Declaimer: Los personajes de Haikyuu! no son propiedad mía sino de Haruichi Furudate. Esta historia tampoco es mía, pero tengo el permiso del autor para publicarla y dar continuación si en algún caso se encuentre incapacitado para hacerlo.
IV
¿Cómo había llegado hasta este punto?
Justo después de recibir el servicio, Hinata colapsó en el suelo como peso muerto. Todos sus jugadores entraron al gimnasio corriendo, asustados al ver al chico tirado, incluso Kageyama perdió un poco el color cuando se dio cuenta que no respondía.
Hinata, inconsciente respiraba con dificultad y tenía el rostro increíblemente rojo. Inmediatamente lo llevaron al servicio médico de la escuela.
Para su suerte aún estaba la enfermera en turno, quien examinó inmediatamente al joven. Al parecer era solo un resfriado, posiblemente influenciado por el mal tiempo, nada de que tuvieran que preocuparse.
Una hora después de que le suministraron medicamentos para bajar la fiebre y notar que Hinata iba a tardar más en despertar, mandó a los chicos de vuelta a casa. Era muy tarde y el cielo amenazaba con dejar caer una tormenta, todos caminaban hasta sus hogares y no estaría bien que se mojaran y terminaran en el mismo estado que Hinata. A regañadientes aceptaron irse, Noya y Tanaka prácticamente fueron arrastrados por el capitán. Prometió que tan pronto el menor abriera los ojos, Kageyama les escribiría un texto para ponerlos al tanto.
Tobio terminó quedándose para cuidarlo, al sentirse parcialmente responsable de que el menor haya terminado en ese estado. Tobio había notado que durante la prueba estaba mucho más lento y hasta un poco torpe, también recuerda que pensó sobre el rubor exagerado que no abandonaba sus mejillas, sin embargo no se detuvo en algún momento para verificar que estuviera bien.
Lo miró fijamente, nunca nadie lo había hecho enojar así en su vida, aunque Tobio no era la persona más paciente y tolerante del mundo, rara vez llegaba a su límite como lo hizo con Hinata. Miró los cortos brazos de Shoyo, a pesar de haber pasado ya bastante tiempo desde la prueba, seguían muy rojos y habían comenzado a aumentar su volumen, se sintió muy avergonzado de llevar este asunto tan lejos, era un adulto hecho y derecho, sin embargo había puesto en riesgo a este chiquillo a causa de su problemas personales.
Había actuado como un idiota.
Hinata abrió los ojos perezosamente cuando su estómago gruñó con fuerza, sólo el hambre lo sacó de su letargo.
Lo primero que hizo fue tratar de descifrar dónde estaba, porque este lugar no se parecía al gimnasio. Se sentó y pudo sentir un parche frío en su frente, estaba en la enfermería de la escuela ¿Cómo llegó ahí? lo último que recordaba era que estaba tratando de recibir diabólicos saques del entrenador de Karasuno y que, si su cerebro no le había jugado una broma, lo había logrado por un pelo al final. Pero después de eso estaba en blanco.
Hablando del rey de roma, Kageyama Tobio, alías "entrenador demoníaco", estaba sentando a su lado, dormido para variar. Con los brazos cruzados y la cabeza flexionada al frente. Lo ideal era despertarlo, pero olvidó la idea cuando lo escuchó suspirar entre sueños, casi como un inocente y pequeño niño.
Se levantó de la cama para verlo más de cerca, tendría que admitir que le comía la curiosidad poder tener un mejor plano de su rostro, así que con los pies descalzos fue hasta él. El entrenador estaba sentado en una posición que parecía de los más incómoda, seguro que cuando despertara iba a dolerle mucho el cuello. Rió cuando se dio cuenta que incluso dormido tenía ese ceño fruncido, ese que se formaba cuando dirigía sus superiores en los entrenamientos. Se cuestiona sobre si no tiene otra expresión que las de seriedad y enojo ¿Qué haría sonreír a este hombre?
El mismo estúpido impulso que lo llevó a mirarlo como un bobo, algo muy interior y raro, lo incitó a levantar su cabellos y encontrar los secretos que esconde debajo de su flequillo azul. Descubre que Kageyama pestañas largas, muy espesas y una frente amplia con pliegues marcados. Utiliza su dedo índice intenta quitar las arrugas en la frente, sin embargo al tercer intento logra lo que había evitado, despertarlo.
Kageyama entre dormido y despierto agarra la mano de Hinata y la lleva a su mejilla.
—Parece que la fiebre te ha bajado—responde con alivio en la voz.
Hinata vuelve a la cama de un brinco, sintiendo que el contacto fue como un golpe eléctrico cuyo impacto llegó hasta su estómago e hizo un malabar dentro de su persona.
—¿Qué pasó?—pregunta cubriéndose hasta la nariz con la sábana, está muy avergonzado de que el entrenador de Karasuno lo descubriera mirándolo.
Pero eso no parece importarle ni un poco a Tobio que comienza con su regaño apenas logra quitarse la somnolencia.
—Te desmayaste, pequeño idiota—responde irritado—¡Si te sentías mal debiste haberlo dicho, Hinata idiota!—finalmente explotó.
¿Lo acababa de llama idiota? Ese tonto hombre le acababa de insultar sin sentir culpa alguna.
—¿Cómo iba a decirlo? seguro que no iba a creerme—mencionó haciendo un puchero, nadie lo había llamado idiota tan abiertamente.
—¿Por qué no habría de creerte?
Shoyo miró a la lluvia caer por la ventana mientras contestaba:
—Porque usted me odia.
Kageyama no respondió nada más, simplemente imitó al menor y miró al agua correr sin descanso, sabiendo que no podía culpar a Hinata por pensar tales cosas después de comportarse así con él. Kageyama ya había aceptado que el menor lo odiara por evitar que se uniera al club, al menos eso creía hasta hace un momento, que podía vivir con ello sin problemas, que mañana sólo sería uno más que pasó por su vida que no se molestaria en recordar. Pero esos ojos marrones lo han perseguido toda la semana tormentosamente, vaya molestia.
—Yo era colocador, aunque podía jugar en cualquier posición de manera impecable—empezó a relatar Tobio, con simpleza, como si estuviera hablando de lo que hacía del fin de semana—. Muchos decían que yo era un genio, el chico que fácilmente podía convertirse en un as, tenía la altura y el talento.
"Presumido" pensó Hinata en un mohín.
—Pero prefería armar, me gustaba mucho ser la torre que tuviera el control, manejar el balón y hacerlo llegar hasta el punto más alto y confiable para los rematadores. Superar los bloques, hacer volcadas. Era tan maravilloso—echó la cabeza para atrás, viajando en sus memorias.
En verdad que le encantaba serlo, la sensación del cuero contra sus dedos cuando el balón iba a él. Las ovaciones que recibía del público no era nada comparado con cada punto que hacía en los saques, él solo sin ayuda de nadie. Ser tan bueno lo llevó a tener tantos enemigos, la mayoría arreglaban las cosas dentro de la duela con destreza admirable y jugadas alucinantes, los pocos que que quedaban se dedicaban a odiarlo desde lejos, resentidos que nunca le importaron lo suficiente.
Aunque fue calificado como un genio, jamás dejó a la suerte su destino. Era riguroso en su diario, entrenaba sin quejas, se exigía hasta el límite y cada partido lo jugaba como si fuera el último, pero siempre con el cuidado que requería.
—¿Era?— si el entrenador era tan bueno ¿qué hacía en el Karasuno?
—Tuve un desgaste en el talón, imposible de arreglar así que me mandaron a la banca para siempre.
Kageyama que durante todo su relato había estado volteado, por fin se digno a devolverle la mirada, una mirada llena de nostalgia y sueños perdidos, la resignación más dolorosa estaba grabada en ese iris azul.
—Yo no te odio, sólo que cuando entraste por esa puerta, con tu cara de bobo, me vi a mi mismo y temí por ti, sólo quise protegerte del dolor que provoca ver tus sueños destruidos.
A Hinata se le hizo un nudo en la garganta al escuchar el relato, sabía que como esas había un montón más de historias tristes, de atletas cuyos futuros han sido marcados por la tragedia, sin embargo escucharlo cara a cara, era más de lo que su joven persona podía soportar. No supo qué contestar ante tales declaraciones.
Por otro lado Kageyama se golpeaba mentalmente, sintiéndose tonto por contarle sus problemas a un chico de instituto que había conocido hace menos de una semana, cuando a sus amigos de toda la vida ni siquiera les había mencionado el tema por asomo. Para Tobio, superar es meter sus recuerdos en una caja con cerrojo y lanzarlo a lo más profundo y oscuro de su corazón, refugiar de la luz de la verdad el tormento que es estar lejos de la pista, esperando que se disolvieran como azúcar en el agua.
—No necesitas decir nada, todo está bien ahora—susurró, no debía hacer que un chico de instituto viera esa parte miserable de él.
Sus palabras no parecían una contestación, más bien una frase escueta que había sido repetida un millón de veces para hacerse sonar real ¿Cómo podía decir que todo estaba bien? sonaba ridículo cuando su expresión era la de una persona que en cualquier momento se quebraría.
Como siempre, la boca de Hinata se movió antes que su pensamiento y razón.
—Nadie va a destruir mis sueños—estiró la mano hasta el rostro del mayor para evitar que se perdiera lo que iba a decir—, nuestros sueños. No va a pasar sin dar pelea—dijo con voz decidida—. Así que deja que yo cargue con ellos, voy a volverme un campeón por los dos.
Por segunda vez, Tobio sintió esa penetrante mirada, esa que no tenía ninguna duda de lo que debía hacer. Quiso decir algo pero sus palabras se perdieron cuando la frente de Hinata se pegó a la suya, en un contacto demasiado íntimo para dos personas que se acaban de conocer hace unos días, vaya chico.
—Hinata, tu madre nos ha informado que...—interrumpió la enfermera—¿Qué pasa?—pregunta cuando los encuentra en tan extraña posición.
Ambos se miran, y Hinata de pronto siente que su temperatura se eleva nuevamente.
—Yo mmm… esto—balbucea Kageyama—Verificar si su fiebre ha bajado—termina separándose del menor—creo que ya está bien.
La enfermera duda un poco cuando ve la cara roja de Hinata, pero lo deja pasar.
—Su madre mandó un taxi por él, es más eficiente que esperar porque ella llegue—dice ella—bueno, es hora de irse.
Hinata asiente, se coloca los zapatos de andar dentro y el entrenador le alcanza su mochila que sus compañeros del club le trajeron amablemente desde el gimnasio. Antes de irse se permite volver a mirar a Tobio, que sólo le susurra con serenidad.
"Nos vemos el lunes en el club"
Varios días después.
Por fin llegan los uniformes para los nuevos miembros del equipo, un Hinata ya repuesto de su resfriado, brinca con emoción al ponerse su chamarra negra.
—¿Cómo se ve?—pregunta Hinata a Suga, parece un cachorro a ojos del peligris.
—Se ve bien, justo a la medida—contesta elevando su pulgar.
—¿Qué talla tuvieron que pedir para ti? infantil—interrumpe Tsukishima quien no desaprovecha para molestar a Hinata.
Yamaguchi se ríe de la broma y Hinata está a punto de saltar contra el rubio, por suerte para todos el entrenador de los cuervos entra a la cancha.
—¡Callados todos!—grita con imponencia, los chicos se reúnen junto de él—ahora que por fin están los nuevos miembros, podemos iniciar formalmente. No necesito decir que espero mucho de ustedes, chicos—cuando dice estas palabras sus ojos viajan inmediatamente a cierto chico, casi gritando "me refiero a ti, idiota", Hinata se cohíbe por el gesto—. ¡Karasuno…
Y todos corean.
—¡Pelea!
¡Holap!
Sí, lo sé, hoy no es miércoles peroooo... voy a tener un poco apretada la semana y dudo que entre tanta maroma sea capaz de actualizar algo por lo que mejor decidí darles hoy el capítulo y el próximo estaría llegando en una semana o semana y media, dependiendo que tan duro me golpee el fin de semestre :/ me siento tentada a darle mi contraseña a "H" y que actualice por mi, ten-ta-dor...
Gracias a por leer y dejar esos reviews que nos alientan a seguir escribiendo cada semana, estos días también recibimos algunos favorites y follows para la historia, "H" se siente en las nubes por ello.
Hasta el domingo :) ~
