Los ojos del alma
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 2 Compasión
Terry se quedó mirando a esos ojitos verdes que siempre veían en dirección contraria a él, pero que aún así, buscaban los suyos insistentemente.
Estaban tristes, cargados de lágrimas, de dolor, había desesperación en ellos, algo indiscriptible que conmovió por completo su alma.
—¿Escapaste?— Ella asintió a la vez que rodaron dos gotitas transparentes y saladas por sus mejillas. Terry respiró profundo, ella le había movido el alma entera.
—Sé lo que estás pensando, pero si te...
—¿Sabes lo que estoy pensando? ¿De verdad lo sabes?— Le preguntó en un tono irónico y severo que la hizo sentir pequeña y más vulnerable.
—¡Sí! Es lo mismo que piensan todos. Que soy una tonta, malagradecida, que no sabe nada de la vida ni de sus peligros, que soy un costal que todos deben cargar y saben qué, soy ciega, es verdad, pero no soy sorda, ni muda, ni insensible, yo tengo opinión propia, deseos, metas... incluso, gustos...
Terry no interrumpió ni por un segundo su descarga, más bien se quedó sin habla al ver lo excitada que estaba esa pequeña criatura, exhaltada y furiosa, pero a la vez, muy, muy triste.
—¿Por qué te escapaste?— Limpió sus lagrimitas con sus dedos, quiso continuar rozando con sus manos aquella carita tan suave, tan inocente, pero se apartó, aunque ella no mostrara ningún temor o intención de rehuirle.
—Por todo lo que te mencioné y porque además... piensan que Neil es un príncipe encantador que se muere por mí, pero no es así. Ellos lo idolatran, pero... él... es cruel, es malo y ellos me están empujando a su guarida ciegamente...
Había mucho resentimiento en sus palabras, un grito de auxilio que lo conmovía, sin embargo... ¿qué podía hacer él por ella?
—Puedo entender eso, niña, pero... ¿crees que escapándote y vagar sola por las calles mejorará tu situación?— Ella negó con la cabeza y dio un largo suspiro de resignación.
—Fue sólo un impulso... me sentía ahogada, que me asfixiaba... Sólo salí en busca de algo de libertad...
Terry se perdía en ella profundamente, su corazón latía de una forma que nunca lo había hecho, ella lo agitaba, lo sacaba por completo de contexto. Candy movía sus manitas inquietas y él se fijó en lo pequeñas y delicadas que eran, sus uñitas largas y perfectamente limaditas, pintadas de rosa, algunas ya se comenzaban a descascarar.
—Sé lo que es sentirse acorralado, Candy... pero a veces... hay que aguantarse un poco más mientras preparamos nuestra táctica para salir de ahí... tienes un hogar, personas que se preocupan por ti y no puedes dejar eso e irte por las calles... ¿ya has hablado con tu familia sobre el Neil ese?
—Lo he intentado, pero... me paran en seco cada vez que lo hago, como si presintieran la estupidez que voy a decir o cometer y me callo... porque no me queda más, pero..
—¿Y tú lo quieres? A Neil.
Ella tomó una gran bocanada de aire y luego lo exhaló.
—Al principio sí... porque él llegó de pronto y se fijó en mí y era divertido, encantador y yo pensé que... que así es como eran los novios, pero él... parece que se hartó de mí, de mis limitaciones y pues... asumo que se ha decepcionado de andar con éste traste...
—¡No digas eso nunca más!— La abrupta exclamación de Terry la hizo brincar del susto.
—Es la verdad, Grand. ¿Qué chico en su sano juicio querría amarrarse a una discapacitada como yo? Que nunca sabrá si va bien combinada, que no le podrá decir si la corbata que trae le queda bien, si la casa está limpia y reluciente, que... posiblemente ni quiera tener hijos conmigo por miedo a que nazcan como yo...
Los ojos de Terry estaban aguados, fue una hazaña que no llorara junto con ella.
—Lamento mucho que seas ciega, Candy... y no porque no puedas saber si vas bien combinada o no puedas dar una opinión sobre el aspecto de los demás y todas esas cosas que mencionaste, sino porque... no puedes verte en un espejo y descubrir lo hermosa que eres... eres preciosa, linda en verdad...
Tomó su mano y la miró a los ojos, deseando que los de ella pudieran verlo a él.
—Eso no es cierto...
—Lo es. Tú eres cieguita, pero yo no, linda. Si pudiera prestarte mis ojos un rato para que pudieras verte, lo haría.
—Pues no lo hagas, no te los devolvería jamás.
—Bueno, con que tú seas mi lazarillo me quedaría conforme.
—Jajajaja. Sí, seré tu perrito guía.
Esa carcajada fulminó a Terry, incluso sus bromas. La tensión y el coraje que había sentido por ella minutos antes por su insensatez de huir había desaparecido.
—No creo que me vea tan hermosa como dices, pero gracias. Es gratificante oir cosas bonitas a veces... aunque yo deba estar hecha un desastre...
—Umm, no tanto.
—Ya no me adules, imagino cómo debo verme...
—¿Quieres que te diga la verdad?
—Claro, ya nada podría dolerme más que mi propio día a día.
—Tienes un cabello precioso, me encanta el pelo largo y llevo rato aguantando las ganas de jugar con tus rizos... siempre me ha llamado la atención el pelo rizo. Tienes unos ojotes bien grandes, de niña traviesa... tu naricita es muy graciosa, como un pequeño botón respingado, una boquita rojita, inteligente y desafiante que adivino que le encanta meterse en aprietos... y haces muchos gestos graciosos cuando hablas, especialmente cuando te enojas... pareces un monito con pecas...
—¿Un mono? Dices que soy linda y me comparas con un mono, ¡genial!
—Un monito muy hermoso, como ningún otro y además... estás vestida muy divertida.
—Por... ¿por qué lo dices?
—¿No te enojas si te digo?
—No...
—Pues... da la casualidad que tu playera tiene la imagen de una monita con una florecilla detrás de la oreja, como ese broche que tienes en el pelo y... bueno... tus zapatillas...una es rosa y la otra azúl...
Las mejillas de Candy se encendieron de vergüenza violentamente.
—Seguro fue por el apuro de huir... yo no suelo equivocarme... mantengo mis zapatos en orden...
—Pensé que lo habías hecho a propósito, como es la nueva moda, llevar Converse con los colores invertidos...
—Yo no soy conciente de la moda, Grand, a menos que mis hermanas se apiaden de mí...
—Y eres perfecta, tienes un estilo propio y eres especial así, yo soy tu fan.
Candy no podía creer que llevaba tanto rato hablando con el desconocido en su auto, pero se sentía en confianza, nunca había pasado una conversación tan profunda y agradable. Le gustaba ese olor peculiar que él desprendía.
—Grand...
—Dime.
—¿A qué te dedicas?— Le preguntó titubeando y Terry por un momento se tensó.
—Trabajo a medio tiempo en Big Burgers y... voy a la universidad...
—¡Wow! Yo también quisiera poder trabajar e ir a la universidad...
Lo dijo con los ojitos llenos de alegría mezclada con tristeza.
—Oye... ¿Y por qué no tenías el auto ésta tarde?— Otra vez lo puso en tensión, a pesar de la forma en que Candy se había abierto con él, Terry no quería revelarle ese oscuro aspecto de su vida, uno que sin duda, espantaría a un ángel como ella.
—Había estado averiado y lo llevé al taller, me lo han devuelto hace un rato.— Le contestó pensando que su mentira era digna de un Oscar, aunque a la vez se sintiera fatal.
—¿Y qué estudias?
—Arquitectura.
—Wow... ¿te gusta construir?
—Ujum.
—Pues cuando te gradúes, quiero que me hagas una casa para mi sola, que tenga un jardín grande y un banco meciente, con enredaderas y flores en las cuerdas... para yo columpiarme ahí mientras leo a Jane Austen ah y por su puesto, que mi casa tenga una biblioteca enorme para colocar todos los libros que me pienso comprar...
Candy, sin saberlo, mantenía a Terry fascinado con su espíritu de niña, hasta deseó por hacer de verdad todo eso para ella.
—¿Te gusta leer?
—¡Sí! Pero no tengo muchos libros como quisiera, ya sabes... son muy caros para los... ciegos, pero no importa, yo los vuelvo a releer, los que ya tengo y siempre es como si fuera la primera vez... ¿te has leído El Principito?
—No...
—¿No? Ese es un clásico, Grand. Conseguiré una copia en formato normal para ti...
Terry quería quedarse suspendido en el pequeño mundo de esa niña llena de sueños, hundirse en la profundidad de aquella inocencia y hasta se encontró queriendo callar su boquita parlanchina con un beso...
Parpadeó un par de veces por lo repentino, absurdo y fuera de lugar de su pensamiento.
—Candy, me ha encantado hablar contigo, pero... ¿sabes que ya debo llevarte a casa, verdad?
—Sí...— Murmuró y toda su alegría se esfumó, eso a Terry le dolió.
—Ah, pero pronto te buscaré para llevarte de paseo y que me leas El Duquecito...
—El Principito.— Lo corrigió y volvió a regalarle una despampanante sonrisa, algo burlona.
Llegaron a casa de Candy diez minutos después, eran las diez de la noche.
—¡Candy! ¿Qué hacías afuera a éstas horas? Capaz que pescaras un resfriado...
—Lo siento, papá... me gusta leer al ire libre, ya sabes...— Candy agradeció que no hubieran notado su ausencia y que al entrar, pensaran que simplemente estaba leyendo en el porche de la casa.
...
Dos días después, Lunes, Neil había ido a recoger a Candy en su casa más temprano de lo habitual para dejarla en la escuela.
—Neil... ¿por qué querías que estuviera lista tan temprano? Aún falta media hora para que abran la escuela, pude haber dormido un poco más...— Se quejó bostezando.
—Necesitamos hablar.
Fue todo lo que le respondió en un tono muy seco. Estaban cerca de una cafetería, Candy lo supo por el olor a pan recién horneado y los rollos de canela. Neil la dirigió hasta la parte trasera del establecimiento.
—Suéltame la mano, Neil... me duele...
—¿Crees que soy idiota, Candy?— Le soltó de repente y Candy se puso violentamente nerviosa.
—Eh... ¿por qué lo dices?
—Sé que me estás viendo la cara de tonto. Ya dos personas me han dicho que te han visto con un delincuente estrafalario...
—¿Qué? Eso no es cierto. Grand es un amigo que me ha hecho el favor de llevarme a casa cuando...
—¡Y un cuerno! ¿Crees que puedes engañarme así, niñita estúpida?
Le gritó sujetándole las manos muy fuerte y la pobre Candy temblaba como un cachorrito indefenso que estaba a punto de ser apaleado.
—No te he engañado con nadie, Neil, Grand es sólo un amigo y no es un delincuente, si quieres te lo presento uno de éstos días para que...
—Para ambos reírse de mí en mi cara, ¿no?
—¡No!— Gritó indignada e incrédula por las horribles acusaciones de Neil.
—Te he elegido a ti de entre tantas chicas normales que están pendiente a mí y tú pretendes cambiarme por un don nadie de barrio... eres una perdida como todas las de tu clase, Candy... y lo disimulas muy bien, eh...
La atrajo con brusquedad hacia sí, conciente de que la estaba asustando por la cercanía, apretó su cintura fuerte y luego rozó sus nalgas.
—Neil... ¿qué haces? Por favor, no... me estás asustando...
—Pues no pareces estar muy asustada cuando andas con el ratero de la chatarra blanca...
—Neil... ésto no me gusta...
Le suplicaba indefensa mientras Neil la manoseaba y la besaba de forma muy indecente para las costumbres de la pobre Candy.
—No te preocupes, ya te gustará... deja que pruebes...— Introdujo su mano por su falda.
—¡No!— Gritó con horror y trató de apartarse.
Terry caminaba distraído, iba rumbo a esa cafetería para comprar rollos de canela para su mamá que cumplía años ese día y quería sorprenderla.
Le pareció escuchar los gritos de una chica, un manoteo y una voz desesperada.
—Neil... ¡ya suéltame! Te lo suplico...
—Pues suplica un poco más porque aún no me convences...— La fue a pegar violentamente contra la pared, cerró sus ojos para atraparla con un beso brutal y morboso, sin embargo, lo que se encontró besando fue el puñetazo de Terry que lo tumbó al suelo y lo aturdió de momento.
Candy no vio, pero reconoció su presencia, su olor y hasta sintió el puñetazo y a Niel caer al suelo. Se quedó en un rinconcito aterrada, sin poder si quiera reaccionar.
—Desde hace tiempo que me urgía conocerte, malnacido.
Continuará...
¡Hola hermosas!
Gracias, antes que todo por apoyar ésta historia, ustedes son las que nunca me decepcionan a mí y me alegra haber tocado sus corazones.
Respondiendo a la pregunta sobre cómo se me ocurrió la idea de ésta historia: Bueno, luego de concluir Zafiros y esmeraldas, que fue mi proyecto más largo e intenso, tenía en mente otro fic que sería igual de intenso, pero aún me encuentro muy aturdida y comprendí que no estaba preparada para otro proyecto de ese tamaño, así que quise pensar en una historia que me transmitiera cierta paz, algo tierno y lindo, aunque tuviera drama, porque créanme que lo tendrá, pero buscaba algo diferente, algo que pudiera tocar corazones y nació ésta idea por la mañana. Así fue.
Quise buscar algo que llegara directo al corazón, un sentimiento puro, nada de riquezas ni cosas pocos comunes o realistas en el mundo de la clase media como la mayoría de nosotros, quise tocar un tema como el amor inesperado en las circunstancias inesperadas, cuando no te enamoras exactamente del físico o de tu ideal, sino del el alma de esa persona, de quien eres cuando estás con ella, de quienes son cuando están juntos, Candy no tiene vista para apreciar la belleza física de Terry, ni la suya propia, pero sí puede enamorarse de su alma y Terry puede apreciar la belleza de Candy, aunque no sea perfecta al faltarle la vista y que eso la haga diferente a la mayoría y ambos tendrían que abrir los ojos del alma para poder descubrir la verdadera belleza.
Gracias por sus comentarios:
Kazy Tailea, Luisa, Azukrita, Rose De Grandchester, Eri, vero, dulce lu, Oh Ha Ni, Zafiro Azul Cielo 1313, Maride de Grand, norma Rodriguez, luz rico, ferchita diaz, Dali, LizCarter, Laura GrandChester
Un beso,
Wendy
