CAPÍTULO 7: Los brotes del primer amor
"Una acción desinteresada puede conducir al reconocimiento de por vida"
Tenía días que apenas y veía a Hinata, su actitud misteriosa generó en Ino la resolución por descubrir a cualquier precio el motivo del escurridizo comportamiento de la Hyuuga, ciertamente su amistad se remontaba a un mes solamente, pero Ino ya le había cogido genuino afecto, que todos los días desapareciera justo a la hora del almuerzo la hacía pensar en variadas y desagradables posibilidades, entre ellas la idea de que el Club de Sasuke estuviera implicado y de algún modo amedrentara a la tímida chica, si era así, rodarían las cabezas de todas sus integrantes.
La última clase finalizó sin mayores contratiempos, dispuesta a sonsacarle la verdad de camino a casa, prestamente guardó sus útiles en la mochila, vano intento, antes de poder decirle nada, la aludida ya cruzaba el umbral de la puerta. Desesperada por darle alcance, le tomó menos de siete segundos salir al pasillo, no encontró rastro alguno, Hinata se esfumó de nuevo.
Resopló frustrada, pudo haberle ganado esa batalla más no la guerra, no podría eludirla por siempre. Encaminó sus pasos a uno de los ventanales que daba vista al patio central, el cuarto piso le brindaba una vista privilegiada de los alrededores, si tenía suerte la vería cruzar por él hasta la salida, resultó un pensamiento acertado, con la misma diligencia que abandonó el salón, Hinata atravesó el patio. Una pícara sonrisilla se posesionó gradualmente en los labios cereza de Ino, sin pensarlo, tomó la cámara que siempre llevaba consigo y encuadró la interesante escena que acababa de presenciar. Hinata no podría seguir evadiéndola, quisiera o no, tendría que darle una explicación al respecto.
Nerviosa al ser la primera vez que caminara cerca de él o cualquier otro chico que no fuera su primo, Hinata se limitó a mirarlo de reojo, los intentos de Naruto por entablar una conversación resultaron infructuosos, los nervios la obligaron a proferir un monosílabo tras otro a cada comentario. Fue alivio a la vez que motivo de preocupación cuando el chico señaló el edificio de apartamentos donde vivía, para su sorpresa, estaba ubicado en una buena zona del distrito.
El edificio era bonito y elegante, incluso contaba con un portero en la entrada que recibió a Naruto con un amigable saludo, la renta en un lugar así no era barata, ello le obligó a replantearse la impresión que tenía del rubio. De algún modo imaginó que la familia de Naruto pasaba por problemas financieros, creencia reforzada por el limitado crédito monetario del que el rubio disponía a diario y las continuas quejas que éste hacía sobre su mesada.
Hinata lo siguió silenciosa por el vestíbulo hasta un elevador, supuso vivía en el décimo piso al verlo pulsar el botón. Al salir del elevador siguieron por el pasillo y Naruto sacó una tarjeta que pasó por una cerradura eléctrica, al acto la puerta se abrió y éste le cedió el paso para que entrara primero, era un departamento espacioso y bien amueblado, no obstante, no parecía haber servidumbre alguna, lo notó al ver como Naruto se anunciaba solo.
- ¡Viejo!, ¡ya estoy en casa! – gritó a viva voz, enseguida alguien le respondió, saliéndoles al paso desde una de las habitaciones.
- Bienvenido – balbuceó un hombre mayor ya entrado en años, se distinguía por tener los cabellos totalmente blancos y el aspecto desgarbado de una persona sin mayores preocupaciones en la vida. Se les acercó sin despegar los ojos de una libreta de notas que llevaba en las manos – ¡Oh! – paró abrupto al notar que su nieto no estaba solo, nada discreto dio un vistazo de pies a cabeza a su bella acompañante – ¡Eh! Picaron… –se dirigió cómplice a Naruto, dándole un codazo confianzudo en el antebrazo – hasta que por fin seguiste mi consejo y conseguiste una linda novia…
- Deja de decir tonterías anciano – abochornado por el ridículo comportamiento de su abuelo, decidió cortar de inmediato las burlas – Hinata es solo una amiga… – pero antes de que pudiera reaccionar, el mayor ya se encontraba frente a la joven, haciendo las presentaciones pertinentes.
- Soy Namikase Jiraiya, el abuelo de Naruto – saludó efusivo, con la intención de tomarla de las manos, conociendo la doble intención de su abuelo, lo apartó al acto, interponiéndose entre ambos.
- Mu… mucho gusto, mi nombre es Hyuga Hinata – hizo una respetuosa reverencia correspondiendo su amabilidad, que conociéndolo como lo conocía, Naruto sabía no era tal.
- Encantado de conocerte Hinata-chan…, tienes un bonito nombre, ¿te importaría si lo tomo prestado para usarlo en mi próxima novela?
- ¡Ni se te ocurra viejo!, o le diré a la abuela a dónde fuimos la vez pasada – sabiendo de antemano sus mañas, Naruto se adelantó, enfrentándolo de tú a tú para salvaguardar el honor de la Hyuuga, la respetaba lo suficiente como para dejar que el viejo se pasase de listo con ella.
- Nieto malagradecido, deberías estar feliz y agradecer la amabilidad de tu abuelo – para Jiraiya no tenía nada de malo presenciar un baile erótico, se lamentaba por terminar con ese cabezota por nieto, cualquier chico de su edad estaría encantado de ser capaz de presenciar un espectáculo así a tan corta edad – por otro lado yo solo recababa información… – balbuceó sin que Naruto le prestara atención.
- Hinata y yo estaremos estudiando en mi cuarto, ¡ni se te ocurra molestarnos! – inconscientemente tomó a la Hyuuga de la mano y la jaló consigo hasta una de las habitaciones, dando un portazo tan fuerte que retumbó en todo el salón. Jiraiya parpadeó estupefacto, sin creerse la última declaración de su nieto.
- ¿Estudiando?, seguro escuché mal – tratando de recuperar su audición se limpió con el dedo meñique un oído. Naruto pudo haberle dicho que se convertiría en un travesti llamado Naruko y su declaración no le habría causado tanto asombro, convencido del error decidió ignorarlo y seguir con lo suyo.
La ternura irradiada por la amiga de su nieto refrescó sus ideas, infundiéndole un repentino sopló evocatorio que ni tardo ni perezoso plasmó en papel:
«La inocente jovencita lo siguió sin sospechar que acababa de caer en su trampa, una vez dentro, desplegaría en ella sus infalibles técnicas de seducción. Mujer alguna pudo resistirse a él, un experto en las artes del amor, al cabo de unas horas caería a sus pies como todas las demás... La tierna sensualidad que de ella emanaba encendía sus primitivos instintos, de largos cabellos negro ébano y piel tan blanca como la leche fresca, la sensual morena no parecía ser consciente de su tentadora belleza y de cómo sus exuberantes curvas acrecentaban el deseo que sentía por ella…»
Ajena a la candorosa descripción, Hinata siguió a su amigo sin poder reprimir una risita divertida, Naruto se volvió desconcertado, un tenue sonrojo apareció presto en sus mejillas, obligándola a explicar su reacción.
- Tu abuelo es muy divertido – recordó al alegre anciano.
- Si… seguro… – contrario a ella, en su respuesta predominó el sarcasmo – nada más no se te ocurra quedarte a solas con él, hablo en serio, no lo hagas – recalcó lo último con inusual gravedad, Hinata asintió con la cabeza, tomándose muy enserio la advertencia de su amigo.
Llegado el fin del recorrido, Naruto lamentó el desorden en su habitación, no estaba acostumbrado a recibir otra visita que no fuera Sasuke, apresurado despejo un espacio y la invitó a tomar asiento. Por educación no dijo nada, encontrando la primera diferencia entre ambos, su sentido del orden era opuesto, lejos de incomodarla le gustó el hecho de no ser tan perfecto como lo idealizara, su idea de un romance radicaba en la afinidad y no en las expectativas.
Al empezar su tutoría, Hinata sugirió corregir el fatídico examen que originó la singular situación en la que actualmente se encontraba, pacientemente explicó a Naruto cada uno de los ejercicios matemáticos, utilizó un método sencillo pero eficaz, ayudándolo a desentrañar los misterios algebraicos que durante años le resultaron un genuino dolor de cabeza, en el tercer intento obtuvo exitosamente el ansiado resultado de lo que hasta entonces le parecían jeroglíficos, por lo que ya en el cuarto sintió la suficiente confianza como para resolverlo sin la ayuda de su tutora.
Hinata consideró oportuno hacer una pausa, y aunque dudosa, expresó una penosa inquietud.
- Disculpa Naruto-kun… ¿podría utilizar el tocador? – Naruto no dio la misma importancia, indicándole el lugar sin despegar los ojos del manuscrito, resuelto a resolverlo sin ayuda de su amiga.
Agradeció las atenciones y se dispuso a salir, al cerrar la puerta dio un último vistazo, el rubio proyectaba una inusual imagen de concentración y seriedad, no pudo evitar sonrojarse levemente por lo atractivo de su porte, una de las muchas facetas que sólo ella advertía y que atesoraba como nadie más.
Ubicó la ruta siguiendo las indicaciones de Naruto, sus palabras textuales fueron "a mano derecha al final del pasillo", dispuesta a completar la sencilla tarea nunca imaginó verse envuelta en tan inusual dilema, inconscientemente detuvo sus pasos al escuchar voces provenientes de la sala de estar, específicamente cuando el nombre de su amigo fue mencionado.
- Naruto tiene una visita, guarda la compostura y no subas los pies a la mesa – escuchó referir a una voz masculina.
- ¿En serio?, ¿y dónde está? – ahí reconoció la inconfundible voz de la directora Tsunade, se reprendió por olvidar el parentesco con su amigo.
- En la habitación de Naruto, nuestro pequeño está creciendo, ha traído su primera chica a casa – las mejillas de Hinata se colorearon de rosa al entender la referencia, trasmutando rápidamente en sobresalto con la desfachatada respuesta de la directora.
- Así que ese granuja por fin tiene novia, no está mal, comenzaba a sospechar que tuviera tendencias homosexuales hacia Uchiha Sasuke…
Incomoda de sobremanera dispuso seguirse de largo, se sintió una vulgar entrometida por escuchar algo que no era de su incumbencia, qué dirían de ella si era descubierta, discretamente se dispuso a abandonar el lugar, no alcanzó a dar dos pasos cuando la siguiente frase captó por completo su atención.
- Es increíble lo mucho que ha cambiado ese muchacho desde que Minato lo dejó a nuestro cuidado – Hinata no solía actuar tan indiscreta, esta vez la curiosidad pudo más que su sensatez, se quedó inmóvil, tratando de oír sin ser descubierta. – Cuando vino a vivir con nosotros no era más que un niñato llorón, pero debo admitir que tenía su encanto.
- Resintió mucho la muerte de Kushina, Minato también lo hizo – ocupado escribiendo notas para su novela, Jiraiya no advirtió la presencia de la jovencita oculta en el pasillo.
- A veces me pregunto ¿si hicimos lo correcto al tomarlo bajo nuestro cuidado? – prosiguió Tsunade, la conversación se tornaba más íntima, completando el esbozo de aquella charla donde Naruto por primera vez se sinceró con ella.
- ¿Te arrepientes? – dio continuidad Jiraiya.
- No, eso nunca, solo pienso que al cuidarlo nosotros, prácticamente libramos a nuestro hijo de su responsabilidad, Minato no es más que un extraño para Naruto y temo que sea demasiado tarde cuando quiera remediar las cosas.
- No podemos hacer nada al respecto, fue la decisión de Minato.
- Lo sé, lo sé..., pero me duele pensar que Naruto le guarde resentimiento por ello, no quiero que odie a su padre, los dos ya han sufrido demasiado…
Hinata abandonó su sitio creyendo escuchar más de lo debido, pensó en ello durante un largo rato, preguntándose si podría ayudar de algún modo, su relación con su padre tampoco era buena, su padre mismo la alejó durante todos esos años prefiriendo a Hanabi sobre ella y dejándola al cuidado de sus tíos. Tal vez por ello le costaba tanto confiar en las personas, crear relaciones a sabiendas de que en cualquier momento sería abandonada, ese fue el motivo por el cual durante la escuela secundaria se mantuviera aislada, siendo ella quien creaba la barrera con el mundo y no al revés, convirtió a la soledad en su mejor aliada, manteniendo como único lazo preciado a su hermano mayor, o eso creyó antes de conocer al chico que tenía frente a ella justo ahora.
- ¡Lo logré Hinata!, pude resolverlo todo yo solo.
Salió del ensueño al escuchar la efusiva voz de Naruto y recobrando el dominio de sí, centró su interés en la hoja de ejercicios, comprobando las respuestas, asintiendo complacida al constatar que efectivamente había resuelto el último problema.
- Eres muy inteligente Naruto-kun, sabía que si te lo proponías podrías hacerlo. – Aquel cumplido hinchió su corazón de orgullo y el aprecio que sentía por ella escaló de nivel, ganando un puesto entre sus diez personas más precias, un lugar especial que iba más allá de la gratitud, difícilmente podría pagarle la dedicación y paciencia de la cual era objeto.
– Es suficiente por hoy, mañana repasaremos durante el almuerzo – el tiempo pasó tan rápido que apenas se percató de lo tarde que era, la noche estaba por caer y su padre se molestaría si no estaba a tiempo para la cena.
- ¡Hey Hinata!, la abuela ya debe haber llegado, ¿quieres quedarte a cenar con nosotros? – alegre con su compañía y queriendo disfrutarla un poco más, se apresuró a ofrecer.
- Lo siento, tal vez otro día, mi padre se enojará si llego tarde – aunque muriéndose de ganas por aceptar, denegó la oferta, el temor que su padre le inspiraba podía más que su deseo de permanecer ahí un rato más.
- Entonces te acompaño, es lo menos que puedo hacer para agradecerte – intervino de inmediato, creyendo que nunca le estaría lo suficientemente agradecido por las atenciones que había tenido con él.
- No es necesario, en serio – rechazó dulcemente, pero su testarudo amigo no estaba dispuesto a obtener un 'no' como respuesta.
- No hay modo que me convenzas, me aseguraré de que llegues sana y salva a tu casa – resignada, se puso a su cuidado haciendo una reverencia, sonrió divertido, sus modales asemejaban a las chicas de los dramas históricos que su abuelo solía ver en la tv, su conducta no eran propia de esa época. – ¡Abuela!, acompañaré a Hinata a su casa, vuelvo en un momento – Tsunade se volvió a verlo desde su asiento en uno de los sofás, alzando la vista por encima del armazón de sus gafas café oscuro.
- ¿No se quedará a cenar?
- Se lo agradezco mucho, pero mi familia me espera – se exculpó al sentir la aguda mirada de la mujer clavada sobre sí.
- Me esforcé mucho haciendo la cena – un escalofrío le recorrió la espalda, se sintió aterrada ante la forzada sonrisa de amabilidad de su anfitriona. Tsunade le miró fijamente por alrededor de un minuto antes de darse por vencida y aceptar la oferta, ignorando la airada mirada que Jiraiya le dirigía a su mujer luego de haberse acreditado la preparación cena.
Naruto la condujo al comedor, sintiéndose extrañamente satisfecho del proceder de su abuela, feliz de poder compartir al lado de Hinata un rato más.
- Tranquila, le diré a la abuela que llame a tu padre, yo te llevaré a casa después – a Tsunade no le pasó por alto el solicito comportamiento de su distraído nieto. Exteriorizó una astuta sonrisa al reconocer en él los primeros síntomas de esa enfermedad que aqueja a los adolescentes sin previo aviso, un sentimiento que en los Namikase era especialmente intenso y del que Naruto tarde o temprano habría de tomar conciencia.
Continuará…
