Capítulo 6: Kurama
"Una sola acción, puede cambiar una vida entera"
Lanzó un sonoro bostezo al aire, tuvo que activar cinco alarmas pero exitosamente logró su cometido de despertar a tiempo. Pasada media hora de haber abandonado el lecho, los estragos del sueño aún repercutían en él, ni la brisa matutina le quitaba el estado somnoliento que una noche de insomnio le produjo, moviéndose más por inercia que por iniciativa propia. Naruto se arrastraba con pesados pasos de camino a la escuela, solo a Sasuke podía ocurrírsele programar una práctica tan temprano, después de todo, apenas iban a ser las 6, ni siquiera había amanecido del todo.
Distraído, poca atención prestaba a lo que se encontraba frente a él, no lo hizo hasta sentir algo entre acolchado y duro bajo su pie y seguido a ello de un fuerte chillido que lo despejó de golpe, lo único que alcanzó a distinguir fue una borrosa silueta corriendo hacia un callejón cercano. Cauteloso, dirigió sus pasos en dirección al callejón, interesado en saber la identidad del ente extraño.
Sin hacer el menor ruido y con la cautela propia de un ninja, echo un vistazo dentro del callejón, analizando cada palmo cuidadosamente, sus ojos azules se abrieron significativamente al encontrarse de frente con la sospechosa criatura en uno de los rincones, bajo unas cajas apiladas. Lentamente se acercó a él, no quería ahuyentarle.
Advirtiendo que el otro retrocedía se detuvo abrupto, cuestionándose en dejar el asunto por la paz, aquel animalito se veía realmente asustado y no era para menos, después de todo y aunque si bien fue un accidente, Naruto le había causado daño, al parecer no fue el único en hacerlo, por su desmejorado aspecto, podía deducir que aquel gatito no había comido en un buen tiempo. Aquel repentino pensamiento sobre comida lo que le hizo reaccionar de golpe, recordando el emparedado de atún que apresuradamente preparó la noche anterior como aperitivo para después de la práctica, el cual afortunadamente no olvidó, tal y como era su costumbre hacerlo.
Cauteloso, extrajo el emparedado de su mochila, el gatito atigrado lo veía curioso con sus hermosos ojos marrones, Naruto se acuclilló ofreciéndole la mitad del emparedado, al gatito dudó algo más de un minuto en dejar su escondite, al final el olor atún y el hambre de varios días, lo obligó a dejar de lado la cautela, acercándose lentamente al humano.
Naruto contuvo una exclamación de júbilo al ver como su plan tenía éxito, no quería que el gatito se echara atrás después de todo el esfuerzo que le costó ganar su confianza, dejó el emparedado en el suelo y complacido, vio como el gatito lo devoraba con avidez sin dejar una sola migaja. Conforme con su buena acción del día, se dispuso a ponerse en pie, antes de lograrlo, el gatito naranja se le restregó en el pantalón, muestra del profundo agradecimiento que sentía por su salvador, esta vez Naruto no pudo contenerse y lo acarició con ternura, aquel gato le recordaba de algún modo a sí mismo, sin pensarlo lo tomó entre sus brazos y pensó detenidamente en lo que debía de hacer con él.
- ¿Qué haces ahí Naruto-kun? – la dulce voz a sus espaldas lo sobresaltó al punto de perder el equilibrio y caer de bruces al suelo – p-perdón, no era mi intención asustarte.
- ¿Hi… Hinata? – balbuceó confuso al ver el angelical rostro de su amiga, ella lo miraba curiosa con esos grandes y extraños ojos violáceos de los que era poseedora – ¡eh!, no, no me asustaste, solo estaba algo distraído – rio nervioso, poniéndose en pie y sosteniendo con celo a su nuevo amigo.
- ¿Qué llevas ahí? – apuntó a la mata de pelo naranja que sobresalía entra los brazos cruzado de Naruto.
- Oh… es Kurama… – anunció feliz, encontrando el nombre perfecto para aquel atigrado amigo.
- Vaya, no sabía que tenías una mascota Naruto-kun – enternecida, Hinata extendió la mano para acariciar la cabecita del pequeño minino.
- Es porque no la tengo… – Hinata le miró extrañada y de inmediato él se aclaró – me acabo de topar con él, parece que lo abandonaron.
- ¿Te lo quedaras? – de Naruto, Kurama pasó a los brazos de Hinata, encantado de recibir por primera vez en su vida tanta atención.
- Lastimosamente no, luego del incidente con la serpiente, la abuela me prohibió terminantemente llevar más animales al departamento – Hinata escuchó incrédula la palabra serpiente, pero prefirió no hacer preguntas al respecto – ¿qué tal tú Hinata?
- Lo siento, mi padre detesta a los gatos, es alérgico – el brillo de esperanza que Naruto vislumbró en Hinata se esfumó con sus palabras – no podemos dejarlo solo... – murmuró al contemplar como el enflaquecido gatito descansaba felizmente en sus brazos – si pudiéramos encontrarle otro lugar – Naruto miró a Hinata como si una gran revelación se abriera ante él.
- ¡Pero claro!, ¡Cómo no lo pensé antes! ¡Tengo el lugar perfecto! – sin mediar palabra tomó a Hinata de la mano y salió corriendo, sorprendida, Hinata le siguió sin protestar, muda de la impresión y con el rostro totalmente encendido al sentir un contacto tan cercano con Naruto, su mano era grande y fuerte, un agarre del que no quería soltarse jamás, pero al cabo de unos minutos, el sueño idílico terminó, estaba tan feliz de tomar su mano que nunca se fijó el lugar al que se dirigían, sin saber cómo, llegaron a las inmediaciones de un bosquecito, deteniéndose frente una antigua y lúgubre edificación que parecía tener muchos años de abandono – llegamos – anunció orgulloso, pero ella tenía serias dudas al respecto, las cuales se incrementaron al entrar y escuchar el melancólico chirrido de la desvencijada puerta principal, que dificultosamente cedía al empuje de Naruto.
- ¿Q-qué…? ¿qué es este lugar? – nerviosa, siguió a Naruto por los corredores, erizándosele la piel de la nuca a cada paso, temiendo que la vieja madera del piso cediera ante su peso en cualquier momento.
- Esta era la antigua Academia Konoha, tiene como quince años que está desocupada, nadie viene por miedo de que el espíritu de Kyoko-chan los maldiga, Kurama estará bien aquí…
- ¿Kyo… Kyoko-chan? – si antes Hinata sentía recelo, lo suyo se volvió genuino espanto al escuchar la palabra 'espíritu'.
- Se dice que hace muchos años, cuando la abuela era joven, una chica fue brutalmente asesinada en uno de los baños del segundo piso – Hinata escuchaba atenta cada palabra, con los parpados cada vez más abiertos – nunca encontraron al asesino, pero al poco tiempo su espíritu comenzó a vagar por los pasillos de la escuela… – Naruto hizo una pausa en este punto, viéndola de frente, Hinata tragó dificultosamente saliva, aguantando las ganas de salir corriendo despavorida – se dice que si llegas a ver a Kyoko-chan directamente a los ojos, ella te robará el alma – finalizó con voz dramática – o al menos eso es lo que cuentan – de la seriedad, su rostro pasó a una agradable sonrisa, restándole importancia al asunto – ¿qué te ocurre Hinata?, te vez un poco pálida – la aludida, que no acababa de digerir la historia, no pudo responder – ¿no creerás en esas tonterías? ¿o sí? – rio tan despreocupado que de algún modo restó pesadez al ambiente, regresándole el don de habla a su acompañante.
- No… no… ¿por… por qué creería en algo así? – quiso sonreír, solo logró esbozar una mueca torcida, resintiendo en su piel erizada los estragos de la espeluznante historia de Naruto.
- ¡Estupendo!, además ella solo aparece por las noches, así que no hay nada de qué preocuparse – Naruto siguió su camino por el corredor, ignorando la aflicción de Hinata.
Al final del pasillo, subieron por unas tambaleantes escaleras de madera, el lugar estaba más iluminado, lo que supuso un enorme alivio para ella. Finalmente Naruto entró en uno de los salones, lucía despejado, a excepción de un viejo piano en uno de los costados, algunas cajas de cartón apiladas y varias colchonetas amontonadas. Hinata dedujo se trataba de alguna especie de bodega.
Naruto movió las colchonetas (era obvio que esa no era la primera vez del rubio en aquel lugar), acomodándolas para que fungieran como asientos.
- Listo, aquí Kurama estará a salvo – señaló orgulloso – eh, Hinata ¿qué te parece si durante la hora del almuerzo venimos a verlo y le traemos algo más de comer?
- Por… por supuesto – la idea de volver a ese lugar la aterraba, pero el hecho de pasar tiempo con Naruto-kun superaba su miedo.
- Entonces me aseguraré de conseguir leche en la cafetería, milagrosamente hoy no olvidé el dinero de mi almuerzo – la sonrisa se le borró del rostro al oír el reloj de la academia dando el primer toque para entrar, Sasuke iba a matarlo por no llegar a la práctica, Hinata también respingó, esa mañana le tocaba el aseo del salón.
Sin pensarlo, ambos se apresuraron a dejar el lugar, no sin antes asegurarse de dejar a Kurama cómodamente instalado. Por suerte para ambos, aquel edificio quedaba a espaldas de la academia, les tomó unos minutos atravesar el bosquecito y llegar a espaldas del edificio principal.
Dos semanas pasaron de aquella rutina, dado que podía pasar más tiempo al lado de esa persona que a cada momento crecía en su estima, para Hinata, el almuerzo era la mejor parte de su día. A Naruto también le agradaba pasar tiempo con ella, a diferencia de Sasuke que todo el tiempo se la pasaba sermoneándolo, con Hinata podía decir libremente cuanta tontería que se le viniera a la cabeza sin pasar por estúpido.
- Se me hizo un poco tarde Naruto-kun, traje un poco de leche y atún para Kurama – apenas entró, supo que algo no andaba bien, sentado en el suelo, Naruto se abrazaba a sus piernas, hundiendo la cara en las rodillas, en él se percibía una pesada aura de depresión, Kurama yacía sobre su hombro sin la menor intención de apartarse de su lado – ¿qué...? ¿qué te pasa?
Naruto finalmente se dignó a alzar el rostro, avasallando a Hinata con el desamparo que sus ojos azules reflejaban, sin pensar tomó asiento a su lado y este se desahogó libremente, tomándole alrededor de diez minutos relatarle lo ocurrido a su amiga, quien más tranquila por no ser la desgracia que se figuraba en un principio, opinó al respecto, una vez el Uzumaki se despejó por completo.
- Entonces reprobaste el parcial de algebra – en una frase resumió el cándido discurso de Naruto.
- Si… – suspiró apesadumbrado – la próxima semana serán los exámenes bimestrales, Kakashi-sensei ya me advirtió que tendría clases de recuperación si lo repruebo y la abuela Tsunade dijo que me suspendería del club de futbol por tiempo indefinido si vuelvo a fallar… – se expresaba amargamente, pero sin duda lo que más le contrariaba no era eso – ¡rayos!, justo cuando está por salir Samurai rival swords, ¡dios! otra vez va a recortarme la mesada.
- Puedo preguntar ¿por qué la directora Tsunade haría eso? – el último comentario sí que la desconcertó.
- ¿No te lo he dicho? – Hinata hizo que 'no' con la cabeza – ella es mi abuela.
- ¡Imposible!, pero si es muy joven… – la sorpresa que demostró fue genuina – así que cuando la llamabas abuela, era porque en realidad lo era.
- Aquí entre nos, ha gastado un montón en cirugías y tratamientos estéticos, lo cierto es que ya tiene casi sesenta… – Hinata se maravilló, aquellos tratamientos debían ser muy efectivos pues la directora apenas si aparentaba unos treinta – el viejo pervertido continuamente se queja de sus despilfarros, la abuela es muy aguerrida a la hora de apostar, pero tiene tan mala suerte que nunca gana nada y cuando gana, sucede alguna desgracia.
- Este…. Disculpa Naruto-kun ¿Quién es ese viejo? – abochornada por el adjetivo, exteriorizó su duda.
- Pues quién va a ser sino mi abuelo… – de la aflicción de Naruto nada quedaba, volviendo a ser el efusivo chico de siempre.
- Y… ¿por qué lo llamas de esa forma? – ahora si la había dejado muy confundida.
- Tiene una profesión algo vergonzosa… – incomodo, se rascó la mejilla, desviando la vista a un punto vacío – es escritor… – confesó al fin.
- ¿Qué tiene eso de vergonzoso?
- De novelas eróticas… – balbuceó, sonrojándose levemente, pero no tanto como Hinata que hasta un gritito exaltado dejó escapar – te lo dije, ¡es vergonzoso! – se revolvió los cabellos incomodo, esperaba no perder la amistad de Hinata, a parte de Sasuke, nadie más lo sabía, por muy liberal que fuera, ese era un punto que prefería omitir, más si se tenía en cuenta que la heroína de las novelas era su abuela y lo repulsivo que pudiera suponer tal situación para cualquier nieto.
- Entonces vives con tus abuelos… – concluyó incomoda – ¿y tus padres?
- Papá se la pasa viajando de un país a otro y mi madre… – en este punto hizo una pausa, Hinata sintió que había tocado un tema sensible al ver como el brillo de sus ojos se apagaba – ella murió cuando yo era pequeño.
- Lo lamento… – expresó sincera al notar la aflicción de él.
- Si…, bueno, en realidad no me gusta hablar de eso… – rehuyó él, entreteniéndose con Kurama para desviar la atención.
- Entiendo mejor de lo que crees… – murmuró con un pesar igual al suyo – tenía siete años cuando mi madre murió en un accidente… – sorprendido, alzó los ojos, posándolos en la figura femenina a su lado, naciéndole una profunda empatía.
- Mamá murió de cáncer en mi cumpleaños número nueve – sopesó amargo – qué fecha para recordarla ¿no?... – y por primera vez en su vida decidió abrirse al respecto – papá no volvió a ser el mismo luego de su partida, se hizo cargo de los negocios de los Uzumaki y comenzó a viajar por todos lados, lo he visto contadas veces desde entonces…
- Con mi padre sucedió igual, continuamente se está mudando debido a su trabajo, hasta hace poco mi hermana menor y yo vivíamos con mi tío en Hokaido, padre solía decir que sus negocios le impedían cuidar de nosotras, pero mi tío cree que en realidad es por el parecido que comparto con mi madre… – decidió corresponder la confianza de Naruto, contándole su propia experiencia – no soporta que se la recuerde.
- Es curioso lo parecido que somos… – más relajado y sintiendo mayor confianza fue honesto con sus pensamientos – es la primera vez que se lo cuento a alguien, por supuesto Sasuke lo sabe, hemos sido amigos desde el jardín de niños, pero lo sabe porque él estuvo ahí, sin embargo, nunca pude hablar del tema con él, aún tiene a sus padres y creo que no lo entendería – permaneció un rato en silencio antes de decir nada más – supongo que eso nos hace a ti y a mí buenos amigos ¿no? – lo observó detenidamente y analizó sus palabras, si, ella también lo sentía así, sin pensarlo, asintió con la cabeza, no necesitaron decirse más, ambos comprendían perfectamente las emociones del otro, sellando un fuerte lazo que repercutiría imprevistamente en su futuro.
Sintiendo que la tempestad había pasado, Kurama se recostó en el regazo de Hinata, quien dulcemente le acarició, nada quedaba del gatito desnutrido y desarrapado que ella y Naruto rescataran dos semanas atrás, libre de parásitos, su pelo ahora era suave y su constitución robusta, de un bonito color naranja que asemejaba al pelaje de un zorro.
- Vaya, entre más veo este examen, más deprimido me pongo… – luego de un prolongado silencio, Naruto, que no podía quedarse callado por mucho, retomó la palabra, sacando un pedazo de papel doblado del bolsillo, mirando pesaroso el enorme 35 marcado con rojo.
- Si quieres, podría ayudarte a estudiar, las matemáticas se me dan bien… – se ofreció amablemente, queriendo serle de ayuda.
- Nah, no tienes por qué sacrificarte, incluso Sakura-chan ha sido mi tutora y no he visto buenos resultados.
- "Si das por hecho que será un fracaso antes de intentarlo, un fracaso es lo que obtendrás" – recitó con los ojos cerrados – eso solía decirme mi madre cuando quería darme por vencida en algo… – Naruto la miró por un minuto entero, incomoda con el prolongado silencio, Hinata estaba por arrepentirse de haber hablado, pero con una sola frase, el otro devolvió su confianza.
- Tu madre era sabía, si lo ves así, en realidad es muy lógico… – agradecida por el halago a su madre, asintió con una tímida sonrisa – de acuerdo, me convenciste, lo intentaré – de un salto se puso en pie, y quedando frente a ella le extendió la mano para estrechar la suya – es un trato, nos vemos después de clases Hinata-sensei.
- ¡Si! – devolviendo el gesto de su amigo, asintió con una sonrisa emocionada, feliz, al sentir su relación más cercana que nunca.
Continuará…
