Declaimer: Los personajes de Haikyuu! no son propiedad mía sino de Haruichi Furudate. Esta historia tampoco es mía, pero tengo el permiso del autor para publicarla y dar continuación si en algún caso se encuentre incapacitado para hacerlo.


V

No era capaz de creer que su suerte fuera a caer en picada en este punto de la vida, definitivamente estaba perdido, acabado, muerto. Eran muy joven y tenía un equipo que llevar a las nacionales, no podía pasarle esto.

—Tobi, no seas dramático. Dudo que no puedas sobrevivir sin esta anciana por dos semanas—exclamó una mujer de cabello blanco.

Tobio Kageyama, ex jugador de la selección japonesa que en sus mejores años fue llamado un genio, fuera de la pista era una persona más inútil para vivir. Desde que era joven supo que su destino estaba sellado al no tener dotes para cocinar ni para cuidarse, su límite llegaba hasta mantener todo en orden, que eso sí se le daba bien. No tenía plantas porque se le secaban, no tenía mascotas porque lo odiaban, ni siquiera sabía hacer arroz como todos los japoneses. Una total tragedia.

¿Cómo había logrado sobrevivir hasta este día?

Suerte, pura y bendita suerte.

Un día encontró un alma bondadosa y amable que lo salvó, una excelente mujer que cocinaba todos los días para él, que regaba el césped y podaba los árboles de su casa. Esta mujer era "nana", así le decía de cariño, y se encargaba de mantener su vida en orden. No obstante, nana también tenía una vida que no sólo giraba alrededor de de Kageyama. Tenía su propia familia, que él odiaba porque no eran más que una bola de malagradecidos, y amigos con los cuales pasaba tiempo y jugaban cosas de viejos los viernes. Ahora su salvadora tenía un viaje de retiro con sus amigas, por unas nada despreciables dos semanas, tiempo que obviamente dejaba a Kageyama a la deriva.

—Voy a morir nana, sabes que no puedo mantenerme solo—contestó subiendo las maletas al taxi que llevaría a nana al aeropuerto.

—Es por eso que te he dicho que te consigas una hermosa mujer y te cases con ella, para que puedas tener una vida decente y no andar dependiendo de mi— le dijo con ternura.

—Y yo te he dicho muchas veces que no…

—Hay la mujer perfecta para ti—terminó el mantra del chico—. Tobi, eres tan guapo y lleno de vida, cualquier mujer estaría gustosa de pasar toda la vida a tu lado —le dijo con cariño infinito.

—Si eso es cierto, entonces deberías quedarte—dijo frunciendo el ceño—. Tú ya eres perfecta para mi, así que cásate conmigo.

La mujer lo miró y rió ante la ocurrencia, teniendo más de treinta años, Tobio seguía comportándose como un niño de instituto en momentos como este.

—Escucha bien, pequeño monstruo de voley—dijo ella atrapando sus mejillas entre sus arrugadas manos—. Allá afuera hay alguien para ti, que va aceptarte, con todos tus defectos y debilidades, ese alguien verá lo que tú te niegas a ver en ti mismo, un brillo que sigue latente dentro de ti.

—Eso no va a pasar—respondió con apatía.

Él mejor que nadie estaba muy consciente de sus errores y defectos, que eran una lista de supermercado comparados con sus virtudes. Ni siquiera podía sonreír sin asustar a los demás, nadie querría a un tipo así, uno que mata plantas y que ahuyenta a los niños y animales sin discriminar, que nada más tiene cabeza para entrenar chicos de instituto y voley.

—Pues la esperanza es lo último que muere— dijo ella—. Es hora de irme, querido por favor trata de no estropear nada en mi ausencia. Cuídate mucho—finalizó besando su frente.

Kageyama ayudó a subir a nana al vehículo, después se quedó mirando sobre la acera como se perdía tras alejarse más.

¿Qué haría en la ausencia de nana?

Kageyama camina para hacer la compra de suministros para la batalla que librará en la ausencia de nana. En su lista de municiones están incluidas la cosas que nada más se sirven en un recipiente y listo, puedes consumirlas, nada que incluya utilizar fuego, por ejemplo, yogurt, cereal, frutas, barritas energéticas, comida en gelatinas, bolas de arroz y leche, sobre todo lo último.

Se cuestiona sobre si pedir algo preparado era una buena idea, tenía ya varias experiencias en las cuales había terminado con dolor en el estómago, era también algo sensible. Tal vez podría pedirle a Akaashi algunos consejos para preparar algo decente y no tener que enfrentarse con la comida congelada e instantánea, ni con la indigestión. Eso lo haría cuando llegara a casa, pero dadas las circunstancias y su estómago que ya estaba gruñendo, seguro que esta noche si tendría que optar por alguna de esas tres opciones.

En la última parada, encontró un par de melocotones eran grandes, redondos y brillantes como el sol de verano, imaginó que serían una buena y suculenta cena. Eran los últimos en la cesta, vaya fortuna para el entrenador de Karasuno. En vez de tocar el aterciopelado fruto, su mano tocó unos dedos, delgados e infantiles.

—¿Entrenador?—esa voz.

Tenía bien medido el tono y el timbre, incluso la mera palabra hizo que supiera quien era la persona que se interponía entre él y su cena.

—Hinata—dijo casi en un suspiro ahogado, pero sin soltar su mano.

En el club, el único que lo llamaba de tal manera era ese pequeño chico. Para los demás era sólo Kageyama, por supuesto su sufijo de respeto, o Kage para Noya y Tanaka, pero Hinata se empeñaba en ir y venir llamándolo "entrenador" por alguna razón que desconocía. No lo odiaba, pero se sentía extraño.

Pero esa no era la cuestión aquí, sino que:

—Son míos—dijo señalando los dos melocotones—. Yo los vi primero.

—¡Pero los agarré antes!—chilló el chico.

—Soy tu entrenador y te ordeno dejame estos para mi—era vil utilizar su puesto, pero Hinata podía llegar a comer una comida suculenta que preparara su madre, en cambio Tobio se tendría que conformar con fruta y leche.

—¿Y si me niego?—respondió con los ojos encendidos, es que este pequeño idiota nunca podía hacer caso de lo que decía.

—Pues mañana te tocan tres veces más de vueltas—advirtió el muy sinvergüenza.

—¡¿Por unos simples melocotones?!

Hinata lo miró como si un loco se tratase, y como ya era su costumbre, comenzaron a discutir como en los entrenamientos.

Porque aún después de un mes de convivencia ellos seguían sin poder coexistir en la duela del Karasuno, casi como dos grandes rivales cuyo destino era vivir en el enfrentamiento eterno. Hinata odiaba la prepotencia con la cual se sentía tratado cada vez que entrenaba, y Kageyama lo odiaba por ruidoso e idiota.

—Fuera de la pista no puede imponer su autoridad—gruñó.

—Serán cuatro—contestó con gracia ignorando los reclamos de Hinata.

—Pues las corro, pero la fruta es mía.

Kageyama indignado de la falta de respeto optó por lo sencillo, tomarlos y pagarlos antes que el chico, sin embargo.

—¡Gracias por su compra!—agradeció la señora del local.

Por meterse tanto en la acalorada discusión con su pupilo, ninguno se percató de que una señora se había escurrido y llevado los frutos. Los se quedaron atontados por lo que les acababa de pasar, era ridículo. Cada uno pudo tener un melocotón, ambos estaban conscientes de ello, pero no, ninguno dejaría que el otro lo tuviera todo ¿Por qué? ni idea, sólo siguen su instinto como perros persiguiendo sus colas.

—¿Ahora que voy a cenar?—dijo cabizbajo el pelinegro.

Salió de la tienda con la mirada perdida, ignorando al pelinaranja que se seguía lamentando por la pérdida. Tendría que comer fuera ahora por culpa del idiota de Hinata.

Hinata tardó en reaccionar ante sus palabras, su entrenador no podía estar hablando en serio sobre que eso sería su única cena, no unos simples melocotones. Se sintió un poquitito culpable, le pagó por algunas otras cosas a la dueña, buscó su bici donde la había aparcado y emprendió la búsqueda para encontrar a Tobio. Con su vehículo fue fácil dar con él.

—¿En verdad sería su única cena, entrenador?

—Sí, enano—contestó hostil—. A diferencia de ustedes no tengo ahora a nadie que me cocine y yo solo no puedo.

Hinata se quedó pensando sobre lo patético que sonaba que un hombre de la edad de Kageyama no supiera cocinar nada. Pero nadie podía ser perfecto, a Hinata aún quemaba algunas cosas con la plancha.

—Yo podría prepararle algo de cenar, si usted quiere.—Ofreció Hinata.

Kageyama alzó la ceja ante el ofrecimiento, inseguro de aceptar que uno de sus jugadores hiciera tal cosa por él, era muy extraño. Para empezar los chicos de instituto no cocinan, quizás las chicas, que casi siempre hacen todo en la clase de economía doméstica, al menos así recordaba que era en sus tiempos. Segundo, un niño de quince no andaba dando esos ofrecimientos, menos a alguien que te mandó a la enfermería por negligencia y que no te quería aceptar en el club, tal vez quería vengarse echando algo extraño a su comida.

—Pero por supuesto que no voy a hacerlo gratis.

Como pago por hacer su comida, Kageyama pagó todas las cosas necesarias para la cena y prometió que le daría entrenamiento extra y personalizado al enano por una semana. No le parecía gran cosa, pero Hinata parecía estar en las nubes, gritando cosas como que quería aprender a hacer el saque con salto y aprender trucos para mejorar sus recepciones, no podía creer que se alegrara con nada.

Al llegar a casa Tobio le indicó dónde estaba cada cosa dentro de la cocina, desde los cuchillos hasta las especias, podía ser un inútil pero conocía cada rincón de la casa. También le ayudó un poco, pero en cosas que no representaran un peligro para ambos como lavar los vegetales y preparar la mesa.

—¿Qué haces por aquí?—preguntó para hacer un poco de charla. Tobio recordó que en algún momento escuchó que Hinata vivía bastante alejado de Karasuno.

—Pues vine a hacer una visita—respondió mientras servía arroz en el plato. La respuesta había sido tan insípida que decidió dejar el tema por la paz, sin embargo, Hinata continuó la charla—. Su casa es muy bonita—comentó

Hinata esperaba que un hombre como su entrenador tuviera algo más compacto y juvenil, así como en la tele, algún piso alquilado. Pero la residencia de Kageyama era una casa de dos plantas, por fuera estaba pintada con azul y por dentro las paredes estaban en tonos de gris, no eran deprimentes, se notaban muy serios y agradables de admirar. Hinata no reparó en curiosear cada rincón que sus ojos pudieran visualizar desde que pisó la residencia, sin ni una pizca de discreción ni permiso del dueño.

El entrenador agradeció cuando Hinata le dio su cena, era curry, y esperó hasta que Hinata se sentara para iniciar a comer. Con un poco de duda, se llevó el primer bocado a la boca, era bastante rico, por un momento quiso llorar de la alegría de tener algo decente en su mesa esa noche, más que decente admitiría en su mente, Shoyo tenía un excelente sazón, por supuesto que no lo hizo frente a su pupilo.

—¿Tus padres no se preocuparán porque estés fuera tan noche?

Hinata pasó su bocado y respondió:

—No, sólo vivo con mi mamá y ella trabaja fuera todo el tiempo, así que no se dará cuenta—comió un poco más —. Mientras conteste el teléfono celular cada vez que me llame todo estará bien.

—¿No te sientes solo?

Kageyama había vivido en un ambiente donde ambos padres lo apoyaban, su padre era un oficinista que tenía un horario ocupado, pero su madre, siempre incondicional estaba para él. Tal vez de ahí venía sus deficiencias para sobrevivir, pero no se imaginaba su vida sin los brazos protectores de su madre, tampoco la ausencia de los letreros de apoyo que su padre hacía para cada uno de sus partidos.

—No, el trabajo de mi mamá es muy importante para ella y para un montón de personas afuera. Me siento orgulloso de ella —Tobio no puedo notar algún signo de que Hinata mintiera, su sonrisa era genuina.

Siguieron charlando durante su cena, sobre ellos, descubrió que la mamá de Hinata era activista y se dedicaba a ir a países y brindar apoyo a comunidades marginadas, que había estudiado en su pueblo hasta ese año y que nunca había competido en un torneo escolar por falta de miembros. La mayor parte de la charla estaba dominada por un solo tema, el voley, pero no parecía causarle problema a ninguno.

Y al entrenador le gustaba eso, no recordaba nunca haberse sentido tan a gusto al platicar con alguien. Era un poco extraño, se decían en algunos momentos comentarios sarcásticos, Kageyama, o graciosas, Hinata, y la comunicación no se cortaba ni incurría en las clásicas peleas. Deseó tener un poco más de eso.

Eventualmente cuando terminaron de comer ya era muy tarde, charlaron tanto que ni siquiera se percataron de que pasaron horas en la mesa.

—¿Por qué no pasas la noche aquí?

Preguntó sin siquiera razonar su ofrecimiento, el entrenador se le hizo inseguro que el chico se fuera hasta su casa a tales hora en su bicicleta, podría ocurrirle algo. Hinata lo miró, seguro que él sí estaba evaluando la situación.

—¿Seguro?—preguntó dudoso.

—Mañana sólo habrá partido de práctica y ambos podemos ir de aquí, no hay problema.

Al final Hinata aceptó.

Aún con el cansancio que se notaba que traía, se aventuró a ver algunas de las repeticiones de los partidos que Kageyama tenía grabados de cuando jugaba. Después de tomar su baño, ambos se sentaron en el sillón con una manta a ver los vídeos.

—¡Eso ha sido sorprendente!—gritó con emoción, Hinata—. ¿Qué ha sido eso?

Justo en la parte que más se avergonzaba, una donde apresuraba un pase rápido y su rematador apenas y sí tuvo suerte de empujarlo. Cuando empezó a jugar le costaba mucho seguir el ritmo de los demás, no es que fuera lento, al contrario, Kageyama era veloz y preciso, tanto que si se emocionaba no sincronizaba sus levantadas con los demás. Esta situación lo llevó a ser mandado a la banca, así que simplemente evitó a toda costa esos rápidos.

—Una terrible colocación, eso es lo que ha sido.

Como si lo hubieran ofendido a él, dijo con evidente molestia.

—¿Terrible? ha sido lo más wooosh que he visto en mi vida, definitivamente me gustaría que me mostrara esas levantadas —agregó con ojos soñadores — ¿Lo hará?—Preguntó con aquellos ojos de cachorro que le ponía a sus superiores para cumplir sus caprichos, en verdad que este chico era un manipulador de primero porque terminó diciendo que lo pensaría si Hinata mejoraba aún más en las recepciones—. Eso es injusto—se quejó—. Pero eso es mejor que nada.

Le regaló una hermosa sonrisa encandiladora, de esas que desarman hasta al hombre más fuerte, que despiertan en el adulto más sereno sus más bajos instintos y que ponen a latir hasta a un corazón de roca.


Buueeenaaas!

He aquí la actualización prometida, muere H, que te caigan los finales más perros que puedan caerte :/ jaja no te creas, que también te vaya bien. Yo ya andaba más dormidunguis que nada y de pronto me manda un mensaje y me dice "A que te olvidaste de subir la actualización", y yo como de "¿Yo? pero por supuesto que no, estaba editandolo jeje" y me paro como resorte, bam bam, aquí lo tienen. Espero que les guste este capítulo tanto como a mi. Gracias por sus reviews, nos encorazona leerlos.

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No leemos el siguiente domingo.