Lobo, Serpiente o Zorro

Una mano no para de zarandearme, lo primero que hago es agarrar la navaja de los Nanaya e inspeccionar los alrededores. Estoy en algo que parece una caverna, pero la parte superior da a cielo abierto y la roja luz de la luna entra a raudales. Puedo ver… una gran montaña de rocas en el centro, no muy lejos de mí, empapadas en un líquido carmesí que apesta a sangre.

Yo mismo estoy cubierto de sangre y polvo en una capa tan espesa que parece una segunda piel. Quizás deba volver a levantarme. Parece que me dormí contra una gran piedra, y el suelo está lleno de cascotes. Si no pudiese ver las imponentes paredes de roca, habría pensado que me he levantado en una casa derrumbada.

El que me ha despertado en una de las personas que conocí hoy en casa de Tohsaka, Shiro Emiya, el que tenía ese cuerpo tan poco natural. Necesito ubicarme, recordar como he llegado aquí pero mi cabeza esta nublada, es toda esta sangre, todo este color rojo insoportable, todos esos recuerdos extraños que no paran de acudir a mi cabeza.

Emiya me hace una seña indicando una dirección. A lo lejos escucho un par de voces que discuten. Una la reconozco, la de la extraña mujer de pelo azul que me trajo aquí. Mi instinto me indica que pronto tendré que luchar por mi vida contra seres mucho más rápidos, fuertes y antiguos que yo. Más vale que esté despierto para entonces.

Intento incorporarme apoyándome en la pared, mi cuerpo está completamente machacado y le cuesta responder. Mi respiración es entrecortada y me cuesta llenar los pulmones de este aire viciado con el olor a metal. La sensación de embotamiento se extiende por todo mi cuerpo y dejo de sentir el calor en mis brazos y piernas. La visión se me nubla y ya sé que es lo siguiente que pasará.

Cuando recupero la consciencia me encuentro a medio palmo del suelo encharcado de sangre, con las rodillas bajo el cuerpo en un patético intento por mantenerme en pie. El fallo no ha sido del cuerpo, los músculos y los huesos están perfectamente, tengo el cuerpo lleno de contusiones, pero nada más. El fallo está en mí. Es algo en mi interior lo que ha provocado la anemia. Algo que me ha acompañado desde mis sueños, algo, que perdí al despertar.

Una potente voz produce casi un aullido que llena el aire. La voz clama un nombre, el sonido es arcano, busca, reclama, ordena lo llena todo, piedra tras piedra.

"¡Miiiiiiiiiiiiiire!"

El lamento desgarrador es una maldición mil veces dicha.

"¡Mire! ¡Mire! ¡Mire! ¡Mire!"

Finalmente una voz alcoholizada se escucha desde el espacio.

"Sí, sí, ya estoy ahí sólo que no me ves. Paciencia Rita, pacieeeeeeeeeeeeencia. La pasión es buena, pero si bebes demasiado rápido el licor no sabrá igual."

Desde la nada, como si acabara de atravesar una puerta… no, no exactamente una puerta. Atravesando un velo de agua, llega Sumire. La vampiresa con el pelo del color del mar y el traje roto, pero blanco.

La otra mujer, la de melena roja, se encuentra totalmente desnuda. Sus ojos ahora parecen estar llenos de furia y la mira con desconfianza desde el lago de sangre.

"¿Dónde demonios has estado?"

Sumire se golpea la barbilla ligeramente con un gesto juguetón.

"Hummm, como diría el décimo. ¡Kihihihihihihi Estaba esperando al momento de entrar en escena!"

La imitación ha sido bastante certera, y a partes iguales escalofriante y divertida. Al mismo tiempo hiela la sangre y provoca una sonrisa, así es Sumire, de los 27 ancestros.

"Me importa menos que nada la visión del arte de ese hereje. No estoy para juegos, Mire ¿Por qué te has metido en mis asuntos?"

"Ara, ara, pero el juego es importante, Rita-chan. Y empezar un juego con todas tus piezas siendo damas, no es jugar."

La mujer desnuda, Rita, resopla con desdén.

"Precisamente, al empezar con todas mis piezas siendo damas, no hay necesidad de jugar."

Sumire la mira con incredulidad.

"¿No te estás volviendo demasiado conforme, Rita-chan? ¡La conformidad es la muerte del artista! Tienes la obligación de usar otros colores aparte del rojo, debes usar el azul, e incluso el dorado. Debes, usar círculos aparte de líneas rectas."

"Ve a pregonar sobre los círculos a Londres, Mire. A mí no me interesan."

"Pero los colores sí que te interesan. ¿No es así Génesis? ¿Te conformarás con lo que ya tienes?"

Rita ensaya una mueca dolida. Sumire se ha aprovechado de uno de sus puntos flojos, algo que ambas conocen y saben que es frágil solo por ganar esta conversación. Sólo para hacer saber a la otra que este es un tema importante. Esa es la impresión que me da.

Después de mirarla con reproche, Rita suspira con resignación.

"¿Qué sugieres que haga?"

"¡Así está mucho mejor, Rita-chan! ¡Es muy sencillo! ¡Sólo hay que jugar, jugar es la verdadera forma de crecer!"

"Shiiiiiiiiiiiiiiiiiiiki-kuuuuuuuuuuuuuun no estamos jugando al escondite, ya sabemos perfectamente donde estáis. Venid aquí, Onee-san está impaciente y tú no tienes mucho tiempo."

Emiya me detiene con una mano, pero realmente es inútil. Cualquiera puede darse cuenta de que pueden aplastarnos en cuento lo deseen, la diferencia de poder es así de grande. Daría igual que estuviéramos escondidos al final de un bosque, de noche y con una oscura niebla, ante los instintos de un apóstol. Quizás yo podría ocultarme pero desde luego él no puede.

En definitiva, mejor jugar a su juego, esperar un momento de confianza y sacar provecho de él. Además, Sumire no parece un vampiro tradicional en absoluto, ya en el camino me dejó claro que tiene su propia forma de hacer las cosas. Antes de irme, Emiya me coge de la muñeca.

"Necesito sólo dos minutos. Dos minutos y el esquema del arma estará listo."

Asiento sin realmente llegar a comprender lo que él dice y voy al centro del lago donde me esperan Sumire y la vampiresa de cabellos rojos. Sumire tiene una sonrisa de oreja a oreja en la cara, mientras que Rita parece molesta por la situación.

"Entonces, Shiki-kun, ¿Quieres jugar a un juego?"

Miro la cara de Sumire, que tiene una sonrisa de par en par. En serio…

"Por supuesto que no. ¿Qué clase de idiota querría? ¿Es que no existe un solo vampiro con sentido común?"

Rita se ríe salvajemente con mi comentario.

"Jajajajajajaja. Puedo comprender completamente al chico, Mire sí que eres una idiota. Pero, ¿sentido común? ¿Quién necesita eso para nada? Dáselo de comer a los perros. ¿Quién es este chico que me has traído, Mire?"

Sumire se lleva una mano hacia la boca y pone los ojos en blanco.

"Jojojojo. ¿Él? No es nadie. Sólo un Dios de la Muerte que pasaba por aquí."

La cara llena de dignidad de Rita Rozay-En se congela durante un segundo. Ahora recuerdo las palabras de Bazzet en la mansión de los Tohsaka. Es cierto que los nombres poseen cierto tipo de fuerza.

"¿El amante de la princesa? ¿No te quedarás tranquila hasta que la espada de Damocles caiga sobre mi cabeza, verdad?"

La boca de Sumire forma un puchero de infelicidad.

"Buuuuuuuuh. Como he dicho antes, es un juego, y un juego es un juego. Un juego entretiene, un juego hace que el sake sepa mejor. Rita-chan ha olvidado lo que significa tener el corazón lleno de pasión."

La exasperación en Rita parece haber llegado a su punto culminante.

"Un día te mataré por esto, Mire, no lo dudes. Plantea ya tu estúpido juego, y haz que acabemos con esto de una buena vez. Shiro está fraguando algo mientras hablamos y es descortesía hacerle esperar."

Rita no debe centrar su atención en Emiya. Tengo que conseguirle algo más de tiempo.

"Si, Sumire, ya va siendo hora de que expongas el juego. Me reservo el derecho de participar o no para más adelante."

Al oír mis palabras, Sumire suelta una risita corta y embriagada.

"Oh, pero en verdad, ya estás jugando, Shiki-kun. Y perdiendo, puesto que aún no te has movido. Ganar tiempo para un amigo está bien, y me gustaría recompensarte por ello, pero el juego tristemente, no funciona así."

Casi se puede oír el sonido de los engranajes desmontándose en la cabeza de Rita.

"¡Mireeeeeeeeeeeeeeeeeee!"

Sumire se muestra incomprendida.

"¡Esto es incomprensible! Quien debería tener paciencia tiene prisa y quien debería tener prisa es el paciente ¡No tenéis ninguna capacidad de leer el ambiente! En fin, Shiki-kun el juego es sencillo. Debes correr. Corre todo lo rápidamente que puedas, porque si no Rita saldrá victoriosa y te garantizo que esa es una victoria que lamentareis."

Correr no está entre mis mejores habilidades. Un sprint es una cosa, pero si intento hacer algo a larga distancia no tardo en que me ardan los pulmones y desplomarme en el suelo. Arihiko, en este lago de sangre, rodeado de cadáveres y con dos vampiresas a mi lado, una de ellas desnuda, puedo escucharte reírte de mí.

"¿Correr? ¿Correr hacia dónde? ¿Quieres que de vueltas como un perrito?"

Incluso a Rita se le escapa una risa ante la ridícula imagen mental.

"Oh Shiki-kun, no seas absurdo. Sólo quiero que corras detrás de un dragón."

Sin duda, el asombro que siento se tiene que estar reflejando en mi cara.

"Bueno, tranquilo, no un dragón tradicional, con alas y fuego y eso. Quiero que persigas una línea dragón. O línea ley. Como quieras llamarla."

"Espera un momento, Mire. Si el chico se lleva por delante las líneas ley no podré reunir suficiente energía mágica ni para inflar un globo."

Sumire asiente rápidamente con la cabeza.

"Exacto, una posibilidad de derrota."

Rita parece que va a explotar de rabia.

"¿Y crees que voy a permitir que te salgas con la tuya por un capricho? ¿Que me voy a jugar mi puesto en la corte del rey por eso?"

"Noooo, pienso que te quedarás aquí jugando con el buen magus. ¿No era eso lo que estabas pidiendo antes?"

Finalmente, un grito de guerra llena la sala.

"Todos los códigos deben ser anulados, todos las leyes deben ser reescritas. ¡RULE BREAKER!"

"¡Vámonos, Shiki-kun! Yo seré tu guía."

Sumire me toma de la mano mientas crea una escalera de coral que llega hasta el techo de la caverna.

"¡Miiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiireeeeeeeeeeeeee!"

Rita tiene su mirada completamente fija en nosotros.

Lo último que veo es a Emiya cayendo sobre ella con una daga multicolor en la mano.