Los ojos del alma

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 17 Hermanas


—¿Pronto? Te refieres a... ¿a que lo vamos hacer ahora?— Candy se puso tan nerviosa de pronto que las palabras se le atropellaron, hasta la voz le salió temblorosa.

—Nada me gustaría más, pero no, linda. No será ahora.— La recostó del coche antes de abrirle la puerta y se puso frente a ella para besar sus labios y sus ojos inocentes.

—Es que dijiste muy pronto y pensé que...

—Y efectivamente será muy, muy pronto.— Rozó con ternura su mejilla.— Tú espérame el domingo temprano.

—¿El domingo? Pero... ¿a dónde vamos?

—A donde tú querías, mi amor. ¿No querías ser mía?

El pulso de Candy se aceleró hasta el límite, sus latidos podían escucharse, también su fuerte respiración.

—Sí, sí quiero. Contigo sí...— Lo abrazó de una forma tan espontánea y se quedó así, en su calor, invadiéndolo con su ternura y haciendo que olvidara el coraje que había pasado en casa de su padre.

—Ya tengo que llevarte a casa, cieguita.— Suspiró sin romper el abrazo, rozando su frente con su nariz.

—¿A casa? ¿Tan temprano? Pero...— Protestó y rompió el abrazo por un instante, su carita estaba desfigurada de desilusión.

—Sé que es temprano, pero yo estoy muy cansado y mañana tengo que levantarme más temprano aún.

—¿Por qué?— Le reclamó con cara de pocos amigos.

—Ya lo verás. No comas ansias. Ah... y mañana no podré visitarte...

—¿Te he hartado, verdad?— Bajó la cabeza con los ojos aguados.

—¡No! Cieguita... ¿cómo se te ocurre pensar eso?

—Me quieres dejar en casa ya, mañana no te veré y... andas raro.

—Tal vez tengas razón, pero no es por ti...

—¿Y por quién? ¡Grand! Yo espero que tus asuntos de mañana no tengan que ver con otra pele...— Alzó la voz y lo comenzó a señalar con su dedito índice, pero en la dirección equivocada.

—¡Hey! Tranquila. ¡Uff! Qué rápido vuela esa cabecita tuya.

La sujetó suave por los hombros, su rostro dibujaba una sonrisa, pero Candy parecía estar muy molesta y especulativa.

—Estás haciendo todo un lío por una tontería, Candy. Eso no es muy maduro.— La reprendió sin gritarle, pero lo dijo con la suficiente severidad para que ella supiera que hablaba en serio.

—Lo siento... tienes razón. No pasará más.— Dejó caer dos lagrimillas que llevaba rato reprimiendo.

—Candy, no llores... ¿por qué siempre me haces quedar como el malo?— Le enjugó las lágrimas y la abrazó fuerte contra sí.

—No fue mi intención. Es que yo... soy muy feliz contigo. Haces que mi realidad sea muy diferente y yo... vivo contando las horas que me faltan para verte otra vez.— Se le quebró la voz y volvió a llorar.

Terry la miró callado un rato. Pensó que era la declaración más simple y bella que le habían hecho jamás. Él no había querido involucrarse con ella, pero ella se le había metido en el alma haciendo imposible todo razonamiento que no fuera amarla, por encima de todo.

—Entiendo bien eso. Sé que debes sentir miedo de perder algo que quieres mucho...

—No te quiero, yo te amo...

—Y yo a ti te amo el doble. Yo no te lastimaría jamás, Candy. Sé que he andado algo raro, que a veces me pongo algo ácido, pero no es por ti, cieguita. Es sólo que han pasado muchas cosas en mi vida, de golpe y me la han cambiado. Mi padre, su presencia ha revivido memorias enterradas en mí, en mi madre, por otro lado están mis estudios, son bastante fuertes, yo ya voy en tercer año, el trabajo y uno se abruma, pero sobre y encima de todo eso, estás tú, dándome un equilibrio perfecto.

Para cuando él terminó de hablar, el llanto de Candy se había calmado bastante, analizó cada palabra de Terry y cada una le llegó, incluso le abrió los ojos y se sintió mal por su berrinche infantil.

—Es verdad. No pensé en ti, no me detuve a analizar cómo debías sentirte con todo y tienes toda la razón, he sido una niña inmadura y caprichosa, pero es que también tú... siempre te muestras tan fuerte, no expresas lo que realmente sientes y yo me dejo engañar por eso... me creo que eres de hierro... lo siento...

—Ya pasó. Y no soy de hierro, pero no te juzgues tan duro. Tú estás creciendo y yo soy conciente de que ando con una chica de diecisiete años y aunque yo a penas te llevo cuatro años, yo también tuve diecisiete y no tenía en ese entonces la misma mentalidad que tengo ahora. Y de todas formas, yo no quiero que cambies nada de ti. Te adoro así, inocente, berrinchuda y preciosa...

Le dio un beso tan apasionado que disipó cualquier duda. La dejó en su casa y se dirigió a la suya.

...

—Annie... ¿Tienes un momento?— Sábado temprano, Candy estaba nerviosa, no dejaba de pensar en el paso que daría al día siguiente, no sólo era el amor tan grande que sentía por Terry y la ilusión que le hacía entregársele, sino la falta de orientación que tenía en esa área.

—Claro que tengo un momento. Tengo todos los que tú quieras, ¿qué hace una solterona un sábado? ¿Además de ver televisión y engordar?

—No lo sé... ¿Ayudar a una hermana en aprietos?— Candy se mordió el labio con travesura.

—¿Aprietos? Y dime algo... ¿Ese "aprieto" tiene que ver con Grand?

—Sí... pero no es nada malo, bueno... es que... es privado...— Susurró y Annie se la llevó a su cuarto y aseguró la puerta.

—A ver... qué será eso tan privado de lo que quieres hablar...

Candy respiró profundo y se sentó junto a ella en la cama, no sabía ni por dónde empezar.

—Primero que nada... ¿puedo confiar en ti?— Su pregunta y los ojos suplicantes de Candy, llenitos de necesidad conmovieron profundamente a Annie.

—Claro que puedes confiar en mí, Candy. ¿A caso no soy tu hermana favorita? ¡No me contestes!— Añadió y ambas soltaron la carcajada.

—Es que yo, bueno, Grand y yo... bueno, yo más que él, ha sido mi idea, ¡lo juro!

—Candy, tranquila, cálmate, respira... yo no soy mamá, cuéntame lo que sea.

—He decidido comenzar a... quiero entregármele a Grand...— Tan pronto soltó eso, su pulso volvió acelerarse. Annie se quedó sin habla por un rato.

—Vaya... Bueno, si esa es tu decisión, que espero que de verdad sea así y no resulte que Grand te esté presionando...

—No, no, no. Yo soy la que quiero dar el paso, bueno y él está de acuerdo, pero fui yo la que puso el asunto.

—Entiendo... ¿Y qué es lo que realmente quieres de mí?

—Pues... que me orientes. Sabes bien que no puedo hablar con nadie sobre ésto...

—Ay, Candy... yo no soy exactamente un ejemplo, al menos no uno bueno...

—Pero eres mi hermana mayor y no me visualizo hablando de ésto con nadie más...

—Bueno... tienes la mejor ventaja. Están enamorados y si dices que Grand nunca te lo había insinuado antes, eso quiere decir que te quiere y te respeta... lo único que te puedo yo decir, Candy es que... que te sientas segura y que por favor, te cuides, cuídate mucho, eres muy joven... y no sería conveniente que...

A Annie la traicionó el llanto, también los remordimientos por aquél niño al que no le dio la oportunidad de nacer y eso la penaba cada día desde entonces.

—En fin, lo que importa es que se aman. Es todo lo que necesitas saber. Grand es un buen chico y estoy segura que tendrás una experiencia inolvidable. Sólo, relájate y piensa en lo mucho que lo amas y lo mucho que deseas estar con él, del resto, sé que Grand se encargará...

—Supongo, pero... es que no quiero que nada salga mal... y tampoco me quisiera embarazar...

—Nada saldrá mal sí se lo toman con calma. Y no te tienes por qué embarazar si se protegen.

Annie se puso de pie y buscó una cajita que guardaba en un lugar discreto de su armario.

—Guarda éstos para ese día. Asegúrate que nadie los encuentre, especialmente mamá, no quisiera imaginarme...

—¿Qué son?— Candy agarró los paquetitos con curiosidad.

—Son condones. Son... bueno, ya lo sabrás cuando Grand se los ponga. Eso es para que no te quedes embarazada y si él se niega a usarlos, le dices que entonces no tendrán nada.— Annie dijo eso último con algo de autoridad.

—¿Y por qué se negaría?

—Porque... se siente mucho mejor sin eso...

—¿Entonces mejor no los usamos?

—¡Sí! A ver, Candy... ¿quieres terminar embarazada y que papá te deje viuda antes de casarte?

—Eh... no, pero es que dijiste que se sentía mejor...

—Bueno, eso dije, pero no quiere decir que no sentirás nada, además, hay muchas otras cosas que disfrutarás antes de llegar a esa parte...

—¿Cuáles cosas?— Annie estaba sudando frío.

—Cosas divinas de las cuales Grand se ocupará. Así que tú, procura no embarazarte y disfruta de esa etapa de tu relación.

Annie le dio un beso en la mejilla y Candy se marchó con una sonrisa y sus paquetitos de preservativos muy bien agarrados. Camino a su cuarto tropezó con Patty.

—¡Ahhh!— Candy iba tan nerviosa que gritó del susto.

—¿Qué pasa, Candy?— Patty también se sorprendió por la exagerada reacción de Candy y se rió.

—Nada... es que apareciste de repente...— Contestó con una risa nerviosa y escondiendo sus manos en su espalda.

—Ajá... ¿y qué tienes ahí, eh?

—Eh... yo... ¡nada!

—¿Segura?— Patty tenía una sonrisa maliciosa y sus ojos castaños la miraban de forma inquisitiva.

—Se-segura...— Candy iba retrocediendo cada vez que sentía la cercanía de Patty.

—¡No te creo!— Se le iba a ir encima.

—¡Patty! Trato de escuchar mi programa, ¿podrías por favor tranquilizarte?— Gritó Annie desde su habitación y fue la oportunidad perfecta para que Candy escapara de ella.

...

—Entonces, ¿qué dices, Tony? ¿Me cubrirás el turno de hoy?— Temprano en la mañana de ese mismo sábado, Terry intentaba cerrar un trato por teléfono con Anthony.

—Bueno... ¿qué turno es?

—De dos a diez de la noche. Jornada completa.

—No le vendría mal a mi bolsillo... aunque no entiendo... ¿tú regalando un turno de jornada completa?

—Tengo una muy buena razón para hacerlo, mi querido Tony... en fin, ¿me harás el favor o no?

—Venga, cuenta conmigo.

—Gracias, hermano. Te debo una.

—Sí, no te acostumbres.

Terry se marchó temprano hacia la casa de playa del señor Hathaway debía ser domingo, pero hizo un arreglo para que fuera sábado, ya que no podría limpiarla y prepararla y llevarse a Candy en un mismo día. Él le había dicho que podía hacerle la limpieza sábado siempre y cuando consiguiera alguien que lo cubriera en ese turno, el señor Hathaway le ofreció cien dólares, pero Terry fue astuto y le pidió que en vez de eso, le dejara pasarse el domingo con Candy en esa cabaña. Hathaway accedió sin pensarlo dos veces, pero aún así le dio los cien dólares.

Ya eran casi las ocho de la noche cuando Terry terminó de limpiar la cabaña. Era preciosa y acogedora. Tenía una habitación principal bastante amplia que era además la única que estaba amueblada e incluía un baño pequeño. Contaba con cocina-comedor y una pequeña sala, tenía también un atractivo balcón, frente a ella varias palmeras brindaban buena sombra y a pocos pasos estaba la playa.

Satisfecho con el trabajo que había hecho, decidió irse por fin a casa. Al día siguiente algo maravilloso lo esperaba.

Mientras conducía, con sus pensamientos en la luna, contando las horas en que tendría a Candy en sus brazos, decidió detenerse a comprar algo de comida, se dedicó tanto a la limpieza de la cabaña que se olvidó de comer y sus tripas se encontraban en guerra. Al estacionarse cerca de un callejón oscuro, dado que no encontró espacio en otra parte por ser sábado y todos los lugares estaban abarrotados, a poca distancia de su auto había otro auto estacionado, Terry no quiso mirar hacia adentro del auto, pero algo llamó su atención. Una pareja discutía, el hombre parecía estar encima de la chica y ella lo manoteaba. Terry pensó en seguir de largo e ignorarlo, no olvidaba aquella vez que fue acusado por asesinato, en aquél entonces se trataba de su madre, ésta vez no se arriesgaría por una desconocida.

Siguió caminando, pero algo lo hizo voltear, reconoció a la chica que forcejeaba. No pudo seguir ignorándola.

—¡Hey!—Terry le tocó fuerte el cristal.

—¿Qué te pasa, amigo? Estamos ocupados, ¡piérdete!— Le respondió el hombre de unos veinticinco años, tenía apariencia de ser latino, brazos tatuados.

—No me parece que tu chica esté muy a gusto.

—¿Ah no? Pues lo estaba antes de que tú nos interrumpieras, ¿verdad, cielo?— Pasó su mano por el muslo de la chica que llevaba minifalda y ella cerró los ojos apretadamente mientras dos lágrimas de angustia corrieron por sus mejillas.

—Bájate ahora.— Le ordenó Terry a la chica, pero ella lo miraba indecisa.

—¿Quién coño te crees? ¡Urrr!— Terry lo haló de la coleta que llevaba apretada en la nuca y le golpeó la cara en la ventana del auto.

—¡Bájate!— Volvió a gritarle Terry a la chica con más autoridad y ésta vez ella lo hizo.

—Voy a matarte, imbécil.— El sujeto bajó del auto, dispuesto a desquitarse con Terry, pero Terry lo golpeó en las costillas y le chocó la cabeza contra la puerta del auto.

—¡Dios mío!— Gritó la chica con pánico.

Terry abrió la puerta del conductor nuevamente y lanzó al desgraciado devuelta a su auto.

—Lárgate a menos que quieras que te vaya peor.— El tipo arrancó el auto y desapareció como alma que llevaba el diablo. Entonces, sólo quedaba que se enfrentara ahora con la chica.

—¿Se puede saber qué diablos hacías por aquí con ese tipo?— La sujetó por la muñeca y sus ojos terribles se clavaron en ella.

—¡Qué te importa!— Le gritó y sacó un cigarrillo y lo encendió.

—Oh, no me agradezcas, no fue nada.— Le dijo sarcástico, le quitó el cigarrillo y se lo apagó en el suelo con su zapato.

—No tenías por qué meterte. Me las podía apañar sola.

—Sí, estabas apañándotelas muy bien. ¿Sabe papá que andabas con ese sujeto?

—¿"Papá"? ¡Vaya! Te acostumbraste rápido.— Le respondió Susana haciendo un gesto desdeñoso. Terry se arrepintió en seguida de haber usado ese título para Richard.

—Te llevaré a tu casa.— La jaló por un brazo.

—¡No! Me pediré un taxi.— Se safó bruscamente y lo miró con los mismos ojos terribles que él la había visto, pero brillaban de llanto contenido.

—No te preocupes, Kardashian, no tengo un Audi convertible, pero estarás cómoda en mi auto.

De la mano la fue encaminando aunque ella protestó.

—Dijiste que me llevarías a casa, ¿por qué estamos entrando aquí?— Miró con desprecio el humilde restaurante chino.

—Porque tengo hambre.— Fue todo lo que le dijo.

Les tocó el turno de ordenar y Terry no perdía la vista en Susana que de pronto se sentía fuera de lugar, con aquella minifalda y su blusa corta con pronunciado escote. Los hombres la miraban.

—¿Qué vas a comer tú?

—Yo no tengo hambre.

—¿Estás segura?— Terry sabía que estaba mintiendo.

—Me gasté todo el dinero que me dio mamá...— Le dijo bajito.

—No te apures, yo invito.— Le sonrió con burla y ella le hizo una mueca de fastidio. Se sentaron a comer.

—Y yo que pensaba que Candy ni siquiera masticaba...— Susana se avergonzó y dejó de masticar por un momento.

—No suelo comer éstas cosas a menudo...

—¿Y eso?— Preguntó Terry con descuido mientras se metía otro bocado de arroz chino a la boca.

—Le tengo pánico a terminar como mamá...

—Entiendo. Hasta yo tendría pavor...

—¡Cof!

Susana se atragantó al reirse. Se rió genuinamente y por primera vez, hubo algo de complicidad entre ella y su hermano.

—Seguro tu madre ha de ser muy guapa...— Respondió a su sarcasmo.

—Supones muy bien.— Sacó su billetera y le mostró una foto de Eleanor.

—¿Esa foto es reciente?— Susana le preguntó asombrada mientras seguía mirando la fotografía.

—Hace más o menos un año, ¿por?

—¿Qué edad tiene ella?

—Treinta y ocho años.

—¡Vaya! Yo a los veinticinco espero verme así...

Le devolvió la billetera y siguieron comiendo un rato en silencio.

—¿Tienes hermanos? Además de nosotros...

—No. Después de que tu padre nos abandonara, mamá se quedó sola.

—Disculpa. No quise...

—No importa. ¿Cómo están los chicos?

—Trish... está bien, dentro de lo que cabe... y Ricky... bueno, él realmente es nuestro primo, pero mis padres lo adoptaron desde que tenía pocos días de nacido... está bien, ya sabes... en su propio mundo.

—Entiendo... bueno, vámonos. Estoy muy cansado.

—Supongo. Dicen que en los puestos de comida rápida son negreros.— Comentó poniéndose de pie y guardando la silla.

—No me quejo. Cada quien se ajusta a la vida que le toca vivir.

Fueron llegando al auto de Terry.

—¿Es tu auto?

—Sí. Hoy no tenía lista la limusina para transportarla, Alteza.— Le abrió la puerta del pasajero simulando una burlona reverencia.

—Es un auto económico, pero no está nada mal para ti...— Terry puso los ojos en blanco y sonrió. Susana se comportaba de acuerdo a la vida que llevaba, él tenía que adaptarse a eso y no prestarle demasiada atención.

—Nada mal para mí. Sobre todo porque no me costó nada. Bueno, un par de golpes, pero nada más.— Se rió por dentro al ver la cara que puso Susana.

—¿Lo robaste?— Preguntó con tanto drama que Terry no pudo evitar reirse con fuertes y sonoras carcajadas.

—No, no lo robé. Lo gané en una pelea.— La expresión de Susana reflejó asombro y miles de preguntas no formuladas.

—¿En una pelea? ¿Te refieres a esas peleas de barrio en que...?

—¡Qué cerebro! Deberías trabajar en la NASA.

—Fíjate que lo he considerado.— Le hizo otra mueca y no hablaron más hasta que llegaron a la casa de Susana. Pasaron sin anunciarse gracias a la tarjeta de pase de Susana.

—Hasta aquí te dejó el tren.— Ella se quedó mirándolo un momento, sin moverse.— ¿Qué? ¿Esperas que te abra la puerta y te escolte hasta adentro?

—No... es que... gracias por todo. Te debo una...— Sonrió levemente, pero fue de corazón.

—No hay de qué.

—Por favor, nunca le digas de ésto a papá.

—No lo haré.

—Gracias...

—¡Vete!— Fingió echarla y ambos rieron una vez más. La sangre siempre tenía sus lazos.

—Quería saber si... como es temprano... ¿si querías ver a Trish?

Terry suspiró profundo. Claro que la quería ver, pero... eso significaría encarar a su padre y a su esposa nuevamente.

—Mis padres no están. Sólo las sirvien... empleadas...— Parecía que Sussy le había leído el pensamiento.

—Está bien...

Resignado, Terry entró a la casa junto con Susana y tan pronto como pusieron un pie adentro...

—¡Terruce! Susana no me dijo que venías... ¿Me peluca no está torcida?

—No. Estás guapísima.— Se bajó hasta su altura y le besó la mejilla.

—¿Viniste por otro té?

—No, Trish... yo ya me voy, sólo entré a saludarte.

—Ah... ¿Te vas a tu casa fea?

—¡Trish!

—Lo siento...— Bajó la cabecita avergonzada ante el regaño de Susana.

—Es que esa casa es mágica.— Improvisó Terry de pronto.

—¿Mágica? ¡Mentira!

—¿Me llamas mentiroso?— Se fingió muy ofendido.

—No hay casas mágicas.

—Pues la mía lo es. Por fuera, está disfrazada de una choza fea, pero cuando entras... es todo un palacio y una reina vive en él...— La niña comenzó a escucharlo absorta.

—¡Pues voy contigo!— Le tomó la mano jurando que podía irse con él y a Terry se le partió el alma.

—No, Trish, no puedo llevarte...

—¿Y vendrás a mi cumpleaños?

—Claro, ¿cuándo es?

—Mañana.

—¿Mañana?— Terry se arrepintió de asegurarle que asistiría.

—Sí. Será de "Frozen". "Una aventura congelada".

—No podré venir...— La carita de la niña se cayó de angustia y dio la espalda con los hombros caídos para marcharse.— Pero te traeré tu regalo, te lo prometo.— Se giró nuevamente y le sonrió.

—Bueno, lo importante es que no olvides mi regalo.

—¡Trish!— La volvió a reprender Susana.

—Déjala. Es una niña.

Llamaron a la niña para dormir y Terry finalmente se marchó a su casa.

...

—Espero que ésto sea lo que querías...— Nervioso, Terry guió a Candy por la cabaña para que ella memorizara cada lugar.

—Me gusta la brisa... el olor del mar... ¿Es aquí donde...?

—No. Será en la playa, cómo tú lo habías pedido. Ven...

La llevó afuera. Terry se las había ingeniado para colocar unas sabanas blancas amarradas a las palmeras, creaban una especie de carpa y bajo ella, había puesto un colchón inflable cubierto de una sábana blanca y dos almohadas. Un precioso ocaso les armonizaba la tarde que ya casi moría. Terry había colocado cuatro linternas, una a cada esquina de la improvisada cama. Candy tocaba todo para percibir e imaginarse el escenario que Terry le iba describiendo.

—¿Hiciste todo ésto por mí?— Estaba tan emocionada, casi lloraba.

—Yo haría cualquier cosa por ti, Candy.

Se le acercó suavemente y tomó sus labios...

Continuará...


¡Hola!

Un saludito a todas. Espero que les haya gustado. Pronto llegará lo que han estado esperando jijijiji.

Por otro lado... me gustaría hacer un minific de Candy y Terry con motivo de navidad, sería un especial de navidad. Me gustaría escuchar sus sugerencias. Me gustaría una historia linda y romántica, sin muchos conflictos ni contratiempos. ¿Sugerencias? ¿Alguien? Jajajaja

Gracias por comentar:

Dulce lu, Guest, Mazy Vampire, catchi90, Soadora, Erika L, elisablue85, LUISA, NaThouDeLiDoux, Oh Ha Ni, Maria De Jesus L H, gatita, Iris Adriana, LizCarter, norma Rodriguez, Michiru, melissa. gomez. 549, vero, Dyta Dragon, Alizzzz G, Dali, Maride de Grand, luz rico, amo a Terry, GRANDCHESTER LUCY, Mirna, Zafiro Azul Cielo 1313, skarllet northman


catchi90: La historia que mencionas no está ya aquí. Está a la venta en Amazon con el mismo título y por supuesto, con otros personajes.


NaThouDeLiDoux: Me gustaría poder entender tus comentarios, pero sólo hablo inglés y español, gracias de todas por formas por leerme, he usado el traductor, pero las las traducciones no siempre son precisas.


Gracias a todas por sus lindos deseos

Wendy