El impacto de la noticia de la muerte de Emori había alcanzado ya todos los rincones de Azgeda. Todo el mundo hablaba de aquello, una de las líderes había muerto y se había creado más drama que en un culebrón mejicano. Quedaba Octavia, pero hasta ese momento había más reclusas que habían apoyado el liderazgo de Emori, por lo tanto, tendrían que hacer una votación justa para elegir a quién preferían las reclusas a su mando.

La manera de morir de Emori era sospechosa, todo el mundo sabía que solo se dedicaba a traficar con la droga, no la consumía, pero ninguna reclusa tenía la información de si la gobernadora estaba investigando su muerte o, por el contrario, lo dejarían como un accidente más por sobredosis.

Se había corrido la voz para las votaciones y estaban todas las reclusas reunidas en el comedor debatiendo quién sería la siguiente líder. Una de las más aclamadas era Octavia, todas habían comprobado en alguna ocasión de qué era capaz la morena, y no cabía duda de que era una de las favoritas; su competencia se llamaba Lucy, del bloque B2, no era muy popular, pero la mayoría de las seguidoras de Emori ya se habían decantado por ella.

A su derecha, apoyando un brazo en su hombro, se encontraba Luna observando en silencio todo el caos atentamente; a su izquierda, tenía a Allie y a Kim que hablaban entre ellas despreocupadas; y justo al lado de estas últimas, se encontraban Nylah y Clarke acarameladas.

Había intentado no mirarlas para no sufrir esas arcadas internas que le daban cada vez que las veía con sus tonterías y sus carantoñas, pero le resultaba demasiado difícil dejar de observar a la rubia de ojos azules que ahora llevaba un mechón fucsia en el pelo haciéndola ver aún más sexy, y aún le resultaba más difícil intentar mantener a raya las miradas de odio que le salían al mirar a Nylah. La muy mamarracha había conseguido el corazón de Clarke hasta tal punto que la había rechazado a ella la noche anterior con ese Cuando Nylah vuelva ya me ayudará ella, le dolió a niveles inconmensurables, aunque luego se armó de orgullo y valor porque no estaba dispuesta a perder la oportunidad de pasar tiempo a solas con la rubia. Desde que había empezado la relación con Nylah era casi imposible encontrar un momento a solas con ella, aquella maldita lapa la acaparaba a todas horas.

Y entonces lo recordó de nuevo, "El Momento", así es como lo tenía guardado en su cerebro.

El día anterior en su celda tenía los ojos de Clarke clavados en su cara mientras la curaba, revolucionando todos sus sentidos y poniéndola aun más nerviosa; estaban muy cerca y su olor estaba afectando a su capacidad pulmonar, el calor que desprendía la estaba quemando, y su respiración rozando su mejilla le estaba nublando el raciocinio. A esa distancia todo se magnificaba por mil, y a ella deberían darle un premio de los grandes por su autocontrol, porque cuando desvió su mirada por primera vez hacia el corte de la rubia, vio esos pechos jodidamente perfectos, dignos de ser la octava maravilla del mundo, y tuvo que controlar sus instintos más primarios y sepultarlos en lo más profundo de su ser.

-Jesús bendito -Susurró agitando la mano delante de su cara para proporcionarse el aire que le estaban faltando a sus pulmones.

Había elegido el nombre correcto para almacenarlo en su cabeza, porque menudo "El Momento" que vivió en su celda.

No pudo evitar sonreír al recordar la cara que puso Clarke cuando le echó el chorro de desinfectante sobre el corte. Un escalofrío le recorrió el cuerpo al pensar en las posteriores carcajadas de la rubia, porque Clarke riéndose se había convertido en su pasatiempo favorito, aquella risa junto con el color de sus ojos creaban una mezcla demoledora. Le dieron ganas de dejarse llevar, quitarse de encima ese peso y decirle que cada vez que la veía con Nylah le quemaba un poco el corazón, que ella también podría mirarla como lo hacía la otra, incluso mejor, que no tenía ni idea de dibujar en papel pero podría pasarse toda una vida dibujando con los dedos en su piel, y que no sería perfecta pero podría hacer que todo su mundo lo fuera.

Gracias a Dios que la alarma sonó y cortó aquel momento, porque después, pensándolo fríamente en su cama, le parecía un error, un error de los grandes. Confesar aquello solo serviría para empeorar su relación, y demasiado inexistente era ya como para encima empeorarlo. Clarke tenía a Nylah y se la veía feliz, era lo único que importaba, no pensaba meterse en medio, así que lo mejor que podía hacer era asumirlo de una vez y recuperar la relación que tenían.

Los gritos de las reclusas la devolvieron al presente, por acto reflejo buscó a Clarke con la mirada y se la encontró con sus ojos clavados en ella mientras Nylah le contaba algo que no parecía interesarle demasiado. La vio con su ceño fruncido, ese que le encantaba, y no reprimió la sonrisa, porque ya le salían solas y porque quería que supiese que todo volvía a estar como antes.

-Que no se os olvide qué clase de persona era Emori que ya sabemos que pasa cuando uno muere, se le idealiza para toda la vida: era una genia, era querida por todo el mundo, saludaba a todo el barrio... -Enumeraba con los dedos Octavia subida en una de las mesas del comedor –En definitiva, la gente muere y se les pone en un pedestal.

Tenía que reconocer que aunque Octavia nunca había sido de su agrado, tenía toda la razón del mundo. A ella misma le tocó vivir eso con su padre, en algún momento de su vida se volvió un monstruo y cuando murió, efectivamente, lo acabaron poniendo en ese maldito pedestal. Realmente aquel tema la enfurecía, Gustus fue un gran padre hasta que todo cambió, y claro que no lo quería muerto, era su padre, pero tampoco quería que hablaran de él como un gran hombre, porque los últimos años antes de morir hizo cosas que jamás iba a poder perdonar, entre ellas, el que por su culpa había acabado en Azgeda.

Hubo un poco de alboroto con aquellas palabras de Octavia, obviamente las pocas reclusas que quedaban que apoyaban a Emori no estaban de acuerdo con la morena, y las demás, la aplaudían con mucha efusividad haciendo que Octavia se creciera aún más e hinchara el pecho satisfecha. Tenía prácticamente a toda la prisión a favor y lo sabía.

-Conmigo nunca ha habido ningún problema, es cierto que he tenido que tomar medidas drásticas y pido perdón por ello, pero han servido para mantener el orden aquí dentro ¿O no? -Octavia miró por encima a todo el comedor viendo como algunas reclusas asentían y otras la miraban con desprecio -Emori creó un puto motín para su propio interés, y ¿Para qué ha servido? -Preguntó aunque seguidamente respondió ella misma -Para quitarnos los privilegios y encima la muy desgraciada ha muerto y se los ha llevado a su puto ataúd con ella -Sentenció.

Estaba estupefacta ante aquella situación, nunca se hubiera imaginado estar tan de acuerdo con una persona como Octavia, pero es que tenía toda la razón. Nunca le habían gustado mucho sus formas de castigo, pero era verdad que habían servido para reducir un 89,09% los casos de violación, las palizas y el tráfico de drogas. La violación era un tema al que temía desde que entró y cuando vio que los casos iban disminuyendo, no pudo evitar calcular el tanto por ciento de efectividad de sus actos.

Prácticamente todo el comedor empezó a corear el nombre de Octavia mientras daban golpes con las bandejas en las mesas para hacerse escuchar por encima de las pocas que la abucheaban.

Notó como Luna dejaba de apoyarse en su hombro y se giró para comprobar si estaba todo bien. Se la encontró subiéndose encima de la mesa que quedaba en frente de Octavia. Entró en pánico al instante e intentó agarrarla de la camiseta para frenarla en su intento de subida, pero solo consiguió coger la goma del pantalón, y cuando vio que el pantalón cedía mostrando sus bragas de Ladybug, no tuvo mas remedio que dejarla hacer. Buscó con la mirada a Clarke, necesitaba ayuda y sabía que ella se la proporcionaría, pero se la encontró con los ojos aún más abiertos que ella y preguntándole mediante señas si Luna se había tomado la medicación, y ciertamente no sabía si se la había tomado, estaba tan metida en sus pensamientos sobre los sentimientos hacia cierta rubia que descuidó un poco a su amiga.

-Este pozo se agotó hace mucho tiempo, igual que mi tolerancia contra las matonas -Luna encaró con la mirada a Octavia -Y eso es lo que eres, una matona de pacotilla. ¿Por qué no te miras al espejo y aceptas lo que es tu imagen? De verdad te lo digo, Octavia.

-¿Qué coño estas haciendo, Luna? -Le respondió Octavia molesta.

-Lo siento, no hablo malvado -Dijo Luna totalmente calmada continuando con su discurso -Claro que hay orden aquí dentro, todas te tienen miedo ¿No deberíamos poder sentirnos libres ya que estamos aquí encerradas?

A cada palabra que soltaba Luna, más claro tenía que iba a morir a la que bajara de esa mesa, quizá antes, porque Octavia se veía realmente enfadada y en cualquier momento iba a abalanzarse hacia su amiga.

-¡LUNA! Cierra esa maldita bocaza -La amenazó con el dedo Octavia -Lexa, ¿Estás controlando que se tome la medicación? -Le preguntó desesperada.

No le dio tiempo a responder que Luna volvió al ataque.

-Mira como te sale la maldad, la oscuridad te sale de las venas ¿Sabes que te haría bien? Leer esto -Sacó una Biblia de bolsillo -Aunque no creo que Dios te pueda aceptar, no pasarías ni el examen de ingreso.

-Primero, Dios no discrimina, y segundo, ¿Qué examen? -Le respondió Octavia arrepintiéndose al momento de entrar en su juego.

-Primero, pues muy mal que hace porque debería discriminar... te -Señaló a Octavia con el dedo mientras recalcaba esa última sílaba -Y segundo, el examen de ingreso a la fe -Le respondió y seguidamente se giró dándole la espalda para ahora dirigirse a las demás reclusas que se encontraban atentas mirando aquel espectáculo.

-Cantad conmigo hermanas -Pidió Luna a las reclusas -Aaaaa-lee-lu-ya, Ale-lu- A-le-lu-ya, A-leee-lu-yaaa, Aleluya, Ale... Abajo -Señaló con el dedo hacia abajo para que hicieran un tono más bajo -Luuuu...Arriba -Volvió a señalar con el dedo, pero esta vez hacia arriba para subir el tono -Yaaaa.

Se frotó la cara por puro desespero, madre mía, tenía que frenar aquello. Estaba claro que Luna no se había tomado la medicación y estaba desvariando por completo, Dios, es que Octavia las iba a matar a las dos, no tenía ningún sentido su comportamiento contra Octavia, eran compañeras de bloque y siempre se habían apoyado por pura supervivencia. Tenía que coger las riendas de la situación así que empezó a subir a la mesa para hacerla bajar, se frenó cuando escuchó a las reclusas corear el nombre de Luna al unísono, no daba crédito a lo que estaba pasando. Enfocó a Luna de nuevo y se la encontró con los brazos abiertos y estirados hacia arriba, con la cabeza echada para atrás y una risa maquiavélica. Tuvo que volver a bajar porque empezaba a sentir como le fallaban las piernas y los brazos, y empezaba a perder el equilibrio. En pocos segundos, notó a Clarke a su lado sujetándola por la cintura preguntándole si se encontraba bien.

-Clarke, tenemos que parar esto, Octavia nos va a matar y Luna no puede ser líder de nada ¿Es que nadie lo ve? -Le preguntó a la rubia mientras se le iban cerrando los ojos lentamente.

XXX

Cuando volvió a abrir los ojos lo primero que visualizó fueron unos caballitos de mar fucsias ¿Había muerto? ¿Esa era la famosa luz que te guía hacia el cielo? Quizá se habían modernizado y ahora usaban dibujos personalizados para cada alma que subía, la verdad es que eran bonitos, realmente le transmitían paz y tranquilidad. Mientras debatía si ir hacia los caballitos apareció la cara de Clarke en su campo de visión y la sobresaltó.

-Dios Santo, qué susto, Clarke -Dijo colocándose una mano en el pecho. Intentó incorporarse, pero la mano de Clarke en su hombro se lo impidió -¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado?

-Tranquila, no te levantes, estamos en mi celda. Te has desmayado en mitad del espectáculo de Luna, que por cierto, te has perdido la mejor parte; y te hemos traído directamente aquí, ¿Cómo te encuentras? -Dijo con tono preocupado.

-Creo que bien, últimamente me he sentido algo cansada -Le respondió dubitativa -Hace un par de semanas Titus me cambió la medicación, se suponía que me ayudaría a evitar que me dieran los ataques de ansiedad tan seguidos, pero creo que no está funcionando muy bien -Le sonrió para quitar seriedad al asunto.

-¿Sabes lo que hago yo cuando necesito despejarme? Dibujar -Clarke alzó la vista y con una sonrisa enfocó aquel dibujo del techo -Debes buscar tu vía de escape de otra manera distinta a las pastillas -Le dijo mirándola de nuevo.

-¿En serio lo has dibujado tú? -La miró sorprendida.

-¿Qué esperabas? Estas manos saben hacer muchas cosas -Dijo con sonrisa pícara mientras alzaba repetidas veces las cejas.

Negó con la cabeza soltando una carcajada y enfocó aquel dibujo del techo para evitar que sus instintosmás primarios le jugaran una mala pasada y se abalanzara a los labios de la rubia. Menuda era Clarke Griffin.

Estaba admirando aquel dibujo y podía sentir como la volvía a mirar de esa manera que la ponía nerviosa, otra vez. Estaban en silencio, y aunque era bastante cómodo, decidió hablar mientras seguía admirando aquella obra de arte.

-Hace unos meses murió mi padre -Desvió un instante su mirada hacia Clarke, y vio que la observaba sin decir una palabra con ese ceño fruncido tan adorable, animándola a que continuara -Hacía años que tenía controlada la ansiedad, pero entre que me encerraron aquí y la muerte de mi padre, todo en mi interior está patas arriba, las necesito, Clarke, no sé cómo evitar que ocurra ni tampoco cómo calmarme sin recurrir a las pastillas -Empezaron a caerle las lágrimas que estaba reteniendo.

Clarke se sentó en la cama junto a ella para poder limpiarle, con la ayuda del pulgar, esas lágrimas que resbalaban por su mejilla mientras le regalaba una sonrisa y una mirada llena de ternura. Dios, le iba a dar un paro cardíaco.

-Lexa, lo siento muchísimo -Le acarició la cara con el mismo pulgar con el que le secaba las lágrimas - Es inevitable pasar por situaciones difíciles a lo largo de la vida, pero siempre es más llevadero con alguien al lado, y si tu quieres y me dejas, puedo ser ese alguien -Le dijo sin perder esa sonrisa.

Aquella Clarke le estaba encantando y le estaba dañando a partes iguales, cada día descubría cosas de ella que le gustaban más y poco a poco se estaba convirtiendo en su perdición. Mientras procesaba sus palabras y lidiaba con esas malditas mariposas de su estómago, Clarke volvió a hablar.

-Ven aquí, anda -Le dijo rodeándola con los brazos.

Le costó unos siete segundos reaccionar, su mente aún no había asimilado que Clarke la estaba abrazando de esa manera que la derretía por dentro. Cuando finalmente sus neuronas volvieron a conectar con su cuerpo, volvió a respirar y le rodeó la cintura con ambos brazos, la estrechó contra su cuerpo y, con sumo cuidado de no ser descubierta, inspiró el olor de su pelo apuntándolo mentalmente en el apartado de "Cosas que me encantan de Clarke", por debajo de su risa y justo al lado del color de sus ojos.

-Vaya, voy a tener que recurrir a esto cada vez que me de un ataque -Soltó y ambas rieron aun abrazadas -Esto sí que me calma, gracias, Clarke -Suspiró y cerró los ojos sintiendo más ese abrazo.

-¿Alguien me puede explicar qué está pasando aquí? -Nylah hizo su entrada triunfal dejando notar su molestia en el tono de su voz.

Se soltaron del abrazo rápidamente, no era más que un simple abrazo, pero a ella en particular seguro que se le leía en la frente un "ME MUERO POR CLARKE", claro, conciso y en mayúsculas por si quedaba alguna duda, aunque parecía que la implicada no se estaba dando cuenta.

-Ey, relájate cariño, se había desmayadoy simplemente me estaba dando las gracias por haberla ayudado -Respondió Clarke con tranquilidad, claramente mintiendo, pero agradecía que la rubia no le contara a su novia sus cosas personales.

-Ya se que se ha desmayado, te he ayudado a traerla aquí ¿Recuerdas? -Respondió Nylah con un tono un tanto prepotente -Volvía para decirte que al final las líderes serán Octavia y Luna. Menos mal que Alice ha intervenido y ha puesto coherencia sino salía líder en solitario Luna -Continuó con un claro tono molesto.

-¡Gracias a Dios! Era una locura que quisieran a Luna de líder, iba a intervenir yo, pero Lexa se desmayó... y bueno... ya sabes... -Le respondió Clarke intentando mantener la calma ante las malas maneras de su chica.

Casi podía palpar la tensión que había en la celda, mientras Clarke mantenía su sonrisa perfecta, Nylah parecía un gato de escayola, tiesa, pálida y con una mirada indescifrable. Le estaban dando escalofríos con la mirada de Nylah, la verdad, así que decidió romper ese tenso momento.

-Me sentía mal y Clarke solo intentaba ayudarme. Gracias por traerme también y tranquila, yo ya me voy, debo ir a la enfermería a ver a Titus. Tienes suerte de tener una novia como ella, Nylah -Decía mientras se terminaba de levantar de la cama y le regalaba una sonrisa sincera a Clarke y su sonrisa más falsa a Nylah.

-Sé la suerte que tengo, no hace falta que nadie me lo recuerde -Soltó Nylah siguiendo con sus malas maneras.

-¡Nylah! -Gritó Clarke molesta y sorprendida.

-Lo dicho, me voy -Se encaminó hacía la puerta.

Nylah estaba de pie delante de la puerta, no se había movido de esa posición desde que había aparecido. En su intento de salir, Nylah no solo no se apartó sino que además golpeó su hombro con el suyo y la amenazó por lo bajo con un "ándate con ojo, bicho palo" mientras le clavaba una mirada asesina. Salió de la celda sin tan siquiera mirarla y cuando se había alejado ya un par de metros, escuchó a una incrédula Clarke reprochándole a Nylah su actitud.

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Había ido a darse una ducha, necesitaba un respiro después del altercado con Nylah, en ese momento se dirigía a la enfermería para hablar con Titus y ponerle remedio al tema de las pastillas, para que se las cambiara de nuevo o simplemente pedirle dejar de tomarlas durante un tiempo. El remedio de Clarke para combatir la ansiedad le gustaba, y ojalá tuviese los brazos de la rubia para cobijarse en ellos cada vez que lo necesitara, pero estaba más que claro que iba a ser un imposible, no quería acabar muerta por los celos de esa descerebrada, así que pensaría otra forma de superarlo sin arriesgar su vida.

-Hola, ojitos verdes -Escuchó la voz de Clarke a su lado y giró su cabeza para enfocarla sin dejar de caminar.

Le hubiese gustado regalarle la sonrisa que estaba reteniendo, porque ya era la segunda vez que la rubia la seguía por esos pasillos y porque era la primera vez que la llamaba así y le encantaba; pero no quería meterla en problemas con la amargada de Nylah y mucho menos quería morir tan joven.

-¿Qué haces aquí? -Dijo con el tono más serio que pudo.

-Acompañarte a la enfermería -Soltó despreocupada y sonriente.

-No necesito niñera, Clarke. Y tampoco quiero problemas con tu novia.

-Eh, lo siento, ¿Vale? -Se adelantó a su paso y se puso frente a ella andando hacia atrás -No sé qué le ha pasado, ella no es así, en serio. Ha sido un malentendido, pero ya he hablado con ella y está todo arreglado.

-Hasta que vuelva a pasar... ¿Tú la has visto?

-No volverá a pasar, te lo prometo.

-¡JA! -Exclamó irónicamente -No prometas cosas que no puedas cumplir. Por si acaso, prefiero ir sola, gracias.

-Está bien, tú ganas -La vio encogerse de hombros y parar su avance, pero la muy tonta seguía con una sonrisa dibujada en su cara.

Negó con la cabeza intentando evitar que le saliera la sonrisa que estaba intentando reprimir de nuevo. Clarke era muy tonta y a ella le encantaba. Pasó por su lado y la dejó atrás sin decir nada más, era lo más prudente aunque se muriese por seguir a su lado.

Iba por el antepenúltimo pasillo que la llevaba hasta la enfermería analizando cada palabra que acababa de mantener con la rubia, algo la alarmó, notaba una presencia y eso la hizo ponerse muy nerviosa. Ahí dentro si alguien te acechaba era para asaltarte sexualmente o para acabar con tu vida. Reunió todo el valor que pudo y se giró poco a poco con el corazón a punto de explotarle, encontrándose a la rubia a unos metros detrás de ella.

-¡Dios, Clarke! ¿Qué estás haciendo ahora? -Le preguntó exasperada.

-No vayas a pensar que te estoy siguiendo, eh. Es que vamos hacia la misma dirección -Respondió Clarke soltando una risita.

-Menuda caradura estás hecha -Se rio porque ya no se pudo contener -Espero que sea cierto -Le dijo amenzante recuperando la seriedad en sus palabras.

Volvió a darle la espalda, no quería perder más tiempo, aunque tenía que reconocer que el juego que se traía entre manos Clarke le estaba gustando demasiado. Sabía perfectamente que la estaba siguiendo y que una vez llegara a la puerta de la enfermería, la rubia se inventaría cualquier tontería para meterse en la consulta con ella, y para qué engañarse, lo estaba deseando.

Estaba parada frente a la enfermería, antes de golpear la puerta miró disimuladamente para intentar visualizar donde estaba Clarke. La inundó una sensación de tristeza al ver que ya no la seguía, estaba segura al 100% que la rubia estaba haciendo todo ese paripé para acompañarla a la enfermería. Suspiró y finalmente golpeó la puerta. Escuchó a Titus darle permiso para entrar, y cuando se dispuso a abrir, una mano apareció desde detrás abriendo la puerta por ella y empujándola suavemente hacia dentro. Se giró un poco asustada, pero se relajó rápidamente al ver que era Clarke regalándole una sonrisa y un guiño de ojos.

¿Había dicho ya que le encantaba mucho?

"Clarke Griffin, tú eres mi vía de escape".

Y aquí os dejamos otro capítulo de Azgeda. Ha venido con retraso, pero keep calm, aquí lo tenéis con todo el fin de semana por delante.

Octavia y Luna las líderes, ¿Qué os parece? ¿Alguien se lo esperaba?

Y nuestra pobre Lexa en su línea, desmayándose por donde va. Estaremos pendientes de su evolución, tranquilxs ?

Empezamos a saber cosas del pasado de Lexa ?

Nylah empieza a ser un poco celosona... ?

Un abrazo perezoso a todxs!