Ya era martes y aún no tenían la maldita droga, Lexa cada vez estaba peor y aún no sabía nada del trato con Jasper. Para rematar, otra vez había dormido sin Nylah a su lado. Se le acumulaban los problemas y las preocupaciones y no parecía solucionarse ninguna por más que le daba vueltas. Y como ya llevaba haciendo un par de días, volvió a optar por quedarse tumbada en la cama mirando a esos caballitos de mar del techo de su celda antes de levantarse para comenzar un nuevo y asqueroso día.
Cómo ha cambiado mi vida desde que te fuiste, Álex
Suspiró.
Habían pasado demasiadas cosas en ese corto tiempo dentro de Azgeda y Álex seguía siendo una vía de escape perfecta, le reconfortaba saber que si su recuerdo seguía tan presente era porque ella seguía a su lado, apoyándola y ayudándola de la manera que lo hicieran ahí arriba.
Escuchó unos golpes en la puerta y dio permiso a quien fuese sin preocuparse mucho de quién fuera en realidad. Aunque si tuviese que adivinar, descartaba que fuese Luna, porque nunca esperaba que le dieran permiso, ella daba un par de golpes a la puerta y entraba sin más, era mujer sin Ley.
-Clarke, cariño, ¿podemos hablar? -Dijo una Nylah bastante suave en comparación con las últimas veces que habían hablado.
-Claro, ven, acuéstate a mi lado.
Nylah se acercó y se acomodó a su lado cuando ella le tendió su brazo.
-Echaba de menos esto -Suspiró Nylah.
-Yo también -Le contestó ella.
-La quieres, ¿verdad? -Soltó de repente Nylah y ella la acompañó con un suspiro muy diferente al que había dado su novia instantes antes. No hacía falta que especificara de quién hablaba porque el tema Lexa había monopolizado prácticamente todas las conversaciones desde hacía un tiempo.
Y es que a veces llegaba a dudarlo, tanto repetírselo hacía que se lo planteara una y otra vez buscando una respuesta que al parecer nunca era suficiente. La diferencia era que al inicio de toda aquella duda buscaba las palabras adecuadas para calmar la preocupación de Nylah, y ahora buscaba las respuestas para ambas.
-¿No te das cuenta que la mencionas tú más que yo? -Preguntó en tono neutro, porque empezaba a cansarle el tema, pero tampoco quería empezar una nueva discusión ahora que parecía que todo iba a volver a la calma -A ver si vas a ser tú quien la quiere -Empleó un tono divertido esta vez.
-No me has contestado, Clarke -Obvió su broma.
-Joder, Nylah, es que no sé ya cómo decírtelo -Dijo mientras se incorporaba y se deshacía del abrazo que compartían -Siempre es la misma pregunta y la misma respuesta, ¿qué esperas que te diga? Dímelo y acabaremos antes -Soltó algo molesta.
Empezaba a cansarle tanto insistir, parecía realmente que buscaba una respuesta afirmativa a la dichosa pregunta. Y claro que se comportaba con Lexa de manera diferente al resto, sin saber cómo tenía la imperiosa necesidad de que la castaña estuviese bien, pero eso ya se lo había explicado muchas veces.
-¡Quiero que me digas que me quieres a mí! ¡A tu novia! No dejo de tratarte como una reina, hago lo que me pides, te respeto siempre, te cuido, te entiendo, y aún así parece que nunca es suficiente porque tu prioridad siempre es ella ¡Lexa, Lexa, y más Lexa! ¡JODER! -Gritaba Nylah con la cara desencajada y cayéndole alguna lágrima.
-Ey, cariño, tranquila -Se acercó a ella para intentar tranquilizarla -Sabes que eso no es así -Le dijo cogiéndole la cara con ambas manos y secándole las lágrimas con los pulgares mientras la acariciaba.
-Clarke, llevamos tres días sin hablar y no solo no me has buscado, sino que ni si quiera te has dado cuenta -Rompió a llorar y ella le abrazó. Se sentía bastante mal, porque en parte tenía mucha razón, pero es que también había tenido la cabeza llena de dramas y preocupaciones.
En ese momento llamaron a la puerta así que Nylah terminó con aquel abrazo e intentó limpiarse las lágrimas lo más rápido posible para que la dueña de esos golpes no la viera en esa situación, descartando, otra vez, la posibilidad de que fuese Luna.
-Joder con el overbooking -Resopló -Adelante -Dijo en un tono elevado terminando de limpiarle las lágrimas a su chica.
La puerta se abrió hasta la mitad dejando asomar la cabeza de Jasper.
-Perdón, chicas, no quiero molestar pero necesito a Clarke -Dijo el agente mirándola fijamente a los ojos -Tienes que acompañarme al despacho de la gobernadora, es importante.
Quiso levantarse de un salto e ir corriendo hacia Jasper y hacia ese maldito despacho, pero no quería hacer sentir peor a su chica, así que se armó de serenidad, cogió aire y tranquilamente se levantó.
-Ahora mismo salgo, Jasp -Le respondió, él asintió y seguidamente cerró la puerta para dejarles intimidad -Cariño, después seguimos hablando del tema -Le dijo a Nylah agarrando de nuevo con ambas manos su cara y, cuando consiguió que la mirara a los ojos, continuó -Te quiero, ¿vale? Y es cierto que te he descuidado un poco, pero te lo compensaré -Le prometió sin dejar de mirarla a los ojos.
-Me gustaría creerte, Clarke, de verdad que sí, pero son muchas cosas ya y hasta que no lo vea no quiero hacerme ilusiones de nuevo... -Le respondió Nylah con tono abatido.
-Ve haciéndotelas, siempre cumplo mis promesas, guapa -Le dijo en tono chistoso sacándole la lengua y consiguiendo, por fin, una sonrisa de su chica.
Salió de su celda y en seguida visualizó a Jasper sujetando por la cintura a una Lexa totalmente pálida y sin fuerza para mantenerse en pie. Se quedó paralizada al ver tan mal a la castaña, sus preocupaciones empezaron a transformarse en miedos porque lo que estaba viendo era para alarmarse de verdad.
-Clarke -Dijo en un susurro el agente intentado evitar que las demás reclusas se despertaran o salieran de sus celdas.
Escuchar su nombre la hizo volver a la realidad.
-Dios, Jasper, está fatal -Dijo mientras se acercaba y la sujetaba también por la cintura.
-Tranquila, ayer hablé con la gobernadora y ya nos está esperando una enfermera en su despacho para hacerle los análisis -La intentó tranquilizar mientras emprendían la marcha hacia ese despacho.
-Espero que no sea demasiado tarde -Dijo con voz temblorosa.
-La vamos a recuperar, Clarke.
Odiaba ver a la castaña en ese estado y odiaba profundamente las dimensiones de esa prisión y la cantidad desorbitada de puertas. Cada día había más, estaba segura.
-Lexa, cariño, cuando estés mejor tenemos que contar las puertas que hay hasta el despacho de la gobernadora, te encanta la idea, ¿verdad? -Le dijo intentando animarla con alguna de sus frases ocurrentes.
Lexa intentó responder algo coherente, pero solo salieron gemidos quejosos de su boca.
Después de lo que le había parecido una puta eternidad, por fin llegaron al despacho de la gobernadora, y sin pedir ningún tipo de permiso, Jasper abrió la puerta del despacho.
-Buenos días, Jas... -Raven dejó la frase a medias cuando vio la cabellera rubia que les acompañaba -¿Qué hace ella aquí?
-Lexa no quería venir si no la acompañaba Clarke... -Le respondió el agente bajando la mirada al suelo ante la dura mirada de su amiga -Es su apoyo en todo este asunto -Concluyó.
Ante la confesión de Jasper el corazón se le aceleró y tuvo que respirar un par de veces antes de hablar.
-Gobernadora, fui yo quien le comentó a Jasper -Carraspeó -Al agente Jasper que Lexa va a peor y el doctor Titus no está haciendo nada al respecto.
Cuando terminó la frase se dio cuenta del gran error que había cometido porque la mirada que Raven propinó al agente fue fulminante.
-Ya hablaremos de esto en otro momento, sentad a la señorita Woods aquí -Raven les indicó con la mirada una de las sillas de su despacho -Por Dios, Woods, estás horrible -Le dijo mientras la ayudaba a acomodarse en la silla.
-Gr... Grac... Gracias... -Agradeció Lexa intentando sonreír a la gobernadora.
-Ella es la doctora O'Connor -Explicó la latina a Lexa, señalando a la otra persona que se encontraba en el despacho con ella -Va a sacarte sangre para saber qué tienes y así proceder a tu recuperación lo antes posible, ¿de acuerdo?
Lexa asintió y estiró el brazo para la extracción, pero cuando la doctora se acercó con todos los utensilios, la castaña levantó la cabeza buscándola con la mirada.
-¿Clarke? -La llamó Lexa en un susurro estirando el brazo libre en su dirección y ella perdió otro latido ante su reclamo. Se la veía realmente mal, le rompía el corazón verla así y le hacía muchas cosas por dentro que para la castaña su presencia y su apoyo fuesen tan importantes como parecía.
-Estoy aquí, cariño, tranquila -La reconfortó acercándose a ella y cogiéndole la mano.
-No sé cómo nadie se ha dado cuenta de esto antes -Decía Raven mientras la doctora le extraía sangre a Lexa. Aunque más bien parecía decírselo a ella misma que al resto de los presentes -No entiendo cómo ha podido ocurrir, pero encontraré los motivos -Continuó diciendo indignada, esta vez enfocando a Jasper.
-Es difícil darse cuenta, no se torture -Intervino -Usted no convive con ella las veinticuatro horas del día como yo.
-Además, los síntomas claros de que algo pasa están apareciendo ahora -Aportó Jasper -Hasta ahora Woods presentaba normalidad.
-Quitando que se ha desmayado dos veces y que no dejaba de quejarse de lo agotada que estaba... -Intervino de nuevo ella -Sí, presentaba normalidad.
Ante sus palabras la doctora que ya prácticamente había terminado con Lexa levantó la cabeza y la enfocó con una cara indescifrable, el agente y la gobernadora se miraron de nuevo y se creó un silencio un tanto incómodo.
-Genial -Soltó Raven rompiendo el silencio -Absolutamente genial -Decía incrédula y enfadada dejándose caer en su silla.
-Esto ya está -Comentó la doctora O'Connor mientras recogía todos los utensilios -Mañana por la mañana tendré los resultados y se los haré llegar, gobernadora. Y tú -Se acercó de nuevo a Lexa -Procura descansar y que te cuiden mucho -Le dijo sonriendo mientras le apartaba el pelo de la cara y la castaña le contestaba con un gruñido probablemente de aceptación -Es mejor que se quede en observación esta noche -Volvió a dirigirse a Raven -En la zona de aislamiento médico estará más tranquila y la podréis tener vigilada, me preocupa un poco su estado, pero hasta que no tengamos los resultados lo único que podemos hacer y que recomiendo es que descanse todo lo que pueda.
La gobernadora asintió y agradeció a la doctora su labor antes de que ésta se marchara. Nada más salir por la puerta Raven les hizo un gesto a Jasper y a ella para que la siguieran fuera del despacho.
-Lexa no puede quedarse en observación, llamaríamos la atención de Titus -Jasper y ella asintieron -Muy a mí pesar tendrá que volver a su celda y mantenerla vigilada desde allí. Hay que mantener la normalidad todo lo que se pueda, ¿de acuerdo?
-Yo libro esta noche, gobernadora -Añadió Jasper -Pero si es necesario puedo cambiar el turno con algún compañero.
-Ni hablar, llevas doce horas de servicio, te necesito descansado aquí mañana para cuando lleguen los resultados -Explicó Raven -Además, sospecharían, ¿quién en su sano juicio cambiaría el turno después de tantas horas para trabajar más aún? Llamaría la atención, agente Bostick y, ¿qué acabo de decir? -Jasper asintió avergonzado.
-Me ocupo yo, nadie sospechará -Añadió ella totalmente convencida.
-Está bien Griffin, lo haremos así, pero no se exceda, no queremos levantar sospechas -Accedió Raven después de una breve pausa -Lleváosla con cuidado, mañana hablamos. Clarke -La agarró del brazo cuando se disponía a entrar de nuevo en el despacho -Si pasa cualquier cosa infórmame de inmediato.
XXX
Después de acomodar a Lexa en su celda con la ayuda de Jasper, se aseguró de la situación que había en ese momento en el bloque. Comprobó celda por celda, no había reclusas a la vista excepto en la celda de Luna, la cual se encontraba dentro y en uno de sus trances de aislamiento del mundo, seguramente tramando aquel plan de conquista que Lexa le había comentado, porque otra vez estaba sentada en el suelo murmurando cosas indescifrables.
Una vez asegurado el perímetro y sabiendo que Luna ahora mismo no se movería de su celda ni por su libertad, decidió que pasar la tarde en su propia celda sería lo mejor, porque quedarse toda la tarde en la de Lexa no solo llamaría la atención estrepitosamente sino que después de la conversación con Nylah lo único que podía provocar era dar marcha atrás en todo ese avance que habían conseguido con aquella charla mañanera. Raven le había quitado sus obligaciones laborales en Azgeda para que se dedicara exclusivamente a vigilar a la castaña, así que eso haría, visitas cortas pero frecuentes.
Ya llevaba más de media tarde dando viajes de su celda a la de Lexa, encontrándosela todas las veces postrada en la cama y sin moverse ni un ápice, una de las veces tuvo que acercarse para comprobar que respiraba, tranquilizándose de inmediato al ver que respondía con pequeños quejidos a sus toques.
Pero el estar tanto tiempo sin tener nada que hacer la motivaba a pensar y pensar, y el pensar la llevaba a la preocupación. Preocupación porque aunque Octavia la intentara calmar diciéndole que tendrían unos días de margen para entregarle la droga a Titus, sabía de sobra lo inestable que era aquel ser despreciable al que llamaban doctor.
Y es que no se fiaba en absoluto, así que salió decidida en busca de Octavia a la que había oído entrar en su celda un rato atrás. Sabía que no serviría de nada meterle presión, pero no permitiría que la morena fuera por la vida con esa tranquilidad pasmosa en el cuerpo mientras ella era un manojo de nervios.
-Octavia, no puedo esperar más -Entró sin más en su celda -¡Oh, Dios! Joder, ¿otra vez? -Dijo mientras se daba la vuelta a toda prisa.
-Me cago en la puta, Clarke, no he visto persona más inoportuna -Contestó Octavia algo molesta tapándose con la sábana -Es la tercera vez que me jodes un polvo.
-¿Tercera? -Preguntó la asiática.
-Es que te pasas toda la condena follando, O. -Volvió a responder ella cortando a una Kim totalmente extrañada -Todos los días -Puntualizó.
-Maldita rubia del infierno -Le contestó Octavia obviando también la pregunta de su amante -¿En serio te vas a quedar ahí?
-¿Por qué dices que es la tercera vez? Solo nos ha interrumpido dos veces, ¿no? -Volvió a preguntar Kim que seguía extrañada y marginada por ambas.
-Claro que me voy a quedar aquí, tenemos asuntos pendientes de los que hablar -Dijo cruzándose de brazos dándoles aún la espalda -Por cierto, me encanta el lunar que tienes en ese culito prieto -Añadió con tono insinuante y claramente bromista.
-¿Vas a permitir que te hable de esa manera? -Intervino Kim en un nuevo intento de ser escuchada.
-Sabía que te gustaría ese lunar, rubia. Tengo otros escondidos, otro día dejo que los disfrutes de otra manera -Le siguió Octavia la broma y ella le rió el comentario.
-Cállate ya -Dijo aún entre risas -¿Estáis visibles o me vais a tener el resto de la tarde mirando esta preciosa pared gris monocromática? -Preguntó de forma irónica -Deberías dejarme darle mi toque Griffin a estas paredes.
-¿Crees que quedaría bien? ¿Qué tienes pensado? -Contestó Octavia curiosa.
-¡¿Hola?! -Añadió Kim que empezaba a desquiciarse.
-Podría dibujarte un arcoíris, representa muchas cosas, entre ellas la diversidad racial, porque tu eres muy tolerante con eso, ¿verdad? -Dijo observando la pared.
-Griffin, te estás jugando la vida -La amenazó Octavia, que había captado claramente el mensaje -No vas a pintar un puto arcoíris en mi pared.
-Qué carácter -Puso los ojos en blanco mientras se le escapaba una pequeña risa -Si no te gusta puedo hacerte cualquier otra cosa. Un león por ejemplo, ese te representa mucho más, ¿sabías que pueden llegar a aparearse unas 40 veces al día? Y en épocas de apareamiento pueden tener sexo hasta 14 horas diarias -Terminó de decir acariciando su barbilla de forma pensativa.
-Paso de esta mierda -Exclamó Kim enfadada mientras se levantaba de la cama y cogía sus cosas.
-Creo que a Kim no le han gustado estas ideas, seguiré pensando opciones -Siguió hablando sin quitar la vista de la pared asintiendo con la cabeza.
-Joder, Clarke -Se quejó Octavia.
-Solo intento ayudarte a mejorar la imagen de tu picadero -Le respondió dándose la vuelta hacia ella -¿Aún estás así?
-Dios, juro que si no estuviese desnuda usaría tu bonita cabellera dorada para limpiar toda mi celda -Dijo Octavia soltando un bufido -Estarás contenta, has conseguido que Kim se marche.
-Sigo aquí, gilipollas -Soltó la asiática bastante molesta mientras se vestía en una esquina de la celda.
No se pudo contener, la risa le salió automática. Al principio Octavia se lo reprochó, pero no tardó en contagiarse de aquella risa sin control que no sabía cómo parar. Al cabo de unos segundos escucharon un fuerte estruendo que provenía de la ira que Kim había pagado con la pobre puerta de la celda al salir. Hubo un momento de silencio ante aquel golpe, pero no tardó en romper a reír de nuevo seguida de Octavia.
Finalmente, y con mucho esfuerzo, consiguieron cesar aquellas risas. La morena se levantó de la cama envolviéndose la sábana alrededor del cuerpo y se colocó a su lado para propinarle una colleja que hizo que ambas estallaran en risas nuevamente.
-Te odio -Decía la morena riendo -Pero eres tan jodidamente parecida a mí que ya no puedo matarte.
Acabaron tiradas en el suelo de la celda, porque no pensaba tumbarse en esa cama del pecado, con un dolor espantoso de barriga por culpa de aquellas largas e interminables risas.
-No imaginas cuánto necesitaba esto -Le confesó a Octavia.
-Yo necesitaba un polvo -Le reprochó la morena -¿Se puede saber qué era tan importante?
-Lo siento, no quería joderte otro polvo, pero es que estoy saturada de sentimientos y no dejo de pensar que en cualquier momento ese puto calvo nos puede matar, y somos demasiado jóvenes y sexys para morir.
Sentía demasiado miedo por todo lo que estaba pasando y se le estaba acumulando dentro, pero tampoco quería que se le notara demasiado y recurrió a alguna de sus gracias a pesar de saber que Octavia ya la conocía y sabría leer entre líneas sin problemas.
-Ya te dije que no te preocuparas, tú habrás visto muchas series, pero yo llevo mucho más tiempo aquí y sé cómo funciona todo esto -Octavia giró la cabeza para enfocarla -Confía en mí, Clarke.
Ella le devolvió la mirada y encontró la seguridad que necesitaba en los ojos de la morena.
-Está bien -Le sonrió y la Octavia le devolvió la sonrisa.
-Basta de ñoñerías -Dijo su amiga poniéndose en pie -Ya has conseguido tu tranquilidad y yo sigo con mi calentón, así que lárgate y como vuelvas a hacerme un Clarkinterruptus te prometo que te meteré todas tus pinturas por el culo.
-¿Qué hay de la gobernadora? -Obvió las amenazas de la morena.
-¿Qué pasa con la gobernadora?
-¡Oh, venga! Os ví, no puedes negarme que tenéis algo, O.
-No es asunto tuyo, pero igualmente no tenemos nada, echamos un polvo y ya está.
-Joder O., que está casada con tu hermano.
-Te repito que no es asunto tuyo -Le respondió la morena cogiendo aire.
-¿Y no te sientes mal por él? -Le preguntó sin haberse percatado de la inhalación de su amiga.
-Lárgate, Clarke.
-Pero...
-¡LARGO!
XXX
Había vuelto a su celda después de aquel extraño altercado con Octavia, no se sentía dolida, simplemente le había sorprendido su repentino cambio de actitud. En realidad, fuera de aquellas paredes, apenas sabían nada la una de la otra y quizá había tocado un tema que en la superficie su compañera le quitaba importancia, pero que en el fondo debía ser bastante delicado.
Esperaba profundamente que el acercamiento que habían conseguido no lo perdieran, a día de hoy Octavia era uno de sus mayores apoyos ahí dentro, así que en otro momento menos tenso y a poder ser menos sexual, le pediría perdón por lo que fuese que hubiese pasado.
Hacía casi una hora que había vuelto a hacer su visita de rigor a la celda de la castaña, y menos mal que ésta ya se había despertado de su infinito letargo porque acto seguido apareció Jasper dejándoles la cena. Se sentaron en la cama apoyando la espalda en la pared y con las bandejas sobre las piernas empezaron a comer.
-Lexa, por decimotercera vez, tienes que comer un poco más -Volvió a insistirle y ésta volvió a responderle con otro gruñido de desaprobación -Dios, me estás pegando tu maldita calcumanía -Dijo totalmente resignada al darse cuenta que estaba cogiendo la misma manía que la castaña de contar las cosas.
-De verdad que no puedo más, Clarke -Le contestó poniéndole morritos de pena.
-Eres muy mala enferma, ¿lo sabías? -Dijo con una sonrisa -Solo le has dado cuatro cucharadas al puré y las verduras tienen que estar aburridas de tanto esperar.
-Melanie y Berta se pelean por no tener que cuidarme, bienvenida al club de las exageradas -Le informó, pero continuó al ver su cara de desaprobación -Está bien, un par de cucharadas más.
-Cuatro.
-Dos.
-Tres -Sentenció.
-De acuerdo -Resopló la castaña mientras se echaba otra cucharada a la boca.
-¿Y qué hay de tu madre? -Preguntó intrigada ya que la castaña nunca le había hablado de ella, entendía que le costara hablar de su padre por su reciente fallecimiento, pero no sabía nada de su madre -Has dicho que tus amigas se peleaban por no cuidarte, pero nunca la has mencionado a ella -Le explicó al ver su ceño fruncido.
-Hace años que me independicé y vivo en otra ciudad -Le respondió y se encogió de hombros.
-Yo no sería capaz de irme a otra ciudad y poner tanta distancia con mi familia -Fue apagando el tono de voz al darse cuenta de la redundancia del comentario -Bueno... Ya me entiendes -Hizo una mueca y Lexa le sonrió -Debías de echarlos mucho de menos, ¿no?
-Bueno...no he tenido tiempo de echar de menos a nadie, entre la universidad y el trabajo apenas tenía tiempo de nada.
-¿De nada, nada? -Preguntó curiosa e insinuante.
-¿A qué te refieres?
-A parejas, ¿no has tenido relaciones? ¿novia? ¿novio? No eres asexual como dijeron ¿no? -Le preguntó un poco nerviosa y avergonzada -Que tontería, claro que no lo eres -Continuó al ver la cara inexpresiva de Lexa.
-¿A qué viene tanta pregunta? -Preguntó Lexa con una sonrisa.
-Hace un par de meses que nos "conocemos" -Hizo el gesto de las comillas con las manos -Pero apenas hemos hablado de nuestra verdadera vida, la que dejamos fuera de estos muros.
-Mi vida fuera de estos muros era casi igual de mierda como lo es aquí dentro -Le contestó divertida.
-Lo digo en serio, Lex, quiero conocerte más. Quiero conocer a la Lexa de la vida real, no a la Lexa reclusa.
-Yo ya sé muchas cosas de ti -La oyó decir por lo bajo mientras jugueteaba con las verduras.
-No digas tonterías -Rió con el comentario.
-¿Quieres comprobarlo?
-Adelante, valiente -La alentó.
-Te encantan los días de sofá y series, sobre todo en compañía de Nicole, tu única y mejor amiga, la que me caería genial si la conociera -Le sonrió y la castaña le devolvió el gesto -Quieres a tus padres y eres sociable y divertida. Al despertar eres la persona más perezosa del mundo y haces unos ruiditos bastante adorables -La castaña bajó la vista un momento avergonzada antes de continuar -Lo primero que haces al levantarte es tomarte el café porque sin él no eres persona. Te gusta tenerlo todo en orden, y no me refiero a tener el control porque eres un desastre con patas, me refiero a que eres una auténtica maniática del orden y la limpieza. Eres impulsiva y tienes la suerte de que aun equivocándote las cosas te terminan saliendo siempre bien. Eres atenta, cariñosa y una miedica que huye cada vez que no sabe lo que decir... -Lexa se le quedó mirando con esa mirada penetrante y esa sonrisa de medio lado medio avergonzada -¿He acertado? -Le preguntó la castaña con orgullo al quedarse ella sin palabras.
-Joder, Lex. No sé si este análisis me da miedo o me gusta.
Le gustaba, claro que le gustaba, su cuerpo se lo había dejado claro al reaccionar de esa manera tan extraña. Tenía que reconocer que le había sorprendido la capacidad de Lexa para recopilar información tan acertada sobre ella, pero es que también le daba miedo, y era por los mismos motivos. Una mezcla intensa que le descolocaba el cuerpo entero, pero que la sonrisa de Lexa sabía cómo volver a ordenar.
-Mientras no huyas otra vez... -Bromeó de nuevo la castaña.
-Perdón por irme de esa manera -Dijo dudosa y algo apenada -Aunque ya debes saber que ese tipo de comportamiento no es habitual en mí -Añadió con una sonrisa confiada hilando rápidamente con la conversación anterior -Me asusté -Sentenció.
Sabía que ese "me asusté" iría seguido de un "¿por qué?" por parte de la castaña, pero era absurdo dejar pasar más tiempo para aquella conversación que tenían pendiente. Había dejado a Lexa tirada después de aquel beso que gritaba un "me gustas" bastante evidente por su parte y que ella había correspondido a medias, sin más respuestas y sin tiempo para explicaciones había huido despavorida. Una hostia a mano abierta que sinceramente la castaña no merecía, porque la realidad era que le había encantado y le había descolocado los sentimientos por completo.
-¿Por qué? -Preguntó la castaña provocando una pequeña risa en ella por haber anticipado mentalmente sus palabras.
-Porque me gustó -Decidió ser directa.
-¿T... Te... Gu... Gustó? -Le costó articular a Lexa.
-Ese es el resumen, la versión extendida la sigo analizando aún -Dijo en tono gracioso pero claramente nerviosa -Tu te has visto, ¿Lex? ¿A quién no le gustaría? -La repasó de arriba abajo haciendo que la castaña se sonrojara -Bueno, ahora mismo no, pero eso ya lo arreglaremos -Bromeó ganándose un manotazo sin fuerzas de Lexa -Pero estaba... Estoy con Nylah -Se rectificó y continuó al ver su cara -Todo esto es demasiado complicado -Dijo cerrando los ojos y frotándose las sienes con las manos -Mi mente es un puto caos y solo se ordena cuando estoy contigo.
-¿Solo conmigo? -Intervino rápidamente Lexa de forma tímida mientras se incorporaba y se giraba para encararla y prestar aún más atención.
-Solo contigo -Confirmó sonriente -Siento la necesidad de protegerte y hacerte sentir bien a todas horas -Resopló y la miró a los ojos esperando alguna intervención que no llegaba y deseaba -No sé lo que me pasa contigo, Lex.
Podría haberse imaginado mil respuestas por parte de Lexa, pero nunca esperó que la respuesta a su confesión fuera un vómito con su camiseta como objetivo. Se levantó de la cama de un salto y por acto reflejo se quitó la prenda afectada.
-Joder, Lexa, te quejas porque huyo cuando me besas, ¿y tú me vomitas encima cuando te confieso que me gustó? ¿Es alguna clase de venganza de calcumaniáticas? -La buscó con la mirada mientras se acababa de limpiar parte del cuello con la camiseta, y se le borró la sonrisa de golpe cuando se la encontró con la cabeza echada hacia atrás apoyada en la pared -Ey, ey, ey, Lexa, cariño, mírame -Se colocó a horcajadas encima de la castaña evitando apoyar su peso en ella y le sujetó la cara con ambas manos -Mírame, preciosa -Le fue incorporando poco a poco la cabeza hasta que finalmente Lexa abrió los ojos y la miró.
-No me encuentro muy bien, Clarke, y creo que tus pechos a dos centímetros de mi cara no me están ayudando -Dijo Lexa intentando forzar una sonrisa que no consiguió.
-Mañana sabremos qué te pasa, ¿crees que podrás aguantar? -Le preguntó mientras se inclinaba para hacerle una coleta con una goma del pelo que llevaba en la muñeca -Perdón, perdón, perdón -Se disculpó cuando se dio cuenta que le había puesto los pechos en la cara al recogerle el pelo.
Se separó de la castaña entre disculpas, pero se la encontró con los ojos cerrados y haciendo pequeños ronquidos.
-No sé cómo tomarme esto, Lexa, porque sé que estás enferma, pero me ofende que te duermas con mis pechos en la cara -Refunfuñó en alto mientras la acomodaba en la cama y la tapaba con las sábanas.
Una vez la había acomodado, se agachó al lado de la cama y la miró unos minutos, realmente la veía preciosa hasta demacrada, y cada vez que enfocaba sus labios le hacían sentir mil cosas por dentro al recordar su tacto y su sabor.
-Te vas a poner bien -Suspiró acariciándole la cara.
Después de memorizar sus facciones cual acosadora pervertida, decidió que ya era hora de irse a su celda, básicamente porque Lexa no resucitaría hasta por la mañana y para qué mentir, sus piernas empezaban a entumecerse de estar en cuclillas. Así que le dio un beso en la frente, cogió su camiseta y salió de allí con mil sentimientos atormentándole las entrañas.
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Y hasta aquí otro capítulo de Azgeda.
El próximo capítulo viene cargadito.
Un abrazo perezoso a todxs.
