Los ojos del alma

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 5 Héroe vs. Patán


Advertencia: En éste capítulo habrán unos breves relatos basados en experiencias de abuso sexual, si ésto supone algún inconveniente para ti, o has sido víctima de lo mismo, te exhorto a saltarte esa escena o todo el capítulo si así lo entiendes necesario.


¡Ahí está ese vago, oficial! ¡Arréstelo!

Terry ni siquiera se inmutó, sólo respiró profundo, en cambio Candy, sintió que el mundo se le venía abajo. Se aferró a Terry, cubriéndose detrás de él.

—Dése la vuelta y levante las manos.— Suspirando otra vez, Terry hizo lo que el oficial le ordenó.

—¡Él no me hizo nada! ¿Por qué te empeñas tanto en molestarnos, mamá?

—¡Tú cállate y ven aquí!

—¡No! No volveré contigo nunca más.— Gritó con cierta frustración, ya Terry no estaba a su lado, el lugar era desconocido para ella, se sintió totalmente desorientada y desesperada.

—¿Pero qué diabl...? Terruce... ¿en qué te metiste ahora?— A la escena llegó el señor Hathaway y un par de compañeros de Terry que aún no se habían ido.

—No lo sé. Alguna broma, tal vez la señora dirige algún show de bromas pesadas y ha decidido cebarse conmigo.

—Levante las manos y le aconsejo que guarde silencio.— El torpe oficial volvió a ordenarle.

—Vale, vale.— Terry volvió a levantar las manos, tomándoselo todo a relajo.

—¿Y se puede saber de qué lo acusan?

—¡De secuestrar a mi hija!— Gritó Rosemary impulsivamente y el rostro de todos los compañeros de Terry, incluyendo al señor Hathaway se desfiguraron por lo absurdo.

—Jajajajaja. ¿Disculpen? ¿Y en qué momento hizo eso? Porque ha estado trabajando desde las dos de la tarde y hasta donde a mí me concierne, fue ésta señorita quien vino a visitarlo.

—Exactamente, yo mismo le notifiqué a Terruce que ésta señorita lo andaba buscando. A menos que Terry pueda estar en dos lugares a la vez o que la señorita haya escapado de su supuesto secuestro... es absurda su acusación.

El oficial bajó el arma y la guardó. Las mejillas de Rosemary ardieron de vergüenza.

—¡Es mentira! Mi hija es ciega, no pudo haber llegado hasta aquí sola.

—¡Por supuesto que sí! No soy ninguna inútil, soy capaz de llamarme un taxi.

—Candy, cállate y ven aquí...

—¡Ya he dicho que no!

—Mira niña, ya estamos hartos de tus caprichos y tus berrinches, te vienes ahora mismo o...— Se le acercó con cara de perros e intentó arrastrarla por un brazo.

—Señora, veo que tienen problemas familiares, resuélvanlo y no nos haga perder el tiempo.— Intentó irse el oficial.

—Pues tendrá mucho en lo qué emplear su tiempo cuando descubran que ésta señora expone a su hija para que sea abusada por un hombre.

Terry no pudo aguantar más y se sacó eso de adentro. La madre de Candy se paralizó en el acto, su cara llena de horror, el oficial se dio la vuelta y Candy estaba en shock, incapaz de moverse o respirar.

—¡Eso es mentira! Mi hija jamás ha sido maltratada ni abusada en ningún aspecto... ¿Verdad, Candy? Diles que eso no es cierto.— La señora estaba desesperada y ella misma quería creerse sus propias palabras. Pero Candy comenzó a llorar mudamente, ya no quería ocultarlo más.

—Es la verdad... Neil abusa de mí. Desde hace meses...— Lo confesó llorando, rendida y buscando la cercanía de Terry desesperadamente. Él acudió a ella.

—¿Estás hablando en serio? ¿Por qué nunca nos dijiste nada?

—¡Porque ustedes nunca me escucharon! Tenían a Neil en un pedestal...

—La acusación de su hija es muy grave, señora. Tendrán que acompañarnos a declarar... y... también habrá que notificarlo a Servicios Sociales para que se abra un expediente y una investigación.

Ambas mujeres iban a ser conducidas hasta la delegación, pero Candy se detuvo en seco de pronto, buscando a Terry en alguna parte.

—¿Grand?

—Estoy aquí...— Se le acercó un momento.

—¿Volveré a encontrarte?— Le preguntó con un miedo terrible, un miedo que podía más que ella.

—Claro que sí. Pero llámame antes y por favor... no salgas como una loca a la calle, espera a que yo vaya por ti...

—Está bien, ya no escaparé más...

—Cuéntale todo a la policía, todo lo que te han hecho para que ese malnacido pague por ello.— Apretó su carita, muriendo por darle un beso.

—Tenemos que irnos.— Los apuró el oficial.

—Vete, cieguita, luego yo te busco... ¿sí?

—Sí... Grand...

—¿Sí?

Ella comenzó a buscar su rostro a tientas, lo retuvo con ambas manos, se puso en puntitas y él se bajó un poco para que ella le diera un leve y casto besito en los labios. Fue a penas un segundo, pero llegó al alma de Terry.

...

—Candy, es importante que nos cuentes todo, no tengas miedo, estamos aquí para ayudarte.

—Es que... no sé si sea algo tan grande, pero...

—Hay muchas formas de abusar sexualmente de alguien, Candy, no necesariamente tiene que haber penetración. Verbalmente, tocarte sin tu consentimiento, exponerte u obligarte a mirar o participar de pornografía, todo acto sexual en contra de tu voluntad es abuso.

Candy tenía sus manos muy inquietas, estaba nerviosa y tenía temor. Su madre estaba como ida, como si apenas ahora estuviera despertando de algún sueño.

—¿Cómo fue que conociste a Niel?— Le preguntó la trabajadora social para romper el hielo y que se soltara.

—Yo... esperaba a mi chofer asignado para que me recogiera en la escuela, pero aparentemente tuvo un accidente y nunca llegó, así que decidí irme caminando. Un auto me tocó bocina insistentemente, me detuve y era Neil, no lo conocía, pero se ofreció a llevarme cuando se dio cuenta que yo... soy ciega.

—Continúa, Candy, no hay apuro.

—Bueno... cuando me dejó en casa, mi hermana mayor era la única que estaba presente y en agradecimiento, le invitamos a casa a tomar un café, entonces se lo presentamos a nuestros padres...

—Él se veía un joven muy educado, amable. Mostraba interés por Candy y siempre llegaba a casa con alguna chuchería para ella... a ella le encanta leer, pero sus libros son costosos, Neil le regaló una colección completa... a todas luces, sólo nos pareció un muchacho encantador...

—Pero no era ningún muchacho, señora. Es un hombre de veinticinco años, según tengo entendido. Su hija es menor de edad, ¿no sospechó de su gran interés por una menor?

—La verdad es que no... yo hasta preferí que fuera así, pues no cualquier persona está apto para lidiar con las limitaciones de Candice... yo sólo vi a un joven maduro, educado, amable, que mostraba un interés genuino en mi hija y ella también estaba entusiasmada, así que... no quise que perdiera la oportunidad... Yo jamás pensé que...

El llanto y la culpa se apoderaron de ella. Los cargos de conciencia la estaban matando.

—¿En algún momento su hija le expresó no sentirse a gusto en esa relación?

—Al principio estaba muy emocionada y no hablaba de otra cosa que no fuera Neil y daba gusto verla brillar de esa manera, pero luego... comenzó a desencantarse, a mostrarse indiferente a él...

—¿Y no le pareció sospechoso?

—Candy es una niña, pensé que sólo eran caprichos suyos, los adolescentes son muy cambiantes...

—Entonces ustedes la presionaron para continuar en una relación en la que evidentemente no era feliz...

—Yo sólo quería lo mejor para mi hija. ¿Usted tiene hijos, señora Hamilton?— Le preguntó a la mujer de pronto mientras las lágrimas no dejaban de caer.

—Sí. Tengo una hija.— Le respondió y señaló el marco con una foto de una niña preciosa de unos diez años.

—¿Entonces sí me entiende?

—Lamentablemente no, señora. Empujar a su hija en contra de su voluntad a un hombre mayor, aún conciente de su infelicidad, no me parece que haya sido lo mejor.

—Pero yo no sabía que ese desgraciado abusaba de...

—A veces sólo tenemos que escucharlos, señora, escuchar a nuestros hijos antes de que sea muy tarde.

Rosemary no dijo nada más. Cada vez se daba cuenta de la magnitud de su gran error, de quienes habían sido realmente los ciegos.

—Ahora, si me lo permite, me gustaría hablar con Candy a solas.— La señora se retiró y Candy se sintió más libre de relatarle a la trabajadora social todas las penurias que vivió con Neil.

—En su coche... siempre me manoseaba las piernas y los muslos, yo... acostumbro usar faldas, así fue como empezó... Él siempre decía que me llevaría de paseo... me llevaba alguna heladería o a comprar libros, pero luego... me exigía cosas a cambio o me obligaba...

—¿Qué cosas, Candy? Puedes hablar con libertad. Todo ésto es confidencial.

—Me llevaba a lugares apartados, lo imagino porque no se escuchaba nada, ni ruido, ni nada al rededor... me besaba, pero... de una forma asquerosa, me lastimaba los labios y... se me subía encima... me apretaba los senos...

Lloraba mientras lo relataba, aún con lo acostumbrada que estaba la trabajadora social a escuchar ese tipo de situaciones, no podía evitar el sentir esa rabia, sobre todo, la irresponsabilidad y ceguera de algunos padres.

—Yo lloraba, gritaba y le suplicaba que me dejara en paz, entonces él se enojaba mucho y me decía que yo era un estúpida, que no sabía ser su novia y que era una mojigata, que todas las parejas hacían eso...

—¿Y lo comentaste con alguien?

—Sí. Intenté decírselo a mi hermana mayor, pero ella... sólo me dijo que tarde o temprano eso sucedería y que yo tendría que despertar sexualmente como todas las chicas antes de que Neil se aburriera de mí y me mandara al diablo...

—¿Y qué decidiste?

—Intenté ser la novia ideal para él... yo lo quería, porque cuando se mostraba encantador, era un sueño, a veces él era lindo...

—¿Accediste a tener sexo con él?

—Lo intenté una vez... pero no pude. Me dio miedo y me acobardé, no estaba preparada...— Tras los recuerdos, las lágrimas volvieron a quemarla.

—¿Y cuál fue la reacción de Neil cuando te arrepentiste?

—Se puso furioso. Intentó forzarme, pero no fue posible, le supliqué y le rogué...

—¿Y se detuvo?

—Más o menos...— Contestó luego de un gran escalofrío y se abrazó a sí misma.

—Explícate.

—Pues estaba muy enojado, me gritaba y me dijo que... si yo lo calenté de esa manera para luego dejarlo así, estaba muy equivocada, que yo debía hacer algo por él... algo para compensarlo...

—¿Y qué fue lo que te pidió?

—Él... me obligó a hacerle... con mi boca...— Le confesó llorando...

—Pero no pude. Me daba mucho asco, yo no estaba preparada para esas cosas.— Su llanto se volvió abrasador.

—Hiciste muy bien. Nadie te puede obligar hacer algo que no quieres o con lo que no te sientes cómoda.

—Sí. Yo luché, nunca le permití degradarme ni mancillarme y tampoco le permitiré que arruine el resto de mi vida para cuando llegue el indicado... no le daré el gusto de traumatizarme... él sólo será para mí una mala experiencia y no dejaré que arruine mi cuento por completo.

La trabajadora se conmovió y admiró a Candy. Esa niña tan decidida, tan capaz a pesar de su fragilidad aparente y sus limitaciones. Tenía una gran pasión y a pesar del dolor, ella pudo ver en sus ojos tristes, una gran felicidad oculta y reciente.

—Me alegra que pienses así, Candy. No todos los chicos son iguales y tú eres una chica muy linda y especial que merece respeto y ser tratada como la princesa que eres. Pronto te llegará un príncipe que estará dispuesto a protagonizar tu cuento.

—Yo ya lo encontré.— Le confesó con una sonrisita traviesa que hizo que la trabajadora le sonriera de vuelta.

—¡Vaya! Te repones muy rápido, es una buena señal.

—No puedo dejar que Neil me arruine por completo y Grand... él es un príncipe...

—Me alegra que lo hayas encontrado, pero sabes que de todas formas, voy a referirte a un psicólogo para que recibas terapias, aunque pienses que estás del todo bien, esas experiencias siempre dejan secuelas amargas y yo quiero que seas una mujercita segura y capaz, sin miedos.

...

—¡La policía! ¡Dios, Terry! Tú te metes en cada lío...

—Tranquila, mamá. No me pasó nada, no había nada que pudieran hacer en mi contra.

—Creo que debes desistir de estar viendo a esa niña, Terry...

Eleanor estaba muy preocupada. Su hijo era todo lo que ella tenía, se tenían el uno al otro solamente y la valentía de Terry hacía que su corazón de madre estuviera siempre en vilo.

—Es que no puedo, mamá. Ella no tiene a nadie. Su familia son un abola de ignorantes y el supuesto novio es un desgraciado... no podía simplemente hacerme el tonto...

—Comprendo que hayas querido ser un caballero y hacer lo correcto, Terry... pero creo que te estás involucrando demasiado y tal vez no te has dado cuenta de que...

—Es inevitable, mamá. Desde que ella apareció... siempre está ahí, cuando menos lo espero, donde menos lo espero... ella me encuentra. Y es tan hermosa, tan dulce... ella es absurdamente inocente y a la vez... es lanzada, tan capaz, tan... lo ha puesto todo de cabeza...

Eleanor lo escuchaba con los ojos aguados. Orgullosa del hombre que ella sola había formado. Su bebé, porque parecía que nunca podría aceptar que ya era todo un hombre y no cualquier hombre, el hombre que toda mujer debería tener a su lado.

—Te estás enamorando de la cieguita...

—¿No te hace gracia la idea, verdad?— Le preguntó con cierta decepción.

—No, no, cariño, no es eso. Candy es una chica muy especial, tiene encanto y te enamora a simple vista, eso no te lo puedo discutir.

—¿Entonces?

—Debes estar conciente también de que... una relación con ella implicaría mucha paciencia, responsabilidad... ella es una niña muy capaz, pero no puedes tapar el sol con un dedo... ella necesitará mucho de ti, dependerá bastante de ti, pues hay cosas que su condición lamentablemente no le permite hacer y debes estar conciente de todo ello... no sólo lo digo por ti, sino también por ella. Que no vayas a dejarla en el aire o que la abandones cuando ya no puedas más con la carga...

—¡Yo jamás haría eso!

—Yo sé que no, hijo, al menos no voluntariamente...

—¿Qué quieres decir con eso?

—A veces son las mismas circunstancias las que nos llevan por caminos que no siempre son lo que queremos... por ejemplo... ahora mismo, estás estudiando, trabajando... mucho tiempo el cual no podrás dedicarle... y en un futuro... económicamente... si decides estar con ella más allá, como una familia... todo el peso caerá mayormente en ti, mantenerlos..., deberás apoyarla mucho en las cosas cotidianas debido a su limitación...

—No le tengo miedo a eso, mamá. El encanto de Candy, la ternura y la admiración con que ella me ve sin mirarme... sin ser conciente de ello... hace que toda carga por ella sea ligera y muy por el contrario... yo sólo quiero llevarla a cuestas, protegerla y darle todo...

Eleanor se rindió y sonrió entre lágrimas, resignada, con una mezcla de orgullo y preocupación a la vez.

—¿Ya no vas a comer más?

—No, hoy ha sido una noche demasiado fuerte...

—Bueno, lleva los platos a la cocina para lavarlos.— Eleanor se puso de pie y él detrás de ella.

—¡Ah! Lo olvidaba... te llegó una carta de Eliza...

Continuará...


Hola chicas, espero que les haya gustado, ya vamos avanzando hacia otras situaciones que irán dándole forma a éste proyecto.Ya estamos entrando en un periodo de algunos conflictos en esta historia y también iremos conociendo poco a poco la historia tras fondo de cada personaje.

Gracias por comentar: CONNY DE G, Rose De Grandchester, Guest, norma Rodriguez, Zafiro Azul Cielo 1313, Laura Grandchester, dulce lu, Maride de Grand, skarllet northman, Guest, Candice Graham, Dali, luz rico, cyt, Luisa, gatita, LizCarter, Betk Grandchester, Soadora, normaangelica. zamoramartinez, elisablue85, comoaguaparachoc, Oh Ha Ni


Comoaguaparachoc: Amiga, me da gusto que esta historia te inspire a comunicarte más y te confieso que tus comentarios me han dejado bastante intrigada y me gustaría hacerte unas preguntas, pero no lo he hecho porque no tengo modo de hacerlo de manera privada, ya que veo que no entras desde tu cuenta y a mí no me gusta indagar en la vida ajena en público. Bueno, espero poder comunicarme contigo de alguna otra manera, gracias por tu tiempo y cuídate.


norma Rodriguez: Me alegra que te hayas creado una cuenta, es mucho mejor. :-)


LizCarter: Acertaste, así es exactamente como es ésta Candy, ni más ni menos. Es precisamente su inocencia e ingenuidad lo que la lleva a lanzarse a ciegas (literalmente) porque una vivaracha no pediría los besos, se lanzaría como un león hambriento sobre Grand.


Betk Grandchester: Mi Karlucha Maracucha, no sabes cuánto te extraño, escríbeme por inbox que te estaré esperando :-)


dulce lu: Dulcinea, gracias por tus palabras tan hermosas, si quieres expresar tu sentir una y mil veces, tienes la libertad de hacerlo y nadie puede quitártelo. La cantidad de reviews no define lo buena o mala que puede ser una historia, en la mayoría hay muchos tesoros ocultos y recuerdos gratos que se quedan por siempre en nuestros corazones y nada tiene que ver con los reviews que hayan alcanzado, sino el empeño y dedicación que su creadora nos regaló y el que ustedes lo expresen para nosotros es muy gratificante, por eso lo agradecemos tanto y yo también aprecio a las que leen de manera anónima, pues aunque yo no me entere, sé que también soñaron junto a mí y que son reservadas y hay que respetarlo. Cada historia plasmada en ésta página, son un regalo de la persona que la creó y valen mucho, no importa si tiene cero o mil reviews, lo importante es que te haya dado un momento inolvidable, eso es todo.


Un beso enorme,

Wendy