Declaimer: Los personajes de Haikyuu! no son propiedad mía sino de Haruichi Furudate. Esta historia tampoco es mía, pero tengo el permiso del autor para publicarla y dar continuación si en algún caso se encuentre incapacitado para hacerlo.


VI

Su nariz percibe un olor agradable, es justo como el rocío de la mañana, como las flores nacientes en los campos primaverales de Miyagi. Pero poco a poco comienza a desvanecerse, no quiere que eso pase. Busca en la oscuridad de su sueño, con anhelo y deseo, la raíz de tan celestial olor antes de que se pierda. Siente un cosquilleo en la punta de su nariz cuando halla la ansiada fuente. Batallando con el peso de sus párpados cansados Kageyama abre los ojos.

Qué vista, tan maravillosamente perturbadora la que tiene en aquella alcoba que sigue bajo los dominios de la mañana sin sol.

Hinata duerme muy cómodamente sobre él, con la cabeza recargada en su pecho y sin una pizca de pena ni pudor. No tarda nada la vergüenza en invadir su rostro, ahogando un grito de sorpresa que no para de preguntar "¿Cómo es que han hecho para llegar a esta posición?"

Aún sabiendo que lo mejor era despertarlo y evitar malos entendidos, porque sabe que hay una y un millón de ideas que pueden crearse por la intimidad que posee que estén tan cerca. Pese a ello, se permite quedarse en esa posición, que por muy embarazosa que fuera, le llenaba el cuerpo de sensaciones que no podía explicar, pero que le encantaría que nunca se desvaneciera. Nunca ha experimentado nada igual, esa necesidad de retener a otra persona sin importarle que dicha persona no lo consienta.

¿Qué pasa con él? Hinata no es más que uno más de sus jugadores, uno que se ha pasado brincoteando de aquí para allá en su cancha, con su cabello mandarina y chillona voz. Es cierto que es un asco en los fundamentos, que tiene problemas para memorizar las estrategias, pero en determinación no hay nadie en el club de voley de Karasuno que pueda superarlo, ni que tenga una sonrisa tan bonita. Se dan un par de golpes mentales, no debería estar pensando en ese tipo de "cosas", pero después de anoche no puede evitarlo.

De él conoce poco, por no decir nada y aún así ha dejado que pase el límite en más de una ocasión en el entrenamiento, como que le levante la voz y desobedezca sus reglas. Y ahora no sólo deja que pase del umbral de su casa, permite que llegue hasta donde quiera y hasta le prepare la cena, ha roto la barrera de lo profesional y lo personal. Hoy se arrepiente, debió negarse a caer en la tentación de esa deliciosa comida casera, evitar poner de excusa que le pagaría con entrenamientos extras, que no eran más que una tapadera para verle más después del club; pero ayer, ayer no podía evitar sentirse el más afortunado por tenerlo.

Sin darse cuenta, comenzó a invadir esa selva salvaje de color anaranjado, hundiendo sus dedos entre sus hebras y perdiéndose en la suavidad. Miraba la carita dormida, por suerte dormía con la boca cerrada, nada de baba regada en su pecho. Vaya que tenía más la cara de un infante que de un adolescente, con gestos tiernos y ojos brillantes, mejillas redondas y que al menor esfuerzo se coloreaban. Su diminuta altura, que daba apenas para alcanzar sus hombros, tampoco le ayudaba mucho.

Dentro de la misma inconciencias, cierra los ojos y vuelve a sumergir su nariz en el cabello de Hinata.

—Entrenador— esas palabras en una pequeña brisa fueron sopladas directamente en su cuello.

Siente que cada centímetro cuadrado de su piel se erizó por la estimulación del aliento ajeno. Y en un impulso, se levanta, tan abruptamente que echa al aún dormido Hinata por el aire. Ni aunque su cabeza golpeó contra el extremo del sillón debido a la fuerza con la que fue lanzado, el enano mostró signos de querer despertar.

Cosas buenas de vivir solo, porque si alguien los encontraba en esa posición seguro que causaría un gran alboroto, no podía estar así con uno de los chicos que entrenaba, en general con ningún chiquillo de quince. Con no tanto cuidado, se escurre fuera del sillón y permite que el jovencito disfrutara un rato más de sueño. Huye hasta su habitación, a ponerse unos pants y tenis, necesita con urgencia un poco de aire o va morir asfixiado por sus propios pensamientos. Pensamientos que lo están dirigiendo a un terreno que no quiere posar, fangoso e inseguro, ilegal.

Antes de salir dejó una nota sobre la mesa y le puso al chico una frazada má abrigadora.


Pasados diez minutos que la puerta se cerró, Hinata considera que es seguro levantarse. Lo primero que hace es sobarse la cabeza, sí que le dolió ese golpe, menos mal que está acostumbrado a los de los balones en la cabeza o no podría haber seguir fingiendo seguir dormido por mucho tiempo más. La verdad era que, mucho antes de que Kageyama se despertara, Shoyo ya tenía rato mirando como dormía y decía cosas entre sueños.

Esa se había vuelto su manía estos días, mirarlo, como si se fuera a esfumar en cualquier minuto.

Shoyo había logrado pegar los ojos hasta las mil horas de la noche. Se había quedado prendado de lo que veía en el televisor, las jugadas y colocaciones del pelinegro eran alucinantes, muy distintos los saques y las colocaciones que hacía en partidos profesionales,, casi como ver a una máquina perfecta. Se durmió pensando es lo genial que sería poder rematar algo así algún día.

Por la mañana casi pega un grito sonoro cuando abrió los ojos y se percató de que estaba sobre su entrenador.

Pero no lo hizo, primero, no quería perturbar el sueño de Kageyama, y segundo, le gustaba sentir las manos del ex colocador alrededor de su cintura, atrapado en aquellos brazos adultos, sentía que estaba siendo protegido del mundo. Estaba loco, no lo va a negar.

Al principio no le tomaba mucha importancia, Hinata pensaba que era porque le maravillaba tener las enseñanzas de un profesional. Pero los días siguieron pasando y Hinata desarrolló extraña fijación por el mayor, no sólo era su manera de jugar, era todo él. Desde su apariencia física hasta su horrible carácter. Se sintió perdido, jamás había experimentado algo así, la bruma que le provocaba el choque de sus miradas, eran más de que lo que podía aguantar.

Le preguntó a sus amigos de la secundaría qué podía pasarle, ocultando la identidad de la persona que le provocaba esto por razones obvias y ellos le respondieron con una enorme sonrisa.

"Sho, que estás enamorado, bobo"

Se negó fervientemente, es decir, él era un chiquillo de quince años y por supuesto que no le gustaban los hombres, en varias ocasiones había tenido flechazos por compañeras de la escuela y juraba que el sentimiento era bien distinto a lo que pasaba cuando estaba cerca de Kageyama. Luego estaba "eso" la edad ¿Cuántos años le llevaba Tobio?

Imposible.

Se repitió una y mil veces más, esperando que la triste mentira se hiciera realidad. Pero todo se fue al traste cuando se dio cuenta de que no podía ni decirle por su nombre, como todos en el equipo lo hacía, porque le erizaba la piel.

Y aún así buscaba que Kageyama lo mirara más, que prestara un poco más de atención cuando hacía los ejercicios que a los otros chicos del club, sabiendo que era lo máximo que podría conseguir en esta vida. Su casi nulo sentido común no dejaba de repetirle para Kageyama, él siempre iba a ser un mocoso ruidoso e idiota, por lo que no había ni un pequeño rincón en él que guardara esperanzas. Pero estúpido corazón seguía teniendo esperanzas, tomando cada pequeña acción como una señal de que si tenía un chance, por ejemplo, que Kageyama le acariciara el cabello como lo hizo minutos antes.

Deseó no haber jadeado, tal vez así hubiera logrado tener más mimos.

Se encogió en el sillón, tapando su cara con la frazada, escondiendo, de la oscuridad, el sonrojo que le provocaban sus propios pensamientos.

Ya eran casi las siete cuando se levantó del sillón, era imposible volver a dormir una vez que se había despertado. Su entrenador no tardaría en llegar si lo que decía la nota era cierto, así que mejor se ponía manos a la obra e iniciaba a ordenar lo que utilizaron para dormir en la sala y hacer el desayuno para ambos, no quería ser malagradecido después de que lo dejó quedarse en su casa.

¿Podía tener alguna oportunidad?

Durante el desayuno aún sentían la atmósfera algo tensa, ninguno dejaba de recordar la posición en la que habían dormido. Pero Hinata, siendo tan él, no era del tipo de personas que era capaz de soportar un ambiente callado y tranquilo, por lo que se aventuró a cuestionar sobre la vida de su entrenador.

—¿No volvió a intentar jugar?—preguntó con curiosidad.

Kageyama dejó su curry recalentado por un segundo y lo miró, otra vez Hinata estaba profundizando en su vida, preguntando cosas delicadas con la misma simpleza con la que se preguntaba por el tiempo.

—No, el médico dijo que si tentaba a mi suerte. El daño sería tan grande que viviría con dolor hasta mi final.

—¿No buscaste una segunda opinión?

—Sabes que los médicos que trabajan para la selección no son tontos ¿Cierto?

Hinata asintió mientras bebe un poco de té.

—Lo sé, pero todos los humanos cometemos errores y una segunda opinión nunca viene mal.

Aunque eran ciertas la palabras de Shoyo, los estudios que se realizó no fueron uno ni dos, sino decenas, así que no había espacio para un error. Recuerda que, cuando le dieron el veredicto final, sus amigos le dijeron algo similar, pero estaba tan destrozado por tener que dejar la duela que no les hizo caso. En fin, ningún médico podía tener ese tipo de desliz en el caso de uno de los seleccionados más prometedores de su país.

—Si, de manera hipotética, te dijeran que puedes volver a jugar ¿Regresarías al instante?

Kageyama respondió sin dudarlo.

—No.

—Pero usted dijo que...

—No lo haría de inmediato, tengo un compromiso con ustedes y hasta que no lleguemos a las nacionales no los podría abandonar—continuó—. Por mucho que los torture, los quiero, ustedes me han sanado de algo más que una lesión.

Hinata sonrió, le gustaron las palabras de su entrenador.

—Menos tú, que estás acabando con mi hígado—bromeó un poco.

Con ese y otros dos órganos vitales.


Todos estaban preparando la cancha para el partido de práctica que jugarían, su entrenador y profesor titular habían logrado que la escuela Date Kougyo. El fuerte del Date, como muchos le decían, recae en sus sólidos bloqueo que estaban a la par de los equipos de nivel nacional, incluso los mejores rematadores tenían problemas para atravesar aquellos muros de acero. El año pasado lograron tener un encuentro en el torneo porque los eliminaron antes de las finales, así que era toda una oportunidad que no podían desaprovechar.

Kageyama sabía que era un partido duro, que la probabilidad de que el Karasuno saliera victorioso del encuentro era muy baja, o al menos eso sería si no tuviera un as bajo la manga.

—Creo que eso es todo ¿alguno tiene dudas respecto a lo que van a hacer durante el partido?—preguntó Kageyama—. Sobre todo tú, Hina… ¿Dónde está?

Todos señalaron la salida.

—Baño — corearon.

Kageyama soltó un bufido, no podía creer que el enano se pusiera así por un partido de práctica. Les indicó a todos que debían de iniciar el calentamientos, que no tardaría nada en traer al bajito. Los mayores, que temían por la vida de Hinata, se quedaron a cargo.

Le descolocó los nervios de Shoyo, durante el desayuno juntos no mencionó que estuviera nervioso por la práctica o algo parecido. El equipo estaba más que jodido si ese idiota no jugaba, había logrado diseñar una gran estrategia con él, una donde brillaría tanto que nadie podría quitar la vista de encima y eso supondría una enorme ventaja para el Karasuno. Pero nada de eso pasaría si Shoyo no arrastra su trasero hasta la cancha.

—¡Hinata idiota!—dijo pateando la puerta del único baño ocupado—. ¡¿Qué crees que estás haciendo?!

Como respuesta, Hinata volvió a vomitar lo que restaba de su desayuno dentro del retrete.

—Lo siento entrenador, creo que no voy a poder jugar.

No creía lo que escuchaba, después de toda la fanfarronería que se la pasaba diciendo, ahora con que no era capaz de ir a la cancha y saltar.

—Así que lo que me dijiste ese día en la enfermería era mentira—dijo receloso —. "Voy a volverme campeón por los dos", debí saber que era un juego de un niño.

—No era mentira.

—¿No? ¿Entonces qué haces aquí tirado, de manera tan patética?

Shoyo se sintió como el más traidor de los traidores, se supone que él iba a cargar el peso de los sueños de Kageyama, y ahora, estaba siendo desmoronado no por un mundo cruel sino por su propia debilidad mental. Ahora no parecía más que una farsa todo lo que hizo para lograr entrar en el equipo, su actitud dejaba mucho que desear, seguir con esto era como darle la espalda a sus compañeros de equipo y desperdiciar el tiempo que Kageyama había invertido en él.

—No tengo tiempo para perder con cobardes — dijo saliendo del baño—. En mi banca hay más de uno que no va a dudar en tomar tu puesto.

Sí, había muchos pero ninguno tenía las cualidades físicas que el más bajo, ni su monstruosa resistencia que había descubierto recientemente. Por ello necesitaba encontrar una manera de lograr ahuyentar los nervios que estaban sofocando a Hinata, liberarlo de aquella presión que nada más lograría interponerse en el camino de Karasuno, lo haría por él, por Shoyo, por todo el equipo aunque significara presionar en puntos que dolieran más de lo necesario.

—Alguien más me dará el partido que tanto deseo observar.

Al parecer eso había dado en el clavo, Hinata se había levantado para alcanzarlo, podía escuchar sus pasos viniendo tras él.

—Suelta— dijo el mayor cuando sintió el férreo agarre de Hinata en su brazo—, hay un partido que jugar.

— ¡No voy a dejar que mires a nadie más que no sea a mi!

Kageyama lo miró con una cara de autosuficiencia y le respondió:

—¿Y cómo vas a lograrlo? llenando a todos de vómito, seguramente —acercó su cara hasta la de Hinata—. Tu aliento apesta tanto como tu juego, idiota.

Kageyama esperaba que rabiara, que sus provocaciones remplazaran por enojo el miedo en Hinata, pero los gritos y alaridos de una bestia herida nunca llegaron. En cambio, sintió como los pequeños brazos de Hinata se afianzaban a él, en una clase extraña de abrazo, un extremadamente fuerte. Torpe. Adorable.

Cuando su cuerpo volvió a conectarse con su cabeza, Shoyo ya se había separado de él y lo miraba con el rostro sonrojado.

—¡N-no apa-apartes la mirada, yo soy quien va a darte el partido tanto deseas!—vociferó con el rostro en alto, más seguro e incoherente que sus palabras balbuceadas.


Hola :)

De nuevo una actualización :3 bella y hermosa, lamento la demora pero estuve ocupada en unos asuntos (postee que se movería la fecha de publicación del capítulo en mi página de Facebook) La siguiente por motivos laborales se moverá, la fecha está en los normales siete días o diez, dependiendo de que día reviva de mi muerte. Como amo a los dos tórtolos ¿No les pasa igual? Gracias por pasarse a dar su vuelta, lo agradezco mucho.

Nos estaremos viendo la cara en unos días, l s amamos~