Hoy decidí salir de mi encierro e ir a dar una vuelta por la ciudad, a decir verdad, necesito alejarme con urgencia de este departamento, donde siento que me estoy volviendo completamente loco.
Ha pasado casi un mes desde que le envié esa carta a Candy y aún no recibo respuesta alguna de su parte. Ir a revisar el buzón por la mañana, por la tarde y una vez más por la noche, se ha convertido en parte de mi rutina diaria. Comienzo a sospechar que ella ya me olvidó y que no tiene ninguna intención de revivir el pasado.
Con esos tristes pensamientos rondando por mí cabeza, conduzco mi auto hasta un parque que descubrí hace un par de años. Por alguna extraña razón, me gusta ir a ese sitio a caminar y a despejar mí mente. Tal vez sea porque ese lugar me recuerda a los jardines del Colegio San Pablo y por ende, todos los bellos momentos que pasé con mi pecosa en ese internado.
Busco el sitio más alejado y solo del parque para sentarme a descansar. A la distancia puedo observar una pequeña colina, que generalmente se encuentra cubierta de pasto y sobre la cual se yergue un gran árbol - He llegado a mi lugar preferido - Aquí suelo venir para perderme en mis pensamientos durante horas.
Me resguardo debajo de la sombra de ese árbol y saco esa vieja armónica que siempre me acompaña; una triste melodía, bastante conocida para mí, inunda el ambiente de melancolía - ¡Candy! - Murmuro, sintiendo como mi corazón se oprime al pronunciar ese nombre.
Muchas memorias comienzan a llegar, una por una, a mi cabeza. Algunas sonrisas se dibujan en mi rostro al recordar la manera en que ella y yo solíamos pelear - ¡Tarzán pecoso y entrometido! - Una carcajada sale de mi boca sin poder evitarlo, que no daría por volver a verla, saltando de rama en rama o colgada de una cuerda para cruzar el bosque - Candy, mi Candy, ¿qué estarás haciendo ahora? - Me pregunto.
Comienza a atardecer y me doy cuenta de que es hora de regresar a casa. Me he prometido a mí mismo que será la última vez que piense en ella - ¡Se acabó! - Nunca más me volveré a dejar vencer por la añoranza, es tiempo de dejar ir ese amor imposible, aunque con él, se vayan mis mejores años y mi corazón entero.
Llego a mi edificio y paso al lado del buzón, pero esta vez no me detengo a revisarlo, por fin lo he comprendido, no tiene caso esperar por algo que nunca va a suceder. Subo las escaleras de prisa, no tengo ganas de encontrarme con algún vecino deseoso de que le firme un autógrafo. Cuando estoy a punto de meter la llave dentro de la cerradura, escucho la voz de Martha, la casera.
- Joven, espere, le llegó una carta.
Mi corazón comienza a latir con violencia - ¿Será acaso que ella?...
- Como lo he visto revisar el buzón con insistencia, supuse que estaba esperando correspondencia...
Ella extiende su mano con el sobre. Yo lo tomo nerviosamente mientras mis manos no paran de temblar, al ver el nombre del remitente mi sonrisa se hace más que evidente " Candice White Ardlay" - ¡Por fin! ¡Una respuesta suya! - Me siento tan feliz, que tomo el rostro de Martha y la beso en la mejilla, dejándola completamente desconcertada.
Meto la llave en el cerrojo y entro al departamento, casi estoy dando brincos de felicidad - ¡Me respondió! ¡Ella me respondió! - Me siento en el sillón y rasgo el sobre con desesperación, sacando rápidamente una hoja amarillenta.
Cuando estoy a punto de leerla, un obscuro pensamiento cruza por mi mente - ¿Y si ella me rechaza? - No, no es momento de ponerme pesimista, así que continúo con mi lectura. Al terminar de leer, me quedo mucho más confundido que al principio.
Ella me dice que todo ha cambiado, pero me pide que vaya a verla... Leo la carta un par de veces más, para ver si hay algún mensaje oculto entre líneas, pero nada - ¿Para qué voy a ir a verla, si solo puede ofrecerme su amistad? - Creo que fui lo bastante claro al decirle que nada había cambiado en mí - ¿O no? - Tal vez podría tomar el tren de medianoche y averiguar qué es lo que quiso darme a entender esa pecosa - Sí, eso haré - Pero no haré el viaje en tren, no señor, conduciré hasta el hogar de Pony, así llegaré más rápido.
Con esa idea en mente, camino hasta mi habitación y cojo mi maleta. Será un viaje relámpago, así que solo empacaré lo necesario para quedarme dos o tres días, a lo mucho. Antes de irme, voy a la cocina y tomo una navaja; voy a viajar solo y de noche, así que más vale extremar precauciones. Salgo del departamento y me dirijo a mi auto, ya no hay vuelta atrás, me encontraré con Candy y le diré todo lo que siento por ella.
El tren que va de Nueva York a Chicago se hace doce horas de camino, sumándole la distancia a Lakewood y el trayecto hasta las montañas, vienen siendo unas 18 horas de viaje. Yo trataré de cortar camino para llegar a Michigan mucho más rápido, ya no puedo perder más tiempo.
Después de nueve horas manejando, llego al poblado de Lakewood, me emociono al saber que en unas cuantas horas más estaré pisando el hogar de Pony – El hogar de mi pecosa – Estoy tan emocionado, que no siento ni sueño, ni hambre, ni nada, solo un inmenso deseo de tenerla frente a mí y abrazarla – Esta vez no la dejaré ir, nos quedaremos juntos, por siempre.
Paro en una pequeña posada para refrescarme, he viajado toda la noche y quiero que Candy me vea presentable y sobre todo, quiero oler bien para ella. Así que pido un cuarto y al entrar me dirijo inmediatamente al baño para darme una ducha rápida, después me cambio de ropa, no sin antes perfumar mi cuerpo entero. Antes de irme, pido una taza de café cargado en la cocina del lugar, con eso será suficiente para llegar bien a mi destino.
Un paisaje conocido me anuncia que ya estoy cerca, una vez más mi corazón late como caballo desbocado. Aquellas montañas nevadas me traen viejas memorias, tan solo era un adolescente cuando vine aquí por primera vez, con el corazón roto y un gran dolor por haber abandonado a mi amor de juventud. También era invierno en ese entonces, y también en ese entonces añoré su presencia, como desee que no existiera un océano de distancia entre nosotros, como desee haber sido un poco mayor y sobre todo, como desee haberla traído conmigo a América para vivir juntos y no separarnos nunca – Espero que esta vez mis deseos puedan convertirse en realidad.
Reconozco el sendero que se muestra ante mis ojos, a lo lejos veo el hogar de Pony – Por fin he llegado, pronto la veré de nuevo – Un ligero escalofrío se apodera de mi cuerpo, ya no sé si es por el aire frío del ambiente o por lo nervioso que me encuentro. Estaciono el carro en la entrada y con paso firme me dirijo hacia la puerta. Toco un par de veces y espero por respuesta, es temprano, así que supongo que ella estará en casa.
Sale una de las religiosas, la cuál recuerdo perfectamente, ya que casi no ha cambiado en los últimos años.
- Buenos días hermana, no sé si me recuerde, mi nombre es Terrence Grandchester, soy amigo de Candy, estuve aquí hace varios años….
Ella me mira de pies a cabeza y después me muestra una cálida sonrisa – Sí, claro, estudiabas con Candy en el colegio San Pablo, ¿no es así?
- Así es.
Los dos permanecemos en silencio, observándonos.
- Bueno, yo… quisiera hablar con ella.
- Candy no se encuentra aquí.
Un ligero dolor se hace presente en mi pecho.
- Dijo que iba a ir un momento a la colina de Pony, recibió una carta de su hermana.
- ¿Su hermana?
- Annie Brighton, no sé si la conozca, ella también estudio en ese internado en Londres. Ellas crecieron juntas y se quieren como si fueran hermanas.
- Ah, sí Annie, claro que la conozco.
- Si quiere hablar con Candy, la encontrará en la colina, ella suele ir ahí a leer su correspondencia.
- Muchas gracias hermana.
Me doy la vuelta y sigo el camino que me llevará hasta ella. Mientras subo la pendiente, siento como me tiemblan las piernas, estoy a nada de verla de nuevo – Mi pecosa, por fin juntos – Al llegar, recorro la zona con la mirada, pero no hay rastros de ella, solo puedo ver nieve a mi alrededor - ¿Dónde demonios se habrá metido? – La ansiedad me está matando y por impulso saco una cajetilla de cigarros, necesito fumar para relajarme un poco. Estoy consciente de que no debería fumar en estos momentos, mucho menos en este sitio, que significa tanto para ella y para mí, así que regreso la cajetilla a la bolsa de mi saco y en su lugar tomo la armónica que ella me regaló - Tal vez mi melodía llegue hasta ella y se dé cuenta de que estoy aquí, esperándola.
Algunos minutos después de comenzar a tocar el instrumento, escucho un grito, seguido del crujido de una rama y por último, un seco golpe en el piso. Volteo rápidamente y la veo ahí, sentada en el suelo, ligeramente aturdida y con el rostro completamente rojo de vergüenza – ¡Candy! ¿Pero cómo no se me ocurrió buscar entre las ramas del árbol? – Me dirijo rápidamente hacia ella para ayudarla a levantarse, no sé de qué tan alto sé haya caído ni que tan fuerte fue el golpe, es probable que se haya hecho daño.
- ¿Te encuentras bien? – Le pregunto, mientras me inclino hacia ella.
- Creo que sí…
- ¿Te duele algo? ¿Te lastimaste?
- No, solo me asusté un poco, pero creo que la nieve amortiguo la caída.
- Es una verdadera suerte que estemos en invierno.
- Sí, lo sé.
- ¿Quieres que te ayude a levantarte?
- Preferiría quedarme sentada.
Candy permanece en silencio, se ve aturdida, confundida, ¿triste?... Yo me siento a su lado, no tengo idea de qué decirle, pero el tenerla cerca me hace sentir feliz de nuevo.
- No sabía que en este lugar también hubiera monos – Le digo, con la intención de romper el hielo.
Ella voltea a verme y me mira con enfado - ¡¿Monos?!
Una carcajada sale de mi boca al ver en su rostro esa mueca de enojo tan característica de ella – Sí, como en los viejos tiempos…
- ¿Me estás diciendo mono?
Yo sigo riendo, es imposible no hacerlo con ella a mi lado. Ella se levanta sin decir una sola palabra y comienza a caminar pendiente abajo.
- ¡Candy! – Le grito, pero no voltea.
Me levanto rápidamente y la alcanzo algunos metros más adelante, la tomo del brazo y la halo hacia mí - ¿Qué sucede? – Le pregunto, completamente desconcertado.
- No nos hemos visto en años y único que puedes decirme es que soy un mono…
- Discúlpame, solo quería hacerte reír, te veías tan tensa.
Candy fija su mirada en la mía y mi cuerpo se estremece por completo, cuanto tiempo soñe con volver a ver ese par de ojos verdes. Sin poder contenerme, la abrazo con fuerza, tal y como siempre desee hacerlo. Ella se resiste un poco, pero después responde a mi abrazo con la misma intensidad que yo.
- Candy - Murmuro, mientras beso en repetidas ocasiones su cabeza, su cabello, su frente - Te he extrañado tanto, nunca debí dejarte ir...
Ella intenta separarse de mi, pero no se lo permito, la aprisiono entre mis brazos una vez más y permanezco fundido en ese abrazo por algunos minutos - Te amo - Le digo e instintivamente tomó su rostro entre mis manos con la intención de besarla, sé que corro el riesgo de que me responda con una bofetada, pero es un riesgo que estoy dispuesto a correr.
Mis labios se acercan lentamente a los suyos, Candy se queda completamente estática. Alguna vez, ella me reclamó por mí falta de romanticismo; si esto no es romántico, entonces no sé qué pueda serlo.
Una voz masculina hace que me detenga de golpe.
- Jefe, la hermana María me dijo que...
Candy me empuja con violencia y baja la mirada, puedo ver que se encuentra muy apenada. Yo volteo a ver al dueño de esa voz, es un muchacho como de unos quince años; creo que lo recuerdo, lo vi la primera vez que estuve en este lugar, aunque en ese entonces era solo un niño.
- Perdón, yo no sabía que... Será mejor que me vaya...
- Jimmy, dile a la hermana María que en un momento bajamos a desayunar.
- Sí jefe.
El muchacho se va, ella y yo nos quedamos frente a frente, pero ninguno se atreve a decir una sola palabra. Después de un par de minutos, rompo la distancia que nos separa y tomo sus manos entre las mías.
- Créeme que no hay nada más difícil para mí que abrir mi corazón y exponer mis sentimientos ante tí, pero te amo, sí, ¡TE AMO! Y necesito que tú lo sepas, quiero recuperar el tiempo perdido, quiero recuperar lo que teníamos, quiero recuperarte a tí.
Ella me mira con incredulidad - ¿Por qué tardaste tanto en buscarme?
- Quise dejar pasar un tiempo prudente después de la muerte de Susana, luego tuve miedo de que tú me rechazaras. ..
- Terry, yo...
- Tan solo dime que no todo está perdido, que aún tengo oportunidad.
- Me voy a ir de viaje en unos días...
- ¿De viaje? ¿Con quién? ¿A dónde?
- A Europa, con Albert...
- ¿Albert?
- Sí, él... es el tío abuelo, ¿puedes creerlo? Ese hombre que siempre estuvo a mi lado, es mi padre adoptivo. Y en los últimos años, él se ha convertido en mi pilar, en mi soporte...
Yo intento procesar sus palabras - ¿Acaso ella y él?... - Trago en saliva en seco, me siento como un verdadero imbécil, tal y como lo sospeche, solo he venido a hacer el ridículo.
- Entiendo, en ese caso, no tengo nada más que hacer aquí – Sin darme cuenta, mis pies comienzan a caminar, para cuando reacciono, ya llevan recorrida una buena distancia.
- Terry, espera... No te vayas...
Yo no me detengo, no quiero su lástima.
- Terry, detente...
- Dame una buena razón para quedarme - Le gritó, sin siquiera voltearme.
- Yo... yo...
- Vamos Candy, dame una buena razón, solo una razón…
Escucho sus pasos sobre la nieve, pero no me atrevo a voltear, me sorprendo al ver que ella me rebasa y se coloca enfrente de mí, impidiéndome el paso.
- Fue un error haber venido, perdóname – Al decir esas palabras, siento como mis ojos se llenan de lágrimas – No, no quiero que me vea llorar.
Estoy a punto de darle la vuelta, cuando ella se lanza a mi cuello y sin pensarlo dos veces, me besa - ¿Pero qué demonios? – Ahora soy yo el que se queda petrificado, de todos los escenarios posibles, este es el que menos vislumbre en mi mente. Una vez que mi sorpresa pasa, tomo su rostro entre mis manos y comienzo a besarla con pasión, ella intenta seguirme el ritmo, con algo de torpeza. Una gran alegría recorre mi pecho - Nadie más la ha besado, sus labios siguen siendo míos - Después de unos segundos, su técnica mejora considerablemente.
Nuestros labios permanecen unidos por varios minutos más, hasta que lentamente me separo de ella. Observo sus ojos, que sin palabras me dicen todo lo que yo necesitaba saber. La atraigo hacia mí para abrazarla de nuevo, esta vez con ternura, mientras que ella recarga su cabeza en mi pecho.
Trato de no pensar en nada que pueda opacar este momento, ni en Albert, ni en su próximo viaje, que ni muerto permitiré que se realice - Ella es mía - Y con la certeza de esas palabras, comienzo a pensar en la manera de convencerla de que regresemos juntos a Nueva York.
Hola chicas lindas, primero que nada quiero agradecerles por todos sus comentarios, mil gracias por tomarse el tiempo de leer mi historia y plasmar sus opiniones al respecto.
Sobre lo de los coqueteos de las cartas, creo que todo es cuestión de percepciones, por mi parte, pienso que sí existen, pero no pretendo crear un debate al respecto. Yo solo lo plasmé para ponerle un poco de emoción a mi historia, así que no se claven en eso, ya que es irrelevante (al menos para mí) Y al final, la única que tiene la verdad absoluta acerca de con quién se quedó Candy, es la autora.
Por último, intenté buscar la historia que me recomendaron, no sé si ya la hayan borrado o qué pasó, pero no pude encontrarla. Si alguien sabe el nombre de la autora, le agradecería mucho que me lo proporcionara, para empezar a leer poco a poco. Ahorita estoy metida leyendo unos fics que me recomendó Sandy Sánchez (Terrifics), también unos de una autora que acabo de descubrir, que se llama Malinalli Coy, y que por cierto están buenísimos (tiene varios de Terry). Y uno de Azul70, "en tus sueños" que me tiene mordiéndome las uñas de los pies.
Espero les guste este capítulo, les deseo un excelente fin de semana. Nos leemos pronto.
