CAPITULO 9: Cazando al fantasma (Parte 2)
"Al enfrentar los temores de mi niñez los convertí en las fortalezas de mi futuro"
Desde pequeña Hinata sintió un profundo temor por ese mundo invisible que se esconde a los ojos mortales, recordaba claramente un hecho inexplicable ocurrido años atrás en un resort de esquí en Niseko, fue durante su último viaje familiar, el día que su madre murió.
La mañana de ese día su madre le enseñaba a esquiar, en un desafortunado descuido perdió el control y se deslizó fuera de la pista, su frenética carrera se detuvo gracias al tronco de un viejo árbol que obstruyó el camino a un desfiladero, desorientada, entre los arboles vio la fantasmagórica figura, una hermosa mujer de facciones perfectas y piel tan blanca como la nieve, hubiese sido normal de no ser por lo fulgurantes ojos carmesí semejantes a los de un demonio. Tan rápido como apareció desapareció de su vista, según los lugareños se trataba de Yuki-onna y su espíritu presagiaba alguna desgracia inminente, creencia a la que Hinata dio crédito luego del terrible incidente que arrebató la vida de su madre durante la inusitada tormenta de nieve que tuvo lugar unas horas después.
En aquel transe angustioso vinieron a su mente los acordes de una melodía casi olvidada por ella, su madre solía arrullarla en las noches de tormenta tarareando la canción de cuna, la armónica tonadita la sumía en un apacible trance que alejaba todo mal, lo hizo incluso cuando la protegió de morir congelada.
Guiado por la dulce voz, Naruto la encontró sentada en un rincón dentro de una de las aulas, sin pensar se acercó a ella, la luz de la luna llena que se colaba por los cristales de las desvencijadas ventanas dejó al descubierto la frágil silueta de su amiga.
- ¿Te encuentras bien? – extendió su mano, tocándole la cabeza con la punta de los dedos, un estremecimiento mayor la sacudió, su mente se encontraba nublada por el miedo, profiriendo un sollozo tan desgarrador que el corazón de Naruto se estrujó – Hinata por favor… – sin proponérselo rodeó el frágil cuerpo con sus brazos – todo está bien, Kyoko-chan no existe, fue un invento de la abuela para que los estudiantes no merodearan por aquí – repitió hasta lograr apaciguarla.
- ¿Y…? ¿y los ruidos? – sin apartarlo, recobró parte de la compostura.
- El edificio es muy viejo y… – la frase quedó en el aire, Hinata pegó un nuevo grito que casi lo deja sordo al vislumbrar los fulgurantes ojos de antes, histérica, se aferró a su cuello, escondiendo el rostro sin importarle la comprometedora posición de la imagen que proyectaban – tranquila, te lo dije, yo te prote... ¿Kurama? – Hinata abrió de golpe los ojos al escuchar el familiar maullido – vaya, creo que tenemos al culpable de los ruidos raros que escuchamos – más relajado pero sin soltar su abrazo, Naruto le dirigió una conciliadora sonrisa, con ojos bien abiertos Hinata observó el gatito atigrado, éste demandaba su atención refregando el afelpado cuerpecito en la pierna de la chica.
- ¡¿Qué están haciendo?! – sorprendidos, pasaron de Kurama a Sasuke. Les veía visiblemente agitado e incluso parecía molesto, Hinata y Naruto se miraron el uno al otro confundidos, lo hicieron hasta percatarse de la mínima cercanía entre ambos, Hinata se apartó al acto, echándose a un lado mientras tomaba a Kurama en brazos – todos se preocuparon por ustedes cuando Shino volvió solo – reprochó Sasuke imprimiendo mayor irritación en el tono de su voz.
- Lo… lo siento, la culpa es mía, salí corriendo sin pensar y Naruto-kun me siguió – incapaz de ver al Uchiha de frente, escondió los ojos tras el flequillo azabache, avasallada por un terrible sentimiento de culpa al sentir los escrutadores ojos negros de Sasuke fijos sobre ella.
- Pero algo bueno resultó al final, encontramos al responsable de lo que está pasando – a diferencia suya Naruto no dio importancia, acariciando la cabeza de Kurama.
Habiendo explicado a los demás el embrollo con Kurama, se dio por resuelto el misterio de Kyoko-chan, más de uno se sintió decepcionado por la historia, especialmente Ino, defraudada al constatar que el fantasma no era más que una invención de la directora Tsunade.
- ¿Quieres decir que todo lo que pasamos fue por culpa de esta bola de pelos? – Sakura fue la primera en opinar, viendo recelosa al pequeño animal que Hinata sostenía en brazos.
- Hace unas semanas Naruto-kun y yo encontramos a Kurama, hemos cuidando de él desde entonces – aclaró la Hyuuga, el secreto que tan celosamente guardara quedó al descubierto.
- Menuda suerte, justo cuando creí que tomaría el video de un fantasma real – clamó Ino decepcionada. – En fin…, ¿qué piensan hacer con el gato?, no puede quedarse en la escuela.
- Ni Hinata ni yo podemos quedárnoslo, tal vez uno de ustedes pueda, Sakura-chan ¿tú…? – la aludida no lo dejó terminar la frase, negándose en automático.
- ¡Olvídalo!, odio esas bolas de pelos – de Sakura volvió los ojos azules a Karin, la pelirroja lo rechazó con mayor firmeza.
- Sabes que soy alérgica Naru-kun, así que aleja esa cosa de mí – espetó con un fuerte estornudo.
No todo estuvo perdido, la suerte del pequeño Kurama se resolvió por la persona más inesperada.
- Puedo quedarme con él, estoy seguro que a mi madre no le molestará –atónitos con la declaración de Sasuke, su incredulidad creció al constatar la solicitud con que el Uchiha tomaba al minino del protector abrazo de Hinata, al instante Karin y Sakura quisieron congraciarse, las alejó poniendo a Kurama de barrera. – Serás muy útil – miró al felino complacido y barajó las posibilidades de llevarlo a la escuela, sin proponérselo encontró el punto débil de las acosadoras.
Nada pudo debatirse al respecto, un ruido proveniente de la arboleda circundante los puso en guardia, pasaron suficientes sustos esa noche como para que otro supuesto espíritu se dignara a aparecer.
- Alguien viene – alertó Shuijestu, seguido a ello entre los arbustos se vislumbró una luz que creció en intensidad, cuando sus ojos pudieron enfocar mejor, quedaron al descubierto dos siluetas que resultaron ser humanas.
- ¿Qué hacen aquí? – el inconfundible rostro de Kakashi-sensei disipó la tensión.
- ¡Ah!, Kakashi-sensei, casi nos matas de un susto 'ttebayo – Naruto se encargó de exteriorizar el sentir de los demás.
- ¿Encontraste a las ratas Kakashi? – Tras Kakashi apareció Mitarashi Anko, la profesora de deportes – este lugar está prohibido para los estudiantes, creo que les levantaré un reporte por esto.
- ¡Pero si no estábamos haciendo nada malo! – protestó Naruto, ya llevaba dos reportes en lo que iba del semestre, uno más y ni su abuela podría salvarlo de una suspensión.
- ¡Suficiente!, si no quieren que llame a sus padres será mejor que regresen a sus casas en este momento – acallando cualquier queja posterior, sentenció Anko con voz de mando; al unísono se profirió un "¡Si, Anko-sensei!" retirándose sin demora del lugar, ya de camino a casa y antes de dispersarse, Ino recordó un importante detalle que casi pasa por alto.
- Bueno Hinata-chan, como tú y Naruto resolvieron el misterio supongo que puedes cobrar tu premio e irte a casa con Sasuke-kun – viendo venir el inminente reproche de las chicas, Ino se adelantó – es lo justo, y te vuelvo a recordar Karin, fue tu idea.
- En ese caso yo te acompañaré a casa Sakura-chan –de igual modo Naruto aprovechó la oportunidad, el reloj marcaba las doce, Sakura había perdido el último autobús y siendo su casa la más lejana a regañadientes aceptó.
Cansados, pero satisfechos de la aventura, se despidieron y cada cual emprendió su propio camino. Hinata suspiró apesadumbrada, los últimos días le parecieron un sueño que no se repetiría, atrás quedaba el tiempo a solas con Naruto y todos esos momentos que al final no contribuyeron a materializar la cercanía que tanto anhelaba, antes bien, las atenciones a Sakura le reafirmaron que para Naruto ella no era más que una confiable amiga.
Sasuke le miró discretamente, desde el principio supo lo de Kurama, Naruto era suficientemente boca floja como para guardar apropiadamente un secreto por más de tres días. Siéndole imposible dar cuenta de su ausencia a la hora del almuerzo no le quedó otro remedio que plantearle lo ocurrido, a su manera lo apoyó, creyendo que el acercamiento entre Hinata y él le resultaría más provechoso al propio Naruto que a ella.
No se equivocó, la presunción con que le restregó en la cara su puntaje en el examen de matemáticas lo confirmó, ojalá el resto hubiera salido tan bien como ese examen, la decepción de Hinata era evidente y no se atrevía a decir nada que no terminara por hundir más su estado anímico.
- No era necesario que me acompañaras Uchiha-san… – se dirigió a él con inusual frialdad, lo que más quería en esos momentos era encerrarse en su habitación y tener la libertad de abandonarse a la soledad de sus pensamientos.
- Es peligroso para una chica andar sola a estas horas.
- Pero tú no querías hacerlo, fue Ino-chan quién te obligó – sabía estaba siendo descortés, después de todo Uchiha-san no tenía culpa de que Naruto prefiriera a otra persona sobre ella.
- Nadie me obligó a nada y si Ino cumple su palabra estaré libre de esas molestias por al menos dos semanas – ante la cordialidad de Sasuke, Hinata se obligó a cambiar de actitud, la única culpable de su mal humor era ella, por albergar esperanzas infundadas. – Es cansado tenerlas todo el tiempo tras de mí, su obsesión se ha vuelto algo patológico... – le hablaba con la intimidad propia de dos viejos camaradas, Hinata escuchó sintiendo algo de compasión por ellas, el carácter del Uchiha era parecido al suyo en muchos sentidos, odiaban la atención indeseada y él debía lidiar a diario con ella, se preguntó ¿si no estaba haciendo lo mismo con Naruto?, yendo contra los deseos de él y forzándolo a una relación unilateral, no tuvo tiempo de profundizar, al doblar la esquina apareció la fachada de su casa.
- Gracias por traerme Uchiha-san…, lamento…., lamento si antes fui grosera contigo, quiero que sepas que en verdad aprecio tu compañía… – se sinceró, Sasuke correspondió con un leve asentimiento de cabeza. Suspiró aliviada, sin decir nada Hinata comprendió los motivos de él al decidir acompañarla, estaba preocupado por ella, seguramente se percató del malestar que le produjo el solícito comportamiento de Naruto. Olvidando sus prejuicios iniciales mentalmente agradeció la amabilidad y discreción en un tema que prefería omitir.
– ¿Uchiha-san? – al notar lo tranquilo que se encontraba Kurama en sus brazos, Hinata se sintió con el valor suficiente para exteriorizar otro hecho que le inquietaba – ¿me preguntaba si tal vez podría visitar a Kurama de vez en cuando?
- Por supuesto, es lo justo ya que cuidaste de él – una grata sonrisa se formó espontánea en los labios cereza de la chica, una sonrisa que provocó una inusual reacción en el impasible Uchiha, en el fresco nocturno pudo sentir como sus mejillas se entibiaban, fascinado con la hermosura de un gesto tan simple. Sucedió algo que nunca más esperó volver a sentir, su corazón dio un vuelco extraño, latiendo con irregularidad debido a la presencia de aquella joven.
Desubicado por el descubrimiento, con uno que otro monosílabo contestó las últimas frases que le dirigió antes de finalmente despedirse y entrar en la enorme residencia de los Hyuuga.
De pie en su sitio, aguardó paciente durante un par de minutos mientras recobraba la compostura, fijó los ojos en una luz recién encendida en la segunda planta, llevó una mano a la altura de su pecho, incrédulo de lo que acababa de ocurrir.
-¿Qué demonios fue eso? – pensó abrumado, incapaz de serenarse del todo – no… no puede pasar otra vez…, es imposible, de ninguna forma lo permitiré…. – se juró decidido, recordando perfectamente los síntomas y cómo ese horrible sentimiento casi lo destruye una vez.
Continuará…
(Dudas, sugerencias, felicitaciones y jitomatazos favor de dejarlos en un comentario, gracias ;3)
NOTA DE SALEM:
Gracias por el apoyo, cuando retomé la historia no creí que casi nadie se acordara de ella, por ahora trataré de actualizar cada 15 días y ya que apenas voy agarrando el ritmo, espero responder apropiadamente a sus comentarios a partir del siguiente capítulo , nos leemos en la próxima actualización =D
