Otro día más. No podía creer que hubiesen pasado casi siete meses desde que estaba ahí encerrada. Exactamente, seis meses, veintiséis días y una hora. No mencionaría los minutos y los segundos, pero también los llevaba calculados al milímetro.

El principio fue extremadamente duro. No solo por el hecho de que la encerraran en ese lugar, sino también por tener que aceptar la cantidad de mala suerte acumulada en menos de un mes. Mierda, es que en realidad ella no tenía la culpa de nada. Estaba convencida a un 98,03% que el karma había decidido trabajar solo con ella ese mes. Un gran trabajo, si señor.

Cuando sus amigas le comentaron de ir a aquella manifestación contra la venta de pieles de animales en Australia, no se esperaba aquel final para nada. Aunque hubiese querido, tampoco pudo decir que no, no solo porque le encantaban los animales y la naturaleza en su conjunto, ni porque viajar y vivir en Australia era un sueño para ella, no, no pudo decir que no porque su cabeza aún no había procesado la información que sus labios ya respondían un "Siii" entusiasmado, acompañado de pequeños saltitos con sus manos chocando entre sí a un ritmo frenético.

Escuchó de fondo un clic, no le dio importancia hasta que vio a sus amigas saltar y abrazarse entre ellas.

El clic del ratón del ordenador

En menos de un minuto compraron los billetes de avión, lo tenían todo planeado. Así son sus mejores amigas, Melanie y Berta, chicas listas, muy listas. Ahora entendía las miradas cómplices que se echaban aquella mañana mientras desayunaban.

-Estoy viendo miradas sospechosas entre vosotras y no me gustan nada. Me vais a provocar un trastorno de estrés agudo y me saldrá un sarpullido. Tendréis que vivir con ello -Dijo con mirada desafiante.

-¡Ay, Lex! ¿No le toca baño a la Señora Popitas los martes a las 9:28? Porque son las 9:25 y se te echa el tiempo encima ¡corre, corre! - Dijo Berta mientras le daba pequeños empujones.

-No todo es malo, Lexi, también pasan cosas buenas fuera de tu maniático control, ¿lo sabías? -Respondió Melanie mientras acariciaba a la Señora Popitas.

-Me voy. La Señora Popitas no soporta salir de su rutina de limpieza y aun tengo que buscar su jersey de los martes -Cogió a la ardilla y se fue indignada dando un golpe de melena.

Por lo general, la mayoría de las veces se daba cuenta cuando sus amigas tramaban algo, pero aquella noche no había dormido mucho y ¡puf! sus ocho horas de sueño no podías quitárselas, ni una más ni una menos, puntualidad siempre y en todos los aspectos. Pero cuando era de menos, como en aquella ocasión, al día siguiente no era persona. Un alma en pena vagando por la vida. Un alma en pena con mucha mala leche, porque su cabeza no pensaba con claridad y eso le fastidiaba demasiado. Necesitaba tenerlo todo bajo control y con solo siete horas y media de sueño no se podía vivir, ¿quién podría vivir así? Por dios, ella desde luego que no. Aquella maldita media hora le pasaría factura por muchos meses. Seis meses, quince días y dos horas.

El sonido de la alarma que anunciaba la apertura de las celdas la sacó de aquellos pensamientos. Decidió levantarse de inmediato como cada mañana, ya tendría tiempo para repasar mentalmente su particular lista de catastróficas desdichas. Prefería llegar de las primeras a las duchas, las demás reclusas eran algo perezosas, algunas incluso podría jurar que no tenían ni idea de lo que era un grifo, en serio, sólo pensarlo le ponía los pelos de punta. Aún así, entre las perezosas y, digamos, las "personas a mantener a más de dos metros de distancia", ella no perdía el tiempo en la cama, nunca. Ni siquiera cuando le faltaban cinco minutos de sus preciadas ocho horas de sueño, ya los recuperaría la noche siguiente, ocho horas y cinco minutos. Apunta mentalmente, Woods, que esto es importante.

Apoyó el pie derecho en el suelo, seguido del izquierdo, como cada día. No podía arriesgarse a pisar primero con el izquierdo, a saber lo que podría pasar si hacía tal cosa. Hizo sus "cosas" y se miró al espejo que tenía encima del lavabo -Creo que necesito esa ducha urgentemente –Dijo mientras ahogaba un bostezo haciendo el intento de peinarse con sus propias manos. Misión imposible. Bufó y cogió sus cosas de aseo lo más rápido posible para dirigirse a los vestuarios.

Abrió la puerta de su celda y la cerró, la volvió abrir y cerrar, así hasta tres veces. Suspiró cuando finalmente pudo salir por la puerta observando como una de sus compañeras de bloque estaba sentada en una de las sillas que tenían en la sala común, la miraba con una sonrisa divertida mientras negaba con la cabeza. ¿Pero qué les pasaba a todas? ¿No había nadie normal en esa cárcel? Estaba rodeada de gente muy extraña, en serio.

–Buenos días, Woods -Dijo la chica de pelo moreno y rasgos asiáticos sin perder la sonrisa.

–Buenos días, Kim -Contestó ella fingiendo una sonrisa.

Giró de inmediato su cuerpo decidida a salir lo más rápido posible de allí. De normal no le gustaba mucho eso de intercambiar palabras con personas que no le interesaban, pero a esas horas de la mañana mucho menos. Por ese mismo motivo aún no entendía porqué la gobernadora había decidido, una semana atrás, que ella era la indicada para orientar al resto de reclusas. Cuanto más lo pensaba menos lógica le encontraba, sólo esperaba que no la molestasen demasiado.

-Ey, qué prisas chica -Octavia lo soltó un poco molesta cuando en su intento de huir lo más rápido posible chocó con ella al girarse ¿Pero qué pasaba hoy? ¿Se habían puesto todas de acuerdo para madrugar?

Miró de reojo el reloj que colgaba de una de las paredes de la sala por si acaso había sido ella la que había perdido demasiado tiempo observando su demacrada cara ante el espejo y pudo comprobar que no, que quizá simplemente el grupo de las perezosas hoy había decidido comportarse como personas normales.

–Buenos días a ti también, Blake -Esta vez ni se esforzó en sonreír. Esquivó a la susodicha y se encaminó hacía su destino.

Mientras se alejaba, pudo escuchar como Octavia saludaba a Kim y alguna frase suelta como "joder con la bicho palo, cada día da más miedo con sus mierdas raras", "te he echado de menos" y "¿uno rapidito? No sabía quién era esa tal "bicho palo", pero se anotó mentalmente que le preguntaría a Luna más tarde. Ese "uno rapidito" lo había escuchado en mas de una ocasión mientras estaba en su celda, y probablemente esa vez también sería muy rapidito porque las veces que se decidía a salir a la sala común para unirse a ellas, aquellas chicas ya habían terminado de tomarse su té y habían desaparecido. Espeluznante.

Salió de los vestuarios dirección a su bloque dispuesta a dejar sus cosas de aseo e ir al comedor para desayunar. La ducha le había devuelto el buen humor, le encantaba el olor a limpio.

Andaba con aire despreocupado mientras tarareaba la canción "I kissed a girl" de Katy Perry. Era la cantante favorita de sus amigas y suya, por supuesto, no es que fuera su canción favorita, nunca supo decidirse por ninguna, pero aquella mañana le había venido esa a la mente y seguramente se pasaría el resto del día sonando en su cabeza.

-I kissed a girl and i liked it, the taste of her cherry chapstick -La tarareaba casi en un susurro -I kissed a girl just to... ¡Joder! -Paró en seco y dio marcha atrás sobre sus pasos. Con sumo cuidado se asomó al bloque donde tenía su celda y pudo observar mejor a una chica de cabello rubio tumbada en uno de los sofás que tenían allí –¿Una chica nueva...? -Dijo en voz baja frunciendo el ceño.

La chica se encontraba boca arriba, la cabeza apoyada en uno de los brazos del sofá y las piernas cruzadas sobre el otro, uno de sus brazos cubría su cara y el otro le caía hacia el suelo casi rozando el mismo. ¿Estaba hablando sola? Desde su posición no lograba distinguir si la chica en cuestión tarareaba alguna canción tal y como ella misma venía haciendo hacía unos minutos, o bien, hablaba sola. Y si era lo segundo, esperaba que al menos sí que hablara sola y no con algún amigo imaginario -Genial, otra loca más -Se quedó observando a la chica unos minutos más, quería examinarla bien antes de ir a presentarse, por muy loca que estuviese la gente a ella le gustaba ser educada. Al menos no parecía del grupo de "personas a mantener a más de dos metros de distancia".

-¿A parte de orientadora ahora también te han dado el cargo de espía? -Escuchó bajito en su oído. De un salto pegó la espalda a la pared llevándose la mano al pecho notando como su alma casi se le salía del cuerpo.

-¡Mierda, Luna, qué susto me has dado! Te voy a poner un maldito cascabel -Casi lo escupió -O unas luces de navidad en tu bonito pelo.

-Oye, pues eso de las luces puede que me guste -Dijo con gesto pensativo, con el dedo en la barbilla y todo.

Le regaló una sonrisa. Era imposible enfadarse con aquella chica a pesar de la cantidad de sustos que le daba siempre, era fastidiosamente silenciosa y otra rara más en aquel lugar, pero una rara a la que adoraba. A su parecer, lo mejor de Azgeda hasta el momento.

-No puedo creer que te lo estés planteando de verdad -Negó con la cabeza sonriendo aún -Vamos dentro, anda, creo que ha llegado una chica nueva -Animó a su amiga a que la siguiera y entró con paso decidido al bloque.

-Hola, ¿sois nuevas tu amiga y tu? -Dijo con cara inexpresiva.

La rubia se sobresaltó con sus palabras y rápidamente se incorporó en el sofá.

-¡Joder! ¡Qué susto! -Se llevó la mano al pecho y miró hacia ambos lados antes de enfocarlas a ellas -¿Qué amiga? ¿Me habláis a mí? -Preguntó confundida.

-Sí, te hablo a ti y con quien estuvieras hablando hace unos catorce segundos.

-¡Ah! Hola, hablaba sola, pensaréis que estoy loca, pero es que ha sido patético... -La miró esperando que dijera su nombre.

-Lexa, y ella es Luna -Dijo señalando a su amiga.

-Ha sido patético chicas, he entrado a la celda que me asignaron, la número tres, esa -Dijo señalándola con el dedo -Porque es esa, ¿no? Decidme que sí porque sino me levanto ahora mismo y voy al baño a meter la cabeza en el retrete -Cogió aire sin dejarlas responder -Y estaban dos chicas retozando en mi cama, bueno, están. Las he interrumpido, ¡Dios, me van a matar! ¡Soy muy joven para morir! -Se puso las manos en la cabeza.

Apenas respiraba al hablar y a ella le dieron ganas de pegarle una bofetada a mano abierta como remedio a todos sus males. Luego recordó el primer día que llegó allí y, en comparación, a los ojos de los demás aquella chica era como un sacerdote budista. La tuvieron en la enfermería atada a la camilla durante un día entero por su propia seguridad. Un desastre de comienzo.

Decidió que se quedaría allí, a su lado, asegurándose de que esa cabellera rubia no acabara dentro de un retrete.

-Ey, relájate. Sí, esa es la celda número tres, pero empecemos por el principio, ¿cómo te llamas? -Usó un tono calmado.

-Clarke, pero en serio, chicas, les he dicho que lo estaban haciendo genial y que tienen una piel preciosa. ¡Mierda! necesito protección, ¿quién es la bollera alfa aquí? -Preguntó desesperada.

-Encantada Clarke -Esta vez fue Luna la que habló, sonriendo, como si estuviéramos en un bar y le acabaran de presentar a aquella chica. Relajadamente se dio media vuelta y mientras se alejaba se excusó diciendo que debía ir a por sus pastillas diarias.

Miró a la sacerdotisa budista y ésta la miraba fijamente expectante. Querría recibir una respuesta a todas sus plegarias. Maldita Luna y sus excusas. Sabía perfectamente cuándo le daban las pastillas a su amiga, y sabía también que no era ese el momento. Debía ocuparse ella misma del asunto, un buen momento para poner en práctica su nuevo cargo de orientadora. Genial todo.

-Vale, tranquila Clarke, respira -Se agachó delante de ella y le puso las manos en los hombros -Mírame y respira conmigo, eso es... despacio...muy bien... ¿mejor? -Clarke asintió y ella se incorporó de nuevo -Venga, acompáñame, vamos a desayunar, yo te explico cómo funciona esto y tu me explicas que es eso de la bollera alfa, ¿si?

Al final la chica no parecía estar tan loca. Se maldecía por haber pensado así antes de conocerla. Nunca le gustó la gente que juzgaba antes de saber, lo había podido sufrir en primera persona toda su vida, sobre todo en el colegio, aquellos mini jueces a los que llamaba compañeros de clase le hicieron la vida imposible. Estaba claro que entre aquellas paredes la esencia de las personas se perdía por algún rincón escondido, era muy difícil confiar en la gente, lo había experimentado en su propia piel también, pero no estaba dispuesta a perderse a sí misma y a cabezota no le ganaba nadie.
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Y hasta aquí el capítulo 2 de Azgeda.

Os dijimos que este fin de semana actualizábamos, pero hemos estado enfermas. Las dos. Una desgracia. ¡Sentimos el retraso!

Parece que Lexa es un poco maniática...?

¿Queréis mas protagonismo para la Señora Popitas? A nosotras nos encanta.

Colgaremos fotos de Lexa, Melanie, Berta y la Señora Popitas en nuestro Twitter LadiesLazy

Abrazos perezosos para tod s