- ¡Candy! ¡Despierta ya! - La voz de Emily, una de las niñas recién llegadas al hogar de Pony, interrumpe mis sueños.
- Vamos Candy, prometiste que nos llevarías de picnic - Dice otra voz infantil, la cual sospecho que es de Joan.
Mientras me despierto, escucho a lo lejos el canto de los pájaros, mantengo mi cara cubierta con la sábana por unos instantes, al descubrirme, veo los rayos del sol filtrarse por el cuarto. Una corriente de aire frío entra por la ventana, recordándome que el invierno se acerca y que pronto ese dulce canto cesará por algunos meses.
Me incorporo lentamente de la cama, aún me siento medio dormida, volteo a ver el gran reloj que pende de la pared y me doy cuenta de que apenas son las 6:45 de la mañana. Comienzo a arrepentirme de haberles dicho a los niños que los llevaría de picnic, tenía un sueño muy agradable antes de que esos diablillos me despertaran.
- Candy, apúrate, te estamos esperando – Grita otro de ellos.
- ¡Ya voy! – Les contesto, levantándome definitivamente de la cama.
Han pasado dos años desde que abandoné el departamento que compartía con Albert en Chicago, para regresar al hogar de Pony, junto con mis dos adoradas madres. A pesar de que mi rutina diaria se ha vuelto mucho más ajetreada que cuando trabajaba en el hospital, nunca en mi vida había sentido a mi corazón en tanta paz. Me doy cuenta, con alegría, que este es mi hogar, el lugar a donde pertenezco y que regresar, fue la mejor decisión que pude haber tomado en mi vida.
Agarro mi overol de mezclilla, junto con una vieja camisa que se encuentra en el taburete y me dirijo al baño, al terminar de cambiarme, camino hacia el comedor para desayunar; la señorita Pony, la hermana María y varios de los niños ya se encuentran ahí sentados.
- Buenos días a todos - Les digo al entrar.
- Buenos días, Candy - Me responde la señorita Pony, mientras me ofrece una taza de chocolate caliente.
- ¿Cómo amaneciste? - Me pregunta la hermana María.
- Muy bien, aunque para ser sincera, me hubiera gustado dormir un poco más.
- No puedo creer que aún no te acostumbres a levantarte temprano, te has vuelto muy floja.
- No es eso, es solo que tuve un sueño muy lindo.
- ¿Qué soñaste hija? - La señorita Pony deposita la taza de chocolate en la mesa y después se sienta frente a mí.
- Bueno, yo... Soñé con Terry... - Contesto, dejando salir un largo suspiro.
Un silencio incómodo se hace presente entre nosotras, a pesar de que nunca les he hablado abiertamente sobre la triste separación que viví en Nueva York, estoy segura de que ellas intuyen que algo realmente grave sucedió entre Terry y yo, sobre todo por la tristeza que me embarga cada vez que hablo de él. Es por esa razón, que ellas evitan tocar ese tema, a como dé lugar.
- Espero que no olvides que ayer llegó Albert de São Paulo y que quedó en venir a visitarte hoy - Me dice la hermana María, tratando de desviar la conversación.
- ¡Albert! Es cierto, que tonta soy, ¿cómo pude haberlo olvidado? - Me digo a mí misma, mientras tomo mi taza y bebo el chocolate de un solo sorbo. Segundos después, saco un par de galletas de jengibre del frasco que se encuentra al centro de la mesa y me levanto rápidamente, para comenzar a caminar hacia la puerta.
- ¿A dónde vas con tanta prisa? - Me pregunta la hermana María, quién aun insiste en tratarme como si fuera una niña.
- Prometí llevar a los niños de picnic, si no me apuro, no regresaré a tiempo para la llegada de Albert.
- Ve con Dios, Candy - Me grita la señorita Pony, cuando salgo del comedor.
Antes de irme, paso a la cocina para llenar una canasta con frutas, pan y algunos aperitivos para el almuerzo, luego me dirijo hacia el patio, donde la mayoría de los niños ya se encuentran reunidos. Minutos más tarde, el resto de los niños salen de la casa y todos comenzamos a marchar y a cantar, mientras caminamos hacia el río.
Es una mañana fresca, pero agradable, no tardamos más de media hora en llegar a nuestro destino, al estar en este lugar, viene a mi mente la imagen de Annie y recuerdo aquella vez que nos escapamos para irnos de picnic y sanar su corazón dolido. Hace algunos meses ella se comprometió con Archie, la ceremonia de compromiso fue realmente bella y su boda, que se realizará dentro de un año, promete ser mucho mejor.
El sonido del chapoteo del agua me regresa a la realidad; mientras los niños juegan en la orilla del río, yo extiendo un largo mantel sobre el suelo y coloco la canasta en medio de él, después me recuesto en la hierba, mientras observó lo mucho que se están divirtiendo esos pequeños diablillos. El sueño que tuve en la mañana vuelve a mi mente, no entiendo por qué no puedo dejar de pensar en eso, si al final, solo se trató de un simple sueño, pero es que se sintió tan real...
En mi visión, estábamos Terry y yo, frente a frente, sobre la colina de Pony, contrario a la última vez que lo vi, sus ojos azules denotaban una inmensa alegría. Después de permanecer parados por un largo rato, sin decir una sola palabra, él se acercaba para tomar mis manos entre las suyas y decirme que sus sentimientos hacía mí no habían cambiado en absoluto y que había vuelto para recuperar mi amor… - ¡Mi amor!
Una dulce voz masculina me hace despertar de mis cavilaciones.
- Es una hermosa mañana para venir de día de campo.
- ¡Bert!
Yo me levanto de prisa y trato de localizar al dueño de esa voz, lo encuentro recargado sobre un árbol, a unos cuantos metros de distancia. Sin pensarlo dos veces, comienzo a correr hasta donde él se encuentra y lo abrazo con fuerza.
- ¡Volviste! – Exclamo, con emoción.
- Te dije que me tomaría unas vacaciones para venir visitarte...
En los últimos dos años, Albert ha viajado de un lado a otro sin descanso, el hecho de que ahora sea oficialmente el patriarca de la familia Ardlay, lo ha llenado de una cantidad interminable de compromisos, de los que sospecho, no se librará tan fácilmente. Durante todo este tiempo, él y yo hemos mantenido una constante comunicación a través de la correspondencia, la cual se ha hecho mucho más íntima en los últimos meses, con algunos coqueteos sutiles por ambas partes.
- ¿Cuánto tiempo te quedarás esta vez?
- Planeo poder quedarme un mes completo, dejé resueltos todos los pendientes, espero que en esta ocasión no tenga que hacer ningún viaje de emergencia.
- Ojalá que eso no suceda, hace tanto tiempo que no estamos juntos…
- ¿Sabes? Me gustaría emprender un viaje…. Contigo….
- ¿Conmigo?
- Sí, creo que tú también necesitas vacaciones…
- Eso suena bien, pero no sé si podré dejarlas solas…
- No te digo que nos vayamos mañana, aún tengo que ir a Lakewood a arreglar unos asuntos. Lo único que te pido es que lo pienses…
- Está bien.
Albert comienza a platicarme sobre su viaje a Brasil y nuestra charla se extiende por algunas horas. Cerca de las once de la mañana, todos nos sentamos a almorzar y para mi sorpresa, él saca una canasta llena de emparedados que escondió detrás del árbol. Permanecemos en ese sitió por dos horas más, durante las cuales, los dos aprovechamos para darnos un pequeño chapuzón en el río, junto con los niños. Poco antes de la una de la tarde, emprendemos el camino de regreso al hogar de Pony.
Al llegar a la casa, el rubio se despide de mí.
- Pensé que te quedarías a comer.
- Hoy no, necesito ir con urgencia a Lakewood, pero prometo regresar mañana y pasar todo el día contigo. Solo quería saludarte, deseaba mucho volver a verte, pequeña hechicera…
- Yo también deseaba verte, pequeño Bert – Le respondo, dándole un fuerte abrazo. Él besa mi frente con ternura.
- Por cierto, al llegar a Chicago, me dieron esto – Albert saca una carta de su saco y me la entrega – Al parecer la mandaron a nuestro antiguo departamento, en la Casa Magnolia. La señora Gloria contactó a George para entregársela.
Yo observo el sobre con detenimiento, al leer el nombre del remitente, casi se me detiene el corazón – Terrence Grandchester…
- Te dejo para que puedas leerla a gusto, nos vemos mañana.
- Hasta mañana…
Albert se sube a su auto y este comienza a avanzar, yo sigo a mi amigo con la mirada, hasta que se pierde en el horizonte, después vuelvo a observar el sobre y siento que mis manos empiezan a temblar, no sé si de nervios o de emoción. Comienzo a correr hacia la colina, al llegar ahí, me trepo al padre árbol y me acomodo en una de las ramas más altas para comenzar a leer la carta.
Todas sus palabras me llegan hasta el fondo del alma, no puedo creer que esto esté sucediendo. Hace un año y medio me enteré de la muerte de Susana, cuando leí ese artículo póstumo, toda la energía de mi cuerpo me abandonó y yo terminé acostada en un sillón, llorando desconsoladamente. Con los días, la esperanza de que Terry me buscara de nuevo, creció en mí, pero al pasar de los meses, comprendí que él ya me había olvidado, así que seguí con mi vida, como lo había hecho hasta ese momento.
Pero ahora, su carta cambia todo el panorama, ¿qué se supone que debo hacer? Han pasado cinco años y definitivamente no soy la misma niña que lo dejó libre para que cumpliera con su deuda de honor. Durante este tiempo, han ocurrido muchas cosas que han marcado mi vida de manera positiva o negativa; la inesperada muerte de Stear, el encuentro que tuve con Terry en esa sucia carpa de teatro en Rockstown, la repentina desaparición de Albert, el intento fallido de Neal de hacerme su esposa, el enterarme de que Albert era el tío abuelo y posteriormente saber que él era mi príncipe de la colina.
No, no soy la misma y ni siquiera sé si mis sentimientos por Terry sigan siendo los mismos, hace mucho tiempo que Albert se instaló dentro de mi corazón y aunque es un cariño completamente diferente al que tuve por aquel muchacho insolente y engreído, él siempre está presente en mis pensamientos y en mi vida - Pero esta carta…
- Candy, la comida está lista – Me grita la hermana María.
Yo bajo rápidamente del árbol y camino sin prisa hacia mi hogar, estoy demasiado confundida como para saber qué es lo que voy a hacer. Durante el resto de la tarde, leo y vuelvo a leer ese corto mensaje; la carta no dice mucho, pero a la vez lo dice todo.
Una vez que todos se han dormido, entro de puntitas a la pequeña oficina de mis madres y me encierro con llave, me siento en el escritorio y tomo una hoja y una pluma. Durante las siguientes dos horas, escribo alrededor de diez cartas, pero todas terminan hechas bola en el cesto de la basura. Al final me decido por un mensaje mucho más corto y preciso.
A mi parecer, todo ha cambiado desde la última vez que nos vimos, pero, tal vez, aun podamos recuperar nuestra antigua amistad.
Por el momento me encuentro en el hogar de Pony. Si algún día quieres verme y platicar, puedes venir a visitarme aquí.
Con cariño
Candice White Ardlay.
A la mañana siguiente, cuando el cartero pasa a dejar la correspondencia, le entrego la carta. Si de verdad Terry quiere recuperar el tiempo perdido y acercarse a mí, tendrá que demostrármelo.
Hola, hola, chicas lindas, pues muchas gracias por sus comentarios, de verdad les agradezco que se hayan tomado el tiempo para leer esta pequeña historia.
Ahorita no cuento con el tiempo suficiente para responder con calma sus reviews, pero espero hacerlo en el próximo capítulo.
Creo que Keila mencionó un fic, si no me equivoco fue "temporada de narcisos" o algo así, la verdad es que no lo he leído, pero espero leerlo pronto.
Sofia, concuerdo contigo en que esa carta definió la historia de Candy Candy.
Ah, si, lo siento, pero no voy a continuar con la historia de inalcanzable, no sé por qué, pero no logro inspirarme. Se que en teoria debería ser más fácil, ya que es una adaptación, pero no lo es, al contrario, se me ha hecho mucho más complicado. Les pido una disculpa.
Una vez más muchas gracias a todas ustedes: Palasatenea, Ceshire, Kamanance, Ely, Sofia, Keila, Larissa, Anastasia y a todas las guest.
Les mando un saludo afectuoso a cada una de ustedes, nos leemos pronto.
