Los ojos del alma

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 10 Grandes coincidencias


Ante la pregunta, bajó la cabeza con tristeza. Desde que recuerda, ha sido ciega.

—Pues... desde que tengo memoria, sé que no veo, pero a veces..— Hizo una pausa y luego negó con la cabeza.

—¿A veces qué?— Le insistió y le dio un besito corto en los labios, luego la apretó un poquito más contra su pecho.

—Nada, déjalo.— Dijo triste y disfrutó del calor de su abrazo.

—Sabes que no lo dejaré pasar. Cuéntame todito de ti, sin miedo.

—Es que... es absurdo...

—Pero es importante para ti. Tanto como para que te vuelvas triste de pronto.

Ella se despegó de él un momento, perdió sus ojos en algún punto, volviéndose nostálgica toda su expresión.

—Aunque yo sólo me imagino las cosas, según las describen los demás y siempre añadiéndole un poco más de mi propia imaginación... muchas veces... cuando estoy dormida, llegan recuerdos, coloridos, como si antes yo hubiese visto todo alguna vez... supongo que debe ser mi desesperación de no poder apreciar nada.

El par de lágrimas que ella derramó, le rompieron el corazón a Terry. Se las enjugó y se quedó mirando esos preciosos ojos y ese bello rostro, sus ojitos tenían mucha vida, eran vivases, traviesos... ¿por qué no veían?

—Yo seré tus ojos. Yo te contaré cómo luce todo. Y nunca digas que no sabes apreciar nada... tú ves con el alma.

—Pero... también quisiera ver con los ojos... quisiera ver lo hermoso que deben ser los tuyos... verte sonreir... incluso verte cuando te enojas... de seguro que te ves muy guapo...

Terry sonrió, ella con sus mejillas rojitas, hermosa, pero la angustia la hacía ver sombría.

—Tal vez si me vieras saldrías huyendo. O si supieras un poquito más de lo que soy...— La abrazó fuerte, sintiendo miedo y tristeza de sí mismo.

—Sé que eres guapo, Grand, no intentes engañarme, Annie y Patty lo han dicho.

—Está bien, confieso ese delito, traigo a todas las chicas de mi bloque vueltas locas...— Sonrió con malicia esperando su reacción.

—Seguramente... ¿te gusta alguna?— Estaba muy seria, esperando la respuesta. Terry se estaba divirtiendo mucho con ella.

—Sí. Me trae volando. Soy su esclavo.— Los ojos de ellas se pusieron enormes, su rostro luego dibujó un gran coraje.

—¿Y por qué no te vas volando a buscarla?— Su vocesita furiosa hizo que él tuviera que hacer de todo para no reirse.

—Es que... ella es muy guapa y... no creo que se fije en mí...

—Ah... ¡qué pena!

—Sí, es una pena... porque la quiero mucho, ¿sabes?

—Sí... se te hace costumbre querer muy pronto. Y no creo que no se vaya a fijar en ti, has dicho antes que la traías vuelta loca.

—Pues sí... pero a veces tengo mis dudas...

—Pues ve a buscarla y acláralas, ¿me llevas a casa, por favor?— Se puso de pie furiosa, los ojos enrojecidos y aguados.

—¿Por qué? Aún no termina nuestro paseo y además, no te he terminado de contar de mi nuevo amor...

—¡No me interesa saber nada!— Le gritó, esa vez sí que estaba molesta.

—Eso es lo que me da miedo, no saber nada... aunque nos hemos dado muchos besos...

Candy apretó los dientes, sus mejillas al rojo vivo y las lágrimas ya le quemaban los ojos.

—Llévame a casa...— Le pidió esforzándose para no llorar.

—¿Y no quieres saber quién es la chica que me trae volando?— Se puso de pie también y se le acercó, tomándola por la cintura. Ella quiso empujarlo, pero su calor era algo tan grande que hacía pesada su respiración y le robaba la fuerza y el aliento.

—No...

—Pero me dijiste que debía aclarar mis dudas... sólo estoy siguiendo tu consejo...

—Vale, pero llévame a casa primero...

—¡Uy! Fíjate que no puedo... eso me tomaría mucho tiempo y no podría declararle mi amor...

—¡Entonces pídeme un taxi!— Estaba rabiosa y Terry amaba eso.

—Vale, pero en lo que el taxi llega... te contaré cómo es la chica que ya quiero mucho.

Ella puso los ojos en blanco y alzó el mentón con orgullo.

—Es la más preciosa que he conocido. Tiene mucho carácter y se ve hermosa enojadita... especialmente cuando está celosa. Tiene los ojos más bellos que yo haya visto jamás y unas pequitas que soy capaz de contar una a una. Le gusta escaparse sin permiso y mantenerme al borde un infarto... y además de eso, es muy testaruda, yo odio leer y ella me ha hecho leerme el mismo libro dos veces, a ver... cuál era el titúlo del libro... ah ya sé... El Pastorcito...

—El Principito...— Lo corrigió llorando, pero ésta vez de alegría.

—Ese mismo. ¿Ahora sabes de qué chica hablo?

—Eh...

—Una que tiene dos hermanas que me amenazaron con romperme las pelotas si le hacía algo.

—Jajajaja.

—¿Ya sabes quién es?

—Pues...

—Una cieguita que me ha robado el corazón.

La besó tan dulce que conmovía. Ella misma comenzó a sentir poco a poco la desesperación, el despertar del deseo y el desear quedarse así por siempre, con sus labios unidos a los suyos.

—¿Por qué me hiciste creer que hablabas de otra?— Le reclamó golpeándolo luego de finalizar el beso.

—Porque quería verte todita enojada, pero descubrí algo más...— Le dijo maliciosamente mientras le cubría la cara de besos.

—¿Qué descubriste?

—Que además de enojona... eres celocita.

—Sí...— Murmuró y bajó la cabeza.

—Pero me encantas así... y quería preguntarte... ¿quieres ser mi novia?

—¿Yo?

—No... tú no. Le preguntaba a la señorita de aquél banco que está muy guapa...

—¡Grand!

—Claro que tú. Quiero que seas mi novia, oficialmente.— Le apartó un rizo de la cara y esperaba con ilusión su respuesta, sintiendo una alegría enorme en su corazón.

—Bueno... tendría que pensarlo...— La alegría que antes se dibujaba en el rostro de Terry se esfumó.

—¿Pensarlo? ¿Tanto te cuesta decidirte?— Estaba sorprendido y hasta cierto punto, molesto.

—Sí... verás, es que no es una elección fácil...

—¿Cómo que elección? ¿De qué hablas?

—Es que... es la tercera propuesta que recibo en el día... y todos los candidatos prometen mucho...

—¿Candidatos? ¿Es que a caso...?— La jaló fuerte de la cintura y la miró destilando rabia.

—Tengo pretendientes a chorros... pero sólo puedo decidirme por uno...— Se mordió el labio inferior indecisa.

—Ven, que te llevo a casa.— Le dijo tomándola del bracito y encaminándola a su auto.

—Pero... si aún no te he dicho mi decisión.

—Lo pensarás mejor en tu casa. Además, no me interesa.— Casi la arrastró hasta el asiento del pasajero.

—Jajajajaja.

—¿De qué te ries?— Le preguntó furioso antes de arrancar el auto.

—De lo tonto que eres,Grand. ¿Crees que me han brotado un chorro de pretendientes de la noche a la mañana?— Se burló con su carita risueña, adorando a Terry molesto y deseando poder ver su cara.

—Bueno... ¿y el tal Barney?

—¿Barney?— Le preguntó confundida. El enojo de Terry no había disminuido.

—Sí, el idiota con que el que estabas patinando, no te hagas la tonta.

—Jajajajaja. Es Archie y sólo somos amigos...

—¡Como se llame!— Dijo y encendió le motor de mala gana.

—Sí quiero...— Le dijo ella muy suave e intentando mirar hacia su dirección.

—Perdón... ¿qué?— Terry parpadeó varias veces perdido.

—Que sí quiero ser tu novia. Desde hace mucho.— Se mordió el labio inferior con travesura, derritiendo a Terry por completo.

Él se quedó mirándola embobado por unos segundos, su alegría infantil, su cara tan bella, ella era simplemente hermosa, la razón de que fuera ciega se debía a que tenía que tener alguna imperfección, porque por todo lo demás, ella era perfecta.

Se quitó el cinturón se acercó a ella para besarla, tomando su rostro y besándola muy suave. Paseaba suave sus manos por el contorno de su cara, sin dejarla de besar, luego le desabrochó el cinturón a ella para tener más libertad.

—Te quiero, cieguita. Mucho.— Detuvo el beso un momento para decirle aquello mirándola a los ojos.

—Y yo te adoro, Grand.— Buscó sus labios con las manos y luego se guió con su boca para volverlo a besar. Sus besos de puro amor eran adictivos para ella que sólo había conocido el morbo y el abuso.

—Voy a cuidarte mucho, ¿sabes?— La jaló de su asiento pasajero y la sentó en su regazo, echando su asiento hacia atrás para que el volante no les molestara.

—Yo... siempre trato de ser lo más independiente posible, ya sabes... suavizando las responsabilidades de los demás hacia mí...

Terry pudo sentir el peso de su tristeza, el sentirse que era una carga para los demás y eso le dolió, pero se puso en su lugar, de cierto modo, había mucha verdad en lo que decía.

—Bueno, es cierto que para estar contigo hay que dar una milla extra, no te voy a quitar la razón, pero no eres una inútil, de hecho, eres mucho más útil que muchas personas que yo conozco que no tienen ningún impedimento. Y estás llena de virtudes y talentos...

—Grand... ¿estás seguro de querer andar conmigo?— Una gran angustia se percibió en el tono de su voz.

—Claro que lo estoy, ¿por qué no?— Se la acomodó mejor en su regazo y comenzó a juguetear con su nariz.

—Porque... hay muchas cosas que hacen la gente normal que yo no puedo hacer...

—Me gusta que no seas como la gente normal.

—Me refiero a... conmigo no podrías disfrutar de las cosas normales como... ir al cine, compartir una serie en la televisión o ir a ver un juego de football...— Fue inevitable que llorara al decir esas cosas.

—No soy aficionado del cine, no me muero por ver un partido de football y las series y películas en casa se pueden ver con la opción de narrador, así no perderías detalle alguno...

—Pero debe ser súper aburrido para ti ver una película o programa en el modo narrador...

—Candy, si lo que intentas es desalentarme, no lo vas a conseguir. Lo que más me gusta es estar contigo, así como ahora. Siempre hay una solución. Yo puedo ver televisión con audífonos puestos mientras tú lees a mi lado.

Ella lloró de alegría y lo abrazó muy fuerte. Se sentía inmensamente feliz, tanto que le daba miedo.

—Grand...

—¿Sí?

—No juegues conmigo. Si en algún momento sientes que no puedes más con ésto, sólo dímelo, que yo...

—Candy, yo no juego con nadie. Tú... ¿no tienes idea de cuánto yo te quiero, verdad?

—Es que...

—Es que nada. Yo te quiero así, eres hermosa, perfecta y sé todo lo que podría significar estar contigo. Quiero que cuentes conmigo, cuando tú no puedas, aquí estoy yo.

Ella levantó la carita y se secó las lágrimas con las manos, él volvió a besarla.

—Tengo que dejarte en tu casa.— Suspiró profundo porque de verdad no quería desprenderse de ella.

—No... ¿por qué siempre cuando más a gusto estoy?

—Sí, no quisiera tampoco, pero... me tengo que ir a trabajar...

—¿Y no podrías llamar y decirles que no puedes? Porfis...

Terry estuvo a punto de ceder, pero...

—No puedo, cieguita. Mi sueldo está medido. Además, para ausentarme, tengo que llamar al menos con cuatro horas de anticipación... y ya no tengo ese tiempo.

—Bueno... ¿y te veré por la mañana?

—No, linda, por la mañana tengo que ir a la universidad.— Ella resopló molesta y cruzó los brazos. Terry quiso poder comérsela a besos.

—Pero te recogeré en la escuela a las tres.— Le dio un besito y la dejó nuevamente en el asiento pasajero.

...

—Y bien... ¿cómo te fue?—Le preguntó Annie tan pronto como Candy llegó, Patty también esperaba respuesta ansiosa.

—Bueno, pues... ¡Somos novios!— Gritó lanzando al aire la monita de peluche.

—¡Sí!— Gritó Patty con emoción y la abrazó.

—Me alegro mucho que todo haya quedado bien. Al menos él sí se ve que te quiere y te defiende...— Annie le sonrió con un gesto muy triste.

—Sí... aunque aún nos falta mucho por hablar y él quedó de contarme algunas cosas de su vida... cosas que dice que no me van a gustar...

—Bueno... yo sólo espero que esas cosas no les impidan estar juntos y que no tengan que ver con delitos porque si no... cumpliré mi promesa de reventarle las pelotas...

—¡Annie! No creo que Grand sea ningún delincuente... aunque sí tiene sus reservas... él... sólo tiene a su mamá, pero... creo que hay algo turbio en cuanto a su padre... se puso raro cuando saqué el tema.

—Bueno, Candy... a penas están comenzando, dale su tiempo y no lo presiones. Cuando él pueda abrirse contigo, lo hará. Hay cosas que no son tan fáciles de... de contar.— Le dio un beso en el pelo y la apretó contra ella. Patty, que comprendió un poco, pues sin que nadie supiera, ella guardaba un gran secreto de su hermana, también se puso un poco triste.

—Bueno, Patty, te dejo con Candy para que se desvelen hablando del súper héroe Grand, yo me voy a la cama...

—¡Tan temprano!— Exclamaron ambas, pues a penas eran las ocho de la noche.

—Sí... mañana me tengo que levantar muy temprano. Adiós...

...

A la mañana siguiente, dos chicas que no se conocían para nada, coincidieron en una clínica y se sentaron una al lado de la otra. Una tenía el pelo negro y ojos azules, veinticinco años. La otra tenía veintiún años, tenía los ojos color ámbar y el pelo rojo natural, a diferencia de la pelinegra lacia, ella era riza. Dos jóvenes bellas, pero con todas las ilusiones destrozadas.

—Disculpa, ¿llevan mucho rato que no llaman a nadie?— Se derigió la pelinegra a la colorada.

—Llevo una hora aquí y a penas llamaron a una sola chica. ¿Te anotaste?

—Sí... es que... es la primera vez que vengo y estoy nerviosa...— Entrelazó sus manos y se revolvió con un escalofrío.

—Yo también vengo por vez primera...— añadió la peliroja y se le aguaron los ojos.

—Y... ¿estás segura?

—No tengo otra opción... ¿y tú?

—Tampoco...

—Disculpa, ya me llamaron.— La peliroja le sonrió a la morena y se dirigió al cuartucho al que fue llamada.

—¿Está segura señorita? Aún está a tiempo...— Le dijo el doctor que siempre agotaba sus últimos recursos antes de tener que practicar ese oficio.

—Es que... ¡ouch!— Se quejó de pronto.

—¿Se siente bien?

—Desde ayer siento mucho dolor y he sangrado un poco...

—Permítame revisarla y hacerle un sonograma antes de...

Después de que la revisara meticulosamente y se hiciera un sonograma, el médico volvió a hacia ella con la cara llena de pesar.

—Dígame lo que sea, doctor... de todas formas yo no pensaba tenerlo...— Dijo llorando, pero en el fondo, había albergado una esperanza de traerlo al mundo, de haber contado con más apoyo o con un buen padre para su hijo.

—Se trata de un embarazo ectópico... es decir, el feto se está formando fuera del útero... no hay manera de salvarlo... y si no procedemos cuánto antes... usted podría morir...

Ella sólo asintió y la prepararon para realizar el proceso.

La pelinegra vio que a la peliroja la trasladaban en una camilla hacia una habitación y le entró el pánico. Antes de que pudiera pensar más su decisión, la llamaron.

—Por favor, mucho reposo. Y si es posible, no se presente a trabajar en unos días, yo mismo le daré una licencia para que se le excuse.— Ella sólo asintió y abandonó la clínica, empapada en llanto y dolorida física y emocionalmente. Ese día marcaría su existencia para siempre.

...

—Buenas noches, bievenida a Big Burgers, ¿me permite su órden?— Terry se dirigió a la joven clienta con su mejor sonrisa. Estar en paz con Candy y ser su novio oficialmente lo llenaba de alegría, hasta estar trabajando hasta las doce de la noche un sábado le daba igual, sobre todo, porque tenía el domingo libre y lo pasaría con su cieguita.

—Buenas noches. Me gustaría la hamburguesa tejana doble, por favor, sin cebolla, quiero que la carne me la hagan en el momento, sin pimienta, yo la espero aunque se tome tiempo.

—Claro. Deme un segundo para notificarlo en la cocina.— Dijo Terry y se dio la vuelta para hacer como dijo.

—¡Hey! No he terminado con mi orden...— Se quejó la rubia prepotente de unos dieciocho años y con aires de grandeza.

—Lo siento, señorita, pero si no lo avisaba al momento, la preparían mal. Continúe, por favor.— Ella respiró profundo y prosiguió.

—En vez de soda, me gustaría un batido de fresa.

—Disculpe, el batido de fresa ha sido descontinuado... tenemos vainilla y chocolate...

—¿No hay batido de fresa? ¿Y por qué no ponen un letrero que lo indique?

—Lo hemos puesto, señorita, mírelo aquí.— Terry le señaló la imagen en el menú en donde estaba ilustrado el batido de fresa con una línea roja atrevesada que decía "no disponible".

—Bueno, pues ya que no hay la bebida que deseo, ¿podría ordenarla luego, en lo que me decido?

—Por supuesto, señorita. De hecho, puede sentarse y tan pronto como esté lista su órden, yo o uno de mis compañerlos se la llevaremos a su mesa.

—Me parece bastante justo. Tenga.— Le extendió un cupón para una orden gratis. Terry lo tomó y lo leyó con atención, era una de las reglas del restaurant, que el cupón no estuviera vencido, que la promoción coincidiera con el pedido del cliente y que fuera válido en la sucursal.

—Disculpe, señorita, esa promoción no es válida en ésta sucursal.

—¿Cómo que no? Además, ¿en dónde lo dice?— Su voz que era tan chillona comenzaba a impacientar a los clientes de la fila.

—Lo dice aquí, "promoción válida para la sucursal de New Jersey".

—¡Es el colmo! No tienen la bebida que deseo y ahora no quieren validar mi cupón, quiero hablar con un gerente ahora mismo.

—En seguida se lo llamo, señorita. Espere en el lado izquierdo en lo que llega.— Dijo Terry con la intención de poder tomar la órden al próximo cliente.

—De aquí no me muevo hasta que vea al gerente.— Terry puso los ojos en blanco, el señor Hathaway se presentó.

—Buenas noches, señorita, dígame.

—Bien, ordené un batido de fresa y no lo tienen disponible, luego el inepto de su empleado no me quiso validar el cupón disque porque es de New Jersey...

—Susana, ¿qué es lo que pasa?

Llegó el padre de la chica al ver el alboroto.

—Éste empleaducho que es un inepto, papi...

Cuando el padre miró a Terry, casi se desmaya.

—¿Terruce?

A Terry le tomó un rato reconocerlo, pero luego, le dedicó su mirada furibunda que hacía que ese señor temblara.

Continuará...


¡Hola!

Espero que estén teniendo un excelente fin de semana, yo no tanto, muchas tareas y tres niños que me llevan al látigo, pero... eso es parte de ser esposa y madre.

Bueno, espero que les haya gustado el capítulo, han visto como ésta trama va tomando su forma poco a poco y espero que la sigan disfrutando, como dije, tocaría en ella temas fuertes, pero reales y cotidianos.

Gracias por tus comentarios:

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ERIKA L: No me molesta para nada lo largo de los reviews, ese es un espacio para expresarse y estás en todo tu derecho, por el contrario, nosotras las escritoras deberíamos sentirnos halagadas de que ustedes no sólo sacan un poco de su valioso tiempo para leernos, sino que además nos dejan su sentir, yo personalmente lo considero un privilegio, así que esperaré seguir viéndote por aquí.


cyt: Leí tu sugerencia, pero por el momento estoy cargada de trabajo con ésta historia y pronto tendré que trabajar en los otros dos fics en los que participo como co-autora, más recientemente acepté la propuesta de otra lectora, tal vez en otro momento pueda realizarte eso que me pediste, ya que aunque no conozco la canción, la letra sí es muy bonita y me llegó. Un beso y gracias por leer.


Hasta pronto, preciosas,

Wendy