Los ojos del alma
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 15 La playa
Los ojos de Eleanor se abrieron en su totalidad, aún así, un orgullo altivo hizo que se fijara en esa mujer que le había quitado a Richard hace veinte años y que nunca había tenido oportunidad de conocer. Se rió por dentro cuando se fijó bien en ella y hasta sintió pena por Richard. Era bajita, evidentemente tenía sobre peso, tenía un vestido negro de falda ancha que le llegaba encima de las rodillas y en sus piernas regordetas Eleanor pudo notar algunas várices. Tenía el pelo recogido en un chongo, notándose más sus cachetes inflados, en parte por la gordura y en otra parte, por el exceso de maquillaje. Su perfume caro se podía percibir.
—Con que la esposa de Richard... ¿y podría saber a qué debo el honor de su visita?
—A nada, porque ésta señora se va de aquí ahora mismo.— Terry la tomó por su gelatinoso brazo para echarla y porque además, se estaba retrazando en su cita con Candy.
—¡Esperen! No vine a buscar pleito si eso es lo que piensan.— Levantó la mano y su mirada fue casi suplicante, Terry le soltó el brazo y la siguió mirando con rabia.
—¿Y entonces a qué vino? Porque si su única intención es burlarse de mi madre, déjeme decirle que...
—No... sólo quiero hablar con ustedes, por favor...
—Pues lamento que haya perdido el viaje, tengo una cita con mi novia y mi madre tiene que descansar, llámenos otro día.
—¡Terruce! Por favor, no les robaré mucho tiempo. No tengo nada en tu contra, sólo...
—¿Ah no? Que yo recuerde, usted y la estirada de su hija lo único que querían era que me corrieran del trabajo.
—¡Fue un malentendido! Yo no tenía idea de quién eras...
—Y no hay diferencia alguna ahora, señora. Y por favor, dígale a su esposo que puede hacer de cuenta que no existo y que no tiene que enviarla a usted de intermediaria, ¿no lo encuentra humillante?— Le dijo Terry a la cara de cerdo mientras miraba el reloj, loco porque esa mujer se acabara de largar para poder irse él también.
—Ahí te equivocas, muchacho. Richard... él no sabe que estoy aquí...
—¿Disculpe? ¡Ah ya sé! Vino aquí por curiosidad, ¿no? Vino seguro a mofarse de la posilga en que vive el hijo de su esposo o a verle la cara a la pobre desgraciada a la que dejó por usted, ¿es eso?
Los ojos de Eleanor estaban inyectados de rabia y dolor, Terry también lo pudo percibir y se le quebraba el alma. Aunque su madre nunca lo expresara abiertamente, él sabía que había amado a su padre con ese amor tan grande e insustituíble como el primer amor y que su madre nunca pudo rehacer su vida al lado de otro hombre.
Pero Terry no fue el único que reaccionó ante las palabras de su madre. También la señora tuvo su reacción. Miró a Eleanor, bella, joven, esbelta y se sintió poca cosa, a pesar de su clase, su dinero, su ropa costosa y lo bella que era su casa, Margareth supo que Eleanor era el tipo de mujer por la que cualquier hombre perdería la cabeza. Se preguntó por qué fue que la dejó Richard, o más bien, no quiso aceptar por qué lo había hecho.
—No vine por eso. Yo... vine a invitar a Terruce a nuestra casa para que la conozca y para que se relacione con sus hermanos...
—Jajajajaja. ¿No lo dirá en serio?— La carcajada de Terry fue irritante.
—Lo digo en serio. Yo no sabía de tu existencia, Richard nunca me dijo que tenía un...
—Él no le dijo muchas cosas por lo que veo...— Eleanor la miró de arriba abajo otra vez, con la misma arrogancia de Terry.
—Ya lo hecho está hecho y no hay nada que se pueda cambiar. Sin embargo, yo no quiero que mis hijos tengan la imagen de tener un hermano por ahí, ellos no tienen la culpa de las circunstancias y no me parece justo privarlos o privar a Terruce de relacionarse...
—Pues le agradezco mucho la intención, señora, pero honestamente, luego de veinte años, no me hace falta relacionarme con su esposo y no tengo interés en ningunos hermanos. Yo no tengo padre y soy hijo único. Buenos días.
Finalmente, Terry se marchó, dejando a ambas mujeres solas, pero antes le dedicó una mirada de advertencia a su presunta madrastra.
...
—¡Grand! Pensé que ya no venías, ¿por qué tardaste tanto?— Candy lo recibió eufórica. Tenía una faldita corta de verano y una camisilla de manguillos corta en color blanco que le cubría el top de su bañador, pero dejaba su vientre al descubierto y unas monísimas sandalias plásticas. Se recogió el pelo en una coleta alta.
—Tuve un imprevisto, pero ya estoy aquí. Y tú estás preciosa.— La tomó por la cintura y le dio un beso en los labios.
—¿En serio? ¿Te gusta?
—Me encanta. Eres la cieguita más bella del mundo. ¿Tienes todo listo?
—¡Sí! Annie preparó mi mochila.— Contestó alegre. Llena de energía, casi daba saltos.
—Entonces nos vamos. La playa está a una hora y media.
—¡Si! Conoceré el mar...— Murmuró mientras su mirada se perdía en alguna ilusión. Terry la contemplaba fascinado. Era tan fácil hacerla feliz. Su alegría hacía que su mundo brillara.
Se montaron en el auto. Terry la miraba de reojo de vez en cuando. Se veía tan linda y tierna. Vestida de esa forma, se veía como una mujercita, hermosa y deseable. Terry no pudo evitar acariciar su muslo desnudo cuando fue a accionar un cambio en la palanca, ella le sonrió, casi mirándolo.
—Estás muy linda, Candy.— Le dijo pasando su dedo por la cadenita que caía en la ranura de sus pechos pequeños y erguidos.
—Tú también debes verte muy bien en bañador y yo quisiera poder verte...— Anhelante, ella tocó su torso y brazos, Terry sólo tenía una franela, el suave e inocente contacto de Candy le removió el deseo y le aceleró los latidos.
—Pero me puedes sentir y eso es lo que importa.— La acercó un momento, aprovechando el samáforo en rojo y la besó, ella se pegó más a él y él le acarició las piernas y los muslos por primera vez.
—Me gusta cuando me acaricias.— Le dijo con las mejillas rojitas cuando terminó el beso al cambiar la luz a verde y Terry siguió la marcha.
—¿Te gusta? ¿No se te hace incómodo?— La miró muy atento a su reacción.
—No... a veces quisiera que lo hicieras un poco más...— Se mordió el labio inferior con cierta timidez, pero a Terry nada lo preparó para eso.
—Yo también quisiera acariciarte más muchas veces, Candy. Pero las caricias son peligrosas... yo soy muy peligroso...— Le dijo nervioso, porque lo cierto era que Candy le estaba despertando un deseo irracional, quería sentirla, explorar toda esa inocencia y amarla como nunca.
—¿Por qué? ¿Está mal acariciarse?
—No, Candy, no está mal. No si los dos estamos de acuerdo, ¿entiendes?
—Ujum... ¿y está mal que me gusten?— Esa pregunta la hizo con los ojos aguados.
—No, mi amor. Todo lo contrario, es muy bueno que te gusten.
—Ah... ¿y por qué dices que son peligrosas?
Terry ya se encontraba respirando profundo, el tema de conversación sumado a la inocencia de Candy lo estaban volviendo loco. Tuvo que detenerse en una vía segura. La miró tan hermosa, sexy e inocente, mordiéndose el labio con travesura, sin tener ni la más mínima idea de todo lo que eso le provocaba y el que ella estuviera ajena a todo, lo excitaba más.
—Son peligrosas porque a veces nos hacen perder el control. Luego no podemos controlar el deseo que sentimos, ¿sabes de lo que hablo?
—Sí... Grand...
—Dime.
—¿Tú me deseas?— El corazón casi se le sale con esa pregunta, Candy la hizo un poco triste, insegura.
—Claro que te deseo, Candy. No tienes idea de lo que hago para poder controlarme.— En los ojos de Terry brilló el deseo y en los de Candy la alegría, pero en ambos había un amor profundo.
—¿Y es malo que yo te desee también?
—No. Es normal que tú también tengas deseos...
—Nunca lo sentí por Neil...— Dijo con tristeza y sus ojos se aguaron nuevamente.— De él sólo tengo recuerdos malos...
—No pienses en eso. Yo te voy a llenar de recuerdos preciosos. Cuando sea el momento.— La besó con la respiración cortada, lleno de deseo.
—Annie me dijo que cuando uno se entrega por amor, se le olvidan todos los momentos amargos. Que escribes una página nueva. Y que lo mejor es... hacerlo cuando te sientes enamorado, cuando amas de verdad...
—Tiene mucha razón. Es hermoso cuando se ama.
—Grand...
—Dime.
—¿Cuándo me borras todos los malos recuerdos de Neil?
Los ojos de Terry se agigantaron y su deseo creció a borbotones. Vio sinceridad en los ojos aguados de Candy, su amor, su ilusión, su inocencia y la amó y la deseó más que nunca.
—Te los empezaría a borrar desde hoy.— Inició un beso apasionado, le quitó el cinturón y se la sentó en el regazo, a horcajadas y siguieron besándose, ella no se espantaba, Terry le apretaba las nalgas suavemente y deslizaba sus manos por sus muslos y ella por instinto se removía sobre él, cuando él le besó el nacimiento de los pechos que sobesalía de su camisilla, ella gimió muy suave y al revolverse, sintió por primera vez a Terry excitado.
—Candy...— Se detuvo con dificultad antes de que fuera demasiado tarde.
—¿Qué...?
—Me muero por hacerte el amor, ¿lo sabes?
—Sí... y yo...
—Pero no puede ser aquí, en mi auto, en medio de la calle.
—No...
—Hoy vamos a disfrutar tu día de playa y pronto... planificamos tu primera vez... ¿sí?— Ella asintió y compartieron un beso muy tierno, luego siguieron su camino.
...
—Con cuidado. Camina con cuidado...
—¡Ay! Jajajaja. La tierra se mueve...
—No es tierra. Es arena.
Terry se maravilló al ver la emoción de Candy al caminar sobre la arena por primera vez mientras él llevaba las demás cosas. Caminaron hasta un punto en el que había dos palmeras, daba buena sombra y estaba algo despejada del montón de personas. Terry colgó ahí una hamaca.
—¿Puedo tocarla?— Preguntó mientras se agachaba.
—Claro. Sólo ten cuidado que no te caiga en los ojos.
—Es muy diferente a la nieve.— Dijo vertiendo puñados de arena entre sus manos, disfrutando la forma en que ésta se escurría en sus dedos. Terry detenía lo que estaba haciendo para mirarla. Parecía una niña.
—¿Quieres comerte algo antes de ir al agua?
—¡Sí! ¿Qué trajiste?
—Mmm... perritos calientes...
—¡Sí quiero! Dos, por favor.
Terry preparó lo pedido y sentados sobre una manta comieron. Él no perdía detalle de todas las reacciones de Candy. Escuchó a las familias, niños jugando y su mirada llena de ilusión los buscaba, dejándose llevar por el sonido.
—¡Ya! Ya estoy lista para el agua.— Dijo masticando el último bocado de su perrito caliente.
—Ahora tienes que esperar unos minutos.
—¿Por qué?
—¡Por tragona! Ahora tienes que reposar antes de entrar.
—¡Arrrgg!
Esa pequeña rabieta infantil, Terry se la disfrutó como nunca. Le quitó con su dedo una manchita de ketchup que le había quedado en la comisura de los labios.
—Ven, vamos a que conozcas la playa.
—¡Sí!— Se puso de pie emocionada.
Él se quitó la franela y ella se comenzó a quitar la falda y la camisilla. Lo hizo con toda naturalidad, no siendo conciente de su figura ni de lo que despertaba en los demás.
—¡Ya!— Exclamó mostrándose ante Terry. Él se quedó sin poder hablar, estaba impresionado. La estaba viendo en bikini por primera vez y era como estar viendo a otra, no a su dulce cieguita. Se fijó en su cuerpo perfecto, la hermosa forma de su vientre, su ombligo, sus caderitas redondeadas y su trasero respingado que sobresalía del bikini blanco con flores estampadas en color fuscia, el top era strapless y ella le sonreía radiante.
—¿Grand?
—Eh... ¿sí?
—Me veo ridícula, ¿verdad?
—No... te ves hermosa. Te ves... ¿qué coño miras?— Le gritó a un hombre que iba pasando y se quedó mirando a Candy sin disimular. Ella se asustó y dio un respingo al no comprender.
—¿Qué pasó?
—Nada, que algunos imbéciles no saben disimular...
—¿Disimular qué? No entiendo...
—Olvídalo, ven.
La fue encaminando hasta la orilla del agua, cuando Candy sintió el agua en sus pies y la arena mojada, se asustó y se aferró a Terry.
—No tengas miedo...
—Es que... unas cosas me hicieron cosquillas en los pies.— Se aferró a él tan fuerte que él la cargó.
—Debió ser alguna halga, no tienes que tener miedo. Estamos en la orilla. Voy a soltarte otra vez.
—Bueno...— Terry la soltó y ella estaba de pie en el agua nuevamente.
—Puedes caminar.
—Sí, pero no me sueltes.— Le dijo con recelo.
—No te soltaré.
A Terry no le importaba que todos los miraran con curiosidad. La sonrisa en el rostro de Candy valía mucho más.
—Ya. Ahora sí suéltame.— El agua le llegaba a la cintura a Candy y le fue tomando confianza.
—¿Te gusta?
—¡Sí!— Comenzó a chapotear y a mojar a Terry. Se divertía de lo lindo.
—¡Oye! ¿Estás ciega o qué?— Le dijo un hombre que estaba en el agua y que Candy lo chapoteó sin querer.
—Lo siento, señor. De verdad soy ciega, es la primera vez que vengo a la playa...— La cara del señor se disfiguró de vergüenza.
—¿Le molesta el agua? Entonces sálgase antes de que yo le rompa la cara.— Lo amenazó Terry.
—¡Grand! Ya pasó, déjalo.— El señor se disculpó avergonzado y se alejó de ellos lo más que pudo.
—¿Estás bien?— Le preguntó Terry cargándola, como si ella fuera una niña.
—Sí. No te preocupes, ya estoy acostumbrada a la hostilidad de la gente por mi torpeza.
—No eres ninguna torpe y la gente te tiene que respetar.— Le dijo molesto.
—Ya no te enojes. Quiero seguir disfrutando...
—Lo siento. Vamos a divertirnos.
Terry se la montó sobre la espalda y se adentró más al agua con ella.
—¿Te atreves a sumergirte?
—Eh... no.
—¿Y si lo hacemos juntos?
—Bueno...
—Tápate la nariz y cierra los ojos.— Con ella sobre su espalda, que se agarraba muy fuerte de él, Terry se sumergió por unos segundos y después salió.
—Jajajaja. ¡cof! ¡cof!
—¿Estás bien?
—Sí. Es que tragué agua. Es muy salada.
—Ven. Salgamos un momento para que tomes agua fresca.
Terry iba resoplando cada vez que los hombres miraban a Candy.
—Tu bañador es muy provocativo.
—Pero... me dijiste que te gustaba y...
—Y me gusta. Pero a todos los demás también les gusta.
—¿Y eso qué tiene?
—¡Todo! ¡Todo tiene! No dejan de mirarte.
—Pero Annie me dijo que me veía bien y que tú te volverías loco, pero ya veo que no...— Bajó la cabeza.
—Hey, hey, te queda fabuloso y Annie tiene razón, me traes loco, pero resulta que también traes locos a todos los demás y a mí no me gusta que te miren.
—¿Por qué?
—Porque...— Resopló.— Porque tú eres mía solamente y sólo yo te miro.— Le dio un beso posesivo y arrebatado que la dejó mareada.
—Seguramente a ti también te miran y sabe Dios a cuántas estás mirando ahora mismo y yo ni me entero.— En ese momento, dos chicas en bikini saludaron a Terry con la mano y le guiñaron los ojos. Terry sonrió con picardía y agradeció que Candy no se haya percatado de eso, aunque al parecer lo presintió, porque dio en el clavo.
—Tú eres la más bella de todas y yo sólo te miro a ti
Tomaron agua y decidieron quedarse acostados en la hamaca, bajo la sombra.
—Grand...
—Dime, linda.
—Te amo.— Él abrió los ojos y se topó con la sonrisa de Candy y sus ojitos también risueños, ella estaba sobre él.
—Yo a ti te amo muchísimo más.— Le comió la carita a besos y luego compartieron un beso en los labios muy ardiente que estuvo a punto de dejarlos sin aire.
—Y otra cosita...
—Dime.
—Es que ya sé dónde quiero que... que hagamos aquello...
—¿Hagamos qué?— Terry entendió muy bien a qué ella se refería, pero quería que ella lo dijera, su sonrisa de pillo valía un millón.
—Pues... cuando lo hagamos... ya sabes...
—No, no sé...
—¡Grand! Sobre lo que estuvimos hablando hace un rato...
—Eh... no recuerdo...
—¡Grrr! De cuando hagamos el amor...— Soltó por fin, sus mejillas ardían de vergüenza y Terry moría por reirse.
—Ah... eso... ¿Dónde quieres que sea?
—En la playa. ¿Se puede?
—¿En la playa? O sea... ¿quieres que sea en la playa? ¿literalmente?
—Sí... ¿es malo?
—No, no es malo. Pero... bueno, deja ver cómo lo haré...
Continuará...
¡Hola!
Espero que les haya gustado. Bueno, sobre mi enfermedad, ahora sólo me queda el dolor en las piernas y los pies y un rash horrible e insufrible, pero tengo que seguir con mi vida ya que esos síntomas pueden durar por mucho tiempo. Bueno, les comento que éste fin de semana no habrán actualizaciones, pues mañana es mi sexto aniversario con mi esposo, así que ya saben, ¡a celebrar! Y el domingo es el cumpleaños de mi mamá, por tanto, agenda llena. Trataré de dejar actualizado "Novia de mi profesor" pero no es seguro...
Gracias por sus comentarios:
Maria de Jesus L H, Oh Ha Ni, zucastillo, Amparo de Grand, Erika L, Dyta Dragon, elisablue85, luz rico, vero, Olga Parada, dulce lu, Maride de Grand, Dali, comoaguaparachoc, nena abril, norma Rodriguez, Zafiro Azul Cielo 1313, skarllet northman, Michiryu, gatita, Betk Grandchester, nancy, LizCarter
Amaparo de Grand: Tus comentarios han sido muy ocurrentes, jajajaja.
Michiryu: No entendí lo de "cuñada" jajaja.
Un beso y hasta pronto,
Wendy
