Terry y yo entramos a la cabaña y justo cuando estamos cruzando el recibidor, un ciervo sale de uno de los cuartos, pegándonos un susto de muerte.

- Si lo que querías era matarme de un infarto, para no tener que casarte conmigo, déjame decirte que casi lo logras – Me reclama Terry, haciendo que yo suelte una carcajada.

- Diablos, estuve tan cerca – Le respondo en son de broma y él hace un gesto de disgusto.

- Hace falta más que un ciervo para que logres deshacerte de mí, pecosa – Me dice, dándome un beso en los labios.

Yo tomo la mano de mi adorado rebelde y lo guío hasta la estancia, donde le muestro la chimenea. Un par de conejos, que dormían plácidamente en uno de los sillones, salen corriendo al sentir nuestra presencia.

- Creo que esos dos tuvieron una noche agitada, ¿te imaginas todo lo que habrá hecho ese par, durante el tiempo que estuvieron solos? No me sorprendería que salieran un montón de conejitos de entre los muebles – Él me guiña un ojo y me muestra esa media sonrisa que tanto amo.

- ¡Por Dios! ¡Qué cosas piensas!

- Por algo estaban durmiendo…

- Deja a esos pobres conejos en paz.

Terry suelta una carcajada y se acerca lentamente a mí, luego besa mi frente en repetidas ocasiones.

- Tal vez deberías prender la chimenea, comienzo a tener frío.

- Tus deseos son órdenes, princesa – Él hace una reverencia y besa el dorso de mi mano, mientras me mira con esos hermosos y expresivos ojos azules.

Una enorme sonrisa se dibuja en mis labios, he de confesar que este hombre me vuelve completamente loca. Una frase de Romeo y Julieta me viene a la mente y no puedo aguantarme las ganas de recitársela.

- "Cuando te vi, me enamoré y tú sonreíste porque lo sabías"

- Oh, ¿así que la bella Julieta ha decidido hacer su aparición? Creo que con esas palabras has terminado de enamorarme, dama mía…

- Pensé que ya estabas completamente enamorado de mí.

- Sí, pero tú eres tan maravillosa, que vuelves a enamorarme más y más, con cada minuto que paso a tu lado…

Él se acerca a mí nuevamente y comienza a besarme.

- Por favor, prende la chimenea, esta cabaña es muy fría y me estoy congelando.

- Conozco otros métodos para hacer que entres en calor…. Tal vez podríamos imitar a ese par de conejos.

Yo vuelvo a reír – Disculpe si lo contradigo, pero no va a pasar nada entre usted y yo hasta que estemos oficialmente casados. Así que será mejor que se comporte, Sr. Grandchester.

- Mmm... Me vuelves loco cuando me llamas así…

Terry coloca su boca sobre mi cuello y comienza a recorrerlo suavemente con la punta de sus labios, ese simple roce hace que todos los vellos de mi cuerpo se ericen por completo.

- En un momento vuelvo contigo – Me dice y se aleja de mí para acercarse a la chimenea, la cual enciende con una destreza asombrosa.

Los juncos que están ahí apilados comienzan a arder, inundando la habitación de un agradable calor y de un característico aroma. Yo me quedo contemplando las llamas, que cada vez se hacen más grandes y que devoran la madera sin piedad alguna. Algo similar pasa con el amor que estoy sintiendo, el cual es tan intenso y tan apasionado, que a veces pareciera que va quemándome por dentro, arrasando con toda duda y todo pudor que pudiera sentir en mi interior.

- ¿En qué piensas?

- En lo mucho que te amo…

- Yo también te amo… A decir verdad, estoy perdida y locamente enamorado de ti – Me murmura al oído.

Los dos nos sentamos frente a la chimenea, con nuestras manos entrelazadas, yo coloco mi cabeza sobre su hombro y el extiende su brazo alrededor de mi cintura.

- Creo que es momento de hablar sobre nuestro futuro – Me dice.

- ¿Qué es lo que quieres hablar?

- Tenemos que fijar la fecha de la boda... Para serte sincero, yo quisiera casarme contigo cuanto antes.

- Podríamos casarnos dentro de dos meses, para poder organizar todo con calma.

- Me agrada la idea.

- Podríamos casarnos aquí, en Lakewood.

- Candy, después de casarnos tendrás que mudarte a Nueva York.

- ¿No hay manera de que tú te vengas a vivir conmigo?

- Aunque quisiera no podría, tengo varios compromisos con la compañía de teatro. Además, sabes bien que la actuación es una de mis grandes pasiones, después de ti, obviamente.

- Yo tampoco quiero dejar a mis madres, ni a mis niños.

- Podemos venir de vacaciones y pasar largas temporadas aquí. Me gustaría visitar este lugar durante la primavera.

- ¿Sabes? Stear hizo un barco en forma de cisne y Albert lo ha reparado en varias ocasiones… Cuando el invierno se haya ido, te llevaré a recorrer el lago.

- Siento mucho lo de tu amigo el inventor. Me enteré de su muerte hace algunos años, hubiera dado cualquier cosa por estar contigo en ese momento.

- Fue algo muy triste para todos, creo que en el fondo nunca me hice a la idea de su muerte, pero estoy segura que él me está cuidando desde el cielo, al igual que Anthony…. También te mostraré las rosas que él creó para mí.

- ¿Él creó un tipo de rosa para ti?

- Sí, y la llamó dulce Candy…

- Creo que tendré que ponerme a su altura, tal vez pueda crear una melodía de amor, o una obra de teatro que cuente nuestra historia…

- No necesitas crear nada, tu sola presencia es suficiente para mí.

Él me sonríe y me abraza con fuerza – No sé qué hice para merecerte, pero debió haber sido algo muy bueno para que la vida me compensara contigo…

Los dos nos quedamos platicando varias horas frente a la chimenea y nos contamos todo lo que nos ha acontecido durante los años que hemos estado separados. Ambos estamos convencidos de que lo mejor es que no exista ningún secreto entre nosotros, así que nos sinceramos por completo, desnudando nuestro corazón, nuestra mente y nuestra alma.

Cuando comienza a atardecer, regresamos a la mansión, donde Albert ya nos está esperando para merendar. La cena transcurre de manera amena, mi querido amigo se luce contándole a Terry varias anécdotas de su vida, las cuales nos sacan más de una buena carcajada. Pero a pesar de su semblante feliz, los ojos de Albert denotan una gran tristeza.

- Dispuse que arreglaran un par de habitaciones para que pasen aquí la noche, supongo que han de estar cansados. George los llevará de regreso al hogar de Pony mañana temprano.

- Gracias Bert – Yo me acerco a él y le doy un tierno beso en la mejilla – Que descanses.

- Igualmente pequeña.

Terry se acerca a nosotros y le da un fuerte apretón de manos – Gracias por todo, hasta mañana.

Albert le pide a Dorothy que nos guíe hasta nuestras habitaciones, nosotros la seguimos a través de las escaleras y del extenso corredor, hasta que llegamos a dos recámaras contiguas al final del pasillo. Yo le doy un casto beso en los labios a mi prometido y me despido de él, deseándole buenas noches; Lo primero que hago al entrar al cuarto que me designaron, es dirigirme hacia el baño para comenzar a llenar la tina.

Cuando la bañera se encuentra lista, me sumerjo en el agua y me doy un largo y tranquilizante baño; éste ha sido un día de locos y necesito relajarme por completo. Una vez que salgo de la tina, me seco y me pongo mi camisón, luego camino hacia el tocador, donde me quedo sentada varios minutos, secando y peinando mi larga cabellera. No sé por qué, pero no puedo dejar de pensar en la mirada triste de Albert; así que después de mucho meditarlo, me decido a bajar a buscarlo para platicar con él. Tomo mi bata y salgo de mi cuarto hacia su despacho, dónde él suele quedarse trabajando hasta altas horas de la madrugada.

Mientras me conduzco hacia mi destino, logro vislumbrar su silueta a través de la puerta mirador. Albert se encuentra de pie en la terraza, con la mirada perdida en algún punto del jardín y sosteniendo un vaso de licor en las manos. Yo me acerco sigilosamente y cuando estoy a pocos metros de él, mi amigo descubre mi presencia.

- ¡Candy! ¿Qué haces aquí? Pensé que ya estarías dormida.

- Estaba muy preocupada por ti, te noté muy melancólico durante la cena y no pude evitar pensar que el motivo de tu tristeza era yo…

- ¿Tú? ¿Y por qué habrías de ser tú?

- Porque me comprometí con Terry…

- ¿Y tú crees que eso me hace sentir triste?

- Bueno, es que yo…

- Pequeña, tu compromiso con Terry me hace muy dichoso, ¿y sabes por qué? Porque tú eres feliz. Hoy, después de muchos años, volví a ver ese brillo en tus ojos, y no solo eso, tu cara y tu cuerpo irradian felicidad a su paso.

Me acerco a Albert y lo abrazo con fuerza.

- No tienes que preocuparte por mí, mientras tú estés bien, yo estaré bien. Y si por alguna razón las cosas no salen como tú esperabas, sabes que puedes volver aquí, a tu casa… donde siempre serás recibida con los brazos abiertos.

- Gracias Albert, nunca podré pagarte todo lo que has hecho por mí, siempre estaré en deuda contigo – Un par de lágrimas traicioneras salen de mis ojos.

- Yo no te estoy cobrando nada, todo lo que te he dado, te lo he dado de corazón. Ahora deja de llorar y vete a dormir, que mañana tienes que madrugar – Él seca mis lágrimas con sus dedos y me sonríe tiernamente.

- Te quiero, Bert.

- Yo también te quiero, pequeña – Albert me da un beso en la frente y yo le regreso el gesto con un beso en la mejilla, luego me doy la vuelta y camino de regreso a mi habitación.


Mientras termino de arreglarme el tocado, no puedo dejar de pensar en lo mucho que ha cambiado mi vida en estos últimos dos meses. Justo como dice la Señorita Pony, nunca sabes lo que te espera a la vuelta de la esquina. Aunque se deba soportar un dolor tan grande que desgarra el corazón, si lo afrontas sin miedo tendrás ciertamente, en la próxima esquina, un encuentro maravilloso y fascinante. (1)

A la mañana siguiente de nuestra visita a Lakewood, yo regresé con Terry al hogar de Pony. Él se quedó con nosotros durante una semana entera y los dos pasamos nuestra primera Navidad juntos; durante esos días, yo descubrí una nueva y fascinante faceta de él: la de padre amoroso. Nunca hubiera imaginado que ese muchacho odioso, petulante y altanero que conocí en el internado, se convertiría en este hombre cariñoso, alegre y dispuesto a dar amor a todos esos niños huérfanos, que solo desean tener un hogar. Helen, una niña de dos años de edad, rubia, de ojos azules y traviesa a morir, se volvió su adoración durante el tiempo que estuvo con nosotros. Un día antes de que mi amado rebelde regresara a Nueva York, él se acercó a mí para platicar muy seriamente conmigo.

- Candy, ¿te gustaría que adoptáramos a Helen?

Yo volteé a verlo con incredulidad, adoptar siempre había sido una opción para mí, pero no estaba segura de que lo fuera para él - ¿Estás hablando en serio?

- ¿Crees que bromearía con algo así?…

- No, es solo que la idea me parece increíble…

- Esa niña me robó el corazón desde la primera vez que la vi y cada vez que la tengo enfrente, no puedo dejar de pensar en ti y en lo afortunada que fuiste al ser adoptada por Albert. Creo que nosotros podemos cambiar la vida de esa pequeña, dándole un hogar con mucho amor.

Sus palabras me emocionan tanto, que comienzo a llorar como una tonta – Terry, tú…. Tú eres un hombre maravilloso y yo no tengo palabras para expresarte toda la admiración que siento por ti.

- Tú no te quedas atrás, eres una mujer digna de admirarse, siempre tan fuerte, tan perseverante, tan independiente.

- ¡Gracias Terry!…

- Cuando regrese de mi viaje, haremos todos los trámites para que Helen sea nuestra hija adoptiva. Ahora que lo pienso, "Helen Grandchester" suena muy bien.

- "Helen Grandchester White" suena mejor

Dos días después de Navidad, mi prometido se regresó a Nueva York para buscar la casa ideal para los tres. Además, aprovechó para pedir permiso en la compañía de teatro, ya que después de la boda, él se ausentará de los escenarios por un par de meses, durante los cuales nos iremos de luna de miel por Europa.

Mi querida Annie llegó una semana después de que Terry se fuera y se hizo cargo de todos los arreglos de la fiesta, desde las flores, hasta el banquete y la decoración del jardín; a ella siempre le han encantado todas estas cosas, así que no tuvo ningún inconveniente en ayudarme a organizar todo. A su vez, Albert me pidió que usara el vestido que usó su hermana el día que se casó con el Sr. Brown y que también había pertenecido a su madre. Yo no podía sentirme más honrada con su propuesta, así que acepté gustosa ese gran honor.

Escucho que tocan la puerta de la habitación y me levanto con algo de dificultad, debido a lo estorbosa que es la falda del vestido. Al abrir, me encuentro con Albert, quien se ve sumamente guapo vistiendo su tradicional traje escocés.

- ¿Ya estás lista? – Me pregunta, con una sonrisa sincera en sus labios.

- Nunca he estado más lista en mi vida…

Él me ofrece su brazo y yo lo tomo con seguridad, caminamos en silencio por todo el pasillo y mientras avanzamos, puedo sentir los latidos de mi corazón que están a mil por hora. Falta tan poco para convertirme en la Sra. Grandchester, que la sola idea hace que todo mi cuerpo rebose de felicidad. Al salir al jardín veo a todos los invitados dispuestos en sus asientos, no son muchos, pero son los más importantes para nosotros.

Del lado de Terry solo están presentes sus padres y dos amigos suyos de la compañía de teatro: Robert Hathaway y Karen Cryce. De mi lado están presentes mis dos madres, todos los niños del hogar de Pony, mis queridas amigas: Annie y Paty; Archie, el buen George y por supuesto nuestra pequeña hija Helen.

Albert, como mi padre adoptivo, es el encargado de entregarme con mi futuro esposo. Mientras nos dirigimos hacia el altar, puedo ver a Terry parado al final del camino, él luce tan apuesto y elegante con su esmoquin negro, que no puedo creer que ese hombre tan irresistible vaya a convertirse en mi compañero de por vida. Una enorme sonrisa se dibuja en su rostro al verme aparecer, yo también le sonrío y unas enormes ganas de correr hacia él y abrazarlo con todas mis fuerzas, me invaden de repente; pero sé que eso no es prudente en este momento, así que trato de contener mi emoción lo mejor que puedo.

Conforme voy avanzando, veo que de sus ojos color zafiro resbalan un par de lágrimas - ¡Oh, por Dios! Creo que yo también voy a empezar a llorar – Mi querido amigo toma una de mis manos y la aprieta con fuerza, intentando transmitirme un poco de tranquilidad, pero es demasiado tarde, varias lágrimas de felicidad han empezado a correr libremente por mis mejillas.

Cuando por fin llegamos al altar, me suelto del brazo de Albert y me coloco frente a mi futuro esposo, él levanta mi velo y con suma ternura seca mi rostro humedecido. El sacerdote comienza a oficiar la ceremonia, la cual es hermosa de principio a fin. Las palabras "Los declaro marido y mujer" resuenan con fuerza en mi cabeza, por fin estamos unidos ante Dios y ya nada podrá separarnos, solo la muerte.

La celebración se extiende hasta altas horas de la madrugada y tal parece que no va a terminar pronto, ya que todos los invitados siguen bastante animados. Terry y yo nos escapamos del bullicio que aún se escucha en el jardín para poder estar solos. Entre risas y besos fugaces, nos dirigimos hacia la habitación que nos fue asignada para pasar nuestra primera noche como marido y mujer. Después de entrar a la recamara, él cierra la puerta con seguro y me mira de manera sugestiva, yo comienzo a sentirme nerviosa y a la vez sumamente excitada de solo pensar en todo lo que mi esposo me va a hacer esta noche.

Mi rebelde se acerca a mí y comienza a besarme, sus manos intentan desatar los listones del corsé de mi vestido; mientras lo hace, él besa uno de mis hombros, el cual se tensa ante el contacto de sus labios. Él vuelve a tomar mi boca y empieza a caminar lentamente a través del cuarto, como si estuviera bailando un vals, llevándome hasta la cama. Cuando llegamos a nuestro destino, sus labios descienden sobre mi cuello y lo recorren, hasta que llegan cerca de mi oreja; sus dientes muerden suavemente mi lóbulo, haciendo que un suspiro involuntario salga de mi garganta.

Nuestras bocas vuelven a unirse en un arrebato de pasión, Terry me recuesta suavemente sobre nuestro lecho y sus manos comienzan a acariciar mi cuerpo con destreza. Sus labios abandonan los míos y descienden lentamente hasta llegar a la altura de mi escote, sus ojos se elevan hacia mí y una de sus cejas se arquea, como buscando mi aprobación para continuar. Yo no soy capaz de hacer, ni decir nada, solo cierro los ojos y acaricio su cabello sedoso, él toma una de mis manos y acaricia la yema de mi dedo índice con la punta de su lengua, haciéndome estremecer.

- Nunca he entendido por qué a las mujeres les gusta usar estos vestidos tan estorbosos – Me dice, al mismo tiempo que jala mi corsé hacia el frente, sacándolo por completo de mi cuerpo y dejando mis pechos al descubierto.

Sus ojos irradian una lujuria que nunca antes había visto en ellos y sus dedos empiezan a recorrer delicadamente mis senos. Un jadeo de placer se escapa de mis labios cuando su boca atrapa uno de mis pezones y sus dientes lo estrujan suavemente. Yo intento desabrochar su camisa y con mucha torpeza voy sacando cada uno de los botones de su ojal, una vez que está completamente abierta, mi hermoso castaño se deshace de ella rápidamente, dejando al descubierto su torso.

Vaya visión la que se presenta ante mis ojos, con su pecho perfectamente esculpido y cubierto de vello oscuro, yo no soy capaz de resistir la tentación de tocarlo y con cierto temor aproximo mi palma hasta que hace contacto con su pálida piel. Terry me sonríe de manera pícara y arrastra mi mano pausadamente sobre todo su abdomen, colocándola sobre la pretina de su pantalón. Yo me apresuro a desabotonar su prenda y con un rápido movimiento de mis dedos, bajo su cierre; él se saca el pantalón y lo avienta lejos de nosotros, después comienza a retirar la falda de mi vestido con sumo cuidado, hasta que me despoja por completo de ella.

Su cuerpo se posa sobre el mío y puedo sentir su erección a través de su calzoncillo. Sus manos comienzan a recorrer cada centímetro de mi cuerpo con una pasión inusitada; su boca muerde, succiona, lame y besa mi piel con maestría. Él saca mis bragas de un solo tirón y su cabeza desciende hasta alojarse sobre mi intimidad, la cual devora sin compasión alguna, haciendo que yo comience a gemir sin ningún tipo de control y de pudor. Cuando creo que no puedo sentir más placer, él se deshace de su ropa interior y se posiciona sobre mi entrada, introduciéndose muy lentamente a través de mi carne.

No voy a negar que al principio todo es bastante doloroso, pero una vez que mi cuerpo se acostumbra a su presencia, la molestia empieza a desaparecer – No sabes cuánto tiempo esperé este momento, te deseo tanto, princesa – Me susurra Terry, muy cerca de mi rostro y después comienza a besarme desenfrenadamente. Sus caderas se mueven de manera rítmica y yo coloco mis piernas alrededor de su cintura para poder recibirlo más profundamente. Su rostro no es capaz de ocultar todo el placer que está sintiendo y creo que a mí me pasa lo mismo, porque de vez en cuando, él sonríe complacido.

Cierro los ojos y me dejo llevar por todo este remolino de sensaciones que da vueltas dentro de mí. No sé cuánto tiempo hemos permanecido unidos, como si fuéramos un solo cuerpo, una sola alma, un solo corazón; pero vuelvo a abrir los ojos al escuchar un fuerte bramido que sale de su boca y al enfocar su rostro, veo que está completamente sonrojado, con los ojos cerrados y los labios apretados – Te amo Candy, gracias por hacerme el hombre más feliz de la tierra – Murmura, aún con la respiración agitada. Una vez que él se relaja, coloca su cabeza sobre mi pecho y me abraza.

El cansancio se apodera de mí y me quedo profundamente dormida, despierto algunas horas después y me doy cuenta de que está comenzando a amanecer, ya que los rayos del sol han empezado a filtrarse por el ventanal. Al voltear a mi lado, me encuentro con los más hermosos ojos azules del mundo, que no dejan de observarme con fascinación.

- Buenos días dormilona.

- Buenos días amor.

- Sería capaz de pasar todas mis noches en vela a tu lado, observando tu rostro angelical y tu cuerpo desnudo, tan hermoso, tan perfecto...

Siento como mi cara se enciende como si fuera una antorcha y la risa de mi esposo se hace presente.

- Me da gusto saber que ya te has mentalizado, porque estoy segura de que pasaremos muchas noches como esta.

- Mmm, pequeña sinvergüenza.

Los dos nos sonreímos y nos abrazamos. Creo que ambos lo sabemos, a partir de ahora estaremos unidos de por vida y nunca nada, ni nadie, volverá a separarnos; porque nuestro destino es estar juntos, hasta la eternidad.


- Papi, ¿qué le pasa a mamá? ¿Está enferma? - Me pregunta Helen, con la angustia propia de una niña de cuatro años.

- No mi amor, es solo que tu hermanito o hermanita, ya va a salir de la panza de mamá y de ahora en adelante va a vivir con nosotros.

- ¿Y va a trepar conmigo a los árboles?

- Por el momento no, el bebé va a ser muy pequeño, pero cuando sea más grande le podrás a enseñar a trepar árboles, así como mamá te enseñó a ti.

Los nervios me están matando, quisiera entrar a esa maldita habitación y preguntarles por qué demonios tardan tanto, hace tres horas que Candy entró ahí y nadie a venido siquiera a informarme cómo está ella. Volteo hacia la entrada el hospital y veo a mi madre acercarse a paso veloz.

- Hijo, vine tan pronto me dieron tu recado, ¿cómo está Candy?

- No lo sé, aún no me dan noticias de ella.

- Cálmate hijo, los partos suelen ser tardados, tú tardaste ocho horas en llegar al mundo.

- No creo poder aguantar ocho horas de incertidumbre.

- Abuela, no quiero esperar tanto tiempo.

- No lo harás, cariño - Le responde mi madre, con ternura - Me voy a llevar a Helen al parque, no es bueno que esté tanto tiempo en este hospital.

- Te lo agradezco mamá.

- Deberías aprovechar para ir a comer algo, ¿mi niña ya comió?

- No, justamente estaba pensando en llevarla a comer.

- Bueno, yo me encargo. Regreso en un rato.

- Gracias.

Los siguientes treinta minutos se me hacen eternos y cuando siento que ya no puedo esperar ni un minuto más, una enfermera sale al pasillo.

- ¿Los familiares de la Sra. Candice Grandchester?

Yo me levanto como de rayo y me acerco a ella - Yo... soy su esposo.

- Felicidades Sr. Grandchester, acaba de convertirse en papá de un hermoso niño.

Mi corazón comienza a latir a toda velocidad, aún no puedo creer que mi hijo por fin esté con nosotros - ¿Puedo verlo?

- Claro que sí, acompáñeme, ahorita él se encuentra con su madre.

Al entrar al cuarto, veo a mi hermosa esposa con nuestro hijo en brazos, ella lo observa con un amor infinito, mientras le canta una canción de cuna. Candy voltea a verme y me sonríe - Ven a conocerlo - Me dice y me extiende su mano.

Yo me acerco a paso lento, creo que me están temblando las piernas, o mejor dicho, me está temblando todo el cuerpo. Cuando estoy frente a ellos, veo a nuestra hermosa creación frente a mí, con sus ojitos azules, su naricita chata y algunos mechones de pelo castaño y alborotado que sobresalen de su cabeza. Nunca creí que pudiera amar a alguien igual que a mi pecosa, pero estaba equivocado, amo a ese pequeño tanto como a su madre.

- Cárgalo - Me pide ella, yo me acerco para tomarlo entre mis brazos con sumo cuidado.

- ¡Es hermoso! - Exclamo y la emoción me traiciona, haciendo que varias lágrimas resbalen de mis ojos - Gracias mi amor, gracias por hacerme el hombre más feliz de la tierra... ¡TE AMO!

- Yo también te amo - Me responde ella, sonriéndome como solo ella sabe hacerlo.


(1) El fragmento fue tomado de la novela "Candy Candy, Lettere" traducida por el foro Andrew. Página 202.


FIN

HOLA CHICAS, PUES POR FIN HEMOS LLEGADO AL FINAL DE LA HISTORIA, SÉ QUE FUE CORTA, PERO INTENTÉ QUE FUERA ROMÁNTICA, SIN TANTO DRAMA, SIN TANTAS VUELTAS, SOLO PLASMANDO EL AMOR QUE ESOS DOS SE PROFESABAN.

LES AGRADEZCO CADA UNO DE SUS COMENTARIOS, TAMBIÉN AGRADEZCO A QUIENES ME PUSIERON EN SUS FAVORITOS, A QUIENES HAN SEGUIDO MI HISTORIA DESDE EL PRINCIPIO Y A MIS LECTORAS SILENCIOSAS.

GRACIAS, MUCHAS GRACIAS A TODAS USTEDES (LARISA TORRES, IZZAKI, GLADYS, ALESITA 77, AMERICA GRA, BRISS WHITE, BLANCA, ELI, MARTA, JIL, GABY, ANASTASIA ROMANOV, PHAMBE, KEILA M, KAMANANCE, DIANLEY, XIANXISK, SOFIA SALDAA, CESHIRE Y TODAS LAS GUEST).

FUE UN PLACER ESCRIBIR SOBRE TERRY, QUE AL FIN Y AL CABO ES MI PERSONAJE FAVORITO. REALMENTE DISFRUTÉ DE CADA UNA DE LAS HISTORIAS QUE LOGRÉ CREAR PARA ÉL.

LES MANDO UN SALUDO AFECTUOSO A CADA UNA DE USTEDES, QUE TENGAN UN EXCELENTE DÍA. ESPERO PODAMOS LEERNOS EN ALGUNA OTRA OCASIÓN.

ATTE. CANULITA PECH

:) :) :)