Los ojos del alma

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 12 Visita inoportuna


—Por favor, sólo quiero hablarles...— Dijo poniendo su imponente mano en la puerta, evitando que Eleanor se la cerrara en las narices.

—Llegas veinte años tarde. Vete.— Le dijo con los ojos aguados Eleanor, visiblemente afectada, se notaba en el temblor de su voz. Richard se quedó mirándola, a sus treinta y ocho años, seguía bella, esbelta, además aparentaba a lo mucho, treinta años. No fue capaz de apartar la vista de ella, con su pelo largo y ese tono rubio cenizo que las canas aún no tocaban. Con su sencillo vestido azúl marino hasta medio muslo, se dibujaba cada curva de ese cuerpo que alguna vez fue suyo, cuando ella creía en él y lo amaba, cuando se entregó tantas veces por amor, llegando Terry a sus vidas.

—Mire, señor, se lo diremos claro para que lo pille de una vez, estamos ocupados. Tenemos una cena familiar, como puede ver.— Hizo énfasis en la palabra familiar, dejándole claro que en esos asuntos, él quedaba totalmente excluído.

—Terry... ¿ese señor es tu papá?— Se atrevió a preguntarle Candy luego de pensarlo muchas veces. Terry seguía aferrado a su cuerpecito, porque esa barrera frágil lo mantenía abstento de echar a su padre a patadas de su casa y de sus vidas.

—Sí...

—¡No!— Gritó Terry luego de que el señor le confirmara a Candy que sí.— Yo ya te dije que no tengo papá, Candy.

—Terruce, por favor...

—Se nos enfría la cena.— Dijo Eleanor con voz firme, mirando al padre de su hijo altiva y jamás, se había jurado, jamás lloraría frente a él.

—Ya veo... sigues tan orgullosa como siempre. ¿Por qué nunca me dejas verlo?— Le reclamó como si tuviera derecho alguno. Mas ese reclamo confundió a Terry de momento y miró a su madre, que esa vez, sí lloró de los nervios.

—Si tú de verdad hubieras querido, habrías encontrado la manera.

—Ya, ya... ¿se puede saber de qué hablan?

—De que tu madre nunca me dejó visitarte ni que compartieras conmigo.— Le reveló mirando a Eleanor con gesto de triunfo por la estocada que acababa de darle.

—¡Eso no es cierto!— Se defendió, pero la mirada inquisitiva de su hijo seguía clavada en ella.

—Ya no quiero escuchar nada más, usted, váyase y no regrese nunca más.— Terry soltó a Candy y se propuso a echar a su padre.

—No me iré hasta que sepas toda la verdad. No es cierto que no te quise o que no te haya buscado...

—Claro y por eso es que su familia nunca supo de mi existencia.

—Esas fueron otras circunstancias, no lo entenderías...

—Entonces ahórrese las explicaciones y lárguese.

—Ya... Terry, ¿me llevas a casa?— Le suplicó Candy que estaba en medio de todo, asustada y nerviosa, sabía que Terry tenía una vena agresiva y no quería estar presente para cuando eso estallara. Sus ojos aguados y su carita asustada le bajó unas rayas a la rabia de Terry. El señor se fijó con atención en ella y tambié hizo la típica expresión de asombro al percatarse de su ceguera.

—Sí, creo que será mejor que lleves a Candy a casa.— Convino Eleanor con pesar.

—Mamá, no quiero que te quedes sola con éste hombre, acompáñanos.

—No, Terry, no es necesario, vete tranquilo, yo puedo apañármelas.

—Bien. Sólo le advierto una cosa, si le hace algo a mi madre, si vino con la intención de molestarla o perjudicarla, no respondo.— Se le acercó intimidante, ese rencor fiero en su mirada.

Salió junto con Candy y se montaron en el auto.

—Lo siento, Candy. No pensé que la noche iba a terminar así...—Antes de arrancar el auto, se dirigió a ella, lleno de coraje, pero no estallando porque su hermosa carita abatida lo frenaba.

—No importa. Ya será otro día.— Le sonrió, pero no pudo evitar su desilusión.

—Yo... de verdad quería que la pasáramos bien, quería contarte de él y muchas cosas más, pero...

—Tranquilo. Ya habrá tiempo para todo eso. Sólo espero que las cosas se arreglen.

Terry sintió la necesidad de besarla, de aliviarse con su amor. La besó muy suave y dulce, como si quisiera consumirla de a poco, como algo que no quisiera que acabara, pero luego la besó con más pasión, lo necesitaba.

—Te amo, cieguita.— Le dijo tan pronto sus labios se despegaron. Se hizo una pausa en el universo en ese instante. Él le había dicho que la amaba, por primera vez.

—Grand... pensé que nunca ibas a decírmelo...— Era tierna su emoción, su alegría.

—No había encontrado el momento... pero quiero que lo sepas, mereces saberlo. Te amo, a pesar de todo y de todos. No te voy a fallar.— Le besó la frente y se quedó con los labios pegados ahí por un rato, pensando en todo, mientras su cabecita estaba enterrada bajo su mentón.

Se decidió a arrancar y el trayecto hacia la casa de Candy fue en silencio, pero no era incómodo. Terry estaba muy pensativo. Se detuvo en una luz roja y miró a Candy un momento, supo que daría su vida entera por ella.

—Te daré todo lo que me pidas.— Le prometió y le besó la mano que tenía entrelazada en la suya.

—Y yo te cuidaré y te apoyaré en todo.— Le dio una sonrisa tan encantadora que él tuvo que sonreir también.

—¿Tú me vas a cuidar?— Levantó una ceja con arrogancia.

—Sí. Es que tú a veces eres un poco loco, ¿sabes?

—¿Yo? ¿Quién es la que se escapa de noche a vagar por las calles?

—Bueno, pero eso fue porque... ¡no cambies el tema!

—Vale, vale, tú serás mi camisa de fuerza.— Se comió su carita alegre a besos.

Ya habían llegado a la casa de Candy.

—Buenas noches, linda. Paso por ti en la escuela mañana.— La acompañó hasta la puerta de su casa.

—Está bien... Grand...

—Dime.

—Te amo.— Le dijo sonriendo, tratando de mirarlo con esos ojazos traviesos y él sintió que se quedaba medio idiota. Ella lo amaba, y se lo dijo de esa forma tan segura y natural, como si amarlo fuera algo tan lógico.

Partió rumbo a su casa nuevamente, a pesar del desastre de aquella cita, el saberse amado y correspondido le hacía feliz.

...

Cuando Terry regresó a su casa, encontró a su madre sentada en el sofá, llorando y se preocupó.

—Mamá... ¿qué pasó? ¿Qué te hizo ese...?

—Nada, mi amor. Él no me hizo nada.— Lo abrazó y le sonrió debilmente, ahogada en llanto. Terry se sentó junto a ella y la abrazó.

—Mamá, nunca te lo pregunté, pero me gustaría saber... ¿por qué fuiste a parar con un hombre así?— Ella respiró profundo, sus ojos melancólicos miraban hacia el pasado.

—Yo iba a la escuela y al salir de clases, siempre íbamos a la cafetería de la esquina donde él trabajaba. Era un empleo de medio tiempo para pagarse la universidad. A mí siempre me pareció guapo, simpático y con la vanidad de la adolescencia, yo no perdí oportunidad de coquetear con él, tenía dieciseis años... Él era guapo, trabajaba, estudiaba y tenía un auto, bueno, era un auto viejo, pero era un auto al fin.

Sonrió al recordar aquellos tiempos, fue nuevo para Terry verle esa expresión soñadora.

—Una de esas tardes en que fui con mis amigas a la cafetería, él se animó a invitarme a salir y yo no dudé ni un segundo en aceptar. Me llevó al cine y allí me besó por primera vez. Comenzamos andar de novios. No te voy a negar que fue maravilloso al principio. Salíamos todos los fines de semana, él era inteligente, me ayudaba con mis deberes de matemáticas y de hecho, yo aprové la clase gracias a él. A mi madre él siempre le cayó bien, sin embargo, sus padres nunca simpatizaron conmigo, nunca supe por qué. Tal vez porque aunque Richard no era rico, al menos vivía en un barrio bonito y sus padres podían proveerle estudios universitarios, aunque él trabajara también para ello. Tal vez se dieron cuenta de que yo no tenía las mismas posibilidades, no lo sé...

Se perdió en algún recuerdo por unos instantes, Terry con paciencia esperó a que ella le siguiera contando. Le acariciaba el pelo a su madre, él solía ser muy tierno con ella.

—Yo era tan feliz a su lado, que no me importaba si sus padres me querían o no, realmente, mi mundo comenzó a ser sólo él, yo contaba los días y las horas que faltaban para verlo. Pasaron un par de meses y... bueno, naturalmente nuestra relación dio otro paso. Yo no era precisamente una chica muy madura o que pensara demasiado antes de actuar, yo simplemente me dejaba llevar, mi amor me nublaba la razón y no pensaba en nada más que en estar con él. No tardé nada en quedarme embarazada de ti.

Eleanor sonrió cuando dijo eso y le acarició el rostro a su hijo con adoración. Él frotó su cara contra la suave palma de la mano de su madre, disfrutando de su ternura.

—Cuando Richard se enteró, se puso como loco, desesperado, le tenía miedo a sus padres, a las consecuencias que todo traería y yo sólo lloraba, no sabía qué hacer, pero nunca... nunca deshacerme de ti fue una opción, ni siquiera tu padre me propuso esa locura.

Sus ojos dejaron escapar algunas lágrimas, era inevitable. Terry se imaginaba cuánto debió haber sufrido su madre.

—Cuando mi madre se enteró, se enojó al principio. "Pensé que tú serías más lista que yo." Me dijo, pero me apoyó como pudo y ella también te amó mucho, siempre quiso tener un niño... Y tú eras el niño más hermoso de todo el bloque.

Besó a su hijo recordando aquellos tiempos, cuando él era su bebé.

—Pero cuando los padres de Richard se enteraron, fue muy diferente. Aún recuerdo a su madre cuando me visitó a casa. La repugnancia con la que me miró y me extendió un sobre. Trescientos dólares para que me deshiciera del problema. No los acepté, pero ella los dejó sobre la mesa de todos modos, muy segura de que tarde o temprano yo terminaría cediendo. No toqué ese dinero por una semana. Luego fui a la tienda y compré tu cuna, era de segunda mano, pero estaba en muy buenas condiciones, hasta me alcanzó para comprar tus primeras ropitas, yo siempre supe que tendría un niño.

Terry le sonrió. No había en el mundo mejor madre que la suya y él no la cambiaría por ninguna.

—Cuando Richard se enteró de lo que trataron de hacer sus padres, se puso furioso. Tuvieron una discusión y Richard se fue de la casa. Con lo que tenía ahorrado, alquiló éste apartamento y me trajo con él. A los cinco meses de embarazo, ya sabíamos que esparábamos un niño. Richard decidió que te llamarías Terruce, como su abuelo. Lo recuerdo con sus jeans desgastados y su gorra de beisbol pintando tu habitación. A pesar de que careciámos de muchas cosas, como muebles, por ejemplo, éramos felices. Sin embargo... los padres de Richard dejaron de apoyarlo en sus estudios, él se vio obligado a dejarlos y en su lugar, adquirió un trabajo a tiempo completo y yo solicité ayuda de asistencia alimenticia y económica. Aunque Richard también esperaba con ilusión tu llegada, era cierto que estaba frustrado, su carrera de administración de empresas se había quedado en el aire porque tenía una mujer y un bebé a los qué mantener. Nuestra relación comenzó a flaquear.

Soltó un largo suspiro. Se sonó la nariz y continuó.

—Yo lo ignoré al principio. Me pasaba las horas admirando mi panza enorme, contemplándome en el espejo y viendo una y otra vez tu habitación, comprobando todas tus ropitas, imaginándote ataviado en ellas. Mamá te bordó un par de trajecitos. Yo tenía tu maleta lista, para cuando tú quisieras llegar a este mundo. Y lo hiciste la noche siguiente. Y ese fue el momento más feliz de toda mi vida.

Expresó llorando y luego prosiguió.

—Eras tan hermoso, me enamoré a primera vista y no fui la única. Los padres de Richard también fueron a verte. Luego conocí sus intenciones. Querían que yo les cediera tu custodia a ellos, querían, según ellos, adoptarte. Yo les dije que no y afortunadamente, mi madre me apoyó, porque yo sólo tenía diecisiete años. Yo les dije que podrían visitarnos cuando quisieran, que no tenía inconvenientes con que compartieras con ellos, a fin de cuentas, eran tus abuelos, pero yo sabía que si les cedía tu custodia, iba a perder todos mis derechos sobre ti y que posiblemente nunca te volvería a ver. Tal vez te privé de una vida más cómoda, pero tú eras lo único que yo tenía y no iba a... a regalarte a ellos...

—Mamá, no llores... tú sabes que yo siempre estaré orgulloso de ti...

La abrazó muy fuerte, le besó el pelo y le secó las lágrimas.

—Nos quedamos a vivir aquí, Richard continuaba trabajando y cuando tú cumpliste ocho meses, yo ya cumplí mis dieciocho años, conseguí un empleo a medio tiempo en un Dinner cerca de aquí, mamá te cuidaba por las tardes para que Richard y yo pudiéramos trabajar. Cuando tú cumpliste tu primer año, Richard comenzó actuar extraño. Llegaba a casa muy tarde y una noche, decidí enfrentarlo. Me dijo que sus padres le habían propuesto regresar a casa, contigo. Yo nunca figuraba en la ecuación. Me negué rotundamente, no confiaba en su familia y con el tiempo dejé de confiar también en Richard. Una noche que tuvimos una discusión fuerte, hizo su maleta y se marchó. Pensé que sólo era un berrinche, que luego regresaría por esa puerta pidiendo perdón. Y regresó una semana después, pero no a disculparse, sino a decirme que se había casado con una antigua novia. Una chica adinerada o heredera de no sé qué.

La cara de cerdo... Recordó Terry, pero no interrumpió a su madre.

—Pensé que era una broma, que tal vez lo decía para presionarme, pero no. Se había casado. Vino a entregarme un dinero, me suplicó que por favor, te dejara ir con él, que estarías mucho mejor, pero yo no quise. Ya había perdido demasiado y no iba a permitir que Richard Grandchester ni su familia me quitara lo único que yo tenía.

Dijo con voz enérgica, aún cuando el llanto y la rabia amenazaba con entorpecer sus palabras.

—Recuerdo que te cargó por última vez y cuando te soltó, tú te quedaste llorando a mares por casi una hora luego de que él se fuera.

—¿No volvió nunca por mí?

—Lo hizo en un par de ocasiones. Siempre con la misma proposición, llevarte con él. Yo cometí el error de no dejar que te viera, pero es que tenía miedo de que... de que tú decidieras irte con él, de que te deslumbraras con todo lo que él te podía dar y terminaras abandonándome también... lo siento, creo que fui egoísta al no dejarte elegir... tu padre, él no es una mala persona, no es un mal hombre, no lo odies por mí...— Le pidió llorando.

—No tengo nada que reclamarte mamá. Un buen hombre no abandona a su mujer y a su hijo por un par de lujos, un buen hombre, lucha para que su mujer y su hijo puedan darse esos lujos. Y sí, lo odio, pero no por ti, lo odio por él mismo.

Luego de permanecer un rato abrazados, Eleanor se retiró a su habitación, pero Terry necesitaba aire y espacio. Salió a caminar un rato, pero al final se sentó en uno de los bancos de la cancha de baloncesto que había en el barrio. Algunos conocidos lo invitaron a jugar, pero él cortesmente declinó.

—¿Cuánto por tu pensamiento?— Lo sorprendió Eliza.

—Elly...—Murmuró su nombre y se fijó en lo desmejorada que ella estaba, más delgada, ojerosa.

—¿Viniste a despejar la mente también?

—Algo así... Disculpa que no haya ido a visitarte, supe que habías estado en el hospital... ¿qué tenías?— Ella respiró profundo y se le aguaron los ojos.

—En calidad de amiga, te diré toda la verdad, mereces saberla... perdí a mi bebé...— Terry parpadeó varias veces.

—¿Perdón?

—Estaba embarazada...

—¿Viniste embarazada de allá? ¿Y pensabas...?

—No, no Terry. No es lo que tú piensas...

—¿No? Recuerdo bien que dijiste que venías a quedarte, que me amabas y no sé qué más y lo que pretendías era achacarme el hijo de algún imbécil con el que te acostaste por allá...— Aunque no habían celos en él, estaba furioso, pues sintió su deslealtad.

—No, eso no fue lo que sucedió. Cálmate y escúchame, no tienes nada más que perder, ni tú ni yo.

Terry se calmó y ella pudo continuar.

—Fui a una fiesta que organizó uno de mis compañeros de la facultad, me habían invitado antes,pero yo siempre declinaba, ya que a diferencia de la mayoría de ellos, yo tenía que trabajar, además siempre traté de alejarme de todo lo que podría alejarme más de ti. Pero ese día en que organizaron la fiesta, era un día feriado en España, no había trabajo ni estudios y mis amigas insistieron tanto, que me convencieron. No me sentí mal en asistir, pues la verdad es que la estaba pasando bien con mis amigas, ni siquiera bailé con ningún chico, no que yo recuerde...

Hizo una pausa y evitó el llanto.

—Al día siguiente, casi a mediodía, yo desperté en una habitación, me sentí mareada, no reconocía dónde estaba, al moverme, me di cuenta que no estaba sola... dos chicos estaban conmigo en la cama. Los desperté a tirones, buscando alguna explicación porque yo no recordaba nada. Estaba desnuda, desesperada y ellos se reían... nunca me había sentido tan humillada en toda mi vida... yo sólo, sabes bien que tú siempre fuiste el único en mi vida...

Ella lloró y él bajó la cabeza.

—Pero regresaste aquí como si nada, sin ninguna intención de decírmelo...— La voz de Terry era terrible, por un lado sentía compasión de ella, por el otro, una desconfianza profunda.

—No, Terry... yo antes de regresar aquí... cuando me enteré de mi embarazo, lo primero que pensé fue en... no tenerlo, pero pensé en ti... pensé que tú podrías ayudarme a tomar una decisión. Yo no iba a ocultártelo. Quería contar con tu opinión para saber qué hacer... si tal vez debería abortar, pero... pensé en la clase de hombre que tú eras, albergué alguna esperanza de que tú comprenderías y me dejarías consevarlo, tu espíritu noble probablemente me habría apoyado en todo, pero yo te diría la verdad, porque te amo, Terry y porque a parte de mi amor, eres mi mejor amigo...

—Ahora entiendo por qué aceptaste la ruptura tan tranquila...— Analizó él.

—No vi justo confesarte aquello. Hubiera preferido que no te enteraras nunca, pero... yo no tengo a nadie en quién confiar... tú sabes que al único al que le he entregado mi confianza toda mi vida ha sido a ti...

—¿Por qué no me lo dijiste?

—No pude. Cuando llegué y te vi con ella... tan enamorado, con esa luz en tus ojos, tan feliz, yo no tuve corazón para romper todo aquello, aunque tú ya no me amabas, yo sabía que tu nobleza no te dejaría desentenderte del todo, no era justo para ti, ni para ella...

—Abortaste...

—No... había ido con esa intención porque me vi desesperada, pero cuando llegué allí, me enteré que mi embarazo iba mal, ese bebé no tenía ninguna posibilidad... Estaba creciendo fuera de la matriz...

Eliza lloró y Terry la abrazó fuerte, como el amigo.

—Lamento habértelo ocultado, pero yo no podía destruir tus ilusiones. Tú sabes que a pesar de todo... yo siempre te querré y siempre seré tu amiga y no habrá nada que yo desee más que verte feliz.

—Mira nada más... me pregunto qué pensará Candy de ésto...

Terry soltó a Eliza de pronto. Nunca se dio cuenta de que entre los que estaban jugando baloncesto se encontraba el tarado que estaba patinando con Candy aquél día.

Continuará...


¡Hola!

Espero que les haya gustado éste capítulo, en algunas escenas yo lloré, no sé ustedes.

Bueno, chicas, para las que siguen el fic "Una decisión para la felicidad" de Rose Grandchester, les informo que ya no participaré en los próximos capítulos, de hecho, no creo que yo vuelva a colaborar en otro fic, no tiene nada que ver con Rose o conmigo, ella y yo estamos bien, yo voluntariamente decidí dejarla a ella trabajar sola y eso fue lo que acordamos. Posiblemente continúe el fic que tengo en conjunto con RICHIE "En busca del amor", pero además de ese, ya no trabajaré en conjunto con nadie más. He comprendido que mi estilo no es para todos y no puedo ser egoísta y perjudicar el progreso de otra autora con un estilo que lamentablemente no es bien aceptado por todos, si se tratara sólo de mí, yo continuaría, pero como no soy la única afectada, no puedo ser egoísta y continuar, así que yo seguiré adelante con lo que es mío y de ahí, cada cual con lo suyo, disculpen los inconvenientes.


Gracias por comentar:

Erika L, Mazy Vampire, KARY KLAIS, gatita, Rose De Grandchester, luz rico, fati, norma Rodriguez, dulce lu, Dali, Maride de Grand, Alizzzz G, mirna, Oh Ha Ni, skarllet northman, Betk Grandchester


Erika L: Lamentablemente ese es el mundo que vivimos ahora, nadie aprecia lo que vale en realidad, casi nadie sabe mantener un balance en su vida. Tener una vida sexual plena y satisfactoria es sólo un componente en una relación, pero no el único, hay muchas cosas que componene una relación sana y durarera, pero quienes no saben hacer un balance y sólo se enfocan en un solo aspecto no tendrá éxito. A veces ser demasiado cerrado al modernismo afecta, pero ser libertino también, pienso que hay que saber llevar un equilibrio, pero bueno... cada loco con su tema. Un gusto saludarte.


Gracias por todo, lindas

Wendy