Después de otra interminable espera... el siguiente capítulo xD Tengo que conseguir sacar tiempo como sea para todas las historias que tengo sin terminar, pero es que ya estamos a mitad de verano y tengo que terminar el cuadro para la exposición de septiembre (sí, hice mucho el vago en las clases de pintura y ahora me toca currar T^T). Eso sin contar que esta semana me vuelvo a ir y ahí van otras tres semanas sin internet... así que procuraré hacer todo lo que pueda ahora y a ver si puedo subir el próximo capítulo pronto. Ale, disfrutadlo :)
Aviso: ¡No me pertenece nada! La historia es de kate882 ~
Punto de Vista de Jay
- ¡Hace calor! - exclamé mientras salíamos del aeropuerto -. ¡Estamos en Alaska y hace calor! Traje una chaqueta y todo. Podría haber traído mi PSP en su lugar.
Adrian se rio. Tonto.
- Para empezar, no tendrías que haber venido - dijo Dimitri.
Miré hacia arriba. Nunca dejaba de sorprenderme lo alto que era. Me pregunté si alguna vez yo mediría tanto. Esperaba que no. Acabaría dándome en la cabeza con el marco de las puertas, y eso no sonaba muy bien.
- Debería haber venido, y lo hice - dije mirándole a los ojos. La mayoría de los demás dijeron algo, dejándome saber que estaban en desacuerdo con esto -. Bueno, gracias. ¿No es eso amor? - dije sarcásticamente poniendo los ojos en blanco.
Como mi madre no bajó para la cena, subí a su habitación. Dimitri también estaba allí; probablemente por la misma razón: para averiguar qué pasaba.
- No te molestes. Puedo manejarlo - le dije.
Me miró escéptico.
- Ella no abre la puerta, ¿sabes?
Me reí. ¿Pensaba que eso sería suficiente? ¿En serio?
- Limítate a ir abajo con los demás. Tengo maneras de entran en los sitios - sonreí.
- Sí, todos somos conscientes de ellos ahora - murmuró mientras se marchaba.
Empecé a intentar entrar en la habitación de mi madre. Era un poco complicado sin una tarjeta de la habitación, pero me las arreglé.
Abrí la puerta.
- Jay, ¿cómo entraste?
Mamá suspiró. Parecía que hubiera estado llorando.
Cerré la puerta suavemente y caminé hacia ella con una expresión preocupada.
- Mamá, ¿estás bien? - pregunté dándole un abrazo.
- Soy una madre terrible. Ni siquiera puedo mantener a mi hijo de siete años en donde debería - dijo con amargura.
Entonces… ¿Esto era mi culpa? Los sentimientos que me produjo ese pensamiento eran de todo menos buenos. Había hecho llorar a mi propia madre. Tenía que intentar hacer que se sintiera mejor.
- Mamá, no es tu culpa. El Servicio Secreto no me pudo mantener fuera de las partes restringidas de la Casa Blanca. La patética seguridad de este hotel no me pudo mantener fuera de tu habitación. La seguridad del aeropuerto no pudo mantenerme fuera del avión. El parque de atracciones no pudo evitar que montara en las atracciones para las que era demasiado pequeño - ahí fue cuando me detuvo. Probablemente fuera lo mejor. Estaba a punto de decir cómo la CIA no pudo mantenerme fuera de sus despachos.
- Espera, espera. Jay, ¿acabas de decir que entraste en las partes restringidas de la Casa Blanca? - dijo exasperada.
Oh, es verdad. Ella no sabía de aquello. Pero tampoco lo sabía la gente de la Casa Blanca.
- Sobre esto… Estoy tratando de hacerte sentir mejor, no charlar sobre mis hábitos de entrar en los sitios sin permiso - dije rápidamente. Me puse más serio -. Pero no eres una mala madre. Eres la mejor madre del mundo. Incluso si no sabes cocinar. Te quiero, no lo olvides. Y no quiero oír que dices que eres una mala madre otra vez; no me gusta que mi madre mienta.
La abracé.
- Me siento como si nos hubiéramos cambiado los papeles. Se supone que soy yo la que tiene que consolarte cuando estás mal y decirte que no estés mal contigo mismo; pero aquí estás tú, haciéndolo al revés - dijo.
- Somos así de especiales - me encogí de hombros.
- Definitivamente somos especiales - dijo sarcásticamente.
Bueno, no podía decir que se equivocara.
- Sí - dije alegremente.
Me sonrío. Una de dos: se sentía mejor o quería que me callara y me fuera y solo estaba fingiendo. Creo que es la primera. O eso espero. Nunca se sabe con ella.
- Es tan extraño que puedas ir desde niño completamente manipular que finge ser inocente a este niño tan dulce - hizo una pausa -. Yo era parecida de niña.
Ambos nos reímos.
- Me dieron miradas extrañas cuando me puse a ver Mentes Criminales en el avión. Debería haber conseguido una de Pokémon o algo así - dije.
- ¿Tienes una película de Pokémon? - preguntó confusa.
Tal vez.
- No, he dicho 'conseguir una' - dije poniendo los ojos en blanco.
- Eso habría sido más normal - acordó.
- Lo normal está sobrevalorado - dije sonriendo ampliamente.
Demostraba que creía en eso cada día con mi manera de actuar. Ella asintió, de acuerdo también con esto.
Alguien dio unos golpecitos en la puerta.
- ¿Puedo pasar? - dijo Dimitri educadamente.
- Claro, pasa - dijimos los dos a la vez.
- ¡Hey! - dije antes que Rose justo cuando Dimitri entraba en la habitación.
- Cómo conseguiste entrar a-… Déjalo, no quiero saberlo - dijo mirándome.
- Bueno, me voy antes de que empecéis a besaros y quién sabe qué más - dije saliendo y cerrando la puerta.
