Estaba apunto de decir algo cuando su teléfono sonó

—Hola, hombre. No, acabo de llegar. Habitación 203. Sí, eso sería

genial... —Empujó la puerta para cerrarla, y miré a Tina y Jeff.

—No pensé que tendríamos que hacer esto tan pronto, pero creo

que necesitamos una reunión de compañeros —dije. Habíamos acordado

que tendríamos reuniones semanales de compañeros de habitación para

ventilar nuestras quejas. Estaba a favor de sacar esa mierda al aire libre, así

no terminaríamos odiándonos mutuamente. Había tenido un terrible

compañero de cuarto el año pasado y no quería lidiar con eso de nuevo.

Escuché, pero sonaba como si Kurt estuviera todavía en el

teléfono. Podía escucharlo hurgando y oraba porque no rompiera nada.

Entonces lo mataría.

—No veo cual es el gran problema —dijo Tina —. Quiero decir, sería

lo mismo si uno de nosotros tuviera un novio para quedarse. Mike se quedó

todo el tiempo cuando Jeff y yo vivimos aquí el año pasado.

—Pero eso fue porque tú dormías con él —dije.

—Tal vez vaya a dormir con Kurt —replicó ella. Tina había roto

con Mike muy recientemente, y estaba a la caza de una recuperación.

Todos sabíamos que ella y Mike estaban destinados y que con el tiempo se

darían cuenta de eso, pero Tina todavía estaba en la etapa de la ira.

—Si quieres, Tina y yo podemos cambiar. Me quedaré con él y

Tina puede quedarse contigo —dijo Jeff.

—¿Por qué no puede quedarse conmigo? —lloriqueó Tina.

—Porque lo vas a violar en su sueño —dije.

—No puedes violar la voluntad, Blainey —dijo, guiñando un ojo.

—Eres asquerosa.

—¿Y si sacamos pajitas? —dijo Jeff.

—¿Incluso tenemos pajitas? —dijo Tina—. ¿Qué tal si hacemos

números o algo así? Aquí —dijo, tomando un cuaderno de la universidad

de Yale que alguien había dejado en el mostrador de la cocina, junto

con una pluma—. Escribiré nuestros nombres y los pondremos en... —Tomó

mi gorra de béisbol que había desechado antes—. Kurt elegirá. Ahí lo

tienen. Problema resuelto.

La puerta se abrió y Kurt salió, otra sonrisa en su rostro.

—No hablaban de mí, ¿verdad?

Como si no lo supiera. Rodé los ojos mientras Tina escribía cada

uno de nuestros nombres en pequeños pedazos de papel y los arrojaba a

mi gorra. Puso su mano encima y la sacudió.

—Escoge uno —dijo ella, empujando la gorra en su cara.

—De acuerdo —dijo, metiendo la mano y sacando un pedazo de

papel doblado. Tina lo desdobló lentamente. Todos esperamos mientras

hacía una dramática pausa.

—Blaine —dijo, dándole la vuelta para que pudiéramos leer mi

nombre en blanco y negro.

—Mierda —dije.


Qué pasa con todas las cosas de pavo real?

Era una hora más tarde y estaba atrapado con Kurt igual

que cuando había entrado por la puerta. Incluso había

bajado a la residencia, que se encontraba justo bajando la

colina desde nuestro dormitorio, pero no había nadie ahí. Demasiado

ocupados asegurándose de que los estudiantes de primer año no

colapsaran bajo el peso de sus masivos aparatos electrónicos cuando los

llevaran por el pasillo, sin duda.

Hacía mi mejor esfuerzo para ignorar a Kurt, pero no se callaba.

Claramente, era uno de esos tipos a los que les gustaba hablar.

—¿No sabes que las plumas de pavo real son de mala suerte? —Por

el rabillo de mi ojo, su bíceps con el siete tatuado se flexionaba mientras

sacaba un par de camisetas de su baúl.

Sí, sabía que eran de mala suerte para la mayoría de la gente. No

era de su incumbencia porque las tenía por todas partes, incluso en mi

edredón, colgados en los marcos de la pared y ensartadas en un atrapa

sueños que mi hermano me había regalado. No era de su maldita

incumbencia.

Deseaba que Cooper estuviera aquí. Mi hermano habría sabido

exactamente que decir para conseguir que se fuera Kurt. No pasábamos

mucho tiempo juntos ahora, ya que abandono nuestra casa para seguir

el sueño de su infancia. Ser actor, y para ello se traslado a Los Angeles.

Yo no estuve muy de acuerdo ya que ni siquiera tenia un titulo de

universidad por si las cosas salían mal. Pero ya que, es su vida y yo confió en su

talento. Hablábamos siempre pero no es lo mismo.

Supongo que pensó que desde que era un estudiante de

segundo año, mudarme no era gran cosa. Aun así, extrañaba a Coop.

—¿Estás enojado conmigo, Blainey?

El apodo era el colmo. Me di la vuelta y lancé una mirada asesina

hacia él. —Mira, no te conozco, tú no me conoces. Tan pronto como sea

humanamente posible, te voy a sacar de aquí, ¿Entendido? No soy tu

bebé. No soy uno de esos chicos a la que le puedes sonreír y

meterte en la cama. ¿Entiendes? Mantente jodidamente lejos de mí.

Esos ojos azules quemaron dentro de mí. Era el tipo de persona que

podía ver cosas que otras no podían, cosas que he pasado toda mi vida

encubriendo y ocultando a la gente. Sólo había conocido a algunas

personas que podían ver más allá de mi fachada cuidadosamente

cultivada. Había caído en la mayoría de ellas como un mal habito, con la

excepción de uno. Tendría que aplastar esto lo antes posible, antes de que

él decidiera que pudiera querer ver lo que el mundo me había hecho para

enfadarme tanto.

—Es un poco difícil mantenerme lejos de ti cuando estamos viviendo

en el mismo lugar —dijo.

—Yo. Sé. Eso —le dije con los dientes apretados.

Levantó sus manos. —No te enfades conmigo. El destino eligió tu

nombre.

—No creo en el destino.

Se echo a reír. —Yo tampoco. Sólo creo en la suerte. —Señalo el siete

en su brazo—. Nunca se puede ser demasiado cuidadoso.

—No creo en la suerte tampoco.

—Es evidente.

Fuimos interrumpidos por una voz resonante. Kurt pasó por encima

del caos que todavía cubría el suelo y asomó la cabeza por la puerta.

—Nick, hombre, ¿qué te tomó tanto tiempo? ¿Te perdiste?

Una voz masculina respondió. —No, sólo me retrasé. ¿Este es tu

lugar?

Claro, sólo venga todo el mundo.

—No, tan sólo entré en un cuarto al azar y comencé a poner mis

cosas en él. Sí, este es mi lugar.

Entró en la sala de estar y lo seguí. Tina y Jeff surgieron de su

habitación. Había oído muchos golpes y gritos por lo que probablemente

habían estado colgando los marcos con fotografías de Jeff con sus

especificaciones exactas.

De pie en nuestra puerta estaba un tipo de cabello un poco mas oscuro que el de Kurt, su

figura poco corpulenta y sus ojos un poco más oscuros, pero no había

duda del parecido.

—¿Y estos son tus bellos compañeros? —dijo el chico nuevo.

—Se trata de Blaine, Jeff y Tina, mis compañeros de cuarto —

respondió Kurt, señalando a cada uno de nosotros.

—Oye amigo, ¿hablas en serio? ¿Cómo demonios eres siempre tan

afortunado?

—Naciendo bajo la estrella correcta —dijo Kurt—. Este es mi primo,

Nick.

—Encantada de conocerte, Nick —dijo Tina, saltando hacia

adelante para darle la mano. Nick la tomó y le estrechó la mano,

mirando un poco aturdido—. Soy Tina.

—Encantado de conocerte, Tina. Supongo que tú debes ser Jeff

—dijo señalando a Jeff, quien saludó también estrechando la mano pero

con un poco mas de tiempo —. Y tú debes ser Blaine. He oído hablar mucho de ti.

¿Cómo pudo? Mire a Kurt que puso cara de inocente. —Fue muy

amable de tu parte aceptar a mi pobre desafortunado primo, en su

momento de necesidad. Pensé que iba a ser capaz de dormir en mi sofá,

pero uno de mis compañeros se lo dio a otro chico que estaba dispuesto a

pagar para quedarse y fui rechazado. Lo siento, hombre.

—Está bien —dijo Kurt.

Por primera vez desde que lo conocí, pude ver algo más que a un

idiota engreído. Una persona real. Pero esa persona había desaparecido

detrás de una cara arrogante antes de que pudiera estudiarlo más de

cerca.

—Puedo ver eso. ¿Necesitas ayuda?

—Creo que estoy bien —dijo Kurt.

Tina saltó hacia adelante. —Me vendría bien un poco de músculo.

Mi cama está un poco torcida y no puedo ponerla en el lugar correcto.

¿Quieres echarme una mano? —Se retorció de lado a lado, como si le

estuviera mostrando lo que podría ser suyo si él obedecía, Jesús, era tan

obvia.

—Claro, no hay problema. – Parecía que el ni se dio cuenta, o no le importo

ya que ni se inmuto al coqueteo de mi amiga. Mas sin embargo miro a Jeff

y dijo -Y tu, necesitas ayuda?

—Okey. Puedes ayudarme — Le dijo sonriente

Con eso, dejamos que otro tipo extraño entrara en nuestro

apartamento. Le di la espalda y volví a mi habitación, esperando que

nadie más estuviera pensando en aparecerse.

Kurt me siguió.

—¿Tienes hambre? Pensaba conseguir algo de Pat´s. Los repartidores

probablemente están agobiados, así que podría ir a buscarlo. Yo invito —

dijo mientras cogía unas cuantas camisetas para ponerlas en su armario.

¿Trataba de ser amable conmigo? ¿Sentía lástima por mí? Lo miré

fijamente, tratando de averiguarlo.

—¿Te gusta el pepperoni? —Su voz había perdido ese borde

engreído. Era más suave y... No. Era el mismo. Todavía trataba de jugar

conmigo. Sabía como eran esos tipos. Sólo eran agradables, hasta que

conseguían lo que querían y si no conseguían lo que deseaban, lo

tomaban.

—Soy vegetariano —le dije y me fui al baño, sólo para poder

escapar de él.

Al pasar por la habitación de Tina y Jeff, escuché a Nick

diciendo algo que los hizo reír. Genial. Simplemente genial. Cerré la puerta

del pequeño cuarto de baño y me apoyé en el lavabo. Estaba perdiendo

el control. Me miré en el espejo. La horrible iluminación no hacía mucho

por mi piel, pero realmente no hacía mucho por cualquiera. Me eché un

poco de agua en la cara y luego salté sobre el lavabo, colocando mi

espalda contra el espejo. En cuestión de unos minutos mi segundo año se

había puesto completamente al revés.

¿Qué iba a hacer? Este chico extraño acababa de invadir mi vida.

No mi vida, pero sí mi espacio. Nuestra habitación era más pequeña que

un dormitorio de doble-tamaño. Estaríamos pasando por encima uno del

otro todo el tiempo. Me vería cuando despertara por la mañana. Su voz

sería la última que escuchara cuando me fuera a la cama. Iba a ver ese

maldito tatuaje y esa sonrisa todo el tiempo. Kurt Hummel sería lo

último que viera cuando fuera a la cama y lo primero que vería cuando

me despertara. Eso no iba a pasar.

Un golpe en la puerta me hizo saltar y me golpeé la parte trasera de

mi cabeza contra el espejo.

—¿Estás bien ahí? —dijo Kurt.

—Jesús Cristo, ¿No me puedes dejar en paz? —Bajé del lavabo y abrí

la puerta.

—Voy a hacer un trato contigo, Blainey.

—¿Por qué iba a querer hacer un trato contigo?

Sonrió, como si hubiera esperado que yo dijera eso.

—Sólo escúchame. Si puedes probarme que me odias,

absolutamente me odias, entonces me iré. Encontraré un sofá donde

dormir.

Resoplé. —Eso debería ser fácil, puedes ir a empacar tus cosas

ahora.

—No has escuchado el resto del trato. Si puedes probarme que me

amas, absolutamente me amas, me iré. —Por primera vez su rostro era

serio.

—¿Estás jodidamente bromeando? Nunca, jamás amaría a un tipo

como tú. —Nunca lo haría, jamás amaría a nadie, pero eso no venía al

caso.

—Demuéstralo. Si puedes probar cualquiera de esas cosas para el

final del semestre, me iré.

—Tu trasero estará fuera de aquí antes de eso.

Su sonrisa era fácil. Estaba jugando conmigo.

—Tal vez, tal vez no. Pero pareces el tipo de chico al que le gusta

un desafío.

El espacio del pequeño baño se contrajo a mí alrededor, las paredes

nos empujaban más cerca. Dio un paso hacia mí y luego otro. Retrocedí

hasta que mis piernas golpearon el inodoro.

—Pruébalo. Demuéstrame que me odias. —Su voz era suave y sus

ojos eran demandantes. Mi respiración se volvió desesperada y mi visión se

redujo a esos ojos azules. Algo se rompió y mi instinto de lucha se hizo

cargo.

Antes de que pudiera acercarse más, me eché hacia atrás y estrellé

mi puño en su mandíbula y mi rodilla en su ingle. Se dobló, agarrándose su

cara y sus pelotas. —Jódete, te odio. Nunca me arrincones de nuevo. ¡Hijo

de perra! —En su comprometida posición, fui capaz de empujar a su

alrededor y abrir la puerta para encontrar tres rostros aturdidos.

—¿Qué le hiciste? —dijo Tina.

—Nada —dije, empujando por delante de ellos y corriendo por el

pasillo. Bajando las escaleras y saliendo del edificio. Mis pulmones tiraron

como si hubiera estado corriendo varios kilómetros en el gimnasio y sólo

acababa de permitirles descansar. Puse mis manos sobre mis rodillas y

jadeé, sintiendo como si mis pulmones nunca estuvieran llenos de nuevo.

Las personas me daban miradas extrañas mientras descargaban sus

pantallas de lámparas, las almohadas y los cajones de cama de sus

coches. Los ignoré y comencé a caminar por la banqueta hacia el

estacionamiento. Y marqué el número de Coop, esperando que estuviera

en su hora de almuerzo.

—Hola, Blee, ¿Cómo va la mudanza? —La voz de Cooper trajo calma

instantánea, al igual que su uso de mi apodo. Todos en mi familia siempre

me habían llamado Blee.

—No creerás el día que he tenido.

—Cuéntame —dijo sin dudarlo.

Procedí a contarle mi versión de los acontecimientos del día,

incluyendo el puñetazo Kurt. Tuve que sostener el teléfono con mi mano

izquierda porque mi mano derecha había comenzado a hincharse por su

encuentro con la mandíbula de Kurt. Iba a necesitar un poco de hielo

pronto. Me sorprendió que nadie me persiguiera, pero Jeff y Tina

sabían acerca de mis inesperadas salidas. Sabían dejarme en paz y darme

mi espacio. No había sido la primera vez que me habían visto así. Traté de

mantener la mayor parte de ello bajo control, pero Kurt había

presionado mis botones. Nunca nadie me arrinconó en un espacio

pequeño y salió ileso.

—Oh, Blee, ¿por qué hiciste eso?

—Me acorraló, ¿qué se supone que debía hacer? —Mi mano estaba

roja y comenzaba a adquirir un precioso tono morado.

—Podrías haberle dicho que retrocediera. Hubiera sido lo más lógico

para hacer.

—Tú sabes que no soy una persona lógica.

—No me digas —suspiró y lo escuché comiendo algo—. ¿No crees

que deberías hablar con alguien de nuevo? —Me había preguntado lo

mismo por lo menos mil veces.

—Debido a que funcionó tan bien antes. No, gracias.

Coop suspiró de nuevo. Finalmente encontré mi coche, Sassy, un

Dodge Charger rojo, en el estacionamiento y presioné el botón de

desbloqueo. Me senté en el asiento del conductor con la puerta abierta,

charlando con Coop sobre la mudanza y cosas estúpidas. Cualquier cosa

menos Kurt.

Podía hablar con el durante horas todos los días y todavía

encontraría algo que decir. Teníamos seis años de diferencia y éramos tan

cercanos como dos personas podían serlo sin ser gemelos. No es que

nuestras personalidades fueran similares, porque no lo eran. Coop era más

bonito, más inteligente y más popular. Yo era más chiquito, no tan bonito y

enojón. Intentaba no estar tan enojado y no lo estaba la mayor parte del

tiempo, pero a veces eso sólo sucedía. Como Kurt había echo que

sucediera hoy.

—¿Cuándo vas a venir a verme? —pregunté.

—Probablemente este fin de semana. ¿Almuerzo en Breadstix? —Era

uno de nuestros favoritos semi-cadena restaurantes.

—Supongo que sí. ¿Vas a comprar mi almuerzo?—Le dije con un tono divertido.

—Supongo que sí.

—Gracias Coop.

—Oye, me tengo que ir. Pero llámame esta noche. Llámame antes

de que golpees a alguien de nuevo, ¿de acuerdo? Vas a tener que

controlarte si vas a vivir con ese chico. Además, probablemente deberías

poner hielo en tu mano.

—No estoy viviendo con él.

—Sí, nene, lo están un poco. A menos que ganes la apuesta. ¿Cómo

demonios vas a salir de eso?

—No tengo ni una jodida idea. Técnicamente no lo acepté.

—Creo que tú dándole un puñetazo y pateándolo en las pelotas fue

una especie de apretón de manos.

—Lo que sea. Te llamaré más tarde. Manda un texto si quieres que valla.

—Adiós, Blee.

—Adiós Coop. —Di clic a mi teléfono y apoyé mi cabeza en mi

volante.

¿Qué demonios iba a hacer?


Espero que les valla gustando esta historia ,por favor dejen comentarios,

de verdad quiero saber que piensan y me alientan a escribir mas seguido y rápido

Nos vemos klainers..!

P.D: Técnicamente la historia la estoy escribiendo yo, ya que casi cambie todo.