Madre mía, madre mía, madre mía.
No podía creer lo que veían sus ojos, todo el mundo corría de un lado a otro, no entendía qué estaba pasando. Menudo día, menos mal que era jueves. Menuda tontería, era lo mismo un jueves que un domingo en ese maldito lugar.
Veía reclusas peleando entre ellas, agentes corriendo e intentando poner algo de orden, caras ensangrentadas, cuerpos tirados en el suelo inconscientes. Escuchaba gritos por todas partes. Un escenario digno de un centro comercial en rebajas pero a lo bestia.
No sabía muy bien qué hacer, si quedarse quieta o correr, aunque no supiese hacia donde tirar, a algún lado llegaría seguro, o no, lo mismo por el camino alguien se encargaba de decorar su cara con sangre a base de puñetazos, y después del pelotazo de esa mañana no tenía cara para aguantar más golpes; y eso tirando por lo bajo porque menuda masacre había montada.
A su lado tenía al Dr. Titus que también parecía algo perjudicado con la escena. Aquel gesto que tuvo con ella en la enfermería se veía insignificante teniendo en cuenta la situación, ya lidiaría con ello más tarde si salía con vida. La verdad que para ser Doctor eso del instinto no lo tenía muy desarrollado, hasta ella misma se había dado cuenta del desastre y aquel hombre estaba ahí parado observando la escena tranquilamente cuando lo más probable es que él fuese el único que podía hacer algo de utilidad en esos momentos.
"Aquí Polaris 2, ¿me escuchan? Agente herido, repito, agente herido con arma blanca. Necesitamos al Dr. Titus, que alguien lo traiga de inmediato. Estamos en el ala Oeste, frente al bloque A6. ¡Rápido!"
Al girarse pudo ver como el agente Murphy se acercaba hasta ellos corriendo mientras respondía por el walkie-talkie.
-"Polaris 4 a Polaris 2, estoy con el Dr. Titus, estaremos allí enseguida".
Y la cosa no se hizo esperar, en un acto reflejo los tres se pusieron en marcha a la vez, una coordinación pasmosa y envidiable. Aunque necesitaban al Dr. Titus, ella no pensaba quedarse allí, no tenía ni idea de primeros auxilios, pero ya ayudaría de alguna manera, dar ánimos siempre se le había dado bien.
Con cada puerta que atravesaban el caos crecía y entraba en bucle de ansiedad de nuevo, porque al final no había tomado sus pastillas y porque eso de atravesar puertas así, a lo loco, sin ni siquiera abrirlas y cerrarlas al menos un par de veces, era un suicidio. Estaba arriesgando mucho, pero es que cuando intentó ponerlo en práctica, el agente Murphy la miró desafiante y le dio a elegir entre seguirlos o quedarse allí abriendo y cerrando la primera puerta que cruzaron. No era el momento de explicarles el peligro de aquella locura y seguía sin apetecerle nada quedarse allí sola, así que decidió seguirles sin mirar atrás. Gracias que al menos aun conservaba su crema corporal para aliviar el sarpullido monumental del día siguiente.
Avanzaban por los pasillos lo mas rápido que podían, esquivando reclusas y tentando a la suerte. La mayoría de ellas portaban sus propias armas caseras, un mango afilado de un cepillo de dientes o calcetines rellenos de piedras. Otras en cambio, usaban sus propias manos o algún tenedor o cuchillo, probablemente de la cocina. Pero las peores reclusas, sin duda, eran aquellas a las que no les hacía falta ni armas ni ser un mamut, sus mejores armas eran ellas mismas junto su putrefacción, podían tumbar a un ejercito romano entero, un abrazo y tu alma ya estaba haciendo las maletas. Una amenaza demasiado cerca y su aliento te sentenciaba a muerte. Jesús bendito. Nota mental: hacerse amiga de "personas a mantener a más de dos metros de distancia". Nota mental de la nota mental: buscar otro mote mas corto.
Nada más girar en el último pasillo su corazón dio un vuelco, a la mierda las puertas, Clarke estaba cubierta de sangre y aquello le había provocado una arritmia por lo menos. Joder, es que aquella chica le provocaba cosas muy intensas en todos los sentidos, no quería que fuese así, pero lo era, estaba pasando, se terminó de dar cuenta cuando la vio carcajear después del pelotazo en su cara. Había notado como algo se le rompía por dentro por culpa de esos malditos ojos azules. El intentar poner tierra de por medio desde que la conoció no había servido absolutamente de nada, la tierra se la llevaba el viento cada vez que la veía. Apenas habían hablado, pero ella se quedaba observándola mientras interactuaba con el resto del mundo y le encantaba la manera de sonreír que tenía, la forma en que se le arrugaba la frente cuando se metía en sus pensamientos y cómo discutía con el agente Jasper a altas horas de la madrugada cuando hacía trampas jugando a las cartas. La muy mema no sabía disimular.
Se centró de nuevo en lo importante sin acabar de entender qué pasaba ¿no dijeron que era un agente el que estaba herido? Y si estaba herida ella ¿Qué demonios hacía ahí de pie la muy imbécil? Quiso correr hacia ella para reprocharle su insensatez o quizá para saber con urgencia si estaba bien, quizá más lo segundo que lo primero.
Cuando se proponía a acercarse a ella escuchó cómo la gobernadora le explicaba la situación al Dr. Titus y rápidamente vio al agente Blake en el suelo rodeado de un charco de sangre y semi inconsciente. Sintió un gran alivio al saber que no era Clarke la que estaba herida a pesar de la gravedad del agente.
Curiosamente, en esos momentos, en aquel pasillo reinaba la paz. Ni rastro de reclusas agresivas. Allí solamente se encontraban el agente Blake y la gobernadora que no se separaba de él, el agente Murphy, que no parecía muy afectado por su compañero, el Dr. Titus, inspeccionando la herida del agente herido, Clarke, que la miraba con lo que parecía una leve sonrisa, y ella. Murphy desapareció enseguida, probablemente tendría mejores cosas que hacer que estar observando la escena sin más; nada más desaparecer, el Dr. Titus le pidió que le acercara el botiquín. Lo cogió rápidamente y se acercó hasta él, seguidamente fue pidiéndole los utensilios que necesitaba para curar al agente Blake, y entre utensilio y utensilio, sin querer, le rozaba la mano, a veces incluso tardaba más de la cuenta en cogerlos y la miraba de una manera extraña mientras le acariciaba un poco la mano con sus dedos. La estaba poniendo nerviosa tanta cercanía de golpe, hasta ese mismo día aquel hombre le caía estupendamente, era uno de sus pilares en Azgeda; pero es que se estaba comportando de una manera muy rara, solo esperaba que al día siguiente todo volviese a la normalidad.
Se escuchó de lejos un grito que la puso en alerta.
-Esa voz... -Dijo murmurando -¡Oh Dios! ¡Es Luna!
Se levantó de un salto y sin decir nada más corrió en la dirección de donde provenían los gritos. ¿Cómo no había pensado en su amiga? Se había olvidado completamente de Luna, no se podía sentir peor. Corrió por los pasillos y paró en seco al escuchar unos ruidos detrás de la puerta de los vestuarios, la puerta estaba entreabierta pero poco se podía ver, así que poco a poco y con cuidado fue abriendo la puerta para ver mejor la escena, antes de poder ver nada volvió a entornarla con sumo cuidado, procediendo a abrirla de nuevo con pulso de cirujano, necesitaba recuperar el control de su mente y su cuerpo para afrontar la situación que se le venía encima, y su manía de las puertas la ayudaba a serenarse; asomó la cabeza y vio lo que estaba pasando ahí dentro, Echo tenía agarrada a Luna por la espalda, manteniéndola inmovilizada, y Emori delante de ellas amenazaba a Luna con una de esas armas improvisadas. El famoso cepillo de dientes con una cuchilla en la punta del mango. Luna tenía cortes en ambos brazos que no parecían muy profundos y una ceja partida, podía verla a través del espejo que quedaba justo enfrente de ella, a espaldas de Emori. Mientras procesaba todo lo que sus ojos veían, sintió un cuerpo abrazarla por la espalda mientras le tapaba la boca. El pánico la dejó inmóvil, aunque se tranquilizó un poco cuando el olor le resultó familiar, y lo hizo aun más cuando escuchó un "sssshhhhh, tranquila, soy Clarke". La rubia la fue soltando poco a poco de su amarre y se giró para encararla.
-¿Tu qué haces aquí? No necesito tu ayuda, Clarke. Vete. -Dijo de forma digna en voz baja.
-Venga Lexy, no seas mala, fue sin querer lo del pelotazo. Déjame arreglar las cosas, tengo un plan para sacar a Luna de ahí -Sacó del bolsillo la tarjeta del agente Blake y la mostró con una sonrisa en la cara.
¿Lexy? Dios, es que la arrastraría de los pelos, pero tenía razón, lo importante en esos momentos era Luna, tendría que darle tiempo muerto a su orgullo. Lo primero era lo primero. Un momento, ¿Como había conseguido esa tarjeta? Por un momento se la imaginó en uno de los despachos de Azgeda manteniendo relaciones sexuales con el agente Blake ¡BASTA, LEXA! céntrate.
-Está bien -Dijo, y Clarke sonrió con la victoria -Pero lo haremos a mi manera -Le advirtió con su dedo índice -Cuéntame ese fabuloso plan -Se cruzó de brazos.
-A sus órdenes -La idiota hizo el saludo militar y todo -Debemos entrar ahí, una vez dentro yo me encargo, no preguntes, cuanto menos sepas mejor, confía en mi.
Confiar en ella ¡JA! puso los ojos en blanco y se giró para retomar lo que estaba haciendo antes de ser interrumpida. Desde ahí podían oír la conversación que mantenían dentro del vestuario.
-Voy a preguntártelo una vez más Lunita, ¿Dónde tiene Octavia mi droga? -Dijo Emori con tranquilidad.
-No me llames Lunita que me dan ganas de ahorcarte. ¿Crees que estaría aquí dejándome acuchillar si lo supiera? Soy loca, no tonta -Contestó Luna aparentemente despreocupada.
-Formas parte de su grupito, estaba claro que no me lo dirías. Octavia sabe jugar muy bien sus cartas, pero parece que aun no entiende con quién se está metiendo. Acabaré con todas vosotras una a una, Lu-ni-ta -Emori seguía hablando con esa tranquilidad mientras levantaba la camiseta de Luna y despacio le hacía otro corte en el abdomen.
Luna gritó de dolor y eso le puso los pelos de punta. Se le aceleró el corazón de golpe. En ese momento, los ojos de su amiga y los suyos se cruzaron a través del espejo, Luna le hizo un gesto de negación con la cabeza casi imperceptible, y de pronto notó como Clarke la empujaba hacia atrás para hablar.
-Tenemos que entrar Lexa, la van a matar, ese tipo de tías no tienen escrúpulos, lo he visto en las series -Dijo Clarke preocupada.
-Qué pesadita con las series, no hace falta ver series para saber que esas de ahí dentro son unas psicópatas, Clarke.
-Las series te enseñan más de lo que crees -Contestó un poco ofendida.
-Eres chusma Emori, y tu su mascota, eres un puto mamut domesticado, eso sois ¡Os voy a incendiar la celda a las dos! -Escucharon a Luna chillar.
-Entremos, te dije que tenía un plan, confía en mi por favor -Volvió a insistir Clarke desesperada.
-Aun no -Clarke la miró confundida -No hasta que Luna diga la palabra clave. Me ha visto, si no la ha dicho es porque no es el momento de entrar.
-¿Palabra clave? Luego la pesadita de las series soy yo. Cuando le raje el cuello no podrá decir la jodida clave -Resopló pasándose las manos por el pelo.
-Se acabó, ¿no quieres hablar? Lo entiendo, eres leal, quizá tenga que motivarte de otra manera. Digamos que sé que eres muy amiga de La Bicho Palo, y digamos que si no me dices ahora mismo en qué lugar ha escondido Octavia mi droga, no solo te corto el cuello sino que tu amiga la rarita se quedará aquí una temporada más. No nos costó mucho cargarle el muerto la última vez.
-No seas lesbiana resentida, Em, ¿Puedo llamarte Em? Emori me resulta horrible, parece un nombre de peluquería, ¿Em te gusta? -Emori y Echo se miraron confusas.
-Te avisé que era mala idea coger a la loca, tendríamos que haber ido directamente a por Lexa -Dijo Echo que empezaba a ponerse nerviosa.
-A Lexa ni la nombréis, ¡Chusma! He visto quince años de novelas mexicanas, y si tengo que tiraros por unas escaleras y dejaros paralíticas, lo hago, no tengo problema, incluso puedo incendiaros las celdas, o incendiaros a vosotras mismas, no me tiembla el pulso -Dijo Luna que empezaba a sufrir uno de sus brotes -¡Cuna de Hamaca! -Se hizo un silencio y Clarke miró a Lexa con el ceño fruncido -Mierda, creo que no era así...¡Luna de Patata!...Estoy jodida.
-Luna... ¿se ha fumado algo? -Le preguntó Clarke confusa en voz baja.
-Tiene un trastorno mental, está medicada, pero en situaciones de estrés puede tener brotes. Prendió fuego a la casa de su novia porque vino la cartera y la acusó de ser su amante disfrazada, suerte que la policía llegó antes de que incendiara la casa del vecino también. Y antes de eso, quiso hacerse religiosa e iba puerta por puerta pregonando la homosexualidad.
-¿Como una testigo de Jehová del lesbianismo?
-Sí, creía que si convertía a chicas en lesbianas la nombrarían lesbiana del mes y le darían un premio...
-¡HAKUNA MATATAAAAAAAA! ¡HAKUNA MATATAAAAAAAA! -Gritó Luna.
-¡La clave, Clarke! - Cogió su mano y tirando de ella se colaron dentro del vestuario a toda prisa.
La adrenalina la invadió en ese momento y sin pensar se abalanzó sobre la espalda de Emori que con un movimiento ágil la hizo bajar tan rápido como había subido. Emori ya le había dado la vuelta a la situación, ahora era ella la que estaba atrapada en los brazos de aquella psicópata con ese cepillo-cuchilla reposando en su garganta. Solo quedaba Clarke para ayudarlas, y ahí estaba, de pie, pasmada sin pestañear.
-Hablando del Rey de Roma, ¿Has tenido ya tu minuto de gloria con esa mierda de entrada triunfal? -Se burló Emori -Eres patética, Lexa. En fin, me lo ponéis muy fácil chicas, tres en un día -Dijo mientras paseaba el filo de la cuchilla por su garganta.
-¡Oye, Em! -Dijo Clarke mirando hacia Luna guiñándole un ojo -Tengo una oferta para ti -Sacó la tarjeta de Bellamy y se la mostró a Emori manteniendo las distancias.
-¿Qué es eso? -La miró Emori enfadada y un poco confundida.
-¿Puedes cambiar esa cara de mamarracho por una mas amigable, Em? -Dijo Clarke en tono de burla.
No se esperó la reacción de Emori, cuando se fue a dar cuenta la había cogido de la cabellera y sin titubear estampó su cabeza en una de las paredes que tenían al lado. Notó la sangre correr por su rostro enseguida. Como acto reflejo posó la mano en su ceja partida y buscó con la mirada a Clarke, la vio con semblante serio, no reflejaba ni un atisbo de preocupación en su cara, desde luego eso sí que no se lo esperaba y le estaba doliendo más que esa maldita brecha en la ceja.
-¿Te sirve esta respuesta, rubia? Por cada tontería, un golpe en esta linda carita, tu eliges - Amenazó Emori a Clarke.
-Es la tarjeta del agente Blake. Te la cambio por la vida de Luna y Lexa, ¿Aceptas? -Clarke le tendía la tarjeta con el mismo semblante serio.
-No me lo puedo creer, ¿Te has tirado al cabrón de Blake? Me sorprendes, rubia -Dijo Emori asintiendo con la cabeza.
Clarke no respondía, ¡No respondía! ¿Había hecho el acto sexual con él?
Mientras tenía su propia discusión mental, Echo y Emori se hablaban con la mirada, había que reconocer que era una propuesta tentadora. Sin decir nada más, Emori la soltó dándole un empujón y le arrebató la tarjeta de las manos a Clarke, con un gesto de cabeza ordenó a Echo que soltara a Luna, y ambas se dirigieron hacia la puerta saliendo de allí sin mas, dejándolas a ellas tres solas asimilando lo que acababa de ocurrir. El vestuario quedó en absoluto silencio unos segundos, hasta que escucharon a Luna bufar y con las mismas correr hasta la puerta, abriéndola y gritando "OS VOY A QUEMAAAAAAR, OS PRENDERÉ FUEGOOOOO".
-Lexa, pégame. -Clarke se acercó y sus caras quedaron a pocos centímetros -Pégame, en la cara.
Y encantada le pegaría, pero es que a la vez tenía ganas de besarla ¿Qué mierda le estaba pasando? En esos momentos no podía gestionar el odio que le tenía dada la cercanía de Clarke. Uf. Es que esos ojos de cerca impactaban mucho más, y ese lunar encima del labio terminaba de anular el poco juicio que le quedaba.
-No será por falta de ganas, créeme. Tienes suerte que eso de pegar no sea lo mio. Además, nos has salvado la vida, Clarke.
Entonces Clarke hizo algo que la descolocó por completo. Cogió su cara con ambas manos y le estampó un beso brusco en los labios mientras con su cuerpo la empujaba hacía atrás, hasta que su espalda chocó contra la pared. Siguió besándola bruscamente, bajando por su cuello, apretándose más contra ella. Comenzó a sobarle los pechos por encima de la ropa. Estaba completamente paralizada y horrorizada, empezaba a sentirse atrapada y la ansiedad acabó por salir al exterior.
-Clarke, basta ¡¿Pero qué haces!? -La empujaba intentado sacársela de encima.
-Vamos Lexy, no seas mojigata, toda esta situación me ha puesto cachonda -Le decía al oído mientras seguía manoseándole los pechos.
Terminó la frase y volvió a su cuello, mordiéndolo y chupándolo, notó como una de sus manos empezaba a bajar rápidamente hacia su entrepierna. De todas las cosas que podía ser Clarke, jamás se hubiera imaginado algo así. Empezó a sentir como se le acumulaban las lágrimas en los ojos, al parecer era un efecto secundario de tener a Clarke cerca, siempre acababa llorando. La mano de la rubia llegó a su destino y eso la hizo reaccionar, sin ningún miramiento la empujó con todas sus fuerzas y le asestó una buena hostia en la cara.
Giró su cabeza buscando el apoyo de Luna que ya había acabado con sus amenazas en el pasillo y volvía a entrar dirigiéndose hacia ellas con la sorpresa dibujada en su rostro.
-Joder, Lexa, no quería llegar tan lejos, pero no reaccionabas solo con un beso. Espero que me quede bien marcada sino el plan no funcionará -Dijo tranquilamente mientras se frotaba la mejilla con la mano -No será lo tuyo eso de pegar, pero se te da de puta madre.
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Hasta aquí el capítulo 6 de Azgeda. ¿Qué os ha parecido? Han pasado tantas cosas que no sabemos ni por donde empezar.
Nuestra Luna tan adorable que quiere quemarlo todo ️
Ay Lexa, Lexa ,¿después de ese final seguirás enganchada a esos ojos azules?
A Titus no queremos ni nombrarlo, pero no nos gusta discriminar así que...¿Qué pensáis de él? ¿Hay alguien aquí a quien le caiga bien?
Se nota el intenso trabajo que Clarke hizo viendo series con Nicole, ha salvado a nuestras chicas de "Em y su mamut".
Nos leemos pronto.
Abrazos perezosos para tod s.
