Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes de Twilight pertencen a Stephenie Meyer y la autora de esta historia es Nolebucgrl. Yo solo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the Twilight characters belong to Stephenie Meyer and the author of this story is Nolebucgrl. I just translate.
Fill Me with Your Poison
Capítulo 6
– ¿Estás segura de querer hacer esto? – Edward Cullen miró a su pareja mientras manejaba su Explorer a través de los caminos solitarios del bosque. Él había querido llevar a su Bella a casa con verdadero estilo, en su Vanquish, pero luego de descubrir que el camino a La Push sería húmedo y lodoso, prefirió funcionalidad antes que estilo.
– No, – admitió, sabiendo que él estuvo leyendo sus pensamientos sobre el tema durante todo el camino. Habían estado callados la mayor parte del viaje, eligiendo comunicarse de la manera no verbal que habían descubierto y, que volvía locos a los hermanos de Edward en casa. Al estar celosos de la habilidad de comunicarse entre ellos sin decir una palabra, lo único que les quedaba por hacer era tener pensamientos sucios que forzaran a la pareja a mostrar su descontento verbalmente.
– Tu padre no sabe que vamos, ¿cierto?
Bella sacudió su cabeza, haciendo que su dulce aroma quedara en el auto. Edward tomó un gran respiro de este, encontrando que solo un poco de su aroma ayudaba a mejorar la tensión que había ido creciendo a medida que se acercaban a su destino. Su pareja le sonrió y tomó su mano, acariciando suavemente su piel con el pulgar.
– Billy juró que no le diría. – Paró y miró el hermoso perfil de Edward. – O a Jacob.
Si, esa era la verdadera razón de su tensión. Ella sintió como su mano se tensaba a la mención de ese nombre. Edward no le temía a Jacob, pero temía el no poder controlarse si se confrontaba a los pensamientos sexuales del chico con Bella de nuevo. No matarlo había sido la prueba más difícil de la vida larga de Edward hasta ahora y, estaba seguro de que no habría podido cumplirla si sus hermanos o Charlie Swan no hubieran estado allí.
– No puedes matarlo.
Edward saltó en sorpresa ante el miedo que reflejaba Bella en su voz.
– No puedo perderte, Edward. Nada lo vale.
Antes de que ella dijera lo que pensaba, Edward había aparcado el auto y tenía a su pareja en sus brazos. – No me perderás, mi belleza. Nunca. ¿Qué te hizo pensar eso?
Ella estaba temblando, llena de miedo, sin importar sus tranquilizadoras palabras. – Los he perdido a todos. No puedo perderte a ti. Eres todo lo que me queda. Todo lo que quiero. Por favor.
Escuchó la silenciosa plegaria, besándola y acariciándole los hombros en un intento de aminorar la tensión.
Mi amor, nunca podrías perderme. Estoy contigo por la eternidad. Nunca nada podrá separarnos.
Sus labios, manos y pensamientos la calmaron de alguna manera, haciendo que ella se separara y descansara su cabeza en la de él. – Pero si pierdes el control…
Edward rio y acarició su mejilla. – Bella, aun estás pensando como humana.
Eso la hizo fruncir el ceño y sentarse. – Lo vampiros tienen reglas también, Edward. Unas muy bien definidas como–
– Que si matamos a un humano, uno sano que no desea morir, debemos pagar con nuestra vida, – terminó Edward, sonriéndole a su compañera y preguntándose como es que se puso más sexy al estar enojada con él.
Ese pensamiento la hizo resoplar y cruzar sus brazos sobre su pecho. – ¿Y bien? ¿Por qué no habría de preocuparme entonces? Si matas a Jacob, te matarán. – Y moriré también, porque no viviré sin ti.
El entretenimiento de Edward se acabó al escuchar su último pensamiento, entendiendo porqué su compañera estaba tan molesta, aunque sus pensamientos fueran erróneos.
– Nunca enfrentarás esa posibilidad, – le prometió, tomándole la cara en sus manos, sus ojos en ella. – Te lo juro.
Los brazos de ella afirmaron los de él. – Entonces, ¿por qué…?
Edward sacudió su cabeza. – Las reglas, Bella, son una broma. Las pusimos para que los humanos se sintieran más seguros, pero vamos… ¿A cuántos vampiros crees que hemos matado porque han hecho un asesinato no aprobado?
Bella lucia perpleja. – ¿Cómo lo sabría?
Edward sonrió. – No lo sabrías. Ni tampoco otro humano. Hemos hecho un show de matar a un par de vampiros por romper las reglas, solo para darles un sentido de seguridad a los humanos. Y en esos extraños casos donde un neófito ha matado personas, matamos a su creador. A no ser…
– A no ser, ¿qué?
– A no ser que sus creadores, por alguna razón, fueran importantes. Dotados de una manera que nos sea beneficioso. Millonarios. Famosos. Un miembro de la familia.
– ¿Qué sucede entonces? – preguntó, luciendo sorprendida.
– Entonces, elegimos a cualquiera que tome la culpa y haga el sacrificio. – Edward se encogió de hombros.
– Eso es terrible ¿Alguien inocente muere?
Edward rio. – Tan inocente como podemos serlo, mi amor. – Acarició el cabello de ella. – La verdad es que podrías eliminar todo el pueblo de La Push en una rabieta y lograría que otro neófito y su creador hicieran el sacrificio. Nunca nadie podría tocarnos.
Bella miró a su pareja por un largo rato. – Eso debería molestarme.
Él rio. – ¿Lo hace?
– Por un lado.
Ese no era el lado en el cual él estaba interesado. – Pero ¿por el otro?
Ella sacudió su cabeza, no queriendo decirlo, así que Edward pasó su pulgar por el pezón de ella, haciendo que gimiera. – Vamos, bebe, dilo por mí.
Sus labios comenzaron a hacer un lento camino por el cuello de ella, haciendo que enterrará los dedos en el cabello de él, dándole lo que él quería. – Por otro lado, me excita un poco.
Él rio oscuramente mientras mordía un poco de piel de ella. – Poder. Te sientes poderosa, sabiendo que no tienes que responderle a nadie.
– Toda mi vida. Charlie. Jacob. Mis amigos. Siempre he hecho lo que ellos querían. Ahora puedo hacer lo que yo quiero. – Lo que nosotros queramos.
– Y, ¿qué quieres hacer, belleza? ¿Deberíamos matar un pueblo completo? – Si ella lo quisiera, él lo haría sin dudarlo. Hacerla feliz, excitarla, era su prioridad número uno por la eternidad.
Bella carcajeo y sacudió su cabeza. – No.
Edward sintió un poco de decepción, pero no estaba sorprendido de que ella no quisiera hacerlo. Sin embargo, su decepción no duro mucho.
– Te quiero a ti.
Y realmente no había nada mejor que eso. – Soy todo tuyo.
– Sí, todo mío. – Y lo tiró a la parte trasera del auto, haciéndolo suyo una vez más.
Xoxoxoxo
– ¿Quién sabría que encontrarías el poder tan intoxicante? – Edward preguntó una hora después mientras pasaba por las afueras de La Push.
– Tú lo sabrías, – Bella respondió, acomodándose el top.
Era verdad. Ella había pasado la semana pasada, cuando estaba en cama o comiendo, observando a Edward interactuar con sus hermanos y el resto del staff en el club. Aunque había un amor diferente entre Edward y sus hermanos, estaba claro que ellos también eran dependientes de él y lo que Edward quisiera eclipsaba cualquier cosa que ellos desearan. Toda orden dada era cumplida inmediatamente y sin ningún cuestionamiento, incluso de Emmett, aunque él y Jasper podían salirse con la suya al enfrentarse a Edward mientras hacían lo que él quería. Los demás ni siquiera lo intentaban.
– Necesito llevarte a Volterra más temprano que tarde. – Ante la cara confusa de Bella, Edward añadió. – Si piensas que aquí soy poderoso, deberías verme allá.
Ella no tenía duda de lo que eso haría en ella. Ya lo había tomado ante cualquier oportunidad posible y, casi había sido su fin cuando Edward lidió con un vampiro que estaba causando problemas en el club una noche. Él había estado tan calmado y compuesto y, aun así, con solo unas pocas palabras, había dejado al problemático temblando en sus botas. Ella no había visto nada más sexy.
Edward rio ante sus pensamientos. – Deberé amenazar con desmembrar a más gente alrededor tuyo, mi belleza.
Ella rodó los ojos. – Sí, sí, déjalo para el club, Su Alteza. – Ella apretó su mano cuando él paro el auto. – Billy nos está ayudando, aunque no tiene hacerlo. – Le recordó.
– No lo mataré por engendrar al hijo de puta, – Edward murmuró. Aunque si pudiera volver en el tiempo y matarlo antes de que Jacob apareciera, lo haría. Bella no extrañaría aquello que nunca conoció.
Bella sacudió su cabeza. – Eso es todo lo que pido.
Salieron y caminaron hacia la casa que había visto mejores días. La pintura se estaba saliendo, algunas maderas se estaban pudriendo y la base de la casa parecía desmoronarse.
– Buena cosa el que seamos indestructibles. – Edward observó, obteniendo un codazo en su estómago mientras caminaban hacia el porche. – ¿Qué? ¿No vive el idiota aquí? Él podría arreglar este lugar para su padre, ¿no es así? – Era una ofensa para Edward, quién habría hecho todo por sus padres si hubiera podido hacerlo; pensar que un hijo permite que su padre viva así.
– No tienen mucho dinero, – Bella susurró. – Sé educado.
Como si fuera a insultarlo. Dame un poco de crédito, por favor.
Bella solo sonrió ante sus pensamientos y levantó una mano para tocar la puerta. – Billy. Estamos aquí.
– Pasen, – una hosca voz dijo, seguido de un sonido chirriante que sabían era su silla de ruedas.
Bella abrió la puerta, tan cómoda aquí como lo habría estado en su propia casa, guiando a su pareja por un pasillo hacía la sala de estar que tendría a Edward curvando su labio con disgusto de no ser porque se preocupaba por enfurecer a Bella. Ella tenía un temperamento saludable que no tenía problemas en provocar cuando estaban solos, pero sabía que si lo hacía en frente de Billy, sería un infierno por pagar.
Billy Black se sentó en su silla, profundos ojos negros estudiando a la pareja sin una pizca de animosidad. Bella soltó la mano de Edward y caminó suavemente hacia el viejo hombre, cuando él le ofreció sus manos. Ella las tomó y las apretó gentilmente.
– ¿Es eso todo lo que obtengo? – preguntó, una sonrisa se posaba en su cara.
Edward escuchó la felicidad en los pensamientos de su compañera ante Billy que no temía de ella, que la aceptaba como era ahora, a la vez que le besaba la mejilla. Él estaba tan agradecido como Bella, de que alguien de su vida pasada la apoyara.
– ¿Está eso mejor? – preguntó, enderezándose y mirando al hombre a quien ella siempre considero un segundo padre, aun cuando ella descartó la opción de tener un futuro con su hijo.
– Mucho. Ahora, preséntame a tu novio.
Edward quería burlarse de tal termino, dado que él era mucho más que un simple novio, pero se encontró a sí mismo enderezándose ante la mirada filosa de Billy en él.
– Billy, este es Edward. – Bella volvió a su lado y lo rodeo por la cintura. – Él es mi todo.
Eso complació a Edward más que cualquier otra cosa que ella pudiera decir, viendo como ella torcía un poco los labios en respuesta a su emoción por sus palabras.
– Edward, este es Billy Black.
– Es un honor conocerte, – Edward le dijo, sacudiendo una mano que era sorprendentemente fuerte en comparación a su frágil cuerpo.
– Diría lo mismo, pero parece ser que tu presencia ha causado mucha conmoción por aquí.
Edward arqueo una ceja. – Me disculparía, pero no sería en serio.
El hombre lo sorprendió al dejar caer su cabeza hacia atrás botando una carcajada. – Puedo ver porque te gusta, – le dijo a Bella. – Lo dices como es, ¿no?
Edward asintió. – No tengo una razón para no hacerlo.
– Bien. Sigue así. – Billy se movió hacia la mesa de café hecha de madera y señaló el sofá. – Por favor, tomen asiento.
Bella tomó el asiento más cerca de él y Edward sentó cerca de ella, hundiéndose en el sofá sin quejas.
Gracias por ser amable, Edward.
Él sonrió. Claro que iba a ser amable, a no ser que él me diera una razón para no serlo.
Bella sacudió suavemente su cabeza antes de volverse hacia Billy. – Gracias por vernos.
Billy sonrió tristemente. – Tu padre y yo hemos sido amigos por tantos años como para contarlos, pero eso no significa que tengo que apoyarlo cuando está siendo un idiota obstinado. – Palmeo la rodilla de Bella suavemente. – Lamento decir que él no me escuchará. Lo he intentado, pero… – Paró y se encogió de hombros. – Hay demasiadas viejas heridas ahí. No escuchará razones.
– Billy, ¿qué sucedió en aquel entonces? ¿Cuándo mi mamá se fue? – Su voz se quebró mientras hacía la pregunta y Edward acarició suavemente su espalda. Bella se inclinó hacia él y respiró su aroma, encontrando que la calmaba y evitaba que las memorias de las palabras enojadas de su padre dolieran tanto.
Billy cerró sus ojos e inconscientemente los llevó de vuelta al día cuando Charlie apareció en su casa llevando consigo a una pequeña Bella, fuera de sí porque Renee había desaparecido. – Era incomprensible, la verdad. – No estaba exagerando. Charlie estaba lleno de pánico. Ella había dejado una nota, pero no podía entender cómo o por qué se podría haber ido. Se rehúso a sentarse a hablar, solo le dijo a Billy que tenía que ir tras ella y le pidió cuidar a Bella.
Billy los llevó a través de la escena verbalmente, sin saber que lo habían visto en sus memorias como si hubieran estado allí. Bella había estado, pero fue enviada a la habitación de Jacob a jugar, lo cual hizo reticente al saber que su padre estaba molesto sin saber el por qué y, sus preguntas hacia él se mantuvieron sin respuesta hasta que él volvió a casa y le dijo su versión de la verdad.
– Desapareció por una semana y tú fuiste tan buena como un oro. – Billy le sonrió amorosamente a Bella. – Encajaste aquí, como si fueras parte de la familia. No era difícil cuidar de ti. Jacob adoraba el piso por el que caminabas. – Billy no pasó por alto la tensión en la postura de Edward ante esas palabras, ni la manera en que su brazo se tensaba alrededor de su pareja.
– No te preocupes, hijo. A diferencia de Charlie, nunca pensé que los chicos pertenecieran justos. Jake tenía un enamoramiento y Bella solo lo toleraba. – Palmeo la rodilla de ella de nuevo. – Lo que hizo que me sorprendiera mucho cuando comenzaste a salir con él, pero sabía que no duraría.
– ¿Lo sabías? – La sorpresa en la voz de Bella era notoria.
– Aun solo lo tolerabas. Charlie y Jake te cansaron hasta que pensaste que lo que ellos querían era lo que tú querías. Esperaba que con el tiempo irías tras ello a lo que estabas destinada y parece que lo hiciste.
Bella posó su cabeza contra el hombro de Edward. – Lo hice.
– Me alegro. No sabes cuantas batallas tuve con tu padre sobre el dejarte ir lejos por la escuela. Él estaba completamente en contra de ello y, si no hubieras obtenido la beca, él se hubiera malditamente encargado de mantenerte en Forks para que te casaras con mi hijo. – Billy sacudió su cabeza. – No me malinterpretes… Quiero que Jacob sea feliz, pero sabía que tu corazón no estaba con él. Serían los dos infelices si hubieran seguido y se hubieran casado.
– Tienes razón. No sabía lo que era la verdadera felicidad hasta que vi a Edward. Fue cuando todo cayó en su lugar.
Edward atrajo la mano de ella y la besó. – Podría decir exactamente lo mismo.
Billy sonrió amorosamente a la pareja. – Así fue para mi esposa y yo. Eso era lo que quería para ti. Estoy agradecido de que lo hayas encontrado. – Sus ojos se estrecharon hacia Edward. – Eso no quiere decir que no iré tras de ti si la lastimas. Vampiro o no, encontraré una manera de matarte si le das siquiera un momento de infelicidad.
Edward encontró que el viejo le agradaba y se preguntó cómo era posible que un tonto como Jacob fuera su hijo. – Si lo hago, te dejaría, porque lastimar a Bella es lo único que jamás me permitiría hacer.
Los dos hombres mantuvieron su mirada, encontrando un mutuo entendimiento y respeto.
– Bueno entonces. Vinieron a buscar algo de Renee. – Se giró hacia Bella. – Me temo que no tengo mucho. Tu padre quería borrar toda existencia de ella. – Se movió y tomó algo del bolsillo de su camiseta. – Esto es todo lo que pude obtener de ella para ti. Tuve que pelear hasta que mi cara se puso azul. – Le entregó un relicario de plata.
Bella lo tomó y cerró sus dedos alrededor de él. – Recuerdo esto. – Su mente se llenó de imágenes de su madre sonriendo y riendo, mostrándole la foto de ella que estaba dentro. – Había una foto mía de bebé. – Sus dedos se pelearon con el broche y Edward, sintiendo la histeria en su compañera, lo tomó y lo abrió, temiendo de que ella lo destruiría a la vez que su ansiedad aumentaba.
Ciertamente, había una foto de Bella de bebé dentro, sonriendo y mostrando dos dientes de bebé. Algo se movió dentro de él al mirar la foto y, por primera vez en su vida, se preguntó cómo sería tener un bebé, un bebé con su Bella que luciera como la de la foto en frente de él. Se preguntó si ella se arrepentía del hecho que no era posible, pero antes de que el pensamiento fuera más lejos, ella sacudió su cabeza.
No. No te atrevas. Eres lo que quiero. Lo único. Si no puedo tener tu bebé, entonces no quiero uno. ¿Me entiendes?
Edward asintió imperceptiblemente.
– Le dije a tu padre que al menos merecías una pieza de ella y una foto tuya de bebé. Eras una bebé hermosa.
– Lo era. – Edward cerró el relicario gentilmente. – Gracias, Billy. Esto ayudará inmensamente.
– ¿Realmente crees que puedes encontrarla? – preguntó.
– Sé que puedo. – Él buscaría por cielo y tierra para devolverle su madre a Bella.
– Charlie no me dijo mucho, solo que la encontró en algún lugar hacia el norte y que ella no quería volver a casa. Nunca tuvo sentido para mí, pero era la única historia que tenía. No fue sino muchos años después, cuando el mundo descubrió tu especie, cuando me dijo en lo que ella se había convertido. – Su mirada lucia imposiblemente triste. – El odio había estado creciendo en él por años y lo transfirió todo a los vampiros.
– Sí, sabía que estaría enojado al descubrir lo mío con Edward, pero me sorprendió lo molesto que estaba. Me odia ahora.
– No, no. Odia lo que eres, pero no quien eres. No podría odiar a tu yo real y espero que con el tiempo recuerde que no eres solo un vampiro; eres su hija, la niña que amamos más allá de las palabras.
Ella se había parado y abrazado a Billy en cuanto termino de hablar. – Te amo también. Gracias, – susurró una y otra vez mientras que él palmeaba suavemente su espalda.
– De nada. Hazme saber si necesitas algo y prometo hablar con tu padre, aunque tenga que golpearlo en la cabeza con mi inútil bastón y arrollarlo con esta silla. No es el único obstinado por acá.
Bella rio suavemente y besó su arrugada mejilla. – Mi dinero está en ti cualquier día.
– Soy una buena apuesta.
– Parece ser que sí, – Edward murmuró, estirando una mano y sacudiendo la de Billy. – Fue un placer conocerte y gracias por cuidar a mi Bella.
– Lo he hecho toda su vida y lo seguiré haciendo hasta mi último aliento. Espero que continúes después de eso. Tendrás una vida más larga.
– Puedo asegurarte de que la cuidaré por la eternidad. Su deseos y necesidades serán siempre lo único importante para mí, aún más que las mías. Le daré el mundo.
– Todo lo que quiero es a ti, – Bella dijo, haciendo a los dos hombres sonreír.
Billy estudió a Edward por un largo momento. – Entonces permíteme, en nombre de su padre, darte la bienvenida a la familia, tal como está, hijo.
Por primera vez, en más tiempo del que podía recordar, la palabra "hijo" tocó algo profundo dentro de Edward. – Gracias.
– Cuando encuentren a Renee, después, ¿me dirán lo que ella tiene que decir? Nunca lo entendí. Amaba mucho a Bella y a Charlie. Nunca tuvo sentido.
Era lo mínimo que podía hacer. Él haría más que eso. El hombre que amaba a su Bella, que la había cuidado cuando su padre se escapó y luego cuando la había echado fuera, no viviría así, no si Edward tenía algo que decir al respecto. – Estaremos en contacto, lo prometo.
– Gracias.
– No, gracias a ti. – Edward se giró hacia Bella. – ¿Lista para irnos, amor?
– Sí. – Le dio otro gentil abrazo y un beso. – Gracias Billy, por todo.
– Cuando quieras, dulce niña. Llámame pronto y no seas una extraña.
– No lo seré.
Dijeron sus adioses y caminaron hacia el auto tomados de la mano. Edward abrió la puerta para Bella y movió su cabello fuera de su cara, besándola suavemente.
– ¿Por qué fue eso?
– Te amo. Y estoy feliz de que uno de nosotros tenga un miembro de la familia que valga la pena.
Ella escuchó lo que él no dijo, su odio hacia Aro fuerte y claro. – Le gustaste.
Edward sacudió su enojo y le sonrió. – Imagina eso, ¿huh? Nunca pensé que querría la aprobación de un padre, pero su… – Paró y sacudió un hombro derecho. – Significó algo.
Ella acarició la mejilla de él. – Significo el mundo para mí también. Las cosas que dijo mi padre fueron horribles. Aunque entiendo un poco la manera en que se siente, no hay excusas para ello. No soy mi madre y ni siquiera sabemos lo que ella estaba pensando o sintiendo. ¿Crees que Billy tiene razón? ¿Ella me amaba tanto como él dijo que lo hacía?
– Claro que lo hacía, bebe. – Edward abrazó a Bella y la sostuvo fuertemente. – Vamos a encontrarla y podremos probarlo, ¿bueno?
Ella se estiro hacia atrás, la sonrisa iluminando su cara y haciéndola ver más hermosa de lo que ya era. – Está bien.
N.T: No tengo perdón por demorarme con este nuevo capítulo, pero la vida de ser una estudiante en tesis se interpuso en mi camino. Espero encuentren este capítulo tan tierno como yo lo encontré y que amen a Billy tanto como yo lo ame, ¿por qué Charlie no puede ser así? Además, ¿quién no querría destruir el mundo junto a un Edward sexy y poderoso? Cada vez nos encontramos más cerca de encontrar a Renee, ¿cuáles creen fueron sus razones para dejar a Bella? Nos leemos en la próxima actualización.
Muéstrenme un poco de amor aunque no lo merezca,
Suzie.
