Increíble. Increíblemente bien encajaba su mano con la de Clarke.
Se había pasado prácticamente toda la noche rememorando todo lo ocurrido a pesar del cansancio que arrastraba. Clarke la había besado, y aunque en un principio tardó horas en superar el mal trago, mentiría si dijera que ahora al recordarlo no sentía un escalofrío recorrerla. Se sentía una auténtica enferma, casi había sido violada y ahí estaba disfrutando del momento en su cabeza. Es que la había besado y manoseado sin su permiso y de forma brusca, pero después la había cuidado de aquella manera que la derretía un poco por dentro y le hacía olvidar el resto.
Debía confesar que volvió en sí mientras Clarke la metía en la cama y la arropaba, pero no pudo quitar esa cara de idiota cuando le cogió la mano y tampoco le salían las palabras con esos ojos azules mirándola de esa forma y a esa distancia.
La historia de Álex le había encogido el corazón, por el tono de voz de Clarke se podía intuir a la perfección lo importante que había sido para ella, la pregunta del cómo murió rondaba en su cabeza, pero en esos momentos prefirió hacerse la dormida, para evitar abalanzarse contra ella y abrazarla, y porque probablemente tendría aun más cara de idiota. Aquella rubia molesta, en la intimidad, le había parecido de lo más adorable.
Después de todo lo ocurrido el día anterior, había un antes y un después en su manera de ver a Clarke. Empezó el día rozando el odio hacia ella y lo acabó con una sensación muy distinta y que hacía tiempo no tenía. Eso último, provocado por un simple y estúpido gesto de una mano apartando un mechón de pelo de su cara. Lo que decía, increíble.
Cuando Clarke se marchó de su celda, escuchó cómo Nylah le preguntaba algo y automáticamente se levantó de la cama de un salto, hacía días que se había fijado en como Nylah miraba a Clarke de una manera un poco mas sentimental y en como estaba siempre dispuesta a ayudarla; empezó a sentir esa sensación de rabia-envidia, no sabía bien cual elegir, y disimuladamente se asomó por el cristal de la ventanita de la puerta de su celda, no alcanzó a escuchar la corta conversación que mantuvieron, solo vio como Nylah miraba a Clarke con esa repelente sonrisa y Clarke se la devolvía. En un movimiento ambas miraron hacia su dirección y se apartó lo más rápido que pudo a la vez que soltaba un "joder" en voz baja.
Había salido el sol y aun estaba despierta y tumbada en la cama, decidió que ya era hora de levantarse. Hizo el mismo ritual de siempre, pié derecho y después pié izquierdo, no iba a volver a cometer el mismo error del día anterior, sería maniática pero no tonta. Después de asearse y cambiarse el uniforme, salió de su celda. Allí no había nadie, era la hora del desayuno así que estarían todas en el comedor.
Se acercó a la celda de Luna, le parecía raro que su amiga se hubiera marchado sin ella a desayunar. Cuando se asomó por la ventana de su celda se quedó a cuadros. Luna estaba sentada en el suelo al lado de su cama, con las piernas cruzadas, la cabeza agachada y los pelos aun más revueltos de lo normal; la veía gesticular nerviosa y susurraba cosas que no lograba descifrar. Por el suelo se veían tampones esparcidos por todos lados y un rollo de papel higiénico desenrollado por completo; "Pero, ¡¿Qué hace?!" Al parecer Luna había creado pequeños muñequitos con lo que parecía papel higiénico mojado. Vio como en ese momento metía dos de los monigotes en la caja de tampones vacía con el título de "Peluquería Emori" escrito con sangre, al grito de: "¡MORIR, BASTARDAS!" a la vez que alzaba sus brazos en modo celebración con el resto de muñequitos en sus manos.
La situación parecería de lo más adorable, como ver a un niño jugar con sus juguetes felizmente, excepto porque la realidad más absoluta era que Luna jugaba, sí, pero a planear una muerte lenta y dolorosa a Em y su mamut, quemadas vivas en su peluquería y el resto desde fuera observando cómo ardían y celebrándolo. Escalofriante. Era urgente conseguir que su amiga se tomara las pastillas de una vez por todas.
Entró sin llamar y Luna se giró de golpe clavando los ojos en los suyos. Si Luna pudiera echar fuego por los ojos ella ya estaría más que carbonizada. Se acercó con miedo y muy despacio, por si en algún momento Luna se abalanzaba a cual depredador. Con cuidado cogió las dichosas pastillas que se encontraban al lado del wáter y se las tendió junto con un vaso de agua que previamente había llenado, y una vez más, su amiga las rechazó, así que se las guardó por si más tarde lograba convencerla, sino tocaría el plan B y no quería recurrir a él, no quería más golpes y sabía perfectamente que ese plan acabaría con ella sangrando por algún lado de su cuerpo.
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Estaban desayunando en la mesa en la que siempre se sentaba desde que ingresó en Azgeda, la última a la izquierda, su silla era la tercera de la parte derecha, a Luna le dejaba libertad para elegir silla pero no mesa. Demasiado riesgo. Ese día, Luna había decidido sentarse justo a su lado, así que ahí estaban las dos, sentadas una al lado de la otra comiendo unos huevos revueltos con bacon, con un zumo de naranja y de postre un flan. Mientras se metía el cuarto tenedor de comida en la boca se dio cuenta de que Luna no dejaba de mirar un punto fijo, siguió su mirada hasta llegar a su destino, Emori y Echo, ellas le devolvían la misma mirada y, además, añadían gestos amenazantes. Que Dios las cogiera confesadas. Se santiguó besándose el dedo pulgar e índice.
-Luna, venga, come y vayamos al economato, tengo que comprar unas cosas y quiero que me acompañes -Le dijo mientras le sacudía el brazo para que le prestara atención.
-¿Crees que será legal enterrar un cadáver en el jardín? -Le preguntó sin apartar la vista de esas dos.
Había seguido todas sus rutinas desde que se levantó: pie derecho, pie izquierdo, última mesa de la izquierda, tercera silla de la derecha, entonces ¡¿Por qué?! ¡¿Qué había hecho mal, Señor?!
-No, pero igualmente enterraré el tuyo como no te comas el desayuno -Se puso seria, no le dejaba otra opción.
Y entonces sucedió el milagro, Luna empezó a comer sin mediar palabra. Se terminó todo lo de la bandeja sin apenas respirar ni masticar, estaba engullendo a cual ave rapaz. Pero era demasiado bonito para ser cierto, en un despiste de un parpadeo más largo de lo habitual, Luna tenía empuñado el tenedor con el que había engullido su comida y se estaba levantando con la mirada fija en el mismo punto de antes. Resopló mientras se levantaba, cogió a Luna por los hombros girándola sobre sus propios pies y cuando sus miradas se encontraron la amenazó.
-Como no dejes de comportarte como una psicótica queriendo asesinar y quemar reclusas, destruiré todas tus novelas. Avisada estás -La amenazó con el dedo apuntándole a la cara.
Luna cesó su intento de acuchillamiento con tenedor y se sentaron de nuevo en sus respectivos sitios. Mientras terminaba lo que quedaba en su plato y Luna observaba la cuchara de su postre con mucho detenimiento, Nylah hizo acto de presencia y se sentó frente a ellas con su bandeja del desayuno.
-Buenos días chicas, ¿habéis visto a Clarke? No la he visto en toda la mañana -Dijo la repelente de Nylah.
-No la hemos visto, cuando anoche me llevó a mi celda y me arropó en la cama no mencionó nada -Le contestó de forma despreocupada devolviéndole la sonrisa.
Nylah cambió su sonrisa repelente por un semblante serio, su gesto de cara cambió por completo, su mirada daba miedo, mucho. Y claro que lo había dicho para fastidiarla un poco, pero solo un poco, tampoco era para tanto. Menos mal que a los pocos segundos volvió a sonreír y sin saber cómo volvió a la normalidad.
-Vaya, si que le gusta arropar a sus compañeras, a mi también me arropó una noche -Dijo Nylah con una falsa sonrisa en la cara.
Eso le dolió, no podía negárselo a ella misma a esas alturas, ya había asumido sus sentimientos hacia esa molesta pero adorable rubia. Se levantó mientras miraba fijamente a Nylah a los ojos, se dio media vuelta y salió del comedor con Luna pisándole los talones.
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Iban hacia el economato, necesitaba sus cremas de cuerpo y cara, estaba en la cárcel, pero su esencia era la misma fuera que dentro y otra cosa no, pero le gustaba cuidar su cuerpo casi tanto como a un hijo, en su caso casi tanto como a La Señora Popitas. Estaba metida en sus propios pensamientos enfrentándose a esa frase que le torturaba el alma "Vaya, si que le gusta arropar a sus compañeras, a mi también me arropó una noche". Siguió con su tortura mental, "Si a ti te manoseó toda solo para conseguir un fin, perfectamente puede ir arropando reclusas". No soportaba pensar que Clarke tuviera esa doble cara, ¿Como era posible que la misma chica que abrió su corazón contándole cómo echaba de menos a su difunta pareja, cuánto quería a su mejor amiga y sobretodo cómo le colocó ese mechón de pelo detrás de la oreja, fuera luego una acosadora arropadora de convictas?
Llegaron al economato, estaban en la cola esperando su turno y no podía dejar de pensar, al final le había salido cara la jugada de fastidiar a Nylah y a cambio se había llevado un calentamiento de cabeza que le duraría todo el día. No sabía porqué de repente sus pensamientos solo se centraban en Clarke, Clarke y más Clarke, sentía que con ella todo se le iba de las manos, el intentar dejar de pensar en ella provocaba un efecto boomerang y solo conseguía que a la vuelta la realidad le golpeara con más fuerza. Quizá era buena idea hacer una llamada a Melanie o Berta, siempre le ayudaban a despejarse, además seguro que lo de Clarke era una simple tontería pasajera y solo necesitaba contárselo a alguien, y ese alguien no iba a ser Luna y menos si seguía sin tomarse su medicación.
-¿Qué tienes que comprar? -Le preguntó Luna que parecía sorprendentemente una persona normal.
-Crema. Solo tengo un bote de cada -Contestó convencida.
-¿La crema es inflamable? -Y ahí estaba otra vez el instinto asesino de su amiga. Puso los ojos en blanco porque cuando a Luna se le metía algo en la cabeza era un imposible intentar sacárselo.
Iba a contestarle, pero al girar la cabeza vio a lo lejos una cabellera rubia, se acercaba hacía su posición y a ella se le aceleraron todos los sentidos de golpe sin poder controlarlos. Instintivamente apartó la vista y se tensó más de lo que hubiese querido. Aún andaba descolocada después de la corta conversación con Nylah y no sabía cómo comportarse con Clarke sin que se le notara demasiado. Eso de disimular o mentir nunca se le había dado nada bien.
-Luna, por ahí viene Clarke, actúa con normalidad -Mierda, es que su amiga actuaba de todas las maneras menos con normalidad, pero era lo normal ¿no? -Vale, Luna, cálmate, actúa anormal. Bueno, actúa cómo quieras y ya está, no me agobies -Se lo soltó de forma acelerada y Luna la miraba como si dentro de su estado de locura quisiera entenderla de verdad.
-Buenos días chicas, ¿Cómo estáis hoy? -Les preguntó Clarke con una sonrisa en los labios.
Se quedó pensando cuál sería la mejor respuesta con los ojos clavados en los de la rubia que la miraba expectante en espera de una respuesta. Clarke había pasado de tener el don de hacerla llorar, al don de dejarla bloqueada solo con su presencia. Así no iba a parecer una persona normal en la vida.
-Al final la normal voy a ser yo -Habló finalmente Luna haciendo que desconectasen sus miradas y Clarke la enfocara a ella -Estamos bien Clarke, tengo el plan de venganza todo bien organizado aquí -Se señaló la cabeza y seguidamente se aproximó a la oreja de la rubia -Lexa va a comprarse sus cremas porque solo le queda una de cada -Le susurraba a la rubia al oído, pero con la intención de que la escuchara ella también -Y ya sabes cómo se pone si no tiene ninguna de repuesto -Luna se colocó el dedo índice en la sien y empezó a dar círculos insinuando que estaba loca. Clarke, ante el gesto, amplió poco a poco más su sonrisa perfecta.
Maldita Luna, le tiraría las pastillas a la cara cuando tuviera ocasión.
-Hola Clarke, no le hagas caso a esta energúmena, aun no he conseguido que se tome la medicación, estoy, estamos, estamos bien. Y por cierto, gracias, gracias por llevarme a enfermería y a mi celda, no sé qué me pasó, supongo que demasiada adrenalina con la situación de Emori y Echo, pero ya está, gracias de nuevo, Clarke -Le respondió sin apenas respirar, sonriendo finalmente por su digna respuesta.
Esperaba haber podido ocultar los nervios a la perfección porque a medida que le respondía, su mente ya iba dos frases por delante procesando el cómo intentar explicar su patético estado de shock sin confesarle que fue su manoseo la que la dejó en ese estado y que se quedó a un poco más de manoseo de sufrir un infarto.
-Lexa, quería disculparme de nuevo por lo que te hice ayer, tendría que haber buscado otra solución, no tenía derecho a arrollarte de esa manera, de verdad, lo siento mucho, yo no soy así, en serio -Clarke la miraba fijamente con tristeza en los ojos.
Dios, que alguien la frenara porque iba a besarla.
-Bueno, no puedo decirte que no me impactó y que no me sentí atacada, pero de verdad, ya está, fue un momento tenso para todas y en esas situaciones no se controlan los impulsos, pura supervivencia, queda olvidado -Le sonrió y le tendió la mano para que Clarke se la estrechara.
Si por ella fuera ya estaría encima abrazándola, tenía esa necesidad de sentirla cerca a todas horas, pero le parecía un gesto demasiado cercano a pesar del manoseo del día anterior. Clarke le devolvió el gesto y estrecharon sus manos sonriéndose mutuamente de forma tímida.
-Pues ya está, solucionado -Soltó su mano porque tenerla cogida ya le estaba quemando un poco -Por cierto, Nylah te buscaba, se la veía muy contenta hace un rato diciendo que la arropaste una de estas noches...
Menuda pringada eres, Lexa, tenías que soltarle lo de Nylah, no podías estarte calladita, solo te falta un cartel luminoso que diga "Celos, son puñales que se clavan..." con la melodía de fondo y todo. Pero es que realmente necesitaba saber si era verdad, pensar en que Clarke tenía esas dos caras le revolvía todo.
-¡¿Cómo?! Hablaré con ella porque obviamente no he arropado ni a Nylah ni a nadie -Clarke lo dijo molesta y a ella internamente solo le faltaba bailar porque ya estaba cantando el "We are the champions". Enseguida vio como la cara de Clarke se tornaba un poco roja -Bueno... -Se puso aun más roja mientras la miraba fijamente a los ojos -Esto...
-Reclusa Griffin, necesito que me acompañe, la gobernadora quiere verla -La agente Ontari hizo acto de presencia y cortó todo contacto visual entre ellas. La maldijo internamente porque quería, deseaba, que Clarke acabara la frase, y porque le gustaba perderse en esa mirada azul intensa que esta vez le regalaba de forma tímida, única y exclusivamente a ella.
Clarke abrió los ojos de par en par, se reflejaba el susto y los nervios en su mirada. ¿Sería por la tarjeta del agente Blake? ¿Por algo relacionado con su apuñalamiento? Se dijo a si misma que si en algún momento tenía la oportunidad de preguntarle qué pasó con el agente, se armaría de valor y lo haría, ella había llegado a la escena cuando ya había pasado todo y quería saber cómo sucedió todo, a fin de cuentas también estaba metida en el ajo.
Se quedó contemplando cómo se alejaba, pensando en lo mismo que rondaba su cabeza esa mañana, sus manos encajaban jodidamente bien, y ella no era de decir tacos, pero con Clarke todo era distinto e intenso y sin querer le salían solos. Su mano cálida y suave, la misma que la había manoseado horas atrás y que poco la había podido disfrutar. Ahora deseaba que Clarke volviese a necesitar de sus servicios y quisiera que le pegara de nuevo, para poder resistirse de nuevo, y volver a revivir la escena, pero esta vez sin perder detalle y participando un poco.
-Lexa, ¿y la crema "pa" cuando? -Su amiga Luna la despertó de aquel bonito pensamiento cantándole al ritmo de Jennifer López, porque ya era su turno y la encargada del economato esperaba impaciente.
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Volvían a las celdas de hacer sus compras, ella ya tenía sus cremas y Luna, bueno, Luna al final no había comprado nada. Más bien no la había dejado comprar nada, porque sabía perfectamente que todo lo que elegía era parte de ese plan de venganza suyo.
Menos mal que después de salir del economato pudo convencerla de que tomara por fin su medicación, se acercaron a una de las fuentes de agua que había por los pasillos y le tendió las pastillas que su amiga aceptó sin más. La revisó bien a fondo después, por si otra vez hacía de las suyas, pero todo parecía correcto.
Ya habían dejado las cremas en su celda y tocaba turno de trabajo, tanto Luna como ella trabajaban en la lavandería, lugar que compartían con otras reclusas, entre ellas Emori, ama y señora de la plancha, y su mamut, Echo. Luna usaba la máquina de coser y ella doblaba la ropa entre otras labores.
Luna cosía mientras tarareaba la melodía de la película "Kill Bill", movía con ritmo la cabeza y agitaba sus rizos con ímpetu. Tuvo que sonreír al verla porque estaba algo loca de verdad, pero era como un niño pequeño algunas veces, y le alegraba los días de esa forma tan adorable.
Ensimismada y animándose a seguirle el compás a Luna, no se dio cuenta en qué momento Emori y el mamut desaparecieron, en la plancha estaba otra del grupito calavera y allí no había rastro de los otros dos cuerpos tristes. Se acercó a Luna y la agarró del brazo para salir de allí en busca de esas dos sin que el agente que vigilaba las viera.
Una vez fuera, las vieron a lo lejos, al final del pasillo. La situación era rara, porque Emori jamás cedía su querida plancha y porque en horas de trabajo no podían moverse de sus puestos tan a la ligera. Quizá se buscaban unos días en aislamiento, pero le podía la curiosidad, necesitaba saber qué planeaban esas dos teniendo en su poder una tarjeta que abría todas las puertas. Ya podrían usarla para largarse de allí y dejarlas en paz.
Andaban por los pasillos sigilosas sin perder el rastro de la peluquera y su mascota. No había hecho falta intercambiar palabra con Luna, ambas sabían cual era el objetivo de estar allí, ademas su amiga parecía que ya pensaba con más claridad, que estuviera en silencio era una buena prueba de ello.
Pararon de golpe al ver como aquellas dos se paraban a charlar con el agente Murphy, los tres miraron hacia ambos lados como asegurándose de que allí no había nadie que los viera. Suerte que estaban a bastante distancia y desde allí no podían verlas. Después de intercambiar algunas palabras, Murphy atravesó las dos puertas de seguridad que daban a parar al pasillo de enfermería, viendo como entraba en ella. No tardó en volver a salir acompañado del Dr. Titus y ambos se perdieron por el pasillo contrario al que se encontraban Emori y Echo.
En cuanto se perdieron de vista, Emori y Echo usaron la tarjeta del agente Blake y atravesaron las mismas dos puertas que el agente Murphy había atravesado anteriormente. Echo se ocupó de coger una fregona y con el extremo del palo alcanzo a desviar la única cámara de seguridad que enfocaba a la enfermería, Emori no tardó en adentrarse en ella mientras Echo vigilaba fuera.
-Menuda vigilancia -murmuró, y ambas soltaron una risita.
Emori no tardó en salir, y rápidamente volvieron a dejar la cámara en su posición y atravesaron las dos puertas de nuevo. No lograba distinguir lo que se metía en los bolsillos desde aquella distancia.
-Tijeras y jeringuillas, y puede que algún bisturí también - Enumeró Luna.
Menuda vista de lince se marcaba la tía.
-Esto no me gusta Luna, vamos, volvamos al trabajo antes de que alguien nos descubra, luego buscaremos a Clarke.
-Tendríamos que haberlas quemado, ya os lo vengo advirtiendo y ni caso a la loca.
Y hasta aquí el octavo capítulo de Azgeda. ¿Qué os ha parecido?
¿Qué creéis que traman Emori y el mamut? ️
¿A quién más le encanta esta Luna pirómana? ️️
Ya vamos viendo sentimientos por parte de Lexa bastante claros, ¿Creéis que serán correspondidos?
Quizá estas próximas dos semanas haya variaciones respecto al día de publicación, se acerca el Fan Fest como algunas sabréis y estaremos por allí dándolo todo, entre otras cosas. Perdonadnos
Abrazos perezosos para todxs.
