Suspiró. Había tenido que lidiar con demasiadas situaciones y sentimientos en tiempo récord. Cogió aire y soltándolo poco a poco les dijo a sus compañeras de trifulca que debían ir a la enfermería, tanto para continuar con el plan como para curarse las heridas de guerra.

Iban por los pasillos en completo silencio, Lexa estaba en shock desde que la había manoseado entera, y Luna iba abriendo y cerrando sus heridas haciendo que volvieran a sangrar. Necesitaba la medicación ya, de abrirse las heridas a prender fuego a alguien había poco margen de tiempo en aquella mente enferma.

Llegaron a la enfermería y después de que Titus las recibiera con una sonrisa tranquilizadora en la cara, las hizo pasar y acomodarse en una de las camillas. Dejó que se sentaran Luna y Lexa, ella solo tenía una bofetada y el susto aun en el cuerpo. No solo le había afectado la tensión vivida en el vestuario con aquellas dos cenutrias, es que tampoco sabía qué pasaría con ella después de haber traficado con la tarjeta del agente Blake ¿Qué le diría a Bellamy cuando se la pidiera? ¿Se acordaría de que se la había entregado a ella? No dejaba de darle vueltas desde que todo había acabado y no encontraba respuestas por ningún lado. Tenía que dejar el hábito de actuar a lo loco, los planes llevan su tiempo de preparación, años incluso, era obvio que el suyo no tenía futuro, ya estaba esperando las consecuencias.

-¿Sabe?, Lexa salió disparada cuando oyó sus gritos. Es usted muy afortunada señorita Hilker, tiene a su lado a una gran amiga -Dijo Titus mientras miraba a Lexa con una mirada intensa.

-¿Usted cree que Emori es nombre de peluquería? -Dijo Luna con la mirada perdida.

-Doctor, ¿puede ir al grano y darle la medicación? Está teniendo un brote ¿es que no lo ve? -Añadió un poco molesta ganándose una mirada mortal de Titus.

-¿Un mamut se puede domesticar? -Luna seguía en sus trece.

Titus cogió un bote de pastillas de uno de los armarios, sacó un par de ellas y se las tendió a Luna junto con un vaso de agua y, como era de esperar, se negó a tomárselas. Al final tuvo que intervenir porque la muy mema se había empeñado en que si se las tomaba se volvería lesbiana. Por el amor de Dios, ¡Ya era lesbiana! Con paciencia de santo y una sonrisa en la cara, consiguió que se las tomara. Una vez recuperada la cordura de Luna, el doctor procedió a curarle las heridas, empezando con la brecha de la ceja, siguiendo con los cortes de los brazos y terminando con los del abdomen.

El doctor no dejaba de mirar a Lexa con muy poco disimulo, y era una mirada que no le estaba gustando ni un pelo, por el contrario, Lexa se había levantado y se dirigía como un autómata al fondo de la habitación. ¿Todavía estaba en shock? "Joder, Clarke, te has lucido".

Cuando Titus terminó de curar a Luna, se incorporó y fue con paso decidido hacia donde se encontraba una Lexa catatónica. La tenía realmente preocupada.

-Ey Lexa, cariño, mírame, reacciona, ¿Qué ha pasado? - Titus le acarició la mejilla lentamente después de darle pequeños golpes suaves en la cara.

-¿Puede curarle la ceja y dejarse de toqueteos? Queremos volver a nuestra celda y descansar, ¿si? -Ahora era ella la que usaba su mirada mortal contra él.

No supo descifrar la mirada de respuesta de Titus, parecía una mezcla entre odio y decepción, realmente le daba lo mismo, solo quería irse cuanto antes de ahí con sus dos compañeras dementes porque la actitud de ese tiparraco no le estaba gustando lo mas mínimo, y para colmo era el médico de la prisión. Estupendo. "Ya puedes evitar herirte o enfermar". Estuvo observando cada gesto, cada mirada y cada movimiento que hacía el doctor, por si en algún momento hacía algún movimiento en falso mientras desinfectaba la herida a Lexa y le ponía unas grapas de papel. No logró ver nada raro esta vez, seguramente su actitud y su infame mirada mortal lo habían asustado, solía causar ese efecto. Y también le daba lo mismo, mientras ella pudiese, evitaría cualquier acción que sobrepasase el trato paciente-doctor. Se estaba metiendo de lleno en su propia serie, dirigida y protagonizada por ella misma. Tendría que hablar con Nicole antes de que se le fuera de las manos.

-¿Usted necesita algo? ¿Tiene alguna herida? -Dijo Titus con tono serio mirándola fijamente a los ojos.

Negó con la cabeza y, sin perder tiempo, se fue hasta la camilla donde se encontraba Luna y la ayudó a incorporarse. Ambas se acercaron a Lexa, la agarraron por la cintura, una por cada lado y, sin decir una sola palabra, salieron de la enfermería para dirigirse hacía sus respectivas celdas.

De camino a las celdas decidió explicarles la importancia de no desvelar nada de su improvisada locura de plan. Dios, todo esto iba a terminar fatal. Nadie podía enterarse de lo que había pasado con esa tarjeta, y mucho menos que había pasado por sus manos en algún momento. "¿Qué tarjeta? Bien, Clarke, esa es la actitud". No estaba muy convencida de que alguna de las presentes hubiese prestado atención a sus palabras, Lexa aun estaba en estado de coma en pie y aunque Luna la hubiese escuchado, lo mismo le daba un brote de los suyos y empezaba a soltar todo por esa bocaza. No le quedaba otra, tendría que tirar de fe y esperanza "Dios nuestro señor... ¡Basta! Deja de rezar, no se puede luchar contra un puto martes trece".

Era tarde y estaba deseando llegar a su celda, encerrarse y tirarse en plancha encima de esa cama, que si fuera de hormigón, sería mas cómoda, seguro; pero su particular martes le tenía preparada otra sorpresa más, por si no había tenido suficiente con todas las anteriores, sus compañeras de bloque estaban reunidas en la salita común. Nada más verlas llegar, dejaron de hablar y las miraron con atención.

-¡Ya hemos vuelto, cabronas! -Soltó Luna de repente.

Su mirada asustada salió a la luz en cuestión de milésimas, esa actitud de Luna le produjo una arritmia. Ninguna de las ahí presentes, exceptuando Lexa, pudo contener la risa, incluso la sabandija del mal hizo un amago de sonrisa. Se estaba acojonando a pasos agigantados, ella misma le había dado la medicación, no podía ser verdad.

-¿Te has tragado las pastillas, Luna? -La miró desafiante sin obtener respuesta - Mírame a los ojos y dime que te las has tragado -Seguía con la mirada clavada en los ojos de Luna -Estás mirando un punto perdido de mi hombro, no a mis ojos ¡Abre la maldita bocaza! -Le sujeto la cara y con el dedo índice empezó a hurgar dentro de su boca encontrando las dos pastillas.

-Quita esas pezuñas de mi boca, saben a Lexa -Luna le dio un manotazo en la mano haciendo que las pastillas cayeran al suelo.

Se puso roja ipso facto. La madre que la parió, al final necesitaría ir a terapia, la bipolaridad de Luna le estaba acortando la vida. Estaba claro que la loca y la autómata no estaban para hablar ni para existir en esos momentos, le tocaría a ella misma explicar todo lo que les había ocurrido para evitar males mayores.

Sus piernas necesitaban un respiro, así que se sentó para explicarles lo que había ocurrido, a Lexa la dejó de pie como un palo inerte y Luna estaba bastante inquieta de un lado a otro así que ni lo intentó. Nada más sentarse, Nylah le tendió una taza de su ansiado café acompañándola con una de sus sonrisas, y pudo observar cómo gesticulaba con los labios un "¿estás bien?". Le reconfortaba saber que tenía a alguien que se preocupaba por ella. Se limitó a devolverle la sonrisa y le confirmó que estaba bien con un movimiento de cabeza.

-Todo ha pasado muy deprisa, Lexa y yo hemos escuchado los gritos de Luna y hemos ido corriendo a ver qué pasaba -No sabía bien a qué ojos enfocar, todas la miraban expectantes -Emori y Echo la estaban torturando para sonsacarle dónde tienes escondida su droga -Clavó los ojos en Octavia -Antes de que pudiera confesar nada nos hemos metido en medio y este ha sido el resultado de todo el berenjenal, Luna con un brote y Lexa en shock, a parte de las heridas que ya veis -Continuaba sin apartar la mirada de Octavia.

-¿Y tú solo esa bofetada en la cara? Eres una chica con suerte, ¿no? -Le respondió Octavia de forma sarcástica.

"Octavia no te cree, genial". Si algo podía ir mal, iría mal, toda su vida había tomado ese rumbo.

-No les dio tiempo a más, vinieron los agentes y esas dos cavernícolas huyeron, así que sí, tuve suerte -Dijo sin apartarle la mirada -Voy a llevar a estas dos a sus celdas y me voy a la mía, estoy agotada, enserio.

Puso fin a su descanso de piernas y se levantó, agarró a las susodichas y se encaminó primero a la celda de Luna, en cualquier momento podría decir cualquier cosa que las delatara, ademas de que Lexa en ese estado era mucho más fácil de manejar, pero Luna no había quedado satisfecha con su aportación inicial e hizo una nueva intervención.

-¡Ey, Allie! Sé que tus atributos principales desde que llegué aquí han sido romperme las cosas, destrozármelas y quemármelas, pero necesito otro de tus atributos principales, el de ver telenovelas. Necesito tu ayuda, necesito ideas de la villana más villana, quiero vengarme de esa patética peluquera -Dijo Luna con una sonrisa amenazadora en la cara.

-Luna, de verdad, tómate la medicación -Dijo Allie mientras recogía las pastillas del suelo -Fuiste tu la que rompió, destrozó y quemó cosas -Le tendió las pastillas -Y la que ve telenovelas también eres tú, ¡Dios! Eres agotadora.

-Allie, Indra, Brenda, Octavia, Nylah, Clarke, Lexa, me voy a mi cueva, no me molestéis, tengo una venganza que preparar -Canturreó Luna cogiendo las pastillas de la mano de Allie para seguidamente dirigirse a su celda dando saltitos de felicidad.

Definitivamente no saldría nada bueno de todo aquello, esperaba que mañana al despertarse, Luna hubiera recuperado realmente su cordura y así poder respirar tranquila hasta por lo menos el próximo brote.

Solo le quedaba la misión de llevar a Lexa hasta su celda y por fin podría tirarse en su cama a cual morsa; la dirigió hasta su celda cerrando la puerta tras de sí, la acomodó con cuidado en la cama, vestida, por supuestísimo, solo faltaba intentar quitarle la ropa después de su improvisado intento de violación. Se agachó a su lado hasta quedar a su misma altura y le cogió la mano con un poco de miedo, pero quizá así sus palabras sonaban más sinceras.

-Lexa, de verdad que no pensaba que te causaría tal trauma, ha sido la única idea que se me pasó por la cabeza para conseguir que me pegaras, perdóname...

Esperó algún tipo de reacción durante unos segundos, pero Lexa sólo la miraba fijamente de forma inexpresiva. No podía más. Soltó un suspiro bastante sonoro y se dejó caer al suelo, quedando sentada con su espalda apoyada en la cama y de espaldas a Lexa.

-Todo esto está siendo demasiado complicado -Dijo abatida -Han pasado tantas cosas y ha habido tantos cambios en mi vida desde que Álex murió... -Hizo una pausa y suspiró -Álex era mi novia, era tan buena y divertida... nunca nadie me había hecho sentir tan única, ¿sabes? Y solo ella sabía ver lo que hay detrás de este desastre que soy, bueno, ella y Nicole. No sé qué hubiese sido de mi sin Nicole. Cuando Álex murió, me amenazó con que si no me iba a vivir con ella se pondría cada noche debajo de mi ventana a cantarme canciones de amor, con radio cassette incluido, así que no tuve mas remedio que ceder, aunque lo hubiese hecho igual, sin amenezas de por medio, pero a ella no le dí el placer de saberlo, no sabes lo pesada que puede llegar a ser. ¿Sabes? Nicole te caería muy bien, a veces Luna me recuerda un poco a ella, Dios, me mataría si se enterara de que una pirómana me recuerda a ella -Soltó una pequeña carcajada, pero enseguida volvió a suspirar -Bueno, creo que es hora de que me vaya y te deje tranquila. Ha sido un día duro para todas. Espero que mañana te encuentres mejor y podamos hablar -Dijo mientras se incorporaba.

Al girarse observó a Lexa de nuevo, se había quedado dormida y sus facciones parecían más relajadas, se fijó en un mechón de pelo que le caía por la cara y no pudo evitar apartárselo y colocárselo detrás de la oreja.

-Buenas noches, Lexa -Dijo en voz baja.

Se encaminó hacia la salida porque allí ya no hacía nada y su cama la estaba llamando con desesperación. Cuando estaba apunto de salir escuchó su voz.

-Buenas noches, Clarke -Dijo Lexa en un hilo de voz.

No pudo evitar sonreír ante su retorno, se giró y le regaló esa sonrisa que tenía dibujada en el rostro, llevándose de vuelta otra de la castaña que había levantado un poco la cabeza para mirarla. Finalmente salió de la celda y se encaminó a la suya, una voz la frenó justo cuando se preparaba para abrir la puerta que la llevaría por fin a su deseada cama de hormigón. Pero por el amor de Dios, ¿Llegaría algún día a su cama?

-Clarke, ¿Quieres que te haga compañía esta noche? Puedo dormir contigo si necesitas hablar o simplemente compañía -Dijo Nylah con la misma sonrisa con la que la miraba siempre.

-Eres un amor, Nylah, pero me gustaría estar sola, ¿Lo entiendes, verdad? -Lo dijo con un tono de voz cariñoso.

-Claro, no te preocupes. Si me necesitas ya sabes que me tienes justo ahí enfrente -Le señaló la puerta de su celda mientras seguía sonriéndole de aquella manera.

-Gracias Nylah -Le sonrió también.

No quería hacerla sentir mal, se había portado muy bien con ella desde que llegó a Azgeda y sobre todo durante ese fatídico día. Se lo compensaría, realmente quería conocerla más, pero en ese momento necesitaba estar sola. Enfocó al resto de compañeras que aun estaban en la sala común y les dió las buenas noches antes de meterse en su celda, por fin. Automáticamente su cuerpo se relajó y dejó salir todo el aire acumulado de sus pulmones. Se tumbó en la cama con esa misma ropa mugrienta, no tenía cuerpo ni para cambiarse, solo quería dormir y que acabara ese desastre de día. Recordaría ese martes trece toda la vida.

Resucitó. Había caído muerta en la cama en cuánto su cabeza rozó la almohada. Se levantó, y mirándose al espejo, decidió que hoy mas que nunca seguiría con su plan de cambiar el moho por su paisaje favorito, esos dos caballitos de mar unidos por sus colas le devolverían un poco la paz interior. Otra de las cosas que la ayudaría sería llamar a Nicole, y eso haría antes de nada, la necesitaba más que nunca en esos momentos.

Una vez estuvo aseada y con ropa limpia, salió de la celda preparada para encontrarse con cualquier barbaridad. No fue el caso, allí no había nadie. Mejor, necesitaba soledad y en ese sitio de eso no se gastaba, así que aprovechó. Se preparó un café con toda la parsimonia que arrastraba y se lo tomó tranquilamente en uno de los sofás de la salita pensando en la suerte que había tenido Jasper por estar de vacaciones justo en esa semana infernal, para ella mas que suerte era una desgracia, lo echaba demasiado de menos. Cuando acabó, se levantó del sofá con ciento treinta y cinco kilos menos que se quitó gracias a ese regalo del Señor, conocido como café, y salió del bloque directa a llamar a su amiga.

Iba por los pasillos rememorando todo lo ocurrido ayer, un cúmulo de sentimientos la invadió: miedo, angustia e incertidumbre. Tenía claro que no podía dejarse llevar por todas esas sensaciones si no quería terminar como Luna, así que se prometió a sí misma que iría lidiando con las cosas a medida le fueran llegando. Solo tenía clara una cosa, solucionar el tema de Lexa cuanto antes.

Cuando llegó no había ninguna reclusa en ninguno de los tres teléfonos, así que se colocó en el último de ellos dándoles la espalda a los otros dos, no le gustaba discriminar, pero necesitaba intimidad para realizar esa llamada.

-Vamos, vamos, vamos Nics, cógelo -Suplicaba en voz baja.

-¿Clarke? -Respondió Nicole desde el otro lado de la línea.

-Gracias a Dios, Nics, ¿Qué coño estabas haciendo? Da igual, escúchame, estoy metida en mi propia serie, como lo oyes, ayer terminé el día traficando con la tarjeta de un agente, que por cierto lo apuñalaron, encima está siendo engañado por su esposa que es la gobernadora, la cual está tremenda, y por si fuera poco, lo engaña con una reclusa, ¿Como lo sé? porque las pillé follando en su despacho y ahora quiere matarme -Cogió aire -Me metí en una pelea por temas de droga y acabé prácticamente violando a Lexa para conseguir una hostia, y Luna, Nicole, Luna está completamente loca y sabe todo lo de la tarjeta, ¡¿Entiendes?! No saldré jamás de aquí -Cogió y soltó aire repetidas veces intentando serenarse.

-¿Quién dices que está tremenda?

-Nicoooooole -Se quejó

-Lo siento, lo siento. Quedamos en que buscarías un grupo para que te protegiera, no a alguien que quisiera matarte ¡¿Por qué siempre haces lo contrario?! ¡¿Y por qué coño has intentado violar a alguien?! ¡¿Te falta un cuarto de materia gris o qué?!

-¡Joder, yo que sé, Nics! No he buscado todo esto ¿Vale? Ya se que ha salido todo al revés, no necesito que me regañes como si fueras mi madre, lo que necesito es tenerte cerca -Dijo algo indignada.

-Primero, gracias a Dios que no soy tu madre porque los jueguecitos de juventud que tuvimos serían algo perturbadores y siniestros, no podría vivir con ello. Segundo, no pienso infringir la Ley para que me enchironen contigo, ¿Quién cuidaría las plantas? Y tercero y más importante, dime que no has apuñalado tú a ese agente, y si lo has hecho, mejor engáñame, no puedo lidiar con todo a la vez.

-Me van a alargar la condena por asesinarte -Puso los ojos en blanco - ¡Claro que no lo he apuñalado, desgraciada! Escúchame, ahora en serio, necesito que hagamos un vis a vis, Nics, quiero estar contigo, que me abraces, sentirte cerca... Ya sé que solo sería una hora, pero realmente necesito esa puta hora para no terminar loca.

-¿Pero después del vis a vis vas a asesinarme? Porque de ser así prefiero que acabes loca.

-Hablo en serio, Nicole. Te necesito, fue un día terrible, no puedes ni imaginártelo.

-Claro que iré Clarky, sabes que estoy deseando poder estar contigo, te echo mucho de menos, seguramente más que tú a mi porque por lo que veo estás bastante entretenida -Empezó con tono serio y terminó con tono de burla.

-Tu ríete, a ver si te ríes cuando te llamen de Azgeda porque he sido asesinada, violada o torturada, listilla.

-Oye, Clarke -Dijo Nicole totalmente seria.

-Dime

-¿Llevo condones?

No pudo hacer mas que reírse, le soltó una sarta de cariñosos insultos y terminó con la llamada. Maldita Nicole, nunca se tomaba nada en serio, y que bien le venía su actitud, tenía el don de quitar hierro a cualquier cosa, hasta a una muerte anunciada.

Aun con esa sonrisa que decoraba su cara tras la llamada, tomó rumbo hacia una de las otras decisiones que había tomado esa mañana, exterminar el moho y dibujar esos ansiados caballitos de mar. Iba haciendo una lista mental con todo lo que debía comprar en el economato, cuando de repente sus ojos enfocaron a Lexa y Luna al final del pasillo haciendo sus propias compras. El corazón empezó a latirle tan deprisa que tuvo que pararse y respirar. Ahí estaba otra de sus cosas pendientes. Retomó el paso decidida a entablar una conversación con ese dúo lunático, pero a medida que se iba acercando comprobó que parecían personas normales y no las dementes del día anterior. Gracias a Dios, un poco de paz no le vendría mal.
_

Hasta aquí el séptimo capítulo de Azgeda. ¿Qué os ha parecido? ?

Parece que Clarke, por fin, ha podido dejar atrás su particular martes trece aunque la dichosa tarjeta no la deje vivir.

¿Lexa estaba realmente en shock? ¿Estaba dormida cuando Clarke le ha contado parte de su pasado?

No queremos que Luna tome su medicación, nos encanta así de desatada, pero nos preocupamos por su salud... Disfrutad mientras podáis ?

Titus...Nos agota la salud. Nada más que decir.

Clarke y Nicole, menuda dupla. ¿Quién desea que llegue ese vis a vis? ¿Llevará condones?

Abrazos perezosos para tod s.