Los ojos del alma

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 6 Nostalgia


Tras las declaraciones de Candy, se comenzó una investigación contra Neil Leagan. Los oficiales lo buscaban en el sistema.

—Hace dos años enfrentó cargos por agresión sexual hacia una compañera de trabajo... salió libre porque la mujer en cuestión no se presentó a la corte... Tiene delitos menos graves, al parecer tiene un carácter agresivo, según otros compañeros, un par de infracciones de tránsito...

—Hagámosle una visita a ese infeliz.— Convino el otro oficial.

Se dirigieron en volada hacia la casa de Neil. Llamaban a la puerta, pero nadie contestaba.

—¡Neil Leagan! Abra la puerta, somos la policía.— Uno de los agentes insistía, pues había una camioneta estacionada en la propiedad.

—Uno, dos...— Comenzó a contar otro agente que no tenía mucha paciencia con la firme intención de derribar la puerta, pero en ese instante, una chica de unos treinta años abrió la puerta junto a una niña de algunos ocho años.

—Buenas noches, señora... ¿se encuentra Neil Leagan aquí?

—No... Yo soy su hermana... ¿por qué lo buscan? ¿Hizo algo malo?— Preguntó la mujer nerviosa mientras la niña se aferraba a ella.

—Tenemos una orden para arrestro y para revisar éste lugar. ¿Sería tan amable de dejarnos pasar?

El agente sólo estaba siendo educado con la chica que se le veía desconcertada y preocupada, pues en esa propiedad ellos se dispondrían buscar a Neil hasta debajo de las macetas.

—No hay nada.

—Nada.

—Todo claro por aquí.— Se decían los agentes uno al otro revisando todos los rincones.

—¿Al menos podrían decirme de qué se le acusa?

—Agresión sexual contra una menor de edad.—La hermana de Neil se puso pálida y negó varias veces con la cabeza, como no dando credibilidad a lo que oía.

—Aquí está su computadora. Veámos qué esqueletos esconde Leagan.

Los agentes revisaban emails, archivos guardados y no daban con nada comprometedor. Hasta que un archivo en específico llamó su atención.

—¡Lo sabía!— Exclamó uno con triunfo.— En el archivo había fotos de chicas colegialas, entre edades de trece a diecisiete años más o menos. La mayoría de las fotos enfocadas en sus muslos y piernas, algunas en sus pechos y otras de él en posiciones sexuales con ellas. Encontraron una de Candy cubriéndose con una toalla, el terror reflejado en su rostro.

—¡Oh por Dios!— Exclamó con horror la única agente mujer del equipo. Todos los agentes se quedaron mirando uno al otro y luego sus ojos se enfocaron en la hermana de Neil.

—¿Qué? ¡Por Dios! ¿Qué descubrieron ahora?— La pobre chica ya tenía los nervios de punta.

—¿Podría pedirle a la niña que se retire un momento?— El mayor de los agentes, aparentemente el jefe, hizo la petición en un tono amable, pero que encerraba cierta advertencia.

—Becky... ve a ponerte tu pijama, mami irá contigo en seguida. No olvides lavarte los dientes.— La niña obedeció cabizbaja.

—¿Tenía conocimiento de ésto?

—¡Oh Dios! ¡No! ¡Esto no puede ser! ¡No puede ser!— Exclamó histérica, con un dolor agudo expresado en su repentino llanto.

Neil también tenía fotos de su pequeña sobrina, la que más rabia le dio a los agentes fue una en que la pequeña está en la tina, en su rostro se reflejaba el miedo.

—¡Yo no sabía nada! ¡Dios! Mi pobre bebé...— Sarah Leagan se deshizo en llanto.

...

—¡Neil! ¡qué hermosas flores!

—¿Te gustan? Es decir... ¿crees que le gusten a Candy?

—Bueno... supongo...— Respondió Annie con tristeza mientras invitaba a Neil a pasar. Ajena aún a todo lo acontecido y a que lo estaban buscando como aguja.

—¿Dónde está ella?

—No lo sé... mamá salió a buscarla hace horas y no han regresado... tal vez estén en algún parque, teniendo una de sus conversaciones de mujer a mujer... ya sabes...— Annie dijo eso con cierto rencor. Con el resentimiento de la atención que siempre se robaba Candy. Con muchos sentimientos revueltos en su interior, como el amor que ella misma sentía por su hermana, entre otras pasiones más oscuras.

—Creo que no llegaré a ninguna parte con ella, ¿verdad?— Sentados ambos en el sofá, Neil puso una cara de estar realmente abatido y colocó disimuladamente una mano sobre el muslo desnudo de Annie que vestía un short y franelilla fresca, se acercaba el verano y ella no esperaba visitas.

—No lo sé, Neil... Candy es rara...

—Creo que lo mejor sería rendirme ya... tal vez buscar a otra chica que me quiera... más de mi edad... ¿te parece?

Acarició su muslo sugestivamente y Annie sintió que se le aceleraba el pulso, aún a sus veinticinco años. Era una mujer preciosa, de pelo negro largo y ojos azules impresionantes, además de alta y esbelta, sin embargo, no había tenido suerte con los hombres, muchas veces por falta de tiempo.

—Me parece buena idea. Creo que Candy ya ha dejado bastante claro que no te quiere... y yo pienso que todos hemos cometido un error al forzar su relación...— Annie dijo eso con verdadero pesar, por Candy y también por ella que daba lo que fuera porque el interés de Neil se hubiera enfocado en ella y no en Candy.

—Creo que hasta yo he perdido ese cariño que antes le tenía...

—¿A qué te refieres?— Le preguntó nerviosa y con los ojos agrandados.

—Te diré la verdad, Annie...— Le tomó las manos y la miró directo a los ojos, haciendo bien su papelón y Annie a penas podía retenerle la mirada.

—No vine a ver a Candy...

—¿No? Y entonces...

—Vine a verte a ti... hace tiempo que vengo sólo con la esperanza de encontrarme contigo...

—Neil... ¿de qué hablas? Tú a penas me mirabas...

—He tenido que disimular... no quería defraudar a tus padres, pero ahora que sé que Candy no me quiere... no tiene caso que lo oculte más. Me gustas mucho, Annie, demasiado.

Annie todavía estaba intoxicada por la revelación y la cercanía de Neil le entorpecía el pensamiento.

—Neil...— Trató de alejarse y defender su espacio personal, pero cada vez le costaba más, pues eso que estaba ocurriendo, ella lo había soñado muchas veces.

—No me rechazes tú también, Annie... por favor...

Neil buscó sus labios y Annie se rindió, se entregó a ese momento que tanto había imaginado y no pensó en nada más. Sólo en el hombre que sin saber cómo, ya la había desnudado por completo y brutalmente le hacía el amor sobre ese mismo sofá. Unos ojitos castaños vieron todo desde la escalera, unos ojos que callarían el secreto para siempre.

Cuando Neil terminó, ni siquiera volteó a mirarla y se dispuso acomodarse los pantalones. Annie se ponía a recoger su ropa del suelo algo avergonzada y abandonada. No supo cómo fue que sucedió aquello, pero sucedió y por alguna razón, ella no se sintió feliz ni cómoda.

—¡Voy a matar a ese desgraciado!

Tanto Annie como Neil se quedaron en shock al ver al señor White entrar con esa furia a la casa y con el uniforme aún de su trabajo. Se dedicaba a talar árboles para una compañía que exportaba madera.

Neil tembló como un gusano cuando vio que también estaba la policía.

—Neil Legan, está arrestado por abuso sexual de menores y posesión de pornografía infantil...

Annie estuvo a punto de morir de impresión. No fue capaz de hablar, es como si de pronto hubiera sufrido una parálisis cerebral que le impedían responder de cualquier modo. Sólo dos lágrimas gruesas se deslizaron por su precioso rostro. Jamás se había sentido tan sucia en su vida.

...

Terry leía la carta de Eliza una y otra vez. Tratando de sentir aquella emoción de antes, pero sólo había nostalgia. Todo lo que veía al recordarla era un bonito pasado. Eliza y él se conocían desde el Kinder y es como si de toda la vida hubieran sido novios. Muchas imágenes llegaron a su cabeza.

Eliza y él con sus travesuras de niños, jugando en el parque. También recuerdos de su adolescencia, cuando les llegó el morbo y juntos conocieron ese mundo secreto. Todo era muy bello y Terry sonrió con melancolía al recordarla. Sin embargo... habían perdido el futuro de alguna manera. Tal vez en la distancia, todo se había vuelto costumbre por tantos años.

Se encontró de pronto pensando en Candy. En cómo ella lo había deslumbrado con un solo flachazo. Recordaba su carita, su amplia sonrisa. Cuando la tuvo vulnerable y tierna en sus brazos, con una confianza ciega en él. Recordó lo linda que sonaba su risa, que retumbaba por todas pardes. Ella riendo cuando él la cargaba, mordiendo su labio inferior con travesura cuando él la regañaba. Y luego, aquél beso que los dejó sin aire... aún sentía el último que ella le dio.

Se giró hacia su mesita de noche y se topó con El principito. Soltó la carta de Eliza y se dispuso a leer por fin ese libro. Por primera vez se fijó que tenía una dedicatoria.

Para Grand, mi héroe.

Había pasado una semana entera y Candy y Terry no se habían visto. Terry ahora tenía más trabajo en Big Burgers y además, se encontraba en exámenes finales, pero Candy siempre ocupó sus pensamientos.

—Buenas tardes, bienvenido a Big Burgers, su órden, por favor.— Terry estaba atendiendo el mostrador, pero se le veía cansado, ni siquiera hizo contacto visual con su cliente, además estaba por salir en media hora.

—Quiero la hamburguesa más grande que tenga y por favor, un batido de chocolate con extra nata y cereza encima.

—Candy...

De la impresión primera, pasó a sonreir embobado cuando la vio a las seis de la tarde de ese sábado.

—¡Candy! ¿Cómo llegaste aquí?— La preocupación lo volvió a invadir.

—No me escapé esta vez, pedí permiso.— Le sonrió de esa manera tan suya, robándole el alma.

—Sabes que si me entero que es mentira me voy a enojar mucho...— Le dijo entre dientes para que ningún compañero lo escuchara, por suerte, Candy era su única cliente.

—Pues si no me das mi pedido rápido, la que se enojará seré yo.

Terry se rió por la forma en que lo amenazó, señalando con el dedito hacia otra parte y no hacia él, eso hacía el gesto más gracioso. Marcó el pedido en la caja registradora.

—¿Cuántos besos te debo?— Le preguntó Candy muy bajito y Terry parpadeó varias veces, se puso tan nervioso que por poco tumba a su compañero que venía con el vaso del batido de Candy.

—Eso lo discutiremos después, por ahora, va por la casa.— Le murmuró Terry de igual manera.

—Terruce, cierra tu caja y ven a mi a mi oficina para hacer el cuadre.

Ese anuncio de la gerente le supo a gloria a Terry. Por fin se iría y lo mejor era que estaría con Candy, la había extrañado a morir, pero luego de la carta de Eliza y tanta nostalgia, no se sintió en posición de contactarla.

—¡Grand! Pensé que nunca regresarías... yo casi me acabé todo.—Le habló con la boquita llena.

—Pues pensaste muy mal, cieguita tonta.— Se acercó a su mesa y besó su frente. Se paralizó por unos segundos, había olvidado esa sensación.

—Te extrañé mucho, Grand... ¿por qué no me llamaste?— Le reclamó triste y luego le dio un sorbo a su batido.

Terry no encontraba la forma de decirle que realmente había estado huyendo de ella porque tenía una novia que había dado por perdida.

—Tenía mucho trabajo. Ahora estoy a tiempo completo y también muchos exámenes...

—Oh... Debí suponerlo, espero no molestarte...

—Para nada. Tú no me molestas.— Sintió abrazarla y besó sus ojitos, luego sus labios brevemente. Sintió también un gran remordimiento por recordar el asunto de Eliza que aún no discutía con Candy, aunque no tuviera del todo claro lo que eran ellos después de aquellos besos. Sólo sabía que quería que el tiempo se detuviese por siempre cuando ella estaba así, en sus brazos, aferrada a él.

—Termínate eso, te debo un paseo. No creas que lo he olvidado.

—¡Sí!— Se echó el último bocado de su hamburguesa y luego de un par de gruesos sorbos se acabó el batido. Terry sonrió y puso los ojos en blanco. Se pusieron de pie y caminaron hasta el estacionamiento.

—Candy...— Se detuvo de pronto y la recostó de su auto, la miró fijo.

—¿Sí?— Le contestó nerviosa, no acostumbrada a esa cercanía que la ahogaba de su presencia, de su olor y un deseo que a penas comenzaba a despertar en ella.

—Yo también te extrañé. Mucho.— Tomó su rostro y ahogó todo su deseo y añoranza en ese beso que le dio. Uno más hambriento y apasionado que los anteriores, uno que decía alto y claro, te extrañé a rabiar.

—¿A dónde vamos?

—Pues primero a mi casa. No pensarás que iré a alguna parte con este tonto uniforme...

—Yo no puedo verlo. Así que en mi mente, tú estás siempre guapo.

Él se quedó mirándola intensamente cuando dijo eso y por un arrebato, ya montados en el auto, él la volvió a besar.

—Te extrañé tanto que me leí El soldadito dos veces.

—¡El principito!— Exclamó molesta.

—Lo sé, lo sé. Sólo quería verte enojadita.— Su voz fue tan cariñosa, sobre todo el besito que le dejó en los labios.

Llegaron al apartamento. Terry se estacionó y aseguró el auto.

—Móntate que te llevaré volando.— Terry se sentía realmente feliz, se montó a Candy sobre su espalda y decidió tomar el elevador.

—¡Mamá! Vine con Candy...— Se anunció soltado a Candy en el suelo.

—¡Terry!—Se lanzó sobre él como un torbellino, colgándose de su cintura, casi matándolo de la impresión.

—Eliza...

Continuará...


¡Hola!

Preciosas, espero que les haya gustado el capítulo. Esta historia es de drama, sin embargo, no creo que vaya a ser muy larga, ya la tengo planeada casi por completa. Tocaré en ella un par de temas fuertes, pero que vivimos en nuestro mundo, lamentablemente.

Sin más, me despido, no sin antes agradecer por sus comentarios a:

lizzy, Luisa, Maride de Grand, CONNY DE G, vero, Rose De Grandchester, luz rico, ferchita diaz, Alizzzz G, Laura GrandChester, thay, skarllet northman, Oh Ha Ni, norma Rodriguez, Zafiro Azul Cielo 1313, dulce lu, Guest, Dali, Guest, LizCarter, Soadora, gatita

Un beso y excelente fin de semana,

Wendy