claro de escote corazón, con dos botones de diamante que cerraban el escote perfectamente calzadas s u figura, de mangas ceñidas hasta las muñecas por dos botones de diamante al interior de estas, y con falda de dos capas, una inferior hecha de gasa jade oscuro y una superior de seda que enmarcaba la falda inferior, de color vede claro y sin adorno alguno; por sobre esta galas una chaqueta de gas esmeralda transparente ribeteada en delicado encaje dorado que emulaba dalias entrelazadas con el emblema de los Uchiha, sin mangas y de profundo escote redondo que se cerraba bajo el busto y se abría bajo el vientre para oscilar paralelamente en el frente y tras la espalda con una elegante cola. Alrededor de su cuello se encontraba una fina cadena de plata con u dije de cuna de pata y diamante en forma de lagrima con una esmeralda homologa en su centro y a juego con unos largos pendientes de diamante en forma de cadena horizontal que sostenía una ovalada y pronunciada cuna de plata en cuyo interior se encontraba un pulido y brillante diamante que sostenía un cristal en forma de lagrima. Su largo cabello naranja estaba prolijamente recogido tras su nuca y sutilmente oculto por un velo verde jade que caía tras su espalda y que sostenía la bella corona de oro ribeteada en esmeralda y que emulaba capullos de rosa y dalias decorada por pequeñísimas y delicadas espinas. Indudablemente su honorifico como madre del Príncipe Heredero del Imperio y sucesor del Sultanato de los Uchiha la hacía evidenciar su poder mediante su apariencia y le gustaba disfrutar de ello.
-Majestad, ya todos han secundado el decreto de ejecución emitido por los eruditos- aludió Takara, decidiendo desestimar sus palabras, que la herían profundamente.
-¿Y tú decidirás si mi hijo muere o no?- discutió Sasuke levantándose de su lugar, frustrado y cansado de tener que lidiar con las intriga que ella estaba conformando con tal de hacerlo ceder para verse beneficiada con tal decisión.
Ya estaba harto de esa maldita treta en que todos fingían descaradamente que seguían la ley y que todo está bien, pues no era así; Hayate Gekko estaba del lado de Takara, Deidara Pasha por igual, la mayoría de los Spahi y ahora el representante de los eruditos Hidan Pasha, ¿Querían hacerlo pasar por tonto?, ¿Creían que no veía lo que estaban haciendo? Querían manipularlo, pero Sasuke no dejaría que tal cosa sucediera. Si accedía a lo que Takara decía, injustificadamente le daría libre albedrio para tomar las decisiones que quisiese durante el Sultanato de Itachi en el futuro porque eso niño se dejaba mangonear con tal facilidad con su madre que…eventualmente nunca podría negarle nada, todo aquello significaría una condena sin importar por donde se mirara y lo peor es que como Sultan que era Sasuke debía anteponer el bienestar del Imperio, por encima de cualquier otra cosa, no tenía opciones reales de donde elegir, le estaban atando las manos. Las palabras del Sultan, que abandono su lugar frente al escritorio y dirigiéndose hacia el umbral que conectaba a la terraza, donde observo—dándole la espalda-, no era falsas en lo absoluto más eso no significaba en lo absoluto que Takara fuera a admitirlo; Itachi acataría todo cuanto ella dijera, como madre que era su pequeño hijo de solo cinco años debía de obedecer todas sus órdenes sin importar que la Sultana Sakura se estuviera haciendo cargo de instruirlo en el reglamento de la corte y el protocolo que todo ello acarreaba y significaba, la conclusión era una y muy obvia; ella gobernaría como Madre Sultana e Itachi sería el Sultan, teniéndola a ella como Regente del Imperio, claro.
-Usted es testigo de todo lo que ha pasado, Majestad, una rebelión explotará hoy o mañana- evidencio Takara, esperando poder convencerlo de su perspectiva de las cosas. -Si el Príncipe Shisui abandona los Kafer y llega al trono, ¿qué cree que hará?- cuestiono sin obtener respuesta alguna aunque sabía que el Sultan estaba pensando en las posibilidades, negativas o positivas que eso traería. -Yo se lo diré, ordenara y permitirá mi muerte y la de mi hijo, y solo Kami sabe que cosas más, él no está bien, no sabe lo que hace, está loco- culpo a consciencia, considerando que esto era así, aplicándole vehemencia a sus palabras en un tono casi de súplica para ser comprendida por él.
Por supuesto que esa posibilidad era una realidad, fuer culpable o inocente, ni el Estado ni el Sultanato como tal podían quedar en manos de Shisui cuya cordura era ciertamente cuestionable desde todas las aristas posibles por donde pensara en observarse, incluso Sasuke lo pensaba aun siendo su padre, no sabía que decisión era correcta de tomar porque todo dependía de que la información con respecto a la condición de Shisui fuera correcta y no es como si dudara de la palabra de Sakura, pero…quizá ella solo estuviera viendo los hechos desde su perspectiva como madre cuando debería de hacerlo como un miembro del Imperio. Volteando a verla, Sasuke hubo reconocido para si que parte de las palabras de Takara eran ciertas, pero no deseaba hacerlo, no deseaba darle la razón sin importar que él mismo dudase de su hijo. Viendo la duda brillar en los profundos orbes ónix del Sultan, Takara sabía que lo que haría era precipitado y que quizá fuera muy impropio u osado para la ocasión, pero sabía que solo tenía una oportunidad de obtener la victoria y hacerlo entrar en razón en aquel momento; ignorando cualquier grado de distancia existente entre ambos, Takara avanzo apresuradamente, eliminando la distancia que los separaba y arrodillándose frente al Sultan que a punto estuvo de retroceder hasta que Takara alzo la mirada encontrándola con la suya, fingiendo toda la inocencia posible entremezclada con al sincero de sus propias ambiciones y que temporalmente decidió excluir, no quería cometer el imperdonable error de equivocarse garrafalmente, mucho menos en ese momento en que cada movimiento era de crucial importancia.
-Majestad, se lo difícil que es esta decisión para usted, como padre, pero usted también es el Imperio, debe pensar en el futuro de la dinastía y no en asuntos familiares o del corazón- recordó Takara sin apartar sus ojos de los de él. -Debe pensar como lo haría un Sultan, no un hombre- sentencio, sabiendo la única opción que seguía tal canon reglamentario.
-Retírate, sal de mi vista- ordeno Sasuke inmediatamente.
Odiaba que la gente a su alrededor pensara en darle instrucciones en manipular sus acciones como si aún fuera el mismo Príncipe que co dieciséis años y nada de experiencia de gobierno había ascendido al trono, al que todos habían cuestionado una y otra vez, esperando que flaqueara y no lo había hecho a lo largo de su vista, ¿Por qué lo haría ahora? Ya fuera como fuera y tomara la decisión que fuese; la tomaría él, no por maquinaciones, no por influencia de alguien más, claro que podía aceptar las sugerencias, pero las decisiones solo le correspondían a él. Solo había permitido que Sakura se interpusiera en su camino y porque su juicio imparcial siempre había sido incuestionablemente insuperable, pero por esta vez Sasuke supo que debería ir en contra de su esposa por primera vez y porque ella estaba decidida a proteger a Shisui y no a velar por el Imperio, por esta vez sus ideas eran completamente opuestas entre si y Sasuke debía tomar una decisión, más eso no significaba en lo absoluto que ello fuera en concordancia con Takara. Si había sembrado la duda o no en la ente del monarca, Takara no podía afirmarlo ni negarlo tampoco, pero había hecho todo lo posible desde su perspectiva, solo esperaba que hubiera dado resultados, y precisamente con esta esperanza latente es que—sujetando parte de la falda de su vestido para no tropezar, se hubo erguido perfectamente del suelo y reverenciando con infinito respeto a aquel poderoso hombre cuya presencia contemplo una última vez antes de estampar sutilmente sus nudillos contras las pesadas puertas y que le fueron abiertas en el acto, permitiéndole abandonar la habitación y que fueron inmediatamente cerradas tras de sí. Aun de pie en el umbral que aba a la terraza, Sasuke sintió como si la respiración se le estancara en el centro del pecho, porque la decisión que era requerida era la más difícil que había tomado en toda su vida y sin importar cuanto lo meditara…no era fácil en lo absoluto, pero, en ocasiones era necesario tomar decisiones de semejante envergadura, se esperaba que lo hiciera.
-Shisui, soy tu padre, ¿Cómo puedes pensar que haría algo así? Entregaría mi vida para protegerte de la muerte, Kami sabe que es así y que mantendré esta promesa.
Escuchando en su mente su propia voz prometiéndole a Shisui que o protegería a toda costa, Sasuke cerro fuertemente los ojos ante el abrupto momento de debilidad que a poco y nada estuvo de hacerlo llorar, pero no se lo permitió porque sabía que lo que habría de hacer, Kami mediante, seria para mejor; había tomado una decisión.
Sentado sobre su cama y sumergido en la lectura de este nuevo libro que finalmente hubo terminado de leer, cerrándolo con un sonoro suspiro Shisui alzo la vista hacia la única ventana de la habitación y cuyo reflejo nocturno del firmamento parcialmente cubierto por nubes iluminaba a estancia como las mismas velas que se encontraban en puntos estratégicos de la habitación. Antes de orquestar perfectamente el plan del que ahora Shisui formaba parte, su madre había tomado todas las medidas para que Shisui se sintiera cómodo ahí y vaya que lo estaba con al menos una ventana que le permitiera respirar aire fresco y cuyos barrotes era su única distancia contra la libertad, erala única habitación de los Kafer con una ventana, la única comunicación con el resto del mundo; por supuesto que eso hizo que Shisui deseara estar junto a su madre que seguramente sostendría su cabeza en su regazo y le susurraría afectuosas palabras de calma para permitirle dormir, con ella todo era tranquilidad y felicidad, siempre había conseguido hacerle sentir a Shisui que debía ser feliz aunque el Príncipe ciertamente supiera que su madre nunca había vuelto a ser la misma, no luego de la muerte de Baru ni mucho menos tras la de Daisuke que todos sabían bien había sido su favorito. Pero Shisui anhelaba poder abandonar ese encierro y abrazar a su madre y a Izumi, solo quería contemplar su belleza una única vez más, eso era todo cuanto podía desear porque su amor incondicional ya lo tenía, siempre había sido así. Repentinamente un fuerte golpe resonó contra las pesadas puertas y que—según él tenía entendido—al estar erradas con plomo no podían abrirse sin más, pronto supo el motivo tras el golpe cundo otros lo sucedieron haciendo temblar las puertas…iban a sacarlo de ahí, su madre e Izumi lo habían conseguido, iba a ser libre otra vez, podía verlas de nuevo; la sola idea lo hizo dejar el libro sobre la cama y levantarse, corriendo hacia las puertas con absoluta alegría y una sonrisa de oreja a oreja estampada en su rostro.
-¡Madre!, ¡Izumi!, ¿Vinieron a sacarme de aquí?- llamo Shisui, sonriendo con dicha y emoción al pensar que la espera había valido la pena y que por fin todo era positivo.
Un par de golpes más se escucharon así como el suave pero claramente audible eco de un objeto de metal cayendo al suelo—el candado sellado con metal, ya roto—poco antes de que las puertas fueran abiertas por los guardias jenízaros que habían velado por él, hasta entonces. Pero indudablemente Shisui se llevó una abrumadora sorpresa en cuanto las puertas se abrieron y se hubo dado cuenta que quien estaba del otro lado no era su madre, tampoco Izumi o ninguna de sus hermanas; era su padre que lucía tan riguroso y distante como en ocasiones anteriores portando un Kaftan de cuero gris oscuro con detalles en oro y fracciones independientes de la tela de un ligero color más claro, de cuello alto y cerrado en el centro del pecho por cinco correas de cuero que iniciaban bajo el cuello hasta el abdomen así como de mangas ceñidas a las muñecas e igualmente cerradas por dos correas de cuero al interior de estas, pantalones de seda color negro en consonancia con las pesadas botas de cuero de usanza militar a juego con una larga chaqueta levemente clara pero de igual material y co pronunciadas hombreras más sin mangas y que permanecía abierta para exponer el Kaftan. Shisui ciertamente no sabía que pensar o cómo reaccionar en esos momentos y habiendo estado ahí encerrado por casi una semana y no habiéndose encontrado en las mejores condiciones en cuanto a relación con su padre se refería, pero eligió darle temporalmente el voto de la duda y escucharlo que tuviera que decir, sin importar lo que fuera y sin importar que las piernas llegasen a temblarle por motivo del miedo que sentía de solo encontrarse junto a él.
-Soy yo, Shisui- dio a saber Sasuke, apareciendo en el umbral de las puertas e ingresando lentamente en la habitación.
-¿Padre?, ¿Tú?...- reconoció Shisui, no sabiendo si sentirse amenazado o no co su sola presencia
-No tengas miedo, vine a liberarte- sosegó el Uchiha para evidente incredulidad de parte de su hijo. -Este sufrimiento ha llegado a su fin- sentencio con un tono carente de sentimientos pero con una mirada de afecto, alzando una de su manos y dejándola sobre el hombro de Shisui.
En tantas ocasiones anteriores había sentido que el actuar de sus padre era frió y que todo a su alrededor era falso pero, escuchando a su padre en aquel minuto y viéndolo a los ojos, sintiendo su tacto afectuoso, por primera vez en la vida Shisui sintió que realmente si tenía un padre y que siempre había estado ahí solo que él no había podido verlo, pero ahora sí y estaba infinitamente feliz y agradecido con Kami y con el destino por haber obtenido la libertad mediante él, ahora todo, lo que sea que hubiera sucedido en el futuro estaba olvidado, acataría cada orden que su padre le diese, haría lo que fuera por él, porque ahora todo era borrón y cuenta nueva, todo estaba olvidado, quizás no fuera el Sultan cruel que siempre había imaginado que era, quizás no fuera el tirano que todos pesaban que era, quizás si fuera alguien de buen corazón como rememoraba su madre, quizás todos estuvieran equivocados son respecto a él. Tantas veces había discrepado en ideas y personalidad con aquel niño, porque en el fondo Shisui continuaba siendo un niño inmaduro en tantas oportunidades había llegado a considerar que él era todo lo que sus otros hijos no habían sido; carecía del carácter fuerte e inquebrantable de Daisuke y Baru, de la determinación de Itachi y Rai, por no hablar de la insólita justicia y perfección de Kagami, pero todo eso era porque él no había estado cerca, porque la vida no le había dado tiempo de formar parte de la vida del que era su hijo menor, motivo por el que respondió al abrupto abrazo de parte de su emocional hijo y que si bien lo sorprendió ligeramente, eligió disfrutar. La vida le había impedido hacer muchas cosas y tristemente no podría hacerlas, no a esas alturas ni habiendo tomado la decisión que había tomado, era tarde para arrepentimientos.
-Perdón, padre, lamento todo lo que dije, tenía miedo, pero…en el fondo siempre supe que, al igual que mi madre, me protegerías, que no eras como todos decían- sollozo Shisui, abrazando a su padre con todas su fuerzas y sintiendo que por primera vez en su vida no tenía miedo a lo que lo rodeaba, por primera vez en mucho tiempo sentía que todo estaría bien; él, su madre, su padre y sus hermanas volverían a ser una familia como siempre debía de haber sido, Kami mediante de ahora en más todo estaría bien, sería un nuevo inicio.
Ahora y viendo las cosas de ese modo es que Shisui comprendía que había sentido desprecio por aquel hombre sin tener un motivo real para hacerlo, simplemente ambos eran diferentes entre si pero eso no debía de haber sido jamás motivo de discordia, su madre se lo había enseñado y Shisui nunca había sido capaz de llevarlo a cabo, no había seguido el ejemplo de Izumi y su madre que si bien en sus inicios habían sostenido una relación tensa entre si, ahora eran claramente unidas; habían dejado atrás sus diferencias únicamente concentrándose en permanecer unidas como la familia que eran, ¿En que había estado pensando todo este tiempo?, ¿Cuánto se había equivocado?...la sonrisa de Shisui se mantuvo mientras abrazada a su padre, reposando la cabeza contra su hombro, más su mente comenzó a alejarse o sentir incertidumbre en cuanto unos pasos casi lejanos se hicieron cada vez más próximo, inicialmente Shisui pensó que se trataría de su madre y sus hermanas que seguramente debían de encontrarse informadas de la decisión que su padre había tomado al dejarlo en libertad, pero supo que no era así en cuanto, en el umbral de las puertas que permanecían abiertas, un comitiva hubo hecho acto de presencia; un miembro del ejercito jenízaro, un miembro del ejercito Spahi y dos verdugos con los rostros cubierto y prolijamente cubiertos d negro de la cabeza a los pies, tal y como dictaba la tradición que se hiciera y en cuyos cinturones—que formaban parte de la parafernalia que conformaba sus ajuares, como mercenarios que eran—se encontraba una cuerda. Shisui rompió bruscamente el abrazo, retrocediendo y alejando a su padre en cuanto hubo entendido que aquello no era una reconciliación sino todo lo contrario, lo cual lo hizo arrepentirse de cualquier pensamiento positivo que hubiera comenzado a sostener en pro de su progenitor y que no era nada de cuanto había pensado, era peor, era el hombre más falso y cruel que podía haber pisado la tierra; era un monstruo.
-No…- murmuro Shisui, dándose cuenta de que no estaba imaginando cosas, eso no era una enmienda ni nada parecido, era una traición, una vil y asquerosa traición de manos de aquel que se suponía había jurado protegerlo en nombre de Kami y que ahora rompía abiertamente con su propio juramento. -Me engañaste, ¿no es así? Harás lo que te dije tantas veces, traicionaras a mi madre y su confianza, a mis hermanas, me mataras como hiciste con Rai- culpo empleando un desdeñoso tono al decirlo y el motivo era el odio y desprecio que sentía al estar frente a él y tenerlo como ángel de muerte. -Tú que dijiste protegerme con tu vida, me mataras- gruño observándolo malquerencia y justificado rencor.
En esos momentos Shisui se sintió como el estúpido más grande sobre la tierra, había ido tan ingenuo como para creer que las cosas cambiarían, su madre se lo había dicho tantas veces a lo largo de su vida y aun así no había conseguido recordarlo hasta ese preciso momento; una vez cruel, siempre cruel, quien cambiaba una vez al abrir la puerta a la crueldad era cruel toda su vida, si cambiaba solo lo hacía para peor y la mayor prueba de ello era el acto que su padre había permitido y Shisui no hablaba de la inminente muerte que lo aguardaba sino al sufrimiento que ello traería a su madre que no se merecía pasar por semejante condena, mucho menos de quien decía amarla tanto, era vergonzoso, era abominable de comprender. No había podido negarse a aceptar la petición que los eruditos—en representación de Hidan Pasha-habían decidido, como Sultan del Imperio que era; su deber lo empujaba a garantizar que la continuidad del linaje creado por sus antepasados mucho antes que él fuera perpetuado y la mejor forma de hacerlo era mediante Itachi, Shisui estaba loco y permitirle llegar al trono significaría un peligro constante de hacer peligrar la sucesión teniendo en cuenta todo cuanto Shisui había hecho anteriormente, como era haber llegado a agredir a su propio hijo en un arrebato de cólera, semejantes afrentas no podían ser permitidas y aun cuando pesara sobre su corazón, Sasuke sabía que eso era lo correcto, más no hacía más fácil tener que lidiar con ello, en lo absoluto. Dándole la espalda a su hijo, Sasuke abandono la habitación siendo reverenciado por los soldados y verdugos; no quería presenciar lo que sucedería, ningún padre quería hacerlo, más Shisui no lo vio de ese modo ni tampoco quiso comprenderlo, no lo dejaría partir tan fácilmente, menos aun creyendo que dándole la espalda y dejándolo a su suerte escaparía de padecer un fin como el que él obtendría por su causa, eso jamás.
-¡Este también será tu fin, padre!, ¡Te ahogaras en la misma sangre que derramaste!- maldijo Shisui con corazón y alma en aquella promesa, no importándole el fin que tuviera ese hombre que nada había sido en su vida, solo su enemigo.
Deteniéndose, aun dándole la espalda al interior de la habitación, Sasuke escucho con dolor aquellas palabras cargas de odio y que jamás había llegado a imaginar que serían pronunciadas por uno de sus hijos, aún menos por Shisui que si bien jamás había sido cercano a él, jamás le había hablado de esa forma, como padre sabía que estaba cometiendo el peor error de su vida al permitir que—casi frente a él—tomaran la vida de su hijo…pero su labor como Sultan y la responsabilidad, así como carencia de sentimientos que se esperaban que tuviera podían más con él en ese momento que cualquier tipo de sentimentalismo que pudiera llegar a existir, era su deber permitir que eso pasara. Retrocediendo por inercia al ver como los verdugos ingresaban en la habitación así como los miembros del ejército Jenízaro y Spahi, Shisui no temió por su vida, solo deseaba preservar su existencia para evitar un sufrimiento inmerecedor a su madre, pero de nada sirvieron sus alegatos que si bien provocaron que los verdugos dudasen en actuar, fueron ratificados o presionados por los miembros del ejército que le sostuvieron los brazos para inmovilizarlo, pero ni un así Shisui se permitió dominar, luchando con todas sus fuerzas contra el agarre de aquellos hombres que no estaban actuando—el jenízaro al menos—por ambición o lealtad, sino por deber, porque eso era lo que se esperaba de ellos que habían firmado los acuerdos de paz hacia media semana, cuando había tenido lugar la rebelión además del hecho de que el Príncipe Shisui no era inocente de los cargos que se le imputaban.
-No, no lo hagan, ¡No!, ¡Déjenme!, ¡Suéltenme!- gritó el Príncipe, resistiéndose furioso ante el agarre de los verdugos que insistentemente consiguieron doblegarlo, -¡Soy el hijo de la Sultana Sakura!- gritó finalmente antes de sentir como una cuerda era ceñida alrededor de su cuello, comenzando a asfixiarlo más y más a cada minuto.
Escuchando estas palabras pronunciada con un sutil deje de orgullo, Sasuke volteo muy lentamente a ver a su hijo, incapaz de fingir que era indiferente ante lo que estaba teniendo lugar a su espalda, más deseo no haberlo hecho, deseo no ver como estrangulaban a su hijo ciñendo la cuerda alrededor de su cuello para sofocarlo hasta la muerte, un sollozo involuntario a punto estuvo de salir de sus labios, cerrando los ojos ante era imagen, sintiendo como si miles de dagas se clavan en su corazón por aquella visión. ¡Este también será tu fin, padre!, ¡Te ahogaras en la misma sangre que derramaste! Tuvo que llegar a cubrirse los oídos por las manos ante el juego que emitió su mente, repitiendo las palabras que Shisui había prometido conjurando una maldición en el proceso, no quería creer que había hecho algo malo, como gobernante desde luego, pero como padre había cometido el mayor error existente, pero no quería ni estaba dispuesto a admitir que había caído en el mismo error que su padre—el Sultan Izuna—había cometido en su día. Los instantes pasaban así como el modo en que el agarre de la cuerda alrededor de su cuello resultaba más opresivo y asfixiante a cada momento y que le hizo sentir unos casi inalcanzables atisbos de oxígeno, su vida llegaba hasta aquel momento; ciertamente no había sido un paraíso sino más bien un infierno, pero Shisui nunca había llegado a considerar esto último porque había tenido su madre junto a él en todo momento, ella junto a Izumi, Hayami y sus hermanas habían sido lo único bueno en su vida y si bien moría en ese momento, sintió que había vivido una vida dichosa, en cierto modo, había amado y sido amado por personas de corazón puro, había tenido motivos por los que agradecer haber vivido…y ahora había llegado la hora de su muerte y aceptaba esto de buena gana, más lamentando no haber podido despedirse de ella, nos veremos otra vez, madre, fue lo último que Shisui pensó antes de emitir su último aliento y desplomarse inerte en los brazos de los soldados que cuidadosamente lo depositaron sobre el suelo con toda la delicadeza que les fue posible. Habían cumplido con su deber más incluso los verdugos reconocían que se sentían como asesinos, ahora—el jenízaro al menos—no sabían cómo encarar a la Sultana Sakura que sufriría o indeseable con motivo de aquella sentencia ya cumplida.
En cuanto la voz en su cabeza desapareció, Sasuke fue capaz de abrir los ojos y descubrirse los oídos, contemplando lentamente y con inevitable dolor el cadáver de sus hijos cuyos ojos entrecerrados parecían estar anclándose a la vida, más no era así. Apartando la mirada de aquella imagen, Sasuke abandono el lugar tan pronto como pudo más sin perder su dignidad, pero cuanto más caminaba más sentía que moría en el trayecto, ni siquiera hubo llegado al umbral que lo alejaría de los Kafer pero hubo tenido que recurrir a apoyarse en el muro a su costado para evitar una posible y vergonzosa caída, desplomándose de rodillas sobre el suelo, apretando los dientes y cerrando los ojos, negándose a sí mismo la posibilidad de llorar; lo hecho, hecho estaba y no podía cambiarse, ¿De qué le servirían las lágrimas? Más aun cuando su mente le dijera esto su corazón lloraba por haber sido testigo por primera vez de la muerte de uno de sus hijos y siendo quien había ordenado su muerte, como había sucedido con Rai anteriormente, pero negando para sí mismo e irguiéndose, Sasuke se negó a aceptar que lo que había hecho era un error, era un Sultan, nadie podía cuestionarle absolutamente nada y precisamente con motivo de esto es que suspiro sonoramente, dejando lo sucedido atrás y continuando con su camino como si no hubiera sucedido nada, dejando su sufrimiento personal y como padre a un lado, únicamente concentrado en ser el Sultan que era y en nada más.
No era tiempo para arrepentimientos ni nunca lo seria.
-Kami…- jadeo Izumi, abriendo los ante la sorpresa
La Sultana se vio abruptamente despertada en cuanto la pesadilla que estaba teniendo hubo llegado a su cima, forzándola a abrir los ojos por el miedo. Se había quedado dormida sobre el diván junto a la ventana en sus aposentos con motivo de los pensamientos tristes que la embargaba por el incierto destino que le aguardaba a su hermano, más confiando en que su madre conseguiría que fuera liberado y exiliado cuando menos, pero sobreviviría y se encontraría a salvo. Teniendo un rol estético que cumplir, no resultaba extraño que la Sultana Izumi se encontrara tan elegantemente engalardonada con un vestido oliva brillante—ligeramente amarillento, dando como resultado un color muy original y halagador para su tono de piel—de riguroso y conservador escote cuadrado que era cerrado en el centro del corpiño por seis botones de diamante así como el interior de las ceñidas mangas cerradas por dos botones de diamante calzando la tela a su cuerpo con halagadores detalles como lo era la falda de seda de una sola capa y que detallaba el contorno de sus piernas bajo el vestido ante el movimiento; por sobre el vestido se hallaba una chaqueta de igual color y material bordada en hilo plata y ribeteada de diamantes en un patrón tanto inentendible como sumamente halagador, escasamente cerrada a la altura del vientre por dos finas correas borda en hilo de plata y que creaba un pronunciado cuello posterior que en el proceso creaba un par de involuntarias pero elegantes hombreras. Su larga melena de rizos castaños, tan habitualmente peinada en una coleta que permitía a sus rizos caer sobre su hombro derecho ahora lucia desordenada por la siesta que había tomado sobre el diván en que se hallaba ligeramente recostada, haciendo que los rizos que enmarcaban los contornos de su rostro no fueran un par sino que cuatro o cinco incluso, favoreciendo en igual medida la corona de oro, jade y esmeraldas en forma de flores de jazmín sobre su cabeza y unos diminutos pendientes de oro y cristal oliva que pasaban inadvertidos ante sus rizos, pero si enmarcando la guirnalda de oro y cristales multicolor alrededor de su cuello y que—al igual que la corona—no se había movido en lo absoluto de su lugar justo como los pendientes de cuna de oro en forma de flor de cerezo con un diamante oliva en el centro y la de os pendía tres sarcillo de cristal en forma de lagrima. Había sido horrible, había soñado que su sobrino Itachi llegaba al trono teniendo a Takara como Regente del Sultanato y….ni su madre ni Shisui aparecían, estaba muertos, había sido la peor pesadilla de su vida y apenas y conseguía recuperarse de ello, respirando pausadamente y llevándose una mano al centro el pecho ante la atónita mirada de su hija Kohana que se había encontrado sentada tras la cama pero que se irguió al verla tan sobresaltada.
-Madre, ¿estás bien?- se preocupó Kohana, abandonando por completo la lectura.
-Si, Kohana, estoy bien, no te preocupes- tranquilizo Izumi, sonriéndole a su hija mayor.
Su intención no era en lo absoluto preocupar a su hija mayor, a quien era tan cercana y que había permanecido velando su sueño, sumida en la lectura que era su gran y más culpable afición. Ahí estaba su siempre devota hija, aunque algo irresponsable en cuanto a protocolo y formalismo se refería, inocente vestida en unas femeninas galas celeste claro—casi blancas—perfectamente acorde a su edad y que conformaban un vestido con pronunciadas y abullonadas hombreras que continuaban en unas ajustadas mangas hasta los codos donde se habrían en lienzos de gasa para exponer los brazos, de conservador escote redondo y cuyo centro del corpiño así como la falda inferior—ligeramente más claras para crear u tono celeste grisáceo—estaba bordado en hilo de plata para emular flores de cerezo sobre la tela y cuya falda interior se veía enmarcada por la tela superior que creaba la falda superior. Su largo cabello castaño plagado de rizos, idéntico al de su madre, caía libremente tras su espalda, peinado únicamente mediante un sencillo recogido que sostenía una diadema de oro de tipo cintillo decorada con diamantes celeste claro y a juego con unos diminutos pendientes de diamante en forma de lagrima que combinaban a la perfección con la guirnalda de plata con diamantes y cristales engarzados y cuyo dije representaba el emblema de los Uchiha, obsequio de la Sultana Sakura, su abuela, por supuesto. Negándose a creerle a su madre, que decía estar bien aun cuando no lo estuviera, Kohana se dirigió hacia el escritorio donde tomo una de las copas ya dispuestas, sirviendo un poco de agua en ella y encaminándose hacia su madre que la observó con resignación, incapaz de convencerla de sus palabras o convencerla más bien de que decía la verdad cuando en realidad estaba mintiendo para no preocuparla innecesariamente, ella era justo como Mitsuki, veía las emociones de la gente en sus ojos, todo un don.
-Bebe esto, madre- tenido Kohana de forma casi dictatorial.
-Gracias, mi cielo- sonrió Izumi, enternecida por la preocupación.
Bebiendo para aclararse la garganta así como para recuperarse de la pesadilla que continuaba latente en su mente, Izumi hubo de reconocer que en ocasiones olvidaba que Kohana estaba creciendo y que pronto comenzaría alejarse más y más de ella para convertirse en una hermosa mujer, una que Kami mediante tendría un hermoso futuro y podría ser tan feliz como ella lo era unto a Mitsuki cada día, pero como madre que era es que inevitablemente era egoísta y no deseaba que su hija se apartara de su lado jamás. Ahora comprendía las palabras de su madre; no había amor más puro que el que una madre sintiera por sus hijos y ella lo conocía mediante Kohana y Hana, ellas junto a Mitsuki eran la razón de su vida y sin ellos estaría perdida, al igual que si perdía a su madre, a Shisui o a sus hermanas…no, no debo pensar en eso, se reprendió a si misma, tendiendo involuntariamente a la fatalidad con motivo de la pesadilla que aun rememoraba. Dejo cuidadosamente la copa ya vacía sobre la mesa, alzando una de sus manos y entrelazándola con la de su hija que le sonrió alegremente, quizás Kohana no fuera perfecta a ojos de algunas personas del entorno cortesano porque desdeñaba el protocolo y los formalismos, pero era perfecta para Izumi que había aprendido de la maternidad y el amor más sincero sobre la tierra al alumbrarla a ella, siempre seria su niña especial, su angelito de noble corazón y nervios de hierro que llegaba a intimidar a cualquiera, eso indudablemente lo había heredado de su madre porque Izumi no conseguía ser tan temperamental como su madre.
-¡Abran las puertas!- ordeno Yugito siendo obedecida en el acto, ingresando velozmente en la habitación y reverenciado tanto a la Sultana Izumi como a la Sultana Kohana. -Sultana…- intento hablar, pero callándose de inmediato, cuestionándose mentalmente si era correcto decir lo que había sucedido.
-Yugito, ¿qué sucede?- inquirió Izumi, levantándose del diván y alisándose la falda en el proceso, confundida al verla titubear.
Necesitaba de una respuesta para entender porque había entrado de ese modo, claro que como amigas que eran podían ser cercanas entre si y saltarse partes del protocolo por la confianza que se tenían, más ni un así Izumi había visto a Yugito así, jamás, ni siquiera tras la muerte de Koyuki, ¿Qué podía haber sucedido? Las imágenes de su pesadilla pasaron frente a su ojos más Izumi se negó a considerarlas una opción, su madre estaría bien y ni hablar de Shisui que estaba bajo su protección, quizás le había sucedido algo a Mitsuki, la sola posibilidad llego a congelarle la sangre y aterrarla ante la fatídica probabilidad de quedarse viuda y que tendía a suceder con más recurrencia de la imaginada si de una Sultana se trataba. Justo como su madre, Kohana temió por la vida de su padre, habiendo aprendido en las lecciones de historia lo fácil que resultaba para un Pasha o Visir—miembro del Imperio por matrimonio o no—morir por cualquier tipo de razón , también temió por su hermana Hana que se encontraba en su habitación o lo había estado antes de que ella se decidiera a acompañar a su madre, Hana era tan traviesa que…no, se dijo Kohana, recordando a su abuela y alejando los pensamientos tristes de si, no debía sacar conclusiones apresuradas sin importar que el silencio de Yugito—Gi, como la llamaba Kohana afectuosamente—estuviera resultando casi una tortura. Conocía a la Sultana Izumi y no sabiendo como reaccionaria ante la noticia es que Yugito se acercó con bien merecida confianza hacia la Sultana, eligiendo decirle aquello sinceramente, como amiga, de frente y pudiendo apoyarla en ese difícil trance como ella la había apoyado tras la pérdida que había significado para ella la muerte de la Princesa Koyuki
-Sultana…por orden de su Majestad el Sultan…- titubeo Yugito, dejándose caer de rodillas frente a la Sultana pero sin apartar la mirada de ella, dudando de continuar y de hacer tan involuntaria afrenta a su mejor amiga y leal Sultana, más Izumi le indico que continuase, -el Príncipe Shisui…ha sido ejecutado- finalizo, bajando pesadamente la mirada.
La noticia le llego a Izumi con un balde de agua y hielo que le congelaron la sangre y el corazón hasta hacerlo infinitamente doloroso, desde luego que de buenas a primeras hubo creído que eso era mentira, porque su madre no o permitiría pero debía reconocer que su padre si podía hacer algo así, ya había sucedido con Rai, ¿Qué lo detendría para matar a otro de sus hijos? Ese había sido su mayor temor por años y finalmente se había cumplido, y ella ni siquiera—justo como su madre—había conseguido despedirse de Shisui, verlo solo una vez más antes de que la cruel muerte impuesta por su padre los separara y lo más nefasto de todo eran las promesas de su padre, esas promesas de afecto y lealtad, él era el único traidor que existía en el Imperio, ni siquiera Takara era una amenaza tan grande como lo era él, para él no existía nada más importante que el Sultanato y el poder, alguien que podía hacer todo eso no tenía ni corazón ni alma; su padre verdaderamente era un monstruo. Una parte de Konoha agradeció que su padre y hermana estuvieran a salvo, pero por otra parte sintió su corazón oprimirse de angustia y dolor al ser conocedora de la muerte de su querido tío que había sido el segundo hombre más importante de su vida, el primero en cargarla de bebé, el que le había enseñado a montar a caballo y a usar una espada, por no decir a ser la mejor en arquería aun siendo una mujer…sabía que la voluntad del Sultan era la ley y que no podía enemistarse contra su abuelo, pero por un minuto en su mente inocente se preguntó porque no era posible evitar el derramamiento de sangre, la historia había dejado sus huellas en el Palacio y cada generaciones de Sultanes debía mancharse con ella al permitir ejecuciones de hermanos o hijos, ¿Por qué no podía cambiarse la historia? No lo sabía pero deseaba que la muerte terminara de cobrar víctimas.
-No, no, no, no puede ser- negó Izumi a punto de caer por la incredulidad y pánico al ver que parte de su pesadilla se estaba haciendo realidad, siendo sujetada por Yugito para no caer. -No, no, ¡No!- sollozo desconsoladamente siendo abrazada por su hija que se contuvo en demasía para no llorar de igual manera
Siendo abrazada por Yugito y Kohana, Izumi lloro a gritos, sintiendo como si hubieran aniquilado a una parte de ella y haciendo que sus gritos de dolor llegasen a ser audibles aun en los pasillos, su pesadilla se había convertido en realidad.
Cuando una persona cometía un error bien podía aceptar o negar que había hecho eso y para un miembro del ejercito jenízaro el ser testigo y participe de cómo se tomaba la vida del único hijo superviviente de la Sultana Sakura era…era una carga demasiado grande, una carga que había tenido que dar a conocer a una leal aliada de la Sultana Sakura; la Sultana Aratani que no había dudado en comunicarles la noticia a las Sultanas Mikoto y Shina, dudando inicialmente que algo así hubiera sucedido teniendo en cuenta el amor que el Sultana afirmaba sentir por su Sultana Haseki, ¿y actualmente llegando a sujetarse la falda del vestido para no tropezar mientras ella y las Sultanas se movilizaban velozmente hacia los Kafer, Aratani no podía evitar preguntarse…¿Cómo es que había sucedido algo así?, ¿Otra tragedia más? El sufrimiento no tenía fin entre esos muros ni tampoco teniendo a gobernantes crueles que impusieran su autoridad de aquel modo, y Aratani no podía dejar de temer por lo que de ahora en más le sucediera a la Sultana Sakura; ya no tenía hijos que fueran Sultanes algún día, ella ya no sería Madre Sultana pero indudablemente continuaba siendo la mujer más poderosa de todo el Imperio lo cual desde luego que le otorgaba su debido reconocimiento por ello, pero nada más. Ya no debí de ser un secreto para nadie que el Sultan Sasuke se había transformado en una amenaza y que incluso la Sultana Sakura podía llegar a intentar algo contra él para dar por terminada semejante barbarie, ya no podía permitirse que más sangre continuase derramándose, pero el futuro ahora era aún más incierto que, ¿Sucedería? No resultaría extraño que la Sultana Sakura deseara partir al Viejo Palacio para evitar ser testigo de más incidentes y perdidas, era comprensible a ojos de todos que debía de estar cansada como nunca antes lo había estado, tenía motivos para estarlo.
Habiendo escuchado anteriormente la noticia de viva voz de Aratani, Mikoto había creído férreamente que se trataba de un error, una absurda mentira, desde luego que debía serlo, pero en cuanto llegaron a los Kafer y vieron a los verdugos a punto de llevarse el cadáver su hermano, por Kami…sintió como si todo cuanto había continuado siendo alegre y tolerable en su vida se hubiera venido abajo y ahora estuviera viviendo el peor de los infiernos y quizás fuera así. Obviamente y siendo testigo de aquel cuadro es que la estética de la Sultana Mikoto hubo sufrido una metamorfosis que la hizo lucir sumamente triste, pero no había sido así anteriormente; portaba unas sencillas galas azul zafiro de mangas ajustadas hasta los codos y que se volvían holgadas y abiertas en lienzos de gasa para exponer los brazos, de recatado escote redondo perfectamente calzado a su figura y falda de una sola capa hecha de seda y ribeteada en gasa para mayor movilidad, por sobre estas galas una elegante chaqueta de terciopelo azul oscuro estampado en encaje color negro y que replicaba el emblema de los Uchiha sobre la tela, sin mangas y de profundo escote en V cerrado bajo el busto por seis diminutos botones de oro hasta la altura del vientre donde la tela se abría una vez más para crear una especie de falda suprior. Su largo cabello rosado se encontraba prolijamente recogido tras su nuca resaltando el largo de su cuello desprovisto de joyas que eran innecesarias cuando la bellísima corona de oro en forma e capullos de rosa conformados por topacios y zafiros atraía toda la atención, teniendo a juego un par de largos pendientes de una de oro en forma de lagrima y con un enorme diamante azul en su centro. Había sucedido su mayor temor, el mayor temor de su madre y ellas como familia…no habían podido evitar que Shisui fuera nuevamente la victima que había obrado la hegemonía ni el poder que su padre había preferido elegir para mantener su autoridad, no había deseado que nada ni nadie se interpusiera en su camino, eligiendo a Itachi por sobre Shisui porque su inexperiencia y juventud le daría el tiempo de influencia que seguramente deseaba fomentar hacía si mismo. Ahora todo estaba patas arriba, ya nada era como había sido en sus inicios, era u mundo en que ellas no querían permanecer, más debían hacerlo.
-Kami…- jadeo Aratani, cubriéndose los labios para no gritar ante la impresión
Paralelamente a su lado se encontró Aratani que observo boquiabierta aquel espectáculo, su sorpresa e incredulidad a poco estuvo de hacerla gritar, pero hubo conseguido frenar este impulso afortunadamente. Indudablemente lucía mucho más sencilla que las Sultanas Mikoto y Shina, porque si bien era un miembro del Imperio lo era por matrimonio por nacimiento, así que su estatus continuaba siendo diferente pero en el mejor de los sentidos y que se veía reflejado en sobrias galas de tafetán esmeralda oscuro de manga ajustadas hasta los codos que se volvían holgadas y transparentes hasta cubrir las manos, corpiño alto y cuadrado ribeteado en encaje ligeramente más claro en el escote a modo de margen pero que detallaba perfectamente su figura en consonancia de la falda de un sola capa ribeteada en gasa y que facilitaba la movilidad; por sobre el vestido se encuentra una chaqueta de seda y gas jade caro, sin mangas y de profundo escote en V cerrado bajo el busto—abierta bajo el vientre—completamente bordada en hilo de plata para recrear ondas sobre la tela con diamantes engarzados que brillaba ate el movimiento. Su largo cabello castaño se encontraba perfectamente recogido tras su nuca haciendo resaltar la larga cadena de oro con diamantes engarzados y de la que pendía el emblema de los Uchiha, obsequio de la Sultana Sakura aun antes de convertirla en Sultan y que para Aratani era sus posesiones más—junto a su sortija de matrimonio, por supuesto—invaluables y que jamás abandonaba su cuello, sobre su cabello se hallaba una hermosa y delicada corona de oro y plata decorada con escamas y ribeteada en esmeraldas para replicar espinas y hojas a juego con un complejo par de pendientes de oro que emulaba el contorno de una flor de cerezo y de los que pendí un cristal en forma de lagrima. Había conocido al Príncipe Shisui desde siempre, había jugado con él cuando había sido un niño, había cuidado de él tras la muerte el Príncipe Rai y luego de la muerte de Daisuke se había mostrado muy unida a él, lo consideraba un hermano, el hermano que nunca había tenido por lo que el sufrimiento de las Sultanas en aquel momento era el propio
-No puede ser- Mikoto se apoyó en el umbral de la puerta ante el sentir que la incredulidad provocaba en ella. -Shisui, hermano…- sollozo apretando los ojos en un intento por impedir que la lagrimas brotar de ellos, no con motivo de la presencia de esos individuos presentes.
A ojos del mundo un miembro del Imperio no podía dar a conocer abiertamente sus sentimientos, no contaban con la libertad para hacerlo mientras hubiera alguien presente y Shina pensaba igual por más que la visión que era el cadáver de su hermano menor le desgarrara las entrañas de solo verlo, odiándose por no haber podido haber hecho algo, por no haber podio protegerlo, pero ya era demasiado tarde para lamentarse. Hermosa ante su originalidad, la Sultana Shina portaba unas femeninas y sencillas galas burdeo rojizo de mangas ajustadas hasta los codos donde un margen de oro delimitaba la gasa que las volvía transparentes y holgadas hasta cubrir las manos, de escote alto y en V perfectamente calzado a su esbelta figura y cuya falda de seda ribeteada en gasa enmarcaba sus piernas ante el movimiento, y por sobre el corpiño del vestido se hallaba una corta chaqueta de tipo corsé—sin cordones—que llegaba hasta la altura de las caderas; sin mangas sino tirantes y de recatado escote redondo levemente más bajo que el escote del vestido, ribeteado en encaje cobrizo y cuyos contornos estaban bordados en hilo de oro. Su largo cabello rubio castaño peinado en elegantes rizos caía libremente sobre sus hombros y tras su espalda, adornado en su cima por una hermosa corona de oro en forma ascendente que formaba diminutos capullos de jazmín sobre la estructura ribeteada en diamantes y a juego co unos pendientes de oro en forma de flor de cerezo y de los que pendía una perla en forma de lagrima. Teniendo presentes a las Sultanas pero que no emitieron palabra u orden alguna, ambos verdugos se observaron entre sí para disponer a llevarse el cadáver del Príncipe Shisui para que fuera debidamente preparado para su funeral como dictaba la tradición, pero Shina de inmediato se adelantó, indicándoles que no lo hicieran.
-No, no se lo lleven, por favor- rogó Shina, ignorando su orgullo como tal, necesitando ver a su hermano por más tiempo, no habían podido asistirlo más en vida pero cumplirían su voluntad en la muerte.
Le habían fallado, no habían estado junto a él en momentos cruciales pero si lo estarían al menos en ese momento; sin dudar en obedecer la orden, ambos verdugos reverenciaron a las Sultanas y procedieron a retirarse sabiendo que ella se encargarían de todo lo demás. Mikoto observo con escueta indiferencia a los verdugos, no es como si pensara en odiarlos, ellos cumplían con un labor para la que habían sido entrenados, ese era su rol cumplir dentro del estado y ya fuera con o sin ellos es que se cobraba vidas en cada Sultanato pero esta vez se trataba de Shisui a quien Shina abrazo, acunando su cabeza en su regazo a la par que se dejaba caer junto a él, sobre el suelo. Observando a su ya fallecido hermano, ambas Sultanas recordar una noche igualmente triste hacía muchos años atrás, la noche en que su difunto hermano Itachi había muerto con motivo de las intrigas orquestadas por las Sultanas Mei y Rin; entonces Mikoto se había tragado forzosa y debidamente su amargura y sufrimiento, consolándose al abrazar a Daisuke, Rai y Kagami, pero esta vez, dejándose caer junto a su hermano y llorando desconsoladamente como no había hecho jamás hasta entonces, esta vez no podía hacer lo mismo porque ya no tenía hermanos a los que proteger; ella, sus hermanas y su madre estaban a expensas de los enemigos más barbáricos que pudieran existir siendo el mayor de ellos su propio padre. Ya había conocido la iniquidad y crueldad antes de legar al Palacio porque habiendo tenido que vivir como mendiga tras quedarse huérfana, había comprendido que el mundo era hostil y cruel, que la bondad y alegría erradicaba con frialdad, pero nunca había conocido tal masacre y brutalidad en grados tan horribles como entonces y que contrarias a las Sultanas hicieron permanecer de pie a Aratani que se apoyó e el umbral de las puertas, sollozando silenciosamente, limpiándose parcialmente las lágrimas de las mejillas, ni aún el último deseo de su esposo había conseguido ser cumplido póstumamente, no habían logrado evitar la muerte del Príncipe Shisui y ahora Takara tenía el camino libre como tanto había ambicionado, a partir de ahora todos estarían perdidos y extrañamente ya no importaba, no habiendo perdido el motivo de su alegría y desvelos.
-Shisui- sollozo Shina, acariciando afectuosamente el rostro de su hermano. -Te veremos de nuevo- prometido cerrándole delicadamente los ojos y limpiando una lagrima de su autoría que hubo caído sobre su mejilla.
Quizás este fuera le único y real consuelo con el que contaban de cara al futuro, la posibilidad de que en la muerte pudieran reunirse na vez más y ciertamente la historia del linaje Uchiha sostenía férreamente esta creencia de que existía una vida después de la muerte y otras aledañas. Sabían que su madre entraría en crisis cundo descubriera lo que había sucedido, se encontraría perpetuamente inconsolable como nunca antes porque ya no le quedaba nada a lo que aferrarse, más tomara la decisión que tomara es que nos las involucraría a ellas, sintiera lo que sintiera no permitiría que sus hijas se enemistaran con su padre con tal de permanecer leales a ellas, les permitiría decidir que era mejor según sus criterios individuales en lo que confiaba ciegamente, pero…nadie era capaz de afirmar ni negar nada, nadie podía alcanzar a imaginar cual sería la reacción de la Sultana Haseki por no hablar del sufrimiento y consecuencias que todo acarrearía, pero algo si era seguro; si Takara creía que con esto había sacado a su madre del medio para abrirse camino hacia el trono, estaba soñando, eso no pasaría ni aun cuando—Kami no lo quisiera—su madre tuviera que morir, de suceder aquello serian ellas quienes continuarían enfrentándola pero por Kami como testigo que nada de lo que Takara soñaba se cumpliría o al menos no sería duradero. Si ya con anterioridad se habían unificado bandos paralelos durante el lapsus de intervención de la ya fallecida Sultana Naoko, ahora claramente habrían tres bandos y él con toda seguridad continuaría siendo el más numeroso e influyente sería el de la Sultana Haseki, porque ni su padre ni Takara podrían llegar a emular siquiera o imitar todo cuanto su madre había hecho hasta entonces, dedicando su vida en ello…nadie podía alcanzar su gloria ni lo haría jamás, eso incluso Aratani lo sabían por la Sultana Sakura la había educado y criado con amor sincero, no quería ser arrogante pero al menos ella no había sido ni ambiciosa ni desleal como Takara, esperaba de todo corazón que esa mujer se pudriera en el infierno.
-Kami lo tenga en su gloria- oro Aratani con sincero sufrimiento ante aquel cuadro y a perdida que representaba tanto para el Imperio y la Sultana Sakura como para ella que había conocido bien al Príncipe.
-Amén- murmuro Mikoto con la voz quebrada.
Era la noche más triste en la historia del Palacio.
La incertidumbre que sentía Takara era enorme y con razón ya que no podía saber que decisión tomaría el Sultan Sasuke luego de que ella hubiera expuesto la realidad de las cosa a su tender, pero confiaba en que él tomaría la mejor decisión posible, es decir, aquella mediante la cual Takara se viera indiscutiblemente beneficiada, no podía ser de otro modo. Sentada tras su cama, la Sultana observo el apacible dormir de Itachi y Seramu que habían caído agotados de sueño luego de haber estudiado durante todo el día las normas del protocolo y que les correspondía saber, no iba a dudar del intelecto de la Sultana Sakura como mujer de gran conocimiento por l experiencia que tenia y ni hablar de su sabiduría, ciertamente aquello era lo único que Takara consideraba pertinente por lo que sus hijas tuvieran que estar cerca de aquella mujer a quien anhelaba ver partir al Viejo Palacio o al menos romper el vínculo que la unía tanto al Sultan Sasuke. Contraria a sus pequeños hijos y lealmente acompañada por Hayate Gekko Pasha que era su mano derecha en asuntos de estado, Takara permanecía impecable, aun portando los ajuares que había usado ese día, su inquietud le impedía liberarse y optar por entregarse al sueño, menos aún ya que su futuro dependía de la decisión que el Sultana tomara de la cual Deidara Pasha había prometido hacerla conocedora en cuanto ya hubiera tenido lugar, fuera cual fuera. Como si leyeran sus pensamientos es que las puertas fueron abiertas desde el exterior y solo había un motivo para ello, corroborado de inmediato en cuanto Deidara Pasha cruzo el umbral de las puertas bajo la atenta mirada de la Sultana y su leal Visir.
-Sultana Takara- reverencio Deidara respetuosamente, recibiendo la inmediata aprobación de la Sultana para hablar. -Por fin, ya no hay dos Príncipes Herederos- anuncio satisfactoriamente.
La primera emoción que Takara sintió fue satisfacción, si, satisfacción porque ante la ley su hijo era el heredero del Sultanato y cuando llegara el momento seria Sultan teniéndola a ella como indiscutible Madre Sultana, era la mayor prueba de que el mundo y la gloria que tanto anhelaba por fin comenzaban a encontrarse más y más a su alcance, tanto esfuerzo y derrotas ya olvidadas habían valido la pena en todos los sentidos y ahora incuso podía valorar lo que había aprendido de ellas…pero sin duda su mayor satisfacción era hacia sí misma por haber conseguido convencer al Sultan Sasuke de su idea y por saber que ambos coincidían en ideales o al menos para que ambos hubieran llegado de igual modo a la conclusión de que el mejor destino para el Príncipe Shisui era la ejecución, teniendo en cuenta su locura. Pero desde luego que no todo podía ser goce y alegría, sabía que Shisui no había sido tan culpable como le había hecho creer al Sultan puesto que ella había hecho que sus aliados dentro del ejército crearan pruebas falsas para aumentar culpabilidad de Shisui que no hubiera sido condenado a muerte de otro modo. Claro que era un actuar corrupto y ruin basado en mentiras, pero era el único método para hacer que Itachi fuera el único sucesor más calificado del Sultan Sasuke era deshaciéndose de aquellos que podían significar una competencia y el único competidor había sido Shisui, anteriormente claro, ahora el camino estaba libre para ella y sus hijos, ya nadie podría obstaculizar el inicio de su era…pero por supuesto que Takara sintió cierto grado de justificada culpa sobre si, pero la desestimo de inmediato, si no sacrificaba a quienes eran un estorbo en sus planes, ¿Cómo conseguiría cumplir sus sueños? Todo se trataba de simple lógica.
-Kami le brinde la vida eterna- oro Takara sinceramente.
-Amén- secundo Deidara, optando porque se hiciera la voluntad de Kami, fuera como fuera.
-Amén- hubo aceptado Hayate, más por unanimidad que deseo propio, -pero si bien ya no hay dos herederos al Imperio, aún quedan dos Sultanas que gobiernen el Palacio, y solo puede quedar una- aludió pensando en el inmediato bienestar de la Sultana Takara y estando dispuesto a hacer lo que fuera para garantizarlo, -es el momento de que la Sultana Sakura desaparezca- determino siendo inmediatamente secundado por Deidara Pasha.
Este hecho plasmado por el leal Hayate era la culminación final para encontrarse sola ne el poder, algo que todas y cada una de sus predecesoras en la hegemonía del poder del Sultanato habían ambicionado y conseguido, más justo como ellas es que comprendía que derrotar agresivamente a la Sultana Sakura no tendría éxito, era una mujer demasiado inteligente y aun cuando ahora ya no tuviera su hijo al que proteger o entronizar como Sultan en el futuro, seguía siendo la persona con más recursos económicos y aliados a su disposición, estando incluso por encima del propio Sultan Sasuke. Había aprendido mucho de ella y la principal lección era que todo tenia límites y que debía irse con cuidado, sabía que de un momento a otro el dolor o cualquier hecho la haría flaquear y esperaría que pasara, pero no haría nada que sus predecesoras no hubieran hecho, no pensaría en marcar el inicio de su Sultanato con sangre, o al menos hasta la fecha de que su intención no era esa, mucho menos contra la Sultana Sakura a quien si bien despreciaba no pensaba sentenciar muerte por la admiración que siempre le había tenido, claro que decepcionaría a sus aliados que ya estaban comenzando a conformar estrategias en beneficio de ella, pero Takara ya había establecido su propios límites, seguiría las reglas de ese juego y jugaría limpio a partir de ahora, después de todo las jugadas cruciales ya habían sido ejecutadas, ahora solo debería esperar, solo ´debía ser paciente y disfrutar de su ahora triunfo.
-No soy tan tonta, Hayate- discutió Takara para confusión de sus leales aliados, -debemos pensar muy bien nuestra estrategia de ahora en más, enfrentarme disimuladamente a las Sultanas y al Sultan para ver caer al Príncipe Shisui ya fue difícil, pero no me enfrentare a la Sultana Sakura… no ganare- vaticino, suspirando de forma casi inaudible al decir esto, porque no podía destruir de igual modo a su mentora y que la superaba en todo salvo en su ambición y carencia de sentimientos, -esperaremos y aguardaremos, en algún momento tendrá que flaquear- aludió únicamente, conformándose con ello.
La Sultana Sakura era la mayor adversaria de todos aquellos que anhelaban lograr llegar a la cima del poder y aun siendo educada por ella, Takara dudaba poder vencerla, ni siquiera sabía si la oportunidad de enfrentarse decisivamente tendría lugar en algún momento o no, pero si sabía que un modo u otro…ella sería su sucesora.
Sabía que lo que había hecho era lo correcto como Sultan, si él no permitía que esas decisiones sucedieran claramente llegarían a considerar—como Mito, Mei, Rin y Naoko—que era débil y que fácilmente podía arrebatarle el poder del Sultanato y por el que tanto había luchado en su primer año de gobierno para demostrar que era debidamente digno, por ello es que, regresando finalmente a sus aposentos y escuchando como las puertas se cerraban sutilmente tras de sí, Sasuke intento acallar su conciencia como padre, intento convencerse de que su decisión y motivos para considerarla aceptable serian comprendidos, Takara había pensado que si respaldando las pruebas ya existentes, ¿Por qué no habría de hacerlo Sakura? Ella era una mujer con un juicio imparcial incomparable, seguramente entendería su motivación para aceptar las pruebas presentadas y que inculpaban fatalmente a Shisui, pero de una u otra forma Sasuke sintió que por primera vez en mucho tiempo no tenía por qué preocuparse de los cuestionamientos que se cernerían sobre el Príncipe Heredero porque Itachi era demasiado joven para levantar polémica, mucho menos estando bajo la tutoría de Sakura, por primera vez y luego de tantos años teniendo que lidiar con la perdida de todos sus hijos, toda la gloria del Imperio y el poder como tal volvía a recaer únicamente sobre su persona como no había sucedido desde la temprana infancia de sus hijos mayores, cuando el mundo entero solo le había pertenecido a él y a Sakura, Takara era fácilmente desechable si la pregunta era esa y lo haría cuando fuera oportuno, pero de momento solo deseaba dejar atrás lo sucedido, deseaba encontrar en paz con su conciencia. Pero había alguien que no estaba dispuesta a permitirlo, encontrándose con el Hasoda Basi en el exterior e ingresando en la habitación sin recurrir a ningún tipo de autorización ante el intento de los guardias y Hasoda Basi por detenerla, Izumi se encontró a solo unos paso de su padre que ya supiera o no que se trataba de ella le dio la espalda, sin molestarse en voltear y enfrentarla.
-Sultan Sasuke- nombro Izumi con evidente burla, sarcasmo e indiferencia, intentando ofenderlo de todas las formas posibles para por hacerle sentir lo que ella sentía por su culpa.
La crueldad de su propio padre había hecho que comenzar a agredir a quienes eran su familia, había comenzado a dañar a sus cercanos con motivo de su propia crueldad, eso era obvio, más Izumi no alcanzaba a comprender como es que su propio padre, que se suponía debía velar por el bienestar de su familia como tal, hubiera sido precisamente quien ordenara la ejecución del único hijo que le quedaba y que podría haberlo sucedido como Sultan, no, había elegido dejarle temporalmente el camino libre a Takara y desechar a su propio hijo como si fuera lo más insignificante del mundo, ¿Qué hombre?...No, ¿Qué padre podía hacer algo así?, Ninguno, ni en los Palacios ni en las más humildes moradas, solo él, ¿Cómo podía haberlo hecho? Izumi no necesito hacer esas preguntas, estaba convencida de que la respuesta para ellas serian que; como Sultan del Imperio había hecho todo eso por el bienestar del Sultanato y la dinastía, así como la continuidad del linaje del Imperio, pero Izumi ya no podía creerle, lo despreciaba con toda su alma, no estaba lidiando con un hombre que estuviera emocionalmente unido a ella y se lo gritaba de todo corazón, ese hombre no era su padre, un padre nunca habría hecho algo como eso contra su propio hijo, solo amaba el poder a tal punto en que sus ojos fueran cegados por la sangre impidiéndole ver quien era aliado y quien era enemigo, una lástima…el inmediato deseo de Izumi era abandonar su presencia para siempre, abandonar el Palacio para ya no volver nunca más, pero no podía ni lo haría porque Mitsuki debía permanecer allí como Visir que era y porque no deseaba alejarse de su madre, estaba decidid a permanecer allí por su madre y su hermanas pero nunca jamás volvería a dirigirle la mirada a ese hombre, al Sultan, a partir de ese momento ella ya no tenía padre y el Sultan había perdido definitivamente a una de sus hijas, no volvería a decir jamás que él era su padre, ya no tenía padre…
-Por fin sucedió lo que quería, ya no hay nadie que se interponga en su camino- celebro Izumi con un tono de voz cargado de resentimiento y desganada por la pérdida que la había hecho llorar hasta cansarse haciendo que su mirada habitualmente limpia se encontrase empañada de lágrimas y rojiza por el llanto, -la fuerza, el poder, el Sultanato, todo es suyo ahora- nombro con igual tono y sin conseguir que sus palabras hicieran que su padre volteara a verla y a Izumi ciertamente le daba igual, él bien podía morir en ese momento y a ella no le importaría porque había matado una parte de ella y de su madre con motivo de su decisión y jamás lo perdonaría y no necesitaba hablar con su madre para saber que ella pensaría igual. -¿A quiénes sacrifico para mantenerse en el poder? Sacrifico a todos mis hermanos por su amor al trono- soltó esta acusación con tanto odio que Sasuke, sin atreverse a voltear, sintió que estaba escuchando a una enemiga que lo odiaba con corazón y alma, sonaba justo como Shisui al momento de pronunciar aquella conjura contra él, no parecía que quien le estuviera hablando de ese modo fuera una de sus hijas, -pero se equivoca al creer que estará en paz, tarde o temprano será su turno también- sentencio, dándole igual lo que pasara con el hombre a quien en el pasado había considerado su padre pero que ahora era nada para ella. -Me quedare por mi madre y mis hermanas, pero no volveré a dirigirle la palabra, jamás, ni aun en su lecho de muerte, hoy ha perdido definitivamente a una de sus hijas- dio a saber dirigiéndose a él de usted en todo momento, porque para ella era un extraño alguien a quien no conocía. Sus palabras satisfactoriamente parecieron obtener una reacción en aquel monarca ajeno a ella y que aprecio temblar por esta última sentencia, pero Izumi no estaba conforme, quería que sufriera como ella sufría y como lo haría su madre cuando supiera lo que había hecho. -Este es el castigo que Kami le ha dado, dicen que todos los tiranos mueren solos- pronuncio con veneno, sintiéndose infinitamente mejor al decir cada una de estas palabras.
No necesitando de ningún tipo de respuestas y dándole de igual modo la espalda a su padre es que Izumi se volteó y encamino hacia las puertas bajo aquella solemne imagen como la hija de la Sultana más poderosa en la historia del Imperio. Esas palabras resultaban lo más hirientes que Sasuke pudiera haber escuchado en su vida, ni siquiera la conjura de Shisui lo había herido así porque no había cumplido su promesa y en si tenía justificación pero Izumi…jamás había esperado esas palabras de ella, no de aquella niña que lo había idolatrado tanto y que ahora parecía odiarlo, volteo justo cuando ella se hubo detenido frente a las puertas, dándole la espalda como había hecho él hacia tan solo unos momento atrás; Tenerla bajo el mismo techo que él sabiendo que lo odiaba era mil veces peor que dejarla partir creyendo que en algún momento futuro lo sucedido fuera a quedar en el pasado, era vivir siendo consciente de que su actos afectaban a quienes eran importantes para él, ¿Cómo hacer eso? Volteando lentamente su rostro hacia su padre, Izumi tuvo un ligero atisbo de duda al no ver al Sultan en esa profunda mirada ónix, solo veía a su padre que en silencio parecía pedirle que lo perdonara, pero no podía hacerlo, lo que había hecho no merecía perdón alguno. Claro que se trataba de su padre, sangre de su sangre y parte de su existencia, no existiría de no ser por él pero no podía perdonarlo, hacerlo significaría aceptar que Shisui había merecido el tipo de muerte a la que lo habían condenado y esa era la mentira más grande que Izumi podría haber concebido en su vida, era una Sultana, hija de la Sultana Sakura y como tal tenía un orgullo al que aferrarse, no iba a ceder a menos que su madre lo hiciera y dudaba que eso sucediera, si se asemejaba tanto a su madre como Izumi sabía que era…ni una ni la otra podrían perdonarlo nunca, tolerar estar bajo el mismo techo y respirar el mismo aire que él; sí, pero no más.
Ninguna hija deseaba odiar a su padre, pero Izumi si lo hacía y no podía ni quería perdonarlo.
Tantas veces había considerado en el pasado a su madre como una mujer fría, una mujer que en ocasiones parecía anteponer el poder por encima de los lazos familiares creyendo que el prestigio era lo único importante pero el tiempo y el sufrimiento le habían hecho ver a Izumi que su madre sufría por las pérdidas vividas y que únicamente deseaba obtener el mejor futuro para su hijos e hijas, era una madre que aun viendo que su hijos eran adultos continuaba prefiriendo velar incondicionalmente por sus vidas que precian resultarle mil veces más importantes que la propia, era una mujer que nunca había deseado nada para sí…pero su padre a quien había considerado un héroe en el pasado ahora era un tirano, él siempre había defendido la autoridad que poseía y el Sultanato, en sus inicios con normalidad hasta que eso continuase una y otra vez, deshaciéndose incluso de Rai a quien había considerado una amenaza a su poder ya que la Sultana Naoko había planeado derrocarlo y poner a Rai en el trono, motivo por el que sin reparar en la verdadera lealtad de Rai es que el Sultan había permitido su ejecución, exactamente el mismo caso de Shisui en esta oportunidad, solo que ya no podían hacer nada, solo aceptar lo sucedido y decidir qué hacer consigo mismas individualmente pero no más, claro que ellas no eran un peligro para el Sultanato a ojos de la gente por la debilidad que aparentaba su sexo pero de un u otra forma serian parte importante de las decisiones que continuasen cobrando importancia, sus esposos sostendrían sus posiciones y Naruto…Naruto que amaba tan sinceramente a su madre se encargaría de protegerla aun a costa de su vida y ocupar el lugar del Sultan en su vida, porque luego de descubrir lo sucedió claramente daría por terminado ese amor tan falso y que en lugar de protegerla la había condenado desde el principio.
Ignorando su titubeo y con abrumadora y dolorosa indiferencia, Izumi le dio la espalda y abrió por su cuenta las puertas, abandonando la habitación sin voltear a verlo otra vez, no tenía padre; estaba muerto para ella.
Había múltiples maneras de sentir alegría en el Imperio teniendo en cuenta el hecho de que ese Palacio solo parecía estar destinado a evocar sobre su habitantes soledad, opulencia y ambición, con el tiempo y la experiencia acumulada sobre si habían hecho sabia a Sakura que había rendido a amar sus problemas y aprender de ellos como debía ser, calificando que hechos de su vida eran un error y cuales una bendición de la que se debía o podía permitir disfrutar, pero su día a día era alegre o un poco feliz cuando menos por la presencia de quienes amaba, sus hijas y nietos a quienes adoraba contemplar. Le había tomado años llegar a considerarse a sí misma una mujer hermosa y esto ciertamente aún estaba a debate en su mente, al menos, pero sus nietas…Kami, cada vez que las veía era observar a rosas sin par con colores exóticos y belleza incomparable que florecían más y más con el pasar del tiempo y para mejor por supuesto. Era un error sentir predilección por un miembro de su familia en particular como lo era la inmensa cercanía que tenía con Hanan que era consciente de su enfermedad cundo no lo hacían el resto de su hijas, y lo mismo sucedía con su nieta Naori, la hija de Sada, pero Sakura tenía motivos para actuar así porque esa niña era su viva imagen o lo que recordaba de si en el pasado; fuerte, no bajaba la cabeza ante nadie, muy inteligente e inocente al mismo tiempo y férrea practicante del protocolo, —como no sucedía con las hijas de Izumi; Kohana y Hana—con un halo angelical sobre si y un valor semejante al de una leona a quien nadie conseguía amedrentar, ver eso en los miembros de su familia le hacían sentir que cuando ya no estuviera podrían continuar sin ella, debía ser así porque el doctor C había ratificado que le quedaba aproximadamente un año y medio y dos a lo mucho, lo cual claramente limitaba las cosas que podría hacer puesto que su condición empeoraba día a día.
Sentada sobre el diván junto a la ventana en sus soberbios aposentos junto a su hija y su nieta, la Sultana Haseki contemplo con fascinación el rostro de su nieta predilecta que si bien solo contaba con diez años ya daba claros indicios de ser una mujer muy hermosa en el futuro, volviéndose su orgullo. La curvilínea figura de la Sultana Haseki se encontraba elegantemente ataviada con un vestido de seda y satín color negro de rebajado escote corazón, perfectamente detallado a su figura, cerrado en el centro del corpiño por seis botones de diamante que iban desde el escote hasta la altura del vientre, así como de falda inferior ligeramente ribeteada en gasa para mayor movilidad; la falda superior, los lados del corpiño y las mangas ceñidas a las muñecas—cerradas interinamente por dos botones de diamante—estaban estampadas en encaje cobrizo bordado en los contornos con hilo de oro y emulando sobre la tela un patrón de flores de cerezo engarzadas con el emblema de los Uchiha y por sobre las mangas se encontraban un par de lienzos de seda que conformaban hombreras y que oscilaban a lo largo de los lados de los brazos dándole un aspecto muy elegante, lo esperable de ella, por supuesto. Su largo cuello lucia desprovisto de joyas, resaltado aún más por sus rizos rosados que se encontraban prolijamente recogidos tras su nuca para exponer con mayor facilidad la corona de oro ribeteada en ónix y que formaba contornos de rosas y flores de cerezo a juego con unos pendientes de oro en forma de hamaca que sostenían diamante ónix a juego con la tela de su vestido. Sentía que ya no tenía algo que enseñarle a esa niña de aspecto inocente pero con inteligencia insuperable, más deseaba hacerla fuerte para que no pasara por lo mismo que ella, si—Kami no lo quisiera—se veía forzada a lidiar con los golpes que traía la vida.
-Naomi, cariño- sonrío Sakura, besando la mejilla de su nieta, -cada día estás más hermosa- elogio observando orgullosamente la angelical faz de la joven Sultana.
-Nadie es más hermosa que tú, abuela- corrigió Naomi que se consideraba insignificante ante su abuela, la mujer más poderosa sobre aquel orbe llamado mundo.
No podía considerar como menos que gloriosa a su hermosa abuela que era la mujer más poderosa sobre la tierra y a quien Naomi aspiraba emular algún día. Acorde con su edad y figura es que la joven Sultana portaba unas femeninas galas de seda y gasa rosa claro—casi blancas—de inocente escote corazón, de hombreras levemente abullonadas que continuaban en mangas ajustadas hasta los codos y que se abrían en lizos de gasa para exponer los brazos y con falda de dos capas; el centro del corpiño, las hombreras, mangas y al falda inferior estaban estampadas en diminutos e infinitos puntos y figuras de encaje cobrizo oscuro que repicaba flores de cerezo separando el centro del corpiño de los laterales y distribuidas parcialmente en esas aras de la tela creando un contraste infantil pero muy agradable. Sus largos rizos rosado se encontraban perfectamente peinados en un sutil recogido que sostenía una diadema de oro con diamantes rosa incrustados y que hacia caer su melena libremente tras su espalda, resaltando un par de pequeños pendientes de diamante en forma de lagrima en consonancia a la cadena de oro con diamantes y cristales engarzados que sostenía un dije que replicaba el contorno del emblema los Uchiha y en cuyo interior se encontraba un diamante en forma de lagrima, obsequio de su adorada abuela. Se veía a sí misma en el espejo de la mujer más poderosa del mundo y aun cuando no pudiera lograrlo, ansiaba ser cuando menos su reflejo o sombra, deseaba ser perfecta a sus ojos y sabiendo que siendo ella misma la hacía feliz y a sí misma, su madre se lo había enseñado.
Mas si alguien que igualmente lucia hermosa era la hija predilecta del Sultan del mundo y que guardaba tanta similitud con su progenitora salvo por el color de cabello y ojos que había heredado de su padre pero que la hacía lucir extraordinariamente seria y digna en su imagen, como toda Uchiha. Su esbelta figura se encontraba engalardonada por unos ajuares de inspiración gitana de rebajado y ajustado escote corazón en cuyo borde estaba bordado en hilo de oro para replicar flores de cerezo, perfectamente detallado a su cuerpo en cada curva con mangas gitanas semitransparentes con parciales y diminutos estampados de flores de cerezo hechas en hilo de oro y detalles multicolor ajustadas a la muñecas pero levemente holgadas a imagen de la chaqueta superior—hecha de igual material—de tipo corso sin mangas, con tirantes y de profundo escote redondo bajo el busto y hasta las caderas cuyos contornos y parte de la superficie se encontraba igualmente estampado con el mismo patrón, contrario a la falda que era completamente lisa y carecía de adorno, detallando sutilmente el contorno de sus piernas bajo la tela. Su largo cabello azabache se encontraba peinado en una cadenciosa cascada de rizos que caían libremente tras su espalda, adornado por una hermosa corona en forma cónica y que replicaba una estructura con base en forma de enrejado pero que en su cima representaba lirios, lilas y orquídeas con diamantes engarzados que brillaba contra la luz, a juego con un par de pendientes de oro y cristal en forma de lagrima. Concordaba completamente con su hija Naomi, cada día pensaba que su madre era más y más encantadora, todos lo pensaban, no existía nadie tan hermosa ni jamás lo haría.
-Dice la verdad, madre- justifico Sarada, creyendo indeleblemente en su progenitora.
-Verdades hay muchas- destiño la Sultana, no deseando otorgarse más honores que todos aquellos que el pueblo y el mundo ya parecían darle.
La actual Consorte de Francia, Konan, le había enviado cofres con joyas, sedas, encajes y oro así como una larguísima carta en que agradecía sus respaldo como mujer que era mientras su esposo el rey Nagato se encontraba enfermo y muy grave según parecía provocando que abundaran aún más las intrigas en la corte donde su hijo de cuatro años, el Príncipe Sasori era el único heredero para el trono de Francia. Obviamente Sakura sabía lo difícil que era para una madre—siendo extranjera además—proteger a un hijo, por lo que no había dudado en escribirle a su lejana amiga aconsejándola de no dejarse llevar por el poder porque eso envenenaba a los necios y era mejor ser precavida al respecto, más estaba convencida de que como madre que era Konan podría ejercer apropiadamente su rol de Regente de un reino como lo era Francia si el actual rey moría, y ya fuera así o no, el pequeño calificado hasta ahora como Sasori XIV—si asumía el trono—seria oficialmente catalogado como rey a los trece años, como dictaban las leyes y entonces todo habría de seguir su curso, más Sakura continuaría apoyando a la corte Francesa como ellos hacían igualmente con ella. Claro que los cofres con oro y joyas serían destinados a la caridad como siempre hacía, no le gustaba acaparar una fortuna para sí misma, menos cuando el tesoro Imperial y la corte rebosaban de lujo; no estaba dispuesta a dormir tranquila mientras le pueblo pudiera padecer penurias, haría que hubiera trabajo para todos en los territorios del Imperio y que las madres pudieran educar debidamente a sus hijos, que todos pudieran subsistir, su vida estaba volcada a que otros fueran felices sin importar que ella no lo fuera, en especial su tesoro, su Shisui a quien se juraba libertar de su enclaustramiento en el momento oportuno, anhelaba que llegara ese día.
-Yo solo conozco una- sonrió Sarada, acariciando los largos rizos de su hija antes de alzar la mirada hacia su leal doncella y amiga. -Chouchou, lleva a Naomi a sus aposentos, y pídele a Boruto que me espere- indicó, recibiendo un inmediato asentimiento a modo de respuesta.
-Si, Sultana- reverencio Chouchou.
Según Boruto le había hecho saber, pensaba cenar con su padre, Naruto, cena que si no se equivocaba ya debería de haber terminado, por no hablar de que ya era hora de que Naomi durmiera para asistir con su incantable puntualidad a las lecciones diarias, y ella de igual manera debía acudir junto a su esposo y esperarlo y recibirlo como acostumbraba a hacer; claro que en el pasado, antes de conocer a Boruto, había sentido que había sido feliz junto a su pequeño hijo Izuna, pero no lo había sido en realidad porque no había sabido lo que era ser amada incondicionalmente, pero actualmente su vida de casada era tan satisfactoria que Sarada no podía emitir critica alguna, o al menos no de carácter negativo. Ahora solo tenía a Naomi para hacerle compañía, hacia medio año—mientras Hayami se había encontrado embarazada—es que su hijo había contraído matrimonio con una joven llamada Suzume, hija de un respetable gobernador del Imperio y que se había retirado, legándole la gobernación de Takigakure—una de las provincias más hermosas del Imperio—a Izuna que según tenia informado cumplía excelsamente con su labor, enorgulleciéndola y aún más por la noticia—que le había llegado esa mañana—de que pronto y por primera vez seria abuela porque Suzume tenía un tres meses de embarazo. No importaba si él tenía diez o cien hijos, siempre consideraría a Izuna su niño, su primogénito, por lo que le había enviado una respuesta inmediata casi ordenándole que visitar el Palacio Imperial luego del alumbramiento—en cuanto hubiera transcurrido el prudencial tiempo de reposo post-parto, por supuesto—para permitirle conocer a su primer nieto o nieta. Sonriéndole a su madre como temporal despedida, ya que la alcanzaría pronto, Naomi se levantó del diván junto a su abuela a quien abrazo afectuosamente, su único deseo era ser una buena hija para su madre y su padre que la adoraba, pero también soñaba con cumplir cada expectativa que su abuela tuviera de ella y sabía que lo estaba haciendo.
-Adiós abuela- se despido Naomi, rompiendo el abrazo y sonriéndole en todo momento.
-Buenas noches- sonrió Sakura acunando el rostro de su nieta y besándole la mejilla.
Agradeciendo infinitamente este gesto tan afectuoso y sonriéndole radiantemente, Naomi se sujetó ligeramente la falda del vestido reverenciando apropiadamente a su abuela y retirándose junto a Chouchou sin llegar siquiera a darle la espalda a su abuela que le sonrió hasta verla desaparecer en el umbral de las puertas que hubieron sido abierta y cerradas casi en el acto. Cada vez que veía a un miembro de su familia siendo tan genuinamente originales entre sí, y ahora además conociendo la noticia de que Izuna seria padre; sentía que tenía ánimos para lo que fuera, no importaba que el tiempo pesara sobre ella, no lo sentía, era como si Kami le otorgara fortaleza para pasar sus días junto a quienes amaba y la amaban a ella y quizás eso era lo que debí ocupar su mente, no la tristeza de continuar llorando a quienes había perdido, más tratándose de una costumbre tan marcada y personalmente instaurada por años resultaba muy difícil quitársela de encima a esas alturas. Observando con silente orgullo la partida de su única hija, Sarada se sostuvo ligeramente la falda del vestido irguiéndose del diván y sonriéndole a su madre que hubo centrado su total atención en ella que era la más parecida a ella de entre todas sus hijas y que la enorgullecía por su honestidad, ambas comunicándose de forma casi sensorial entre madre e hija solo fue contemplada por Tenten que permanecía de pie junto al diván cual guardiana, conducta que Sarada no entendía pero suponía que era simple preocupación y lealtad indeleble, motivo por el que era tan alabada.
-Madre, me retiro, no quiero dejar esperando a mi esposo- rio Sarada, complacida de su vida como mujer casada y de todos los aspectos de su propia familia. -Saluda a Shisui de mi parte- pidió, entrelazando su manos con las de su madre y lamentando no poder acompañarla a visitar a su hermano esa noche, pero si se comprometía a hacerlo otro día.
-Lo haré, iré en unos momentos- prometió Sakura, ansiando poder pasar tiempo junto a su hijo, sin importar cuando fuera.
Tenía planeado hacer que los miembros del ejército—Spahi y Jenízaro—leales a ella o no, fueran informados de su deseo y de las pruebas que ella tenía de la inocencia de Shisui y que les expondría esperando poder obtener el apoyo de ellos y de uno de los eruditos más respetados; Genma Shiranui Pasha que era su representante personal y asesor, porque estaba más que dispuesta a lo que fuera para liberar a su hijo, ya fuera Sultan o no, eso no le importaba, pero si probar su desconcierto e inocencia de los cargos de que se le imputaban injustamente, para conseguir que fuera liberado y restituido como Príncipe de la dinastía Uchiha que era, aunque fuera exiliado cuando menos pero no planeaba permitir que corriera un destino incierto, pero estaba dispuesta a lo que fuera necesario—eso y más—con tal de garantizar su seguridad y que estuviera feliz. Las puertas se abrieron sorpresivamente desde el exterior permitiendo el abrupto ingreso de Eri que lucía notoriamente agitada. Su figura se encontraba ataviada por unas sencillas galas violeta claro de alto y riguroso escote en V, así como de mangas holgadas y abiertas a la altura de los codos para exponer sus brazos, y falda de dos capas de gasa superpuestas una sobre la otra para mayor movilidad pero que eran casi imperceptibles con motivo de la presencia de la chaqueta superior y que manifestaba un ligero tinto borgoña, de aspecto rugoso pero muy elegantemente bordada en hilo de igual color, de mangas cortas y ajustadas hasta los codos, escote levemente más bajo y redondo que se cerraba por ocho botones de oro—cuatro a cada lado paralelamente decorados a los lados por un margen dorado en horizontal—hasta la altura del vientre donde la tela se abría para crear una especie de falda superior. Sus largos rizos castaño dorado, algo desordenados por la carrera emprendida, caían fluidamente sobre sus hombros, adornados por una diadema de oro conformada por cadenas y con amatistas en forma de lagrima y que sostenía un largo velo violeta claro que oscilaba tras su espalda perfectamente en consonancia con su vestimenta. Estaba temblando de angustia propia y lamentando el fin que había tenido el Príncipe Shisui, pero era su deber estar ahí e informar a la Sultana Haseki el infausto acontecimiento y que casi la tenía al borde de las lágrimas.
-Sultana…- jadeo Eri, recordando el protocolo y reverenciando debidamente a ambas mujeres.
-¿Qué sucede, Eri?, ¿Por qué entras así?- cuestiono la Sultana Haseki, sobresaltada por la abrupta aparición de la Kalfa.
-El Príncipe Shisui…- titubeo Eri, forzándose a sí misma a continuar ante la aterrorizada expresión de la Sultana Haseki y su hija, -el Sultan Sasuke permitió su ejecución, Sultana- confeso tristemente, bajando la mirada y cerrando los ojos ante los irrefrenables deseos que sentía de llorar.
Reacciones había muchas en el mundo y todo era distinto dependiendo de quien se hablara, Sarada por su parte sintió que el aire no le hubo llegado temporalmente a los pulmones por la impresión y angustia que evocaba semejante noticia y que la hubo dejado completamente helada, y haciéndola llevarse una mano al centro del pecho en un mudo gesto que casi parecía emular el dolo de su propio corazón y que la hizo cerrar fuertemente los ojos, incluso Tenten perdió el color de las mejillas de solo escuchar esas palabras tan desgarradoras y que todos habían orado por largo tiempo que nunca fueran pronunciadas, pero la reacción más incierta fue la de la Sultana Haseki en quienes todos fijaron disimuladamente su atención y que si bien se sintió traicionada como nunca con aquella noticia, no permitió que el miedo o el dolor cubriera su faz ni ninguno de sus actos que haría de ahora en más porque no se quedaría de brazos cruzados, más si abriéndole la puerta a la ira que casi hizo brillar sus ojos cuya mirada se endureció por completo y que la hizo respirar pesadamente, apretando los labios y los dientes. Ante la atónita mirada de todas se hubo dirigido con andar agresivo hacia su escritorio donde reposaba una daga que había llegado entre los obsequios franceses, considerada la mejor arma para protegerse a sí misma y con un filo que garantizaba la muerte instantánea y que sostuvo antes de encaminarse decididamente hacia las puertas siendo apresuradamente seguida por Tenten que temió lo que pudiera hacer, negándose a abandonarla. Los jenízaros fueran de la habitación la observaron anonadados más Sakura no reparo en nada, sin voltear ni una sola vez a ver a nadie, mucho menos a Eri o a Sarda que la observo con total preocupación por lo que pudiera suceder, e infinitamente decepcionada por la decisión que su padre había tomado y que la hería profundamente por haber pedido a su ultimo hermano...
-Madre…- llamó Sarada, pensando en seguir a su madre y acompañarla, pero se arrepintió de inmediato.
Había portado una espada, había aprendido a defenderse como si fuera un hombre aun antes de ser una Sultana y si bien ahora se encontraba armada era porque comprendía que el mundo era cruel y donde se debía ser fuerte para sobrevivir, llegando a tener que enfrentarse incluso contra quienes decían ser sus aliados pero que osaban apuñalarla por la espalda siendo el mayor de los traidores su propio esposo, no, el Sultan, alguien sin sentimientos ni piedad, mucho menos lealtad, ni aun al amor que decía tenerle y que no era más que una burda mentira. Aun siendo una mujer se había forjado con salvajismo para luchar contra la crueldad impuesta por todos sus enemigos, perdiendo a sus seres amados por las maquinaciones de seres viles y que la habían convertido en lo que era ahora, una mujer que paneas y conseguía ver fragmentos de su pasado cuando se veía en el espejo. Como administradora del Harem y la corte que era, sus aposentos daban inmediatamente con el pasillo principal del Harem y que hubo transitado con los brazos a cada lado del cuerpo, afianzando su agarre alrededor de la daga pero sin perder su avasalladora presencia mientras cruzaba el pasillo cuyo marcado camino de gravilla la llevaría a los aposentos del Sultan a donde se dirigía tan intensa y decididamente bajo la preocupada mirada de Tenten que no pudo hacer más que seguirla como si de una escolta se tratase y bajo un impoluto e inquebrantable silencio mientras las jóvenes que aún no se retiraban a dormir y que estaban en aquel pasillo la reverenciaban respetuosamente, pero y como una nota discordante es que la presencia de Ino-que hubo aparecido en la entrada del Harem—hubo resultado ser la gota que rebalso el vaso que era la paciencia de la Sultana Haseki y que sentía su sangre y piel arder con motivo de su incomparable cólera y que era más que evidente para cualquiera que la viera, por no hablar del arma que sostenía en su mano derecha y que apretaba fuertemente contra su mano, no importándole herirse en el proceso, estaba tan furiosa que una sola gota de su ira bien podía destruir ese Palacio, pieza por pieza e incluso más con solo proponérselo, pero no guardaría silencio, ¡Esta vez no!
-Sultana…– reverencio Ino apresuradamente, anonadada.
-Diles que salgan de mi camino, no quiero ver a nadie—gruño Sakura, furiosa como nadie nunca la había visto anteriormente.
-Si, Sultana- acato la Yamanaka, presta como siempre a sus órdenes.
La frustraba como nunca ver, creer y sentir que quienes se aglomeraban a su paso eran estatuas y lo parecían al permanecer bajas en reverencias respetuosas pero que nada hubieron significado para ella en ese momento y cuya mente se encontraba alejada de todo cuanto la rodeaba, única y decididamente, concentrada en el lugar al que se dirigía con incomparable determinación, llegando a sorprender a quien sea que se encontrara en su camino y que lo manifestase o no. El tono de voz de la Sultana Haseki y toda su imagen hubieron dejado estoica a Ino que de buenas a primeras no supo que pensar, no al verla de esa guisa que no tenía precedente alguno, comparado con su habitualmente perfecto comportamiento desde luego, pero que parecía tener fundamentos y ella no pensaba ser quien comenzara a cuestionar sus decisiones, jamás lo había hecho y esta no sería la primera vez, confiaba en que Sakura tendría razones para comportarse de esa manera y se sabría el porqué, pero no en ese momento. Lo que sea que hubiera sucedido, y grave tenía que ser, había provocado tal metamorfosis—fuera momentánea o no—en la Sultana Haseki que aprecia liberar fuego por sus ojos, un actuar muy inusual en ella que siempre mantenía la compostura e imponía sin falta alguna el protocolo, luciendo casi etérea y alejada de aquellos que tanto la veneraban y que contribuían a enaltecerla, y el caso esta vez no era indiferente de no ser por su propia conducta que por primera vez no tenía comparación alguna pero que solo parecía contribuir a resultar fascinante para las jóvenes que ya inmediatamente tras verla pasar hubieron comenzado a murmurar entre si los posibles motivos de su comportamiento, cosa que enfureció a al Yamanaka, no solo se trataba de la Haseki del Sultan sino además de su mejor amiga, no permitiría ni de broma que—que en momentos así—abundaran los cotilleos, menos aún sobre su magnánima persona.
-Todas, adentro- ordeno Ino inmediatamente, no permitiendo discusión alguna.
Asintiendo a trompicones y sujetándose las faldas de sus vestidos es que las jóvenes hubieron ingresado al Harem siendo apresuradas por lady Ino que contemplo a la Sultana Haseki con preocupación hasta que hubo desparecido, preguntándose qué es lo que había pasado y que la había enfureció así, había pasado años junto a Sakura, pero jamás la había visto actuar de ese modo ni tampoco las jóvenes presentes y que hasta la última de ellas hubieron ingresado en el Harem bajo un silencio total, nadie quería provocar la ira de la Sultana Haseki, no este día en que bien podía ser un ángel, -como consideraban todos que lo era-pero también un demonio…
Entender a un miembro de la aristocracia era todo un reto teniendo en cuenta que como personas que eran contaban con excentricidades propias de sus honestos sentires como hombres y mujeres que eran, dependiendo de su sexo, por supuesto; más ni aun así resulto nada fácil para Tenten seguirle tan lealmente el paso a la Sultana Sakura cuyo decidido caminar la hacía avanzar a pasos casi agigantados comparada con ella que precia insignificante y menuda a su lado. No sabía que era lo que la gobernar en eso momentos, si únicamente la ira que la hacía sostener duramente la daga contra su mano o la decepción por haber perdido el ultimo halito de alegría en su vida y que la hacía ignorar el cansancio que le provocaba su enfermedad y aún más con motivo de su brusco caminar y que la hacía transitar con inusual apremio los pasillos hacia los aposentos del Sultan bajo al confundida mirada de los soldados jenízaros en el umbral de cada pasillo y que nunca la habían visto de ese modo, por primera vez desde que había llegado al Palacio siendo apenas una adolescente volvía a sacar a la salvaje leona que representaba su carácter y que esta vez no estaba encadenada, esta vez cobraría la vida de quien fuera preciso para o dejar impune la muerte de su hijo y por Kami que sabía que Takara era la instigadora pero no la culpable, todo el peso no recaía sobre ella, eso estaba claro sin importar lo que sea que hubiera hecho, Sasuke había tomado la decisión por su cuenta y lo juzgaría de ese modo, después de todo era el Sultan…pero lo era gracias a ella. Agradeció silenciosamente en cuanto hubo llegado al ala que albergaba los aposentos del Sultan y cuyas puertas finalmente quedaron ante ella, entonces se detuvo y reafirmo su agarre entorno al mango de la daga y avanzo con seguridad hacía las puertas bajo la preocupada mirada de Suigetsu que no supo que pensar al verla…así, parecía un apersona completamente diferente de la Sultana que era y que todos conocían, pero a quien no podría desestimar, jamás.
-¡Abran las puertas!- ordeno Sakura sin importar que tuviera el honor de hacerse presente sin anuncio alguno.
Retorciendo sutilmente por mera inercia y temiendo ir en contra de aquella mujer tanto hermosa como insólita es que los jenízaros hubieron accedido a su orden, permitiéndole ingresar y dejando a Tenten en el exterior, quien se hubo apretado nerviosamente las manos. De pie frente a su escritorio, hasta entonces sumergido en sus propios pensamientos, Sasuke voleo a ver a su esposa, cuya conclusión esperaba fuera totalmente diferente de la que Izumi había hecho hacía solo instantes atrás y que continuaba afectándolo, pero por la fúrica expresión en su rostro; inicialmente y por descarte hubo supuesto—o más bien afirmado—que pensaba igual, cada una de su facciones y el modo en que se detuvo bruscamente frente a él se lo decía, así como el modo en que le sostenía la mirada, impregnada en ira y una emoción extraña que el Uchiha no supo identificar pero que lo hizo sentir como si aquello hubiera sido peor que sus lágrimas, era peor que un insulto. Su hijo, su Shisui, había sido un Príncipe inocente al que sabía Takara había inculpado indebidamente para tener el camino libre hacia el trono como tanto deseaba, pero Sasuke en su estupidez y soberbia no había reparado en la posibilidad y eso era lo que más la enfurecía. Sabía lo que estaba pasando, todos pensaban que podían deshacerse de ella y destruirla, pero a ella nadie podría destruirla, ella haría que todos los traidores pagaran con sangre semejante afrenta, nunca perdonaría a Sasuke lo que había hecho, y disfrutaría cada segundo odiándolo, no volvería a dirigirle la palabra ni a verle a la cara, por sus hijas, nietas y nietos se quedaría en ese Palacio en lugar de partir al Viejo Palacio, pero eso sería lo único que cambiaria, eso y su responsabilidades, él bien podía morir mañana y a ella le resultaría insignificante, quería verlo destruido y la venganza que deseaba solo se cobraría con su ruina porque todo ese Imperio, la gloria del poder y el Sultanato solo le pertenencia a ella, ella habían unificado todo eso y mantenido la estabilidad, ella sustentaba todo y a todos, él solo era Sultan porque ella lo permitía pero a partir de ahora estaba por su cuenta, ya no contaba con su apoyo y jamás volvería a tenerlo, no importaba lo que él dijera, pero aun así lo escucharía, le daría la oportunidad pero ni aun así la convencería de volver a creer en él.
-No puedo creer que hicieras esto- declaro la Haseki, decepcionada y furiosa, -¿En qué estabas pensando? Era tu hijo, nuestro hijo- chillo, apretando los dientes por la frustración
-Era eso o permitir que un loco rigiera el Imperio después de mí- justifico Sasuke, convenciéndose de ello al mismo tiempo. Bajo lentamente la mirada evaluando toda su apostura y aún más la daga que sostenía en la mano y que entonces levanto, sosteniéndola y sin apartar la mirada de él, una mirada cargada de cólera y que Sasuke jamás había visto en ella. -¿Quieres matarme?- pregunto, no sabiendo que pensar, pero para su incredulidad la respuesta fue otra; Sakura volteo la daga apuntándola en su dirección e indicándole a él que la sostuviera.
-Hazlo ya, termina con este suplicio- permitió Sakura, reiterándole con la mirada que no dudase en quitarle la vida. -Perdí a todos mis hijos, no soportare nada más-declaro sinceramente.
-Sakura, razona por favor- desestimo Sasuke, dejando la daga sobre la mesa y casi ordenándole esto.
Lo que ella suponía, lo que exigía que tuviera lugar era la locura más grande sobre la tierra, ¿Cómo podría matarla? Jamás ni aun con tal de sostener en el Imperio pensaría en lastimarla, ella que era lo más importante en su vida, pero necesitaba que ella comprendiera lo que no había sido capaz de hacerle entender a Izumi, Sakura tenía un juicio imparcial y un corazón justo e inocente, confiaba en que ella pudiera entender que las decisiones del estado en ocasiones pesaban mil veces más que sus propios sentimientos como simples seres mundanos y terreno, no deseaba ver esa expresión de ira en su rostro, deseaba poder tranquilizarla, pero no podía hacerlo si ella insistía en ser tan agresiva como el recordaba que lo había sido en el primer encuentro que los había presentado en el jardín secreto. En ese Palacio había vivido los mejores y peores días de su vida por lo que consideraba ese lugar su único hogar; había sucumbido al mor y había tenido hijos a lo que amaba con todo su corazón pero a los que había visto morir uno por uno, ya no quería pagar un precio innecesario pero Sasuke no planeaba liberarla de ello ni Sakura pensaba ser tan ruin como él y mancharse las manos de sangre, ella no era tan desalmada, tenía conciencia y corazón aun cuando él se hubiera empecinado inconscientemente en subyugar a la inocente esclava griega que había sido traída por y para él hasta convertirla de una u otra forma en la Sultana Haseki que era en la actualidad, pero contraria a él, Sakura no olvidaba quien había sido y nunca lo haría, ella recordaba quien había sido y lo que había vivido, su alma había gritado por piedad y nadie la había escuchado, pero aun a pesar de ello continuaba permaneciendo integra y leal al pasado, a su pasado.
-Irracional ¿Te parece acaso la palabra adecuada?- pregunto Sakura, fingiendo indiferencia, -o sería mejor, ¿iracunda, molesta, trastornada, loca, desvariada, manipulable?- enumero con desesperación casi exigiéndole una respuesta para haberla apuñalado por la espalda, ese era el peor golpe que hubiera podido recibir y él lo había hecho a conciencia, ignorando lo que sentiría…sentía. -Anda, di que apelativo me falta- permitió con un ligero y falso deje de compostura. -Te gusta verme sufrir, ¿o no? Mírame, ¡Mírame a los ojos y dime que no es así!- chillo con la voz levemente quebrada por el dolor que la mataba por dentro al haber perdido al último de sus hijos, sosteniéndole la mirada, exigiendo una respuesta del porque le había hecho eso a ella, a su esposa, a su familia.
-Ángel…- nombro, intentando sostenerle las manos para sosegarla y hacerla entender el motivo tras su decisión, pero ella increíblemente aparto sus manos, despreciándolo por primera vez. Este gesto instalo el miedo en su pecho, ella jamás había actuado así, nunca, no importaba lo que hubiera sucedido entre ambos anteriormente y lo aterraba pensar que podía perder a su esposa. -Sakura…perdóname-rogó ante la inaudita mirada de ella que no creyó lo que oía, ¿Cómo tenía el cinismo de decir eso luego de lo que había hecho?, -lo hice para que esta guerra terminara, si Shisui llegaba al trono se perdería todo lo que he hecho, lo que hemos hecho, entiéndelo por favor- rogó, desesperado por hacerle ver que él también tenía un peso que cargar en su conciencia por dicha decisión, pero ella no quería verlo.
Cada vez, hasta la fecha, recordaba a la ya fallecida hechicera Josefa cuando perdía a alguien importante para él; su madre Mikoto, Fugaku, Yosuke, Baru, Itachi, Daisuke, Rai, Kagami y ahora Shisui, pero a pesar de todo no la odiaba, no porque por amor a él es que Sakura había aceptado esa maldición, ese trato, pero eso quitaba el hecho de que Sasuke sintiera la responsabilidad de todas esas muertes; si hubiera llevado consigo a Baru e Itachi a Crimea cuando había partido en aquella campaña seguramente no hubieran muerto, Sakura hubiera podido sostener el estado en su ausencia, Naoko no habría podido creer que podía quitarle el poder ni atentar contra Kagami, quizá Daisuke hubiera muerto de igual modo o no, eso no podía saberlo, pero inevitablemente su relación con Shisui hubiera sido diferente y todos lo hechos que habían tenido lugar hubiera sido una fantasía, eso no podía saberlo pero lamentaba todos esos errores, todo cuanto debí de haber hecho pero que ya era pasado, u algo impensable y que ya no podía cambiar…pero no deseaba que Sakura le diera la espalda; sin ella se sintiera totalmente perdido, ella era la única razón de su vida, lo único inocente sobre la inclemente tierra que conformaba el Imperio y perderla seria su peor temor. Quizás si hubiera ordenado que los verdugos también la mataran, ella estaría agradecida e incluso resignada, eso le hubiera dolido mil veces menos, pero la había humillado y herido de la peor forma posible, había roto con todas y cada una de sus promesas, aun antes de casarse formalmente con él le había prometido que le daría cuantos hijos deseara, que formarían una familia muy numerosa y así había sido pero ahora esa familia estaba destrozada, sus hijos habían muerto y sus hijas lloraban aquella noche por haber perdido a su hermano menor, especialmente Izumi que había sido tan unida a Shisui durante toda su vida, ¿Cómo es que Sasuke no podía entenderlo? El perdón era algo que merecía quien lamentaba profundamente lo que había hecho y que necesitara enmendar las cosas, que comprendiera que su decisiones había sido un error, pero Sasuke solo necesitaba su perdón para sentir que lo que había hecho estaba tan bien como él creía, la necesitaba como trofeo y consuelo, no la amaba, solo creía necesitarla, eso era algo completamente diferente.
-Nunca te perdonare- sentencio Sakura, con indiscutible odio -¿Este Imperio vale la vida de tus hijos? Itachi y Baru murieron por culpa de Mei, Rin y Obito. Kagami y Rai por culpa de las ambiciones de Naoko, y Daisuke por una enfermedad, todos nuestros hijos desaparecieron porque la providencia y el destino jugo con ellos, pero tenías que volverte un monstruo y asesinar a tu propio hijo- detallo, enumerando con dolor a cada uno de sus hijos y que ahora ya no estaban con ella, pero que, Kami mediante; estarían en un lugar mejor, -¿Qué te hace diferente de otros Sultanes?, ¿Dónde está el hombre que conocí?- cuestiono, no alcanzando a comprender en qué momento se había vuelto tan cruel, ahora no podía reconocer al hombre que tanto decía amarla. -Solo veo a un hombre cruel, eres igual que tu padre- culpo con veneno y odio en cada una de estas silabas, sabiendo lo que significaba y no le importaba, quería que él supiera y entendiera el infierno que ella sentía en su pecho porque él le había arrebatado a su hijo y lo odiaba por ello.
Si hoy estaba sufriendo nuevamente y enterrando los momentos felices bajo una pila de pensamientos angustiosos y martirizantes era por su culpa, él era el responsable de todo su sufrimiento, él que había sentido fascinación al verla en una pintura y por lo que la habían apartado de su familia y de su hogar, quizás si hubiera permanecido en su isla griega no sería la poderosa Sultana que era en aquel Palacio, pero hubiera sido feliz, estaba convencida de ello, más si hoy sufría era por él, porque su ira incontrolable cegaba su corazón y sus decisiones perjudicaban a quienes decía amar; a él, a ella y a sus hijas…no se daba cuenta ni quería aceptarlo pero estaba luchando consigo mismo y estaba perdiendo, el Sultan y no él hombre era quien estaba gobernando sus acciones y su insensibilidad lo estaban arrastrando a un abismo del que—si no se libraba a tiempo—nunca podría salir y al que acabaría arrastrando al Imperio entero, pero ella no permitiría que el Imperio cayera en la decadencia, evitaría eso cuando menos, pero no su caída, ya no tenía por qué protegerlo de nada, nunca más lo haría, si había elegido la soledad; pues bien, ahora debía seguir solo, ya no la tendría a ella para apoyarlo ni decirle que estaba bien o que estaba mal. Una de las primeras lecciones que había aprendido como Príncipe era que un Sultan no debía rendirle explicaciones a nadie, era al sombra de Kami y cada una de sus órdenes debía ser aprobada sin cuestionarse, pero también en base a las experiencias vividas como Príncipes que se había jurado—al subir al trono—que nunca sería un Sultan cruel, que derogaría el fratricidio y dejaría un camino seguro para que sus hijos pudieran vivir en paz, pero había tenido razones para permitir que Rai muriera, porque otros lo hubieran empleado como una amenaza contra el Sultanato y Shisui había sido declarado culpable por los miembros de ambos ejércitos, el pueblo y los eruditos, ¿Cómo podría haber impedido esas muertes? No, no quería creer que hubiera acabado por convertirse en un gobernante tan cruel y tirano como lo había sido su padre, tan desconsiderado…pero quizás la realidad siempre había estado frente a él y únicamente él no había deseado verla, porque tal vez nunca le había importado y porque su egoísmo lo había guiado y ahora veía las consecuencias de sus propios actos y elecciones, sus malas decisiones…
-Sakura…- murmuro Sasuke, incrédulo, deseando no creer que ella hubiera llegado a tal conclusión, negándose de igual manera a creer que, como Sultan, había cometido un error. -Lo hice porque era lo mejor para el Imperio- justifico finalmente, creyendo en ello.
-¿Lo mejor para el Imperio, dices?- repitió Sakura sarcásticamente, aún más molesta por su respuesta. -Yo tuve que evitar la caída del Imperio aun antes de que naciera el primero de nuestros hijos, cuando estabas enfermo, siempre he llevado esta carga sola- evidencio, satisfecha de poder aludir ese pasado en que de haber tomado mejores o diferentes decisiones hubiera creado un futuro muy diferente del que ahora tenía lugar, -¿Sabes cuantas veces he estado a punto de morir para proteger tu asquerosa vida? Si no fuera por mí no habría un Imperio que gobernar, ¿Y tú quieres convencerme de lo que es mejor para el Imperio?- cuestiono ofendida en su orgullo como mujer ante lo que él creía que era mejor y que no era en lo absoluto lo que ella consideraba pertinente ni muchos menos apropiado. -Vas a escucharme bien, ¡Yo soy el Imperio!- esclareció haciendo chocar su puño cerrado contra el centro de su pecho, manifestando finalmente y como nunca hacia donde se dirigía su lealtad y dedicación. Sujetándose ligeramente la falda del vestido y encaminándose con la dignidad que tanto la caracterizaba hacia las puertas, Sakura se detuvo; por fin había sido sincera y debía reconocer que se sentía mejor consigo misma. -Ya no me considero más tu esposa, tú ya no eres mi esposo, estás muerto para mí- sentencio, volteando su rostro para verlo, porque esa sería la última vez que lo tendría tan cerca, nunca más acudiría a su presencia sin importar lo que pasara, -debes saber que si alguna vez tocas a mis nietos, si llegas a hacerles lo mismo que le hiciste a Shisui, te quitare la vida con mis propias manos- amenazo con un tono de marcado odio en su voz, dando por terminada aquella conversación.
Estampando sutilmente los nudillos de su mano contra las puertas, que se abrieron de par en par, la Sultana Haseki y aun esposa del Sultan ser marcho sin volear ni una sola vez, dejando desolado y de piedra a Sasuke que por primera vez y habiéndola escuchado hablar de ese modo hubo reconocido que la mujer que había abandonado la habitación y su presencia ya no era una aliada, estaba determinada ser su enemiga si hacía falta y no había poder en la tierra o en el cielo que alterara su decisión; había perdido a su esposa por culpa de sus propias decisiones, su mayor temor se había convertido en realidad y solo él tenía la culpa…
El odio rencor de una mujer no podía no podía ser puesto a prueba porque únicamente mediante ello ya se podía crear una torrente de sangre y una guerra inimaginable, pero la Sultana Sakura no era alguien cruel y ello sosegó tanto al Hasoda Basi como a los escoltas jenízaros que la hubieron reverenciado. Los primeros paso de la Sultana Haseki tras abandonar los aposentos del Sultan y siendo lentamente seguida por Tenten, continuaron estando cargados de ira mientras se alisaba distraídamente la falda del vestido, posicionando sus manos bajo sus costillas en un intento por respirar mejor y más profundamente, y antes de llegar a darse cuenta siquiera es que su guerrillera imagen de odio se transformó en la tristeza que tanto habla contenido, las lágrimas hubieron comenzado a deslizarse por sus mejillas y antes de lo imaginado-ya fuera por ella o Tenten-se encontraba sollozando con palpable dolor, habiendo perdido todo cuanto podía haber sido motivo de alegría en su vida hasta al menos ese día. Cada paso que daba era una tortura, lo veía y lo sentía, sentía que el aire no le llegaba los pulmones, sentía esa punzada en el pecho pero de manera inusual y diferente a como había sucedido con anterioridad, con un dolor inimaginable y que la hizo menguar lentamente en su andar bajo la atenta mirada de Tenten que no hubo desistido en seguirla por su propia seguridad, notando lentamente como sus pasos regios y dignos se habían lentos y adormecidos casi torpes…entonces y como si de una fuerza descomunal se tratara, Sakura sintió que definitivamente ya no podía respirar y que apenas conseguía distinguir el entorno que la rodeaba, llevándose una mano a la frente por el mareo que comenzó a sentir con más velocidad ante el pasar de los minutos, pero entonces fue demasiado tarde. Lealmente, Tenten se sujetó al falda para cruzar los paso que la distanciaban protocolariamente de la Sultana Haseki, sujetándola de los hombros apenas y se desplomo, pero el peso de ambas en conjunto hubo resultado un peso que se desplomo sobre el suelo, más Tenten no permitió que la cabeza de la Sultana Haseki chocar contra el suelo, acunándola en su regazo y asaltando a los guardias jenízaros en el umbral del pasillo y que apresuradamente acudieron a ayudarla.
-Sultana- zarandeo Tenten, nerviosa y aún más al ver el filo hilo de sangre que hubo manchado los labios de la Sultana Haseki. -Traigan a un médico, por favor- urgió, conteniéndose para no llorar.
El sufrimiento con que ella estaba cargando era demasiado grande.
Las puertas de sus aposentos se hubieron cerrado tras su retorno a sus aposentos, más eso ni nada que perteneciera al mundo podía importarle de ahora en más, ya nada tenía un valor, lo había perdido todo, ninguno de sus hijos seria Sultan porque hora seguramente se encontraban en un lugar mejor, no tenía un propósito de cara al futuro, no le importaba a nadie en aquel sucio mundo, nadie la necesitaba realmente y eso solo acrecentaba la tristeza e impotencia que sentía por permanecer atada a aquella vida que no deseaba continua padeciendo y por la que no guardaba afecto alguno, habiendo perdido todo cuanto podía haber significado algo en su vida, ¿Cómo sentir calma por al menos un instante, era imposible? Lentamente y con una pesadez palpable es que hubo avanzado en dirección hacia las escaleras en cuyo barandal se apoyó al ascender, pero nada en su apariencia ejemplificaba a la poderosa mujer que era y tampoco se sentía así, era como si sobre ella únicamente se cerniera una tragedia insostenible y cuya carga la martirizara y destrozara más y más por dentro a medida que pasaba el tiempo. Las doncellas que resguardaban las puertas de su habitación la hubieron reverenciado al abrir estas, permitiéndole pasar, pero nada conseguía animar a la desdichada Sultana que ingreso en la habitación ignorando e sutil chirrido de las puertas que se cerraron tras suyo, no supo de dónde pero nació el inconsciente deseo de contemplar si todo lo vivido había minado como reía en su persona, lo que la hizo avanzar en dirección hacia el enorme espejo veneciano de marco de oro que se encontraba empotrado contra la pared.
-Contrarias a lo que tú haces, niña, nosotras no soltaremos lágrimas, ni romperemos a llorar. Todo esto es una cuestión de supervivencia.
Observándose frente al espejo, viendo únicamente a una mujer on mirada vacía e inocua…recordó las palabras de Mito sobre que el deber o responsabilidad de una Sultana y todo cuanto debía de tolerar, en aquellos primeros días en el Palacio por supuesto que no lo había entendido, su propia juventud e inexperiencia le habían impedido tal cosa, pero ahora y cargando sobre si con la experiencia de la perdida, el sufrimiento y la política de años de regencia podía ver que Mito quizás no había sido una villana como ella había imaginado, quizá ambas si se asemejaran porque sus destinos había conducido a lo mismo, a ver como quienes amaban desaparecían, Indudablemente habían tenido mentalidades e ideales opuestos, pero era mucho más fácil empatizar desde el sufrimiento y la perdida antes que de cualquier otra cosa. Pero ya no podía retractarse de nada cuando había hecho, solo podía contemplar el pasado con nostalgia ante un pasado que de poder revivir hubiera cambiado por completo, pero eso no podía hacerse, era imposible. Daba igual el pasado ahora, ya nada tenía solución y decidió aceptarlo pese a su propio dolor, pero algo le impidió a Sakura hacer tal cosa…alguien que se encontraba de pie tras suyo, junto a su reflejo en el espejo y que la hubo congelado en su lugar ante lo que estaba presenciando.
-¿Recuerdas ese día?- pregunto la joven a su espalda, contemplando el reflejo de la Sultana Haseki que se veía sumida en los recuerdos.
Volteando lentamente para comprobar que sus ojos no la engañaban, Sakura hubo de reconocer que había imaginado muchas cosas a lo largo de su vida, y aún más luego de haber lidiado con tanto le sorprendía no haber sucumbido a la locura más lo que estaba contemplado en aquel momento superaba toda cordura…a sí misma, n a la Sultana poderosa que todos alababan y amaban sino a quien había sido en su pasado, veía frente a si a su reflejo más joven, a la misma joven griega que había pasado apenas unos meses en el Palacio cundo había descubierto que esperaba al primogénito del Sultan del mundo. Su juvenil y menuda figura de aspecto inocente pero femenino era cubierta por unas sencilla galas blancas de escote entre redondeado y corazón, cerrado por cinco botones que iban desde el escote a la mitad del vientre, falda de una sola capa hecha de seda y ribeteada en gasa así como mangas ajustadas hasta los codos que se volvían holgadas y abiertas para exponer los brazos; por sobre esta galas se hallaba una chaqueta de seda ribeteada en gasa, sin mangas y de profundo escote en V cerrada a ala litad del vientre y abierta bajo este como si de una falda superior se tratase y cuya tela estaba estampada en hilo plateado y cobrizo para replicar el emblema de los Uchiha en los hombros, paralelamente en los costados del pecho, en el lado derecho de la cadera y en puntos explícitos de la falda, así como en la espalda. Su cabello rosado conformaba una larga melena de rizos que caían prolijamente tras su espalda en una sencilla trenza mariposa que hacia resaltar una diadema de oro de tipo cintillo decorada con diamantes ámbar sobre su cabeza y a juego con unos pendientes de diamante en forma de lagrima, todo sobre si representaba inocencia. Lucia igual que…igual que a noche en que había enfrentado a la rebelión, la noche en que había decidido dedicarse al amor y vender su suerte para que Sasuke sobreviviera, su propio reflejo era una muda tortura de quien había sido y ya no era, no se veía a sí misma en esa joven cargada de inocencia e ingenuidad, veía a alguien que casi le resultaba ajena, inalcanzable y ahora Sakura solo se sentía miserable, mundana y banal.
-Eres tú…- reconoció Sakura, sorprendida así como mortificada por lo que quizá representaba.
-Ven conmigo- indico la griega, alzando su mano e indicándole que la sujetara.
Una inmediata duda asolo la mente de Sakura, si aquello era correcto ya que desde cierto punto de vista no tenía lógica alguna, pero por al menos esa ocasión y sujetando su mano de la de aquella que representa su pasado es que Sakura confió en que lo que se sucediera no sería peor de lo que ya había vivido, eso era seguro cuando menos, aunque de ser conducida a la muerte lo agradecería y mucho. La joven griega, teniendo una expresión triste y pacífica al mismo tiempo; le sostuvo la mano y le indico que la siguiera en dirección hacia las puertas de madera en la esquina contraria a la terraza y que permanecían cerradas, sabía lo que allí había pero necesita que ella lo viera por lo cual lentamente abrió las puertas de par en par, ingresando primero y luego indicándole que hiciera igual. Ingresando en la habitación y siendo seguida por su homóloga, Sakura reconoció inmediatamente aquel lugar porque entraba todos los en él días para elegir que joyas y vestidos lucir para cumplir con su rol como Sultana Haseki, pero en esa oportunidad hubo contemplado con mayor libertad todo cuanto ahí había y que le pertenecían solo a ella; paredes tapizadas en encaje esmeralda bordado en hilo de plata, repisas con piezas de oro y reliquias dignas de cualquier ambicioso coleccionista, mesas repletas de coronas de todos los colores, tamaños, diseños y joyas, cofres con pendientes y brazales, pescantes de los que pendían collares y percheros atestados de vestidos, cofres llenos de oro y joyas que destinaría a la caridad y pedestales de oro que sostenía retratos, algunos cubiertos por lienzos y otros al descubierto, la joven griega se acercó a uno de los que permanecía cubierto y cuyo lienzo de encaje color negro hubo quitado, rebelando una pintura que Sakura jamás recordaba haber visto ni para la que hubiera posado, en ella estaba su familia; Baru e Itachi de pie tras ella que permanecía sentada sobre un elegante diván purpura, cargando en sus brazos a Izumi y Shisui que apenas y eran bebés, sentado a su pies—a la izquierda—se encontraba Daisuke con una expresión de suficiencia en el rostro, junto a él y sonriendo estaba Sarda que reposaba su infantil rostro entre sus manos con Rai junto a ella, y sentadas a la derecha de ella estaban Mikoto y Shina que se abrazaban entre sí y a Kagami que sonreía radiantemente. Era una imagen tanto hermosa como triste porque ahora podía comparar esos días felices con el actual presente y que no era más que una triste sombra.
-Cuando llegaste a este Palacio y aceptaste ser una Sultana te prometiste a ti misma que engrandecerías este Imperio y que protegerías a tus hijos hasta el final, con tu último aliento- aludió la joven pelirosa con un tono de voz indiferente pero dulce a la vez, -¿Acaso has mantenido esa promesa?- cuestiono sin perder su tranquilidad, volteando a verla con la mirada empañada de tristeza. -Itachi, Baru, Kagami, Rai, Daisuke, y ahora…Shisui- nombro con un ligero matiz de dolor ante lo que significaba cada una de esas pérdidas.
-Yo no quería que esto pasara- admitió Sakura tristemente, decepcionada consigo misma.
Recordaba su primera promesa; que haría que sus hijos vivieran la paz que ella no había podido conocer, que ellos pudieran ser felices y dichoso, por ello había dado su esfuerzos para encontrarles compañeros de vida conque formar familias y tener vidas propias para que ya no tuviera que vela por ellos sino contemplar con orgullo los hombres y mujeres en que se habían convertido…pero esa promesa no había podido cumplirse, en lugar de ello había tenido que proteger a su hijos y ver como aliados a quienes consideraba su familia perecían irremediablemente convirtiendo es promesa feliz en una pesadilla. Nunca había deseado ese final para ella, ni mucho menos para sus hijos, aunque eso ya no importaba mucho porque ya no podía proteger a sus niños, solo podía desear de todo corazón que el momento en que se reuniera con ellos llegara y pronto, solo una promesa se había hecho realidad y era la que Naoko había hecho tras la muerte de Rai; Sasuke le había quitado todo cuanto había amado en su vida y ahora solo una vez de haber considerado que sería feliz junto a él en ese Palacio, nunca había tenido posibilidad alguna para serlo, claro que el amor era motivo para ver esa prisión de oro y joyas convertirse en un Palacio, pero esto se deshacía cuando el amor era el motivo de infelicidad para alguien, como era su caso. Claro que aquella joven comprendía su sentir, más aun cuando había sido el propio en aquellos felices y primeros día en el pasado; dedicarse amar a Sasuke y a formar una familia numerosa, poder ser—aun con el deber y las responsabilidades del Sultanato como tal—padres cualquiera que pudieran demostrarles amor a sus hijos, pero esos días tan felices habían durado poco tiempo y todo había acabado desmoronándose de una u otra forma porque ahora su hijos estaban muertos y toda la ingenuidad, orgullo e inocencia que hubiera tenido era ahora un recuerdo triste, porque le habían arrebatado esa inocencia y la habían convertido en una mujer que ya no tenía la animosidad para enfrentare a nadie, habían destruido su voluntad, sus deseos de vivir y su alegría.
-Lo sé, solo querías protegerlos y al Imperio, y la única forma en que podías hacerlo era encomendando sus vidas a la providencia y al Sultan- contesto la griega empáticamente porque su propia juventud reflejaba la época en que había creído en esa posibilidad, pero ya no, sus ojos no reflejaban el amor que le había profesado tan intensamente a Sasuke en aquella época, ahora lucían opacos, tristes y vacíos porque ahora comprendía a donde la había conducido aquello.- Pero el propio Sultan, el hombre a quien dices amar, fue quien arruino sus vidas y la tuya- añadió por motivo de la decepción que significaba que el amor considerado de cuento no fuera más que una espantosa pesadilla que le había arrebatado todo y a todos en su vida, minuto a minuto. -Los condenaste y a ti-culpo sin remordimiento alguno.
-¿Y tú qué sabes?, ¿Qué?-gruño Sakura, ofendida por semejante reproche, no porque considerara que era cierto, sino porque no quería creer que ella tuviera algo de culpa, no cuando quien únicamente había perdido era ella. -Tú vivías en la inocencia, en el amor y la tranquilidad, mientras que yo tuve que sacrificarme, perdiendo a todos a los que amaba, nunca pude elegir- comparo, defendiéndose peo no obteniendo reacción alguna puesto que su homóloga solo la observo con indiferencia. -Tuve tanto a mi alcance pero siempre estuve sola, desde el primer día en que tuve que anteponer el Imperio. ¡Nadie estuvo a mi lado!- chilló con la voz quebrada, cansada de haber tenido que pasar por tanto.
-Podrías haber peleado- contesto la joven pelirosa con obviedad, -podrías haber intentado huir, quizá hubieses muerto pero sacrificaste tu destino por un hombre no valió la pena, ¿o sí?- pregunto, ya conociendo de antemano la respuesta. -El mismo hombre que amabas es un Sultan tirano, es como cualquier otro hombre, no es diferente de nadie y tu ilusamente sacrificaste todo en tu vida por él, ¿Y él?, ¿Acaso cambio su vida por ti? No- contesto viendo bajar la mirada a la Sultana Haseki que debía aceptar que parte de todo eso ya lo había entendido desde hace tiempo, pero quizás no su propio grado de culpa en ello. -Él te arranco tu inocencia, eso era todo lo que te quedaba, lo que representaba quien fuiste y seguías siendo-pronuncio dolida por las consecuencias que ello había traído. -Eras la favorita de tu padre, la primogénita de tu madre, la mejor amiga de tu hermana pequeña, eras feliz en tu isla, donde la brisa mecía tus cabellos y donde solo se respiraba paz, donde fuiste verdaderamente feliz, y por un hombre lo perdiste todo- narro viendo tristemente como toda su vida había discurrido de un sufrimiento a otro, siempre había girado en el mismo eje; la perdida. -¿En qué te convertiste, Sakura? Te olvidaste de tus hijos, te convertiste en una asesina- desdeño con un desprecio tal que hubo dejado a Sakura de piedra.
Ella había permitido tal maldición que había acabado por ser la sentencia de su hijos, ella había elegido el amor por el Sultana un por sobre sus hijos, ella había permanecido impotente mientras le arrebataban la inocencia, esa arma que debía haber sido ante las adversidades se había convertido en un puñal que había herido a todos a quienes amaba, como madre no había podido proteger a sus hijos y como amiga no había podido proteger a sus aliados que habían muerto pensando en ella, ella que era su consciencia podía ver eso y despreciaba de todo corazón la mujer y Sultana Haseki en que se había convertido, era todo cuanto aquella joven griega había desaparecido llegar a ser, le repugnaba esa visión de sí misma porque lucia diferente y pensaba diferente. Nunca había deseado transitar ese camino sola; había esperado que Sasuke, sus hijos y sus hijas estuvieran junto ella a cada paso pero nunca había existido esta opción, la habían obligado a ello, habían intentado empañar su consciencia que afortunadamente había mantenido, así como su piedad, pero le habían destrozado la inocencia con que había llegado al Palacio y que había prometido mantener como un escudo, cada vez que había intentado hacer bien las cosas le habían propinado golpe tras golpe, herida tras herida hasta convertirla en lo que era ahora; una mujer que estaba decepcionada de sí misma y de su pasado, pero no podía creer que la culpa recayera totalmente sobre ella, no podía creer que la causante de las muertes de sus hijos no fuera sino ella, ¿Cómo podía serlo? Había hecho todo por protegerlos aun a costa de su vida, esa no era una posibilidad siquiera…no podía serlo.
-No, no, yo…- intento discutir Sakura, aunque no sabía si era correcto, pero no quería creer que ella tuviera toda la culpa.
-Abandonaste a tus hijos, eres una asesina- interrumpió la joven griega avanzando lentamente hacia ella, acortando más y más a cada momento la distancia que las separaba, -¡Asesina!, ¡Asesina!, ¡Asesina!- repitió a modo de condena que hicieron retroceder a Sakura por el miedo que sentía a aceptar la realidad.
Esa insistente visión, la voz en su cabeza y todo lo demás hicieron abrir los ojos Sakura que respiro pesadamente, reconociendo la habitación en que se encontraba; su habitación. Cuando una persona reconocía un error debía aprender de ello pero en su caso ya era demasiado tarde, aun cuando reconociera—y lo hacía—que tenía culpa de la muerte de sus hijos y de todos cuanto amaba no podía cambiar nada, solo podía llorarlos, especialmente a su tesoro; a Shisui a quien no había podido proteger, debía de haber estado ahí para él e impedir que los verdugos lo mataran pero o lo había hecho. La noche en que Itachi había muerto no debería haber abandonado el Palacio, así él no hubiera muerto por las intrigas de Mei y Rin, no había permanecido en el Palacio cuando Baru había muerto de otro modo quizá le hubiera evitado morir como lo había hecho y quizás habría podido protegerlo, no había velado más por Kagami el día en que había muerto ni había tomado las precauciones necesarias para mantenerlo a salvo, no había intentado que Rai huyera como había pensado hacer para salvarlo, y no había estado lo bastante al pendiente de Daisuke para haber evitado la enfermedad que había acabado por cobrar su vida. Sentía asco de sí misma, había fallado en cada oportunidad y ahora podía verlo, pero—ahí, levemente recostada sobre el diván junto a su tocador—solo le quedaba llorar, ya no podía cambiar ese pasado que la torturaría hasta su último día. Izumi se paseó nerviosamente por la habitación, no sabiendo que hacer mientras esperaba que su madre reaccionara; cuando Yugito le había dicho que su madre se había desmayado tras haber confrontado al Sultan, Izumi inmediatamente temió lo peor y había acudido a sus aposentos a toda prisa sin importarle nada más, mucho más tranquila en cuanto el propio doctor C le había garantizado que estaba bien. Nadie nunca la había visto tan furiosa como se había comportado y eso Tenten e incluso lady Ino lo atestiguaban, su madre había sido quien había sobrellevado la peor parte del golpe. Los pensamientos de Izumi se interrumpieron en el acto, volteando ver a su madre apenas y escuchó un casi inaudible quejido de dolor que provino de sus labios, así como Tenten permanecía de pie junto a las puertas.
-Sultana- acudió Tenten, inmediatamente.
-Madre- se preocupó Izumi, situándose junto a ella lo más pronto posible, arrodillándose a su lado.
No existía dolor ni en el cielo ni en la tierra que pudiera compararse al dolor que una madre podía sentir al contemplar impotente la desgracia de sus hijo y que le habían sido arrebatados uno por uno, sin contemplación, porque el deber de los hijo o lo esperable de ellos era que sobrevivieran sus padres, pero he resultar en lo opuesto…el mundo se volvía un infierno y eso era precisamente lo que Sakura estaba padeciendo. Siempre había comprendido lo triste y vacía que había sido la vida de Shisui, por eso había sido tan cercana a él, por ello desde que había sido un bebé lo había mantenido cerca de su corazón y protegiéndolo del mundo con sus brazos y su amor, había hecho todo por él, hasta la más insignificante de las cosas, pero ni aun su amor de madre había podido protegerlo, o había sido lo suficientemente capaz de evitar la muerte de su tesoro, de su Príncipe. Kami, ¿este dolor tiene un final?, ¿Disminuirá o continuara así por el resto de mi vida? Kami…¿Por qué me hiciste padecer este destino?, ¿Por mis pecados? De ser así; toma mi vida, yo cometí esos pecados, yo soy la maldita, la pecadora…mi hijo era inocente, deberías haberme matado a mí, no a mis hijos, ¡No ellos! Ahora solo le quedaba ferrarse a esos momentos felices vividos y que no regresarían, pero por Kami que cumpliría algo; sus nietos, aun cuando Itachi fuera manipulado por Takara, él, Hashirama y Sasuke sobrevivirían y serían los Sultanes que gobernaría ene le futuro, todos y cada uno de ellos, la sangre no volvería manchar los muros del Palacio el odio ya no volvería a dividir a los hermanos, quizás ella no pudiera vivir para presenciar aquella época que ya vaticinaba que tendría lugar en el futuro, pero si lo harían sus hijas y eso era más que suficiente, más no menguaba su dolor y la verdad que ahora entendía, la culpa de tener sobre si todas esas muertes y saberse responsables de todas y cada una de ellas.
-Mi hijo…soy una asesina- sollozo Sakura, devastada.
Con la mirada empañada de lágrimas al escuchar esto, Izumi se levantó del suelo y sentado junto a su madre a quien abrazo, calmando su propio dolor en el proceso, esa era la mayor mentira del mundo, su madre no tenía la culpa de nada de lo que había sucedido, su madre solo era una víctima…
PD: dbería ahber ctalizado ayer, lo sé, pero decidí alargar este capitulo ya que no volveré a actualizar-no se si lo haga este fin de semana, por las fiestas-hasta enero (primera o segunda semana) porque a partir de la próxima semana iniciare los nuevos fics que tengo previstos como regalo para ustedes, así que comenten cual quieren que inicie de la lista que ya tengo-además de los que confirmo iniciar-u otro que tengan en mente :3 como siempre espero ser capaz de satisfacer sus expectativas :3 la actualización nuevamente esta dedicada a DULCECITO311 (cuyos comentarios adoro, prometiendo actualizar el fic "La Bella & La Bestia" durante esta semana:3) así como a Asch (cuyas palabras aprecio, disculpándome por haber tenido que matar al personaje de Shisui pero esa necesario), y a todos aquellos que siguen la historia en todas sus formas, sin excepción :3 Si tienen alguna sugerencia con respecto a series o películas que quieran como adaptaciones, apreciaría que las aportaran, -antes de navidad porque entonces tengo penado iniciar nuevas historias y el tiempo se habrá acabado-recordándoles que este fic, y los otros que hago, son por y para ustedes, reiterando parte de los nuevos personaje que comienzan a hacerse presentes, y recordandoles que pueden comentar que fic quieren que inicie de los que ya había planeado :3 los amo, cariños, besos, abrazos y hasta la próxima.
Hechos Históricos:
-La Muerte del Saltan Ibrahim I-Principe Shisui: tras el encarcelamiento del Sultan en los Kafer, este no hubo dejado de gritar y llorar durante días y noches,causando tal revuelo que inicio una protesta para liberarlo, pero ni los Spahi ni Jenizaros estaban de acuerdo con ello así que presionaron a la Sultana Kösem que se negó a matar a su hijo, pero en cuanto el Sheik al Islam hubo dado su aprobación, evidentemente la decisión ya no estuvo en sus manos, volviéndose incapaz para evitar la muerte de Ibrahim que la noche del 18 de agosto de 1648, asfixiado por un lienzo de seda alrededor de su cuello por verdugos que no deseaban pero tuvieron que asesinarlo forzosamente. La Sultana Takara crea pruebas falsas mediante sus aliados en el ejercito Spahi lo cual consigue firmar la sentencia de muerte del Príncipe Shisui, cuya aprobación de ejecución no recayó realmente en el Sultan Sasuke que si bien la secundo no fue quien la hubo ordenado, pero aun así los propios verdugos y soldados hubieron tenido que cumplir forzosa e injustamente con esta sentencia.
Personajes Históricos
-Ana de Austria-Konan de Francia: fue infanta de España por ser hija de los reyes Felipe III de España y Margarita de Austria-Estiria, y reina consorte de Francia y de Navarra por su matrimonio con Luis XIII, fruto de este matrimonio nació el famoso Rey Sol, Luis XIV de Francia. fue reina Consorte de Francia y esposa del rey Nagato que murió en 1643, por lo que su pequeño hijo Sasori de cinco años hubo sido coronado rey, teniéndola a ella como Regente de la nación, desde 1643 a 1651.
-Luis XIV de Francia-Delfin Sasori de Francia: llamado «el Rey Sol» o Luis el Grande fue rey de Francia y de Navarra desde el 14 de mayo de 1643 (desde los cinco años)hasta su muerte, con casi 77 años, en 1715. Es el heredero al torno francés e hijo del rey Nagato y la reina Konan, sera coronado rey pese a su evidente juventud tras la muerte de su padre, dentro de medio año
Fics proximos (comenten cual quieren que inicie :3):
-Operación Valkiria (comenzare a publicarlo entre la ultima semana de diciembre y primera de enero)
-Sasuke: el Indomable (casting y resumen ya hecho, y la historia ya visualizada, portada ya hecha)
-Cazadores de Sombras (comenzare a publicarlo la ultima semana de diciembre)
-Cazadores de Sombras: Los Orígenes (historia ya visualizada, con prologo y portada en proceso)
-El Clan Uchiha (comenzare a publicarlo la ultima semana de diciembre)
-El Siglo Magnifico: Indra y el Imperio Uchiha (sin casting pero con la historia ya visualizada y la portada ya hecha)
-El Siglo Magnifico: Mito, Mei & Mikoto (comenzare a publicarlo entre la ultima semana de diciembre y primera de enero)
-La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber (casting y resumen ya hechos, historia visualizada y diseñada en conjunto con la portada y el vestuario)
