Acojonada. Así estaba delante de la puerta por la que intentó huir después de encontrarse a la gobernadora fornicando con Octavia. Intentó, porque obviamente la puerta estaba cerrada. Mierda.

Momentos antes en el despacho de la Gobernadora Reyes...

En un movimiento rápido arrastró a Raven hasta la pared, atrapando su cuerpo para besarla apasionadamente. Labios, lengua, saliva y gemidos ahogados en la boca de la otra. La gobernadora la agarraba de la nuca y la cadera. Más lengua y un mordisco suave. Ambas notaban la excitación contenida bajo la ropa.

-No sé cómo lo haces -Susurró Raven.

-¿El qué?

-Me tienes al borde ya -Dijo con la respiración agitada.

Raven le dio un pequeño empujón separándola ligeramente de ella, la acción la descolocó un poco hasta que vio esa sonrisa de medio lado que la latina le regalaba. Rápidamente agarró su mano y la condujo hacía el escritorio sin perder aquella sonrisa que la volvía loca, vio cómo lentamente se sentaba en él y tiraba de ella haciendo que se acomodara sobre sus rodillas a horcajadas. Mientras se acomodaba no dejaron de besarse, unos besos profundos de los que te dejan sin aire, besos incendiarios. Empezó a sentir dolor en sus pezones erectos, la excitación la estaba matando.

Poco a poco comenzó a desabrochar la camisa de la Gobernadora, botón a botón, disfrutando de las vistas y con su cuerpo temblando por la anticipación. Raven no pudo contenerse mas, alcanzó el borde de su camiseta y se la quitó a tirones, nada más hacerlo hundió la cabeza entre sus pechos. Le dio pequeños mordiscos por encima del sujetador, colando después su lengua bajo la tela. Sus labios recorrieron su escote mientras con la mano pellizcaba uno de sus pezones. Gimió, haciendo que la Gobernadora ejerciera más presión.

-¿Notas lo mojada que estoy, O.?

Con la mano libre, Raven agarró la suya llevándola directamente hasta su entrepierna. Dios, estaba empapada. Se incorporó para quitarse el pantalón porque ya no podía más ella tampoco, lo hizo lo más rápido que pudo y cuando se disponía a volver a su posición, Raven la frenó, la latina la miraba fijamente y a ella ya le costaba tragar. Observó cómo comenzaba a subirse la falda de tubo azul marino, quitándose poco a poco las braguitas y lanzándolas a un lado mientras aquellos ojos castaños la devoraban. Aquella mujer la iba a matar. Perdió el poco raciocinio que le quedaba y se inclinó entre sus piernas agarrando sus nalgas para atraerla hasta su boca con brusquedad.

-Necesito probarte de nuevo...

Fue terminar la frase y Raven movió su cadera acabando con el poco espacio que quedaba entre ellas. Cerró los ojos de placer y deslizó la lengua entre los pliegues, hundiéndola tanto como podía para volver hasta el clítoris y lamerlo a latigazos, haciendo que cada vez Raven gimiera más alto y más rápido.

-Voy a correrme. Voy a correrme en tu boca, por el amor de Dios, Octavia..., para..., no. No pares -Agarró con fuerza su pelo y arqueó el cuerpo.

-¡DIOS! PERDÓN, PERDÓN.

Casi tiró a su amante del escritorio, la cual estaba metida de lleno en ese orgasmo que le recorría el cuerpo. Miraron hacia la puerta y vieron una cabellera rubia huir despavorida.

-Le voy a arrancar esos ojos azules de su jodida cara de niña buena ¡Es la segunda vez que me corta un polvo! -Se exasperó.

-¿Cómo que la segunda vez? -La miró con todo el odio que pudo acumular en esos dos segundos.

-Raven, esto es solo sexo ¿Qué esperabas? Además, estas casada con el gilipollas de mi hermano.

-No metas a Bellamy en esto, suficiente mal me siento acostándome con su hermana que encima es una reclusa. Ya hablaremos de esto en otro momento, tenemos una rubia a la que amenazar.

-Espere, espere, señorita Griffin -dijo la gobernadora con un tono neutro abrochándose los botones de la camisa.

-No he visto nada ¡Lo juro, lo juro! -dijo de espaldas a ellas y la mirada clavada en la puerta.

-Obviamente sí que ha visto lo que pasaba en ese despacho y creo que no hace falta que le diga que no puede salir de aquí, ¿cierto? Soy una buena Gobernadora, me preocupo por vuestro bienestar y que realmente os podáis reinsertar en la sociedad, pero entenderá que si este pequeño secreto sale de aquí, tendré que tomar medidas y no creo que sean de su agrado.

-No va a salir de aquí, se lo prometo -Se dio la vuelta encontrándose a la Gobernadora a pocos pasos de ella, y justo detrás, a una Octavia con los ojos inyectados en sangre. Rezó internamente, "Ave María purísima llena eres de gracia..."

-Sabia decisión señorita Griffin. Vayamos al grano, el porqué de la visita, quería informarla de que tenemos horas concertadas para dedicarlas al estudio. Si usted quiere aprovechar su estancia en Azgeda sacándose alguna carrera, me lo comunica y organizamos los horarios -La miró fijamente a los ojos y ella asintió con nerviosismo.

Y ahí estaban las tres, en completo silencio. Le llegaban miradas amenazadoras por parte de ambas mujeres y no tuvo mas remedio que agachar la mirada hacia al suelo, sabía cuando tenía que claudicar, era rubia pero no tonta, amaba su vida y su seguridad estaba en juego. Cuando finalmente la gobernadora decidió que la amenaza visual ya era suficiente, cogió el walkie-talkie comunicándole al agente Murphy que viniera a recoger a Octavia y a ella para llevarlas hacia las celdas.

-¿No quieres que me encargue yo de este pequeño desastre, Raven? -dijo Octavia sin quitarle la mirada de encima.

-No creo que haga falta, ¿verdad, señorita Griffin? -Le dedicó una sonrisa amenazadora.

-Verdad, verdad -Contuvo la respiración aún con la mirada puesta en el suelo. "...ruega por nosotros y por tu espíritu..."

En esos momentos el agente Murphy llegó, sacándola de ahí y devolviéndole el aire que necesitaban recuperar sus pulmones. "...Amén". Tenía a Octavia a su lado usando su propia mirada mortal, mucho mas aterradora que la suya. Dios, la iba a matar y no existían rezos suficientes para salvarla, si no era por interrumpirla por segunda vez en menos de una semana, sería porque siempre ha sido tan desgraciada que seguro que Octavia tendría super poderes y podría leerle la mente, y leería un claro "joder con Raven, por el amor de Dios, yo también infringiría la ley por ella". Y es que Raven era una latina de válgame el señor, no era Jennifer Lawrence, era mil veces mejor, entendía las cuarenta y seis puertas que había para llegar a ella, ¿Pero qué le habían dado de comer?

Llevaba varios días evitando quedarse a solas con Octavia, eso incluía las duchas, se había tenido que saltar dos horarios de duchas, ¡DOS! tenía el pelo que parecía paja. Qué horror. Intentó lavarse en el pequeño aseo que tenían en las celdas, pero fue peor el remedio que la enfermedad, se estaba asilvestrando y empezaba a ser la versión rubia y humana de una cabra montesa.

Aquel día decidió unirse al equipo de baloncesto, y aunque sabía que tenía la motricidad de un cadáver, quizá así, Octavia se daba cuenta que era una pérdida de tiempo gastar energía en una acelga como ella. Y una vez mas, fue peor el remedio que la enfermedad, podía notar su mirada atravesando reclusas hasta llegar a la suya, le hacía unos placajes que ya les gustaría saber hacer a mas de una jugadora de Rugby profesional. La madre que la parió, como dolían. Dudó si sería mejor salir a la carrera y, tal vez, avanzar en zigzag hasta encontrar un sitio al que parapetarse si no quería morir ese mismo día, o continuar jugando aguantando las embestidas, tampoco quería parecer débil, todo el mundo sabe que en una cárcel no puedes ser débil. Mientras discutía con ella misma, le llegó el balón de un pase de Nylah, ¿Me ha guiñado un ojo? Empezó a correr dirección a la canasta hasta que Octavia la frenó con otro de sus placajes de profesional, pero esta vez estaba preparada y no consiguió tumbarla, así que dejó de pensar en todo por un momento y de un arrebato lanzó el balón a la cara de esa sabandija repugnante. Gracias por el mote, Nicole. Y como era de esperar, la sabandija lo esquivó. Fue siguiendo la trayectoria de ese balón sin rumbo, que mientras avanzaba encontró uno, la cara de Lexa. Ya se estaba arrepintiendo de su repentino arrebato.

Se le partió el alma con la imagen que tenía en frente, Lexa aguantando las lágrimas mientras todas las reclusas ahí presentes se reían de ella ¿Qué debía hacer? No podía ser el bicho raro que fuera a rescatarla, así no se integraría jamás. Y como aquel día le perseguía la desgracia, tomó la peor decisión posible, reírse junto a las demás. Azul y verde se encontraron y sintió una punzada en el pecho al ver la decepción en los ojos de Lexa. Contra eso no pudo luchar, no habían suficientes prisiones en Australia para dejar a Lexa sin una explicación de porqué tuvo que reírse, no quería que pensara que era un ser sin sentimientos como las demás. ¿Por qué? Un misterio a resolver.

-¡Lexa! ¡Espera! -Empezó a correr hacia ella -Lexa, espera, por favor -Consiguió alcanzarla y cortarle el paso.

-¿Qué pasa, Griffin? ¿Te has quedado con las ganas de seguir riéndote? Adelante, haz la gracia y déjame en paz -Dijo con voz temblorosa.

-Ha sido sin querer, te lo prometo. Octavia llevaba todo el partido placándome hasta que al final me he cansado y le he lanzado la pelota y...-Agachó la mirada al suelo pero rápidamente volvió a sus ojos -La ha esquivado la maldita sabandija y luego la pelota ha decidido tomar rumbo hacia tu cara, ¡joder Lexa! ha sido sin querer -Dijo desesperada.

-Seguro que también te has reído sin querer, ¿A que si?

-No tenía otra opción... Si muestro debilidad seré un blanco fácil, lo he visto en las series -¡Mierda! No podrías haberlo hecho peor, Clarke, se dijo internamente.

-¿Sabes qué? No tienes que darme explicaciones.

-Pero Lexa...

-Sal de mi vista. -No dejó que terminara la frase, la esquivó y se fue.

Antes de que la esquivara para huir, pudo ver como le empezaron a caer las lágrimas que estuvo reteniendo durante la conversación, un sentimiento de culpa la invadió por completo, no quería dañarla, ¿Qué mierda le pasaba con esa chica? No habían cruzado mas de tres frases desde que la ayudó el primer día, pero la sentía diferente a las demás. Empezó a sentirse sobrepasada, demasiadas cosas para solo haber pasado la mitad del día, no quería ni imaginar cómo podía terminar. Necesitaba tranquilidad, así que se encaminó a su celda dejando a la sabandija entretenida con su partido, sabía perfectamente que ese arrebato le traería consecuencias, pero hoy ya no podía tramitar con nada mas. De repente sintió como la agarraban del brazo, frenandola.

-En serio saban... Octavia, pégame mañana, ¿Si? -Soltó con desgana intentando seguir su camino.

-No soy Octavia -Se giró encontrándose a una Nylah sonriente -¿Vas a las celdas? Te acompaño -No le dio opción a responder nada que le colocó una mano en la espalda para que continuara andando.

Avanzaron por el pasillo en silencio, de vez en cuando la miraba de reojo encontrándosela con la misma sonrisa de oreja a oreja con la que le había sonreído antes, ¿Cómo podía estar tan feliz en ese día infernal?

-Oye, Nylah, ¿Hoy es martes trece?

-Es jueves, Clarke -La miró confundida.

-¿Estas segura? Mira que tanta mala suerte no se puede tener un jueves cualquiera.

Nylah se rió negando con la cabeza. Pocos segundos después llegaron a su bloque, se colocó enfrente de su celda, y cuando se giró para despedirse, se la encontró justo delante y demasiado cerca. ¿Quería entrar? Recordó las palabras de Nicole "semejante delantera traerá cola en una cárcel llena de lesbianas" No supo controlar su cuerpo y su cara de pánico salió a la luz haciendo que Nylah empezara a reír.

-No voy a hacerte nada, solo quiero hablar y que nos conozcamos un poco mas, tranquila -dijo sin dejar de reír.

-Perdóname, Nylah, pero hoy me persigue la desgracia, en serio, no es un buen día para hacernos amigas ¿Hablamos mañana? -le guiñó un ojo arrepintiéndose al momento al ver la cara de felicidad que puso Nylah.

-Tranquila, mañana hablamos -se acercó, le dio un beso cerca de la comisura de los labios y se fue dirección a su celda, y como no, era la que quedaba justo frente a la suya.

Se metió en la celda cerrando la puerta lo más rápido que pudo, apoyó la espalda en ella y se dejó caer al suelo poco a poco. Estaba saturada y dolorida, apoyó los codos en sus rodillas y colocó la cara entre sus manos, cerró los ojos y suspiró. Necesitaba paz interior, así que se adentró en su mente y buscó recuerdos que le transmitieran esa paz que ansiaba. Rápidamente le vino la primera imagen a la cabeza, ella dibujando con pinturas dos caballitos de mar unidos por sus colas en la espalda desnuda de Álex. Siempre le contaba que a los caballitos de mar les gustaba nadar en pareja entrelazando las colas y que aquellos animalitos las representaban.

-Te echo tanto de menos, cariño -Susurró mirando hacía el techo mohoso de su celda.

En ese preciso momento tomó una decisión. Se levantó del suelo decidida a cambiar ese atentado para su salud, también llamado moho, por algo que realmente la transportara a su vida antes de Azgeda. Abrió la puerta y salió de la celda con un nuevo rezo en mente, no quería otro coitus interruptus en su lista de desgracias, y podía encontrarse perfectamente otro fornicamiento en la sala común, además, era martes trece, Nylah podía decir misa.

Lo que se encontró nada tenía que ver con el coito, vio como una marabunta de reclusas alborotadas corrían por los pasillos mientras una alarma sonaba cada vez más intensamente. No entendía que estaba pasando ¿Había un incendio? ¿Iba a caer una bomba e iban a morir todas? Nylah la sacó de su ensimismamiento arrastrándola hacia los pasillos.

-¡Código rojo, Clarke! Tenemos que salir al pabellón exterior, ¡Vamos, corre! -gritaba haciendo aspavientos.

Su mente no procesaba nada de todo aquello, empezó a correr detrás de Nylah como acto reflejo, cruzándose con reclusas peleándose, desangrándose, chillándose... De repente se centró, si ese código rojo era tan malo, tenía que volver a la celda, debía coger la foto de Álex que tenía escondida entre los libros, esa foto era todo lo que tenía de ella en Azgeda y la protegería con su propia vida si hacía falta. Se dio media vuelta obviando los gritos de Nylah a sus espaldas. En mitad de la carrera hacia su celda, se tropezó y cayó al suelo con las manos por delante. Me cago en el puto martes. Cuando fue a incorporarse notó la humedad en sus manos -pero que mierda... -estaba encima de un charco de sangre, se levantó de un salto y empezó a sentir taquicardias, bajó la vista lentamente hacia el suelo encontrándose a un agente Blake pálido presionándose el abdomen.

-¡Ayuda! ¡Ayuda! -Gritaba mientras se agachaba para presionar la herida del agente.

-No me toque, reclusa -Apenas le salía la voz.

-¡Oh, por Dios, Blake! ¿Hasta desangrándote tienes que ser tan capullo? -Le apartó la mano de la herida para sustituirla por la suya.

-Recordaré sus palabras, Griffin, si quiere ayudarme deje de manosearme y vaya a buscar a mi mujer, la Gobernadora Reyes -Le quitó la mano del abdomen de un manotazo.

Se quedó petrificada ¡¿QUÉ?!

-¿Su mujer es Jenn...Reyes? -tenía los ojos abiertos de par en par.

-Gobernadora Reyes ¿Puede ir a buscarla? ¿O quiere hacer mas preguntas mientras me desangro? -le tendió la tarjeta para que pudiera abrir las puertas -Procure no hacer ninguna tontería o seré su peor pesadilla.

Cogió la tarjeta y se incorporó preparada para cruzar las cuarenta y seis puertas aunque no le dio tiempo a darse la vuelta que la Gobernadora Reyes ya estaba agachada al lado de su marido, dándole mensajes de calma mientras marcaba el teléfono de emergencias y pedía la ayuda del Dr. Titus por walkie-talkie. ¿De qué planeta era esa tipa?

Al final no sería tan malo su particular martes trece, había conseguido información privilegiada para poder defenderse de la sabandija repugnante.

Hasta aquí el quinto capítulo de Azgeda. Nos gusta ser pesadas, ¿Qué os ha parecido el capítulo? Parece que empieza la acción...

¿Octaven? YAS Todas lo queremos, así que os lo damos.

Menudo día de desgracia ha tenido nuestra Clarke, merece muchos mimos ¿Quién se ofrece? Parece que Nylah está dispuesta...

¿Bellamy dejará de ser tan gilipollas algún día?

Parece que Clarke tiene información útil y una tarjeta de agente en su posesión...

Abrazos perezosos para todxs.