Llevaba sus cuatro primeras noches soñando con Álex y esa noche no iba a ser diferente. Un par de manos expertas, una boca tórrida y un empeño de lo mas creativo la hacían llegar a un orgasmo devastador una noche tras otra. ¿Podría tener efectos secundarios a largo plazo? Morir de un placer extremo era una posibilidad muy preocupante.

Entrar a Azgeda la hizo volver al pasado y en consecuencia a recordar a Álex, su Álex. Hacía dos años de su muerte y había pasado por todas sus etapas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Pensaba que lo tenía superado, pero noches como esa la hacían dudar. Otra noche que se iba a repetir.

Tras un breve y torpe forcejeo propio de una ballena varada en la orilla de la playa, pudo salir de la cama, siempre le había costado desperezarse. Arrastró sus doscientos kilos de más, que no bajarían a sus sesenta y cinco habituales hasta que no se bebiera su preciado café. Se colocó frente al espejo y cuando se vio reflejada en él, dejó que su mente hiciera el resto. Imaginó a Álex abrazándola por detrás regalándole esa retahíla de besos por el cuello que le daba cada mañana desde que se fueron a vivir juntas. En esos momentos la sentía por todas partes y no se podía permitir alargar ese tipo de pensamientos.

Se refrescó echándose agua fría en la cara y salió de su celda.

-¡Estoy ciega! -Gritó mientras se cubría los ojos con el brazo.

Sé concentró en mirar al suelo, a la celda de enfrente, en cualquier cosa que no fuera esa luz cegadora. ¡Dios! Tenía que comentarle a Jasper que bajaran la potencia eléctrica sin falta.

Trastabilló hacia atrás, recuperó el equilibrio y se obligó a dar un paso hacia delante, no podía dejarse vencer por esa maldita bombilla. Consiguió salir a la sala común y vencer a la bombilla de Satán.

-¡Joder, Jasper! Pareces un puto fantasma, no gano para sustos en este jodido sitio -Le dedicó su infame mirada mortal.

-Perdón, perdón, no quería asustarte, Clarky, ¿has vuelto a soñar con Álex?

Cuatro largas noches de cafés y juegos de cartas, consiguieron que Jasper se convirtiera en una especie de Nicole con atributos masculinos. Aquella amistad le traería problemas a Jasper, pero egoístamente necesitaba un amigo fuera de la delincuencia.

Iba a responderle, cuando el móvil de su Nicole con atributos masculinos, sonó. Esperó pacientemente a que terminara de hablar.

-¿Qué clase de sádico llama a otro ser humano a las cinco de la madrugada?

-No me has respondido, ¿Has vuelto a soñar con Álex? -La miró preocupado.

-Lo mismo que las cuatro noches anteriores, es horrible, bueno no, ya sabes que es un sueño magnífico, pero al despertar me golpean todos sus recuerdos, y sinceramente Jasp, prefiero una paliza -Se dirigió a la cafetera que tenían en la sala común.

Charlaron un rato mientras se tomaban su rutinario café de las últimas noches y se les hizo tarde para ponerse a jugar a la brisca. Maldita sea. No tardó mucho en volver a su cama, aun le quedaban un par de horas más de sueño y Jasper tenía que volver a sus obligaciones.

Dio varias vueltas en la cama hasta que acabó boca arriba mirando aquel techo gris monocromático con moho por algunas zonas. ¿No saben que el moho es perjudicial para la salud? Mirando fijamente ese atentado contra su salud le vino a la cabeza ese verde de la mirada de aquella chica de la celda ocho, Lexa. Nunca le confesaría que aquella criminalidad para la salud de un ser humano le recordaba a sus bonitos ojos, ni bajo pena de muerte.

Lexa, Lexa... Era rara de cojones, la había estado observando y joder, se tomaba el té siempre con el mismo ritual, tres vueltas con la cucharita para remover y un trago, y así cada vez que bebía. Una dedicación envidiable. Lo de abrir las puertas tres veces para salir o para entrar le parecía más bien agotador, algún día acabaría sufriendo de tendinitis por culpa de aquel esfuerzo absurdo diario. Recordó que ella pasó una larga temporada, concretamente siete años, poniendo nombre a todos los objetos de su casa, por Dios, si hasta le puso nombre a sus pechos, así que tampoco podía juzgarla, además, la ayudó a no morir ahogada en un retrete.

Había intentado acercarse a ella en alguna ocasión, simplemente para hablar, el récord estaba en tres frases: "Hola, gracias por lo de ayer", "de nada" y un "venga, hasta luego" mientras veía como se marchaba y la dejaba con la palabra en la boca. Rara de cojones. El resto de veces que se cruzaba con ella compartían un hola a secas o un movimiento de cabeza casi imperceptible, no fuese a ser que a la chica se le fundieran las cuerdas vocales o entrara en parada cardiorespiratoria si compartían el mismo aire por más de diez segundos. Quizá también era un poquito "bipolar" porque aquel día que la ayudó parecía otra persona, aquella chica acaparaba todas las características personales que se conocían hasta la fecha, deberían poner pestillos en las celdas por si resultaba que también era sonámbula. Menudo jodido pack de mujer, suerte a quien se la llevara.

Estaba nerviosa, hacía cinco días que había ingresado en Azgeda y esa era su primera visita. Deseaba ver a su madre, llorar y montarle uno de sus dramas, los de cuando las cosas le salían mal, pero en esos momentos necesitaba más la alegría y las tonterías de su mejor amiga, Nicole, la original, la de los atributos femeninos. Así que ahora mismo iba de camino a la sala de visitas acompañada por Jasper, al pobre le tocó doble turno.

-¡Ey Jasp! ¿Has visto a Nicole en la sala de visitas? Dime que ha venido, por favor, por favor -Preguntó con un tic nervioso en el ojo, realmente necesitaba verla.

-Primero, no me llames Jasp si no estamos en una de nuestras noches desenfrenadas de café, Clarky, sabes que debo mantener la relación agente-reclusa correcta. Y segundo, sí, he visto a Nicole, que por cierto es impresionantemente guapa -Se le escapó una sonrisa -Vamos, relájate, te irá bien esta visita -Estiró el brazo para llegar a su hombro y darle un suave apretón para reconfortarla.

-Primero, no puedes decirme que debes mantener una relación agente-reclusa correcta y seguidamente llamarme Clarky. Y segundo, me caes bien Jasp, Jasper -Sacó la lengua haciéndole burla -Por eso, cuando salga de aquí, solo si te has portado bien conmigo, te conseguiré una cita con Nics. Seguro que aún estarás soltero de aquí a dieciséis años -Le regaló una impoluta sonrisa blanca mientras le guiñaba un ojo.

Una pequeña puerta blindada la separaba de su mejor amiga. Jasper cogió su tarjeta del cinturón y la pasó por el mecanismo de la puerta, ésta se abrió, seguidamente la hizo pasar a ella primero, no sin antes regalarle otra sonrisa. Si le pagaran por todas las sonrisas que le regalaba, tendría un yate e isla propia.

-Disfruta de este momento, Clarky, te lo mereces. Eres buena persona y no mereces estar aquí -Le susurró en el oído antes de darle paso a la sala de visitas.

-Gracias Jasp, tenemos suerte de tener a agentes como tú -Le dió un suave apretón en el brazo y entró a la sala.

Nicole estaba sentada en una silla delante de una mesa, a su parecer, demasiado grande. Cabía toda la tripulación del Titanic. Jack no hubiera muerto si hubieran tenido esa mesa. Nicole se veía tan pequeña ahí sentada que no pudo evitar soltar una carcajada.

Los dos pares de ojos azules se encontraron, no podía creer que estuviera a dos pasos de abrazar a su Nics.

-¡Nics! -Avanzó lo mas rápido que sus pies y Jasper le permitían.

-¡Griffin! -Se levantó y corrió los dos pasos que le faltaban para llegar hasta ella. Se tiró encima de Clarke, literalmente. Ambas cayeron al suelo, eso no impidió a Nicole sujetar su cara y empezar a besarla toda entera, ojos incluidos.

-¡Reclusa Griffin! -Le regañó Jasper que se había puesto en el papel agente-reclusa correcto.

-Jesús, Nics, veo que sigues igual de efusiva que siempre, solo hace cinco días que nos despedimos -Se incorporó mientras se frotaba los ojos con la camiseta para limpiarse las babas que le había dejado Nicole.

Se sentaron una al lado de la otra cogidas de la mano. Necesitaban estar y sentirse cerca. Les pareció que habría un abismo entre ellas si se sentaban en cada extremo de esa mesa que podía salvar vidas.

-Han pasado cinco días y mírame, Clarke, ¡mírame! -Dijo con tono de voz desesperado -Dios, no podré soportar estar dieciséis años así, Clarke -Empezó a llorar desconsolada.

-Ey, Nics, ¿en serio tengo que consolarte yo a ti? -Dijo riéndose mientras le acariciaba la mano -Sabes que puedes venir a visitarme siempre que quieras, además, seguro que conseguiré salir antes. Mente y actitud positiva, es nuestro lema de vida, no me falles ahora.

-Tienes razón, perdóname -Se limpió las lágrimas y se recompuso -¿Qué tal van las cosas por aquí? ¿Es como en las series que vimos? ¿Has conseguido encontrar a la bollera alfa? ¿Polis corruptos? ¿Como fue el registro corporal? Bueno, no sé si quiero saber esto último -Hizo todas las preguntas de una tacada. Cogió aire y se dispuso a hacer otra tanda, pero la frenó cubriéndole la boca.

-Por el amor de Dios, Nics, estás más nerviosa que yo -No pudo evitar reír -Las cosas por aquí van bien. Estamos organizadas por bloques, estoy en el A6 con siete reclusas más. Tenemos una salita común en cada bloque, con una pequeña cocina, eso significa... ¡café!, sofás, una mesa, no tan grande como esta, y juegos de mesa -Le regaló una sonrisa para que se calmara -Y lo más importante, tenemos una celda propia, intimidad para poder ir al retrete y para todo lo demás, ya sabes, ¿Qué te parece? Nunca nos lo hubiéramos imaginado, ¿eh? -Le terminó de limpiar las lágrimas que aun le resbalaban por las mejillas.

-¿De verdad tienes una celda propia? -Respiró aliviada -Vaya, ahora resulta que vivirás mejor aquí. Pero dime, ¿Encontraste a la bollera alfa? ¿Te has metido en algún grupo? ¿Te miraron muy a fondo al ingresar? -La miró fijamente esperando la respuesta a todas sus preguntas.

-Parpadea Nics, se te van a secar los ojos -Esa loca es lo que necesitaba en esos momentos -Si, hay bollera alfa, creo que es Octavia por lo que pude interpretar de lo que me contó Lexa, está en mi bloque y la cagué desde el primer minuto -Nicole seguía sin parpadear -No pasó a mayores, simplemente me ignora. No, aun no estoy en ningún grupo y el registro corporal fue mejor que el tuyo -Usó su infame mirada mortal por segunda vez en un día -¿Como están mis padres? -Le entraron los nervios cuando los nombró.

-Tus padres están bien -Hizo el gesto de comillas con los dedos -Están centrados en buscar al mejor abogado, una Annalise Keating de la vida real -Le salió una pequeña risa -Saldrás de aquí, Griffin, pero en serio, búscate grupo, esos pechos son pura tentación -Le regaló un guiño de ojos y ella no pudo hacer más que reír. Amaba a esa mujer.

-La semana que viene haré el papeleo para permitir sus visitas. Tengo ganas de verles y darles un abrazo -Se le entristeció la cara. Nicole le cogió la mano y entrelazó los dedos con los suyos.

-Va, buenas noticias. He pensado que como te vas a perder todos los finales de las series, bueno, de Grey's Anatomy quizá aun pilles el final -Soltó una carcajada -Te los escribiré y cuando venga a visitarte tendrás tus series en libro ¿Es o no es una idea genial? Aunque aun tengo el móvil que te regalé e ideas nuevas... -La miró expectante.

-¡AH! -Gritó -Te quiero, Nics, pero desecha la maldita idea del móvil, ¿Quieres alargarme la condena, desgraciada? -Usó su mirada desafiante aunque no tan imponente como su mirada mortal -¿Te hago una lista de las series? ¡Dios! necesitarás comprar mucho papel -Se puso ansiosa en un momento.

Jasper anunció que el tiempo de visitas terminaba en ese momento, tras varios abrazos y te quieros, Nicole le plantó un beso en la boca metiéndole la lengua hasta la campanilla.

-¿Qué haces? -gritó sorprendida notando algo en su boca.

-Para que tengas un recuerdo mío... -Le sacó la lengua.

-¿Tenías que meterme el chicle en la boca? ¿No podías darme una pulsera como una persona normal? -Se rio sacándose el chicle y guardándolo en un bolsillo.

Se dirigía hacia su bloque reviviendo la visita en su cabeza, esperaba que Nicole fuera capaz de salir con otra gente. Siempre habían sido ellas dos juntas y sin necesidad de nadie mas.

-¡Reclusa Griffin! -Le gritó el agente Murphy haciéndola salir de sus pensamientos -Quinta vez que la llamo, ¿Quiere ir a aislamiento?

-Joder con el aislamiento -Dijo en un tono bajo y negando con la cabeza respondiendo a la pregunta.

-La gobernadora quiere verla, sígame.

Les costó cinco minutos y cuarenta y cinco puertas cerradas a cal y canto llegar a ese maldito despacho. La gobernadora tenía que ser Jennifer Lawrence, mínimo.

El agente Murphy la dejó enfrente del despacho y desapareció como un ninja. Y ahí estaba, plantada delante de la puerta ¿Cuarenta y seis? con el rótulo "Gobernadora Reyes", dio un par de golpes en ella. Silencio. Decidió entrar, ¿No quería verla? Pues ahí estaba.

-¡DIOS! PERDÓN, PERDÓN -Salió de ahí como alma que lleva el diablo.

No se lo podía creer ¡¿Otra vez!? Se iba a amputar la mano y así no podría abrir ninguna puerta más, decidido.

Pero... Un momento, ¡¿Era Octavia!? Reconoció ese tono de piel.
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Hasta aquí el tercer capítulo de Azgeda ¿Qué os ha parecido?

Pobre Clarke, nos parte el alma su pérdida, se ve que Alex fue muy importante en su vida ¿Creéis que realmente lo tiene superado?

¿A quién le gusta esta amistad entre Clarke y Nicole? Nosotras las amamos fuerte.

Parece ser que Clarke no ha olvidado el tono de piel de Octavia...

Abrazos perezosos a tod s.